sábado, 29 de mayo de 2021

MARTÍNEZ Y SCHULTHEIS VIAJAN A TRAVÉS DE LA SONATA

Ciclo Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Carlos Martínez, violín. Seth Schultheis, piano. Programa: Sonata Op. 9 nº 3 en Re mayor, de Leclair; Sonata nº 9 “Kreutzer” Op. 47 en La mayor, de Beethoven; Sonata nº 2 Op. 100 en La mayor, de Brahms; Rapsodia nº 1 Sz. 87, de Bartók. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, viernes 28 de mayo de 2021

El último concierto del ciclo Alternativas de cámara, organizado por el Teatro de la Maestranza en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla, fue también la antesala del tradicional
Festival de primavera de esta veterana asociación cultural, que se celebrará durante todo el mes de junio en sesiones matinales de domingo en el Teatro Cajasol, en lugar del Salón de carteles de la Plaza de Toros, como solía ser habitual antes de la pandemia. En este festival figura también Seth Schultheis, el joven pianista norteamericano que interpretó este suculento programa junto al cordobés Carlos Martínez, que por su parte tocará como solista junto a la Sinfónica de Sevilla el Concierto nº 1 de Bruch, en una cita especial organizada igualmente por Juventudes Musicales que tendrá lugar el próximo martes 22 del mes entrante.

Una vez más tenemos que congratularnos por el excelente nivel que exhiben las nuevas generaciones de nuestros intérpretes. Martínez, con un complejo viaje a través de la sonata para violín y piano, que fue del Barroco de Leclair al nacionalismo del siglo XX de Bartók, pasando por el clasicismo de Beethoven y el romanticismo de Brahms, cogiéndole el pulso a cada uno en afecto y estilo, exhibió una madurez interpretativa y un nivel técnico de primera categoría, fielmente acompañado por el lirismo embaucador que desgranó Schultheis, a quien presuntamente conoció hace apenas tres años durante sus estudios en la Manhattan School of Music. Su forma de abordar el repertorio con el que comenzó el programa, una sonata de Jean-Marie Leclair para violín y bajo continuo en cuatro movimientos, no fue precisamente la más ortodoxa para los tiempos que corren. Tendemos a condenar toda interpretación de este repertorio que no se ajuste a los parámetros historicistas aceptados, despreciando la agilidad y la atención al matiz y el detalle que los intérpretes puedan llegar a manifestar, como así ocurrió en una exhibición generosa en claridad y buen gusto a la hora de desarrollar la riqueza melódica de la pieza. Aquí Martínez dejó ya clara su capacidad para la ornamentación, con allegri llenos de vida y un virtuosismo brillante. Solo cupo reprocharle algo más de afinación y destreza en los pianissimi, mientras ambos supieron, con la dificultad añadida del piano al abordar este tipo de composiciones, equilibrar la delicadeza francesa con la pasión italiana y la profundidad alemana.

Tras este preámbulo, dos obras mayores del género

Atreverse con la Sonata Kreutzer cuando todavía se está en una fase de iniciación a nivel interpretativo, supone todo un reto y un ejemplo de valentía del que resulta difícil salir bien parado. Martínez y Schultheis lograron sin embargo un nivel muy aceptable, aunque sus primeros acordes arpegiados fueron algo toscos y faltos de suficiente agilidad, detrayendo de la pieza ese carácter aparentemente improvisado que la define. Pero el resto deambuló con soltura y considerables dosis de bravura, salvando sus continuos cambios de registro y textura, manteniendo en el violín un timbre homogéneo, rara vez estridente y siempre meticuloso para lograr una lectura solemne del presto inicial, con notable capacidad inventiva por parte del pianista, así como cierta calma poética y sentimental en el andante, y una vibrante y dinámica tarantella final. Cierto que faltó esa depuración expresiva, que no técnica salvo en lo apuntado, que llevara la pieza al nivel de la excelencia, pero en general resultó bastante satisfactoria y dejó claro el buen nivel de compenetración entre los artistas.

La Sonata nº 2 de Brahms es un dechado de lirismo y armonía. La que provocara tanta alegría y satisfacción en Clara Schumann se benefició de una interpretación fluida y emotiva, más depurada a nivel expresivo que la anterior, alcanzando un diálogo fluido entrambos. Martínez acertó en su forma de abordar esta Meistersinger o Thuner Sonata, así llamada indistintamente por contener un tema de Los maestros cantores de Wagner y por ser concebida en un apacible verano en la localidad suiza de Thun. El joven violinista exhibió cantabilidad y un depurado sonido, salvando con acierto sus grandes intervalos y episodios contrastados, y acompañado con frescura y humildad al piano. Fue una lectura que incidió en los aspectos tiernos y apacibles de la partitura, de la misma manera que en la Rapsodia de Bartók, una de las que alcanzaron más popularidad en su transcripción para violín y orquesta, acusaron una agilidad y un virtuosismo técnico excelente. Toda una celebración de las danzas y melodías populares rumanas expuestas con una brillantez solo posible si detrás hay un trabajo responsable y un esfuerzo extraordinario. Con el movimiento lento de la Sonata Primavera de Beethoven como propina, rubricaron un concierto de generosa duración, mucha resistencia y resultados muy satisfactorios.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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