Jean-Ghihen Queyras, violonchelo. Programa: Suites para violonchelo solo nos. 1 en Sol mayor, 2 en re menor, 3 en Do mayor, 4 en Mi bemol mayor, 5 en do menor y 6 en Re mayor BWV 1007-1012. Espacio Turina, martes 20 de enero de 2026
Destacábamos a
propósito del concierto que en esta misma sala ofreció el violonchelista alemán
Nicolas Alstaedt hace cinco años, que se combinara
el talento de un intérprete
descomunal con la riqueza de una obra tan trascendental como son las seis
suites para violonchelo de Johann Sebastian Bach, a la altura de sus
archifamosas sonatas y partitas para violín, también seis. Y volvió a repetirse
el prodigio con
uno de los más reconocidos violonchelistas de la actualidad, el
por otro lado ya veterano
Jean-Ghihen Queyras, canadiense afincado en Francia
que ofreció
una lectura tan sorprendente como personal de estas irrepetibles
páginas.
Pudimos disfrutar de su
arte y su talento hace tres años, cuando compareció junto a la Akademie fürAlte Musik Berlin también en este Espacio Turina que tantas alegrías nos sigue
dispensando. Pero ahora venía solo, desnudo frente a lo que podemos
considerar toda una catedral de la música, sin partitura y dispuesto a
sorprender con sus matizadas, sinceras, tan analizadas como interiorizadas versiones
de las suites de Bach, como explorando tan a fondo sus posibilidades estéticas
y expresivas para que el conjunto sonara nuevo, a descubrir.

Coincide esta
interpretación con el estreno dentro de unos días en el Cartuja Center de la
obra Música para Hitler de Yolanda Gª Serrano y Juan Carlos Rubio, que tiene
como personaje protagonista a Pau Casals, precisamente quien redescubrió este
conjunto de suites y las revalorizó hasta hacerlas pasar de meros estudios
académicos, posiblemente orientados a la práctica del violonchelo, a
magistrales obras de concierto destinadas al deleite y la reflexión tanto de
sus intérpretes como de los oyentes. Afortunados fuimos
quienes llenamos el aforo del Turina ante el derroche de creatividad que exhibió
Queyras. El músico exploró todas las tonalidades y posibilidades tímbricas el instrumento,
desde la profunda y melancólica suite nº 2 a la suprema brillantez de la 6, que atacó
con el mismo instrumento en lugar del piccolo al que va destinada, lo que
aumenta su complejidad, aunque logrando imitar su sonido gracias a una
afinación harto apropiada.
Con un fraseo
extremadamente limpio y unas articulaciones muy vivas, Queyras alcanzó el
equilibrio justo entre el virtuosismo extremo, la elegancia suprema y esa rica
expresividad cargada de suntuosa ornamentación que hace de una interpretación
musical una experiencia memorable. De ahí que su concepción de las diferentes
sarabandas ahondaran en una intensa expresividad, que en el caso de la suite nº
5 llegó a resultar misteriosa e inquietante gracias a unos pianissimi
susurrantes. Pero fue la de la 6, por encima incluso de la más recurrente nº
4, la que acaparó una mayor intensidad lírica e incluso mayor densidad y cuerpo
debido precisamente al uso del violonchelo tradicional en lugar del piccolo de
cinco cuerdas.

Del carácter sobrio del
BWV 1007 pasó al más doloroso del 1008, con un preludio angustioso puntualmente
aliviado, una allemande en el mismo tono de gravedad y una sarabande plena de
grandeza y serenidad. Sólo el fogoso y arrebatado courante y los graciosos y
tiernos minuetos lograron consolar el dolor imperante, rematado con una gigue impetuosa aunque igualmente sombría. Fue quizás en la suite nº 3
donde se atrevió a arrancar la allemande con un sorprendente punteado de cuerda
a la manera de la guitarra, a partir de lo cual prosiguió con grandes acordes y
frecuentes arpegios, hasta desembocar en una nº 4 serena y
maravillosamente articulada, coronada con una difícil gigue resuelta con
admirable presteza y dominio técnico.
Dejó para la segunda
parte las dos últimas y más largas suites, con lo que el instrumento venía ya scordado
de bambalinas. El preludio de la nº 5 resultó intenso pero no pomposo, con
mucho acierto en sus pasajes fugados y un magistral control del ritmo,
derivando en una sarabande noble y delicada. Tras unas emotivas palabras en
recuerdo del trágico accidente ferroviario del pasado domingo, dedicó la sexta
a las víctimas y sus familiares, asegurando el papel de consuelo y alivio que
representa la música en estos casos de dolor y llanto. Y ofreció una
sensacional interpretación de esta particular página, haciendo acopio una vez
más de una rica ornamentación, una sensibilidad extrema y una enorme capacidad
para trascender al autor y ofrecer una lectura significativamente diferente de tan
descomunal obra.
Fotos:
Luis Ollero
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