viernes, 18 de diciembre de 2015

UN MESÍAS PARTICIPATIVO CON MENOS FUERZA

Concierto participativo de la Obra Social “La Caixa” y la Fundación Cajasol. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Butt, director. Mhairi Lawson, soprano. Rowan Hellier, alto. Matthew Long, tenor. Jacques Imbrailo, bajo. Dunedin Consort y coros participativos. Programa: El Mesías de Händel. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de diciembre de 2015

John Butt
Hace mucho que la Sinfónica sustituyó sus conciertos extraordinarios de Navidad por este participativo de la Caixa y Cajasol centrado casi exclusivamente en El Mesías de Händel. Aunque este proyecto social y cultural ha abarcado otros oratorios en otras plazas, como el Magnificat de Bach, aquí se han ceñido a la obra cumbre del compositor alemán, con la única excepción en 2011 del Carmina Burana de Orff. Desde hace tres años el evento mantiene un sabor eminentemente británico, con Philip Pickett, Robert Howarth, que tan magnífica impresión nos dejó el año pasado, y ahora John Butt, escocés especialmente dedicado a este repertorio que conoce bien y administra con el mimo y la dedicación de un escrupuloso musicólogo.
 
Concebido como un espectáculo de colaboración entre varios coros locales, en el que vierten su entusiasmo y hermandad añadiendo valor a estas entrañables fechas, los resultados sin embargo fueron esta vez menos felices que en la anterior edición, aunque en absoluto desdeñables. A las órdenes de Butt la orquesta mantuvo escaso brillo y relieve, reducida a treinta intérpretes con predominio manifiesto de la cuerda aguda frente a una mínima representación de la grave, lo que restó rotundidad y magnificencia al conjunto. Es curioso que se tienda a reducir efectivos cuando de interpretar barroco y clasicismo se trata, cuando piezas como ésta se concibieron para enormes conjuntos instrumentales y, como es el caso, vocales. Casal en el órgano y Postnikova y el propio Butt al clave compartieron con eficiencia el acompañamiento al teclado, mientras el escocés dirigió con nervio y aplomo, atento a dinámicas y matices, pero imprimiéndole una marcada delicadeza que acabó en sosería.
 
Mhairi Lawson
La misma estética exquisita pero reprimida acusaron los veinte componentes del prestigioso Dunedin Consort, agravado con algún desajuste de emisión en los tenores. También se produjeron desequilibrios y desencuentros varios en los coros participantes, propiciados por la distancia entre bloques y la falta de un ensayo general in situ. Pero su entusiasmo y profesionalidad quedó patente en los coros, todos ellos, An Die Musik, Sociedad Musical de Sevilla, Ateneo, Universidad de Huelva, Manuel de Falla, Orfeón Portuense, Virgen Escalera de Rota, Camerata Vocal Concertante y Coral Ángel de Urcelay, repitiendo experiencia. El nivel fue bastante satisfactorio en las voces solistas, destacando sobre todo una delgadísima Mhairi Lawson, soprano exquisita en agilidades y ornamentaciones como evidenció en Rejoice greately, y de voz muy bien colocada en toda su tesitura, que mientras interpretaba con enorme buen gusto How beautiful are the feet protagonizó un incidentado momento en el que dos chispas cayeron sobre los violines. La alto Rowan Hellier fue quien más dificultades manifestó, con problemas de tono y color, cambios bruscos de registro y falta de emisión en el más grave; muy convincente y elegante el joven tenor Matthew Long y sólo correcto, con alguna estridencia, el bajo más bien barítono Jacques Imbrailo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 16 de diciembre de 2015

UN PASEO POR EL BOSQUE Una caminata amable y crepuscular

Título original: A Walk in the Woods
USA 2015 98 min.
Dirección Ken Kwapis Guión Michael Arndt y Bill Holderman, según el libro de Bill Bryson Fotografía John Bailey Música Nathan Larson Intérpretes Robert Redford, Nick Nolte, Emma Thompson, Mary Steenburgen, Kristen Schaal, Nick Offerman, R. Keith Harris, Susan McPhail Estreno en el Festival de Sundance 23 enero 2015; en Estados Unidos 2 septiembre 2015; en España 11 diciembre 2015

Detrás de la cámara de esta amable película se encuentra el realizador de dos comedias románticas, la esperpéntica Hasta que el cura nos separe y la coral Qué le pasa a los hombres, reciclado después en cineasta de inquietudes ecológicas con películas como Una aventura extraordinaria, en la que Drew Barrymore intenta salvar unas ballenas blancas, y ésta que nos ocupa, sin sobrepasar nunca el nivel de un buen artesano y sin más pretensiones. Ahí radica el mérito de esta singular película, porque aunque son muchos los grandes nombres que se dan cita para montarla, lo cierto es que no hay grandilocuencia ni megalomanía por ninguna parte en esta agradable crónica de viaje en el que la vejez y la experiencia en la vida tienen mucho que decir. Michael Arendt, uno de los guionistas de moda (Pequeña Miss Sunshine, Toy Story, El despertar de la fuerza) la firma con seudónimo, Rick Kerb (cuando escribe ciencia ficción, como Los juegos del hambre: En llamas u Oblivion, excepto en la muy gratificante última entrega de La guerra de las galaxias, firma con otro seudónimo, Michael DeBruyn). Le acompaña en el guión Bill Holderman, que debuta en este menester después de haber producido varias de las películas dirigidas por Redford, como Leones por corderos, La conspiración y Pacto de silencio. Otro veterano, John Bailey, se encarga de la fotografía, fundamental para recrear los magníficos paisajes naturales en los que se desarrolla la trama, con títulos a sus espaldas como Gente corriente, también de Redford, Reencuentro, Silverado y El turista accidental, las tres de Lawrence Kasdan, otro nombre ligado indefectiblemente a la saga de las galaxias. Y qué decir del reparto, viejas pero artísticamente muy en forma glorias que personifican la vertiente más conservadora, cuidada y responsable, Redford, y la más abandonada y despreocupada, Nolte, del hombre anciano y experimentado, junto a los cuales dos magníficas veteranas como Thompson y Steenburgen y otros intérpretes invitados les dan réplica para que en la función los dos protagonistas no acaparen todos los fotogramas y no lleguen a hacerse cansinos. Se trata de poner en imágenes el libro de viajes escrito por Bill Bryson, a quien en el film da vida el protagonista de Brubaker y Los tres días del Cóndor, que detalla las peripecias corridas junto a un antagonista conocido de su juventud por gran parte de los casi cuatro mil kilómetros que recorren la ruta de los Apalaches, algo así como una aventura de senderismo que en España podríamos equiparar a la del Camino de Santiago. El tono no abandona nunca la amabilidad y se mantiene siempre ligero y sereno, con divertidos golpes de humor, mientras se desaprovechan multitud de oportunidades para profundizar más en esta aventura vital cuando ya no hay marcha atrás y las posibilidades para embarcarse en cualquier tipo de nueva experiencia se pintan escasas. Pero se agradece el buen gusto, los extraordinarios paisajes, el buen hacer de unos intérpretes de probada solvencia y carisma, y sobre todo que no se juzgue a los personajes y su comportamiento. Hace un tiempo se estrenó otra con viaje y encuentro con la naturaleza de por medio, Salvaje, en la que Reese Witherspoon intentaba así redimirse de un pasado que muchos consideran turbio por los excesos del sexo y las drogas; aquí afortunadamente no hay nada de eso, sólo un mensaje vitalista de amor a la vida y al prójimo. La ilustración musical, con las canciones de Lord Huron a la cabeza, ayuda también al disfrute de esta humilde y encantadora cinta.

martes, 15 de diciembre de 2015

LA NOVIA Mirada de mujer perdida en la tragedia

España-Turquía-Alemania 2015 93 min.
Dirección Paula Ortiz Guión Paula Ortiz y Javier García Arredondo, según la obra “Bodas de sangre” de Federico García Lorca Fotografía Migue Amodeo Música Shigeru Umebeyashi Intérpretes Inma Cuesta, Asier Etxeandía, Álex García, Luisa Gavasa, Carlos Álvarez Novoa, Ana Fernández, Consuelo Trujillo, Leticia Dolera, María Alfonsa Rosso, Manuela Vellés, Mariana Cordero Estreno en el Festival de San Sebastián 23 septiembre 2015; en salas comerciales 11 diciembre 2015

Aparatosa por excesivamente esteticista producción que pretende ser la adaptación definitiva de una de las más significativas obras teatrales de Federico García Lorca, Bodas de sangre, ya llevada al cine en anteriores ocasiones por cinematografías tan exóticas como la argentina o la marroquí, además de una no menos exótica adaptación musical, a partir del ballet de Antonio Gades, realizada por Carlos Saura. La realizadora de De tu ventana a la mía parece buscar en el clásico lorquiano un vehículo para lanzar una mirada eminentemente femenina, y por extensión feminista, al personaje central con el que bautiza su película. Así es como se llama el personaje en la obra (sólo Leonardo, el visceral y animal antagonista del novio, tiene nombre propio) y así parece la directora querer que sea la mirada sobre esta esperpéntica y anticuada tragedia en la que los andaluces volvemos a aparecer como seres primitivos movidos por instintos primigenios y rotundamente temperamentales. Porque ni siquiera trasladando la ambientación a una época más moderna, aunque no demasiado, logra Ortiz desembarazarnos de esa imagen endiablada que nos convierte en seres de poca fiabilidad y mucho peligro. Sólo faltan las sábanas blancas, quizás con el traje de novia ya le baste, para igualarse a otras producciones, sea en teatro (los montajes del CAT) o cine (Yerma de Pilar Távora, tan vapuleada como curiosamente elogiada ésta), porque en lo que se refiere a esa mirada femenina sobre el universo de hombres que dominan la voluntad y la propia existencia de las mujeres naufraga por falta de concisión e iniciativa. El personaje incorporado por Inma Cuesta quiere ser fuerte y decidido, pero lo cierto es que mantiene su voluntad cosida a los hombres, el que le da estabilidad y el que le calienta, y sólo de ahí surge el conflicto y el supuesto trío pasional que no lo es tanto. Las rencillas familiares, las viudas negras que la tierra las hace trágicas y temperamentales, y la comparsa destinada poco más que a servir de testigos mudos, se dan cita en este trabajo que se pierde en su vocación esteticista, y en el que cámaras lentas y bailes imposibles redundan en un producto artificioso y falto de emoción. Los versos de Lorca se mantienen, aunque tan susurrados y viciados que parece que los intérpretes se afanen en hacerlos ininteligibles; no faltan tampoco sus canciones, como La tarara o Los cuatro muleros, para que todo sea muy lorquiano. Pero la verdadera poesía, esa que emana de la fuerza de las imágenes y la sugerencia de los símbolos, no surge ni tan siquiera en unos exteriores tan rebuscados como la Capadocia turca o Los Monegros aragoneses. Visualmente es hermosa, también gusta la música de Shigeru Umebayashi, colaborador de Wong Kar-wai y Zhang Yimou, pero el conjunto carece de emoción, un objetivo concreto y personajes bien definidos, por lo que en general, y habida cuenta la lluvia de nominaciones a los Goyas que ha recibido, decepciona. Lo cierto es que curiosamente su paso por San Sebastián y Sevilla no suscitó mucho entusiasmo.

ESTRENO DE "EL CUENTO DE LOS CUENTOS" EN SALAS COMERCIALES

Reseña de la película tras su paso por el Festival de Cine Europeo de Sevilla
Estreno en salas comerciales 11 diciembre 2015

lunes, 14 de diciembre de 2015

ROYAL BRASS QUINTET Y JOVEN ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA, TEÑIDOS DE NAVIDAD

XXVI Ciclo de Música de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Royal Brass Quintet: Festival Navideño con obras de Haendel, Chaikovski y Anderson entre otros.
Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza.

Temporada 2015/2016 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Joven OBS y Solistas OBS: Concierto de Navidad "The Glory of the Lord" con obras de Stradella, Manfredini, Vivaldi, Corelli y Haendel. Teatro Lope de Vega.
Domingo 13 de diciembre de 2015

La antigua formación del conjunto, con Douglas McClure en
lugar de Nuria Leyva y Daniel Stofan en el de Vicente Ortega
La Navidad ya se ha instalado en nuestro entorno. Belenes y zambombas se mantienen, pero prevalece lo que nos llega de fuera con sus mercadillos, pistas de patinaje, abetos y paisajes nórdicos. Se nota también en la música y ayer domingo fue un buen ejemplo, con predominio también de la estética anglosajona. Naturalmente los niveles de exigencia se relajan y los resultados por lo tanto no son tan buenos, pero lo que importa es la buena voluntad y el mensaje de paz y concordia desplegado, y para eso los esfuerzos nunca son pocos.

La mañana la protagonizó Royal Brass Quintet, uno de tantos buenos conjuntos surgidos a raíz de la Sinfónica; cinco estupendos metales, a pesar de algunos deslices palpables, que desplegaron un programa de inequívoco sabor americano en el que no faltaron aires de big band, como en el arreglo de Lennie Niehaus del hermoso O Holy Night, el Christmas Festival de Leroy Anderson o el original medley protagonizado por el Aleluya de Haendel y el góspel When the Saints Go Marchin’ in. Aderezado por las jocosas locuciones del trompista Javier Rizo, el evento sirvió además para bautizar al joven José Vicente Ortega al bombardino, homenajear al trombonista Daniel Stofan, desligado del grupo por motivos de salud, descubrir las dotes cómicas del trompetista Denis Konir, y disfrutar con las generosas agilidades de Nuria Leyva también a la trompeta y el toque jazzístico de Francisco Blay al trombón tenor. El público también demostró buen tono y armonía acompañando en los populares Campana sobre campana y La marimorena.

El joven contratenor sevillano
Gabriel Díaz Cuesta
El concierto de Navidad de la Barroca, ya de noche, tuvo el acierto de encomendarse a su facción joven con un programa integrado por tres de las más memorables páginas navideñas del repertorio barroco, el Concerto per il Santissimo Natale de Manfredini, el Concerto Grosso di Natale de Corelli y las arias de contratenor de El Mesías de Haendel, que Gabriel Díaz, natural de Pilas, cantó con buen gusto y equilibrada entonación. Una nutrida representación del alumnado de la Barroca, reforzada por algunos de sus profesores y Valentín Sánchez al frente, desgranó estas y otras piezas con resultados algo flácidos y deslucidos, por más que se exhibieran algunas agilidades en el Concierto RV 565 de Vivaldi, nada que el estudio y la dedicación no pueda remediar en un futuro próximo. Alternándose con fragmentos mal vocalizados en castellano e innecesario inglés del Cuento de Navidad de Dickens, no muy apropiados para el repertorio musical elegido, la función no acabó de cuajar, mientras en los bises el público exhibió soltura, sorprendiendo incluso algunas voces muy cultivadas, en Adeste Fideles y Noche de Paz.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 8 de diciembre de 2015

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS Aroma clásico con suntuosa puesta en escena

Título original: Bridge of Spies
USA 2015 135 min.
Dirección Steven Spielberg Guión Matt Charman, Ethan y Joel Coen Fotografía Janusz Kaminski Música Thomas Newman Intérpretes Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Austin Stowell, Will Rogers, Dakin Matthews, Billy Magnussen, Eve Hewson, Peter McRobbie, Domenick Lombardozzi, Michael Gaston, Nadja Bobyleva Estreno en Estados Unidos 16 octubre 2015; en España 4 noviembre 2015

Spielberg no hace películas sencillas, las hace grandes. Gustarán más o menos, ésta seguramente no será un éxito de taquilla, pero las hace grandes. El público le demanda cine espectáculo y a él le gusta contar sus historias con gran despliegue de medios. Por eso se rodea de los mejores profesionales, los cineastas más curtidos y competentes y consigue resultados tan gratificantes como éste, en el que ambientación, fotografía, música o interpretación van de la mano, se complementan y se ponen a las órdenes de uno de los más grandes para acabar haciendo gran cine. Un tal Richard Roeper, crítico del Chicago Sun-Times, define la película como una adaptación de John Le Carré dirigida por Frank Capra, y atina a la perfección porque se trata efectivamente de un film de espionaje en época de la Guerra Fría en el que un personaje se enfrenta a todos los sistemas, el americano, el ruso y el alemán del este, para hacer prevalecer la justicia, la verdad y los valores supremos del ser humano, pasando por encima de quien haga falta y arriesgándolo todo en la empresa, incluso a su familia. El guión lo firman Matt Charman, responsable de otra cinta de intriga bélica estrenada este año, Suite francesa, y los hermanos Coen, a quienes se les nota la mano especialmente en los toques de humor presididos por la ironía. Un arranque espectacular en un Nueva York de principios de los sesenta recreado con una precisión extraordinaria y con un magistral manejo del montaje y la fotografía, nos llevan a una primera parte en la que el realizador define a su protagonista con la misma precisión, un agente de seguros que tiene bien aprendida la estrategia del buen profesional, basada en el riesgo y la probabilidad. Su férrea confianza en los valores esenciales del hombre y sus derechos queda también magníficamente plasmada, de forma que a partir de ahí sus pasos hacia la verdadera justicia y la salvación de vidas humanas, resultarán tan creíbles como admirables. De una película de juicios pasaremos a otra de espionaje, con vocación de clásico, fijando su mirada en los grandes títulos del género y recuperando ese estilo añorado que caracteriza los filmes sobre el tema que dirigieran Alfred Hitchcock, Carol Reed o Fritz Lang entre otros. Todo hasta ahora emocionante y gloriosamente cinéfilo; hasta que la emoción empieza a decaer y surgen los arquetipos, como ese Berlín siempre frío y oscuro frente a una América luminosa y alegre, o esos rusos habitualmente siniestros y embaucadores, aunque en este sentido también los agentes americanos, especialmente CIA y FBI, reflejan manipulación y falta de escrúpulos. Todo para derivar en un final con considerables dosis de tensión en el que emerge de nuevo el gran cine que supuso su impresionante arranque. Spielberg es un clásico y su cine rezuma tal aroma; para eso cuenta con un equipo de incondicionales entre los que destacan Michael Kahn en el montaje, colaborador suyo desde siempre, y Janusz Kaminski en la fotografía, a su lado desde La lista de Schindler. Lástima que Thomas Newman haya tenido que sustituir a última hora a otro de sus incondicionales, un octogenario John Williams intervenido de urgencia cuando debía encargarse de la partitura; ya afortunadamente recuperado. En el que debiera haber sido su vigésimo séptimo trabajo juntos, Williams ha cedido el relevo, esperemos que provisionalmente, a Newman, que sin renunciar a su propio e inconfundible estilo se permite también homenajear al más admirado de los compositores de cine en más de un pasaje. En el apartado interpretativo nada más que felicitar a Tom Hanks, gran actor donde los haya y responsable también en gran parte de esa magnífica definición a la que se somete su personaje. A su lado, Amy Ryan pone el perfecto contrapunto de cordura y apoyo, con una caracterización que enmarca perfectamente el estilo de bienestar americano. La sorpresa viene de Mark Rylance, veterano del teatro que aquí compone un espía ruso multidimensional y humanamente irreprochable, sonando ya como firme candidato a acumular premios; el de la Crítica de Nueva York ya lo ha conseguido. En el camino Spielberg realiza una sutil crónica del absurdo de la guerra, fría o caliente, del antagonismo entre pueblos y países, de la sinrazón y el ridículo de vivir esta vida y en este mundo como si fuéramos a ser eternos.

lunes, 7 de diciembre de 2015

EN EL CORAZÓN DEL MAR Épico y estremecedor duelo entre David y Goliat

Título original: In the Heart of the Sea
USA 2015 121 min.
Dirección Ron Howard Guión Charles Leavitt, Rick Jaffa y Amanda Silver, según la novela “In the Heart of the Sea: The Tragedy of the Whaleship Essex” de Nathaniel Philbrick Fotografía Anthony Dod Mantle Música Roque Baños Intérpretes Chris Hemsworth, Benjamin Walker, Cillian Murphy, Tom Holland, Ben Whishaw, Brendan Gleeson, Michelle Fairley, Charlotte Riley, Joseph Mawle, Jordi Mollá, Andrew Crayford, Jamie Sives, Donald Sumpter, Paul Anderson, Frank Dillane Estreno en España 4 diciembre 2015; en Estados Unidos 11 diciembre 2015

Tras ese paso en falso que fue ¡Qué dilema!, Ron Howard ha compuesto dos de las mejores películas de su irregular pero exitosa filmografía, Rush y ahora este intenso, hermoso y épico drama sobre la tragedia que sufrió el ballenero Essex a finales del siglo XVIII y que inspiró el clásico de la literatura Moby Dick de Herman Melville. Realizada con sobriedad y lúcido sentido de la espectacularidad, la trama enfrenta de nuevo a David y Goliat para convertirse en tragedia cuando en la gesta particular se sacrifica la vida de un buen número de vidas humanas. En la película podemos ver reflejadas algunas de las más grandes historias naúticas de la literatura y el cine, especialmente las más dramáticas, desde Rebelión a bordo a Robinson Crusoe, pasando por Tiburón, Master and Commander, La vida de Pi y Naúfrago, sin olvidar por supuesto el Moby Dick de John Huston basado en el libro que le sirve de base e inspiración. Porque gracias al inteligente guión de Charles Leavitt (Diamante de sangre) y el matrimonio Amanda Silver y Rick Jaffa (Jurassic World, El origen del planeta de los simios y El amanecer del planeta de los simios), En el corazón del mar se convierte cine de aventuras pero con un evidente componente trágico y apocalíptico, como una denuncia ecológica en la que la bestia cuenta con el respeto y hasta cierto punto la admiración y el respeto de su cazador. Howard exhibe un dominio total de la narrativa dramática y visual, con escenas portentosas en las que los efectos visuales se integran como un guante en la fotografía, y con una música, el trabajo más ambicioso de Roque Baños hasta la fecha, que ilustra el conjunto con mucha dignidad y solemnidad. De todo este ejercicio, en el que también brillan las interpretaciones, sobre todo de un Chris Hemsworth que demuestra que no es sólo un físico, se extrae un poderoso ejercicio de emoción y nostalgia con el que el director de Cocoon y Apolo 13 se apunta otro buen tanto y recupera el espíritu de los grandes clásicos, modernizado con una puesta en escena portentosa y un mensaje de humanidad y conjugación con la naturaleza que le da una inmarchitable modernidad al conjunto.