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| Santaffé, Rangwanasha y Macías |
No nos importa, sin embargo, volver a disfrutar
de tan excelsa página, que tantos consideraron durante mucho tiempo la
mejor ópera de Verdi, sobre todo si se ofrece con tan buenos ingredientes y una batuta tan esmerada como la de Lucas
Macías, que ya demostró en su anterior y primera temporada como director
titular de la Sinfónica que sabe llevar con talento y dignidad las riendas de
nuestra querida orquesta.
Nos van a perdonar que echemos mano de las comparaciones y de la
experiencia personal para escribir que llegamos a este concierto recién
regresados de tierras napolitanas, donde pudimos comprobar lo muy orgullosos que debemos estar de nuestro
teatro y nuestra orquesta, tras asistir a una sosa interpretación de la Séptima de Bruckner en el muy afamado
Teatro San Carlo, de la mano de Marc Albrecht y la orquesta titular de este
templo lírico. Un adecuado preludio, sin embargo, para acercarnos de nuevo a
este título verdiano.
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| Enea Scala |
Reflejo del dolor universal
Nos damos de bruces ahora con la emoción más pura y absoluta, gracias a la
que desde ya consideramos la más
estremecedora versión del Réquiem de
Verdi que hemos escuchado jamás en directo. La conjunción de magníficas voces
solistas, un coro extasiado y una orquesta a la que el descanso estival parece
haberle sentado estupendamente, todo bajo la atenta y delicada batuta de
Macías, logró el milagro, dotando a la pieza de ese carácter emocional y radicalmente humanista que le hace
trascender de lo puramente tributario para erigirse en reflejo de un canto popular que desea abrirse camino ente
tanto dolor e injusticia.
Así lo intuimos desde el muy delicado Introito,
con el coro musitando el Requiem aeternam
mientras los solistas se van abriendo paso en ese majestuoso e inquietante andante que da vida al Kyrie, en el que ya pudimos apreciar las magníficas dotes del
cuarteto solista. Santaffé entonando con
serenidad, Rangwanasha dotando
su participación de inusitado
temperamento, Scala exhibiendo
un apasionado lirismo y Mimica aportando contundencia y dignidad. La larga Sequentia fue abordada por Macías como un acto lírico teatral de
primer orden, de diálogo fluido e inflexiones dramáticas medidas y
contundentes.
El coro entonó con fuerza y
exuberancia el icónico Dies Irae
que se repite otras dos veces a lo largo de la pieza. Faltó quizás algo más de vehemencia en los metales
que protagonizan el Tuba mirum,
repartidos en el escenario, las bambalinas y quizás alguna zona alta del
teatro para causar el impacto deseado. Eso fue así al menos en el arranque, aunque
fue mejorando hasta alcanzar esa fuerza
inusitada que caracteriza al pasaje.
A partir de ahí, demostraciones
sensacionales de sensibilidad y magnetismo por parte de coro y solistas, la
mezzo española controlando todos los giros emocionales del Liber scriptus, el tenor italiano entonando con bravura el Ingemisco, seguido de una impecable
interpretación del bajo croata en Confutatis,
y terminando con una exhibición
brillante, llena de pasión y lirismo, de la soprano sudafricana en el Libera me, germen de este sentido
homenaje a otro considerado padre de la patria por los italianos, Alessandro
Manzoni, autor de la muy venerada I
promessi sposi.
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| Marko Mimica |
Sólo hubo un par de concesiones
místicas, en el Lacrymosa y el Offertorium, mientras el resto se
abandonó sin complejos al drama profano más profundo y absoluto, y nosotros y nosotras
con ellos a sentir una experiencia
profundamente emotiva y estremecedora. Tras tanto esfuerzo y emoción,
tendrán que enfrentarse a otra función esta tarde, sólo un día después, logrando
sin alguna duda otra interpretación redonda.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía










