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martes, 1 de abril de 2025

NOCHE MÁGICA DE PERIANES Y LA FILARMONÍA

Gran Selección. Philharmonia Orchestra. Javier Perianes, piano. Santtu-Matias Rouvali, dirección. Programa: Concierto para piano nº 5 en Fa mayor Op. 103, de Saint-Saëns; Suite de L’oiseau de feu, de Stravinski. Teatro de la Maestranza; lunes 31 de marzo de 2025


No logramos explicarnos qué está ocurriendo con el público del Maestranza, que ni Ismael Jordi ni Javier Perianes, que siempre han sido efusivamente recibidos en la que es su casa, aunque uno sea jerezano y el otro onubense, han logrado los llenos absolutos que disfrutaban antaño. Pero que ni la Orquesta de Leipzig ni la Filarmonía que ahora nos ocupa hayan experimentado un aforo medianamente generoso, podríamos considerarlo escandaloso.

Si hace una semana se agotó el papel para Martha Argerich, que como era previsible acabó cancelando, por qué la Filarmonía apenas logró medio aforo, cuando tanto una como la otra están al mismo nivel de popularidad. Podríamos entender que Gustavo Dudamel o Lang Lang pulverizaran la taquilla y la orquesta inglesa no, dado el nivel extremo de popularidad que disfrutan el director venezolano y el pianista chino, y a pesar de la excelencia de esta incomparable orquesta, avalada durante décadas por las más insignes e históricas batutas.

Lo cierto es que, sin llegar a la vergüenza de Andris Nelsons, muchas fueron las vacantes en un concierto memorable y una visita de lujo, algo que esperemos no frene a la actual dirección del teatro para seguir programando citas como ésta. Que fuera lunes, que marzo esté saturado de importantes citas musicales, que el precio de la entrada fuera algo elevado… quién sabe por qué la melomanía sevillana volvió a mostrarse tan raquítica.

Perianes en casa

Residente desde hace ya un buen número de años en Sevilla, Javier Perianes, el elegido por la orquesta para protagonizar esta mini gira española que continuará en Zaragoza y Madrid, parecía sentirse en casa, cómodo y relajado, así como llevando las riendas de la primera parte del concierto, con un egipcio de Saint-Saëns que en sus manos y las de la orquesta lució imponente y majestuoso, pero sobre todo mágico.

Esta página de inspiración arabizante, estilizada y exótica pero sin grandes pretensiones, encontró en Perianes el intérprete ideal, que empleó astucia e inteligencia para dotar a la partitura de la efervescencia y la ligereza que demanda sin por ello reprimir fuerza y vitalidad. El director finlandés Santtu-Matias Rouvali, actual titular de la orquesta, siguió con mimo y delectación las pautas del pianista, logrando una simbiosis perfecta con él.

Perianes resolvió el primer movimiento con transparencia y mucha delicadeza, con un desarrollo muy elaborado y sincopado plagado de contrastes puntualmente dramáticos. De la misma forma, su rapsódico andante encontró en la formación y el pianista unos intérpretes ideales, aprovechando el andaluz para destacar los arabescos y demás elementos orientalizantes que tanto entroncan con nuestra propia cultura.

Así hasta derivar en un virtuosismo exacerbado en el movimiento final, con episodios efervescentes y excitantes acompañados de una orquesta siempre afín, haciendo gala de una gramática fina y sutil. Dos propinas alargaron la brevedad del encuentro, una Danza del fuego enérgica y apabullante, y la íntima delicadeza con la que el pianista abordó el precioso Nocturno Op. 54 nº 4 de Grieg.

Auténtica magia musical

También breve, la segunda parte estuvo protagonizada por la tercera y más larga de las suites que preparó Stravinski a partir del primero de sus ballets para Dhiagilev, El pájaro de fuego. Nos preguntamos por qué no se interpreta más a menudo el ballet completo, sólo quince minutos más largo que esta suite.


El lento fragor de la cuerda en su sostenida introducción, fue sentando las bases de una interpretación anclada en la delicadeza más absoluta, la finura de sus líneas y la creación de una atmósfera llena de encanto y sensualidad. Hablar de la técnica impecable de cada familia instrumental y cada solista en particular, es quedarse corto. Lo más sorprendente es la capacidad de cada uno y una de ellas para lograr un sonido tan sutil, relajado y elegante.

La juventud de gran parte de la plantilla nos hace pensar en lo durísimas que deben ser las pruebas de acceso para mantener a lo largo de los tiempos la excelencia que marca a una de las tres orquestas fundamentales de Londres, centro neurálgico de la interpretación orquestal a nivel mundial. En este sentido, cabe destacar el sensacional trabajo del oboe y el fagot en esta página de riquísimas texturas y extraordinaria orquestación. Especialmente subyugante fue la delicadeza con la que llegaron a sonar trombones y maderas.

Los voluptuosos arabescos y las abundantes figuras ornamentales encontraron en la Filarmonía el medio ideal para lograr esa atmósfera mágica que pide la partitura, como nunca la habíamos disfrutado en tantas otras ocasiones. Una excelencia que también se manifestó en los pasajes más poderosos y estruendosos, sin perder la claridad ni la trasparencia en ningún momento. La majestuosidad de la trompa y el glorioso resplandor del solemne final, fruto de una inusitada inventiva orquestal, lograron en la batuta de Rouvali y el magisterio de la orquesta, cotas inimitables de perfección.

Circus Polka, una deconstrucción de la Marcha militar de Schubert, sirvió como colorista propina. La pieza fue un encargo del Circo Ringling a Stravinski, curiosamente adaptada para banda y órgano por David Raksin, el autor de la famosa banda sonora de Laura, que visitó Sevilla en aquel lejano año de inauguración del Maestranza. Y para terminar y alcanzar las dos horas estándares de función, una enérgica y contrastada Danza húngara nº 1 de Brahms. 

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía


viernes, 13 de octubre de 2023

SOUSTROT PERFUMA EL INICIO DE TEMPORADA DE LA ROSS

1º concierto del ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 34 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Soustrot, dirección. Programa: Escenas bohemias de La jolie fille de Perth, de Bizet; Danza macabra Op. 40 y Sinfonía nº 3 en Do menor Op. 78 “con órgano”, de Saint-Saëns; Ma mère l’oye, de Ravel; Discurso del general y La bañista de Trouville, de Les mariées de la Tour Eiffel, de Poulenc. Teatro de la Maestranza, jueves 12 de octubre de 2023


El fútbol y el puente debieron restar público al concierto de inauguración de temporada de la Sinfónica, a tenor de los muchos vacíos que pudimos observar en el aforo del Maestranza. Después de una pasada temporada tan polémica y henchida de inconvenientes y sobresaltos, esperemos que ésta fluya con normalidad y colme las expectativas de la afición. Para empezar, su director titular, Marc Soustrot, optó por uno de esos programas tan queridos suyos, con los que acudía siempre a Sevilla cuando no era su titular pero sí un invitado ilustre. De hecho, Mi madre la oca de Ravel lo ha interpretado ya en varias ocasiones, más las que la orquesta lo ha hecho sin él a la batuta. Se trata sin embargo de una música tan excelsa y rotundamente bella que no nos cansamos de escucharla cuantas veces sea necesario, más si se hace de forma tan soberbia como lo lograron ayer los músicos y músicas de la formación bajo la atenta supervisión del maestro lionés. Tras un Preludio cargado de atmósfera y ensoñación, la Pavana de la bella durmiente sonó misteriosa y sensual, con intervenciones sobresalientes de flauta y clarinete, mientras fueron el oboe y el corno inglés los que se lucieron en un Pulgarcito amable y juguetón. La belleza tímbrica de la Emperatriz de las pagodas volvió a brillar en los atriles de la ROSS, mientras orquesta y director no escatimaron esfuerzos para dotar al vals de La bella y la bestia de enorme elegancia y sensibilidad. El jardín mágico volvió a estremecernos con un alto porcentaje de emoción y una inteligente dosificación de sus virtudes expresivas.

Antes, Soustrot nos regaló unas Escenas bohemias de Bizet llenas de encanto. No recordamos haber escuchado antes esta suite extraída de la ópera La bella muchacha de Perth en el Maestranza. En ella se aglutinan el Preludio y una Serenata basada en el aria Viens, ma belle, je t’attends, recreada con gracia y sensibilidad, la Marcha que transcribe el coral Bon citoyens, vivaz y contundente, y la Danza bohemia, único número que se reproduce igual que en la ópera y que cierra pieza de nuevo con enorme elegancia en las impagables prestaciones de director y orquesta. Le siguió la popular Danza macabra de Saint-Saëns, con intervenciones magistrales de Alexa Farré al crispado y diabólico violín, y de unos timbales que dotaron de relieve y significación a la envolvente partitura, y que el resto resolvió con un sensacional sentido del ritmo y claridad en los acentos. Dos breves piezas del ballet conjunto Las bodas de la Torre Eiffel, compuesto por cinco de los integrantes del grupo de Los Seis (Georges Auric, Arthur Honegger, Darius Milhaud, Germaine Taillaferre y Francis Poulenc), precisamente las aportaciones del último, sirvieron para poner el contrapunto festivo y desenfadado a la magia desplegada con Mi madre la oca que le precedió, con la orquesta exhibiendo ritmo, fuerza y ese carácter bufo que expide.


De todas las sinfonías que sobreviven de Camille Saint-Saëns, tres de las cinco numeradas y otras dos, de las que Urbs Rome gozó de enorme popularidad en su época, la número tres es la más programada, si no la única. La intervención del órgano la hace única, mientras muchas personas la identificarán como tema musical recurrente en la banda sonora de la entrañable Babe, el cerdito valiente. Aunque constituye una pieza relevante desde el punto de vista formal, con una orquestación densa y equilibrada, son muchos quienes apuntan que carece del aliento beethoveniano y la gracia schubertiana que la informan. De cualquier modo constituye una pieza sumamente atractiva, con el valor añadido de dotar de voz a un sinfonismo, el francés, que al margen de los logros obtenidos por Berlioz o Franck, nunca gozó de popularidad. Careciendo el Maestranza del gran órgano que suele presidir los auditorios clásicos, el instrumento elegido para la ocasión, del que se encargó Tatiana Postnikova, tuvo que sonar forzosamente amplificado. Paradójicamente esto provocó que su sonido se impusiera al resto, en lugar de integrarse con el resto de la orquesta, lo que dotó a la interpretación de la pieza de una majestuosidad y una irrealidad fascinantes. También la aportación del piano, solo en el scherzo a cargo de Francisco Montero, y a dos manos en el finale con la incorporación de Ángela de la Cruz Moraza, resultó elocuente y llena de magia con sus impetuosas escalas ascendentes. Por lo demás, Soustrot supo combinar el carácter reflexivo y meditativo de sus pasajes más relajados, con la elocuente gravedad de sus grandes acordes y sus abundantes contrastes, hasta desembocar en un radiante y apoteósico final.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 19 de enero de 2023

MAROUAN BENABDALLAH, FILTRO DE OCCIDENTE

Piano en Turina. Marouan Benabdallah, piano. Programa: 2 miniatures algériennes, de Salim Dada; La nuit du déstin, de Dia Succari; 3 movimientos de El Male Rachamim, de Mohammed Fairouz; 3 de las 5 piezas para piano Op. 34, de Paul Ben-Haim; 2 muwashashas, de Zad Moultaka; Nocturne nº 1, de Nabil Benabdeljalil; Africa Op. 89, de Camille Saint-Saëns. Espacio Turina, miércoles 18 de enero de 2023


Aunque hubo más asistencia de la esperable, conociendo la idiosincrasia del público sevillano, el hecho de que esta ciudad atesore un patrimonio cultural tan vasto, deudor de la herencia árabe en un alto porcentaje, habría merecido un lleno casi absoluto, algo que quizás se hubiese conseguido por mediación de algunas de las instituciones que al respecto operan en la ciudad, como la Fundación Tres Culturas. Lo cierto es que el pianista marroquí Marouan Benabdallah recaló en nuestro sitio para ofrecernos un programa que lleva tiempo paseando por diversas plazas del continente europeo y en el que desgrana algunos de los más representativos compositores del medio oriente y el norte africano, cuyos bagajes y particulares biografías les han llevado a combinar su acervo popular con la sensibilidad europea u occidental.

Benabdallah confesó que apenas conocía un par de estos compositores antes de dedicarse a investigar sobre la materia, y que de los más de cien que llegó a recopilar, acabó haciendo una criba con los seis convocados en este singular programa. En un inglés claro y fácilmente entendible (suele ser así cuando lo hablan personas que no son por naturaleza angloparlantes), el pianista ilustró profusamente cada uno de los músicos convocados y sus piezas, desgranando datos y anécdotas con encanto y entusiasmo. No obstante, teniendo en cuenta el carácter didáctico de la velada, hubiese sido un detalle contar con algún o alguna intérprete en la sala para quienes no entendiesen el idioma, que en este país siguen siendo muchas personas, incluso en el ámbito intelectual.

Un programa exótico y diferente

Del argelino Salim Dada interpretó dos miniaturas, la primera de literatura muy básica y contenida, la segunda a fuerza de imitaciones de una típica danza árabe, donde el pianista ya deslizó su destreza al teclado. La noche del destino es una delicada obra del franco-sirio Dia Succari, que el intérprete acertó a comparar con el universo raveliano y le permitió expresarse con espiritualidad y mucha sensibilidad. El Male Rachamim es una oración judía en memoria de los muertos que el norteamericano de origen egipcio Mohammed Fairouz convirtió en pieza musical que dedicó a su admirado Ligeti y a las víctimas del holocausto nazi. Benabdallah escogió tres de sus cinco movimientos, pasando del misterio y la contención del primero a la pulsación percutiva del segundo y el ritmo endiablado y virtuoso del final, dejando en todo momento constancia de su claridad expositiva y pleno dominio del teclado. Todas estas obras son profusas en arabescos y figuras enroscadas y exóticas, como las tres piezas del opus 34 de Paul Ben-Haim, un compositor y director de orquesta de malograda carrera a causa también de los nazis. Su pastoral rezumó misterio, mientras la canzonetta fue un dechado de melodía y sensibilidad, y la toccata final otra ocasión para desplegar un virtuosismo musculoso y acelerado, pero siempre controlado.

La mejor pieza del programa según el propio Benabdallah, o al menos su favorita, y quizás la que atesora un mayor número de figuras y recursos aprendidos del periplo occidental de su autor, se debió al libanés Zad Moultaka, curtido en el arte de la performance y las artes plásticas, cuyas moaxajas, composiciones poéticas típicas de la España musulmana, ejemplifican a la perfección esa singular combinación de elementos puramente arábigos con los acuñados durante su aprendizaje en Francia, logrando una simbiosis no exenta de vanguardismo que el pianista tradujo en una experiencia sensorial notable. También lo fue el hermoso nocturno del marroquí Nabil Benabdeljalil, primera obra de su catálogo, con reminiscencias de Chopin pero también, siempre según el intérprete, de Granados. El final llegó a la inversa, con autor occidental embelesado con oriente. En Africa, Saint-Saëns despliega toda su pasión por la sensualidad árabe, con ecos de su bacanal para Sansón y Dalila y un ritmo frenético en el que se apoya una escritura densa y rimbombante. Benabdallah se manifestó muy orgulloso de su transcripción para piano, sobre todo al compararla con la que el propio autor esbozó en su momento. De ella sacó partido para exhibir fuerza y temperamento, siempre desde el virtuosismo y sin menospreciar su talante expresivo, que se puso de manifiesto también en las propinas, un Kara Toprak (Black Earth) de Fazil Say, que fue artista residente de la ROSS durante la era Axelrod, donde se ve claramente la influencia del jazz en el compositor turco, y el precioso adagio de Espartaco, de nuevo con una reducción para piano de la música de Khachaturian que derrocha romántica pasión.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 22 de abril de 2022

ÉXITO DE ALEXANDRA CONUNOVA Y LA SINFONÍA DE FRANCK

8º concierto de abono del ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Alexandra Conunova, violín. Marc Soustrot, dirección. Programa: Alen, de Eduardo Soutullo; Concierto para violín y orquesta nº 3 en Si menor Op. 61, de Saint-Saëns; Sinfonía en Re menor, de César Franck. Teatro de la Maestranza, jueves 21 de abril de 2022


El octavo concierto del ciclo Gran Sinfónico de la ROSS está dedicado a las enfermeras de Sevilla por su entrega y servicio, por lo que el aforo del Maestranza registró un anhelado lleno, aunque ya se sabe, público nuevo, anticlimáticos aplausos entre movimientos. El concierto tuvo así un marcado carácter emotivo que estuvo precedido por unas oportunas palabras de Víctor Bohórquez, presidente del Colegio de Enfermería. Quizás se hubiera debido prescindir en esta ocasión de la locución que habitualmente acompaña a la orquesta dedicando el concierto a las víctimas de la guerra, pues restó parte del protagonismo que merecen las enfermeras convocadas.

Eduardo Soutullo presentó como arranque del concierto la obra con la que obtuvo el Premio de Composición AEOS-Fundación BBVA en su edición de 2019. Muchas veces destacamos la influencia que la música de cine ejerce sobre una buena cantidad de compositores actuales, pero pocas esta influencia se traduce en reescritura de una partitura concreta como en esta ocasión. Soutullo convirtió el Alén o Allende, esa puerta al Más Allá a la que va dedicada su pieza, en la Torre del Diablo de la película Encuentros en la tercera fase, a juzgar por el incontestable parecido que su obra tiene con la música de John Williams para la famosa cinta. Tanto debió impactarle esta banda sonora que prácticamente la suya es una suite con los momentos más inquietantes de una música que hunde gran parte de sus raíces en el universo de Ligeti aunque sin perder esa personalidad en el caso de Williams que sí pierde el compositor gallego. Eso sí, su pieza obtuvo de Soustrot y la Sinfónica una lectura impactante, matizada y brillante, especialmente palpable en el espléndido trabajo de los metales.

Una violinista poderosa y controlada

Tras lo mucho que nos gustó la violinista moldava Alexandra Conunova cuando hace cuatro años interpretó junto a John Axelrod y la ROSS el concierto de Brahms, esta vez volvió a convencernos con un sonido tan controlado que puede resultar áspero y aterciopelado según qué pasaje, transmitiendo siempre tal confianza que no nos cabe duda que se trata de decisiones muy meditadas y personales. No importa que esta vez estuviera al servicio del Concierto nº 3 de Saint-Saëns, que aun siendo el más popular y programado de los suyos, no deja de ser una obra de segunda fila. No obstante sirve para valorar la técnica de la solista y su pureza de emisión, y a pesar de su exuberante orquestación, Conunova no perdió ni un instante el liderazgo, mostrando en el andantino un sonido seductor y amable, dando en el movimiento final rienda suelta a su proverbial virtuosismo, lleno de fuerza y energía, y exhibiendo en todo momento musicalidad y habilidad para definir su carácter melodioso, sin grandilocuencias ni estridencias. A todo ello se plegó la batuta siempre elegante y cálida de Soustrot.


Como en el concierto, la orquesta desplegó todo su potencial en la que quizás fuera la mejor de las interpretaciones que haya hecho de la recurrente Sinfonía de César Franck. Soustrot hizo patria de nuevo programando estas piezas netamente francesas, aunque en esta ocasión manejaran ciertas licencias de estilo germánico, logrando una interpretación magistral, muy reflexiva y técnicamente apabullante de esta conocida pieza sinfónica. Atacada como de un solo impulso, sin fragmentación alguna, el director de la ROSS atrapó con su batuta la poética melancolía, el luminoso color, la energía y el vigor que encierra la partitura. Con intervenciones esplendorosas del corno inglés y aportaciones precisas de todas las familias instrumentales, Soustrot logró un equilibrio formal entre el peso sinfónico y la gracilidad gala que derivó en un final apoteósico y una interpretación para el recuerdo.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 1 de abril de 2022

LA FLAUTA Y LA BATUTA "DULCES" DE BENOÎT FROMANGER

3º Concierto del Ciclo Solistas y Maestros de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Benoît Fromanger, flauta y dirección. Programa: Pavana en Fa sostenido menor Op. 50 y Fantasía para flauta y orquesta de cámara Op. 79, de Fauré; Romance para flauta y orquesta Op. 37, de Saint-Saëns; Sinfonía nº 41 en Do mayor K. 551 “Júpiter”, de Mozart. Teatro de la Maestranza, jueves 31 de marzo de 2022


Considerado por mucha gente como el sucesor natural de Jean-Pierre Rampal por su técnica depurada, su elegante fraseo y esa cálida fluidez que imprime a la flauta, características comunes que informan a la llamada Escuela francesa, Benoît Fromanger protagonizó anoche en el Maestranza la tercera de las citas del ciclo Solistas y maestros de la Sinfónica, con resultados que avalan su buena reputación pero abren la desconfianza ante su trabajo, también muy reconocido, como director con algo interesante y diferente que decir. En uno de los más breves programas que se recuerdan, y eso que Mozart lo hizo con sus repeticiones, repasó también obras de Fauré y Saint-Saëns, yendo de lo más popular, la Júpiter del compositor austriaco y la Pavana del autor del Réquiem más amable, a dos piezas para lucimiento de su instrumento menos divulgadas y nunca antes interpretadas por la ROSS.

Arrancó con una Pavana muy medida, vaporosa y en cierto modo estimulante, turbadoramente nostálgica y contenida, en la que dejó el protagonismo en manos de la flauta solista de la orquesta, que hizo un trabajo ejemplar muy en línea con la suavidad del entorno. El Romance para flauta y orquesta de Saint-Saëns es una breve y encantadora pieza que en Francia la estrenó Paul Taffanel, muy amigo del autor, y en la que destaca una atmósfera ligeramente inquietante que Fromanger sin embargo no acertó a plasmar, debido a su tendencia a una ensoñación y lirismo embriagador, aunque en sus manos la melodía se benefició de un fraseo fluido y un legato bien definido, igual que en la Fantasía para piano y flauta de Fauré, en la versión que Louis Aubert orquestó casi un siglo después. Pero en esta pieza Fromanger tuvo ocasión de lucir virtuosismo y músculo, con todo tipo de técnicas de fraseo y esa variada expresividad que el autor consideró al confiar su estreno también al legendario Taffanel. Junto al flautista, la orquesta respondió con la sensualidad y elegancia que sin duda el también director impregnó en sus indicaciones durante las sesiones previas al concierto.


Recurrir a la Sinfonía nº 41 de Mozart se ha convertido en una constante, y aunque pareciera que así podamos reconocer distintas lecturas, lo cierto es que la mayoría de las veces nos encontramos con interpretaciones aseadas y precisas como la de anoche, pero que poco aportan al imaginario global. La de Fromanger arrancó muy rápida y se instaló enseguida en ataques secos, golpes de timbal abruptos, grandes y superfluos efectos y considerables contrastes con los que emular una revisión historicista. Pero la melosidad de la cuerda aguda, el escaso relieve de la grave y la falta de un mayor empuje y dinamismo, hicieron fracasar un intento en el que sin embargo hemos de destacar la melancolía subyugadora del andante cantabile y la opulencia triunfante del final, resuelta con una mayor dosis de energía. En contraste con el solemne inicio del concierto, en el que se interpretó el himno de Ucrania en homenaje a las víctimas de este sinsentido, Fromanger agitó las palmas del público en orden a interpretar una propina, el adagietto de la Suite nº 1 de L’Arlésienne de Bizet, que haciendo patria comparó con el de la Quinta de Mahler.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 21 de enero de 2022

DE TARTESSOS A ROMA CON PERMISO DE ANASTASIYA PETRYSHAK

5º Concierto del Ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Anastasiya Petryshak, violín. Giuseppe Finzi, director. Programa: Fantasía sonora nº 3, de Rafael Cañete Celestino; Tzigane, de Ravel; Introduction et rondo capriccioso, de Saint-Saëns; Fontane e Pini di Roma, de Respighi. Teatro de la Maestranza, jueves 20 de enero de 2022


El quinto programa del ciclo Gran Sinfónico de la ROSS cuenta con el patrocinio del Instituto Italiano de Cultura. En él se combina el estreno absoluto de una obra del compositor cordobés afincado en Sevilla Rafael Cañete, mirándose en el espejo de la monumental obra que Respighi dedicó a las maravillas de Roma, todo ello enlazado por el virtuosismo al violín de la ucraniana formada y residente en Italia Anastasiya Petryshak. Un viaje desde el sur de Europa, y cuna de la primera civilización de occidente que se conoce, a la antigua Roma, pasando por Francia, patria de los dos compositores elegidos por Petryshak, aunque en ambos casos la estética queda lejos del país vecino y se acerca más a Hungría en el caso de Ravel y a la Rusia imperial de Chaikovski en el de Saint-Saëns.

Cañete numera sus obras cuando no son de encargo y el tema queda a su libre disposición. Su Fantasía nº 1 sobre un poema de Bukowski, fue estrenada en febrero de 2013 por un conjunto integrado por músicos de la Sinfónica, mientras la nº 2 sobre los Caprichos de Goya la estrenaron músicos de la Orquesta del Aljarafe. Nos encontramos ante su primera obra que interpreta la ROSS al completo. La atención en este caso está puesta en Tartessos, y cómo su fusión con los fenicios que vivían en el sur de la península dio lugar a la primera gran civilización europea y por extensión del mundo. De carácter episódico, como una suite continua que oscila entre temas plácidos y expectantes y otros más virulentos, muy en la línea de un autor que busca en la rabia su forma de manifestar rebeldía y descontento, la música fluye siguiendo un desarrollo claro y fácil al oído. Apreciamos sin embargo que Finzi y la orquesta podrían haber sacado más provecho del material, exhibiendo cierta inseguridad en algunos pasajes y un sonido impropio de un conjunto tan curtido como el nuestro.

Una violinista muy académica

Mal lo debe estar pasando la violinista Anastasiya Petryshak en un momento tan delicado para la estabilidad de su país, siempre bajo el acecho de Putin. En estas circunstancias y envuelta en un elegante dorado se atrevió con dos páginas que sobresalen en el catálogo más por sus exigencias técnicas que las expresivas. Sorteó a la perfección las innumerables trampas que propone Ravel en esta pieza de estética zíngara, como su propio título indica. Armónicos rápidos y diabólicos pizzicati corrieron entre sus dedos con cierta falta de temperamento, más atenta a la complejidad de la página que al fuego que la informa. No obstante supo combinar la sensualidad y la agresividad casi rechinante de su larga introducción. Igualmente gimnástica se prestó a una Introducción y rondó caprichoso de Saint-Saëns construido con más disciplina que auténtico fulgor. Finzi acompañó con discreción y eficacia pero sin desaprovechar las posibilidades de lucimiento que ofrece esta segunda página tan deudora del estilo de Chaikovski. Con mayor dosis de melancolía y un marcado carácter reflexivo la joven violinista ofreció como propina la Sarabanda de la Partita nº 2 de Bach.


A falta de las Fiestas, las Fuentes y Pinos de Roma se dieron cita de nuevo en los atriles de la sinfónica, exhibiendo el carácter eminentemente espectacular y agradecido de estas páginas del primer cuarto del siglo pasado. Finzi aquí sacó más provecho de la orquesta, con una traducción delicada y atenta al detalle de las Fuentes, extrayendo de la Fuente de la Villa Giulia su carácter pastoral, más exuberancia en la de Tritón, solemnidad en la de Trevi, y una ondulante atmósfera crepuscular en la de la Villa de Médicis. Tras la alegre fanfarria inicial de los Pinos de Roma (Villa Borghese) defendida con amplio sentido del espectáculo, las catacumbas sonaron misteriosas y solemnes y los del Janículo cristalinos y sugerentes, hasta llegar a la Via Appia con gran efectismo y acierto, al colocar una pareja de trompetas a la derecha del proscenio y otra de trombones a la izquierda, creando un efecto envolvente que añadió más pompa a la marcha triunfal que cierra el ciclo.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucia

lunes, 23 de agosto de 2021

TOTEM ENSEMBLE EN MODO ARREGLO

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Vladimir Dmitrienco y Luis Miguel Díaz, violines; Michael Leifer, viola; Nonna Natvlishvili, violonchelo. Francisco Lobo, contrabajo. Programa: Sarabanda Op. 93, nº 1, “Reverie du soir” de Suite Algerienne Op. 60, y El carnaval de los animales, de Saint-Saëns; Pizzicato de Silvia y Vals de Coppelia, de Delibes; Medley de Carmen, de Bizet. Domingo 22 de agosto de 2021

Foto: Actidea

Aunque se trate de una de sus obras más representativas y populares, junto a la ópera Sansón y Dalila y la Danza macabra, Saint-Saëns consideraba El carnaval de los animales una pieza menor, apenas una broma musical que podría enturbiar su consideración de compositor serio y responsable. Ni el hecho de que una de sus pocas interpretaciones en público, en casa de Pauline Viardot, provocara el entusiasmo de Liszt, influyó para que el compositor romántico francés decidiera publicarla y destinarla a las salas de concierto. Tuvo que pasar más de treinta años para que eso ocurriera y la obra se convirtiera en icono del autor, por eso el homenaje que Noches del Alcázar le brinda este año a Sain-Saëns en el centenario de su muerte no sería completo sin una interpretación de la página. Totem Ensemble, que como tal formación hace algunos años que no pisa este escenario, si bien sus integrantes sí lo han hecho con otros conjuntos, ha sido el encargado de llevar a cabo esta exigencia, contando para ello con su habitual ingenio y habilidad para adaptar partituras a su reducido conjunto de cuerda.

Una página imprescindible

El carnaval de los animales es una suite con catorce números que satiriza la música programática e ironiza con diversos autores contemporáneos y colegas del autor a través de una orquestación muy medida y matizada, capaz de aportar un colorido muy especial a cada uno de los animales representados en esta fantasía zoológica, como su autor la definía. Destinada a una formación orquestal reducida a unos quince intérpretes, pero con gran parte de las familias instrumentales representadas y una aportación fundamental del piano al conjunto, su adaptación a quinteto de cuerda se antojaba harto atrevida y con muchas papeletas para fracasar. Sin embargo la pericia y profesionalidad de los cinco músicos convocados y esa habilidad para el arreglo y la adaptación que les caracteriza, hizo que la empresa saliera adelante con el beneplácito de un público entregado y entusiasmado, capaz de entender el humor con el que su autor la emprende con su propia Danza macabra en Fósiles, la Danza de las sílfides de Berlioz en El elefante, o el Can-Can de Offenbach en Las tortugas. Sin el apoyo del xilofón o la flauta y otros instrumentos de viento, la cuerda se las ingenió sin embargo para lograr texturas variadas y emitir onomatopeyas identificables. A pesar de ello algunos números, como el Acuario, se resintieron de esa falta de color y textura que en este caso particular aporta el teclado. Pero hasta Los pianistas estuvieron bien representados con sus infatigables escalas a pesar de la falta del instrumento rey. Dmitrienco y Díaz jugaron con simpatía y discreción, Natvlishvili impregnó de poesía su violonchelo en el popular Cisne, Leifer sustituyó con éxito al inicialmente programado Jerome Ireland, y Lobo brilló en sus puntuales solos, además de ejercer de maestro de ceremonias quizás para evitar que la simpática incontinencia verbal de Dmitrienco sobrepasara el tiempo estipulado. El resultado fue una acertada combinación de humor afilado y considerable delicadeza.

Antes el conjunto interpretó una serie de páginas del propio homenajeado y dos de sus contemporáneos más influyentes, Bizet y Delibes, con resultados también amables y satisfactorios, aunque en el orientalizante Reverie du soir el diálogo entre los dos violinistas sonara algo estridente. La Sarabanda con la que iniciaron el concierto mantuvo cierto lirismo y un tono apesadumbrado muy elocuente, mientras las dos populares piezas de Delibes extraídas de sus famosos ballets mantuvieron la exigencia técnica y expresiva que se demanda a la gran orquesta a las que van destinadas. Con la siempre socorrida Carmen prefirieron un arreglo propio, con transiciones en su mayoría bien planteadas, que alguna de las fantasías y suites que existen en el repertorio. La intervención del público resultó inevitable en el We Will Rock You de Queen que ofrecieron como propina.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 30 de julio de 2021

LA DESANGELADA CUERDA DEL JORDÁN

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Gonzalo Vauthey y Carmen de Vega, violines. Silvia Miranda, viola. Nora Prat, violoncello. Programa: Cuarteto nº 2 en Sol mayor, de Saint-Saëns; Cuarteto en Fa mayor, de Ravel. Jueves 29 de julio de 2021

Anoche en el Alcázar. Foto: Actidea
Desde estas páginas siempre apoyamos e impulsamos el trabajo de nuestros jóvenes intérpretes. El esfuerzo individual y el trabajo en equipo de quienes todavía se hallan en proceso de formación y perfeccionamiento nos emociona e inspira, a la vez que cualquier anotación que afecte en negativo a sus expectativas deben considerarla como consejo para mejorar e intentar en próximas convocatorias limar esas asperezas que impidieron en su momento que su trabajo rindiese a un mayor y más satisfactorio nivel. 
El concierto con el que arrancó la vertiente clásica de esta edición número veintidós de las Noches en el Alcázar, tras su inauguración un día antes a cargo del flamenco Pedro el Granaino, corrió a cargo del joven Cuarteto Jordán, que debe su nombre al compositor alicantino, también joven, Rubén Jordán, a quien se sienten especialmente ligados sobre todo por la Fundación Antonio Gala en las que unas y el otro despliegan parte de su actividad. Dos de sus integrantes provienen de la cornisa levantina mientras las otras dos son andaluzas. Con ellas comenzó un interesante recorrido por la música de cámara de Camille Saint-Saëns que contará con cinco conciertos más, uno de ellos esta noche con el Trío Musa, que descubrirán a muchos la faceta camerística del autor de Sansón y Dalila y El carnaval de los animales. En esta primera ocasión su segundo cuarteto se ofreció junto al de Ravel, con intenciones puramente contrastantes, comparando la gramática eminentemente clásica del primero frente a la más innovadora y sugerente del segundo, a pesar de que fue escrito quince años antes, como muy bien lo hizo saber a la concurrencia un elocuente Gonzalo Vauthey, primer violín de la formación.

Sin embargo a la hora de abordar tan suculento programa, él y sus compañeras evidenciaron errores de concepto, roces, salidas de tono y faltas de afinación que empañaron el resultado. Ya se sabe que todos y todas podemos tener un mal día, pero lo cierto es que hubo un notable desencuentro entre los miembros del Jordán, malogrando tan atractivo y bien diseñado programa. El del homenajeado empezó tan amable y nostálgico como lánguido y desangelado, y si bien acertaron al manejar el estilo sombrío del adagio en el movimiento central, no alcanzaron a plasmar el tono veladamente humorístico de su andantino, para a continuación enmarañarse en un Interludio y final disperso y sin desenvoltura, ajeno a su gracia dieciochesca y con un desarrollo tan moroso como el resto del programa. Eso, sus poco elocuentes silencios y sus largas pausas entre movimientos, aplaudidos fuera de lugar como no podía ser menos, provocó que la pieza llegase a durar tanto que la de Ravel tuvo que ser mutilada para cumplir los estrictos horarios del Patronato del Alcázar.

Este singular cuarteto se caracteriza por una extraordinaria fluidez que no surgió en este caso particular. Gozó ciertamente de una mejor y más depurada técnica pero le faltó emoción y calidez. Las intervenciones de la viola en el primer movimiento llegaron a ser meramente anecdóticas, mientras el segundo movimiento resultó poco agitado y contrastado, a pesar de su enunciado Assez vif, con un pizzicato bastante desangelado y de nuevo moroso, sin acentuaciones y con intervalos poco marcados. Sin movimiento lento, el final fue algo más fluido y luminoso, aunque echamos en falta una mayor dosis de seducción y ambiente febril. Más trabajo y tener las ideas claras beneficiará sin duda a estos jóvenes intérpretes en futuras comparecencias, que estamos seguros serán más felices. A veces arriesgar y echar mano de la imaginación ayuda sobre manera a obtener resultados más brillantes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 27 de julio de 2021

ARRANCAN LAS NOCHES DEL ALCÁZAR: BUENA MÚSICA PARA RATO

Artefactum no puede faltar en estas noches del Alcázar
No vamos a disimular que andábamos muy preocupados porque nada se decía ni se sabía de la vigésimo segunda edición de estas noches estivales en el incomparable marco de los Jardines del Alcázar, en concreto entre el Cenador de Carlos V y la Galería de los Grutescos, como se viene haciendo desde hace ya tantos años. Sin embargo no dudábamos de que antes o después llegaría tan grata noticia, y las noches de verano en la ciudad se volverían a engalanar con la buena música que año tras año programa Actidea, principal artífice e impulsora de esta veterana e imprescindible agenda cultural. Ya el año pasado vimos cómo la cita se retrasaba hasta mitad de julio, y ahora aún lo hace más al arrancar en el crepúsculo del mes en curso; pero para compensar la espera esta edición se prolongará hasta casi la mitad de octubre, con setenta y cinco conciertos repartidos en varias áreas temáticas y con espacio para celebrar todas las conmemoraciones del año. La música clásica, la antigua y barroca, el folk, el jazz, el flamenco y la música sefardí y andalusí, además de otras difíciles de etiquetar, se darán cita a lo largo de estos dos meses y medio ininterrumpidos que durará un evento que por su variedad, calidad y el alto porcentaje de novedades que ofrece, bien podría ir mereciendo ya la categoría de un festival en toda regla.

Si bien es verdad que un año más se da prioridad al talento andaluz, y muy especialmente al sevillano, algo que en estos tiempos difíciles se ha hecho tan inevitable como imprescindible, merece destacarse también que esta vez se ha priorizado la presencia del talento femenino, no como un cupo o un porcentaje de riguroso cumplimiento sino como reflejo de una realidad cada vez más pujante y sin embargo tan dependiente de una mayor promoción y visualización. La participación de mujeres no solo en el escenario sino en las partituras, un hito sin precedente del que el equipo liderado por Miguel Ángel González puede legítimamente colgarse la medalla, es especialmente nutrida en esta ocasión, y de ello iremos en la medida de lo posible haciéndonos eco a lo largo de todo este tiempo.

De Camille Saint-Saëns a Pauline Viardot

De entre todas las efemérides nos hace especialmente ilusión el centenario de la muerte de Camille Saint-Saëns, que se cumplirá el próximo mes de diciembre. Su música de cámara será interpretada por conjuntos como los Cuartetos Jordán y Saltés 2.0, ambos muy jóvenes y con mayoría integrante femenina, el Trío Musa, con tres destacados intérpretes rusos afincados en nuestra tierra, como el violinista Yuri Managadze, tanto tiempo ligado a la Sinfónica, el virtuoso también violinista alcalareño Javier Comesaña, acompañado al piano por Ricardo Álvarez, el querido pianista y habitual en estas lides Tommaso Cogato, que acompañará al violinista Joaquín Torre, o el quinteto de cuerda Totem Ensemble, integrado por prestigiosos músicos de la ROSS. Entre todos combinarán la música del homenajeado, especialmente sus cuartetos y sonatas, con piezas de contemporáneos y/o paisanos suyos como Debussy, Fauré, Chausson, Ravel, Ysayé, Bizet, Delibes o Sarasate. La música francesa tendrá además otra cita, con Pablo Martos al violín, curtido en la West Eastern Divan de Barenboim, y el piano de la celebrada Patricia Arauzo, con la Sonata de Franck enmarcada con música de Ravel, Messiaen e Ysayé.

La soprano sevillana Rocío de Frutos
Otras citas centradas en la música clásica y romántica tendrán como protagonista al violonchelo, El español con Aldo Mata y la pianista Qi Shen interpretando música de Gerónimo Jiménez y Agustín Rubio entre otros, y el francés de finales del siglo XVIII con un programa centrado en los hermanos Jean-Pierre y Jean-Louise Duport, interpretado por José Guillermo Turina al instrumento, acompañado por Manuel Minguillón a la guitarra. El gran violinista sevillano de finales del XIX, Fernando Palatín, protagonizará con sus propias composiciones un monográfico ofrecido por Rafael Muñoz-Torreo con Julio Moguer al piano. En el apartado de música barroca destacan dos programas centrados en Johann Sebastian Bach; en uno La Hispaniola, con los músicos de la Barroca de Sevilla Leo Rossi, Mercedes Ruiz y Ventura Rico, interpretará sus sonatas para viola da gamba, y en el otro también Ruiz acompañada por Mariarosaria d’Aprile y Aglaya González interpretarán obras del Clasicismo, con Mozart, Beethoven y Hummel visiblemente influidos por el viejo Bach. Por su parte, Rocío de Frutos y el arpa de Sara Águeda nos traerán tonos humanos del siglo XVII español, con piezas de Hidalgo, Serqueira de Lima y Gómez de Navas entre otros.

La porción de música romántica más sustanciosa la protagonizará Pauline Viardot, que este mes de julio cumple doscientos años y cuya música sonará varias veces a lo largo de esta edición, sola o acompañada por la de su hermana María Malibrán, su padre Manuel García, otras grandes compositoras cada vez más programadas y reconocidas como Fanny Mendelssohn o Clara Schumann, algún estreno absoluto como el de una pieza de María Matilde Lea, o curiosidades como composiciones de Rosalía de Castro o de la famosa soprano musa de Rossini, la española Isabel Coltrán. Talentos como los de Carmen Romeu (soprano valenciana), Francisco Soriano (pianista sevillano), Helena Resurreiçao (mezzo portuguesa), la pianista Isabel Dobarro, la arpista Cristina Montes Mateo o la sensacional voz de Cristina Bayón, recorrerán la música de Viardot a lo largo de seis citas ineludibles.

Alfonso X El Sabio en su salsa

Vicky Luna e Ismael Sánchez son Chez Luna
Ningún marco tan adecuado como el Alcázar para celebrar el ochocientos aniversario del rey Alfonso X El Sabio, con un sustancioso recorrido por sus cantigas a cargo de conjuntos tan queridos como Artefactum, Axabeba con José Luis Pastor a la cabeza, Caranzalem con la voz de Iman Kandoussi, el grupo Nahzum o el Ensemble Alfonsí bajo la dirección del violista y laudista Jota Martínez. Su música se combinará en algunos casos con piezas tradicionales de la música sefardí y andalusí, que por otro lado tendrá también su espacio como todos los años, a cargo de gente como Sephardica, el trío Mashrabiya, Evoéh o el conjunto de Granada Yinnan Al Andalus. Otro homenajeado de la presente edición es Tomaso Albinoni, de quien se cumplen trescientos cincuenta años, y cuya sonata nº 6 op. 6 contará con dos versiones, la ofrecida al violín y clavecín por Anna Urpino y Eva del Campo, y la transcrita para flauta que ofrecerán Temperamento, integrado por Rafael Ruibérriz, Santiago Sampedro y Carlos García. Otros intérpretes de su música serán la flautista de origen israelí Tamar Lalo y el tiorbista asturiano Daniel Zapico. Corelli, Frescobaldi, Sammartini, Vivaldi o Locatelli también sonarán para arropar al compositor veneciano.

De Astor Piazzolla se interpretarán, en su cien cumpleaños, obras tan significativas como Oblivion, Libertango, el Grand Tango o la Historia del Tango, con intérpretes de la talla de los pianistas Domenico Codispoti, Esteban Ocaña, Cristina Lucio-Villegas, que junto a Laura Sánchez forma el Dúo Scarbó, o el sensacional bandoneonista Claudio Constantini, a quien ya pudimos admirar junto a la OJA el pasado mes de abril en el Teatro Central, que en esta ocasión tocará junto al pianista Federico Lechner y la voz de Florencia Bègue. Otras disciplinas nos traerán las composiciones de Vicky Luna e Ismael Sánchez, Chez Luna, la voz imperiosa del veterano actor Manuel Galiana recitando poemas de Rafael de León al son de la copla española en la guitarra de Guillermo Fernández. Música celta a cargo del trío de Rubén Díez, el jazz fusión de Javi Ruibal, los sonidos del Mediterráneo con Alba Carmona y Marta Robles, el swing cosmopolita de Paula Padilla y Swintête, el talento utrerano del saxofonista Manu Brazo y el pianista Pepe Fernández, el blues ibérico de Lluís Coloma y Kid Carlos, el folk colombiano de Juana Gaitán y la fusión de Manuel Imán a la guitarra estrenando nuevos temas. Tampoco faltará el flamenco, con la presencia de figuras tan reputadas como Pedro El Granaíno, que inaugura mañana este complejo y fundamental recorrido musical, María Terremoto y Diego Villegas, entre otros y otras. Hay sin duda motivos para salir de casa y embriagarse de belleza, y las entradas se ponen a la venta ¡ya!

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 13 de junio de 2021

LA SEDUCCIÓN BALSÁMICA DE ROSA COTÁN Y LA BÉTICA

Temporada 2020-2021 de la Orquesta Bética de Cámara. Rosa Mª Cotán, arpa. Michael Thomas, director. Programa: Pélleas et Mélisande, de Fauré; Danse sacrée et Danse profane, de Debussy; Sevilla, de Albéniz; Morceau de concert Op. 154, de Saint-Saëns; Dolly, de Fauré/Thomas. Espacio Turina, sábado 12 de junio de 2021


Tras un año muy ajetreado por el covid pero también uno de los más nutridos que se recuerdan, el Espacio Turina cerró por vacaciones con el concierto de despedida de temporada de la Bética de Cámara, que tuvo como invitada a una artista de varios quilates, la arpista sevillana Rosa Mª Díaz Cotán. En los atriles uno de esos evocadores y suculentos programas a los que nos tienen acostumbrados la formación y su director, Michael Thomas. Hasta en eso son particulares los franceses, que cuando se programa música suya se hace en bloque, diseñando un concierto todo francés. En este caso se trataba de ilustrar a través de la pintura, ese aceite de adormidera (huile de pavot) que daba título al programa y que tanto brillo da al óleo en los lienzos, el círculo de amistades de Gabriel Fauré, él mismo representado con dos de sus obras más singulares.

Cotán es el vivo ejemplo de lo útil que son las instituciones y formaciones que impulsan y enriquecen las carreras de nuestros y nuestras solistas, y si se combinan mejor. Creció en el seno de la Orquesta Joven de Andalucía; Thomas, que la dirigió durante tanto tiempo, se hizo eco de ello. Pero también desarrolló su talento y aptitudes de la mano de la Fundación Barenboim-Saïd y la West-Eastern Divan, lo que le ha llevado a ocupar plaza en importantes orquestas europeas, como tantos otros jóvenes solistas de Andalucía. Su toque es delicado y profundo, reflexivo y concentrado. Así pudimos comprobarlo en las Danzas sagrada y profana de Debussy, dos piezas encadenadas que le encargó la Casa Pleyel para promover un arpa cromática rival de la diatónica tradicional que no prosperó, pero que se interpretan sin dificultad en la que ha perdurado de pedales. La sagrada se revela dulce y velada gracias a su misticismo imperante, mientras la profana, a ritmo de vals, es más dinámica. Arropada con discreción y sentido atmosférico por la orquesta, su interpretación cumplió ese efecto balsámico afín a la obra. Más posibilidades de lucimiento y virtuosismo ofreció la Pieza de Concierto de Saint-Saëns, una exhibición distendida y generosa de las posibilidades del arpa bajo un estilo arcaico, con extremos solemnes y majestuosos y desarrollo muy elaborado, que Cotán defendió con un sentido magistral de la musicalidad y una técnica sofisticada y precisa, contando aquí también con un acompañamiento respetuoso y medido. Como propina Cotán interpretó un standard del instrumento, la Canción de mayo de Alphonse Hasselmans, revalidando su exquisita pulsación y dominio técnico.


Luces, sombras y poca cuerda

Rosa Díaz Cotán
En sus intervenciones sin invitada, la orquesta exhibió cierta flacidez general que nada tuvo que ver con los excelentes resultados de su anterior comparecencia, lo que no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta que se trataba de la misma plantilla, con los mismos estupendos instrumentistas, a los que hubo que añadir las brillantes aportaciones de la primera violonchelista y el relieve que supo dar al conjunto el único contrabajista. Quizás hubo poca cuerda para abordar un programa tan francés, también el calor imperante en la sala pudo afectar al ánimo, el rendimiento y las prestaciones de los instrumentos. Lo cierto es que el misterio y la delicadeza del tema de Pelleas y Melisanda pasaron desapercibidos, mientras los movimientos centrales, La hilandera y la Siciliana, sonaron más frescos y espontáneos, no así la marcha fúnebre final, otra vez pesada y desequilibrada.

Tras un paréntesis en el que el siempre amable y sentimental director glosó la intervención de su antigua alumna y la presencia en la sala del descendiente de uno de los fundadores de la orquesta, el violonchelista Segismundo Romero, la orquesta hizo una versión machacona y saturada, sin atisbo de delicadeza, de Sevilla de Albéniz. El concierto terminó con la propia orquestación de Thomas, una licencia que suele tomarse con toda legitimidad en cada temporada, de la suite Dolly de Fauré. Original para piano a cuatro manos, siempre se ha dicho que la orquestación oficial de Henri Rabaud no aportaba nada a la pieza. Quizás por eso Thomas centró sus esfuerzos más en las maderas, ofreciendo páginas ágiles y dinámicas como el Mi-a-ou, frente a otras en las que volvió a imperar el carácter alicaído del conjunto. Acertó en armonía y contrapunto en Le jardin de Dolly, pero resultó abrumador en Le pas espagnol final, así como poco sutil en Tendresse. Nada de esto enturbia el afecto y la admiración que profesamos por este conjunto y su entusiasta y devoto director y la satisfacción que provoca contar con una orquesta a este nivel sumándose a las otras con las que cuenta la ciudad. Esperamos con ilusión una próxima temporada cargada de sorpresas y alegrías.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 24 de enero de 2020

DANIEL SMITH Y EL DELICADO NEOCLASICISMO FRANCÉS

XXX Temporada de conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Tatiana Postnikova y Natalia Kucháeva, pianos. Daniel Smith, director. Programa: Le tombeau de Couperin, de Ravel; Le carnaval des animaux, de Saint-Saëns; Petite Suite, de Debussy; Sinfonía nº 1, de Bizet. Teatro de la Maestranza, jueves 23 de enero de 2020

Llevamos dos semanas consecutivas descubriendo excelentes batutas al frente de la ROSS. Si la semana pasada celebrábamos el excelente concierto dirigido por Enrique Arturo Diemecke, esta vez ha sido un joven y enérgico director australiano, Daniel Smith, principal director invitado del Teatro Carlo Felice de Génova, quien articuló una sensacional velada de música amable y deliciosa, la que compusieron cuatro grandes de la música francesa de corte fundamentalmente neoclásico. El resultado fue tan disfrutable como sorprendente en diversos aspectos. Ravel compuso La tumba de Couperin al licenciarse de la Gran Guerra, aparentemente como homenaje al gran compositor, organista y clavecinista barroco, y por extensión a otros autores de su época, aunque en la práctica cada movimiento estaba dedicado a un compañero caído en la contienda. La versión orquestal, con dos números menos que la pianística original, data de 1920 y en ella subyace bajo su superficie amable y encantadora unas corrientes subterráneas algo siniestras. Smith, a pesar de imponer unos ritmos considerablemente rápidos, supo equilibrar ambas estéticas en una interpretación hedonista a la vez que melancólica de la pieza. Desde su caracoleante arranque al danzarín Rigodón final, la orquesta supo plegarse a la dirección precisa y ágil con elegancia y trasparencia, sin sacrificar matices ni colores no obstante la rapidez con la que se desplegó la partitura. Su tono eminentemente pastoral se mantuvo sin menoscabar la sutil ironía que subyace bajo cada número, dejando a la vez constancia de su moderna y sofisticada armonía.
 
Con El carnaval de los animales de Saint-Saëns, obra que su autor nunca quiso estrenar en público para no menoscabar su perfil de compositor serio, tuvimos dos agradables sorpresas. Por un lado que se interpretó su versión original de cámara, con once músicos en escena, y por otro que se hizo con narrador, un impresionante Éric Crambes, concertino de la orquesta y desde ahora magnífico locutor, con perfecta dicción, un hermoso timbre y un impecable fraseo y modulación. Para ello se echó mano de los textos que mucho después de por fin estrenarse escribió el humorista Francis Blanche. El disfrute de la página resultó así completo, con los músicos convertidos en cómicos a propósito de la torpeza de las Pianistas, por otro lado unas espléndidas Tatiana Postnikova y Natalia Kucháeva, sobradamente conocidas del público sevillano, que protagonizaron un Acuario envolvente, evocador y sensual con acompañamiento de flauta y glockenspiel, o el Cuco en forma del clarinetista Piotr Szymyslik asomando no desde el fondo del bosque sino del Maestranza. Pura delicia y suma delicadeza con una interpretación ejemplar, sencilla y enormemente eficiente de una página que raramente trasciende al ámbito infantil, a pesar de su enorme potencial y atractivo, y que invita además al oyente a divertirse identificando multitud de temas y referencias.
 
La Petite Suite de Debussy, obra originalmente concebida para piano a cuatro manos e interpretada en la versión que Henri Büsser orquestó en 1907, inauguró la segunda parte de nuevo con un enérgico y entregado Daniel Smith logrando que la orquesta sonara nítida y encantadora, y que todos sus referentes, entre ellos Fauré, Chabrier, Bizet, Delibes y Borodin, quedaran fielmente reflejados, abrazando siempre un incontestable lirismo melancólico pero sin caer nunca en incómodas afectaciones. Como colofón Smith y una espléndida Sinfónica rubricaron una Sinfonía de Bizet si no antológica sí al menos fresca y dinámica. Una pieza que su autor despreció por considerarla un ejercicio escolar y no se estrenó hasta 1935, y en cuya factura clásica se atisban influencias de Mendelssohn y Schubert, algo de lo que batuta y orquesta dejaron evidencia en una interpretación briosa, enérgica y perfumada, destacando un adagio sensual y elegíaco en el que la cuerda desplegó toda su sensibilidad y perfecta armonía. Su arrolladora y eufórica conclusión puso punto y final a tan singular y agradable concierto.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 15 de noviembre de 2019

AMOR Y ODIO EN UN SANSÓN Y DALILA DE IMPACTO

Ópera de Camille Saint-Saëns con libreto de Ferdinand Lemaire. Jacques Lacombe, dirección musical. Paco Azorín, concepto, dirección de escena y escenografía. Íñigo Sampil, director del coro. Carlos Martos de la Vega, coreografía escénica. Ana Garay, vestuario. Pedro Yagüe, iluminación. Pedro Chamizo, diseño audiovisual. Con Nancy Fabiola Herrera, Gregory Kunde, Damián del Castillo, Alejandro López, Francisco Crespo, José Ángel Florido, Manuel de Diego y Andrés Merino. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de A.A. del Teatro de la Maestranza. Producción del Teatro de la Maestranza y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Teatro de la Maestranza, jueves 14 de noviembre de 2019

Estreno del montaje en Mérida
Podemos considerar el estreno de esta nueva producción del Maestranza en su teatro como la puesta de largo definitiva de esta propuesta del prestigioso Paco Azorín, tras un primer encuentro con el público en el pasado Festival Clásico de Mérida. Es ahora cuando se adapta a un escenario convencional y tiene que limar unas limitaciones de espacio y escenografía natural que en el emblemático Teatro Romano de Mérida no tenía. Y salen triunfantes tanto el director escénico como el Maestranza, que ya ha contado con él para otras producciones propias como Tosca o el espectáculo lírico para jóvenes Con los pies en la luna. Ahora Azorín ambienta este célebre pasaje bíblico en el presente, convirtiendo el Templo de Dagon en la franja de Gaza, pero no cae en la tentación en la que sí hubieran caído otros de convertir a los judíos en opresores y a los palestinos en oprimidos, para acabar rematando las similitudes con el presente. Manteniendo los roles del libreto original impide eso tan frecuente en espectáculos líricos que modifican la época de caer en la incoherencia entre lo que vemos y lo que se canta. Apuesta además por destinar el trabajo de figuración a colectivos integrados por la diferencia, consciente del esfuerzo y la dedicación que solo con mucho amor, el de familiares, educadores y ellos y ellas mismas, consigue sacar adelante su proyecto de una vida más amable y digna. Porque de amor para combatir el odio versa su particular y muy acertada visión de este Romeo y Julieta de pasiones y rencores en un ambiente tan corrompido como el de esa eterna guerra que lidera un Israel que en escena se presenta permanentemente en forma de grandes letras que sirven a su vez de escueta escenografía y elementos de atrezzo.

Ya la presentación de este pueblo oprimido, desde lo más profundo del escenario, quita literalmente el aliento, para a continuación espetarnos uno de sus momentos más incómodos y reflexivos, dejándonos claro a través de noticiarios y una reportera permanentemente en escena que no se trata de nada que no conviva con nosotros y nosotras a diario, a través de una televisión que ha deshumanizado la contienda y anestesiado nuestras conciencias. También la reportera será víctima de esta eterna conflagración, y eso nos lleva a un tercer acto presidido por el exceso y la dureza más absoluta, una provocación en toda regla pero bienvenida si está concebida para agitar nuestras conciencias. Lástima que esa aglomeración de acción e impacto en ese tercer acto afecte a la concentración en la música; aún así resulta digno de aplaudir que Azorín se haya implicado tanto en una apuesta tan sincera y revolucionaria, pensada para que la música guíe nuestros corazones, algo tan necesario en una época en la que la sinrazón, el egoísmo y la radicalidad vuelven a apoderarse de nuestro entorno más cercano.

Un buen nivel interpretativo y vocal

Saint-Saëns diseñó en un principio Sansón y Dalila como un oratorio, lo que justifica la profusión coral que tiene la pieza y convierte al coro en uno de los grandes protagonistas de la función. Omnipresente en los actos extremos como la voz de nuestras conciencias y el alarido de la justicia, la masa coral estuvo impecable en todo momento. Grandiosa su aportación, equilibrada, majestuosa y definitivamente sensacional de la mano de un impagable Íñigo Sampil, que en todos estos años al frente del conjunto vocal rara vez ha errado y suele ofrecernos trabajos a un altísimo nivel. Lo mismo se puede decir de la orquesta, un lujo en el foso, aunque aquí varía lógicamente en función de la batuta. La de Jacques Lacombe, a pesar de su familiaridad con el repertorio romántico y especialmente con títulos de fuerte calado melódico, fue una dirección algo flácida, imperceptible en algunos momentos e incapaz de aprovechar los grandes momentos líricos que la obra ofrece. Esa descarnada segunda parte del segundo acto, de considerable ímpetu wagneriano, perdió fuelle en sus manos. No es que el espectáculo no funcionase a nivel instrumental, pero podría haber dado más de sí en manos más implicadas, ganando en voluptuosidad y sensualidad, y marcando mejor los tiempos y los matices.

Kunde y Herrera en Sevilla
En el apartado estrictamente vocal, Nancy Fabiola Herrera brilló con un timbre aterciopelado y una considerable seguridad en sí misma. Sin embargo eso no fue suficiente a la hora de mantener una línea de canto homogénea y flexible, perdiéndose en los acentos más graves, y con dificultad para modular en determinados pasajes. Pero si tuviésemos que calibrar su intervención en función de cómo entonó el precioso y conmovedor Mi corazón se abre a tu voz, tendríamos que otorgarle la máxima calificación. Dio sentido a eso que dicen de llorar en la ópera. Quizás en las próximas representaciones su voz se haya caldeado y sea capaz de afrontar el papel con más ahínco. En el apartado actoral supo transmitir la perfidia y a la vez la pasión por Sansón que destila el personaje. Gregory Kunde por su parte sí estuvo en todo momento a la altura, con un torrente de voz que facilitó su proyección, y manteniendo un registro homogéneo y preciso, aunque en líneas generales no fue el suyo un Sansón conmovedor, le faltó temperatura a todos los niveles, y aunque se esforzó no lo vimos demasiado implicado. Quien sí lo estuvo y mucho fue el barítono jienense Damián del Castillo, pura fuerza y energía como sumo sacerdote en clave de trajeado jeque árabe, un filisteo de amplios recursos canoros y una presencia escénica arrolladora. Cumplió el resto del elenco con profesionalidad y buen gusto, algo destemplado quizás el bajo mexicano Alejandro López, pero muy en sintonía el granadino Francisco Crespo y el joven trío de filisteos encarnados por el sevillano José Ángel Florido, el tenor Manuel de Diego y el bajo Andrés Merino, todo dentro de un espectáculo que supuso sin duda una patada en el estómago y un revulsivo a nuestras conciencias, tan necesitadas frecuentemente de que algo o alguien las despierte.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía