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lunes, 25 de mayo de 2026

LA FSO DIBUJA Y CABALGA EN VALENCIA


Tenemos la sensación de que, a pesar del ya largo recorrido de esta orquesta valenciana y el rigor y la precisión con la que abordan sus atractivos programas, celebrados por la afición con llenos absolutos y giras que ninguna otra orquesta nacional se ha atrevido jamás a emprender, la crítica profesional, seria y comprometida, no le presta la atención que merece. Nosotros, ya sea porque nos iniciamos en este apasionante mundo de la música sinfónica a través de las grandes bandas sonoras del Hollywood clásico y ochentero, o porque hemos sido capaces de apreciar la notable evolución experimentada por Constantino Martínez-Orts y estos, en su mayoría, jóvenes músicos, siempre hemos seguido de cerca los conciertos que la formación ha celebrado en Sevilla. Este año, por motivos estrictamente personales, se nos ha escapado su habitual concierto en Fibes, celebrado el pasado 16 de este mes. Así que nos hemos ido a Valencia, donde el mismo programa, que ya se había tocado también allí, se repitió el pasado sábado día 23 de mayo.

De paso, tuvimos la oportunidad de disfrutar de otro programa que sólo se ha interpretado en Madrid, en cuyo Auditorio Nacional se estrenó el 10 de abril, y volverá a hacerlo en Gijón y Valladolid el próximo mes de junio. Son programas especiales que no van de gira ni se graban para su consumo doméstico, pero que reportan tanta satisfacción como el resto, como pudimos comprobar en esta doble función del pasado fin de semana.

La música, ingrediente fundamental del cine de animación

Toon Story, el programa con el que este año han recorrido toda la geografía ibérica, es un repaso por algunas de las bandas sonoras más icónicas del cine de animación, aunque Martínez-Orts siempre busca su repertorio en aquellas que, con alguna excepción, se estrenaron en las tres últimas décadas. Es la época que entronca con los que siendo de la misma generación, crecimos admirando a los grandes autores del Hollywood moderno, como Goldsmith, Horner, Elfman, Shore... y, por supuesto, John Williams.

Para mí, volver a escuchar música de cine en el Palau de la Música del antiguo cauce del Turia, uno de los mejores, más atractivos y variopintos parques de cuantos conozco, fue como volver a aquella juventud en la que hacía mis primeros pinitos escribiendo sobre música de cine en una revista especializada de idéntico y genérico título, Música de Cine, que se editaba precisamente en esa ciudad en la que ahora descansa también mi corazón. Fueron aquellos primeros noventa del pasado siglo, en los que la revista organizaba en colaboración con la Mostra unos congresos de música de cine cuya guinda la ponía el compositor invitado de turno, que junto a la Orquesta de Valencia nos deleitaba en ese templo de la música.


Con el rigor y la fidelidad a las partituras originales que les caracteriza, los y las integrantes de la Film Symphony Orchestra repasaron estos títulos icónicos del Disney recuperado tras La sirenita, aunque precisamente esta película no figurara en el menú. Junto a éstos, algunos otros de Dreamworks, Ghibli, Fox, Pixar y Aardman. Destaca el trabajo, siempre respetuoso y agradecido, con el que ensamblan temas para lograr acertadas suites que repasan todo el material dramático y musical de las películas en los atriles. Es el caso de Pesadilla antes de Navidad, cuya sensacional banda sonora de Danny Elfman fue recorrida de principio a fin sustituyendo con acierto algunos de los pasajes cantados por arreglos instrumentales, mientras otros, Qué es y El lamento de Jack, fueron eficientemente vocalizados por, si no nos equivocamos, Toni Dublet.

Esta misma estrategia se mantuvo con la música de John Powell para Cómo entrenar tu dragón, incluidos unos festivos acordes celtas perfectamente en estilo reproducidos por la entusiasta plantilla. De igual forma, la banda sonora de Harry Gregson-Williams y el propio Powell para Shrek, sin olvidar las excelentes suites generadas a partir de la música de Alan Menken para Aladdin y Pocahontas, con las habituales intervenciones de la sevillana Anaís Sancruz.

A diferencia de Fibes, en el Palau la orquesta no necesita amplificación, lo que nos permite disfrutar del sonido natural de los instrumentos, incluido el aterciopleado y perfectamente fraseado violín de la concertino Amanda Ochoa en el precioso Oogway Ascends de Hans Zimmer para Kung Fu Panda, y el no menos emotivo tema de Joe Hisaishi para La princesa Mononoke. Divertidísimo el tema de Chicken Run, de nuevo con Powell y Gregson-Williams a la composición, incluyendo ese punto gamberro que jalona la partitura. Disfrazado de Woody, el vaquero de Toy Story, Dublet entonó un delicioso Hay un amigo en mí de Randy Newman. De su primo David pudimos escuchar un medley de Ice Age, y de Stephen Flaherty la emocionante pero algo pomposa Dime dónde vas (Journey to the Past) de Anastasia, también con arreglos orquestales de David Newman.

Otras dos sensacionales suites con la música de Hans Zimmer para El rey león, y la de Menken para La bella y la bestia, tema principal cantado y bailado por Sancruz y Dublet, pusieron punto final al concierto, antes de la propina, Los Simpson de Elfman, con las voces del público colaborando en su arranque. Pero no podemos dejar de alabar la facilidad con la que esta orquesta de jóvenes se adapta a cualquier género, ya sea el swing de Los increíbles (Michael Giacchino) o el mickemousing cargado de aliento jazzístico y muy en estilo del Hollywood de los treinta y cuarenta, recreando los trabajos ilustrativos de Scott Bradley para los cortos de Tom y Jerry... puro delirio sazonado con escenificaciones cómicas de los atareados percusionistas.

Debemos destacar además la conveniencia de programas como éste, destinados a niños, niñas y familias. No hay mejor manera de crear nueva afición, y la verdad es que en general los y las más pequeñas se portan muy bien, sobre todo cuando perciben como nadie que lo que escuchan tiene calidad, ni aburre ni cansa.


Spaghetti y western clásico, sin distinción

Al día siguiente, domingo 24, los y las músicos se disfrazaron de personajes del salvaje oeste, cowboys, indios e indias, para ofrecernos un emocionante recorrido por algunas de las más icónicas bandas sonoras del género. Martínez-Orts, por su parte, abandonó la levita de Neo por la del juez Wyatt Earp. Y juntos nos regalaron una tarde de sensaciones, recuerdos, acción y disfrute a raudales. Un recorrido que arrancó con los títulos iniciales de La conquista del oeste, del patriarca de los Newman, Alfred. Continuó con el arreglo de concierto que hizo John Barry para Bailando con lobos, ensamblando el tema de John Dunbar y la llegada a Fort Sedgwick. El propio Wyatt Earp estuvo presente con una preciosa suite de la película de igual título de Lawrence Kasdan con música de James Newton Howard, incluido el irrepetible tema de la boda, y la suite con los títulos finales de Tombstone, con música de Bruce Broughton, también presente en Silverado, de nuevo con el tándem Kostner-Kasdan, y toda la espectacularidad que fue capaz de recrear la FSO.


No podía faltar Los siete magníficos, con una suite inédita que aprovecha el sensacional arranque de la película con la suite de concierto que el propio Elmer Bernstein creó para interpretarla junto a la Royal Philharmonic Pops Orchestra. Tampoco cabía excluir la excelente banda sonora de Dimitri Tiomkin para El Álamo, en forma de amplia suite encadenando la obertura, Degüello, una sensacional aportación del trompetista Rubén Zaragoza García, y el apoteósico final. Dos partituras que compitieron aquel mismo año de 1960 por un Oscar que finalmente se llevó Ernest Gold por Éxodo. Con Espartaco de Alex North también en la terna de las nominaciones, no cabe duda de que fue un año extraordinario para la música de cine.

Ennio Morricone, por supuesto, tuvo un amplio recuerdo, dejando claro a través de los temas de la trilogía del dólar cómo en Por un puñado de dólares el italiano se inspiró en Tiomkin para su solo de trompeta, que la versatilidad de los y las integrantes de la orquesta les permite incluso emular con éxito a las voces de I Cantori Moderni di Alessandroni, que el solista silbador hizo un excelente trabajo, y que Sancruz puede recrear con éxito la voz de la soprano Edda del'Orso en El éxtasis del oro de El bueno, el feo y el malo. También ella sacó a relucir sus aptitudes en el bellísimo tema de Jill de Hasta que llegó su hora. Con la amenazante partitura de Los odiosos ocho, se completó este obligado homenaje a las imprescindibles aportaciones de Morricone al género.


Toni Dublet fue también en esta ocasión el encargado de entonar las canciones programadas para la ocasión, Do Not Forsake Me Oh My Darlin' de Solo ante el peligro y la televisiva Rawhide, ambas de Tiomkin. Mientras el oeste más épico y grandioso quedó perfectamente reflejado en unas impecables versiones del tema principal de Horizontes de grandeza de Jerome Moross, y la obertura de concierto de Los cowboys de John Williams. Como propina, el nostálgico tema de Bonanza, de los creadores de éxitos Ray Evans y Jay Livingston, y el tradicional saludo final con Cantina Band, terminando así otra tarde inolvidable al son de la orquesta española más cinéfila. Entre las próximas citas, un especial Halloween con música de cine de terror, en Valencia, y Odisea, un repaso por algunos de los títulos más épicos de los últimos treinta años, en gira.

Fotos: Luis Pascual Alcaide

sábado, 23 de noviembre de 2024

FILM SYMPHONY ORCHESTRA, LA FÁBRICA DE SUEÑOS

Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, director. Tarab: Suites y temas de Hans Zimmer (Dune, Origen), Erich W. Korngold (El halcón del mar), James Horner (Leyendas de pasión, Troya), Harry Gregson-Williams (Marte), James Newton Howard (Animales fantásticos), Kristen & Robert López (Frozen), Alan Silvestri (Forrest Gump, El regreso de la momia), John Williams (La lista de Schindler, El ascenso de Skywalker), Ludwig Göransson (Oppenheimer), Steven Price (Gravity) y Alan Menken (La sirenita). Auditorio FIBES, viernes 22 de noviembre de 2024


Hace más de una década que la orquesta valenciana se deja ver y oír en nuestra ciudad, desde aquellos primeros conciertos en los que todavía les faltaba definición y depuración, hasta llegar a disfrutar de un prestigio y una dignidad que sólo se alcanza con mucho trabajo y una considerable pasión. Constantino Martínez-Orts la derrocha incluso en sus profusas locuciones, frente a una numerosa y prolífica orquesta mayoritariamente de gente muy joven.

Su propuesta tiene mucho de teatralidad, de manera que no importa las veces que haya ofrecido el mismo espectáculo en distintas ciudades, y de éste ya van siete y le quedan treinta y seis, incluido un segundo en Sevilla en el mes de marzo, que siempre se las ingenia para parecer que lo hace por primera vez, con toda la naturalidad y la frescura del mundo, logrando de paso que el público también se sienta protagonista de su propuesta. De esta teatralidad participa también el podio sobre el que se sitúa el director, reminiscente del de Stokowski en Fantasía, así como la generosa luminotecnia y el vestuario futurista de todos y todas las miembros de la orquesta.

Llegar anoche a Fibes resultó toda una odisea para buena parte del público, debido fundamentalmente a las obras del tranvibus, pero también ante la expectación que suscitan los conciertos de la FSO. De hecho, fue mucha la gente que llegó tarde y tuvo que incorporarse ya empezado el concierto, con las consiguientes molestias que supuso ubicarlos. Pero todo sirve de cara a disfrutar de esta cita con el cine que más taquilla hace y más óscars recibe, una constante que a Martínez-Orts parece atraerle bastante.

La emoción de sentir la música

El término Tarab que bautiza esta nueva gira, fue desgranado a modo de presentación por una voz en off acompañada de la crepuscular música de Hans Zimmer para Dune, con la sevillana Anaís Sancruz exhibiendo su potente voz desde las alturas. Su significado, la emoción que sentimos a través de la música, se puede asociar a cualquiera de los espectáculos anteriores de la orquesta.

El programa arrancó con la habitual dosis de cine clásico, al que Martínez-Orts dedica poca atención, limitándose a una o dos piezas por concierto, y siempre en versión muy reducida, como esta vez, que se conformó con los títulos de crédito iniciales de El halcón del mar de Korngold, sacrificando el tema Reunion al que generalmente va anclado. Además, precederlo de la fanfarria de la Fox en lugar de la Warner que la produjo, no fue muy acertado desde el punto de vista ortodoxo, sí quizás del espectáculo que siempre persigue con sus propuestas.

De James Horner se interpretaron dos piezas asociadas a un apolíneo y melenudo Brad Pitt, el cálido y romántico The Ludlows de Leyendas de pasión, con un impecable final a doble violín a cargo de Amanda Ochoa y Maider Lara, y la música de batalla de Troya, con brillantes aportaciones de los metales y un obsesivo control del ritmo. Lástima que las dimensiones del auditorio obliguen a amplificar el sonido, perdiéndose en el camino matices, dinámicas y planos sonoros, aunque hay que admitir que en su caso el sonido está muy bien diseñado y estos inconvenientes se minimizan bastante.

Una inquietante suite de Marte demostró lo buen compositor que es Harry Gregson-Williams, siempre a la sombra de Zimmer en la filmografía de Ridley Scott, como sucede ahora con Gladiator II, pero tan inspirado y eficiente, como bien demostró la depurada interpretación de la orquesta. También en forma de una muy conseguida suite se presentó la música de James Newton Howard para Animales fantásticos, en la que el swing a big band se hizo patente de forma también impecable y muy en estilo.

Anais Sancruz en modo Elsa

La primera parte culminó con la participación de la cantante sevillana en el icónico Let It Go! de Frozen en perfecto inglés, quizás algo menos punzante y apasionado de lo deseable, pero tan bien entonado como suele ser en ella, y con el abrigo entregado de la orquesta. Lástima que la suite de Forrest Gump de Alan Silvestri no resultara tan convincente. Se trató de una versión recortada y arreglada de los títulos de crédito finales de la película, que se reveló insuficiente y algo tosca.

Un complejo y radiante alarde técnico

Silvestri fue también el encargado de abrir la segunda parte, permitiendo a la orquesta exhibir su versatilidad para conjugar diferentes ritmos y estados de ánimo en la colorista suite de El regreso de la momia. De nuevo sonó el popular y emotivo tema de La lista de Schindler, con una impecable interpretación de Ochoa al violín que no desmereció a otros grandes que la han abordado, como Itzhak Perlman en la banda sonora o Anne-Sophie Mutter en una grabación reciente, e incluso mejoró la de otros igualmente insignes solistas como Joshua Bell.

También de Williams, un inevitable de los programas de Martínez-Orts, es El ascenso de Skywalker, con la que la FSO completó la saga Star Wars, un romántico tema que sólo se escucha en la película en sus créditos finales. A él encadenó sin solución de continuidad la Marcha Imperial de El imperio contraataca, dejando clara la flexibilidad de la orquesta a la hora de cambiar de registro de forma abrupta y radical.

El cuarto final del concierto fue lo mejor de la noche, con un trío de bandas sonoras con las que la orquesta y su director realizaron todo un alarde técnico de combinación entre efectos sonoros, electrónica y sonido acústico a altísimo nivel. Así se resolvieron con total satisfacción la oscarizada música de Ludwig Göransson para Oppenheimer, el estremecedor final de Gravity de Steven Price, con vocalizaciones a pleno pulmón de Sancruz, y una sensacional suite de Origen de Zimmer, con impagables aportaciones de Rafa Martínez Rodríguez al bajo eléctrico.

Anaís Sancruz entonó con ferviente teatralidad y voz arrolladora, no exenta de dulces matices y rutilantes inflexiones, Parte de tu mundo, dentro de una jubilosa suite de La sirenita de Alan Menken, en la que no faltaron en excelentes versiones instrumentales Besa a la chica, Pobres almas en desgracia y Bajo el mar, arropadas por el excelente trabajo de los responsables de la percusión. El divertido tema de Loca academia de policía de Robert Folk sirvió como propina, antes de despedirse con el inevitable Cantina Band que han convertido en himno de la orquesta e incluso se repite en cada uno de los discos que graban para la posteridad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 25 de mayo de 2024

HENKO. LA FUERZA DE ATRACCIÓN QUE ACOMPAÑA A LA FSO

Henko, La gira de la Film Symphony Orchestra. Anaís Sancruz, voz. Constantino Martínez-Orts, dirección. Programa: Temas y suites de Skyfall (Adkins & Epworth), Capitán Blood (Korngold), Espartaco (North), Apolo 13 (Horner), El padrino II (Rota), La roca (Zimmer, Gregson-Williams & Glennie-Smith), Mulan (Goldsmith), Ice Age 2: El deshielo (Powell), Harry Potter y el cáliz de fuego (Doyle), Desayuno con diamantes (Mancini), Las normas de la casa de la sidra (Portman), Siete años en el Tíbet, Obi-Wan Kenobi e Indiana Jones y el templo maldito (Williams), Star Trek (Courage, Goldsmith, Rosenman, Eidelman & Giacchino), Pocahontas (Menken). Auditorio FIBES, viernes 24 de mayo de 2024


Asistimos a la segunda y última sesión de la gira de la Film Symphony Orchestra de esta temporada en Sevilla, ante la imposibilidad de haberlo hecho el pasado diciembre, y lo primero que nos sorprende es que después de más de sesenta conciertos celebrados por toda España desde el pasado otoño, su director y la plantilla en su totalidad todavía tengan fuerzas y frescura para dar la impresión de la novedad de un primer concierto. Esto ya de por sí da la talla de profesionalidad, compromiso y disciplina que tan jóvenes intérpretes han asumido frente a un público fiel y enfervorizado que sabe que nunca saldrá defraudado de las sucesivas propuestas de tan magnífica empresa.
Buscamos sin embargo la razón que dé sentido al título elegido por Martínez-Orts para esta nueva aventura, Henko, una palabra proveniente del japonés que significa algo así como renovación y progreso continuo que impide dar marcha atrás. La propuesta esta vez se parece tanto a las anteriores, repite de tal manera el mismo esquema, que nos resulta complicado encontrar aquí esa razón de ser. El maestro lo justifica en los títulos elegidos, todos relativos a personajes que experimentan un proceso de modificación o renovación en sus vidas, pero en realidad pocos son los personajes cinematográficos que no lo hacen. Finalmente creemos encontrar un elemento que diferencia este programa de los once anteriores que la orquesta ha llevado de gira. Se trata del trabajo como arreglista de su director, más presente en esta gira que en otras anteriores. Quizás ahí resida el principal atisbo de renovación.

Martínez-Orts ha convertido en suntuosas suites, la mayoría con criterio muy acertado, la música compuesta por John Powell para Ice Age 2, la de Patrick Doyle para Harry Potter y el cáliz de fuego, y la de Rachel Portman para Las normas de la casa de la sidra. Las tres disfrutan en esta gira de unas muy depuradas y significativas suites en las que el director ha incluido los temas principales perfectamente ensamblados, dando una sensación de unidad realmente estimable, y logrando así una muestra perfecta del excelente trabajo de cada uno y una de los compositores convocados. En la otra cara, su trabajo para Apolo 13 de James Horner se nos antoja algo flojo y deslavazado, a pesar del magnífico trabajo de Carlos Conejero a la trompeta. Tampoco acaba de convencernos la suite de El padrino II del imprescindible Nino Rota, elaborada a partir de sus títulos de crédito finales pero insertando entre otros el tema de amor de la primera entrega, que fue precisamente el que impidió su nominación al Oscar, debido a que había sido compuesto para la película Fortunella dos décadas antes.

Los Oscar por cierto siguen siendo tema recurrente en sus vertiginosas y elocuentes ilustraciones, aunque por el camino se le escapara algún desliz, como que Jerry Goldsmith no fuera nominado al premio por Mulan, cosa que sí ocurrió, de hecho fue su última nominación. En la obertura de la película suenan temas de Goldsmith pero también de los autores de las canciones, Matthew Wilder y David Zippel, convenientemente arreglados por el muy querido compositor estadounidense. Y de los Oscars destacó también las quince veces que el gran Alex North fue nominado sin ganarlo ninguna en competición, aunque sí uno especial al conjunto de su carrera. Fue a propósito del tema de amor de Espartaco, del que Martínez-Orts eligió el arreglo de estudio incluido en la banda sonora pero que no suena como tal en la película, ofreciéndolo como cuota de ese Hollywood clásico al que también se adhirieron la famosa obertura de El capitán Blood, primera banda sonora íntegra de las dieciséis que compuso un refugiado Erich Wolfgang Korngold, y de la que FSO ofreció una versión épica y técnicamente impecable en su difícil integración de metales y cuerdas, a pesar del sonido enlatado que provoca la habitual amplificación de estos conciertos.


De Desayuno con diamantes se interpretó un arreglo de arranque épico y desarrollo edulcorado que se adjudica al propio Mancini pero que creemos él nunca llegó a grabar. De hecho fue Luis Cobos en el doble álbum que publicó sobre los Oscar en la última década del siglo XX, quien rescató esta versión. Rocío Fuentes recreó a la perfección el sonido del violonchelo en la partitura de Siete años en el Tíbet, hasta el punto de que apenas echáramos de menos al original Yo-Yo Ma, claro que la pieza se ofreció recortada a pesar de anunciarse como una suite. John Williams es el compositor fetiche de la formación, cuyos fans siempre acuden convenientemente ataviados, esta vez justo detrás de mi localización en sala y demostrando una pésima educación entre comentarios continuos y golpes de diversa índole. De él se ofreció también una suite que ensambló el tema principal de la serie de la insaciable Disney Obi-Wan Kenobi con los títulos de crédito convenientemente editados de la saga cinematográfica de Star Wars, y los inspiradísimos créditos finales de Indiana Jones y el templo maldito, un recorrido por sus temas principales que la orquesta y su dinámico director mimetizaron al detalle. De hecho, tal es el respeto y la fidelidad por las partituras originales, y el excelente nivel técnico de los intérpretes, que escucharles es como revivir sus bandas sonoras originales.

Una también inspirada suite con algunos de los temas más icónicos de la saga Star Trek, entre ellos el original de Alexander Courage y los que Jerry Goldmsith, Leonard Rosenmann, Cliff Eidelman y Michael Giacchino compusieron para la serie Voyager, la primera entrega cinematográfica, así como la cuarta y sexta, y las del nuevo siglo respectivamente, así como la extraordinaria, entonada y poderosa voz de la sevillana Anaís Sancruz dando sentido a la diversidad humana y ecológica del planeta en Colores en el viento de Pocahontas, completaron el programa. Por cierto, la cantante sobresalió también en Skyfall de Adele con el que se inició el viaje, y Reflejos intercalada en la suite de Mulan. Y con un jocoso tema, lleno de efectos sonoros, de Super Mario Bros: La película de Brian Tyler, y la inevitable Cantina Band como propinas, terminó un año más el obligado encuentro con Constantino Martínez-Orts y la Film Symphony Orchestra.

Fotos: Javier Bragado (FSO)
Reportaje y entrevista en El Correo de Andalucía

lunes, 19 de diciembre de 2022

¡ESTO SÍ QUE ES UNA FIESTA DEL CINE!

Krypton, La Gira de la Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, dirección. Programa: Temas y suites de El Cid (Rózsa), Batman y Spider-Man 2 (Elfman), Ant-Man (Beck), Braveheart y La máscara del Zorro (Horner), Iron Man 3 y Thor: El mundo oscuro (Tyler), El caballero oscuro (Zimmer y Newton Howard), Capitán América y Los vengadores (Silvestri), Robín Hood: Príncipe de los ladrones (Kamen), Los increíbles (Giacchino), Lawrence de Arabia (Jarre), El último mohicano (Jones), Conan el bárbaro (Poledouris), Capitana Marvel (Toprak), Black Panther (Göransson) y El hombre de acero (Zimmer). Auditorio FIBES, domingo 18 de diciembre de 2022


A Constantino Martínez-Orts le gusta contextualizar sus giras, y hace bien. Si Fénix se enmarcaba dentro del resurgimiento de nuestra vida cotidiana tras las anomalías de la pandemia, Krypton lo hace dentro de la alarma social que vivimos actualmente en torno a guerras, crisis y desastres medioambientales, como una llamada de atención para que seamos nosotros y nosotras nuestros propios héroes y heroínas y de esta forma salvemos en la medida de lo posible el planeta en el que vivimos y de momento nos da cobijo. Así, a partir de Krypton, el célebre planeta de cómic que vio nacer a Superman y desde el que viajó para convertirse en una suerte de mesías terrestre, el dicharachero director de la Film Symphony Orchestra diseñó un programa centrado en estos personajes, unos con poderes especiales y otros sin ellos, dedicados en cuerpo y alma a salvarnos de las adversidades. Y así, junto a Rodrigo Díaz de Vivar, William Wallace, Robin Hood, Lawrence de Arabia, Conan el bárbaro y el último de los mohicanos, el concierto de anoche se centró en algunos y algunas de las personajes más emblemáticos de los universos Marvel y DC Comics, principales promotores de ese mundo de fantasía y, también hay que destacarlo, violencia en el que se desenvuelven las historias evocadas en esta nueva fiesta del cine de la joven orquesta levantina.

Una fiesta que arrancó a ritmo de marcha con acento hispánico, la obertura que el gran Miklós Rózsa compuso para la película El Cid que Anthony Mann rodó precisamente en tierras del este de la península ibérica. A partir de aquí quedó constatada una vez más la fuerza, la entrega y el respeto con el que los jóvenes artistas que integran la orquesta acometen cada partitura que se les ofrece. Lástima que la inevitable amplificación haga que estas interpretaciones suenen a menudo planas, faltas de relieve, y con un sonido metálico que desfavorece el excelente trabajo de las y los músicos. Afortunadamente los discos que recogen cada una de sus giras dan fe de su impecable trabajo, si bien en este punto hay que lamentar que no estén suficientemente bien editados, sin suprimir aplauso alguno y repitiendo temas en unas y otras entregas.

Martínez-Orts es sin duda una persona muy singular, un auténtico apasionado de lo que hace, capaz de ilustrar profusamente cada pieza que interpreta, a nivel musical y cinematográfico, y así lo hizo también en esta ocasión, con un programa frecuentado por temas cortos en forma de fanfarrias, como el célebre tema principal de Batman, la obra que abrió definitivamente el camino al éxito de Danny Elfman, de quien también se interpretó el tema principal de Spiderman 2, pues en palabras del director es como el de la primera entrega pero mejorado; el desenfadado, rítmico y melódico tema de Christophe Beck para Ant-Man, o los épicos temas de Thor, el mundo oscuro e Iron Man 3, piezas de artesanía debidas a Brian Tyler que la orquesta atacó con toda la fuerza y la energía que demandan, igual que Capitana Marvel, tras narrar las vicisitudes que tuvo que pasar su compositora, la americana de origen turco Pinar Toprak, para hacerse cargo de la empresa, o las marchas triunfales que Alan Silvestri compuso para Capitán América y Los vengadores, resueltas con absoluto brío y una espléndida sección de metales, imprescindible para el programa acometido. Entre ellos y ellas, se colaron también héroes de carne y hueso históricos como William Wallace, el libertador escocés que evocó la epopeya Bravehart con la que la Film Symphony exhibió su mayor lirismo y contención, un trabajo de la cuerda lleno de sensibilidad, gracias al precioso tema de amor de James Horner, o el enigmático T.E. Lawrence, el mítico Lawrence de Arabia con su imprescindible obertura a cargo de Maurice Jarre, su primer trabajo con David Lean y primer Oscar de Hollywood (los otros dos también los obtuvo de la mano del director británico, con Doctor Zhivago y Pasaje a la India). También otros héroes semi ficticios como Robín Hood, de cuyas muchas adaptaciones se decantaron por la que interpretó Kevin Costner en 1991 y que cuenta con una hermosa partitura del malogrado Michael Kamen; de cómic como Conan el bárbaro con la percutiva y obsesiva música que Basil Poleduoris concibió para su tema principal, y El Zorro, con una suite de Horner para Antonio Banderas y La máscara del Zorro, atacada de forma algo deslavazada pero con el atractivo de los y las jóvenes músicos convertidos en eficaces palmeros. También emblemático y archiconocido es el tema principal que Trevor Jones compuso para El último mohicano, y que Martínez-Orts y la FSO abordaron de manera impecable, acentuando su carácter épico y romántico.

Pero si hay que destacar auténticas gemas en este particular concierto, nos quedamos con varias. En primer lugar los créditos finales (Incredits) de Los increíbles, para lo que la orquesta se convirtió en una auténtica Big Band y volvió a demostrar su versatilidad y capacidad para adaptarse con solvencia a todos los géneros, igual que hicieron hace algunos años con el ballet final de La La Land. También la suite de El caballero oscuro estuvo bendecida por una interpretación magistral, sobre todo en lo que concierne a las transiciones, abordadas con suavidad, sin rupturas ni estridencias, de la misma forma que sucedió con El hombre de acero, ambas de Hans Zimmer, aunque la primera con la concurrencia de James Newton Howard en los pasajes más líricos. Y finalmente, la joya de la ocasión estuvo representada por Black Panther de Ludwig Göransson, dechado de ritmo y triunfo para la que la orquesta se pertrechó de una excelente sección de percusión ampliada con instrumentos étnicos (la trama se desarrolla en Wakanda, un país africano ficticio), como el yembé y el sheker, y los y las propias miembros de la orquesta haciendo los coros, gritos de guerra y cantos étnicos entonados a la perfección. Lástima que entre todo este esplendor, curiosamente fuese la propina lo menos satisfactorio, y eso que la tienen bien trillada; nunca antes habíamos escuchado una marcha de Superman de John Williams tan percutiva, machacona y marcial, falta de toda la elegancia que presidió el resto del concierto. Con el tradicional Cantina Band adornado de gorros de Papá Noel y cuernos de alce, terminó esta gozosa fiesta en la que la iluminación, con detalles impagables como centrar el foco en los solistas, guitarra eléctrica incluida, también formó parte de un extraordinario espectáculo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 16 de noviembre de 2019

ENGANCHADOS A LA FILM SYMPHONY ORCHESTRA

Tour 2019/20 de la Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, dirección. Paloma Friedhoff Bello, soprano. Ignacio Herrero Pérez, acordeón. Programa: Temas y suites de Kings Row (Korngold), El secreto de la pirámide (Broughton), El discurso del rey (Desplat), Willow (Horner), Jurassic World (Giacchino), Solo, Inteligencia Artificial (Williams), Aladdin (Menken), El bueno, el feo y el malo (Morricone), Norte y Sur (Conti), Amelie (Tiersen), Cómo entrenar a tu dragón (Powell), Interstellar (Zimmer), Los vengadores: Endgame, Regreso al futuro (Silvestri) y Piratas del Caribe (Badelt). Auditorio FIBES, viernes 15 de noviembre de 2019

Hubo en mi primera juventud una serie de discos británicos que se titulaban Hooked on Classics (Enganchados a los clásicos) en los que un tal Louis Clark y la Royal Philharmonic Orchestra interpretaban potpurris de música clásica con una base rítmica, ingenio que tomó prestado en España Luis Cobos para sus homenajes a zarzuelas, coplas y otras músicas diversas. Aquello funcionaba como primer paso para interesarse por la gran música e ir poco a poco aficionándose a ella. Igual pasa con la música de cine, especialmente aquella que siguiendo los pasos del sinfonismo hollywoodiense crearon en los años treinta del siglo pasado Steiner y Korngold. La afición por este género musical cinematográfico ha sido el trampolín para acercarse a los Mozart, Beethoven, Wagner o Strauss que lo inspiraron. Desde hace unos años Martínez-Orts al frente de su orquesta especializada ha ido creando esa afición de la que a buen seguro saldrán muchos otros y otras aficionadas a la música clásica.

El director valenciano tiene por delante muchísimo material para ir perpetuando su éxito durante décadas, y ahora que ha incorporado la voz, las posibilidades son infinitas, dada la gran cantidad de canciones y musicales memorables que nos ha brindado el séptimo arte. John Wilson en Inglaterra lo descubrió hace ya unos cuantos años y cada temporada le invitan a los Proms del Royal Albert Hall de Londres. Varios meses después de culminar ese memorable doble programa dedicado a John Williams, la FSO volvió a un FIBES de nuevo abarrotado para ofrecer un variado programa que arrancó con el tema principal que Erich Wolfgang Korngold compuso para Kings Row, una película protagonizada por el luego presidente de Estados Unidos Ronald Reagan en 1942, y que aquí se llamó Abismos de pasión. Fanfarrias y un acertado vuelo lírico definieron esta primera parada de un concierto que prosiguió con los celebrados títulos finales de El joven Sherlock Holmes o El secreto de la pirámide, que interpretaron con energía y fidelidad. Delicadeza es lo que definió al piano de Bauti Cármena en El discurso del rey de Alexandre Desplat y la inédita suite de Amélie de Yann Tiersen, donde brilló el color del acordeón de Nacho Herrero.

Como suele ocurrir, fueron los metales los que acusaron mayores problemas. Así ocurrió en un Willow por momentos falto de vuelo y pérdida de ritmo en las transiciones, o en el conseguido swing de Aladdin, aunque pesaran ocasionalmente los desajustes en esta familia de instrumentos. Al resultado global afectó también la obligada amplificación, en este caso por potenciar los agudos y camuflar los graves, de forma que todo sonó excesivamente metálico. El breve y hermoso tema principal de la serie Norte y Sur o la muy jovial suite de Cómo entrenar a tu dragón se defendieron también satisfactoriamente, mientras fue Interstellar en una conseguida suite que recorrió todos sus temas principales la que logró el mayor impacto a nivel de excelencia interpretativa, gracias en buena parte al buen trabajo del organista. Con un precioso timbre, una generosa proyección y una flexible modulación, la soprano Paloma Friedhoff defendió de manera sensacional el enérgico Éxtasis del oro que Morricone compuso para El bueno, el feo y el malo, así como la canción basada en el tema principal de John Williams para I.A. Inteligencia artificial, cuyas letras de Cynthia Weil entonó en perfecto inglés. El fin de fiesta lo coronó un muy conseguido Mambo de Leonard Bernstein para West Side Story y el ya inevitable Cantina Band de Star Wars, cuyos fans volvieron a aprovechar para lucir sus mejores galas a lo largo de tan alegre noche.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía