sábado, 19 de febrero de 2022

UNA BONITA NOCHE CON MANU BRAZO Y COMPAÑÍA

Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Manu Brazo, saxofón; Claudia Gallardo Uriarte, violín. Prajna Indrawati, piano. Programa: Revive, obras de Mascagni, Falla, Kreisler, Matitia, Bruch, Iturralde, Albéniz y Monti. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, viernes 18 de febrero de 2022


Anoche la juventud nos dio una nueva lección de esfuerzo y humildad, y lo hizo con Juventudes Musicales apadrinando y Manu Brazo ejerciendo de maestro de ceremonias. La generosidad del saxofonista utrerano le llevó a no asumir ningún rol predominante o protagonista frente a sus dos compañeras de reparto, la violinista gaditana Claudia Gallardo y la pianista indonesia Prajna Indrawati, y tan solo se distinguió de ellas a la hora de introducir elocuentemente las diversas piezas programadas bajo el título Revive. Un proyecto que nació de la necesidad de expresarse durante la pandemia y el confinamiento, y que presumimos debió gestarse a través de las pantallas virtuales en las que la mayoría encontramos un acceso al mundo exterior frente a ese encierro forzoso. Brazo ha compaginado este trabajo con el que el pasado verano presentó en los Jardines del Alcázar junto al pianista Pepe Fernández, Folk-lore. Pero si este se caracterizaba por la fusión, la combinación de obras y el virtuosismo, con sus dos compañeras de viaje la propuesta se antoja más ligera y delicada, centrándose en un puñado de obras de cierto calado emocional más orientadas hacia la melodía y la calidez de la atmósfera que al exhibicionismo drástico y puro.

Con estos presupuestos Brazo, Gallardo y Indrawati exhibieron compenetración desde un primer momento, con un Intermezzo de Cavalleria Rusticana desplegado desde el mimo y la contención, seguido de una ágil Danza española de La vida breve, que Brazo y Gallardo defendieron desde el diálogo y con la complicidad del piano marcando el ritmo. La joven violinista posee habilidad y tanta delicadeza como su porte nos anuncia, a pesar de lo cual llegó a sonar puntualmente destemplada, particular que no dudamos sabrá resolver en breve. Los tres han llevado este programa durante el pasado año por diversas plazas del Reino Unido, incluido el Festival de Perth en Escocia, donde recalaron la primavera pasada parece ser de manera virtual u on line, por lo que a la hora de aterrizar en el Maestranza tenían el repertorio ya muy asimilado. Así se explica la fluidez en la interpretación y la compenetración añadida, si bien algunos arreglos para tan insólita formación no nos parecieron muy acertados, entre ellos precisamente esa archiconocida danza de Falla. El eclecticismo y la incesante búsqueda de lenguajes nuevos que informa el arte en la actualidad, en sus diversas facetas, hace que por un lado busquemos el origen y la autenticidad en la interpretación, a la vez que aceptamos, respetamos e incluso disfrutamos otras propuestas como esta, en las que la adaptación y la transformación cobran mayor relevancia.

Una formación diferente

No es el arreglo de Fritz Kreisler del célebre y emotivo Danny Boy irlandés, el más depurado y acertado de cuantos miles se han hecho a lo largo de su historia. En este caso los puntuales cambios de notación no redundan precisamente en su mejora, sino todo lo contrario. Quizás por eso faltó en el por otro lado ágil fraseo de Brazo una mayor dosis de emotividad. El diabólico ragtime (Devil’s Rag) del especialista saxofonista Jean Matitia, seudónimo de Christian Lauba, sirvió para escenificar la irrenunciable dosis de virtuosismo con el que las tres intérpretes hicieron gala de dominio técnico y genuina habilidad, especialmente considerable en el caso de la pianista indonesia, cuya llegada al país vino precedida de innumerables problemas burocráticos debidos a la delicada situación que vivimos.

Antes de exhibir sus aptitudes jazzísticas con Memorias del llorado Pedro Iturralde, uno de los imprescindibles en el repertorio de Brazo, pieza que combina estéticas clásicas y genuinamente jazzísticas con predominio melódico, y de ofrecer una Sevilla de Albéniz apresurada y aun más diabólica que la pieza de Matitia, los tres intérpretes se emplearon a fondo para ofrecer un particular arreglo de cuatro de las Ocho Piezas Op. 83 de Max Bruch, joya de la corona del concierto, donde el violín tomó la parte del clarinete y el saxo la de la viola. Aquí la suma delicadeza y honda expresividad de las centrales se combinó a la perfección con la agilidad y el frenesí de los extremos, con especial mención para la elegancia con que Indrawati acometió su parte. Las célebres Czardas de Vittorio Monti, otra pieza habitual en el repertorio del saxofonista, sirvieron para otra manifestación de virtuosismo, siempre desde el encanto y la amabilidad, sin estridencias ni salidas de tono, antes de que en las propinas nos obsequiaran con un tango arreglado para la formación y la última y breve danza rumana de Bartók, coronando así una muy bonita noche o soirée musical.

Fotos cedidas por el Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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