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| Foto: Marina Casanova |
Velocirraptores, braquiosaurios, tiranosaurios y otras criaturas
prehistóricas estuvieron acompañadas en sus ataques y carreras por una orquesta que brilló por su precisión,
su perfecta sincronía con la imagen y un sonido depurado que en nada hizo
añorar la banda sonora tan apreciada y tantas veces editada de la película,
desde la original de 1993 a la más completa, remasterizada y extendida de 2016.
El responsable de que todo funcionara a la perfección fue Anthony Gabriele, que ya en febrero de 2020 nos deleitó con una
interpretación sincronizada en directo del oscarizado musical de Vincente
Minnelli Un americano en París.
Esta fue, sin embargo, la primera
vez que este especialista en la materia se puso al frente de la ROSS, una
orquesta por otro lado curtida en el género, gracias a los excelentes
conciertos de música de cine que celebró en los años más fructíferos de los
Encuentros Internacionales, así como las diversas ocasiones en las que ha acompañado clásicos del cine mudo. Ésta ha
sido, sin embargo la segunda vez que interpreta en directo y sincronizado un
título legendario del cine moderno, tras el estupendo bautismo del año pasado
con la primera entrega de El señor de los
anillos.
Allí la música sonaba con mayor frecuencia que en Parque Jurásico, lo que permitió esta vez a los y las integrantes
de la numerosa plantilla descansar con cierta frecuencia. De las algo más de hora y cuarto de música que
John Williams concibió y grabó para una película que dura poco más de dos
horas, quizás en pantalla suene música sólo la mitad. Se da la circunstancia de
que fue la primera vez que Spielberg no pudo asistir a las sesiones de
grabación, por encontrarse en Polonia iniciando el rodaje de La lista de Schindler.
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| Foto: Marina Casanova |
El sueño de Spielberg
Tras el triunfante estreno de la película, Spielberg confesó que siempre le habían fascinado los dinosaurios,
y que uno de sus ídolos de juventud era Ray Harryhausen, artesano de los
efectos visuales que revivió criaturas
de la prehistoria gracias a la técnica del stop-motion, con títulos como Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra,
precisamente homenajeado como slogan
en la sala principal del parque del megalómano John Hammond, interpretado por
otro director de cine, Richard Attemborough.
Las técnicas digitales
experimentadas por John Cameron en Abyss
y Terminator 2, y perfeccionadas por
Robert Zemeckis en La muerte os sienta
tan bien, y la novela de Michael
Crichton, ofrecieron a Spielberg la excusa perfecta para revivir a lo
grande estas criaturas extinguidas, y junto a la animatrónica ofrecer el espectáculo definitivo en la
materia, todavía hoy, más de treinta años después, fresco e impactante.
Por su parte, el idolatrado Williams firmó junto a Spielberg y Lucas
algunos de sus títulos más celebrados, desde Tiburón, de la que el
director confesó inspirarse para realizar su película de dinosaurios, a Hook pasando por las trilogías de La guerra de las galaxias e Indiana Jones o las obras maestras Encuentros en la tercera fase y E.T. El año en que obtuvo su quinto
Oscar, por La lista de Schindler, no estuvo sin embargo nominado por Parque Jurásico, a pesar de la
popularidad de la banda sonora y de que Williams ha sido el compositor que más
veces ha logrado una doble nominación en una misma edición de los premios de
la Academia.
Inspiración bajo una batuta especializada
La popularidad
creciente de los principales leit motivs de la película, el asociado
a los majestuosos e inofensivos dinosaurios herbívoros y el que acompaña las
aventuras en la isla, ha resistido perfectamente el tiempo, logrando ser reconocible por las generaciones posteriores
a la irrupción del fenómeno. La Sinfónica se adaptó como un guante al
sonido genuinamente a la americana del compositor, que por cierto firma
unas entrañables notas incluidas en el
programa de mano. Un sonido compacto que se tornó emocionante no sólo en
los majestuosos acordes que acompañan el viaje a la isla, uno de los fragmentos musicales más inspirados de la partitura,
aunque en esta ocasión prescindiera del coro que lo acompaña, sino también en
los más desafiantes que tanto contribuyen a provocar el terror que abunda en la cinta.
Fue, en definitiva, una ocasión
extraordinaria para recuperar un título mítico, que abrió nuevas
posibilidades a la técnica digital y virtual en el cine, a la vez que ofreció un espectáculo de primera categoría
para públicos de todas las exigencias, y que aún mantiene su frescura y
originalidad. Todo ello gracias en buena parte a una excelente banda sonora,
perfectamente recreada en el estudio de
grabación erigido para la ocasión en el escenario de un auditorio FIBES a rebosar para dejarse
seducir por tan estimulante espectáculo.



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