domingo, 17 de octubre de 2021

DISTANCIA DE RESCATE Adivina, adivinanza

Perú-Chile-España-USA 2021 93 min.
Dirección
Claudia Llosa Guion Claudia Llosa y Samantha Schweblin Fotografía Óscar Faura Música Natalie Holt Intérpretes María Valverde, Dolores Fonzi, Guillermo Pfening, Germán Palacios, Emilio Vodanovich, Guillermina Sorribes Liotta, Marcelo Michonaux, Macarena Barros Montero Estreno en el Festival de San Sebastián 20 septiembre 2021; en España 8 octubre 2021; en Internet 13 octubre 2021


La directora de La teta asustada vuelve a fijar su atención en las relaciones entre madres e hijos e hijas, tras su primera producción española con No llores, vuela, rodada en inglés con reparto internacional. Su fuente de inspiración en esta ocasión es la novela corta de la argentina Samantha Schweblin, saludada hace siete años con todos los honores y definida como un maridaje perfecto entre estilo narrativo o forma y estado mental. No en vano parece ser que la historia cuenta los delirios de una madre en la cama de hospital donde supuestamente se está despidiendo de la vida. Su título original, Distancia de rescate, hace referencia al recorrido que puede llegar a hacer una madre para salvar a su hija o hijo en peligro, mientras el título anglófono, Fever Dream, resulta más explícito en cuanto al estado mental de su protagonista.

Ella es María Valverde, que desde que se convirtió en la esposa del exitoso director de orquesta Gustavo Dudamel se prodiga cada vez menos en el cine. Su belleza inmarchitable, que le hace seguir pareciendo una adolescente, no casa bien con una defectuosa dicción que, junto al acento chileno y argentino del resto del elenco, dificulta el entendimiento de una trama ya de por sí bastante complicada de seguir tal como la han planteado Llosa y la misma Schweblin en el guion. Todo parece indicar que se trata de las complejas relaciones entre madres e hijos, los miedos de la maternidad y el enfrentamiento a la misma en soledad. Para ello Valverde y Dolores Fonzi (La Patota) se entregan a una ambigua relación quizás sentimental que pone las cosas aún más difíciles, siempre dentro de parajes verdes y frondosos, en lujosas mansiones de campo con piscina incluida y generosas exhibiciones de cuerpos esbeltos en bikini.

Leemos en otras crónicas que lo mejor es abandonarse a la belleza estética de la propuesta y no preocuparse por la intensa psicología que plantea su enrevesada y desordenada trama. Bueno, es una manera de reconocer que no se ha entendido nada sin arriesgarse a condenar un tipo de producto que lamentablemente suele ser carne de defensa esnobista. Quizás es que no estuvimos atentos a los detalles, como advierte frecuentemente el niño que dialoga con la protagonista en off, una indicación que nos recuerda inevitablemente al personaje que interpretaba Ángel Garó en televisión, Juan de la Cosa, cuando planteaba una adivinanza.

LA GUITARRA IMPRESCINDIBLE

XII Festival de la Guitarra de Sevilla. Marlène Demers-Lemay “Das perfums, la nuit”: obras de Claude Debussy, Alexandre Tansman, Georges Migot y Pierre Breville; Aniello Desiderio ”Suite española”: obras de Gaspar Sanz, Manuel M. Ponce, Manuel Castelnuovo Tedesco y Leo Brower. Espacio Turina, sábado 16 de octubre de 2021

Francisco Bernier y Marlène Demers-Lemay en el vestíbulo del Espacio Turina

Doce años lleva Francisco Bernier luchando por mantener vivo este
Festival de la Guitarra, instrumento imprescindible de nuestra cultura y tan ligado a la ciudad. Así lo han debido entender justamente nuestras instituciones a la hora de apoyar la ingente labor del artista y empresario sevillano y hacer realidad estos años en los que conciertos y concursos se han dado la mano mientras el certamen continúa en parte funcionando como plataforma de lanzamiento de los registros que el propio Bernier va atesorando gracias a su sello discográfico Contrastes Records. Apoyo por lo tanto doble, al festival en sí y a una empresa que lejos de constituir un vellocino de oro se alza como vehículo imprescindible para la proyección y preservación de nuestro instrumento rey en todo el Mundo.

La presente edición, que sus responsables han dedicado al recientemente fallecido Antón García Abril, pero no cabe duda que también dedicarán en sus corazones a Luis de Pablo, fallecido cuando el festival ya estaba en marcha, e invitado de honor en una de sus primeras ediciones, comenzó oficialmente el pasado fin de semana, y entró este en su ecuador, con dos importantes artistas internacionales protagonizando la cita del sábado. Un día muy ajetreado en la ciudad, por la recuperación de algo tan querido entre nuestros conciudadanos como es ver procesionar al Gran Poder, lo que quizás propició un escaso aforo en el Espacio Turina, especialmente en el concierto de la canadiense Marlène Demers-Lemay, que acabó siendo un encuentro intimista entre ella y la veintena de personas que nos acercamos a escucharla. Algo más de suerte tuvo el italiano Aniello Desiderio, quizás porque su hora de arranque era ya más amable para nuestra costumbre. De cualquier forma sigue sorprendiéndonos que en una ciudad con dos conservatorios al menos importantes y la ya larga proliferación de artistas y grupos locales que se ha producido en las últimas décadas, todavía haya citas tan difíciles de superar.

Fragancias a media luz

La propuesta de Marlène Demers-Lemay, formada en Ottawa y con escala importante también en nuestra Pablo de Olavide, giró en torno a la figura de Andrés Segovia y su presencia en París allá por 1924, que tanto entusiasmo suscitó entre compositores en su mayoría profesores de la Schola Cantorum, y que tantas obras le dedicaron. El mismo recorrido que protagoniza su disco bajo Contrates Records, grabado hace casi tres años y titulado significativamente Des perfums, la nuit, algo así como Los perfumes de la noche. Y fragancias fue ciertamente lo que ofreció esta entregada guitarrista, que ilustró además en perfecto castellano las piezas interpretadas y su relación con el maestro de Linares. Así, a una Elegía original para piano y adaptada por la propia Demers-Lemay, de acordes muy breves y espaciados, siguió una Cavatina en cuatro movimientos del compositor polaco afincado en Francia Alexander Tansman, quien compuso varias obras para Segovia, entre ellas esta y también unas interesantes Variaciones sobre un tema de Scriabin. La Cavatina la acometió con mucha delicadeza y una pulsación precisa y limpia, igual que en la pieza del polifacético Georges Migot Pour un hommage à Claude Debussy, de líneas claras y concisas y esa estética relajante que caracterizó la aportación de la canadiense. Una Fantasía de Pierre de Breville, con más color y cambios de registro, coronó su breve intervención, condicionada por exigencias de horario.

Algo distinta fue la actuación del muy reconocido y galardonado artista napolitano Aniello Desiderio, que bajo el epígrafe de Suite española desgranó piezas de reconocible sabor latino, que arrancó precisamente con la pieza de igual título del imprescindible Gaspar Sanz, padre de la guitarra moderna y autor de ineludibles tratados sobre la materia. Desiderio deslizó sus dedos con agilidad e ímpetu hasta alcanzar unos Canarios de tempi muy rápidos en los que llegó a acusar alguna que otra imprecisión y enmarañamiento. No obstante acertó en estilo y espíritu, lo que se acusó también en la larga e imaginativa Diferencias y fuga sobre la Folía de España, una pieza del mexicano Manuel M. Ponce, autor en tránsito entre el XX y el XX que fue considerado en su época padre del nacionalismo musical mexicano. Cabe considerar la interpretación de Desiderio en esta pieza como un dechado de agilidad y de creatividad, sin embargo se le notó algo incómodo, lo que afectó a un resultado que no sobrepasó los límites de la mera corrección, algo que también atisbamos en Escarraman, obra de otro imprescindible, Manuel Castelnuovo Tedesco, de quien solo interpretó el cuarto y fugaz movimiento. Más libre y desenfadado se desenvolvió con El arpa y la sombra, una pieza que el cubano tan querido en Córdoba Leo Brower compuso como signo de admiración a Toru Takemitsu y que rezuma ese aire entre épico y misterioso de la música del genio japonés. Con él llamaron la atención especialmente esos acordes a dos manos sobre el mástil de la guitarra. En próximas convocatorias el aficionado podrá disfrutar de los portugueses Hugo Gamboias y Diogo Passos en el Pabellón de Portugal, y un fin de semana dedicado a la guitarra flamenca, con Daniel Casares y Juan Requena acompañando a la voz de José Valencia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 16 de octubre de 2021

EL PLACER DE ESCUCHAR A LA BARROCA

Concierto de apertura del Curso 2021/2022 de la Universidad de Sevilla. Temporada de conciertos 2021/2022 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Rafel Ruibérriz de Torres, flauta. Miguel Romero y Rafael Muñoz-Torrero, violines. Programa: Concierto para flauta en Re Mayor TWV 51:D2, de Telemann; Sonata Op. 5 nº 4 en Sol Mayor HWV 399, de Haendel; Suite nº 2 en Si menor BWV 1067 y Concierto para dos violines en Re menor BWV 1043, de Bach. Iglesia de la Anunciación, viernes 15 de octubre de 2021


Hace bien la Universidad de Sevilla en empezar el curso cada año de forma solemne a través de la música, y contar para ello con las formaciones orquestales que dan más relieve a la ciudad, la Sinfónica y en este caso la Barroca, a pesar de tener una orquesta propia, bien consolidada y espléndida en su género, como es la Conjunta. La orquesta fundada por Ventura Rico, que tuvo el acierto de pronunciar unas palabras de introducción y bienvenida antes del concierto, asoció en esta ocasión su arranque de temporada a esta ineludible cita académico musical auspiciada por el CICUS (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla), y lo hizo justificando en el célebre cuadro de Watteau Peregrinación a la isla de Citerea una fiesta del placer y la sensualidad, la que en este caso proporciona la obra del contemporáneo Johann Sebastian Bach en su feliz período al servicio del Príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen en Leipzig. Pero como de obras maestras se trata, no solo alimentan nuestra faceta más apolínea sino que también despiertan nuestro apetito dionisiaco y promueven toda clase de emociones en nuestro espíritu, especialmente cuando se sirven de la forma en que lo hacen los integrantes de la Barroca de Sevilla.

Telemann y Haendel sirvieron de prólogo
a las dos piezas elegidas del maestro de Eisenach. Del primero eligieron un concierto para flauta que concitó el reencuentro en escena de Rafael Ruibérriz de Torres con el conjunto. Las características de la flauta travesera y las particulares condiciones acústicas de la Iglesia de la Anunciación, que ya hemos comentado en tantas otras ocasiones, provocaron que su instrumento apenas sobresaliera entre el resto del conjunto, a pesar de lo cual fuimos capaces de apreciar su dominio técnico y expresivo, su elegante discurso e indiscutible capacidad para generar brillantes ornamentaciones basadas siempre en el buen gusto, control de la respiración y fluido fraseo. Sus espléndidos diálogos con Leo Rossi al violín y las impecables prestaciones a las que hemos hecho referencia lograron un primer movimiento de aires galantes, un allegro enérgico y un largo de espíritu casi religioso, así como un desenfadado vivace final. Ya con Bach como solista no acreditado, algo muy habitual en el catálogo del maestro, Ruibérriz se hizo notar más. La orquesta se redujo, atendiendo a las indicaciones de la partitura con el rigor que les caracteriza, a dos violines, viola y continuo, un sensacional trío protagonizado por Rico al contrabajo, Mercedes Ruiz al violonchelo y Alejandro Casal al clave, que dieron relieve y cuerpo al conjunto con el ímpetu y la fuerza arrolladora que les caracteriza. Tras la solemnidad de la obertura y la vivacidad del rondeau, la sarabanda fue defendida con precisión y elegancia, mientras el doble con un majestuoso violonchelo y una flexible flauta potenció ese placer para nuestros oídos prometido, y en el badinerie Ruibérriz aportó unas preciosas y elegantísimas ornamentaciones que dieron un flamante y original aspecto a la famosa pieza. Luego en la propina la repitieron pero a orquesta completa, cosas que solo a los muy detallistas se les ocurre.

Tras una Sonata de Haendel defendida igualmente con espíritu desenfadado, con escalas en una animada cigue y un encantador passacaille, destacando ese aire majestuoso y solemne que habita generalmente en la obra del compositor, dos violinistas de la orquesta, Miguel Romero y Rafael Muñoz-Torres, se encargaron de la parte solista del celebérrimo Concierto para dos violines o Doble Concierto de Bach, demostrando por qué llevamos años considerando que ésta es una orquesta de solistas. Tan bien defendieron su parte que resultó un gozo disfrutar de su incesante diálogo, más apasionante en el expansivo largo, una fluida cantilena de la que los intérpretes supieron extraer todo su lirismo y emoción. Su alternancia con el tutti y su espíritu sofisticado lograron una impecable página en la que la conversación de los dos músicos encontró un perfecto fondo rítmico y armónico en el resto de sus compañeros y compañeras.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 15 de octubre de 2021

RAPTOS DE PASIÓN

1er Concierto del Ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Michel Plasson, director. Programa: Sinfonía Fantástica Op. 14, de Berlioz; Bolero, de Ravel. Jueves 14 de octubre de 2021
 

No pudieron ser mejores las vibraciones que transmitió nuestra Sinfónica en su concierto de inauguración de temporada, y eso que ni el popularísimo programa consiguió aforo completo, puede que por las reticencias todavía de un sector de la población a compartir espacios cerrados. Quizás hoy viernes, a las puertas del fin de semana, se consiga el lleno. Las partituras elegidas, aunque muy transitadas, suponen siempre una grata experiencia para los sentidos. Se trata de dos de las piezas más representativas de la música francesa, que supusieron cada una en su momento un punto de inflexión en la concepción de la música en general. Siempre habrá nuevos oyentes entre el público que agradecerán poder enfrentarse por primera vez a obras tan emblemáticas como el Bolero de Ravel, cuya escucha en directo aporta además el placer de ver a los y las integrantes de la orquesta sumarse paulatinamente a esta inmarchitable experiencia musical. Hubo también rostros nuevos en la plantilla de la orquesta, incluida la nueva y flamante concertino (titular) Alexa Farré Brandkamp. Más savia joven y alguna que otra plaza cubierta, lo que sin duda es también motivo para el regocijo.

Con Michel Plasson de nuevo ante la orquesta con un programa netamente francés y demostrando que la veteranía es una ventaja, se confirmaron esos aires de buenos augurios. Esta nueva temporada con múltiples escenarios, el Maestranza para el repertorio sinfónico, el Lope para programas más íntimos y el Turina para el tradicional ciclo de cámara, tiene a Plasson como director honorario. Él se encargó de su inauguración y cerrará también la temporada cuando en la Noche de San Juan dirija en versión de concierto la ópera de Poulenc Diálogo de Carmelitas.

Música que abre horizontes

La Sinfonía Fantástica constituye junto al drama musical Lélio ese Episodio en la vida de un artista que Berlioz concibió a partir del legado beethoveniano pero con novedades estructurales y expresivas que rompieron el molde y abrieron nuevos derroteros a la composición musical. Experto en la materia, Plasson desgranó cada uno de los episodios en los que se divide este descenso a los infiernos de un amante criminal, punto álgido al que podía aspirar el amor romántico, con una fuerte carga dramática, casi operística. El retrato a la vez delicado y atormentado del personaje central fue entendido por Plasson con sentido del equilibrio y la medida, con las dosis necesarias de ensoñación y el tono melancólico que demanda. El vals que le sigue se resolvió con elegancia y suntuosidad, a pesar de algún inconveniente ritardando y de que no se apreció en su totalidad la impresión de irrealidad que le caracteriza. Con un atractivo efectismo, el corno inglés fuera de escenario mientras dialoga con el oboe, acentuando la carga dramática de la propuesta, arrancó una escena en el campo de atmósfera bucólica y carácter expansivo, que encontró en los solistas de la ROSS una magnífica respuesta a nivel técnico y expresivo. Algo menos implacable de lo deseable resultó la marcha, con prestaciones eso sí impecables de percusión y metales. Sí fue desenfrenado y diabólico, apasionado, grotesco y delirante, el aquelarre final, con reminiscencias casi apocalípticas y un estruendoso triunfo global.

Estos raptos de pasión que protagonizaron la Fantástica se abrieron paso también en un Bolero ejemplar, dirigido con pulso preciso y exigente por un Plasson en plena forma, y marcado por el trabajo irresistible del tamborilero y unas prestaciones sensacionales de cada solista. Con unas dinámicas muy trabajadas y un magistral ejercicio de juegos tímbricos, Plasson y la Sinfónica marcaron ese ritmo obsesivo a lo largo del característico crescendo orquestal hasta la exuberante explosión final de este experimento musical que en ocasiones como esta deriva en experiencia catártica. La larga ovación del público provocó una propina, ese envolvente y conmovedor final de Mi madre la oca que el maestro ya ha interpretado otras veces al frente de la ROSS y que en esta ocasión alzó a los cielos.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 13 de octubre de 2021

TITANE Delirio tecno bizarro

Francia 2021 108 min.
Guion y dirección
Julia Ducournau Fotografía Ruben Impens Música Jim Williams Intérpretes Agathe Rousselle, Vincent Lindon, Garance Marillier, Laïs Salameh, Myriem Akheddou, Marin Judas, Mara Cissé, Bertrand Bonello, Céline Carrère, Adèle Guigue Estreno en el Festival de Cannes 13 julio 2021;en Francia 14 julio 2021; España 8 octubre 2021

Después de ganar una presuntamente rompedora Palma de Oro en Cannes, la nueva película de Julia Decournau parece confirmar esa particular querencia de la realizadora de Crudo por las historias sórdidas y bizarras que representen en cierto modo una metáfora sobre el poder regenerador de la mujer y su posición como castradora en una sociedad machista y violenta. 
Muchas son las referencias susceptibles de venir a la cabeza mientras se devora esta película-experiencia. Se ha hablado del universo de David Cronenberg, de La semilla del Diablo de Polanski y de Christine de Stephen King y John Carpenter, pero también podría inspirarnos el cine de Nicolas Winding Refn (Drive, Solo Dios perdona, The Neon Demon)

Algunos sin embargo hemos visto más similitudes con una película llamada a escandalizar a principios de este siglo, Fóllame, en la que Virgine Despentes adaptaba su novela sobre unas Thelma y Louise vengadoras y sangrientas, tan prestas a aniquilar hombres de las formas más espeluznantes como a mantener sexo explícito en la más pura línea del porno duro. Ni Benedetta ni este engendro tecno gore pueden hoy escandalizar a un público que apenas logró hacerlo con aquella propuesta hoy decididamente olvidada.

Este cuento moderno sobre una niña con implante de titanio que desarrolla de mayor una personalidad convulsa y violenta, y cuyo destino converge con el de un bombero adicto a los estimulantes musculares, con quien vivirá una destructiva relación paternofilial, exige una empatía con el espectador que le haga pasar por alto cuantas convenciones y disparates propone su trama y delirante desarrollo. Venganzas antimachistas, copulaciones esperpénticas con embarazos surrealistas y raves con bomberos desatados, son algunas de las lindezas de un film que no obstante se deja ver como algo diferente, entretenido y de múltiples ocurrencias, que algunos y algunas no dudarán en calificar de obra maestra, y quizás el tiempo hasta les dé la razón.

LAS LEYES DE LA FRONTERA Simpatía romántica por el rebaño

España 2021 129 min.
Dirección
Daniel Monzón Guion Daniel Monzón y Jorge Guerricaechevarría, según la novela de Javier Cercas Fotografía Carles Gusi Música Derby Motoreta’s Burrito Kachimba Intérpretes Marcos Ruiz, Begoña Vargas, Chechu Salgado, Carlos Oviedo, Xavier Martín, Daniel Ibáñez, Jorge Aparicio, Pep Tosar, Xavi Sáez, Carlos Serrano, Elisabet Casanovas, Santiago Molero, Ainhoa Santamaría, Estefanía de los Santos, Catalina Sopelana, Pep Cruz, Javier Beltrán Estreno en el Festival de San Sebastián 25 septiembre 2021; en salas 8 octubre 2021

Daniel Monzón rememora con cada película aquellos géneros cinematográficos con los que sin duda tanto disfrutó en sus años de crítico. Aventuras fantásticas y medievales en El corazón del guerrero, asaltos espectaculares en El robo más grande jamás contado, intriga y espionaje en La caja Kovak, drama carcelario en La celda 211, narcotráfico de altos vuelos en El niño, comedia coral en un crucero de lujo en la malograda Yucatán, y ahora aquel cine de delincuentes juveniles que caracterizó el cine de la transición, con José Antonio de la Loma (Perros callejeros, Yo, el Vaquilla) y Eloy de la Iglesia (El pico, Navajeros) a la cabeza. Un cine que también transitó, aunque fuera tangencialmente, Saura en Deprisa, deprisa, y que ya intentó recuperar Miguel Albadalejo en Volando voy. Todos estos títulos tienen su referencia directa o indirecta en esta ambiciosa y lograda película del director mallorquín, y quizás por eso se ambienta en esos mismos últimos años de los setenta con la democracia recién inaugurada.

Un joven, tímido y retraído estudiante, carne de acoso continuo, encuentra su lugar en el rebaño cuando conoce a una pareja de jóvenes delincuentes que le llevan naturalmente por el mal camino, pero logran paradójicamente que encuentre esa madurez y confianza en sí mismo que tanto se le negaba en su particular entorno supuestamente ordenado y feliz. Es curioso cómo a través del homenaje a un género y la reconstrucción de una época, Monzón retrata una alegoría del país en el que vivimos, de la villanía oficialmente aceptada frente a la delincuencia de supervivencia de quienes apenas encuentran eco ni lugar en una sociedad que no entienden, a la que no pertenecen y no les acepta. El principal logro de Monzón y su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría, también incondicional de Álex de la Iglesia, es lograr que empaticemos con estos delincuentes que tantas pesadillas protagonizaron entre la ciudadanía de bien en aquellos característicos años también protagonizados por discotecas, travoltas, hippies nórdicos y rumba catalana en una Gerona cuyo Barrio Chino apenas se diferenciaba de otros similares de entonces como la Alameda sevillana.

Una impecable puesta en escena y la frescura de sus jóvenes talentos, especialmente el trío protagonista, hacen del film un espectáculo tan disfrutable como bien hilvanado, gracias indudablemente al buen trabajo del original de Javier Cercas (Soldados de Salamina, El autor) en el que se basa, donde todo razonamiento encuentra una connotación política para hacer del argumento una experiencia coherente y convincente. El resultado es un poema generacional de raigambre romántico sobre unos jóvenes sin apenas futuro y con ansias de vivir el presente, a los que una sociedad a imagen de los poderosos negó su existencia. Solo los que encajan en el puzzle pueden salvarse.

MADRES PARALELAS Coherencia emocional y déficit democrático

España 2021 123 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar Fotografía José Luis Alcaine Música Alberto Iglesias Intérpretes Penélope Cruz, Milena Smit, Israel Elejalde Aitana Sánchez-Guijón, Rossy de Palma, Julieta Serrano, Ainhoa Santamaría, Daniela Santiago, Adelfa Calvo y la voz de Pedro Casablanc Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2021; en salas 8 octubre 2021

Hay aún más dolor si cabe en la última película de Almodóvar que en sus dos anteriores largometrajes, Julieta y Dolor y gloria. Y como en la primera, la maternidad juega un papel fundamental en una historia sin fisuras ni concesiones. De hecho contiene una de las escenas más conmovedoras jamás vista en una película entre una madre y una hija recién nacida, o para ser más exactos dos madres y sus bebés. Justo después del parto asistimos a una soberbia y tiernísima declaración de amor, cuando ya hemos empezado a emocionarnos con el que es uno de los dos pilares argumentales del film, la búsqueda que hace una mujer de sus antepasados asesinados durante la Guerra Civil y enterrados en una fosa común. Esa reivindicación de la Memoria Histórica como primera ocasión en la que el cineasta manchego confiesa abiertamente en una creación suya su ideario político, y respuesta emocional a una crisis aún no resuelta que mantiene viva la brecha entre unas y otros españoles y españolas, es el eje sobre el que gravita una historia contada desde el corazón, con una caligrafía impecable y un dominio de la narrativa como solo un maestro consagrado es capaz de lograr.

Con una interpretación antológica, Penélope Cruz da vida a una fotógrafa profesional que decide en los albores de su madurez tener descendencia soltera, mientras ultima junto a un reputado antropólogo la apertura de una fosa común en el pueblo de sus antepasados, con el dignísimo fin y derecho fundamental de dar sepultura a la gente represaliada por las fuerzas insurgentes durante la Guerra Civil. La coincidencia en el hospital con una joven también madre soltera, esta a su pesar, provocará una situación excepcional que pondrá a prueba su sentido de la moral y la coherencia. En el más austero ejercicio de cine de cámara que jamás conocimos a su autor, en la cinta nos encontramos con el adiós legítimo a los seres queridos y el recuerdo de quienes nos dejaron en las circunstancias más trágicas, como ese Lorca de nuevo evocado a través de su Rosita la soltera y la actriz que la incorpora, una Aitana Sánchez Gijón cuyo personaje es paradigma de la clase burguesa y adinerada que tanto se ha apropiado de los símbolos de nuestra cultura, incluso de los que una vez fueron de izquierdas.

Pero sobre todo nos reencontramos con todo el dolor de aquellas personas a las que una mala transición vendida como ejemplar dejó en el limbo de quienes están vivos pero muertas. El contrapunto inocente, perteneciente a una generación desinhibida fruto de esas políticas progresistas, infinitamente humanas que han caracterizado buena parte de los últimos veinte años de este país, se encuentra en la ternura de la mirada y el ademán ingenuo de Milena Smit, a quien conocimos en un papel en las antípodas en No matarás. Cabe agradecer a Almodóvar haberse mojado con un film valiente y conmovedor, prodigio de buena narrativa y contenedor de estupendas interpretaciones. Nadie mejor que nuestro director más valorado y reconocido a nivel internacional para visibilizar en el mundo ese intolerable déficit democrático que aun habita en nuestra política y sociedad, y nos hace tan indecentes como pueblo.