viernes, 1 de febrero de 2013

HITCHCOCK Emoción cinéfila

USA 2012 98 min.
Dirección Sacha Gervasi Guión John McLaughlin, según el libro “Alfred Hitchcock and the Making of Psycho” Fotografía Jeff Cronenweth Música Danny Elfman Intérpretes Anthony Hopkins, Helen Mirren, Scarlett Johansson, Toni Collette, Jessica Biel, Danny Huston, James D’Arcy, Michael Stuhlbarg, Michael Wincott, Kurtwood Smith, Richard Portnow Estreno en España 1 febrero 2013

No son muchas las películas que cuentan el rodaje de otra película famosa, pero en las dos últimas décadas podemos contar varias, como Cazador blanco, corazón negro sobre La reina de África, RKO281 sobre Ciudadano Kane, o más recientemente Mi semana con Marilyn sobre El príncipe y la corista, por citar algunas. Ahora se presenta ésta sobre el rodaje de Psicosis con más talento dentro del que parece a primera vista. Porque el realizador Sacha Gervasi, debutante en la ficción tras el éxito cosechado hace unos años con el documental Anvil: El sueño de una banda de rock, y el guionista John McLaughlin han conseguido a través del arte de la elipsis contraer en torno al rodaje de esa celebérrima película todo un retrato del maestro del suspense salpicado de gestos, fobias, episodios y relaciones que bien debieron ocurrir a lo largo de su vida pero que aquí se limitan al período comprendido entre el estreno de Con la muerte en los talones y el de Psicosis. Es decir que han logrado con pericia y mucho ingenio biografiar al director centrándose en apenas un año de su vida. Quienes conocemos bien su filmografía y su en algunos aspectos, especialmente eróticos, frustrada vida, la vemos razonablemente reflejada en esta hora y media de disfrute cinéfilo. “John Gavin es guapo pero actúa como una puerta”, le dice tío Alfredo a su querida Alma; todo un síntoma de su envidia por el atractivo masculino que consolaba con otras supuestas carencias, pero que tan bien le hubiera venido para conquistar a todas esas bellezas rubias que ilustraron sus películas y sus secretos más íntimos. Pero quien sí le acompañó toda la vida fue Alma Reville, su esposa, amiga, compañera y colaboradora, para quien el film es todo un homenaje y una declaración de respeto y admiración por toda aquella gran mujer que se esconde a la sombra de un gran hombre. De una manera ingenua pero efectiva la cinta viene a confirmar algo así como que Hitchcock no hubiera sido lo mismo sin la colaboración de su esposa. Respeto y amor conyugal empañado por los celos, los de él ante el arribista guionista Whitfield Cook, autor del guión de Pánico en la escena y colaborador en el de Extraños en un tren, que pretendía camelarse a la esposa para llegar hasta el genio. Y celos de ella por todas esas bellezas que se convertían en deseo carnal de su orondo y siempre a dieta esposo. El más genial de los realizadores empeñado en una historia inspirada por el asesino en serie Ed Gein, que le acompaña en sus pesadillas más terribles previas al rodaje del famoso film de terror en blanco y negro y con factura televisiva. El acierto de Gervasi y McLaughlin reside también en ofrecernos la imagen que conocemos de sus protagonistas, de forma que Hitchcock es el de las presentaciones previas a los episodios de su serie de televisión, mientras Anthony Perkins se comporta como su personaje Norman Bates, y Scarlett Johansson consigue, a pesar de no parecerse físicamente, que veamos en ella a una cálida y cariñosa Janet Leigh infinitamente agradecida por el trato recibido de tío Alfredo. Y es que por una vez no se biografía a un genio del arte para explotar sus miserias, traumas y neuras, sino que se hace desde el respeto, la admiración y el cariño que merece quien tanto nos ha hecho disfrutar. De forma que los incondicionales de su cine tendemos a derramar alguna lagrimita durante el visionado de este sencillo pero muy efectivo y emotivo film. Los diálogos perfectamente urdidos, cínicos y divertidos, se complementan perfectamente con la banda sonora de Danny Elfman, que fue responsable de la adaptación de la música de Bernard Herrmann para la copia plano a plano que hizo Gus Van Sant a finales de los 90, en la que sin traicionar su estilo personal se denota sutilmente cierto homenaje a la cuerda crispada de Psicosis.

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