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lunes, 11 de septiembre de 2017

CLAUSURA FESTIVAL TURINA: BUENA MÚSICA CON BUENOS ROPAJES

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Cristina Gómez, oboe. Mario Martos, trompeta. Tobias Feldmann, Tanja Becker-Bender, Philippe Graffin y Antonio Viñuales, violín. Cristina Santos Taboada y Lise Berthaud, viola. Salvador Bolón y Bertrand Raynaud, cello. Joaquín Arrabal, contrabajo. Benedicte Palko, Sofya Melikyan y Michail Lifits, piano. Programa: Cuarteto para oboe K370, de Mozart; Cuarteto para piano Op. 67, de Turina; Septeto para trompeta Op. 65, de Saint-Saëns; Quinteto Op. 81 B155, de Dvorák. Capitanía General, domingo 10 septiembre 2017

Michail Lifits
Como es habitual la clausura del Festival Turina tuvo lugar en el coqueto teatro diseñado por Aníbal González en el interior de Capitanía General, un espacio astutamente elegido para atraer el mayor número de personas, con inmejorables condiciones acústicas que hacen brillar aún más, si cabe, el extraordinario rendimiento de las figuras convocadas en cada edición de este singular acontecimiento. Ataviadas con los diseños de Carmen Latorre, tal como Benedicte Palko recalcó en éste y el concierto de la noche anterior, las intérpretes lucieron espléndidas, rindiendo pleitesía a una ocasión que tanto lo merece por su excelencia musical y tan emblemático lugar.

Tanja Becker-Bender
Cristina Gómez volvió a sorprender con un dominio absoluto del oboe, lo que le permitió extraer toda la gracia del primer movimiento del Cuarteto de Mozart y la emocionante gravedad del adagio, así como brillar en la profusa ornamentación del rondó final, siempre bien acompañada por Feldmann y el resto de una cuerda con mucho cuerpo y sustancia. Más folclórico el Cuarteto con piano de Turina que el Quinteto interpretado la noche anterior, el conjunto hizo hincapié en su carácter sencillo y conciso, atacando con respeto y claridad y dejando claro su proceso cíclico con una ejecución nítida del leit motiv (Turina compuso muchas bandas sonoras). Especial mención merece Bertrand Raynaud al violonchelo, con un sonido dulce y conmovedor, así como el carácter vivaz y extrovertido que supo imprimirle la cuerda, con la violinista alemana Tanja Becker-Bender al frente, y un inconfundible aroma andaluz sobresaliendo durante toda la interpretación, muy palpable en el estilo rapsódico impregnado por Benedicte Palko al piano.

Sofya Melikyan
Antes de agradecer a la organización la oportunidad de conocer Sevilla y Turina, Philippe Graffin puso en pie el Septeto de Saint-Saëns, en el que volvió a brillar la trompeta ágil y moderadamente pomposa del joven Mario Martos, con la complicación añadida de tocar sin pistón, como exige la partitura. El carácter travieso de la pieza quedó perfectamente expuesto merced a una cuerda ágil y el contrastado piano de Melkyan, si bien faltó algo más de ironía. El Quinteto Op. 81 de Dvorák añadió una atmósfera de aroma bohemio, destacando el piano arrebatado y elegante de Lifits, así como los hermosos y muy matizados acordes en el chelo de Raynaud y la viola de Lise Berthaud, en un conjunto que supo conjugar a la perfección el melancólico lirismo y los ritmos danzantes de la obra. Experiencias así merecen mimarse y conservarse para que dentro de dos años volvamos a disfrutarlas. Por cierto, ni rastro de la Reina Sofía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 10 de septiembre de 2017

BORDAR LA MÚSICA Y LA EMOCIÓN EN EL FESTIVAL TURINA

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Cristina Gómez, oboe. Sofya Melikyan y Michail Lifits, piano. Philippe Graffin, Tobias Feldmann y Olatz Ruiz de Gordejuel, violín. Cristina Santos, viola. Salvador Bolón, cello. Programa: Sonata para oboe y piano Op. 166, de Saint-Saëns; Sonata para violín y piano FP 119, de Poulenc; Quinteto Op. 1, de Turina. Espacio Turina, sábado 9 septiembre 2017

Cristina Gómez
La feliz idea de reunir a varios y varias solistas en torno a un mismo escenario, y hacer que trabajen en conjunto, olviden sus posibles egos y compartan ideas y experiencias para sacar adelante las obras encomendadas, es uno de los grandes atractivos de un festival que merece consolidarse y convertirse en evento de referencia. Es así como la afortunada melomanía sevillana comulga con versiones tan sensacionales como las ofrecidas el pasado sábado en el Espacio Turina, en torno a una de las grandes obras del compositor que le da nombre, arropándola con autores que ayudan a situarla en el espacio y el tiempo, París a principios del siglo XX, donde Turina vivió su ineludible periplo estudiantil y conoció algunas de las claves que definirían su estilo.

Philippe Graffin
Cristina Gómez, natural de Linares, es uno de esos milagros surgidos de la Fundación Barenboim-Saïd. Puede que su enorme talento hubiese quedado en el anonimato si no fuera por el empuje que le ha dado la Academia del Diván, que le ha llevado con toda justicia a la Staatskapelle de Berlín. Su exquisito fraseo al oboe, paladeando cada nota, un prodigioso dominio del legato y la respiración y un encantador estilo para dotar cada acorde de una singular expresividad, lograron una interpretación de la Sonata de Saint-Saëns luminosa y atenta a cada detalle, desde el airoso andantino al espiritual final, pasando por un bucólico y pastoril allegretto, con la inestimable ayuda de la pianista armenia Sofya Melikyan, entregada a abrigar la interpretación de Gómez sin excesos ni arrogancias. Habiendo sido Gary Hoffman la sensación de la pasada edición, esta vez es Philippe Graffin la gran estrella del festival. El violinista francés bordó con mordiente y agresividad, ataques contundentes y crispados, la Sonata de Poulenc, una obra considerada decepcionante por muchos pero que encierra un espíritu rebelde y rabioso muy atractivo, quizás por estar dedicada a Lorca seis años después de su criminal pérdida. Lifits ofreció el contrapunto con un estilo arrebatado y rapsódico, en perfecto equilibrio y sintonía con la exuberante exhibición de Graffin.

Tobias Feldmann
El Quinteto nº 1 de Turina es una obra monumental, cuya interpretación en París motivó un cambio de rumbo en la carrera del compositor, debido al consejo de Falla y Albéniz, presentes en la audición, para que creara un estilo propio con elementos andaluces. Lo cierto es que el Quinteto, aún bebiendo de fuentes ya trasnochadas como Brahms o Franck, es una pieza de espíritu europeísta, prodigiosa de texturas densas y una fulgurante expresividad. El violinista alemán Tobias Feldmann lideró una interpretación brillante y perfectamente ensamblada de esta pieza clave en el catálogo de Turina, un viaje estremecedor a partir de la fuga inicial, en el que los cinco intérpretes convocados lograron insuflar nitidez y emoción en alto grado, dejando para el recuerdo el más digno y delicado homenaje que a la música de un sevillano inmortal se pueda dedicar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de septiembre de 2017

BANDA FESTIVAL TURINA: ESPERANZA E ILUSIÓN

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Banda Festival Turina. José Rafael Pascual-Vilaplana, director. Mario Martos, trompeta. Programa: Irish Tune from County Derry & Shepherd’s Hey, de Grainger; An Original Suite, de Jacob; Rhapsody in Blue, de Gershwin; O Magnum Mysterium, de Lauridsen; Dionysiaques, de Schmitt; Marcha militar y La procesión del Rocío, de Turina. Espacio Box, miércoles 6 septiembre 2017

Pascual-Vilaplana
El Festival Turina se caracteriza por aprovechar diversos y atractivos escenarios, como el Hotel Alfonso XIII que cobijó una matiné protagonizada por el excelente violonchelista Gary Hoffman y el pianista Michail Lifits, que estarán de nuevo presentes en otras convocatorias del festival. La noche se trasladó al espectacular Espacio Box, antiguo y muy admirado Pabellón de Canadá, donde nació un nuevo proyecto ilusionante, el estreno de una numerosa banda de jóvenes intérpretes, seleccionados apenas hace tres meses, y que con sólo cinco días de ensayo han logrado unos resultados muy por encima de lo que cabía esperar. Una demostración más de los grandes logros conseguidos en esta ciudad con los diversos programas académicos orientados a nuestra juventud, cada vez mejor formada, con la Fundación Barenboim-Said y la Sinfónica Conjunta a la cabeza.

Mario Martos
En los atriles unas piezas dominadas por su carácter amable y desenfadado, empezando por un Tema irlandés arreglado por el americano de origen australiano Percy Grainger a partir del célebre Danny Boy que no llegó a alzar el vuelo debido a una interpretación desequilibrada y de ataques imprecisos que no permitió emocionarse con su exquisita melodía. Mejor resultó el brío y la energía a ritmo de ragtime de la otra pieza del compositor, más en su línea habitual de principios del XX, época mayormente evocada para enmarcar la música de Turina con la que terminó la exhibición. An Original Suite for Military Band resplandeció a las órdenes de un muy aplicado y entusiasta Pascual-Vilaplana, director de la Banda de Bilbao, con una versión bien contrastada y un espíritu elegante. El trompetista ucraniano Timofei Dokshizer es el responsable de los arreglos de la Rapsodia en Blue de Gershwin que, una vez adaptados a banda por David Andrews, sirvió de base para una exhibición flexible y bien articulada del también joven Mario Martos, miembro de la Orquesta de la Radio de Múnich. La banda por su parte captó a la perfección el espíritu urbano de esta partitura, ofrecida con numerosos cortes, cambios y unas cadencias que Martos defendió admirablemente.

El carácter místico de O Magnum Mysterium del compositor de origen danés Morten Lauridsen, original para coro a capella, se trasmutó en una suerte de elegía heroica a lo John Williams en su versión adaptada, mientras el carácter moderadamente impresionista de la pieza de Florent Schmitt, se saldó con líneas confusas y enmarañadas frente a un sentido del ritmo acertado. La Marcha militar de Turina que Rafael Ruibérriz recuperó hace unos años a partir del original para orquesta y los restos aparecidos de su adaptación, sirvió como feliz preludio a una Procesión del Rocío ejemplar, cuyo ambiente festivo y colorido brillante convivió con unos aires devotos y folclóricos dominados por la finura y la elegancia habituales en el maestro sevillano.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 5 de septiembre de 2017

TRÍO ARRIAGA EN EL 6º FESTIVAL TURINA: MANJARES AL HORNO

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Juan L. Gallego, violín. David Apellaniz, violonchelo. Daniel Ligorio, piano. Programa: Tríos completos de Joaquín Turina. Espacio Turina, lunes 4 septiembre 2017

Felipe Rodríguez, a la derecha, fue sustituido por
Juan Luis Gallego, en la otra fotografía
Arrancó, después de un otoño y un invierno plagados de incertidumbre, el necesario festival de música de cámara que lidera Benedicte Palko, que de manera muy conveniente agradeció el apoyo de los numerosos patrocinadores que han hecho posible su sexta edición, en una rigurosa presentación antes de dar paso al estupendo Trío Arriaga encargado de inaugurar el ciclo. Mal hizo los deberes el ICAS permitiendo que público, y muy especialmente músicos, tuvieran que lidiar con tan malas condiciones climáticas, el aire acondicionado estropeado y el habitual anquilosamiento administrativo para solucionarlo. Con traje de chaqueta y una temperatura inadecuada tuvieron que traducir, con éxito, los integrantes del prestigioso conjunto los acordes de los tríos completos de Turina.

Apenas alguno de los tríos de Turina catalogados había sido interpretado en las anteriores ediciones del festival que lleva su nombre. El Arriaga se presentó con los tres oficiales y el primerizo que tiene fuera de catálogo, único que estrenó en su Sevilla natal. En este punto no deja de sorprendernos el desapego de la sevillanía hacia la ciudad que tanto confiesa amar. De la misma manera que poca gente alza su voz hacia los desmanes que se perpetran en tan bella ciudad, destruyendo paseos premiados para convertirlos en horrorosos portaviones (Marqués de Contadero), o permitiendo que tanta suciedad se almacene en sus calles, qué poco interés suscitan sus iconos culturales, evidenciado en un aforo insuficiente para tan significativo programa, centrado en uno de nuestros músicos más emblemáticos. El Trío en Fa es una obra de juventud, plenamente romántica, en la que el autor desplegó el fuego y temperamento propios de su edad, acusando pleno dominio del contrapunto y el ritmo, tal como demostró una interpretación enérgica y depurada en la que brilló el piano de Ligorio, consciente de la gramática eminentemente pianística del autor sevillano.

En ninguno otro como el Trío fantasía Círculo se observa el carácter cíclico de la obra de Turina, una pieza de considerable carga expresiva que disfrutó de una depurada interpretación, siempre atenta a subrayar la finura y la elegancia de su escritura, y haciendo de su latente andalucismo una seña de identidad. Igual que en los tríos 1 y 2, con especial énfasis en el carácter agitanado del segundo, parejo a la Oración del torero, donde el violonchelo de Apellaniz dejó su impronta dando cuerpo a un conjunto en el que el color y la calidez primaron dentro de una estética plenamente romántica, salpicada de tintes impresionistas, tal como Turina aprendió en su inevitable periplo parisino, cuando tanta influencia ejerció sobre él la Schola Cantorum. En el Trío nº 1 las variaciones del segundo movimiento, en forma de danzas, brillaron en las voces de un trío en estado de gracia, con especial mención para el marcado melodismo de Gallego al violín. Milagro fue que tan espléndidos resultados se cocieran a tan altas temperaturas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 6 de septiembre de 2017

lunes, 14 de septiembre de 2015

CLAUSURADO EL QUINTO FESTIVAL TURINA, ¡A POR EL SEXTO!

Isa Gericke, soprano. Nicolas Dautricourt, Esther Hoppe, Kristof Baráti y Antonio Viñuales, violín. Yura Lee y Almudena Arribas, viola. Gary Hoffman, Dan Styffe e István Vardái, cello. Benedicte Palko, Aleksandar Mazdar y Beng Forsberg, piano. Programa: Cuarteto para cuerda y piano Op. 67, de Turina; 3 Canciones para voz, piano y viola, de Bridge; Fantasía de Carmen, de Milone; Quinteto para cuerda y piano “La trucha” D667, de Schubert; Canción de Marietta de “La ciudad muerta”, de Korngold.
Capitanía General, domingo 13 septiembre 2015

La bombonera de la Plaza de España
El Festival Turina volvió a tener el acierto de celebrar su clausura en el precioso y cada vez menos desconocido salón de actos de Capitanía General, una coqueta bombonera con una espectacular vidriera en el techo y motivos decorativos entre clásicos y modernistas, que Benedicte Palko consigue cada dos años que se abra al público melómano de Sevilla. Otro mérito de la directora del festival es su excepcional y delicadísimo pianismo, demostrado en cada edición, lo que nos hace preguntarnos por qué no se prodiga más como concertista en la ciudad que la acoge.

Sobre el escenario la plana mayor de los estupendos artistas reunidos en esta especie de convivencia bianual generosa en proyectos y talleres. En los atriles el Cuarteto Op. 67 de Turina, con su estilo rapsódico enriquecido por el ensoñador toque de Gary Hoffman al cello, mientras el melódico violín de Dautricourt captó la esencia y sensualidad de la pieza. Isa Gericke exhibió sensibilidad y elegancia en el fraseo con su melancólica interpretación de las canciones de Frank Bridge, elocuentemente acompañada por la viola de la joven Almudena Arribas. Otra cosa fue la Fantasía de Carmen perpetrada sin gusto ni ingenio por el compositor y violinista británico Julian Milone y que sólo sirvió para lucimiento virtuosístico de los cuatro violines convocados, muy especialmente el de Esther Hoppe.

Aleksandar Mazdar
En la segunda parte dudábamos si el Quinteto de Schubert sería La trucha o el más dramático sólo para cuerda. El programa confundía al nominar el primero pero con el número de catálogo y los movimientos del segundo; la plantilla convocada hacía confiar en que el elegido sería el célebre cuyo cuarto movimiento son variaciones sobre Die Forelle, y así fue. El resultado no pudo ser mejor, tan luminoso y desenfadado que sus tres cuartos de hora pasaron en un suspiro. Su aire de divertimento quedó tan bien captado, el ritmo perfectamente marcado por la cuerda y las aportaciones heroicas y enérgicas de Mazdar al piano, que sedujo de inmediato al público presente. Un significativo adiós con esperanza de reencuentro coronó el festival por medio del Aria de Marietta de La ciudad desnuda de Korngold, en una adaptación camerística con algunos arreglos discutibles de Bernt Forsberg, gran admirador del compositor, y que Gericke y los instrumentistas bordaron con emoción y elegancia. Clausurada la quinta edición, ¡a por la sexta!

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 15 de septiembre de 2015

domingo, 13 de septiembre de 2015

HOPPE, VARDÁI Y HOFFMAN: AMBIENTE SOLEMNE Y CONTENIDO EN EL FESTIVAL TURINA

5º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Esther Hoppe, violín. István Vardái, cello. Benedicte Palko y Beng Forsberg, piano. Gary Hoffman, cello. Programa: Trío para violín, cello y piano en Si bemol D898, de Schubert; El Jueves Santo a medianoche Op.2, de Turina; Sonata para cello y piano en re menor H125, de Bridge.
Sala Joaquín Turina, viernes 11 septiembre 2015

Esther Hoppe
La oferta del Festival Turina del viernes incluyó la consabida pieza del compositor sevillano junto a dos monumentales obras de compositores en los extremos del romanticismo musical, el incipiente representado en Schubert y el tardío con injerencias modernistas de Bridge. Un ambiente recogido y contenido en el que la excelente calidad de los intérpretes convocados se vio reforzada por el magisterio y la personalidad del violonchelista canadiense Gary Hoffman.

El Trío con piano D898 de Schubert es una obra repleta de melodía y detalle, en la que la joven violinista suiza Esther Hoppe sometió su talento y habilidad a las exigencias de una pieza que combina lirismo y serenidad en su primer movimiento, para derivar en el scherzo en pura chispa y robustez merced al violonchelista húngaro István Vardái, quizás algo corto y menos contundente en los registros más graves. Una interpretación que se benefició de la ligereza y la fluidez que supieron insuflarle los artistas, a lo que no fue ajena Palko, que con su pianismo contribuyó al carácter amable y equilibrado de la obra, lográndose en general una muy adecuada sensación general de ensoñación. Los acordes familiares pero austeros que introducen el Jueves Santo a medianoche de Turina, encontraron en Hoffman el equilibrio exacto para no derivar en el postizo en que corre el peligro de convertirse. A partir de ahí el dechado de lirismo del violonchelista fluyó con acierto y generosidad para convertirla en una versión de referencia de la pieza.

István Vardái
La poco divulgada Sonata para cello y piano del compositor británico Frank Bridge fue abordada por Hoffman y Forsberg con un derroche de misticisimo sólo enturbiada con la incomodidad que evidenció el canadiense por falta de iluminación, sin que nadie en la organización se dignara a atender. La pieza transita entre la tonalidad del allegro inicial, resuelto con amplias dosis de lirismo, generoso sentido del romanticismo y un sonido denso y maleable, suave como el visón; y los tortuosos cromatismos del adagio que los intérpretes no acertaron a reflejar. Su estética continuó estando más cerca del lirismo romántico que del más indicado ácido y agitado de este segundo movimiento, no obstante acabar revelándose una interpretación suficientemente satisfactoria.

viernes, 11 de septiembre de 2015

FELICES COMBINACIONES EN EL CONCIERTO INAUGURAL DEL FESTIVAL TURINA

5º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Nicolas Dautricourt, violín. Aleksandr Mazdar, Bengt Forsberg y Benedicte Palko, piano. José Luis Estellés, clarinete. Gary Hoffman, cello. Programa: Variaciones Clásicas Op.72, de Turina; Fantasía en fa menor para 4 manos D940, de Schubert; Sonata para violín y piano en Sol mayor, de Ravel; Trío para clarinete, cello y piano Op.114, de Brahms.
Casa Salinas, jueves 10 septiembre 2015

Gary Hoffman
La inauguración oficial del Festival Joaquín Turina volvió a celebrarse en la suntuosa Casa Salinas de la calle Mateos Gago, con un público atento y respetuoso presto a recibir la enorme intensidad de sensaciones que Benedicte Palko, oficiando como maestra de ceremonias, y cinco de los artistas convocados esta edición, estaban dispuestos a ofrecer. Como única pega a tan magnífico escenario, convendría en la medida de lo posible colocar a los intérpretes más próximos al centro del patio, evitando así que el piano quede tan arrinconado y los músicos semiocultos tras las columnas.

Palko y Forsberg clavaron una Fantasía para cuatro manos de Schubert de una intensidad emocional y una exquisitez formal extraordinarias, acentuando el contraste entre los pasajes más tumultuosos y su melancólica y delicadísima melodía central. Junto a Estellés y Hoffman, la directora del certamen firmó un Trío Op.114 de Brahms de líneas sencillas y bien articuladas y un tono inequívocamente amable que acentuó el fraseo elegante y el sonido sedoso y aterciopelado del chelista canadiense, mientras el clarinetista valenciano desplegó agilidad y brillantez, lográndose entre los tres una versión cálida y llena de aliento romántico.

Nicolas Dautricourt
Ravel compuso su Sonata para demostrar que violín y piano eran incompatibles; contrariamente la pieza triunfa cuando se pone en relieve su diálogo y compenetración, como así ocurrió en manos del francés Dautricourt y el serbio Mazdar. El primero lució en vigor, virtuosismo y expresividad, especialmente en un blues central trabajado y estilizado, con el que no cayó en amaneramientos superfluos, así como en el enérgico y nervioso final. Por su parte, el pianista brindó una lectura concienzuda y meditada de la pieza, complementándose a la perfección con su compañero. Esta feliz sinergia se produjo también en las Variaciones Clásicas de Turina, resueltas con enorme lirismo, sutiles cambios de registro y elegantes transiciones. Sólo así fue posible pasar de un lamento inicial rico en sentimiento, a unas alegres seguidillas y terminar evocando un final danzarín sin que los cambios de ritmo y registro resultaran bruscos, primando siempre la extrema delicadeza.

jueves, 10 de septiembre de 2015

JAN DEPRETER Y BENGT FORSBERG: LOS LUJOSOS APERITIVOS DEL FESTIVAL TURINA

5º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina

Jan Depreter, guitarra. Programa: Sonata nº 1 BWV1001 de Bach, obras de Depreter y obras completas para guitarra de Turina. Casa de Pilatos, lunes 7 septiembre 2015

Beng Forsberg, piano. Isa Gericke, soprano. José Luis Estellés, clarinete. Nicolas Dautricourt y Kristóf Baráti, violines. Alberto Rodríguez Herrero, viola. Salvador Bolón Edo, cello. Programa: Piezas y canciones de Bach, Hurum, Rangström, Grainger, Sibelius, Schubert, Albéniz y Korngold. Sala Joaquín Turina, miércoles 9 septiembre 2015

Jan Depreter
El Festival Turina, imprescindible para paliar la alarmante escasez de música de cámara que hay en nuestra ciudad, logró alcanzar su quinta edición, no sin mucho empeño y dificultad. Como es habitual en esta celebración bienal, varios son los conciertos que preceden la inauguración oficial del certamen, algunos de ellos protagonizados por jóvenes músicos, y otros, los aquí reseñados, por artistas consagrados, auténticas perlas de la interpretación musical como el guitarrista belga Jan Depreter y el pianista sueco Bengt Forsberg, habitual acompañante de la mezzo Anne Sofie von Otter.

Bengt Forsberg
El primero compareció ante un público íntimo y atento con un cuarto de hora de retraso y una desafortunada presentación leída que poco dignificó al artista. Una transcripción completa de la primera de las suites de Bach para violín inició la velada, que Depreter convirtió en remanso de paz merced a una ejecución detallista que dejó admirar su extraordinaria riqueza polifónica. Varias piezas del propio intérprete, sentimentales, melancólicas y muy bien estructuradas, dieron paso a las obras completas para guitarra de Turina, coincidiendo con la edición hace sólo unos meses de su propia grabación. Apenas media hora condensada en cinco piezas de un color irresistiblemente andaluz, una gramática guitarrista imbricada gracias a las aportaciones (salvo en Ráfaga) de Andrés Segovia, su dedicatario, y una especial tendencia a universalizar su lenguaje musical y no quedarse en el mero folclore, todo lo cual supo extraer Depreter en una interpretación impecable y sensual, tanto técnica como expresivamente. Al final se atrevió incluso con Vicente Amigo en perfecto estilo, luciendo en las presentaciones un perfecto acento castellano. 

Isa Gericke
El de Forsberg y sus acompañantes fue uno de esos conciertos que justifican porqué nos gusta tanto la música, lo que hizo incomprensible lo desangelada que estuvo la sala. ¿Dónde estaban los melómanos sevillanos que dejaron pasar un programa tan variado y atractivo ejecutado con tanto cariño y sensibilidad? La soprano noruega Isa Gericke envolvió con una voz amplia y generosa un primer bloque de atmósfera nórdica, evocadora y romántica. Lástima que su timbre poderoso y brillante resultara algo estridente en pasajes que demandaban más intimidad y delicadeza. Destacó como el clarinetista José Luis Estellés en El pastor en la roca de Schubert y cumplió en la tercera de Las canciones del adiós de Korngold que dio paso al Quinteto del padre del sinfonismo cinematográfico, cuyo adagio se inspira en ella. Una obra de corte expresionista que contó con una interpretación enérgica y contundente por parte del cuarteto de cuerda creado ex profeso para la ocasión. Forsberg acompañó en todas las disciplinas con perfecto acoplamiento y atención al detalle; sin embargo como solista se reveló técnicamente imperfecto, si bien expresivamente profundo, emotivo y reflexivo, como demostró en To a Nordic Princess del popular Percy Grainger y especialmente en Almería de Albéniz.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 14 de septiembre de 2013

DESCUBRIMIENTOS Y CUERDAS ROTAS EN EL 4º FESTIVAL JOAQUÍN TURINA

IV Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Graf Mourja y Priya Mitchell, violín. Péter Nagy, piano. Silvia Simionescu, viola. Sofya Melikyan, piano. Mikayel Hekhnazaryan, cello. Programa: Suite Italienne de Stravinsky; Sonata española de Turina; Suite de Romeo y Julieta de Prokofiev y Borisovsky; Trío de Babajanian. Viernes 13 septiembre 2013, Sala Joaquín Turina de la Fundación Cajasol

Graf Mourja
En el ecuador de esta cuarta edición del Festival Joaquín Turina tuvimos ocasión de descubrir algunas piezas infrecuentes, y de sufrir un par de incidentes. Una cuerda rota en el piano provocó un pequeño retraso en la entrada del público a la sala y el posterior inicio del concierto; mientras otra, en este caso del violín de Graf Mourja, hizo que el músico ruso interrumpiera la Suite Italiana de Stravinsky justo cuando sólo le quedaba el breve movimiento final, algo que podría haber salvado con un poco más de talento y habilidad; y de nuevo otra cuerda rota tras el primer movimiento de la Sonata de Turina.

Silvia Simionescu
Es más frecuente que se interprete la versión para piano y cello de la Suite Italienne, menos brillante y virtuosística que la que preparó Pavel Kochanski en 1925 para violín y piano. Ésta está integrada por cinco de los once movimientos de la Suite del Ballet Pulcinella, inspirado presuntamente en temas de Pergolesi, aunque más bien pertenecen a otros autores contemporáneos del compositor italiano, e incluso alguno data del siglo XIX. Para el autor era un pastiche, pero no exento de la ironía y el toque grotesco que tan bien acertó Mourja en imprimirle, dotando al conjunto de ese aire desenfadado y jovial que caracteriza el neoclasicismo cultivado por el autor de La consagración de la primavera en esa época. Nagy acompañó con sumisa disciplina. La Sonata Española de Turina no se debe confundir con la nº 2 Op. 82, que también lleva ese sobrenombre. Ésta es más primigenia y se descubrió en 1981 durante los trabajos de preparación del centenario del compositor sevillano. Nos invita a conocer un autor inquieto y curioso, capaz de sorprendernos con un adagio (andante) sinuoso y sensual que incluso coquetea con el atonalismo, y que Mourja y Nagy desgranaron con tanta habilidad técnica como capacidad expresiva.

Mikayel Hakhanzaryan
El sonido sedoso e imponente de la viola de Silvia Simionescu acarició las populares notas del Romeo y Julieta de Prokofiev en una anecdótica reducción de Vadim Borisovsky de estilo rapsódico, que la violista rumana y la pianista Sofya Melikyan abordaron con entusiasmo y elegancia, regalándonos algunas de las páginas más conmovedoras de la noche. Dos armenios, Melikyan y el chelista Mikayel Hakhnazaryan, junto a la violinista Priya Mitchell, nos dieron a conocer el Trío de su compatriota Arno Babajanian, una obra trágica y visceral, apasionada y agresiva, en un registro tonal pasado de moda pero efectivo, que contiene tantas oportunidades de lucimiento técnico como de expresividad emocional, todas las cuales fueron magistralmente aprovechadas por los tres solistas participantes. A pesar de todo eso no alcanzamos a comprender el título otorgado al concierto, Fuego nada artificial, y nos hubiera gustado que alguien nos lo hubiera explicado.

Versión extensa del artículo publicado en El Correo de Andalucía el 15 de septiembre de 2013

viernes, 13 de septiembre de 2013

INAUGURACIÓN OFICIAL DEL FESTIVAL TURINA: EXCELENCIA MUSICAL EN UN ENTORNO INAPROPIADO

IV Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Concierto inaugural. Priya Mitchell, violín. Torleif Thedéen, cello. Sofya Melikyan y Benedicte Palko, piano. Quinteto ETHOS. Programa: Piano Trío nº 2 de Turina; Sexteto para piano y quinteto de viento de Poulenc; Trío nº 3 de Dvorák). Jueves 12 septiembre 2013, Casa de Salinas

Benedicte Palko, painista participante
y directora artística del festival
Dos horas y media para escuchar ochenta minutos de música, encerrados en un lugar precioso como es la Casa de Salinas, pero asfixiante y muy limitado de aforo, lo que provocó incluso que muchos de los alumnos que participaron en los conciertos de días anteriores tuvieran que permanecer en pie, dan cuenta de la decpecionante organización de esta cuarta edición del Festival Turina. El mecenazgo, en todas sus variantes, es una estupenda solución para capear la crisis, pero propició una generalizada falta de respeto a la zona reservada para prensa, dando lugar a que tuviéramos que seguir el concierto inaugural en condiciones poco afortunadas, aunque ello no afectara a la inmejorable acústica del lugar y a la excelencia de la interpretación musical. Las campanas de Santa Cruz avisando del inminente oficio religioso y la improvisada iluminación del mal acondicionado escenario, por otro lado bajo y sólo apreciable desde las primeras filas, pusieron la guinda.

El quinteto con sede en Sevilla ETHOS
Asombra que se repitiera el Trío con piano nº 2 de Turina, ya abordado por el joven Trío Albéniz dos días antes. En esta ocasión se benefició de una interpretación entusiasta, magníficamente ensamblada, de perfiles tan aterciopelados como vibrantes y enérgicos. El Sexteto para piano y viento de Poulenc, pieza que Perianes sustituyó por el Quinteto K452 de Mozart en el último concierto del ciclo de cámara de la ROSS, con la consiguiente y lógica frustración del flautista Juan Ronda, disfrutó en manos de la pianista armenia Sofya Melikyan y el Quinteto sevillano ETHOS de todo su encanto neoclásico, alegría y expansión expresiva, a pesar de las inevitables distorsiones de la trompa, que empañó la perfecta conjunción del resto del elenco.

La violinista de Oxford Priya Mitchell
Benedicte Palko junto a una acaloradísima y sufrida Priya Mitchell y el violonchelo sedoso y a la vez autoritario de Torleif Thedéen, ofrecieron un Trío con piano nº 3 de Dvorák antológico. El penúltimo de sus cuatro tríos con piano (otros dos se perdieron) disfrutó de una interpretación generosa en tensión dramática, melodiosidad y expresividad, trágica en el allegro, evocadora en el scherzo, sentimental en el adagio y danzarina y apasionada en el finale, haciendo justicia a una de las páginas más conmovedoras y magistrales de la composición camerística de todos los tiempos. Sin duda un espléndido concierto, lástima que ofrecido en unas condiciones poco recomendables. Habiendo auditorios acondicionados para este tipo de eventos, no deberían ser despreciados en favor de lugares emblemáticos pero incómodos y poco favorecedores, salvo para distraerse con los magníficos artesonados y desviar nuestra atención de lo que en ese momento nos convoca y verdaderamente nos ha de importar.

Versión extensa del artículo publicado en El Correo de Andalucía el 15 de septiembre de 2013

jueves, 12 de septiembre de 2013

EL ESFUERZO TITÁNICO DE TANJIA BECKER-BENDER EN EL FESTIVAL TURINA

IV Festival de Música de Cámara Joaquín Turina. Tanja Becker-Bender, violín. Péter Nagy, piano. Programa: Rapsodias y sonatas para violín y piano de Béla Bartók. Sala Joaquín Turina de la Fundación Cajasol, miércoles 11 de septiembre de 2013

Bajo el pomposo título de Todo Bartók y con el no menos pretencioso contenido de la integral de música de cámara para violín y piano del compositor húngaro, ya que en realidad no comprende más que cuatro piezas, se presentó ante un no muy numeroso público la violinista alemana Tanja Becker-Bender, acompañada al piano por el también húngaro Péter Nagy, en un concierto bisagra entre el ciclo de jóvenes musicales y la inauguración oficial del festival. 

Supone un esfuerzo considerable estar durante más de hora y media casi ininterrumpidas desgranando las muy difíciles y complejas notas de las obras programadas, y que encima no decayera en energía ni entusiasmo merece toda nuestra admiración. Se trata de cuatro piezas en pareja, dos sonatas y dos rapsodias, de distinta significación. Aunque todas ellas se inspiran en la iconografía musical popular tanto de su Hungría natal como de la vecina Rumanía, en las sonatas se acumulan las primeras influencias de Bartók, que son además de esa música tradicional el pianismo de Debussy y el dodecafonismo de Schönberg; mientras las rapsodias son más accesibles y se centran de forma más directa en ese folclore aludido.

En la Sonata nº 1 el violín dominante se mostró suficientemente flexible y creativo, emulando una continua improvisación; por su parte Nágy, con un discurso independiente de su compañera, acertó intensificando y subrayando la línea interpretativa de Becker-Bender. Tan sólo reprocharle en el movimiento lento unos pianissimi a menudo ahogados y un insuficiente legato. La Sonata nº 2 debe provocar un estado de saturación cromática, algo que la violinista cumplió potenciando su crudeza expresiva y oscura energía, que en el caso del pianista se tradujo en un frío acompañamiento percutido; en cualquier caso ambos aprobaron en su abordaje de unas obras tan difíciles y delicadas. En las rapsodias el protagonismo indiscutible es del violín. Estas piezas, que tienen su origen en los verbunkos (melodías y danzas tradicionales húngaras), tienen un marcado aire gitano que se traduce en una interpretación vigorosa, enérgica y a veces endiablada, como la que ofreció Becker-Bender. La participación del pianista es en este caso un mero pero eficaz acompañamiento. La velada se extendió con una danza popular del mismo autor, testigo de que hay más música para violín y piano atribuible a Bartók, aunque no sea estrictamente de cámara.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

CICLO JÓVENES MÚSICOS EN EL FESTIVAL DE MÚSICA DE CÁMARA JOAQUÍN TURINA: LA MÚSICA NO PARA

Ciclo Jóvenes Músicos del IV Festival Joaquín Turina septiembre 2013
Lunes 9: Trío Círculo Op.91 de Turina, Divertimento Op.51 de Paul Juon (Grupo de Cámara de la OJA), Trío con piano nº 2 Op.80 de Schumann (Trío Stellae).
Martes 10: Allegro del Quinteto KV581 de Mozart (Quinteto Franc), Piano Trío nº4 KV542 de Mozart (Trío Stellae), Trío nº 2 Op.76 de Turina (Trío Albéniz).
Sala Joaquín Turina de la Fundación Cajasol

La participación de jóvenes talentos en el Festival Turina cobró esta edición especial relieve, erigiéndose como preludio o antesala del certamen en sí y ocupando las tres jornadas previas a su inauguración. Es lógico que un proyecto auspiciado por Benedicte Palko, reconocida y competente maestra de la nueva cantera de solistas aquí y en otras plazas españolas, otorgue este protagonismo a quienes, en crisis o no, conforman la línea de combate más preparada e ilusionada del panorama musical presente y futuro. Ellos son la prueba del auge que entre la juventud ha tenido la música clásica en los últimos años, y la demostración de que hay esperanza para un futuro en el que no pare la música.

La pianista Rosalía Gómez Lasheras,
integrante del Trío Stellae
El excelente trabajo que desde hace años desempeña la Orquesta Joven de Andalucía se vio representado por un buen número de solistas que desplegaron un trabajo considerablemente digno en piezas como el Trío Círculo de Turina, con el que oportunamente se abrió esta semana dedicada a la música íntima y camerística. De vocación descriptiva, el Círculo, también denominado Fantástico, es el último de los compuestos por el autor sevillano. Lo hizo en 1936, justo antes del parón bélico, pero no lo estrenó hasta 1942. El repaso con connotaciones debuyssianas que hace desde el amanecer hasta el anochecer, pasando por un pintoresco casi folclórico mediodía, obtuvo de las cuerdas una lectura disciplinada pero en ocasiones desequilibrada y no muy acertada en el plano expresivo, mientras el piano le imprimió mayor entusiasmo. El Sextuor para piano e instrumentos de viento del músico ruso de origen germánico Paul Juon no se encuentra entre su música de cámara más respetada, pero tiene encanto, mucho color y ritmo, que los jóvenes de la OJA tradujeron de manera impecable. Destacable fue el dúo entre piano y clarinete del primero de sus dos intermezzi, un diálogo tan equilibrado como elegante. La pieza más relevante de la primera jornada, el Trío con piano nº 2 de Schumann, recayó en el Trío Stellae, que acertó en dotarlo del tono sombrío propio del momento anímico que sufría el autor cuando fue concebido, aunque no tanto de su capacidad de seducción. Si los movimientos extremos resultaron arrebatadores y el minueto irónico y suntuoso, el lento no alcanzó el grado de melancolía que demanda; con todo resultó una interpretación notable.

El Trío Albéniz y la pianista griega Irini Gaitani
(en el centro)
Un desafortunado incidente impidió que el Trío San Sebastián actuara la segunda jornada, provocando un cambio de programa y la concurrencia de nuevo del Stellae, así como del Trío Albéniz, en un alarde de profesionalidad y generosidad que les hizo incluso sacrificar todo un día de ensayos. Si hubo alguien que brillara especialmente y exhibiera un talento fuera de serie, fue sin duda Rosalía Gómez Lasheras, que llena de energía y poesía desgranó cada nota del Piano Trío nº 4 KV542 de Mozart con entusiasmo, fraseo impecable, osadas modulaciones y un sentido de la cantabilidad notable. Sus compañeros acusaron falta de cohesión y armonía, seguramente por esa premura a la que hacíamos alusión. Por su parte, el Trío Albéniz realizó una lectura competente de Trío nº 2 Op. 76 de Turina, acusando tanto sus aires brahmsianos como sus puramente españolistas, pero sin estridencias ni excesos folclóricos, un sonido homogéneo y sedoso así como un final enérgico y contundente. Antes las jovencísimas integrantes niponas del Quinteto Franc pusieron la nota de color con sus luminosos trajes, extrayendo del Allegro introductorio del Quinteto para clarinete y cuerda K 581 de Mozart todas sus posibilidades tímbricas y expresivas, destacando la elocuencia e ingenuidad con que fue atacada la parte solista de un instrumento que alcanzó con el compositor de Salzburgo auténticas señas de identidad.

Versión extensa de la crítica publicada en El Correo de Andalucía el 12 de septiembre de 2013