domingo, 7 de mayo de 2017

EL JUGADOR DE AJEDREZ Entretenido retrato de un hombre prudente

España 2017 98 min.
Dirección Luis Oliveros Guión Julio Castedo, según su propia novela Fotografía Juan Carlos Gómez Música Alejandro Vivas Intérpretes Marc Clotet, Melina Matthews, Alejo Sauras, Stefan Weinert, Mike Hoffmann, Andrés Gertrúdix, Pau Durá, Lionel Auguste, Maarten Dannenberg, Christian Stamm, Juan del Santo, Blanca Zurdo Estreno en el Festival de Málaga 23 marzo 2017; en salas comerciales 5 mayo 2017

Tras un debut nada prometedor a principios de siglo con Pata negra, protagonizada por Gabino Diego, y una irregular carrera televisiva, Luis Oliveros sorprende con esta adaptación de la novela de Julio Castedo, cuyo guión firma el propio autor. Y lo hace no porque se trate de una película rotunda y magistral, ni muchísimo menos, sino porque asume sin complejos y con cierta ambición que nunca llega a lo pretencioso, su condición de cine de género llamado a entretener sin por ello renunciar a transmitir un mensaje con el que llegar a trascender, aunque sin aspavientos, su mera intención de espectáculo. Colores vistosos y puesta en escena aseada para contar la triste historia de un hombre enamorado de una profesión, el ajedrez del que es jugador y maestro, y una mujer que indirectamente, sin intención, lo arrastra a la desgracia de moverse entre dos guerras sucesivas en una Europa que se quiere sofisticada y civilizada. Castedo y con él Oliveros asumen así su posición en un mundo global al que nuestro cine pocas veces se asoma, empeñado en mostrar mil veces sus propias miserias y episodios nacionales. El París ocupado de la Segunda Guerra Mundial se propone así como escenario de la barbarie y, sobre todo, del terror, bien reflejado en situaciones de injusticia, amenaza, tortura y ejecución que, cuando están bien planteados y rodados, siguen despertando nuestra repulsa y animadversión. Hecha con atención al detalle, de forma elegante y sin recurso fácil al histrionismo tan afín a nuestro cine, El jugador de ajedrez sabe manejar todos los recursos, con un considerable esfuerzo de producción y una loable apertura internacional, para lograr ser una película en la que el entretenimiento se da la mano con una atractiva línea de análisis, la de la personalidad del protagonista, un ser extremadamente prudente, cerebral sin por ello dejar de ser emocional y emotivo, que utiliza la templanza y la discreción para superar los envites de una vida desgraciada, ensombrecida por las ansias de poder y dominio de quienes con su irresponsabilidad afectan a millones cuyo destino en esta corta vida debería ser más dulce. Sólo un reproche, la interpretación de la hermosa Melina Matthews deja mucho que desear, contribuyendo a esa tradición casposa y con olor a impostura que tanto maldice nuestra industria, aunque en esta ocasión se trate de una medio inglesa y medio francesa nacida en Barcelona y pareja sentimental de Raúl Arévalo.

UN REINO UNIDO Conflictos diplomáticos con tratamiento de postal romántica

Título original: A United Kingdom
Reino Unido 2016 105 min.
Dirección Amma Asante Guión Guy Hibbert, según el libro de Susan Williams Fotografía Sam McCurdy Música Patrick Doyle Intérpretes David Oyelowo, Rosamund Pike, Jack Davenport, Tom Felton, Terry Pheto, Laura Carmichael, Jessica Oyelowo, Nicholas Lyndhurst, Arnold Oceng, Jack Lowden, Charlotte Hope Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en Reino Unido 25 noviembre 2016; en España 5 mayo 2017

Hace algunos años la realizadora británica Amma Asante nos contó una insólita historia, la de una aristócrata angloafricana que creció entre la realeza británica del siglo XVIII. Estas historias poco divulgadas del papel de la raza negra en el cosmos blanco parecen inquietar especialmente a la directora, que ahora nos ofrece otra necesaria historia, la del príncipe Seretse Khama del antiguo protectorado de Bechuanalandia, hoy Botsuana, que conoció durante su formación en el Londres de posguerra a la joven Ruth Williams, de raza blanca, de la que se enamoró inmediatamente, como ella de él, a partir de lo cual emprendieron una larga y dura lucha contra los intereses diplomáticos de un país que lindaba con el apartheid sudafricano y sobre el que Gran Bretñaa tenía grandes intereses políticos y económicos. Lucharon también, y es ahí quizás donde radique el mayor interés de la cinta como artilugio de divulgación, con los prejuicios de la propia raza del monarca, más fáciles de superar que el siempre orgulloso y mezquino interés del depredador blanco. Material sin duda muy interesante que Asante, al contrario de lo que sucedía en la muy interesante Belle, no sabe dosificar en su justa medida, decantándose por un romanticismo de postal sin embargo poco emotivo, algo frío en su exposición, y sin el aliento épico que la empresa requiere. Sólo las interpretaciones del apasionado David Oyelowo y la moderada y elegante Rosamund Pike aciertan a definir algo los personajes, que sobre el papel quedan reducidos a simples clichés, y eso que el guión está firmado por el competente Guy Hibbert, autor de los libretos de Omagh, Cinco minutos de gloria y Espías desde el cielo. Las artimañas maquiavélicas del representante del gobierno británico Sir Alistair Canning, interpretado con gestos de academia por Jack Davenport, dan la réplica algo burda a la pareja protagonista. Por cierto, que la esposa blanca en la vida real de Oyelowo, Jessica, da vida a la esposa de Canning. Música entre épica y romántica del en otro tiempo más interesante Patrick Doyle y fotografía almibarada de Sam McCurdy terminan por dar al conjunto ese aire académico casi clásico y eminentemente divulgativo que la cinta posee, que al final sólo pretende lanzar el mensaje de que un mundo mejor y más justo es posible.

LOS DEMONIOS Una cruda visión de la infancia acomodada

Título original: Les démons
Canadá 2015 118 min.
Guión y dirección Philippe Lesage Fotografía Nicolad Canniccioni Intérpretes Édouard Tramblay-Grenier, Pier-Luc Funk, Vassili Schneider, Sarah Mottet, Pascale Bussières, Victoria Diamond, Alfred Poirier, Mathis Thomas, Bénédicte Décary, Rose-Marie Perreault Estreno en el Festival de San Sebastián 25 septiembre 2015; en Canadá 30 octubre 2015; en España 5 mayo 2017

Año y medio después de haber sido presentada en la sección oficial del Festival de San Sebastián y estrenarse en su Canadá natal, llega esta presunta película inquietante del debutante en la ficción Philippe Lesange, curtido documentalista, apenas dos meses después del estreno de su último film, bajo bandera sueca, Copenhague A Love Story. Cuenta Lesange en este film el difícil paso de la infancia a la adolescencia a través de la mirada neutra y casi inexpresiva de un niño que no es Damien de La profecía pero parece querer serlo ya desde la cartelería promocional, y en el que confluyen todos los miedos posibles a esta edad, configurando así un puzzle en el que se dan cita prácticamente todos los clichés posibles en este tipo de propuestas, desde la crisis familiar a la falta de valores y desórdenes sentimentales de los adultos, pasando por los primeros amores imposibles y platónicos, la crueldad en juegos en los que él suele ser verdugo, cierta apatía por el mundo que le rodea, la desolación ante la incomprensión o la materialización de los miedos más tangibles a través de episodios de la más terrible realidad sensacionalista. Sólo algunos destellos de felicidad en forma de bailes y juegos con su hermano y hermana mayores, parecen aliviar un recorrido que, sin embargo, no renuncia a ambientarse en esa plácida primavera-verano a la que tanto gustan recurrir estos nuevos cineastas venidos de países fríos (y si no vean el surtido de telefilms románticos alemanes que televisión española parece haber adquirido en bloque para cubrir la programación de tarde). Ya el uso de la música guarda una intención muy precisa, con la dramática e intensa introducción de Finlandia de Sibelius para ilustrar la trágica amenaza que se cierne sobre quien se dispone a abandonar la comodidad infantil para adentrarse en la turbia adolescencia, los coros finales de La Pasión según San Mateo de Bach para acompañar esos aislados momentos de tranquilidad como es el siempre socorrido y redentor baño en un idílico lago, o el vibrante Pata Pata de Myriam Makeba para vestir esos momentos de felicidad y complicidad fraternal ya aludidos. Para colmo la cámara mantiene una posición estática y aislada que nos mantenga en un plano de mero voyeurismo, salvo en irritantes ocasiones en las que deambula aparentemente sin rumbo fijo y sin saberse muy bien de qué es lo que quiere informar. Todo muy definido para impresionar al personal presuntamente más experto y ávido de pretendidas nuevas sensaciones que la cubran de parabienes aunque en el el fondo no nos estén más que tomando el pelo.

viernes, 5 de mayo de 2017

PROGRAMA 11 DE LA ROSS: HÉROES CON UNA INTENSA VIDA INTERIOR

11º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Enrico Dindo, violonchelo. Jacek Policinski, viola. Paçalin Zef Pavaci, violín. John Axelrod, dirección. Programa: Canción de un héroe Op.111, de Dvorák; Don Quijote Op.35 y Una vida de héroe Op.40, de Strauss. Teatro de la Maestranza, jueves 4 de mayo de 2017


Ya es heroico que la ROSS programe en plena Feria de Abril, más aún si lo hace con piezas tan ajenas al folclore. El año pasado fue una interpretación en directo de la partitura de Hugo Riesenfeld a partir de la música de Bizet para Carmen, la producción de Cecil B. De Mille que protagonizó Geraldine Farrar en 1915, con proyección de la película incluida. Pero atreverse con dos platos fuertes del catálogo de Richard Strauss, con la disciplina y el enorme esfuerzo que supone, sobre todo para los intérpretes, no se puede tildar sino de absoluta y contundente heroicidad, resuelta además de forma sobresaliente.

El Canto Heroico de Dvorák es un poema sinfónico raramente programado, eclipsado por el éxito que tuvieron sus cuatro poemas anteriores, que al contrario que éste bebían de referentes literarios. Pero no es difícil imaginar en esta pieza de carácter rapsódico las andanzas de algún héroe eslavo medieval, introducido de forma abrupta y misteriosa y abandonado después a un sinfín de episodios que la orquesta supo encauzar con brío y mucha energía, aparte de sensibilidad e intensidad dinámica, en una interpretación rica en colorido y aliento épico. Atrás parecen haber quedado estos tristes años en los que un concierto se despachaba en poco más de una hora, frente a los últimos programas, tan generosos en duración como éste que se atreve con dos de los grandes poemas sinfónicos de Strauss. Concebido en cierto modo como pieza concertante, Don Quijote se apoya fuerte y frecuentemente en el violonchelo, y aunque el autor lo concibió para el primero de la orquesta, lo habitual es que se cuente con un solista virtuoso, como es el caso del experimentado Enrico Dindo, que deambuló entre el esfuerzo por hacerse oír entre tanta efusividad orquestal, y sus flexibles y perfectamente fraseados solos, rotundos en la presentación del hidalgo y henchidos de lirismo y sentimiento en la quinta variación. El violista Jacek Policinski brilló también en sus intervenciones, mientras Axelrod acentuó la lucha interna del personaje en un entorno más hostil que burlesco, con una respuesta magistralmente organizada de la orquesta.

Con el armazón arquitectónico ya ensamblado, quedaba comprobar si esta nueva interpretación de Una vida de héroe superaría a las ofrecidas por el conjunto en otras temporadas, y la respuesta es contundentemente afirmativa, con metales y maderas prodigiosas y cuerda voluptuosa marcando también los fantasmas internos, la lucha viril y orgullosa con la vida y sus episodios de este héroe anónimo al que se suele identificar con el propio compositor. Zef Pavaci se quitó la espinita del Alban Berg de hace unas semanas con una interpretación soberbia, llena de lirismo y virtuosismo, haciendo de hilo conductor en esta descripción de aventuras marítimas y batallas épicas de un poema sinfónico que servido con este magisterio no puede sino provocar nuestra admiración por un conjunto que crece a ritmo vertiginoso.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 1 de mayo de 2017

LA EXCEPCIÓN DE LA REGLA El año de las manchas de Warren Beatty

Título original: Rules Don’t Apply
USA 2016 126 min.
Dirección Warren Beatty Guión Warren Beatty y Bo Goldman Fotografía Caleb Deschanel Intérpretes Alden Ahrenreich, Lilly Collins, Warren Beatty, Annette Bening, Haley Bennett, Candice Bergen, Martin Sheen, Taissa Farmiga, Alec Baldwin, Matthew Broderick, Ed Harris, Amy Madigan, Oliver Platt, Steve Coogan Estreno en Estados Unidos 23 noviembre 2016; en España 28 abril 2017

Antes de cometer el error más grave que se ha producido jamás en una ceremonia de los Oscar, al confundir a la audiencia con el título ganador del premio a la mejor película, Warren Beatty cometió un error aún más grande: escribir, dirigir, producir y protagonizar esta película. Un auténtico despropósito de quien no se ponía ante una cámara desde 2001 (la olvidable Enredos de sociedad) y tras ella desde 1998 (la estimable Bulworth). Su retrato del Hollywood decadente de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, no tiene por dónde cogerse. Un pretexto para reunir amistades a los y las que hacía mucho tiempo que no veíamos, a través de una historia urdida por él y el autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, Bo Goldman, que recuerda en cierto modo a Café Society y se antoja una sucesión fatigosa de situaciones sin orden ni concierto en torno a la mitificada figura de Howard Hughes. Un personaje que por mucho que se empeñen biógrafos, Scorsese o el propio Beatty, no logra tener el atractivo que se le supone, y que en esta ocasión se presenta como objeto de un análisis condescendiente a través de los ojos de una pareja de enamorados que trabajan a las órdenes del magnate de la aviación y el espectáculo. No hay nada en la película, salvo ese desfile de rostros famosos que han conocido mejores tiempos, que consiga atrapar nuestra atención; ni la ambientación, ni la historia ni el retrato de ese mundo normalmente interesante. Todo se reduce a una pantomima sin gracia, una marcianada que no debiera merecer nuestro tiempo ni atención.

LADY MACBETH Complejo de Jessica Rabbit

Reino Unido 2016 89 min.
Dirección William Oldroyd Guión Alice Birch, según el relato de Nikolai Leskov “Lady Macbeth de Mtsensk” Fotografía Ari Wegner Música Dan Jones Intérpretes Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, Bill Fellows, Ian Conningham, Paul Hilton, Golda Rosheuvel, Anton Palmer Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2016; en Reino Unido y España 28 abril 2017

El relato corto de Nikolai Leskov Lady Macbeth de Mtsensk, inspirado en la pérfida reina shakespeariana, ha sido llevado en anteriores ocasiones a la pantalla, grande y pequeña, la más notable de ellas en 1962 en una producción yugoslava dirigida por el polaco Andrzej Wajda. Dio lugar también a una de las óperas más conocidas y controvertidas de Shostakovich. Con oportunos cambios y adaptaciones a Inglaterra, manteniendo la época original, y a una moral más pérfida y contemporánea, sirve ahora para el lanzamiento de William Oldroyd, que debuta en el largometraje tras haber realizado un par de cortometrajes, y para la joven actriz Florence Pugh, quien hasta ahora había aparecido en un largometraje y dos trabajos para la televisión sin apenas relevancia. Son quienes mayor relieve y consistencia dan a una obra caracterizada por el rigor y la precisión narrativa, una puesta en escena meticulosa y esmerada, y un flujo dramático contenido que disimula en la medida de lo posible el desfile de barbaridades y disparates que recorren su metraje y definen un carácter perverso como consecuencia de los avatares de la vida. También el guión de Alice Birch contribuye a potenciar estos perfiles que la sitúan, o al menos así quieren venderla, como la sensación de este año. Sin duda cuando un argumento acumula tal cantidad de intrigas y sorpresas de carácter morboso, el éxito está prácticamente asegurado, y Oldroyd sabe dosificar los elementos y los recursos para presentar una pieza quizás no tan intensa como pretende, pero desde luego atractiva y entretenida, aunque no llegue a perturbar al nivel de sus intenciones. Con estos parámetros la opresión y la asfixia que sufre la protagonista, algo así como una Jessica Rabbit que culpa de su temperamento a quienes la dibujaron, queda en un segundo plano, convirtiéndose en una historia de pasión y crimen con tintes feministas no tan bien ensamblados como debiera, y que no debieran justificar un comportamiento definitivamente deleznable. Con todo, logró el Premio Fipresci en el Festival de San Sebastián.

domingo, 30 de abril de 2017

MÚSICA QUE DA BRILLO Y COLOR A LA FERIA DE ABRIL

Concierto de Feria de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Erika Leiva, solista. José Colomé, director. Programa: Coplas, zarzuelas y pasodobles. Teatro de la Maestranza, domingo 30 de abril de 2017

Son ya varios los años que lleva la cantante Erika Leiva colaborando con la Sinfónica, desde el homenaje que se dispensó al Maestro Quiroga en aquel concierto especial de Feria del año 2013. Volvió a cantar con el conjunto hispalense en esos mismos preludios de feria, el del pasado año dedicado al Maestro Juan Solano, así como en el tributo dispensado hace unos meses a Rocío Jurado, o el Concierto de Cuaresma del pasado mes de marzo. Una cumbre en su curriculum que a buen seguro supone todo un motivo de orgullo y satisfacción sin igual en otras artistas de su género.

Su participación en el Concierto de Feria de este año, primero celebrado el primer día de las fiestas y no en el preludio a las mismas, gracias a su adelanto en un fin de semana, tuvo un mayor protagonismo que en ediciones anteriores, para disfrute de sus incontables admiradoras y admiradores, que se prodigaron en vítores y aplausos a esta hermosa joven que llegó a lucir hasta cinco cambios de vestuario que evidenciaron un estilismo muy próximo al de Sara Montiel, ya incontestable cuando para cantar Romance de la otra de Quintero, León y Quiroga lució unas atrevidas transparencias. Su voz potente, bien educada y disciplinada, entonó siempre con buen gusto y ejemplar oficio las coplas de Salvador Valverde y Manuel Font de Anta (La cruz de mayo), Llabrés, Molina Moles y Gordillo (La sombra vendo), o Álvarez Alonso y Álvarez Cantos (Suspiros de España), hasta lograr encandilar con Dime que me quieres y María de la O de León y Quiroga.

El joven sevillano José Colomé acompañó con respeto y admiración a la batuta, extrayendo de la orquesta todo el brillo que se supone a un repertorio tan apasionado y temperamental como éste, mientras la combinación de ese mismo brillo con el color y la expresividad de estas manifestaciones derivó en un excelente rendimiento que se hizo patente en páginas como los intermedios de La boda de Luis Alonso, La leyenda del beso o El baile de Luis Alonso, mientras para el pasodoble La Giralda de Eduardo López Juarranz y Sevilla de la Suite Española de Albéniz, se decantó por unos tiempos pausados y muy matizados. A la salida, tras las puertas del Maestranza, un año más el espectáculo continuó de la mano de los carruajes postrados en un Paseo de Colón que estrenaba una discutible Pasarela del Marqués de Contadero con hechuras de centro comercial, tan agresivo para el entorno pero por un día ajeno a la polémica ante tanta exhibición de belleza, color y elegancia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía