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martes, 1 de abril de 2025

NOCHE MÁGICA DE PERIANES Y LA FILARMONÍA

Gran Selección. Philharmonia Orchestra. Javier Perianes, piano. Santtu-Matias Rouvali, dirección. Programa: Concierto para piano nº 5 en Fa mayor Op. 103, de Saint-Saëns; Suite de L’oiseau de feu, de Stravinski. Teatro de la Maestranza; lunes 31 de marzo de 2025


No logramos explicarnos qué está ocurriendo con el público del Maestranza, que ni Ismael Jordi ni Javier Perianes, que siempre han sido efusivamente recibidos en la que es su casa, aunque uno sea jerezano y el otro onubense, han logrado los llenos absolutos que disfrutaban antaño. Pero que ni la Orquesta de Leipzig ni la Filarmonía que ahora nos ocupa hayan experimentado un aforo medianamente generoso, podríamos considerarlo escandaloso.

Si hace una semana se agotó el papel para Martha Argerich, que como era previsible acabó cancelando, por qué la Filarmonía apenas logró medio aforo, cuando tanto una como la otra están al mismo nivel de popularidad. Podríamos entender que Gustavo Dudamel o Lang Lang pulverizaran la taquilla y la orquesta inglesa no, dado el nivel extremo de popularidad que disfrutan el director venezolano y el pianista chino, y a pesar de la excelencia de esta incomparable orquesta, avalada durante décadas por las más insignes e históricas batutas.

Lo cierto es que, sin llegar a la vergüenza de Andris Nelsons, muchas fueron las vacantes en un concierto memorable y una visita de lujo, algo que esperemos no frene a la actual dirección del teatro para seguir programando citas como ésta. Que fuera lunes, que marzo esté saturado de importantes citas musicales, que el precio de la entrada fuera algo elevado… quién sabe por qué la melomanía sevillana volvió a mostrarse tan raquítica.

Perianes en casa

Residente desde hace ya un buen número de años en Sevilla, Javier Perianes, el elegido por la orquesta para protagonizar esta mini gira española que continuará en Zaragoza y Madrid, parecía sentirse en casa, cómodo y relajado, así como llevando las riendas de la primera parte del concierto, con un egipcio de Saint-Saëns que en sus manos y las de la orquesta lució imponente y majestuoso, pero sobre todo mágico.

Esta página de inspiración arabizante, estilizada y exótica pero sin grandes pretensiones, encontró en Perianes el intérprete ideal, que empleó astucia e inteligencia para dotar a la partitura de la efervescencia y la ligereza que demanda sin por ello reprimir fuerza y vitalidad. El director finlandés Santtu-Matias Rouvali, actual titular de la orquesta, siguió con mimo y delectación las pautas del pianista, logrando una simbiosis perfecta con él.

Perianes resolvió el primer movimiento con transparencia y mucha delicadeza, con un desarrollo muy elaborado y sincopado plagado de contrastes puntualmente dramáticos. De la misma forma, su rapsódico andante encontró en la formación y el pianista unos intérpretes ideales, aprovechando el andaluz para destacar los arabescos y demás elementos orientalizantes que tanto entroncan con nuestra propia cultura.

Así hasta derivar en un virtuosismo exacerbado en el movimiento final, con episodios efervescentes y excitantes acompañados de una orquesta siempre afín, haciendo gala de una gramática fina y sutil. Dos propinas alargaron la brevedad del encuentro, una Danza del fuego enérgica y apabullante, y la íntima delicadeza con la que el pianista abordó el precioso Nocturno Op. 54 nº 4 de Grieg.

Auténtica magia musical

También breve, la segunda parte estuvo protagonizada por la tercera y más larga de las suites que preparó Stravinski a partir del primero de sus ballets para Dhiagilev, El pájaro de fuego. Nos preguntamos por qué no se interpreta más a menudo el ballet completo, sólo quince minutos más largo que esta suite.


El lento fragor de la cuerda en su sostenida introducción, fue sentando las bases de una interpretación anclada en la delicadeza más absoluta, la finura de sus líneas y la creación de una atmósfera llena de encanto y sensualidad. Hablar de la técnica impecable de cada familia instrumental y cada solista en particular, es quedarse corto. Lo más sorprendente es la capacidad de cada uno y una de ellas para lograr un sonido tan sutil, relajado y elegante.

La juventud de gran parte de la plantilla nos hace pensar en lo durísimas que deben ser las pruebas de acceso para mantener a lo largo de los tiempos la excelencia que marca a una de las tres orquestas fundamentales de Londres, centro neurálgico de la interpretación orquestal a nivel mundial. En este sentido, cabe destacar el sensacional trabajo del oboe y el fagot en esta página de riquísimas texturas y extraordinaria orquestación. Especialmente subyugante fue la delicadeza con la que llegaron a sonar trombones y maderas.

Los voluptuosos arabescos y las abundantes figuras ornamentales encontraron en la Filarmonía el medio ideal para lograr esa atmósfera mágica que pide la partitura, como nunca la habíamos disfrutado en tantas otras ocasiones. Una excelencia que también se manifestó en los pasajes más poderosos y estruendosos, sin perder la claridad ni la trasparencia en ningún momento. La majestuosidad de la trompa y el glorioso resplandor del solemne final, fruto de una inusitada inventiva orquestal, lograron en la batuta de Rouvali y el magisterio de la orquesta, cotas inimitables de perfección.

Circus Polka, una deconstrucción de la Marcha militar de Schubert, sirvió como colorista propina. La pieza fue un encargo del Circo Ringling a Stravinski, curiosamente adaptada para banda y órgano por David Raksin, el autor de la famosa banda sonora de Laura, que visitó Sevilla en aquel lejano año de inauguración del Maestranza. Y para terminar y alcanzar las dos horas estándares de función, una enérgica y contrastada Danza húngara nº 1 de Brahms. 

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía


lunes, 17 de abril de 2023

FELIZ Y ESPERADO REENCUENTRO CON UN GENIAL PERIANES

Cita en Maestranza. Javier Perianes, piano. Programa: Cruce de caminos (Variaciones sobre un tema de Robert Schumann op. 20, de Clara Schumann; Quasi variazioni: Andantino de Clara Wieck, de la Sonata nº 3 op. 14 de Schumann; Variaciones sobre un tema de Schumann op. 9, de Brahms; Goyescas, de Granados). Teatro de la Maestranza, domingo 16 de abril de 2023


Dado su carácter afable, humilde y nada narcisista, seguramente no le agradará que se le defina como un genio, pero sólo así somos capaces de identificar a quien saca tanto brillo de cualquier tipo de partitura, desde la más convencional y coyuntural a la más ambiciosa y sofisticada, logrando que suenen como un auténtico tesoro difícil de catalogar. Desde hace diez años, cuando ejerció como artista residente de la Sinfónica y entre otras obras interpretó la integral de conciertos de Beethoven, creo recordar que sólo hemos podido disfrutar de su presencia en el Maestranza en una ocasión, hace la mitad, cinco años, con Axelrod a la batuta haciendo el segundo de los conciertos de Brahms, autor que participó también en el portfolio con el que nos deslumbró este mismo domingo. Cuando un artista es capaz de fascinarnos y someternos con tanto ahínco y facilidad, casi sobran las palabras para describir la sensación que nos llevamos de su portentoso recital. En él se pudieron distinguir claramente dos partes, una primera centrada en el recurrente trío romántico entre el matrimonio Schumann y su ferviente y joven admirador Johannes Brahms. En la segunda, el ciclo Goyescas que tanta fama y popularidad reportó a Enrique Granados y sin embargo inauguró el trágico final que truncó una vida posiblemente llena de grandes sorpresas.

Las Variaciones de Clara Schumann sobre el número 4 de Bunte Blätter de su marido están llenas de contrastes y poseen una enorme densidad atmosférica, a pesar de tratarse de un mero detalle de la esposa, entones durante varios años inactiva, por el cuarenta y tres cumpleaños del compositor, apenas unos meses antes de ingresar en una institución psiquiátrica. Perianes la interpretó sin embargo como si se tratara de una pieza única e irrepetible, con toda la atención, el mimo por el detalle y la profunda reflexión que sus repetitivos acordes parecen exigir. Sus siete variaciones, aunque se puede llegar a apreciar incluso una octava, nos llevan por diferentes estados de ánimo, que Perianes tradujo en una perceptible melancolía de largos pasajes y notas retenidas, ritmo pausado y espíritu variable, desde un paseo romántico protagonizado por trinos y vivaces arpegios, hasta acordes más vehementes y furiosos, todo llevado siempre a la quintaesencia de la expresividad más conmovedora. El tercer movimiento de la Sonata nº 3 de Schumann, así mismo unas variaciones sobre un tema en este caso de Clara cuando solo era una adolescente, encontró en la digitación de Perianes una expresión rica y poderosa, pero siempre desde la elegancia y la delicadeza que el pianista sabe impregnar en las partituras más intimistas. Con gran decisión y seguridad en sí mismo acometió la pieza de Brahms, también basada en el mismo tema que las variaciones de Clara Schumann, pero no limitándose como aquella a modificar el espíritu sin tocar la melodía, sino como entendemos habitualmente el género, modificando ritmos y hasta melodías sin traicionar el alma de la pieza y su significación emocional. Así lo entendió Perianes con una interpretación magistral, llena de contrates pero a la vez contenida y transparente, de cada una de sus dieciséis variaciones, manifestando melancolía y desesperación hasta derivar en una resolución tranquila y esperanzadora.

Que Goyescas de Granados coincidiese en este programa previamente preparado por el pianista con la celebración este año del centenario de Alicia de Larrocha, ha servido para convertir su recital en un homenaje a la excelente pianista, en cuyas manos la pieza se convirtió en leyenda, tanto como Iberia de Albéniz, si bien ésta tuvo también en Esteban Sánchez un ilustre embajador. Puede que la versión de Perianes disminuyera el colorido con el que se suele atacar la pieza, a favor de un mayor intimismo y un profundo análisis convertido en emotiva y melancólica reflexión que Perianes tocó desde el corazón, sin gestos grandilocuentes ni excesivos, siempre ensimismado en un teclado desde el que transmitió todo el universo que atesora este ciclo de los majos enamorados. Arrancó con una visión elegante y algo retenida de Los requiebros, que convirtió luego, en Coloquio en la reja, en larga escena dialogada, nocturna y bien aireada gracias a una pulsación precisa, perfectamente articulada y prodigiosamente amatoria. Tampoco hubo aspavientos folclóricos en El fandango de candil, la pieza más proclive a ello del ciclo, y sí mucho sentimiento y una profunda melancolía en La maja y el ruiseñor, prodigio melódico del que el pianista sacó el máximo provecho. Y así continuó por el segundo cuaderno, con El amor y la muerte y la Serenata del espectro deambulando por idéntica senda llena de mágica melancolía, sin estridencias ni salidas de tono, siempre desde la elegancia y el respeto más absoluto. Después, como propina, sus delicadas manos volvieron a Brahms con su precioso Intermezzo en La mayor de sus Klavierstücke op. 118.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía