Dirección José Mota Guion José Mota, Fernando Erre, Marta González de Vega y Claro García Fotografía Kiko de la Rica Música Alicia Morote Intérpretes José Mota, Karra Elejalde, Pablo Cabello, Olivia Molina, Diego Anido, Mila Borrás, Luciano Scarpa, Eugenio Barona, Aimar Vega, Rubén Faura Estreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2026; en salas 22 octubre 2022
Aunque más conocido por su faceta de humorista televisivo, José Mota no sólo ha coqueteado con el cine, ya desde sus comienzos con Cruz y Raya, sino que ha participado en un sinfín de películas, llegando incluso a protagonizar algunas de ellas. La chispa de la vida de Álex de la Iglesia y Abracadabra de Pablo Berger se cuentan entre sus trabajos más reconocidos. Ahora da el salto a la dirección, llevando a la pantalla un guion escrito por él junto a otros, como la habitual colaboradora de las comedias blancas de Santiago Segura, Marta González de Vega, que se reserva un pequeño papel en la cinta. No puede evitar dejarse llevar por la emoción y el sentimiento, mezclando en su ópera prima cuestiones que nos reportan a películas como La vida es bella o Cinema Paradiso, no en vano se trata de una coproducción con Italia.
Su bienintencionada película echa mano de algunas buenas ideas, como el encuentro entre el hombre y el niño que fue, que le da cierto aire fantástico, o el uso de ese italiano inventado que da, entre otras cosas, pie al momento más divertido de la cinta. Pero por el camino, Mota se muestra excesivamente sensiblero, diríamos hasta ñoño, y no encuentra el equilibrio justo entre drama y comedia que parece exigir su empresa, lo que se traslada también a una definición muy poco estimulante de su propio personaje, con el que resulta difícil empatizar y cuyos giros emocionales resultan faltos de sinceridad y naturalidad.
Así, gran parte de la película resulta demasiado impostada, mientras el conjunto expide un tufillo a rancio que no le beneficia nada. Las buenas intenciones están ahí, pero no funcionan. Combatir el fascismo y la guerra, que hoy está tan de actualidad y tanto nos preocupa, no se consigue con el humor si no se tiene el talento y el genio suficientes de un Wilder, un Lubitsch, un Chaplin o incluso un Saura, que no fue muy propicio para la comedia y sin embargo convenció con ¡Ay, Carmela!. Una fotografía preciosista, una puesta en escena esmerada y una música engolada y enfática no consiguen remontar un resultado que se queda muy lejos de sus intenciones, por buenas que éstas sean.

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