viernes, 28 de enero de 2022

SOUSTROT EXTRAE FORMAS Y COLORES DE LA ROSS

6º Concierto del Ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Xavier Phillips, violonchelo. Marc Soustrot, director. Programa: Concierto para violonchelo en Si menor Op. 104, de Dvorák; Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy; Suite nº 2 de Dafnis y Cloé, de Ravel. Teatro de la Maestranza, jueves 27 de enero de 2022


Con los gratos recuerdos que guardamos de las anteriores comparecencias del violonchelista francés Xavier Phillips junto a la ROSS, interpretando las Variaciones Rococó de Chaikovski en 2015 y el Concierto nº 2 de Shostakovich en 2018, haciendo alarde de musculatura y fuerza expresiva, este Concierto de Dvorák con el que se presentó anoche y lo vuelve a hacer hoy nos pareció endeble y algo desangelado, como si el solista no hubiera estado inspirado y hubiese perdido hondura. No fue el caso de la batuta, que ofreció una lectura de las partituras henchidas de belleza y voluptuosidad.

Considerado por muchos el mejor concierto para violonchelo del repertorio, y sin duda uno de los más queridos y populares para el instrumento, el de Dvorák es desde luego una obra muy personal y profundamente emotiva. Director y solista entendieron bien este particular, pero mientras el primero dirigió con aplomo y amplio sentido del drama y la estética, Phillips mantuvo una línea de canto homogénea a la que sin embargo faltó robustez y una mayor variedad en la gama dinámica. A veces su sonido, sin duda hermoso y aterciopelado, se perdía entre la majestuosidad de una orquesta que Soustrot se esmeró no obstante en controlar, e incluso sin su intervención, en unos pianissimi que acabaron siendo inaudibles. No quiere esto decir que su interpretación fuese en todo momento decepcionante; logró impregnar el adagio de esa religiosidad que le caracteriza, entre doloroso y piadoso, y en general convenció de su capacidad y virtuosismo, pero faltó cuerpo y una mayor convicción, lo que podríamos confundir con extremada delicadeza. Soustrot acompañó con atención, extrayendo de cada solista, clarinete, trompa, etc., unas prestaciones impecables. No faltó tampoco sentido de la espectacularidad allí donde tocaba, sin ir más lejos en el poderoso estallido final.

Sensualidad francesa

La música francesa ha estado siempre muy presente en la Sinfónica. Sin duda las aportaciones de Soustrot y Plasson, ahora directores titular y honorario de la formación, han dejado mucha huella. La segunda parte del concierto estuvo protagonizada por dos de sus representantes más considerados, Debussy y Ravel. Del primero se ofreció una pieza tan transitada y a la vez agradecida como el Preludio a la siesta de un fauno, que Soustrot desgranó con amplio sentido de la sensualidad, logrando una interpretación muy fluida pero controlada, de tono tan ensoñador como embriagador.

La misma paleta de colores, de tonos pasteles a otros más potentes, se evidenció en la Suite nº 2 de Dafnis y Cloe, de Ravel. Coincide esta suite con la tercera parte del ballet del que se extrae, y en este punto nos preguntamos por qué no se toca nunca la partitura completa, obra maestra indiscutible de su autor y de la música en general, que con sus coros incorporados podría constituir un programa exquisito en próximas temporadas. Soustrot entiende sin duda el carácter de la obra, sus incidencias dramáticas y frecuentes contrastes de humor y atmósfera, sin perder su coherencia interna y fuerza narrativa. La asombrosa claridad con la que dirigió sin partitura, a pesar de la exuberancia orquestal, derivó en una bacanal desenfrenada, sin perder de vista en ningún momento el erotismo que la informa, y que tanto hizo las delicias de Nijinski cuando la estrenó en 1912, la misma figura legendaria de la danza que catapultó a la fama el Preludio a la siesta de un fauno cuando lo coreografió el mismo año, dieciocho después de que la compusiera Debussy.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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