jueves, 7 de mayo de 2026

LA ZARZUELA MÁS PRIMIGENIA BRILLA CON DE FRUTOS Y RINCÓN

Rocío de Frutos, soprano. Miguel Rincón, cuerda pulsada. Programa: Entre mitos y afectos, un viaje por la Zarzuela Barroca (obras de Juan Hidalgo, Gaspar Sanz, Juan de Navas, Jean-Baptiste Lully, Sebastián Durón, Antonio Líteres y José de Nebra). Teatro Cajasol, miércoles 6 de mayo de 2026


Sólo la zarzuela generada a partir de la mitad del siglo XIX ha trascendido hasta nosotros, con los consabidos períodos de ostracismo que nos hicieron perder el contacto con ella. Pero el género se extiende más allá en el tiempo. Muchos han sido los intentos de reivindicar su trayectoria barroca, porque en este país, en materia de cultura, siempre andamos reivindicando, a falta de un saludable mantenimiento. Pero sólo hemos indagado en un barroco ya tardío, fundamentalmente del siglo XVIII, con José de Nebra como máximo exponente, a quien se han unido otros compositores como Antonio Rodríguez de Hita o Vicente Martín y Soler. Entre nuestras sopranos más reconocidas, María Bayo ha prestado especial atención a este repertorio, con grabaciones acompañadas de suntuosas orquestaciones en manos de conjuntos tan especializados como Al Ayre Español o Les Talens Lyriques.

Lo que los sevillanos Rocío de Frutos y Miguel Rincón nos trajeron ayer se desplazó más allá en el tiempo, a ese primer barroco apuntado, con especial parada en quien se considera precursor de la ópera en español y de la propia zarzuela, Juan Hidalgo. Lo hicieron de la mano de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, en colaboración con la Fundación Cajasol y la Compañía Sevillana de Zarzuela, con su principal responsable, Javier Sánchez-Rivas, y el historiador y crítico musical Andrés Moreno Mengíbar, ambos académicos, ejerciendo como maestros de ceremonias.

El resultado fue una encantadora velada en la que los dos protagonistas parecieron sentirse tan volcados como cómodos, quizás por las tablas que ambos atesoran a sus espaldas y que les convierten en consumados artistas capaces de dar brillo a todo lo que se les ponga por delante. Esos primeros intentos de ópera a la española, música concebida para la escena a partir de textos de los autores más reputados del momento, Calderón de la Barca incluido, encontraron en Rocío de Frutos y Miguel Rincón el medio ideal de divulgación.


Un recorrido cronológico de Hidalgo a Nebra

Juan Hidalgo ocupó gran parte de la propuesta, prácticamente la mitad. El compositor y arpista madrileño fe un prolífico músico teatral, trabajó con Felipe IV, y le debemos un considerable número de obras destinadas a germinar en nuestro género lírico. Su obra, sin embargo, se perdió, como la de otros tantos autores, en el gran incendio del Real Alcázar de Madrid de 1734, por lo que haber podido contar con un suculento ramillete de sus composiciones podríamos considerarlo casi un milagro.

Su estilo fuertemente sincopado, con estribillos cíclicos, se dejó notar en el arranque, con un distendido y alegre Trompicábalas, de Los celos hacen estrellas, que Frutos cantó con esa finura que le caracteriza, un fraseo exquisito y una impecable vocalización, ideal para entender, aunque con dificultad por sus formas antiguas, el texto de Juan Vélez de Guevara. Contó para ello con el acompañamiento de lujo de Miguel Rincón, que sustituyó en el último momento al originalmente anunciado Aníbal Soriano, convaleciente por una dolencia puntual.

A partir de ahí, se sucedieron romanzas, si podemos denominar así a las arias de esta primera zarzuela barroca, que alternaron lo jocoso con lo amoroso y dramático, acuñando formas muy apreciadas e identificables para quienes estén familiarizados con el estilo imperante en la época en nuestro país, como jácaras, canarios y villancicos. Con Ay, amor, ay ausencia, de Contra el amor, desengaño, Rocío de Frutos desgranó todo su potencial dramático y expresivo, siempre bajo la atenta complicidad de su compañero, ahora ya sí felizmente entre nosotros y nosotras tras un largo periplo en el extranjero que le ha llevado a participar en algunos de los conjuntos más reputados europeos.

Precisamente, con Gaspar Sanz, Rincón brilló en solitario, añadiendo ornamentaciones propias, vivas y muy creativas a una deliciosa pavana que desgranó con deleite y mucho gusto, así como esos recurrentes canarios, tañidos a la guitarra barroca con sensacional sentido del ritmo, absoluta precisión en la digitación y un fraseo impecable, con una naturalidad que sin embargo no ocultó las complejas dificultades de ambas obras. En otras piezas, Rincón acompañó a la soprano sevillana con el archilaúd, ideal para mecer y dulcificar la voz sin eclipsarla.


Boccherini y Lully, infiltrados

Otra pieza de Hidalgo, Ay que sí, ay que no, de una de esas zarzuelas mitológicas que abundaban en la época, El templo de Palas, con libreto de Francisco de Avellaneda, y el delicioso Sé que me muero de amor, de El burgués gentilhombre de Lully según Molière, como ejemplo de otras comedias musicales extra ibéricas, encumbraron el género con el buen hacer y la implicación total de ambos artistas, muy compenetrados en todo momento.

Sebastián Durón y Antonio de Líteres representaron lo mejor en música escénica a finales del siglo XVII. De quien fuera organista de la Catedral de Sevilla, se interpretaron dos piezas, con especial hincapié en un Sosieguen, descansen, de Salir el amor del mundo, el primer libreto de un habitual en el género, José de Cañizares. Frutos lo cantó con extraordinaria fuerza expresiva y unas muy delicadas ornamentaciones, dejando claro cómo Durón introdujo el recitativo italiano en nuestro género. De Líteres cantó con igual ahínco y entusiasmo Confiado jilguerillo, de Acis y Galatea, quizás reconocible para quienes conozcan el arreglo que Felipe Pedrell hizo para voz y piano.

Con José de Nebra, el gran exponente de la zarzuela en la primer mitad del siglo XVIII, con más de veinte títulos en su catálogo, y su tormentosa Tempestad, de Vendado es amor, no ciego, terminó un recorrido que se extendió en la consabida propina con Boccherini y una divertida pieza enriquecida con singulares improperios de la época, como botarate, que hicieron las delicias de un público encantado. A destacar las sutiles transiciones entre pieza y pieza, formando bloques que hoy denominaríamos medleys, y las exquisitas reducciones a las que fueron sometidas algunas de las piezas más avanzadas, pues las primeras, destinadas a la Corte, se hacían acompañar sólo de bajo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 6 de mayo de 2026

TODO LO QUE FUIMOS Saga familiar en un escenario de tragedia y desolación

Título original: Ally baqi mink
Palestina-Alemania-Chipre-Jordania-Grecia-Catar-Arabia Saudí 2025 145 min.
Guion y dirección
Cherien Dabis Fotografía Christopher Aoun Música Amin Bouhafa Intérpretes Cherien Dabis, Saleh Bakri, Mohammed Bakri, Adam Bakri, Maria Zreik, Muhammed Abed Elrahman Estreno en el Festival de Sundance 25 enero 2025; en Italia 18 septiembre 2025; en España 30 abril 2026


Vista hace poco en Águilas de El Cairo, Cherien Dabis es una actriz y directora palestino-estadounidense con una larga carrera a sus espaldas, que con éste realiza su tercer largometraje, tras Amerrika y El verano de May, ahora por primera vez bajo bandera del castigado país del que es originaria. Se trata de una clásica película río, que roza continuamente el folletín para quedarse sutilmente en el margen, sin renunciar a la tan necesaria denuncia, pero tratando con delicadeza y elegancia los frágiles materiales que le sirven de base. Dabis nos cuenta la tragedia del pueblo palestino, desde finales de los cuarenta, cuando los israelitas se asentaron en su territorio y fueron paulatina e ilegítimamente invadiéndolo, echando y masacrando a sus habitantes, hasta la actualidad, aunque antes de la aniquilación total a la que le ha sometido Netanyahu y Trump.

El relato se centra en una familia de clase media e intelectual que sirve a la directora para añorar aquello en lo que el país, hoy reconocido como tal por algunos de los países más decentes del planeta, podría haberse convertido, lejos de la barbarie y el salvajismo que se le adjudica simplemente por habérsele arrebatado las herramientas con las que construir una nación libre, justa e independiente. En este contexto recorremos setenta años haciendo paradas en las décadas de los cuarenta, setenta y ochenta del siglo pasado, y culminando en la actualidad. Al llanto por la tierra perdida se añade el del familiar asesinado, siempre dentro de un orden, sin cargar las tintas y haciendo especial hincapié en la mirada y la experiencia de los niños, caldo de cultivo para una sensibilidad y un sentimiento que tardará mucho en corregirse y enderezarse.

Lástima que Dabis empeñe demasiado metraje, perdiéndose a menudo en diálogos y situaciones estériles, que poco o nada aportan a la tesis central y argumental de la cinta. Esto hace que su visionado se antoje puntualmente tedioso, si bien se agradece su hábil y estudiada estructura, y sobre todo el buen trabajo de su elenco, en el que destacan tres actores de una misma familia, dos de ellos, padre e hijo, interpretando el mismo papel en diferentes edades, y el tercero dando vida al hijo de dicho personaje, y protagonista junto a la propia Dabis de la función. Cine de denuncia, pero también de sentimientos, rozando el melodrama y contando con un holgado presupuesto gracias a una frondosa coproducción, que le valió a su responsable el premio a la mejor dirección en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla.

LOS JUSTOS Una comedia judicial que no se sostiene

España 2026 89 min.
Guion y dirección
Jorge A. Lara y Fer Pérez Fotografía Alfonso Postigo Música Beatriz López-Nogales Intérpretes Carmen Machi, Vito Sanz, Pilar Castro, Marcelo Subiotto, Ane Gabarain, Bruna Cusí, Hugo Welzel, Marina Guerola, Aimar Vega, Felipe Pirazán, Mapi Sagaseta, Mar Isern Estreno en el Festival de Málaga 9 marzo 2026; en salas 30 abril 2026


Decepcionante debut en la dirección de Jorge A. Lara y Fer Pérez, guionistas en conjunto de las olvidables comedias cinematográfica Superagente Makey y televisiva Olmos y Robles, una pareja de ley, y por separado de las desafortunadas adaptaciones de Zipi y Zape al medio y la lamentable Ahora o nunca de María Ripoll (Lara), así como las más estimulantes, al servicio de Paco León, Kiki, el amor se hace y Aída y vuelta (Pérez). Tampoco ahora logran destacar con esta comedia judicial más cerca de la más lograda Bajo terapia de Gerardo Herrero, aunque el fondo sea distinto, que de las referenciales Doce hombres sin piedad en la que parece mirarse como estructura y tour de forcé interpretativo, y Anatomía de un asesinato, a la que cita al comienzo de la función. 
Porque de eso parece tratarse, sin ser ninguna adaptación, de una obra de teatro sobre nueve desgraciados encargados de dictaminar la culpabilidad o no de un empresario corrupto, y de la facilidad con la que ellos y ellas mismas son susceptibles de ser corrompidas.

Lo que de esta manera debería ser una hábil y sorprendente disquisición sobre la materia, con la tan de actualidad corrupción política en el banquillo, se convierte en tan torpes manos en algo que no se sostiene desde el minuto cero. Empezando por una secretaria judicial que los trata con un injustificado, al menos al principio, desprecio. Pasando por una galería arquetípica de personajes y una fatigosa sucesión de lugares comunes que afianzan el manuscrito como guion de manual, logrando en algunos momentos incluso ruborizarnos, a una ausencia total de ingenio para sorprender con los habituales giros del género.

No hay convicción en lo escrito ni excelencia en lo interpretado, aunque como sentimos cierta devoción por la poco reconocida Pilar Castro, destacamos su elegancia y moderación dentro del conjunto. Ni siquiera llega el esperado golpe de efecto que redima, aunque sólo sea un poco, el desafortunado desaguisado perpetrado por su pareja de directores y guionistas, que incluso evitan desvelarnos qué ocurrió con el anillo del personaje interpretado por Carmen Machi, seguramente porque se olvidaron de él, de la misma forma que hicieron con tantos detalles que hacen aguas y recalcan que aquí poco o nada se sostiene. Curiosamente, su banda sonora coincide con la de otra estrenada la misma semana, La plaga, en el uso exclusivo de la voz humana, en este caso más para ridiculizar que para inquietar.

martes, 5 de mayo de 2026

LA ISLA DE AMRUM Una mirada limpia y profunda

Título original: Amrum
Alemania 2025 93 min.
Dirección
Fatih Akin Guion Fatih Akin y Hark Bohm Fotografía Karl Walter Lindenlaub Música Hainbach Intérpretes Jasper Billerbeck, Laura Tonke, Lisa Hagmeister, Kian Köppke, Lars Jessen, Detlev Buck, Matthias Scheighöfer, Diane Kruger Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2025; en Alemania 9 octubre 2025; en España 30 abril 2026


Atrás quedaron los tiempos en los que al director alemán de origen turco Fatih Akin le llovían reconocimientos en galas y festivales con películas como Contra la pared o Al otro lado. Ha seguido haciendo películas, con éxitos como Soul Kitchen, El padre, En la sombra o El monstruo de St. Pauli, moderando progresivamente sus hechuras, pero nunca tanto como con este drama de corte narrativo y estético absolutamente clásico. Se trata de las memorias juveniles de Hark Bohm, actor, escritor y cineasta que colaboró con Fassbinder en películas como El matrimonio de Maria Brown. 
Su vida en la isla de Amrum, una de las islas Frisias septentrionales de Alemania, cuando era niño y la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de terminar, es analizada con mimo y sensibilidad por Akin en colaboración con el propio Bohm, que además se reserva una pequeña intervención al final de la película.

La sinrazón y profunda inutilidad de la guerra y del odio entre pueblos, queda perfectamente plasmada en esta crónica de juventud en la que lograr un pequeño y suculento manjar para la madre depresiva se convierte en reto y, en cierto modo, macguffin para que el joven protagonista, prodigioso Jasper Billerbeck de mirada limpia y profunda, viva diversos episodios en los que el pasado nazi de la familia va quedando atrás, y puede que apenas dejando huella en el futuro más que para reflexionar sobre toda esta estúpida barbarie.

Sus personajes se polarizan, como la propia población devastada, entre la tragedia por la pérdida del führer y la guerra, y aquellos otros que sólo vieron en el genocida y su lucha un camino a la perdición, fuera de todo orden, lógica y humanidad. Una narrativa fluida, una imagen luminosa y la excelente interpretación de un reparto en el que apenas distinguimos un rostro conocido, el de Diane Kruger en un breve pero significativo papel, logran un film estimable, sencillo y a la vez hábilmente elocuente.

LA PLAGA Aprendices de manada

Título original: The Plague
Australia-Emiratos Árabes-USA-Rumanía 2025 95 min.
Guion y dirección
Charlie Polinger Fotografía Steven Breckon Música Johan Lenox Intérpretes Everett Blunck, Kenny Rasmussen, Kayo Martin, Joel Edgerton, Elliott Heffernan, Lucas Adler, Caden Burris, Lennox Espy, Kolton Lee Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2025; en Estados Unidos 24 diciembre 2025; en España 30 abril 2026


Ambicioso debut en la dirección de largometrajes del joven director Charlie Polinger, con una historia parcialmente basada en experiencias propias vividas cuando era adolescente. Se trata de una singular y original visión del comportamiento humano en esa compleja etapa de la vida, centrándose en un campamento de verano para deportistas de agua. En concreto, analiza el devenir de un equipo de wáter polo convertido en microcomunidad con líder carismático y cierto presagio de futura manada en el peor sentido de la palabra. Intentar encajar en dicho grupo, mal considerado de ganadores, se convierte en reto del protagonista, algo más sensible que el resto. Mientras, marginar a quien no encaja, por supuesta rareza o, en este caso, enfermedad cutánea (la plaga o peste del título), se convierte en objeto del grupo.

En definitiva, volvemos a un tema muy candente como es el desprecio a la diferencia, sin tener en cuenta que en general todos y todas tenemos nuestra singularidad. La tendencia del protagonista a ayudar al marginado, irá haciendo mella en su propia posición en el grupo, mientras intenta salvar a quien no parece encajar con propuestas cercanas a la tan cacareada como errática normalidad. Todo esto, Polinger lo trata con un sentido estético bastante original, como si el envoltorio también fuera un referente de esa diferencia, esa singularidad que haga al producto único y revelador. Las evocadoras secuencias subacuáticas, su desconcertante narrativa entre el cine social y el más genuino de terror, y el sugerente, a menudo asfixiante, uso del sonido, incluida una extravagante banda sonora con la voz humana como instrumento predominante, logran ese efecto hipnótico y extraño que persigue, y logra, la película.

El trabajo de los niños es extraordinario, especialmente el desconcertado y vulnerable protagonista, el líder de la manada y el bizarro marginado Por otro lado, los escasos papales maduros, con Joel Edgerton a la cabeza como entrenador, además de ejercer como productor de la película, parecen no hacerse eco de la problemática de unos jóvenes cuya identidad está por forjar, y que posiblemente acaben pasando de chulos irredentos a fracasados sociales. En este sentido, resulta especialmente estremecedora la reacción de la madre del protagonista en una secuencia puntual y reveladora de la cinta.

lunes, 4 de mayo de 2026

EL DIABLO VISTE DE PRADA 2 Digna secuela sobre la vanidad

Título original: The Devil Wears Prada 2
USA 2026 119 min.
Dirección
David Frankel Guion Aline Brosh McKenna, según los personajes creados por Lauren Weisberger Fotografía Florian Ballhaus Música Theodore Shapiro Intérpretes Anne Hathaway, Meryl Streep, Stanley Tucci, Emily Blunt, Justin Theroux, Patrick Brammall, Kenneth Branagh, B.J. Novak, Simone Ashley, Tracie Thoms, Lucy Liu, Larry Mitchell, Rachel Bloom Estreno en España 30 abril 2026; en Estados Unidos 1 mayo 2026


Lauren Weisberger triunfó a principios de este siglo con su novela semi autobiográfica El diablo viste de Prada, en la que contaba sus experiencias como asistente personal de la poderosa directora de Vogue Anna Wintour. Apenas tres años después de su publicación, la llevaron a la pantalla la guionista Aline Brosh McKenna (Hasta que la ley nos separe, 27 vestidos, Morning Glory) y el director David Frankel, que había debutado unos años antes con Miami, protagonizada por Antonio Banderas, Sarah Jessica Parker y Mia Farrow. El resultado se coló en las listas de películas más taquilleras de la década, y logró afianzarse como una de las comedias más icónicas de lo que llevamos de siglo. El éxito estaba bien asegurado; se trataba de modernizar el clásico cuento de la cenicienta, presentándonos a una joven periodista e idealista que acaba sucumbiendo a las reglas del trabajo en un mercado fuertemente capitalista, cuando es contratada en la revista Runway, a las órdenes de una caprichosa y diabólica jefa. Anne Hathaway pasaba así de patito feo a deslumbrante cisne, mientras Meryl Streep echaba toda la carne al asador para convertirse en una hábil combinación de hada y bruja.

Con los clásicos de una sociedad capitalista seguimos, cambiando los cuentos de hadas por los de súper héroes. Al menos eso es en lo que parece haberse convertido la protagonista, Andy Sachs, empeñada en arreglar cualquier desaguisado y reponer justicia a quien la pierde, salvando así empresa, reputación y vida ajena, aunque en el fondo, y ahí radica su más acertada observación, es a ella a quien se afana en salvar, como cualquier hijo e hija de la sociedad consumista moderna, absorbida por el narcisismo y la vanidad. Naturalmente lo que llama la atención en esta segunda parte, que no sigue precisamente la continuación de la novela, La venganza viste de Prada, es su lujo, glamour y, sobre todo, ritmo e ingenio para volver a encandilar y divertir, resultar amena y digerible, a pesar de que cada giro de guion cuenta con una resolución facilona, poco trabajada.

Lo mejor, de todos modos, sigue siendo su cuarteto protagonista. Si con este film volvemos a disfrutar en la gran pantalla, tras varios años de ausencia, de la gran e irrepetible Meryl Streep, ya merece la pena. Pero lo hace también porque Anne Hathaway despliega todo su encanto, la trama es atractiva y la dirección ágil y dinámica. Si además viajamos a lo más glamuroso de Milán y somos capaces de reconocer los cameos de gente tan famosa en el sector como Naomi Campbell, el músico Jon Batiste o Dolce & Gabana, mejor aún. Por cierto, en este apartado destaca la bronca que le echa Emily Blunt a Donatella Versace, y la que Lady Gaga le echa a Meryl Streep. Por lo demás, ya tiene mérito reunir al mismo equipo artístico y técnico veinte años después.

viernes, 1 de mayo de 2026

SINGULAR PROPUESTA COREOGRAFIADA DE LA ROSS

Sinfónico 12. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Antonio Ruz, dirección escénica, iluminación y coreografía. Xiaolu Zang, piano. Johanna Malangré, dirección. Programa: Pavana para orquesta, en Fa sostenido menor Op. 50, de Fauré; Ma mère l’Oye, ballet de Ravel; Variaciones sinfónicas para piano y orquesta, de Cesar Franck; Bolero, de Ravel. Teatro de la Maestranza, jueves 30 de abril de 2026


No recordamos, al margen de los ballets de enero con orquesta en el foso, otros conciertos de la ROSS que contaran con danza acompañándole en el escenario. Se trata de otra de esas felices experiencias que el nuevo equipo directivo de la orquesta ha diseñado para incentivar al público, captar nuevas audiencias y lograr elevar el espíritu del conjunto por encima de los vaivenes sufridos en las últimas temporadas. Claro que eso de captar nuevos públicos puede tener su precio, como el de volver a sufrir la agresión permanente de toses, móviles y caídas de objetos que tanto desconcentran y tanto daño hace a los artistas y a quienes aún esperamos que el comportamiento del oyente esté a la altura de lo mucho que queremos a esta ciudad.

Nos recordaba un incondicional de la cultura musical en Sevilla, en el intermedio de este décimo segundo programa de abono, aquello que decía Fernán Gómez sobre que al teatro hay que venir tosido. Una consigna que parte de nuestro público parece despreciar sistemáticamente. Y así ocurrió al menos en la primera y coreografiada parte de este concierto tan singular y atractivo, con el consiguiente perjuicio para su disfrute. Y eso que la experiencia invitaba a la relajación y el hipnotismo.

Foto: Marina Casanova

Los y las seis bailarinas deambularon entre el público mientras la joven directora alemana Johanna Malangré desgranaba ya su particular estilo, exquisito y elegante, en la celebérrima Pavana de Fauré. Una forma de introducirnos ya en ese mágico mundo de los cuentos infantiles evocados en esta primera parte de la cita. Valentina Martín Kadashnikova y Yeteng Zhou se revelaron inmediatamente después, sin solución de continuidad, como jovencísimos pianistas capaces de llevar a buen puerto la versión original para piano a cuatro manos de la pavana de la bella durmiente del bosque. Después, el baile, una experiencia que podría repetirse con otros títulos tan apreciados como, por ejemplo, El sombrero de tres picos de Falla o La consagración de la primavera de Stravinsky.

Una impecable combinación de iluminación y coreografía

Mi madre la oca, de Ravel, ha sido llevada a los atriles de la Sinfónica en numerosas ocasiones, pero pocas o ninguna en forma de ballet. Concebida como suite de cinco piezas para piano a cuatro manos, Ravel la orquestó apenas un año después de terminarla, para inmediatamente después ampliarla hasta convertirla en el ballet que pudimos degustar en esta ocasión en todo su esplendor.


Para eso se contó con el talento del coreógrafo cordobés Antonio Ruz, que ha creado para la ocasión, con la colaboración de Elia López, un delicado trabajo para seis jóvenes bailarines, sometidos a movimientos que combinan lo clásico con lo contemporáneo, mientras se someten a arriesgadas acrobacias y tan luminosas como evocadoras, siempre dentro de un nivel de calidad y exigencia encomiable.

Malangré logró integrar música y danza, haciendo acopio de respeto y delicadeza, con momentos tan mágicos como el vals de la bella y la bestia, ayudado por una excelente iluminación de efectos casi expresionistas. Pulgarcito fue otro de los pasajes en los que Ruz se dejó guiar por la narrativa del cuento, completado con las danzas chinescas de la princesa de las pagodas.

Para el resto, el coreógrafo se dejó guiar por el instinto y la libertad, mientras sus danzantes lograron episodios de inusitada belleza, como ese final realzado por el estremecedor crescendo de la orquesta, magníficamente recreado por la batuta y una orquesta que se creyó en todo momento lo que hacía, incluida una breve aportación coreográfica al conjunto.

Ritmo y color en la segunda parte


Aunque las Variaciones Sinfónicas para piano y orquesta de Cesar Franck sea su obra de concierto más programada junto a su Sinfonía, resulta mucho menos transitada que ésta. Su breve duración hace dudar sobre la necesidad de contar con un celebrado pianista para su interpretación, sin que se le demande otra página adicional. Es el caso del joven Xiaolu Zang, que ofreció una versión de la pieza vigorosa y decidida, gracias en parte al mimo con que Malangré dirigió la orquesta, siempre buscando el equilibrio perfecto con el pianista.

A pesar de su título, más que variaciones nos encontramos ante una evolución orgánica que fusiona progresivamente al solista y la orquesta, destacando un allegretto de enorme belleza que invita al pianista a involucrarse en una sucesión de cambios de registro y carácter que complican la interpretación hasta hacerla digerible sólo en manos tan expresivas, ágiles y desenvueltas como las de este excepcional pianista chino. Y así se disipa cualquier duda apuntada antes. Como propina y, de paso, anticipo de lo que vendría después, tocó el segundo de los Valses nobles y sentimentales de Ravel, de forma tan atenta como reflexiva.  

Y para terminar, una pieza que no sólo no cansa en su repetitiva gramática, sino en la cantidad de veces que se interpreta. El Bolero de Ravel contó también con la exquisitez y la elegancia ya expuesta por Malangré en las anteriores piezas. Esta vez nos llamó especialmente la atención la suavidad casi etérea con la que se mantuvo el ritmo al tambor, mientras flauta, oboe y clarinete fueron dando lo mejor de sí mismos, y las capas instrumentales que caracterizan esta monumental orquestación, fueron fluyendo con absoluta precisión y naturalidad, mientras la batuta se encargó de mantener con éxito un ritmo constante y un brillo excepcional.

Fotos: Juan Luis Morilla
Artículo publicado en El Correo de Andalucía