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jueves, 5 de diciembre de 2024

CRUCE DE TRIUNFOS EN EL OTOÑO BARROCO

Otoño Barroco 2024. Soraya Méncid, soprano. Bruno Fernandes, trompeta; Guido García, clave; Orquesta Residente del Otoño Barroco. Javier Aguilar, concertino-director. Programa: Concierto en re menor para clave BWV 1052 y Cantata BWV 51 “Jauchzet Gott in allen Landen”, de Bach; Sonata en mi menor para clave KV 304/300c, de Mozart. Espacio Turina; miércoles 5 de diciembre de 2024


Aunque todavía quedan un par de semanas para despedir el Otoño, al que sí despedimos anoche fue al Barroco, un proyecto de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla que se ha ido consolidando año tras año, con humildad y discreción, hasta convertirse en una cita ineludible del calendario musical sevillano. La de ayer tenía que ser la del tradicional concierto participativo a las puertas de la Navidad, pero la programación de una cantata para soprano solo, sin coro, evitó ese matiz. En su lugar, las novedades llegaron de la mano del joven director y violinista Javier Aguilar. Y sobre todo, de la reciente ganadora del primer premio del Certamen Nuevas Voces Ciudad de Sevilla organizado por la Asociación de Amigos de la Ópera de Sevilla, Soraya Méncid, y el ganador de la Beca que otorga anualmente la AAOBS, el clavecinista Guido García, lo que convirtió la cita en un encuentro y cruce de triunfos.

Javier Aguilar y Guido García

El talento y las aptitudes de García son indiscutibles. Lástima que el instrumento quedara a nuestro juico algo retrancado, impidiendo que el sonido fluyera con toda la fuerza que su parte de solista en el concierto y la sonata demanda. Su capacidad de elocuencia y su habilidad vertiginosa para la profusa ornamentación que atesora este primer concierto para clave de Bach, quedaron bien patentes en una interpretación fogosa y desinhibida. García superó sus marcado virtuosismo, plagado de figuraciones y filigranas, y extremadamente rítmico, con matrícula de honor. Pero a la vez exhibió sensibilidad y una insólita elegancia para su edad en el adagio central. La orquesta, bajo las órdenes de Javier Aguilar, también joven pero con una fructífera carrera a sus espaldas, sonó demasiado raquítica. La escasez de efectivos tuvo que ser la causa, tanto como una forma seca y áspera de enfrentarse a los instrumentos de cuerda, con frases cortas, sin apenas fluidez y pasajes puntualmente fuera de tono.

Algo parecido ocurrió con la aportación de Aguilar a la Sonata K304 de Mozart, acometida con una sensibilidad más próxima al último barroco que al clasicismo que la informa. Quizás por eso echamos en falta algo más de la dignidad y la gravedad que la entonación en mi menor denota. Al clave, García fue capaz de exhibir el ánimo melancólico que imprime la página. Hubo sintonía entre ambos instrumentistas, que lograron transmitir seriedad, aunque la aportación de Aguilar volvió a teñirse de aspereza y sequedad, poco apropiado para el carácter dulce del minueto.

Soraya Méncid

Hace mucho que descubrimos la hermosa y bien entonada voz de Soraya Méncid, y fue en un registro absolutamente distinto al que le trajo anoche al Espacio Turina. Nos referimos a su Christine de El fantasma de la ópera a cargo del Liceo de Moguer en Fibes. Varios años después, con una impecable trayectoria ampliando repertorio y con el premio Nuevas Voces bajo el brazo, la soprano onubense ofreció una solvente interpretación de la Cantata Jauchzet Gott in allen Landen (Aclamad a Dios en todas las naciones), compuesta en Leipzig para el décimo quinto día tras la Trinidad. La más famosa de las cuatro cantatas sacras para soprano sola que compuso el maestro es extremadamente compleja y virtuosística. Exige una voz de amplia tesitura y agudos refulgentes capaces de rivalizar con la trompeta, magníficamente defendida por Bruno Fernandes, tanto en el majestuoso arranque, que Méncid adornó con extensas coloraturas, y el regocijante Aleluya final, al que previamente se ha llegado a través de ese prodigio de la composición que es el coral Sei Lob und Preis mit Ehren, precedido de un segundo aria esta vez acompañado con cuerpo y músculo por una orquesta finalmente entonada y decididamente festiva.

Fotos: Luis Ollero

martes, 22 de octubre de 2024

LECCIÓN MAGISTRAL DE ANTONIO SIMÓN AL TECLADO HISTÓRICO

Otoño Barroco. Antonio Simón, pianoforte. Programa: Tristia S.723c, Les cloches de Genève S.160/1, Liebestraüme nº 3 S.541/3, Schlaflos! S.203, En rêve S.207, Impromptu S.191, Nuages gris S.199, Sonata en si menor S.178, de Liszt. Caballerizas de la Casa de Pilatos, lunes 21 de octubre de 2024


Anoche vivimos un sensacional viaje en el tiempo. A un entorno tan especial como las Caballerizas de la Casa de Pilatos, magníficamente preparada como improvisada sala de conciertos, se unió la experiencia de ver y oír tocar un instrumento tan singular como el piano de la firma John Broadwood & Son que trajo consigo el especialista en teclados históricos, Antonio Simón. Decimos piano en lugar del fortepiano anunciado, lo que no dejaba de despertar nuestra incredulidad por la desincronización entre la época de Liszt, autor del que Simón ofreció todo un espléndido monográfico, y el instrumento de teclado que más se utilizó durante el Clasicismo. Y es que el Broadwood en cuestión se atiene más a las formas del pianoforte, precedente inmediato del piano moderno, aún sin la sofisticación técnica que éste permite, pero muy cercano a sus posibilidades expresivas, merced a una caja acústica ya amplia, dotada además de considerables avances técnicos respecto al fortepiano. 
Es verdad que hay corrientes que prefieren no hacer distinción alguna entre fortepiano y pianoforte, sin embargo no cabe duda de que este último podemos considerarlo ya un piano en toda su extensión, frente al otro instrumento, más reducido y con una clara posición tímbrica y expresiva entre el clavicordio y el piano.

Se sabe que en tiempos de Liszt, el público prestaba tanta o más atención al instrumento que al artista, tal era la gama de modelos a elegir y la diferencia estética entre unos y otros. Liszt además tendía a
diversificar mucho los tipos de teclado que utilizaba en sus conciertos, en función del repertorio, propio o ajeno, a interpretar. Algo así pasó anoche desde el momento en que Rafael Ruibérriz anunció la particularidad de un instrumento que convertía la velada en un acontecimiento sin precedentes en la ciudad. La estrella fue tanto el piano inglés como el músico malagueño. Pero Simón es un excelente profesional y un artista en toda regla, y lo demostró con creces en un programa que se conoce de memoria, por imposible que esto pueda parecer, y que desgranó con toda una gama de colores y matices que logró que cada composición disfrutara de su propia gracia y carga emocional. De una muy introspectiva y meditada Tristia pasó a Las campanas de Ginebra del primer cuaderno de Años de peregrinaje, dedicado a Suiza, donde el sonido onomatopéyico se fundió con las fluidas cadencias y la amabilidad no exenta de pasión que reuma la página.

Con suma delicadeza se deslizó por el teclado del robusto instrumento en el más famoso de los tres Sueños de amor, creciendo en destreza y habilidad técnica. Todo ello precedido de jugosos comentarios y citas literarias que ayudaron a entender por qué el autor fue considerado el primer precursor del poema sinfónico con carácter programáticoDe una tacada ofreció los nocturnos ¡Insomne! y En un sueño, antes de acometer una página tan compleja y efusiva como el Impromptu S.191, y otra de carácter más experimental, Nubes grises, con un sentimiento oscuro y mórbido, fiel reflejo de la delicada salud mental que sufrió al final de su vida. Todo ello sin grandes alardes técnicos ni florituras superfluas, ciñéndose a la inmensa expresividad de cada pieza en particular, delicado o vehemente, según procediera.


Y así hasta desembocar en la gran obra de cierre, catedral de la música para piano solo, como la describió Simón antes de tener el detalle de leer unas palabras de elogio y profunda admiración del propio Liszt acerca de otra catedral, esta vez física, la de Sevilla. La Sonata en si menor reveló a todos y todas la enorme versatilidad y responsabilidad del artista frente a la quintaesencia del romanticismo que representa tan excelsa partitura. Estructurada en pequeños motivos entrecruzados y en continua transformación, Simón acertó en dar al conjunto la cohesión que exige, desarrollando todo su cuerpo arquitectónico y expresivo con extrema atención al detalle, sin exagerar en sus continuas transiciones entre sus pasajes más sarcásticos, los más apasionados y vehementes y aquellos que rebosan delicadeza, tan arrebatado como introspectivo, pero sin esos grandes contrastes que pudieran afectar a su unidad interna. A todo esto se ciñó también la calidad extrema del instrumento, en línea con esos Bösendorfer de mecánica inglesa que Liszt prefería a los más recogidos vieneses cuando de tocar frente a un público numeroso en grandes espacios acondicionados se trataba.

Fotos: Luis Ollero

miércoles, 2 de octubre de 2024

DULCE CANTO EN UN LUGAR DE ENSUEÑO

Otoño Barroco. Raquel Andueza, soprano. La Galanía: Pablo Prieto,violín; Jesús Fernández Baena, tiorba. Programa: Alma che fai. Música italiana del siglo XVII (obras de Domenico Obizzi, Enrico Radesca, Giovanni Battista Camerella, Domenico Crivellati y anónimos). Patio de la Casa de los Pinelo, martes 1 de octubre de 2024


Organizados por la Asociación de Amigos y Amigas de la Orquesta Barroca de Sevilla, hace años que los conciertos del Otoño Barroco se celebran en lugares emblemáticos de la ciudad, dándolos a conocer, especialmente a través de las cuidadas intervenciones de especialistas en la materia. De los cuatro que tendrán lugar esta temporada, los dos primeros han tenido o tendrán lugar en palacios tan relevantes como la Casa de Pilatos, uno de nuestros reclamos turísticos más importantes, o la Casa de los Pinelo donde tuvo lugar el de ayer que hoy se repite. Concretamente fue su patio, un lugar de verdadero ensueño donde ya en otras ocasiones, hace mucho, pudimos disfrutar de veladas musicales tan agradecidas como la de ayer tarde, el testigo del dulce canto de Raquel Andueza, delicadamente arropada por dos de sus compañeros de viaje, Pablo Prieto y Jesús Fernández Baena.

El resultado fue tan satisfactorio que apenas pudimos echar de menos a otros habituales de la formación, como Juan Carlos de Mulder a la guitarra o David Mayoral a la percusión. Tampoco el repertorio exigía la presencia de más músicos, pues se adapta a la perfección a un conjunto tan limitado como a otro más numeroso, siendo incluso lo primero una excelente solución para dejarse seducir por el encanto de una música tan bien cantada y acompañada. Encima en un lugar tan lleno de magia y de historia, desde que Jerónimo de Pinelo, heredero de la fortuna de una rica familia genovesa de comerciantes, la construyera en pleno Renacimiento. Un lugar muy relacionado arquitectónicamente con otros palacios sevillanos, como el de las Dueñas o la Casa de Pilatos ya mencionada, y que hoy sirve de sede para dos importantes instituciones culturales, las Academias de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y la de las Buenas Letras. Y precisamente fue un académico de esta última, Rafael Sánchez Saus, quien ayer se encargó de ilustrarnos sobre el lugar, de la misma manera que hoy lo hará Antonio Caballos Rufino, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Sevilla.


Tras el fallecimiento de Jerónimo de Pinelo, la casa pasó a manos del cabildo catedralicio hasta la desamortización de 1855, que pasó a albergar distintas funciones, incluido almacén comercial y casa de huéspedes. En 1954 fue declarada monumento nacional y desde 1966 es propiedad del Ayuntamiento. En su patio destacan los arcos ornamentados con hermosas yeserías platerescas y un conjunto de cabezas pertenecientes a personajes ilustres, algunos inspirados en Los siete libros de Diana, de Jorge de Montemayor. Y allí pudimos constatar la buena forma en la que se encuentra la voz de Andueza, tras tantos años de ausencia en nuestra ciudad, problemas de salud mediante. Con el fin de no forzarla y no someterla a acrobacias insostenibles, su estilo, siempre perfecto y apropiado, apunta ahora a un canto dulce y extremadamente delicado, que sin sacrificar en potencia opta sin embargo por una vertiente de ternura que se traduce en un magistral acento en los tonos, los colores y los gestos, de forma que nos hizo embelesar con madrigales, tarantelas de ritmo insólitamente pausado pero paulatinamente creciente, y nanas plenas de encanto y dulzura.

Junto a ella, el violín de Pablo Prieto se prestó a vertiginosas secuencias y la tiorba de Fernández Baena a un atinado y elegante ropaje. Ambos destacaron en las piezas instrumentales, especialmente unos correntes o courantes, y un Bal del Duca efervescente, también llenos de encanto y dulzura. Todo en torno al amor en sus distintas vertientes, a cuyos textos no fuimos ajenos, a pesar del italiano arcaico, gracias a las elocuentes presentaciones de la cantante pamplonica. Las siguientes citas nos llevarán el lunes 21 de este mes a la Casa de Pilatos de la mano de Antonio Simón, que nos deleitará con obras de Liszt al fortepiano. El 10 de noviembre en el Espacio Turina será el turno de la Joven Orquesta Barroca de Sevilla, y en ese mismo espacio tendrá lugar el 4 de diciembre el ya tradicional concierto participativo con la Orquesta Residente del Otoño Barroco.

Fotos: Luis Ollero

miércoles, 25 de octubre de 2023

ANDRÉS CEA ACARICIA EL SILENCIO EN SAN CLEMENTE

Otoño Barroco, organizado por la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Andrés Cea, órgano. Programa: Prelude que il faut jouer d’un movement fort lent, Fantasia y Fuga, de Louis Couperin; Obra de primer tono sobre el paso de la Salve, Pange lingua y Obra de primer tono, de Sebastián Aguilera de Heredia; Preludio y fuga en sol menor BWV 885, Preludio en Do mayor BWV 870 y Fuga en Do mayor BWV 846, de Johann Sebastian Bach; Sinfonías en re menor y en Fa mayor, de José de Nebra. Iglesia del Monasterio de San Clemente, martes 24 de octubre de 2023


Rehabilitado con motivo de los fastos del 92, el Monasterio de San Clemente fue fundado por Fernando III El Santo en 1248 y dedicado al Papa entonces en el poder, Clemente. Su Iglesia atesora grandes trabajos escultóricos de Gaspar Núñez Delgado y pictóricos de Francisco Pacheco, además de un retablo que figura entre los más representativos del barroco sevillano, obra de los hermanos de Ribas, un artesonado mudéjar y unos azulejos de cerámica en perfectas condiciones. En el coro se haya un coqueto órgano de tres castillos y un teclado de transmisión mecánica que ha servido generosamente también en los ciclos de órganos históricos de Sevilla que hasta hace poco se celebraban en la ciudad. En este enclave, al que se accede por la calle Reposo a través de un doble compás de estilo neoclásico con atrio porticado, tuvo lugar el primero de los conciertos que celebra el
Otoño Barroco este año, organizado por la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Hoy otro nutrido grupo de melómanos tendrán ocasión de asistir a la segunda función de este concierto de inauguración con encanto considerable.

Como suele ser preceptivo en estos ciclos cuando se celebran en lugares emblemáticos de la ciudad – a mitad de noviembre el escenario será el Patio del Palacio de Pumarejo – un acreditado especialista en patrimonio sevillano, en esta ocasión el historiador Álvaro Cabezas, cuya vinculación con la música clásica también tiene una notoria importancia, sobre todo en el ámbito de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, ilustró sobre las maravillas de este convento regentado por monjas cistercienses. Tras su profusa disertación sobre los atractivos culturales y patrimoniales del espacio, el organista y musicólogo Andrés Cea dedicó unas palabras al público, especialmente en su faceta de restaurador, advirtiendo sobre el estado mejorable en el que se encontraba el instrumento, prácticamente sin intervención alguna desde su construcción hace más de dos siglos, a pesar de que sus fuelles originales fueron sustituidos hace tiempo por otros de motor eléctrico y manual. También hizo mención a la mágica percepción del silencio que se disfruta en éste y otros espacios eclesiásticos de la ciudad, lo que unido al estado del órgano y su dificultad para absorber tareas muy complejas, le hizo decantarse por un repertorio adecuado a las circunstancias, y de esa forma molestar lo mínimo posible al silencio reinante.

Este repertorio relativamente recogido se inició con un elocuente preludio de Louis Couperin, padre de François y patriarca de toda una tradición de organistas de la Iglesia de Saint Gervais de París entre 1656 y 1826. A caballo entre el estricto contrapunto y el barroco más característico, su música se completó con una fantasía y una fuga en la que pudimos atisbar un estilo cercano al profano, sobre todo en la primera, de líneas sencillas y extremadamente amables. Más solemnes se ofrecieron las tres obras elegidas de Sebastián Aguilera de Heredia, máximo exponente de la Escuela Aragonesa, cuyo refulgente estilo policoral y severa polifonía se hizo sentir en la interpretación de Cea, siempre atento al equilibrio y la sobriedad de su exposición más que a la exhibición pirotécnica. De José de Nebra interpretó dos sinfonías, una en modo menor, sencilla y austera, y la otra en modo mayor, más alegre y distendida. Conocido sobre todo por sus óperas y zarzuelas, su obra para clave y órgano estuvo especialmente destinada a sustituir el legado musical destruido en el incendio del Alcázar de Madrid. Bach por supuesto puso la guinda al pastel, aunque el programa terminara con de Nebra. Con un sonido más aflautado, Cea desarrolló un Preludio y fuga en sol menor extraído del segundo libro de El clave bien temperado en su versión para órgano, del que el intérprete supo extraer su humor grave y moderadamente oscuro, plagado de disonancias, haciendo hincapié en su carácter obsesivo, implacablemente tensionado. Más abierto y optimista en tonalidad Do mayor, Cea acometió una combinación del primer preludio del segundo libro de El clave bien temperado con la primera fuga del primer libro, con soberbios resultados, sin apenas desliz en la digitación y cumpliendo su promesa de apenas acariciar el silencio, algo que también le facilitó el cuerpo no demasiado amplio del instrumento.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 22 de noviembre de 2022

FRANCISCO DÍAZ-CARRILLO ENTRE GOZOS Y APUROS

Otoño Barroco 2022. Francisco Díaz-Carrillo, tenor. Mercedes Ruiz, violonchelo. Alejandro Casal, órgano. Programa: Obras de Mazzocchi, Monteverdi, Rabassa, Torres, Bach y Haendel. Iglesia del Convento de Madre de Dios de la Piedad, lunes 21 de noviembre de 2022


La magnífica y a la vez recogida Iglesia del Convento de Madre de Dios, en la calle San José, paso obligado para quienes acceden al centro desde Santa María la Blanca, sirvió de escenario para el cierre del ciclo Otoño Barroco de este año que celebra la Asociación de Amigos de la Barroca de Sevilla. No faltó nadie a la cita, ni siquiera las pocas monjas de clausura del orden de las dominicas que habitan en el lugar, ubicadas como es habitual tras las rejas del coro. Allí, frente al retablo barroco de Francisco de Barahona con resquicios de su antecesor renacentista, se situaron los intérpretes, dos de los más representativos integrantes de la Orquesta Barroca de Sevilla, como siempre prontos y atentos a arropar nuevos valores y otros que aún no han sido reconocidos en la ciudad, como Francisco Díaz-Carrillo, tenor de Herrera con cierto bagaje a sus espaldas, nacional e internacional, pero del que apenas habíamos oído hablar en su propia tierra.

El concierto contó con las disertaciones de carácter histórico y artístico del especialista José María Galán, comisario de la exposición que bajo el título Ex Oratione Praedicare se celebra en el convento hasta abril próximo, recordando así los quinientos cincuenta años de su fundación y la rehabilitación de la Iglesia, cuyas obras la han mantenido cerrada durante ocho años. Díaz-Carrillo se enfrentó, suponemos que con toda la ilusión del mundo, a un complicado programa de corte religioso y místico, que tuvo sus luces y sus sombras. En un principio no pareció adecuarse la voz al ambiente, de forma que no sonó limpia, a menudo carrasposa, como ronca, evidente incluso en su breve locución ilustrativa del repertorio programado. Aunque acertó en el carácter eminentemente místico de las piezas, comenzó a manifestar dificultades de entonación y cambios poco sutiles de color en obras como la muy precisa Amar a Dios por Dios, con la que Domenico Mazzocchi musicalizó un soneto que muchos atribuyen a San Juan de Ávila, profuso en disonancias y figuras retóricas que el cantante no siempre acertó a plasmar. Mucho mejor sin embargo resultó el motete Vergine bella, perfecto en estilo y con el sonido visiblemente mejorado, que estructurado en cuatro partes contó con la aportación extraordinaria de Mercedes Ruiz en la tercera, sustituyendo a la voz grave a la que va destinada. Con Monteverdi el tenor acusó las mismas dificultades apuntadas, si bien aprobó con agilidades bien definidas y correctamente articuladas, no sin atisbar cierta incomodidad sobre todo en las complejas transiciones. Al final de esta primera parte encaró Laudate Dominum in Sanctis Eius con sentido del ritmo y considerable dinamismo.


Tras la pausa, en la segunda parte del concierto Díaz-Carrillo se sintió más cómodo, con la voz más limpia, haciendo así brillar su sedoso timbre en Herido de sus flechas, una cantada de Pedro Rabassa, tan vinculado a Sevilla, donde residió durante cuarenta años hasta su muerte. Su estimulante expresividad fue abordada por la voz y su lujoso acompañamiento con energía y sentido del color, poniendo el acento en el carácter italianizante de quien fue maestro de capilla de la Catedral. También salió airoso de la cantada de José de Torres Flavescite Serenate, con pasajes ágiles y desenvueltos que el tenor resolvió satisfactoriamente. Sin embargo se quedó corto en majestuosidad, y acusó de nuevo las insistentes incomodidades a las que sometió a su voz, en las arias extraídas de dos cantatas de Bach, Woferne du den edlen Frieden y Jesu, hilf dass ich auch bekenne, incurriendo incluso en más de una estridencia y desajustados cambios de registro. Finalmente logró encajar en estilo y carácter con Gentle Airs, melodious strains! del tercero de los oratorios que Haendel compuso en tierras británicas, Athlaia. También abordó con elegancia y soltura el aria de Bach Bist du bei mir como propina, cantado con toda la dulzura que la pieza demanda. Acompañando, Casal mantuvo el espíritu recogido y místico de la velada, mientras Ruiz tuvo sobradas oportunidades de hacer cantar y volar su violonchelo, con la fuerza y la poesía que caracterizan su estilo y hacen inconfundible su sonido.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 25 de octubre de 2022

BONAL Y RICO, DOS VIOLAS EN PALACIO

Otoño Barroco 2022. Miguel Bonal y Ventura Rico, violas da gamba. Teodoro Falcón, disertación histórico-artística. Programa: Selección de The First Part of Ayres, de Hume; Sonata en Re mayor TWV 40:01, de Telemann; Selección de Música para viola da gamba del Manuscrito Drexel 5871, de Abel; Tres recercadas del Tratado de glosas, de Ortiz; Folies d’Espagne y Selección del Troisième livre de pièces de viole, de Marais. Patio del Palacio de los Condes de Santa Coloma, lunes 24 de octubre de 2022


El pasado mes de junio la Asociación de Amigos de la Barroca de Sevilla acercó su público al Palacio de la Motilla en calle Cuna, un edificio decimonónico levantado en perfecto estilo renacentista que la ciudadanía tiene pocas ocasiones de contemplar desde dentro. Enmarcado en el Otoño Barroco, la asociación nos ha facilitado de nuevo el acceso a uno de esos espacios emblemáticos que abundan en una ciudad que tanto amamos y a menudo nos duele, y cuyo patrimonio es interminable y permanece oculto a nuestros ojos en un elevadísimo porcentaje. Le tocó el turno al Palacio de los Condes de Santa Coloma, también conocido como Palacio Bucarelli, parte del cual está destinado a alojamiento turístico de lujo. El tercero de los conciertos del Otoño Barroco de la presente temporada tuvo lugar en las dependencias que pertenecen a la familia desde el siglo XVII, Bucarelli en origen, de los Condes de Santa Coloma desde el siglo XIX por matrimonio. Para ilustrarnos sobre estas y otras particularidades, especialmente de índole arquitectónica y artística, se contó con las valiosas aportaciones del catedrático Teodoro Falcón, que dio paso así al evocador programa musical que nos convocó la pasada noche en el patio de tan suntuosa casa.

Este viaje al pasado lo protagonizó fundamentalmente el jovencísimo violagambista Miguel Bonal, más que una promesa toda una realidad demostrada con su sorprendente seguridad no solo en lo estrictamente musical sino también en sus precisas locuciones que tan bien y de forma tan sencilla ilustraron las piezas interpretadas, un completo y extenuante viaje por el instrumento más seductor del inagotable Barroco, con escalas en sus orígenes renacentistas y sus últimos coletazos ya en pleno Clasicismo. En una primera parte en solitario, Bonal interpretó dos piezas de la colección First Part of Ayres, también conocida como Musical Humors, del compositor y militar escocés Tobias Hume, una de las cuales, Harke Harke, constituye la primera documentación de interpretación col legno de un instrumento de cuerda, particular que Bonal se encargó de resaltar, a la vez que exhibió una intensa expresividad en la compleja articulación de ésta y la Pavana del Capitán Hume que le siguió. Una preciosa Sonata a solo en Re mayor de Telemann sirvió para demostrar sus aptitudes en el fraseo y la claridad de su exposición, potenciando además una exquisita expresividad y una elegancia serena y muy meditada, resolviendo además los pasajes en vivace con profusas y elocuentes agilidades. Afincado en Londres, el alemán Karl Friedrich Abel frecuentó también el instrumento aun en época en la que ya estaba bastante en desuso. El resultado fue una serie de piezas de muy compleja y fascinante literatura que el intérprete zaragozano defendió sin perder el control ni la afinación, a pesar de lo mucho que ésta sufre en instrumentos históricos cuando se someten a la humedad de la intemperie nocturna.

La veteranía de Ventura Rico se hizo notar en una segunda parte en la que el muy apreciado músico sevillano se instaló en el registro grave y excedió de su rol de acompañamiento en continuo, como se limitó a constatar en las recercadas del Tratado de glosas de Diego Ortiz, para añadir más personalidad y un esmerado trabajo del contrapunto en el resto del programa. El estilo cortesano de las piezas que Ortiz concibió para el violón o la vihuela de arco se dejó notar con estilo y elegancia en la agilidad y la madurez de Bonal. No podía faltar en esta exhibición Marin Marais, de quien ambos intérpretes abordaron unas variaciones sobre las Folías de España perfectamente compenetradas y generosas en ideas y ornamentaciones; así hasta llegar a una selección de la Suite para viola da gamba y continuo en Re mayor del Tercer Libro de Piezas de Viola del compositor francés, que resolvieron con idéntico magisterio que el resto del programa, con especial énfasis en una paladeada y contemplativa Plainte, un intrincado Rondeau y una ágil y luminosa La Brillante, que coronaron así una experiencia para el recuerdo.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 5 de octubre de 2022

ACERTADA REUNIÓN PARA ARRANCAR EL OTOÑO BARROCO

Concierto inaugural del Otoño Barroco 2022. Diego Blázquez, tenor. Víctor Cruz, bajo-barítono. Rafael Arjona, cuerda pulsada. Orquesta Residente del Otoño Barroco y Coro de la AAOBS. Luis Antonio González, director. Programa: Sinfonía de la Cantata “Ich hatte viel Bekümmernis” BWV 21 y Cantata “Aus der Tiefen rufe ich, Herr, zu dir” BWV 131, de Bach: De profundis, de Heinichen; Trío para violín, laúd y continuo en sol menor RV 85 y Concierto para laúd, dos violines y continuo en Re mayor RV 93, de Vivaldi. Espacio Turina, martes 4 de octubre de 2022


Octubre ha despertado el calor estival que ya parecía extinguirse, pero estamos en otoño y comienzan las actividades asociadas a la temporada, como este Otoño Barroco que lleva años funcionando y justificando la importancia de la música de la época en una ciudad tan eminentemente asociada a este período artístico y cultural. Para la ocasión, la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla reunió en un mismo escenario a seis de los galardonados y galardonada con sus becas anuales, entregadas en el seno del Festival de Música Antigua en primavera. Junto a ellos tres maestros de refuerzo, el violinista Abel González, miembro de la plantilla de la ROSS, el fagotista Luis Castillo, profesor en el Conservatorio Manuel Castillo, y el contrabajista de la Barroca, Ventura Rico, todos a las órdenes del prestigioso musicólogo Luis Antonio González, fundador de Los Músicos de su Alteza, que aprovechó también para lucir sus habilidades como clavecinista.

Con tan buenos ingredientes, a los que se unieron los y las miembros del Coro de la Asociación, preparadas para la ocasión por la estupenda soprano Cristina Bayón, resultó imposible sustraerse al encanto y la excelencia de una propuesta que además incluía páginas de una exultante belleza, como la solemne y recogida Sinfonía de la Cantata Estaba tan triste que posiblemente Bach extrajo de algún concierto para oboe y violín, y que José Manuel Cuadrado aprovechó para hacer llorar a su instrumento, alternando inflexiones sentimentales con largos acordes de melancólico color. Si Víctor Cruz hubiese estado ya desde este inicio sobre el escenario, se habría evitado el aplauso que mereció su entrada, aprovechando el recogido silencio del público y logrando así que la Sinfonía del BWV 21 se fundiese de forma tan procedente como adecuada con ese De profundis del compositor alemán Johann David Heinichen que le siguió. El bajo barítono se enfundó en una voz de profundo calado y sobrada proyección para edificar esta singular obra de un autor todavía muy desconocido a pesar de poseer un catálogo tan atractivo y variado, aunque muy mermado por los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Su voz no corrió sin embargo con la misma fluidez y naturalidad cuando se enfrentó al arioso de la Cantata Desde las profundidades te aclamo, Señor, protagonista del último tramo del concierto y pieza clave del programa.


Vivaldi y Bach en los atriles

El último ganador de la beca de la Asociación de Amigos de la Barroca de Sevilla, el laudista Rafael Arjona, protagonizó las dos piezas de Vivaldi programadas, si bien inexplicablemente sustituyó el laúd con el que fue anunciado por la guitarra barroca. Aunque es cierto que estas obras admiten su interpretación por otros instrumentos de cuerda pulsada, y se han atrevido con ellas hasta Los Romeros, no cabe duda de que el matiz que le impregna el laúd queda demasiado velado cuando de otro instrumento se trata, y con la guitarra Arjona se mostró alicaído y difuminado, a merced del poderoso aunque algo estridente violín de Andrés Murillo en el Trío para violín, laúd y continuo RV 85, y propenso a glosar en exceso las delicadas líneas melódicas del Concierto RV 93, especialmente en ese célebre Largo que no necesita adornos superfluos para exhibir toda su belleza y esplendor. Además de la flexibilidad de Isidro Albarreal alternando viola y violín, dos de los mejores relevistas barrocos de la ciudad, la clavecinista y organista (en esta ocasión solo lo segundo) Irene González y el violonchelista José Manuel Ramírez, bordaron su participación como continuo, si bien el segundo tuvo además ocasión de lucimiento particular en el Trío vivaldiano, con un elocuente diálogo con el solista.

El Coro de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla lució esplendoroso en la Cantata BWV 131, una de las primeras que han sobrevivido en el frondoso catálogo bachiano del género. Una cantata de iglesia según una versión alemana de Martín Lutero del Salmo 130 que hace especial énfasis en un contrapunto que coro y orquesta entendieron a la perfección. Entre los integrantes del coro encontramos a la soprano Soraya Mencid, a quien descubrimos como Christine en El fantasma de la ópera del Liceo de Moguer, y luego hemos reencontrado en El gato montés de la pasada temporada del Maestranza. Con la importante y bien resuelta aportación del oboe y el concertino, la pieza se desarrolló con cristalina limpidez y considerable emoción, destacando el aria Meine Seele wartet auf den Herrn von einer Morgenwache que Diego Blázquez compartió con el registro alto del coro, luciendo una voz sedosa y rutilante, una emotiva religiosidad e indiscutible capacidad para conmover.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 18 de diciembre de 2021

ENTRAÑABLE CITA CON BACH Y LA AAOBS

Otoño Barroco de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Orquesta Residente del Otoño Barroco. Coro de la Asociación de Amigos de la OBS. Andrés Murillo, violín. Víctor García, violonchelo. Cristina Bayón, soprano. Ariel Hernández, tenor. Javier Cuevas, bajo. Bart Vandewege, dirección. Programa: Bach en Navidad (Concierto para violín BWV 1041, de Johann Sebastian Bach; Concierto para violonchelo Wq. 172, de Carl Philipp Emanuel Bach; Cantata IV del Oratorio de Navidad BWV 248, de J.S. Bach). Espacio Turina. Viernes 17 de diciembre de 2021


Las calles se llenan de alegría e ilusión, para bien y para mal teniendo en cuenta los tiempos que corren, en estos días previos a las celebraciones navideñas, que para mucha gente son tan hermosos, e incluso más, que los propios festivos. La puerta del Espacio Turina no es una excepción a esta algarabía sevillana; gracias al trabajo ingente y desinteresado de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla, la afición generosa y puntual de estas citas del Otoño Barroco logran dar carta de naturaleza a estas citas que llegan a su zénit con el ya tradicional concierto navideño en torno a la figura de Johann Sebastian Bach. En los atriles alumnos y maestros comparten escenario, lo que configura decisivamente el carácter entrañable de la velada. Y mientras tanto se aprovecha para servir de trampolín a los nuevos valores, materializado en las becas que anualmente concede la asociación, y que este año ha recaído ex-aequo en los sevillanos Andrés Murillo y Víctor García, que tuvieron así una oportunidad de oro para lucir sus cualidades. Arropándolos además estuvieron los y las ganadoras de la ayuda en ediciones anteriores, el violonchelista José Manuel Ramírez, los teclistas Irene González Roldán y Santiago Sampedro y el oboísta José Manuel Cuadrado, de todos los cuales hemos ofrecido en su día rendidas cuentas en estas mismas páginas.

Para demostrar la importancia de una batuta sobre el estrado, solo tuvimos que remitirnos a la pieza con la que arrancó la noche, un Concierto para violín nº 1 de Bach que sirvió para exhibir la habilidad de Andrés Murillo al instrumento. Acompañado por los violines de Leo Rossi y Valentín Sánchez, la viola de Carmen Moreno y un continuo de excepción en manos de Sampedro, Ramírez y Ventura Rico al contrabajo, el conjunto careció por esa falta de batuta visible del empaste y el justo equilibrio deseable, empañando en parte el rendimiento de un Murillo que se mantuvo algo tenso y puntualmente desafinado a lo largo de una exhibición en la que sin embargo acertó en brío y agilidad, a pesar de que el tono fue en general demasiado rústico. Es cierto que el BWV 1041 es un concierto extremadamente difícil y delicado, de una intimidad poco frecuente que solo la experiencia puede llegar a superar, y de eso se trata, de que el joven intérprete adquiera la experiencia necesaria que corrobore los méritos por los que sin duda fue reconocido. Murillo acertó sin embargo en la falta de aspavientos gratuitos y la ligereza de la articulación, aunque acusó un sonido demasiado rústico que no malogró por otro lado sus oportunidades de virtuosismo y bravura. Faltó algo de armonía y solemnidad en el andante central, pero acertó en un finale dinámico y rítmico.

Mejor arropado estuvo el más experimentado violonchelista Víctor García, reconocido en los premios del Día de Andalucía del año 2020, que ofreció el Concierto para violonchelo del más avezado de los hijos de Bach, Carl Philipp Emanuel, cada vez más presente en grabaciones y conciertos, dejando constancia de por qué era más reconocido en su época que su propio padre. Aquí la ausencia de batuta visible afectó menos, lográndose en conjunto una interpretación favorable en la que destacó la brillantez ornamental, la exquisitez en la modulación y la rica expresividad del joven intérprete. Aunque su fuerte era el clave, tenemos constancia de muchos de los trabajos de C.P.E. Bach gracias a sus propias transcripciones para otros instrumentos, como este Concierto para violonchelo del que el solista y la Orquesta Residente del Otoño Barroco ofrecieron una versión muy competente y aseada, temperamental en su justa medida y llena de brillo, energía y contraste, destacando un movimiento central perfectamente paladeado y notablemente melancólico.

Bart Vandewege lideró una brillante cantata

Una repentina indisposición del contratenor Carlos Mena, primera elección para dirigir este singular concierto, hizo que el director y compositor belga Bart Vandewege se hiciera cargo de la cantata del Oratorio de Navidad de Bach elegida este año, la cuarta, dedicada a la circuncisión y bautizo de Jesús y destinada al Día de Año Nuevo. Vandewege se halla estos días en la ciudad, preparando citas con la Sociedad Coral de Sevilla, a la que dirigió en este mismo Espacio Turina apenas unos días antes de que se decretara el confinamiento pandémico, con una Pasión según San Mateo de Heinrich Schütz memorable por muchos motivos. En esta ocasión los protagonistas fueron el Coro de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla, que acompañaron con estilo y responsabilidad a los solistas, cada uno de los cuales tuvo su oportunidad de oro para lucir habilidades. El bajo Javier Cuevas exhibió rotundidad de timbre y proyección, el tenor Ariel Hernández declamó con claridad y un precioso timbre, defendiéndose extraordinariamente en las agilidades, y la soprano Cristina Bayón, protagonizó un ¿Inspira tu nombre, Salvador mío, el menor asomo de espanto? tan emotivo y conmovedor como el propio enunciado, con la notable y precisa complicidad de Jacobo Díaz al oboe y el eco refulgente entre bastidores de, suponemos, Soraya Méncid. Como es habitual, y haciendo honor a su reclamo como concierto participativo, el público fue invitado a cantar el coral luterano Jesus richte mein Beginnen, primero según adaptación al español de Carlos Mena, y luego como bis en alemán. Algunos lo hicimos y al parecer merecimos el aplauso de Vanderwege y los ilusionados responsables de esta entrañable cita pre navideña.

Fotos: Lucas Gómez
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 12 de diciembre de 2021

EL BACH MATIZADO DE AMANDINE BEYER

Otoño Barroco 2021. Amandine Beyer, violín. Programa: Sonatas nº 2 en la menor BWV 1003 y nº 3 en Do mayor BWV 1005, y Partita nº 1 en si menor BWV 1002, de Bach. Espacio Turina, sábado 11 de diciembre de 2021


Todo ciclo o conjunto de Bach es de por sí una colección inigualable, un tesoro y un prodigio de la composición. Sus sonatas y partitas para violín solo no son ni mucho menos una excepción, sino más bien un punto de inflexión en la composición para el instrumento; todo lo que vino después hasta nuestros días, se inspira y se mira en este portentoso trabajo. Estos seis irrepetibles trabajos, tres partitas y tres sonatas que recogen las dos corrientes habituales en la época, las sonatas italianas y las suites de danzas francesas, a las que el autor sumó su particular universo estético, datan de su época en la corte de Cöthen, aunque todo apunta a que las compuso un poco antes, mientras estuvo en prisión en Weimar por orden de su empleador, el Duque Wilhelm Ernst, por sospechar que había aceptado un puesto en una corte rival. De cualquier manera fue en Cöthen, siendo el mismo príncipe un virtuoso y apasionado músico, donde aprendió de la tradición alemana de los instrumentos polifónicos y se familiarizó con las dobles cuerdas que tanta importancia adquirirían en su obra posterior. Allí encontró el caldo de cultivo para convertir en realidad definitiva este portentoso trabajo.

El Otoño Barroco organizado por la Asociación de Amigos de la Barroca de Sevilla se está superando con la participación de artistas de la talla de EXIT y ahora Amandine Beyer, que vuelve ahora tras más de una década que interpretara las otras tres piezas de este repertorio, algo así como una primera parte del ciclo completo. Entre tanto hemos podido disfrutar de ella en tres ocasiones, una frente a su conjunto Gli Incogniti en la Iglesia de Santa Ana y otras dos frente a la Barroca en esta misma Sala Turina y en el Maestranza. Las sonatas y partitas de Bach exigen una intensa individualidad y espiritualidad, por lo tanto una extrema sensibilidad y un virtuosismo técnico de primera envergadura. Beyer posee estas cualidades a ratos, otros parece tropezar con roces y estridencias, y en ocasiones presta demasiada atención a la prestidigitación en detrimento de la precisión armónica y melódica. Llegó incluso a bloquearse en la imposible fuga de la Sonata nº 3, pasando página de la partitura como mero recurso liberador, ya que en ningún momento llegó a prestar atención al atril que la acompañó como único elemento de atrezzo sobre el escenario. Su mirada estuvo casi todo el tempo fija en lo más alto, como si solo aceptara la inspiración divina, y ésta desde luego afloró en muchas ocasiones, tanto como para hacer ameno un recital de hora y media solo de violín sin que se resintiera el ánimo y la paciencia del numeroso público congregado. Ya ella lo advirtió, deseándonos suerte, y la hubo también para ella, que salió airosa del difícil empeño.

Una intérprete de altura

Durante todo el Romanticismo esta insigne música fue considerada de tan difícil acceso para el público que solía interpretarse con acompañamiento de piano, más tarde los más grandes violinistas acuñaron el repertorio con instrumentos modernos, hasta que se impuso el rigor historicista, con el violín barroco erigiéndose como único instrumento que hace justicia plena al ciclo y clarifica su progreso armónico, con su particular timbre agudo y esa articulación en registro superior que facilita la precisión rítmica en las danzas y los allegros. El arco plano además facilita la construcción de motivos breves que fueron muy recurrentes en manos de Beyer. Todo ello no tiene por qué mermar la intensidad y la pasión de la interpretación, como prácticamente ocurrió durante todo el concierto. Su talante amable y distendido nos regaló además elocuentes introducciones a las obras y unas poses y ademanes tan agradables que sustituyeron la ausencia de cualquier artificio sobre el escenario.

Si acertó en las introducciones casi improvisadas de las sonatas, animada y con amplio sentido del vuelo lírico en la nº 2, obstinada y más atada en la nº 3, y afrontó las dificilísimas fugas con ahínco y considerable fuerza dramática, el precioso y delicado andante de la primera quedó algo desdibujado y falto de sensibilidad melódica, mientras resolvió el largo de la segunda con notable sentido de la cantabilidad. El allegro final de la Sonata en la menor sonó ágil y muy matizado, y en el de la Sonata en Do mayor resurgió su carácter prestidigitador, prácticamente revoloteando sobre las cuerdas múltiples con un efecto casi milagroso pero con la atención fija en el virtuosismo más que en la expresividad. Ya antes lo hizo con efectos casi irreales en el doble o variación de la Courante de la Partita en si menor, que afrontó en general con muchos matices, ritmos y ornamentos complicadísimos, habilidad y ligereza en la preciosa Sarabanda y atinada rusticidad en el Bourrée final. Debió terminar exhausta tras semejante sesión maratoniana, pero la verdad es que no se le notó.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía