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jueves, 17 de julio de 2025

ALFONSO CASADO Y LA ROSS LEVANTAN PASIONES CON LOS MUSICALES

Los musicales de Londres en Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Killian Donnelly, Mazz Murray, Damian Humbley y Jessie Hart, voces solistas. Programa: Canciones e instrumentales de Oklahoma!, My Fair Lady, Cats, Sunset Boulevard, El fantasma de la ópera, Chess, Frozen, La bella y la bestia, El jorobado de Notre-Dame, Los miserables, Mamma Mia! y Querido Evan Hansen. Teatro de la Maestranza, miércoles 16 de julio de 2025

Damian Humbley y Alfonso Casado

Contaba mi padre que en su época, años cuarenta y cincuenta, la gente pateaba en el cine cuando en la pantalla comenzaban a cantar y bailar. Mucho después, en los ochenta, recuperar una película protagonizada por Fred Astaire y Rita Hayworth resultó frustrante cuando la única copia que cayó en nuestras manos tenía todos los números musicales amputados. La persona que la grabó de la televisión se preocupó en cortarlos. Afortunadamente, tanto ha cambiado la situación, que hoy Madrid se ha convertido en la capital de Europa continental que más musicales programa, y Antonio Banderas consigue montar en Málaga musicales tan icónicos como Company o Gypsy.

Este cambio de gusto se notó especialmente anoche en el Maestranza, con el aforo completo y el público enfervorecido con cada actuación de las cuatro extraordinarias voces que acompañaron a Alfonso Casado. Natural de Alcalá de Guadaira, hace más de una década que el maestro reside y triunfa en Londres, dirigiendo musicales en el emblemático West End y recibiendo reconocimientos muy preciados.

Casado se ha puesto al frente de la ROSS en varias ocasiones, la última hace dos años en el Auditorio Cartuja Center, con un programa dedicado a las adaptaciones cinematográficas de éxitos de Broadway. También entonces vino acompañado de cuatro voces amigas que garantizaron un triunfo absoluto. Esta vez ha protagonizado el dilatado cierre de temporada de nuestra orquesta en su sede oficial, el Maestranza, y el éxito ha sido incluso mayor.

Alfonso Casado Trigo

Escuchar estos temas con una orquesta sinfónica es un privilegio, y la ROSS demostró una vez más su capacidad de adaptación y su flexibilidad, ofreciendo versiones impecables de cada partitura. El musical ha calado hondo en la sociedad española, ahora más inquieta y cultivada, más civilizada. Casado podría así afianzar una cita periódica en nuestra ciudad.

80 años de éxitos en el West End de Londres

La propuesta en esta ocasión se centraba en hacer un recorrido de ochenta años por los musicales que han triunfado en el bohemio barrio londinense. Claro que esto era sobre el papel, pues en la práctica la cita no resultó ser tan rigurosa. Es cierto que arrancó con Oklahoma!, primero y uno de los títulos más señeros del tándem Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, reyes indiscutibles de Broadway durante casi tres décadas. Pero el estreno en 1943 de este icónico musical fue en Broadway, teniendo la escena londinense que esperar cuatro años para disfrutarlo allí.

La obertura original sirvió para introducir el espectáculo, un repaso por canciones legendarias como People Will Say We’re in Love, Out of My Dreams o la que da título al musical. El barítono irlandés Killian Donnelly dio el tono perfecto, profundo y confiado, para deleitarnos con Oh What a Beautiful Morning, la canción con la que se inicia este histórico musical.

Quienes sí solían estrenar primero en Londres y después en Broadway fueron Frederick Loewe y Alan Jay Lerner. My Fair Lady ha trascendido al musical para convertirse en título de repertorio incluso en teatros de ópera, donde recala con honores de opereta. La soprano ligera Jessie Hart cantó como los ángeles I Could Have Danced All Night, con alguna licencia en los arreglos orquestales, mientras Damian Humbley se sirvió de su voz aterciopelada de tenor lírico para embelesarnos con The Street Where You Live.

Jessie Hart y Damian Humbley cantan All I Ask of You

Un salto de casi treinta años nos llevó a Cats, y con la pieza instrumental Jellicle Ball arrancó un bloque dedicado a ensalzar la figura del compositor Andrew Lloyd Webber. Todavía recordamos con emoción el homenaje que se brindó a este compositor en la Expo’92 de la mano de la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. Esta vez sonó As If We Never Said Goodbye, precioso y emotivo tema de Sunset Boulevard, que Mazz Murray cantó con voz gruesa y robusta, muy en estilo. El dúo All I Ask of You, una de nuestras canciones preferidas de Webber, y Music of the Night, representaron El fantasma de la ópera, con recreaciones delicadas y respetuosas de Hart, Humbley y Donnelly respectivamente.

Demasiada atención se dispensó, a nuestro juicio, a Benny Anderson y Björn Ulvaeus, los cabezas pensantes de Abba, no porque no la merezcan, sino porque entre tantísimos icónicos musicales que se podrían haber elegido, uno de tan escasa repercusión como Chess en la primera parte, y otro integrado por éxitos de la banda ajenos a la escena, como es Mamma Mia! en la segunda, no nos parecía la elección más acertada. Claro que eso es ponerse riguroso, y lo que se busca es el éxito inmediato. De cualquier forma, I Know Him So Well de Chess, que han versionado incluso Whitney Houston y Anne Sofie von Otter, sonó fascinante en las voces de Hart y Murray, que complementaron así sus tesituras de forma exquisita.

De un Disney irrefrenable al delicado Sondheim

La ruta elegida por una insaciable Disney desde inicios de los noventa del siglo pasado, de convertir en suntuosos musicales sus habituales adaptaciones de cuentos clásicos, abrió el camino a Alan Menken para convertirse en el autor de musicales más prolífico y laureado de los primeros años del siglo XXI. For the First Time in Forever de Frozen introdujo este bloque en el que sonó la obertura de la adaptación cinematográfica de La bella y la bestia a imagen real en 2017, seguida de Evermore, una canción del musical que sobrevivió en esta nueva versión del clásico y que Donnelly cantó con proverbial sensibilidad y carga emotiva.

Quizás la más emocionante de cuantas canciones haya escrito Menken, en esta ocasión con la letra de Stephen Schwartz, sea Out There de El jorobado de Notre-Dame, que en la voz de Damian Humbley sonó majestuosa y sobrecogedora. De ahí pasamos a dos dúos especialmente concebidos para conmemorar distintos aniversarios de Los miserables, de Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil, que mantiene el récord de mayor permanencia continuada en la escena londinense, nada más y nada menos que cuarenta años. Por un lado, Murray y Hart entonaron I Dreamed a Dream combinada con On My Own, y por otro Donnelly y Humbley hicieron lo propio con la emotiva Bring Him Home.

Killian Donnelly

Una suite instrumental con las canciones de Abba incluidas en Mamma Mia! y la sensacional recreación de The Winner Takes It All que nos ofreció una rutilante Mazz Murray, entroncaron con el final, You Will Be Found del musical Querido Evan Hansen, de Benj Pasek y Justin Paul, letristas de La La Land y autores de The Great Showman. Un título centrado en los problemas psicológicos de adaptación social de un joven estudiante, que sirvió como himno final con las cuatro voces convocadas al unísono. Pero aún quedó lugar para la esperada propina, el emocionante Being Alive de Company del irrepetible Stephen Sondheim, con los cuatro de nuevo combinando sus extraordinarias voces.

El entusiasmo de público nos obliga a perdonar esa falta de rigor comentada, así como que todos estuvieran amplificados, quizás para equilibrar fuerzas, si bien con la acústica del Maestranza y la fuerza de las voces solistas, habría sido posible prescindir de la amplificación y confiarse más al sonido natural. Pero lo más imperdonable es que ni el programa de mano ni los sobretítulos hicieran mención a los autores de las partituras, un defecto que Casado palió parcialmente en sus elocuentes intervenciones.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 24 de noviembre de 2024

WICKED El verde es un color deslumbrante

Título original: Wicked: Part One
USA-Reino Unido 2024 160 min.
Dirección
Jon M. Chu Guion Winnie Holzman y Dana Fox, según el musical de Winnie Holzman y Stephen Schwartz basado en la novela “Wicked: Memorias de una bruja mala” de Gregory Maguire, según los personajes creados por L. Frank Baum en “El maravilloso mundo de Oz” Fotografía Alicia Brooks Música Stephen Schwartz y John Powell Intérpretes Cynthia Erivo, Ariana Grande, Jonathan Bailey, Michelle Yeoh, Jeff Goldblum, Ethan Slater, Marissa Bode, Bronwyn Yang, Keala Settle, Andy Nyman y la voz de Peter Dinklage Estreno en Estados Unidos y España 22 noviembre 2024

Hace décadas que el musical se ha impuesto en las carteleras teatrales de las principales ciudades del mundo. En nuestro país, Madrid y Barcelona no son excepciones, y a ellas se ha sumado el Soho de Málaga y las giras por toda España. Sin embargo, esta fiebre por los musicales no ha encontrado reflejo en la cartelera cinematográfica, al menos con carácter general. El público sigue siendo reticente a un género que en el pasado fue tan rentable. Fenómenos aislados como La La Land no han conseguido recuperarlo, y ni siquiera la calidad del remake de Spielberg de West Side Story hace apenas unos años, ni la excelente Dreamgirls de los primeros años de este siglo, lo han logrado. Wicked tiene muchas posibilidades de hacerlo, aunando todo lo que se espera de un gran musical y una gran película. Magníficas canciones, dos protagonistas de gran altura dándolo todo, incluidas unas rutilantes voces, que en el caso de la estrella del pop, sin apenas experiencia en la interpretación dramática, Ariana Grande, se acerca a la tesitura de una más que competente soprano, y una trama absorbente que se atreve por fin a darle la vuelta al tópico de las brujas como forma de hostigamiento y marginación a las mujeres. 
El norteamericano de origen chino John M. Chu ha sido el elegido para llevar a tan buen puerto esta empresa. Su vasta experiencia en el musical, con películas alimenticias como las segunda y tercera entregas de Step Up y otras de mayor calado como Jem y los Hologramas y, sobre todo, En un barrio de Nueva York, además de sus numerosos videos para Justin Bieber, lo avalan. Además, ha demostrado su pericia en la comedia con la segunda parte de Ahora me ves y la celebrada Crazy Rich Asians, así como en la acción y los efectos visuales con G.I. Joe: La venganza. Todo eso se da cita también en esta estupenda película y memorable musical.

El color verde de Elphaba, la joven que se convertirá en la Bruja Mala del Oeste, simboliza el rechazo a lo diferente, el racismo y el miedo provocado por los poderes interesados, mientras al estilo decididamente Barbie de Glinda, más tarde Bruja Buena del Norte, esconde una capacidad inesperada de comprensión e inteligente entendimiento. Ninguna es tan mala ni tan buena, tienen sus motivaciones, y aunque hay traumas de infancia, no necesariamente tienen que ser esas las motivaciones. El ecologismo y el animalismo pueden ser más fuertes, y sobre todo la justicia y la política bien administrada, sin corrupción ni intereses ocultos, ni el miedo como arma de dominio y control. Todo esto enmarcado en los reconocibles resortes del típico cuento infantil de antaño, pero sin sus vicios ni anacronismos, con decorados monumentales, medio recreados por infografía, medio reales, grandes coreografías, un guapo pero confundido príncipe y mucho humor, hacen que sus dos horas y media no se hagan pesadas, y que esperar otras tantas para recrear el tercer y último acto del espectáculo de Broadway original en que se basa, y que fue récord de permanencia en los escenarios neoyorquinos, tampoco suponga ningún lastre.

Como curiosidad, las estrellas de la producción teatral, Idina Menzel y Kristin Chenoweth, tienen una aparición especial en la película, entonando la historia de Oz y su mago en un teatrillo callejero. Que Madrid estrene el musical en octubre de 2025, después incluso de que hayamos asistido al desenlace cinematográfico, podrá resultar tan ventajoso como inoportuno. Mientras tanto, esta combinación de denuncia contra la discriminación racial y la corrupción política, con el sano empoderamiento femenino, aderezado con espléndidos números musicales y grandes efectos visuales, hará las delicias de propios y extraños en nuestras salas de cine. Y para que no crean que todo nos ha encantado, la manía de humanizar los animales nos parece una idea equivocada, más cuando de lo que se trata es de respetarlos y admirarlos como iguales en nuestro planeta. Sólo responde a una manía largamente practicada en el cine estadounidense, y muy especialmente en Disney. En cuanto a la música, las espléndidas canciones son obra del autor del musical Gospel, Stephen Schwartz, autor también de las letras de las canciones de Alan Menken para Pocahontas y El jorobado de Notre Dame, además de la música de las de El príncipe de Egipto. Por otro lado, el siempre estupendo John Powell se encarga de la música incidental, tan inspirada y adecuada como el resto de la aportación musical de este excelente entretenimiento.

martes, 4 de junio de 2024

TOCANDO NUESTRA CANCIÓN: BANDERAS RECUPERA OTRO MUSICAL DE LOS SETENTA


El próximo jueves 6 de junio volverá a levantarse el telón del Teatro Soho de Málaga para descubrirnos otro musical del Broadway de los setenta, siguiendo la tónica de su director, Antonio Banderas, que desde su apertura en 2019 ha puesto en escena A Chorus Line, Company y Godspell. Mientras los dos últimos se estrenaron en la Gran Manzana a principios de esa década, y Chorus Line lo hizo justo a la mitad, They’re Playing Our Song lo hizo ya al final, en 1979, después de pasar un preestreno de prueba en Los Angeles antes de desembarcar en el Teatro Imperial de Broadway, donde alcanzó casi mil cien representaciones durante un período de dos años y medio.

Un trío de apuestas seguras

Aunque su relación con el musical se ciñe a un escaso número de producciones, especialmente adaptaciones como la de Las noches de Cabiria, convertida en Sweet Charity, o la de El apartamento transformada en Promises, Promises, y sobre todo este musical que ahora llega a la capital de la Costa del Sol, Neil Simon, el libretista, fue indiscutiblemente el rey de Broadway durante los años sesenta y setenta, como autor de algunas de las más celebradas comedias de la época, muchas de ellas llevadas luego al cine. Descalzos por el parque, La extraña pareja, Perdidos en Yonkers, California Suite o The Sunshine Boys son algunos de los más destacados ejemplos, a los que hay que sumar sus guiones para películas como El prisionero de la Segunda Avenida, Un cadáver a los postres, Como en los viejos tiempos o La chica del adiós, película de Herbert Ross que le valió un Oscar a Richard Dreyfuss y que guarda una estrecha relación con esta Tocando nuestra canción. Y es que mientras en la película Simon aprovechaba algunas de sus experiencias reales como pareja de Marsha Mason, la protagonista (estuvieron casados un década), en el musical son los autores de sus inspiradas canciones, Marvin Hamlisch y Carole Bayer Sager, quienes vivieron en primera persona algunas de las experiencias como compositor y libretista que propone la comedia de Simon. Por cierto, La chica del adiós tuvo adaptación al musical en 1992, con música también de Hamlisch.

Marvin Hamlisch ya había ganado un Tony en 1975 por A Chorus Line y los tres Oscars correspondientes a los apartados musicales de 1973, por Tal como éramos (canción y banda sonora original) y El golpe (banda sonora adaptada), una gesta nunca repetida por ningún otro compositor. Suyas fueron también las bandas sonoras de La decisión de Sophie y La espía que me amó, siendo esta última su primera colaboración con Carole Bayer Sager, la canción Nobody Does It Better que cantaba Carly Simon en los títulos de crédito. Ella, por su parte, conoció sus mayores éxitos de la mano de quien fuera su esposo Burt Bacharach, unos años después de terminar su relación con Hamlisch. Nos referimos a Best That You Can Do, el oscarizado tema principal de Arthur, el soltero de oro, y That’s What Friends Are For, originalmente concebida para Rod Stewart en la banda sonora de Turno de noche, una de las primeras películas de Ron Howard, pero popularizada unos años después por Dionne Warwick, Stevie Wonder, Gladys Knight y Elton John, una colaboración que le deparó un Grammy.

Robert Moore, que alcanzó notoriedad y un Tony con Los chicos de la banda, fue el encargado de dirigir Tocando nuestra canción, mientras la coreógrafa Patricia Birch se encargó de los números musicales. Él ya había dirigido en cine un guion de Simon, Un cadáver a los postres, mientras ella se atrevería tres años después de estrenar Tocando nuestra canción con la segunda y desastrosa parte de Grease. Simon urdió una escueta trama en la que un reconocido compositor y una letrista recién coronada en las listas de éxitos pop, coinciden por iniciativa de sus agentes en la génesis de un nuevo musical, sólo para chocar con sus fuertes y opuestos caracteres, lidiar con una fuerte atracción y plantearse si es posible combinar una relación sentimental con otra estrictamente profesional.

A los dos únicos personajes, Vernon Gersch y Sonia Walsk, a los que dieron vida en el estreno Robert Klein y Lucie Arnaz, reunidos de nuevo en 2019 con motivo de la celebración en concierto del cuarenta aniversario de su estreno, se suman otros seis, que forman un coro estilo griego que representa los alter ego de él y ella, con sus dilemas y controversias. La idea de llevarla al cine en 1982 con nuevas canciones no llegó a cristalizar. Londres, Sydney, Buenos Aires y hasta Manila conocieron también versiones de este musical, además de un par de reposiciones y puestas al día en Broadway a lo largo del nuevo siglo.


Una producción muy cuidada y respetuosa

No es la primera vez que este musical se representa en España. Llegó a Barcelona en 1990, con Pep Antón Muñoz y la musa por aquel entonces de los musicales Àngels Gonyalons. Traducida al castellano se estrenó la misma producción en Madrid un año después, y ahora lo hace partiendo de cero de la mano de Antonio Banderas en Málaga. Conociendo el buen gusto del actor a la hora de seleccionar y dar forma a los musicales, demostrado con creces en el sensacional Company de Stephen Sondheim, cabe esperar un respeto absoluto por la partitura y el concepto original, mejorado mediante la intervención de la estupenda y nutrida Orquesta Larios Pop del Soho y el uso de la más puntera tecnología para recrear los múltiples escenarios en los que tiene lugar esta lucha de sexos propuesta por Neil Simon. El magnífico trabajo desplegado por Arturo Díez Boscovich en la obra de Sondheim, hace presagiar otro vuelo al pasado en esta partitura que contiene retazos de música disco setentera en temas como Abrazándote o el que da título a la obra, así como exquisitas baladas como Cayendo, Si me conociera o Aún creo en el amor, además de números tan divertidos como el que protagonizan los alter ego del protagonista en Ponle tu voz.

En el apartado interpretativo disfrutaremos con la arrolladora presencia física y vocal de Miquel Fernández, artífice del musical Hoy no me puedo levantar celebrando las canciones de Mecano. Sonia es la malagueña María Adamuz, que ya dio excelentes muestras como actriz, cantante y bailarina en Company. Al coro de múltiples personalidades ponen voz Rai Borrell, Javier Enguix, Diego Rodríguez, Bealia Guerra, Cristina Gallego y Georgia Stewart, todos y todas con amplia experiencia en el musical, tan cultivado en nuestro país desde hace ya unas cuantas décadas, lo que ha incrementado el nivel de especialización y profesionalidad. Borja Rueda, con amplia experiencia en televisión y conciertos de grandes artistas pop, se encarga de la coreografía, y de la escenografía y el vestuario Alejandro Andújar, de quien hace poco tuvimos ocasión de ver La bella Susona en el Teatro de la Maestranza. No son por lo tanto pocos los alicientes para dejarse llevar por tan suculento espectáculo, lo que unido al plan siempre atractivo de dejarse caer por la Costa del Sol, bien vale el viaje.

Fotos: Javier Salas

miércoles, 15 de diciembre de 2021

QUERIDO EVAN HANSEN El suicidio a terapia musical

Título original: Dear Evan Hansen
USA 2021 137 min.
Dirección
Stephen Chbosky Guion Steven Levenson, según el musical de Justin Paul y Benj Pasek Fotografía Brandon Trost Música Dan Romer, Justin Paul y Benj Pasek Intérpretes Ben Platt, Kaitlyn Dever, Julianne Moore, Amy Adams, Danny Pino, Nik Dodani, Amandla Stenberg, Colton Ryan Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2021; en Estados Unidos 24 septiembre 2021; en España 10 diciembre 2021


Se estrena este musical oportunamente cuando el debate sobre el suicidio está más candente que nunca, con un reciente caso de celebridad ocurrido en nuestro país que lo ha avivado más todavía, y con las noticias alarmando sobre el creciente número de suicidios juveniles como consecuencia del aislamiento producido por la pandemia. Surge además desde un país en el que los trastornos de la juventud, especialmente de estudiantes en institutos, ha crecido tanto que incluso ha provocado nuevos episodios de violencia con armas con resultado de muerte múltiple.

Con estos ingredientes salta de Broadway a la pantalla este musical de los letristas de La La Land y autores de la música y letra de El gran showman, Justin Paul y Benj Pasek, en el que un joven con trastorno de la personalidad, sometido a terapia y con un preocupante déficit para las relaciones sociales, ve cómo su vida da un giro insospechado a raíz de un equívoco tan curioso como original que tiene su raíz precisamente en el suicidio de un compañero de clase. Toda la trama se convierte así en una suerte de terapia mucho más eficiente y constructiva para su protagonista de la que pudiera urdir el mejor de los psicoanalistas. Hay sin embargo dos factores que juegan en contra de la película, su excesivo y una vez más innecesario metraje y el hecho de haber contado con el mismo actor que dio vida al Evan Hansen del título en el teatro, Ben Platt, célebre por la serie El político, cuya edad puede pasar desapercibida en el escenario, pero no en el cine, donde los frecuentes primeros planos no hay maquillaje que los soporte.

De esta manera el conjunto pierde credibilidad. Por lo demás, contar en la dirección con Stephen Chbosky, cuya especial sensibilidad para tratar el tema de los discapacitados sociales ya dio buenos resultados en Las ventajas de ser un marginado y Wonder, aporta un ingrediente conmovedor y conciliador en esta propuesta que juega además hábilmente con la ambigüedad sexual y el espinoso análisis de las relaciones paterno y maternofiliales. Las amables canciones, aunque sin grandes números coreográficos, y las aportaciones de las grandes Julianne Moore y Amy Adams añaden atractivo a esta estimable cinta.

jueves, 25 de noviembre de 2021

TICK, TICK... BOOM! Las entrañas de Broadway

USA 2021 115 min.
Dirección
Lin-Manuel Miranda Guion Steven Levenson, según el musical autobiográfico de Jonathan Larson Fotografía Alice Brooks Música Jonathan Larson Intérpretes Andrew Garfield, Alexandra Shipp, Robin de Jesús, Vanessa Hudgens, Joshua Henry, Jonathan Marc Sherman, MJ Rodríguez, Ben Ross, Judith Light, Bradley Whitford Estreno en Estados Unidos 12 noviembre 2021; en internet 19 noviembre 2021

El nuevo talento de Broadway, Lin-Manuel Miranda saluda a quien fue la gran revelación en ese mismo escenario en los noventa del siglo pasado, Jonathan Larson, fallecido de un aneurisma de aorta sin conocer el éxito de su icónico musical Rent, basado en La bohéme de Puccini en clave de rock. El debut en la dirección de largometrajes de Miranda se añade a su trabajo como compositor de musicales, con las muy reconocidas Company e In the Heights (En un barrio de Nueva York, título español de su adaptación cinematográfica), actor (El regreso de Mary Poppins) y compositor de canciones para películas de animación (Moana, Vivo, Encanto). Para su salto a la dirección ha adaptado el primero de los dos musicales de Larson representados en Broadway, una suerte de autobiografía salpicada de intervenciones de un monólogo televisivo y escenas de un musical frustrado que tituló Superbia.

Con Andrew Garfield (Spiderman, Hasta el último hombre y la próxima a estrenarse Los ojos de Tammy Faye) a la cabeza de un nutrido reparto en el que no falta ni quien da vida a Stephen Sondheim, mentor y auténtico hada madrina del protagonista, la película narra de forma algo histriónica esos años de bohemia e ilusión que parecen acompañar a todo aspirante al estrellato, mezclando cuestiones de índole personal, una difícil relación sentimental marcada por el conflicto de intereses profesionales, y un mejor amigo víctima del fenómeno yuppi y el sida, con otras fundamentalmente artísticas, potenciando siempre su carácter buenista y su talento musical, demostrado en un puñado de buenas canciones entre el folk de Billy Joel y el rock de Springsteen, siempre con ese imprescindible sello personal que lo convierte en estrella.

La función sirve una vez más para mostrar las entrañas de Broadway y de la farándula en general, sin cargar las tintas en el drama pero tampoco servir de mero pretexto para amalgamar canciones de marcado carácter comercial, como hacían aquellos biopics de compositores de musicales que tanto proliferaron en los cuarenta y cincuenta, como Hasta que las nubes pasen (Jerome Kern), Música y letra (Richard Rodgers), Noche y día (Cole Porter), Deep in My Heart (Sigmund Romberg) o Rhapsody in Blue (George Gershwin). A falta de algún que otro espectacular número musical, en Sunday, todo un homenaje a Sondheim, podemos disfrutar del cameo de grandes estrellas del medio como Bernadette Peters, Chita Rivera, Joel Grey o Bebe Neuwirth. El propio Lin-Manuel Miranda interpreta un minúsculo papel como cocinero en la típica cafetería en la que trabaja Larson para ganarse la vida hasta alcanzar el codiciado triunfo del que desgraciadamente no pudo disfrutar.

lunes, 15 de febrero de 2021

THE PROM Un musical de sana y contagiosa alegría

USA 2020 131 min.
Dirección
Ryan Murphy Guion Jack Viertel, según el musical de Chad Beguelin y Bob Martin Fotografía Matthew Libatique Música Matthew Sklar Intérpretes Meryl Streep, James Corden, Nicole Kidman, Andrew Rannells, Kerry Washington, Keegan-Michael Key, Jo Ellen Pellman, Ariana DeBose, Tracey Ullman, Mary Kay Place Estreno en Netflix 11 diciembre 2020

Ryan Murphy
, creador de series tan populares como Nip/Tuck, Glee, American Horror History, Pose o The Politician, se encarga en su tercer largometraje para el cine, o lo que quiera en que éste se ha convertido, tras Recortes de mi vida y Come, reza, ama, de adaptar este musical que se estrenó en Broadway en 2018. Aunque aparentemente satiriza sobre el mundo del espectáculo y pretende lanzar un mensaje de respeto y aceptación de la diversidad, que no de la tan manida y equívoca tolerancia que nos venden continuamente, lo cierto es que tanto el musical como la película se conforman con permanecer en un estadio de mero entretenimiento, un espectáculo visual y musical de considerable impacto, alegres canciones y extraordinarias coreografías, magníficamente fotografiado y planteado, y con un considerable uso de la infografía que potencia colorido y alta definición en su suntuoso acabado.

Pero todo eso no puede disimular una inocencia generalizada y un planteamiento demasiado ligero de lo que podría haber sido algo más satírico y crítico con la farándula, el oportunismo y la hipocresía puritana de la América profunda y tradicional. Todo acaba resultando demasiado blando, y aunque sus canciones acusan un perfecto acabado, dejan la sensación de no ser realmente memorables, aunque los arreglos redundan en el sentido amplio del espectáculo genuinamente norteamericano.

Con todo, la presencia de Meryl Streep suma enteros en la producción hasta el punto de que, y a pesar del entregado trabajo de James Corden y la siempre estimulante presencia de Nicole Kidman, que se marca un numerito a lo Bob Fosse, se adueña de cada secuencia en la que aparece y las convierte en lo mejor de la función. Resulta fácil reconocer otros musicales, como Los productores y el comienzo de La muerte os sienta tan bien en el arranque, o High School Musical en algunos de sus números, e incluso Hairspray en toda esa alegría y felicidad que preside el conjunto, lo que acaba siendo un lujoso pastiche, bienvenido por su ingenuidad, contagioso optimismo y fácil digestión.

lunes, 27 de abril de 2020

CINCUENTA AÑOS EN "COMPAÑÍA" DE STEPHEN SONDHEIM

El elenco de Company en la versión de concierto de 2011, con Neil Patrick Harris y Patti LuPone en primer término
Recuerdo cuando a principios de los noventa mi amiga Joana Raja, toda una especialista en musicales, aseguraba que allí en Barcelona existía tal aprecio y admiración por Stephen Sondheim que prácticamente todas sus obras se habían representado convenientemente adaptadas al catalán. Una de las más emblemáticas, Sweeney Todd, cumple este año un cuarto de siglo desde su estreno dirigido por Mario Gas y protagonizado por Vicky Peña y Constantino Romero, que dos años después pudo verse en el Teatro Albéniz de Madrid, coincidiendo con la eclosión de los musicales en la capital. Y en 2012 el tándem Gas y Peña volvió a aterrizar en Madrid, esta vez en el Teatro Español, con Follies, un musical que rescataba el esplendor de Ziegfeld en clave otoñal y como pretexto para analizar las dudas existenciales y sentimentales de sus protagonistas. Sondheim cumplió el pasado 22 de marzo noventa años y Broadway quiso celebrarlo anoche, como ya hizo en el Avery Fisher Hall de Nueva York hace diez años a propósito de su ochenta cumpleaños, esta vez haciendo coincidir la fecha con la del estreno hace cincuenta años de Company, el musical que dio carta de naturaleza a su particular forma de entender el género, y con el que revolucionó la escena neoyorquina y londinense. Barcelona, que además es el título de una de las canciones de este emblemático musical, se les ha adelantado y pudo estrenar el pasado mes de diciembre el cabaret Something’s Coming, con Joan Vázquez poniendo voz y música a las canciones de Sondheim en El Maldá de la capital catalana.

Imagen restrospectiva de Sondheim
Sondheim se curtió en el musical a partir de su descubrimiento con solo diez años de Very Warm for May, un musical de Jerome Kern y Oscar Hammerstein II, los autores que en los veinte subieron a escena uno de los más grandes clásicos del género, Showboat, considerado junto a Porgy and Bess de Gershwin, la cumbre del teatro musical de Estados Unidos. Esto y su amistad con el hijo de Hammerstein, Jimmy, le llevó a relacionarse con este tótem de los letristas de Broadway, que le enseñó todo lo que necesitaba saber sobre el tema, motivó que escribiera un musical sobre Mary Poppins que nunca se entrenó por problemas de derechos de autor, y propició que conociera a Harold Prince, nombre fundamental en su carrera profesional, en el estreno de South Pacific, con música de Richard Rodgers y letra de Hammerstein, pareja artística en títulos imprescindibles como The Sound of Music, The King and I, Oklahoma! o Caroussel. Sus primeros cometidos fueron solo como letrista. Leonard Bernstein quedó impresionado por su primer musical, inédito hasta 1997, Saturday Night, al que tuvo acceso personal, y le confió la letra de West Side Story. Después vendría la de Gipsy, otro gran éxito con música de Jule Styne (Funny Girl) y aún en 1965 escribió para Richard Rodgers la de Do I Hear a Waltz?, un encargo que le llegó como consecuencia de la muerte de Hammerstein. Pero antes, en 1962, cosechó su primer gran éxito en solitario con A Funny Thing Happened on the Way to the Forum, cuya adaptación cinematográfica se conoce en España como Golfus de Roma, del que su número Comedy Tonight se ha convertido en un clásico de todos los tiempos. Anyone Can Whistle, su siguiente trabajo en solitario, fue un fracaso, hoy reconvertido en musical de culto.

Cincuenta años de Company

Programa de mano del estreno de Company en 1971
El reconocimiento definitivo lo obtuvo de la mano de Company, un musical revolucionario y conceptual en el que el habitual argumento, concebido para que el público se evada de sus problemas, es sustituido por una serie de reflexiones para que el público afronte sus problemas. En este título experimenta además con complejas polifonías e intrincadas melodías así como un particular uso del coro, mezclando protagonistas y secundarios a modo de coro griego. A través de varios cumpleaños del protagonista se plantea la vida en pareja, la amistad y el matrimonio, todo un camino de aprendizaje para aceptarse a él mismo y llegar a sentirse vivo (Being Alive, un emocionante himno significativamente recuperado por Adam Driver en la película Historia de un matrimonio), acompañado por alguien especial o solo y en compañía de uno mismo. Bobby es el protagonista que celebra su cumpleaños con cinco parejas de amistades y tres candidatas a novia e interactúa con cada una de ellos, generalmente en escenas a tres (Threes fue el primer título escogido), según una idea del libretista George Furth concebida como obra de teatro para Kim Stanley, y que pretendía dirigir Anthony Perkins, muy amigo de Sondheim desde que protagonizara su trabajo para televisión Primrose Evening. Le pidió opinión a Sondheim, que a su vez se la pidió a Harold Prince, quien decidió convertirlo en musical sobra matrimonios neoyorquinos sometidos a examen del protagonista. En los noventa Sondheim y Furth adaptaron la obra, y en 2018 se estrenó en Londres la versión con protagonista femenina, cuyo estreno en Broadway ha quedado aplazado a causa del coronavirus, el mismo que ha obligado que esta vez su homenaje no sea en el Avery Fisher Hall ni en el Carnegie Hall, como en anteriores ocasiones, sino en streaming.

Dean Jones y Elaine Stritch estrenaron el montaje original en el Alvin Theatre el 26 de abril de 1970, tras debutar en Boston. Larry Kert sustituyó a Jones cuando éste se retiró por considerarla demasiado nihilista. George Chakiris, el inolvidable Bernardo de la versión cinematográfica de West Side Story, interpretó a Bobby en la primera gira por todo el país, mientras Raúl Esparza, maestro de ceremonias del homenaje de anoche en Broadway.com, se encargó de hacerlo en el reestreno de 2006. Patti LuPone se ha adueñado del papel de Joanne, la cínica y rica amiga de Bobby casada en tres ocasiones que canta el icónico The Ladies Who Luch, desde que lo interpretara en la sensacional versión de semiconcierto que dirigió Paul Gemignani, habitual director musical de Sondheim incluso en sus adaptaciones al cine (Sweeney Todd, Into the Woods) junto a la New York Philharmonic que se puede rescatar en youtube y que recomendamos sin ningún tipo de reserva. Ahí debutaron también en sus respectivos roles gente como Martha Plimpton, a quien recordamos por Los Goonies y Beautiful Girls, Anika Nani Rose (Tiana y el sapo, Dreamgirls), Christina Hendricks o Jon Cryer, y sobre todo Neil Patrick Harris, flamante presentador de los Oscar en 2015, que da vida a Bobby y desde entonces se ha convertido en otro incondicional del universo Sondheim.

Una carrera llena de reconocimientos

Tras estrenar con éxito Follies en 1971, Sondheim adaptó al musical la película de Ingmar Bergman Sonrisas de una noche de verano. El resultado fue A Little Night Music y una de las más hermosas y versionadas canciones extraídas de un musical, Send in the Clowns, que han hecho famosa gente como Barbra Streisand o Frank Sinatra, cuya versión suena de forma muy significativa en Joker. Su adaptación al cine en 1977 de la mano del mismo Harold Prince estuvo protagonizada por Elizabeth Taylor y se estrenó en España bajo el título Dulce Viena. Pacific Overtures seguía el esquema del teatro Kabuki japonés incluso en sus planteamientos musicales. En 1979 estrenó Sweeney Todd, uno de los pocos musicales que se han representado en escenarios operísticos de todo el mundo, siguiendo un libreto negrísimo y macabro de Hugh Wheeler según un clásico victoriano, que supuso la inmortalización de Angela Lansbury en Broadway y lanzó melodías estremecedoras como Joanna o Pretty Ladies. Tim Burton fue seguramente la elección más acertada para llevarla al cine en 2007, con Johnny Depp, Helena Bonham Carter y Alan Rickman como protagonistas.

Después vendría su musical más convencional, Merrily We Roll Along en 1981, Sunday in the Park with George, según el universo puntillista de Seurat, en 1984, que le valió el Pulitzer en el apartado de drama, e Into the Woods, otra de sus piedras angulares, en 1987 y también llevada al cine, por Rob Marshall, en una lujosa adaptación de 2014 que recrea los mundos de fantasía en los que se desenvuelven los cuentos de Rapunzel, La cenicienta, Jack y las habichuelas mágicas o Caperucita que se mezclan en su ingeniosa trama. Con todos estos títulos cosechó numerosos Tonys, pero ninguno con la celeridad con la que logró el correspondiente a Passion, un musical de 1994 basado en la película de Ettore Scola Passione d’amore. Antes había estrenado Assassins, un controvertido musical en el que de nuevo pone en tela de juicio los valores morales de la sociedad burguesa en la que vivimos. Mientras tanto ha coqueteado también con el cine, componiendo el tema principal, Goodbye for Now, de la película Rojos para Warren Beatty, la canción I Never Do Anyhting Twice de Elemental, Dr. Freud, o las canciones que Madonna entona en Dick Tracy, por una de las cuales, Sooner or Later, consiguió el Oscar en 1990.

Sácame al Mundo

Take Me to the World es el título con el que de manera muy significativa se ha bautizado este particular e insólito homenaje a Stephen Sondheim, teniendo en cuenta la situación de responsable y sensato confinamiento en el que se encuentran todos los y las artistas participantes. El título está sacado de una de las cuatro canciones del compositor que aparecen en el telefilm de 1966 Primrose Evening. Antonio Banderas grabó una versión de esta canción junto a Barbra Streisand, que ella incluyó en su álbum Encore Movie Partners Sing Broadway. La emisión tuvo lugar anoche, más de una hora después de la hora prevista, las 2 de la madrugada, hora local en España, debido a problemas técnicos que obligaron finalmente a prescindir de la mayoría de las intervenciones del presentador Raúl Esparza, único participante en directo frente al resto que colaboraron con videos editados, eso sí en casa y con el solo acompañamiento, salvo alguna excepción, del piano de Mary-Mitchell Campbell. La labor de ensamblaje y coordinación corrió a cargo del especialista en Broadway Paul Wontorek. Stephen Schwartz, autor de Godspell o El príncipe de Egipto, se encargó del prólogo, seguido de una obertura a cargo de toda una big band convenientemente coordinada cada uno y una desde su casa.

Bernadette Peters, Meryl Streep y Patti LuPone
Como el proyecto está destinado a promover una asociación que acerca el arte a los niños como terapia contra el empobrecimiento, Artists: Striving to End Poverty, fueron varios los que siguiendo el canon norteamericano ligeramente repelente, aparecieron en pantalla. Mientras tanto Neil Patrick Harris entonó The Witch’s Rap de Into the Woods, Judy Kuhn What Can You Loose? de Dick Tracy, Randy Rainbow un divertido, orquesta y efectos incluidos, By the Sea de Sweeney Todd, Mandy Patinkin cantó a capella y en exterior Lesson #8 de Sunday in the Park with George, Steven Spielberg agradeció la colaboración de Sondheim en su nueva versión de West Side Story, Lin-Manuel Miranda se atrevió con Giants in the Sky de Into the Woods, Lea Salonga con Loving You de Passion, Josh Groban con un medley entre Children Will Listen de Into the Woods y Not While I’m Around de Sweeney Todd, Nathan Lane definió a Sondheim como el gran genio no suficientemente reconocido del teatro americano, Esparza entonó la canción titular de la velada y Donna Murphy Send in the Clowns. A las dos horas exactas Christine Baranski, Meryl Streep y Audra MacDonald se unieron en The Ladies Who Lunch de Company, mientras Jake Gyllenhaal en preciso estilo y Annaleigh Ashford lo hicieron en Move On de Sunday in the Park with George, y para terminar Patti LuPone cantó Anyone Can Whistle y Bernadette Peters No One Is Alone (Nadie está solo) de Into the Woods, una sentencia muy apropiada para estos días de confinamiento que refrendó una legión de aficionados debidamente sincronizados con I’m Still Here (Sigo aquí) de Follies, después de que Raúl Esparza asegurara que todo cambia y todo progresa pero Broadway sigue ahí.

Articulo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 7 de diciembre de 2019

UN WEST SIDE STORY CORRECTO, ASEADO Y DISFRUTABLE

Música de Leonard Bernstein con libreto de Arthur Laurents y letras de Stephen Sondheim. Federico Barrios, dirección escénica y adaptación de la coreografía original de Jerome Robbins. Alejandro Serrano y David Serrano, adaptación y traducción. Gaby Goldman, director musical. Ricardo Sánchez Cuerda, escenografía. Carlos Torrijos y Juan Gómez Cornejo, iluminación. Gaston Brisky, sonido. Antonio Belart y Ana Llena, vestuario. Con Javier Ariano, Talía del Val, Silvia Álvarez, Víctor González, Oriol Anglada, Armando Pita, Enrique R. del Portal, Diego Molero, Carlos Seguí y compañía. Producción de SOM Produce y WSS 100 Aniversario 2017 AIE. Teatro de la Maestranza, jueves 5 de diciembre de 2019


La Gran Vía madrileña obró el milagro hace ya bastantes años, generar una afición mayoritaria por el teatro musical en un país donde hasta hacía poco el género solo entusiasmaba a una élite muy entregada. Contaban nuestros abuelos que en posguerra la gente iba al cine a ver musicales porque era lo que había, pero pataleaban cuando Fred Astaire o Judy Garland entonaban una canción. Afortunadamente esos años de penuria y analfabetismo pasaron a la historia y hoy son muchas las personas que sienten auténtico fervor por un género que mueve mucho negocio y se ha convertido en un generoso y saludable entretenimiento. Entre quienes lo han fomentado está SOM Produce, que mantiene aún en cartel Billy Elliot, con gran aceptación de público y notables logros artísticos.

West Side Story sorprendió en su día por la calidad de su música y su carácter eminentemente dramático cuando el musical se identificaba con alegría y distensión. Fue en 1957, justo un años después de que otro musical, My Fair Lady, se convirtiera en todo un éxito en Broadway y marcara un antes y un después en el género. No tardaron ambas en adaptarse al cine, con la particularidad de que en España el musical de Frederick Loewe fue traducido también en las canciones, al igual que lo eran otros musicales monumentales como Sonrisas y lágrimas o Mary Poppins. No ocurrió sin embargo lo mismo con el título de Leonard Bernstein, cuyas canciones se mantuvieron en inglés con las voces de Jimmy Bryant, Marni Nixon y Betty Wand doblando a Richard Beymer, Natalie Wood y Rita Moreno. Por eso el trabajo de Federico Barrios y los hermanos Alejandro y David Serrano adaptando al español los textos íntegros de la obra se revela especialmente complejo y novedoso.

El resultado de esta producción es en términos generales satisfactorio, con un acabado formal correcto y aseado que se presenta como versión íntegra de la pieza, la misma que se estrenó en el Winter Garden de Nueva York el 27 de septiembre de 1957. Por eso quienes conozcan bien la película se habrán dado cuenta de que los números Calma (Cool) y Querido Sargento Krupke (Gee, Officer Krupke) están intercambiados, ya que el emplazamiento de éste en el original resulta anticlimático después de la tragedia, que el ballet Somewhere (En algún lugar) se sustituyó en el film por un sencillo dúo de amor sin coreografía, o que Me siento hermosa (I Feel Pretty) suena en otro momento y lugar. Todas estas particularidades son recuperadas en este montaje, que por otro lado cuida tanto su mimetismo con el original que no aporta novedad alguna ni esconde sorpresa reseñable.


Una compañía entregada y disciplinada

El responsable más destacado del éxito de esta empresa es la excelsa partitura de Leonard Bernstein, que conocemos más en manos de grandes orquestas con generosas secciones de cuerda que en formato reducido habitual en un teatro dedicado al género. Sin embargo hemos de decir que salvo en un prólogo con desatinos en los metales y una trompeta algo díscola, el resto de la función la banda lució espléndida, aún sin cuerda suficiente, haciendo honor a la sensacional música y con especial mención precisamente de esos metales en la secuencia del baile en el gimnasio, donde el famoso mambo lució en todo su esplendor. Como responsable musical, Gaby Goldman desplegó por lo tanto un trabajo ejemplar.

En cuanto al elenco hemos de presumir que en su estreno sevillano en un lugar tan privilegiado como el Maestranza, donde ya en junio de 2012 disfrutamos de un suntuoso Sonrisas y lágrimas, contamos con el reparto principal, y de hecho así nos lo pareció desde nuestra algo alejada posición. Sería conveniente que los programas de mano se adaptaran cada función al reparto asignado. Bastaría con hacer tiradas distintas o añadir una octavilla aclaratoria. Así las cosas esperamos no equivocarnos al aplaudir el talento canoro de Talía del Val, a quien hemos visto en Sevilla en Los miserables y El médico, una voz de soprano lírica perfectamente educada y capaz de sobreagudos extraordinarios. Con Javier Ariano el papel de Tony dejó de sonar como tenor para decidirse por una voz de pop ligero en la línea de un Bustamante o un Bisbal, que el cantante murciano defendió a la perfección. También Silvia Abarca destacó con temperamento y decisión en su rol de Anita, protagonizando una de las escenas más incómodas de la función, cuando la manada de los Jets intenta violarla. Víctor González como Riff cantó y bailó correctamente, pero sin las acrobacias a las que nos acostumbró Russ Tamblyn en la película de Robert Wise; por su parte, Oriol Anglada interpretó con dignidad pero sin distinción a Bernardo. En conjunto ellas lucieron mejor, en números como América, Me siento hermosa, el dúo Un chico como ése/Tengo un amor o el solo de En algún lugar, prodigio de emoción y lirismo. Ellos acusaron menos energía y brío en Querido Sargento Krupke y el arranque del Quinteto, por otro lado uno de los momentos más conseguidos y desde luego de los más sobrecogedores. Todos y todas merecen sin embargo un cálido reconocimiento por incorporar tantas repetidas veces esos mismos roles, trabajo desde luego arduo y fatigoso, y que resulten siempre frescos. ¡Es la magia del teatro!

La coreografía dejó entrever claramente su influencia del Jerome Robbins original, pero desde una perspectiva demasiado ordenada y mecánica que hizo que la energía y la fuerza se resintieran un poco. Entre todos los danzantes nos sorprendió especialmente una gimnástica Ana Escrivá como Grazziela. La escenografía, que no llegó a ocupar toda la grandeza del escenario hispalense, resultó ágil y efectiva, con cambios a menudo imperceptibles e ingeniosos, todo dentro de un conjunto tan correcto como disfrutable. 

Artículo publicado en El Correo de Andalucía