lunes, 30 de enero de 2023

LAS DOS SARAS DE ARABELLA EN EL REAL DE MADRID

Ópera de Richard Strauss. Libreto de Hugo von Hofmannsthal. David Afkham, dirección musical. Christof Loy, dirección escénica. Herbert Murauer, escenografía y vestuario. Reinhard Traub, iluminación. Thomas Wilhelm, coreografía. Andrés Máspero, dirección del coro. Con Sara Jakubiak, Sarah Defrise, Josef Wagner, Martin Winkler, Anne Sofie von Otter, Matthew Newlin, Dean Power, Elena Sancho Pereg, Roger Smeets y Tyler Zimmerman. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Producción del Teatro Real, procedente de la Oper Frankfurt. Teatro Real de Madrid, sábado 28 de enero de 2023


Casi un siglo ha tenido que esperar este título de Richard Strauss para ver la luz en nuestro país. En el libreto de la sexta y última, póstuma más bien, colaboración de Hugo von Hofmannsthal con el compositor, se cuenta la historia de una mujer que, aunque fuerte y decidida, ha de elegir entre varios pretendientes ricos para salvar la fortuna de su aristócrata familia. Su más que improbable hermana travestida para evitar los altos costes que en la época suponía educar a una mujer casadera, ama en secreto a uno de esos pretendientes, por lo que para mantenerle cerca, aunque sea como pareja de su atractiva hermana, urde todo tipo de estrategias que provocan el conflicto una vez que Arabella encuentra el pretendiente perfecto, del que además resulta estar enamorada. Así es el argumento que Strauss y Hofmannsthal ambientaron en la segunda mitad del siglo XIX como espejo de la decadencia de esa clase aristócrata vienesa que ya habían retratado en su máximo esplendor de medio siglo antes en la más exitosa El caballero de la rosa. Teniendo en cuenta la compleja relación del compositor con el régimen nazi, entre acomodaticia para poder seguir trabajando y directamente colaboracionista, lo que para muchos de sus admiradores y admiradoras constituye toda una incomodidad de carácter moral, el director de escena Christopher Foy tiene el acierto de ambientar su Arabella en esos tumultuosos años treinta del siglo XX, cuando la capital austriaca se disponía a absorber el ideario hitleriano. Mandryka, el joven heredero elegido, supondría tanto ese pueblo que sube en el escalafón social gracias al auge de la burguesía, como ese otro hastiado de los privilegios de unos cuantos que, venido del campo, se levanta frente a una clase alta inconsciente e incapaz de ver el crepúsculo de su dominio. Es a su vez ese hombre para el que la relación amorosa deja de ser una convención social y, por lo tanto, carente de sentimiento, para lanzarse a otra concepción en la que el amor se confunde con la posesión y da lugar al maltrato más nauseabundo. Todos esos perfiles se dan en el personaje tan bien diseñado por Foy e interpretado por Josef Wagner, y que con todo lo demás apuntado podría entenderse como una genial e intuitiva interpretación del director de escena que ya estrenó en este mismo Real producciones tan aplaudidas como Rusalka, Lulú o las también straussianas Capriccio y Ariadna en Naxos.

Un escenario blanco y muy iluminado sirve como base a esta espléndida producción en la que paneles que se desplazan van dejando entrever los distintos escenarios en los que se desenvuelve el vodevil devenido en folletín hacia el final de la representación. Una combinación de minimalismo (los paneles, los fondos blancos o negros según el estado de ánimo) e hiperrealismo (los baños, el destartalado salón, el coqueto vestidor, la sala de baile entre art déco y funcional Bauhaus), que escenógrafo, iluminador y director escénico manejan a la perfección para lograr una pieza de teatro de más que satisfactoria resolución. Todo con la complicidad de cantantes y actores, que logran conectar con el público y hacerle participar de las vicisitudes de sus personajes. Destaca también la minuciosa (y casi estática) coreografía del segundo acto, que juega con las poses de figurantes y coro, sometiendo a algunos y algunas a complejos deslizamientos que llegaron sinceramente a sorprendernos.

Dos (y tres) sopranos rutilantes

Fue en el acto primero, cuando Arabella canta al amor verdadero, ese que se siente con solo una primera mirada, y Zdenka le secunda anhelando que el suyo quede por fin libre de los encantos de su hermana y a disposición de los suyos propios, cuando decididamente nos dimos cuenta de que ambas sopranos estaban protagonizando lo mejor de la función. Un dúo rutilante, lleno de sentimiento y candor, en el que las voces lucieron a un altísimo nivel expresivo y técnico, sin roces ni amaneramientos, controlando perfectamente cada inflexión y cada matiz, provocando eso que consideramos pura emoción. Con mucha ilusión saludamos a la norteamericana Sara Jakubiak, especialmente cuando supimos que debutó en el estreno definitivo, completa y sin cambios, de Cumbres borrascosas de nuestro adorado Bernard Herrmann de manos de la Ópera de Minnesota hace algo más de una década. Jakubiak resultó ser una actriz más que competente, de presencia cautivadora, capaz de ofrecer una línea de canto homogénea, con una voz con mucho cuerpo, orientada hacia el registro más grave de su tesitura, sin estridencias ni salida alguna de tono. Por su parte, la soprano belga Sarah Defrise ofrece su físico más menudo y su voz más aguda a un personaje que, aunque travestido de hombre, Strauss definió para que fuese así, sin engaños ni apenas artificios. También ella entonó en su justo nivel, con una generosa proyección y considerable expresividad. Y para que no hayan dos sin tres, destacar también la extraordinaria aportación de la soprano donostiarra Elena Sancho Pereg, que hizo las delicias del público con su interpretación de la fiakermilli, también al más puro estilo cabaretero de los treinta. Demostró unas agilidades si no estratosféricas sí desmesuradas en el buen sentido, además de un enorme desparpajo en su actuación.


Aunque fueron ellas quienes más brillaron, no cabe menospreciar en absoluto el trabajo de los dos galanes, el barítono austríaco Josef Wagner, cuya poderosa presencia y aquilatada voz lograron también un alto grado de expresividad, especialmente en el hermoso dúo de amor del segundo acto, y el tenor estadounidense Matthew Newlin, acaso más corto en volumen y proyección pero igualmente solvente en buen gusto, dominio del registro y sentido de la interpretación. Junto a ellos, el veterano Martin Winkler, a quien algunos pudimos ver como Profesor Higgins en el My Fair Lady de la Volksoper de Viena hace un puñado de años, hizo gala de una más que generosa proyección, gracias en parte a una voz clara y potente, mientras la de Anne Sofie von Otter fue una aportación discreta, una presencia legendaria, más emocionante por quién es y la enorme admiración que se le profesa que por sus actuales cualidades canoras, tras tantas décadas de incontestable éxito. Más corto en articulación, fraseo y entonación nos pareció el tenor irlandés Dean Powell en el rol de uno de los tres condes pretendientes de Arabella.

Anne Sofie von Otter
En su breve intervención, el Coro Titular del Teatro Real encontró el tono justo. El director titular de la Orquesta Nacional de España dese hace algo más de tres años, el alemán David Afkham, no ha tenido muchas oportunidades de dirigir ópera en el Real. De hecho, esta es la segunda vez que lo hace tras Bomarzo de Ginastera. En sus manos Arabella tuvo el grado de voluptuosidad que la partitura demanda, sin aspavientos ni exageraciones superfluas, pero echamos en falta algo más de sensualidad y más brillo en una orquesta que queda encorsetada por unas condiciones acústicas que no son seguramente las más recomendables, y que acusa además unas limitaciones considerables en algunas de sus familias más controvertidas, especialmente los metales. Faltó en general una mayor capacidad de seducción, lo que tratándose de un autor en el que la instrumentación es tan importante como la voz, resulta algo decepcionante. Con todo fue una interpretación aceptable, capaz de contener ese espíritu del autor que tanto nos entusiasma y que le dio tanta fama en poemas sinfónicos y óperas caracterizadas por su fastuosa orquestación y su luminosa resolución.

Fotos: Monika Ritterhaus
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA BALLENA La soledad del luchador de fondo

Título original: The Whale
USA 2022 117 min.
Dirección
Darren Aronofsky Guion Samuel D. Hunter, según su obra teatral Fotografía Matthew Libatique Música Rob Simonsen Intérpretes Brendan Fraser, Sadie Sink, Hng Chau, Ty Simpkins, Samnatha Morton Estreno en el Festival de Venecia 4 septiembre 2022; en Estados Unidos 21 diciembre 2022; en España 27 enero 2023

Mucho se ha hablado desde su estreno en Venecia de la transformación física de Brendan Fraser en esta película, tanto o más que de su recuperación para el cine tras largos años de ausencia debido a graves problemas de salud física y mental. Pero la ballena a la que parece hacer referencia su título no es fruto solo de esa fatal transformación, sino de un abundante añadido de maquillaje y prótesis que convierten en tremendo obeso mórbido a quien una vez fuera objeto de deseo por su imponente físico en George de la Jungla, La momia y sobre todo en Dioses y monstruos, donde curiosamente otro Whale (ballena en inglés), el director de Frankenstein, ansiaba poseer su cuerpo. Tanto ha sido así que parece que sea el principal reclamo de este nuevo trabajo del habitualmente excesivo y polémico Darren Aronofsky. Polémico, o al menos controvertido, en sus primeros trabajos, Pi y Réquiem por un sueño, y excesivo en los más recientes Cisne negro, Noé o Madre!.

Como ya hiciera en El luchador con Mickey Rourke, Aronofsky parece querer ahora revivir a otro icono, este decididamente menor, del cine de hace una veintena de años, y de momento el trabajo le ha reportado a Fraser varios premios de interpretación, aunque se le hayan resbalado los más importantes, el de Venecia y el Globo de Oro, y quién sabe si lo hará también el Oscar. La obra teatral de Samuel D. Hunter está detrás de este proyecto que no disimula en absoluto su origen, con una estructura y una planificación eminentemente teatral, donde los personajes declaman sin tregua, aunque en realidad se pretenda plasmar la soledad del desgraciado personaje. Una divertida e irascible enfermera que le ayuda generosamente en sus quehaceres ordinarios (la también nominada Hong Chau), un joven predicador de una secta que prepara para un inminente fin del mundo, su permanentemente cabreada ex esposa, y la hija de ambos, más cabreada aún, insoportable e intransigente en su propia angustia y complejo de abandono, no parecen ser la perfecta expresión de la soledad de un hombre destruido y consumido que espera la muerte como redención final y que está permanentemente comparando su lucha con la que mantuvo el capitán Ahab con la ballena Moby Dick, lo que nos lleva a la conclusión de que la del título de Aranofsky y Hunter no es el protagonista sino su propia existencia, marcada por la homosexualidad, la diferencia, la no aceptación de uno mismo y ese genuino psicoanálisis americano que siempre está en busca de una redención de carácter más religioso de lo que cupiera pensar.

Aronofsky maneja todo esto con una deliberada contención, plasmada también en la dramática música de Rob Simonsen, una fotografía grisácea y el uso de efectos de sonido lluviosos y tormentosos que dan al total un carácter aún más trágico de lo que se acontece. Una contención que se pierde al final, cuando el temperamental director da rienda suelta a su proverbial histeria, a pesar de que en todo momento no hemos atisbado el grado de emoción que la empresa parece estar persiguiendo denostadamente. Merece no obstante destacar el buen trabajo de Fraser, que ha encontrado así su mejor papel desde el ya apuntado en la excepcional película de Bill Condon.

sábado, 28 de enero de 2023

LA ROSS CABALGA ENTRE AVENTURAS ÉPICAS Y GOYAS

Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. David Hernando, dirección. Programa: Suites de Ben-Hur (Rózsa), El señor de los anillos: La comunidad del anillo (Shore), Robín Hood, Príncipe de los ladrones (Kamen), Capitán Trueno (Ivars), El primer caballero (Goldsmith), Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo (Beristain), Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario (Gregson-Williams), Tadeo Jones 3: La tabla esmeralda (de la Riva), King Kong (Newton Howard), Cómo entrenar a tu dragón (Powell), Hook (Williams), Historia de nuestro cine (Algueró), Carmen (Nieto), El buen patrón (Montes), La sombra de la ley (Riveiro y Font), Mediterráneo (Bataller), Baby (Mendizábal y Uriarte), En la ciudad sin límites (Reyes), La piel del tambor (Baños), El verano que vivimos y Orígenes ocultos (Jusid). Cartuja Center, jueves 26 y viernes 27 de enero de 2023


La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofició su anual cita con las bandas sonoras en el Cartuja Center, dentro de la segunda edición del
Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla, promovido por el músico y profesor Francisco Cuadrado y organizado por la Universidad de Loyola en colaboración con la orquesta, que para la ocasión se transmuta en Sevilla Film Orchestra, y la plataforma digital Soundtrackfest. Una cita que este año se asoció directamente con la ceremonia de entrega en la ciudad de los Premios Goya el próximo sábado 11 de febrero, y que contó por ello también con el apoyo de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. La participación en el evento de destacados compositores de bandas sonoras como Roque Baños, Zeltia Montes, Pablo Cervantes, Víctor Reyes, Bingen Mendizábal, Joseba Beristain, Luis Ivars, Zacarías M. de la Riva, Federico Jusid, Arnau Bataller y el venerado José Nieto, así como la batuta experimentada de David Hernando Rico, sirvieron de reclamo y legitimación para un evento que aspira a consolidarse en los próximos años y recuperar para Sevilla el liderazgo que hace tiempo tuvo en la materia.

La Sinfónica lleva una agenda apretadísima, con el todavía reciente ballet completo de Romeo y Julieta, el concierto doble de Chaikovski la pasada semana, los ensayos de Jenufa y el acompañamiento de El maquinista de la general en el Lope de Vega la próxima semana. Enfrentarse a tantas y variadas bandas sonoras en dos días y en estas circunstancias es una tarea titánica de la que los maestros y maestras salieron airosas no sin atisbo de fatiga que se pudo apreciar en cierto desdén, sobre todo en metales, aunque nunca en un sonido global acertado en cuanto a la peculiar estética fílmica, y muy atento a los matices y registros que demandan cada una de las partituras convocadas. En un primer concierto, el jueves, David Hernando, que junto a la Orquesta de Bratislava que él mismo fundó a principios de este siglo, ha grabado muchas de las bandas sonoras del cine español de estos últimos veinte años, condujo a la Sinfónica por grandes aventuras épicas del cine de Hollywood y el nuestro propio, en una combinación que evidenció la influencia de los grandes maestros del cine americano en los de nuestro país, sobre todo en lo que a atmósfera y orquestación se refiere. La ROSS transmitió calidez y majestuosidad en una generosa suite de Ben-Hur de Mikós Rózsa que Hernando sin embargo encaró con tempi rápidos en pasajes como el tema de amor, algo que también acusó en el emotivo Camelot Lives de El primer caballero de Jerry Goldsmith y el maravilloso vuelo que John Williams preparó para su Boston Pops a partir de Hook. Con estos dos grandes de la música compartieron la suya Luis Ivars, Joseba Beristain y Zacarías M. de la Riva, demostrando profesionalidad y buen pulso para ilustrar de forma siempre enérgica y sentido de la dramaturgia las películas de animación Elcano y Magallanes y la tercera entrega de Tadeo Jones, así como nuestra incursión en el cómic con Capitán Trueno, abordadas siempre desde una estética grandilocuente que el ingenio de Hernando cuidó de no convertir en meros fuegos artificiales.

Los protagonistas del jueves

Herrando estuvo atento también al lirismo de James Newton Howard para King Kong, el jovial folclorismo de John Powell en Cómo entrenar a tu dragón, la sobria elegancia de Harry Gregson-Williams para Las crónicas de Narnia y el aliento a rock sinfónico de Michael Kamen en un brevísimo tema de El príncipe de los ladrones que supo a muy poco. Lo peor vino de la mano de una suite deslavazada y mal ensamblada de El señor de los anillos (Howard Shore) que mantuvo a una jovencísima vocalista largos minutos frente a la orquesta sin entonar hasta el final, cuando transformó la que debía ser una voz blanca y neutra en pura exhibición soul. Inexplicable el horroroso arreglo elegido para Los siete magníficos como propina, muy alejado del espíritu de su autor, Elmer Bernstein. Menos mal que el entuerto se arregló con un inspirado potpurrí de lo más popular de Williams (Star Wars, Tiburón, Superman, Harry Potter, Indiana Jones y E.T.) en calidad de segunda propina.

Noche de Goyas

Íntegramente dedicado a los Goyas, el concierto de ayer viernes contó con Antonio Dechent como presentador-lector, arrancando a modo de obertura con una espléndida suite de músicas del legendario Augusto Algueró para cintas protagonizadas por Carmen Sevilla (La fierecilla domada en perfecto estilo Max Steiner, y El secreto de Mónica), Joselito (El ruiseñor de las cumbres), Marisol (Cabriola) y Concha Velasco (Las chicas de la Cruz Roja), brillando especialmente estas dos últimas por su popularidad y sensibilidad, de las que Hernando y la Sinfónica sacaron perfecto provecho acertando en el tono y la armonía exactas. Es una práctica habitual en muchos festivales de este género, como el World Soundtrack Awards de Gante, que se proyecten secuencias de las películas cuya música ha sido programada. Así sucedió anoche, con Paz Vega y la Fábrica de Tabacos luciendo tras los acordes de Carmen del veterano José Nieto, cuya música ya sonó en uno de los primeros Encuentros de Música de Cine, allá por 1989 en el Lope de Vega. También Javier Bardem asomó tras la sarcástica y caricaturesca música de Zeltia Montes para El buen patrón, claramente inspirada en la de Williams para La terminal. Esta fue la única banda sonora de las interpretadas que ganó un Goya, mientras la mayoría de las demás fueron nominadas en su momento, como es el caso de Manuel Riveiro y Xavi Font para la superproducción La sombra de la ley, cuya variada partitura tuvo excelentes embajadores en los maestros y maestras de la ROSS.

David Hernando Rico. Foto: Marina Casanova

Con un inquietante crescendo dio comienzo la suite, como otras especialmente preparada para la ocasión, de Mediterráneo de Arnau Bataller, que dio paso a un exquisito bloque sentimental con el lirismo de Bingen Mendizábal, recuperado por un Juanma Bajo Ulloa también presente en la sala, para su particular Baby, donde su música en colaboración con Koldo Uriarte lleva la carga narrativa ante la ausencia de diálogos, o ese precioso tema final de Víctor Reyes para En la ciudad sin límites, sin soporte videográfico, al igual que El verano que vivimos, que se interpretó junto a Orígenes secretos, ambas de Federico Jusid. Piezas que disfrutaron de solos excelentes de Tatiana Postnikova al piano, Dirk Vanhuyse al violonchelo, Juan Ronda a la flauta y Nazar Yasnytskyy al violín, ejerciendo además de concertino, sin olvidar el estupendo trabajo de los contrabajos, que aun en número limitado de cuatro lograron dotar a la Sinfónica de su cuerpo característico. Con esa fotogénica Sevilla de nuevo como escaparate inigualable, La piel del tambor de Roque Baños puso de manifiesto la habilidad del compositor para generar inquietud a través de melodías inimitables. Con la plana mayor de los compositores cinematográficos españoles sobre el escenario del Cartuja Center terminó esta esforzada e inspiradora cita de la segunda edición del Festival de Música de Cine de Sevilla.


Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 26 de enero de 2023

DECISION TO LEAVE Thriller romántico poco convencional

Título original: Heojil kyolshim
Corea del Sur 2022 138 min.
Dirección
Park Chan-wook Guion Jeong Seo-Gyeong y Park Chan-wook Fotografía Kim Ji-yong Música Cho Young Wuk Intérpretes Park Hae-il, Tang Wei, Lee Jung-hyun, Go Kyung-Pyo, Shin-Young Kim, Jung Young Sook Estreno en el Festival de Cannes 23 mayo 2022; en Corea del Sur 29 junio 2022; en España 20 enero 2023


Posiblemente Park Chan-wook sea el cineasta mejor valorado y más aclamado 
de todos sus compatriotas. No nos consta que haya hecho nada desde hace cuatro años, cuando presentó en televisión su personal adaptación del clásico de John Le Carré La chica del tambor. Antes sucumbió a la tentación de Hollywood dirigiendo a Nicole Kidman en la inquietante Stoker. Pero antes de la que nos ocupa, siempre quedarán en el recuerdo sus celebradas Oldboy y Sympathy for Lady Vengeance. En esta ocasión centra su atención en un thriller romántico de sinopsis bastante recurrente, donde un policía se enamora de la mujer de la víctima del caso que investiga, que resulta ser la principal sospechosa del mismo.

Sin embargo, Chan-wook se las ingenia, con ayuda de una meticulosa y laberíntica puesta en escena, para generar un fascinante juego entre los dos personajes centrales, que nos llevará frecuentemente a preguntarnos quién ama a quién, si es recíproco o no, si está únicamente en la mente del sufrido protagonista o es ella quien mueve los hilos para que el romance llegue a buen puerto, o en el peor de los casos, al fatalismo más absoluto. Lástima que en todo este complejo y complicado entramado, el cineasta coreano no logre convencernos de la probabilidad de los acontecimientos, lo que lastra sobremanera el resultado final de un thriller romántico con clara vocación hitchcockiana. Y es que la sombra de Vértigo vuelve a cernirse sobre tan prometedora intriga de amor y muerte, a lo que no es ajena una virtuosa utilización de los recursos fotográficos, técnicos y sonoros, además de una creatividad extraordinaria que nos lleva a contemplar los distintos escenarios de la mano de sus protagonistas, aunque no estuvieran en el lugar de los hechos cuando estos acaecen.

Todo esto contribuye a cierta fascinación que de haber contado con una mayor capacidad para hacernos creer su laberíntica trama, seguramente nos hubiera resultado la obra maestra que tantos y tantas reivindican. Con todo, sorprende que los Oscar la hayan pasado por alto, algo que no ha ocurrido con sus hermanos los Bafta y Globos de Oro, aunque en este caso se haya quedado a las puertas de conseguirlo. No ocurrió así en su presentación en sociedad, el Festival de Cannes, donde logró el premio a la mejor dirección.

martes, 24 de enero de 2023

BABYLON Crónica mastodóntica de la vida al límite

USA 2022 189 min.
Guion y dirección
Damien Chazelle Fotografía Linus Sandgrem Música Justin Hurwitz Intérpretes Margot Robbie, Brad Pitt, Diego Calva, Jean Smart, Li Jun Li, Jovan Adepo, Tobey Maguire, Max Minghella, Katherine Waterston, Samara Weaving, Eric Roberts, Lukas Haas, P. J. Byrne, Jeff Garlin, Rory Scovel, Spike Jonze, Joe Dallessandro, Olivia Wilde, Phoebe Tonkin, Troy Metcalf Estreno en Estados Unidos 23 diciembre 2022; en España 20 enero 2023

Imposible acercarse a la última, mastodóntica, caótica, histérica y atrevida película del director de Whiplash y La La Land sin dejar prejuicios atrás y sin aceptar que no hay nada que se le parezca por muchos referentes que seamos capaces de encontrar en ella. Y aún así le resultará difícil a mucha gente conectar con ella, con esta nueva historia de amor que se propone en el seno del mundo del cine, esta vez con sus perversiones, miserias y excesos más absolutos como telón de fondo. Poco más de tres horas que transcurren como mínimo entretenidas ate nuestros ojos, lo que ya es un mérito. Tres horas además en las que se pone a prueba nuestra capacidad de asombro, entre secuencias escatológicas extremas, orgías con carne generosa (algo poco habitual en el pudoroso cine americano) y un sinfín de personajes, unos reales, otros inventados y otros ficticios pero basados descaradamente en celebridades que existieron, y todo así, en exceso, tremebundo y sobredimensionado.

Chazelle además no ha tenido ningún tipo de reparo en dar al conjunto un aspecto anacrónico al más puro estilo Baz Luhrmann, con músicas fuera de su época y un estilismo impensable para Margot Robbie la mayoría de veces que aparece en escena. Pero ahí no se quedan las referencias, porque las fiestas parecen querer imitar, con mayores excesos y un carácter deliberadamente más pornográfico, a las de Sorrentino en La gran belleza; hay también cierto aire felliniano en más de una secuencia, y no faltan las referencias al Gran Gatsby de Scott Fitzgerald, entre piscinas con presunto cadáver y fiestas extravagantes, aquí siempre llevado al último extremo y sin la elegancia, premeditada, del autor de Suave es la noche. James Ivory también retrató la depravación de la meca del cine en los años veinte, en 1975 con Fiesta salvaje, donde recreaba uno de los episodios más escabrosos de la prensa amarilla de la época, la muerte de una starlette a manos del obeso comediante Fatty Arbuckle durante una sesión de sexo duro, episodio que también aparece apuntado en este film donde William Randolph Hearst tiene su momento en forma de fiesta snob a ritmo de sucedáneo del Bolero de Ravel con una Robbie incómoda que termina haciendo lo que no debía entre tanta gente estirada.

Y así continúa esta orgía desatada, acelerada, mastodóntica y sobre presupuestada, donde se recrean rodajes como el de Hollywood Revue of 1929, la primera vez que aparece en pantalla la canción Singin’ in the Rain, esa misma Cantando bajo la lluvia y sus divertidos episodios cuando se pasa del cine mudo al sonoro, y que al final sirve para la secuencia más mágica y emocionante que hemos visto en el cine en mucho tiempo, precisamente en una sala abarrotada donde los ojos del público brillan mientras disfrutan con esa obra maestra de Kelly y Donen que justamente se ha reestrenado en cines precisamente el mismo fin de semana que lo hace esta Babylon. Y el homenaje al cine como gran entretenimiento continúa con una delirante secuencia en plan montaje de ceremonia de los Oscar. Max Minghella da vida a un desmitificado Irving Thalberg, mientras Brad Pitt es sin duda un sosías de Douglas Fairbanks, y Jean Smart interpreta a una arpía del periodismo al más puro estilo Hedda Hopper. Pero la revelación de la película es Diego Calva, un joven mexicano descubierto en la serie Narcos y que cataliza nuestra mirada entre perpleja y ruborizada de todo cuanto se acontece en este film inclasificable e imposible de calibrar, tanto como de calificar, al menos hasta que no haya pasado el tiempo suficiente para valorarlo en su justa medida.

lunes, 23 de enero de 2023

LOS PREMIOS ASECAN, SIEMPRE EN SU TONO JUSTO


Pertenezco a la Asociación de Escritoras y Escritores de Cine de Andalucía (ASECAN) creo recordar que desde 1991, por lo que prácticamente he asistido a todas sus galas de premios anuales, incluida la primera, cuando era muy joven y me colaba en este y otros eventos. Fue en 1983, en una de las dos pequeñas salas del Cine Corona que se encontraba en la calle Salado, y que constituía el paraíso cinéfilo sevillano de la época. Por entonces solo se entregaban dos premios, mejor película española, que fue a recaer en Demonios en el jardín de Gutiérrez Aragón, y mejor película extranjera, en aquella ocasión Desaparecido de Costa-Gavras. Después se proyectaba la película española ganadora y ahí quedaba todo. En los noventa se potenció su protagonismo, con galas muy recordadas por todos nosotros, como la que se celebró en el ahora llorado por su incierto futuro Cine Cervantes, y que consagró a la actriz y cantante de los treinta Antoñita Colomé, que desde entonces y hasta muy recientemente, prestó su nombre a los galardones de interpretación; o la multitudinaria y nunca más festera que se celebró en el también desaparecido Cine Rialto de Ponce de León, y al que concurrió la plana mayor de la familia Bardem arropando a Pilar, la matriarca, que por su condición de nacida en Sevilla recibió años más tarde el honor de prestarle el nombre a una calle de la capital, que poco después, en un gesto perverso y de muy mal gusto y ejemplo, le quitaron a favor de otra de esas vírgenes tan adoradas en una ciudad que algunos creen ser solo de ellos y ellas. La fiesta continuaba en aquella época en salas emblemáticas de la ciudad, como Catedral en plena Cuesta del Rosario, o Las Dos Orillas, al otro lado del río.

Pero la más recordada de cuantas galas haya celebrado Asecan fue en 2000, cuando se coronó a Solas como mejor película y Juan Diego recibió acompañado por muchos y muchas de las estrellas que le acompañaron en vida, el Premio de Honor. Un entonces completamente desconocido Paco León ejerció de presentadora, travestido de tal forma que confundió a más de uno y una, junto al entonces muy popular dúo Digo Digo Teatro, integrado por José Luis García Pérez y José María Peña. Precisamente coincidiendo con el veinticinco aniversario de la emocionante película de Benito Zambrano, su productor, Antonio Pérez, uno de los grandes baluartes del cine andaluz, recibió en esta última edición de los premios, el de honor, que aprovechó con uno de sus dilatados y pausados discursos, para hablarnos de la pasión por el cine, de la ilusión y el entusiasmo necesarios para hacerlo y, uniéndose a la plana mayor de los galardonados y galardonadas, y al equipo directivo y organizativo de la asociación, agradecer a Juan Antonio Bermúdez su trabajo delante y detrás de ella y en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, así como su talante de inmejorable persona. Y es que precisamente en torno al muy llorado y añorado crítico, gestor y poeta extremeño pero sevillano de adopción, giró esta última edición de los Asecan. Y para no perder su encanto y su estilo, la gala volvió a lucir en su tono justo, esta vez con la seriedad y la solemnidad que la ocasión requería, sin dejar por ello de ser una fiesta pero limitando la comicidad de sus impagables presentadores desde hace ya un puñado de años, los periodistas Marta Jiménez y Rafael Pontes, que se mantuvieron en todo momento respetuosos con el gran homenajeado de la noche, que nos dejó de manera repentina y provocó discursos tan sinceramente emocionados como el de Javier Paisano, que se encargó de la dirección de la asociación cuando esta atravesaba su peor momento, rescatándola en el año 2010 tras siete años de paréntesis.

La madre de Juan Antonio Bermúdez recibe el Premio de Honor póstumo a su hijo

También la madre de Bermúdez tuvo unas breves palabras de emocionado recuerdo cuando recogió el premio de honor póstumo, y cineastas como Bernabé Bulnes, cuando recogió el premio a la mejor dirección novel por La sal de la vida, un exquisito trabajo en torno a la vida en el Cabo de Gata y su entorno natural, leyeron poemas del homenajeado. Todo ello en un formato novedoso para la gala, a imagen de los que de siempre han caracterizando a los Globos de Oro y los muy recientes Feroz, a lo largo de una cena servida en uno de los grandes vestíbulos del Auditorio Fibes, formato que también utilizaban los Oscar en sus primeras ediciones. En este sentido, no dejando de agradecer el esfuerzo y el detalle de optar por este formato, hemos de aclarar que no es el mejor para atender como merecen las lecturas de las nominaciones y los casi siempre emotivos y acertados discursos de los premiados y premiadas. Nada que ver con los tediosos espectáculos a los que nos tienen acostumbradas y acostumbrados los Goya, que tras una treintena de ediciones todavía no han aprendido a escribir guiones amenos e ingeniosos, y se alargan entre agradecimientos superfluos, vacuos y tediosos.


La lista de premios completa se puede consultar en la página web de la asociación. Este año y el pasado son menos, desde que los premios Carmen de la joven Academia de Cine Andaluz, que este año celebran en Almería su segunda edición, se encargaron de los técnicos y artísticos más allá de película documental, cortometraje (este año para el joven Antonio Cuesta y su sensible mirada hacia un padre y su hijo con capacidades diversas en La vida entre dos noches), dirección novel, interpretaciones principales, guion y música, que siguen premiándose por nuestra asociación. También lo siguen haciendo los que nos dan mayores señas de identidad, que son los destinados a mejor libro, difusión del cine, labor informativa, otros formatos e industria, que recayó en la Confederación de Empresarios de Andalucía por su ayuda al sector audiovisual especialmente durante la pandemia, que recogió Luis Picón, director de relaciones con organizaciones y empresas. En el apartado de premios más populares, estaba cantado el triunfo de Modelo 77, cuya nominación coincide también en los Goya, los Forqué y los Carmen, aunque nuestra preferida era la muy sensible y emotiva La consagración de la primavera de Fernando Franco, presente en la gala. La otra gran triunfadora de la noche fue el documental de Laura Hojman A las mujeres de España. María Lejárraga. Por cierto, que ya por fin el nombre de la autora homenajeada en este fino trabajo figura en los créditos de El amor brujo, tras tantas décadas acreditando a su esposo, Gregorio Martínez Sierra, como libretista de la gitanería de Falla. Por su parte reconocemos el talento de la siempre estupenda Natalia de Molina, sin embargo frente a su trabajo en La maniobra de la tortuga, hubiésemos preferido el acertado trabajo de némesis con una despreciable aristócrata ex política que realizó Teresa Arbolí en El mundo es vuestro. Pero si el premio a la actriz de Linares, que envió un video de agradecimiento a pesar de ser una atenta asidua de la gala, sirvió para su acertado y emocionado discurso en recuerdo a las víctimas de la violencia de género, bien recibido sea. Siempre haciendo gala de ese buen gusto y consideración a las circunstancias, la voz rutilante, elegante y perfectamente entonada de Rosie Dee amenizó la velada, con temas de El color púrpura (Miss Celie’s Blues), Casablanca (As Time Goes By) y Cinema Paradiso de los Morricone.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EL LADO AMABLE DE DOS GENIOS DE LA MÚSICA

4º Concierto del XXXIII Ciclo de Música de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Alexa Farré Brandkamp y Katarzyna Wrobel, violines. Francesco Tosco y York Yu Kwong, violas. Gretchen Talbot y Orna Carmel, violonchelos. Programa: Sexteto nº 1 Op. 18, de Brahms; Souvenir de Florence Op. 70, de Chaikovski. Espacio Turina, domingo 22 de enero 2023


Motivos de diversa índole han impedido muy a nuestro pesar que nos hiciéramos eco de los últimos grandes conciertos del Turina, el que convocó a los miembros del Cuarteto Cosmos el pasado viernes y el que protagonizó la noche del sábado el gran violonchelista inglés Steven Isserlis y el conjunto dirigido por Ignacio Prego, Tiento Nuovo. Dicen sin embargo que ninguno de los dos contó con la asistencia masiva del que disfrutó la mañana del domingo la cuarta entrega del ciclo de música de cámara de la Sinfónica, una cita que afortunadamente se repite muchas ocasiones a lo largo de la temporada. No cabe duda de que nos alegramos mucho de que sea así, sin embargo no podemos ocultar de nuevo nuestro asombro por el hecho de que el público sevillano sea tan de costumbres que deje pasar oportunidades como las apuntadas y por el contrario se entregue una y otra vez a experiencias tan recurrentes. Ya lo hemos dicho otras veces, en el cine pasa igual, el cinéfilo sevillano acude una y otra vez a las mismas salas de versión original y pasa por alto que otras importantes citas se exhiben en otros cines que también dedican salas y horarios a ese formato.

Tras un programa de abono de la ROSS íntegramente dedicado a Chaikovski, el compositor ruso volvió a los atriles de sus músicos, pero esta vez en su vertiente más amable y optimista, poco que ver con el arrebato y temperamento que sobresale en sus sinfonías números cuatro y cinco. Pero fue Brahms quien primero asomó en esta cita con dos importantes sextetos románticos, también en este caso en su vertiente más distendida y llena de encanto. La compenetración, el compañerismo y, sobre todo, el entusiasmo, parecieron asomar desde el principio en esta exhibición de lirismo y fuerza que llevaron a cabo los y las seis integrantes del conjunto para la ocasión. El Sexteto Op. 18 es la primera aportación de un todavía joven Brahms al campo camerístico convencional, y con él atrapa las influencias de los grandes clásicos en el género, Mozart y Haydn, así como sus propios juegos armónicos y claridad de texturas. El sexteto de la ROSS se hizo eco desde los primeros acordes de este carácter distendido y poético de la partitura, sin protagonismo palpable de ninguna de las voces por encima de las otras, y una continua alternancia de unas y otras que dieron al conjunto una sonoridad muy atractiva. Un aliento lírico y una sana serenidad informaron el allegro inicial, mientras el muy majestuoso y solemne andante, el más conocido de sus cuatro movimientos, alcanzó una elegancia y una gravedad solo alcance de los más virtuosos. De la nobleza de este movimiento pasaron al vigor danzante del scherzo y la felicidad juvenil del poco allegretto final, en el que los y las músicos supieron conjugar lirismo, robustez y ritmo.


Chaikovski escribió Souvenir de Florencia tras su regreso de tierras italianas, donde compuso La dama de picas. En contraste, este sexteto es claro y fresco, sin atisbo de la negrura que caracteriza la ópera. El autor quedó muy satisfecho, ocupando así un importante lugar en este género típicamente postromántico que inauguró precisamente Brahms con la pieza antes escuchada. Aunque la afinación no estuvo en todo momento perfectamente controlada, no cabe duda de que el sexteto convocado para la ocasión logró una lectura excepcional de la pieza, destacando el frenesí dinámico y rabioso del allegro con spirito, la elegante serenata que le sigue y que da carta de naturaleza a la pieza, con sus localistas pizzicati, su fantasmal intermezzo y el elocuente dúo entre violín y violonchelo. Después, las danzas se hicieron presentes en un melancólico allegro moderato, y el color y la rusticidad en el allegro vivace que tanto gustaba al autor por su poderosa fuga final, y que Farré, Tosco, Talbot, que además ejerció de simpática conductora del programa, Wrobel, Kwong y Carmel tradujeron en frescura y vivacidad, y manteniendo en todo momento un sonido robusto y a la vez sedoso.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía