lunes, 16 de febrero de 2026

UN VOLODOS SUPERLATIVO IMPRESIONA EN EL MAESTRANZA

Gran Selección. Arcadi Volodos, piano. Programa: Sonata en Sol mayor D.894, de Schubert; Mazurkas op.33 nº 4 en si menor, op. 41 nº 2 en mi menor y op. 63 nº 2 en fa menor; Preludio op. 45 en do sostenido menor; y Sonata nº 2 en si bemol menor, de Chopin. Teatro de la Maestranza, domingo 15 de febrero de 2026


No se corresponde la grandeza del artista que nos visitó anoche con el aforo algo desangelado que esperó encandilarse con su maestría. No por muy esperado, logró convocar en nuestra ciudad un merecido lleno absoluto, aunque quienes fuimos testigos de su ansiado recital, acabamos extasiados. Salimos del Maestranza como trascendidos, incapaces de absorber tanta belleza y tanta emoción, y regresar al mundanal ruido como si no hubiera ocurrido nada. Todo de memoria y sentado sobre una silla con respaldo, en lugar de la habitual banqueta, el suyo fue un recital servido desde una conciencia plena y una seguridad absoluta.

A Volodos se le considera una autoridad, casi una referencia, en la Sonata para piano en Sol mayor de Schubert. Sabe sumergirse como nadie en su atmósfera y captar a la perfección su significado. Contemporánea de otras grandes obras del compositor austriaco, como la Sinfonía nº 9 o el Cuarteto D887, el pianista ruso sabe muy bien cómo comunicar esa misteriosa serenidad que impregna el expansivo movimiento inicial, que con sus repeticiones puede alcanzar, como así hizo, los veinte minutos de duración, y que sometió a continuos y muy elocuentes contrastes y cambios de color, desde un compulsivo estado de ánimo a un marcado lirismo.

Resolvió el andante con hermosa calidez y el minueto con una profunda energía rítmica. El rondó final sonó tan rústico como fresco y chispeante, siempre desde un espíritu reflexivo y refinado, quedando patente tanto su virtuosismo como su luminosa y profunda intimidad, a fuerza de una generosa intensidad, largos fraseos y un sentido proporcionado del drama.


La segunda parte del recital estuvo dedicada a Chopin, primero con tres mazurkas seleccionadas de entre diferentes cuerpos, destacando la nº 4 del opus 33, de la que sacó provecho de su poderosa narrativa, marcando el ritmo pero siempre al servicio de la expresividad, de forma que sorprendió tanta contención y solemnidad en su distendido final. El carácter extremadamente exigente de estas piezas breves encontró en la digitación de Volodos el instrumento ideal para dejar fluir su elegancia, sin superficialidad pero tampoco dramatismo, marcando su delicadeza sin remilgos superficiales, haciendo alarde de sofisticación sin resultar recargado. Para entendernos, logró acercarse a su origen popular sin adornos superfluos y sin privarlas de regocijo.

Tras un impecable Preludio op. 45, en el que supo resolver sus muy expresivas modulaciones cromáticas sobre una base temática uniforme, Volodos abordó la Sonata nº 2 del autor polaco con un sentido del drama muy marcado en el rítmico movimiento inicial, con pasajes tan vehementes y escalas tan vertiginosas que parecían anticipar la tragedia. Después, un scherzo trémulo y agitado, técnicamente diabólico, y la célebre marcha fúnebre, áspera y cruda, en fuerte contraste con un trío tan dulce y lánguido que casi parecía una canción de cuna. Así, hasta llegar al fulgurante presto final, y ofrecer hasta tres propinas, incluido el muy célebre momento musical nº 3 de Schubert.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 15 de febrero de 2026

CUMBRES BORRASCOSAS Barbie y el Marqués de Sade

Título original: Wuthering Heights
USA-Reino Unido 2026 136 min.
Guion y dirección
Emerald Fennell, según la novela de Emily Brontë Fotografía Linus Sandgren Música Anthony Willis y las canciones de Charli XCX Intérpretes Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes, Ewan Mitchell, Charlotte Mellington, Owen, Vy Nguyen Estreno en Reino Unido. Estados Unidos y España 13 febrero 2026

Al igual que Jane Eyre de su hermana Charlotte, la novela de Emily Brontë ha conocido multitud de adaptaciones al cine y la televisión. La más recordada y celebrada sigue siendo, sin duda, la que William Wyler dirigió en 1939 con Laurence Olivier y Merle Oberon como Heathcliff y Cathy, a quien Alfred Newman dedicó un tema musical antológico. Pero también merecen destacarse la producción mexicana que bajo el título de Abismos de pasión dirigió Luis Buñuel en 1954, la que en 1971 protagonizaron Timothy Dalton y Anna Calder-Marshall con música de Michel Legrand, y aunque menos convincente, la de 1992 con Juliette Binoche y Ralph Fiennes y una exquisita banda sonora de Ryuichi Sakamoto. Más recientemente, Andrea Arnold se atrevió a darle un aire más contemporáneo y decididamente sensorial a su particular versión de 2011, donde el atractivo protagonista cambió de etnia. Amante de los excesos y las provocaciones, Emeral Fennell (Saltburn, Una joven prometedora) se ha conformado con cambiarle la etnia a Linton y a la señorita de compañía de Cathy Earnshaw. Son los signos de los tiempos, y de eso se trata cada vez que un clásico vuelve a copar las pantallas, de acercarlo a las nuevas generaciones aunque en el camino se cometan dislates de signo variado.

Lejos quedaron los tiempos en los que una ambientación de época buscaba realismo y autenticidad. La tónica ahora consiste en intentar ser creativo y fantasioso, de forma que en esta ocasión vestuario y dirección artística resultan tan caprichosos como estridentes, mientras Margot Robbie pasea su palmito como si no se hubiese desenfundado de Barbie. A su lado, el nuevo Frankenstein, Jacob Elordi, se comporta como un auténtico monstruo, haciendo acopio de técnicas abusivas y atroces con la pobre Isabella, por supuesto con su consentimiento, que tampoco se trata de ser políticamente incorrectos. No se ha atrevido, sin embargo, la directora a desechar el carácter puramente romántico de la pareja protagonista, aunque añadiendo una dosis de sadomasoquismo que pretende enturbiar la trama, ignorando que el original y sus primeras adaptaciones fueron suficientemente turbias sin necesidad de lindezas posmodernas.

Lástima, porque su primer tercio, con los personajes siendo infantes, prometía mayor fidelidad y acierto, a pesar de un primer encuentro de la protagonista con la muerte, en una ejecución pública, que no consigue conectar con la atmósfera fúnebre que debía acompañar el resto de la función. Después, todos los personajes sin excepción, acaban siendo enfermos psicológicos, sin aprecio alguno por ninguno de ellos, como si la maldad campara a sus anchas en todas sus vertientes y no quedara resquicio para la ternura. A pesar de todo, una joven sentada a nuestro lado, después de hincharse a refresco y palomitas, se hartó de llorar. Y un último apunte, la pose de los protagonistas en el cartel publicitario es la misma que exhibieron Clark Gable y Vivien Leigh para anunciar Lo que el viento se llevó, película a la que por cierto accedió la actriz británica cuando acompañó a su entonces esposo, Laurence Olivier, a Hollywood para protagonizar Cumbres borrascosas y Rebeca.

sábado, 14 de febrero de 2026

RUTA DE ESCAPE De principios y confianza

Título original: Crime 101
USA-Reino Unido 2026 140 min.
Guion y dirección
Bart Layton, según el relato corto “Código 101” incluido en la novela “Rotos” de Don Winslow Fotografía Erick Wilson Música Blanck Mass Intérpretes Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Halle Berry, Barry Keoghan, Monica Barbaro, Nick Nolte, Tate Donovan, Jennifer Jason Leigh, Corey Hawkins, Babak Tafti, Peyman Moaadi, Peter Banifaz, Hossein Mardani, Devon Bostick, Deborah Hedwall, Andra Nechita, Crsoby Fitzgerald, Paul Adelstein, Patrick Mulvey Estreno en Reino Unido, Estados Unidos y España 13 febrero 2026

Adaptación en cierto modo libre de uno de los seis relatos cortos que conforman el libro Rotos de Don Winslow, donde toda referencia al narcotráfico ha desaparecido en favor del tráfico de diamantes. El desconocido entre nosotros director británico Bart Layton, que prepara nueva película con Benedict Cumberbatch, y que a partir de ahora debemos seguir con cierto interés, logra tejer una radiografía de la sensibilidad del mundo en el que vivimos, donde conviven corrupción, ambición desmedida, abuso laboral, discriminación sexual y una total falta de principios y confianza. Sin embargo, consigue que brille justamente lo contrario, la necesidad de tener unos principios que respetar y una confianza a la que entregarse.

Así actúa su trío protagonista, una agente de seguros que se plantea su función en la empresa y el trato que le dispensan sus superiores, un policía que no acepta soluciones fáciles para resolver casos complicados, y no encaja entre agentes entregados a una corrupción que a menudo se hace demasiado evidente. Pero, sobre todo, un ladrón de guante blanco atormentado por un pasado nada fácil (única constante que relaciona la cinta con la tendencia actual), que huye de la violencia gratuita y sólo busca entre sus víctimas gente poderosa a su vez promotora de cierta forma de ilegalidad, una suerte de Robin Hood que no reparte riquezas.

Winslow reconoce su admiración por Steve McQueen y la película se hace eco de ello. Naturalmente, meter en un mismo relato a una agente de seguros y un ladrón de guante blanco nos remite a El caso Thomas Crown, y las frecuentes persecuciones de coche por Los Ángeles a Bullit, aunque allí sucedieran en San Francisco. Ambas cintas son citadas expresamente en una película hecha a la antigua usanza, aunque en el desarrollo de su investigación criminal evidencie algunas lagunas y convenciones, pero que logra reconquistarnos a quienes apreciamos el género y andábamos algo perdidos entre tanta violencia imperante, aquí reducida al mínimo. Destaca su reparto de estrellas, con personajes muy bien definidos y desarrollados, de esos que tienen un pasado y un futuro, son reales. Todos y todas se entregan al máximo de sus posibilidades, logrando junto a una puesta en escena y un tratamiento dramático esmerado y elegante, un thriller altamente satisfactorio.

viernes, 13 de febrero de 2026

UN SUEÑO CON TIERNA PERSPECTIVA INFANTIL

El sueño de una noche de verano. Ópera en tres actos de Benjamin Britten. Libreto de Benjamin Britten y Peter Pears, basado en la obra homónima de William Shakespeare. Corrado Rovaris, dirección musical. Laurent Pelly, dirección escénica. Luc Birraux, reposición de la dirección escénica. Laurent Pelly y Massimo Troncanetti, escenografía. Laurent Pelly y Jean-Jacques Delmotte, vestuario. Michel Le Borgne, iluminación. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Banda interna del Conservatorio Manuel Castillo. Escolanía de Los Palacios (Aurora Galán, directora). Con Xavier Sabata, Rocío Pérez, Michael Porter, Heather Lowe, Joan Martín-Royo, Aoife Miskelly, Charlotte Dumartheray, David Ireland, Juan Sancho, Daniel Noyola, Thibaut de Damas, Alexander Sprague, Benjamin Bevan, Toislav Lavoie, Siân Grifiths, Andrea Carpintero, Julia Rey, Paula Ramírez y Kenia Murton. Producción de la Ópera de Lille. Teatro de la Maestranza, jueves 12 de febrero de 2026


La interminable cantera de adaptaciones shakesperianas a la ópera y el cine encuentra en esta amable comedia de tintes fantásticos un sobresaliente referente. Fue con la película que William Dieterle y Max Reinhardt dirigieron en 1935 con la que debutó Erich Wolfgang Korngold en Hollywood, a donde llegó de la mano del famoso productor teatral austriaco, y se quedó refugiándose del nazismo. Korngold adaptó parte de la música incidental que un siglo antes había compuesto Mendelssohn y que se convertiría en la más famosa pieza musical concebida a partir de este clásico teatral. En 1999 un plantel de estrellas protagonizó otra encantadora versión de la mano de Michael Hoffman, a la que Simon Boswell prestó una banda sonora plagada también de referencias mendelssohnianas.

El sueño de una noche de verano pasó a llamarse La reina de las hadas  cuando Purcell compuso las máscaras que habían de amenizar las representaciones de esta fantasía sobre el amor y las apariencias. Casi tres siglos después Benjamin Britten estrenó su particular versión de la comedia, ciñéndose al texto original, al que apenas traicionó más que para reducirlo al estándar operístico con ayuda de Peter Pears. Un mes antes de que el Real alce la producción de Deborah Warner de este título, Sevilla tuvo anoche la oportunidad de estrenar esta ópera de un autor poco pródigo en la escena hispalense.

Una producción llena de magia y encanto

Recién desembarcado de Valencia, donde montó su producción de Eugenio Oneguin, Laurent Pelly nos encandiló con su particular visión del mundo de hadas, atenienses y pastores que propone la obra de Shakespeare. Sin apenas utillaje, con un trabajo esmerado de iluminación y un escenario de fondos interminables, gracias a un inteligente juego de espejos, Pelly hizo volar a sus personajes, los envolvió en magia y amabilidad y nos enganchó de principio a fin en un rocambolesco ejercicio de confusiones amorosas y preparativas nupciales.


El Maestranza volvió a convertirse en escenario de vuelos vertiginosos, los de Oberón y Titania movidos por grúas que los técnicos tramoyistas manejaron con la misma prestancia y precisión con la que desplazaron otros elementos y artilugios, paredes y espejos incluidos. Con arneses pudo Puck realizar sus acrobacias y deslizarse verticalmente casi en caída libre, de forma no apta para personas con acrofobia. Y con muchas luces emulando estrellas en movimiento, pudo el oscuro escenario trasladarnos a esa noche intensa en la que se sumergen los sueños.

Increíbles resultaron los disfraces de silfos y ninfas, interpretados por los niños y niñas de la Escolanía de Los Palacios, que con un fascinante juego de luces parecían emitir sus rostros como si fuesen pequeñas pantallas de televisión. Que los y las cuatro amantes confundidas vistieran pijamas pudiera parecer la solución más previsible, pero sirvió sobremanera para identificarnos con ellos y ellas y vivir nuestra propia experiencia onírica, que nos portó con éxito a ese mundo tan añorado de la infancia. El colorido vestuario de los artesanos faranduleros puso el contrapunto a ese universo casi en blanco y negro que protagonizó el resto de la función.


Fascinante tanto en el escenario como en el foso

El sueño mágico al que fuimos invitados e invitadas no se provocó sólo con esa excelencia escenográfica, y el buen teatro que se derrochó durante toda la función, casi tres horas de delirio dramático y musical, sino con la excelencia musical que nos ofrecieron los maestros y maestras de la Sinfónica y las voces convocadas. El director italiano Corrado Rovaris, actual director musical de la Ópera de Filadelfia, entendió a la perfección el espíritu de Britten, logrando texturas acordes a cada grupo de personajes. Cuerda sinuosa, casi erótica, para los amantes, metales refulgentes, ocasionalmente grotescos, para los cómicos y un trabajo exquisito de percusión, arpa y celesta para los personajes mitológicos.

La orquesta sonó maravillosamente, nos envolvió con el lenguaje avanzado de la música, no exactamente dodecafónica pero tampoco anclada en la melodía que tanto busca el público medio de una representación operística, a pesar de lo cual la acogida fue espléndida por parte del mismo. Rovaris consiguió envolvernos en una atmósfera mágica y onírica, con unos timbres orquestales y un colorido armónico tan específico que fue fácil dejarse dominar por tan rica experiencia sensorial.


Aurora Galán hizo un trabajo soberbio con la Escolanía de Los Palacios, en el cometido más exigente y dilatado que la formación ha abordado en su ya fecunda colaboración con el Maestranza. ¡Qué buena decisión tomaron sus padres y madres! ¡Qué extraordinaria experiencia viven prestándose a estos cometidos tan exigentes y profesionales! y ¡qué orgullosos y orgullosas deben sentirse todos!

Todas las voces, sin grandes alardes porque la pieza no pretende ser un vehículo para ello, se prestaron con solvencia y satisfacción a sus cometidos. Xavier Sabata volvió a convencer, esta vez como Oberón, sin forzar el falsete y cambiando de color cuando se precisaba. Como Tytania, la madrileña Rocío Pérez exhibió un gran dominio de la coloratura y una presencia física arrolladora. Ellos protagonizaron la vertiente barroca de la ópera, tan deudora de Purcell, mientras los y las amantes parecieron emerger del teatro musical anglosajón, con prestaciones esmeradas de un ingenuo Michael Porter, una presumida Heather Lowe, un soberbio Joan Martín-Royo y una simpática y desvergonzada Aoife Miskelly.


Entre los artesanos destacaron el divertido bajo-barítono británico David Ireland, el sevillano Juan Sancho, que no sólo demostró tener una de las voces más potentes del elenco sino dominar también el humor cuando de emitir gallos se trataba, y el bajo mexicano Daniel Noyola. Todos lograron, con la ayuda inestimable de Pelly, que la comedia Píramo y Tisbe no resultase, como en otras ocasiones, tediosa. También Siân Griffiths y Tomislav Lavoie convencieron desde su zona grave como Teseo e Hipólita, mientras cuatro voces femeninas extraídas del coro del Maestranza lideraron el séquito de Tytania con exacta solvencia que el resto de sus compañeros y compañeras.

Y no podemos olvidar el excelente trabajo de la actriz Charlotte Dumarthay, un Puck tan travieso como ágil y dinámico. Todos y todas ellas lograron un triunfo indiscutible y nos regalaron una experiencia rotundamente gozosa. Hay otras dos funciones, así que permítanse un buen regalo y no dejen pasar la oportunidad.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 12 de febrero de 2026

NO HAY OTRA OPCIÓN Una tragedia tomada a risa

Título original: Eojjeolsuga eobsda
Corea del Sur 2025 139 min.
Dirección
Park Chan-wook Guion Park Chan-wook, Don McKellar, Lee Kyoung-mi y Jahye Lee, según la novela “The Ax” de Donald E. Westlake Fotografía Kim Woo-hyung Música Jo Yeong-wook Intérpretes Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran, Yoo Yeon-seok, Cha Seung-won, Park Hee-soon, Yoon Ga-yi Estreno en el Festival de Venecia 29 agosto 2025; en Corea del Sur 24 septiembre 2025; en España 13 febrero 2026

Hemos insistido a lo largo de la carrera del mimado director coreano Park Chan-wook en su paralelismo con su idolatrado Alfred Hitchcock, y volvemos a hacerlo a propósito de esta nueva adaptación de la novela de Donald E. Westlake The Ax, traducible algo así como El recorte. Pero esta vez se lanza a la comedia de acción, alocada y desprejuiciada, directamente. La novela ya fue adaptada por Costa-Gavras en 2005 bajo el título de Arcadia, a nuestro juicio con mayor acierto y sentido de la mesura. Por cierto, que en la producción de esta nueva adaptación han intervenido la esposa y el hijo del director francogriego. 
El thriller hace de nuevo su aparición, con Lee Byung-hun prestando su físico y continuas muecas al padre de familia que cree tenerlo todo hasta que un recorte de plantilla en la empresa en la que trabaja da al traste con su presente y futuro.

Con Park Chan-wook al mando, todo el disparate que a grosso modo podría parecer su argumento, a partir del momento en el que el protagonista toma una decisión extrema y radical, sirve para generar una enorme astracanada, desmadrada y fuera de toda lógica y contención. Vuelve el director coreano, tras Stoker, su única incursión en el cine estadounidense hasta el momento, La doncella y Decision to Leave, a dejar todo el potencial dramático de su empresa en la mera superficie, en este caso ahondando en la risa provocada por sus surrealistas situaciones, más que en la tragedia que supone la pérdida del trabajo como consecuencia de recortes crueles, ambiciosos e indiscriminados.

Nada en contra de convertir en comedia material tan sensible, pero siempre que esto no suponga dejar fuera su carga dramática y social. De esta forma, sólo encontramos puro slapstick al estilo oriental, prácticamente todo lo que somos capaces de encontrar en esta película que, no obstante, mereció el Premio del público a la mejor producción internacional en Toronto y el de mejor director en Sitges, además de tres nominaciones a los Globos de Oro que no se han materializado en candidaturas al Oscar.

miércoles, 11 de febrero de 2026

PRIMATE Cuidado con el mono

USA 2025 89 min.
Dirección
Johannes Roberts Guion Ernest Rivera y Johannes Roberts Fotografía Stephen Murphy Música Adrian Johnston Intérpretes Johnny Sequoyah, Jessica Alexander, Troy Kotsur, Victoria Wyant, Gia Hunter, Benjamin Cheng, Charlie Mann, Tienne Simon Estreno en Estados Unidos 9 enero 2026; en España 6 febrero 2026


Inútil buscar en este largo de terror una carga dramática más allá de la sucesión de muertes sanguinolentas que propone. Hay por ahí una historia de padre y dos hijas que completan la familia con un chimpancé domesticado; otra de amiga no del todo bienvenida a la mansión que dicha familia posee en pleno corazón de Hawaii; y, finalmente, la habitual procesión de cuerpos jóvenes deseosos de fiesta y placer carnal. Pero lo que verdaderamente importa es el primate del título y la matanza que provoca a raíz de contraer la rabia por la mordedura de una mangosta. 
Arranca con una ancestral definición de rabia como hidrofobia, cuando en realidad ésta es una consecuencia de la enfermedad y no al revés, ocasionada especialmente cuando son los humanos los contagiados, y no se refiere exactamente al miedo al agua sino a beberla, por los dolores que causa al tragarla cuando se está infectado. A partir de ahí, lo de refugiarse en una piscina cuando al animal ataca sólo tiene sentido por la falta de habilidad del mismo a la hora de nadar.

El director británico Johannes Roberts, con una docena de títulos olvidables a su espalda, entre los que se encuentran otros ejemplos de serie B como las dos entregas de A 47 metros (que pronto serán tres) o Los extraños: Cacería nocturna, además de un capítulo de Resident Evil, prosigue su andadura por el terror con toques gore y un poco de humor, esta vez con el ganador del Oscar por CODA, Troy Kotsur, dando vida al padre sordomudo de las dos protagonistas, cuya condición sirve para un par de situaciones inquietantes.

Lo cierto es que el conjunto funciona como entretenimiento no exento de cierta tensión, aunque la influencia de otros títulos similares, como Atracción diabólica de George A. Romero o Link de Richard Franklin, que además comparte con ésta mansión al borde de un acantilado, es más que evidente. Claro que lo de convertir a un simio con rabia en un psicópata calculador y asesino por la cara, quien mejor parece haberlo comprendido es el compositor Adrian Johnston, que emula en su banda sonora el estilo de John Carpenter en su saga de Halloween.

LA PIEL DEL AGUA Hechuras de principiante

Costa Rica-Chile 2024 79 min.
Guion y dirección
Patricia Velásquez Fotografía Óscar Herrera Música Juan Carlos Díjeres, Fernando Fonseca y Óscar Herrera Intérpretes Ariana Chaves Gavilán, César Maurel, Juan Luis Araya, Lucía Sauma, Ana Beatriz Fernández Estreno en el Festival de Locarno 16 agosto 2024; en España (Filmin) 16 mayo 2025; 
en Costa Rica 17 julio 2025

Sorprendido (y encantado) debe haber quedado todo el equipo técnico y artístico de esta película al haber alcanzado una nominación al Goya a la mejor película iberoamericana. Muy mala ha tenido que ser la cosecha de este año en Sudamérica para que una cinta como ésta haya merecido la atención siquiera de la Academia. Aunque se trata del tercer largometraje de ficción de Patricia Velásquez, tras Dos aguas y Apego, parece enteramente un trabajo de principiantes, en todos sus aspectos, especialmente de dirección, guion e interpretación, los tres pilares básicos de una película que se precie.

Intenta contarnos las vicisitudes de una adolescente mientras se enfrenta a cuestiones presuntamente tan trascendentales como el primer amor, la relación con un padre hasta entonces ausente y ahora omnipresente, o la hospitalización de la madre por un accidente que en cierto modo ha provocado el lógico apetito de la joven protagonista por la diversión nocturna. Una serie de despropósitos que se van desgranando con cierta coherencia pero falta absoluta de ritmo y tensión, una puesta en escena primigenia y unos factores paupérrimos que hacen que su escasa hora y cuarto de duración parezca interminable.