viernes, 17 de junio de 2022

Estreno en salas de PICO REJA, LA VERDAD QUE LA TIERRA ESCONDE

Reseña de la película ganadora del Premio ASECAN al mejor documental de 2021
Estreno 17 junio 2022

DE UN BRAHMS EXQUISITO A OTRO MÁS VEHEMENTE

9º concierto del ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 32 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Soustrot, dirección. Programa: Sinfonías nº 3 en fa mayor Op. 90 y nº 4 en mi menor Op. 98, de Brahms. Teatro de la Maestranza, jueves 16 de junio de 2022


No se trata del último concierto de la ROSS de esta temporada, pero sí del último de su director titular hasta la próxima. La semana que viene será su director honorífico, Michel Plasson, quien se ponga a las riendas de la orquesta para esta vez sí decir adiós a la temporada sinfónica hasta septiembre próximo. Soustrot cumplió con este concierto su intención de dirigir las cuatro sinfonías de Brahms en entregas de dos a dos. Las nº 1 y 2 las dirigió con notable tino y acierto hace dos meses, y anoche revalidó su dominio y comprensión de la literatura del compositor alemán rubricando un concierto memorable y plenamente satisfactorio. La experiencia sirvió además para constatar que los más grandes ni cansan ni aburren, que no importa cuántas veces se programen las mismas piezas, si tienen esta hondura y maestría, siempre acaban siendo bienvenidas. Si encima apreciamos nuevos resortes y matices en su interpretación, el resultado acaba siendo aún más conveniente y bien recibido.

No fue el arranque de la afamada Sinfonía nº 3 precisamente un dechado de virtudes; sonó lánguida, incluso flácida, en sus primeros acordes. Nada que la sabia batuta del francés y la profesionalidad de la plantilla no supieran resolver casi de inmediato, ofreciéndonos un primer movimiento expansivo, de reconocibles ribetes wagnerianos, agitado y apasionado, pero siempre desde una estética donde lo que primó fue lo exquisito, la elegancia y la delicadeza, sin grandes aspavientos ni énfasis dramáticos, muy apropiado para ese cariz otoñal que se presume a la página. Todo fue serenidad, equilibrio y profunda contemplación en el dulce andante, con un trabajo sobresaliente de las maderas y un recorrido armónico en la coda particularmente rico y variado. El célebre poco allegretto resultó un prodigio de espíritu agridulce, doloroso en la cuerda, determinado en la trompa y el oboe, y sin atisbo de esa languidez con la que otros lo abordan. Exultante, siempre desde esa delicadeza apuntada, resultó el allegro final, sin rigidez, siempre inquieto y solemne, ardiente y deslumbrante pero sin perder la serenidad, y haciendo especial énfasis en su meditativa y alargada coda, donde unas oportunas dosis de fantasía parecieron añadir nuevos matices a la conocida página.

La Sinfonía nº 4, por tantos considerada la mejor del ciclo, se resolvió con otro ánimo, con más vehemencia. Soustrot dejó bien clara, ya desde un principio, su férrea arquitectura, y eso que también aquí el arranque exhibió unos inoportunos desajustes entre la cuerda y el resto de la plantilla, que se repitieron en la reexposición del primer tema para no aparecer más. El espíritu barroco que informa la partitura y la pasión romántica que la anima, encontraron en esta versión de Soustrot la combinación perfecta, sin artificios ni imposturas, con naturalidad y capacidad reflexiva. Aquí quedaron manifiestamente expuestas las virtudes de una página que rememora lo arcaico pero abre puertas al futuro. Dvórak y Mahler asomaron en la sabia dirección y la brillante respuesta de la orquesta, con un trabajo una vez más impresionante en la cuerda grave, especialmente los ocho contrabajos que reforzaron la grandeza de la partitura. Al primer movimiento, inquieto y dinámico, siguió un andante místico y casi religioso, propenso en transformaciones densas y potentes, y un scherzo animado por una alegría ambigua, impetuoso y marcadamente rítmico. Así hasta desembocar en la chacona final, más de treinta variaciones cuya frescura y naturalidad quedan en manos de la pericia del director. Un flujo de ideas y detalles perfectamente cohesionadas y ensambladas que desembocaron en un final de enorme envergadura trágica, como una fuerza de la naturaleza que Soustrot y una brillante ROSS supieron dosificar con incontestable maestría.

Fotografía: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 13 de junio de 2022

NINJABABY Otra comedia happy sobrevalorada

Noruega 2021 103 min.
Dirección
Yngvild Sve Flikke Guion Johan Fasting, Yngvild Sve Flikke e Inga Saetre Fotografía Marianne Bakke Música Kare Vestrheim Intérpretes Kristine Kujath Thorp, Arthur Berning, Nader Khademi, Tora Christine Dietrichson, Silya Nyomen, Evelyn Rasmussen Osazuwa y la voz de Herman TØmmeraas Estreno en Noruega 21 mayo 2021; en España 9 junio 2022


Con el premio del cine europeo a la mejor comedia en su última edición, se estrena una nueva comedia de esas que podemos considerar happy, proveniente del norte del continente. Plantea desde un punto de vista aparentemente fresco y original un embarazo no deseado, convirtiendo las decisiones de la mujer al respecto como nueva arma de control y dominio de su cuerpo y futuro. Se trata una vez más de poner en tela de juicio ese instinto maternal que se presume en toda mujer, siguiendo para ello un esquema de comedia romántica desde todo punto importado del cine indie americano, con sus hechuras y sus personajes marginales rayando a veces lo ridículo y otras directamente lo histérico.

Lo fácil es rendirse a sus supuestos encantos, pero lo cierto es que se corre el riesgo de aburrirse y no dejarse arrastrar por sus muy manidos planteamientos. Que por el camino se destruyan otros tópicos del amor romántico, colocando en el eje del interés amoroso de la protagonista a un hombre en las antípodas del semental seductor, no nos parece suficiente para elevar la cinta por encima de un valor meramente coyuntural y simpático. Para que no falte nada en el proyecto con el fin de destacar su carácter amable y distendido, la chica se dedica a escribir cómics, por lo que diseñar un bebé con pinta de luchador ninja para dialogar y discutir con él sobre el futuro de ambos, le servirá de terapia ante las dudas que le plantea esa maternidad sobrevenida y no deseada.

Y para que las similitudes con este tipo de productos al otro lado del charco no decaigan, todo lo que durante dos tercios de película es abiertamente comedia, se convierte de repente en drama existencial. No faltan tampoco las canciones pop que ayudan al progreso dramático de la función. Poco planteamiento en fin, y menos resolución, este éxito inesperado a algunos nos parece una decepción y una pérdida de tiempo.

domingo, 12 de junio de 2022

INSTALADOS EN LA LUZ Y LA MADUREZ

12º Concierto del XXXII Ciclo de Música de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Carlos Martínez, violín. Alejandro Gómez, violonchelo. Alberto Menjón, piano. Programa: Trío nº 1 en Si bemol mayor Op. 99 D.898, de Schubert; Trío nº 2 en Si menor Op. 76, de Turina; Trío nº 2 en Do mayor Op. 87, de Brahms. Espacio Turina, domingo 12 de junio de 2022


No hay forma de bajar el listón, la calidad sigue siendo exigencia y emblema en esta y otras manifestaciones musicales que inundan la ciudad en estos últimos días de la presente temporada, antes de que las Noches del Alcázar tomen el esperado relevo estival. Al margen de la excelente labor que al frente de Juventudes Musicales de Sevilla ejerció Julio García Casas a lo largo de varias décadas, no podemos dejar de insistir en el magnífico trabajo que sus actuales responsables, especialmente Arnold Collado, Concha Arenal y Emilio Puch, están realizando en la actualidad, sobre todo en relación al grado de colaboración en el que se han embarcado con otras importantes instituciones musicales de la ciudad, especialmente la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, el Teatro de la Maestranza y este Espacio Turina en el que se desarrolló el concierto que nos ocupa. No hace mucho fue precisamente la ROSS la encargada de dar voz a jóvenes talentos, también de la mano de Juventudes en el Maestranza,
bajo la atenta batuta de Alfonso Casado, a la hora de este último concierto del ciclo de cámara de la ROSS responsabilizándose de la última entrega de Fantasía Live in Concert en el teatro del Paseo Colón. Juventudes Musicales sigue celebrando además su habitual Festival de Primavera en el Teatro Cajasol, con citas el martes 14 con INNsolitus Trio y el miércoles 22 con el pianista Juan Carlos Fernández-Nieto… ¡No paran!

Los tres jóvenes intérpretes convocados para la ocasión han demostrado sobradamente sus indiscutibles habilidades. Sin ir más lejos, Carlos Rafael Martínez Arroyo nos sorprendió hace casi una década en la Sala Manuel García del Maestranza con un magnífico recital del que destacamos su proverbial expresividad y depurada técnica. Junto a él, el igualmente joven Alejandro Gómez dejó su impronta como entregado, incluso apasionado violonchelista, haciendo uso de un desprejuiciado vibrato y evidenciando un exacerbado lirismo, además de una férrea línea de canto y un fraseo sincero y fluido, mientras como pianista de acompañamiento, a falta de juzgar sus aptitudes como solista, Alberto Menjón demostró una enorme generosidad y derroche de virtuosismo y delicadeza. Exhibidas sus aptitudes personales, solo faltaba compenetración y buen entendimiento para generar la excelencia, y vaya si la hubo. Aunque los primeros acordes del Trío en Si bemol mayor de Schubert sonaron más distendidos que enérgicos, los tres intérpretes lograron rápidamente afrontar su carácter jubiloso y luminoso, sin descuidar la ternura que también lo informa, con acentos contundentes en la cuerda y un respetuoso acompañamiento al piano, ganando en serenidad y calidez conforme avanzaba su primer tiempo, allegro moderato. Más ensoñado y con un envidiable cariz poético afrontaron el andante, con un excepcional trabajo en el diálogo y la alternancia de los instrumentos. Tras un rítmico y ágil scherzo, tan evocador como burlón al mismo tiempo, el allegro vivace sonó alegre y considerablemente despreocupado, alcanzándose un equilibrio abrumador y un final endiablado muy bien resuelto.

Entre dos obras tan exigentes y complejas, podría presumirse que la de Turina representa un bálsamo de descanso para el intérprete, pero si se somete al serio estudio y profundización al que seguramente se entregaron los tres jóvenes intérpretes, el resultado puede llegar a ser tan exhaustivo como agotador. Limando los acentos puramente andaluces de la partitura y centrándose más en su cosmopolita expresividad, lograron un Trío nº 2 de marcados acentos y ritmos, tan dulce en su movimiento central como fuertemente contrastado resultó el variado movimiento de conclusión, incluyendo un endiablado allegro final. El Trío nº 2 en Do mayor de Brahms son palabras mayores, y lograr una interpretación a la altura toda una hazaña. Martínez, Gómez y Menjón lo consiguieron gracias a la pulcritud de su fraseo, el sentido de la responsabilidad desplegado, su profunda comprensión y ese talante de ir a por todas que informó todo el concierto. En consecuencia apreciamos un dominio absoluto de la forma y un vigor expresivo solo alcance de los mejores. Sus continuos vaivenes emocionales fueron resueltos con nobleza y maestría, con cada intérprete luciendo en sus pasajes solistas, seduciendo en el scherzo y logrando el grado exacto de robustez y fantasía en el allegro giocoso que lo cierra.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA VOLUNTARIA Perdida y frustrada

España 2022 99 min.
Dirección
Nely Reguera Guion Nely Reguera, Eduard Solà y Valentina Viso Fotografía Aitor Echevarría Música Javier Rodero Intérpretes Carmen Machi, Hamam Aldrarweesh, Itsaso Arana, Dèlia Brufau, Arnau Comas, Yohan Lèvy, Henrietta Rauth Estreno  en el Festival de Málaga 25 marzo 2022; en salas 9 junio 2022


En su segundo largometraje como directora, Nely Reguera insiste en trazar el retrato de una mujer perdida en el sistema. Si Barbara Lennie lo estaba en el entramado familiar que se nos ha impuesto desde la iglesia y las instituciones en María (y los demás), Carmen Machi interpreta ahora a una mujer con conciencia que pretende echar una mano como voluntaria en un campo de refugiados sirios en Grecia. Segunda vez por lo tanto en solo unos meses que nuestro cine viaja a tierras griegas con intención de reflejar la situación de los refugiados sirios en aquel país, aunque a diferencia de Mediterráneo, La voluntaria fija más la atención en la peripecia personal de su protagonista, lejos de denunciar ninguna situación política o coyuntural.

Machi es una doctora jubilada que no parece encontrar su lugar en la sociedad, ni entre unos hijos a quienes parecen sobrarle ni entre unas amigas que disfrutan de su recién estrenado status entre viajes y restaurantes. La conciencia de occidente, y también su prepotencia, se hace presente en su espíritu y decide fichar como voluntaria en una ONG, pero las cosas no serán como parecen. Lejos de representar algo fuera del sistema, no exactamente una anarquía pero sí al menos cierta utopía donde las necesidades y las capacidades se acoplen, la mujer se topará con las normas, las reglas y las responsabilidades, lejos del sentimiento y la presunta humanidad con las que pretendía satisfacer su conciencia y necesidad. Así las cosas veremos a una Carmen Machi siempre espléndida perdida en ese microcosmos, con un inglés precario y muchas limitaciones emocionales, que derivarán en una serie de desafortunadas y caprichosas decisiones que marcarán una segunda parte entre el estupor y cierto convencionalismo que deja en entredicho nuestra capacidad solidaria y preparación emocional para afrontar este tipo de calamidades.

Lejos de plasmar la típica evolución y progreso del personaje, asistimos a su involución, a la degradación y el fracaso, en un procedimiento no siempre limpio, a menudo convencional y a veces incluso impostado, a pesar de que el tratamiento del conjunto posee frescura y naturalidad, si bien no siempre la fuerza deseable. A Machi le dan perfecta réplica un niño cuyos traumas le han propiciado una suerte de autismo, y la joven que parece dirigir el campo y cuyo sentido de la responsabilidad y el deber le convierten en el personaje más desagradable de la función, al que presta su carisma y talento Itsaso Arana (La virgen de agosto). Se pudo ver en la sección oficial del Festival de Málaga.

sábado, 11 de junio de 2022

FANTASÍA POR LA ROSS: BALLENAS EN EL CIELO

Fantasia Live in Concert. Concierto extraordinario de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Alfonso Casado, director. Programa: Fragmentos de las películas Disney Fantasía y Fantasía 2000, con música de Beethoven, Chaikovski, Stravinski, Debussy, Elgar, Ponchielli, Dukas, Respighi y Saint-Saëns. Teatro de la Maestranza, sábado 11 de junio de 2022

Foto: Marina Casanova

Hay muchas maneras de acercarse a la música clásica y dejarse embaucar por la inmensamente satisfactoria experiencia que deja su seducción y deleite. Algunos lo hicieron a partir de unas grabaciones que en su día se consideraron horteras, las de Louis Clark y la Royal Philharmonic a ritmo de discoteca, que llevaban por nombre Hooked on Classics, o antes de la mano de Waldo de los Ríos y sus adaptaciones sinfónicas al pop, entre ellas la mítica Canción de la alegría entonada por Miguel Ríos. Otros lo hicieron a través de la música de cine, que en los ochenta se retrotrajo a la tradición sinfónica vienesa de los pioneros de Hollywood. Hubo quienes la descubrieron gracias a la obra maestra que Disney produjo a principios de los cuarenta, Fantasía, de la que sesenta años después se estrenó su secuela Fantasía 2000. De ambas producciones se ha hecho una selección de hora y media para ser proyectada al son de los atriles de una orquesta sinfónica, en este caso la ROSS. Se trata de una práctica ampliamente difundida en las últimas décadas, y que ha sacado brillo a partituras de John Williams (E.T.) o Bernard Herrmann (Con la muerte en los talones, Vértigo), por poner algunos ejemplos. No es exactamente el caso de las películas mudas a las que la Sinfónica ha prestado voz antaño (La revoltosa, Carmen de Cecil B. de Mille) o más recientemente (El chico, Luces de la ciudad), tampoco el de este feliz experimento, sí por el contrario el que nos brindó el especialista Anthony Gabriele y la Orquesta Sinfónica Camera Musicae justo antes del confinamiento en el Auditorio de la Cartuja con Un americano en París, donde la banda sonora orquestal fue sustituida literalmente por la interpretada en perfecto estilo por la orquesta en directo.

Desconfiamos de la decisión de reducir este Fantasía en vivo a públicos infantiles o familiares. Lo sé por experiencia, que hace treinta años llevé a mi sobrino a ver la película al extinto Cine Rialto y acabamos en la calle antes de terminar ante la exasperación del niño y el público que tuvo la desgracia de aguantarlo. Nunca fue la película de 1940 concebida para estos espectadores, sino más bien una delicatesen para melómanos y amantes del arte y la cultura en general, por lo que hubiésemos quedado más satisfechos de haberse programado una tercera sesión enfocada solo a estos últimos, lo que de paso habría propiciado un mayor respeto por el impagable trabajo de los maestros y maestras de la orquesta, y la magnífica labor del incombustible y cada vez más y mejor acreditado director alcalareño Alfonso Casado. Bienvenida sea de todas formas cualquier iniciativa enfocada a incentivar el gusto por la gran música, y en estos dos films hay una buena, nutrida y variada selección de ella.

Stokowski y Levine recreados

Los arreglos que Leopold Stokowski hizo de cada pieza seleccionada para reducirla y adaptarla a las necesidades de animación, sonaron en la ROSS con una nitidez y una magnificencia al alcance solo de los conjuntos más consolidados. De ellos destacaron especialmente la Pastoral de Beethoven, ilustrada de forma harto melosa y con una estética muy del gusto machista de la época, pero que en los atriles de la orquesta brilló con entidad propia. Muy precisa y ajustada en tiempo y ritmo estuvo la selección del Cascanueces de Chaikovski, un derroche de imaginación al que Casado prestó un considerable talento para el colorido y la imaginación. También la Danza de las horas de la ópera La Gioconda de Ponchielli encontró en la Sinfónica una respuesta entusiasta y enérgica, mientras para El aprendiz de brujo de Dukas, la pieza más icónica de la colección, se reservó todo el ímpetu y la fuerza expresiva imaginable. La sorpresa llegó de la mano del Claro de luna de Debussy, un fragmento descartado en su día de la película y que encontró en la batuta y la orquesta una interpretación henchida de poética delicadeza. Echamos en falta la agresividad de la Noche en el Monte Pelado de Mussorgsky y la oportunidad de recrearse con los dinosaurios de La consagración de la primavera de Stravinski, así como esa memorable introducción al ritmo de Tocata y fuga de Bach que Stokowski hizo suya con su propia orquestación. En su lugar la experiencia vino prologada por el primer movimiento de la Quinta de Beethoven, correspondiente a la segunda de las películas homenajeadas. Atrás quedó la regrabación que Irwin Kostal hizo de la partitura para su reposición en los ochenta, y que no fue tomada en cuenta por la sabia batuta del reputado director sevillano.

El espectáculo sirvió también para revalorizar Fantasía 2000, una película que en su día pasó sin pena ni gloria y que la crítica despreció a la sombra de su ilustre precedente. Pudimos comprobar en esta ocasión la riqueza y colorido de su animación, pero también la belleza de las piezas elegidas, y sobre todo sus emocionantes mensajes ecologistas, tan presentes en el fragmento de Stravinski El pájaro de fuego y esa conmovedora regeneración de la tierra, sus valles y ríos tras la hecatombe producida por la lava de un volcán, y sobre todo el de Respighi, con esos Pinos de Roma evocando la grandeza de las criaturas del planeta y recordándonos que los hombres ni somos el centro del universo ni quienes más merecemos sus privilegios, sino más bien los mayores depredadores que lo habitan. Simplemente esas ballenas emergiendo de los mares helados del Ártico y elevándose en elegante marcha sobre los cielos, conmueve más que cualquier otro alegato ecologista al respecto. También aquí Casado acertó a recrear las orquestaciones de James Levine, entonces responsable de la Metropolitan Opera de Nueva York y caracterizado por su trazo más bien grueso y alejado de cualquier atisbo de delicadeza, lo que se hizo especialmente patente en la decibélica combinación de las marchas de Pompa y circunstancia de Elgar que ilustran un Arca de Noé protagonizado por el Pato Donald. Fuera quedaron episodios como esa Rapsodia en blue de Gershwin, quizás uno de los más logrados a nivel de animación de la cinta, o ese Soldadito de plomo que danza al ritmo del Concierto para piano nº 2 de Shostakovich, que en ambos casos hubieran requerido la intervención de un o una pianista con talante solista. Sí se salvó el final del Carnaval de los animales de Saint-Saëns, ofrecida como propina también ilustrada, tras la merecida ovación de un público con profusa participación de niños y niñas no todas de impecable comportamiento. De cualquier modo fue un concierto-película memorable y una nueva y a buen seguro gratificante experiencia para la plantilla de la orquesta. Por cierto, me volvió a acompañar mi sobrino, que esta vez disfrutó inmensamente.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

UNA CONJUNTA APOTEÓSICA Y TRIUNFAL

Concierto nº 6 de la 11ª temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta. Orquesta de Vientos de la OSC. Juan Bernal, saxofón. Camilo Irizo, dirección. Programa: Invocación para cinco percusionistas, de Manuel Castillo; Poème du feu pour grandeorchestred’harmonie, de Ida Gotkovsky; Obsessionelle para banda sinfónica y saxofón tenor, de Eneko Vadillo; Symphony nº 6 “Symphony for Band”, de Vincent Persichetti. Auditorio ETS Ingeniería, viernes 10 junio de 2022

Camilo Irizo al frente de la orquesta

Ayer viernes la Conjunta culminó la que quizás pudiéramos bautizar como su temporada más ambiciosa, la
décimo primera, con siete conciertos repartidos desde el pasado mes de enero en los que ha habido espacio para muchas disciplinas, desde el clasicismo y el romanticismo más absolutos hasta la vanguardia, la alternativa a posibles nuevos valores de la dirección, o monográficos centrados en la percusión y, como ahora y la segunda entrega de la temporada, en los vientos. Como en aquella feliz ocasión, esta orquesta de constante cambio de plantilla vio sus secciones de metal y madera considerablemente aumentadas, hasta alcanzar la de toda una sinfónica de grandes proporciones, para enfrentarse a otro de esos extraordinarios programas a los que nos tienen acostumbrados y en los que tienen cabida autores más próximos a la vanguardia o al menos a las estéticas que imperan en la actualidad.

Hay algo indiscutible que distingue a esta formación de otras de características similares que tanto abundan afortunadamente hoy en día. Puede que sea la motivación, ese matiz tan importante e invisible que impregna el entusiasmo de sus artífices y que hace que se enfrenten a cada cita con el ímpetu, la disciplina y el relativo nivel de excelencia que consigue programa tras programa el milagro. Como ya ocurriera en aquella ocasión a finales de enero, también con Camilo Irizo a la batuta y un programa centrado en vientos, la Conjunta volvió a deslumbrar y a triunfar, y nosotros y nosotras volvimos a preguntarnos por qué su presencia no es más habitual en otros espacios y manifestaciones más asentadas en el círculo cultural de la ciudad. A Juan García Rodríguez, su director titular y sin duda principal artífice de este fenómeno, solo lo hemos visto dirigir a la Sinfónica de Sevilla en una ocasión, y la Conjunta apenas se ha subido al escenario del Maestranza en un par de ocasiones. No es así como se cuida una institución que año tras año ha ido desvelándonos su valía y el nivel técnico y artístico que han alcanzado nuestros jóvenes.

Gran sentido del espectáculo

Casi un centenar de chicas y chicos se dieron cita ayer tarde en el Auditorio de Ingenieros, ante unas gradas menos pobladas que de costumbre, pero suficiente teniendo en cuenta la hora, la fecha y el calor intenso que hacía. La orquesta se organizó de forma que las maderas se repartían entre la mitad izquierda y la línea frontal, los metales a la derecha, a excepción de las trompas, todas femeninas, situadas tras las maderas, y una pequeña sección de cuerda, tres violonchelos y dos contrabajos, junto a los metales, con una amplia sección de percusionistas al fondo. Estos últimos, en formación de cinco, se encargaron de inaugurar la velada, con una pieza de Manuel Castillo, quien justamente da nombre al conservatorio del que proceden la mayoría de estos y estas alumnas. Invocación es una obra que da mucho juego a timbales, tambor, xilofón o glockenspiel pero no sigue ningún discurso ni desarrollo concreto, limitándose a desplegar una serie de pasajes, algunos muy recogidos y otros más explosivos que los cinco intérpretes desgranaron con mucho sentido de la precisión y un encomiable trabajo en equipo. Tras ellos la amplia plantilla se enfrentó a una apabullante página, el Poema de fuego de la compositora y pianista francesa Ida Rose Esther Gotkovsky, donde se ensalza ese fuego de grandes proporciones que representa los primeros indicios de vida, y que en su segunda parte celebra al hombre como apoteosis de la creación. Una progresión de elementos épicos que entroncó a la perfección con la pieza precedente, centrada en sonidos primigenios que sirvieron así como introducción a la explosión de expresividad que representa la pieza de Gotkovsky, y que la extensa plantilla, comandada por el sabio juicio de Irizo, resolvió con una claridad y una riqueza de matices impensable en una formación en prácticas y más aún en una obra de tal envergadura que fácilmente podría caer en un caos y una algarabía tormentosa y desequilibrada.

Juan Bernal, saxofonista excepcional

Con el mismo empuje y excelencia se enfrentaron a otra obra descomunal, Obsessionelle del malagueño Eneko Vadillo, habitual en los atriles de Zahir Ensemble y Taller Sonoro, y puntual en los de la ROSS. Aquí el ejemplar trabajo a todos los niveles de la orquesta tuvo que combinarse con la labor solista del saxofonista, de insultante juventud, Juan Bernal, que logró desde la humildad y la timidez personal, levantar los pasajes en solitario con una maestría y un empuje solo al alcance de los más consumados, estéticas jazzísticas incluidas. Una suerte de Ornette Coleman jovencito integrado en la profusa y claustrofóbica orquestación de la exuberante pieza. Ya más convencional, la Sinfonía para banda del norteamericano Vincent Persichetti, sexta de las nueve que compuso, puso de manifiesto el virtuosismo de la plantilla y su perfecta combinación de ritmo, melodía y atmósfera. Con una estética muy próxima a Aaron Copland y, sobre todo, al compositor de bandas sonoras Alex North, Persichetti invoca en su partitura los grandes paisajes americanos, el espíritu elegíaco que un espléndido solo de trompeta describe a la perfección, la vivacidad y el optimismo del allegretto y un final en el que se dan cita texturas más gruesas, con un punto grotesco pero sin abandonar la elegancia y el ritmo que le informa, a todo lo cual la orquesta respondió con intensidad y responsable implicación. Emociona comprobar la capacidad de esfuerzo, trabajo y disciplina que demuestran con cada comparecencia los y las alumnas convocadas para ofrecer estos sensacionales conciertos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía