lunes, 12 de junio de 2023

UN ERNANI DISTÓPICO EN LES ARTS DE VALENCIA

Ópera de Giuseppe Verdi con libreto de Francesco Maria Piave basado en la obra de Victor Hugo. Michele Spotti, dirección musical. Andrea Bernard, dirección escénica. Orquesta de la Comunidad Valencia y Coro de la Generalitat Valenciana. Con Piero Pretti, Angela Meade, Franco Vassallo, Evgeny Stavinsky, Laura Orueta, Matheus Pompeu y Javier Castañeda. Coproducción del Palau de les Arts Reina Sofía y el Teatro La Fenice de Venecia. Palau de les Arts, sábado 10 de junio de 2023


Con esta adaptación de la obra que Victor Hugo escribió en torno a la figura de Carlos I de España, reduciéndolo a peón de una intriga más romántica que política, con un caballero aragonés defenestrado como vértice protagonista de un cuarteto que se completa con la amada heroína y el viejo noble que también la pretende, Giuseppe Verdi no sólo firmó su quinta ópera, dejando atrás ese hito en su producción que supone Nabucco, sino que perfiló y definió de una forma ya casi definitiva su particular estilo musical y retórico, aunque en el camino todavía se vislumbrara, y mucho, las aristas del belcantismo tan en boga por aquella época. En Valencia no se había representado todavía, y eso que de Verdi se han ocupado con generosidad; lo hace ahora con una producción mediocre, rancia y acartonada, pero muy buen juicio a la hora de contratar voces y acompañarlas de una batuta sorprendentemente bien informada para su corta edad.

Con apenas treinta años, Michele Spotti puede presumir ya de ser el flamante director musical de la Ópera y la Filarmónica de Marsella, y evidencia con su trabajo frente a la Orquesta de la Comunidad Valenciana su buen juicio y criterio a la hora de abordar el lenguaje verdiano, con mucha fuerza y evidente teatralidad, capaz de combinar los pasajes más delicados con los acentos más dinámicos y vehementes, haciendo sonar en todo momento a la orquesta con una elasticidad y una frescura encomiables. Junto a él nada que reprochar al cuarteto protagonista, encabezado por el tenor italiano Piero Pretti y la soprano norteamericana Angela Meade. Juntos pudimos disfrutarlos también en Sevilla en aquel Trovatore de 2019, consolidando ahora su indiscutible talento para abordar los sintomáticos personajes creados por Verdi. En concreto, Meade posee una voz de prodigiosa proyección y contundente volumen, cálida y exuberante a la vez, si bien peca de cierta vulgaridad interpretativa, con movimientos y gestos sumamente mecánicos, a veces casi cómicos. Pretti sin embargo resulta más aceptable como actor, y posee una línea de canto poderosa, homogénea y coherente, aunque el timbre no resulte demasiado agradable y acuse frecuentemente cierta nasalidad. Quien más convenció fue el barítono milanés Franco Vassallo personificando a Carlos I con la variedad de registros que demanda un personaje que deambula entre la severidad y la generosidad, siempre como características esenciales de su codiciada magnificencia. En el acto tercero, cuando es proclamado en Aquisgrán Emperador Carlos V de Alemania, triunfa también su fuerza canora y capacidad para convencer. Completando el cuarteto, el bajo Evgeny Stavinsky lució también una línea de canto homogénea, pero acaso un insuficiente volumen a pesar de la rotundidad de su voz.


En el apartado escénico la función resultó decididamente más decepcionante, con una producción excesivamente discreta y acartonada, a pesar de provenir en parte de La Fenice, el mismo teatro en el que se estrenó en 1844. Unas proyecciones en blanco y negro informando de la tragedia del protagonista, dan paso a un escenario en blanco y negro del que emergen y desaparecen paulatinamente frontales arquitectónicos que junto al escuálido y caprichoso vestuario parecen reflejar una realidad distópica, una recreación intencionadamente inexacta de la época. Sobre un suelo de presunta pizarra se deslizan personajes, coro y figurantes de forma atropellada, sin atisbo de una dirección efectiva y cuidadosa, mientras algunos elementos de atrezzo evidencian ese favor a la distopía que culmina en una coronación imperial vergonzosa y desaliñada, con el discreto único atrevimiento de incluir al final de cada acto un arcángel portador de los símbolos que reproducen el destino de Ernani y el rey (el cuerno, la espada, la corona…). El coro tiene en este título un trabajo enorme, con intervenciones generosas especialmente en los tres primeros actos, sobre todo un Gloria y honor de varios quilates en el tercero, completando así una sucesión de arias, cabaletas, dúos, tercetos, cuartetos y sextetos, que hizo las delicias de todos quienes adoran la ópera más tradicional imaginable.

EL MAESTRO JARDINERO Arrancar las malas hierbas

Título original: Master Gardener
USA 2022 111 min.
Guion y dirección
Paul Schrader Fotografía Alexander Dynan Música Devonte Hynes Intérpretes Joel Edgerton, Sigourney Weaver, Quintessa Swindell, Esai Morales, Victoria Hill, Eduardo Losan, Amy Le, Erika Ashley, Jared Bankens Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2022; en Estados Unidos 19 mayo 2023; en España 9 junio 2023

A estas alturas a nadie le escapa que Paul Schrader es un clásico, un veterano con categoría suficiente para aguardar cada nuevo trabajo suyo con cierto interés y estrenarlo en los festivales más influyentes con la pegatina de fuera de concurso. Lleva tiempo abrazando personajes destruidos por el pasado, obligados a enfrentarse a sus propios fantasmas y lidiar con su entorno de la forma más cínica posible, siempre con desconfianza y en cierto modo, desesperanza. Así lo comprobamos en títulos como Affliction, El reverendo o más recientemente El contador de cartas, siguiendo la estela del perdedor por excelencia que compuso a mayor gloria de Scorsese y De Niro en Taxi Driver, y perpetuó en un estilo más comercial y si se quiere convencional en American Gigoló.

En El maestro jardinero uno de esos personajes curtidos y heridos por la vida se encuentra con la oportunidad de redención que este tipo de caracteres siempre demandan. Se lo pone en bandeja la gran señora sureña para la que trabaja forzosamente, una Sigourney Weaver espléndida y perversa, con un carácter hasta cierto punto bipolar que le hace imprevisible. Surge así la forma de intentar escapar de un pasado algo forzado y puede que hasta increíble, aunque todo se le perdona si se trata de dejarse seducir por una trama sugerente y envolvente, con un ritmo pausado y elegante y las excelentes interpretaciones de su trío protagonista.

Joel Edgerton, que interviene también en la producción, encarna así a un personaje que parece escrito directamente para él, mientras en su meticuloso guion Schrader se permite hacer un ensayo sobre el cultivo de flores y la construcción de jardines en paralelo a su intensa y perversa trama, en la que lo más importante o el punto de partida es la labor de arrancar las malas hierbas, algo imprescindible para disfrutar de esa segunda oportunidad tan anhelada y permitir que el jardín siga creciendo.

viernes, 9 de junio de 2023

VILLALOBOS FIRMA UNA TOSCA VALIENTE Y COMPROMETIDA

Melodrama en tres actos de Giacomo Puccini. Libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica según la obra de Victorien Sardou. Gianluca Marcianó, dirección musical. Rafael R. Villalobos, dirección escénica y vestuario. Emanuele Sinisi, escenografía. Felipe Ramos, iluminación. Santiago Ydáñez, pinturas. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director del coro. Con Yolanda Auyanet, Vincenzo Costanzo, Ángel Ódena, David Lagares, Enric Martínez-Castignani, Albert Casals, Alejandro López, Julio Ramírez, Hugo Bolívar y el actor Nacho Gómez. Coproducción del Teatro de la Maestranza, La Monnaie de Bruselas, la Ópera de Montpellier y el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Teatro de la Maestranza, jueves 8 de junio de 2023


Cuenta Rafael Villalobos que la inspiración para su más que singular Tosca, o La Tosca como la conocen en Italia y se titula el original de Sardou en que se basa la ópera de Puccini, la encontró en Roma, sus calles y los escenarios en los que se ambienta. Pero una Roma que alberga también una institución tan anacrónica como la monarquía misma, el Vaticano, y donde expresar un pensamiento libre de prejuicios y ataduras resulta más complicado que en otras muchas plazas. Su Roma le llevó a Pasolini como icono del intelectual rebelde y contestatario, y de ahí surgió la idea quizás algo forzada de trazar un paralelismo entre la tragedia pucciniana y el devenir personal y vital del director italiano. Villalobos se convierte así en el principal protagonista de su Tosca, con su controvertido montaje, soluciones estéticas seguramente muy discutibles para quienes buscan en un espectáculo lírico un respeto más tangible a la obra original, y numerosas pautas orientadas a provocar controversia y reflexión. Igual que ocurre en el cine, donde el público no se cansa que le cuenten siempre la misma película y convierte en taquillazos las interminables entregas de Marvel o Disney, parece que también el más conservador público operístico busca reencontrarse una y otra vez con el mismo espectáculo, donde lo único que varíe sean las voces y la forma en general de abordar la música, olvidando que se trata de un espectáculo total que engloba muchas disciplinas y que el arte no sólo sirve para embelesarnos sino fundamentalmente para remover nuestras entrañas y plantearnos la vida, a la que imita.

Villalobos firma una Tosca de buen teatro
. Si no llegaron a convencernos su Dictador de Krenek, ni su Orfeo y Eurídice del Villamarta o sus espectáculos junto a Proyecto OCNOS ni el Marie de Germán Alonso que representó en el Lope de Vega, y menos su Viaje de invierno teatralizado con Xavier Sábata y Francisco Poyato, que La Monnaie, uno de los teatros coproductores de este montaje de Tosca, albergará el próximo mes de febrero, sí que tuvimos que reconocer el talento del sevillano en Cosí fan tutte hace dos años. Pero si allí introducía el segundo acto con una muy particular licencia, canción pop incluida, sin levantar ampollas (claro que debido a la pandemia solo había doscientos espectadores en el teatro), eso mismo suscitó anoche el abucheo más bochornoso que recordemos en un público que suele ser muy respetuoso y comprensivo. Una falta de respeto que fue ampliamente contestada con aplausos por la inmensa mayoría del público. Claro que muchos y muchas aunque no lo sepan arrastran una educación homófoba importante y la introducción del segundo acto esta vez, también con canción pop de por medio, ofrecía un seductor baile entre Pasolini, interpretado con acierto por Nacho Gómez, y Pino Pelosi, su presunto asesino, besos incluidos. Nos consta que en el ensayo con público joven, éste se comportó de forma mucho más educada y civilizada, conectando mejor con la propuesta de Villalobos, lo que nos sirve de consuelo y alivio por las próximas generaciones.

El director italiano se convierte así en personaje silente, que observa los acontecimientos que Villalobos ahora ambienta en tiempos modernos, aunque sigan aflorando en las voces referencias continuas a Napoleón y la Batalla de Marengo, e incluso interactúa con los personajes. También lo conocemos de niño, sufriendo una estricta educación religiosa y perniciosa, donde asoman posibles abusos y permitidas perversiones. Pero sobre todo Pasolini representa la libertad del arte, lo incómodo que esto resulta para el poder reaccionario y fascista, y las terribles consecuencias que este choque político cultural pueden provocar. Y para eso Villalobos fuerza un paralelismo entre el director de Teorema y el pintor Cavaradossi, que abraza los ideales y las libertades importadas de Francia aunque sean vía Napoleón, si bien el auténtico revolucionario aquí es Angelotti, su amigo, y no él que no pasa de ser un pelele romántico.

Un melómano empedernido

Villalobos, que ahora es requerido en muchos teatros del mundo, creció y se formó en el Maestranza. Conoce bien el repertorio operístico y lo ha cultivado a conciencia. No ocultaremos sin embargo que el primer acto nos resultó cómico, debido seguramente a la acumulación de ocurrencias, como introducir unos monaguillos que recordaban al Decamerón, o presentar a la diva cargada de compras de marca, hasta derivar en un originalísimo Te Deum sin coro ni figurantes en escena, solo con Scarpia soñando su maquiavélico plan y las voces del coro invadiendo el teatro de manera sobrecogedora desde lo más alto de éste. Un efecto realmente sorprendente y espectacular. Ellos y ellas triunfaron con una fuerza apabullante y celestial no sólo en ese culminante momento sino también en los otros pasajes que demandan su intervención, aunque también fuera de escena. Todo el segundo acto estuvo acompañado por jóvenes bailarines desnudos que emulaban, las pinturas de Santiago Ydáñez también, la tremenda película de Pasolini Saló o los 120 días de Sodoma.

Echando la vista atrás, comprobamos que en 2007 hubo ocho representaciones de este emblemático título en la versión no menos icónica de Luca Ronconi, reducidas a seis en 2015 cuando la abordaron Pedro Halffter y Paco Azorín con resultados francamente extraordinarios y un solo personaje doblando reparto, Scarpia. Desalienta ver cómo en todos estos años ha ido disminuyendo la afición, del mismo modo que ilusiona comprobar que el Maestranza apueste y financie producciones como ésta, atrevida y valiente, que permite a su autor verter ideas políticas y estéticas muy comprometidas. El director de escena obvió los tres escenarios principales de la ópera (la Iglesia de Sant'Andrea della Valle, el Palacio Farnese y el Castello de Sant'Angelo) para reducirlos a uno, insólitamente luminoso y virginal, mutante gracias a plataformas giratorias que dan mucho juego escénico y momentos de gran elegancia.

Eficiente en lo estrictamente musical

Yolanda Auyanet debutó en el papel con resultados muy satisfactorios
, traducidos en una resistencia turbadora a lo largo de todo el montaje, con escalas notables en el dúo amoroso del primer acto, el duelo encarnizado con Scarpia del segundo, incluido un Vissi d’arte francamente bien cantado, con mucho sentimiento (Villalobos respetó que lo hiciera clavada sobre las rodillas como es tradición), y soberbia en el trágico final. No gustó tanto el tenor napolitano Vicenzo Costanzo, rígido y sin atisbo de delicadeza en Recondita armonia, mejor en sus pasajes acompañados y cuando parecía dominar canora y afectivamente el precioso E lucevan le stelle, lo machacó con una nota final fuera de tono. Ángel Ódena corroboró su perfil de competente barítono, capaz de salvar cualquiera de los personajes que se le confíen con buena nota y mucho carácter, tanto a nivel de canto como de actuación, logrando un Scarpia suficientemente perverso y brillando con su voz ancha y flexible, capaz de matizar al máximo sus intervenciones. También el añorado David Lagares, en su breve intervención como Angelotti, mostró las buenas cualidades acostumbradas, quizás con la voz aún más profunda y matizada. El resto cumplió con eficiencia, aunque el sacristán de Enric Martínez-Castignani acusó poca proyección, y el Spoletta de Albert Casals evidenció algunos altibajos. El contratenor Hugo Bolívar dio vida a Pelosi suplantando al pastor en el arranque del tercer acto, mientras las luces del coche con el que presuntamente arrolló a Pasolini sustituyeron al sol que emerge durante el amanecer del 18 de junio.

Admitimos que nos hacía ilusión que la Bética de Cámara se hubiera hecho cargo de las funciones ante la huelga de la ROSS, por la oportunidad y el reconocimiento que suponía para esta formación centenaria desde hace unos años regenerada. Pero nos alegramos del reencuentro de la Sinfónica, tras una temporada desastrosa que ha dejado atrás citas que nos hacían mucha ilusión, como la de Viktoria Mullova con el Concierto de Mendelssohn. Respetamos y apoyamos su derecho a la huelga, aunque no acertemos a entender todas sus reivindicaciones y desde luego no compartimos el desplante de último minuto que en repetidas ocasiones han hecho al público. Lo que no aceptamos es que algunos cronistas hayan sido linchados por opinar de forma contraria a sus intereses, aunque no compartamos sus criterios por otro lado contrastados. También eso atenta contra la libertad, aunque sea bajo pretexto de supuestas y ridículas conspiraciones. Lo cierto es que la orquesta volvió a encandilarnos, esta vez bajo la atenta batuta de Gianluca Marcianó, que no escatimó en tremendismo orquestal pero también delicadeza en los timbres y elegancia en determinados pasajes, haciendo que Puccini sonara en todo su esplendor y que en conjunto ésta fuera una Tosca para no olvidar.

Fotos: Guillermo Mendo
Versión ampliada del artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 8 de junio de 2023

EISMAYER Ya sólo nos falta el fútbol

Austria-Alemania 2022 87 min.
Guion y dirección
David Wagner Fotografía Serafin Spitzer Música Lylit Intérpretes Gerhard Liebmann, Luka Dimic, Julia Koschitz, Anton Noori, Christopher Schärf, Karl Fischer Estreno en el Festival de Venecia 4 septiembre 2022; en Alemania 2 junio 2023; en España 9 junio 2023


Para su debut en la dirección, el joven austriaco David Wagner ahonda en esa intención loable de visibilizar la homosexualidad en todos los ámbitos, incluso los más machistas y tradicionalmente homófobos, como es en este caso el castrense. En ese ambiente, el de una academia militar, se desenvuelve un drama sencillo y arquetípico en el que nos resultan fácilmente identificables sus personajes y pormenores.

Un sargento de hierro, gritón y despiadado, que oculta a su familia heterosexual y su mundo profesional su condición, mientras acaba rendido a los encantos de un soldado de origen bosnio, atractivo, rebelde y descarado, paradigma de toda la libertad y la frescura de que adolece el duro protagonista. Si alguien cree que hemos hecho spoiler, que no se preocupe, se ve venir desde el minuto cero, sobre todo teniendo en cuenta que está basada en hechos reales. El resultado es evidente, bien realizado y narrado, bien interpretado a pesar de la escasez de matices de sus personajes y el trazo grueso con que están definidos, pero sin atisbo de singularidad, poca intriga y una emoción muy comedida.

Interesará más a militantes recalcitrantes que a quienes ya vamos pidiendo una mayor integración y dejar atrás problemas que en nuestro día a día están muy superados, aunque no quepa la menor duda de que todavía hay muchos resquicios para la incomprensión y la intolerancia. Al menos el retrato de superiores y compañeros resulta coherente con el ambiente actual en una Europa que tras mucho recorrido ha dejado prácticamente de dar importancia a un asunto al que ya solo le falta visibilizarse en el fútbol.

QUÉDATE A MI LADO La fuerza incondicional del cariño

Título original: Spoiler Alert
USA 2022 112 min.
Dirección
Michael Showalter Guion David Marshall Grant y Dan Savage, según la novela de Michael Ausiello Fotografía Brian Burgoyne Música Brian H. Kim Intérpretes Jim Parsons, Ben Aldridge, Sally Field, Bill Urwin, Nikki H. James, Jefferey Self, Antoni Porowski, Sadie Scott, Tara Summers, Brody Caines Estreno en Estados Unidos 2 diciembre 2022; en España 9 junio 2023

Reconforta comprobar cómo cada vez se va normalizando más la homosexualidad en el cine, dejando de ser un tema en sí mismo para alcanzar otros géneros, aunque siga siendo el romántico el más recurrente. El spoiler alert del título original (aquí nuestros creativos le han colocado el título de Quédate a mi lado, como aquel melodrama de Chris Columbus con Julia Roberts y Susan Sarandon que en realidad se llamaba Stepmom) hace referencia a esa emoción del amor que trasciende conocer de antemano cuál pueda ser su final. De eso va precisamente una película con hechuras de comedia y alma de tragedia, emparentada con aquel éxito de los ochenta que protagonizaban Shirley MacLaine y Debra Winger y al que esta película hace alguna que otra referencia explícita, La fuerza del cariño.

Su director, Michael Showalter, empezó a tener alguna repercusión con La gran enfermedad del amor, y más tarde su éxito se consolidó con Los ojos de Tammy Faye, que le reportó a Jessica Chastain un Oscar. Ahora reúne a Jim Parsons, el protagonista de la serie Big Bang Theory, y Ben Aldridge, a quien descubrimos en Llaman a la puerta de Shyamalan, en una adaptación de la novela de un tal Michael Ausiello, periodista especializado en televisión, en la que narra sus propias experiencias con el amor y el dolor como si de una amable sitcom ochentera se tratase, aunque en el camino compruebe que la realidad poco o nada tiene que ver con los decorados de estas comedias con risas enlatadas.

Un ejemplo sano, si bien nada original ni sorprendente, de cine para llorar y emocionarse, más sincero de lo que pudiera adivinarse, y con cuestiones bien abordadas como el amor parental, la normalización de la homosexualidad o el tratamiento trivial de los celos por encima del cariño verdadero. Sally Field, a quien Showalter dirigió en Hola, mi nombre es Doris, sigue demostrando lo buena y natural actriz que es, y al secundario David Marshall Grant, autor del guion, se reserva un pequeño papel evidenciando que ya no hacen falta armarios. Hemos luchado y avanzado mucho para conseguir un ambiente más decente y feliz, y conviene evitar cualquier paso atrás con el que amenazan las políticas de derechas, siempre alentadas por religiones intransigentes e intolerantes.

MI HERMANO PEQUEÑO Estreno en salas

Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla
Estreno en salas 9 junio 2023

EL CASO PADILLA La perversión de la autocrítica

Cuba-España 2022 78 min.
Guion y dirección
Pavel Giroud Música Pablo Cervantes Estreno en el Festival de San Sebastián 18 septiembre 2022; en España 2 junio 2023 (no en Sevilla)


Aunque se ha prodigado más en la ficción, este no es el primer documental del director cubano afincado en España Pavel Giroud; ya antes dedicó uno al compositor Ernesto Lecuona, pero el que nos ocupa tiene un carácter especial, incluso singular, por la originalidad de su formato y el ingenio de su discurso. Tras permanecer durante un tiempo en la cárcel por poner en entredicho la gloria de la revolución cubana a través de sus poemas, en 1971 el escritor e intelectual cubano Heberto Padilla compareció ante la asociación de intelectuales a la que pertenecía en clave de rueda de prensa para acometer una de las experiencias más aterradoras, humillantes y seguramente dolorosas que una persona de pensamiento libre puede sufrir, realizar un ejercicio de autocrítica durante más de dos horas ante compañeros y compañeras, críticos o no con el régimen de Fidel Castro.

La película que recoge tan desgraciado acontecimiento ha sido desvelada hace poco, medio siglo después de rodarse. El trabajo de Giroud ha consistido en ponerla al servicio del público sometiéndola a un riguroso, discreto y sutil trabajo de edición a partir del cual, y sin traicionar su espíritu original ni manipular su contenido esencial, someter el humillante discurso a la evaluación de quienes tenemos la fortuna de ejercer el pensamiento libre, de forma que lo que queda es todo un ejercicio de perversión de algo en principio tan noble como es la autocrítica. Especialmente elocuentes de este experimento de subversión del discurso son la sobreactuación permanente del orador víctima, las opiniones vertidas por otros intelectuales de la época, como Vargas Llosa, García Márquez o Cabrera Infante, y sobre todo el devenir futuro de Padilla y su esposa, que acabaron como tantos otros viviendo en Miami, y más tarde en Minnesota por el malestar que entre sus compatriotas en Florida suscitaba aquel vergonzoso episodio de retracción ante la apisonadora de Castro, incapaz de convivir con pensamiento contrario y crítico alguno.

Corto pero intenso, el impecable trabajo de Giroud y su equipo, entre quienes se encuentra el sevillano Pablo Cervantes añadiendo con su música el tono de tensión e inquietud propio de un thriller que la cinta demanda, consigue su propósito, que no es sino denunciar los estados totalitarios y su mecánica del terror como instrumento para afianzar el poder. Logró el Platino al mejor documental en la última edición de estos premios latinoamericanos del cine.