miércoles, 2 de abril de 2025

GHOSTLIGHT Terapia familiar de choque

USA 2024 110 min.
Dirección
Alex Thompson y Kelly O’Sullivan Guion Kelly O’Sullivan Fotografía Luke Dyra Música Quinn Tsan Intérpretes Keith Kupferer, Katherine Mallen-Kupferer, Tara Mallen, Dolly De Leon, Hanna Dworkin, Dexter Zollicoffer, H.B. Ward, Tommy Rivera-Vega, Alma Washington, Matthew C. Yee Estreno en el Festival de Sundance 18 enero 2024; en Estados Unidos 14 junio 2024; en España 28 marzo 2025

Nada más comenzar, bajo los acordes de Oh, What a Beautiful Mornin’ del musical de Richard Rodgers Oklahoma! – luego también sonarán Out of My Dreams, y una de las protagonistas entonará en un karaoke I Can’t Say No -, esta sencilla y amable película nos pone en antecedentes. Se trata del poder sanador del arte respecto a las más duras heridas que nos puede dejar la vida. Una familia en la ficción, interpretada por otra en la vida real, sufre un particular duelo del que apenas vamos conociendo detalles a lo largo del metraje, que afecta de distinto modo a cada uno y una de sus tres integrantes, especialmente de forma introvertida en el padre, y todo lo contrario, con graves problemas de adaptación y un comportamiento agresivo, en la hija.

El también matrimonio formado por Alex Thompson y Kelly O’Sullivan resuelven con pericia, atención al matiz y el detalle, y sin caer en lo lacrimógeno, esta comedia agridulce donde ese arte redentor y la integración en una determinada comunidad, procuran obrar el milagro. Para ella, que escribió el guion de Saint Frances, la primera película de él, es su debut en la dirección, y vuelve a erigirse en autora del delicado y sensible libreto. La aportación de Dolly de Leon, a quien descubrimos en El triángulo de la tristeza, y la paulatina identificación entre el drama personal de esta familia obrera y el Romeo y Julieta de Shakespeare que irá sanando sus heridas, colaboran a la eficacia de esta pequeña y a la vez gran película que nos hace recuperar la confianza en una cinematografía que antes era generosa en dramas y comedias sentimentales.

Aquí no sale ningún arma, que ya es mérito tratándose de una película estadounidense, y sus protagonistas trabajan sus personajes desde el mimo y la contención. Se logra, por otro lado, que el papel redentor del bardo inmortal, recientemente reflejado también en la película Las vidas de Sing Sing, no caiga en la caricatura, y todo funcione dentro de un tono medido, amable y lleno de ternura pero sin compasión. El único reproche que podemos hacerle, desde el humor, es que la hija, de diecisiete años considere que Romeo y Julieta de Baz Luhrmann sea un clásico, obviando los de Cukor y Zeffierelli, que sí que lo son.

martes, 1 de abril de 2025

NOCHE MÁGICA DE PERIANES Y LA FILARMONÍA

Gran Selección. Philharmonia Orchestra. Javier Perianes, piano. Santtu-Matias Rouvali, dirección. Programa: Concierto para piano nº 5 en Fa mayor Op. 103, de Saint-Saëns; Suite de L’oiseau de feu, de Stravinski. Teatro de la Maestranza; lunes 31 de marzo de 2025


No logramos explicarnos qué está ocurriendo con el público del Maestranza, que ni Ismael Jordi ni Javier Perianes, que siempre han sido efusivamente recibidos en la que es su casa, aunque uno sea jerezano y el otro onubense, han logrado los llenos absolutos que disfrutaban antaño. Pero que ni la Orquesta de Leipzig ni la Filarmonía que ahora nos ocupa hayan experimentado un aforo medianamente generoso, podríamos considerarlo escandaloso.

Si hace una semana se agotó el papel para Martha Argerich, que como era previsible acabó cancelando, por qué la Filarmonía apenas logró medio aforo, cuando tanto una como la otra están al mismo nivel de popularidad. Podríamos entender que Gustavo Dudamel o Lang Lang pulverizaran la taquilla y la orquesta inglesa no, dado el nivel extremo de popularidad que disfrutan el director venezolano y el pianista chino, y a pesar de la excelencia de esta incomparable orquesta, avalada durante décadas por las más insignes e históricas batutas.

Lo cierto es que, sin llegar a la vergüenza de Andris Nelsons, muchas fueron las vacantes en un concierto memorable y una visita de lujo, algo que esperemos no frene a la actual dirección del teatro para seguir programando citas como ésta. Que fuera lunes, que marzo esté saturado de importantes citas musicales, que el precio de la entrada fuera algo elevado… quién sabe por qué la melomanía sevillana volvió a mostrarse tan raquítica.

Perianes en casa

Residente desde hace ya un buen número de años en Sevilla, Javier Perianes, el elegido por la orquesta para protagonizar esta mini gira española que continuará en Zaragoza y Madrid, parecía sentirse en casa, cómodo y relajado, así como llevando las riendas de la primera parte del concierto, con un egipcio de Saint-Saëns que en sus manos y las de la orquesta lució imponente y majestuoso, pero sobre todo mágico.

Esta página de inspiración arabizante, estilizada y exótica pero sin grandes pretensiones, encontró en Perianes el intérprete ideal, que empleó astucia e inteligencia para dotar a la partitura de la efervescencia y la ligereza que demanda sin por ello reprimir fuerza y vitalidad. El director finlandés Santtu-Matias Rouvali, actual titular de la orquesta, siguió con mimo y delectación las pautas del pianista, logrando una simbiosis perfecta con él.

Perianes resolvió el primer movimiento con transparencia y mucha delicadeza, con un desarrollo muy elaborado y sincopado plagado de contrastes puntualmente dramáticos. De la misma forma, su rapsódico andante encontró en la formación y el pianista unos intérpretes ideales, aprovechando el andaluz para destacar los arabescos y demás elementos orientalizantes que tanto entroncan con nuestra propia cultura.

Así hasta derivar en un virtuosismo exacerbado en el movimiento final, con episodios efervescentes y excitantes acompañados de una orquesta siempre afín, haciendo gala de una gramática fina y sutil. Dos propinas alargaron la brevedad del encuentro, una Danza del fuego enérgica y apabullante, y la íntima delicadeza con la que el pianista abordó el precioso Nocturno Op. 54 nº 4 de Grieg.

Auténtica magia musical

También breve, la segunda parte estuvo protagonizada por la tercera y más larga de las suites que preparó Stravinski a partir del primero de sus ballets para Dhiagilev, El pájaro de fuego. Nos preguntamos por qué no se interpreta más a menudo el ballet completo, sólo quince minutos más largo que esta suite.


El lento fragor de la cuerda en su sostenida introducción, fue sentando las bases de una interpretación anclada en la delicadeza más absoluta, la finura de sus líneas y la creación de una atmósfera llena de encanto y sensualidad. Hablar de la técnica impecable de cada familia instrumental y cada solista en particular, es quedarse corto. Lo más sorprendente es la capacidad de cada uno y una de ellas para lograr un sonido tan sutil, relajado y elegante.

La juventud de gran parte de la plantilla nos hace pensar en lo durísimas que deben ser las pruebas de acceso para mantener a lo largo de los tiempos la excelencia que marca a una de las tres orquestas fundamentales de Londres, centro neurálgico de la interpretación orquestal a nivel mundial. En este sentido, cabe destacar el sensacional trabajo del oboe y el fagot en esta página de riquísimas texturas y extraordinaria orquestación. Especialmente subyugante fue la delicadeza con la que llegaron a sonar trombones y maderas.

Los voluptuosos arabescos y las abundantes figuras ornamentales encontraron en la Filarmonía el medio ideal para lograr esa atmósfera mágica que pide la partitura, como nunca la habíamos disfrutado en tantas otras ocasiones. Una excelencia que también se manifestó en los pasajes más poderosos y estruendosos, sin perder la claridad ni la trasparencia en ningún momento. La majestuosidad de la trompa y el glorioso resplandor del solemne final, fruto de una inusitada inventiva orquestal, lograron en la batuta de Rouvali y el magisterio de la orquesta, cotas inimitables de perfección.

Circus Polka, una deconstrucción de la Marcha militar de Schubert, sirvió como colorista propina. La pieza fue un encargo del Circo Ringling a Stravinski, curiosamente adaptada para banda y órgano por David Raksin, el autor de la famosa banda sonora de Laura, que visitó Sevilla en aquel lejano año de inauguración del Maestranza. Y para terminar y alcanzar las dos horas estándares de función, una enérgica y contrastada Danza húngara nº 1 de Brahms. 

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía


lunes, 31 de marzo de 2025

LOS PATÉTICOS CASTRATI DE MANUEL RUIZ

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Manuel Ruiz, contratenor. Íliber Ensemble. Darío Tamayo, clave y dirección. Antonio Ruz, dirección de escena. Pablo Árbol, vestuario. Olga García, iluminación. Ara García, maquillaje y peluquería. Programa: Il primo uomo (Sarabanda de la Sonata para violín en Fa mayor Op. 5, de Corelli; Sinfonía y “Cara sposa” de Rinaldo, “Son contanta di moriré” y “Degg’io dunque, Oh Dio, lasciati”, de Radamisto, Concerto grosso en Sol mayor Op. 6 nº 1, “Empio, diró, tu sei”,de Giulio Cesare in Egitto, Largo del Concerto grosso en Fa mayor Op. 3 nº 4, y “Lascia la spina” de Il trionfo del Tempo e del Disenganno, de Haendel; Sinfonia y “Adam prole tu chiedi” de Cain overo il primo omicidio, y “Dorme, o fulmine di guerra” de La Giuditta, de A.Scarlatti; “Vedró il mio diletto” de Giustino, de Vivaldi; Passacaglia en re menor, de Kapsberger). Teatro Alameda, domingo 30 de marzo de 2025


El espectáculo presentado en el Teatro Alameda ayer domingo, venía a cumplir la cuota alternativa que habitualmente ofrece cada edición del Femás. En este caso, una propuesta escénica cercana a la ópera pero con un contenido y una intención más próxima al recital ilustrado. Apeado en el último momento del proyecto, que se prometía experimental peo no nos pareció tanto, el popular contratenor Carlos Mena, que en su estreno en Córdoba se encargó de la dirección musical, le sustituyó en estos menesteres Darío Tamayo, el director titular del conjunto granadino Íliber Ensemble.

En los últimos años hemos apreciado la querencia del contratenor vasco, padrino ausente de la función, por los espectáculos atrevidos y diferentes, como demostró en aquella Soledad del héroe que protagonizó en el Maestranza hace tres años. Con algo parecido ha decidido apoyar al joven cordobés, que sobre el escenario va alternando canto con gestos escénicos, frecuentemente patéticos, que van del continuo cambio de vestuario sobre las mismas tablas a discretos movimientos coreográficos diseñados por el también cordobés Antonio Ruz, responsable de la dirección escénica de este comedidamente ambicioso proyecto.


Tras una breve introducción instrumental, con Gevorg Vardanyan exhibiendo aspereza y un sonido canijo y estridente al violín, que impidió que disfrutásemos con la sarabanda de Corelli que precedió a una Sinfonía de Rinaldo de Haendel en la que pudimos percibir las costuras del joven grupo granadino. Un continuo acorde a las circunstancias, con el poderoso sonido al violonchelo de Héctor Hervás, el buen hacer al compás del veterano Aníbal Soriano a la cuerda rasgada, y el clave cálido y acentuado del propio Tamayo.

Drag castrato

Surgió entonces, ataviado con una suntuosa túnica roja, el color predominante sobre el escenario, el contratenor entonando la conocida aria Cara, sposa de la misma ópera, pero tras unos breves acordes al natural, saltó la amplificación, y fuimos entonces conscientes de que por muy bien entonado, fluido y homogéneo que resultara su canto, no podríamos calibrar su capacidad para proyectar la voz, su potencia. Es lógico pensar que esto fuera así por la particular acústica de un espacio con techos tan altos, pero esa razón debería  haber servido también para la orquesta, que en ningún momento estuvo amplificada, y desde luego no tuvo que eclipsar al cantante bajo ninguna circunstancia.

La habilidad de Ruiz para moverse por el escenario vistiendo ropajes a menudo incómodos, alternar el canto con los cambios de vestuario y los movimientos escénicos, se vio recompensada generosamente mientras por su voz fueron pasando algunos conocidos pasajes de óperas y oratorios de Haendel, Vivaldi y Alesssandro Scarlatti, con estaciones desatacadas en un dulce y emotivo Vedró col mio diletto de Giustino, un refulgente Empio, dirò, tu sei de Giulio Cesare, y ese final obligado con Lascia la spina del oratorio El triunfo del tiempo y el desengaño, antes de convertirse en la famosa aria Lascia ch’io pianga de Rinaldo.

Y entre tanta exhibición de agilidad y canto, se coló una deliciosa Passacaglia de Girolamo Kapsberger, defendida por Soriano a la tiorba con la delicadeza y  responsabilidad que le caracteriza. Quedó por lo tanto pendiente calibrar la potencia y proyección del joven cordobés, quizás en otra ocasión. De timbre y gesto anda bien dotado, aunque quizás falte un punto de mayor expresividad, que también podrá ir limando. Pero en general, promete.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 30 de marzo de 2025

LA ORQUESTA DE BORMUJOS ENTRA EN FEMÁS POR LA PUERTA GRANDE

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Juan de Dios Mateos, tenor. Orquesta de Cámara de Bormujos. Alberto Álvarez Calero, dirección. Programa: El poeta calculista, de Manuel García (ópera unipersonal en un acto con libreto de Diego del Castillo). Espacio Turina, domingo 30 de marzo de 2025


La prueba evidente de que, por encima de presupuestos holgados y recursos de sobra, siempre prevalece el cariño y el esfuerzo que se imprima a cualquier empresa, del género que sea, es el espectáculo que presentó este domingo por la mañana Alberto Álvarez Calero al frente de su Orquesta de Cámara de Bormujos, con la impagable colaboración del tenor almeriense Juan de Dios Mateos.

Después de unos días colmados de música de Manuel García en su propia tierra, tras la presentación de I tre gobbi en la sala del Maestranza que lleva su nombre, y la selección que de coplas suyas hizo Ismael Jordi en su triunfal recital del pasado fin de semana, en ambos casos con la colaboración al piano y la restauración de Rubén Fernández Aguirre, por fin escuchamos su música a toda orquesta, con su ópera de un solo personaje El poeta calculista.

Una comedia lírica que se estrenó en Madrid en 1805, y que poco después cosecharía un gran éxito en París, donde el autor pasó sus años más fructíferos e icónicos. Su reivindicación por un conjunto, la Orquesta de Cámara de Bormujos, cuyo mayor empeño desde que se fundó en 2016 ha sido recuperar páginas del Clasicismo poco transitadas, ha constituido la primera aportación al Femás de esta joven formación del Aljarafe, que esperemos que no sea la última; el éxito logrado le avala.

Un trabajo hecho con cariño y esfuerzo

Gran parte de la responsabilidad de este éxito es de su director, el profesor Álvarez Calero, que pone todo su cariño y entusiasmo en cada una de las propuestas que, temporada tras temporada, presenta ya sea en el Salón de Actos del CEU de Bormujos o en este mismo Espacio Turina que ya ha confiado en varias ocasiones en la oportunidad de programarlas.


Han acertado de nuevo los responsables del Turina y muy especialmente los del Femás, así como quienes hemos decidido darles la cobertura que merecen, con esta exquisita y delicadísima representación en versión de semi concierto de esta ópera de García con la que exhibe su ingenio y talento a la hora de jugar con varios géneros y gramáticas sin descuidar su carácter eminentemente lírico.

En El poeta calculista un aprendiz de libretista imagina lo que haría con el legado de obras sin publicar que heredara de un rico hacendado al que prestara servicios. Cómo iría poco a poco sacando rédito del arsenal de libretos, desde tonadillas a boleros, pasando por coplas, escenas operísticas y comedias líricas que irían poco a poco engrosando su patrimonio hasta alcanzar la gloria y la riqueza que ansiaba.

Joven y apuesto tenor almeriense

Un solo personaje al que dio vida de forma impecable el joven tenor almeriense Juan de Dios Mateos, que no cosecharía como personaje la riqueza anhelada, pero sí como intérprete el aprecio y la simpatía de todos y todas quienes tuvimos el privilegio de acompañarle en una mañana triunfal de domingo.

Álvarez Calero supo impregnar de fuerza y color una obertura en la que se vislumbraba ya el milagroso cosmopolitismo de quien aún no había salido de las fronteras españolas y ya parecía conocer todas las nuevas corrientes que se cocían en la Europa más elitista. Una pieza de corte rossiniano y gramática distendida en la que no fue difícil vislumbrar una claridad melódica y una estructura orquestal tan férrea como flexible, con episodios sensacionales en las maderas, algo menos en los metales, y quizás un punto por debajo en la cuerda, que en los pasajes más agudos ofrecía cierta tendencia a la estridencia, siempre dentro de unos parámetros más que aceptables.


Por su parte, Mateos empezó algo timorato en sus locuciones, con un punto nasal en la voz que dificultaba su entendimiento, en parte también por el uso de un lenguaje antiguo y algo abigarrado. Ese toque nasal se hizo evidente, pero menos, también en la voz cantada, pero mejorando dicción y logrando hacerse cómodamente con todas las dificultades que, siempre desde una estética académica, propone García. El acierto de los subtítulos fue una vez más cortesía de la Asociación de Amistades de la Barroca.

El tenor aprobó con creces en fluidez, potencia, proyección, coloratura y agilidades, demostrando por qué se maneja tan bien en el bel canto. Pero sobre todo destacó su enorme simpatía, y esa actuación que no sabemos si autóctona o dirigida, logró una comicidad y una gracia inusitada, de la que fueron partícipes algunos integrantes de la orquesta, especialmente el concertino Nazar Yasnytskyy y sobre todo el propio Álvarez Calero, que se prestó a algunas chanzas pactadas con el carismático protagonista.

Así, piezas tan populares como Yo que soy contrabandista, repetida como propina, la agotadora aria grande o el sorprendente dúo en el que tiene que alternar voces impostadas de bajo y soprano, se intercalaron con interludios orquestales en los que la formación evidenció el mismo cariño y buen gusto que en los pasajes acompañantes, siempre en sintonía y perfecta concertación con la voz de Mateos.

La fecunda comicidad de la propuesta, la naturalidad con la que todos sus artífices acometieron la empresa, y la felicidad que transmitieron al público, lograron una agradabilísima sorpresa en forma de concierto que tardaremos en olvidar. Si para este ingenuo poeta calculista soñar es gratis, para nosotros disfrutar de un espectáculo así no tiene precio.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EL CAFÉ ZÍNGARO DE IL SUONAR PARLANTE

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Graciela Gibelli, voz. Il Suonar Parlante Orchestra: Jana Semeradova, flauta; Stano Paluch, violín folk; Alessandro Tampieri y Nicolas Penel, violines; Laurent Galliano, viola; Marco Testori, violonchelo; Margherita Naldini, contrabajo; Marcel Comendant, címbalo; Shalev Ad El, clave; Vittorio Ghielmi, viola da gamba y dirección. Programa: Obras de Georg Philip Telemann, János Bihari, Johann Gottlieb Graun, Antonio Vivaldi, Frantisek Benda, Johann Philipp Kirnenberger, Vittorio Ghielmi, Stanislav Paluch y anónimos. Espacio Turina, sábado 29 de marzo de 2025


Fahmi Alqhai no ha incluido este año ninguna propuesta protagonizada por él y su Accademia del Piacere en el festival, y eso que este mismo mes salió al mercado su nuevo disco, Spain on Fire. En consecuencia, ha decidido suplir el hueco que ha dejado vacante con otra propuesta de signo parecido, es decir, combinación de músicas que denominamos alegremente cultas, con otras de signo folk o popular, arraigadas en la tradición de los pueblos, ya sea flamenco, música latina, o como en este caso herencia de los antiguos gitanos del este y la bohemia europea.

Para ello ha contado con su viejo amigo Vittorio Ghielmi, con quien colaboró en el primer registro de Il Suonar Parlante, protagonizado por un ensemble de violas da gamba, el multi laureado y vanguardista Full of Colour. El resultado ha sido la recreación de uno de sus discos más icónicos, Gypsy Baroque, que salió al mercado en 2018 y constituye toda una fiesta de sonido y color, dominada por una fantasía y una imaginación desbordantes.

Se trata de imaginar cómo debieron ser aquellas serenatas y otras manifestaciones musicales de los zíngaros que habitaban Bohemia y el este europeo en épocas del Barroco, insertando todo tipo de influencias y poniéndolo todo a dialogar con nuestra actual sensibilidad, de forma que hasta el jazz se viera reflejado en el resultado final.

Grandes virtuosos

Entre los músicos convocados, destacó Stanislav Paluch al violín folk, artífice además de un buen puñado de los arreglos incluidos en el programa, e incluso autor de alguna que otra partitura. También lo hicieron Marcel Comendant, toda una autoridad del címbalo, y la voz susurrante y maleable de Graciela Gibelli, soprano argentina que fue también fundadora junto a Ghielmi de Il Suonar Parlante.


En los atriles, músicas de diversa índole y sin embargo sometidas a una estética bastante parecida, lo que provocó que su larga duración, con hasta veinte piezas distintas, acabara resultando un tanto monótona. Nada que reprochar a la excelencia interpretativa de los y las integrantes del conjunto, sin excepción alguna. Auténticos virtuosos capaces de las más rebuscadas virguerías y de apoyar al resto de la compañía con un sonido compacto y dinámico.

En este sentido, cabe destacar la labor desplegada por Margherita Naldini al contrabajo, cuya intervención dotó en cada momento de relieve y cuerpo al trabajo de sus compañeros. Shalev Ad El al clave y Jana Semeradova a las flautas, destacaron también en sus intrincadas intervenciones, mientras Alessandro Tampieri se manifestó de forma impecable recreando las complejas articulaciones y continuos arabescos de sus partes solistas.

Un programa alegre y desenfadado

Toda una eclosión musical que partía de piezas no escritas ni por lo tanto salvadas, aunque sí recreadas en un buen porcentaje por quienes tuvieron ocasión de escucharlas. Por eso no fue de extrañar que, entre tanta música popular, se injertaran otras de Telemann, Vivaldi o el propio Mozart, privilegiados testigos del arte de estos singulares gitanos, a la manera en la que éstos pudieran haberlas interpretado.


Mientras otras, fundamentalmente danzas de origen hadjuk o magyar, contaron con el conocimiento y el estudio de sus artífices, fundamentalmente Ghielmi y Paluch, para partiendo de cero evocar aquella época y sus modos. Y entre ellas, la pura ortodoxia, en forma de presto de un concierto para viola da gamba de Johann Gottlieb Graun, que Ghielmi desarrolló con un sentido de las articulaciones y una expresividad sólo al alcance de los más reputados intérpretes.

El trío formado con el cimbalista y el violinista folk, un auténtico lujo lleno de fuerza y vitalidad, se vio acompañado de la voz de Gibelli, algo mate, sin demasiada fuerza y escasa expresividad, con excepciones como la nana de los recurrentes gitanos Lóvari. En su única aria de soprano, Solo per voi tra mille e mille, de Telemann, acusó un legato insuficiente y un tono apagado.


A pesar de estos inconvenientes, no cabe duda de que el concierto ofrecido por esa institución que es Vittorio Ghielmi y la orquesta barroca que lidera concitó el entusiasmo justificado del público, relajó las formas de un certamen especializado y nos permitió disfrutar con la entrega, la pasión y el virtuosismo demostrados por todos y cada uno de los intérpretes convocados.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 29 de marzo de 2025

POR TODO LO ALTO Afinidades fraterno-musicales

Título original: En fanfare
Francia 2024 103 min.
Dirección
Emmanuel Courcol Guion Emmanuel Courcol e Irène Muscari Fotografía Maxence Lemonnier Música Michel Petrossian Intérpretes Benjamin Lavernhe, Pierre Lottin, Sarah Suco, Nathalie Desrumaux, Stèphanie Cliquennois, Ludmila Mikael Estreno en el Festival de Cannes 19 mayo 2024; en Francia 27 noviembre 2024; en España 28 marzo 2025

Cine de buen corazón y formas amables heredado del buen hacer británico, pero con las hechuras algo más evidentes y menos discretas del galo. Un afamado director de orquesta descubre por casualidad que fue adoptado y que tiene un hermano algo tosco que vive en una pequeña localidad donde se vive el drama del paro por el cierre de una importante empresa, que se combate a través de una banda de música.

Todo combinado para dar lugar a una amable cinta sobre la reconciliación familiar, las afinidades emocionales y sentimentales, la lucha social y el placer a través de la sublimación de la música, todo sin demasiada profundidad, dejando que sea la empatía del y la espectadora lo que haga fluir una trama con más convenciones de las necesarias, sin muchas dificultades y con el peso en las esforzadas interpretaciones de sus dos protagonistas.

No del todo previsible, pero sí con ese perfume a algo mil veces contado, lo que no le resta efectividad pero sí interés, sobre todo conforme avanza la algo impostada trama. Ideal para una tarde de domingo, salir del cine sintiéndose bien, y quién sabe si deseando escuchar más música clásica, lo que no estaría nada mal. La operación, aunque con la dignidad justa, logró siete nominaciones en los últimos César, y un taquillazo en su país de origen, y no cabe duda que podría acabar siendo otro objeto de copia por otras cinematografías europeas e incluso estadounidense.

viernes, 28 de marzo de 2025

UNA FUNCIÓN MUY VERBENERA

La verbena de la paloma. Sainete lírico con música de Tomás Bretón y libreto de Ricardo de la Vega. Prólogo “Adiós, Apolo” de Álvaro Tato. Lucía Marín, dirección musical. Nuria Castejón, dirección escénica. Nicolás Boni, escenografía. Gabriela Salaverri, vestuario. Albert Faura, iluminación. Íñigo Sampil, dirección del coro. Cristina Arias, asistente dirección y coreografía. Con Borja Quiza, Carmen Romeu, Emilio Sánchez, Amparo Navarro, Ana San Martín, Manuel de Diego, Rafa Castejón, Gurutze Beitia y Sara Salado. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y Coro del Teatro de la Maestranza. Producción del Teatro de la Zarzuela. Teatro de la Maestranza, jueves 27 de marzo de 2025


Coincidía ayer el estreno en Sevilla de esta nueva producción de la Zarzuela de La verbena de la paloma, con la celebración del Día Internacional del Teatro. Una feliz coincidencia por cuanto en esta versión de la popular zarzuela de Tomás Bretón, un prólogo de aproximadamente tres cuartos de hora recrea el ensayo previo a la última función del llorado Teatro Apolo de la calle Alcalá, antes de que la especulación acabara por destruirlo.

Y nos vino a la memoria, en tan sintomática fecha, tantos espacios cerrados y aquellos otros que corren el peligro de hacerlo, empezando por el Teatro San Fernando de la calle Tetuán, o los de Sierpes, Imperial y Lloréns, a los que declarar bienes de interés cultural no parece hacerles mucho favor, sin hablar del Coliseo, que aunque no fue exactamente teatro, hechuras no le faltaban. Ayer mismo tuvo lugar una concentración frente al Lope de Vega para exigir su inmediata reapertura.

El dramaturgo, actor y poeta Álvaro Tato diseña y articula este prólogo, que a la postre se convierte en lo mejor de esta producción del señero título zarzuelero, cuando todavía recordamos con enorme satisfacción el extraordinario sabor de boca que nos dejó hace casi veinte años la anterior producción, también de la Zarzuela, que pudimos ver cuando el Maestranza la programó por última vez, entonces con una dirección escénica de Sergio Renán muy deudora del cine de los años treinta.

Una primera parte con aspecto de musical

El prólogo se ambienta en 1929, cuando director y compañía preparan con la histeria habitual la última función de un teatro que se especializó en eso que llamaron el teatro por horas, y cuya famosa cuarta de Apolo se reservaba al título más llamativo. Y entonces todo recuerda a la atmósfera que se ha seguido respirando en series de televisión tan populares como Aquí no hay quien viva o La que se avecina, y que a nosotros nos parecen tan deleznables por cuanto retratan una sociedad donde reina el mal humor, la falta de respeto y la mala educación, como si fueran recursos humorísticos.


A pesar de ello, Tato acierta al introducir aquí todas las críticas que pudieran hacerse a una revisión no actualizada del título de Bretón, con proclamas feministas y libertarias y un afán de modernidad que aún debía esperar dos años a asentarse, cuando se proclamase la Segunda República. Queda así justificado el carácter presuntamente rancio de lo que habrá de venir, que no es sino una producción absolutamente fiel al original, salvo por un vestuario contemporáneo a esa última función del Apolo, echándose en falta los tradicionales trajes de chulos y chulapas.

Con este pretexto, se hace un documentado repaso a la historia del Apolo antes de que se reabriese en la Plaza Progreso, hoy Tirso de Molina, donde se representan musicales como el que plantea este prólogo, con números de zarzuelas y revistas poco conocidas que sirven para poner en escena coreografías nunca del todo rematadas, siempre en el límite de lo correcto, sin llegar a la excelencia, aunque en lo estrictamente musical funcionaron satisfactoriamente desde el foso y sobre el escenario, destacando el Chotis de la garsón de Jacinto Guerrero, el Tango del cinematógrafo de Serrano, y el duelo de valses de Chueca y Valverde.

Una exhibición de malos modos

Unos decorados costumbristas y realistas, de esos que el público aplaude a rabiar, abren paso a una Verbena de la paloma cuyo primer cuadro deja ya en entredicho la oportunidad de esta nueva producción a raíz del ciento setenta y cinco aniversario del nacimiento del autor. La combinación entre el dúo de Don Hilarión y Don Sebastián, los chascarrillos del tabernero y sus amigos y la afligida canción de Julián, no funciona. Falta dinamismo y emoción, antes de que en el coro entonando las famosas seguidillas atisbemos en primera línea a Marta García-Morales y Paula Ramírez, integrantes de la Compañía Sevillana de Zarzuela, que con pocos medios tan bien sabe quitarle el polvo a estos títulos decimonónicos.


Se mantiene la línea dramática, bien defendida por cantantes y actores, pero que tanto hiere nuestro sentimiento al evocar esa falta de respeto entre semejantes, buscando en el desprecio y la mala educación el efecto humorístico, tan propio de las clases bajas madrileñas tal como se han empeñado en presentarlas. Y así hasta el final, y sin que nos emocionen las coplas de Don Hilarión ni nos conmueva el famoso dúo de los enamorados y el mantón de manila.

En este contexto, hay que destacar una buena iluminación, un correcto vestuario y una vistosa escenografía, especialmente en el número de la soleá, muy bien cantado por Sara Salado y bailado por la coreógrafa Cristina Arias. Por su parte, la directora jienense Lucía Marín, mantuvo el control de la orquesta, salvo en momentos puntuales en los que llegó a eclipsar las voces, si bien se mostró más preocupada por sacar brillo que por cuidar los matices de la partitura y su excelente orquestación.

Entre esas voces eclipsadas, nos sorprendió la de Manuel de Diego, inaudible en La verbena y sin embargo tan potente en el prólogo, donde daba vida a un fotógrafo. De igual manera, pero a la inversa, nos pasó con Ana San Martín, que dio la sensación de no saber cantar en el prólogo y sin embargo se defendió muy bien en su breve cometido como Casta.


En cuanto al cuarteto protagonista, buena voz, controlada y moldeada, la de Borja Quiza, corto sin embargo en expresividad y sentimiento. Carmen Romeu, a quien aquí hemos visto hasta cantar música antigua en los Jardines del Alcázar, mantiene su voz espesa y bien articulada, aunque a veces parece perderse en los cambios de registro. Emilio Sánchez no es el Hilarión perfecto, resulta estridente y acusa una voz muy tremolante. Amparo Navarro exagera su tono apesadumbrado, pero en lo vocal mantiene la dignidad de su veteranía.

No cabe duda de que Nuria Castejón, más habitual como coreógrafa que como directora de escena, se ha tomado con seriedad su cometido en esta producción que se estrenó en Madrid la primavera del año pasado, y debía haberse representado en Les Arts de Valencia en noviembre si no hubiese sido cancelada por la tragedia de la Dana; pero los resultados no le avalan a nuestro juicio. Que sus hermanos Rafa y Jesús le acompañen en la empresa, el primero como tabernero (director en el prólogo) y el segundo como voz en la radio, nos parece un gesto tan oportuno como entrañable.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía