lunes, 24 de enero de 2022

LAS PESADILLAS DE HOFFMANN EN LES ARTS

LOS CUENTOS DE HOFFMANN (Les contes d'Hoffmann)
Ópera de Jacques Offenbach con libreto de Jules Barbier según la obra de Michel Carré basada en cuentos de E.T.A. Hoffmann. Marc Minkowski, dirección musical. Johannes Erath, dirección escénica. Heike Schelle, escenografía. Gesine Völlm, vestuario. Fabio Antoci, iluminación. Alexander Scherpink, video. Anne Gerber, dramaturgia. Con John Osborn, Pretty Yende, Alex Esposito, Paula Murrihy, Eva Kroon, Moisés Marín, Tomislav Lavoie, Isaac Galán, Marcel Beekman, Roger Padullés y Tomeu Biblioni. Coro y Orquesta de la Comunidad Valenciana. Producción de la Sempeoper deDresde. Palau de Les Arts Reina Sofia, Valencia. Domingo 20 de enero de 2022

Aplazado el estreno del pasado jueves a ayer domingo por motivos que ya pueden imaginar, Los cuentos de Hoffmann asomaron por fin en la ciudad del Turia, quedando el número de representaciones reducido de cinco a cuatro. Se trata de un título que, aunque es bastante popular y muy representado a nivel mundial, por estas latitudes es difícil pescarlo. En Sevilla no se ve desde 2001, y aquí en Valencia supone la primera vez que se programa en el Palacio de Calatrava. La novedad ahora es que se presenta en una edición crítica preparada por su director musical, el célebre y reconocido Marc Minkowski, en 2012. Bien es sabido que la ópera del autor de La bella Helena y Orfeo en los infiernos nunca se presenta en versión definitiva, sencillamente porque no existe. Su autor falleció antes de asentar una versión definitiva, después de verse obligado a someterla a tantos retoques como exigencias le llegaban del público, la crítica y los programadores. El secreto de una versión definitiva se lo llevó a la tumba, porque desde su primera función ha sido siempre objeto de multitud de revisiones e interpretaciones, conforme además han ido apareciendo nuevos documentos sobre su proceso creativo. De hecho, hasta finales del pasado siglo el acto de Julieta, además de constituir el segundo y no el tercer acto, tenía un contenido dramático bastante diverso al que hoy mantiene. Podríamos decir, utilizando una terminología moderna, que Los cuentos de Hoffmann es un work in progress, sometido a continuos reajustes y reinterpretaciones. Así la ha presentado Minkowski en una ciudad que ya conoce al haber interpretado aquí su especialidad, la música barroca, junto a su orquesta Les Musiciens du Louvre.
Quien también ha sometido a una profunda reinterpretación la obra es su director escénico
, el muy solicitado artista alemán Johannes Erath, que para la ocasión ha ideado un trabajo extremadamente complejo y sofisticado en el que el escenario se transforma continuamente ante nuestros ojos sin que apenas percibamos el proceso, entre cortinas, proyecciones y telones que hacen que lo mismo sea continuamente diferente, partiendo además de una idea muy original en el que en escena se representa a modo de espejo el propio patio de butacas y balconada del teatro en cuestión, en este caso Les Arts. Y ya que la música y el texto no se pueden cambiar, y que el ideal de mujer que presentan Hoffmann y Offenbach se revela arcaico e inconveniente en nuestro tiempo, con tres facetas de la misma que la presentan fría y sin alma (la muñeca Olimpia), divina y vanidosa (la enfermiza Antonia) y seductora y embaucadora (la cortesana Julieta), quizás vestir al trío protagonista (Hoffmann, Lindorf y sus otras tres personalidades, y la musa y el estudiante Nicklausse) con el color que reivindica a la mujer, el púrpura, así como hacer lo propio con Stella y sus alter egos en ese blanco inmaculado de la inocencia, a medio camino entre una novia y una bailarina, amortigüen esa mirada algo misógina vertida por el poeta y el compositor, para quien el amor ciego nos vuelve aún más ciegos. Lástima que entre tanta ocurrencia y destello de autoría la que termine perdiendo sea la dramaturgia, prácticamente imposible de seguir en esta enmarañada puesta en escena, la mayoría de las veces saturada de conceptos y figurantes, siguiendo fundamentalmente una estética muy parecida a la del cabaret alemán, perceptible sobre todo en la Venecia del tercer acto, y abusando de la conceptualidad como recurso artístico en elementos como la caída de pelotas de ping pong simulando ojos en el primer acto, dedicado a la caprichosa Olimpia. Fue en definitiva una versión que a nivel escénico potenció el carácter de pesadillas, más que el de relatos, que atormenta al protagonista, tanto que fue incluso posible atisbar influencias del Dalí hitchockiano que lució en Recuerda. Un montaje ciertamente en las antípodas de esa legendaria versión cinematográfica de Michael Powell y Emeric Pressburger que la Filmoteca de Valencia tuvo el acierto de programar en versión remasterizada y extendida a solo un par de días de este estreno de la ópera en Les Arts.
Otra cosa es el resultado musical de este montaje, en el que se dan cita nombres muy atribulados y autorizados para llevar a buen puerto una muy satisfactoria versión de la ópera. Las novedades de Minkowski necesitarían una guía muy meticulosa para poder ir desgranándolas una a una, pero digamos que llama mucho la atención que el tercer acto enlace con el epílogo a través de una versión a solo arpa de la popular barcarolla, o que la versión a coro de ésta no aparezca como final de dicho tercer acto sino a mitad del mismo. Por lo demás, la batuta de Minkowski, también muy familiarizado con la música de Offenbach, como demuestra por ejemplo el estupendo registro que grabó junto a Anne Sofie von Otter con arias de sus óperas y operetas, sacó lustre de la magnífica Orquesta de la Comunidad Valenciana, si bien su particular experiencia barroca se dejó entrever en algunos pasajes resueltos con más aspereza de la conveniente, y en general su dirección nos pareció que adoleció de un mayor vuelo lírico.
Pretty Yende
 
En el apartado de voces la cosa no pudo funcionar mejor, con Pretty Yende abordando por primera vez el difícil cometido de dar vida a los cuatro personajes, o más bien tres dada la escasa participación que en este montaje tiene Stella, la diva de la ópera de la que Hoffmann está enamorado. Curtida en papeles de Rossini y Donizetti, con quien maravilló a los sevillanos cuando hace unos años protagonizó La hija del regimiento, a la soprano sudafricana no le fue difícil meterse en las arias de coloratura de Olimpia, especialmente en el agradecido vals profuso en diabólicas escalas, mientras para el resto exhibió una voz potente, de emisión tan natural como llena de brillo y personalidad, fraseo exigente y portentosa agilidad. No se quedó atrás el norteamericano John Osborn, familiarizado con el papel protagonista, a quien presta una voz de hermoso timbre y perfecta articulación, además de buen oficio para definir dramáticamente al atormentado y trágico poeta. También el italiano Alex Esposito convenció en sus cuatro villanos, acertando en cada matiz y exhibiendo una voz de barítono en la frontera con la de bajo capaz de afrontar cada cambio de registro con absoluta naturalidad. Lo mismo podemos decir de la mezzo Paula Murrihy, exquisita en sus aportaciones como Nicklausse, siempre perfectamente entonada y genial a nivel escénico. En esta versión de Erath la madre de Antonia no es solo una voz sino una presencia en la forma de la también mezzosoprano Eva Kroon. El resto, incluido el granadino Moisés Marín como Spalanzani, cumplieron con notable redondeando un reparto de ensueño, al que se unió la profesionalidad del Coro de la Comunidad Valenciana, que supo aprovechar las numerosas oportunidades de lucimiento que brinda este fascinante título del repertorio operístico romántico francés. Siempre merece la pena acercarse a Valencia, pero con una oportunidad como ésta, aún más.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

No hay comentarios:

Publicar un comentario