lunes, 23 de marzo de 2026

RETRATO DE FAMILIA EN PERFECTA SIMETRÍA

Diálogos concertantes con la colaboración de la Fundación Barenboim-Said. Michael Barenboim, violín y viola. Elena Bashkirova, piano. Programa: Sonatina para violín en la menor nº 2 Op.137 D.385 y Sonata en la menor para arpeggione y piano D.821, de Schubert; Sonata para violín y piano nº 1 en la menor Op.105 y Märchenbilder para viola y piano Op.113, de Schubert. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, domingo 22 de marzo de 2026


Sin duda alguna, la de este domingo en el Maestranza ha sido la cita estrella del ciclo Diálogos concertantes que celebra con la colaboración de la Fundación Barenboim-Said. Se trata de Michael Barenboim, el excelente violinista hijo del ilustre fundador, y su madre, Elena Bashkirova, segunda esposa del pianista y director de orquesta, israelí de origen ruso, una mezcla sin duda explosiva que demuestra que hay muchos y muchas que no se dejan arrastrar por el fango de la infamia. No olvidemos que la fundación trata de llevar la paz a los territorios hostigados, acercando a palestinos e israelíes, un objetivo cada vez más lejano y frustrado.

No estaba asegurada, pero todo corría a favor de que la compenetración fuera sobresaliente, y así fue, a pesar del toque algo mecánico y a menudo falto de vuelo lírico de la veterana pianista. Sin embargo, logró hacer con su hijo el tándem perfecto, controlando en la medida de lo posible su presencia en cada una de las piezas seleccionadas. El diseño del programa, en perfecta simetría, con el violín protagonizando la primera parte y la viola la segunda, se centró en páginas de enorme calidad, exuberante romanticismo y considerable melancolía, que madre e hijo llevaron por la mejor de las sendas posibles.


Barenboim exhibió un considerable virtuosismo en la Sonatina nº 2 de Schubert, con grandes intervalos y estimulantes crescendos y decrescendos que generaron máxima tensión. Siguió un encantador lirismo, fuertemente contrastado en el andante, así como un gran trabajo en armonía en el minueto, hasta desembocar en un elaborado allegro final que demostró el riguroso diálogo entre las partes convocadas.

Más enjundia tiene la Sonata para violín y piano nº 1 de Schumann que completó la primera parte, una hermosa página cargada de imperioso sufrimiento a pesar de lo mucho que se ha criticado al autor su torpe trabajo con el violín, a menudo cargado de graves. En manos de Barenboim, el primer movimiento sonó apasionado y a la vez sombrío. El allegretto central resultó discreto pero no falto de aliento poético, y el movimiento final, animado, sumamente melódico y de nuevo doloroso. Al sonido homogéneo y el fraseo flexible del violinista se sumó en todo momento la colaboración atenta y fiel de la consumada pianista.


Viola en mano, instrumento del que demostró también poseer un dominio técnico absoluto, comenzó la segunda parte del concierto con una obra de Schumann que se titula Ilustraciones de cuentos, un ciclo ensoñador, poético y definitivamente feliz. Barenboim hizo gala de lucidez y sensibilidad afrontando un diálogo melancólico, a veces enérgico, prestando atención a la fantasía y emotividad impresas en una página que concluye con una preciosa canción de cuna en la que brilló una gran compenetración entre ambos intérpretes.

Terminó como empezó, con Schubert, esta vez con su popular Sonata para arpeggione, obra de circunstancia para promover un instrumento efímero derivado de la viola da gamba, híbrido entre la guitarra y el violonchelo, que hoy se suele tocar al violonchelo. No obstante, a la viola Barenboim consiguió exprimir sus posibilidades melódicas, llenas de encanto y espíritu ensoñador, con una particular dulzura y la complicidad siempre a punto de Bashkirova. Luz y alguna que otra tiniebla se hicieron eco en esta expresiva y expansiva página que pone de manifiesto la enorme inventiva melódica de su autor, siempre bajo una articulación precisa, un fraseo flexible y poético, y una compenetración llena de sutileza y lirismo.

Fotos: Guillermo Mendo

domingo, 22 de marzo de 2026

EN LA ALCOBA DEL EMPERADOR

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Carles Blanch, vihuela. Pedro Estevan, percusión. Programa: Piezas de “Intabulatura de lauto, libro cuarto” de Joan Ambrosio Dalza, “Libro de música de vihuela de mano intitulado El Maestro” de Luis de Milán, “Los seys libros del Delphin” de Luis de Narváez, “Tres libros de música en cifra para vihuela” de Alonso Mudarra, “Orphénica Lyra” de Miguel de Fuenllana, “Danserye” de Tielman Susato, e improvisaciones de Blanch y Estevan. Iglesia de Santa Clara, domingo 22 de marzo de 2026


Sólo a título testimonial, el joven catalán Carles Blanch, especializado en cuerda pulsada, y nuestro viejo amigo percusionista Pedro Estevan, celebraron en la magnífica Iglesia de Santa Clara, restaurada hace apenas tres años, la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal en Sevilla hace justamente quinientos años, en marzo de 1526. Unos fastos que se recuerdan en esta época reaccionaria que estamos viviendo con el dichoso y recurrente mapping incluido, justo en los muros del Alcázar donde se celebró la unión. Y un rey, Carlos I de España, al que ahora recordamos como V de Alemania para dejar claro su dominio en el mundo de entonces.


Pero es la música lo que nos importa, y si esta efemérides nos sirve para acercarnos a la música que debió sonar en palacio, en la corte, sus salones, y por qué no, en la alcoba, dado el carácter predominantemente intimista de la propuesta, nos vale. Extraídos de diversas fuentes influyentes en la época, de Venecia a Amberes, pasando por Valencia, Valladolid y, por supuesto, Sevilla, de la mano de Alonso Mudarra y Miguel de Fuenllana, Blanch se empleó a fondo, con gran deleite y satisfacción en su rostro y expresión, para puntear, tañer y rasguear la elegante vihuela de mano, instrumento de cuerda pulsada más representativo del renacimiento español durante el siglo XVI.


Su toque limpio e impecable hizo que sonaran imprescindibles de Luis de Milán, con exquisitas pavanas de estética delicada e intimista, Luis de Narváez, con elocuentes diferencias sobre la recurrente Guárdame las vacas, Mudarra con envolventes fantasías, y Fuenllana, con gallardas y otras danzas inspiradas en otros grandes como Morales o Guerrero. Blanch demostró una fluidez extraordinaria, gran dominio técnico y una generosa gama expresiva en todo el concierto, haciendo alarde de una adecuada improvisación y ornamentación, e incluso cantando con voz dulce, muy en estilo, Paseábase el Rey Moro, Duélete de mi señora o la famosa Tres morillas me enamoran del cancionero de Palacio, que sirvió para someterla junto a otras piezas de Josquin e Isaac, a imaginativas glosas o improvisaciones.


Por su parte, Estevan desplegó toda su sabiduría, exquisitez y delicadeza a aportar fantasía con su estimulante dominio de la percusión, en panderos, sonajeros, campanas, derbake, tamboril y otros artilugios empleados en la forma más elegante y sugerente posible, potenciando el trabajo de su joven compañero o añadiendo ritmo y sensualidad a la propuesta. El joven clavecinista Guido García, ganador de la beca de la Asociación de Amistades de la Barroca de Sevilla de 2024, ambientó al magnífico órgano del templo la entrada del público, aunque pocos fueron los que se hicieron eco de tal honor. Otros, por el contrario, se encargaron de sabotear a los músicos, justo en los momentos más delicados, con toses implacables, sonido de móvil, plástico de botella de agua y continuos chirridos de suela de zapato, y estaban sentados en primera fila.

Fotos: Lolo Vasco

HARNONCOURT EN EL RECUERDO DE CONCENTUS MUSICUS WIEN

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Concentus Musicus Wien. Stefan Gottfried, dirección. Programa: Conciertos de Brandeburgo BWV 1046-1051, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 21 de marzo de 2026


Hace cinco años, en el marco de la trigésimo octava edición del Femás, Café Zimmermann interpretó de una sola tacada los seis Conciertos de Brandeburgo de Bach, y fue un éxito. Unos años antes fue nuestra Barroca la que se hizo eco de tal hazaña, aunque en dos entregas, con resultados harto satisfactorios. El prestigioso conjunto austriaco Concentus Musicus Wien terminó ayer en Sevilla una gira que les ha llevado por diversas ciudades españolas y portuguesas, entre ellas Oviedo, Valencia y Las Palmas de Gran Canaria, con el mismo programa y un considerado homenaje a quien fuera su fundador, el insigne Nikolaus Harnoncourt, cuando se cumple una década de su fallecimiento. También ellos y ellas ofrecieron el ciclo completo de una sola vez.

Estos conciertos, que en un principio no constituían un conjunto, sirvieron a Bach como salvoconducto para conseguir un puesto en Berlín, para lo que los entregó en 1721 al tío del rey Federico Guillermo I, margrave de Brandeburgo, procedentes de distintos conciertos para varios instrumentos en función de los efectivos con los que el autor contaba en la Corte de Köthen, y que revestían una considerable dificultad. Hace más de medio siglo, Gardiner, Pinnock, Goebel, Harnoncourt y otros músicos abrieron una nueva vía en la interpretación de la música del Barroco y primer Clasicismo.

El uso de instrumentos antiguos y el estudio de criterios de interpretación acordes a la práctica de la época, se convirtieron desde entonces en pilares fundamentales de los nuevos usos interpretativos de esta música. Harnoncourt fue, por lo tanto, pionero en la materia, y en su memoria, echando mano más del bullicio y la alegría que de la nostalgia, abordaron estos seis irrepetibles y fundamentales conciertos los y las actuales – mayoría femenina – integrantes del famoso conjunto vienés.

Destacados solistas

Arrancaron con un Concierto nº 1 en Fa mayor algo caótico y deslavazado en su primer movimiento, con las trompas evidenciando más de una estridencia y salida de tono, conscientes por supuesto de su extrema dificultad, y el resto abordando su cometido desde una aparente desgana. Por estos derroteros deambuló también un adagio falto de garra y seducción, hasta que en el cuarto movimiento, ese minueto alternado con diversas danzas de aires afrancesados, la tónica comenzó a mejorar, con aportaciones ya más acorde de los y las diversas solistas. Sin embargo, pudimos apreciar la falta de empuje y personalidad del desvaído violín del veterano concertino Erich Höbarth, que se mantendría prácticamente hasta el final de la exhibición.


La generosa formación con la que Concentus Musicus Wien acudió a su cita sevillana, se redujo considerablemente, sólo cuerda y clave, una vez más gentileza de Alejandro Casal, en el Concierto nº 3 en Sol mayor, ya más ágil y bien ritmado, y con broma incluida de su director y clavecinista Stefan Gottfried, que se encargó del breve adagio libre e improvisado, apenas enlace entre los dos agitados movimientos extremos, introduciendo compases de la habanera de Carmen y aires aflamencados, un detalle hacia nuestra tierra que no fue apreciado por el numeroso público convocado. El nº 5 en Re mayor se benefició de un affetuoso central orgánico y bien medido a nivel expresivo, con un trabajo exquisito al clave, vertiginoso en el allegro inicial, y una efectiva compenetración entre los solistas, incluida la discreta pero bien entonada flauta travesera de Annie Lafiamme.

Sensacionales fueron las aportaciones de las flautas dulces, Rahel Stoellger y Patricia Nägele, y sobre todo de la violinista Theona Gubba-Chkheidze, dechado de musicalidad en el Concierto nº 4 en Sol mayor, que en el andante central se escondieron tras las bambalinas para reforzar el carácter de eco que les atribuye la partitura. Igualmente excelente fue la intervención de los dos violistas, Pablo de Pedro y Firmian Lermer en el nº 6 en Si bemol mayor, con un duelo exacerbado entre ellos, que logró cotas de fuerza y agilidad realmente estimulantes.

De la misma forma conviene destacar el trabajo de Gabriele Cassone en el nº 2 en Fa mayor que cerró la propuesta, curiosamente el mismo intérprete que se hizo cargo de la trompeta en aquel concierto de Café Zimmermann a las órdenes de Manfredo Kraemer. Sin olvidar el magnífico trabajo desplegado por el continuo, con especial mención del violonchelista castellano Luis Zorita, extraordinario en sus partes como solista, un nombre que se ha forjado un lugar destacado en importantes formaciones europeas, y que demostró un derroche de talento y esfuerzo.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 21 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD Hambre de guionista

España 2026 111 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar Fotografía Pau Esteve Birba Música Alberto Iglesias Intérpretes Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Victoria Luengo, Milena Smit, Quim Gutiérrez, Amaia Romero, Carmen Machi, Rossy de Palma, Gloria Muñoz, María Morales, Antonio Romero Estreno 20 marzo 2026

Hay tres capas y un mecanismo de relojería que funciona a la perfección en esta emotiva y desgarradora nueva y enciclopédica película almodovoriana, que es también un prodigio de guion cinematográfico. Está la historia que protagoniza Bárbara Lennie como directora de publicidad que una vez fue realizadora cinematográfica de culto, que busca inspiración para un nuevo trabajo de ficción. Luego, el director y escritor al que da vida Leonardo Sbaraglia, que desde el presente imagina la vida de esta mujer inquieta, tensionada y sufridora de migraña, analizando así mismo su fuente de inspiración. Y finalmente está el propio director manchego, que exorciza una vez más sus propios fantasmas, esta vez desde la expiación y quizás incluso la autocomplacencia, y crea estos personajes desde el expolio de su más absoluta intimidad y su particular galería de vivencias propias y ajenas.

Como ya hiciera hace casi treinta años Woody Allen en Desmontando a Harry, en un tono completamente distinto, Almodóvar confiesa de dónde sale a menudo la inspiración, cómo esa fuente acarrea enemistades y reproches, procurando explicarse y justificarse al respecto. Por eso hemos elegido este cartel para ilustrar la reseña, más explícito que el oficial y más en consonancia con ese parecido razonable con la comedia del director neoyorquino que el manchego convierte en suntuoso melodrama. Pero al margen de esa lúcida disquisición sobre los límites de la moral cuando un artista se nutre de la vida ajena, especialmente de su dolor, esta excelente película funciona también como apasionante enciclopedia almodovoriana, donde confluyen todos sus fantasmas, el insufrible paso del tiempo que todo lo fagocita, sobre todo a los seres queridos, madre, Chavela Vargas, relaciones sentimentales que marcaron o la plácida y a veces deseada soledad.

El diseño y el vestuario están más presentes que nunca, exhibiendo los gustos más exquisitos de quien ha ido moldeando su personalidad y su carácter desde la ordinariez inicial a la elegancia actual. No escatima en mostrar los ambientes más sofisticados, habitados por los personajes más extravagantes, incluido ese Barenboim que no sale pero que busca la complicidad de Elsa (Lennie) para su próximo montaje operístico. Está también la foto de familia que reúne a Bibiana con los Javis y tantos otros personajes de alguna forma relacionados con el director y su entorno. Y está ese imaginario que conforma su apasionante filmografía, con reminiscencias directas a Dolor y gloria, sin miedo a repetirse ni ahondar una vez más sobre sus miedos y traumas. Pero por encima de todo eso, Amarga Navidad, que también es el título de un clásico de Chavela, es un homenaje a la profesión de escritor y guionista, donde cabe la creación absoluta pero también la vampirización, en un ejercicio que parece pretender demostrar que el cine es vida, y por lo tanto amarlo es amarla, sin evadirse, afrontándola y, si cabe, corrigiéndola. Amarga Navidad nos regala una vez más su pequeña secuencia musical, como hiciera con Penélope Cruz a través de Estrella Morente en Volver o con Caetano Veloso en Hable con ella, película con la que por alguna razón que se nos escapa, más allá de hospitales y mujeres sentadas en paralelo en hamacas, conecta Alberto Iglesias a través de otra evocadora, fascinante e intrigante banda sonora, y van dieciséis para el director, incluidos dos cortometrajes.

Almodóvar se imagina como Leonardo Sbaraglia, como hiciera antes con Antonio Banderas, en un afán de hacer realidad en la ficción lo que quizás eche de menos en la realidad, esa belleza y glamour que tantos anhelamos. Y lo involucra en una relación sentimental envidiable, con Quim Gutiérrez, otro parecido razonable, quizás con aquel Robert Webber que escribía las letras de las canciones que componía Dudley Moore en 10, la mujer perfecta, y que vivía en Malibú con su joven amante deportista. También nos regala la desgarradora interpretación de Milena Smit, envuelta en un halo de belleza sobrenatural, cameos como los de Nieves Álvarez, bromas y ocurrencias improvisadas y espontaneas, un desprejuiciado striptease de Patrick Criado, auténtica fantasía homoerótica de bombero buenorro, y el impresionante paisaje de Lanzarote, quizás ese lugar al que huir para evadirse, evocado en Las simples cosas, la canción de Mercedes Sosa inmortalizada por Chavela Vargas, que Amaia Romero le canta a Bárbara Lennie en esa secuencia referida más arriba.

Pero sobre todo, la película nos regala una secuencia casi epílogo en el café de un parque, donde una furiosa y sensacional Aitana Sánchez-Gijón le reprocha a Leonardo Sbaraglia el uso del dolor ajeno para construir su ficción, diez minutos de magnífico cine que es también una declaración de amor incondicional a la profesión que ha marcado la vida y esa puede que delicada felicidad de nuestro director más internacional, autor en toda regla, de los pocos capaces de controlar todo lo que hace posible que películas tan maravillosas como ésta salgan a la luz para provocarnos tanta emoción.

jueves, 19 de marzo de 2026

CEA GALÁN SUBLIMA A CORREA DE ARAUXO EN EL SALVADOR

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Andrés Cea Galán, órgano. Programa: Tientos de Francisco Correa de Arauxo. Iglesia del Salvador, miércoles 18 de marzo de 2026


Todo lo que sabemos de Francisco Correa de Arauxo proviene de la lectura de su Libro de tientos y discursos de música práctica y teórica de órgano, intitulado Facultad Orgánica, publicado en Alcalá de Henares en 1626 y recuperado por Santiago Kastner en Barcelona en 1948. Correa de Arauxo nació en Sevilla, donde se formó y ejerció como organista de la Colegiata del Salvador, construida sobre las ruinas de la antigua mezquita y destruida para levantar la actual sublime Iglesia del Salvador, donde anoche el jerezano afincado en Sevilla, Andrés Cea Galán, profesor del Conservatorio Superior de Música, llevó su música a las más altas cotas de la emoción, el color y la excelencia.

De la obra de Correa de Arauxo se intuye que tuvo un fuerte carácter, lo que explica sus innovaciones, a veces violentas y llenas de contrastes, dentro siempre de la influencia casi exclusiva de los grandes compositores españoles que le precedieron. Los órganos sobre los que ejerció su profesión y con los que puso a prueba sus composiciones, ya no existen. Pero el imponente y recién restaurado órgano de la iglesia hispalense puede recrear y perfeccionar el sonido de sus obras, tal como pudimos apreciar en el concierto que Cea Galán dedicó a sublimar su memoria.

Los tientos o discursos son un género peculiar en la música española, que puede manifestarse entero o a modo de canción, de medio registro de tiple, medio registro de baxón, doble tiple o doble baxón. De todas las variedades se hizo eco el organista en su muy cuidada y representativa selección. Su música combina el contrapunto y la armonía de la polifonía renacentista con el ritmo vivo y los melismas virtuosos de su época, mientras el alto nivel de su teoría sobre el contrapunto y la composición inspiraría la música europea que habría de venir sin marcha atrás, como pudimos comprobar en este magistral acercamiento a su música que nos brindó Cea Galán.

Cuatro siglos de Facultad Orgánica

Facultad Orgánica es uno de los principales libros de música europea del siglo XVII, con sesenta y nueve piezas ordenadas en función de su dificultad, en estilo modal sólo alterado por puntuales disonancias atrevidas, con especial énfasis en las notas de paso prolongadas y las apoyaturas, una enorme variedad de secciones en cada tiento y gran vitalidad en los contrapuntos. De todo esto hubo en esta imprescindible cita con su arte y su música.

El tañido impecable del organista, de una claridad extrema y una sensibilidad exquisita, se tradujo en el mejor Correa de Arauxo, aprovechando todos sus resortes y posibilidades a un nivel máximo. Arrancó con el tiento de quinto tono XX a modo de fanfarrias, trompetas al aire y estética majestuosa, para acariciar el IX de forma mucho más intimista y recogida, y sorprender con el carácter solemne del XXXVIII. Después de embarcarse en el XVI a modo de canción, toda una exhibición de la fecunda creatividad e inventiva melódica del autor repleta de episodios y ese ayrezillo hispano que le informa, sin despreciar la influencia de la canzone italiana, el organista volvió a aprovechar todas las posibilidades tímbricas y variedad de colores del instrumento en el jubiloso tiento LIV de dos tiples.

El tiento de quarto tono XV habría sido un apoteósico final, si no fuera porque Cea Galán prefirió terminar de manera harto recogida, intimista, con otro más discreto y humilde, quizás destinado a un realejo u órgano pequeño. El tiento precedente, quizás el más extenso y expansivo de cuantos tocó el organista jerezano, destacó por su exuberancia, su rica inventiva de registro entero, con un juego aritmético tremendamente eficaz para elevar el espíritu y provocar esa paz interior que ratificó el tiento que le siguió y todo el concierto en general.

Correa de Arauxo siempre quiso ser organista de la Catedral de Sevilla, pero el honor se le negó continuadamente, hasta que se decantó por Jaén y Segovia, donde fijó su vida laboral y familiar, negándose a volver a Sevilla cuando el cabildo catedralicio por fin requirió infructuosamente sus servicios. Ahora su música volvió a resonar donde él formó su excelencia y creatividad entre 1599 y 1636, y donde su inmejorable médium, Cea Galán, trabajó también como organista entre 1991 y 2002. Por encima de la discreta calle que Sevilla le ha brindado en la zona de Pio XII, la memoria de Correa de Arauxo quedó reforzada y sublimada con el excelente concierto que le brindó este entusiasta y comprometido organista.

Foto: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 18 de marzo de 2026

EL TESTAMENTO DE ANN LEE Extravagante y superficial musical seudorreligioso

Título original: The Testament of Ann Lee
Reino Unido 2025 136 min.
Dirección
Mona Fastvold Guion Mona Fastvold y Brady Corbet Fotografía William Rexer Música Daniel Blumberg Intérpretes Amanda Seyfried, Lewis Pullman, Thomason McKenzie, Matthew Beard, Stacy Martin, Tim Blake Nelson, Christopher Abbott, Scott Handy Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2025; en Reino Unido 27 febrero 2026; en España 13 marzo 2026


La actriz y directora noruega Mona Fastvold debió conocer a Brady Corbet participando como intérprete en su delirio psicodélico y musical Vox Lux. Juntos escribieron The Brutalist, que dirigió él, emprendieron una relación sentimental y tuvieron un hijo. Antes de esta película, Fastvold dirigió en su país natal Dobles parejas y en Estados Unidos el western queer El mundo que viene. El pasado año se embarcó en el que seguramente ha sido el proyecto más ambicioso de su carrera hasta el momento, un extravagante musical sobre la líder y fundadora del movimiento Shaker, una escisión de la religión protestante que promovía la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, la vida sencilla y en comunidad, la música y el baile como medio de acercarse a un Dios mitad hombre mitad mujer, y hasta algo tan nórdico como el diseño de mobiliario práctico, funcional y decididamente sencillo. Pero promovía también el celibato, y esa podría ser una de las claves fundamentales para su paulatina desaparición, como se constata en sus elaborados títulos finales.

Los shakers defendían también el carácter profético de su líder y su concepción como nuevo y femenino Jesucristo, de forma que su denominación oficial era Sociedad unida de creyentes en la segunda aparición de Cristo. Fastvold y Corbet, con la colaboración inestimable de Daniel Blumberg, que tiene también un papel como intérprete en la película y fue muy laureado por la banda sonora de The Brutalist, y además compuso la de El mundo que viene, han convertido esta epopeya ambientada a finales del siglo XVIII en un musical, con la licencia del modus operandi de la secta, que al fin y al cabo es lo que era, y la herencia de un buen puñado de canciones y bailes convenientemente remozados para los gustos actuales. Su suntuosa puesta en escena, deudora del imaginario nórdico, con peajes en Dreyer y Haneke, salvando las distancias especialmente con el primero, no se corresponde con su dramaturgia histérica, caótica y falta de inspiración y profundidad.

El resultado es como una tesis religiosa a lo Dreyer pero carente de sustancia, cuyo largo metraje se digiere con la esperanza de descubrir algo en el horizonte, que se diluye conforme entendemos que se trata de un camino a ninguna parte, nada revelador y, desde luego, poco atractivo. Ni la esforzada interpretación de su protagonista, Amanda Seyfried como Madre Ann, que llegó a estar nominada al Globo de Oro, ni su elaboradísima banda sonora, y mucho menos su espasmódica coreografía, logran elevar la cinta más allá de una nadería que incluye las persecuciones a las que la secta fue sometida, primero en Reino Unido y después en Estados Unidos, sin que nada llegue a emocionar ni motivar. Una lástima, porque material había para lograr un film fascinante, fiel reflejo de la preocupante sociedad en la que vivimos actualmente. Cuesta trabajo seguirla en su política de exceso y ambición.