viernes, 8 de octubre de 2021

TRIUNFO DEL SENTIMIENTO

2º reparto de la ópera "Madama Butterfly" de Giacomo Puccini en coproducción del Festival Castell de Peralada y la Deutsche Oper am Rhein con dirección escénica de Joan Anton Rechi y musical de Alain Guingal. Con Carmen Solís, Enrique Ferrer, Cristina Faus y Gerardo Bullón. Teatro de la Maestranza, jueves 7 de octubre de 2021

Liberados, y aliviados, de atender a la propuesta escénica de Joan Anton Rechi y sus múltiples ocurrencias, nos centramos fundamentalmente en el rendimiento de los cuatro protagonistas de un segundo reparto motivado por el hecho de que su segunda y tercera funciones se han programado juntas y no porque alcanzáramos el deseable aumento de representaciones que un teatro como el Maestranza merece. Esa abstracción resultó tan estimulante como la grata emoción que suscitó en nosotros el relieve que otorgaron sus protagonistas al drama sentimental de la joven Cio Cio San. Aunque Guingal volvió a eclipsar las voces desde un principio, notamos que en más de un pasaje logró amortiguar tal efecto y plegarse mejor a las exigencias vocales, del mismo modo que atisbamos un mayor recreo en la voluptuosidad, la sensualidad y, de nuevo, el sentimentalismo de la excelsa partitura. De esta forma conseguimos sintonizar mejor con la mágica entrada de la protagonista en escena, acompañada de un coro de voces femeninas que rindieron al idéntico buen nivel que ya mostraron el día del estreno.

Carmen Solís convenció aclimatándose al personaje
tal como lo entendemos y concebimos una gran parte de los mortales, mostrándose ingenua y apocada en el primer acto y progresivamente desilusionada en el segundo, conforme va perdiendo esa característica ingenuidad, hasta converger en el drama emocional que la lleva al trágico final reservado a la mayoría de las mujeres en estos títulos insalvables que continúan imponiéndose en el repertorio lírico internacional. Ese abanico de emociones le permitió abordar el personaje en el más amplio rango de su tesitura, como soprano considerablemente ligera en sus primeras apariciones, más carnosa y lírica a partir del dúo romántico, y definitivamente dramática en el final, caracterizado por estremecedores ataques sul fiato al agudo y conmovedoras exclamaciones. Si no fuera porque en las zonas más graves su voz a veces se perdía, diríamos que el suyo fue un rendimiento ejemplar, con una preciosa voz modulada con amplio sentido de la emoción y el sentimiento, agudos poderosos y un trabajo escénico equilibrado.

También el tenor madrileño Enrique Ferrer tuvo el acierto de manejar a Pinkerton con indudable sentimiento en su voz, bordando sus solos del primer acto e impregnando de emoción sus dúos con Sharpless y Butterfly, especialmente en este caso en un dúo de amor convincente y marcado en su recta final por esa pasión carnal que justifica el superficial interés del teniente por la joven geisha. Ferrer comenzó acusando algo de vibrato, pero rápidamente se acomodó al papel y ofreció una voz de sobrada proyección y muy buen gusto canoro, pero fue el sentimiento que acompañó a sus partes en esta melodiosa partitura, lo que marcó su distinción. También en este sentido triunfó Gerardo Bullón, con voz segura e imponente, de línea homogénea y graves bien colocados, que captó a la perfección la humanidad de su personaje, siendo capaz de transmitirla tanto a nivel musical como estrictamente dramático. Cristina Faus, a quien siempre hemos disfrutado en este teatro en títulos zarzueleros y hace apenas unos meses en la Novena de Beethoven, se esmeró menos a nivel expresivo, pero logró con una voz algo pequeña pero sedosa y bastante carnosa, convencer también en su delicado papel de Suzuki, logrando también esa necesaria química entre las dos protagonistas femeninas, especialmente en el celebrado dúo de las flores. El público ovacionó entusiasmado tanto el icónico Un bel dí vedremo de Butterfly como el nivel final reflejado, y Solís se mostró considerablemente emocionada.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 6 de octubre de 2021

LA JOCOSA DEVOCIÓN MARIANA DE ARTEFACTUM

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. César Carazo, canto y viola. José Manuel Vaquero, canto, organetto, zanfoña. Ignacio Gil, flautas de pico, oboe de cápsula, gaita. Álvaro Garrido, percusión. Programa: 800 años no son nada (cantigas de Alfonso X El Sabio). Martes 5 de octubre de 2021

Foto: Actidea

No podía faltar en esta conmemoración del ochocientos aniversario del rey Alfonso X El Sabio, al que tan indefectiblemente ligado se encuentra nuestra ciudad, la aportación de Artefactum, grupo que desde sus inicios hace casi treinta años ha prestado un inusitado interés por este catálogo de música y poesía trovadoresca dedicada a la Virgen María. Música profana y sin embargo de contenido religioso, pero siempre al margen de la liturgia, que Artefactum siempre ha abordado con carácter goliardesco, como si de canciones de taberna se tratase. Siguen siendo fieles a ese estilo tan desprejuiciado que les caracteriza, anclado en una forma de acercarse a la música medieval siguiendo prácticas trasnochadas para algunos pero efectivas para conectar con el público, que el conjunto defiende con gracia, entusiasmo y un excelente nivel interpretativo. El público sevillano lo ha aplaudido casi desde el principio, y sigue haciéndolo porque no defraudan. Mientras, su fama ha ido poco a poco trascendiendo los muros de la ciudad y hoy cuentan gestas como sus celebrados conciertos en Japón o su responsabilidad inmediata como anfitriones del Pabellón de España en la Exposición Universal de Dubai dentro de apenas una semana.

Con las maletas casi hechas y todo un torrente de ilusión por delante, Artefactum cumplió su compromiso con las Noches del Alcázar presentando una suculenta selección de cantigas hechas a su modo, como no podía ser menos y no les perdonaríamos no hiciesen. El incontestable humor de ese rey de la comedia que es José Manuel Vaquero, siempre desde el buen gusto y la elegancia, fue desgranando los curiosos milagros de la Virgen narrados en cada una de las piezas elegidas. Carazo, con una voz perfectamente entonada y esmaltada, grave, clara y cristalina, y un exquisito fraseo, prologó la colección para a continuación erigirse en protagonista vocal de la velada, con las habituales incursiones de sus compañeros en coros y estribillos. En formación de cuatro (echamos en falta a Aníbal Soriano y Alberto Barea), prescindiendo de cuantas colaboraciones han ido a lo largo de los años dando cuerpo y carta de naturaleza a su particular universo alfonsí, Artefactum volvió a sonar impecable, en estilo de música celta, más bien galaica, con un porcentaje mayor de folclore que de rigor histórico, y ese punto lúdico y divertido que es marca de la casa desde hace ya tanto que sus integrantes apenas manifiestan esfuerzo a la hora de plantar sus propuestas.

Carazo brilló también a la viola, dando cuerpo y contrapunto al trabajo de sus compañeros. Gil demostró una vez más que es un fuera de serie en las maderas, con exhibiciones de flauta pletóricas en modulación y fraseo y un sensacional control de la respiración, ya fuera en las flautas, el oboe de cápsula de chirriante sonido, y hasta la gaita. Sus ornamentaciones brillaron junto al organetto de Vaquero, que también dominó una vez más una rebelde zanfoña, muy afectada por la humedad reinante. Y Garrido demostró de nuevo su dominio de todos los resortes de la percusión, con momentos tan inspirados, creativos y experimentales como el arranque de la Cantiga número 159, que ellos llaman del filete por el gastronómico milagro que narra. Habrá otras maneras más informadas para afrontar este cuerpo poético musical, pero nadie como ellos han sabido conectar a Alfonsox (cariñoso término con el que siempre se han dirigido al monarca desde su fundación) con la sensibilidad de nuestro tiempo. Despedimos así por nuestra parte una edición de las Noches del Alcázar insólitamente alargada hasta octubre para compensar su tardío arranque.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 5 de octubre de 2021

PREPARATIVOS PARA ESTAR JUNTOS UN PERÍODO DE TIEMPO DESCONOCIDO Romance cerebral

Título original: Felkészülés meghatározatlan ideig tartó együttlétre
Hungría 2020 95 min.
Guion y dirección
Lili Horvát Fotografía Ròbert Maly Música Gábor Keresztes Intérpretes Natasa Stork, Viktor Bodó, Benett Vilmányi, Zsolt Nagy, Péter Tóth, Andor Lukáts, Attila Mokos, Linda Moshiler Estreno en el Festival de Venecia 6 septiembre 2020; en Hungría 24 septiembre 2020; en España 24 septiembre 2021

Premiada en Valladolid con la Espiga de Oro, el premio a la mejor actriz y el de mejor dirección novel, a pesar de que se trata del segundo largometraje de la realizadora húngara Lili Horvát, Preparativos… es, además de un título largo e insufrible que flaco favor hace a su distribución y a obtener el favor del público, ya de por sí reacio a entregarse a este tipo de cine reflexivo, intimista e introspectivo, un inquietante drama de intriga romántica y psicoanalítica que profundiza en los impulsos humanos de una forma que rara vez habíamos experimentado antes.

Una notable neurocirujana que ocupa un destacado puesto en un hospital de New Jersey, regresa a Budapest cuando conoce en una convención al hombre de su vida, solo para comprobar que éste no parece conocerla de nada. Surge entonces un dilema interior que la confusa protagonista pretende resolver a fuerza de psicoanálisis. Casi setenta años desde que Hitchcock jugara con esta especialidad freudiano en su intriga romántica y criminal Recuerda, Horvát aporta su singular punto de vista a una historia de amor en la que no solo el psicoanálisis juega un papel importante, sino que se confía al cerebro, sus enfermedades, tumores y bloqueos, desde una óptica médica y científica, el comportamiento a menudo irreflexivo y misterioso del ser humano.

La cinta se deja ver con interés y una considerable dosis de intriga, mientras la atractiva Natasa Stork carga con el peso de la historia y se debate entre el amor real del joven Benett Vilmányi y el posiblemente espiritual del fantasmagórico Viktor Bodó. Esta quintaesencia del romanticismo idealizado encuentra en los lieder de Schubert, especialmente Viaje de invierno cómo no en la voz de Dietrich Fischer-Dieskau, el contrapunto musical idóneo para reflejar ese estado mental y psicológico sobre la vida y el amor que retrata esta enigmática película.

lunes, 4 de octubre de 2021

UNA BUTTERFLY DE ACIERTOS Y OCURRENCIAS

Madama Butterfly. Ópera de Giacomo Puccini con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica (versión original del estreno en La Scala de 1904). Alain Guingal, dirección musical. Joan Antonio Rechi, dirección escénica. Alfons Flores, escenografía. Mercé Paloma, vestuario. Alberto Rodríguez, iluminación. Con Ermonela Jaho, Jorge de León, Gemma Coma-Alabert, Damián del Castillo, Moisés Marín, José Manuel Díaz, Pablo López Martín y Diana Larios. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Coproducción del Festival Castell de Peralada y la Deutsche Oper am Rheim. Teatro de la Maestranza, domingo 3 de octubre de 2021

No es habitual que la temporada arranque con el primero de los títulos líricos programados, pero así fue anoche con el aforo completo recuperado en el Maestranza, y un lleno total que colmó la ilusión de responsables y público para que todo a partir de ahora vaya lo mejor posible. Se eligió para la ocasión uno de esos títulos tantas veces programados en este y cualquier otro coliseo. En nuestro caso es la cuarta vez que asoma en sus treinta años de historia, cuando todavía quedan tantos títulos del repertorio habitual pendientes de estreno. La última, hace nueve años, fue un auténtico derroche de gracia y creatividad, caracterizada por un uso de la luz y el color de una belleza y una alegría incontestables. Todo lo contrario presenta Joan Antonio Rechi y el mismo equipo que estrenó al final de la pasada temporada la ansiada Carmen de Calixto Bieito, de la que el ahora director escénico fue responsable de la reposición. La de Rechi es una Madama Butterfly densa y siniestra que intenta marcar con fuerza y decisión el estado de ánimo de una de las mujeres más desdichadas de la producción lírica tradicional, y no son pocas. En un alarde de originalidad, Rechi ambienta una historia que Puccini concibió a principios del siglo XX, en plena efervescencia del aperturismo de Japón a occidente, en la Segunda Guerra Mundial, aprovechando que la trama acaece en Nagasaki. Una ciudad indefectiblemente unida a una de las mayores tragedias humanas del pasado siglo, cuando fue objeto de una de las dos bombas nucleares que finiquitaron la conflagración. Le sirve al director de escena para potenciar el dolor existencial de una mujer traicionada, así como seguramente la fuerza de un amor incondicional que le lleva incluso a perdonar la nacionalidad invasora de su amante y fingido marido.

Rechi sitúa el primer acto de esta versión original por la que ha optado el Maestranza a través de una coproducción del Festival de Peralada y la Ópera Alemana en el Rín, en el consulado regentado por Sharpless. Allí se celebra el contrato nupcial, bajo bandera norteamericana, y desde allí viajan los invitados al hogar matrimonial con una solución tan ridícula como ir pasándose en volandas los y las integrantes del coro una maqueta de la casa (no es la única maqueta, en el coro a boca cerrada un ridículo barquito de vela se pasea por el escenario), lo que nos lleva a una hipotética cámara nupcial donde tiene lugar el primer momento musical verdaderamente importante de la obra. En dos actos, el segundo de considerable duración, se presentó esta versión original que tantos problemas acarreó a su autor en su fallido estreno milanés, si bien las razones de aquel fracaso afortunadamente no se dan en el público actual. El segundo, tras un eficaz efecto visual que recrea la caída de la bomba en Nagasaki, se desarrolla entre ruinas. Puede que el efecto emocional perseguido se logre, condensando en casi hora y media un torbellino de tensión que entronca muy bien con el progresivo deterioro del estado de ánimo de la protagonista, pero provoca también situaciones disparatadas, como que en una zona tan afectada por la radioactividad se mantenga el cónsul americano o se acerquen Pinkerton y su esposa a recoger al hijo que el primero tuvo con la desdichada Cio Cio San. Una vez más son convenciones que tenemos que tragar como peaje para lograr una visión diferente de la propuesta y alcanzar en la medida de lo posible un mayor calado emocional.

Ermonela Jaho acabó exhausta

No fue precisamente delicada la dirección musical de Alain Guingal. Decibélica de principio a fin, todo un desafío para los esforzados cantantes, sobre todo en el primer y bullicioso primer acto, la suya fue una dirección poco atenta a los matices, en la que la instrumentación exótica destacó en exceso y que no supo aprovechar momentos de inusitada belleza e incontestable magia como la sensual entrada de la protagonista y su séquito. A nivel técnico cabe señalar sin embargo el excelente papel que desempeñó la orquesta, especialmente unos refulgentes metales, que se lucieron especialmente en el generoso intermezzo que divide el segundo acto en dos, una de las soluciones que ideó Puccini para mejorar la versión que tanto fracasó en Milán, y que esta producción ha acertado en respetar. Incluso en el precioso y famoso coro a boca cerrada que le precede se apreciaba más el violín solista que las voces fuera de escena del coro femenino.

Cabe agradecer a Jorge de León incorporarse al elenco a ultimísima hora por indisposición del primer tenor considerado, Amadi Lagha. Pero eso no justifica que su calidad como Pinkerton dejara bastante que desear. Una voz tremolante, poco adicta a los afectos e incapaz de frasear con elegancia y delicadeza, patente en un Dovunque al mondo que no permitió apreciar la calidad de la melodía, fue la constante del tenor canario, que tampoco lució en el extenso dúo de amor del primer acto, a pesar de que para entonces ya había corregido algo la modulación y el temperamento. Afortunadamente corrigió algunas de estas imprecisiones en el Addio, fiorito asil del final. No siendo una parte muy complicada, la de Damián del Castillo como Sharpless tampoco suscitó especial entusiasmo, aunque en el segundo acto pudimos apreciar un trabajo interpretativo muy cuidado y una entonación más trabajada a nivel emocional. Gemma Coma-Alabert empezó también tremolante pero se hizo poco a poco al papel con una voz bien colocada, rutilante en el emblemático dúo de las flores junto a la protagonista, y quizás una pizca sobreactuada a nivel interpretativo. Del resto solo cabe destacar la escasa relevancia que logró dar Moisés Marín al mezquino e impresentable casamentero Goro, mientras el silente niño se esmeró en su pataleta al ser separado de su madre.

Pero si alguien brilló en el conjunto, y no es poco, fue Ermonela Jaho, que acabó visiblemente exhausta y afectada tras el enorme esfuerzo que exige su papel, y que en este caso además sobrellevó una carga emocional y temperamental más fuerte de lo habitual. Y es que la suya no fue una Cio Cio San humilde y comedida, dulce y llena de ternura, sino arrogante y jubilosa ya desde el inicio, cuando la dirección optó por potenciar esos atributos tan propios de la juventud. No echó mano por eso de la dilatada extensión de registro que exige el papel, sino que empezó ya con una zona grave poderosa que derivó en el segundo acto en un registro más dramático y una voz más profunda y aquilatada, acaso superando diversas complicaciones de cambio de registro y tono no siempre con soltura y delicadeza, pero logrando en general un trabajo sólido y emocionalmente comprometido. Su Un bel dí vedremo suscitó un fuerte aplauso, a pesar del dudoso gusto de Rechi de hacer acompañar una actuación que no necesita complementos de una aparición de Pinkerton y otros elementos que distraen la atención. Dentro de las coordenadas impuestas desde la dirección, la suya fue una interpretación convincente y esmerada, aunque cada vez nos fuera pareciendo más cerca de Lucia de Lammermoor que de la humilde y apocada Cio Cio San, claro que motivos para la locura no le faltaron en medio de ese caos apocalíptico y con el corazón tan destrozado. Habrá ahora que esperar al segundo reparto, pues si bien solo se ofrecen cuatro funciones, la tercera y cuarta van seguidas por motivos de agenda.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 3 de octubre de 2021

SIN TIEMPO PARA MORIR y todo el tiempo del mundo para amar

Título original: No Time to Die
Reino Unido 2021 163 min.
Dirección
Cary Joji Fukunaga Guion Neal Purvis, Robert Wade, Cary Joji Fukunaga y Phoebe Waller-Bridge, según los personajes creados por Ian Fleming Fotografía Linus Sandgren Música Hans Zimmer Intérpretes Daniel Craig, Lèa Seydoux, Rami Malek, Lashana Lynch, Ralph Fiennes, Ana de Armas, Naomie Harris, Ben Whishaw, Christoph Waltz, Jeffrey Wright, Roy Kinnear, Dali Benssalah, Billy Magnusson, David Dencik Estreno en Reno Unido 30 septiembre 2021; en España 1 octubre 2021


Aunque hoy no son pocas las sagas y seriales cinematográficos que invaden la cartelera, con los superhéroes de Marvel a la cabeza, ningún estreno logra alcanzar la categoría de acontecimiento como lo siguen haciendo las películas de James Bond. Como si uno de esos secretos de Estado que tan sigilosamente se encargan de mantener los personajes creados por Ian Fleming hace casi setenta años, los responsables de Sin tiempo para morir han conseguido guardar todos los secretos que contiene esta última película de la saga, desde su primer intento de estreno en abril de 2020 hasta hoy, pasando por un segundo intento el pasado mes de noviembre. Algo sorprendente en estos tiempos de redes sociales y falta absoluta de discreción en cualquier campo. Daniel Craig se despide del personaje, pero ¿se trata solo de eso o hay más? Un rótulo asegura al final de los títulos de crédito que James Bond regresará, y eso nos deja tranquilos. Sin embargo, ¿dónde va a quedar el reboot de la serie que se inició con Casino Royale, con un Bond todavía sin los dos ceros que le otorgan licencia para matar, y continuó con el personaje adoptando su forma más dramática conocida, sensible al amor y rendido al luto?

Craig protagonizó cinco títulos enlazados entre sí como un culebrón, algo inédito en la serie hasta entonces, y los guionistas de esta última entrega, entre los que se encuentran el director Cary Joji Fukunaga (Sin nombre, Jane Eyre) y la actriz y escritora en alza Phoebe Waller-Bridge, hermana de la compositora Isobel Waller-Bridge (Emma.), se las han ingeniado para cerrar el círculo emparentando ésta con el único título que protagonizó el australiano George Lazenby, hace cincuenta años. También Al servicio secreto de su majestad estuvo marcada por la tragedia y el amor romántico, aunque en aquella pudimos disfrutar del humor y el glamour durante todo el metraje antes de enfrentarnos al fatal destino. La bellísima balada We Have All the Time in the World que John Barry y el letrista habitual de Burt Bacharach, Hal David, escribieron para aquel indispensable título, y a la que Louis Armstrong prestó su singularísima voz, nos da ahora la pista de ese círculo cerrado, a la vez que justifica la importancia del tiempo en esta y cualquier aventura vital a la que nos enfrentemos. Un apasionado Hans Zimmer se encarga también de entroncar con la película de Peter Hunt citando éste y su tema principal en su intrigante y enérgica partitura para esta historia crepuscular.

Pero ¿Qué hay entre tanta cita y referencia? Una película que se toma su tiempo, es la más larga de la serie, y que ahorra a propósito en espectacularidad. No hay aquí secuencias como la de África en Casino Royale, Siena en Quantum of Solace, Estambul o el metro de Londres en Skyfall, y desde luego no como el extraordinario arranque de Spectre en México. Hay más espacio para el drama, el diálogo, la tragedia y los cambios de registro, sin por ello afectar a su equilibrio interno. Comienza en tono romántico, le sigue una discreta secuencia de acción por las calles de Matera, una pintoresca población cerca de Bari, y tras los habituales títulos de crédito, esta vez con la voz de la chica de moda, Billie Eilish, parece que la cosa se vaya a entregar al humor y la diversión más desenfadada, con una secuencia en Cuba que sirve para lucimiento de Ana de Armas como ágil y enérgica agente también con doble cero. Luego deriva hacia la tragedia y el crepúsculo, se juega al despiste para vislumbrar el futuro de la serie, y una advenediza Lashana Lynch se adjudica el 007 mítico tras un nuevo intento de apartar a nuestro héroe de una misión visionaria que coloca a una amenaza bacteriológica como principal problema del mundo, algo así como la conspiración que muchos asocian a la pandemia que ha aplazado dos veces el estreno de la película.

Blofeld en el cuerpo y el alma de un espléndido Christoph Waltz, y el villano contenido y misterioso al que encarna Rami Malek, se convierten en los rivales del más famoso superagente del mundo, mientras todo el imaginario humano de la serie va pasando ante nuestros ojos, con M, Moneypenny, Q y Felix Leiter a la cabeza. Léa Seydoux rivaliza con sus antecesoras Diana Riggs (otra vez Al servicio secreto de su majestad) y Eva Green (Vesper Lynd en otra vez Casino Royale), completando el trío de mujeres que hicieron a Bond, James Bond, plantearse un cambio de rumbo. No es el momento de morir, existe esperanza y redención en el amor, hay todo el tiempo del mundo para amar, porque eso sí que es eterno.

sábado, 2 de octubre de 2021

MEDITERRÁNEO Gente que merece la pena

España-Grecia 2021 112 min.
Dirección
Marcel Barrena Guion Danielle Schleif y Marcel Barrena Fotografía Kiko de la Rica Música Arnau Bataller Intérpretes Eduard Fernández, Dani Rovira, Anna Castillo, Sergi López, Álex Monner, Melika Foroutan, Giota Festa, Patricia López Arnaz, Vassilis Bisbikis, Yiannis Niarros Estreno en el Festival de San Sebastián 23 septiembre 2021; en salas 1 octubre 2021


Estamos de enhorabuena, el cine español se ocupa de temas de actualidad, sociales y humanos, y lo hace bien. Si hace unos días saludábamos el nuevo trabajo de Icíar Bollaín a propósito del diálogo entre víctimas y verdugos en el conflicto vasco, toca ahora el turno de prestar atención a un drama que no cesa y es consecuencia también de la perversión humana y la ambición sin límites, con la agravante de que esta vez todos y todas somos cómplices, apoltronados en nuestra cómoda y placentera vida sin espacio para gente molesta que los gobiernos que hemos elegido se empeñan a fondo en erradicar para no enturbiar nuestra calidad de vida. Un drama que dura siglos, y si no que se lo pregunten a los fans de Isabel La Católica.

Marcel Barrena demostró hace cinco años un sincero interés por temas de calado humano en su anterior película, 100 metros, en la que un joven con esclerosis afronta el reto de superar una de las pruebas deportivas más duras y completas del planeta. Aquello estaba basado en una historia real y de nuevo es otra la que inspira el guion que el propio Barrena ha escrito junto a Danielle Schlief, más curtida en producción que en escritura. Quizás por eso, y a pesar de haber contado con la ayuda del protagonista real de esta trágica aventura, Óscar Camps, lo más endeble de la cinta sea su línea narrativa, la dramatización de unos acontecimientos con más hechuras de documental que de ficción propiamente dicha. En ese desequilibrio se incluyen también unos personajes quizás demasiado superficiales, sin apenas relieve ni sustancia más allá de lo que vemos y oímos en pantalla. Pero este es un detalle sin importancia sin tenemos en cuenta el alcance emocional de la tragedia que viven a diario millones de inmigrantes y refugiados a los que la guerra y la sinrazón les ha quitado todo, y no hablamos de la naturaleza, que al fin y al cabo con esta hace muchos millones de años que firmamos un contrato de convivencia que somos los humanos quienes más a menudo incumplimos.

Hablamos de el hombre atropellando al hombre, generando dolor a diestro y siniestro y a menudo golpeándose el pecho asumiendo responsabilidades sin la más mínima intención de corregirse. Allí en las idílicas islas griegas hace unos años se generó uno de esos dramas inabarcables con gobiernos degenerados y otros que los apoyan aún más degenerados, y mafias imperdonables llevando a la muerte y la ruina a millones de congéneres, niños incluidos, precisamente la razón para que Óscar Camps y su equipo de socorristas barceloneses viajaran a Lesbos para ayudar desinteresadamente y acabar creando la ONG Open Arms, tantas veces vilipendiada por las autoridades y la prensa, y de la que este film es un sincero y honesto homenaje. Porque no hay artificio ni afán de crear gran espectáculo, a pesar de su excelente nivel técnico, en esta crónica necesaria y emotiva sobre gente que merece la pena.

viernes, 1 de octubre de 2021

TODOS HABLAN DE JAMIE Una fiesta ideal para salir del coma sentimental

Título original: Everybody’s Talking About Jamie
Reino Unido 2021 121 min.
Dirección
Jonathan Butterell Guion y canciones Dan Gillespie Sells y Tom McRae, según su propio musical Fotografía Christopher Ross Música Dan Gillespie Sells y Anne Dudley Intérpretes Max Harwood, Lauren Patel, Sarah Lancashire, Shobna Gulati, Richard E. Grant, Sharon Horgan, Samuel Bottomley, Ralph Ineson, Adeel Akhtar Estreno en Amazon Prime 17 septiembre 2021


En una operación muy similar a la perpetrada por Javier Ambrossi y Javier Calvo con su espectáculo La llamada, Jonathan Butterell, Dan Gillespie y Tom McRae debutan en el cine con la adaptación de su propio musical, una comedia igualmente petarda y colorista que toca temas de igualdad, diversidad y aceptación con una puesta en escena brillante y desenfadada. El alcance por supuesto viniendo del Reino Unido y con el éxito cosechado allí y en otros países donde se ha montado el musical, es infinitamente superior al logrado por los Javi, que solo después pudieron contar con los medios holgados y sofisticados que sus propuestas demandan, en este caso para su celebrada serie televisiva Veneno.

El musical se inspiró en un documental de 2011 titulado Jamie: Drag Queen at 16, y se estrenó en el West End londinense en 2017. La puesta de largo de su adaptación al cine ha tenido que posponerse en un par de ocasiones como consecuencia de la pandemia. Desechado su estreno en salas, ha llegado por fin a una plataforma digital, donde sus elaboradas y vistosas coreografías no lucen igual pero rinden lo suficiente para conseguir que este sea un espectáculo tan agradable como refrescante, una demostración de sus creadores de que son perfectamente capaces de adaptarse al nuevo medio, a pesar de ser su primera obra cinematográfica, saliendo de un encorsetado escenario a toda una serie de localizaciones exteriores y cambios continuos de escena, siguiendo un lenguaje cinematográfico perfectamente identificable. En cierto modo entronca con otro musical estrenado recientemente que celebra la diversidad, The Prom, pero aquí la empresa está mejor resuelta.

Corren extraños tiempos en los que la aceptación a la diversidad ha arraigado perfectamente en la sociedad como un todo, y sin embargo emergen cada vez más núcleos aislados que promueven el odio y la crispación, y Jamie entronca perfectamente con este nuevo ambiente. De hecho uno de los momentos más conmovedores de la cinta es el repaso a la lucha del colectivo LGTBI durante aquellos ochenta thatcherianos, sida incluido, al ritmo de la única nueva canción de la película, This Was Me, entonada por Holly Johnson, de Frankie Goes to Hollywood. Una lucha que afortunadamente al protagonista, una suerte de Billy Elliot contemporáneo al que da vida con enorme desparpajo y frescura el joven Max Harwood, le queda lejos e incomprensible, y sin embargo todavía encuentra algunos obstáculos en su camino al gran sueño de su vida, convertirse en drag queen. Entre esos obstáculos destacan una bruja, personaje del que este cuento moderno parece no saber prescindir, y un ogro o dragón según se prefiera. Pero hasta esos personajes arcaicos encajan en esta celebración del color, la música, el baile, la juventud y la diversidad. Una fiesta a la que todos y todas estamos invitadas para disfrutar y emocionarnos cómoda y sinceramente. Estas son las películas que se deberían ver en familia, y no esa sempiterna violencia a la que desgraciadamente nos hemos acostumbrado.