Dirección Mat Whitecross Guion Jordi Gasull, Inma Cánovas y Ricky Roxburgh Fotografía Félix Bonnin y Xavi Giménez Música Sara Josa Cercós Intérpretes Óscar Casas, Claudio Santamaría, Ana Mena, Enrique Arce, Saul Nanni, Simone Baldasseroni, Alessandra Carrillo, Mario Ermito Estreno 23 enero 2026
No faltarán quienes se apresuren a maltratar esta película y tildarla de burda imitación con escasa entidad dramática. Se trata de un film que dirige el británico Mat Whitecross, que dirigió junto a Michael Winterbottom aquel lejano Camino a Guantánamo, y desde entonces se ha dedicado a videos y documentales musicales, con la sola excepción de un biopic dedicado a Ian Dury que no podía llamarse de otra forma que Sex & Drugs & Rock & Roll. Para otros, entre quienes nos encontramos, se trata más bien de una buena copia, como esos relojes de marca que de vez en cuando encontramos a un alto precio pero mucho menos del que su original demanda, y acaban resultando tan bellos como el original, y eficaces de sobra. Copia en este caso de un cine que no se prodiga en nuestro país, salvo en casos excepcionales como las que dirige Daniel Calparsoro, y que demuestra la buena salud de nuestra industria, capaz de competir con más profesionalidad quizás que habilidad, con el cine que nos invade de fuera, especialmente de Estados Unidos.
La coproducción con Italia y la abundancia de marcas que aparecen en pantalla habrán sin duda propiciado la buena salud técnica de un film centrado el mundo de las carreras, más habituales en el cine cuando se trata de automovilísticas que cuando son, como en este caso, de motos. Sin ir más lejos, este año triunfó F1 de la mano de Brad Pitt, llegando incluso a cosechar cuatro nominaciones al Oscar, incluido el de mejor película, varios meses después de su estreno. En aquella la música la firmaba Hans Zimmer, que parece ser el modelo y referente también para la debutante Sara Josa Cercós, que aporta una apropiada y adrenalítica música a un film en el que el sonido importa y cumple sus cometidos con creces. Siguiendo idéntico esquema de combinar una historia emotiva y sentimental con la ambición deportiva, se presenta esta épica y espectacular aventura que se despliega con todos los recursos posibles, erigiéndose en un producto tan atractivo como competente.
Quizás falte a las carreras ese punto adicional de emoción e implicación que nos haga vivirlas con mayor énfasis y empatía. Pero no se le puede negar que haya cuidado todos sus aspectos, tanto técnicos como meramente dramáticos, de forma que su trío protagonista se entrega con ahínco a dotar de humanidad y emoción sus personajes y los lazos sentimentales que les unen, incluida Ana Mena, que tras algún titubeo con la interpretación, desde que con sólo doce años abordara un pequeño papel en La piel que habito, cumple con creces su cometido ahora como una de las protagonistas de la función. Pero sobre todo, más que el conflicto paternofilial que propone y el drama romántico que añade, sobresale su capacidad para plantear cuestiones de rivalidad entre miembros de una misma escuadra, a la vez que apuesta por la redención y la toma de conciencia para limar asperezas y derivar en colaboración y compañerismo. La presencia de figuras relevantes del deporte, como Jorge Martínez Aspar o Marc Márquez, contribuye también a forjar y potenciar esas semejanzas con productos similares de cinematografías más potentes.

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