viernes, 20 de febrero de 2026

JUAN PÉREZ FLORISTÁN, PROFETA EN SU TIERRA

Sinfónico 8: El héroe y el destino. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juan Pérez Floristán, piano. György Györiványi Ráth, dirección. Programa: Obertura Egmont OP. 84, de Beethoven; Concierto para piano y orquesta nº 2 en Sol mayor Sz. 95 BB101, de Bartók; Sinfonía nº 5 en mi menor Op. 64, de Chaikóvski. Teatro de la Maestranza, jueves 19 de febrero de 2026


La gran devoción que Juan Pérez Floristán despierta en el público sevillano justifica que ayer el Maestranza observara un lleno casi absoluto, que se repetirá hoy, lo que demuestra que el joven sevillano sí es un profeta en su tierra. Sorprende, sin embargo, a pesar del alto coste de las entradas, que la cita de mañana sábado con una orquesta tan mítica como la Sinfónica de Londres no haya corrido la misma suerte, al menos de momento, aunque a estas alturas no creemos que pueda remediarse, por muy imprescindible que sea este concierto en el marco de la actual programación.

Floristán completó con éste su particular ciclo de los conciertos para piano de Béla Bartók, que inició en junio de hace dos años de la mano de Marc Soustrot, y continuó en abril del pasado con Eun Sun Kim a la batuta. El relevo lo ha tomado ahora un director muy afín y apreciado de la ROSS, György Györiványi Ráth, no en vano principal director invitado de la formación desde 2024. Nombres de una larga lista de los que han hecho posible este complicado ciclo, y a los que con su proverbial facilidad para la retórica, el joven pianista dedicó un sentido agradecimiento.

En este octavo programa del ciclo sinfónico de la ROSS de esta temporada, se asumió el esquema clásico de concierto, una obertura, un concierto y una sinfonía, con Beethoven y Chaikóvski acompañando al segundo de los conciertos que el compositor húngaro dedicó al instrumento rey. El resultado suscitó el gozo generalizado del público, que en un par de ocasiones a lo largo de la sinfonía, pareció dejarse llevar por el entusiasmo y abandonarse a un espontáneo aplauso, al margen de la enorme ovación dedicada a Floristán.

Un pianista versátil y comprometido

Tras una Obertura Egmont de Beethoven, cuyos robustos primeros compases y una estética en general rotunda y musculosa, se vio empañada por unas continuas caídas de tensión y ritmo, lo que restó emoción y trascendencia al conjunto, Floristán acometió el Concierto nº 2 de Bartók. Arrancó con un diálogo exacerbado y aparentemente indisciplinado, en el que maderas y metales se mezclaron juguetonamente con un piano fluido e inventivo, generando un falso caos muy acorde al espíritu alegre y desenfadado del allegro inicial, y huyendo de todo mecanicismo posible.

Foto: Dolores Iglesias Fernández, Archivo Fundación Juan March

Ráth imprimió de misterio y contención la elegía nocturna que inspira el adagio central, con Floristán plegándose a ese halo de delicadeza que lo impregna, y que en su sorprendente y furtivo scherzo central se convierte en vertiginosa carrera hacia el abismo, recuperando entonces la energía vigorosa que exhibió en el movimiento anterior. La cuerda acompañó acariciando al solista y potenciando el carácter ensoñador de la pieza.

De nuevo agilidad y torbellino en el allegro molto final, acopio de virtuosismo y todo un desafío técnico que el pianista salvó con maestría, mientras la percusión potenció su espíritu eufórico y su frenético ritmo. En la propina, Floristán homenajeó a Falla con una Serenata andaluza centrada más en los acentos y el ritmo que en obtusas florituras.

Una orquesta entregada a su máxima potencia

György Ráth y la ROSS en abril 2025. Foto: Marina Casanova

Son ya muchas las veces que la ROSS se ha enfrentado a ese grito de rabia y desconsuelo que es la Quinta de Chaikóvski, con resultados en su mayoría satisfactorios. También lo fue en esta ocasión, con Ráth entregado en cuerpo y alma, y la ROSS respondiendo con todo su arsenal, resplandeciente y gloriosa. La página se deslizó con tanta amargura como cierta esperanza, evidenciando los resortes anímicos de su compositor, tan preocupado por el destino, ahora trasmutado en providencia, como lo estuvo en su anterior sinfonía, escrita una década antes.

Ráth se atrevió a modificar ritmos en algunos pasajes del allegro inicial, precedido de un melancólico adagio, y con una conmovedora tristeza informando todo el movimiento. Un inquietante arranque en el que brillaron las trompetas y el estallido enfático y generalizado de toda la sección de metal, precedió al conmovedor solo de trompa con el que se inicia el famoso andante cantabile, tan espacioso como intenso, impregnado de nobleza y patetismo. La orquesta se deslizó de forma majestuosa, plena de lirismo y serenidad, con aportaciones sobresalientes del clarinete y el oboe, y puntuales irrupciones de furia devastadora y contrastante.

El vals resultó elegante pero pasó desapercibido frente a la energía y la serenidad espiritual que destacaron en los movimientos precedentes. El andante maestoso, por su parte, se convirtió en pura batalla seguida de un triunfal final no exento de pesimismo, como fue posible adivinar de la interpretación tan desesperada que una muy disciplinada ROSS hizo de este sospechoso canto más angustiado que victorioso, bajo la firme y segura dirección de György Ráth. Para entonces, todas las familias instrumentales habían evidenciado la responsabilidad, el brillo y la majestuosidad con la que asumieron esta página tan frecuentada.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 19 de febrero de 2026

EL AGENTE SECRETO Intenso thriller con fondo político

Título original: O agente secreto
Brasil-Francia-Alemania-Países Bajos 2025 158 min.
Guion y dirección
Kleber Mendonça Filho Fotografía Evgenia Alexandrova Música Mateus Alves y Tomaz Alves de Souza Intérpretes Wagner Moura, Laura Lufési, Tânia Maria, Robério Diógenes, Hermila Guedes, Italo Martins, Carlos Francisco, Maria Fernanda Candido, Thomás Aquino, Gabriel Leone, Roney Villela, Kaioni Venâncio, Udo Kier, Isabél Zuaa, Joâo Vitor Silva, Alice Carvalho, Enzo Nunes, Luciano Chirolli, Isadora Ruppert, Geane Alburquerque, Erivaldo Oliveira, Fabiana Pirro, Gregorio Graziosi, Marcelo Valle, Joálisson Cunha Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2025; en Brasil 6 noviembre 2025; en España 20 febrero 2026


El cine brasileño vuelve a triunfar rememorando la dictadura de los años setenta, década denominada como Años de plomo por la fuerte represión policial. Lo hizo el año pasado con Aún estoy aquí y lo hace ahora en un tono radicalmente diferente de la mano de Kleber Mendonça Filho. El director vuelve a practicar la narrativa coral, como hiciera en Doña Clara y, de forma mucho más evidente en Bacurau. Como en la primera, El agente secreto presenta un personaje absolutamente protagonista, pero lo rodea de tantos personajes, historias y vidas diferentes, que esa sensación coral rápidamente se adueña del producto. El título parece funcionar más como metáfora que en sentido estricto, de forma que nos adentramos en las experiencias como refugiado dentro de su propio país de un personaje perseguido a dos bandas, siempre desde el mismo lado, el aparato del Estado y los intereses económicos representados en la fuerza industrial y empresarial que también caracterizaron una época paradójica de represión y auge económico.

Sus dos horas y media aprovechan todo un rico material dramático en el que la fuerza del cine constituye un pilar fundamental de la historia, haciendo de clásicos como Tiburón o La profecía, metáforas de una época, del miedo que provoca las peores pesadillas y la necesidad de exorcizarlas, de afrontar esos demonios que generan acritud y desarraigo, y que hoy vuelven a estar tan presentes en la política mundial, bajo la nueva forma de democracias erráticas y forzadas. Walter Moura, tras su exitoso paso por la serie Narcos, hace un trabajo extraordinario, arropado por un interminable plantel de actores y actrices que conforman un sensacional mosaico humano, tan entrañable como execrable. En sentido personal estricto, me conmovió especialmente el momento en el que se revela que cierto edificio sanitario ocupa el lugar que en el pasado ocupó un importante cine de Recife, capital de Pernambuco, pues yo mismo resido en un edificio que después de un tiempo viviendo en él descubrí que ocupaba la plaza del antiguo Cine Goya que tantas veces frecuenté con mi padre.

Cuestiones románticas aparte, este es un film excelente, magníficamente ambientado con ayuda de una producción holgada, la que propicia la colaboración de varios países europeos, y con interpretaciones sensacionales. Un excelente thriller para hablar de miseria institucional, desviación de fondos y corrupción a gran escala. Una estupenda selección de temas musicales completan lo que a nuestro juicio es una de las mejores películas del año, y la que más nos ha convencido de cuantas optan a los Oscar. De momento, los premios al mejor director y al mejor actor en Cannes los tiene asegurados, así como el de mejor actor en los Globos de Oro.

LA MALDICIÓN DE SHELBY OAKS Docudrama ingenioso pero de escaso alcance

Título original: Shelby Oaks
USA-Bélgica 2024 99 min.
Guion y dirección
Chris Stuckman Fotografía Andrew Scott Baird Música James Burkholder y The Newton Brothers Intérpretes Camille Sullivan, Sarah Durn, Michael Beach, Brendan Sexton III, Charlie Talbert, Robin Bartlett Estreno en Estados Unidos 24 octubre 2025; en España 20 febrero 2026

La experiencia como periodista de Chris Stuckman debe haber influido para que los primeros veinte minutos de este film resulten tan novedosos, por cuanto formulan todos los precedentes de la trama en formato de reportaje televisivo, con entrevistas, imágenes reconstruidas, informativos y recortes de periódico milimétricamente reproducidos como si de realidad se tratara, en un estilo que recuerda a experiencias de falso documental como Las brujas de Blair o falsas grabaciones domésticas como Paranormal Activity,

Pero tras los avanzados títulos de crédito, todo se torna convencional en su tendencia puramente cinematográfica, constituyendo el conjunto una original mezcla de documental y ficción que nos lleva a una historia de demonios, casa del terror, pasadizo secreto y otras constantes del género, bañadas con una música atmosférica omnipresente e inconveniente, todo lo cual resta originalidad e interés al resultado final.

Con todo, la historia de una mujer que busca a su hermana desaparecida diez años atrás, cuando un reportaje televisivo la trae a la actualidad y desencadena un trágico pero revelador suceso, tiene sus aciertos y demuestra que Stuckman, que después de un mediometraje y un documental, debuta en el largometraje, se maneja suficientemente bien como para provocar suspense e inquietud. Sin embargo, la propuesta se revela menos malsana de lo que pretende, siempre que nos recuerda trágicos acontecimientos que han ocurrido en la realidad sin intevención de agentes fantásticos. Lástima, porque los ingredientes son suficientemente adecuados para generar una obra de mayor envergadura emocional.

lunes, 16 de febrero de 2026

UN VOLODOS SUPERLATIVO IMPRESIONA EN EL MAESTRANZA

Gran Selección. Arcadi Volodos, piano. Programa: Sonata en Sol mayor D.894, de Schubert; Mazurkas op.33 nº 4 en si menor, op. 41 nº 2 en mi menor y op. 63 nº 2 en fa menor; Preludio op. 45 en do sostenido menor; y Sonata nº 2 en si bemol menor, de Chopin. Teatro de la Maestranza, domingo 15 de febrero de 2026


No se corresponde la grandeza del artista que nos visitó anoche con el aforo algo desangelado que esperó encandilarse con su maestría. No por muy esperado, logró convocar en nuestra ciudad un merecido lleno absoluto, aunque quienes fuimos testigos de su ansiado recital, acabamos extasiados. Salimos del Maestranza como trascendidos, incapaces de absorber tanta belleza y tanta emoción, y regresar al mundanal ruido como si no hubiera ocurrido nada. Todo de memoria y sentado sobre una silla con respaldo, en lugar de la habitual banqueta, el suyo fue un recital servido desde una conciencia plena y una seguridad absoluta.

A Volodos se le considera una autoridad, casi una referencia, en la Sonata para piano en Sol mayor de Schubert. Sabe sumergirse como nadie en su atmósfera y captar a la perfección su significado. Contemporánea de otras grandes obras del compositor austriaco, como la Sinfonía nº 9 o el Cuarteto D887, el pianista ruso sabe muy bien cómo comunicar esa misteriosa serenidad que impregna el expansivo movimiento inicial, que con sus repeticiones puede alcanzar, como así hizo, los veinte minutos de duración, y que sometió a continuos y muy elocuentes contrastes y cambios de color, desde un compulsivo estado de ánimo a un marcado lirismo.

Resolvió el andante con hermosa calidez y el minueto con una profunda energía rítmica. El rondó final sonó tan rústico como fresco y chispeante, siempre desde un espíritu reflexivo y refinado, quedando patente tanto su virtuosismo como su luminosa y profunda intimidad, a fuerza de una generosa intensidad, largos fraseos y un sentido proporcionado del drama.


La segunda parte del recital estuvo dedicada a Chopin, primero con tres mazurkas seleccionadas de entre diferentes cuerpos, destacando la nº 4 del opus 33, de la que sacó provecho de su poderosa narrativa, marcando el ritmo pero siempre al servicio de la expresividad, de forma que sorprendió tanta contención y solemnidad en su distendido final. El carácter extremadamente exigente de estas piezas breves encontró en la digitación de Volodos el instrumento ideal para dejar fluir su elegancia, sin superficialidad pero tampoco dramatismo, marcando su delicadeza sin remilgos superficiales, haciendo alarde de sofisticación sin resultar recargado. Para entendernos, logró acercarse a su origen popular sin adornos superfluos y sin privarlas de regocijo.

Tras un impecable Preludio op. 45, en el que supo resolver sus muy expresivas modulaciones cromáticas sobre una base temática uniforme, Volodos abordó la Sonata nº 2 del autor polaco con un sentido del drama muy marcado en el rítmico movimiento inicial, con pasajes tan vehementes y escalas tan vertiginosas que parecían anticipar la tragedia. Después, un scherzo trémulo y agitado, técnicamente diabólico, y la célebre marcha fúnebre, áspera y cruda, en fuerte contraste con un trío tan dulce y lánguido que casi parecía una canción de cuna. Así, hasta llegar al fulgurante presto final, y ofrecer hasta tres propinas, incluido el muy célebre momento musical nº 3 de Schubert.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 15 de febrero de 2026

CUMBRES BORRASCOSAS Barbie y el Marqués de Sade

Título original: Wuthering Heights
USA-Reino Unido 2026 136 min.
Guion y dirección
Emerald Fennell, según la novela de Emily Brontë Fotografía Linus Sandgren Música Anthony Willis y las canciones de Charli XCX Intérpretes Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes, Ewan Mitchell, Charlotte Mellington, Owen, Vy Nguyen Estreno en Reino Unido. Estados Unidos y España 13 febrero 2026

Al igual que Jane Eyre de su hermana Charlotte, la novela de Emily Brontë ha conocido multitud de adaptaciones al cine y la televisión. La más recordada y celebrada sigue siendo, sin duda, la que William Wyler dirigió en 1939 con Laurence Olivier y Merle Oberon como Heathcliff y Cathy, a quien Alfred Newman dedicó un tema musical antológico. Pero también merecen destacarse la producción mexicana que bajo el título de Abismos de pasión dirigió Luis Buñuel en 1954, la que en 1971 protagonizaron Timothy Dalton y Anna Calder-Marshall con música de Michel Legrand, y aunque menos convincente, la de 1992 con Juliette Binoche y Ralph Fiennes y una exquisita banda sonora de Ryuichi Sakamoto. Más recientemente, Andrea Arnold se atrevió a darle un aire más contemporáneo y decididamente sensorial a su particular versión de 2011, donde el atractivo protagonista cambió de etnia. Amante de los excesos y las provocaciones, Emeral Fennell (Saltburn, Una joven prometedora) se ha conformado con cambiarle la etnia a Linton y a la señorita de compañía de Cathy Earnshaw. Son los signos de los tiempos, y de eso se trata cada vez que un clásico vuelve a copar las pantallas, de acercarlo a las nuevas generaciones aunque en el camino se cometan dislates de signo variado.

Lejos quedaron los tiempos en los que una ambientación de época buscaba realismo y autenticidad. La tónica ahora consiste en intentar ser creativo y fantasioso, de forma que en esta ocasión vestuario y dirección artística resultan tan caprichosos como estridentes, mientras Margot Robbie pasea su palmito como si no se hubiese desenfundado de Barbie. A su lado, el nuevo Frankenstein, Jacob Elordi, se comporta como un auténtico monstruo, haciendo acopio de técnicas abusivas y atroces con la pobre Isabella, por supuesto con su consentimiento, que tampoco se trata de ser políticamente incorrectos. No se ha atrevido, sin embargo, la directora a desechar el carácter puramente romántico de la pareja protagonista, aunque añadiendo una dosis de sadomasoquismo que pretende enturbiar la trama, ignorando que el original y sus primeras adaptaciones fueron suficientemente turbias sin necesidad de lindezas posmodernas.

Lástima, porque su primer tercio, con los personajes siendo infantes, prometía mayor fidelidad y acierto, a pesar de un primer encuentro de la protagonista con la muerte, en una ejecución pública, que no consigue conectar con la atmósfera fúnebre que debía acompañar el resto de la función. Después, todos los personajes sin excepción, acaban siendo enfermos psicológicos, sin aprecio alguno por ninguno de ellos, como si la maldad campara a sus anchas en todas sus vertientes y no quedara resquicio para la ternura. A pesar de todo, una joven sentada a nuestro lado, después de hincharse a refresco y palomitas, se hartó de llorar. Y un último apunte, la pose de los protagonistas en el cartel publicitario es la misma que exhibieron Clark Gable y Vivien Leigh para anunciar Lo que el viento se llevó, película a la que por cierto accedió la actriz británica cuando acompañó a su entonces esposo, Laurence Olivier, a Hollywood para protagonizar Cumbres borrascosas y Rebeca.

sábado, 14 de febrero de 2026

RUTA DE ESCAPE De principios y confianza

Título original: Crime 101
USA-Reino Unido 2026 140 min.
Guion y dirección
Bart Layton, según el relato corto “Código 101” incluido en la novela “Rotos” de Don Winslow Fotografía Erick Wilson Música Blanck Mass Intérpretes Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Halle Berry, Barry Keoghan, Monica Barbaro, Nick Nolte, Tate Donovan, Jennifer Jason Leigh, Corey Hawkins, Babak Tafti, Peyman Moaadi, Peter Banifaz, Hossein Mardani, Devon Bostick, Deborah Hedwall, Andra Nechita, Crsoby Fitzgerald, Paul Adelstein, Patrick Mulvey Estreno en Reino Unido, Estados Unidos y España 13 febrero 2026

Adaptación en cierto modo libre de uno de los seis relatos cortos que conforman el libro Rotos de Don Winslow, donde toda referencia al narcotráfico ha desaparecido en favor del tráfico de diamantes. El desconocido entre nosotros director británico Bart Layton, que prepara nueva película con Benedict Cumberbatch, y que a partir de ahora debemos seguir con cierto interés, logra tejer una radiografía de la sensibilidad del mundo en el que vivimos, donde conviven corrupción, ambición desmedida, abuso laboral, discriminación sexual y una total falta de principios y confianza. Sin embargo, consigue que brille justamente lo contrario, la necesidad de tener unos principios que respetar y una confianza a la que entregarse.

Así actúa su trío protagonista, una agente de seguros que se plantea su función en la empresa y el trato que le dispensan sus superiores, un policía que no acepta soluciones fáciles para resolver casos complicados, y no encaja entre agentes entregados a una corrupción que a menudo se hace demasiado evidente. Pero, sobre todo, un ladrón de guante blanco atormentado por un pasado nada fácil (única constante que relaciona la cinta con la tendencia actual), que huye de la violencia gratuita y sólo busca entre sus víctimas gente poderosa a su vez promotora de cierta forma de ilegalidad, una suerte de Robin Hood que no reparte riquezas.

Winslow reconoce su admiración por Steve McQueen y la película se hace eco de ello. Naturalmente, meter en un mismo relato a una agente de seguros y un ladrón de guante blanco nos remite a El caso Thomas Crown, y las frecuentes persecuciones de coche por Los Ángeles a Bullit, aunque allí sucedieran en San Francisco. Ambas cintas son citadas expresamente en una película hecha a la antigua usanza, aunque en el desarrollo de su investigación criminal evidencie algunas lagunas y convenciones, pero que logra reconquistarnos a quienes apreciamos el género y andábamos algo perdidos entre tanta violencia imperante, aquí reducida al mínimo. Destaca su reparto de estrellas, con personajes muy bien definidos y desarrollados, de esos que tienen un pasado y un futuro, son reales. Todos y todas se entregan al máximo de sus posibilidades, logrando junto a una puesta en escena y un tratamiento dramático esmerado y elegante, un thriller altamente satisfactorio.

viernes, 13 de febrero de 2026

UN SUEÑO CON TIERNA PERSPECTIVA INFANTIL

El sueño de una noche de verano. Ópera en tres actos de Benjamin Britten. Libreto de Benjamin Britten y Peter Pears, basado en la obra homónima de William Shakespeare. Corrado Rovaris, dirección musical. Laurent Pelly, dirección escénica. Luc Birraux, reposición de la dirección escénica. Laurent Pelly y Massimo Troncanetti, escenografía. Laurent Pelly y Jean-Jacques Delmotte, vestuario. Michel Le Borgne, iluminación. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Banda interna del Conservatorio Manuel Castillo. Escolanía de Los Palacios (Aurora Galán, directora). Con Xavier Sabata, Rocío Pérez, Michael Porter, Heather Lowe, Joan Martín-Royo, Aoife Miskelly, Charlotte Dumartheray, David Ireland, Juan Sancho, Daniel Noyola, Thibaut de Damas, Alexander Sprague, Benjamin Bevan, Toislav Lavoie, Siân Grifiths, Andrea Carpintero, Julia Rey, Paula Ramírez y Kenia Murton. Producción de la Ópera de Lille. Teatro de la Maestranza, jueves 12 de febrero de 2026


La interminable cantera de adaptaciones shakesperianas a la ópera y el cine encuentra en esta amable comedia de tintes fantásticos un sobresaliente referente. Fue con la película que William Dieterle y Max Reinhardt dirigieron en 1935 con la que debutó Erich Wolfgang Korngold en Hollywood, a donde llegó de la mano del famoso productor teatral austriaco, y se quedó refugiándose del nazismo. Korngold adaptó parte de la música incidental que un siglo antes había compuesto Mendelssohn y que se convertiría en la más famosa pieza musical concebida a partir de este clásico teatral. En 1999 un plantel de estrellas protagonizó otra encantadora versión de la mano de Michael Hoffman, a la que Simon Boswell prestó una banda sonora plagada también de referencias mendelssohnianas.

El sueño de una noche de verano pasó a llamarse La reina de las hadas  cuando Purcell compuso las máscaras que habían de amenizar las representaciones de esta fantasía sobre el amor y las apariencias. Casi tres siglos después Benjamin Britten estrenó su particular versión de la comedia, ciñéndose al texto original, al que apenas traicionó más que para reducirlo al estándar operístico con ayuda de Peter Pears. Un mes antes de que el Real alce la producción de Deborah Warner de este título, Sevilla tuvo anoche la oportunidad de estrenar esta ópera de un autor poco pródigo en la escena hispalense.

Una producción llena de magia y encanto

Recién desembarcado de Valencia, donde montó su producción de Eugenio Oneguin, Laurent Pelly nos encandiló con su particular visión del mundo de hadas, atenienses y pastores que propone la obra de Shakespeare. Sin apenas utillaje, con un trabajo esmerado de iluminación y un escenario de fondos interminables, gracias a un inteligente juego de espejos, Pelly hizo volar a sus personajes, los envolvió en magia y amabilidad y nos enganchó de principio a fin en un rocambolesco ejercicio de confusiones amorosas y preparativas nupciales.


El Maestranza volvió a convertirse en escenario de vuelos vertiginosos, los de Oberón y Titania movidos por grúas que los técnicos tramoyistas manejaron con la misma prestancia y precisión con la que desplazaron otros elementos y artilugios, paredes y espejos incluidos. Con arneses pudo Puck realizar sus acrobacias y deslizarse verticalmente casi en caída libre, de forma no apta para personas con acrofobia. Y con muchas luces emulando estrellas en movimiento, pudo el oscuro escenario trasladarnos a esa noche intensa en la que se sumergen los sueños.

Increíbles resultaron los disfraces de silfos y ninfas, interpretados por los niños y niñas de la Escolanía de Los Palacios, que con un fascinante juego de luces parecían emitir sus rostros como si fuesen pequeñas pantallas de televisión. Que los y las cuatro amantes confundidas vistieran pijamas pudiera parecer la solución más previsible, pero sirvió sobremanera para identificarnos con ellos y ellas y vivir nuestra propia experiencia onírica, que nos portó con éxito a ese mundo tan añorado de la infancia. El colorido vestuario de los artesanos faranduleros puso el contrapunto a ese universo casi en blanco y negro que protagonizó el resto de la función.


Fascinante tanto en el escenario como en el foso

El sueño mágico al que fuimos invitados e invitadas no se provocó sólo con esa excelencia escenográfica, y el buen teatro que se derrochó durante toda la función, casi tres horas de delirio dramático y musical, sino con la excelencia musical que nos ofrecieron los maestros y maestras de la Sinfónica y las voces convocadas. El director italiano Corrado Rovaris, actual director musical de la Ópera de Filadelfia, entendió a la perfección el espíritu de Britten, logrando texturas acordes a cada grupo de personajes. Cuerda sinuosa, casi erótica, para los amantes, metales refulgentes, ocasionalmente grotescos, para los cómicos y un trabajo exquisito de percusión, arpa y celesta para los personajes mitológicos.

La orquesta sonó maravillosamente, nos envolvió con el lenguaje avanzado de la música, no exactamente dodecafónica pero tampoco anclada en la melodía que tanto busca el público medio de una representación operística, a pesar de lo cual la acogida fue espléndida por parte del mismo. Rovaris consiguió envolvernos en una atmósfera mágica y onírica, con unos timbres orquestales y un colorido armónico tan específico que fue fácil dejarse dominar por tan rica experiencia sensorial.


Aurora Galán hizo un trabajo soberbio con la Escolanía de Los Palacios, en el cometido más exigente y dilatado que la formación ha abordado en su ya fecunda colaboración con el Maestranza. ¡Qué buena decisión tomaron sus padres y madres! ¡Qué extraordinaria experiencia viven prestándose a estos cometidos tan exigentes y profesionales! y ¡qué orgullosos y orgullosas deben sentirse todos!

Todas las voces, sin grandes alardes porque la pieza no pretende ser un vehículo para ello, se prestaron con solvencia y satisfacción a sus cometidos. Xavier Sabata volvió a convencer, esta vez como Oberón, sin forzar el falsete y cambiando de color cuando se precisaba. Como Tytania, la madrileña Rocío Pérez exhibió un gran dominio de la coloratura y una presencia física arrolladora. Ellos protagonizaron la vertiente barroca de la ópera, tan deudora de Purcell, mientras los y las amantes parecieron emerger del teatro musical anglosajón, con prestaciones esmeradas de un ingenuo Michael Porter, una presumida Heather Lowe, un soberbio Joan Martín-Royo y una simpática y desvergonzada Aoife Miskelly.


Entre los artesanos destacaron el divertido bajo-barítono británico David Ireland, el sevillano Juan Sancho, que no sólo demostró tener una de las voces más potentes del elenco sino dominar también el humor cuando de emitir gallos se trataba, y el bajo mexicano Daniel Noyola. Todos lograron, con la ayuda inestimable de Pelly, que la comedia Píramo y Tisbe no resultase, como en otras ocasiones, tediosa. También Siân Griffiths y Tomislav Lavoie convencieron desde su zona grave como Teseo e Hipólita, mientras cuatro voces femeninas extraídas del coro del Maestranza lideraron el séquito de Tytania con exacta solvencia que el resto de sus compañeros y compañeras.

Y no podemos olvidar el excelente trabajo de la actriz Charlotte Dumarthay, un Puck tan travieso como ágil y dinámico. Todos y todas ellas lograron un triunfo indiscutible y nos regalaron una experiencia rotundamente gozosa. Hay otras dos funciones, así que permítanse un buen regalo y no dejen pasar la oportunidad.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía