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lunes, 21 de marzo de 2011

Crónicas del FeMÁS (y VII)

RECTA FINAL CON MARCADO SABOR HISPALENSE



Cabría reprochar a Fahmi Alqhai programarse a sí mismo y al conjunto que lidera en el Festival que dirige, pero también cabría preguntarse si sólo por cuestiones de mera ética protocolaria debiéramos prescindir de uno de los talentos más singulares de nuestro panorama musical y por extensión de una amplia representación de los grandes músicos que desde hace más de una década han convertido a Sevilla en cuna de una Edad de Oro de la interpretación de música antigua; una movida sin tanta repercusión mediática como la del pop madrileño de los 80 pero con mucho relieve.

Con el contenido del primero de sus tres trabajos discográficos, centrado en obras del primer barroco italiano sobre las penurias del amor, la formación Accademia del Piacere se reencontró con el público sevillano el sábado 19 de marzo en la sala que ellos mismos inauguraron hace un mes. La revisión de estas piezas no estuvo sin embargo al mismo nivel que el disco de referencia, donde residía una mayor sutileza y elegancia y un más depurado nivel técnico.

Mariví Blasco, ahora sin el apoyo del tenor Juan Sancho, exhibió continuos cambios de color y tono, y aunque en estilo, falta de esmero en la articulación y la vocalización. A  un poco memorable Si dolce é’l tormento de Monteverdi, de fraseo entrecortado y escasa emotividad, hubo que sumar sin embargo un fresco y ágil Damigella tutta bella de Stefano Landi, apoyado siempre en su incontestable hermoso timbre. En la parte instrumental cabe destacar el trabajo en las disminuciones de Vicente Parrilla a la flauta, la creatividad de Álvaro Garrido en la percusión, la exquisitez de Miguel Rincón en la cuerda pulsada y la enorme versatilidad de Alqhai en la viola. Merece también mencionarse al actor Jesús Fuente y su recital poético. La actitud divertida y amena de los músicos, fruto de su indudable capacidad de disfrute, resultó agradecida pero algo inapropiada para cantar a la perfidia del amor.

Otro motivo de orgullo para la ciudad es contar con una segunda orquesta barroca, la que forman los jóvenes integrantes de Archivo 415, que desde 2008 aplican criterios historicistas a sus interpretaciones de música fundamentalmente barroca. En el concierto matinal que ofrecieron el domingo 20 en Santa Clara, bajo dirección de Leo Rossi, que fue miembro fundador de la Orquesta Barroca de Sevilla y actualmente toca el violín en la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, el conjunto hizo un acertado recorrido por las tendencias musicales europeas de los siglos XVII y XVIII, desde el británico William Boyce al imprescindible francés Jean-Baptiste Lully, pasando por Alemania (Händel) e Italia (Albinoni). Algún apuro en la por otro lado excelente cuerda, según confesión del propio Rossi por el calor reinante en la sala de Santa Clara, no deslució una propuesta llena de carisma, entusiasmo y solvencia, en la que brilló sobre manera el oboe de Jacobo Díaz en el Concierto Op. 9 No. 2 del autor del célebre Adagio, así como el fagot del profesor Luis Castillo, que repitió en el concierto que a continuación, en la misma sala, ofreció el Coro Barroco de Andalucía con música de Tomás Luis de Victoria. Si algún pero habría que hacerle a esta formación es el irregular dominio técnico en las flautas, algo que confiamos no sea más que una deficiencia coyuntural.

Giuliano Carmignola
El concierto de clausura de esta 28ª edición del FeMÁS, el pasado domingo 20 de marzo en la Sala Joaquín Turina de la Fundación Cajasol, quedará en la memoria por dos motivos fundamentales; por un lado, la personalidad arrolladora y el talento ilimitado de Giuliano Carmignola, violinista de enorme solvencia que tomó la batuta y nos dio una lección magistral de agilidad, musicalidad y brillo en sus solos tanto en el Concierto de Mendelssohn, no el famoso en mi menor sino uno de primerísima juventud en re menor de escasa divulgación, y en el Rondó en La mayor D438 de Schubert, una obra aún clásica pero de claras connotaciones prerrománticas.

El otro motivo de memorabilidad fue el programa elegido, completado con dos Sinfonías para cuerdas de Mendelssohn, pues aunque se trate de obras enmarcadas dentro del clasicismo, de clara inspiración mozartiana, debido a la corta edad de sus autores al escribirlas, la Orquesta Barroca de Sevilla nunca antes había llegado más allá de Haydn y el genio de Salzburgo. Las prestaciones de la cuerda, con su brío y entusiasmo característico, demuestra una vez más el momento de altísimo nivel musical que vivimos en la ciudad.

Parte de esta crónica ha sido publicada en El Correo de Andalucía el 21-3-2011

Crónicas del FeMÁS (VI)

TOMÁS LUIS DE VICTORIA Y EL SIGLO DE ORO ESPAÑOL

Con ocasión del cuatrocientos aniversario de la muerte de Tomás Luis de Victoria, FeMÁS ha dedicado al compositor de Ávila un seminario y tres conciertos, además de una presencia ya notoria en el concierto de inauguración del certamen, a cargo de Intonationes y con Gesualdo como autor protagonista.

Música Ficta, con Ruth Rosique cuando cantaba en sus filas

La primera de estas citas integrales tuvo lugar el sábado 19 en la Iglesia filipense de San Alberto, no en vano fue grande la relación del autor con el Oratorio de San Felipe Neri durante su estancia de veinte años en Roma. Y fue a cargo del excelente grupo vocal Musica Ficta, liderado por Raúl Mallavibarrena. Sus ocho integrantes hicieron gala de magníficas prestaciones en su rendición de los Responsorios de Tinieblas que Victoria escribió a principios del S. XVII dentro de su obra magna Officium Hebdomadae Sanctae, con música dedicada a la Semana Santa. Estos Responsorios en concreto aluden a las festividades del Jueves, Viernes y Sábado Santos, con un especial énfasis en el desencanto y la decepción en el ser humano, personificado en el desaliento de Jesús, traicionado y sacrificado en la cruz. No bastaba pues con una interpretación sobria, ortodoxa y respetuosa con la tradición católica, sino que cabía dotarla de unas mayores dosis de dramatismo, tensión y expresividad de las que habitualmente se emplean al interpretarlos. Y así respondieron cada una de las ocho voces, distribuidas en pares (sopranos, altos, tenores y bajos), haciendo alarde además de individualidad y personalidad sin por ello perder el sentido de conjunto. Cada voz perfectamente perceptible, identificable, dominada y controlada hasta lograr un efecto hipnótico, fascinante y hasta sensual. Pasamos frío en la iglesia pero mereció la pena para así disfrutar de este espectáculo en sus condiciones naturales de espacio y acústica.

Tomás Luis de Victoria
(1548-1611)
En una línea distinta se movió el Coro Barroco de Andalucía bajo la batuta del muy experimentado y reconocido director alemán Martin Schmidt. En la mañana del domingo 20 de marzo, en Santa Clara, interpretaron la Missa Ave Regina Caelorum de Victoria, cuyo contenido dramático es infinitamente más amable que el de los Responsorios, lo que motivó un canto más sereno y armonioso, menos volcado en contrastes y marcadas soluciones contrapuntísticas. Curiosamente la estupenda soprano Rocío de Frutos coincidió en ambas formaciones, adaptándose perfectamente a las dispares indicaciones y exigencias de Mallavibarrena y Schmidt. La alternancia de esta misa con antífonas y otros cantos litúrgicos de otro de los grandes compositores de nuestro Siglo de Oro, Francisco Guerrero, dieron el justo contraste de estilo e intensidad, más expresivo y colorista en el caso del compositor sevillano, que los miembros del coro reflejaron a la perfección. En el pequeño apoyo instrumental destacó el siempre excelente Alejandro Casal al órgano.


Mucho más ortodoxa y anquilosada fue la interpretación el mismo día 20 por la tarde, en la Iglesia de San Alberto, que hizo la Sociedad Musical de Sevilla del Oficio de Difuntos del músico abulense. Su director, Israel Sánchez, optó por la vía más tradicional de la Iglesia Católica Romana Apostólica, con ecos inconfundibles del canto gregoriano dominando un conjunto que en resumen sonó excesivamente monótono y descolorido, sin por ello desmerecer el trabajo individual reflejado en los integrantes del coro, ciudadanos amateurs cuyo esfuerzo y tesón se refleja en unas voces convenientemente entonadas y de cuidados timbres y texturas. Hubo lugar por ello para momentos que rozaron lo sublime, como el Sanctus.

viernes, 18 de marzo de 2011

Crónicas del FeMÁS (V)

DOS CITAS SINGULARES: SOLISTAS DE LA BARROCA DE SEVILLA Y GRAINDELAVOIX

Los viajes que Joseph Haydn realizó a Londres entre 1791 y 1795, tras la muerte de Nicolás Esterhàzy, fueron una bocanada de aire fresco y una ventana al Mundo para el compositor austriaco. Invitado por el violinista y empresario alemán, afincado en la capital británica, Johann Peter Salomon para dirigir una serie de conciertos, allí Haydn compuso sus doce últimas sinfonías, conocidas como londinenses.  El propio Salomon realizó pocos años después unas muy celebradas reducciones de estas sinfonías para flauta, cuarteto de cuerdas y piano, que son las que se tomaron como base, sustituyendo el piano por el contrabajo, en las interpretaciones que de la 94 La sorpresa y la 104 Londres realizaron el conjunto Solistas de la Barroca de Sevilla el pasado miércoles 16 de marzo en el Centro de Músicas Históricas ubicado en el Convento de Santa Clara.
Ventura Rico en el centro, y Mercedes Ruiz y
Guillermo Peñalver en el extremo derecho


Con Guillermo Peñalver en la flauta, Andoni Mercero y Alexis Aguado en los violines, José Manuel Navarro en la viola, Mercedes Ruiz en el violonchelo y Ventura Rico en el contrabajo (con una cuerda más, como los violones), los integrantes en esta ocasión de la aleatoria formación fueron de menos a más, desde una interpretación de la 94 demasiado árida e imperfecta técnicamente, si bien el último movimiento fue sencillamente brillante, hasta una 104 que siguió la línea emprendida con ese Finale de La sorpresa. La transición fue igualmente desde cierta inconsistencia en el espíritu y el ritmo, hasta un brío, una energía y una agilidad fuera de toda discusión, en un alarde de jovialidad y desenfado que hizo que en conjunto o por separado cada miembro de la Barroca de Sevilla, éstos y los que no estuvieron, merezcan considerarse auténticos maestros de la interpretación musical.

Pero si interesante fue asistir a una interpretación camerística de las sinfonías de Haydn, mucho más lo fue hacerlo al concierto que ayer jueves dieron en el Convento Santa Clara el conjunto vocal belga Graindelavoix y su director Björn Schmelzer. La obra elegida fue la muy compleja Missa Caput de Johannes Ockeghem, enigmáticamente asociada a la leyenda de San Jorge y el Dragón, quizás la más famosa de entre las compuestas y todo un monumento del Cuatrocientos que hasta ahora siempre había sido abordado desde la ortodoxia imperante en la Iglesia Católica desde el siglo XVII, limitándose a las oraciones y evitando todo tipo de ornamentación y floritura. Un estudio de la práctica realizada antes de ese siglo en iglesias francesas, más concretamente parisinas, ha llevado a Schmelzer a recuperar el canto profuso en ornamentación, de polifonía extrema, al que ha llevado más lejos permitiendo que cada voz aporte su particular timbre, fraseo y coloratura, por así decirlo, por separado, sin grupos vocales excepto para los graves continuos que sirven como base al conjunto melódico. Y para crear contraste, o al menos así lo entendemos, con la forma de abordarlo antiguamente, lo alternan con canto llano, monódico.

Pero a pesar de unas inertes indicaciones que se nos hizo antes del concierto por parte del personal de organización del festival, tales como que no aplaudiésemos entre piezas (faltaría más, todas las personas allí presentes sabemos que una misa es un todo que no acaba hasta el final), nadie nos avisó del cambio de programa. Si en la programación colgada en Internet y la que se refleja en el catálogo se reproducía el contenido de la grabación que de la obra han hecho Graindelavoix para el sello Glossa, lo interpretado finalmente distaba mucho de ser lo mismo; y no sólo porque con cada nueva interpretación el grupo experimente nuevas y distintas ornamentaciones, sino porque para el canto llano se prescindió del Mandatum Ritual a través del cual se narra la parábola del lavado de pies, que termina con el apóstol Pedro sugiriéndole a Jesús que no sólo lave sus pies, sino también sus manos y cabeza (el caput del tíulo), dejando sólo la última estrofa para justificar precisamente la denominación de la pieza, y sustituyendo el resto por otros cantos no anunciados, alguno de los cuales nos pareció tan hermoso como anacrónico. Pero lo más maravilloso de la actuación del conjunto fue escucharlos a la vez que los veíamos, ensimismados cada uno en su propio rol sin abandonar por ello el trabajo de conjunto, modulando sus voces y gesticulando con tanto misticismo como la propia pieza por sí misma transmite.

No hubo más puesta en escena que ésta, salvo por una introducción realizada desde la trastienda opuesta al escenario, aunque esperábamos una anunciada mayor teatralidad. Al final muchos nos preguntábamos si no era ésta una de las propuestas del festival que debiera haber sido programada en una Iglesia en lugar de en la sala de Santa Clara, de calculada y compacta acústica que impide la reverberación con la que habitualmente se asocian estos cantos, habida cuenta además que el grupo suele actuar y grabar en iglesias.

lunes, 14 de marzo de 2011

Crónicas del FeMÁS (IV)

ORQUESTA BARROCA DE HELSINKI: AIROSOS NÓRDICOS

Con un atractivo programa integrado por un nutrido elenco de compositores nórdicos del siglo XVII, encabezados por Dietrich Buxtehude, se presentó en el FeMÁS una reducción de la Orquesta Barroca de Helsinki; indudablemente una de las citas claves de esta edición.

Un concierto con el que pudimos disfrutar de partituras de escasa divulgación, centradas en música vocal luterana, en su mayoría de clara inspiración italiana, como Ach Herr, strafe mich nicht de Johann Valentin Meder. Aunque también hubo obras en las que se denotaba ya un estilo más germánico, con jugosos juegos en disonancias y armonías, como Es war aber an der Stäte de Christian Geist. Todos los autores eran contemporáneos de Buxtehude, quien en cierto modo vampirizó sus estilos, del mismo modo que ejerció una notable inspiración en Bach y rendida admiración en Händel.

Bajo dirección del clavecinista Aapo Häkkinen, cuyo solo en la Suite in discessum de Christian Richter fue depurado, brillante y virtuoso, el conjunto hizo gala de solvencia y rigor, con la violinista Minna Kangas apurada en afinación en la Suite a 4 en sol de Andreas Kirchhoff, pero derrochando agilidad y expresividad, al contrario que el violagambista Mikko Perkola, que no logró lucirse en su solo del Jubilate Domino del compositor de Lübeck, revelando un nivel técnico bastante pobre.

Por su parte, el contratenor Teppo Lampela, muy apreciado en Finlandia, exhibió un potente volumen, un timbre hermoso y un amplio registro vocal que le llevó a moverse en una indecisa tesitura, quizás para esquivar escollos. De cualquier modo, descubrir piezas como Laudate Dominum omnes gentes de Kaspar Förster o Salve mi Jesu de Franz Tunder, fue sin duda una delicia.

Ampliación de la crítica publicada en El Correo de Andalucía el 14 de marzo de 2011

sábado, 12 de marzo de 2011

Crónicas del FeMÁS (III)

JORDI SAVALL Y HESPÈRION XXI: UN BÁLSAMO PARA LA FURIA

No es frecuente que en nuestra ciudad se forme a propósito de un espectáculo lo que anoche sucedió en la Sala Joaquín Turina que la Fundación Cajasol tiene en la calle Laraña de Sevilla. Bien es sabido por todos nosotros lo conformista que suele ser el público sevillano, nada que ver con cómo reaccionan desde Despeñaperros para arriba cuando las cosas no funcionan como debieran. Resulta que por un fallo de la organización, tanto del FeMÁS como de la propia sala, las entradas al concierto de Jordi Savall, todo un evento en esta edición del Festival, se vendieron sin numerar, y tan sólo haciendo distinción entre zonas A (patio) y B (balcón), aunque con una diferencia simbólica de precio (20 y 18 € respectivamente), lo que provocó que mucha gente se “colara” en la zona A dejando sin butaca a otras personas que habían adquirido sus localidades en patio. El incidente provocó reacciones airadas, más de lo conveniente en algún caso, con descalificaciones a políticos y prensa incluidas, pero que en cualquier caso exigían justamente una intervención inmediata por parte de la organización. Reacción en hibernación que dio lugar a una intervención del propio Savall, con actitud venerable, invitando a quienes lo desearan a sentarse en el propio escenario, para lo que se habilitaron sillas adicionales. Sorprendentemente sólo unas seis personas subieron al estrado, y en el balcón quedaron veintisiete asientos libres; los desarraigados prefirieron sentarse en escalones o en el propio suelo.

Menos mal que pudo dar comienzo el concierto, que acabó resultando un auténtico bálsamo para aplacar la furia y la tensión existentes. Pero lógicamente al principio los ánimos estaban aún alterados, y se notaba en el público e incluso en los músicos. Pero en un alarde de profesionalidad todo salió adelante y de la mejor manera posible. A integrantes veteranos e históricos de la formación que Savall fundó hace más de treinta años, como el estupendo percusionista Pedro Estevan, el contrabajista Xavier Puertas, el violagambista Sergi Casademunt, y el especialista en cuerda pulsada Xavier Díaz-Latorre, algunos habituales como Savall de nuestro certamen, se les unieron otros recientes como Imke David y el propio Fahmi Alqhai, ambos en la viola de gamba. Por cierto, ¿hasta qué punto resulta ético que el director del festival se autocontrate tanto en este concierto como en el que ofrecerá con su conjunto Accademia del Piacere el próximo fin de semana? Al fin y al cabo es un músico excelente, cuya carrera en un principio la ha labrado en Sevilla, y con el que siempre se ha contado en éste y otros acontecimientos celebrados en nuestra ciudad. ¿Sería por tanto legítimo o conveniente que prescindiéramos de su arte durante todos los años que dirigiera el FeMÀS? Quizás a veces debamos saltarnos protocolos u olvidarnos de ser elegantes e incluso éticos, y perdonar decisiones, e incluso celebrarlas, como ésta.

Desde Savall, primero a la izquierda, hasta Xavier Puertas al violón, todos comparecieron en su cita sevillana

El delicioso programa preparado para la ocasión proponía un paseo por dos siglos y cinco nacionalidades distintas para recrear el sonido de los consort o conjuntos de violas de gamba, y así culminar apoteósicamente la III Semana dedicada al instrumento en el Festival. Que la música resultara balsámica no fue por casualidad, ya que las piezas escogidas ahondaban en demostrar un espíritu apacible y sosegado, desde las muy hermosas composiciones del renacentista John Dowland y el barroco Henry Purcell, a las refinadas danzas venecianas y francesas de la corte de Luis XIII, salpicadas de joyas españolas como la Moresca de Pedro Guerrero o la Corrente Italiana de Juan Cabanilles, con especial hincapié en el arte de la improvisación, que brilló con luz propia en los célebres Canarios con los que terminó la primera parte del concierto, y donde Savall fue capaz de extraer de su vihuela de arco los más inverosímiles timbres y matices. Sin embargo la impresión general fue algo decepcionante, por cuanto no se aprovechó demasiado el juego contrapuntístico del conjunto, sonando todo a solista brillante acompañado de conjunto homogéneo y, eso sí, perfectamente ensamblado, sin que en ningún caso se percibiera el trabajo al teclado de Michael Behringer, lo que unido al carácter en cierto modo monotemático de la noche hiciera que no se tratase exactamente de una velada memorable, como sí ha ocurrido en otras comparecencias del genial músico catalán, cuando se ha presentado con sus portentosos solos de viola de gamba.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Crónicas del FeMÁS (II)

III Semana de la Viola de Gamba


La muy exitosa Semana que el Festival de Música Antigua de Sevilla le dedica a la viola de gamba llega este año a su tercera edición, ofreciendo así una mayor garantía de continuidad. Este año los tradicionales conciertos prestan atención no sólo a las interpretaciones solistas, sino también al conjunto de cámara y al dúo, lo que es toda una novedad en el certamen. Los conciertos van acompañados además de una serie de masterclass impartidos por Ventura Rico, Nima Ben David, Rodney Prada y Juan Manuel Quintana, y de una exposición de violas de gamba con participación directa de luthiers llegados de Italia, Francia, Alemania, Argentina y España.

El concierto con el que arrancó esta Semana de la viola de gamba tuvo lugar el lunes 7 de marzo, con Ventura Rico, fundador y contrabajo de la Orquesta Barroca de Sevilla, que junto a los componentes de Vie sul mare, entre los que se encuentran los también integrantes de la OBS Mercedes Ruiz y Guillermo Peñalver, interpretaron obras de Buxtehude, Schenck y Guillemain. Vittorio Ghielmi, un ya habitual de este certamen, y Rodney Prada protagonizan un muy especial dúo de violas del 9 de marzo, mientras Juan Manuel Quintana repasará al día siguiente la Edad de Oro de este instrumento, con composiciones de Sainte Colombe y Marin Marais, entre otros. Pero quizás la gran sensación de esta edición vino de la mano de la gran violagambista israelí, afincada en Francia, Nima Ben David. Con ella repasamos el martes 9 tres de las nacionalidades más relacionadas con este instrumento, a la vez que recorrimos cuatro siglos de composiciones para el mismo, con especial y lógico detenimiento en el Siglo XVII, y también una especial atención a nuestros días, sólo para constatar hasta qué punto la personalidad de la viola de gamba es tal que es capaz de absorber todos los estilos y épocas para homogeneizarlos.

Nos sorprendió su técnica, no tan depurada y perfeccionista como esperábamos, pero sin embargo nos embelesó su profunda expresividad y emotividad a la hora de interpretar un repertorio tan variado, desde la nostálgica melancolía de Tobias Hume (Pavana en la menor) a la emoción elegíaca de Georges  Gourdjieff (Prayer of Mercy), pasando por el estilo recio y virtuoso de Carl Friedrich Abel (Preludio en re menor) y el refinamiento de Sainte-Colombe. Pero donde más brilló su talento fue con Telemann, de cuya Sonata en re mayor de Der Getreue Music-Master ofreció todo un recital de emociones, con un extraordinario dominio del volumen y una excelente fuerza expresiva; y con Philippe Hersant, especialmente su suite del film sobre Caravaggio L’ombre d’un doute, donde pizzicatos combinados con notables experimentaciones dieron como resultado unos resultados subyugantes. Lástima que la Sala del Centro de Músicas Históricas, además de resultar muy desangelada, no haya sido insonorizada, de manera que el en un principio agradable sonido de la lluvia acabó resultando bastante molesto. Aunque la función principal de la sala sea la de biblioteca, deberían cuidarse estos detalles si también se pensó en ella para la celebración de conciertos.

lunes, 7 de marzo de 2011

Crónicas del FeMÁS (I)

Intonationes prestó su voz a la inauguración de la 28ª edición del certamen


El domingo 6 de marzo tuvo lugar la puesta de largo de la nueva edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. Una cita imprescindible para los melómanos hispalenses, que en los últimos años ha generado enorme expectación y toda una escuela de especialistas en la materia.

Aparcadas las sedes habituales de las últimas ediciones, como el Hospital de la Caridad o los Reales Alcázares, ésta es la de la apuesta definitiva por el Centro de Músicas Históricas, ubicado en el recién rehabilitado Convento de Santa Clara de la calle Becas. Aunque la inauguración oficial de dicho enclave tuvo lugar el pasado 23 de febrero de la mano de Fahmi Alqhai, director del festival, y la Accademia del Piacere, no cabe duda de que la auténtica puesta de largo llegó anoche con este primer concierto de la presente edición del FeMÁS. Se trata de un espacio más generoso en virtudes acústicas que en aforo, si bien es verdad que no resulta menor que el Salón de Tapices del Alcázar, reservado en anteriores ediciones a algunas de sus citas más importantes. A golpe de vista pareciera que aceptara más de las casi doscientas localidades anunciadas, ganándose desde luego mucho en comodidad y confort térmico.

En primera línea de fuego se encontraba la más alta representación de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento, junto al equipo directivo del certamen. Se echó en falta una vez más algún acto de bienvenida que otorgara carácter a lo que se espera de una inauguración en toda regla, y no nos referimos a los clásicos discursos institucionales de autobombo y complacencia. Se acusó demasiada austeridad también en la puesta en escena.

David Sagastume, director de Intonationes
Con un ingenioso programa estructurado en torno a Carlo Gesualdo de Venosa, uno de los máximos exponentes del Renacimiento tardío, cuya atormentada y tumultuosa existencia no parece coincidir con su extrema sensibilidad poética y musical, Intonationes dio buena muestra de su excelencia a la hora de abordar composiciones seculares - la mayoría - y sacras - dos motetes de Tomás Luis de Victoria combinados con una antífona de Gesualdo. Con un marcado carácter solemne, David Sagastume, Rossana Bertini, Lluís Vilamajó, Giuseppe Maletto y Daniele Carnovich desplegaron un amplio abanico de texturas y articulaciones, dejando claro por qué cada uno merece la consideración de excelente polifonista. El elenco se preocupó por presentar cada pieza marcando acentos y personalidades, de forma que en conjunto la oferta no resultara monótona. Ninguno de los integrantes del conjunto se abandonó a la languidez o la pesadumbre con la que en ocasiones se aborda este material, salvo en casos estrictamente indispensables. Resulta estéril hablar de la valía de cada voz por separado, habida cuenta de su sobrada competencia y experiencia en el arte de la polifonía. Curtidos en agrupaciones del prestigio del Ensemble Gilles Binchois, Les Sacqueboutiers de Toulouse, Europa Galante, La Venexiana o Al Ayre Español, junto a maestros de la talla de Gustav Leonhardt, Rinaldo Alessandrini, Jordi Savall, Pierre Cao o Christopher Hogwood, no es de extrañar que sus interpretaciones alcanzaran la excelencia.

Un pulcro y refinado trabajo en contrapunto y armonía recorriendo cuatro bloques centrados en el arte madrigalista que tuvo a la ciudad de Ferrara como centro neurálgico. En el primer bloque se acusó el fuerte temperamento de Gesualdo junto al de Giaches de Wert, cuya predilección por lo homofonía aportó un claro contraste con el de Venosa. Bellísimo el madrigal Io taceró de Gesualdo. En el segundo bloque se exploró la vertiente sacra antes referida, con Victoria, objeto de varios homenajes a lo largo del festival cuando se cumplen cuatrocientos años de su muerte, como contrapunto a las disonancias y armonías extremas del protagonista de la noche. En este segundo bloque destacó el refinamiento de Sparge la morte. En el tercer bloque, alegres cantos amorosos de la mano de Luzzaschi, cuya tendencia a ornamentar la voz de soprano quedó demostrada con la intervención de Rossana Bertini, y Marenzio, sólo superado en cromatismo por el propio Gesualdo. Este bloque tuvo un carácter más profano, impetuoso y desenfadado. Y un canto dulce y armonioso en el último, protagonizado por el tránsito hacia el Barroco de Monteverdi, con el que los intérpretes bordaron Si ch’io vorrei morire, un difícil ejercicio de modulación en escala decreciente. Todo un muestrario de arte musical manierista, libre de las formas más rígidas del puro Renacimiento, y toda una experiencia de puro deleite y perfección.