domingo, 5 de julio de 2026

NORMAL Otro disparate híper violento

USA-Canadá 2025 91 min.
Dirección
Ben Wheatley Guion Derek Kolstad y Bob Odenkirk Fotografía Armando Salas Música Harry Gregson-Williams y Ryder McNair Intérpretes Bob Odenkirk, Henry Winkler, Lena Headey, Jessica McLeod, Brendan Fletcher, Reena Jolly, Peter Shinkoda, Ryan Allen, Billy MacLellan Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2025; en Estados Unidos 17 abril 2026; en España 1 julio 2026

Reconozco que he visto esta película porque ha caído en mis manos y no he tenido que desplazarme al cine para verla, lo que de paso ha podido evitarme verla oscurísima, dada la tendencia de muchas empresas de exhibición a no mantener sus equipos como es debido, como por ejemplo sucede con frecuencia en Cinesur y Cinesa. Ya de por sí se trata de un film oscuro como para permitirnos intuirla más que verla. Que se trate de una creación del responsable de las infames John Wick y Nadie, Derek Kolstad, ya nos echaba suficientemente para atrás. Pero en nuestro afán de dar nuevas oportunidades y tratar de descubrir algo, nos hemos vuelto a tropezar con un producto extremadamente violento, causa y efecto de la actual situación política y social que atraviesa nuestro desastroso planeta.

Ahora se adhiere a labores de guion el protagonista de Nadie, Bob Odenkirk, que también se atribuye el papel protagonista de ésta, un sheriff sustituto que intenta poner orden en un pueblo nevado de Minnesota aparentemente afable y pacífico que esconde un terrible secreto relacionado con la yakuza japonesa, que unos casuales atracadores de banco pondrán de manifiesto. El resto, una planificación cinematográfica apabullante entre coreografías, luchas, disparos y explosiones, al cuidado del realizador británico Ben Wheatley, responsable de las interesantes Turistas y High Rise, y de las olvidables Free Fire, Rebeca (sí, el inútil remake del clásico de Hitchcock) y Megalodón 2: La fosa.

Violencia y más violencia, aderezada con una supuesta comicidad a imagen y semejanza de Tarantino, pero sin su talento ni perspicacia, converge en un disparate en toda regla. Para colmo, su título pretende ser ingenioso, jugando con una palabra que cada vez estamos más convencidos debería desaparecer del diccionario, dada su orientación a discriminar todo aquello que no responde a lo simplemente convencional o reglamentario. Aquí se trata del nombre del pueblo y la actitud que se pretende de sus pobladores y pobladoras.

EL ACIERTO EXPRESIVO DE PATRICIA ARAUZO

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Patricia Arauzo, piano. Programa: Sonata para piano nº 13 en si bemol mayor K.333, de Mozart; Sonata para piano nº 21 en si bemol mayor D.960, de Schubert. Sábado 4 de julio de 2026


Este año se cumplen doscientos setenta del nacimiento de Mozart, genio entre los genios e indiscutible fuente de inspiración para compositores venideros, que siguieron sus pautas e innovaciones de composición para adaptarlas a sus propios estilos. Entre ellos, destaca quizás Franz Schubert, para quien el de Salzburgo era un faro de luz que iluminó su propio camino creativo. La pianista arandina Patricia Arauzo, afincada en Sevilla, en cuyo Conservatorio Superior ejerce como catedrática de piano, hizo dialogar anoche a los dos compositores, y de paso marcar la diferencia que acusa en ambos el paso de casi medio siglo.

Como concertista, Arauzo es bien conocida de la afición sevillana, que ha podido disfrutar de su estilo disciplinado y competente en muchas ocasiones, tanto en recitales sueltos como en ciclos de distinta índole y estilo. También en las Noches del Alcázar se ha dejado sentir en varias ocasiones su pianismo, que anoche además contó con una visita inesperada en forma de fallo técnico que provocó intermitentes fogonazos desde lo alto de la arcada del Jardín del Cenador de la Alcoba, y unos puntuales apagones que dejaron indefensa a la pianista. Nada de eso le hizo desconcentrarse, manteniendo el tipo hasta el final, sin que la música acusara estos desagradables imprevistos, a los que se unieron los habituales cantos de las chicharras y los pavos reales.

Mozart forzado en estilo, logrado en expresividad

Arauzo atacó Mozart demasiado ensimismada en captar el estilo clasicista al que se adhiere, intentando que las teclas del piano sonaran lo más parecido posible, dentro de sus posibilidades, al fortepiano. Esto provocó un sonido seco, no precisamente áspero, pero sin vuelo lírico y forzado. Esto, en un autor cuya fluidez y aparente naturalidad son señas de identidad, se tradujo en una exhibición muy al contrario, forzada y atropellada, que contó con las temibles notas falsas y alguna imperfección técnica.

Por el contrario, Arauzo logró captar el espíritu de la Sonata nº 13, también conocida como Sonata Linz por haberse compuesto aparentemente en esa ciudad en 1783, conclusión a la que se ha llegado sólo recientemente después de estudios de diversa índole que no lograban ponerse de acuerdo sobre estos particulares.

El allegro inicial sonó juguetón y desenfadado, pero faltó esa agilidad referida. Sin embargo, no acertó la pianista en dotar al andante cantabile central de un mayor lirismo, evidenciándose en exceso su empeño en captar más el sonido que el estilo. Algo que corrigió en la propina, el adagio de la sonata precedente, dechado de emotividad gracias a relajarse y dejarse llevar por la belleza de los acordes, despreocupándose de la técnica. Para el allegro grazioso final optó por un estilo eminentemente concertístico, más fluido y gozoso que los movimientos anteriores, aunque igualmente atropellado.


Un Schubert entre delicado y vehemente

Durante mucho tiempo vista con recelo por considerarse demasiado larga y profunda, la Sonata nº 21 de Schubert es un prodigio de equilibrio entre tensión emocional y una sublime contemplación poética, lo que le convierte este último trabajo instrumental del compositor en una de las piezas para piano más respetadas de todo el Romanticismo. De todo esto se hizo eco la interpretación concentrada e interiorizada de Arauzo, que con una mayor relajación y mayor peso del pedal, logró deslizarse por sus preciosos acordes con gracia y talento.

Arrancó de forma delicada y, sin embargo, ya expansiva, introduciéndonos con acierto en un éxtasis contemplativo que no se rompió con los más vehementes acordes que le siguen, logrando una atmósfera de profunda solemnidad, seguida de una extrema tranquilidad emocional en el andante sostenuto, y una muy acertada volatilidad en el scherzo. En el movimiento final, con aspecto de ambigua danza húngara, alcanzó altas dosis de virtuosismo e intensidad emocional, con unos muy maleables y arqueados fraseos típicos de Schubert, que provocaron junto a su heroica resistencia ante los inconvenientes técnicos apuntados, el unánime reconocimiento del público.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 4 de julio de 2026

AXABEBA CONVIERTE LA CURIOSIDAD EN ARTE

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Ángeles Núñez, canto y percusión. José Luis Pastor, cuerdas medievales. Programa: El legado cultural de Averroes. La España multicultural (canciones y danzas tradicionales tunecina, sefardíes, marroquí y árabe, y extraídas del Libre Vermell de Montserrat, las Cantigas de amigo de Martín Codax, las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, y los Carmina Burana).
Viernes 3 de julio de 2026


Lejos de perversidades como el concepto de prioridad nacional, nuestro país, como tantos otros, es el resultado de una enorme variedad de influencias culturales que vienen de antaño y se resisten a frenarse aún en nuestros días. Unas veces como invasores, otras como visitantes, la mayoría en busca de nuevas oportunidades que les permitan vivir y desarrollarse como seres humanos, nunca pararemos de recibirlos y, de paso, absorber su conocimiento y sabiduría, de la misma forma que ellos aprovecharán todo lo que puedan aquí para enriquecer su patrimonio artístico y cultural.

Trasladarnos al Medievo es lo que de alguna manera pretendieron Ángeles Núñez y José Luis Pastor en este exquisito recital en el que se alternaron piezas de muy distinta procedencia, evidenciando nuestra privilegiada posición en medio de culturas tan distintas que nos llegaron, y siguen haciéndolo, tanto del interior europeo como del norte africano, tantas veces sujetos a crítica, censura y represión.

Averroes como pretexto

Las Noches del Alcázar son desde siempre muy proclives a celebrar aniversarios. Una sana costumbre que este verano incluye el novecientos cumpleaños de Averroes, filósofo, médico, astrónomo, matemático y teórico cordobés que procuró armonizar sus teorías con el Islam, mostrándose también crítico con sus contradicciones. Conocido como Padre del Racionalismo, por sus comentarios y análisis del legado aristotélico, sufrió una ola fanática e integrista en el siglo XII en el que vivió, lo que provocó su destierro y muerte en Marrakech.

En este contexto, la voz y la percusión de Núñez, integrada por darbuka, panderos y sonajeros de tobillo, y la cuerda pulsada de Pastor nos guiaron por un fascinante viaje en el que plasmaron toda su curiosidad e inquietud para hacer lo que saben hacer tan bien, con tanto rigor, fuerza y convicción. Tanto es así que nos atrevemos sin pestañear a confirmar que lo que ayer disfrutamos en el Alcázar fue auténtico arte hecho música.


La exhibición arrancó con el ritmo sensual de una canción tradicional tunecina, y continuó con otra sefardí (Partos trocados), dejando clara la conservación de estas piezas gracias a la transmisión popular, lo que puede haber corrompido su aspecto inicial. Núñez mostró ya desde el principio una habilidad y delicadeza extrema para adaptarse a cada estilo con convicción y verosimilitud, además de controlar con profesionalidad cada lengua convocada, original, arcaica o más actualizada.

De su muy ornamentada pieza de introducción, pasó sin titubear al más austero turco, y después a un muy lírico Ad mortem festinamus, última de las diez canciones del Cançoner montserratí, una danza en forma de virolai, composición poética con varias estrofas con retorno, que la cantante entonó con aplomo y seguridad, y un timbre poderoso a la vez que sedoso, que ha ido ganando quilates con el tiempo. Vino después un fascinante instrumental, un extracto de la nuba Al-Istihlal, tradicional de Marruecos de ritmo repetitivo que Pastor recreó a la vihuela de rueda, con un sonido parecido al de la zanfoña.

Tras un paréntesis galaico-portugués extraído de las Cantigas de amigo del juglar gallego Martín Codax, con el que Núñez se lamentó de la ausencia de su amado, tal como se manifiesta en este pergamino Vindel, llamado así en honor a su descubridor, Núñez nos deleitó con una nana trágica, Nani nani, también de tradición sefardí, haciendo acopio de expresividad, extrema sensibilidad y una perfección en la entonación que llegó incluso a estremecernos. Por cierto, Pastor introdujo cada pieza con una capacidad divulgadora no al alcance de cualquiera, además de dominar con una maestría absoluta el laúd, la cítola y la referida vihuela.

Otro dancístico instrumental, una Estampida sobre la Cantiga de Santa María nº 42, precedió a las dos últimas piezas del programa, con Tempus transit gelidum de los cantos goliardos incluidos en los célebres Carmina Burana (cánticos del Monasterio de Beuern o Bura), también en perfecto estilo y consonancia con el resto de un programa que se completó con el canto trovadoresco Calenda maia y la rendición unánime del público. Repiten el día 1 de agosto.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 3 de julio de 2026

PREDOMINIO DEL ROJO EN UN COLORIDO FIN DE TEMPORADA DE LA ROSS

Sinfónico 15. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniela Iolkicheva, arpa. Marina Heredia, cantaora. Lucas Macías, dirección. Programa: El Castillo de Almodóvar, de Turina; El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Falla. Teatro de la Maestranza, jueves 2 de julio de 2026


Aunque todavía le queda por delante su concierto participativo, la ROSS despide ayer y hoy su trigésimo sexta temporada, con un emotivo adiós adicional a una maestra y dos maestros que se jubilan. Así, el concierto comenzó con una merecida ovación y ofrenda de flores a la icónica violonchelista Nonna Natsvishvili, que nos ha acompañado desde la formación de la orquesta en 1991, y los violinistas Marius Mihail Gheorghe Dinu y Alexandru Mihon. Les echaremos de menos, aunque darán paso a talentos de nueva generación que perpetuarán a buen seguro la excelencia alcanzada por nuestra querida orquesta.

Un trabajo de Turina poco divulgado, El Castillo de Almodóvar, apenas grabado y menos programado en concierto, encabezó una noche centrada en celebrar el año Falla, cuando se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento. Nada, ni el calor, ni las vacaciones de julio, ni siquiera la cita con la Roja en Los Angeles, impidió un lleno absoluto en el Maestranza, aunque precisamente por este último motivo se dejaron ver algunos huecos en la segunda parte del concierto. Un color, por cierto, que predominó en los atriles de la ROSS gracias a los atuendos de las dos solistas convocadas en su primera parte.

La sensacional arpista de la orquesta, Daniela Iolkicheva, que comparte con Natsvishvili haber integrado la plantilla desde sus inicios y no reflejar físicamente su veteranía, se encargó de dar forma a una pieza concebida como trabajo pianístico, más tarde ejercicio de orquestación del que el compositor sevillano salió bastante bien parado. Se trata de una sofisticada pieza que acusa en su primer movimiento, Silueta nocturna, para nosotros el más conseguido, una fértil sensualidad, fruto de la influencia impresionista de la época, adobada con un sentido del color, la melodía y la armonía del que la solista se hizo eco sin aparente dificultad.

Poseedora de una depurada técnica y una musicalidad extrema, Iolkicheva despachó la pieza acariciando las cuerdas con la elegancia y la delicadeza que le caracteriza, mientras Lucas Macías a la dirección arropó con considerable calidez expresiva. Lástima que Evocación medieval, el segundo movimiento, se muestre más irregular, con momentos mal resueltos junto a otros más inspirados, nada de lo cual afectó a la excelencia interpretativa de solista y orquesta. A plena luz, el tercer movimiento, se reveló como una combinación de los otros dos, tan cálido y sensual como el primero, y apoteósico como el segundo, dando pie a uno de los momentos más bellos de la partitura, el solo de Iolkicheva respondido por el eco de la segunda arpista. Una gran ovación evidenció la admiración, el cariño y el respeto que le profesa la afición.

Dos grandes Fallas en un solo concierto

Son muchas las ocasiones en las que la ROSS se ha enfrentado a los dos grandes ballets del compositor gaditano, la mayoría de las veces con gran acierto. Pero no recordamos ninguna en la que confluyeran en un mismo programa los dos juntos. Para el primero, el archiconocido El amor brujo, se contó con la cantaora del momento, Marina Heredia, con quien además el próximo mes de octubre la orquesta protagonizará una de las citas de la Bienal de Flamenco. El aperitivo de anoche, que se repite hoy, se saldó sin sorpresas en cuanto a la colaboración vocal, amplificada y en la línea habitual con la que se despacha la obra cuando la afronta una voz flamenca en lugar de su alternativa de mezzosoprano.


Macías, sin embargo, pareció buscar tan denostadamente la delicadeza y la elegancia en la partitura, que apenas alcanzó a ofrecer una lectura mortecina, de colores pálidos, sin fuerza ni garra, a pesar del empeño de la cantaora, poseedora de un hermoso y poderoso timbre y una perfecta entonación, así como una fuerza desgarradora exenta de efectismos fuera de lugar. Hemos disfrutado mejores prestaciones de la ROSS en anteriores ocasiones en las que ha interpretado la famosa pieza, incluida una Danza del fuego que en esta ocasión se nos antojó algo meliflua. No obstante, cabe destacar el aplomo y el respeto con que la batuta acompañó los momentos cantados y recitados de la partitura, procurando marcar la expresividad y el lirismo de cada aportación.

Mucho mejor resultó la lectura del director onubense en El sombrero de tres picos. Aquí no pareció buscar esa dignidad mal entendida de la pieza anterior. Por el contrario, se decantó por acentuar la inusitada comicidad y la atmósfera alegre y desenfadada de la primera parte, con un trabajo depurado y muy en consonancia de la orquesta, esta vez acompañada de una fuerza arrolladora y un trabajo excepcional de la percusión, sin dejarse llevar en ningún momento por una emoción  exacerbada que impidiera paladear la pieza con la gracia y la elegancia que también merece.

Pero fue sobre todo la segunda parte, dividida fundamentalmente en el lirismo relajado de la Danza de los vecinos, y el ritmo trepidante, festivo y colorido de las del molinero y final. Todo un dechado de fuerza apasionada, sin sobrepasar límites que nos dejaran una sensación de saturación nada apropiada a la gramática sensible y depurada de un autor que marcó nuestra significativa aportación a la música clásica del siglo XX, y de cuyo sonado aniversario se hacen eco también otras iniciativas, especialmente las Noches del Alcázar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 30 de junio de 2026

VIAJE AL MUNDO DE LOS BLANCOS Un testimonio imprescindible y sobrecogedor

Título original: Viatge al país dels blancs
España-Francia 2026 110 min.
Dirección
Dani Sancho Guion Guillem Clua, según el libro de Ousman Umar Fotografía Lluís Ferrer Calafell y Marcel Pascual Música Laetitia Pansanel-Garric Intérpretes Benjamin Bakraba, Ousman Umar, Emma Vilarasau, Jordi Bosch, John Amissah Borkey, Justino Mendes, Esterlina Edjang, Elisabet Assens, Edgar Moreno Estreno en el Festival de Málaga 9 marzo 2026; en salas 26 junio 2026

Ousman Umar
dejó su tierra natal, Ghana, cuando tenía doce años. Durante un rocambolesco viaje de cinco años, cruzó el desierto a pie y el mar en patera, perdiendo por el camino a varios compañeros de viaje, hasta que alcanzó las costas canarias, y de ahí fue derivado a Barcelona por decisión propia, con la documentación necesaria para empadronarse y disfrutar así de derechos como la educación o la asistencia sanitaria. Plasmó su odisea en un libro que ahora se ha convertido en película de la mano del hasta ahora documentalista de controvertido nombre Dani Sancho. Con el entusiasmo propio de un debutante, pero un rigor no tan al alcance de principiantes, Sancho ha logrado una emotiva y necesaria crónica que destaca por varios motivos. Huye del sentimentalismo barato para centrarse en la emoción merecida y sincera, contando para ello con unas sorprendentes interpretaciones, no ya de consagradas artistas como Emma Vilarasau, sino incluso de primerizos como el joven Benjamin Bakraba y el propio Umar, que interpretan el mismo personaje en edades diferentes.

Destacan también las motivaciones del joven Umar, centradas en la curiosidad y la inquietud por conocer mundo y aprender, más que en la mera necesidad de supervivencia, lo que justifica la felicidad infantil junto al inseparable amigo Musa. Umar logró no sólo asentarse en nuestro país, sino fundar y presidir Nasco Feeding Minds, una organización no gubernamental sin ayuda institucional, que impulsa la educación digital y el talento joven en África. Una forma de erradicar la pobreza desde la raíz, lo que nos indica la importancia de colaborar en ese ciclo de progreso, confiar e invertir en educación, y mejorar nuestra propia civilización. Un testimonio, por lo tanto, que choca diametralmente con las nuevas políticas que amenazan con cerrar puertas al inmigrante, y con ello a la convivencia, el enriquecimiento y la humanidad. Testimonio por lo tanto imprescindible que sirve, además, para reflejar los adelantos experimentados en nuestro país gracias a gobiernos progresistas que han demostrado una calidad sentimental y humana hasta hace poco inéditas en un sistema todavía a rastras con una dictadura criminal e infame, objeto hoy de una inexplicable nostalgia en ciertos sectores.

El componente humano reflejado en instituciones que facilitan la integración, un funcionariado a menudo empático y una enorme calidad sentimental en parte de la ciudadanía, encuentra su lugar en esta emotiva película, cuya dificultad técnica y complejidad en el manejo de recursos, resulta impensable para un casi novel. También su sencilla pero eficiente banda sonora, destaca en un conjunto preciso y esmerado, que no busca, como en otras ocasiones, el horror y el rechazo, pero en cambio logra la empatía, la solidaridad y, sobre todo, la tan necesaria concienciación. Todo esto además de unas formas cinematográficas esmeradas y una narrativa muy fluida y elocuente.

lunes, 29 de junio de 2026

LETRAS ROBADAS Rivalidad poética

Título original: Power Ballad
Irlanda-USA 2026 98 min.
Dirección
John Carney Guion John Carney y Peter McDonald Fotografía Yaron Orbach Música John Carney y Gary Clark Intérpretes Paul Rudd, Nick Jonas, Peter McDonald, Marcella Plunkett, Beth Fallon, Jack Reynor, Rory Keenan, Havana Rose Liu Estreno en Irlanda 29 mayo 2026; en España 26 junio 2026


Aunque ya había dirigido a estrellas como Cillian Murphy o Stephen Rea, conocimos a John Carney cuando estrenó la cinta de corte romántico y musical Once, una producción de escaso presupuesto y hechuras de cine independiente. Una película que caló en el público gracias a sus carismáticos personajes, una pareja de cantantes callejeros, sus canciones, la principal de las cuales se alzó con el Oscar de Hollywood, y por cierto 
disfruta de un simpático cameo en este nuevo trabajo del director irlandés, entonada por otro artista callejero en Dublín. A partir de entonces, Carney se ha adaptado más al estilo clásico y comercial del cine estadounidense, sin traicionar su espíritu amable y un estupendo diseño de personajes. Así, creó la exitosa serie de televisión Modern Love, enlazando con otras comedias musicales de carácter tan tierno como la que nos ocupa ahora, entre ellas Begin Again, con Mark Ruffalo y Keira Knightley, Sing Street y Flora and Son, protagonizada por Eve Hewson, a quien ahora podemos ver en la nueva película de Spielberg, y Jack Reynor, que en estas Letras robadas tiene un destacado papel secundario.

Con estas premisas, Carney, con la colaboración en el guion de Peter McDonald, que además interpreta al divertido, entrañable e inseparable amigo de Paul Rudd, ofrece una de esas películas amables y distendidas, de esas que dicen hacernos sentir bien. Tan significativo resulta su título original, Balada poderosa, a la vez, en uno de esos juegos de palabras que tanto gustan a los angloparlantes, Balada de Power, que es el apellido del protagonista, como su invención castellana, Letras robadas. Cuenta la sempiterna historia de un perdedor de manual, cantante de un conjunto especializado en bodas y otros eventos, que conoce a una antigua estrella de boys band que busca ahora una voz propia que le devuelva la popularidad perdida, esta vez en solitario, y la encuentra usurpando el trabajo del otro. Un papel que no parece sino la recreación de la propia experiencia de Nick Jonas, antiguo integrante de los Jonas Brothers, reconvertido ahora en actor.

Carney y McDonald manejan este sólido material con estilo, elegancia y sutileza, marcando las motivaciones de uno y otro protagonistas, suavizando así sus reacciones, de forma que se apueste más por la comprensión y la amistad que la rivalidad y el rencor. Su algo más de hora y media de duración pasa en un instante, gracias al excelente trabajo de sus intérpretes, la sucesión de canciones, originales del propio Carney y Gary Clark, y clásicas, especialmente de los ochenta, así como la habilidad del director para simplificar, enganchar y emocionar. Si acaso, por buscar algo negativo, la canción que provoca la rencilla no es tan genial, quedándose en el ámbito de lo convencional, y se repite en exceso.

OBSESSION Mujer histérica al acecho

USA 2025 108 min.
Guion y dirección
Curry Barker Fotografía Taylor Clemons Música Rock Burwell Intérpretes Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson, Megan Lawless, Andy Richter, Haley Fitzgerald Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2025; en Estados Unidos 15 mayo 2026; en España 26 junio 2026

Saludábamos hace apenas unas semanas el debut en el largometraje de una nueva promesa del cine de fantasía y terror, con la muy sesuda y compleja intelectualmente Backrooms. Tras su paso por diversos certámenes en los que ha ido arañando premios de toda índole, incluidos el especial del jurado y el del público en el Festival de Sitges, otro nuevo realizador presenta este relativamente revolucionario título que combina terror convencional con un punto de partida decididamente fantástico en el sentido más clásico imaginable, y un particular sesgo psicoanalítico, concretamente respecto a la tan cacareada pareja tóxica que tanto preocupa a los más jóvenes. Compartiendo título con un clásico de Brian de Palma que contaba con una sensacional banda sonora de Bernard Herrmann, la película de Curry Barker se centra en la típica (y tópica) mujer desquiciada, histérica e insoportable, aunque lo sea como consecuencia de un hechizo mágico, que hostiga y tortura a quien la ama y sus allegados.

Barker, que hasta ahora había dirigido un buen puñado de cortometrajes de género igualmente fantástico, y un largometraje de presupuesto extremadamente humilde, Milk & Serial, que se estrenó directamente en youtube, ofrece un relato en el que una premisa romántica deviene en un nuevo tipo de monstruo, si bien en la vida real estamos más acostumbrados a que el rol que en esta cinta se aplica a la protagonista femenina, lo asuma el masculino, con mucha más frecuencia depredador sexual y sentimental. Pero como las antiguas brujas y hechiceras, o esas enfermas psicológicas al estilo de Atracción fatal, aquí vuelve a ser ella la depositaria del mal, erigiéndose en un nuevo tipo de monstruo, cuyas taras se traducen en situaciones inasumibles e incontrolables, dominadas por su carácter extremadamente hierático y rabioso.

A partir de aquí surgen excusas para echar mano de lo escatológico y lo grotesco, mientras pretende relacionar la pesadilla del protagonista con el infierno de los celos y la ausencia de talento para gestionar emociones y sentimientos, todo ello bajo la advertencia de tener mucho cuidado con lo que se desea, y manejando con pericia y habilidad algunos resortes propios del género para crear cierto impacto que convierta el producto en ligeramente memorable.