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viernes, 5 de diciembre de 2025

LEONOR BONILLA RESPLANDECE JUNTO A LA ROSS

Sinfónico 6: Tutto Mozart. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Leonor Bonilla, soprano. Jan Willem de Vriend, dirección. Programa: Obertura de Lucio Silla, K.135; Popoli di Tessaglia! Io non chiedo, eterni Dei, K.136; Adagio y fuga en Do menor, K. 546; Vorrei spiegarvi, Oh Dio!, K. 418; Ah se in ciel, benigne stelle, K. 538; Sinfonía nº 41 en Do mayor, K. 551 “Júpiter”, de Wolfgang Amadeus Mozart. Teatro de la Maestranza, jueves 4 de diciembre de 2025


Otro lleno casi absoluto y un gesto más del Maestranza para cumplir su función de templo de la lírica, tras unas semanas apoteósicas en las que hemos podido disfrutar de La reina de las hadas de Les Arts Florissants, Orfeo y Eurídice con Cecilia Bartoli, Lucrezia Borgia de Donizetti, y el próximo domingo el esperado recital de Xabier Anduaga. Que el público esté respondiendo de esta manera tan entusiasta y entregada a tan rica y a la vez inabarcable oferta, quizás sea un síntoma de que el interés por la gran música vuelve a lucir en esta tierra con tantos festejos y celebraciones.

El sexto programa de abono de temporada de la Sinfónica se inscribe también en esa programación lírica del Maestranza, con la intervención estelar de la soprano sevillana Leonor Bonilla, consolidada ya como gran estrella internacional, cuyas generosas aptitudes quedaron fehacientemente demostradas en un programa tan exigente como el diseñado por Macías y el equipo responsable de la orquesta. La propuesta es un Todo Mozart, o quizás más bien un Sólo Mozart, pues gramaticalmente todo respondería más bien al inabarcable catálogo completo del compositor, mientras sólo se circunscribe a una selección del único autor en el programa.

De cualquier forma, una obertura operística, tres arias de concierto, una pieza de juventud y su última y grandísima sinfonía, dan buena muestra del arte y la estética inconfundiblemente mozartiana. A la batuta, el trabajo del holandés Jan Willem de Vriend se antojó robusto, entusiasta y muy atento a cada inflexión de la orquesta, así como respetuoso frente a las de la voz, una Leonor Bonilla quizás en su mejor momento, muy madura y capaz de enfrentarse a los retos más difíciles y salir triunfante.

Un talento que ha crecido ante nuestros ojos y oídos

Tenemos la suerte absoluta de haber sido testigos de la extraordinaria evolución de esta joven soprano sevillana, desde su triunfo en el Certamen Nuevas Voces de Sevilla hasta su jocosa participación en El califa de Bagdad de Manuel García hace apenas dos meses, pasando por aquella Lucia di Lammermoor en 2018 y los recitales y galas con las que nos ha acompañado en varias veladas felices. La de anoche, que se repite hoy, se suma a todas ellas con un concierto de enorme calidad y calado entre la afición, que no dudó en ovacionar hasta el infinito el talento de su voz y encanto.

Popoli di Tessaglia! es un aria concebida para incluirse en la ópera Alceste de Gluck, pero de tal complejidad que rara vez lo hace, de forma que se ha reservado para concierto y voces muy atrevidas, como la de Bonilla, que logró salir airosa de tan difícil misión. La pieza, una combinación de recitativos y arias de considerable duración, ofrece ocasiones de sobra para el lucimiento, pero también notas de muy difícil resolución que Bonilla afrontó de forma lúcida y brillante. A esa dificultad técnica superada hay que añadir la enorme belleza de su voz y el gusto exquisito con que la entona.

Con extrema delicadeza y un cuidado extraordinario en los acentos, entonó la muy melódica Vorrei spiegarvi, otra aria de concierto destinada a una ópera ajena, en la que la desesperanza por amor cobra un sentido especial a través de la belleza de la línea melódica, maravillosamente defendida por la rutilante y estupendamente ornamentada voz de la soprano, y siempre con la complicidad de la batuta. En Ah se in ciel, benigne stelle es su exigente coloratura lo que puede poner en jaque a la cantante, mientras se debate entre el amor y la muerte. Bonilla empleó todos los recursos posibles para conseguir una interpretación vertiginosa y exuberante de la pieza, siempre bajo la mirada atenta y el respeto absoluto que desplegaron el director y la orquesta, con especial mención a los bellísimos solos del clarinete acompañando la estremecedora melodía.


Una batuta informada y elegante

En el primer encuentro de Jan Willem de Vriend con la Sinfónica, sus ademanes enérgicos y entusiastas recibieron una óptima respuesta por parte de una orquesta que aunque reducida a la treintena de integrantes, sonó con una suntuosidad increíble. Así pudimos comprobarlo en la vivaz primera parte de la obertura de la ópera de juventud Lucio Silla, mientras en la segunda desplegó todo su encanto y armonía, para regresar al ímpetu y la voracidad en la tercera y conclusiva.

Más singular nos pareció el Adagio y fuga K. 546, un particular homenaje a la gramática bachiana que juega en bucle y recrea sonoridades en espiral que se van superponiendo, con especial énfasis en una cuerda grave que da mucho cuerpo a la partitura. La respuesta aquí de director y orquesta fue también impecable.

Por muchas veces que escuchemos la Júpiter de Mozart, nunca nos cansaremos de hacerlo. Los primeros acordes nos parecieron abruptos, secos y acelerados, temiendo que la interpretación históricamente informada, siguiendo la tercera vía de los instrumentos modernos, fuera a disgustarnos por sus marcados acentos y dinámicas muy contrastadas. Sin embargo, la sinfonía deambuló con fluidez y soltura, vibrato reducido, planos sonoros muy bien diseñados y matices en los que se vislumbró una especial elegancia para afrontar tan archiconocida pieza. En consecuencia, nos gustó este director holandés implicado en varias formaciones de prestigio europeas y asiáticas.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 27 de septiembre de 2025

ACERTADA ADAPTACIÓN DE UN TÍTULO A REIVINDICAR

Il Califfo di Bagdad. Música de Manuel García. Libreto de Andrea Totola. Alessandro D’Agostini, dirección musical. Guillermo Amaya, dirección escénica. Juan Ruesga, escenografía. Nino Bautí, vestuario. Adolfo Carmona, iluminación. Con Leonor Bonilla, Juan de Dios Mateos, Nerea Berraondo, Pepe Hannan, Alicia Naranjo, Eugenio Maria Degiacomi. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Joven Coro de Andalucía. Producción del Festival de Ópera de Sevilla y Ayuntamiento de Sevilla. Patio de la Montería del Real Alcázar de Sevilla, viernes 26 de septiembre de 2025

Leonor Bonilla y Alicia Naranjo

Por segunda noche consecutiva, al Festival de Ópera, todavía en posición de salida, consigue un magnífico resultado, esta vez de la mano de uno de los títulos más reconocidos y reivindicables del catálogo de Manuel García, autor sevillano por el que cada vez se apuesta más y más se programan, no sólo en su tierra, sus obras. De hecho, El califa de Bagdad se pudo ver y escuchar hace tiempo en Granada y en Madrid antes de recalar, ya por fin completa y no en forma de obertura y arias sueltas, en la ciudad que vio nacer a su cosmopolita compositor.

Aquí se ha presentado en una producción del propio festival que, con los trabajos de adaptación convenientes para saltar a un gran escenario, tiene todos los ingredientes para triunfar en salas y auditorios acondicionados para un espectáculo lírico. Y es que al aire libre, en el Patio de la Montería del Alcázar, debió enfrentarse a imprevistos como el de una fiesta en una terraza aledaña cuya música invadió agresivamente el disfrute del público que llenó el suntuoso patio del palacio sevillano. Afortunadamente, la intervención de la organización evitó que el inconveniente se extendiera en exceso.

Tampoco la imprescindible amplificación estuvo del todo atinada en la primera de las dos partes en que se divide el largo espectáculo, casi tres horas de duración. Aceptable fue que se decidiera no amplificar a la orquesta, mientras las voces lo fueron de forma harto discreta cuando cantaban y con más potencia en los diálogos, lo que unido a la excelente dicción de todos y todas las intérpretes, hizo innecesaria la proyección de sobretítulos cuando hablaban. Sí hubiera sido conveniente traducirlos al inglés, y hacer lo propio con las partes cantadas, en sustitución del innecesario original en italiano. Y es que público internacional, como la noche anterior, sí que hubo.

Sin embargo, esa amplificación jugó malas pasadas en la primera parte, con acoples, fallos de sonido y exceso de volumen en algunas partes cantadas. Todo lo cual se corrigió en una segunda parte impecable a nivel técnico, y más disfrutable por extensión. Lo que nos hace augurar que la función de esta noche, segunda de las tres programadas, resultará aún más feliz.

Un reparto brillante y divertido

Volvemos a celebrar, sin ánimo de resultar machacones, el excelente nivel musical que disfrutamos en esta ciudad desde hace ya tiempo, y que se extiende también a lo vocal, con Leonor Bonilla como estrella rutilante, capaz de embelesarnos al máximo con su control y dominio absoluto de todos los resortes imaginables del bel canto, algo de lo que García demuestra haber sido un conocedor absoluto y un alumno inmejorable, capaz de poner literalmente en un brete a cualquier voz que se atreviese a entonar sus complejas y alambicadas partituras.

Juan de Dios Mateos

La sensacional voz de la soprano sevillana brilló como nunca, con peajes inolvidables como esa larga exhibición de idiomas y costumbres que mereció el encendido aplauso del público. Naturalidad, fluidez y seguridad fueron algunos de los atributos de una voz de precioso y diamantino timbre que se vio perfectamente arropada por el resto del elenco.

Y eso que el también andaluz, el almeriense Juan de Dios Mateos, que tanto nos hizo disfrutar la pasada temporada en el Femás con El poeta calculista, también de García, empezó con no demasiado buen pie, flojo en las coloraturas, áspero y un punto nasal en la voz. E igual que fue mejorando paulatinamente, reencontrándonos con ese buen tenor que de seguro es, volvió a deslucirse hacia el final. No le retiramos ni muchísimo menos la confianza por eso, y destacamos su portentosa vena cómica y su perfecta adecuación a los papeles de galán irresistible, desnudo obligado incluido, como se viene observando recientemente en el mundo de la lírica.

Del resto destacamos ese valor en alza, de fulgurante y rápido ascenso, que es Alicia Naranjo, después de deleitarnos con los Lieder eines fahrenden Gesellen en el primer concierto de la ROSS de la temporada, y que aquí derrocha comicidad, demuestra ser una excelente actriz y, sobre todo, dominar todos los resortes de su voz para cumplir con creces las exigencias de su rol, exhibiendo rotundidad, fluidez y seguridad a raudales.

Quien más problemas tuvo con la técnica fue la también espléndida mezzosoprano navarra Nerea Berraondo, que se enfrentará el próximo 12 de octubre, último día del festival, a un recital en torno al mito de Carmen. Los apuntados problemas de megafonía enturbiaron su trabajo en esa primera parte, a pesar de lo cual exhibió también buenas dotes para el bel canto, y se lució con brillantez en esos cuplés en los que ensalza su genio y figura antes de convertirse en la madre de la protagonista. Tanto el tenor Pepe Hannan como el barítono Eugenio Maria Degiacomi apuntaron buenas maneras y correctas facultades, mientras el entusiasmo de los y las miembros del Joven Coro de Andalucía, suplió sus posibles carencias, achacables a falta de experiencia y rigor ajustado a sus edades.

Nerea Berraondo, Pepe Hannan y Alicia Naranjo

Capítulo aparte merece la excelente adaptación integral de Guillermo Maya, responsable también de una dinámica dirección escénica, ágil y desenfadada a pesar de la estrechez obligada del escenario, hábilmente diseñado de nuevo por Juan Ruesga, y con vestuario también de Nino Bautí, que nos llevaron a los setenta del siglo pasado con sus colores chillones y sus pantalones de campana. Amaya no se conformó con trasladar la ambientación del orientalismo de moda en el siglo XIX a esta época reciente, sino que se atrevió acertadamente a incluir en los textos e incluso en las letras, referencias explícitas que convencieran de la operación sin los habituales anacronismos ni ridiculeces que acechan a estas traslaciones.

No podemos terminar esta reseña sin aplaudir el trabajo acertado, tan en estilo, de la Sinfónica bajo la dirección de Alessandro D’Agostini, que demostró buen oficio y ser gran conocedor de las formas clasicistas, lo que se tradujo en una interpretación ágil y concentrada, nada avibratada, tampoco seca ni áspera, y desde luego muy respetuosa con las voces; claro que ahí entra también la acertada decisión apuntada sobre la amplificación. Una interpretación que dejó entrever además que la habilidad de García para la instrumentación, tantas veces puesta en cuestión, fue también un punto fuerte en su esmerada y atenta educación.

Fotos: Agustín Pacheco (Archivo fotográfico del Festival de Ópera de Sevilla)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 13 de mayo de 2022

SOLO ELLA ES YA UN GRAN ESPECTÁCULO

3er Concierto del Ciclo Noches del Lope de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Leonor Bonilla, soprano. Óliver Díaz, director. Programa: Obras de Ramón Carnicer, Manuel García, Gerónimo Giménez, Federico Moreno Torroba, Wolfgang Amadeus Mozart, Jules Massenet y Léo Delibes. Teatro Lope de Vega, jueves 12 de mayo de 2022


Desde que se hiciera con el primer puesto en el Certamen Nuevas Voces Ciudad de Sevilla, la paisana Leonor Bonilla se ha ido haciendo fuerte no solo en nuestro país sino con una carrera ya internacional que ha ido afianzando su peso en la profesión. Un camino que entre nosotros se ha ido consolidando en el Teatro de la Maestranza y el Espacio Turina, junto a la Sinfónica en óperas como Lucia di Lammermoor, El elixir de amor y más recientemente Capuletos y Montescos, con la Barroca en su último concierto de Navidad, y en galas como la que presentó Pedro Halffter junto a la Orquesta Nacional de España en un ya lejano 2016, o la que celebró el treinta aniversario del coliseo junto a figuras como Ainhoa Arteta o José Bros, así como la que reabrió el Maestranza tras la pandemia en julio del 2020. Han sido peldaños en los que hemos ido descubriendo cómo su talento, su esfuerzo y dedicación, y sobre todo la madurez de su voz han ido cosechando triunfos y confianza, hasta alcanzar cumbres tan indiscutibles como la que nos brindó ayer en el Lope de Vega en su primer concierto en solitario junto a la ROSS.

Podría decirse que el de ayer fue un concierto diseñado a imagen y semejanza de los que antes saludaban la Feria de Abril, justo antes de que de la otra Maestranza comenzara el precioso desfile de carruajes, el domingo que antes preludiaba la fiesta sevillana. En el programa, maestros patrios y extranjeros celebraron la gracia de nuestra tierra, desde Mozart y las aventuras de Fígaro a la zarzuela que Gerónimo Giménez dedicó a uno de nuestros monumentos más emblemáticos, pasando por el concepto que de una sevillanas tenía Massenet o el dominio del bel canto que llegó a cosechar el tenor sevillano Manuel García. Todos fueron invocados en este particular concierto en el que luciendo de nuevo el que parece ser su color favorito, un rojo apasionado y seductor, cautivó al público con una voz extraordinaria, profunda y perfectamente colocada y timbrada, sedosa y rutilante a la vez, tan precisa y llena de confianza que es capaz de las más elaboradas ornamentaciones y control de la coloratura sin llegar a resultar en ningún caso ni estridente ni exagerada. Y lo que es mejor, con esa capacidad para conectar y enganchar al público que es exclusiva de los grandes artistas. Ella constituye por sí sola un gran espectáculo.

Músicas con olor a jazmín

Estos días se está confirmando aquello de que en Sevilla no existe primavera, que pasamos de repente y casi siempre sin previo aviso al rigor del calor veraniego, y sin embargo seguimos mitificando esa supuesta primavera sevillana como un fenómeno no solo atmosférico sino cultural. Así lo demuestra el programa de este último concierto de la temporada de la ROSS en el Lope de Vega, marcado por el aroma a jazmín que tanto caracteriza esa ficticia primavera, y así lo demostró Bonilla en sus interpretaciones de Manuel García, con un aria y cavatina de Don Quijote, sobre agudo incluido, que en la propina convirtió hábilmente en seguidilla con solo la incorporación de unas idiomáticas castañuelas tocadas por ella misma con el mismo arte que tilda su canto. Una gracia y un desparpajo que lució también en la famosa romanza Me llaman la primorosa de El barbero de Sevilla de Giménez, rebelde mantón incluido, o portando abanico en la habanera de la zarzuela de Moreno Torroba Monte Carmelo. El mismo encanto y generosa proyección, pero ya con otro estilo, que destiló con la aludida Sevillana de la ópera rara, como aquel sello que recuperaba títulos poco divulgados del teatro lírico, Don César de Bazán, y la encantadora Canción española de Las hijas de Cádiz de Delibes.


Decíamos a propósito del concierto de la ROSS Joven del pasado lunes que esta era una semana muy comprometida y fatigosa para el director asturiano Óliver Díaz, que el próximo sábado y domingo acompañará a la orquesta en formación camerística y a nuestra querida Ruth Rosique en una interpretación de Pierrot Lunaire de Schoenberg. Y de nuevo demostró anoche que es un nombre solvente y muy a tener en cuenta, logrando en todo momento interpretaciones muy en estilo, vivaces y entregadas de la Sinfónica en piezas como la rossiniana obertura de El barbero de Sevilla de Ramón Carnicer, el majestuoso y variopinto preludio de La torre del oro y la enérgica obertura de Las bodas de Fígaro mozartiana, como adelanto de la nueva temporada del Maestranza conocida apenas unas horas antes. Pero sobre todo Díaz demostró un respeto y una compenetración extraordinarias con quien protagonizaba la cita, la cada vez más imprescindible Leonor Bonilla, tan joven y llena de talento.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 30 de diciembre de 2021

LEONOR BONILLA, LA ESTRELLA DE LA NAVIDAD

Concierto extraordinario de Navidad de la Orquesta Barroca de Sevilla. Leonor Bonilla, soprano. Jacobo Díaz, oboe. Coro Asociación Musical CÓDICE (Esther Sanzo, dirección). Leo Rossi, dirección. Programa: Concerto grosso Op. 6 nº 9 en Fa mayor, Piangeró la sorte mia, de Giulio Cesare in Egitto, y selección de El Mesías, de Haendel; Concierto para oboe en re menor, de Marcello; Domine Deus, de Gloria de Vivaldi; Laudate Dominum, de Vesperae solennes de Confessore de Mozart; Concerto grosso Op. 6 nº 8 “para la Noche de Navidad”, de Corelli. Teatro de la Maestranza, miércoles 29 de diciembre de 2021


La Barroca de Sevilla fue todavía más barroca anoche en el Maestranza con el patrocinio del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla. Una ciudad tan barroca y una orquesta tan en estilo conjugándose en esta primera cita navideña que brinda el coliseo hispalense al conjunto local, y que esperemos acabe convirtiéndose en tradición, como deseó el siempre elocuente y amable Ventura Rico en unas oportunas locuciones introductorias, y también lo deseamos todos y todas nosotras. Más que un concierto de Navidad, lo que disfrutamos con la Barroca anoche fue de un concierto de despedida del año, no en vano es el último al que la mayoría de los y las que estábamos allí asistiremos en este casi extinto dos mil veintiuno. Para la ocasión la formación se arropó convenientemente con la voz cada vez más rutilante de la joven soprano también sevillana Leonor Bonilla, que con su actuación se erigió en auténtica estrella que toda Navidad necesita, aunque más que para guiarnos esta vez sirviera para hacernos levitar.

Desde aquel lejano primer premio en el Certamen de Nuevas Voces de Sevilla, a Bonilla la hemos disfrutado mucho en roles belcantistas como Lucia di Lammermoor, L’elisir d’amore y apenas hace unos días en Capuletos y Montescos, siempre en perfecto estilo y resolviendo con sobresaliente las numerosas dificultades para la voz que esos roles ofrecen. Nos encantó también en aquel Orfeo y Eurídice que dirigió escénicamente Rafael Villalobos en Jerez, en el Carmina Burana que dirigió Pedro Halffter en 2016, y cuando participó junto a otras aclamadas voces españolas en la celebración del treinta aniversario del Teatro de la Maestranza, hace apenas unos meses. Siempre convence, y siempre en el estilo perfecto que exige cada ocasión, esta vez abordando páginas de Haendel y Vivaldi como si lo hubiera estando haciendo toda la vida, adaptándose así a la perfección a las exigencias de una orquesta que siempre ha procurado recrear la música de la época con el máximo rigor histórico posible. Bonilla encaró con tanta delicadeza como aplomo, según qué pasajes, el célebre Piangerò la sorte mia de Julio César, con vehemencia pero también mucha ternura el precioso Domine Deus del Gloria de Vivaldi, y con una extrema dulzura el Laudate Dominum de las Vísperas Solemnes de Confesor de Mozart, que el coro de la Asociación Musical CÓDICE arropó con mucho respeto y encanto, una nueva muestra de lo que lleva calando la buena música en nuestra ciudad desde ya tanto, como muestra es también de la pasión y la entrega que ponen los miembros de la Barroca que Valentín Sánchez se encargara de la dirección de esta pieza, al igual que hizo con la navideñas propinas, una Noche de Paz y un Adeste Fideles que soprano y coro entonaron como si del final apoteósico de una película romántica hollywoodense se tratara. Al segundo además fuimos invitados e invitadas todas a cantar, con resultados nada desdeñables. Con tres arias de El Mesías de Haendel culminó la participación programada de la soprano, para quien los elogios se nos agotan a la hora de valorar las inflexiones de su voz y los elegantes cambios de registro que experimentó en How beautiful are the feet y I know that my Redeemer liveth, así como las exquisitas agilidades desplegadas en la jubilosa Rejoice greatly.

Jacobo Díaz y Leonor Bonilla
A todo eso se plegó la orquesta con suma elegancia y humilde respeto. Una formación que pudimos comprobar esta vez sonó atemperada y cálida, menos pujante de lo que nos tiene acostumbrados, resolviendo el Concerto grosso nº 9 de Haendel con agilidad y buena gramática, bajo la supervisión atenta del concertino Leo Rossi, que se encargó esta vez de la dirección. Igualmente cálida y exquisita resolvió el Concierto para oboe de Marcello, que tan popular hizo el cine, sobre todo la mítica Anónimo veneciano. En él el oboísta igualmente sevillano Jacobo Díaz desplegó toda su sabiduría y buen hacer para lograr unos movimientos extremos ágiles y desenfadados, si bien precisamente el adagio central le quedó algo rígido y corto de vuelo lírico. Su participación junto a Leonor Bonilla en el aria del Gloria de Vivaldi aportó aún más belleza a la brillante interpretación. Igualmente delicada fue la versión que el conjunto brindó del popular Concierto que Corelli dedicó a la Navidad, destacando así mismo un espíritu melancólico, con la siempre musculosa aportación del continuo, esta vez con incorporación del fagot de Eyal Streett y el sedoso sonido logrado con una plantilla gozosamente numerosa y una elegante mampara trasera que evitó dispersión en la proyección de un conjunto con el que prácticamente siempre disfrutamos a rabiar.

Se da, sin embargo, la circunstancia de que tanto en el concierto del día anterior con la Orquesta de la Fundación Barenboim-Saïd y Pablo Heras-Casado, como en este abundaron esos atrevidos aplausos fuera de lugar, entre movimientos e incluso en medio del aria de Julio César, lo que importuna muchísimo y causa tanta vergüenza ajena. Pero podemos entender por el lado positivo si consideramos que se debe a la continua asistencia de público nuevo, lo que esperemos posibilitará nuevos aficionados y aficionadas en un futuro próximo, quizás para este nuevo año que entra inminentemente y deseamos llegue cargado de fortuna y mucha salud.

Fotos. Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 10 de diciembre de 2021

LAS CONSECUENCIAS DEL AMOR Y DEL ODIO

Ópera de Vicenzo Bellini con libreto de Felice Romani. Jordi Bernàcer, dirección musical. Silvia Paoli, dirección escénica. Tecla Gucci Ludolf, reposición de la puesta en escena. Andrea Belli, escenografía. Giulia Giannino, vestuario. Alessandro Carletti, iluminación. Hugo Carugatti, reposición de la iluminación. Con Leonor Bonilla, Daniela Mack, Airam Hernández, Luis Cansino, Dario Russo y alumnos del Conservatorio de Danza Antonio Ruiz Soler. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Alumnos del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo (Salvador Vázquez, dirección). Coproducción de la Ópera de Tenerife y el Teatro Comunale de Bolonia. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de diciembre de 2021

Daniela Mack y Leonor Bonilla

No nos extraña que sea la Ópera de Tenerife la encargada, junto a la de Bolonia, de recuperar este título de Bellini menos frecuentado que sus populares I puritani, La sonámbula y Norma. Es desde hace tiempo sede de programaciones muy arriesgadas, repletas de títulos noveles, música contemporánea y recuperaciones como la que nos ocupa, una pieza que el compositor siciliano compuso en tiempo récord con la complicidad de su libretista habitual, Felice Romani, que para la ocasión se inspiró en las fuentes italianas del siglo XVI que sirvieron a su vez de inspiración a Shakespeare para Romeo y Julieta. Por cierto, que entre este título y la primera adaptación operística de una obra del escritor bardo, Macbeth de Verdi, distan diecisiete años. También en el germen de este título se encuentra el cuento de Matteo Bandello sobre las consecuencias del odio entre gibelinos y güelfos, las dos facciones que desde el siglo XII apoyaron en el Sacro Imperio Romano Germánico a la Casa de Suabia y la de Baviera respectivamente, y que tanto marcaron el romance imposible entre los dos protagonistas de la función.

Este montaje vino travestido como su protagonista masculino con voz de mezzosoprano, que se entendía transmitía mejor los sentimientos amorosos, trasladando la acción a los setenta del siglo pasado y convirtiendo Verona en un bar de la época, con sus billares y pósters alusivos a deportes, cine y publicidad del momento. Dos clanes de la mafia enfrentadas y marcadas por un trágico acontecimiento entre chiquillos de ambos bandos, protagonizan esta historia de amor imposible con una puesta en escena detallista en su escenografía y vestuario, si bien adolece como tantas otras veces de una dirección escénica escasa en agilidad y compromiso. La aparición frecuente de los niños, envueltos en el polvo del tiempo que tanto ha potenciado las diferencias entre adultos, se revela redundante y solo provoca saturación en el escenario, lo que hace que el trabajo dramático y vocal de sus protagonistas resulte a veces complicado y de esa manera todavía más meritorio. Todo se desarrolla en un único espacio, sometido a puntuales transformaciones según el acto, con el coro sometido a movimientos coreográficos a menudo torpes y raquíticos, con sus integrantes sometidos a una representación conceptual enfática, lo que no hace sino acrecentar la sensación de saturación también en lo intelectual.

Alta calidad musical

Airam Hernández y Luis Cansino
En ese contexto se desarrolló un espectáculo musical de primera calidad, apoyado en unas protagonistas de auténtico lujo y una comparsa, entre secundarios y orquesta, de alto nivel. Tanto el director musical, el alicantino Jordi Bernàcer, como la mezzo argentina Daniela Mack, tienen una fuerte vinculación con la Ópera de San Francisco. A ella se le notó especialmente por su excelente trabajo escénico y dramático, algo que en aquellas latitudes se cuida muy especialmente y que en su caso derivó en un Romeo harto convincente, no solo en el disfraz físico sino también en sus ademanes, definitivamente masculinos aunque sin excesos ni afecciones. Especialmente notable fue su colección de gestos y movimientos coreográficos en el duelo con Tebaldo del segundo acto. Por su parte, Bernàcer llevó la batuta con el equilibro justo que la obra demanda, aprovechando sus emocionantes líneas melódicas, llenas de pasión y seducción y otorgando máximo relieve a la voz. Bajo su dirección pudimos apreciar perfectamente el tránsito entre el bel canto más puro y el romanticismo más expresivo que supone este título de Bellini. Solo en determinados momentos donde prima más el furor llegó a tapar las voces principales, y a pesar de que entonces el empuje no era todo lo decisivo deseable. En el apartado solista todos tuvieron una gran noche, desde las revoltosas y ágiles maderas, especialmente las flautas, hasta el oboe y el clarinete, la majestuosa trompa y el violonchelo en el preludio del acto segundo. También la banda interna, integrada por alumnos del Conservatorio Manuel Castillo, cumplió con nota alta.

La fiesta vocal arrancó pronto, con el tenor tinerfeño Airam Hernández dando vida a un Tebaldo de voz clara y despejada, considerable potencia y muy buen gusto al modular, patente en la cabaleta de venganza É serbata a questo acciaro. Los bajos cumplieron con solvencia. A Luis Cansino lo hemos visto en este escenario tanto en títulos operísticos como zarzueleros. Su voz de barítono cas bajo permanece profunda y penetrante, mientras en lo actoral se defiende con ejemplaridad. Quizás el bajo Dario Russo acusó una mayor inseguridad, pero su rendimiento fue satisfactorio en general. Ellas fueron sin duda las grandes vencedoras de la empresa. Mack añadió a su portentoso trabajo dramático una voz aterciopelada, de amplio registro, convenientemente modulada aunque las agilidades no fueran su fuerte, siempre bien apoyada y con una línea de canto homogénea y agradecida. Se sintió cómoda tanto en sus momentos más íntimos y líricos (L’amo tanto o el conmovedor final Tu sola, o mia Gulietta) como en los más agresivos, componiendo junto a Leonor Bonilla dúos de enorme calado sentimental (Ah, crudel ognor ragioni).

La soprano sevillana volvió a encandilarnos con su voz de precioso timbre y elegantísimo fraseo, que fluyó como un perfume, equilibrando drama y lirismo y salvando con ejemplaridad las muchas complejidades que encierra su parte. Bonilla sonó seductora y conmovedora, con la proyección justa y las ornamentaciones precisas, con un canto muy expresivo y las dosis dramáticas justas. Su primera aparición, Eccomi in lieta vesta, fue todo un gozo, contenida y triste, con sensacionales inflexiones en la voz que le llevaron del pianissimo a lo más expresivo con proverbial facilidad, modulando siempre con exquisitez y sentido común. Suyas fueron las mayores ovaciones de una noche en la que también tenemos que destacar el magnífico trabajo del coro masculino, especialmente en Lieta notte avventurosa, y la emocionante experiencia de los niños, que acataron a la perfección la disciplina de un montaje de esta envergadura.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía