miércoles, 25 de marzo de 2026

LA SONRISA DEL MAL Fanatismo curativo

Título original: La valle dei sorrisi
Italia-Eslovenia 2025 122 min.
Dirección
Paolo Strippoli Guion Jacopo Del Giudice, Paolo Strippoli y Milo Tissone Fotografía Cristiano De Nicola Música Federico Bisozzi y Davide Tomat Intérpretes Michele Riondino, Giulio Feltri, Paolo Pierobon, Romana Maggiora Vergano, Roberto Citran, Sergio Romano, Diego Nardini Estreno en el Festival de Venecia 30 agosto 2025; en Italia 17 septiembre 2025; en España 20 maro 2026


En sus múltiples cortometrajes y tres largometrajes, el primero dirigido con Roberto De Feo, el joven Paolo Strippoli parece decidido a darle la vuelta al género de terror, convirtiendo en algo diferente la pérdida en el bosque de La clásica historia de terror, la sustancia que nos enfrenta a nuestros miedos en Piove, y ahora la posesión y el fanatismo religioso en este Valle de sonrisas que aquí hemos titulado con el más vulgar La sonrisa del mal. Lástima que para ello eche mano de personajes y situaciones archivistas, desde el extraño en una comunidad que acarrea sus propios traumas y miedos, al joven de mirada intensa y comportamientos bizarros que genera el malestar imperante en una cinta que procura generar una atmósfera no siempre lograda a todos los efectos.

Su, no obstante, inquietante trama se ambienta en una aldea montañosa al norte de Italia, con demasiados jóvenes escolarizados como para exhibir tan pocos habitantes, y un trauma generalizado que nos recuerda a la reciente tragedia de Aldamuz, a pesar de que la pérdida de vidas no debería asociarse a un pueblo de paso. La alegría recuperada pasa por entregarse en cuerpo y alma a un joven aparentemente inocente que esconde un turbio poder como vehículo del mal y la enajenación más absoluta. En este contexto surge el extranjero que pretende resolver la situación y desenmascarar el fanatismo reinante entre la multitud, lo que lógicamente deberá desatar la violencia y la sinrazón.

Cerca quizás de los postulados dramáticos de un Shyamalan, la cinta de Strippoli no llega en ningún momento a alzar el vuelo, ni sirve como ensayo sobre nuestros miedos y cómo pueden llegar a bloquearnos. Se queda en tierra de nadie, logrando dar la vuelta al género pero definiendo a su supuesto monstruo como ser ambiguo y presuntamente homosexual, un detalle que suele potenciar la vía del mal cuando de cineastas reaccionarios se trata. Por lo demás, su argumento llega a resultar confuso y, en su afán de ser discreto y elegante, no llega a explotar sus posibilidades, que podrían haberle reportado esa fascinación que tantos buscamos cuando de retratar el mal con tintes diabólicos se trata.

ZETA Imposible remedo ibérico

España 2026 125 min.
Dirección
Dani de la Torre Guion Oriol Paulo, Jordi Vallejo y Dani de la Torre Fotografía Josu Inchaustegui Música Manuel Riveiro Intérpretes Mario Casas, Luis Zahera, Mariela Garriga, Nora Navas, Christian Tappán, Cristina Umaña, Ricardo de Barreiro, Pablo Álvarez, Nieve de Medina, Luisa Vides, Amanda Goldsmith Estreno en Amazon Prime 20 marzo 2026

Curtido en cintas de acción e intriga como El desconocido, La sombra de la ley, así como la serie de televisión Marbella, el gallego Dani de la Torre se encarga en su cuarto largometraje, tras la simpática y amable Live Is Life. La gran aventura, de bautizar al que parece pretenderse sea un nuevo héroe de acción al estilo de Jason Bourne o Ethan Hunt, desde una óptica ibérica totalmente desprejuiciada y desacomplejada. El problema es que el proyecto se acaba asumiendo a imagen y semejanza del cine estadounidense al que pretende dar réplica, lo que provoca que, a pesar de un holgado presupuesto y una factura técnica importante, los resultados queden muy por debajo de sus modelos a todos los niveles, tanto de espectáculo como de guion.

Así, el trío de autores plantean una trama bastante risible, muy básica y absolutamente previsible, con un Mario Casas cada vez más musculoso e hipertrofiado, protagonista que bebe de sus hermanos traumatizados y con rostro impenetrable, sin atisbo de humor ni gracia, y lo que es peor, sin apenas relieve. A partir de ahí, Luis Zahera le da réplica sin esfuerzo alguno, pero tampoco sin aportar mayor interés a una trama definitivamente endeble. Las escenas de acción quedan muy por debajo de lo deseable, y todo se rellena con un exceso discursivo destinado a explicarlo todo al detalle y que el público lo entienda todo sin complicación.

No se logra, por lo tanto, dar al conjunto un aroma propio, cayendo incluso en ese desprecio habitual y absoluto en este tipo de producciones por la vida, que provoca decenas de muertos en cada secuencia de acción. Una copia sin entidad propia, mucho vuelo de dron, multitud de localizaciones, aunque a la larga parezca que la mayoría de concentran en un escenario único camuflado para cada ocasión, y personajes acartonados y sin entidad propia, como esa Nora Navas, ejecutiva del CNI con imposible peluca que se encarga de dar réplica femenina a la testosterona de la pareja protagonista, mientras la actriz cubana Mariela Garriga se apunta a la masculinidad en igualdad de malas condiciones que sus protagonistas de reparto. Una música omnipresente, siguiendo idénticos cánones que el resto de la propuesta, se encarga de redondear el desaguisado.

ÁGUILAS DEL EL CAIRO Intrigas de poder

Título internacional: Eagles of the Republic
Suecia-Francia-Finlandia-Dinamarca-Alemania 2025 127 min.
Dirección
Tarik Saleh Guion Tarik Saleh y Magdi Abdelhadi Fotografía Pierre Aïm Música Alexandre Desplat Intérpretes Fares Fares, Lyna Khoudri, Zineb Triki, Amr Waked, Cherien Dabis, Sherwan Haji Estreno en el Festival de Cannes 19 mayo 2025; en Finlandia 24 septiembre 2025; en España 13 marzo 2026

Sueco de origen egipcio, Tarik Saleh se ha labrado cierta reputación con su trilogía de El Cairo, así bautizada en nuestro país, mientras en ninguno de sus títulos originales se hace mención de la capital egipcia. Corrupción, extremismo islámico e intrigas políticas se han hecho eco en estas tres producciones, Conspiración en El Cairo, El Cairo Confidencial y ahora ésta, que tienen siempre al actor Fares Fares, también nacionalizado sueco pero nacido libanés, como protagonista. Su papel en esta película como famoso y mujeriego actor del país norteafricano, no acaba de convencer
No tiene ni el atractivo físico ni la capacidad de seducción que requería convertirlo en una especie de Omar Shariff, a pesar de lo cual, gracias a su carisma y su profesionalidad, logra encauzar esta intriga política a gran escala en la que se mezcla la impostada glorificación del mandatario del país desde hace más de una década, Abdelfatah el Sisi, con líos de alcoba y un sabotaje desde las altas esferas del régimen.

El film luce buena factura, con alguna espectacular secuencia y un ritmo adecuado a las circunstancias. Sin embargo, se pierde en datos y personajes, generando un paulatino desinterés que, cuando ha avanzado lo suficiente en su largo metraje, ya no crea empatía alguna, quedando algo por debajo de los títulos precedentes. Estrenada en Cannes, pudo verse también en el Festival de Cine Europeo de Sevilla en la sección reservada a las candidatas a los Premios de la Academia Europea del Cine, donde finalmente no obtuvo ninguna nominación. Alexandre Desplat se encarga de dar empaque a la cinta con una comedida banda sonora en la que predominan atmósferas intrigantes por encima de su habilidad melódica.

lunes, 23 de marzo de 2026

RETRATO DE FAMILIA EN PERFECTA SIMETRÍA

Diálogos concertantes con la colaboración de la Fundación Barenboim-Said. Michael Barenboim, violín y viola. Elena Bashkirova, piano. Programa: Sonatina para violín en la menor nº 2 Op.137 D.385 y Sonata en la menor para arpeggione y piano D.821, de Schubert; Sonata para violín y piano nº 1 en la menor Op.105 y Märchenbilder para viola y piano Op.113, de Schubert. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, domingo 22 de marzo de 2026


Sin duda alguna, la de este domingo en el Maestranza ha sido la cita estrella del ciclo Diálogos concertantes que celebra con la colaboración de la Fundación Barenboim-Said. Se trata de Michael Barenboim, el excelente violinista hijo del ilustre fundador, y su madre, Elena Bashkirova, segunda esposa del pianista y director de orquesta, israelí de origen ruso, una mezcla sin duda explosiva que demuestra que hay muchos y muchas que no se dejan arrastrar por el fango de la infamia. No olvidemos que la fundación trata de llevar la paz a los territorios hostigados, acercando a palestinos e israelíes, un objetivo cada vez más lejano y frustrado.

No estaba asegurada, pero todo corría a favor de que la compenetración fuera sobresaliente, y así fue, a pesar del toque algo mecánico y a menudo falto de vuelo lírico de la veterana pianista. Sin embargo, logró hacer con su hijo el tándem perfecto, controlando en la medida de lo posible su presencia en cada una de las piezas seleccionadas. El diseño del programa, en perfecta simetría, con el violín protagonizando la primera parte y la viola la segunda, se centró en páginas de enorme calidad, exuberante romanticismo y considerable melancolía, que madre e hijo llevaron por la mejor de las sendas posibles.


Barenboim exhibió un considerable virtuosismo en la Sonatina nº 2 de Schubert, con grandes intervalos y estimulantes crescendos y decrescendos que generaron máxima tensión. Siguió un encantador lirismo, fuertemente contrastado en el andante, así como un gran trabajo en armonía en el minueto, hasta desembocar en un elaborado allegro final que demostró el riguroso diálogo entre las partes convocadas.

Más enjundia tiene la Sonata para violín y piano nº 1 de Schumann que completó la primera parte, una hermosa página cargada de imperioso sufrimiento a pesar de lo mucho que se ha criticado al autor su torpe trabajo con el violín, a menudo cargado de graves. En manos de Barenboim, el primer movimiento sonó apasionado y a la vez sombrío. El allegretto central resultó discreto pero no falto de aliento poético, y el movimiento final, animado, sumamente melódico y de nuevo doloroso. Al sonido homogéneo y el fraseo flexible del violinista se sumó en todo momento la colaboración atenta y fiel de la consumada pianista.


Viola en mano, instrumento del que demostró también poseer un dominio técnico absoluto, comenzó la segunda parte del concierto con una obra de Schumann que se titula Ilustraciones de cuentos, un ciclo ensoñador, poético y definitivamente feliz. Barenboim hizo gala de lucidez y sensibilidad afrontando un diálogo melancólico, a veces enérgico, prestando atención a la fantasía y emotividad impresas en una página que concluye con una preciosa canción de cuna en la que brilló una gran compenetración entre ambos intérpretes.

Terminó como empezó, con Schubert, esta vez con su popular Sonata para arpeggione, obra de circunstancia para promover un instrumento efímero derivado de la viola da gamba, híbrido entre la guitarra y el violonchelo, que hoy se suele tocar al violonchelo. No obstante, a la viola Barenboim consiguió exprimir sus posibilidades melódicas, llenas de encanto y espíritu ensoñador, con una particular dulzura y la complicidad siempre a punto de Bashkirova. Luz y alguna que otra tiniebla se hicieron eco en esta expresiva y expansiva página que pone de manifiesto la enorme inventiva melódica de su autor, siempre bajo una articulación precisa, un fraseo flexible y poético, y una compenetración llena de sutileza y lirismo.

Fotos: Guillermo Mendo

domingo, 22 de marzo de 2026

EN LA ALCOBA DEL EMPERADOR

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Carles Blanch, vihuela. Pedro Estevan, percusión. Programa: Piezas de “Intabulatura de lauto, libro cuarto” de Joan Ambrosio Dalza, “Libro de música de vihuela de mano intitulado El Maestro” de Luis de Milán, “Los seys libros del Delphin” de Luis de Narváez, “Tres libros de música en cifra para vihuela” de Alonso Mudarra, “Orphénica Lyra” de Miguel de Fuenllana, “Danserye” de Tielman Susato, e improvisaciones de Blanch y Estevan. Iglesia de Santa Clara, domingo 22 de marzo de 2026


Sólo a título testimonial, el joven catalán Carles Blanch, especializado en cuerda pulsada, y nuestro viejo amigo percusionista Pedro Estevan, celebraron en la magnífica Iglesia de Santa Clara, restaurada hace apenas tres años, la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal en Sevilla hace justamente quinientos años, en marzo de 1526. Unos fastos que se recuerdan en esta época reaccionaria que estamos viviendo con el dichoso y recurrente mapping incluido, justo en los muros del Alcázar donde se celebró la unión. Y un rey, Carlos I de España, al que ahora recordamos como V de Alemania para dejar claro su dominio en el mundo de entonces.


Pero es la música lo que nos importa, y si esta efemérides nos sirve para acercarnos a la música que debió sonar en palacio, en la corte, sus salones, y por qué no, en la alcoba, dado el carácter predominantemente intimista de la propuesta, nos vale. Extraídos de diversas fuentes influyentes en la época, de Venecia a Amberes, pasando por Valencia, Valladolid y, por supuesto, Sevilla, de la mano de Alonso Mudarra y Miguel de Fuenllana, Blanch se empleó a fondo, con gran deleite y satisfacción en su rostro y expresión, para puntear, tañer y rasguear la elegante vihuela de mano, instrumento de cuerda pulsada más representativo del renacimiento español durante el siglo XVI.


Su toque limpio e impecable hizo que sonaran imprescindibles de Luis de Milán, con exquisitas pavanas de estética delicada e intimista, Luis de Narváez, con elocuentes diferencias sobre la recurrente Guárdame las vacas, Mudarra con envolventes fantasías, y Fuenllana, con gallardas y otras danzas inspiradas en otros grandes como Morales o Guerrero. Blanch demostró una fluidez extraordinaria, gran dominio técnico y una generosa gama expresiva en todo el concierto, haciendo alarde de una adecuada improvisación y ornamentación, e incluso cantando con voz dulce, muy en estilo, Paseábase el Rey Moro, Duélete de mi señora o la famosa Tres morillas me enamoran del cancionero de Palacio, que sirvió para someterla junto a otras piezas de Josquin e Isaac, a imaginativas glosas o improvisaciones.


Por su parte, Estevan desplegó toda su sabiduría, exquisitez y delicadeza a aportar fantasía con su estimulante dominio de la percusión, en panderos, sonajeros, campanas, derbake, tamboril y otros artilugios empleados en la forma más elegante y sugerente posible, potenciando el trabajo de su joven compañero o añadiendo ritmo y sensualidad a la propuesta. El joven clavecinista Guido García, ganador de la beca de la Asociación de Amistades de la Barroca de Sevilla de 2024, ambientó al magnífico órgano del templo la entrada del público, aunque pocos fueron los que se hicieron eco de tal honor. Otros, por el contrario, se encargaron de sabotear a los músicos, justo en los momentos más delicados, con toses implacables, sonido de móvil, plástico de botella de agua y continuos chirridos de suela de zapato, y estaban sentados en primera fila.

Fotos: Lolo Vasco

HARNONCOURT EN EL RECUERDO DE CONCENTUS MUSICUS WIEN

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Concentus Musicus Wien. Stefan Gottfried, dirección. Programa: Conciertos de Brandeburgo BWV 1046-1051, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 21 de marzo de 2026


Hace cinco años, en el marco de la trigésimo octava edición del Femás, Café Zimmermann interpretó de una sola tacada los seis Conciertos de Brandeburgo de Bach, y fue un éxito. Unos años antes fue nuestra Barroca la que se hizo eco de tal hazaña, aunque en dos entregas, con resultados harto satisfactorios. El prestigioso conjunto austriaco Concentus Musicus Wien terminó ayer en Sevilla una gira que les ha llevado por diversas ciudades españolas y portuguesas, entre ellas Oviedo, Valencia y Las Palmas de Gran Canaria, con el mismo programa y un considerado homenaje a quien fuera su fundador, el insigne Nikolaus Harnoncourt, cuando se cumple una década de su fallecimiento. También ellos y ellas ofrecieron el ciclo completo de una sola vez.

Estos conciertos, que en un principio no constituían un conjunto, sirvieron a Bach como salvoconducto para conseguir un puesto en Berlín, para lo que los entregó en 1721 al tío del rey Federico Guillermo I, margrave de Brandeburgo, procedentes de distintos conciertos para varios instrumentos en función de los efectivos con los que el autor contaba en la Corte de Köthen, y que revestían una considerable dificultad. Hace más de medio siglo, Gardiner, Pinnock, Goebel, Harnoncourt y otros músicos abrieron una nueva vía en la interpretación de la música del Barroco y primer Clasicismo.

El uso de instrumentos antiguos y el estudio de criterios de interpretación acordes a la práctica de la época, se convirtieron desde entonces en pilares fundamentales de los nuevos usos interpretativos de esta música. Harnoncourt fue, por lo tanto, pionero en la materia, y en su memoria, echando mano más del bullicio y la alegría que de la nostalgia, abordaron estos seis irrepetibles y fundamentales conciertos los y las actuales – mayoría femenina – integrantes del famoso conjunto vienés.

Destacados solistas

Arrancaron con un Concierto nº 1 en Fa mayor algo caótico y deslavazado en su primer movimiento, con las trompas evidenciando más de una estridencia y salida de tono, conscientes por supuesto de su extrema dificultad, y el resto abordando su cometido desde una aparente desgana. Por estos derroteros deambuló también un adagio falto de garra y seducción, hasta que en el cuarto movimiento, ese minueto alternado con diversas danzas de aires afrancesados, la tónica comenzó a mejorar, con aportaciones ya más acorde de los y las diversas solistas. Sin embargo, pudimos apreciar la falta de empuje y personalidad del desvaído violín del veterano concertino Erich Höbarth, que se mantendría prácticamente hasta el final de la exhibición.


La generosa formación con la que Concentus Musicus Wien acudió a su cita sevillana, se redujo considerablemente, sólo cuerda y clave, una vez más gentileza de Alejandro Casal, en el Concierto nº 3 en Sol mayor, ya más ágil y bien ritmado, y con broma incluida de su director y clavecinista Stefan Gottfried, que se encargó del breve adagio libre e improvisado, apenas enlace entre los dos agitados movimientos extremos, introduciendo compases de la habanera de Carmen y aires aflamencados, un detalle hacia nuestra tierra que no fue apreciado por el numeroso público convocado. El nº 5 en Re mayor se benefició de un affetuoso central orgánico y bien medido a nivel expresivo, con un trabajo exquisito al clave, vertiginoso en el allegro inicial, y una efectiva compenetración entre los solistas, incluida la discreta pero bien entonada flauta travesera de Annie Lafiamme.

Sensacionales fueron las aportaciones de las flautas dulces, Rahel Stoellger y Patricia Nägele, y sobre todo de la violinista Theona Gubba-Chkheidze, dechado de musicalidad en el Concierto nº 4 en Sol mayor, que en el andante central se escondieron tras las bambalinas para reforzar el carácter de eco que les atribuye la partitura. Igualmente excelente fue la intervención de los dos violistas, Pablo de Pedro y Firmian Lermer en el nº 6 en Si bemol mayor, con un duelo exacerbado entre ellos, que logró cotas de fuerza y agilidad realmente estimulantes.

De la misma forma conviene destacar el trabajo de Gabriele Cassone en el nº 2 en Fa mayor que cerró la propuesta, curiosamente el mismo intérprete que se hizo cargo de la trompeta en aquel concierto de Café Zimmermann a las órdenes de Manfredo Kraemer. Sin olvidar el magnífico trabajo desplegado por el continuo, con especial mención del violonchelista castellano Luis Zorita, extraordinario en sus partes como solista, un nombre que se ha forjado un lugar destacado en importantes formaciones europeas, y que demostró un derroche de talento y esfuerzo.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 21 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD Hambre de guionista

España 2026 111 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar Fotografía Pau Esteve Birba Música Alberto Iglesias Intérpretes Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Victoria Luengo, Milena Smit, Quim Gutiérrez, Amaia Romero, Carmen Machi, Rossy de Palma, Gloria Muñoz, María Morales, Antonio Romero Estreno 20 marzo 2026

Hay tres capas y un mecanismo de relojería que funciona a la perfección en esta emotiva y desgarradora nueva y enciclopédica película almodovoriana, que es también un prodigio de guion cinematográfico. Está la historia que protagoniza Bárbara Lennie como directora de publicidad que una vez fue realizadora cinematográfica de culto, que busca inspiración para un nuevo trabajo de ficción. Luego, el director y escritor al que da vida Leonardo Sbaraglia, que desde el presente imagina la vida de esta mujer inquieta, tensionada y sufridora de migraña, analizando así mismo su fuente de inspiración. Y finalmente está el propio director manchego, que exorciza una vez más sus propios fantasmas, esta vez desde la expiación y quizás incluso la autocomplacencia, y crea estos personajes desde el expolio de su más absoluta intimidad y su particular galería de vivencias propias y ajenas.

Como ya hiciera hace casi treinta años Woody Allen en Desmontando a Harry, en un tono completamente distinto, Almodóvar confiesa de dónde sale a menudo la inspiración, cómo esa fuente acarrea enemistades y reproches, procurando explicarse y justificarse al respecto. Por eso hemos elegido este cartel para ilustrar la reseña, más explícito que el oficial y más en consonancia con ese parecido razonable con la comedia del director neoyorquino que el manchego convierte en suntuoso melodrama. Pero al margen de esa lúcida disquisición sobre los límites de la moral cuando un artista se nutre de la vida ajena, especialmente de su dolor, esta excelente película funciona también como apasionante enciclopedia almodovoriana, donde confluyen todos sus fantasmas, el insufrible paso del tiempo que todo lo fagocita, sobre todo a los seres queridos, madre, Chavela Vargas, relaciones sentimentales que marcaron o la plácida y a veces deseada soledad.

El diseño y el vestuario están más presentes que nunca, exhibiendo los gustos más exquisitos de quien ha ido moldeando su personalidad y su carácter desde la ordinariez inicial a la elegancia actual. No escatima en mostrar los ambientes más sofisticados, habitados por los personajes más extravagantes, incluido ese Barenboim que no sale pero que busca la complicidad de Elsa (Lennie) para su próximo montaje operístico. Está también la foto de familia que reúne a Bibiana con los Javis y tantos otros personajes de alguna forma relacionados con el director y su entorno. Y está ese imaginario que conforma su apasionante filmografía, con reminiscencias directas a Dolor y gloria, sin miedo a repetirse ni ahondar una vez más sobre sus miedos y traumas. Pero por encima de todo eso, Amarga Navidad, que también es el título de un clásico de Chavela, es un homenaje a la profesión de escritor y guionista, donde cabe la creación absoluta pero también la vampirización, en un ejercicio que parece pretender demostrar que el cine es vida, y por lo tanto amarlo es amarla, sin evadirse, afrontándola y, si cabe, corrigiéndola. Amarga Navidad nos regala una vez más su pequeña secuencia musical, como hiciera con Penélope Cruz a través de Estrella Morente en Volver o con Caetano Veloso en Hable con ella, película con la que por alguna razón que se nos escapa, más allá de hospitales y mujeres sentadas en paralelo en hamacas, conecta Alberto Iglesias a través de otra evocadora, fascinante e intrigante banda sonora, y van dieciséis para el director, incluidos dos cortometrajes.

Almodóvar se imagina como Leonardo Sbaraglia, como hiciera antes con Antonio Banderas, en un afán de hacer realidad en la ficción lo que quizás eche de menos en la realidad, esa belleza y glamour que tantos anhelamos. Y lo involucra en una relación sentimental envidiable, con Quim Gutiérrez, otro parecido razonable, quizás con aquel Robert Webber que escribía las letras de las canciones que componía Dudley Moore en 10, la mujer perfecta, y que vivía en Malibú con su joven amante deportista. También nos regala la desgarradora interpretación de Milena Smit, envuelta en un halo de belleza sobrenatural, cameos como los de Nieves Álvarez, bromas y ocurrencias improvisadas y espontaneas, un desprejuiciado striptease de Patrick Criado, auténtica fantasía homoerótica de bombero buenorro, y el impresionante paisaje de Lanzarote, quizás ese lugar al que huir para evadirse, evocado en Las simples cosas, la canción de Mercedes Sosa inmortalizada por Chavela Vargas, que Amaia Romero le canta a Bárbara Lennie en esa secuencia referida más arriba.

Pero sobre todo, la película nos regala una secuencia casi epílogo en el café de un parque, donde una furiosa y sensacional Aitana Sánchez-Gijón le reprocha a Leonardo Sbaraglia el uso del dolor ajeno para construir su ficción, diez minutos de magnífico cine que es también una declaración de amor incondicional a la profesión que ha marcado la vida y esa puede que delicada felicidad de nuestro director más internacional, autor en toda regla, de los pocos capaces de controlar todo lo que hace posible que películas tan maravillosas como ésta salgan a la luz para provocarnos tanta emoción.