viernes, 30 de octubre de 2026

BOGDAN DUGALIC EN MODO LIBRE

Ciclo Sinfónico 2 de la temporada 26/27 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Bogdan Dugalić, piano. Jaume Santonja, dirección. Programa: Suite de Pulcinella, de Stravinski; Concierto para piano y orquesta nº 21 en Do mayor K. 467, de Mozart; Estructura I “…eros sur le bleu”, de David Moliner; Sinfonietta para orquesta, de Poulenc. Teatro de la Maestranza, jueves 29 de octubre de 2026


El de ayer fue un día triste, poco propicio para entregarse como corresponde a un programa tan amable y distendido como el que propone la ROSS también esta tarde. Aires clásicos y neoclásicos se confundieron con una obra de nueva creación, más inquietante y misteriosa que el resto, pero igualmente informado por ese jugueteo con el clasicismo que de alguna manera informó el programa.

A la dirección, este segundo concierto del ciclo sinfónico de la recién estrenada temporada de la Sinfónica de Sevilla, se contó con otro de los nuevos directores españoles que cuentan ya con una importante carrera y reconocimiento internacional, Jaume Santonja. Mientras como solista pudimos admirar a la vez que desconcertarnos con las formas atrevidas del joven serbio Bogdan Dugalić.

La improvisación como seña de identidad

En cierto modo, el concierto giró en torno al Concierto para piano nº 21 de Mozart, obra popular donde las haya, especialmente por su amadísimo andante central, una de esas piezas que siempre arranca algún comentario tipo ¡qué bonito! entre el público. Que Dugalić seleccionara para la propina una versión de la Marcha turca del compositor austriaco, en modo absolutamente libre e improvisado, y en clave jazzística, da idea de cómo abordó la pieza concertante programada, salpicándola de notas y acordes de propio cuño, pretendiendo quizás así aportar una voz nueva e identificativa a su interpretación.


Es muy joven y todavía tiene tiempo para encontrar esa voz propia, que no se logra con exceso de ornamentación y virtuosismo a raudales, sino que exige un sonido tan propio y particular que sólo escucharlo nos permita identificarlo. Santonja arrancó seguro, un poco acelerado, acoplándose casi de inmediato el solista, aunque aún no le correspondiese hacerlo. Entre ambos lograron ese equilibrio global en la forma y la esencia que demanda la pieza, dotando de solemnidad la marcha inicial, con un pianista luminoso y episodios contrapuntísticos llenos de modulaciones y color.

Muy afectado, como queriendo también dejar una impronta particular, nos pareció el arranque del famoso y ensoñador andante, al que Dugalić supo insuflar de poesía y romanticismo. El allegro final sonó vivaz, muy animado, con orquesta y solista que parecían perseguirse, y unas divertidas intervenciones de flauta, fagot y oboe que completaron la muy atrevida aportación de creatividad del joven y aclamado pianista.

Buenos referentes del neoclasicismo

El concierto empezó antes, con la Suite de Pulcinella de Stravinski, interpretada por la ROSS hace casi cinco años, mientras el ballet completo lo hizo hace catorce. Santonja se mostró mortecino en una página que exige más viveza y un trabajo más contundente del color. Esta ingeniosa visión del ritmo y la orquestación del S. XVII pasada por el filtro del XX, quedó así algo desdibujada, falta de aliento y contundencia. Echamos de menos más humor e ironía, mayor energía en la sinfonía y más sensualidad en la serenata, a pesar de las buenas prestaciones del oboe. Pero a partir de la tarantela asomó algo más de brillantez y ánimo, que fue en progresión con una gavota noble y graciosa, un minueto adecuadamente pomposo y un finale muy animado.


La pieza del compositor y percusionista castellonés David Moliner, Estructura I, resulta tan misteriosa como contemplativa, salpicada de momentos de euforia cuya tendencia al caos fue controlada y moldeada por Santonja con saludable habilidad. El autor, formado entre otras instituciones con la Fundación Barenboim-Said en Berlín, ha compuesto hasta cuatro estructuras desde 2016 a 2023.

Para finalizar, la orquesta interpretó una pieza poco programada y divulgada, la Sinfonietta de Poulenc, enmarcada igualmente en esos aires en cierto modo regresivos de primera mitad del siglo XX, que encontraron en el clasicismo la pureza de ideas y estéticas que buscaban. Se trata de la única obra sinfónica del autor de Diálogo de carmelitas, que comparte con Haydn su claridad y equilibrio formal, aunque echa mano de formas y fluidos propios del siglo XX, con líneas serenas y efusiones muy cercanas a la estética cinematográfica. Santonja supo exprimir estas premisas, logrando extraer elegancia y espectacularidad de la amable y distendida, así como expansiva pieza.

Fotos: Luis Prieto Fernández
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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