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domingo, 16 de diciembre de 2018

LOS PREMIOS DEL CINE EUROPEO POR FIN EN SEVILLA

Pawel Pawlikowski fue el gran triunfador de la noche
Llevaban años prometiéndolo, que los Premios del Cine Europeo celebrarían su gala de entrega en Sevilla; al fin y al cabo era lógico tratándose de la ciudad en la que se dan a conocer desde hace más de una década las nominaciones y donde se celebra desde hace quince años un festival especializado en el cine de nuestro continente. El actual consistorio lo ha conseguido y hay que celebrarlo, en un año además en el que nuestra querida y hermosa ciudad ha servido de escenario para los Premios Max de teatro y lo será en apenas dos meses para los Goya. Los Félix (no sé si alguien continúa llamándolos así), o Premios EFA (European Film Awards) tuvieron su noche mágica, la de su trigésimo primera edición, en el Teatro de la Maestranza, con una gala de tres horas seguidas de duración que supuso un reto para la organización y para los responsables municipales y del teatro, y que se salvó con éxito y se pudo ver en La 2 de Televisión Española. Por una vez abandonaron su sede habitual, Berlín, para asomarse al Guadalquivir y darnos el privilegio a muchos de nosotros y nosotras de asistir a su fiesta, coronada en un Casino de la Exposición ataviado al efecto. Es una lástima sin embargo que este evento no haya tenido la divulgación mediática que merecía. Es cierto que los premios del cine europeo nunca han transcendido mucho, pero celebrándose en nuestro país, y suponiendo tanto esfuerzo de producción y organización, debiera haber asomado más en los medios nacionales, tanto prensa escrita como radio y televisión. Habría que preguntarse una vez más si los equipos de prensa encargados de su divulgación, generalmente municipales o acólitos de éstos, hacen bien su trabajo o simplemente siguen una rutina alimenticia sin más imaginación ni criterio.

Una emocionada Carmen Maura flanqueada
por Amira Casar y Wim Wenders
La desubicación sacrificó quizás la presencia de más rostros conocidos. No faltaron los homenajeados (Costa-Gavras, Ralph Fiennes y una impagable Carmen Maura que nos hizo reír a mandíbula abierta con su particular spanglish - "My English is not in my body right now" - además de emocionarnos con un sincero llanto por recibir honor tan merecido) ni las nominadas (aunque en este apartado no fueran nombres consagrados los que se apuntaran, sorprendiendo que Bárbara Lennie estuviera en la sala, dado que aunque en Sevilla a esa hora debía estar junto a Irene Escolar en el Teatro Central interpretando Hermanas), y tampoco los responsables de la Academia, con Wim Wenders y Agniezska Holland (que lamentó la deriva ultraderechista que está sufriendo Europa) a la cabeza. El escenario emulaba brillantemente un moderno y sofisticado café en el que la banda de Andrés Martín, que se ganó a pulso su sueldo a fuerza de zapateados y variadas coreografías, amenizó musicalmente la velada, aunque la ilustración flamenca llegara a ser algo tópica y anticlimática, como se constató con la fiestera actuación de Rocío Márquez después del necesario y emocionado discurso del veterano director de Z y Desaparecido. Sobre las tablas desfilaron Rossy de Palma, que hizo unas acertadas proclamas feministas en contra del abuso, los actores y actrices Ashraf Barhom (Ágora), Amira Casar (Call Me by Your Name), Anamaria Marinca (4 meses, 3 semanas y dos días), Ivan Shvedoff (Enemigo a las puertas), Tom Wlaschiha (Juego de tronos), Carlos Areces (que nos divirtió generosamente cantando clásicos del pop o pinchando música y haciendo playbacks en la fiesta posterior), y rostros tan populares como los de Emma Suárez, Victoria Abril o Emmanuelle Seigner. El palmarés lo lideró Cold War, que hizo subir al estrado en varias ocasiones a su director, Pawel Pawlikowski, con justos reconocimientos también para Dogman de Matteo Garrone, Girl de Lukas Dhont, Border de Ali Abbasi, La muerte de Stalin de Armando Iannuci (que como Fiennes aprovechó su discurso para lamentar el Brexit), Bergman: A Year in a Life de Jane Magnusson y el documental Un día más con vida de Raúl de la Fuente y Damian Nenow. Películas todas, junto a las nominadas, que hemos podido ver en nuestras salas comerciales o en nuestro festival. Tan sólo lamentamos la ausencia en el palmarés de la preciosa Lazzaro Felice de Alice Rohrwacher y la sobrecogedora El silencio de otros de Almudena Carracedo y Roberto Bahar. El espectáculo fue en general aceptable, seguramente tedioso para quienes lo siguieran por internet o televisión, pero considerablemente ágil sobre el escenario y elegante en términos generales. No faltaron recuerdos para el recientemente desaparecido Bernardo Bertolucci y el director ucraniano Oleg Sentsov, recluido en una prisión rusa desde hace cuatro años y medio.

Emma Suárez brilló en la alfombra roja
y en la fiesta del Casino, donde no paró de bailar
Las actividades relacionadas con el evento se cerraron hoy domingo por la mañana con un desafortunado concierto de la Banda Sinfónica Municipal en el Teatro Alameda, con el pretexto de poner sobre los atriles bandas sonoras de películas europeas. Un escaso repaso por la música de cine europea, sin rigor ni entusiasmo, que sólo fijó su mirada en el Concierto nº 2 para piano de Rachmaninov, por aquello de que David Lean lo convirtió en banda sonora de Breve encuentro, y en las muy populares Cinema Paradiso, La misión y 1492, Morricone y Vangelis tan sólo en el programa, olvidando Rota, Jarre, Barry, Delerue y tantos otros que podrían haber conformado un paseo más completo y estimulante sobre la materia. Pero lo peor es que la banda municipal, que habitualmente nos tiene acostumbrados a un nivel bastante satisfactorio, sonó desangelada, a veces incluso desentonada, sin fuerza ni estilo, abandonada al escaso empuje que le imprimió Francisco Javier Gutiérrez Juan. Tommaso Cogato cumplió con corrección en el complejo reto de poner en pie el popular concierto de Rachmaninov, ofreciendo una pulsación endiablada y enérgica, por momentos algo desequilibrada pero satisfactoria en términos generales, más a nivel técnico que expresivo, aunque no pudo evitar que el arreglo para banda desproveyera a la pieza de todo su lirismo y emoción. La soprano Ana Cadaval, la Coral Polifónica de Gines y el Coro de Voces Blancas "Villa de Guillena" se apoyaron en una amplifiación que dio protagonismo sólo a los registros agudos, los que tenía frente a los micrófonos, eclipsando las voces graves y dando al conjunto la misma impresión amateur, poco trabajada y menos motivada que propició el conjunto de la propuesta. A pesar de todo nos congratulamos una vez más de que haya tanta gente en nuestro entorno, capital y provincia, aficionada a la música, que le dedique tanto tiempo y generalmente entusiasmo, algo que merece todo nuestro aplauso y reconocimiento.

sábado, 12 de noviembre de 2016

CONCIERTO DE LA BANDA SINFÓNICA MUNICIPAL EN LA MACARENA

El pasado jueves 10 de noviembre la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla celebró en la Macarena un concierto especial en conmemoración del 50 aniversario de la declaración como Basílica de este emblemático templo de Sevilla. Para la ocasión se contó con la batuta de Ricardo Espigares Carrillo, joven director granadino que va haciéndose poco a poco un hueco considerable en la interpretación musical en nuestra comunidad, y que demostró ante la veterana formación un empuje y un entusiasmo digno de los mejores directores que han trabajado con ella.

En el programa destacó una sinfonía escrita por Alberto Barea en conmemoración de otro importante cincuenta aniversario, el de la coronación de la Virgen de la Esperanza Macarena , que se celebró en 2014. El integrante del grupo Artefactum, recién regresado de tocar con gran éxito en Japón, dio así buena muestra de su versatilidad, pasando del repertorio de música antigua que suele abordar también con Riches d'Amour, del que no hace mucho salía su último registro, La Dama Eterna, un precioso recopilatorio de trovas de los siglos XII al XIV en el que también interviene la voz y viella medieval de Carmen Hidalgo, a componer música de corte sinfónico con una estética neorromántica influida por el cine y el nacionalismo centroeuropeo e hispánico de finales del XIX y principios del XX con el que se ilustran generalmente estas celebraciones cofrades. Su música, de texturas gruesas, líneas ondulantes y exuberante orquestación, sonó saturada entre los muros del templo, mal acondicionados para este tipo de eventos, a pesar de una ejemplar interpretación de la banda. Destacó un Largo delicado e inspirado, con un solo depurado y lleno de lirismo del único violonchelo convocado.

Ricardo Espigares vino acompañado por un grupo de jovencísimos intérpretes granadinos que se plegaron a la banda sinfónica con absoluta naturalidad y profesionalidad, añadiendo frescura al conjunto y enfrentándose por primera vez a partituras como las marchas Oración a la Macarena de José Enrique de la Vega, compuesta para la película de Carlos Saura Flamenco Flamenco con implacable sobriedad, y la más jovial Sueños de Esperanza del valenciano Vicent Cerdá i Peris. También sonaron las más veteranas y victoriosas Pasión por la Macarena de José de la Vega y ¡Ampárala Macarena! de Juan Vicente Mas Quiles, en una velada en la que descubrimos la buena mano de Barea para adaptarse a los requerimientos de la insigne cofradía en un lenguaje perfectamente acorde a su estética, y las magníficas prestaciones de la banda y su director invitado, así como de los jóvenes músicos venidos de tierra vecina y tan querida como la granaína.