martes, 15 de diciembre de 2020

NIEVA EN BENIDORM La presunta poética de los no lugares

España 2020 117 min.
Guion y dirección
Isabel Coixet Fotografía Jean-Claude Larrieu Música Alfonso de Vilallonga Intérpretes Timothy Spall, Sarita Choudhury, Pedro Casablanc, Ana Torrent, Carmen Machi, Édgar Vittorino, Leonardo Ortizgris, Marc Almodóvar, Kiva Murphy Estreno en Estados Unidos 13 noviembre 2020; en España 20 noviembre 2020; en Internet 4 diciembre 2020

El Deseo, la productora de Pedro y Agustín Almodóvar, no trabajaba con Isabel Coixet desde Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras, hace ya quince años. En esta nueva colaboración no acertamos muy bien a saber qué nos quiere contar la directora catalana. Aquí un inglés, empleado de banca obligado a jubilarse, viaja a Benidorm para reencontrarse con su hermano, a quien hace más de una década que no ve. En su lugar se encuentra a sí mismo, impulsado por un Benidorm fantasmal, un no lugar habitado por turistas imposibles (en el aeropuerto de Alicante son siempre los mismos figurantes quienes aparecen por doquier, desconozco si intencionadamente o por fallo estratégico) y una vampiresa entradita en años que, a pesar del mal aspecto y la poca gracia de Timothy Spall, se aficiona a él.

Por ahí andan una serie de personajes perfectamente prescindibles, desde la policía a la que da vida Carmen Machi, al carnicero semi mafioso que interpreta Pedro Casablanc, o la empleada de hogar con tintes de bruja que personifica Ana Torrent. Coixet convierte Benidorm en una especie de Las Vegas tal como la soñaba Coppola en su magnífica Corazonada, pero es incapaz de impregnar a su obra de la poesía que tenía su referente, si es que lo es. Aquí con imaginar que Sylvia Plath, la célebre escritora americana artífice de la poesía confesional, andaba en bikini por las playas de la localidad alicantina en los años cincuenta, se supone cubierta la cuota intelectual y poética, si bien no acaba de entenderse muy bien por qué ni para qué.

Plagada de no lugares y con una frialdad impropia de la bulliciosa localidad, la película de la directora de La librería podrá convencer a algunos y algunas, y así parece haberlo hecho entre muchos colegas, pero a otros nos parece un sinsentido que no lleva a ninguna parte y no sirve ni como típico retrato de persona anodina que encuentra su destino gracias al azar y una serie de experiencias entre oníricas y estrambóticas, tan supuestamente imprevisibles como los partes meteorológicos con los que la realizadora divide en capítulos su historia. De todo nos quedamos con la sugerente, envolvente y seductora banda sonora de Alfonso de Vilallonga, probablemente su mejor trabajo hasta la fecha, y en la que se cuelan varias versiones de Yo te diré, canción inmortalizada en Los últimos de Filipinas, la versión original de 1945. Lo demás nos resulta cargante.

lunes, 14 de diciembre de 2020

LOS VIENTOS DE LA ROSS AMENIZAN LA TARDE

4º concierto del Ciclo de música de cámara ROSS. José Manuel González Monteagudo y Sarah Roper, oboes. Piotr Szymyslik y Miguel Domínguez Infante, clarinetes. Javier Aragó Muñoz y Álvaro Prieto Pérez, fagotes. Antonio J. Lasheras Torres y Ángel Lasheras Torres, trompas. Programa: Obertura de Fidelio Op. 72, de Beethoven (arr. W. Sedlak); Octeto-Partita en Fa mayor Op. 57, de Krommer; Octeto para vientos en Mi bemol mayor Op. 103, de Beethoven. Espacio Turina, domingo 13 de diciembre de 2020


Aunque fuera en el interior de este Espacio Turina que está prácticamente salvando la cultura musical de la ciudad en tiempos de pandemia, la formación en octeto de vientos que protagonizó este segundo concierto de temporada camerística de la ROSS iluminó la sala como si realmente estuviésemos disfrutando de música al aire libre, que es como fundamentalmente se concebía esa Harmoniemusik tan común a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Música para vientos pensada para amenizar banquetes, veladas y fiestas al aire libre, que no sólo se ilumina con los rayos del sol y el aire fresco, sino que ella misma alumbra también con su afabilidad y buena voluntad nuestro ánimo, convirtiéndose en una experiencia cuando menos agradable y distendida. 

Foto: Guillermo Mendo
Un arreglo del clarinetista y compositor Wenzel Sedlak, contemporáneo de Beethoven, para dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes y dos trompas de la Obertura de Fidelio, la única de las cuatro alternativas que comparte título con la ópera, sirvió para entrar en materia y calentar motores. Tanto es así que las siempre complejas trompas sonaron destempladas, fuera de tono y mal ensambladas con el resto del conjunto, éste sí muy afinado y con un muy adecuado aire marcial como espíritu motivador. Afortunadamente el empuje que caracterizó la interpretación en las maderas se impuso también en el resto del programa, contagiando ahora a las trompas, que desafiaron el mal pie con el que empezaron y mantuvieron un excelente nivel el resto del concierto. Uno de los varios octetos-partitas que compuso el violinista checo Frank Vinzenz Krommer, también contemporáneo de Beethoven, que son por lo que es hoy reconocido a pesar de haber escrito también varias sinfonías y música para cuerda, sirvió para constatar la buena salud del conjunto formado para la ocasión, elevando incluso gracias a una estructura férrea y una sensacional vehemencia la calidad inicial de la pieza, de estilo clásico entre Mozart y Haydn, y que facilitó al grupo lucir tanto vigor en el allegro vivace inicial como en alla polacca final, así como una delicadeza extrema en el adagio y una sinuosa gracia en el minuetto

González Monteagudo, que llevó la línea de canto con impecable fraseo y electrizante agilidad y se atrevió a introducir las obras con gran simpatía y desenvoltura, pasó a Sarah Roper y Piotr Szymyslik el relevo en el Octeto para vientos de Beethoven, con número de catálogo posterior a su muerte a pesar de tratarse de una pieza juvenil que el autor reelaboraría como Quinteto para cuerdas Op. 4 cinco años después de su composición. Como no cabía esperar menos, la oboísta y el clarinetista bordaron su participación con la delicadeza y elegancia que les caracteriza, a lo que el conjunto se plegó con el mismo entusiasmo y buen hacer que informó la pieza anterior. Las trompas a cargo de los hermanos Lasheras se sintieron definitivamente integradas, imponiéndose en majestuosidad, y todos lograron con un trabajo dinámico y matizado dejarnos un inmejorable sabor de boca. Como propina se ofreció un arreglo en clave de ragtime del célebre Jingle Bell Rock de Bobby Helms, un oportuno cambio a otra época en la que también proliferaron este tipo de conjuntos para hacer otra clase de música.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 13 de diciembre de 2020

EL INCONVENIENTE Lo bien hecho tiene su gracia

España 2020 94 min.
Dirección
Bernabé Rico Guion Bernabé Rico y Juan Carlos Rubio, según la obra del segundo “100 metros cuadrados” Fotografía Rita Noriega Música Julio Awad Intérpretes Juana Acosta, Kiti Manver, Carlos Sareces, José Sacristán, Daniel Grao, Eduardo Rejón, Ana Fernández Estreno en el Festival de Málaga 24 agosto 2020; en salas comerciales 18 diciembre 2020 

Con una trayectoria de cortometrajes cargados de buenos sentimientos (Cowboys, Todos mis padres, Intermedio) no cabía esperar en el debut en el largometraje de Bernabé Rico una propuesta distinta, que bebe en esta ocasión de una comedia que se estrenó con considerable éxito en 2010 con el título de 100 metros cuadrados. Un trabajo de Juan Carlos Rubio que analiza la improbable historia de amistad entre una ambiciosa mujer de negocios y una anciana enclaustrada en su piso de tales dimensiones, que la segunda vende y la primera compra, en primera línea del Guadalquivir en el exclusivo barrio de Los Remedios de Sevilla, a muy buen precio bajo la condición de esperar que fallezca la vendedora para que la compradora consuma el derecho de propiedad, manteniendo mientras tanto la anciana el usufructo.

Una improvisada e insospechada relación maternofilial que Rico maneja con soltura y mucha delicadeza, hasta el punto de hacer plausible cada detalle y giro de guion, aun partiendo de esa impostada idiosincrasia española que parece debamos todos y todas perdernos el respeto impulsivamente, pero que el director consigue limar hasta dejar de ser un aspecto dañino y molesto. Rico nos sumerge a través de la trama de Rubio en los temores y anhelos de estas dos singulares mujeres, siempre con la muerte como telón de fondo, tratada igualmente con el respeto y la consideración que merece. Aplaudida en Málaga, donde logró el premio del público, El inconveniente se apoya en las solventes interpretaciones de Juana Acosta y sobre todo Kiti Manver, que colecciona premios y nominaciones con este papel tan a medida de su probada comicidad.

Hecha con mucho cariño, lo que se nota incluso en su puesta en escena y su banda sonora, interpretada por Chez Luna y con el clásico de Aznavour Venecia sin ti como leit motiv, Rico consigue que todos los elementos encajen sin chirriar, incluido el personaje del siempre brillante Carlos Areces, que en otras manos y en otro entorno quizás hubiese sonado exagerado y nada creíble. No carece la película incluso de cierta poesía, como ese momento nieve en una Sevilla navideña, y logra que cada aportación, con intervenciones estelares de José Sacristán y Ana Fernández, sume lográndose en conjunto una cinta entrañable, emotiva y definitivamente bien hecha.

jueves, 10 de diciembre de 2020

GARRIDO COMEDIANTE Y MARTÍN DESMOTIVADO

Alejandro Garrido, viola. Óscar Martín, piano. Programa: Sonata para cello en mi menor RV 40, de Vivaldi; Vocalise, de Rachmaninof; X14, de Enrique Cano; Sonata para arpeggione y piano en la menor D.821, de Schubert; Sonata para clave y viola da gamba BWV 1027, de Bach. Espacio Turina, miércoles 9 de diciembre de 2020
Garrido comediante y Martín desmotivado

La idea sobre el escenario era interpretar a la viola obras que no habían sido concebidas para ella, si bien es verdad que no abunda el repertorio para este instrumento de cuerda como solista. La viola da gamba, el violonchelo, el arpeggione y hasta la voz humana fueron así sustituidas por el sonido de la viola, más grave que el del violín y más agudo que el del violonchelo. La valía de Alejandro Garrido ha quedado demostrada en muchas ocasiones, y su faceta de humorista avala sus particulares propuestas escénicas; esta ocasión no fue una excepción. Por su parte el también sevillano Óscar Martín ha deambulado siempre entre un apasionado romanticismo y un ecléctico vanguardismo, dejándonos en muchos casos páginas muy aceptables. 

Con un cuadro de su padre sobre el escenario, evocando al Hombre y el Dios que Miguel Ángel pintó para la Capilla Sixtina rodeados de acontecimientos y personajes de nuestra a menudo lamentable Historia, Garrido quiso homenajear a su padre, fallecido apenas una semana antes, y dedicarle un concierto que arrancó con la Sonata para violonchelo nº 5 de Vivaldi, de la que ambos intérpretes realizaron una lectura más serena que reflexiva en el largo inicial, seguido sin respiro de un allegro muy rítmico y agitado y de un bellísimo y muy paladeado largo central, culminando con un danzarín allegro de ribetes folclóricos, siempre en sintonía y con un sonido ajustado y nada estridente. Fue un buen comienzo que se vino algo abajo con la Vocalise de Rachmaninov, original para voz y piano, en la que Garrido no fue capaz de encontrar el tono poético y apesadumbrado que requiere, además de exhibir un sonido débil y desafinado. Peor aunque divertido fue el siguiente peaje, una pieza de un tal Enrique Cano, nada que ver con Canito, germen de Los Secretos, precedida de llamada telefónica en directo al autor y saludos de colega, y consistente en teclado al estilo Bach con acompañamiento atonal y desvaído de la viola, golpes de arco hasta en la cabeza y recitado de frases callejeras inconexas, que hicieron las delicias de una niña del público cuyas risas añadieron más efectos a la indefendible obra. 

Foto: Tomás Payés
Garrido mantuvo su particular sentido del humor jactándose del arpeggione, instrumento de efímera vida al que Schubert dedicó por encargo su Sonata en la menor D. 821. La viola sustituyó en esta ocasión a este hermano de la viola da gamba, similar al violonchelo en la forma y a la guitarra en el número de cuerdas, un invento del lutier vienés Johann Georg Staufer que generalmente hoy se sustituye por el violonchelo. La de Schubert es una obra poco apasionada pero con cierto encanto, cuyo mayor acierto es su carácter ensoñador, algo que los intérpretes, a veces no muy compenetrados, no acertaron a desarrollar. Garrido incluso defendió con poca naturalidad las breves cadencias que enlazan el adagio con el virtuosístico y agitado allegretto final. Con algo más de estilo, aunque tampoco fueran los instrumentos indicados, Martín logró una lectura fluida y atemperada de la Sonata BWV 1027 de Bach, a la que Garrido se acopló con una interpretación sólida y acertada en el juego de imitaciones que propone, hasta llegar al allegro moderato final, cuya enérgica y alegre fuga conclusiva repitieron dos veces con el fin de hacer interactuar al público, primero vitoreándolos acaloradamente y después abucheándolos con igual ímpetu, con el imaginado fin de grabarlos para las imprescindibles redes sociales. Otro golpe de humor de este desacomplejado violista sevillano que convirtió el concierto en broma, aun manteniendo siempre la seriedad en la interpretación musical, algo que otros artistas mainstream no respetan.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 9 de diciembre de 2020

MANK ¡Rodad, malditos, rodad!

USA 2020 132 min.
Dirección
David Fincher Guion Jack Fincher Fotografía Erik Messerschmidt Música Trent Reznor y Atticus Ross Intérpretes Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Monika Gossmann, Joseph Cross, Sam Thoughton, Jamie McShane Estreno en Estados Unidos 13 noviembre 2020; en España 20 noviembre 2020; en Internet 4 diciembre 2020

Diecisiete años ha tardado en desempolvar David Fincher un guion que su padre, un amateur del cine, escribió antes de fallecer, en torno a la figura presuntamente controvertida de Herman Mankiewicz, creador junto a Orson Welles de la mítica película Ciudadano Kane. Ya en 1999 Benjamin Ross dirigió una modesta película para televisión que en muchos países, entre ellos el nuestro, se distribuyó en cine. Aquel film se tituló RKO 281 y narraba el complejo proceso de rodaje del film. Pero Fincher va más allá, en ambición, objetivo y desmitificación. No se trata ahora tanto de hablar del film de Welles, sin duda mente prodigiosa y artífice prácticamente absoluto de la genialidad de la película en sí, sino del guionista a quien se encargó darle forma, que ni antes ni después llegó a firmar grandes guiones aunque era muy respetado e influyente en el Hollywood del sonido incipiente.

En una estrategia que recuerda mucho a la seguida por Tim Burton en Ed Wood, que consiste en emular el estilo y la estética de lo homenajeado, en este caso la prodigiosa factura técnica y artística del film de 1941, durante mucho tiempo líder de las listas de mejores películas de la historia del cine, Fincher emplea demasiada energía en una puesta en escena que exige tanta atención a cada apartado por separado que provoca que al final nos despistemos y desinteresemos de su objetivo fundamental, que no es sino volver a echar barro sobre aquel Hollywood dorado que tanta felicidad dio al público, especialmente en una época como la Gran Depresión, eje alrededor de la cual gira este ensayo cinematográfico, pero parece ser tanto daño infligió a sus creadores, incluidas sus estrellas. Películas sobre productores despiadados se han hecho antes, especialmente memorable es Cautivos del mal de Vincente Minnelli, pero sin atacar el sistema y su grandeza, casi justificando que su secreto radique en la miseria moral de sus promotores. En el caso de Mank son muchos los nombres míticos que hicieron del Hollywood clásico lo que hoy conocemos y veneramos, como Irving Thalberg (a quien da vida el hijo de Ben Kingsley), Louis B. Mayer o David O. Selznick, que en esta película son reducidos a alimañas sin pudor, mientras la trama se centra en la animadversión de Mankiewicz, hermano de Joseph Leo, hacia el magnate de la prensa amarilla William Randolph Hearst, megalómano que manejaba muchas de las cuerdas que movían la industria del cine en esos primeros años treinta del pasado siglo. De ahí que Mankiewicz se basara directamente y de forma nada disimulada en Hearst para definir a Charles Foster Kane.

La ideología veladamente progresista del guionista, fuertemente contrapuesta a la del magnate, y la manipulación que éste ejercía sobre la actriz Marion Davies, interpretada con ahínco por Amanda Seyfried, posiblemente en el mejor papel de su carrera hasta el momento, no ayudó a las simpatías del intelectual hacia el empresario. Los planos a menudo rebuscados, las localizaciones y la fotografía en blanco y negro, junto a la música de Ross y Reznor echando mano del estilo Herrmann, cuando no se dedican a recrear un sonido swing y jazzístico más propio de los cuarenta que de los treinta, pretenden recrear la estética de Ciudadano Kane, pero en contrapartida su narrativa y la dispersión de sus elementos provocan un creciente desinterés que malogra las posibilidades de un trabajo que debía haber resultado apasionante.

ALDO MATA EN TONO TRASCENDENTE

Otoño Barroco de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Aldo Mata, violonchelo. Programa: Ricerares VII y III de Gabrielli; Suites nº 2 BWV 1008 y nº 3 BWV 1009, de Bach; Scena.Da Euridice, de Dozza. Espacio Turina, Martes 8 de diciembre de 2020  

Hacía tiempo que teníamos marcada en la agenda una cita que en principio debía protagonizar nuestra admirada Mercedes Ruiz. Que finalmente la integrante de la Barroca fuera sustituida por el violonchelista madrileño y profesor de nuestro Conservatorio Aldo Mata, no ha supuesto desde luego una decepción, toda vez que su más que probado talento apenas hemos podido disfrutarlo en los escenarios de Sevilla. Su propuesta partió de una pieza del compositor italiano residente en Madrid Bruno Dozza, una primicia mundial titulada Scena. Da Euridice, mito a la que ya dedicó la obra Euridice. Cantata Drammatica para chelo y voz nuh, un encargo de la Consejería Cultural de España en Tokio para conmemorar el ciento cincuenta aniversario de las relaciones diplomáticas entre España y Japón, y que el propio Mata estrenó en esa ciudad el 3 de noviembre de 2018. Se trata ahora de recrear una posible variante de Euridice como renacida que no reconoce a Orfeo cuando se gira para mirarla y pierde una segunda oportunidad de recuperar a su amada. La sensación de la música, interpretada al violonchelo sin intervención ni efecto externo alguno, salvo por el detalle de rebajar las cuerdas dos y cuatro medio tono, es primero de extrañeza, sutilmente expresada por el intérprete, para a continuación transmitir desasosiego y perplejidad, y converger finalmente en rabia y dolor disipado con algo de control que da a la pieza un efecto hipnótico y hasta cierto modo perturbador, sin llegar en ningún momento a ser epatante. 

La obra de Dozza funcionó como visagra para mostrar el instrumento a través de su embajador más ilustre, Bach, y en dos tonalidades extremas, la más sombría en re menor de la Suite nº 2 y la más luminosa en do mayor de la número 3. Consideradas erróneamente en su momento como obras pedagógicas, son tan hermosas como las sonatas y partitas para violín y responden al esquema de las suites de danzas tan de moda en la época, permitiendo al intérprete lucir en virtuosismo y calidad expresiva. En un violonchelo moderno se traducen en un tour de force lleno de fuerza, mientras en uno de época, como el Nadotti de 1787 empleado por Mata, se potencia la liviandad y sobriedad de estas danzas. Lo mejor es alcanzar el equilibrio entre una forma y otra de interpretarlas, y así hizo el intérprete en esta ocasión, con un tono vibrante y una articulación viva y muy expresiva. De modo que el preludio de la Suite nº 2 acarició una angustia solo atenuada por el tono relativo en fa mayor, y a partir de ahí las danzas se sucedieron majestuosas y arrebatadas, con una zarabanda serena, unos minuetos graciosos y una giga impetuosa aun conservando el color sombrío del conjunto. 

La articulación ágil y el fraseo poético de Mata se hicieron fuertes también en la más luminosa y jovial Suite nº 3, muy arpegiado el preludio, libre y generosa la alemanda, ligero el courante unido a una zarabanda noble y majestuosa, hasta unos bourrées y una giga alegres e impulsivas. Hizo justicia así a la enorme calidez e inventiva de estas piezas de vocación trascendente, precedidas cada una en su misma tonalidad por unos ricercari de Domenico Gabrielli, considerado junto a Giovanni Battista Degli Antoni el pionero en independizar el violonchelo del bajo continuo y darle así el protagonismo que merece, que Mata desplegó también con la precisión y el buen gusto necesarios. Pero fue Bach quien con su personalidad y estilo dio al instrumento ese carácter definitivo del que disfruta y al que tanta justicia hizo Aldo Mata, quien como propina regaló el archifamoso y omnipresente Preludio de la Suite nº 1.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 7 de diciembre de 2020

EL VERANO QUE VIVIMOS Yo tenía una bodega en Jerez

España 2019 109 min.
Dirección
Carlos Sedes Guion Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, Javier Chacártegui y David Orea Fotografía Jacobo Martínez Música Federico Jusid Intérpretes Blanca Suárez, Javier Rey, Pablo Molinero, Guiomar Puerta, Carlos Cuevas, María Pedraza, Moreno Borja, Adelfa Calvo, Manuel Morón, Joaquín Núñez, Pedro Rudolphi, Antonio Durán “Morris” Cinezona Estreno en el Festival de San Sebastián 20 septiembre 2020; en salas comerciales 4 diciembre 2020 


A veces son las historias reales las más difíciles de creer, e incluso entonces es necesario que guionistas y realización consigan hacer plausible cada acontecimiento narrado. Llegado como tantos otros de la televisión, Carlos Sedes (Fariña, Las chicas del cable) y su numeroso séquito de guionistas prácticamente lo han conseguido, aunque el conjunto acabe resultando un auténtico folletín a veces incluso un poco indigesto. El secreto parece estar en proponer una de esas historias de amor imposible y emocionalmente cálido, con personajes atractivos y un escenario inolvidable. Jerez y su particular idiosincrasia están tratados con cariño y respeto, como también lo están sus personajes, si bien cabe destacar a una hermosísima y sensual Blanca Suárez por encima de un Javier Rey al que falta un poco de cocción.

Narrada en dos tiempos, los noventa en los que una joven estudiante de periodismo hace las prácticas en un periódico local de Galicia, y a través de las esquelas que se le encomiendan descubre una apasionante historia de amor que ha marcado a sus protagonistas desde 1958, esa otra época aludida y en el que se enmarca el verano del título, hasta esos noventa iniciales. Buen ritmo, una narración fluida y un variopinto y atractivo elenco consiguen, además de una luminosa y perfectamente encuadrada fotografía, y esos escenarios naturales utilizados con tanto respeto como admiración, que el film se vea con agrado y hasta emoción. Uno de sus grandes aciertos es definir a su protagonista como una mujer fuerte y decidida, mientras él parece más débil e inseguro, y desde luego no es el galán heroico habitual. Un tercer vértice en esta relación que se propone a tres, al que da vida con derroche de simpatía y gallardía Pablo Molinero, redondea el apartado interpretativo de una película a la que falta atar algunos aspectos narrativos, como las ausencias nunca comentadas de la pareja furtiva, o el improbable viaje por toda la geografía española que emprende la becaria sin recursos junto al hijo del amante nostálgico.

Entre lo que menos funciona está la música épico romántica, excesiva y saturada, de Federico Jusid, aunque la canción de Alejandro Sanz asegura la calidad del film también en lo musical. En líneas generales este film funciona mucho mejor que su prima generacional Palmeras en la nieve, y recupera en cierto modo el aliento dramático y romántico de hitos legendarios como Memorias de África, aunque en lo poético se quede bastante lejos de sus referentes. Al fin y al cabo es una empresa comercial, y está realizada con tal dignidad que hasta su aspecto trasnochado funciona.