domingo, 5 de abril de 2026

LA GRAZIA Un político que duda, reflexiona y escucha

Italia 2025 133 min.
Guion y dirección
Paolo Sorrentino Fotografía Daria D’Antonio Intérpretes Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Giovanna Guida, Alessia Giuliani, Roberto Zibetti, Vasco Mirandola, Linda Messerklinger, Rufin Doh Zeyenouin Estreno en el Festival de Venecia 27 agosto 2025; en Italia 15 enero 2026; en España 1 abril 2026

L
ejos quedan sus primeros éxitos, Las consecuencias del amor y El amigo de la familia, e incluso su consagración definitiva con la muy aplaudida La gran belleza, y sin embargo Sorrentino nos regala de vez en cuando otra sorprendente y magnífica película, sin volver a cosechar los premios y reconocimientos a los que estos primeros títulos le acostumbraron. Cosa de modas y de novedades, seguramente. Tras coquetear con su devoción hacia la tierra que le vio nacer, en Fue la mano de Dios y Parthenope, el director napolitano nos ofrece ahora, a sus cincuenta y cinco años, su film quizás más sereno y reflexivo, echando mano una vez más de la política, que tan buenos réditos le dio en films como Il divo, donde retrataba los aspectos más sórdidos de la carrera de quien fuera jefe de gobierno Giulio Andreotti, Loro, aquí traducida como Silvio y los otros, donde indagaba sobre la estrambótica figura de Silvio Berlusconi, e incluso el Papa en las series que protagonizaron Jude Law y John Malkovich.

Pero ahora ya no le interesa tanto criticar y denunciar las estrategias y miserias del poder, sino fabular con un líder inteligente y moderado, un verdadero hombre de Estado capaz de poner en una balanza su propia ideología y aquello que, previo el acertado e imprescindible consejo de quienes le rodean, considere justo y equilibrado, aunque no se ciña a sus propios principios e intereses. Tenemos así a un Mariano De Santis, ficticio presidente de la República, a quien da vida el actor fetiche del afamado director, Toni Servillo, que también fue Andreotti y Berlusconi, y que aquí compone a un humanista curtido en leyes, demócrata conservador y católico, que antepone el amor a la ideología para pronunciarse sobre cuestiones que en el final de su mandato conviene dejar bien atadas para la posteridad. Una ley y dos indultos se convierten así en el perfecto mcguffin de un film que indaga sobre la fuerza del amor, con esa esposa fallecida a la que el presidente no puede dejar de olvidar y cuya presunta traición se empeña en descubrir.

Es el mismo amor que inspira la controvertida ley y las gracias que ha de ejercitar previo un proceso de reflexión, duda y convicción al que se presta con la inestimable ayuda de sus seguidores, desde la comprometida hija a la veterana y vividora amiga, su guardaespaldas o esas personas a quienes debe favorecer con esa gracia del título, que no sólo se refiere al indulto sino a toda la aureola que lo convierte en persona justa, libre, equilibrada y solemne, a quien un guion también en estado de gracia presta diálogos de enorme valor y tanta belleza como cada encuadre y puesta en escena que adorna esta hermosa película, favorecida también con una ecléctica y atractiva banda sonora. A la recurrente pregunta que salpica la función, ¿de quién son nuestros días?, nosotros aseveraríamos que pertenecen a quienes nos poseen, ese sistema que hemos aceptado y que todo lo tiene atado para que el mundo y la vida sean como se ha decidido.

MR. NOBODY AGAINST PUTIN La voz de la disidencia

Rep. Checa-Dinamarca 2025 90 min.
Dirección
David Borenstein y Pavel Ilyich Talankin Guion David Borenstein Fotografía Pavel Ilyich Talankin Música Michal Rataj y Jonas Struck Documental Estreno en el Festival de Sundance 25 enero 2025; en Dinamarca 22 marzo 2025; en España (Movistar Plus+) 10 marzo 2026

La urgencia de los múltiples conflictos bélicos que se están desarrollando en este primer cuarto de siglo, ha propiciado la producción de un buen número de trabajos documentales destinados a analizar y denunciar las injusticias y desvaríos que nos han llevado a esta apocalíptica situación. A falta de los primeros trabajos de ficción, la Guerra de Ucrania ha conocido ya varios documentales, el más ilustre y laureado 20 días en Mariúpol, que recogía el horror vivido en esa ciudad, y se alzaba con el Oscar al mejor documental hace dos años. Tras varios trabajos, el joven director estadounidense David Borenstein ha cobrado notoriedad con este trabajo presentado en Sundance el pasado año y condecorado ahora con el Oscar correspondiente, en el que ofrece un punto de vista diferente sobre el conflicto, al fijarse no en el invadido sino en el invasor y cómo este gesto autocrático y despiadado del infame presidente ruso, ha afectado considerablemente la vida de los y las rusas.

Sin perder de vista un horizonte en el que los verdaderos damnificados son la gente ucraniana, Borenstein presta voz y alma a quienes desde Rusia sufren la conflagración. Para eso se hace eco de las grabaciones, oficiales y domésticas, de un joven profesor de escuela, artífice en mayor porcentaje que el propio director de este trabajo estremecedor. Así, Pavel Ilyich Talankin se perfila como inevitable disidente en una comunidad de apenas diez mil habitantes, Karabash, en la zona de los Urales, donde su escuela ha sido tomada por la ideología imperante en un clásico y voraz proceso de adoctrinamiento del que resulta difícil escapar. Un proceso que Talankin documenta exhaustivamente, mostrando las miserias de sus contrincantes más directos, las sensaciones encontradas de los habitantes de la localidad y la paulatina militarización de niños y niñas en el albor de sus vidas.

Poco se manifiesta acerca de la barbarie perpetrada en el país vecino, porque lo que a Borenstein y Talankin interesa en este caso es recoger el efecto devastador en la población rusa, psicológicamente pero también de forma física respecto a los jóvenes soldados enviados sin piedad del campo de batalla. Todo esto rodado de forma eficaz y sin ornamentos, apenas un trabajo de montaje que enlace unos episodios con otros y provoque el efecto narrativo perseguido, con la fluidez y naturalidad que demanda, por mucho que en el camino podamos experimentar cierta sensación de que algunos aspectos hayan sido impostados o provocados. Más por su carácter coyuntural que por sus méritos estrictamente cinematográficos, un film que merece atención y debate.

miércoles, 1 de abril de 2026

ALTAS CAPACIDADES Un incómodo espejo

España-Uruguay 2026 101 min.
Dirección
Víctor García León Guion Borja Cobeaga y Víctor García León Fotografía Eva Díaz Música Camila Rodríguez Intérpretes Marian Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro, Suso Nanclares, Bea Segura, Elena Sanz Estreno en el Festival de Málaga 6 marzo 2026; en salas 27 marzo 2026


De la unión entre Víctor García León y Borja Cobeaga surgió la trilogía televisiva Vota, Vamos y Venga Juan, una irónica, ácida y bastante malvada mirada al político de pacotilla al que daba vida Javier Cámara. Por separado, el primero se ha destacado como acertado cronista de la vida en nuestro país, generalmente de la mano de la comedia, en films como Más pena que gloria, Vete de mí o Selfie, mientras el segundo destacó en la misma línea con películas como Pagafantas, Los aitas o la serie No me gusta conducir. Hace unos años, García León dirigió Los europeos según una novela de Rafael Azcona, que parece ser quien haya influido y guiado al director para poner en pie éste su último trabajo, su comedia más ácida y lograda hasta la fecha, en la que ataca sin misericordia pero con una gran dosis de inteligencia, sutileza y mordacidad, a las familias que en este país han generado los monstruos que hoy deciden sobre nuestro futuro, despreciando sin compasión alguna todo nuestro pasado, nuestra memoria y lo que quienes nuestros más mayores habían construido tras la muerte del dictador.

Todo borrado de un plumazo para perseguir el ascenso social, el atropello y el éxito a cualquier precio, como hacen la pareja protagonista de un film en el que García León y Cobeaga retratan con precisión quirúrgica esa clase media, ligeramente intelectual y comprometida, ahora empeñada en despreciar las bondades de una educación igualitaria y un estado público del bienestar. La misma que aspira a otra clase alta de corte fascista y xenófoba, una apisonadora en cuyos ideales parecen mirarse como en un espejo jóvenes de toda condición en un mundo cuya decadencia le está haciendo romperse en añicos.

Marian Álvarez e Israel Elejalde como pareja trepa a costa de la educación de su hijo inadaptado, y Juan Diego Botto como impresentable niñato rico que desprecia sistemáticamente a quienes no son de su condición, a la vez que se aprovecha de ellos, bordan sus papeles. El resto logra encajar a la perfección, dentro de una trama que absorbe y sorprende, con guiños cómicos tan divertidos como incómodos y una habilidad para sostener largas y complejas secuencias, no importa la dificultad para mantener el interés y la tensión justas. Hacía tiempo que no disfrutábamos de una comedia española tan acertada y reluciente, a la vez que amarga.

martes, 31 de marzo de 2026

PROYECTO SALVACIÓN Una misión muy convencional

Título original: Project Hail Mary
USA 2026 156 min.
Dirección
Phil Lord y Christopher Miller Guion Drew Goddard, según la novela de Andy Weir Fotografía Greig Fraser Música Daniel Pemberton Intérpretes Ryan Gosling, Sandra Hüller, Lionel Boyce, Len Leung, Milana Vayntrub, James Ortiz Estreno en Estados Unidos 20 marzo 2026; en España 27 marzo 2026


No discutiremos que esta película de ciencia ficción pueda convertirse en un clásico del género, pero sinceramente no hemos visto en nuestra opinión motivos suficientes para serlo. Es cierto que en su realización confluyen talentos considerables del cine y la literatura. Se basa en una novela de éxito escrita por Andy Weir, quien hace algunos años fue también el origen de la reconocida película de Ridley Scott Marte (The Martian). Además, ambas han contado con la adaptación de Drew Goddard, que también triunfó con sus guiones para Monstruoso y Guerra Munidal Z, además de dirigir y escribir La cabaña en el bosque y Malos tiempos en El Royale. Quienes dirigen este Proyecto Salvación cosecharon su particular éxito con las comedias de acción Infiltrados en clase e Infiltrados en la universidad, así como con las películas de animación Lluvia de albóndigas y La LEGO película, y fueron los creadores de las versiones animadas de Spider-Man en el multiverso.

Unos currículos nada desdeñables que Ryan Gosling ha aprovechado para producir e interpretar esta cinta en la que es protagonista absoluto. Su título original, Proyecto Ave María, se refiere al término con el que se denomina en el fútbol americano la última oportunidad de ganar, una jugada a la desesperada. Así se llama la nave en la que Gosling, Grace en la ficción, como científico convertido en astronauta involuntario e improvisado, tiene que salvar a la humanidad cuando se detecta que el Sol está perdiendo fuerza por la irrupción de unas partículas malignas. Lejos de tratarse de un nuevo film sobre apocalipsis y ultimátum, la película se posiciona más bien como un viaje estético y sideral con altas dosis de imaginación visual y una buena dosis de humor, todo mezclado con tanta pericia que pareciera obra de la inteligencia artificial.

Pero sobre todo se trata de una nueva crónica de amistad y cooperación entre seres de mundos diversos, como antaño lo fueran cintas como Enemigo mío o E.T. El extraterrestre. Por el camino se incurre en tópicos del género, como dotar de sentimientos y comportamientos humanamente reconocibles al alienígena Rocky, así llamado por su apsecto de cangrejo rocoso, al que da voz y carisma el marionetista James Ortiz, a pesar de tener un aspecto muy distinto al terrícola. Su largo metraje contradice la urgencia con la que se resuelven escollos, pasando por alto cualquier atisbo de rigor científico. Mientras tanto, la trama acaba resultando bastante banal e incluso infantil, sobre todo al exigir al público tanta credibilidad frente a altas dosis de convencionalismo, teniendo además en cuenta que todo ocurre en época más o menos contemporánea. Gosling logra dominar este one man show espacial, ayudado por la ecléctica y extremadamente creativa banda sonora de Daniel Pemberton.

lunes, 30 de marzo de 2026

LA GRAN PASIÓN DE ARCANGELO

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Nick Pritchard, tenor (Evangelista); Alex Rosen, bajo (Cristo); Carolyn Sampson, soprano; Hugh Cutting, contratenor; Hugo Hymas, tenor; Thomas E. Bauer, bajo. Arcangelo. Jonathan Cohen, clave y dirección. Programa: La Pasión según San Mateo BWV 244, de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de marzo de 2026

Alex Rosen y Arcangelo

Tan seguro que no hace falta ser creyente para emocionarse con las procesiones de Semana Santa ni con las películas bíblicas del Hollywood clásico, es que La Pasión según San Mateo nos transporta a otra dimensión, gracias al talento y la sensibilidad de su autor, pero también a esa iconografía religiosa de la que no podemos escapar ni los más críticos, especialmente cuando se trata de la Historia más grande jamás contada.

Así, como La Gran Pasión, se conocía este oratorio inmortal en el siglo diecinueve. Y así lo corroboró esta hermosísima versión que ha servido este año para cerrar con broche de oro el Festival de Música Antigua de Sevilla. Una espléndida mañana primaveral de Domingo de Ramos y un Maestranza casi lleno hicieron justicia a uno de los más hermosos oratorios jamás disfrutados en nuestra ciudad.

Rosen, Jonathan Cohen y Nick Pritchard

Hace años que el Femás cierra alternativamente con las dos pasiones de Bach. Éste hemos tenido la suerte de disfrutarlos ambos, abriendo el mes de marzo con la de San Juan de la mano de Andreas Scholl y Divino Sospiro, fuera del festival, y cerrándolo ahora con esta indescriptible y emocionante versión que de la de San Mateo han hecho Jonathan Cohen, la orquesta y coro Arcangelo y una plantilla inmejorable de solistas.

Dispuestos como está marcado, en formación de dos orquestas y dos coros organizados simétricamente, dialogando unos con otros, y con el clave de Cohen y el órgano de Tom Foster ejerciendo de bisagra, el coro de obertura, con su particular lamentación desplazándose de un lado al otro, ya captó por entero nuestra atención y nos preparó para toda la emoción y la admiración que iba a ir apoderándose de todos y todas. A partir de ahí, pura magia, puro drama y mucho, como nunca, sentimiento.

Cohen fue capaz de dosificar el numeroso conjunto convocado de manera que cada frase y cada matiz quedaran perfectamente expuestos, sin enmarañamiento y sin marcar en exceso los acentos y las tensiones. Fue quizás el toque británico, que no permite acrobacias innecesarias y se regocija en la mera partitura, el que procuró que el sonido fuera lo más elegante y hermoso posible, pero sin amaneramientos ni florituras innecesarias, aún echando mano de ritmos y texturas lo más próximos posibles al uso de instrumentos y técnicas históricamente informadas.

Solistas excepcionales

Carolyn Sampson

Una sensacional plantilla de solistas, y un no menos digno puñado de voces extraídas del coro para dar forma a los personajes de la narración, completaron una Pasión monumental y exquisita en todos sus aspectos. La voz rotunda y profunda, de timbre metálico, así como la convincente actuación del bajo estadounidense Alex Rosen, hizo de su Cristo un personaje tan atroz como escalofriante, toda una invitación a la reflexión. Por su parte, el tenor Nick Pritchard como Evangelista, compuso un narrador potente y de fuerza arrolladora allí donde el drama lo exigía.

Entre los personajes bíblicos, destacaron las voces graves y rotundas de Hugo Herman-Wilson como Judas y Patrick Keefe como Pilatos. Las arias fueron perfectamente entonadas por la soprano Carolyn Sampson, de voz algo pequeña pero ideal para cantar con tanto gusto y elegancia Ich will dir mein Herze schneken (Quiero entregarte mi corazón), el veterano bajo alemán Thomas E. Bauer, decididamente tremolante pero henchido de ternura en Mache dich (Purifícate), y el tenor británico Hugo Hymas, seguramente el timbre más bello de cuantos comparecieron, e igualmente con un fraseo exquisito y una sobrada proyección.

Hugh Cutting

Capítulo aparte merece el contratenor, también británico, Hugh Cutting, toda una sorpresa, de voz homogénea y un color perfecto, que logró con sus cinco arias estremecernos, especialmente con esos dos milagros melódicos que son Erbarme dich (Ten piedad de mí), acompañado con una dulzura extrema por los violines primero y segundo de la primera orquesta, y Können Tränen meiner Wangen (Si las lágrimas de mis mejillas), donde la cuerda de la segunda orquesta sonó majestuosa y piadosa, logrando que nuestras lágrimas no fueran impotentes, sino el resultado de una emoción sincera y trascendental.

Mención especial merece también el magnífico trabajo de las maderas y la cuerda grave, potenciando la ternura generalizada unas y la fuerza y cuerpo los otros. Con estos ingredientes, una estética asentada en la sinceridad, la ternura y el sentimiento más profundo y natural, no es de extrañar que gran parte del público saliera extasiado de tan sensacional acontecimiento, sobre todo después de ser testigos de un número final, Wir setzen uns mit Tränen nieder (Llorando nos postramos), en el que volvió a ponerse de manifiesto la gran compenetración de todos y cada una de las integrantes del coro, y ese aire de Gran Pasión que destiló toda la función.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 29 de marzo de 2026

ORQUESTRA DEL MIRACLE O CUANDO SER NOVEL NO ESTÁ REÑIDO CON LA EXCELENCIA

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquestra del Miracle. Juan de la Rubia, órgano y dirección. Programa: Obertura de “Rodelinda, Regina de’ Longobardi” HWV 19 y Obertura de “Il pastor fido” HWV 8, de Haendel; Sinfonías de las cantatas “Geist una Seele wird verwirret” BWV 35, “Ich steh mit einem Fuss im Grabe” BWV 156 y “Wir müssen durch viel Trübsal” BWV 146, de Bach; Emitte spiritum tuum, de Francisco Valls; Wassermusik TWV 55:C3, de Telemann. Espacio Turina, sábado 29 de marzo de 2026


La penúltima cita del presente Festival de Música Antigua contó con la singular aportación del joven conjunto catalán Orquestra del Miracle. Joven por su reciente fundación hace apenas tres años y por la media de edad de su flamante plantilla. Al frente de todos y todas ellas, el extraordinario organista de Vall de Uxó, Juan de la Rubia. Juntos hicieron alarde de una sólida compenetración, una estética muy acorde al carácter festivo de la propuesta y una disciplina férrea, con lo que consiguieron resultados tan satisfactorios como los obtenidos en éste su primer concierto en Sevilla.

En su declaración de principios, Orquestra del Miracle pone de relieve la importancia de la música de la época que se hacía en nuestro país, y situarlo en su contexto a través de una comparativa con lo que sonaba en el resto de Europa. Justamente ésta fue su propuesta en esta ocasión, tomar un motete escrito para la Pentecostés en su versión instrumental, sustituyendo la voz humana por la de la flauta, y demostrar la influencia en su gramática y lenguaje de los grandes maestros del momento, Bach, Haendel y Telemann.

La verdad es que la operación puso en evidencia la simpleza de la pieza de Francisco Valls frente a la creatividad y magnificencia de las obras seleccionadas de los grandes compositores convocados. No obstante, en el idiomático órgano de de la Rubia y la cálida flauta de Marit Darlang, la obra cobró cierta gracia e indiscutible amabilidad. Nada que ver, sin embargo, con la majestuosidad del arranque de manos de Haendel y su obertura para la ópera Rodelinda, que el conjunto marcó con una fuerza arrolladora y una precisión matemática.


Tres grandes del Settecento

Más compleja es la singular obertura de Il pastor fido, con nada más y nada menos que cinco movimientos, de los que destacamos el dulce largo y el melancólico adagio, ambos defendidos por Kathryn Elkin con fraseo flexible y legato fluido al oboe. Sensacionales sonaron las tres sinfonías extraídas de sendas cantatas de Bach, dos de ellas más conocidas por sus transcripciones para clave. De la Rubia desplegó todo su virtuosismo, precisión y vigorosa articulación al órgano en la BWV 35, así como su elegante fraseo, junto al oboe de Elkin, en la BWV 156, más popular como largo del Concierto para clave BWV 1056. Pero fue fundamentalmente en la Sinfonía de la BWV 146 donde exhibió su generosa habilidad y fulgurante digitación, dejándonos literalmente boquiabiertos.

Con una selección de la Música acuática de Telemann – inexplicablemente se dejaron fuera dos de sus diez movimientos – se dio por terminado oficialmente el concierto. A la majestuosidad y el vigor de la larga obertura, así como al carácter pastoril de la zarabanda, siguieron momentos de gran compenetración, como el bourrée, y de simpática candidez, el loure, pero sobre todo un tempestad de fascinante resolución con la inestimable intervención del concertino, Vadym Makarenko, a quien hace precisamente tres años pudimos disfrutar junto a Amandine Beyer y Gli Incogniti en este mismo Espacio Turina.

Tras esta suite que terminó a zapatazos con el alegre y cantarín canario final, tocaron como propina un allegro de Antonio Soler, de idéntica arquitectura virtuosa y graciosa resolución, muy relacionado con el Monasterio de Montserrat al que está adscrito el Santuario del Miracle donde se formó esta prometedora orquesta barroca.

Fotos: José Antonio de Lamadrid
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 28 de marzo de 2026

EL JAZZ PURO SE CUELA EN LA ROSS DE LA MANO DE WAYNE MARSHALL

Sinfónico 9: Rapsodia americana. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Wayne Marshall, piano. Lucas Macías, dirección. Programa: Ceci n’est pas une valse, de Raquel García-Tomás; The Unanswered Question S.50, de Ives; Suite for Variety Stage Orchestra nº 1, de Shostakóvich; Obertura de Candide, de Bernstein; Rhapsody in Blue, de Gershwin. Teatro de la Maestranza, viernes 27 de marzo de 2026


Más de un mes ha tenido que pasar para reencontrarnos con la programación de abono de la Sinfónica, y ha sido de la mano de uno de los programas más atractivos y distendidos de la temporada, dedicado fundamentalmente a la música importada de Estados Unidos, ya sea para deconstruir un vals de aires misteriosos al más puro estilo cinematográfico, recrear desde la Unión Soviética sonidos vodevilescos con aires de show business, o rendir pleitesía a tres grandes nombres de la música estadounidense. La joven Raquel García-Tomás y el legendario Shostakóvich dialogaron así con Ives, Bernstein y Gershwin, mientras Wayne Marshall fue la estrella indiscutible al final de la función.

De un misterio existencial

La obra de la catalana Raquel García Tomás, galardonada en 2020 con el Premio Nacional de Música en la modalidad de composición, parte del impresionismo francés, perceptible incluso en el título, Ceci n’est pas une valse (Esto no es un vals), para continuar siguiendo cánones de la música cinematográfica que tanto ha influido en las nuevas generaciones de compositores y compositoras. Arranca de forma estrepitosa para después ir paulatinamente enganchando al oyente con su acumulación de capas instrumentales y esos elegantes destellos de vals que se van colando en un intenso universo, al que la ROSS respondió con todo el ahínco y la pasión que fue capaz de contagiarle un entusiasta Lucas Macías a la dirección.

Siguiendo una estética parecida, volvimos a enfrentarnos a esa pregunta sin respuesta que plantea la obra más recurrente de Charles Ives, por tercera vez en una década, tras interpretarla la Sinfónica Conjunta y la ROSS en ocasiones igualmente memorables. La novedad residió en colocar esta vez la trompeta solista y las maderas en las zonas más altas del teatro, enfrentadas, provocando así un aire cósmico y envolvente que traduce muy bien esa desazón por la propia existencia que plantea la breve pero intensa página, y que tanta relación guarda con algunas de las piezas sinfónicas más celebradas de un autor al que apenas prestamos atención más que para programar ésta.


A la celebración lúdica

Ha sido un verdadero placer escuchar en los atriles de la ROSS la que siempre conoceremos como Jazz Suite nº 2 de Shostakovich, también conocida como Suite para orquesta de baile, y rebautizada como Suite para orquesta de variedades. Al margen del celebérrimo Vals nº 2 que tan popular se hizo de la mano de Kubrick en su última película, Eyes Wide Shut, y rápidamente se convirtió en un imprescindible en bodas, la suite, integrada por piezas concebidas por su autor para diversos cometidos de carácter lúdico, respira aires de distinta índole.

Macías la dirigió con todos los posibles efectivos a su alcance, restándole así parte de ese aspecto circense y vodevilesco para concederle un aspecto más majestuoso, brillante y decididamente espectacular. Esto no fue óbice para que el conjunto sonara eficiente, impecable desde un punto de vista estrictamente técnico, con solos excelentes de saxofón y una cuadrilla del instrumento en perfecto estilo swing, y aportaciones igualmente notables del acordeón, uno de los instrumentos añadidos a tan generosa plantilla. Un trabajo muy colorido, que quizás restó algo de ironía al conjunto, a favor de una espectacularidad enorme y una fuerza decibélica impresionante.

Ya en la segunda parte, no fue quizás la obertura de la ópera u opereta, según cada uno y una la considere, Candide de Leonard Bernstein, la pieza más redonda a nivel de interpretación. De nuevo muy recargada de efectivos, rígida en las transiciones y atropellada en algunos pasajes, Macías tendría que haber trabajado más las aristas sofisticadas y elegantes de la pieza para que no acabara pareciendo una recreación simplemente obligada y circunstancial.


Toda una leyenda del piano, un clásico del jazz moderno, el británico Wayne Marshall no vino para interpretar la Rapsodia en Blue programada para este noveno concierto de abono, sino que se trajo su propia Rapsodia en Blue, de forma que fue él, tanto o más que Macías, quien sentó las directrices a las habría de someterse la interpretación de la famosa pieza. La suya fue todavía más jazzística que la que hace años nos ofreció Michel Camilo, arrancando de forma tan acelerada que a algunos de los músicos pareció costarle seguirle el ritmo. Creímos por un instante que despacharía la pieza en un santiamén, hasta que justo antes del hermoso blues central, se embarcó en unas variaciones a modo de improvisadas candencias de su propia cosecha que alargaron considerablemente la pieza.

Volvió a hacerlo, para deleite de muchos y muchas aficionadas, y posiblemente irritación de otros, tras el blues y casi al final a modo de coda, exhibiendo todo su potencial al piano, su fabulosa creatividad y un dominio del lenguaje puramente jazzístico a mayor satisfacción de los más exigentes eruditos en la materia. John Axelrod ya extrajo todo el potencial jazzístico de una convenientemente versátil ROSS en aquel ya lejano Harlem de Duke Ellington, lo que de nuevo quedó demostrado en esta versión algo abigarrada pero en perfecto estilo de la archiconocida pieza de un Gershwin que atesora otras piezas de concierto dignas de programarse, aunque su grueso sean musicales y canciones sueltas. Lady Be Good, del musical homónimo, sirvió como propina para que Marshall la sometiera a coloristas figuraciones de una apabullante creatividad.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 27 de marzo de 2026

ESPECTACULAR AUNQUE SATURADO ZIMMER EN ROIG ARENA

En la despedida, podemos distinguir en las pantallas superiores a Zimmer, Lebo M y Lisa Gerrad

Hans Zimmer
vuelve a estar de gira por Europa, y después de visitar varios países del norte y centro del continente, le ha tocado el turno a la Península Ibérica. Anoche estuvo en Valencia y ahora viajará a Barcelona, Madrid y Lisboa. Las entradas para el concierto de Valencia se pusieron a la venta hace casi dos años, antes incluso de que el Roig Arena, el palacio de deportes donde se celebró, estuviera acabado. Y se agotaron casi en el acto, aunque luego han ido apareciendo vacantes de forma progresiva.

Veníamos avisados de que el flamante edificio del empresario valenciano no contaba con las condiciones acústicas adecuadas, y así pudimos comprobarlo en un sobresaturado concierto de Zimmer y su fiel compañía. En esta tierra que amamos, se hacen obras faraónicas que no logran cubrir todas las expectativas, como una Ópera imperiosa y vanguardista que se permite, en alas de la belleza estética y la estructura clásica, contener localidades de visibilidad limitada o nula, y no pocas. Y de la misma forma, un palacio de deportes concebido también para espectáculos musicales, con una acústica imposible, que distorsiona y satura el sonido. Si se trata de Zimmer, con su propuesta súper decibélica, los resultados pueden llegar a ser puntualmente desastrosos.


Así sucedió nada más empezar, con un Caballero oscuro en modo tecnodance en el que resultó imposible distinguir melodía alguna, y donde ya atisbamos algo que sería tónica general, que la imprescindible amplificación ahogaba los sonidos. Así, por muchos y muchas músicos que hubiera sobre el escenario, todos y todas parecían hacer un paripé mientras lo que escuchábamos parecía ser una grabación. Naturalmente, confiamos en que no fuera así. Hay talento en el multitudinario ensemble manejado por un feliz y ya septuagenario compositor, si bien echamos en falta la participación de orquesta sinfónica, como así aparece en el disco de la primera etapa de esta gira.

La nueva etapa se llama The Next Level, y en ella reinventa muchos de los arreglos a los que ha sometido sus bandas sonoras más icónicas, con el fin de hacerlas digeribles en un espacio público y lograr, con la colaboración inestimable de unos músicos excelentes, que muchos temas suenen frescos y diferentes en cada comparecencia. Así ocurrió con El hombre de acero, con el que el guitarrista Guthrie Govan se marcó un impresionante solo, o el emocionante bloque dedicado a la África del apartheid, a la que el compositor puso música en varias producciones de sus primeros años, incluida Un mundo aparte, La fuerza de uno y El rey león. Las dos últimas sonaron en el Roig, con especial dedicación al film de Disney que le reportó su primer Oscar, aunque fuera a remolque de las canciones de Elton John.


Naturalmente, en concierto Zimmer sólo interpreta su partitura original, con el único préstamo de ese Círculo de la vida que reaparece en modo coral y apoteósico al final de la película. Treinta años después, la voz de Lebo M suena igual de bien, con toda su fuerza y majestuosidad. Una puesta en escena colorista y un equipo entregado, especialmente la también cantante Refi y el danzante y disciplinado coro, hicieron las delicias de un público respetuoso y embelesado.

Pero quizás el momento más extraordinario y emotivo lo vivimos con la suite de Interstellar, música a la que Zimmer dedicó unas palabras de presentación, asegurando que primero fue la música, como ilustración de un cuento dedicado a su hijo que Christopher Nolan le envió por carta, y que germinó en una película cuando el director escuchó los breves compases que Zimmer compuso para él. Unos compases que derivaron en una de las más fascinantes bandas sonoras de todos los tiempos, una misa cósmica y mística en la que el órgano tiene una enorme relevancia, y que en concierto pierde parte de su majestuosidad tras los obligados arreglos, pero sigue manteniendo su capacidad de fascinación. Si encima el espectáculo se redondea con una acróbata suspendida en el aire, vestida con un traje de espejos al estilo de las bolas de discoteca, con efecto reflectante que expandía su luz a todos los rincones del lugar, la emoción y la sorpresa están más que aseguradas.


Junto a Lebo M, otra leyenda de la escuela Zimmer, Lisa Gerrard, hizo también su aportación, demostrando igualmente que mantiene su voz en perfectas condiciones, para entonar naturalmente algunos de los pasajes de Gladiator, sobre todo ese Now We Are Free tan emblemático y cargado de significación. También la voz de Loire Cotler hizo su aparición para arrancar Dune y reaparecer a lo largo de la función en otros temas de la oscarizada película y su secuela, recreando sus propias aportaciones a la grabación original de la partitura. Cabe destacar también el elegíaco solo de violonchelo de Hannibal, y el trabajo coral desplegado en El Código Da Vinci y su secuela, Ángeles y demonios, además del ritmo frenético con el que el equipo atacó F1, otro delirio rock psicodélico que nos dejó boquiabiertos. Sin olvidar el bloque final dedicado, en el apartado de propinas, a Piratas del Caribe, incluida una versión tecnodance de The Kraken y la puntilla final con el tema principal de la saga, compuesto en realidad por uno de los discípulos de Zimmer, Klaus Badelt. Para terminar definitivamente, tras casi tres horas de concierto, con los hipnóticos créditos finales de Origen.

Lástima que todo, o casi, sonara con esa distorsión denunciada, provocando a menudo más ruido que música, y que en esta gira haya prescindido del apartado sinfónico, resuelto con sintetizadores. Esperamos que este defecto se alivie con la acústica del Palau Sant Jordi, mejor preparado para estas ocasiones. Pero nada logró ser un verdadero obstáculo para considerar ésta una cita memorable con la música, el cine y una leyenda absoluta, que pocos advertirían llegaría a serlo cuando debutó como líder de The Buggles y ese one hit wonder que fue Video Killed the Radio Star, o cuando acompañó a Mecano en una gira, antes de saltar a la fama con las bandas sonoras de Rain Man y Paseando a Miss Daisy.

Estreno en salas de YO CREO EN TÍ

Reseña de la película, estrenada en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde logró el Giraldillo de Oro y los premios a mejor actriz y mejor guion

miércoles, 25 de marzo de 2026

LA SONRISA DEL MAL Fanatismo curativo

Título original: La valle dei sorrisi
Italia-Eslovenia 2025 122 min.
Dirección
Paolo Strippoli Guion Jacopo Del Giudice, Paolo Strippoli y Milo Tissone Fotografía Cristiano De Nicola Música Federico Bisozzi y Davide Tomat Intérpretes Michele Riondino, Giulio Feltri, Paolo Pierobon, Romana Maggiora Vergano, Roberto Citran, Sergio Romano, Diego Nardini Estreno en el Festival de Venecia 30 agosto 2025; en Italia 17 septiembre 2025; en España 20 maro 2026


En sus múltiples cortometrajes y tres largometrajes, el primero dirigido con Roberto De Feo, el joven Paolo Strippoli parece decidido a darle la vuelta al género de terror, convirtiendo en algo diferente la pérdida en el bosque de La clásica historia de terror, la sustancia que nos enfrenta a nuestros miedos en Piove, y ahora la posesión y el fanatismo religioso en este Valle de sonrisas que aquí hemos titulado con el más vulgar La sonrisa del mal. Lástima que para ello eche mano de personajes y situaciones archivistas, desde el extraño en una comunidad que acarrea sus propios traumas y miedos, al joven de mirada intensa y comportamientos bizarros que genera el malestar imperante en una cinta que procura generar una atmósfera no siempre lograda a todos los efectos.

Su, no obstante, inquietante trama se ambienta en una aldea montañosa al norte de Italia, con demasiados jóvenes escolarizados como para exhibir tan pocos habitantes, y un trauma generalizado que nos recuerda a la reciente tragedia de Adamuz, a pesar de que la pérdida de vidas no debería asociarse a un pueblo de paso. La alegría recuperada pasa por entregarse en cuerpo y alma a un joven aparentemente inocente que esconde un turbio poder como vehículo del mal y la enajenación más absoluta. En este contexto surge el extranjero que pretende resolver la situación y desenmascarar el fanatismo reinante entre la multitud, lo que lógicamente deberá desatar la violencia y la sinrazón.

Cerca quizás de los postulados dramáticos de un Shyamalan, la cinta de Strippoli no llega en ningún momento a alzar el vuelo, ni sirve como ensayo sobre nuestros miedos y cómo pueden llegar a bloquearnos. Se queda en tierra de nadie, logrando dar la vuelta al género pero definiendo a su supuesto monstruo como ser ambiguo y presuntamente homosexual, un detalle que suele potenciar la vía del mal cuando de cineastas reaccionarios se trata. Por lo demás, su argumento llega a resultar confuso y, en su afán de ser discreto y elegante, no llega a explotar sus posibilidades, que podrían haberle reportado esa fascinación que tantos buscamos cuando de retratar el mal con tintes diabólicos se trata.

ZETA Imposible remedo ibérico

España 2026 125 min.
Dirección
Dani de la Torre Guion Oriol Paulo, Jordi Vallejo y Dani de la Torre Fotografía Josu Inchaustegui Música Manuel Riveiro Intérpretes Mario Casas, Luis Zahera, Mariela Garriga, Nora Navas, Christian Tappán, Cristina Umaña, Ricardo de Barreiro, Pablo Álvarez, Nieve de Medina, Luisa Vides, Amanda Goldsmith Estreno en Amazon Prime 20 marzo 2026

Curtido en cintas de acción e intriga como El desconocido, La sombra de la ley, así como la serie de televisión Marbella, el gallego Dani de la Torre se encarga en su cuarto largometraje, tras la simpática y amable Live Is Life. La gran aventura, de bautizar al que parece pretenderse sea un nuevo héroe de acción al estilo de Jason Bourne o Ethan Hunt, desde una óptica ibérica totalmente desprejuiciada y desacomplejada. El problema es que el proyecto se acaba asumiendo a imagen y semejanza del cine estadounidense al que pretende dar réplica, lo que provoca que, a pesar de un holgado presupuesto y una factura técnica importante, los resultados queden muy por debajo de sus modelos a todos los niveles, tanto de espectáculo como de guion.

Así, el trío de autores plantean una trama bastante risible, muy básica y absolutamente previsible, con un Mario Casas cada vez más musculoso e hipertrofiado, protagonista que bebe de sus hermanos traumatizados y con rostro impenetrable, sin atisbo de humor ni gracia, y lo que es peor, sin apenas relieve. A partir de ahí, Luis Zahera le da réplica sin esfuerzo alguno, pero tampoco sin aportar mayor interés a una trama definitivamente endeble. Las escenas de acción quedan muy por debajo de lo deseable, y todo se rellena con un exceso discursivo destinado a explicarlo todo al detalle y que el público lo entienda todo sin complicación.

No se logra, por lo tanto, dar al conjunto un aroma propio, cayendo incluso en ese desprecio habitual y absoluto en este tipo de producciones por la vida, que provoca decenas de muertos en cada secuencia de acción. Una copia sin entidad propia, mucho vuelo de dron, multitud de localizaciones, aunque a la larga parezca que la mayoría de concentran en un escenario único camuflado para cada ocasión, y personajes acartonados y sin entidad propia, como esa Nora Navas, ejecutiva del CNI con imposible peluca que se encarga de dar réplica femenina a la testosterona de la pareja protagonista, mientras la actriz cubana Mariela Garriga se apunta a la masculinidad en igualdad de malas condiciones que sus protagonistas de reparto. Una música omnipresente, siguiendo idénticos cánones que el resto de la propuesta, se encarga de redondear el desaguisado.

ÁGUILAS DE EL CAIRO Intrigas de poder

Título internacional: Eagles of the Republic
Suecia-Francia-Finlandia-Dinamarca-Alemania 2025 127 min.
Dirección
Tarik Saleh Guion Tarik Saleh y Magdi Abdelhadi Fotografía Pierre Aïm Música Alexandre Desplat Intérpretes Fares Fares, Lyna Khoudri, Zineb Triki, Amr Waked, Cherien Dabis, Sherwan Haji Estreno en el Festival de Cannes 19 mayo 2025; en Finlandia 24 septiembre 2025; en España 13 marzo 2026

Sueco de origen egipcio, Tarik Saleh se ha labrado cierta reputación con su trilogía de El Cairo, así bautizada en nuestro país, mientras en ninguno de sus títulos originales se hace mención de la capital egipcia. Corrupción, extremismo islámico e intrigas políticas se han hecho eco en estas tres producciones, Conspiración en El Cairo, El Cairo Confidencial y ahora ésta, que tienen siempre al actor Fares Fares, también nacionalizado sueco pero nacido libanés, como protagonista. Su papel en esta película como famoso y mujeriego actor del país norteafricano, no acaba de convencer
No tiene ni el atractivo físico ni la capacidad de seducción que requería convertirlo en una especie de Omar Shariff, a pesar de lo cual, gracias a su carisma y su profesionalidad, logra encauzar esta intriga política a gran escala en la que se mezcla la impostada glorificación del mandatario del país desde hace más de una década, Abdelfatah el Sisi, con líos de alcoba y un sabotaje desde las altas esferas del régimen.

El film luce buena factura, con alguna espectacular secuencia y un ritmo adecuado a las circunstancias. Sin embargo, se pierde en datos y personajes, generando un paulatino desinterés que, cuando ha avanzado lo suficiente en su largo metraje, ya no crea empatía alguna, quedando algo por debajo de los títulos precedentes. Estrenada en Cannes, pudo verse también en el Festival de Cine Europeo de Sevilla en la sección reservada a las candidatas a los Premios de la Academia Europea del Cine, donde finalmente no obtuvo ninguna nominación. Alexandre Desplat se encarga de dar empaque a la cinta con una comedida banda sonora en la que predominan atmósferas intrigantes por encima de su habilidad melódica.

lunes, 23 de marzo de 2026

RETRATO DE FAMILIA EN PERFECTA SIMETRÍA

Diálogos concertantes con la colaboración de la Fundación Barenboim-Said. Michael Barenboim, violín y viola. Elena Bashkirova, piano. Programa: Sonatina para violín en la menor nº 2 Op.137 D.385 y Sonata en la menor para arpeggione y piano D.821, de Schubert; Sonata para violín y piano nº 1 en la menor Op.105 y Märchenbilder para viola y piano Op.113, de Schubert. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, domingo 22 de marzo de 2026


Sin duda alguna, la de este domingo en el Maestranza ha sido la cita estrella del ciclo Diálogos concertantes que celebra con la colaboración de la Fundación Barenboim-Said. Se trata de Michael Barenboim, el excelente violinista hijo del ilustre fundador, y su madre, Elena Bashkirova, segunda esposa del pianista y director de orquesta, israelí de origen ruso, una mezcla sin duda explosiva que demuestra que hay muchos y muchas que no se dejan arrastrar por el fango de la infamia. No olvidemos que la fundación trata de llevar la paz a los territorios hostigados, acercando a palestinos e israelíes, un objetivo cada vez más lejano y frustrado.

No estaba asegurada, pero todo corría a favor de que la compenetración fuera sobresaliente, y así fue, a pesar del toque algo mecánico y a menudo falto de vuelo lírico de la veterana pianista. Sin embargo, logró hacer con su hijo el tándem perfecto, controlando en la medida de lo posible su presencia en cada una de las piezas seleccionadas. El diseño del programa, en perfecta simetría, con el violín protagonizando la primera parte y la viola la segunda, se centró en páginas de enorme calidad, exuberante romanticismo y considerable melancolía, que madre e hijo llevaron por la mejor de las sendas posibles.


Barenboim exhibió un considerable virtuosismo en la Sonatina nº 2 de Schubert, con grandes intervalos y estimulantes crescendos y decrescendos que generaron máxima tensión. Siguió un encantador lirismo, fuertemente contrastado en el andante, así como un gran trabajo en armonía en el minueto, hasta desembocar en un elaborado allegro final que demostró el riguroso diálogo entre las partes convocadas.

Más enjundia tiene la Sonata para violín y piano nº 1 de Schumann que completó la primera parte, una hermosa página cargada de imperioso sufrimiento a pesar de lo mucho que se ha criticado al autor su torpe trabajo con el violín, a menudo cargado de graves. En manos de Barenboim, el primer movimiento sonó apasionado y a la vez sombrío. El allegretto central resultó discreto pero no falto de aliento poético, y el movimiento final, animado, sumamente melódico y de nuevo doloroso. Al sonido homogéneo y el fraseo flexible del violinista se sumó en todo momento la colaboración atenta y fiel de la consumada pianista.


Viola en mano, instrumento del que demostró también poseer un dominio técnico absoluto, comenzó la segunda parte del concierto con una obra de Schumann que se titula Ilustraciones de cuentos, un ciclo ensoñador, poético y definitivamente feliz. Barenboim hizo gala de lucidez y sensibilidad afrontando un diálogo melancólico, a veces enérgico, prestando atención a la fantasía y emotividad impresas en una página que concluye con una preciosa canción de cuna en la que brilló una gran compenetración entre ambos intérpretes.

Terminó como empezó, con Schubert, esta vez con su popular Sonata para arpeggione, obra de circunstancia para promover un instrumento efímero derivado de la viola da gamba, híbrido entre la guitarra y el violonchelo, que hoy se suele tocar al violonchelo. No obstante, a la viola Barenboim consiguió exprimir sus posibilidades melódicas, llenas de encanto y espíritu ensoñador, con una particular dulzura y la complicidad siempre a punto de Bashkirova. Luz y alguna que otra tiniebla se hicieron eco en esta expresiva y expansiva página que pone de manifiesto la enorme inventiva melódica de su autor, siempre bajo una articulación precisa, un fraseo flexible y poético, y una compenetración llena de sutileza y lirismo.

Fotos: Guillermo Mendo

domingo, 22 de marzo de 2026

EN LA ALCOBA DEL EMPERADOR

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Carles Blanch, vihuela. Pedro Estevan, percusión. Programa: Piezas de “Intabulatura de lauto, libro cuarto” de Joan Ambrosio Dalza, “Libro de música de vihuela de mano intitulado El Maestro” de Luis de Milán, “Los seys libros del Delphin” de Luis de Narváez, “Tres libros de música en cifra para vihuela” de Alonso Mudarra, “Orphénica Lyra” de Miguel de Fuenllana, “Danserye” de Tielman Susato, e improvisaciones de Blanch y Estevan. Iglesia de Santa Clara, domingo 22 de marzo de 2026


Sólo a título testimonial, el joven catalán Carles Blanch, especializado en cuerda pulsada, y nuestro viejo amigo percusionista Pedro Estevan, celebraron en la magnífica Iglesia de Santa Clara, restaurada hace apenas tres años, la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal en Sevilla hace justamente quinientos años, en marzo de 1526. Unos fastos que se recuerdan en esta época reaccionaria que estamos viviendo con el dichoso y recurrente mapping incluido, justo en los muros del Alcázar donde se celebró la unión. Y un rey, Carlos I de España, al que ahora recordamos como V de Alemania para dejar claro su dominio en el mundo de entonces.


Pero es la música lo que nos importa, y si esta efemérides nos sirve para acercarnos a la música que debió sonar en palacio, en la corte, sus salones, y por qué no, en la alcoba, dado el carácter predominantemente intimista de la propuesta, nos vale. Extraídos de diversas fuentes influyentes en la época, de Venecia a Amberes, pasando por Valencia, Valladolid y, por supuesto, Sevilla, de la mano de Alonso Mudarra y Miguel de Fuenllana, Blanch se empleó a fondo, con gran deleite y satisfacción en su rostro y expresión, para puntear, tañer y rasguear la elegante vihuela de mano, instrumento de cuerda pulsada más representativo del renacimiento español durante el siglo XVI.


Su toque limpio e impecable hizo que sonaran imprescindibles de Luis de Milán, con exquisitas pavanas de estética delicada e intimista, Luis de Narváez, con elocuentes diferencias sobre la recurrente Guárdame las vacas, Mudarra con envolventes fantasías, y Fuenllana, con gallardas y otras danzas inspiradas en otros grandes como Morales o Guerrero. Blanch demostró una fluidez extraordinaria, gran dominio técnico y una generosa gama expresiva en todo el concierto, haciendo alarde de una adecuada improvisación y ornamentación, e incluso cantando con voz dulce, muy en estilo, Paseábase el Rey Moro, Duélete de mi señora o la famosa Tres morillas me enamoran del cancionero de Palacio, que sirvió para someterla junto a otras piezas de Josquin e Isaac, a imaginativas glosas o improvisaciones.


Por su parte, Estevan desplegó toda su sabiduría, exquisitez y delicadeza a aportar fantasía con su estimulante dominio de la percusión, en panderos, sonajeros, campanas, derbake, tamboril y otros artilugios empleados en la forma más elegante y sugerente posible, potenciando el trabajo de su joven compañero o añadiendo ritmo y sensualidad a la propuesta. El joven clavecinista Guido García, ganador de la beca de la Asociación de Amistades de la Barroca de Sevilla de 2024, ambientó al magnífico órgano del templo la entrada del público, aunque pocos fueron los que se hicieron eco de tal honor. Otros, por el contrario, se encargaron de sabotear a los músicos, justo en los momentos más delicados, con toses implacables, sonido de móvil, plástico de botella de agua y continuos chirridos de suela de zapato, y estaban sentados en primera fila.

Fotos: Lolo Vasco

HARNONCOURT EN EL RECUERDO DE CONCENTUS MUSICUS WIEN

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Concentus Musicus Wien. Stefan Gottfried, dirección. Programa: Conciertos de Brandeburgo BWV 1046-1051, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 21 de marzo de 2026


Hace cinco años, en el marco de la trigésimo octava edición del Femás, Café Zimmermann interpretó de una sola tacada los seis Conciertos de Brandeburgo de Bach, y fue un éxito. Unos años antes fue nuestra Barroca la que se hizo eco de tal hazaña, aunque en dos entregas, con resultados harto satisfactorios. El prestigioso conjunto austriaco Concentus Musicus Wien terminó ayer en Sevilla una gira que les ha llevado por diversas ciudades españolas y portuguesas, entre ellas Oviedo, Valencia y Las Palmas de Gran Canaria, con el mismo programa y un considerado homenaje a quien fuera su fundador, el insigne Nikolaus Harnoncourt, cuando se cumple una década de su fallecimiento. También ellos y ellas ofrecieron el ciclo completo de una sola vez.

Estos conciertos, que en un principio no constituían un conjunto, sirvieron a Bach como salvoconducto para conseguir un puesto en Berlín, para lo que los entregó en 1721 al tío del rey Federico Guillermo I, margrave de Brandeburgo, procedentes de distintos conciertos para varios instrumentos en función de los efectivos con los que el autor contaba en la Corte de Köthen, y que revestían una considerable dificultad. Hace más de medio siglo, Gardiner, Pinnock, Goebel, Harnoncourt y otros músicos abrieron una nueva vía en la interpretación de la música del Barroco y primer Clasicismo.

El uso de instrumentos antiguos y el estudio de criterios de interpretación acordes a la práctica de la época, se convirtieron desde entonces en pilares fundamentales de los nuevos usos interpretativos de esta música. Harnoncourt fue, por lo tanto, pionero en la materia, y en su memoria, echando mano más del bullicio y la alegría que de la nostalgia, abordaron estos seis irrepetibles y fundamentales conciertos los y las actuales – mayoría femenina – integrantes del famoso conjunto vienés.

Destacados solistas

Arrancaron con un Concierto nº 1 en Fa mayor algo caótico y deslavazado en su primer movimiento, con las trompas evidenciando más de una estridencia y salida de tono, conscientes por supuesto de su extrema dificultad, y el resto abordando su cometido desde una aparente desgana. Por estos derroteros deambuló también un adagio falto de garra y seducción, hasta que en el cuarto movimiento, ese minueto alternado con diversas danzas de aires afrancesados, la tónica comenzó a mejorar, con aportaciones ya más acorde de los y las diversas solistas. Sin embargo, pudimos apreciar la falta de empuje y personalidad del desvaído violín del veterano concertino Erich Höbarth, que se mantendría prácticamente hasta el final de la exhibición.


La generosa formación con la que Concentus Musicus Wien acudió a su cita sevillana, se redujo considerablemente, sólo cuerda y clave, una vez más gentileza de Alejandro Casal, en el Concierto nº 3 en Sol mayor, ya más ágil y bien ritmado, y con broma incluida de su director y clavecinista Stefan Gottfried, que se encargó del breve adagio libre e improvisado, apenas enlace entre los dos agitados movimientos extremos, introduciendo compases de la habanera de Carmen y aires aflamencados, un detalle hacia nuestra tierra que no fue apreciado por el numeroso público convocado. El nº 5 en Re mayor se benefició de un affetuoso central orgánico y bien medido a nivel expresivo, con un trabajo exquisito al clave, vertiginoso en el allegro inicial, y una efectiva compenetración entre los solistas, incluida la discreta pero bien entonada flauta travesera de Annie Lafiamme.

Sensacionales fueron las aportaciones de las flautas dulces, Rahel Stoellger y Patricia Nägele, y sobre todo de la violinista Theona Gubba-Chkheidze, dechado de musicalidad en el Concierto nº 4 en Sol mayor, que en el andante central se escondieron tras las bambalinas para reforzar el carácter de eco que les atribuye la partitura. Igualmente excelente fue la intervención de los dos violistas, Pablo de Pedro y Firmian Lermer en el nº 6 en Si bemol mayor, con un duelo exacerbado entre ellos, que logró cotas de fuerza y agilidad realmente estimulantes.

De la misma forma conviene destacar el trabajo de Gabriele Cassone en el nº 2 en Fa mayor que cerró la propuesta, curiosamente el mismo intérprete que se hizo cargo de la trompeta en aquel concierto de Café Zimmermann a las órdenes de Manfredo Kraemer. Sin olvidar el magnífico trabajo desplegado por el continuo, con especial mención del violonchelista castellano Luis Zorita, extraordinario en sus partes como solista, un nombre que se ha forjado un lugar destacado en importantes formaciones europeas, y que demostró un derroche de talento y esfuerzo.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía