domingo, 29 de marzo de 2026

ORQUESTRA DEL MIRACLE O CUANDO SER NOVEL NO ESTÁ REÑIDO CON LA EXCELENCIA

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquestra del Miracle. Juan de la Rubia, órgano y dirección. Programa: Obertura de “Rodelinda, Regina de’ Longobardi” HWV 19 y Obertura de “Il pastor fido” HWV 8, de Haendel; Sinfonías de las cantatas “Geist una Seele wird verwirret” BWV 35, “Ich steh mit einem Fuss im Grabe” BWV 156 y “Wir müssen durch viel Trübsal” BWV 146, de Bach; Emitte spiritum tuum, de Francisco Valls; Wassermusik TWV 55:C3, de Telemann. Espacio Turina, sábado 29 de marzo de 2026


La penúltima cita del presente Festival de Música Antigua contó con la singular aportación del joven conjunto catalán Orquestra del Miracle. Joven por su reciente fundación hace apenas tres años y por la media de edad de su flamante plantilla. Al frente de todos y todas ellas, el extraordinario organista de Vall de Uxó, Juan de la Rubia. Juntos hicieron alarde de una sólida compenetración, una estética muy acorde al carácter festivo de la propuesta y una disciplina férrea, con lo que consiguieron resultados tan satisfactorios como los obtenidos en éste su primer concierto en Sevilla.

En su declaración de principios, Orquestra del Miracle pone de relieve la importancia de la música de la época que se hacía en nuestro país, y situarlo en su contexto a través de una comparativa con lo que sonaba en el resto de Europa. Justamente ésta fue su propuesta en esta ocasión, tomar un motete escrito para la Pentecostés en su versión instrumental, sustituyendo la voz humana por la de la flauta, y demostrar la influencia en su gramática y lenguaje de los grandes maestros del momento, Bach, Haendel y Telemann.

La verdad es que la operación puso en evidencia la simpleza de la pieza de Francisco Valls frente a la creatividad y magnificencia de las obras seleccionadas de los grandes compositores convocados. No obstante, en el idiomático órgano de de la Rubia y la cálida flauta de Marit Darlang, la obra cobró cierta gracia e indiscutible amabilidad. Nada que ver, sin embargo, con la majestuosidad del arranque de manos de Haendel y su obertura para la ópera Rodelinda, que el conjunto marcó con una fuerza arrolladora y una precisión matemática.


Tres grandes del Settecento

Más compleja es la singular obertura de Il pastor fido, con nada más y nada menos que cinco movimientos, de los que destacamos el dulce largo y el melancólico adagio, ambos defendidos por Kathryn Elkin con fraseo flexible y legato fluido al oboe. Sensacionales sonaron las tres sinfonías extraídas de sendas cantatas de Bach, dos de ellas más conocidas por sus transcripciones para clave. De la Rubia desplegó todo su virtuosismo, precisión y vigorosa articulación al órgano en la BWV 35, así como su elegante fraseo, junto al oboe de Elkin, en la BWV 156, más popular como largo del Concierto para clave BWV 1056. Pero fue fundamentalmente en la Sinfonía de la BWV 146 donde exhibió su generosa habilidad y fulgurante digitación, dejándonos literalmente boquiabiertos.

Con una selección de la Música acuática de Telemann – inexplicablemente se dejaron fuera dos de sus diez movimientos – se dio por terminado oficialmente el concierto. A la majestuosidad y el vigor de la larga obertura, así como al carácter pastoril de la zarabanda, siguieron momentos de gran compenetración, como el bourrée, y de simpática candidez, el loure, pero sobre todo un tempestad de fascinante resolución con la inestimable intervención del concertino, Vadym Makarenko, a quien hace precisamente tres años pudimos disfrutar junto a Amandine Beyer y Gli Incogniti en este mismo Espacio Turina.

Tras esta suite que terminó a zapatazos con el alegre y cantarín canario final, tocaron como propina un allegro de Antonio Soler, de idéntica arquitectura virtuosa y graciosa resolución, muy relacionado con el Monasterio de Montserrat al que está adscrito el Santuario del Miracle donde se formó esta prometedora orquesta barroca.

Fotos: José Antonio de Lamadrid
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 28 de marzo de 2026

EL JAZZ PURO SE CUELA EN LA ROSS DE LA MANO DE WAYNE MARSHALL

Sinfónico 9: Rapsodia americana. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Wayne Marshall, piano. Lucas Macías, dirección. Programa: Ceci n’est pas une valse, de Raquel García-Tomás; The Unanswered Question S.50, de Ives; Suite for Variety Stage Orchestra nº 1, de Shostakóvich; Obertura de Candide, de Bernstein; Rhapsody in Blue, de Gershwin. Teatro de la Maestranza, viernes 27 de marzo de 2026


Más de un mes ha tenido que pasar para reencontrarnos con la programación de abono de la Sinfónica, y ha sido de la mano de uno de los programas más atractivos y distendidos de la temporada, dedicado fundamentalmente a la música importada de Estados Unidos, ya sea para deconstruir un vals de aires misteriosos al más puro estilo cinematográfico, recrear desde la Unión Soviética sonidos vodevilescos con aires de show business, o rendir pleitesía a tres grandes nombres de la música estadounidense. La joven Raquel García-Tomás y el legendario Shostakóvich dialogaron así con Ives, Bernstein y Gershwin, mientras Wayne Marshall fue la estrella indiscutible al final de la función.

De un misterio existencial

La obra de la catalana Raquel García Tomás, galardonada en 2020 con el Premio Nacional de Música en la modalidad de composición, parte del impresionismo francés, perceptible incluso en el título, Ceci n’est pas une valse (Esto no es un vals), para continuar siguiendo cánones de la música cinematográfica que tanto ha influido en las nuevas generaciones de compositores y compositoras. Arranca de forma estrepitosa para después ir paulatinamente enganchando al oyente con su acumulación de capas instrumentales y esos elegantes destellos de vals que se van colando en un intenso universo, al que la ROSS respondió con todo el ahínco y la pasión que fue capaz de contagiarle un entusiasta Lucas Macías a la dirección.

Siguiendo una estética parecida, volvimos a enfrentarnos a esa pregunta sin respuesta que plantea la obra más recurrente de Charles Ives, por tercera vez en una década, tras interpretarla la Sinfónica Conjunta y la ROSS en ocasiones igualmente memorables. La novedad residió en colocar esta vez la trompeta solista y las maderas en las zonas más altas del teatro, enfrentadas, provocando así un aire cósmico y envolvente que traduce muy bien esa desazón por la propia existencia que plantea la breve pero intensa página, y que tanta relación guarda con algunas de las piezas sinfónicas más celebradas de un autor al que apenas prestamos atención más que para programar ésta.


A la celebración lúdica

Ha sido un verdadero placer escuchar en los atriles de la ROSS la que siempre conoceremos como Jazz Suite nº 2 de Shostakovich, también conocida como Suite para orquesta de baile, y rebautizada como Suite para orquesta de variedades. Al margen del celebérrimo Vals nº 2 que tan popular se hizo de la mano de Kubrick en su última película, Eyes Wide Shut, y rápidamente se convirtió en un imprescindible en bodas, la suite, integrada por piezas concebidas por su autor para diversos cometidos de carácter lúdico, respira aires de distinta índole.

Macías la dirigió con todos los posibles efectivos a su alcance, restándole así parte de ese aspecto circense y vodevilesco para concederle un aspecto más majestuoso, brillante y decididamente espectacular. Esto no fue óbice para que el conjunto sonara eficiente, impecable desde un punto de vista estrictamente técnico, con solos excelentes de saxofón y una cuadrilla del instrumento en perfecto estilo swing, y aportaciones igualmente notables del acordeón, uno de los instrumentos añadidos a tan generosa plantilla. Un trabajo muy colorido, que quizás restó algo de ironía al conjunto, a favor de una espectacularidad enorme y una fuerza decibélica impresionante.

Ya en la segunda parte, no fue quizás la obertura de la ópera u opereta, según cada uno y una la considere, Candide de Leonard Bernstein, la pieza más redonda a nivel de interpretación. De nuevo muy recargada de efectivos, rígida en las transiciones y atropellada en algunos pasajes, Macías tendría que haber trabajado más las aristas sofisticadas y elegantes de la pieza para que no acabara pareciendo una recreación simplemente obligada y circunstancial.


Toda una leyenda del piano, un clásico del jazz moderno, el británico Wayne Marshall no vino para interpretar la Rapsodia en Blue programada para este noveno concierto de abono, sino que se trajo su propia Rapsodia en Blue, de forma que fue él, tanto o más que Macías, quien sentó las directrices a las habría de someterse la interpretación de la famosa pieza. La suya fue todavía más jazzística que la que hace años nos ofreció Michel Camilo, arrancando de forma tan acelerada que a algunos de los músicos pareció costarle seguirle el ritmo. Creímos por un instante que despacharía la pieza en un santiamén, hasta que justo antes del hermoso blues central, se embarcó en unas variaciones a modo de improvisadas candencias de su propia cosecha que alargaron considerablemente la pieza.

Volvió a hacerlo, para deleite de muchos y muchas aficionadas, y posiblemente irritación de otros, tras el blues y casi al final a modo de coda, exhibiendo todo su potencial al piano, su fabulosa creatividad y un dominio del lenguaje puramente jazzístico a mayor satisfacción de los más exigentes eruditos en la materia. John Axelrod ya extrajo todo el potencial jazzístico de una convenientemente versátil ROSS en aquel ya lejano Harlem de Duke Ellington, lo que de nuevo quedó demostrado en esta versión algo abigarrada pero en perfecto estilo de la archiconocida pieza de un Gershwin que atesora otras piezas de concierto dignas de programarse, aunque su grueso sean musicales y canciones sueltas. Lady Be Good, del musical homónimo, sirvió como propina para que Marshall la sometiera a coloristas figuraciones de una apabullante creatividad.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 27 de marzo de 2026

ESPECTACULAR AUNQUE SATURADO ZIMMER EN ROIG ARENA

En la despedida, podemos distinguir en las pantallas superiores a Zimmer, Lebo M y Lisa Gerrad

Hans Zimmer
vuelve a estar de gira por Europa, y después de visitar varios países del norte y centro del continente, le ha tocado el turno a la Península Ibérica. Anoche estuvo en Valencia y ahora viajará a Barcelona, Madrid y Lisboa. Las entradas para el concierto de Valencia se pusieron a la venta hace casi dos años, antes incluso de que el Roig Arena, el palacio de deportes donde se celebró, estuviera acabado. Y se agotaron casi en el acto, aunque luego han ido apareciendo vacantes de forma progresiva.

Veníamos avisados de que el flamante edificio del empresario valenciano no contaba con las condiciones acústicas adecuadas, y así pudimos comprobarlo en un sobresaturado concierto de Zimmer y su fiel compañía. En esta tierra que amamos, se hacen obras faraónicas que no logran cubrir todas las expectativas, como una Ópera imperiosa y vanguardista que se permite, en alas de la belleza estética y la estructura clásica, contener localidades de visibilidad limitada o nula, y no pocas. Y de la misma forma, un palacio de deportes concebido también para espectáculos musicales, con una acústica imposible, que distorsiona y satura el sonido. Si se trata de Zimmer, con su propuesta súper decibélica, los resultados pueden llegar a ser puntualmente desastrosos.


Así sucedió nada más empezar, con un Caballero oscuro en modo tecnodance en el que resultó imposible distinguir melodía alguna, y donde ya atisbamos algo que sería tónica general, que la imprescindible amplificación ahogaba los sonidos. Así, por muchos y muchas músicos que hubiera sobre el escenario, todos y todas parecían hacer un paripé mientras lo que escuchábamos parecía ser una grabación. Naturalmente, confiamos en que no fuera así. Hay talento en el multitudinario ensemble manejado por un feliz y ya septuagenario compositor, si bien echamos en falta la participación de orquesta sinfónica, como así aparece en el disco de la primera etapa de esta gira.

La nueva etapa se llama The Next Level, y en ella reinventa muchos de los arreglos a los que ha sometido sus bandas sonoras más icónicas, con el fin de hacerlas digeribles en un espacio público y lograr, con la colaboración inestimable de unos músicos excelentes, que muchos temas suenen frescos y diferentes en cada comparecencia. Así ocurrió con El hombre de acero, con el que el guitarrista Guthrie Govan se marcó un impresionante solo, o el emocionante bloque dedicado a la África del apartheid, a la que el compositor puso música en varias producciones de sus primeros años, incluida Un mundo aparte, La fuerza de uno y El rey león. Las dos últimas sonaron en el Roig, con especial dedicación al film de Disney que le reportó su primer Oscar, aunque fuera a remolque de las canciones de Elton John.


Naturalmente, en concierto Zimmer sólo interpreta su partitura original, con el único préstamo de ese Círculo de la vida que reaparece en modo coral y apoteósico al final de la película. Treinta años después, la voz de Lebo M suena igual de bien, con toda su fuerza y majestuosidad. Una puesta en escena colorista y un equipo entregado, especialmente la también cantante Refi y el danzante y disciplinado coro, hicieron las delicias de un público respetuoso y embelesado.

Pero quizás el momento más extraordinario y emotivo lo vivimos con la suite de Interstellar, música a la que Zimmer dedicó unas palabras de presentación, asegurando que primero fue la música, como ilustración de un cuento dedicado a su hijo que Christopher Nolan le envió por carta, y que germinó en una película cuando el director escuchó los breves compases que Zimmer compuso para él. Unos compases que derivaron en una de las más fascinantes bandas sonoras de todos los tiempos, una misa cósmica y mística en la que el órgano tiene una enorme relevancia, y que en concierto pierde parte de su majestuosidad tras los obligados arreglos, pero sigue manteniendo su capacidad de fascinación. Si encima el espectáculo se redondea con una acróbata suspendida en el aire, vestida con un traje de espejos al estilo de las bolas de discoteca, con efecto reflectante que expandía su luz a todos los rincones del lugar, la emoción y la sorpresa están más que aseguradas.


Junto a Lebo M, otra leyenda de la escuela Zimmer, Lisa Gerrard, hizo también su aportación, demostrando igualmente que mantiene su voz en perfectas condiciones, para entonar naturalmente algunos de los pasajes de Gladiator, sobre todo ese Now We Are Free tan emblemático y cargado de significación. También la voz de Loire Cotler hizo su aparición para arrancar Dune y reaparecer a lo largo de la función en otros temas de la oscarizada película y su secuela, recreando sus propias aportaciones a la grabación original de la partitura. Cabe destacar también el elegíaco solo de violonchelo de Hannibal, y el trabajo coral desplegado en El Código Da Vinci y su secuela, Ángeles y demonios, además del ritmo frenético con el que el equipo atacó F1, otro delirio rock psicodélico que nos dejó boquiabiertos. Sin olvidar el bloque final dedicado, en el apartado de propinas, a Piratas del Caribe, incluida una versión tecnodance de The Kraken y la puntilla final con el tema principal de la saga, compuesto en realidad por uno de los discípulos de Zimmer, Klaus Badelt. Para terminar definitivamente, tras casi tres horas de concierto, con los hipnóticos créditos finales de Origen.

Lástima que todo, o casi, sonara con esa distorsión denunciada, provocando a menudo más ruido que música, y que en esta gira haya prescindido del apartado sinfónico, resuelto con sintetizadores. Esperamos que este defecto se alivie con la acústica del Palau Sant Jordi, mejor preparado para estas ocasiones. Pero nada logró ser un verdadero obstáculo para considerar ésta una cita memorable con la música, el cine y una leyenda absoluta, que pocos advertirían llegaría a serlo cuando debutó como líder de The Buggles y ese one hit wonder que fue Video Killed the Radio Star, o cuando acompañó a Mecano en una gira, antes de saltar a la fama con las bandas sonoras de Rain Man y Paseando a Miss Daisy.

Estreno en salas de YO CREO EN TÍ

Reseña de la película, estrenada en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde logró el Giraldillo de Oro y los premios a mejor actriz y mejor guion

miércoles, 25 de marzo de 2026

LA SONRISA DEL MAL Fanatismo curativo

Título original: La valle dei sorrisi
Italia-Eslovenia 2025 122 min.
Dirección
Paolo Strippoli Guion Jacopo Del Giudice, Paolo Strippoli y Milo Tissone Fotografía Cristiano De Nicola Música Federico Bisozzi y Davide Tomat Intérpretes Michele Riondino, Giulio Feltri, Paolo Pierobon, Romana Maggiora Vergano, Roberto Citran, Sergio Romano, Diego Nardini Estreno en el Festival de Venecia 30 agosto 2025; en Italia 17 septiembre 2025; en España 20 maro 2026


En sus múltiples cortometrajes y tres largometrajes, el primero dirigido con Roberto De Feo, el joven Paolo Strippoli parece decidido a darle la vuelta al género de terror, convirtiendo en algo diferente la pérdida en el bosque de La clásica historia de terror, la sustancia que nos enfrenta a nuestros miedos en Piove, y ahora la posesión y el fanatismo religioso en este Valle de sonrisas que aquí hemos titulado con el más vulgar La sonrisa del mal. Lástima que para ello eche mano de personajes y situaciones archivistas, desde el extraño en una comunidad que acarrea sus propios traumas y miedos, al joven de mirada intensa y comportamientos bizarros que genera el malestar imperante en una cinta que procura generar una atmósfera no siempre lograda a todos los efectos.

Su, no obstante, inquietante trama se ambienta en una aldea montañosa al norte de Italia, con demasiados jóvenes escolarizados como para exhibir tan pocos habitantes, y un trauma generalizado que nos recuerda a la reciente tragedia de Aldamuz, a pesar de que la pérdida de vidas no debería asociarse a un pueblo de paso. La alegría recuperada pasa por entregarse en cuerpo y alma a un joven aparentemente inocente que esconde un turbio poder como vehículo del mal y la enajenación más absoluta. En este contexto surge el extranjero que pretende resolver la situación y desenmascarar el fanatismo reinante entre la multitud, lo que lógicamente deberá desatar la violencia y la sinrazón.

Cerca quizás de los postulados dramáticos de un Shyamalan, la cinta de Strippoli no llega en ningún momento a alzar el vuelo, ni sirve como ensayo sobre nuestros miedos y cómo pueden llegar a bloquearnos. Se queda en tierra de nadie, logrando dar la vuelta al género pero definiendo a su supuesto monstruo como ser ambiguo y presuntamente homosexual, un detalle que suele potenciar la vía del mal cuando de cineastas reaccionarios se trata. Por lo demás, su argumento llega a resultar confuso y, en su afán de ser discreto y elegante, no llega a explotar sus posibilidades, que podrían haberle reportado esa fascinación que tantos buscamos cuando de retratar el mal con tintes diabólicos se trata.

ZETA Imposible remedo ibérico

España 2026 125 min.
Dirección
Dani de la Torre Guion Oriol Paulo, Jordi Vallejo y Dani de la Torre Fotografía Josu Inchaustegui Música Manuel Riveiro Intérpretes Mario Casas, Luis Zahera, Mariela Garriga, Nora Navas, Christian Tappán, Cristina Umaña, Ricardo de Barreiro, Pablo Álvarez, Nieve de Medina, Luisa Vides, Amanda Goldsmith Estreno en Amazon Prime 20 marzo 2026

Curtido en cintas de acción e intriga como El desconocido, La sombra de la ley, así como la serie de televisión Marbella, el gallego Dani de la Torre se encarga en su cuarto largometraje, tras la simpática y amable Live Is Life. La gran aventura, de bautizar al que parece pretenderse sea un nuevo héroe de acción al estilo de Jason Bourne o Ethan Hunt, desde una óptica ibérica totalmente desprejuiciada y desacomplejada. El problema es que el proyecto se acaba asumiendo a imagen y semejanza del cine estadounidense al que pretende dar réplica, lo que provoca que, a pesar de un holgado presupuesto y una factura técnica importante, los resultados queden muy por debajo de sus modelos a todos los niveles, tanto de espectáculo como de guion.

Así, el trío de autores plantean una trama bastante risible, muy básica y absolutamente previsible, con un Mario Casas cada vez más musculoso e hipertrofiado, protagonista que bebe de sus hermanos traumatizados y con rostro impenetrable, sin atisbo de humor ni gracia, y lo que es peor, sin apenas relieve. A partir de ahí, Luis Zahera le da réplica sin esfuerzo alguno, pero tampoco sin aportar mayor interés a una trama definitivamente endeble. Las escenas de acción quedan muy por debajo de lo deseable, y todo se rellena con un exceso discursivo destinado a explicarlo todo al detalle y que el público lo entienda todo sin complicación.

No se logra, por lo tanto, dar al conjunto un aroma propio, cayendo incluso en ese desprecio habitual y absoluto en este tipo de producciones por la vida, que provoca decenas de muertos en cada secuencia de acción. Una copia sin entidad propia, mucho vuelo de dron, multitud de localizaciones, aunque a la larga parezca que la mayoría de concentran en un escenario único camuflado para cada ocasión, y personajes acartonados y sin entidad propia, como esa Nora Navas, ejecutiva del CNI con imposible peluca que se encarga de dar réplica femenina a la testosterona de la pareja protagonista, mientras la actriz cubana Mariela Garriga se apunta a la masculinidad en igualdad de malas condiciones que sus protagonistas de reparto. Una música omnipresente, siguiendo idénticos cánones que el resto de la propuesta, se encarga de redondear el desaguisado.

ÁGUILAS DEL EL CAIRO Intrigas de poder

Título internacional: Eagles of the Republic
Suecia-Francia-Finlandia-Dinamarca-Alemania 2025 127 min.
Dirección
Tarik Saleh Guion Tarik Saleh y Magdi Abdelhadi Fotografía Pierre Aïm Música Alexandre Desplat Intérpretes Fares Fares, Lyna Khoudri, Zineb Triki, Amr Waked, Cherien Dabis, Sherwan Haji Estreno en el Festival de Cannes 19 mayo 2025; en Finlandia 24 septiembre 2025; en España 13 marzo 2026

Sueco de origen egipcio, Tarik Saleh se ha labrado cierta reputación con su trilogía de El Cairo, así bautizada en nuestro país, mientras en ninguno de sus títulos originales se hace mención de la capital egipcia. Corrupción, extremismo islámico e intrigas políticas se han hecho eco en estas tres producciones, Conspiración en El Cairo, El Cairo Confidencial y ahora ésta, que tienen siempre al actor Fares Fares, también nacionalizado sueco pero nacido libanés, como protagonista. Su papel en esta película como famoso y mujeriego actor del país norteafricano, no acaba de convencer
No tiene ni el atractivo físico ni la capacidad de seducción que requería convertirlo en una especie de Omar Shariff, a pesar de lo cual, gracias a su carisma y su profesionalidad, logra encauzar esta intriga política a gran escala en la que se mezcla la impostada glorificación del mandatario del país desde hace más de una década, Abdelfatah el Sisi, con líos de alcoba y un sabotaje desde las altas esferas del régimen.

El film luce buena factura, con alguna espectacular secuencia y un ritmo adecuado a las circunstancias. Sin embargo, se pierde en datos y personajes, generando un paulatino desinterés que, cuando ha avanzado lo suficiente en su largo metraje, ya no crea empatía alguna, quedando algo por debajo de los títulos precedentes. Estrenada en Cannes, pudo verse también en el Festival de Cine Europeo de Sevilla en la sección reservada a las candidatas a los Premios de la Academia Europea del Cine, donde finalmente no obtuvo ninguna nominación. Alexandre Desplat se encarga de dar empaque a la cinta con una comedida banda sonora en la que predominan atmósferas intrigantes por encima de su habilidad melódica.