Dirección Sean Byrne Guion Nick Lepard Fotografía Shelley Farthing-Dawe Música Michael Yezerski Intérpretes Hassie Harrison, Jai Courtney, Josh Heuston, Rob Carlton, Ella Newton, Liam Greinke, Michael Goldman Estreno en el Festival de Cannes 17 mayo 2025; en Australia 12 junio 2025; en España 14 agosto 2025
En la escala de animales más mortíferos para el ser humano, los mosquitos ocupan el primer lugar, seguidos del hombre y su inexplicable vocación de autodestrucción. Los tiburones se sitúan en un escalón mucho más abajo, a pesar de lo cual han constituido desde siempre, mucho antes de que Spielberg asolara las playas de medio mundo con el clásico que justo estos días cumple cincuenta años, el mayor de los terrores acuáticos, alimentando pesadillas y dando lugar a una interminable lista de películas, la mayoría olvidables y otras directamente delirantes, en lo que se ha venido a llamar Sharksplotation. Paralelamente, son muchas también las películas que ilustran las andanzas de los asesinos en serie, desde El estrangulador de Boston que protagonizó Tony Curtis a El silencio de los corderos, pasando por El fotógrafo del pánico, con la que esta película guarda alguna que otra semejanza.
La hábil combinación de ambos géneros, masivamente abusados desde hace un buen puñado de años, convierte a esta película en un suculento manjar para quienes buscan nuevas experiencias, servidas de la manera más honesta posible, y haciendo de sus discretos recursos una virtud, pues logra un mayor realismo del que nos tienen acostumbrados este tipo de propuestas. Yendo aún más allá, el director Sean Byrne, con apenas tres películas en quince años, siempre de terror, introduce en el combinado otro ingrediente, una apasionada historia de amor en la que el más cruento sacrificio vale para demostrar la afinidad sentimental más sincera. Un espléndido trabajo de fotografía, sacando el máximo provecho a unas sensacionales localizaciones, de la espectacular City of Gold Coast de Queensland a la mítica Gran Barrera del Coral australiana, añade atractivo a una cinta en la que sus protagonistas de empeñan a fondo, desde un oportunamente desatado Jai Courtney (danza ritual incluida, al ritmo de los Creedance, en la línea del clásico de Jonathan Demme), único rostro conocido del elenco (Terminator Genesis) a una estupenda Hassie Harrison haciendo de la rabia y la voluntad su principal arma de supervivencia, y su enamorado Josh Heuston, añadiendo atractivo al conjunto con sus imponentes físicos.
Ideal para estas fechas veraniegas, así como para pasar ese mal rato masoquista que buscan quienes se acercan a verla, llegó a estrenarse en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, señal de que tiene estilo, el que le ha insuflado con considerables dosis de personalidad su director y el resto del elenco técnico y artístico que le acompaña, empezando por un guion inteligente y bien estructurado, a pesar de que no prescinde de los tópicos habituales, visión perfecta bajo el mar (y de noche), respiración aguantada hasta límites imposibles o luchas encarnizadas que apenas dejan secuelas. Nos viene a la cabeza aquella Calma total de los ochenta que hoy consideramos un clásico, así como el descubrimiento de Nicole Kidman, para aventurar que quizás con el paso de los años ésta también pueda convertirse en cinta de culto.
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