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martes, 20 de diciembre de 2022

BELLÍSIMO RECITAL DE DELPHINE MÉGRET Y MARTÍNEZ-PIERRET

Rasgando el silencio: Ciclo de mujeres compositoras. L’heure rose. Concierto de Navidad. Delphine Mégret, soprano; Carmen Martínez-Pierret, piano; Alejandro Bustamante, violín; Israel Fausto, violonchelo. Programa: Canciones de Elfrida Andrée, Amy Beach, Lili Boulanger, Nadia Boulanger, Cécile Chaminade, Augusta Holmès, Liza Lehmann, Alma Mahler, Mana-Zucca, Fanny Mendelssohn, Clara Schumann, Pauline Viardot, Madeline Dring, Carrie Jacobs-Bond, Poldowski, Mathilde von Rothschild y Dana Suesse. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, lunes 19 de diciembre de 2022


Coincidió este recital con la presencia en cartelera y en las nominaciones a los premios que tradicionalmente concede el cine a los mejores trabajos del año, de la película María Lejárraga. A las mujeres de España. En ella la directora sevillana Laura Hojman, autora de Antonio Machado. Los días azules y del audiovisual que acompañó al reciente concierto conmemorativo de la Exposición Iberoamericana del 29, glosa la vida y obra de una de las mejores escritoras del pasado siglo de nuestro país, ensordecida por el machismo imperante, lo que le obligó a firmar sus trabajos, entre los que se encuentran éxitos como el libreto de El amor brujo y la obra de teatro varias veces llevada al cine Canción de cuna, con el nombre de su esposo, Gregorio Martínez Sierra. Hoy todos sus trabajos se le han justamente atribuidos, pero hasta hace muy poco seguía siendo Segura su autor reconocido. Se trata de un lastre que la humanidad ha arrastrado desde tiempos inmemoriales, y que merecería un arduo trabajo de investigación para deshacer todos los entuertos e injusticias urdidas desde antaño, desde la misma Grecia Clásica. Hojman echa mano de la contención, el detalle y la elegancia para narrar a través de los testimonios de intelectuales como Rosa Montero, Vanessa Montfort o Manuela Carmena, las entrañables imágenes de archivo, el delicado trabajo de interpretación de Cristina Domínguez y la voz narradora de Kity Manver, no solo la vida de esta ilustre trabajadora de las letras y la política, sino de paso lamentar cómo la dictadura cercenó todas las ilusiones que millones de mujeres españolas habían depositado en el gobierno progresista con el que empezaban a disfrutar de derechos que durante tanto tiempo se les habían negado.


En esa misma línea de elegancia y contención se desarrolló también este imprescindible recital programado y estructurado por la entusiasta e incombustible Carmen Martínez-Pierret, el mejor hasta la fecha que hemos disfrutado en este ciclo dedicado a recuperar la memoria de tantas y tantas compositoras a la sombra de sus esposos y de una sociedad terriblemente machista cuya huella tanto nos está costando borrar, ni tan siquiera menguar. Nada más y nada menos que diecisiete mujeres protagonizaron este impecable y primoroso trabajo para el que contó con otra mujer incombustible, la soprano Delphine Mégret, capaz de enfrentarse sin solución de continuidad a las de más de veinte canciones programadas. Y eso que al principio pudimos apreciar cierta incomodidad en la colocación de su voz, lo que hizo que la pieza que daba título a la empresa, L’heure rose, una exquisita canción de amor de Augusta Holmes, que también solía firmar con seudónimo masculino, y Les papillons de Mathilde von Rothschild, sonaran destempladas, inseguras y con dificultades para llegar al extremo grave de su registro. Pero debió tratarse de falta de calentamiento, porque en el resto del recital Mégret dio muestras de controlar perfectamente su instrumento, de timbre cálido y aterciopelado y fraseo maleable. A partir de ahí se enfrentó con ahínco y capacidad resolutivo a páginas bien dispares, empezando por dos canciones de muy distinta índole de Cécile Chaminade, con las que pasó de un alto vuelo (Auprés de ma vie) a un complejo trabalenguas (Sombrero), una sentida canción de Elfrida Andrée, quien acuñó el término elevación de la mujer, acompañada en esta ocasión no solo por Martínez-Pierret sino también por el violinista Alejandro Bustamante, que añadió sentimiento y pasión a la pieza y volvería a colaborar en el conocido standard americano I Love You Truly, obra de Carrie Jacobs-Bond con un inconfundible aroma de musical.

Una miniatura de Alma Mahler, la menos prolífica y sin embargo más programada de las compositoras convocadas, dio paso a una nostálgica Clara Schumann, siempre defendidas por Mégret en perfecto estilo y con el feliz acompañamiento del piano, entregado y voluptuoso, siempre en línea con el canto, respetándolo y arropándolo en perfecta sintonía. Tras la última obra compuesta por una debilitada Fanny Mendelssohn, atendiendo a la exquisitez de su propuesta, Mégret siguió dando muestras de buen canto, aplomo y dulzura según tocase, con una divertida canción de la inglesa Madeline Dring, asidua del teatro, la radio y la televisión, cuyo lenguaje eminentemente cabaretero se adornó con un pequeño atrezzo, una taza de té envenenada. Quizás una de las piezas más conmovedoras y evocadoras de la noche fue la propuesta por Rebecca Clarke según textos de Yeats, Down by the Salley Gardens, de aroma rústico y evocador, tan emotiva como Evensong, un homenaje de Liza Lehmann a nuestros seres queridos y desaparecidos. Tras ello Israel Fausto se unió al dúo con su violonchelo para una Chanson d’amour de Amy Beach de tintes sensuales y carnales, con alguna salida de tono dentro de la complicidad lograda. Algo impetuosa y atropellada resultó la pieza basada en textos de Verlaine de Poldowski, compositora y pianista británica de origen polaco que adoptó este seudónimo por conveniencia a la clase aristocrática a la que pertenecía su marido; sin embargo Les étoiles de Pauline Viardot se saldó con gracia y desenfado.

En el bloque final Mégret y Martínez-Pierret se amoldaron con total soltura y perfecto estilo al musical genuinamente americano, dejando claro que algunas de las compositoras del momento podían parangonarse con los más reputados del género, como Gershwin, Berlin o Kern, como así lo demostraron Dana Suesse, Mana-Zucca y la ya citada Jacobs-Bond. Lo curioso es que muchas gozaron en su momento de cierta popularidad, a menudo interrumpida por sus matrimonios y el cuidado de su familia; pero la mayoría hoy han pasado al olvido y por eso es importante que alguien las rescate, como hacen Pierret e Israel, promotores de este ciclo, con acompañamientos tan exquisitos como el de esta ocasión, la soprano Delphine Mégret, que además contó para la ocasión con un espectacular atuendo y una pequeña escenografía que potenció aún más su adecuada expresividad, fundamental para una buena interpretación de lieder y canciones. Para terminar, como propina los cuatro reivindicaron con aires algo porteños ese Bésame mucho que la mexicana Consuelo Velázquez compuso hace exactamente noventa años.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 14 de enero de 2025

UN RECITAL LÍRICO PARA CERRAR LA RUTA TURINA

Ruta Turina. Aurora Galán, soprano; Javier Molina, piano. Programa: Joaquín Turina lírico: Cinco rimas de Bécquer, Plazoleta de Sevilla en la noche del Jueves Santo, Couplet de Margot y El triunfo de Afrodita, de Margot; Romanza de Dianuela, de Pregón de flores; Cántico del genio de la fuente, de Jardín de Oriente; Saeta en forma de Salve a la Virgen de la Esperanza; Cantares, de Poema en forma de canciones. Teatro Cajasol, lunes 13 de enero de 2025


Un día antes de cumplirse setenta y seis años desde el fallecimiento de Joaquín Turina, y por lo tanto al límite de la celebración del setenta y cinco aniversario de dicha efemérides, el ciclo más transversal de cuantos recordamos en Sevilla cerró con una cita oficialista y protocolaria, como debe ser. Unas palabras introductorias e ilustrativas del historiador y crítico musical Andrés Moreno Mengíbar como representante de una de las instituciones organizadoras del evento, la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, precedieron la actuación de la soprano sevillana Aurora Galán y el pianista jienense Javier Molina.

Galán participa habitualmente en los espectáculos líricos de la Compañía Sevillana de Zarzuela, otro de los entes organizadores de esta velada, que se completa con la Fundación Cajasol, en cuyo teatro tuvo lugar el acontecimiento. También hemos podido disfrutar de su canto en conciertos de la Sinfónica Conjunta y montajes de música contemporánea de la mano de Zahir Ensemble. Se trata por lo tanto de una voz muy polifacética que en esta ocasión se enfrentaba a un repertorio más cerca de la lírica típicamente española que del meramente experimental.

Con éste han sido tres los programas íntegramente dedicados al compositor sevillano durante los meses que ha durado esta original y oportuna Ruta Turina coordinada por Rafael Ruibérriz, el que concitó a diversos agentes culturales de la ciudad en torno a su música religiosa en el Templo del Salvador, el que el Cuarteto Isbilya dedicó a su reivindicable música de cámara, y el que anoche se centró en la creación lírica del autor de Danzas fantásticas.

Dos óperas, otra incompleta, un ciclo de canciones, una saeta y un poema que ya se pudieron escuchar en paradas anteriores de esta ruta, conformaron un ecléctico programa abordado sin embargo desde una estética bastante homogénea. Galán lució voz rotunda y poderosa, muy bien proyectada y capaz tanto de refulgentes agudos como de profundos graves siempre audibles.

Sin embargo acusó un estilo demasiado temperamental, lo que provocó cierta falta de sintonía con una gramática instrumental traducida en un piano delicado de tintes impresionistas y acordes llenos de sensibilidad, algo a lo que Molina se prestó con bastante acierto, no obstante el exceso de ambición que evidencian piezas como Plazoleta de Sevilla en la noche del Jueves Santo, más conocida como Marcha de Margot, y El triunfo de Afrodita, de la misma obra.


Una lástima fue también que las palabras se perdieran en una vocalización no suficientemente depurada, lo que impidió disfrutar más del talento de Bécquer -  Cinco rimas, la primera, Olas gigantes, atrevida en su intencionada modernidad, la tercera, Tu pupila es azul, de colores y tonos claramente impresionistas y delicados. Tampoco lucieron las letras de María Lejárraga, que firmaba bajo el nombre de su esposo Gregorio Martínez Sierra por razones fundamentalmente machistas, autora de los libretos de Margot y Jardín de Oriente, ni de los Hermanos Álvarez Quintero, responsables de la ópera inacabada Pregón de flores.

Donde más brilló la gracia y el talento de la soprano fue en el Couplet de Margot, repetido como bis, mientras se mantuvo recia y dolorosa en la Saeta en forma de Salve a la Virgen de la Esperanza, y muy en estilo en Cantares, de Poema en forma de canciones, siempre con el acompañamiento mayormente refinado de Molina.

La intención es que este recuerdo a la figura y el genio del compositor sevillano se perpetúe en el tiempo y la Ruta Turina se convierta en cita anual. Cabe mencionar que Turina siempre ha contado con el respeto y la admiración, en continua renovación, del público aficionado sevillano. El primer concierto de los fenecidos Encuentros de Música de Cine que se grabó fue una integral suya dirigida por Antón García Abril, mientras para recordar el cincuenta aniversario de su muerte, Margot se interpretó completa en versión de concierto en Sevilla y Córdoba. Tanto este título como Jardín de Oriente fueron recuperados por José Luis Turina, nieto del homenajeado y principal valedor de su patrimonio.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 23 de enero de 2023

LOS PREMIOS ASECAN, SIEMPRE EN SU TONO JUSTO


Pertenezco a la Asociación de Escritoras y Escritores de Cine de Andalucía (ASECAN) creo recordar que desde 1991, por lo que prácticamente he asistido a todas sus galas de premios anuales, incluida la primera, cuando era muy joven y me colaba en este y otros eventos. Fue en 1983, en una de las dos pequeñas salas del Cine Corona que se encontraba en la calle Salado, y que constituía el paraíso cinéfilo sevillano de la época. Por entonces solo se entregaban dos premios, mejor película española, que fue a recaer en Demonios en el jardín de Gutiérrez Aragón, y mejor película extranjera, en aquella ocasión Desaparecido de Costa-Gavras. Después se proyectaba la película española ganadora y ahí quedaba todo. En los noventa se potenció su protagonismo, con galas muy recordadas por todos nosotros, como la que se celebró en el ahora llorado por su incierto futuro Cine Cervantes, y que consagró a la actriz y cantante de los treinta Antoñita Colomé, que desde entonces y hasta muy recientemente, prestó su nombre a los galardones de interpretación; o la multitudinaria y nunca más festera que se celebró en el también desaparecido Cine Rialto de Ponce de León, y al que concurrió la plana mayor de la familia Bardem arropando a Pilar, la matriarca, que por su condición de nacida en Sevilla recibió años más tarde el honor de prestarle el nombre a una calle de la capital, que poco después, en un gesto perverso y de muy mal gusto y ejemplo, le quitaron a favor de otra de esas vírgenes tan adoradas en una ciudad que algunos creen ser solo de ellos y ellas. La fiesta continuaba en aquella época en salas emblemáticas de la ciudad, como Catedral en plena Cuesta del Rosario, o Las Dos Orillas, al otro lado del río.

Pero la más recordada de cuantas galas haya celebrado Asecan fue en 2000, cuando se coronó a Solas como mejor película y Juan Diego recibió acompañado por muchos y muchas de las estrellas que le acompañaron en vida, el Premio de Honor. Un entonces completamente desconocido Paco León ejerció de presentadora, travestido de tal forma que confundió a más de uno y una, junto al entonces muy popular dúo Digo Digo Teatro, integrado por José Luis García Pérez y José María Peña. Precisamente coincidiendo con el veinticinco aniversario de la emocionante película de Benito Zambrano, su productor, Antonio Pérez, uno de los grandes baluartes del cine andaluz, recibió en esta última edición de los premios, el de honor, que aprovechó con uno de sus dilatados y pausados discursos, para hablarnos de la pasión por el cine, de la ilusión y el entusiasmo necesarios para hacerlo y, uniéndose a la plana mayor de los galardonados y galardonadas, y al equipo directivo y organizativo de la asociación, agradecer a Juan Antonio Bermúdez su trabajo delante y detrás de ella y en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, así como su talante de inmejorable persona. Y es que precisamente en torno al muy llorado y añorado crítico, gestor y poeta extremeño pero sevillano de adopción, giró esta última edición de los Asecan. Y para no perder su encanto y su estilo, la gala volvió a lucir en su tono justo, esta vez con la seriedad y la solemnidad que la ocasión requería, sin dejar por ello de ser una fiesta pero limitando la comicidad de sus impagables presentadores desde hace ya un puñado de años, los periodistas Marta Jiménez y Rafael Pontes, que se mantuvieron en todo momento respetuosos con el gran homenajeado de la noche, que nos dejó de manera repentina y provocó discursos tan sinceramente emocionados como el de Javier Paisano, que se encargó de la dirección de la asociación cuando esta atravesaba su peor momento, rescatándola en el año 2010 tras siete años de paréntesis.

La madre de Juan Antonio Bermúdez recibe el Premio de Honor póstumo a su hijo

También la madre de Bermúdez tuvo unas breves palabras de emocionado recuerdo cuando recogió el premio de honor póstumo, y cineastas como Bernabé Bulnes, cuando recogió el premio a la mejor dirección novel por La sal de la vida, un exquisito trabajo en torno a la vida en el Cabo de Gata y su entorno natural, leyeron poemas del homenajeado. Todo ello en un formato novedoso para la gala, a imagen de los que de siempre han caracterizando a los Globos de Oro y los muy recientes Feroz, a lo largo de una cena servida en uno de los grandes vestíbulos del Auditorio Fibes, formato que también utilizaban los Oscar en sus primeras ediciones. En este sentido, no dejando de agradecer el esfuerzo y el detalle de optar por este formato, hemos de aclarar que no es el mejor para atender como merecen las lecturas de las nominaciones y los casi siempre emotivos y acertados discursos de los premiados y premiadas. Nada que ver con los tediosos espectáculos a los que nos tienen acostumbradas y acostumbrados los Goya, que tras una treintena de ediciones todavía no han aprendido a escribir guiones amenos e ingeniosos, y se alargan entre agradecimientos superfluos, vacuos y tediosos.


La lista de premios completa se puede consultar en la página web de la asociación. Este año y el pasado son menos, desde que los premios Carmen de la joven Academia de Cine Andaluz, que este año celebran en Almería su segunda edición, se encargaron de los técnicos y artísticos más allá de película documental, cortometraje (este año para el joven Antonio Cuesta y su sensible mirada hacia un padre y su hijo con capacidades diversas en La vida entre dos noches), dirección novel, interpretaciones principales, guion y música, que siguen premiándose por nuestra asociación. También lo siguen haciendo los que nos dan mayores señas de identidad, que son los destinados a mejor libro, difusión del cine, labor informativa, otros formatos e industria, que recayó en la Confederación de Empresarios de Andalucía por su ayuda al sector audiovisual especialmente durante la pandemia, que recogió Luis Picón, director de relaciones con organizaciones y empresas. En el apartado de premios más populares, estaba cantado el triunfo de Modelo 77, cuya nominación coincide también en los Goya, los Forqué y los Carmen, aunque nuestra preferida era la muy sensible y emotiva La consagración de la primavera de Fernando Franco, presente en la gala. La otra gran triunfadora de la noche fue el documental de Laura Hojman A las mujeres de España. María Lejárraga. Por cierto, que ya por fin el nombre de la autora homenajeada en este fino trabajo figura en los créditos de El amor brujo, tras tantas décadas acreditando a su esposo, Gregorio Martínez Sierra, como libretista de la gitanería de Falla. Por su parte reconocemos el talento de la siempre estupenda Natalia de Molina, sin embargo frente a su trabajo en La maniobra de la tortuga, hubiésemos preferido el acertado trabajo de némesis con una despreciable aristócrata ex política que realizó Teresa Arbolí en El mundo es vuestro. Pero si el premio a la actriz de Linares, que envió un video de agradecimiento a pesar de ser una atenta asidua de la gala, sirvió para su acertado y emocionado discurso en recuerdo a las víctimas de la violencia de género, bien recibido sea. Siempre haciendo gala de ese buen gusto y consideración a las circunstancias, la voz rutilante, elegante y perfectamente entonada de Rosie Dee amenizó la velada, con temas de El color púrpura (Miss Celie’s Blues), Casablanca (As Time Goes By) y Cinema Paradiso de los Morricone.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía