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lunes, 20 de marzo de 2023

BREVE COMO LA VIDA, INTENSA HASTA EL RIDÍCULO

La vida breve. Ópera de Manuel de Falla. Libreto de Carlos Fernández Shaw. Lucas Macías, dirección musical. Giancarlo del Monaco, dirección escénica y escenografía. Allex Aguilera, reposición de la puesta en escena. Jesús Ruiz, vestuario. Luis Perdiguero, iluminación. Nuria Castejón, coreografía. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestrnaza. Íñigo Sampil, director del coro. Con Ainhoa Arteta, Alejandro Roy, María Luisa Corbacho, Rubén Amoretti, Gerardo Bullón, Helena Ressurreiçao, Alejandro del Cerro, el cantaor Sebastián Cruz y el guitarrista Manuel Herrera. Producción del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia. Teatro de la Maestranza, domingo 19 de marzo de 2023


El estreno por fin de La vida breve en el Teatro de la Maestranza, tras treinta años de historia presentándose solo en versión concierto, podría venir a suplir la ausencia de zarzuela en la programación de este año. Sin embargo el título de Falla dista mucho de la estética y la intención del repertorio lírico típicamente español, en sus ambiciones y en la absorción de tendencias bien ancladas en su momento en el resto del continente europeo. Aun siendo todavía muy joven, Falla exhibió en esta partitura de apenas hora y cuarto de duración todo lo aprendido de los maestros franceses impresionistas, con toques del Stravinski más innovador, y todo ello combinado con el acervo popular andaluz, más directamente la gitanería imperante en la época, aplicado más al canto que a la literatura instrumental, resultando con ello un fascinante mural de colores y fragancias en el que la orquesta y el coro cobran tanto protagonismo como la voz, a menudo desgarrada e impotente de su torturada protagonista.

No alcanzamos a comprender por qué sólo se han programado dos funciones, y menos aún seguidas, sin tiempo para que la voz de la soprano protagonista descanse y se relaje, teniendo en cuenta el intenso esfuerzo al que debe someterla. Siendo una ópera que se representa tan poco, no extraña que se haya echado mano de la que hace trece años estrenó el Palau de les Arts junto a Cavalleria Rusticana, una ópera con la que la de Falla mantiene varios aspectos en común y que se fraguó igualmente como consecuencia de la convocatoria de un concurso de ópera, lo que hace que unirlas en una misma función resulte más que acertado. Aquí se ha optado por representarla sola, potenciando el carácter de poema sinfónico que atesora esta pieza, rubricada por unos coros que por momentos recuerdan a Dafnis y Cloé de Ravel. Quizás por ello el reconocido artista Giancarlo del Monaco, de quien no recuerdo hayamos visto una escenografía suya desde el ya lejano Don Carlo de 2011, haya optado por un solo escenario que se revela como cárcel emocional de una Salud que sufre las consecuencias de un maltrato sistemático, de haberse sentido engañada y utilizada fundamentalmente en lo sexual por quien representaba para ella el amor más sincero y profundo. Una omnipresente Salud que se retuerce ante su abuela y su tío, y más aún ante los invitados a la fatal boda, y da rienda suelta a Ainhoa Arteta para desplegar toda su amplia gama de registros trágicos y excesivos.

Estamos pues ante la enésima representación de una mujer frágil y sufriente, torturada, trastornada y finalmente sacrificada. Es a lo más que llegan estos directores que se creen modernos y revolucionarios y no acaban de entender cuál es la nueva sensibilidad que necesitamos y demandamos, y que hubiera resuelto mejor si fuera Paco, el vil extorsionador de la podre gitana, quien expiara su comportamiento, mostrándose trastornado entre la realidad y la ensoñación que encierran las paredes rugosas e intensamente rojas que atosigan este drama tan vigente hoy como hace un siglo. En este contexto los gemidos de la protagonista mientras practica el coito, sus correrías huyendo despavorida de las bailarinas o el Cristo en la cruz cantando por soleares y bendiciendo a los contrayentes, no acaban sino resultando recursos cómicos dentro de una puesta en escena tan cargada de simbolismo que su análisis daría para un libro completo. Pero no ha sido del Monaco el primero en articular el drama así, ya Herbert Wernicke rebuscó en la esencia de la tragedia, libre de decoración folclórica aunque sin renunciar a ciertos toques localistas como la inclusión de nazarenos, como también hace aquí del Monaco, en su producción de los noventa para el Teatro de Basilea. Así las cosas, es la iluminación lo que más nos convenció, con un uso ciertamente inteligente y sorprendente de las sombras. También hubo algunos recursos interesantes, como la congelación de escenas mientras Salud sufre su amargo destino y la abuela lo vaticina en las cartas.

Sinfónica y coro extraordinarios

Ya hemos apuntado el inconveniente que para la voz debió ser afrontar tan intenso rol dos días seguidos, quizás por eso no podemos compartir el entusiasmo de nuestros compañeros que asistieron a la función del sábado. Encontramos una Ainhoa Arteta con serias dificultades para entonar de forma homogénea y equilibrada, con roces y asperezas y cierta tendencia a resolver los registros más graves de su hoy algo disminuida tesitura echando mano de la declamación. No cabe reprocharle nada en cuanto a proyección y a esos holgados y rotundos agudos que le caracteriza, y desde luego se empeña a fondo en su actuación, aunque resulte a menudo histriónica. María Luisa Corbacho exhibió una voz con demasiado vibrato, mientras Alejandro Roy dio muestras de una extraordinaria proyección, con agudos refulgentes y una considerable corrección como actor. Rubén Amoretti cumplió más en lo teatral que en lo musical, quedando su voz a veces apagada, mientras las aportaciones de Helena Ressurreiçao y Gerado Bullón fueron muy escasas como para emitir un veredicto acertado. Mucho nos convenció Alejandro del Cerro aunque fuera desde bambalinas, liderando como voz en la fragua un coro que junto a la orquesta dirigida por un flamante Lucas Macías, acabaron pareciéndonos los reyes de la función.


El director onubense llevó con mano firme y diestra a una Sinfónica que continúa manifestando su desencanto, consiguiendo unos resultados espectaculares. Extrajo de ella una generosa paleta de colores, brillando en todas sus familias instrumentales y logrando una experiencia inmejorable en lo estrictamente concertante, a lo que el coro del Maestranza se adaptó sonando majestuoso y brillante. Teniendo en cuenta que el coro funciona en este título como bastión tonal y emocional sobre el que se sustenta el drama, primero desde el fondo y después en primer plano, su éxito colaboró sobremanera a apreciar este montaje por encima de sus mencionadas flaquezas. Mención especial merece también la coreografía, un nuevo acierto en la carrera de Nuria Castejón, que se benefició además de un rutilante y colorista vestuario.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 2 de mayo de 2021

LA CULMINACIÓN DE UN SUEÑO

Concierto extraordinario 30 años del Teatro de la Maestranza. Ainhoa Arteta, Leonor Bonilla y Rocío Ignacio, sopranos. José Bros y Airam Hernández, tenores. Jean-Kristof Bouton, barítono. Simón Orfila, bajo. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juanjo Mena, dirección. Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Programa: Obras de Beethoven, Donizetti, Carnicer, Giménez, Bizet, García, Melchor Gomis, Penella Moreno, Mozart, Zandonai y Verdi. Teatro de la Maestranza, sábado 1 de mayo de 2021



No cabe duda de que en esta ciudad hubo un antes y un después de la creación de la Orquesta Sinfónica y la inauguración del Teatro de la Maestranza. La desaparición del coliseo lírico de la ciudad en los setenta del siglo XX, el Teatro San Fernando de la calle Tetuán, cuando llevaba además mucho tiempo sin destinarse a su intención original, y la vergonzosa transformación del Coliseo de España, que podría haber albergado este tipo de espectáculos con dignidad, unido a la esporádica representación de espectáculos operísticos en el Lope de Vega y la irregular y a menudo decepcionante labor que realizaba la Bética Filarmónica, hicieron de Sevilla durante muchos años un lugar desierto de buena música. Los fastos del 92 vinieron a solucionar este y otros desaguisados, y hoy celebramos la inauguración del Teatro de la Maestranza, que desde aquel 2 de mayo de 2021 y con la complicidad indisoluble de la ROSS, viene cubriendo con buena nota ese déficit cultural y convirtiendo a Sevilla en referente del sur en lo que a grandes eventos culturales se refiere.

El equipo técnico y artístico del Maestranza ha tenido que trabajar a contracorriente dadas las circunstancias, sorteando todo tipo de obstáculos para poder llevar a cabo esta merecida celebración, llegando incluso a proponerse dos días para dar respuesta a ese público que se había quedado fuera debido a las restricciones de aforo impuestas a los espacios culturales, aunque nada más salir de este espacio ventilado y protegido uno se tope con terrazas masificadas y sin mascarillas en el colmo del delirio y el disparate. En el programa una curiosa y angelada propuesta, piezas de óperas ambientadas en Sevilla y algunas otras compuestas por autores sevillanos. Otra culminación de un sueño que parecía ilustrar en su justa medida el espléndido catálogo que presentaron hace casi una década los profesores Andrés Moreno Mengíbar y Ramón María Serrera, con unos ciento cincuenta títulos relacionados con nuestra ciudad, en su mayoría olvidados pero con un buen ramillete protagonizando el repertorio habitual de cualquier coliseo lírico, un récord que ninguna otra ciudad es capaz de ostentar. A apenas un mes de recuperar Carmen para los y las sevillanas, la de ayer y hoy es una celebración que aplaudimos, la culminación del sueño de Mengíbar, Serrera y quienes nos dejamos cautivar por ese impagable recorrido que se erige en el mejor programa de mano para el concierto con el que celebramos los primeros treinta años del Maestranza.

Siete grandes voces

Bros y Arteta
La repentina indisposición del barítono malagueño Carlos Álvarez obligó a sustituirlo por el canadiense Jean-Kristof Bouton, que se halla en Sevilla ensayando su papel de Escamilla en Carmen. Se da la curiosa circunstancia que de este modo los dos Escamillas, él y Simón Orfila, que se alternarán a partir del 24 de mayo, coincidieron en esta gala lírica. Una interpretación de la Obertura de Fidelio de texturas gruesas y algo desaliñadas dio paso al aria de Alfonso en los jardines del Alcázar con la que el rey de Castilla declara su amor a Leonor de Guzmán en La favorita, que Bouton defendió con buen gusto, timbre aterciopelado y tono equilibrado, aunque con una proyección algo justa que la dirección de Mena se encargó de eclipsar aun más. Y tras la Leonor beethoveniana y la que protagoniza La favorita, llegó la rutilante y cada vez mejor colocada voz de Leonor Bonilla, reciente su éxito en el recital que brindó hace un par de semanas en el Espacio Turina dentro del ciclo organizado por la ASAO. Con ella disfrutamos de la primera de las recuperaciones de esta cita, el Cristoforo Colombo de Ramón Carnicer, con el que junto al Coro de Amigos del Maestranza la soprano sevillana exhibió dominio de la coloratura y unos agudos refulgentes que merecieron la primera gran ovación de la noche. Simón Orfila puso su buen oficio, potente y equilibrada voz y eficiente teatralidad al servicio de la romanza Cual rayo que aniquila, de la zarzuela María del Pilar del compositor sevillano Gerónimo Giménez, que Juan de Udaeta recuperó hace apenas tres años. De ahí pasamos a la potentísima voz de José Bros, que aunque con cierto exceso de nasalidad, defendió con eficacia el célebre canto desesperado de Don José en Le fleur que tu m’avais jetee de Carmen.

Bonilla y Hernández
No podía faltar en el programa una obra de Manuel García, en este caso la obertura de La muerte de Tasse, ópera que pudimos ver en el Maestranza en enero de 2008, de la que Mena ofreció una interpretación algo desvaída y poca sustanciosa, para a continuación dar paso a la primera intervención en solitario del coro en Le diable á Seville del valenciano José Melchor Gomis, otra ópera recuperada recientemente, ambientada en el levantamiento del general Riego contra Fernando VII. Y de ahí a esa exaltación del españolismo que es el simpático dúo de Soleá y Rafael en El gato montés del maestro Penella, que Ainhoa Arteta, siempre tan generosa con nuestra ciudad, y Bros resolvieron con gracia y salero, como se suele decir. Faltó un mayor sentido del drama en la obertura de Don Giovanni de Mozart, ya desde un arranque poco amenazador, pero la también sevillana Rocío Ignacio cantó con buen gusto y considerable expresividad el aria de la Contessa de Las bodas de Fígaro. Luego tuvimos oportunidad de disfrutar con el notable sentido de la musicalidad que Carnicer fue capaz de dotar a su particular Don Juan (Il dissoluto punito) y comprobar de la mano de un inspiradísimo Orfila que en su catálogo de conquistas también figuraban mil tres españolas. Las dos voces más frescas de la noche, la de Bonilla y el descubrimiento que fue para nosotros el tenor tinerfeño Airam Hernández, con una voz poderosa, de precioso timbre y magnífica entonación, aunque se quedara algo corto en las agilidades, pusieron en pie una larga escena de este Don Giovanni de Carnicer. Y volviendo al de Mozart, Bonilla y Orfila rubricaron su talento con Per queste manine, mientras Hernández nos deleitó con Il mio tesoro in tanto hasta el estremecimiento.

Ignacio y Mena
Otras dos perlas siguieron en el recorrido, una magnífica interpretación del Coro de prisioneros de Fidelio, en el que sobresalieron los solistas de las voces masculinas, y la recuperación de Conchita, una ópera del siglo XX en la que Riccardo Zandonai redefine el mito de Carmen con una profusa orquestación, tintes straussianos y korngoldianos y el gratificante desparpajo de Rocío Ignacio. Arteta defendió después con enorme dramatismo y mucha sensibilidad el Pace de La forza del destino, obteniendo una gran ovación. Y junto a Bros y Orfila un Non imprecare, umiliati en el mismo registro y con un impecable acompañamiento de Mena a la batuta, que mantuvo en todo momento un loable respeto a las voces. El brindis de La traviata culminó esta celebración, como lo hizo hace treinta años de la mano de Domingo, Carreras, Lorengar, Caballé, Berganza, Kraus y otros cuando inauguraron este templo de la música. Pero esta vez se echó en falta algo de discurso que nos guiara por este fascinante recorrido y diera mayor empaque al evento que celebrábamos, o al menos introdujera con simpatía y oportunidad ese brindis final que merecemos todos y todas quienes hacemos posible este sueño que esperemos sea interminable.

Fotografías: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 20 de marzo de 2021

ARTETA, HERRERA Y MACÍAS: SOBERBIO ESPECTÁCULO A TRES

Recital lírico. Ainhoa Arteta, soprano. Nancy Fabiola Herrera, mezzosoprano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Lucas Macías, dirección. Programa: Preludios, arias, dúos y romanzas de Saint-Saëns, Charpentier, Offenbach, Puccini, Verdi, Ponchielli, Chueca, Guerrero, Barbieri, Giménez, Bernstein y Balbastre. Teatro de la Maestranza, viernes 19 de marzo de 2021


Un mes después del espléndido recital de Mariola Cantarero e Ismael Jordi, el Maestranza volvió a encandilarnos con un espectáculo a la altura de un gran teatro de la ópera, esta vez además con el lujo añadido de contar en el escenario, gracias a la colaboración de Antea Prevención, con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Apenas unos días después de verlas juntas en televisión, en el primer programa de la nueva temporada del talent show Prodigios, Arteta otra vez como miembro del jurado y Herrera como invitada suya, las dos divas demostraron que merecen el calificativo con un derroche de talento extraordinario y una capacidad para hacer espectáculo solo al alcance de pocas estrellas. La sintonía entre ellas estuvo además avalada por una extraordinaria participación del joven oboísta y director de orquesta onubense Lucas Macías, capaz de extraer de nuestra orquesta un brillo y una suntuosidad solo al alcance de las batutas más sensibles y experimentadas.

En efecto, ya desde la Bacanal de Sansón y Dalila el joven de Valverde del Camino exhibió una enorme capacidad para conseguir que cada plano sonoro estuviera en su sitio, percibiéramos con claridad las texturas y matices de la partitura y vibráramos con el destello de voluptuosidad y erotismo que expide la música de Saint-Saëns. Prometieron una velada de alta temperatura y desde luego las piezas que la enmarcaron lograron con creces su cometido. Siguiendo el esquema clásico de pieza instrumental, aria o romanza alternada para cada voz, dúo y vuelta a empezar, el Intermezzo del segundo acto de Manon Lescaut de Puccini sonó en manos de Macías melancólico y profundamente sentimental, de un lirismo exacerbado y conmovedor, mientras en el Preludio de El bateo de Chueca fue capaz de transmitir todo el sabor costumbrista madrileño que rezuma la partitura sin excesos ni salidas de tono, de igual forma que logró captar el estilo cómico y alegre, en una línea eminentemente rossiniana, que Bernstein imprimió en la famosa Obertura de Candide. Y no digamos el extremado mimo y consideración con que se lanzó a acompañar a las dos divas este flamante fichaje de la Orquesta Ciudad de Granada.

Dos grandes personalidades

Vinimos a escuchar voces y vaya si salimos satisfechos y satisfechas. Arteta comenzó algo irregular, con roces, cambios bruscos de color y pérdida ocasional de la línea de canto, perdiéndose la oportunidad de sacar todo el potencial del precioso Depuis le jour de Louise de Charpentier, que tan poco se representa pero fue muy popular en su tiempo, hasta el punto incluso de suscitar una película que dirigió Abel Gance y protagonizó la soprano americana Grace Moore en 1939. Pero pronto se recuperó y revalidó esa espléndida sintonía que le une al público sevillano con una Barcarola de Los cuentos de Hoffman impecable junto a su compañera de reparto, y sobre todo una desacerbada, trágica y sufrida interpretación del célebre Sola, perduta, abbandonata que Manon canta en el desierto de Nueva Orleans cuando cree haber perdido el amor de De Grieux. Su torrente de voz en los agudos y un sensacional trabajo de modulación provocaron una de las mayores ovaciones de la noche. Después, en la tradicional segunda parte dedicada a la zarzuela, entonó un No me duele que se vaya, de La rosa del azafrán, con una considerable dosis de temperamento aunque sin perder nunca el buen gusto y la elegancia

Desde su primera aportación, el conmovedor Mon coeur s’ouvre á ta voix que Dalila canta a Sansón en el título que ella misma protagonizó en la pasada temporada, Nancy Fabiola Herrera demostró conservar una capacidad expresiva y una línea de canto ejemplar, que se mantuvo en la Barcarola a dúo y en el espeluznante Racconto de la gitana Azucena de Il trovatore, así como en Sierras de Granada, con otra gitana apasionada, esta vez la enamorada María la Tempranica, después de encandilarnos en el dúo É un anatema de La Gioconda, una ópera de Ponchielli más interesante de lo que vaticina su popular Danza de las horas, y el exquisito Niñas que a vender flores de Los diamantes de la corona, título de Barbieri que pudimos disfrutar en su integridad hace cinco años, que las dos entonaron haciendo gala de una compenetración y una complicidad envidiable. Aunque nada como el número que cerró el espectáculo, motivo de sobra para afirmar que subió la temperatura, extraído de la insólita Los presupuestos de Villapierde, otra ocasión que brinda Balbastre (La corte de faraón) para que las cantantes exhiban un fuerte erotismo y sensualidad, esta vez dando vida a las dulces Caña y Remolacha con una enorme carga sicalíptica y revoltosa, muy en línea sticky & sweet.

Nunca antes, creemos recordar, habíamos disfrutado de los bises no al final sino intercalados en los números finales programados. Así, la mezzo cantó fuera de programa una sensacional Habanera de Carmen antes del Candide de Bernstein, aprovechando para pasear y lucir encanto por el estrechísimo corredor que quedó entre orquesta y foso, mientras Ainhoa Arteta mantuvo la línea introducida con el título del compositor de West Side Story, entonando en perfecto estilo y alarde de potentísima voz un Summertime de Gershwin antológico. Aunque lo cierto es que nos quedamos con ganas de que ofrecieran más propinas, alguna a dúo.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 6 de junio de 2019

UN ANDREA CHÉNIER ACEPTABLE Y TRADICIONAL

Ópera de Umberto Giordano con libreto de Luigi Illica. Pedro Halffter Caro, dirección musical. Alfonso Romero Mora, dirección de escena. Íñigo Sampil, director del coro. Ricardo Sánchez Cuerda, escenografía. Gabriela Salaverri, vestuario. Félix Garma, iluminación. Sergio Paladino, coreografía y asistente de dirección de escena. Con Alfred Kim, Juan Jesús Rodríguez, Ainhoa Arteta, Mireia Pintó, Marina Pinchuk, Fernando Latorre, David Lagares, Alberto Arrabal, Moisés Marín y Cristian Díaz. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de A.A. del Teatro de la Maestranza. Producción del Festival Castell de Peralada y ABAO-OLBE. Teatro de la Maestranza, miércoles 5 de junio de 2019

Cierto que hace mucho que no se representaba en Sevilla este título imprescindible de la ópera verista, y por extensión de la ópera tradicional italiana, cuyo máximo exponente lo constituye el mismo Puccini que tanto se compara con el único título que prácticamente ha sobrevivido del catálogo de Giordano. Fue hace casi dieciocho años, de la mano del barroquismo de Gian Carlo del Monaco y con el querido Fabio Armiliato como protagonista. También es cierto que hay aún muchos títulos de repertorio que no se han estrenado en el Teatro de la Maestranza, y no digamos los que quedan por descubrir entre barroco y vanguardia. Hay incluso uno que público y especialistas llevan mucho tiempo demandando, que apenas ha tenido cabida en el coliseo hispalense y sería una apuesta tan segura que podría llenar butacas incluso por encima de las diez funciones. Es además el que más ligado está a Sevilla y más le hace merecer el título de ciudad de la ópera. Nos referimos, claro está, a Carmen.
 
Dicho esto, la producción que pudimos ver anoche, y que llega del Festival Castell de Peralada y la Ópera de Bilbao auspiciada por su asociación de amigos, constituye un considerable esfuerzo que busca a partir de un concepto absolutamente tradicional de la puesta en escena, reconstruyendo milimétricamente cada detalle expuesto en el libreto de Illica, hacer un análisis psicológico y social de un episodio tan crucial para la historia de los hombres y las mujeres como la Revolución Francesa, y de paso del género humano y su vocación autodevoradora. Se agradece el intento, aunque por el camino ese retrato queda desdibujado, especialmente en el apartado de los personajes. Pero cumple en su función de entretenimiento y vehículo para la música y la voz, hasta el punto de que consigue ser eficaz para quienes se inician en la ópera. Mérito de ello lo tiene en gran parte el texto, con tanto argumento condensado en apenas dos horas, un logro de síntesis que debemos al talento del libretista de Tosca.
 
Los ideales revolucionarios
 
Uno de los aspectos más celebrados de la ópera de Giordano es utilizar un fondo histórico no como mero paisaje en el que desarrollar las sempiternas intrigas románticas. Aquí la revolución es un argumento en sí mismo, y la era del terror que siguió a la toma de la Bastilla una cuestión sometida a análisis, aunque sus consecuencias hagan pensar en un tratamiento reaccionario de la cuestión. La escenografía y la dirección escénica no ayudan a marginar este tratamiento, sino más bien a potenciarlo. Hubiera sido interesante apartarse de esa línea e intentar ser más crítico con la situación. La idea, basada en un mundo que fenece y otro que emerge de unas cenizas que no acaban de desaparecer para acabar engullendo también al nuevo orden, se plasma convincentemente en unos decorados clásicos pero simbólicamente resquebrajados y hundidos, y cuyos recursos sirven para ir paulatinamente creando otras atmósferas de caos y desesperación. Lástima que el movimiento escénico se plasme una vez más de forma tan esquemática y convencional, si bien las masas, en la fiesta inicial y en el tribunal del tercer acto, se mueven con más naturalidad que en otras ocasiones. Particularmente consideramos que lo más interesante en este título sería ahondar en la complejidad psicológica del personaje de Gérard, un villano que no lo es tanto, que sabe reconocer y admirar a su inspirador y que obra por ideales justos pero en cierto modo se encuentra decepcionado por el devenir de los acontecimientos. Y eso no está trabajado en esta producción.
 
Un nivel aceptable
 
Para Pedro Halffter ésta es su despedida del Teatro de la Maestranza, salvo que tengamos la fortuna de contar con su colaboración en futuras ocasiones. La última programación que él diseñó llega a su fin y mucho nos tememos que de momento orquesta y teatro no van a contar con él. Otra cosa es la devoción que le profesa el público, merecida y emocionante, que no duda en vitorear cada una de sus intervenciones en el foso. Y es que Halffter tiene un especial talento para modular este tipo de partituras en las que la orquestación y la atmósfera pretenden recrear un mundo tumultuoso y pasionalmente enrevesado. No deja de sorprendernos la facilidad que tiene para extraer de la ROSS lo mejor de cada sección, y aunque en algunos pasajes llegó a asfixiar a los cantantes (el coro, como siempre ejemplar, también lo hizo en algún momento), su trabajo nos pareció una vez más excelente.
 
El barítono Juan Jesús Rodríguez encarnó a Gérard con plena seguridad, una voz rutilante sin tiranteces ni imposturas, sensacional también a nivel actoral, salvando con nota el papel más complejo dramáticamente de la función, a pesar de ese defecto en la dirección que no le permitió ahondar en sus instintos y encontrados sentimientos en la medida justa. Mantuvo una línea de canto flexible y precisa, resolviendo sus continuos cambios de registro con total naturalidad. Memorable resultó su recreación de Nemico della patria. También onubense, pudimos disfrutar una vez más del buen oficio de David Lagares, visiblemente adelgazado y manteniendo esa voz profunda perfectamente reconocible entre los aficionados sevillanos. Siempre intensa y tan agradecida, Ainhoa Arteta continúa resultando convincente en roles de mucha menor edad gracias a esa belleza inmarchitable y físico envidiable con que la naturaleza le ha bendecido. Mantiene también buenos recursos canoros, y aunque evidencia cambios bruscos de color en algunas ocasiones, logra emocionar con su hermoso timbre y capacidad para proyectar y expresar en arias tan fundamentales como La mamma morta, recompensada con una larga ovación.
 
Alfred Kim, a quien recordamos por la Aida de hace unos años, posee una generosa facilidad para proyectar, como quedó patente en Un di all’azzurro spazio, y un timbre agradable y nada estridente, pero en su contra le falta capacidad expresiva y denota bruscos cambios de registro que afean su aportación. Aun así su dúo con Maddalena al final del segundo acto resultó emotivo. Del resto de voces nos quedamos con el buen trabajo desplegado por Marina Pinchuk, a quien hemos visto en el Maestranza en La hija del regimiento y en recital, que en su doble papel de Condesa y la vieja Madelon mantuvo una buena línea de canto, seguro, bien fraseado y convincente también en lo expresivo. También Alberto Arrabal contribuyó a ese nivel aceptable en las voces que pudimos disfrutar en esta función dedicada a un poeta idealista devorado por la jauría humana, en la que echamos de menos un poco más de riesgo, análisis y originalidad.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía