Guion y dirección Daniel Sánchez Arévalo Fotografía Rafa García Música Federico Jusid Intérpretes Javier Gutiérrez, María Vázquez, Judith Fernández, Tamar Novas, Carlos Blanco, Fer Fraga, Xosé A. Touriñán, Marta Larralde, Lola López Rodríguez, Marcos Pereiro Estreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2025; en salas 1 enero 2026
Con apenas seis largometrajes en un cuarto de siglo, Daniel Sánchez Arévalo se ha consagrado al cortometraje desde el inicio de la carrera, no abandonándolo nunca. Sólo en determinadas ocasiones ha dado el salto al largo, desde aquel celebrado AzulOscuroCasiNegro a la simpática comedia generacional Diecisiete, pasando por éxitos menores como Gordos, Primos y La gran familia española. Ahora vuelve con una insólita importación de un modelo largamente querido en países de nuestro entorno, como Francia, Inglaterra o Irlanda, donde la música y el trabajo solidario y en equipo sirve para conjurar traumas y dolores en el seno de una comunidad humilde y popular. En este caso se trata del naufragio de una embarcación pesquera con resultado de siete de sus nueve tripulantes muertos. Abandonada la tradición de la rondalla, típica comparsa musical y coreográfica de carácter folclórico que se prodiga en la ría de Vigo, demostrando que las navidades allí no sólo se celebran con una orgía lumínica, la buena gente del pueblo decide recuperarla para exorcizar el dolor y la incomprensión reinante.
Hace bien Sánchez Arévalo en dar visibilidad a este patrimonio cultural que, como tantos otros, permanece prácticamente desconocido para el resto del país. Lástima que el conjunto se apoye en una trama bastante frágil y tópica, previsible y carente del empuje y el interés que demanda. Parte del problema reside en la dispersión del argumento, una multitud de personajes que proporcionan el carácter de comedia coral que este tipo de películas exige, y sobre todo la indefinición de los principales, por mucho empeño que ponga, por ejemplo, su joven protagonista, una Judith Fernández emergente.
Se agradece que el buenismo se apodere de la función, que se visibilice el enorme trabajo que requiere la rondalla, y especialmente la colaboración que exige entre sus integrantes. Pero un mayor empaque en el argumento, más gracia en sus líneas de diálogo, un tratamiento dramático más atractivo y mayor definición de los personajes hubieran facilitado el entusiasmo que la empresa demanda y merece.

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