domingo, 5 de julio de 2026

EL ACIERTO EXPRESIVO DE PATRICIA ARAUZO

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Patricia Arauzo, piano. Programa: Sonata para piano nº 13 en si bemol mayor K.333, de Mozart; Sonata para piano nº 21 en si bemol mayor D.960, de Schubert. Sábado 4 de julio de 2026


Este año se cumplen doscientos setenta del nacimiento de Mozart, genio entre los genios e indiscutible fuente de inspiración para compositores venideros, que siguieron sus pautas e innovaciones de composición para adaptarlas a sus propios estilos. Entre ellos, destaca quizás Franz Schubert, para quien el de Salzburgo era un faro de luz que iluminó su propio camino creativo. La pianista arandina Patricia Arauzo, afincada en Sevilla, en cuyo Conservatorio Superior ejerce como catedrática de piano, hizo dialogar anoche a los dos compositores, y de paso marcar la diferencia que acusa en ambos el paso de casi medio siglo.

Como concertista, Arauzo es bien conocida de la afición sevillana, que ha podido disfrutar de su estilo disciplinado y competente en muchas ocasiones, tanto en recitales sueltos como en ciclos de distinta índole y estilo. También en las Noches del Alcázar se ha dejado sentir en varias ocasiones su pianismo, que anoche además contó con una visita inesperada en forma de fallo técnico que provocó intermitentes fogonazos desde lo alto de la arcada del Jardín del Cenador de la Alcoba, y unos puntuales apagones que dejaron indefensa a la pianista. Nada de eso le hizo desconcentrarse, manteniendo el tipo hasta el final, sin que la música acusara estos desagradables imprevistos, a los que se unieron los habituales cantos de las chicharras y los pavos reales.

Mozart forzado en estilo, logrado en expresividad

Arauzo atacó Mozart demasiado ensimismada en captar el estilo clasicista al que se adhiere, intentando que las teclas del piano sonaran lo más parecido posible, dentro de sus posibilidades, al fortepiano. Esto provocó un sonido seco, no precisamente áspero, pero sin vuelo lírico y forzado. Esto, en un autor cuya fluidez y aparente naturalidad son señas de identidad, se tradujo en una exhibición muy al contrario, forzada y atropellada, que contó con las temibles notas falsas y alguna imperfección técnica.

Por el contrario, Arauzo logró captar el espíritu de la Sonata nº 13, también conocida como Sonata Linz por haberse compuesto aparentemente en esa ciudad en 1783, conclusión a la que se ha llegado sólo recientemente después de estudios de diversa índole que no lograban ponerse de acuerdo sobre estos particulares.

El allegro inicial sonó juguetón y desenfadado, pero faltó esa agilidad referida. Sin embargo, no acertó la pianista en dotar al andante cantabile central de un mayor lirismo, evidenciándose en exceso su empeño en captar más el sonido que el estilo. Algo que corrigió en la propina, el adagio de la sonata precedente, dechado de emotividad gracias a relajarse y dejarse llevar por la belleza de los acordes, despreocupándose de la técnica. Para el allegro grazioso final optó por un estilo eminentemente concertístico, más fluido y gozoso que los movimientos anteriores, aunque igualmente atropellado.


Un Schubert entre delicado y vehemente

Durante mucho tiempo vista con recelo por considerarse demasiado larga y profunda, la Sonata nº 21 de Schubert es un prodigio de equilibrio entre tensión emocional y una sublime contemplación poética, lo que le convierte este último trabajo instrumental del compositor en una de las piezas para piano más respetadas de todo el Romanticismo. De todo esto se hizo eco la interpretación concentrada e interiorizada de Arauzo, que con una mayor relajación y mayor peso del pedal, logró deslizarse por sus preciosos acordes con gracia y talento.

Arrancó de forma delicada y, sin embargo, ya expansiva, introduciéndonos con acierto en un éxtasis contemplativo que no se rompió con los más vehementes acordes que le siguen, logrando una atmósfera de profunda solemnidad, seguida de una extrema tranquilidad emocional en el andante sostenuto, y una muy acertada volatilidad en el scherzo. En el movimiento final, con aspecto de ambigua danza húngara, alcanzó altas dosis de virtuosismo e intensidad emocional, con unos muy maleables y arqueados fraseos típicos de Schubert, que provocaron junto a su heroica resistencia ante los inconvenientes técnicos apuntados, el unánime reconocimiento del público.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 4 de julio de 2026

AXABEBA CONVIERTE LA CURIOSIDAD EN ARTE

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Ángeles Núñez, canto y percusión. José Luis Pastor, cuerdas medievales. Programa: El legado cultural de Averroes. La España multicultural (canciones y danzas tradicionales tunecina, sefardíes, marroquí y árabe, y extraídas del Libre Vermell de Montserrat, las Cantigas de amigo de Martín Codax, las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, y los Carmina Burana).
Viernes 3 de julio de 2026


Lejos de perversidades como el concepto de prioridad nacional, nuestro país, como tantos otros, es el resultado de una enorme variedad de influencias culturales que vienen de antaño y se resisten a frenarse aún en nuestros días. Unas veces como invasores, otras como visitantes, la mayoría en busca de nuevas oportunidades que les permitan vivir y desarrollarse como seres humanos, nunca pararemos de recibirlos y, de paso, absorber su conocimiento y sabiduría, de la misma forma que ellos aprovecharán todo lo que puedan aquí para enriquecer su patrimonio artístico y cultural.

Trasladarnos al Medievo es lo que de alguna manera pretendieron Ángeles Núñez y José Luis Pastor en este exquisito recital en el que se alternaron piezas de muy distinta procedencia, evidenciando nuestra privilegiada posición en medio de culturas tan distintas que nos llegaron, y siguen haciéndolo, tanto del interior europeo como del norte africano, tantas veces sujetos a crítica, censura y represión.

Averroes como pretexto

Las Noches del Alcázar son desde siempre muy proclives a celebrar aniversarios. Una sana costumbre que este verano incluye el novecientos cumpleaños de Averroes, filósofo, médico, astrónomo, matemático y teórico cordobés que procuró armonizar sus teorías con el Islam, mostrándose también crítico con sus contradicciones. Conocido como Padre del Racionalismo, por sus comentarios y análisis del legado aristotélico, sufrió una ola fanática e integrista en el siglo XII en el que vivió, lo que provocó su destierro y muerte en Marrakech.

En este contexto, la voz y la percusión de Núñez, integrada por darbuka, panderos y sonajeros de tobillo, y la cuerda pulsada de Pastor nos guiaron por un fascinante viaje en el que plasmaron toda su curiosidad e inquietud para hacer lo que saben hacer tan bien, con tanto rigor, fuerza y convicción. Tanto es así que nos atrevemos sin pestañear a confirmar que lo que ayer disfrutamos en el Alcázar fue auténtico arte hecho música.


La exhibición arrancó con el ritmo sensual de una canción tradicional tunecina, y continuó con otra sefardí (Partos trocados), dejando clara la conservación de estas piezas gracias a la transmisión popular, lo que puede haber corrompido su aspecto inicial. Núñez mostró ya desde el principio una habilidad y delicadeza extrema para adaptarse a cada estilo con convicción y verosimilitud, además de controlar con profesionalidad cada lengua convocada, original, arcaica o más actualizada.

De su muy ornamentada pieza de introducción, pasó sin titubear al más austero turco, y después a un muy lírico Ad mortem festinamus, última de las diez canciones del Cançoner montserratí, una danza en forma de virolai, composición poética con varias estrofas con retorno, que la cantante entonó con aplomo y seguridad, y un timbre poderoso a la vez que sedoso, que ha ido ganando quilates con el tiempo. Vino después un fascinante instrumental, un extracto de la nuba Al-Istihlal, tradicional de Marruecos de ritmo repetitivo que Pastor recreó a la vihuela de rueda, con un sonido parecido al de la zanfoña.

Tras un paréntesis galaico-portugués extraído de las Cantigas de amigo del juglar gallego Martín Codax, con el que Núñez se lamentó de la ausencia de su amado, tal como se manifiesta en este pergamino Vindel, llamado así en honor a su descubridor, Núñez nos deleitó con una nana trágica, Nani nani, también de tradición sefardí, haciendo acopio de expresividad, extrema sensibilidad y una perfección en la entonación que llegó incluso a estremecernos. Por cierto, Pastor introdujo cada pieza con una capacidad divulgadora no al alcance de cualquiera, además de dominar con una maestría absoluta el laúd, la cítola y la referida vihuela.

Otro dancístico instrumental, una Estampida sobre la Cantiga de Santa María nº 42, precedió a las dos últimas piezas del programa, con Tempus transit gelidum de los cantos goliardos incluidos en los célebres Carmina Burana (cánticos del Monasterio de Beuern o Bura), también en perfecto estilo y consonancia con el resto de un programa que se completó con el canto trovadoresco Calenda maia y la rendición unánime del público. Repiten el día 1 de agosto.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 3 de julio de 2026

PREDOMINIO DEL ROJO EN UN COLORIDO FIN DE TEMPORADA DE LA ROSS

Sinfónico 15. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniela Iolkicheva, arpa. Marina Heredia, cantaora. Lucas Macías, dirección. Programa: El Castillo de Almodóvar, de Turina; El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Falla. Teatro de la Maestranza, jueves 2 de julio de 2026


Aunque todavía le queda por delante su concierto participativo, la ROSS despide ayer y hoy su trigésimo sexta temporada, con un emotivo adiós adicional a una maestra y dos maestros que se jubilan. Así, el concierto comenzó con una merecida ovación y ofrenda de flores a la icónica violonchelista Nonna Natsvishvili, que nos ha acompañado desde la formación de la orquesta en 1991, y los violinistas Marius Mihail Gheorghe Dinu y Alexandru Mihon. Les echaremos de menos, aunque darán paso a talentos de nueva generación que perpetuarán a buen seguro la excelencia alcanzada por nuestra querida orquesta.

Un trabajo de Turina poco divulgado, El Castillo de Almodóvar, apenas grabado y menos programado en concierto, encabezó una noche centrada en celebrar el año Falla, cuando se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento. Nada, ni el calor, ni las vacaciones de julio, ni siquiera la cita con la Roja en Los Angeles, impidió un lleno absoluto en el Maestranza, aunque precisamente por este último motivo se dejaron ver algunos huecos en la segunda parte del concierto. Un color, por cierto, que predominó en los atriles de la ROSS gracias a los atuendos de las dos solistas convocadas en su primera parte.

La sensacional arpista de la orquesta, Daniela Iolkicheva, que comparte con Natsvishvili haber integrado la plantilla desde sus inicios y no reflejar físicamente su veteranía, se encargó de dar forma a una pieza concebida como trabajo pianístico, más tarde ejercicio de orquestación del que el compositor sevillano salió bastante bien parado. Se trata de una sofisticada pieza que acusa en su primer movimiento, Silueta nocturna, para nosotros el más conseguido, una fértil sensualidad, fruto de la influencia impresionista de la época, adobada con un sentido del color, la melodía y la armonía del que la solista se hizo eco sin aparente dificultad.

Poseedora de una depurada técnica y una musicalidad extrema, Iolkicheva despachó la pieza acariciando las cuerdas con la elegancia y la delicadeza que le caracteriza, mientras Lucas Macías a la dirección arropó con considerable calidez expresiva. Lástima que Evocación medieval, el segundo movimiento, se muestre más irregular, con momentos mal resueltos junto a otros más inspirados, nada de lo cual afectó a la excelencia interpretativa de solista y orquesta. A plena luz, el tercer movimiento, se reveló como una combinación de los otros dos, tan cálido y sensual como el primero, y apoteósico como el segundo, dando pie a uno de los momentos más bellos de la partitura, el solo de Iolkicheva respondido por el eco de la segunda arpista. Una gran ovación evidenció la admiración, el cariño y el respeto que le profesa la afición.

Dos grandes Fallas en un solo concierto

Son muchas las ocasiones en las que la ROSS se ha enfrentado a los dos grandes ballets del compositor gaditano, la mayoría de las veces con gran acierto. Pero no recordamos ninguna en la que confluyeran en un mismo programa los dos juntos. Para el primero, el archiconocido El amor brujo, se contó con la cantaora del momento, Marina Heredia, con quien además el próximo mes de octubre la orquesta protagonizará una de las citas de la Bienal de Flamenco. El aperitivo de anoche, que se repite hoy, se saldó sin sorpresas en cuanto a la colaboración vocal, amplificada y en la línea habitual con la que se despacha la obra cuando la afronta una voz flamenca en lugar de su alternativa de mezzosoprano.


Macías, sin embargo, pareció buscar tan denostadamente la delicadeza y la elegancia en la partitura, que apenas alcanzó a ofrecer una lectura mortecina, de colores pálidos, sin fuerza ni garra, a pesar del empeño de la cantaora, poseedora de un hermoso y poderoso timbre y una perfecta entonación, así como una fuerza desgarradora exenta de efectismos fuera de lugar. Hemos disfrutado mejores prestaciones de la ROSS en anteriores ocasiones en las que ha interpretado la famosa pieza, incluida una Danza del fuego que en esta ocasión se nos antojó algo meliflua. No obstante, cabe destacar el aplomo y el respeto con que la batuta acompañó los momentos cantados y recitados de la partitura, procurando marcar la expresividad y el lirismo de cada aportación.

Mucho mejor resultó la lectura del director onubense en El sombrero de tres picos. Aquí no pareció buscar esa dignidad mal entendida de la pieza anterior. Por el contrario, se decantó por acentuar la inusitada comicidad y la atmósfera alegre y desenfadada de la primera parte, con un trabajo depurado y muy en consonancia de la orquesta, esta vez acompañada de una fuerza arrolladora y un trabajo excepcional de la percusión, sin dejarse llevar en ningún momento por una emoción  exacerbada que impidiera paladear la pieza con la gracia y la elegancia que también merece.

Pero fue sobre todo la segunda parte, dividida fundamentalmente en el lirismo relajado de la Danza de los vecinos, y el ritmo trepidante, festivo y colorido de las del molinero y final. Todo un dechado de fuerza apasionada, sin sobrepasar límites que nos dejaran una sensación de saturación nada apropiada a la gramática sensible y depurada de un autor que marcó nuestra significativa aportación a la música clásica del siglo XX, y de cuyo sonado aniversario se hacen eco también otras iniciativas, especialmente las Noches del Alcázar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 30 de junio de 2026

VIAJE AL MUNDO DE LOS BLANCOS Un testimonio imprescindible y sobrecogedor

Título original: Viatge al país dels blancs
España-Francia 2026 110 min.
Dirección
Dani Sancho Guion Guillem Clua, según el libro de Ousman Umar Fotografía Lluís Ferrer Calafell y Marcel Pascual Música Laetitia Pansanel-Garric Intérpretes Benjamin Bakraba, Ousman Umar, Emma Vilarasau, Jordi Bosch, John Amissah Borkey, Justino Mendes, Esterlina Edjang, Elisabet Assens, Edgar Moreno Estreno en el Festival de Málaga 9 marzo 2026; en salas 26 junio 2026

Ousman Umar
dejó su tierra natal, Ghana, cuando tenía doce años. Durante un rocambolesco viaje de cinco años, cruzó el desierto a pie y el mar en patera, perdiendo por el camino a varios compañeros de viaje, hasta que alcanzó las costas canarias, y de ahí fue derivado a Barcelona por decisión propia, con la documentación necesaria para empadronarse y disfrutar así de derechos como la educación o la asistencia sanitaria. Plasmó su odisea en un libro que ahora se ha convertido en película de la mano del hasta ahora documentalista de controvertido nombre Dani Sancho. Con el entusiasmo propio de un debutante, pero un rigor no tan al alcance de principiantes, Sancho ha logrado una emotiva y necesaria crónica que destaca por varios motivos. Huye del sentimentalismo barato para centrarse en la emoción merecida y sincera, contando para ello con unas sorprendentes interpretaciones, no ya de consagradas artistas como Emma Vilarasau, sino incluso de primerizos como el joven Benjamin Bakraba y el propio Umar, que interpretan el mismo personaje en edades diferentes.

Destacan también las motivaciones del joven Umar, centradas en la curiosidad y la inquietud por conocer mundo y aprender, más que en la mera necesidad de supervivencia, lo que justifica la felicidad infantil junto al inseparable amigo Musa. Umar logró no sólo asentarse en nuestro país, sino fundar y presidir Nasco Feeding Minds, una organización no gubernamental sin ayuda institucional, que impulsa la educación digital y el talento joven en África. Una forma de erradicar la pobreza desde la raíz, lo que nos indica la importancia de colaborar en ese ciclo de progreso, confiar e invertir en educación, y mejorar nuestra propia civilización. Un testimonio, por lo tanto, que choca diametralmente con las nuevas políticas que amenazan con cerrar puertas al inmigrante, y con ello a la convivencia, el enriquecimiento y la humanidad. Testimonio por lo tanto imprescindible que sirve, además, para reflejar los adelantos experimentados en nuestro país gracias a gobiernos progresistas que han demostrado una calidad sentimental y humana hasta hace poco inéditas en un sistema todavía a rastras con una dictadura criminal e infame, objeto hoy de una inexplicable nostalgia en ciertos sectores.

El componente humano reflejado en instituciones que facilitan la integración, un funcionariado a menudo empático y una enorme calidad sentimental en parte de la ciudadanía, encuentra su lugar en esta emotiva película, cuya dificultad técnica y complejidad en el manejo de recursos, resulta impensable para un casi novel. También su sencilla pero eficiente banda sonora, destaca en un conjunto preciso y esmerado, que no busca, como en otras ocasiones, el horror y el rechazo, pero en cambio logra la empatía, la solidaridad y, sobre todo, la tan necesaria concienciación. Todo esto además de unas formas cinematográficas esmeradas y una narrativa muy fluida y elocuente.

lunes, 29 de junio de 2026

LETRAS ROBADAS Rivalidad poética

Título original: Power Ballad
Irlanda-USA 2026 98 min.
Dirección
John Carney Guion John Carney y Peter McDonald Fotografía Yaron Orbach Música John Carney y Gary Clark Intérpretes Paul Rudd, Nick Jonas, Peter McDonald, Marcella Plunkett, Beth Fallon, Jack Reynor, Rory Keenan, Havana Rose Liu Estreno en Irlanda 29 mayo 2026; en España 26 junio 2026


Aunque ya había dirigido a estrellas como Cillian Murphy o Stephen Rea, conocimos a John Carney cuando estrenó la cinta de corte romántico y musical Once, una producción de escaso presupuesto y hechuras de cine independiente. Una película que caló en el público gracias a sus carismáticos personajes, una pareja de cantantes callejeros, sus canciones, la principal de las cuales se alzó con el Oscar de Hollywood, y por cierto 
disfruta de un simpático cameo en este nuevo trabajo del director irlandés, entonada por otro artista callejero en Dublín. A partir de entonces, Carney se ha adaptado más al estilo clásico y comercial del cine estadounidense, sin traicionar su espíritu amable y un estupendo diseño de personajes. Así, creó la exitosa serie de televisión Modern Love, enlazando con otras comedias musicales de carácter tan tierno como la que nos ocupa ahora, entre ellas Begin Again, con Mark Ruffalo y Keira Knightley, Sing Street y Flora and Son, protagonizada por Eve Hewson, a quien ahora podemos ver en la nueva película de Spielberg, y Jack Reynor, que en estas Letras robadas tiene un destacado papel secundario.

Con estas premisas, Carney, con la colaboración en el guion de Peter McDonald, que además interpreta al divertido, entrañable e inseparable amigo de Paul Rudd, ofrece una de esas películas amables y distendidas, de esas que dicen hacernos sentir bien. Tan significativo resulta su título original, Balada poderosa, a la vez, en uno de esos juegos de palabras que tanto gustan a los angloparlantes, Balada de Power, que es el apellido del protagonista, como su invención castellana, Letras robadas. Cuenta la sempiterna historia de un perdedor de manual, cantante de un conjunto especializado en bodas y otros eventos, que conoce a una antigua estrella de boys band que busca ahora una voz propia que le devuelva la popularidad perdida, esta vez en solitario, y la encuentra usurpando el trabajo del otro. Un papel que no parece sino la recreación de la propia experiencia de Nick Jonas, antiguo integrante de los Jonas Brothers, reconvertido ahora en actor.

Carney y McDonald manejan este sólido material con estilo, elegancia y sutileza, marcando las motivaciones de uno y otro protagonistas, suavizando así sus reacciones, de forma que se apueste más por la comprensión y la amistad que la rivalidad y el rencor. Su algo más de hora y media de duración pasa en un instante, gracias al excelente trabajo de sus intérpretes, la sucesión de canciones, originales del propio Carney y Gary Clark, y clásicas, especialmente de los ochenta, así como la habilidad del director para simplificar, enganchar y emocionar. Si acaso, por buscar algo negativo, la canción que provoca la rencilla no es tan genial, quedándose en el ámbito de lo convencional, y se repite en exceso.

OBSESSION Mujer histérica al acecho

USA 2025 108 min.
Guion y dirección
Curry Barker Fotografía Taylor Clemons Música Rock Burwell Intérpretes Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson, Megan Lawless, Andy Richter, Haley Fitzgerald Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2025; en Estados Unidos 15 mayo 2026; en España 26 junio 2026

Saludábamos hace apenas unas semanas el debut en el largometraje de una nueva promesa del cine de fantasía y terror, con la muy sesuda y compleja intelectualmente Backrooms. Tras su paso por diversos certámenes en los que ha ido arañando premios de toda índole, incluidos el especial del jurado y el del público en el Festival de Sitges, otro nuevo realizador presenta este relativamente revolucionario título que combina terror convencional con un punto de partida decididamente fantástico en el sentido más clásico imaginable, y un particular sesgo psicoanalítico, concretamente respecto a la tan cacareada pareja tóxica que tanto preocupa a los más jóvenes. Compartiendo título con un clásico de Brian de Palma que contaba con una sensacional banda sonora de Bernard Herrmann, la película de Curry Barker se centra en la típica (y tópica) mujer desquiciada, histérica e insoportable, aunque lo sea como consecuencia de un hechizo mágico, que hostiga y tortura a quien la ama y sus allegados.

Barker, que hasta ahora había dirigido un buen puñado de cortometrajes de género igualmente fantástico, y un largometraje de presupuesto extremadamente humilde, Milk & Serial, que se estrenó directamente en youtube, ofrece un relato en el que una premisa romántica deviene en un nuevo tipo de monstruo, si bien en la vida real estamos más acostumbrados a que el rol que en esta cinta se aplica a la protagonista femenina, lo asuma el masculino, con mucha más frecuencia depredador sexual y sentimental. Pero como las antiguas brujas y hechiceras, o esas enfermas psicológicas al estilo de Atracción fatal, aquí vuelve a ser ella la depositaria del mal, erigiéndose en un nuevo tipo de monstruo, cuyas taras se traducen en situaciones inasumibles e incontrolables, dominadas por su carácter extremadamente hierático y rabioso.

A partir de aquí surgen excusas para echar mano de lo escatológico y lo grotesco, mientras pretende relacionar la pesadilla del protagonista con el infierno de los celos y la ausencia de talento para gestionar emociones y sentimientos, todo ello bajo la advertencia de tener mucho cuidado con lo que se desea, y manejando con pericia y habilidad algunos resortes propios del género para crear cierto impacto que convierta el producto en ligeramente memorable.

jueves, 25 de junio de 2026

DIEZ CITAS MUSICALES IMPRESCINDIBLES EN EL ALCÁZAR

El Patronato del Real Alcázar, en colaboración con Actidea, pone en marcha su vigésimo séptima edición de las Noches en los Jardines del Real Alcázar, con su habitual estructura en efemérides y celebraciones del año en curso. Esta vez con la particularidad, cada vez más asentada, de contar con un mayor número de conjuntos y artistas, de forma que apenas un puñado, concentrados en los ciclos de flamenco, músicas de raíz europea y otras músicas, repiten o triplican sus propuestas. En los que más dominamos, de música clásica y antigua, casi ninguno lo hace, por lo que la oportunidad de disfrutarlos hay que cogerla al vuelo. Destacamos diez de más de sesenta citas programadas, de entre las que nos parecen más atractivas.

París evocada por Claudio Constantini

Foto de Jaime Massieu

Peruano de nacimiento y residente desde hace tiempo en nuestro país, Claudio Constatini se ha labrado un exitoso porvenir como uno de los más reconocidos bandoneonistas del mundo, como ya ha demostrado en anteriores ediciones de este mismo ciclo estival sevillano desde 2021. Precisamente ese mismo año tocó junto a la OJA en el Teatro Central, alternando su faceta al instrumento aerófono con su talento al piano, ofreciendo una Rapsodia en Blue sensacional.

Hoy inaugura estas noches en solitario, alternando también ambos instrumentos y evocando el París de entre los siglos XIX y XX a través de Satie, Chopin, Piazzolla y una composición propia. La capital francesa será protagonista de un buen puñado de propuestas en esta nueva edición de las noches del Alcázar.

María Malibrán recreada por Soraya Méncid


La hija de Manuel García y hermana de Pauline Viardot, protagonista de un popular álbum de Cecilia Bartoli hace ya algunos años, será recordada en el aniversario número ciento noventa de su muerte, por la soprano onubense Soraya Méncid. Descubierta en musicales montados por el Liceo de Moguer, como El fantasma de la ópera o los autóctonos Germinal y El médico, Méncid dio el salto definitivo a la lírica tras obtener el primer premio del Certamen Nuevas Voces de Sevilla de 2024. Ha colaborado en varias ocasiones con la Compañía Sevillana de Zarzuela, y demostrado por qué su voz es tan hermosa y singular en recitales líricos.

Entonará canciones de Malibrán y una selección de arias de títulos operísticos asociados a la celebrada artista de origen sevillano. Será Zerlina en Don Giovanni y Susana en Las bodas de Fígaro, además de encarar piezas de La sonámbula de Bellini, María Estuardo y El elixir de amor de Donizetti, y Guillermo Tell de Rossini. Al piano le acompañará en esta cita del próximo sábado Manuel Navarro, un más que competente artista sevillano que repetirá unos días después con la soprano también sevillana Paula Ramírez, igualmente asociada a la Compañía Sevillana de Zarzuela, en un repertorio íntegramente español.

Axabeba Dúo evoca el pensamiento de Averroes


Este año recordamos novecientos años del nacimiento del pensador, médico y filósofo musulmán Averroes, puente entre las culturas islámica, la antigüedad clásica y el medievo europeo, y auténtico estandarte de la convivencia y el diálogo entre pueblos y culturas de nuestro país. En formación de dúo, el conjunto liderado por el experto en cuerdas medievales, José Luis Pastor, un incondicional de estas noches estivales, evocará la España de Averroes con la complicidad de Ángeles Núñez, que entonará piezas del Libre Vermell de Montserrat, las Cantigas de Martín Codax y las de Alfonso X el Sabio, así como de los Carmina Burana, y otras tradicionales sefardíes, tunecinas y marroquíes. Un fascinante viaje al siglo XIII, cuando la península ibérica se enriquecía con las Tres Culturas, que disfrutaremos el viernes 3 de julio, y que Pastor y Núñez repetirán el sábado 1 de agosto.

Mozart en manos de Patricia Arauzo

Foto de Michal Novak

Se cumplen doscientos setenta años del nacimiento del genio salzburgués, y Actidea lo celebra con la participación de la pianista local y catedrática del Conservatorio Superior de Sevilla, Patricia Arauzo, con quien el y la melómana sevillana está bien familiarizada a través de sus celebrados recitales, sola o acompañada, en diversos escenarios de la ciudad. En esta ocasión su impecable digitación hará dialogar el clasicismo del homenajeado, con su Sonata nº 13, con su influencia en el incipiente romanticismo de Schubert, de quien interpretará su Sonata nº 21. Será ya entrado el mes de julio, el sábado 4.

Jesús Pineda contextualiza a Falla


Si se hubiese descubierto alguna manera de perpetuar nuestra existencia, Falla hubiera cumplido ciento cincuenta años y habría podido disfrutar de su música en las manos expertas del guitarrista Jesús Pineda, que para la ocasión pondrá al autor gaditano en contexto, con obras de Albéniz, Turina y Rodrigo acompañando una elocuente selección de piezas del autor de El amor brujo. Desde que se alzara con el primer premio en el Concurso Andrés Segovia de Linares, Pineda ha ido escalando puestos en una fulgurante carrera que le ha convertido en una de las voces más informadas y respetadas de la guitarra clásica dentro y fuera de nuestro país. El sábado 11 podremos comprobarlo.

Otros artistas de tan sólida raíz sevillana, como el flautista de la ROSS Vicent Morelló y el pianista italiano afincado en nuestra ciudad, Tomasso Cogato, se encargarán el sábado 12 de septiembre de celebrar también esta efeméride. También el Dúo Almaclara y el formado por la violista Marian Herrero y el pianista Daniel del Pino, abordarán en sus programas obras en recuerdo de Falla.

Natalia Labourdette, una flor en el jardín


La soprano madrileña protagonizará el sábado 25 otro recital que auguramos inolvidable, abordando la canción de concierto con una formación inusual, junto al arpista murciano José Antonio Domené. Labourdette entonará piezas de Ravel, Fauré, Debussy y Hahn, así como las Siete canciones populares de Falla, en una cita transversal que evocará el París de la Belle Époque y el aniversario de Falla.

El público sevillano está familiarizado con esta joven soprano desde que en 2018 protagonizara un recital en el Maestranza junto a la ROSS dirigida por su entonces titular, John Axelrod. Después, la hemos visto y escuchado en La mujer tigre de Manuel Busto, con la Sinfónica Conjunta en la Cantata para América Mágica de Ginastera, en Falstaff de Verdi, Las bodas de Fígaro y el montaje de Villalobos para Cosí fan tutte.

El Rey Sol y Felipe V en el centro del aniversario de Marin Marais


El violagambista y compositor francés Marin Marais cumple trescientos setenta años, y las flautas de Rafael Ruibérriz y Alberto Trujillo, junto al archilaúd de Rafael Arjona, han aprovechado la ocasión para hacernos una ambiciosa propuesta digna del Femás. Se trata de conectar su música con la de sus contemporáneos Jean-Baptiste Lully y de Robert de Visée, siempre para esta singular formación, tratando así de recrear el ambiente musical de la corte francesa de Louis XIV y la de Felipe V de España, nieto del primero y de María Teresa de Austria.

El principal reclamo de este concierto recae en una pieza de Pierre Boucquet, la suite nº 12 de piezas para dos flautas traveseras sin bajo, publicada en Sevilla en 1734, durante una estancia de parte de la corte del rey español en nuestra ciudad. La cita, el sábado 29.

La boda del XVI también tiene eco en estas noches de verano


Sevilla se ha volcado con el 500º aniversario de la boda de Carlos V e Isabel de Portugal precisamente entre los muros del Real Alcázar, y estas noches en sus jardines no podían quedarse al margen. Varios serán los artistas que aborden este acontecimiento, de entre los que destacamos a la soprano valenciana Mariví Blasco, que el sábado 4 de septiembre entonará junto a la guitarra barroca de Álex Pernas, piezas de Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales, Josquin des Prés y, sobre todo, Juan del Encina, que ayudarán a contextualizar la ceremonia a través de una estructura tripartita que propondrá un recorrido por lo divino y lo solemne, el amor y la herencia cultural monárquica a través del Cancionero de Palacio, y la fiesta y el alborozo con ritmos populares y danzas palaciegas.

Otros artistas que se unen al recuerdo de la boda de la primavera de 1526, serán Andreas Prittwitz a los metales, junto a la cuerda pulsada de Ramiro Morales, el conjunto Dura Sorte, o la soprano Inés Alonso junto a la vihuela de Ariel Abramovich.

John Coltrane y Miles Davis cumplen cien años


El cupo jazzístico, de quien Miguel Ángel González, de Actidea, es un ferviente admirador, tiene su cita más sobresaliente el jueves 17 de septiembre, cuando el saxo y la flauta de Bernardo Parrilla, junto al piano de Daahoud Salim, hijo del legendario saxofonista tejano afincado en Sevilla, Abdu Salim, recuerden la música del también saxofonista y flautista John Coltrane, y del trompetista Miles Davis, a través de las músicas de Charlie Parker, Thelonius Monk o Duke Ellington que sus interpretaciones hicieron brillar. Toda una fiesta para los amantes del jazz clásico, en manos tan refinadas como las de los músicos convocados. Cabe recordar que la faceta como compositor de Salim ha sido reconocida incluso por la ROSS.

Manu Brazo nos hará bailar


Otro saxofonista insigne, el utrerano Manu Brazo, que tantos y tantas admiradoras atesora, protagonizará la penúltima velada de esta vigésimo séptima edición de las Noches del Alcázar. Será el viernes 18, junto a la violonchelista Rosa García Varela, rebautizada como Rosa Gavare, con quien forma también el conjunto Kumpania, integrado así mismo por el pianista Pepe Fernández, con quien Brazo nos encandiló hace cinco años en este mismo escenario, y que esta vez protagonizará junto al violinista Adrián Fernández otro de los recitales dedicados al París de finales del siglo XIX.

Brazo y Gavare interpretarán una serie de danzas con vocación internacional, de Piazzolla a Granados, pasando por otros compositores menos conocidos, como Paulsson, Henryson o Elizondo, de quien se interpretarán unas suculentas danzas latinoamericanas. Ritmo y precisión técnica para refrescar la que seguramente seguirá siendo una de esas tórridas noches estivales de septiembre.

Fotos: Actidea