lunes, 6 de julio de 2026

FLORA Y SU HIJO MAX Un Ken Loach musical

Título original: Flora and Son
Irlanda-USA 2023 94 min.
Guion y dirección
John Carney Fotografía John Conroy Música Gary Clark jr. Intérpretes Eve Hewson, Joseph Gordon-Levitt, Orén Kinlan, Jack Reynor, Marcella Plunkett, Paul Reid, Don Wycherley, Keith McErlean Estreno en el Festival de Sundance 22 enero 2023; en Irlanda 21 septiembre 2023; en España 29 septiembre 2023 (Apple TV+)


El fugaz estreno de la entrañable Letras robadas, y el descubrimiento de la actriz irlandesa Eve Hewson en El día de la revelación, aunque ya la habíamos visto en muchas producciones, casi siempre como secundaria, por ejemplo en otro Spielberg, El puente de los espías, ha provocado nuestra curiosidad y recuperar el film que John Carney dirigió antes de la cinta protagonizada por Paul Rudd y Nick Jonas. En su momento se estrenó directamente en una plataforma digital, corroborando a su principal responsable como un Ken Loach musical, preocupado por la clase trabajadora aunque desde una perspectiva más ligera y menos comprometida, pero igualmente eficaz, siempre con la música como vía de escape y redención, y a menudo solucionadora de problemas.

En esta ocasión se trata de una joven madre separada del padre de su hijo, un chico problemático al borde de ingresar en un reformatorio, a la vez resignada a no encontrar más hombres en su vida que ligues de una noche exclusivamente para sexo. Narrada con la habitual sencillez del director de Once y Begin Again, colorista y positiva, el personaje interpretado por Hewson encontrará en las lecciones de guitarra seguidas a través de internet, despachadas por un atractivo y cantarín Joseph Gordon-Levitt al que no veíamos desde hace mucho, un vehículo quizás idóneo para solucionar estos y otros problemas.

Todo es ternura y candidez, señas de identidad del director irlandés, además de un sentido de la comedia bastante acertado, en esta película que como Letras robadas se desenvuelve entre Dublín y Los Angeles, aunque en este caso la ciudad californiana sólo aparezca de forma virtual. El resultado está teñido de amabilidad y agradables canciones marca de la casa, generando esa sensación de pasar un buen rato y potenciar nuestra confianza en que la felicidad puede llegar desde lo más insospechado, sin cargar las tintas ni traicionar en el tramo final, como hacen tantas comedias actuales, el tono amable y jocoso. Aunque se estrenó en 2023 en una plataforma digital, la recuperamos este año en el que se ha incorporado a otra, Movistar Plus+.

EL ARQUITECTO Alegato a favor del diseño autoral

Título original: L’inconnu de la Grande Arche
Francia 2025 105 min.
Guion y dirección
Stéphane Demoustier, según la novela de Laurence Cossé Fotografía David Chambille Música Olivier Marguerit Intérpretes Claes Bang, Sidse Babett Knudsen, Xavier Dolan, Swann Arlaud, Michel Fau, Alessandro Bressanello, Micha Lescot, Ilaria Cabras Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2025; en Francia 5 noviembre 2025; en España 13 marzo 2026; en Filmin’ 10 julio 2026

Más cerca de El manantial que de El brutalista, la nueva película sobre arquitectura, enfocada en el tema de la defensa a ultranza de la autoría artística, es esta crónica sobre la gestación de uno de los monumentos contemporáneos más icónicos de París, el Gran Arco del barrio de La Défense. Se trata de un gran edificio de oficinas con forma de cubo hueco que culmina una de las vértebras principales de la capital francesa, en línea perfecta con el Arco del Triunfo. Con el rigor que le caracteriza, ya patente en La chica del brazalete, Stéphane Demoustier, hermano de la actriz Anaïs Demoustier, traza un recorrido cronológico sobre el diseño y construcción de la faraónica obra, con la que Mitterrand quiso conmemorar el doscientos aniversario de la Revolución Francesa.

La cinta se centra en el desconocido arquitecto danés Otto von Spreckelsen, ganador del concurso internacional convocado para la gesta, y cómo tuvo que sortear todo tipo de obstáculos burocráticos y lidiar con colaboradores del prestigio del arquitecto Paul Andreu, responsable del Aeropuerto de Roissy o Charles de Gaulle, para procurar que su diseño se respetara en su integridad. Rigurosa y bien documentada, además de contar con un excelente diseño de producción y eficaces efectos visuales dedicados a recrear las obras y el estado del barrio financiero a principios de los ochenta del pasado siglo, falta sin embargo mayor profundidad al conjunto, así como ese toque de fascinación que tan bien acompaña a productos de esta índole.

Con todo, se trata de un film estimable, con excelentes interpretaciones y un estremecedor final, que siendo fiel a la realidad, se permite cierta licencia poética que pone el broche de oro a su elocuente análisis. Entre sus potagonistas, destaca Claes Bang, a quien deescubrimos en The Square, y el actor y director canadiense Xavier Dolan, cuyo personaje representa el freno burocrático que sufre el artista. La recuperamos ahora, cuatro meses después de su discreto estreno en salas, cuando entra en la lista de nuevas incorporaciones de Filmin’.

LOS MÚSICOS Ensayo sobre el ego artístico

Título original: Les musiciens
Francia 2025 102 min.
Dirección
Grégory Magne Guion Grégory Magne y Haroun Fotografía Pierre Cottereau Música Grégoire Hetzel Intérpretes Valérie Donzelli, Frédéric Pierrot, Mathieu Spinosi, Emma Ravier, Daniel Garlitsky, Marie Vialle, Nicolas Bridet, François Ettori, Grégory Montel Estreno en Francia 7 mayo 2026; en España 3 julio 2026

Parece que al director francés Grégory Magne le atraiga analizar el comportamiento de los v.i.p. Lo hizo en su anterior película, Perfumes, donde Emmanuelle Devos interpretaba a una creadora de fragancias muy pagada de sí misma. En Los músicos, Valérie Donzelli es la hija de un empresario multimillonario y melómano, ya fallecido, que decide cumplir el deseo de su padre, adquiriendo la única pieza que le queda para completar un cuarteto de cuerda fabricado por el prestigioso Stradivari, el lutier más legendario de la historia, y convocando cuatro prestigiosos solistas para dar un concierto utilizando dichos instrumentos y tocando una pieza de un autor contemporáneo que cautivó al progenitor.

La idea de partida es, por lo tanto, sumamente atractiva. Su tratamiento resulta agradable, sin adaptarse abiertamente a la comedia, pero aligerando su peso para ser algo parecido al género. Elegancia y sofisticación añaden cierto encanto a un conjunto que, sin embargo, va paulatinamente revelándose endeble y perdiendo interés. El pretexto sirve para analizar el comportamiento mezquino y egocéntrico de los cuatro celebrados solistas, todos franceses por cierto, que para eso hablamos de un país chovinista. La concurrencia del propio compositor, interpretado por Frédéric Pierrot, parece equilibrar los egos y disputas, a la vez que provoca la fantasía de plegarse enteramente a los designios del creador, en lugar de atreverse a la interpretación libre del ejecutante.

Pero todo acaba resultando irrelevante y falto de profundidad, incluida una partitura, obra del autor de la banda sonora, Grégoire Hetzel, que pretende ser genial, cuando está más cerca de un Max Richter o un Ludovico Einaudi que de un György Kurtág, por poner un ejemplo. Imposible no recordar la excelente El último cuarteto, aunque su tratamiento cinematográfico, propósito e intención sean muy distintos.

domingo, 5 de julio de 2026

NORMAL Otro disparate híper violento

USA-Canadá 2025 91 min.
Dirección
Ben Wheatley Guion Derek Kolstad y Bob Odenkirk Fotografía Armando Salas Música Harry Gregson-Williams y Ryder McNair Intérpretes Bob Odenkirk, Henry Winkler, Lena Headey, Jessica McLeod, Brendan Fletcher, Reena Jolly, Peter Shinkoda, Ryan Allen, Billy MacLellan Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2025; en Estados Unidos 17 abril 2026; en España 1 julio 2026

Reconozco que he visto esta película porque ha caído en mis manos y no he tenido que desplazarme al cine para verla, lo que de paso ha podido evitarme verla oscurísima, dada la tendencia de muchas empresas de exhibición a no mantener sus equipos como es debido, como por ejemplo sucede con frecuencia en Cinesur y Cinesa. Ya de por sí se trata de un film oscuro como para permitirnos intuirla más que verla. Que se trate de una creación del responsable de las infames John Wick y Nadie, Derek Kolstad, ya nos echaba suficientemente para atrás. Pero en nuestro afán de dar nuevas oportunidades y tratar de descubrir algo, nos hemos vuelto a tropezar con un producto extremadamente violento, causa y efecto de la actual situación política y social que atraviesa nuestro desastroso planeta.

Ahora se adhiere a labores de guion el protagonista de Nadie, Bob Odenkirk, que también se atribuye el papel protagonista de ésta, un sheriff sustituto que intenta poner orden en un pueblo nevado de Minnesota aparentemente afable y pacífico que esconde un terrible secreto relacionado con la yakuza japonesa, que unos casuales atracadores de banco pondrán de manifiesto. El resto, una planificación cinematográfica apabullante entre coreografías, luchas, disparos y explosiones, al cuidado del realizador británico Ben Wheatley, responsable de las interesantes Turistas y High Rise, y de las olvidables Free Fire, Rebeca (sí, el inútil remake del clásico de Hitchcock) y Megalodón 2: La fosa.

Violencia y más violencia, aderezada con una supuesta comicidad a imagen y semejanza de Tarantino, pero sin su talento ni perspicacia, converge en un disparate en toda regla. Para colmo, su título pretende ser ingenioso, jugando con una palabra que cada vez estamos más convencidos debería desaparecer del diccionario, dada su orientación a discriminar todo aquello que no responde a lo simplemente convencional o reglamentario. Aquí se trata del nombre del pueblo y la actitud que se pretende de sus pobladores y pobladoras.

EL ACIERTO EXPRESIVO DE PATRICIA ARAUZO

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Patricia Arauzo, piano. Programa: Sonata para piano nº 13 en si bemol mayor K.333, de Mozart; Sonata para piano nº 21 en si bemol mayor D.960, de Schubert. Sábado 4 de julio de 2026


Este año se cumplen doscientos setenta del nacimiento de Mozart, genio entre los genios e indiscutible fuente de inspiración para compositores venideros, que siguieron sus pautas e innovaciones de composición para adaptarlas a sus propios estilos. Entre ellos, destaca quizás Franz Schubert, para quien el de Salzburgo era un faro de luz que iluminó su propio camino creativo. La pianista arandina Patricia Arauzo, afincada en Sevilla, en cuyo Conservatorio Superior ejerce como catedrática de piano, hizo dialogar anoche a los dos compositores, y de paso marcar la diferencia que acusa en ambos el paso de casi medio siglo.

Como concertista, Arauzo es bien conocida de la afición sevillana, que ha podido disfrutar de su estilo disciplinado y competente en muchas ocasiones, tanto en recitales sueltos como en ciclos de distinta índole y estilo. También en las Noches del Alcázar se ha dejado sentir en varias ocasiones su pianismo, que anoche además contó con una visita inesperada en forma de fallo técnico que provocó intermitentes fogonazos desde lo alto de la arcada del Jardín del Cenador de la Alcoba, y unos puntuales apagones que dejaron indefensa a la pianista. Nada de eso le hizo desconcentrarse, manteniendo el tipo hasta el final, sin que la música acusara estos desagradables imprevistos, a los que se unieron los habituales cantos de las chicharras y los pavos reales.

Mozart forzado en estilo, logrado en expresividad

Arauzo atacó Mozart demasiado ensimismada en captar el estilo clasicista al que se adhiere, intentando que las teclas del piano sonaran lo más parecido posible, dentro de sus posibilidades, al fortepiano. Esto provocó un sonido seco, no precisamente áspero, pero sin vuelo lírico y forzado. Esto, en un autor cuya fluidez y aparente naturalidad son señas de identidad, se tradujo en una exhibición muy al contrario, forzada y atropellada, que contó con las temibles notas falsas y alguna imperfección técnica.

Por el contrario, Arauzo logró captar el espíritu de la Sonata nº 13, también conocida como Sonata Linz por haberse compuesto aparentemente en esa ciudad en 1783, conclusión a la que se ha llegado sólo recientemente después de estudios de diversa índole que no lograban ponerse de acuerdo sobre estos particulares.

El allegro inicial sonó juguetón y desenfadado, pero faltó esa agilidad referida. Sin embargo, no acertó la pianista en dotar al andante cantabile central de un mayor lirismo, evidenciándose en exceso su empeño en captar más el sonido que el estilo. Algo que corrigió en la propina, el adagio de la sonata precedente, dechado de emotividad gracias a relajarse y dejarse llevar por la belleza de los acordes, despreocupándose de la técnica. Para el allegro grazioso final optó por un estilo eminentemente concertístico, más fluido y gozoso que los movimientos anteriores, aunque igualmente atropellado.


Un Schubert entre delicado y vehemente

Durante mucho tiempo vista con recelo por considerarse demasiado larga y profunda, la Sonata nº 21 de Schubert es un prodigio de equilibrio entre tensión emocional y una sublime contemplación poética, lo que le convierte este último trabajo instrumental del compositor en una de las piezas para piano más respetadas de todo el Romanticismo. De todo esto se hizo eco la interpretación concentrada e interiorizada de Arauzo, que con una mayor relajación y mayor peso del pedal, logró deslizarse por sus preciosos acordes con gracia y talento.

Arrancó de forma delicada y, sin embargo, ya expansiva, introduciéndonos con acierto en un éxtasis contemplativo que no se rompió con los más vehementes acordes que le siguen, logrando una atmósfera de profunda solemnidad, seguida de una extrema tranquilidad emocional en el andante sostenuto, y una muy acertada volatilidad en el scherzo. En el movimiento final, con aspecto de ambigua danza húngara, alcanzó altas dosis de virtuosismo e intensidad emocional, con unos muy maleables y arqueados fraseos típicos de Schubert, que provocaron junto a su heroica resistencia ante los inconvenientes técnicos apuntados, el unánime reconocimiento del público.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 4 de julio de 2026

AXABEBA CONVIERTE LA CURIOSIDAD EN ARTE

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Ángeles Núñez, canto y percusión. José Luis Pastor, cuerdas medievales. Programa: El legado cultural de Averroes. La España multicultural (canciones y danzas tradicionales tunecina, sefardíes, marroquí y árabe, y extraídas del Libre Vermell de Montserrat, las Cantigas de amigo de Martín Codax, las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, y los Carmina Burana).
Viernes 3 de julio de 2026


Lejos de perversidades como el concepto de prioridad nacional, nuestro país, como tantos otros, es el resultado de una enorme variedad de influencias culturales que vienen de antaño y se resisten a frenarse aún en nuestros días. Unas veces como invasores, otras como visitantes, la mayoría en busca de nuevas oportunidades que les permitan vivir y desarrollarse como seres humanos, nunca pararemos de recibirlos y, de paso, absorber su conocimiento y sabiduría, de la misma forma que ellos aprovecharán todo lo que puedan aquí para enriquecer su patrimonio artístico y cultural.

Trasladarnos al Medievo es lo que de alguna manera pretendieron Ángeles Núñez y José Luis Pastor en este exquisito recital en el que se alternaron piezas de muy distinta procedencia, evidenciando nuestra privilegiada posición en medio de culturas tan distintas que nos llegaron, y siguen haciéndolo, tanto del interior europeo como del norte africano, tantas veces sujetos a crítica, censura y represión.

Averroes como pretexto

Las Noches del Alcázar son desde siempre muy proclives a celebrar aniversarios. Una sana costumbre que este verano incluye el novecientos cumpleaños de Averroes, filósofo, médico, astrónomo, matemático y teórico cordobés que procuró armonizar sus teorías con el Islam, mostrándose también crítico con sus contradicciones. Conocido como Padre del Racionalismo, por sus comentarios y análisis del legado aristotélico, sufrió una ola fanática e integrista en el siglo XII en el que vivió, lo que provocó su destierro y muerte en Marrakech.

En este contexto, la voz y la percusión de Núñez, integrada por darbuka, panderos y sonajeros de tobillo, y la cuerda pulsada de Pastor nos guiaron por un fascinante viaje en el que plasmaron toda su curiosidad e inquietud para hacer lo que saben hacer tan bien, con tanto rigor, fuerza y convicción. Tanto es así que nos atrevemos sin pestañear a confirmar que lo que ayer disfrutamos en el Alcázar fue auténtico arte hecho música.


La exhibición arrancó con el ritmo sensual de una canción tradicional tunecina, y continuó con otra sefardí (Partos trocados), dejando clara la conservación de estas piezas gracias a la transmisión popular, lo que puede haber corrompido su aspecto inicial. Núñez mostró ya desde el principio una habilidad y delicadeza extrema para adaptarse a cada estilo con convicción y verosimilitud, además de controlar con profesionalidad cada lengua convocada, original, arcaica o más actualizada.

De su muy ornamentada pieza de introducción, pasó sin titubear al más austero turco, y después a un muy lírico Ad mortem festinamus, última de las diez canciones del Cançoner montserratí, una danza en forma de virolai, composición poética con varias estrofas con retorno, que la cantante entonó con aplomo y seguridad, y un timbre poderoso a la vez que sedoso, que ha ido ganando quilates con el tiempo. Vino después un fascinante instrumental, un extracto de la nuba Al-Istihlal, tradicional de Marruecos de ritmo repetitivo que Pastor recreó a la vihuela de rueda, con un sonido parecido al de la zanfoña.

Tras un paréntesis galaico-portugués extraído de las Cantigas de amigo del juglar gallego Martín Codax, con el que Núñez se lamentó de la ausencia de su amado, tal como se manifiesta en este pergamino Vindel, llamado así en honor a su descubridor, Núñez nos deleitó con una nana trágica, Nani nani, también de tradición sefardí, haciendo acopio de expresividad, extrema sensibilidad y una perfección en la entonación que llegó incluso a estremecernos. Por cierto, Pastor introdujo cada pieza con una capacidad divulgadora no al alcance de cualquiera, además de dominar con una maestría absoluta el laúd, la cítola y la referida vihuela.

Otro dancístico instrumental, una Estampida sobre la Cantiga de Santa María nº 42, precedió a las dos últimas piezas del programa, con Tempus transit gelidum de los cantos goliardos incluidos en los célebres Carmina Burana (cánticos del Monasterio de Beuern o Bura), también en perfecto estilo y consonancia con el resto de un programa que se completó con el canto trovadoresco Calenda maia y la rendición unánime del público. Repiten el día 1 de agosto.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 3 de julio de 2026

PREDOMINIO DEL ROJO EN UN COLORIDO FIN DE TEMPORADA DE LA ROSS

Sinfónico 15. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniela Iolkicheva, arpa. Marina Heredia, cantaora. Lucas Macías, dirección. Programa: El Castillo de Almodóvar, de Turina; El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Falla. Teatro de la Maestranza, jueves 2 de julio de 2026


Aunque todavía le queda por delante su concierto participativo, la ROSS despide ayer y hoy su trigésimo sexta temporada, con un emotivo adiós adicional a una maestra y dos maestros que se jubilan. Así, el concierto comenzó con una merecida ovación y ofrenda de flores a la icónica violonchelista Nonna Natsvishvili, que nos ha acompañado desde la formación de la orquesta en 1991, y los violinistas Marius Mihail Gheorghe Dinu y Alexandru Mihon. Les echaremos de menos, aunque darán paso a talentos de nueva generación que perpetuarán a buen seguro la excelencia alcanzada por nuestra querida orquesta.

Un trabajo de Turina poco divulgado, El Castillo de Almodóvar, apenas grabado y menos programado en concierto, encabezó una noche centrada en celebrar el año Falla, cuando se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento. Nada, ni el calor, ni las vacaciones de julio, ni siquiera la cita con la Roja en Los Angeles, impidió un lleno absoluto en el Maestranza, aunque precisamente por este último motivo se dejaron ver algunos huecos en la segunda parte del concierto. Un color, por cierto, que predominó en los atriles de la ROSS gracias a los atuendos de las dos solistas convocadas en su primera parte.

La sensacional arpista de la orquesta, Daniela Iolkicheva, que comparte con Natsvishvili haber integrado la plantilla desde sus inicios y no reflejar físicamente su veteranía, se encargó de dar forma a una pieza concebida como trabajo pianístico, más tarde ejercicio de orquestación del que el compositor sevillano salió bastante bien parado. Se trata de una sofisticada pieza que acusa en su primer movimiento, Silueta nocturna, para nosotros el más conseguido, una fértil sensualidad, fruto de la influencia impresionista de la época, adobada con un sentido del color, la melodía y la armonía del que la solista se hizo eco sin aparente dificultad.

Poseedora de una depurada técnica y una musicalidad extrema, Iolkicheva despachó la pieza acariciando las cuerdas con la elegancia y la delicadeza que le caracteriza, mientras Lucas Macías a la dirección arropó con considerable calidez expresiva. Lástima que Evocación medieval, el segundo movimiento, se muestre más irregular, con momentos mal resueltos junto a otros más inspirados, nada de lo cual afectó a la excelencia interpretativa de solista y orquesta. A plena luz, el tercer movimiento, se reveló como una combinación de los otros dos, tan cálido y sensual como el primero, y apoteósico como el segundo, dando pie a uno de los momentos más bellos de la partitura, el solo de Iolkicheva respondido por el eco de la segunda arpista. Una gran ovación evidenció la admiración, el cariño y el respeto que le profesa la afición.

Dos grandes Fallas en un solo concierto

Son muchas las ocasiones en las que la ROSS se ha enfrentado a los dos grandes ballets del compositor gaditano, la mayoría de las veces con gran acierto. Pero no recordamos ninguna en la que confluyeran en un mismo programa los dos juntos. Para el primero, el archiconocido El amor brujo, se contó con la cantaora del momento, Marina Heredia, con quien además el próximo mes de octubre la orquesta protagonizará una de las citas de la Bienal de Flamenco. El aperitivo de anoche, que se repite hoy, se saldó sin sorpresas en cuanto a la colaboración vocal, amplificada y en la línea habitual con la que se despacha la obra cuando la afronta una voz flamenca en lugar de su alternativa de mezzosoprano.


Macías, sin embargo, pareció buscar tan denostadamente la delicadeza y la elegancia en la partitura, que apenas alcanzó a ofrecer una lectura mortecina, de colores pálidos, sin fuerza ni garra, a pesar del empeño de la cantaora, poseedora de un hermoso y poderoso timbre y una perfecta entonación, así como una fuerza desgarradora exenta de efectismos fuera de lugar. Hemos disfrutado mejores prestaciones de la ROSS en anteriores ocasiones en las que ha interpretado la famosa pieza, incluida una Danza del fuego que en esta ocasión se nos antojó algo meliflua. No obstante, cabe destacar el aplomo y el respeto con que la batuta acompañó los momentos cantados y recitados de la partitura, procurando marcar la expresividad y el lirismo de cada aportación.

Mucho mejor resultó la lectura del director onubense en El sombrero de tres picos. Aquí no pareció buscar esa dignidad mal entendida de la pieza anterior. Por el contrario, se decantó por acentuar la inusitada comicidad y la atmósfera alegre y desenfadada de la primera parte, con un trabajo depurado y muy en consonancia de la orquesta, esta vez acompañada de una fuerza arrolladora y un trabajo excepcional de la percusión, sin dejarse llevar en ningún momento por una emoción  exacerbada que impidiera paladear la pieza con la gracia y la elegancia que también merece.

Pero fue sobre todo la segunda parte, dividida fundamentalmente en el lirismo relajado de la Danza de los vecinos, y el ritmo trepidante, festivo y colorido de las del molinero y final. Todo un dechado de fuerza apasionada, sin sobrepasar límites que nos dejaran una sensación de saturación nada apropiada a la gramática sensible y depurada de un autor que marcó nuestra significativa aportación a la música clásica del siglo XX, y de cuyo sonado aniversario se hacen eco también otras iniciativas, especialmente las Noches del Alcázar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía