lunes, 15 de mayo de 2017

CORRECCIÓN FORMAL Y TEMPLADA EXPRESIVIDAD EN EL 8º CONCIERTO DE CÁMARA DE LA ROSS

8º concierto del ciclo de música de cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juan Carlos Chornet Mena, flauta. José Manuel González Monteagudo, oboe. Piotr Zymyslik, clarinete. Javier Aragó Muñoz y Álvaro Prieto Pérez, fagotes. Ian Parkes, trompa. Tatiana Postnikova, piano. Programa: Quinteto para piano e instrumentos de viento Op.16, de Beethoven; Till Eulenspiegels lustige Streiche Op.28, de Strauss; Sexteto para flauta, oboe, clarinete, dos fagotes y piano H.174, de Martinu. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, domingo 14 de mayo de 2017


No cabe duda de que la Sinfónica se esfuerza por acercarnos repertorios poco transitados en música de cámara, para ello cuenta con efectivos especializados en cada una de las familias orquestales, capaces de múltiples combinaciones con las que abarcar un amplio abanico de propuestas musicales. Las que se programaron en esta ocasión combinaron instrumentos de viento, fundamentalmente maderas, y piano, contando para ello con la inestimable labor y el incontestable talento de Tatiana Postnikova al instrumento rey, y con un nutrido conjunto de eficientes intérpretes al que se añadió como invitado el flautista de la Orquesta de Granada Juan Carlos Chornet; una colaboración casi insólita hasta el momento, que puede derivar en una sana y conveniente costumbre, acercándonos a músicos de otras formaciones, sobre todo andaluzas, con los que conviene también familiarizarse.

El Quinteto Op. 16 de Beethoven, del que su autor realizó también una reducción para cuarteto de piano y cuerdas, es una obra amable cuyo grave introductorio atisba cierto aire heroico e imperioso que los músicos tradujeron en medida tan justa como equilibrada, pero sin grandes alardes que lo hicieran memorable. Por esos derroteros deambuló el resto de la interpretación, siempre impecable a nivel técnico pero tan aseada como escasa de valor emocional, por mucho que la encantadora aria central manifestara cierta, siempre tímida, calidez; al igual que el carácter casi aéreo del rondó final, correcto pero poco inspirador.

El arreglo camerístico de David M. Carp de Las travesuras de Till Eulenspiegel redunda en el carácter burlesco, casi grotesco de la pieza, con abundantes disonancias y episodios contrastados que hacen aún más antipática y estridente esta pieza sobre las desventuras de un sinvergüenza, que Piotr Zymyslik, encargado de llevar la voz cantante, describió según las autorizadas pautas de un colaborador directo de Richard Strauss con el que el clarinetista de la ROSS tuvo oportunidad de estudiar en sus años de juventud. Con todo faltó un espíritu más cortante en la ejecución de la página. De igual forma el Sexteto de Bohuslav Martinú careció de suficiente magia, por mucho que el conjunto se acercase con eficacia a reflejar su carácter jazzístico, presente en el dúo central que Postnikova y Chornet salvaron con brillantez, y en el más evidente blues que le sigue. El ritmo, siempre discreto y pautado, del finale sirvió para repetirlo como propina en un concierto bien llevado, cuidado en todos sus elementos, incluidos los acústicos, pero templado en espíritu y expresividad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 14 de mayo de 2017

FILM SYMPHONY ORCHESTRA Y LA MÚSICA DE LAS GALAXIAS: ACOMPAÑÓ LA FUERZA

Concierto de Música de Cine de la Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, dirección. Programa: La Música de las Galaxias (temas de John Williams para las películas La guerra de las galaxias, El imperio contraataca, El retorno del Jedi, La amenaza fantasma, El ataque de los clones y El despertar de la fuerza).
Auditorio FIBES, sábado 13 de mayo de 2017

Martínez-Orts con su habitual atuendo Matrix, observado
por un soldado imperial en el Palau de la Música de Valencia
La del sábado fue una noche inolvidable para fans y admiradores de Eurovisión, que se quedaron en casa para sufrir una de las peores debacles de nuestra participación en el Festival, algo inédito desde la barca de Remedios Amaya, y los de las guerras galácticas de George Lucas, que acudieron a Fibes para palpitar con un concierto excepcional a cargo de la ya consagrada Film Symphony Orchestra valenciana. Los seguidores de ambas disciplinas tuvieron que elegir, y si se decantaron por las sensacionales partituras del gran e irrepetible John Williams, desde luego no salieron decepcionados. Y es que activos desde 2012, la orquesta ha mejorado considerablemente tras esas primeras giras, que en Sevilla siempre han recalado en el espectacular auditorio del Palacio de Congresos, y que tan decepcionantes nos parecieron como para saltarnos sus citas en posteriores ocasiones. Así hasta que un programa tan atractivo como el despachado en ésta atrajo nuestra curiosidad, y escépticos nos hemos topado con el mejor de cuantos conciertos de música de cine hemos disfrutado en los últimos años.

Chewbacca rodeado de admiradores, jóvenes y adultas
(foto: Francisco Tristán)
La fiesta en que los fans de la saga convierten cada concierto de esta singular orquesta, en su mayoría integrada por jóvenes intérpretes, se tradujo en mucho público ataviado como Darth Vader, Obi Wan Kenobi, Chewbacca o la más reciente Rey, sin olvidar la más elaborada de la noche, la caracterización de la princesa Amidala. Nadie pareció atreverse con el recuerdo de Carrie Fisher y su Princesa Leia ni con Yoda, no fueran a confundirle con el impopular Pujol. Espadas láser por doquier, unos juegos de iluminación muy acorde con la propuesta musical, y la comunión del muy respetuoso, numeroso y agradecido público, coronaron una noche de fiesta y celebración, que ni siquiera el sonido amplificado, muy sutil esta vez, logró ensombrecer. Aplaudimos también la ausencia de proyecciones, que como hemos comprobado en otras manifestaciones de corte similar, distraen mucho de lo que realmente importa, la música. El progreso indiscutible del conjunto y su apasionada batuta, logro indudable del esfuerzo y el entusiasmo, que les ha llevado incluso a acompañar la última edición de los Premios Goya, se hizo patente en una lectura brillante, enérgica y esmerada de los más populares temas de la saga iniciada hace justo cuarenta años.

Magníficamente caracterizados
Amidala y Darth Vader

(foto: Francisco Tristán)
Martínez-Orts hizo gala de una saludable elocuencia introduciendo cada tema con convincentes argumentos, mientras su enérgica dirección logró páginas impecables como El campo de asteroides del Episodio V o los temas de Rey y de la Resistencia del VII, a la vez que nos sorprendía con una versión inédita para gran orquesta y mucho swing del divertido Cantina Band que puso en pie a toda la platea. Magníficos los solos de trompa en los temas de amor de la trilogía clásica, de tuba y clarinete en el tema del antipático Jar Jar, o de arpa en el precioso tema de Annakin y Padmé. El programa alternó piezas de acción y carácter, salvadas con brío y una percusión muy trabajada desde el punto de vista estético, sin eclipsar ni agredir al resto del conjunto, y piezas relajadas, construidas con evidente sentido del vuelo lírico y puntuales y muy elocuentes ralentizaciones que potenciaron su carácter expresivo y emocional. Poderosos también los metales en una versión sensiblemente extendida del Desfile de banderas del Episodio I y la majestuosa Pompa y Circunstancia del Salón del Trono que puso final a la cita, antes de atacar en los bises con la imprescindible Marcha Imperial. Y todo con enormes dosis de fuerza, emoción y expresividad, sin limitarse a una lectura fiel de las partituras, seguramente muy costosas de conseguir para su interpretación en directo, sino prestando mucha atención a que el espíritu de Williams se mantuviera presente, justo como hay que abordar este repertorio.

Versión extendida del artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 13 de mayo de 2017

BAJO EL SOL Haz el amor, no la guerra

Título original: Zvizdan
Croacia-Serbia-Eslovenia 2015 123 min.
Guión y dirección Dalibor Matanic Fotografía Marko Brdar Música Alen y Nenad Sinkauz Intérpretes Tihana Lazovic, Goran Markovic, Nives Ivankovic, Mira Banjac, Slavko Sobin, Dado Cosic, Trpimir Jurkic, Lukrecija Tudor, Stipe Radoja Estreno en e Festival de Cannes 17 mayo 2015; en Serbia 24 marzo 2016; en España 12 mayo 2017

Candidata en su momento al premio del público en los Premios del Cine Europeo y Premio Especial del Jurado en la sección Un Certain Regard de Cannes, Bajo el sol es una bienintencionada pero fallida película que pretende analizar el absurdo de la guerra, el dolor inútil que provoca, y convencernos que siempre es más conveniente hacer el amor que la guerra, como si de una proclama hippy se tratara. Es evidente que toda su base argumental y temática cae por su propio peso, y que en la gravedad de los asuntos que trata se hubiera agradecido un tratamiento mucho más riguroso y, si se quiere, incluso más emotivo que el que contiene el film de Matanic. Tres historias de amor frustrado en tres décadas diferentes y consecutivas, marcan el terreno físico y temporal en el que se desarrolla la última de las grandes guerras civiles de Europa, la de la antigua Yugoslavia que enfrentó a croatas y serbios hasta separarlos definitivamente. Precisamente una mujer serbia y un hombre croata, al estilo de unos Romeo y Julieta contemporáneos, sufren con los mismos intérpretes pero diferentes personajes, para preservar su juventud a lo largo de estos treinta años, los avatares de la conflagración, aunque ésta no aparece ni tan cruenta ni tan definitiva como debiera, quizás en un ejercicio de preservar el conjunto del sensacionalismo que suele acompañar estas propuestas. Separados por el conflicto, por las heridas que ha dejado o por las erróneas decisiones tomadas en el pasado como consecuencia del mismo, los dos personajes se enfrentan a una sucesión de situaciones malogradas por falta de desarrollo y profundidad, con una realización que se confía a la supuesta sensualidad de los intérpretes, y con caídas considerables de tono, ritmo y tensión, cuya cumbre es una tediosa secuencia de festival de verano con cuerpos bailando sin ton ni son durante más tiempo del conveniente para reflejar esa inutilidad a la que hacíamos referencia. El resultado es una cinta aburrida, larga y desentonada que podría haber dado sobre el papel un mejor y más estimulante balance.

ALIEN: COVENANT La eterna gallina de los huevos de oro

USA 2017 123 min.
Dirección Ridley Scott Guión John Logan y Dante Harper Fotografía Dariusz Wolski Música Jed Kurzel Intérpretes Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, Danny McBride, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Amie Seimetz, Callie Hernández, Nathaniel Dean, Alexander England, Benjamin Rigby, Uli Latufeku, Tess Haubrich, Guy Pearce, James Franco, Noomi Rapace Estreno en Estados Unidos 19 mayo 2017; en España 12 mayo 2017

Desde que a finales de los setenta y principios de los ochenta Scott dirigiera sus geniales Los duelistas, Alien y Blade Runner, apenas ha logrado filmar un puñado de buenas o sólo estimables, nunca geniales, cintas, entre las que se encuentran Thelma y Louise, Gladiator o la más reciente Marte. El resto de su filmografía parece haber dando tumbos tropezando continuamente. Uno de los últimos ejemplos lo tuvimos en la repelente Prometheus, precuela de la legendaria Alien y de ésta que nos ocupa, a su vez precuela del título que dio origen a esta saga de la que ya se cumplen casi cuarenta años y seis títulos oficiales. Scott retoma al alienígena que tanta fama le reportó en su tercera incursión directa en la colección, para según sus propias palabras hacer caja. Puede agradecérsele que haya limado la pátina, aunque no abandonado, de pedantería y pretenciosidad que adornaba su fallida Prometheus, con ínfulas filosóficas con las que se atrevía a analizar el papel creador del hombre y el origen mismo del universo. Se agradece también que intente retomar el aspecto de mero vehículo energético y adrenalítico que primaba en el primer título de la serie, lo que convierte a ésta en un híbrido entre la aventura metafísica de Prometheus y la acción y el terror asfixiantes de Alien, el octavo pasajero, como puente precisamente entrambas que es, si bien los bichos se han multiplicado y han tomado la actitud de los critters. Pero en sí misma Alien Covenant (tercera de las naves que la saga pretende hacer famosas, tras Nostromo y Prometheus) no ofrece nada nuevo. Confusa en su montaje y con la cargante fotografía nerviosa que se suele emplear en este tipo de producciones, su excesiva plantilla de secundarios y secundarias y su marcado énfasis dialéctico, apenas logra entusiasmar en sus contadas escenas de acción, nunca tan terroríficas ni definitivas como se anuncian, mientras el resto se antoja plomizo y reiterativo. Fassbender, tras una prometedora carrera hoy encasillado en papeles similares que a buen seguro le están engrosando considerablemente la cuenta corriente, interpreta al humanoide como si lo hubiera escrito Shakespeare, mientras el diseño y la tecnología, ávida por mostrar los últimos avances, se antoja mucho más moderna que su ilustre origen, por mucho que ésta se ambientara en época posterior. Su pedantería, de la que Scott no ha sabido o no ha querido deshacerse, alcanza también a la creación artística, mientras Wagner vuelve a utilizarse como estandarte de la villanía suprema más endiosada, con la significativa Entrada de los Dioses en el Valhalla como leit motiv recurrente. Al menos ha tenido la sensatez de recuperar el archifamoso tema principal que compuso Jerry Goldsmith para la primera entrega, y que el director despreció en su momento para sustituirlo por la Sinfonía Romántica de Howard Hanson. Jed Kurzel, hermano de Justin, director de dos títulos con Fassbender, Macbeth y Assassin’s Creed, lo revisa y versiona incansablemente, mientras también suenan ecos del olvidable tema que Marc Streitenfeld compuso para Prometheus.

viernes, 12 de mayo de 2017

MONEY Una trampa mortal urdida con esfuerzo e ingenio

España-USA 2016 86 min.
Dirección Martín Rosete Guión Josep Ciutat Fotografía José Martín Rosete Música Alfonso González Aguilar Intérpretes Jamie Bamber, Kellan Lutz, Jess Weixler, Jesse Williams, Lucía Guerrero, Fredric Lehne Estreno en el Festival de Palm Beach 6 abril 2016; en salas comerciales 12 mayo 2017

Al director madrileño Martín Rosete le abrió las puertas su cortometraje Voice Over, nominado al Goya y premiado en multitud de festivales. Su debut en el largometraje cuenta con la complicidad en el guión de su amigo Josep Ciutat, que para la ocasión ha urdido un argumento que parece el plan perfecto para atrapar al espectador en una vorágine de intriga y traición, la que se marcan dos amigos triunfadores en los negocios que reciben una incómoda y violenta visita que pretende desenmascararlos y abortar su particular estrategia de ambición y poder. Escrita con esmero pero con abundantes lagunas que empiezan por la cantidad de información que maneja el protagonista, cuyas fuentes nunca se desvelan, la trama encierra a cinco personajes en un único escenario, una lujosa y vanguardista casa en las afueras de Nueva York, y un tiempo muy marcado, la noche al día, lo que permite a sus artífices hacer un trabajo aseado y aparente sin que se noten las costuras de un presupuesto muy limitado y un evidente esfuerzo de producción salvado con pasión y convicción. La participación de intérpretes de incontestable atractivo físico y competente aptitud dramática, de segunda pero con amplia trayectoria en el sector audiovisual (Kellan Lutz ha participado en la Saga Crepúsculo, Immortals y Hércules: El origen de una leyenda) juega también a su favor, con especial mención para la potente caracterización de los personajes femeninos. El ritmo y los giros son eficientes, asegurando un entretenimiento digno al que sin embargo se le escapan sus mensajes morales, algo esquivos en un conjunto que no acaba de cuajar en toda su dimensión, con situaciones y resultados que a veces rozan la ingenuidad. Después de haberlo paseado durante un año por multitud de festivales, ganando numerosos premios, recala en nuestras salas y pronto lo hará en las de Estados Unidos y Reino Unido. Merece sin duda una oportunidad.

martes, 9 de mayo de 2017

BETICÁMARA: MÚSICA DE CÁMARA DE ALTO NIVEL

Ciclo Música de Cámara de la Orquesta Bética de Cámara. Jacobo Díaz Giráldez, oboe. Alberto Acuña Almela, flauta. Michael Thomas, violín. Ignacio J. Manzano Fernández, viola. Benjamín Rodríguez, violonchelo. Programa: Cuarteto con oboe K.370 y Cuartetos con flauta K.298 y 285, de Mozart; Trío para cuerdas D471, de Schubert.
Espacio Turina, lunes 8 de mayo de 2017

Sevilla es una ciudad desconcertante, en el amplio sentido de la palabra. El nivel alcanzado por la Bética de Cámara, unido a su responsabilidad histórica, hace imprescindible su conservación, más allá de los consabidos apoyos institucionales que difícilmente recalarán en ella cuando las partidas presupuestarias están tan repartidas y consolidadas. Es indispensable echarle imaginación e insistir en otras vías de financiación y promoción que logren la atención que el conjunto merece. Nuestro público es muy de espacios, de atender cualquier propuesta que llegue del Maestranza así como de ver cine en versión original sólo en los Avenida. Así cada propuesta del Turina parece languidecer inexplicablemente, de forma que los muy loables esfuerzos desplegados para remontar esta sala de excelente acústica no están dando los frutos deseados.

El esfuerzo, el empeño y, sobre todo, el entusiasmo lograron que con un discretísimo aforo, la Bética ofreciera el pasado lunes un breve pero suculento programa en torno al clasicismo, con especial dedicación a dos instrumentos solistas que aprovecharon la oportunidad para lucirse. Jacobo Díaz, de cuyo talento al oboe ya hemos disfrutado en repetidas ocasiones junto a éste y otros conjuntos como la Barroca, extrajo brillo de su instrumento en el Cuarteto K.370 que Mozart compuso para el virtuoso Friedrich Ramm. Su aportación se benefició de un alto nivel en el acompañamiento de la cuerda, como si de un concierto se tratase, fusionando su amplio y elegante fraseo con los alardes contrapuntísticos de la cuerda, y potenciando tanto el aire pastoril del adagio central como el elocuente diálogo instrumental del rondó final.

También fue extraordinaria la intervención del joven Alberto Acuña en los dos cuartetos para flauta de Mozart que se interpretaron. Con un arranque áspero y de sonido poco limpio en el K.285, que resolvió inmediatamente con una claridad expresiva que no le abandonó ni en el resto de éste ni en el Cuarteto K.298, el flautista hizo gala de un dominio perfecto del instrumento y la respiración, articulando a discreción, con envidiable soltura y absoluta solidez, mientras el resto del conjunto acompañó manteniendo una línea homogénea y un sonido nítido, especialmente remarcable en el violín de Thomas y la viola, rotunda y enérgica, de Ignacio Manzano, si bien al chelo de Benjamín Rodríguez le faltó un poco más de autoridad. El único movimiento del incompleto Trío D.471 de Schubert, un tesoro en miniatura del que la cuerda extrajo también toda su riqueza expresiva y emocional, completó un programa al que sólo podemos reprochar su escasa duración.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 7 de mayo de 2017

Z. LA CIUDAD PERDIDA Una magnífica crónica sobre la gloria y la responsabilidad

Título original: The Lost City of Z
USA 2016 140 min.
Guión y dirección James Gray, según el libro de David Grann Fotografía Darius Khondji Música Christopher Spelman Intérpretes Charlie Hunnam, Sienna Miller, Robert Pattinson, Tom Holland, Angus Macfdyen, Edward Ashley, Bobby Smalldridge, Tom Mulheron, Aleksandar Jovanovic, Ian McDiarmid, Clive Francis, Pedro Coello, Franco Nero Estreno en el Festival de Berlín 14 febrero 2017; en Estados Unidos 24 marzo 2017; en España 5 mayo 2017

La mítica ciudad de El Dorado ha alimentado la imaginación de miles de exploradores de todo el mundo desde la época de los conquistadores, en busca no sólo de grandes tesoros sino de una respuesta a nuestra civilización que sirva para librarnos de nuestra arrogancia y lograr de este modo una vida más pacífica, racional y razonable entre todos los seres humanos. Películas como Aguirre, la cólera de Dios de Herzog, El Dorado de Carlos Saura, e incluso la comedia de acción La búsqueda o una cinta de animación con música de Elton John, han intentado plasmar en la pantalla la magia y la fascinación generada en nosotros y nosotras por tan enigmática y fabulosa civilización; James Gray es quizás quien más se ha acercado en el empeño. Admirado más en Europa, fundamentalmente en Francia, que en su país natal, el realizador norteamericano ha cultivado en veinte años una estupenda filmografía que deviene ahora en la que posiblemente sea su mejor película. Con una carrera que nos hace recordar en cierto modo a la de otro de los grandes, Kubrick, que empezó con cintas de discreta factura con contenido criminal (Little Odessa, La otra cara del crimen, La noche es nuestra) y continuó con la estupenda Two Lovers hasta llegar a su primera incursión de época con la intimista epopeya sobre la inmigración en el Nueva York de principios del siglo XX El sueño de Ellis; un acercamiento al cine de mayor presupuesto que le ha llevado a esta película, como a Kubrick Senderos de gloria le llevó a Espartaco. Y en ambos casos patrocinado por un actor, Kirk Douglas en el caso del malogrado realizador, Brad Pitt en el de Gray, que seguramente por no poder interpretar al protagonista debido a su edad, ha decidido que lo haga un joven de parecido físico, Charlie Hunnam, al que pronto veremos en otra cinta sobre el Rey Arturo. Z, La ciudad perdida es sobre todo gran cine, ambicioso, épico e imponente, que Gray ha sabido manejar con soltura y elegancia en un alarde de rigor narrativo y esplendor visual. Pero no se queda en una ilustración más o menos fiel de las aventuras y desventuras del coronel del ejército británico Percy Fawcett en su obsesión por encontrar la mítica ciudad del Amazonas, sino que plantea una lucha interna destructora y avasalladora en el protagonista, la de sus motivaciones, ¿la propia gloria o el progreso de la humanidad? Una lucha que arrastra a su familia, con una excelente Sienna Miller en el que quizás sea el mejor papel de su vida, o el joven Tom Holland (Lo imposible) como hijo que en sus reproches y reflexiones siembra aún más esas dudas que jalonan el deambular del aventurero protagonista, a la vez que comparte un destino incierto pero lleno, como todo lo demás en la película, de magia. Robert Pattinson como amigo fiel y comprometido, y Angus Macfadyen como cobarde compañero de fatigas que deriva en inmerecido enemigo, completan un reparto ejemplar. Con una sensacional fotografía del veterano Darius Khondji, que ha trabajado a las órdenes de Polanski, Haneke, Woody Allen o el propio Gray, y una dosificación de la dramaturgia que no desfallece a pesar de su largo metraje, el director sabe combinar perfectamente el carácter intimista de la función con un necesario contenido aventurero y un mensaje universal que nos coloca en la tesitura de sentirnos insignificantes frente a una naturaleza desbordada y magnífica. Lástima que entre tantos logros y parabienes, la cinta se prodigue también en una serie de errores que hubiesen sido fácilmente salvables de haber manifestado un rigor aún más estricto. Bebés que no crecen, adultos que envejecen a mayor velocidad que sus hijos crecen, ambientación que no corresponde a la época… son detalles que mejor descubren ustedes en lugar de enumerarlos aquí uno a uno. A esto hay que añadir una utilización enojosa de la banda sonora, por cuanto se perfila a través de música clásica aludida directa o indirectamente en forma de arreglos o adaptaciones, lo que para el melómano constituye un elemento distanciador e incluso aislador de diálogos y tramas. La música en un film debe ilustrar sin confundir ni distraer; cuando se utiliza música clásica, como hacía también Kubrick y abusa otro clásico moderno, Terrence Malick, el oyente se empeña en identificar piezas (Daphnis et Chloé de Ravel, por ejemplo) o plagios indisimulados de éstas (La consagración de la primavera de Stravinsky). Y ya cuando lo que ocurre es que en un baile los valses suenan como si los interpretasen la Filarmónica de Viena, o un teatro improvisado de ópera en medio de la selva lo hace como si Mozart fuera interpretado en La Scala de Milán, entonces el enojo es aún mayor. No obstante frente a toda la aglomeración de sensaciones y estímulos que provoca esta magnífica película, consideraremos estos fallos como un mal eminentemente menor.