sábado, 29 de noviembre de 2025

UNA CONJUNTA QUE DESCUBRE Y RECUPERA

Concierto # 1 de la temporada 2025-2026 de la Orquesta Sinfónica Conjunta US-CSM Manuel Castillo. Nelly Romero Aravena, violín. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Concierto para violín y orquesta en mi menor Op. 64, de Mendelssohn; Sinfonía del Mar, de Turina (orquestación de Manuel Castillo); Sinfonía nº 1 en un movimiento Op. 9, de Barber. Auditorio ETS de Ingenieros US, viernes 28 de noviembre de 2025


Siempre hay motivo para dejarse seducir por la Sinfónica Conjunta y su director titular, Juan García Rodríguez, ahora que alcanzan su décimo quinta temporada ininterrumpida. Esa seducción llega generalmente en forma de programa exclusivo y singular, al margen del buen sabor de boca que casi siempre, por no decir siempre, nos dejan los y las jóvenes integrantes de tan estimulante e ilusionante proyecto académico, oportunidad única para desenvolverse en el mágico pero difícil mundo de la interpretación musical, y especialmente abordar el complicado trabajo en equipo, disciplinas de las que la Conjunta sale generalmente airosa.

Descubrir jóvenes talentos de entre la afortunadamente numerosa concurrencia que hoy en día pueblan nuestros conservatorios, es uno de los cometidos que la orquesta ha ido cumpliendo a lo largo de estos quince años. Esta vez le tocó el turno a Nelly Romero Aravena, que cursó estudios en el Conservatorio Manuel Castillo y ha participado en diversos proyectos de cámara (Quinteto Pocchetino) y orquestales (Fundación Barenboim-Saïd), además de tocar en espacios como el Círculo de Labradores o el Teatro de la Maestranza, donde la pasada temporada participó en el ciclo de cámara Rasgando el silencio. Bastante experimentada por lo tanto, y preparada para enfrentarse a ese caballo de batalla que es el concierto de Mendelssohn, popular donde los haya y sometido por lo tanto a todas las comparaciones posibles, lo que hace su gesta aún más complicada.

Con una formación de corte clásica y reducida, su maravillosa inspiración y monumental virtuosismo encontró en Romero Aravena un vehículo apropiado para el lucimiento, de fraseo fluido y envolvente, articulaciones flexibles y control de la expresividad. La joven violinista vino con la lección muy aprendida, tocó de memoria y evidenció conocer todos los resortes técnicos para lograr a la vez una expresividad elocuente, que sin embargo se quedó en el marco exclusivamente académico, faltando algo más de personalidad, una voz propia con la que emocionar y decir cosas nuevas y diferentes sobre tan frecuentada partitura. A eso hubo que añadir un sonido a menudo ratonil, que merecerá pulir, de forma que el sonido más aterciopelado alcanzado en los extremos graves, alcancen también los más agudos.

Con todo, resultó una interpretación fluida y convincente, que encontró en el acompañamiento orquestal un sonido algo tosco y rígido. Unas decisiones de García Rodríguez que empañaron el resultado global, con una cuerda aguda puntualmente desvaída, pero también momentos sobresalientes como la entrada de la cuerda tras la primera cadencia, o el trabajo de la cuerda grave, contundente, en el allegretto final. García apostó por unas dinámicas muy marcadas y unos acentos instalados en la vehemencia generalizada.

Para la segunda parte del concierto, García Rodríguez optó, dentro de su proverbial e incansable apetito musical, por recuperar una sinfonía de Turina que apenas se interpreta desde su estreno en 1982, cuya partitura el director alzó al final de la interpretación con gesto triunfal. Se trata de la Sinfonía del Mar, obra que el compositor sevillano sólo dejó esbozada para piano, y con apenas dos movimientos de los cinco que debían integrarla. Un proyecto ambicioso que inició en 1945 y quedó truncado por su fallecimiento algo más de tres años después. Con motivo del centenario de su nacimiento, la familia encargó a Manuel Castillo la orquestación de estos dos movimientos, Preludio en forma de lied y Episodio trágico en forma de sonata, sustituyendo a las cinco ciudades costeras a las que debían ir dedicados los movimientos de la obra completa, Barcelona, Málaga, La Coruña, San Sebastián y Cádiz.


Castillo estrenó su orquestación en el Teatro Real en 1982, con la Orquesta Nacional de España dirigida por Benito Lauret, que constituye la única grabación disponible en la red, grabada in situ en aquella efeméride. Ayer la recuperamos en la ciudad natal del autor, de la mano del incansable e incombustible director de Zahir Ensemble, con resultados muy notables, por encima incluso de lo que prometía tan insatisfactoria grabación. Con la plantilla doblada en efectivos (ocho contrabajos, doce violonchelos, arpa, metales y maderas en abundancia, amplio dispositivo de percusión…), el sonido fue poderoso y equilibrado, a pesar de la multitud convocada, generando una sensación de espectacularidad indiscutible. De la orquestación de Castillo cabe destacar su inspiración en El mar de Debussy para el Preludio, mientras el Episodio trágico está resuelto con un mayor acento nacionalista y un carácter más expresionista, ateniéndose a la estética de la época en que fue compuesta, y no a los años en los que se abordó su orquestación. Con esta feliz recuperación, la Connunta se adhirió a la Ruta Turina que por segundo año consecutivo se celebra en la ciudad.

Con un mismo sentido estético y musical, trabajando con ahínco los aspectos más sensuales así como los más trágicos de la partitura, se ofreció otra pieza insólita, poco divulgada, como es la Sinfonía nº 1 de Samuel Barber, contemporánea de su famoso Adagio para cuerdas. Pura tragedia, abordada con un sentido vehemente, duro y sólido, que repasa en un solo movimiento los cuatro habituales de una sinfonía tradicional, aspecto al que la orquesta se ciñó con tal claridad y acierto que fue perfectamente apreciable en toda su plenitud. Al unísono, García y la Conjunta encontraron el punto perfecto de sofisticación que reclama el primer movimiento, mientras se mostraron abiertamente juguetones en el scherzo que le sigue, evocadores y hasta arrebatadores en el andante tranquillo, con aportaciones brillantes, a nivel de profesionales, de la viola, el corno inglés, el arpa y especialmente el solo de oboe sobre un bálsamo de cuerdas oscilantes. Así, hasta un final vivaz y dramático, redondeando otra noche inspiradora de esta orquesta sin igual que cuenta con el respaldo de la Sinfónica de Sevilla, la Orquesta Joven de Andalucía y la Orquesta Nacional de España, que así se aseguran el mejor de los futuros. La ovación de compañeros y compañeras añade emoción a cada cita con la Conjunta.

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