viernes, 8 de noviembre de 2024

TURANDOT, EL PODER TRANSFORMADOR DEL AMOR

Turandot. Música de Giacomo Puccini. Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni. Gianluca Marcianó, dirección musical. Emilio López, dirección escénica sobre la original de Sonja Frisell. Jean Pierre Ponnelle, escenografía y vestuario. Juan Manuel Guerra, iluminación sobre diseño original de Joan Sullivan. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Con Oksana Dyka, Jorge de León, Miren Urbieta-Vega, Maxim Kuzim Karavaev, Pablo Ruiz, Manuel de Diego, Jorge Franco, Josep Fadó y César San Martín. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, director). Escolanía de Los Palacios. Banda interna del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Producción del Teatro de la Maestranza. Teatro de la Maestranza, jueves 7 de noviembre de 2024


La última y más espectacular ópera de Giacomo Puccini quedó inacabada, y con ello la posibilidad de que su autor resolviera de forma convincente esa difícil transformación que sufre su protagonista, de princesa cruel y despiadada a mujer convencida del poder transformador del amor. A Franco Alfano, quien completó la ópera, se le achacó no saber resolver este difícil enigma y ofrecer un tercer acto algo desajustado y pueril respecto al resto, algo que no compartimos, considerando su decisión, siempre acorde a los designios de su principal y malogrado artífice, consecuente con la nueva gramática que, sin salirse de lo tonal y post romántico, encabezó Strauss con sus Salomé y Elektra.

Oksana Dyka
Culminando su homenaje al compositor en el ciento aniversario de su muerte, y tras el sensacional recital que nos dejaron hace una semana Sondra Radvanovsky y Piotr Beczala, el Maestranza levantó anoche el telón para deslumbraros por tercera vez con la misma producción con la que lo hizo en 1998 y 2010, la que diseñó Sonja Frisell a partir de los decorados y figurines creados por Jean Pierre Ponelle para el Teatro de La Fenice en 1987, y que nuestro coliseo hizo suya tras la adquisición de los derechos pertinentes. Pero esta vez llegaba con más luz y las intervenciones del valenciano Emilio López. Su condición de videoartista influyó considerablemente en sus decisiones visuales, aderezadas con un movimiento escénico esmerado y eficaz en lo estrictamente teatral.

Con estas premisas, y un decorado muy ingenioso que da juego a sus tres actos simplemente confiando en un mecanismo rotatorio, notablemente ornamentado con preciosas proyecciones que dan al todo un aspecto mágico, ayer pudimos una vez más congratularnos con esta puesta en escena y gozar de la ópera tanto musical como dramáticamente. Había que convencer de ese poder transformador y los intérpretes lo hicieron con unas actuaciones en lo vocal y lo estrictamente teatral, ejemplares al menos en un alto porcentaje, con los matices y las inflexiones dramáticas precisas para convencernos de su en principio disparatado argumento, inspirado en leyendas ancestrales que Carlo Gozzi convirtió en pieza teatral en la Italia del siglo XVIII.

Dignos de una bellísima partitura

Hoy podemos considerar la insistencia de Calaf como el comportamiento de un acosador, mientras la sed de venganza de Turandot podría estimarse como un feminismo llevado a las últimas consecuencias. Extremismos nunca aconsejables que tanto afectan a la multitud, y así aparece también en esta obra inmortal, con un popolo di Pekino prácticamente omnipresente que da al coro la posibilidad de lucirse a fondo, demostrando el excelso nivel que atesora, combinado con la siempre brillante intervención de las voces blancas de la Escolanía de los Palacios, y el trabajo sensacional de la Sinfónica, de nuevo en las manos especializadas del maestro Gianluca Marcianó, de cuya Tosca, tan felizmente controvertida en lo escénico, dio buena muestra hace dos temporadas.

Miren Urbieta-Vega y Jorge de León
La suya fue una dirección muy atenta a la escena, capaz de transmitir toda la fuerza arrolladora de la partitura, a la vez que mostrarse comedida y sensual en los pasajes más íntimos, a todo lo cual respondió la orquesta con su calidad habitual, demostrando ser esa joya que tanto mimo y cariño merece.

Sin menospreciar el talento que sin duda le ha abierto tantas puertas, la Turandot de la soprano ucraniana Oksana Dyka no estuvo sin embargo a la altura. Su voz no es esencialmente dramática, como requiere el papel. De hecho fue el único pilar que tambaleó en este suntuoso espectáculo. Su voz estridente se nos antojó directamente chillona, anclada en el agudo permanente, sin color ni matiz alguno. Empeñada en el aspecto cruel y despiadado del personaje, entonó un In questa reggia sin atisbo de emoción ni sentimiento, nada voluptuoso. Y así el resto de su actuación, que en lo estrictamente actoral se saldó con una gestualidad que a menudo rozó lo cómico.

Jorge de León destacó como Calaf, poniendo toda la carne en el asador, tanto en lo actoral como en lo musical, con agudos refulgentes, un control absoluto del instrumento, sintiéndose cómodo y fluyendo en todo su recorrido emocional. Intenso y heroico en todo momento, logró sin embargo que el habitual monocorde personaje alcanzara cotas emocionales sorprendentes. Convenció en Non piangere, Liú, aunque no resultó suficientemente poético ni consolador. Pero firmó un Nessun dorma sobresaliente, sin intención de epatar, con limpieza, respeto y seguridad.

Pero quien mereció las más encendidas ovaciones fue la soprano donostiarra Miren Urbieta-Vega, entregada en cuerpo y alma a su desgraciada Liú. Acometió Signore ascolta con más vehemencia de lo habitual, sacrificando dulzura y emotividad para centrarse en el ruego enérgico, dando así una dimensión diferente al personaje. En el tercer acto, incluyendo un Tu che di gel doloroso y conmovedor, hizo gala de una riqueza de matices, una claridad y una proyección extraordinarias.

Del trío de ministros, destacamos la intervención seria y con autoridad del barítono Pablo Ruiz, bien arropado aunque con menor cuerpo y un registro más humilde, de los tenores Manuel de Diego y Jorge Franco. Sus personajes tienen tanto peso y carga que bien merecerían voces alternativas en el segundo reparto. Muy bien el movimiento escénico de sus podríamos decir sombras, con acrobacias y agilidades muy entretenidas. Magnífico y profundo en sus breves intervenciones el bajo ruso Maxim Kuzmin Karavaev, y buen nivel también desplegado por el resto del elenco.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de noviembre de 2024

CELEBRANDO A DOS GRANDES MÚSICOS: QUINCY JONES Y JOHN WILLIAMS

Ahora que hace apenas cuatro días falleció Quincy Jones y que se acaba de estrenar un documental sobre John Williams, aprovechamos la ocasión para revisar estos dos trabajos y dedicarles unas palabras a estos dos grandes músicos de los últimos cien años.

El documental de Jones se estrenó hace seis años, el 21 de septiembre de 2028 en Netlifx y está dirigido por su hija Rashida, a quien hemos visto como actriz en películas como La red social de David Fincher y On the Rocks de Sofia Coppola, en colaboración con el joven cineasta australiano Alan Hicks. Siendo el trabajo de una de sus seis hijas, concebida junto a la actriz Peggy Lipton, a quien recordamos por interpretar a la hermosa y madura propietaria de la cafetería de Twin Peaks, no podía ser sino una semblanza laudatoria y épica de su padre en relación a su flamante y reconocido trabajo. No pierde sin embargo la oportunidad de reflejar su escasa dedicación a la familia, lo que le reportó varios fracasos sentimentales, entre ellos el de la actriz referida, y un sinfín de complicaciones de salud, sobre todo debido al estrés provocado por su incesante vida laboral y sus infinitos compromisos profesionales. De hecho, el documental está rodado durante los días previos al concierto de inauguración del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, también conocido como Smithsonian.

Afortunadamente para él, Jones nos dejó antes de vivir la infamia que supone empujar de nuevo hacia la Casa Blanca a un mafioso como Donald Trump, incurso además en varias causas penales. Una auténtica amenaza para su país y el mundo entero, y un verdadero retroceso en los derechos civiles de los que el músico fue siempre un abanderado y ferviente luchador a través de su música y su carrera como director de orquesta, arreglista e insigne productor responsable de los éxitos de Michael Jackson y de aquel We Are the World que tanto hizo por visibilizar la hambruna africana.

Siempre con sus raíces como inspiración, Jones supo adaptarse también al genuino gusto norteamericano, a través de sus colaboraciones con Sinatra y sus bandas sonoras al más puro estilo de autores blancos como Burt Bacharach, que también nos dejó recientemente, Neal Hefti, Johnny Mandel, casualmente un joven Johnny Williams y sobre todo, Henry Mancini. Su mérito fue ser el único negro entre tantos, y a él le debemos algunas joyas como El prestamista o Llamada para el muerto, ambas de Sidney Lumet, A sangre fría, En el calor de la noche o Un hombre para Ivy. Su último trabajo cinematográfico le convirtió también en productor y descubridor de otra leyenda mediática afroamericana, Oprah Winfrey. Se trata de El color púrpura, cuyo tema principal le reportó algún que otro quebradero de cabeza por su parecido más que razonable con el que Georges Delerue compuso más de una década antes para la película de Jack Clayton A las nueve de cada noche, un episodio que no se narra en este trabajo.

El documental de Rashida Jones y Alan Hicks repasa alternativamente la biografía del legendario músico narrada por él mismo y su imponente grave voz, mientras lo acompaña en esos días previos al acontecimiento y después de superar un coma debido a un derrame cerebral. El estrés y el alcohol lo llevaron a varios episodios sanitarios desde mediados de la década de los setenta, lo que evidencia que su hija intenta ser sincera en este cálido homenaje. Llama la atención cómo este entonces octogenario se relaciona con el inevitable fin que ha encontrado seis años después, recordando a tantos y tantos que formaron parte de su vida, como Lionel Hampton, Frank Sinatra, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan o el propio Michael Jackson, mientras sigue en estrecha colaboración con otros de los grandes, como Stevie Wonder. Infinitas son las estrellas que circulan frente a la cámara y los recuerdos en todo tipo de formatos y siempre muy generosos de Rashida, en lo que es un completo y exhaustivo análisis de una figura legendaria e irrepetible.

Por su parte, el trabajo de Laurent Bouzereau sobre John Williams, todavía en activo pero naturalmente víctima de intermitentes caídas de salud, como demuestra la reciente cancelación de nuevos conciertos en Viena, resulta más convencional y académico. Se reduce a ilustrar la vida y el trabajo del insigne compositor de bandas sonoras, el más grande de cuantos quedan vivos, quizás extensible también a sus trabajos estrictamente de concierto, bajo un prisma de ferviente admirador, y dirigido a otros y otras tantas que durante mucho han comulgado con su fascinante música.

Bouzereau se ha especializado en documentales que acompañan la edición en DVD de películas legendarias, especialmente las firmadas por Alfred Hitchcock. Con un formato parecido al de estos trabajos alimenticios, aborda la figura de John Williams, repasando de forma más o menos esquemática su vida, desde su infancia en el seno de una familia creativa musicalmente, su formación académica y sus primeros pasos gracias a su alistamiento en el ejército. Precisamente ahí, destinado en San Juan de Terranova, dio sus primeros pasos como compositor, una de las escasas revelaciones del documental. Después vendrían sus colaboraciones con otros compositores, como Elmer Bernstein o Henry Mancini, y sus primeros trabajos bajo el nombre de Johnny Williams. Un período por el que el documental pasa prácticamente de puntillas, mientas apoyándose narrativamente en un encuentro con su gran amigo y colaborador, Steven Spielberg, repasa aquellos trabajos que son más conocidos y admirados por sus legiones de fans, como Tiburón, Encuentros en la tercera fase, la saga de Indiana Jones y, por supuesto, La guerra de las galaxias.

Por la pantalla desfila el tradicional conjunto de testimonios de amistades, especialistas y compañeros, como Itzhak Perlman, Gustavo Dudamel, Thomas y David Newman, Alan Silvestri, Kate Capshaw, Yo-Yo Ma, Anne-Sophie Mutter, y por supuesto George Lucas y Steven Spielberg, en lo que acaba siendo una mera semblanza del homenajeado, hecha con cariño y consideración, pero haciendo acopio de datos que son bien conocidos de quienes más interés podemos tener en el film. No obstante, hay espacio también para conocer algunas curiosidades, como esos principios en Terranova, o el hecho de que uno de sus hijos sea el cantante del grupo Toto. El estreno de este aseado y esmerado documental tuvo lugar en Disney+ el pasado viernes 1 de noviembre.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

RAFFAELE PE Y LA LIRA DI ORFEO RINDEN TRIBUTO A MONTEVERDI

La Lira di Orfeo: Raffaele Pe, contratenor y director; Elisa Citterio, violín; Rodney Prada, viola da gamba; Nicolò Pellizzari, clave. Programa: Si dolce è il tormento, selección de L’incoronazzione di Poppea, Orfeo y Selva morale e spirituale, de Monteverdi; Sonata quarta per sonar a due corde, de Biagio Marini; Sonata seconda a soprano solo, de Dario Castello. Espacio Turina, martes 5 de noviembre de 2024


Vaya por delante nuestra enhorabuena al equipo gestor del Espacio Turina por haber salvado los muebles y mantener esta temporada un calendario tan brillante como el que nos ofrecieron la pasada. En ese contexto brilló especialmente anoche la contribución del conjunto especializado en música antigua La Lira di Orfeo, comandado por su fundador y principal artífice, el contratenor italiano Raffaele Pe. Circunscrito en esa moda imperante que recupera el repertorio escrito para este particular registro, y que lo adapta también a composiciones modernas, la de Pe es una voz preciosa, potente y de generosa proyección, que no pierde nunca su brillo, penetra en el oyente y logra mantener un estilo y registro homogéneos y perfectamente controlados. En su primera comparecencia sevillana, demostró además una simpatía radiante.

Sin embargo no empezamos a apreciar estas notables características en su primera aportación al recital, un Si dolce è il tormento de Monteverdi que encontramos demasiado afectado y profusamente ornamentado, algo fuera de estilo, como si se tratara de una balada rock, por mucho que más adelante el contratenor se refiriera a una de las piezas instrumentales programadas como autentico rock ‘n roll. Curiosamente, cuando volvió a entonar el famoso madrigal como primer bis, dejó atrás tanto ornamento y filigrana y se centró en transmitir un sentimiento más sincero y comedido, convenciéndonos de su magisterio. Esta primera impresión quedó desterrada cuando atacó Eppur io torno de L’incoronazzione di Poppea, donde debe pasar rápidamente del fulgor amoroso a la decepción y desesperación vehemente de la traición, lográndolo con sobresaliente factura y una emisión siempre natural, sin impostación alguna. Y más tarde, cuando adoptó una estética mística en Salve, Regina de la colección Selva morale e spirituale. Pero volvió a resultarnos estridente en un Laudate Domimun que abordó de forma agitada y algo descolocada desde el punto de vista expresivo, la voz siempre bien entonada y con matices bien contrastados, dando rienda suelta a su tendencia dancística. Sería su segundo bis.


Con Orfeo de Monteverdi, el conjunto desarrolló una especie de síntesis en el que a la chacona introductoria siguió la retahíla de atributos con el que el personaje expresa su devoción hacia su amada Eurídice (Rosa dal ciel), para terminar con el Lamento de Orfeo (Vi ricorda o boschi ombrosi), que el propio Pe definió como auténtica danza. En la misma línea desfilaron las dos últimas piezas del recital, una hermosa nana (Oblivion soave) más próxima al registro de tenor, también dominado, que cantó con solemnidad y delectación, y Voglio di vita uscir en el que dio una vez más rienda suelta a su proverbial capacidad para ornamentar con sentido y buen gusto. Todo ello acompañado por una versión reducida de su conjunto, perfecto abrigo expresivo y emocional para su cálido y hermoso canto. Destacó especialmente la violinista Elisa Citterio, que no nos causó tan buena impresión cuando en mayo tocó los Conciertos de Brandeburgo junto a Bernardini y la Orquesta Zéfiro. Esta vez sin embargo encontramos en su sonido toda la belleza arrebatadora que demandaban las dos sonatas algo arcaicas que interpretó, una de Biagio Marini y la otra de Dario Castello, un primer barroco en el que proliferaron la fantasía y la imaginación, así como el toque ágil y desenfadado de la violinista, arropada por la digitación perfectamente controlada de Nicolò Pellizzari al clave y la intensidad de Rodney Prada a la viola da gamba.

Fotos: Luis Ollero

lunes, 4 de noviembre de 2024

ANORA El Uno, dos, tres de los nuevos tiempos

USA 2024 138 min.
Guion y dirección
Sean Baker Fotografía Drew Daniels Música Matthew Hearon-Smith Intérpretes Mikey Madison, Mark Eydelshteyn, Yuriy Borisov, Karren Karagulian, Vache Tovmasyan, Ivy Wolk, Lindsey Normington, Darya Ekamasova, Aleksey Serebryakov Estreno en el Festival de Cannes 21 mayo 2024; en Estados Unidos 18 octubre 2024; en España 31 octubre 2024

Después de varios títulos más o menos marginales, The Florida Project y Red Rocket entre ellos, para Sean Baker la Palma de Oro conseguida en Cannes con ésta su nueva película puede catapultarle definitivamente al estrellato y hacer esperar de él nuevas satisfacciones en un futuro inmediato. Anora nos sugiere, sin embargo, una puesta al día de un clásico de la comedia norteamericana de los primeros sesenta del siglo pasado, Uno, dos, tres de Billy Wilder. Baker retrata aquí la nueva oligarquía mafiosa y macarra rusa como Wilder hacía con el oportunista y decepcionante comunismo que se proclamaba en los albores de la Guerra Fría. Ha sustituido al director en Berlín de la Coca-Cola por un representante armenio de una rica familia rusa en Nueva York, y a la joven y alocada hija del empresario del refresco por el joven y alocado hijo del oligarca, aunque el signo de los tiempos obligue a que sea la madre quien lleve las riendas de los negocios y los entresijos de la familia. El idealista comunista que se deja vender por el lujo y la nobleza se encuentra ahora personificado por la stripper que sueña con progresar en sociedad cual Cenicienta no tan ingenua y con mucho carácter.

Baker pone el ritmo trepidante que se erigía en principal demostración de estilo en el mítico título de Wilder, añadiendo más rock ‘n roll a una aventura que se ambienta entre clubs nocturnos al ritmo de tecno, antros de prostitución y suntuosas mansiones de dudoso gusto. Es el signo de los tiempos, el de los grandes y desprejuiciados empresarios rusos que apoyan al sanguinario Putin, las y los jóvenes que buscan su futuro en el camino fácil y el uso de sus cuerpos, como tantos y tantas hacen en programas televisivos de fama rápida y efímera, y los secuaces al servicio del poderoso que se desviven por corregir lo que resulta incómodo e inconveniente, como esos tres emisarios soviéticos enviados para averiguar la fórmula del refresco, aquí gángsters de poca monta dispuestos a resolver el problema del armenio antes de que aterricen sus amos.

El ritmo frenético viene aderezado por un sinfín de insultos y palabras malsonantes, escenas subidas de tono y las entregadísimas interpretaciones de su elenco protagonista. Mikey Madison pone literalmente toda la carne en el asador. La vimos episódicamente en Érase una vez en Hollywood, como secundaria en el reboot de Scream y fue protagonista de la inédita entre nosotros All Souls. El ruso de nacimiento Mark Eydelshteyn borda su papel de niñato caprichoso, egoísta y de imposible acento, mientras Yuriy Borisov, protagonista de Compartimento nº 6, pone la nota sentimental con ojitos tiernos, y Karren Karagulian personifica la mejor tradición del secundario cómico artesano y profesional, tan habitual en el cine estadounidense clásico.

JURADO Nº 2 Una cuestión de dignidad

Título original: Juror #2
USA 2024 117 min.
Dirección
Clint Eastwood Guion Jonathan A. Abrams Fotografía Yves Bélanger Música Mark Mancina Intérpretes Nicholas Hoult, Toni Collette, J.K. Simmons, Kiefer Sutherland, Chris Messina, Zoey Deutch, Cedric Yarbrough, Gabriel Basso, Leslie Bibb, Adrienne C. Moore, Drew Scheid, Hedy Nasser, Amy Aquino, Chikako Fukuyama, Francesca Eastwood Estreno en España 31 octubre 2024; en Estados Unidos 1 noviembre 2024

Cada nueva película de Clint Eastwood es un regalo para quienes amamos el cine clásico, de hechuras tradicionales y narrativa clara y precisa. Parece que ésta sea la forma elegida por el veterano director para seguir en contacto con los y las más jóvenes, con un pie en la tierra, realista y consecuente con lo que le rodea. De hecho, en Jurado nº 2 dirige el guion de un novel, Jonathan A. Abrams, que sobre el papel podría parecer poco creíble o demasiado confiado a la casualidad, pero que en las manos expertas de Eastwood se convierte en un apasionante thriller cargado de tensión e intriga, sin menospreciar un libreto en el que abundan buenos diálogos y una más que certera caracterización de personajes.

Como si de una revisión del clásico de Lumet Doce hombres sin piedad se tratara, también aquí su protagonista, un Nicholas Hoult tan alto y elegante como Henry Fonda, se apoya en la duda razonable para convencer al resto de sus compañeros y compañeras de la necesidad de no dejarse llevar por las prisas o las conveniencias y reflexionar sobre la oportunidad o no de condenar un reo a cadena perpetua. Juega aquí un factor tan delicado y tan de actualidad como la violencia doméstica, si bien Eastwood parece más interesado en poner en solfa el sistema judicial norteamericano, y quién sabe si del resto del mundo. Destaca en este sentido el personaje de Toni Collette, una fiscal con ambiciones a quien el sentido de la dignidad le llevará a ser sincera consigo misma y la comunidad, todo un ejemplo de ética y moralidad de esos que abundan en el cine del director de Million Dollar Baby. No tiene escapatoria el protagonista, que se decanta por una tercera vía para resolver su problema y el de la persona a la que están juzgando, ambos quizás víctimas de un sistema más ensimismado en la ley escrita, la jurisprudencia y el derecho consuetudinario que en el sentido común en su acepción más estricta.

Todo esto lo conjuga el incombustible Eastwood con su habitual maestría, con la humildad necesaria para no caer en el adoctrinamiento ni la sentencia fácil, y con la habilidad que le proporcionan tantos años delante y detrás de las cámaras. Todo lo cual hace que en su estilo nada falte ni sobre, el trabajo de protagonistas y secundarios, y vaya si aquí los hay, sea preciso y contundente, y todo lo demás contribuya desde la sobriedad y la depuración a lograr otro film ejemplar de un director que ya no necesita demostrar nada, sólo seguir en la profesión como mero vehículo para sentirse vivo y hacérnoslo sentir a nosotros y nosotras.

sábado, 2 de noviembre de 2024

SALVE MARÍA Terror maternal

España 2024 111 min.
Dirección
Mar Coll Guion Mar Coll y Valentina Viso, según la novela “Las madres no” de Katixa Agirre Fotografía Nilo Mur Música Zeltia Montes Intérpretes Laura Weissmahr, Oriol Pla, Giannina Frutero, Magali Heu Estreno en el Festival de Locarno 8 agosto 2024; en salas 31 octubre 2024

Una de las muchas cosas que el feminismo lucha por cambiar justa y merecidamente es el tan cacareado concepto que se tiene del instinto maternal, algo que siempre se ha considerado como consustancial a nuestra propia naturaleza en lo que no ha sido sino otra artimaña más del poder para controlar y tenerlo todo perfectamente sistematizado y ordenado en favor de ciertos intereses. Sin discutir la verdad que detrás de todo esto pueda subyacer, y que tantas veces queda demostrado en estudios y ensayos con animales, no cabe duda de que tampoco se trata de una regla general e inatacable, que cualquiera que no comulgue con ella, y perdonen por el uso de otro término heredado del adocenamiento católico, debe ser automáticamente considerado o considerada marginal y extraño, por ser suaves. Cada vez son más las voces que se alzan contra el sistemático convencimiento de que niños y niñas son asuntos de sus madres. Leyes y costumbres se van haciendo eco de esta reivindicación, mientras productos como éste hacen todavía más hincapié en la materia.

Mar Coll, que alcanzó cierto reconocimiento con su ópera prima Tres días con la familia, que perpetuó con Todos queremos lo mejor para ella y la miniserie Matar al padre, consigue con esta adaptación de la intrigante y absorbente novela de Katixa Agirre, su mejor y más fascinante película. Es verdad que la excelente y perturbadora música de Zeltia Montes contribuye sobremanera a otorgar al conjunto el aire de thriller, casi de película de terror, que la película acuña. Pero también lo es que al éxito de la empresa contribuye la presencia de su intrigante protagonista, una Laura Weissmahr que tras varios papeles secundarios esperamos por fin logre la carrera protagónica que merece, y que justamente se le ha reconocido con el premio a la mejor actriz conseguido en Valladolid.

Por eso y mucho más, Salve María se convierte en una de las cintas más estimulantes de la actual cartelera, un recorrido sensual y psicológico por la mente de una madre no preparada para serlo, muy a su pesar posiblemente, y que sufre la particular infancia de su bebé, que no es precisamente el camino de rosas que tanto se nos anuncia para perpetuar ese ejercicio autoconsciente de egoísmo y absoluto narcisismo en el que hemos convertido la aventura de ser padres, tras siglos considerándolo una consecuencia y condición natural de supervivencia. Como curiosidad, comprobar la habilidad de Nilo Mur, actor en películas como la entrañable Héctor de Gracia Querejeta, reconvertido en eficaz director de fotografía.

ESCAPE Alma libre

España 2024 129 min.
Dirección
Rodrigo Cortés Guion Rodrigo Cortés y Enrique Rubio Fotografía Rafa García Música Víctor Reyes Intérpretes Mario Casas, Anna Castillo, Guillermo Toledo, Josep Maria Pou, Blanca Portillo, José Sacristán, José García, David Lorente, Juanjo Puigcorbé, Zulema Santana, Albert Pla Estreno en el Festival de San Sebastián 27 septiembre 2024; en salas 31 octubre 2024

Rodrigo Cortés no se ha conformado nunca con hacer un cine convencional. Ha buscado siempre rizar el rizo y atreverse con el más difícil todavía, ya desde sus inicios con Concursante, especialmente después con la desasosegante Enterrado, la más sofisticada Luces rojas, y sobre todo con su mejor película hasta la fecha, El amor en su lugar, donde la combinación de romanticismo, holocausto, aventura y teatro musical se producía de forma refrescante y natural. En Escape ha contado con la inestimable producción de Martin Scorsese, quien parece estar absolutamente conforme con el resultado final. Quizás sea por su vocación eminentemente desquiciada y surrealista, que lleva a su atormentado protagonista a buscar como única vía de escape a una existencia para él del todo inútil y desesperanzada, el ingreso en la cárcel y su disposición absoluta a quien lo desee, como única forma de abrazar una vida completamente pasiva, libre de cualquier tipo de decisión y responsabilidad.

Cortés echa mano para tan surrealista propuesta de un lenguaje visual y literario tan sofisticado como el de sus anteriores producciones, una puesta en escena precisa y un elenco en el que más de un actor y actriz se pierde de manera inmisericorde. Aun así se puede disfrutar de una primera hora en la que se hacen las presentaciones oportunas y se allana el espacio para lo que habrá de venir, que en su segunda hora se convierte en una aventura tan decepcionante como intrascendente, perdiendo prácticamente todo el interés que pudiera haber cosechado en sus preliminares. Todo esto distribuido en tantos capítulos como enanitos en versión Disney acompañaban a la sosa Blancanieves, algo que merecería un análisis más concienzudo, trazando en su camino un supuesto análisis sobre la inutilidad de nuestra existencia, la cantidad de emociones y responsabilidades que nos echamos sobre nuestras espaldas, y el mundo tan a menudo irracional en el que nos movemos. Demasiada ambición, que como ya sabemos suele derivar en pretenciosidad y decepción.

Mario Casas se empeña una vez más en demostrar que es un actor todo terreno, capaz de afrontar las misiones más extremas, cayendo a menudo en la sobreactuación pero convenciendo en líneas generales con un exhaustivo y exhausto trabajo físico, mientras Anna Castillo se lo toma con más alegría y desenfado y el resto del reparto cumple sin más, aunque no por ello podemos dejar de destacar el divertido trabajo de José Sacristán, convenciendo de que a su edad todavía puede interpretar a un profesional en activo, genio y figura en toda regla. Mención especial al meritorio trabajo de Víctor Reyes, después del ingente trabajo de recuperación estilística que hizo para adaptar su música al texto de la anterior película de Cortés, y que aquí opta por un lenguaje minimalista encabezado por una arrebatada alteración del Así habló Zaratustra de Strauss.