sábado, 10 de enero de 2026

SONG SUNG BLUE: CANCIÓN PARA DOS Una historia de amor y un puñado de grandes canciones

Título original: Song Sung Blue
USA 2025 131 min.
Dirección
Craig Brewer Guion Craig Brewer y Greg Kohs Fotografía Amy Vincent Música Scott Bomar Intérpretes Hugh Jackman, Kate Hudson, Ella Anderson, Michael Imperioli, Fisher Stevens, James Belushi, Mustafa Shakir, King Princess, Hudson Hensley, Shyaporn Theerakulstit Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2025; en España 9 enero 2026

Siguiendo la estela de un documental dirigido por Greg Kohs en 2008, que narraba la historia de amor y superación de la pareja formada por Mike y Claire Sardina, que en la década de los noventa del pasado siglo alcanzaron cierta popularidad en su estado natal, Milwaukee, como dúo musical Lightning & Thunder y su experiencia Neil Diamond, Craig Brewer lo adapta ahora a la ficción con la ayuda en el guion de quien dirigiera el documental de base. Brewer no se caracteriza precisamente por una filmografía brillante. Siempre a la sombra de proyectos de poca enjundia, logró sin embargo imbuir de ritmo y energía sus primeros pasos en el cine, con películas como Hustle & Flow o Black Snake Noan. A un olvidable remake de Footloose y una decepcionante La leyenda de Tarzán, siguieron dos vehículos a mayor gloria de Eddie Murphy en plataformas digitales, Yo soy Dolemite y El rey de Zamunda. Por eso resulta sorprendente la pericia y el cariño con que ha abordado esta bonita historia de amor aliñada con un puñado de grandes canciones que hicieron historia en los setenta del siglo XX de la mano del irrepetible Neil Diamond.

Sin pretensiones, con sentido del ritmo narrativo y exprimiendo al máximo los recursos puestos a su disposición, incluidas unas interpretaciones sobresalientes no sólo de la pareja protagonista sino de todo el universo característico a su alrededor, familiar, amistoso y profesional, Brewer ha conseguido que nos reconciliemos con ese cine estadounidense que tanto nos emocionaba, que hablaba de gente corriente con grandes ilusiones y aspiraciones, siempre desde un punto de vista eminentemente sentimental que tan bien les funcionaba. Cabe reconciliarse con un país que tanto nos abruma y decepciona, y lo hacemos gracias a la cultura, la música, el cine sencillo y amable que proporcionan productos como éste, destinado a emocionarnos, a recordarnos esas magníficas canciones con las que la voz baritonil de Diamond combinaba de su puño y letra hermosas melodías con inspiradores textos, el cantautor por antonomasia estadounidense, de otro tiempo, otra época, otra esperanza, hoy tan lejana.

Hugh Jackman vuelve a demostrar lo buen artista que es, su destacada capacidad para el musical, aunque a menudo parezca desmelenarse, literalmente. Mientras Kate Hudson sorprende contenida y emocionalmente entregada a su dramático papel, tan alejado de las rubias tontas y sobrepasadas a las que nos ha acostumbrado en su filmografía de comedia romántica. Vuelve a brillar también como cantante, como ya hiciera hace un par de décadas en Nine. Por lo demás, dejarse seducir de nuevo por himnos irrepetibles como Sweet Caroline, Play Me, Soolaimon, I Am I Said o la que da título al conjunto, Song Sung Blue, bien vale el precio de la entrada. Si además la película ofrece más, y lo hace, mejor.

viernes, 9 de enero de 2026

EL CREPÚSCULO DE DOS DIOSES

Sinfónico 7: De voces y despedidas. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Chen Reiss, soprano. Lucas Macías, dirección. Programa: Cuatro últimos Lieder TrV296, de Richard Strauss; Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, de Gustav Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 8 de enero de 2026


Aunque parezca que las obras programadas para este séptimo programa de abono de la actual temporada de la ROSS, se han interpretado en numerosas ocasiones en el Teatro de la Maestranza, lo cierto es que en los últimos quince años no recordamos haber disfrutado con las Cuatro últimas canciones de Strauss, mientras la Quinta de Mahler sólo ha sonado en su integridad dos veces en ese mismo período, una muy memorable en 2014 de la mano de Pedro Halffter, y otra más tibia bajo la batuta de Bertrand de Billy hace algo más de tres años, ambas con la Sinfónica de Sevilla en el escenario.

Las dos piezas escogidas están hermanadas por su amplio sentido de trascendencia y ese toque crepuscular que le proporciona un romanticismo tardío en el caso de Mahler, recuperado en el de Strauss. Pero sobre todo por esa idea de la muerte como liberación frente a un mundo en ruinas que tanto decepciona y nos preocupa, y que dota a ambas partituras de un componente poético de máximo nivel.

De nuevo la ROSS fue capaz de convocar un numeroso público que prácticamente llenó la generosa capacidad del Maestranza, pudiéndose además distinguir en él rostros muy conocidos de la cultura hispalense. Un sensacional éxito que vino acompañado además de un comportamiento ejemplar de tan apretado aforo, lográndose junto a una interpretación estimulante que pasaremos a desgranar, otra velada inolvidable.

Educada para Strauss

Adelantábamos a propósito del Concierto de Año Nuevo del pasado fin de semana, que Chen Reiss podría demostrar en esta ocasión lo bien dotada que está para abordar a Richard Strauss, y casi podríamos aseverar que así es a colación de su manera de defender las Vier Letzte Lieder.  Colofón a toda una vida componiendo canciones, la mayoría para su esposa, Strauss despliega en esta milagrosa página toda la suntuosidad de la que puede ser capaz una orquesta, y así lo entendió Lucas Macías, que logró adaptarse al volumen de la soprano sin sacrificar acentos ni voluptuosidad.

Por su parte, la soprano israelí evidenció una voz de insuficiente volumen ya desde el inicio de Früling (Primavera), pero un gusto exquisito para modular y regodearse en las sinuosas líneas melódicas de la pieza, algo que repetiría en September, desglosando las sentidas palabras de Herman Hesse con una expresividad melancólica y muy depurada, mientras un apacible tema a la trompa dio distinción a este segundo Lied.

El violín de Alexa Farré volvió a brillar en el amplio solo de Beim Schlafengehen (Al ir a dormir), lográndose junto a la calidez y la luminosidad de la voz, un pasaje de inusitada belleza que se reprodujo también en el sintomático Im Abendrot (Al caer el sol), prodigio de lirismo y delicadeza frente al ocaso de la vida, que Reiss y Macías reprodujeron con un gran despliegue de expresividad nostálgica y luminosidad, ascendiendo y descendiendo por los largos fraseos y dando un impresionante sentido a los textos.

Un esfuerzo titánico

Levantar la compleja estructura de la Sinfonía nº 5 de Mahler es tarea ardua y delicada. Apenas unos días después del Concierto de Año Nuevo, que no por distendido y popular merece menos atención, Macías y la ROSS lograron esta proeza gracias a un esfuerzo titánico y espectacular. Ampliamente reforzada como en las Cuatro últimas canciones, la orquesta respondió con enorme disciplina, plegándose a una muy estudiada y reflexionada lectura del director, que como antes, dirigió toda la partitura de memoria.


La superación de una crisis de salud llevó a Mahler a un impulso vital en forma de nuevo estilo de enorme complejidad contrapuntística que arrancó precisamente con esta sinfonía, aunque sin abandonar su habitual síntesis de canción y sinfonía, como demuestran las diversas citas que abundan en la partitura. Macías se hizo perfecto eco de esta circunstancia, regalándonos una interpretación llena de matices, donde los numerosos contrastes no mermaron la tensión acumulada en sus pentagramas, ni mucho menos eclipsaron esa voluntad contrapuntística que el autor versó en ellos.

La rica textura y la diversidad temática de la sinfonía encontraron en la muy matizada interpretación de la ROSS el perfecto reflejo para transmitir al y la oyente ese cúmulo de sensaciones que abundan en la partitura. No fue la marcha fúnebre inicial, con arranque sensacional de la trompeta solista, un motivo para una extrema tristeza, sino más bien la antesala de un viaje trascendental que nos lleva de la oscuridad a la luz que ya se adivina en el segundo movimiento, o segunda parte del primero, donde el dolor llegó a parecer desesperante merced a fuertes contrastes y subidas de tensión.

Los tempi fueron rápidos, o al menos no tan lánguidos como los entienden otros, alcanzándose en el scherzo central una atmósfera más irónica que desenfadada, por momentos con atisbos de desesperación y un trabajo excelente de la trompa. El arpa brilló en el desarrollo, fluido y suave pero no exento también de considerables contrastes, del adagietto, frente a la furia controlada que protagonizó un allegro giocoso final con intervenciones brillantes del oboe, la trompa y el clarinete, interpelándose antes de que toda la orquesta estallase en una triunfal coda en la que la ironía y cierto tono caricaturesco dominaron frente a una hipotética alegría de vivir.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

Estreno en salas de NOUVELLE VAGUE

 Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla de 2025

lunes, 5 de enero de 2026

LA ASISTENTA Ángel exterminador o demonio vengador

Título original: The Housemaid
USA 2025 131 min.
Dirección
Paul Feig Guion Rebecca Sonnenshine, según la novela de Freida McFadden Fotografía John Schwartzman Música Theodore Shapiro Intérpretes Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Indiana Elle, Michele Morrone, Elizabeth Perkins, Megan Ferguson, Ellen Tamaki Estreno en Estados Unidos 19 diciembre 2025; en España 1 enero 2026


En una operación muy similar a la perpetrada hace unos años a propósito de 50 sombras de Grey de la escritora E.L. James, el cine fija ahora su atención en otro éxito superventas de ese tipo de literatura que todavía a estas alturas se considera para chicas. El erotismo de celofán que caracterizaba aquella serie hace también su aparición en este thriller psicológico, incluido el ramillete de canciones pop destinadas a acompañar las ridículas secuencias sensuales que jalonan este batiburrillo de manías y psicopatías extremas. En la dirección tenemos a un especialista en comedias protagonizadas por mujeres, muy gamberras al principio (La boda de mi mejor amiga, Cazafantasmas, Espías, Cuerpos especiales), más sofisticadas después (Un pequeño favor y su secuela). Precisamente estas dos últimas son las que más parecido guardan con lo que propone ahora, un thriller presuntamente elegante y sofisticado que pretende ironizar con la alta burguesía norteamericana, reduciéndola a un simple cliché a fuerza de unos esmerados diseños de escenografía y vestuario.

El origen está en una novela de la doctora y prolífica escritora Freida McFadden, productora de la película junto a sus dos protagonistas. Especialista en enfermedades neurológicas, se puede imaginar por dónde van los tiros de esta película en la que una joven de pasado turbio (la trumpista Sydney Sweeney de Cualquiera menos tú y Edén) es contratada para servir como asistenta en una lujosa mansión habitada por una mujer con cierto desequilibrio (Amanda Seyfried en modo intenso), su marido amable y seductor (Brandon Sklenar, Romper el círculo, La cita), y una hija pequeña y algo repelente. La galería de personajes se completa con una suegra disfrazada de Miranda Priestley (la veterana Elizabeth Perkins) y un jardinero que no aporta más que un potente físico latino (Michele Morrone, visto también en Otro pequeño favor).

Todo está milimétricamente concebido para gustar, resultar entretenido y atractivo, mientras la trama se va tornando más rocambolesca conforme avanza, derivando en el consabido festín de violencia y truculencia que tanto gusta al actual cine estadounidense, de forma que toda cuestión, por seria y trágica que sea, acaba sufriendo la consabida frivolización. Hay dos novelas más protagonizadas por la misma asistenta, lo que sin duda se traducirá en otras dos películas con sus considerables dosis de intriga, erotismo superfluo y violencia extrema.

domingo, 4 de enero de 2026

PRIMERA CITA MUSICAL DE UN AÑO MUY INCIERTO

Concierto de Año Nuevo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Chen Reiss, soprano. Lucas Macías, dirección. Programa: Obertura de La gazza ladra, de Rossini; Exsultate jubílate K.165, de Mozart; Vals de las flores de El Cascanueces, de Chaikóvski; Danza húngara nº 5, de Brahms; Éljen a Magayr! Op. 332, Czárdás: Klange der Heimath, de Die Fledermaus, Künstlerleben Op. 316, y An der schönen blauen Donau Op. 314, de Johann Strauss II; Meine Lippen, sie küssen so heiss, de Giuditta de Lehár. Teatro de la Maestranza, sábado 3 de enero de 2026


El lleno absoluto que el Teatro de la Maestranza experimenta durante dos días seguidos bien justifica que hayamos asumido como tradición lo que hasta hace unos años sólo lo era de la cultura centroeuropea exportada a todo el mundo. Pero siendo varios los conciertos que estos días emulan el de la Filarmónica de Viena, generalmente resueltos por orquestas de bolos venidas de aquí y allá, el de la Sinfónica de Sevilla ha moldeado un estilo propio gracias a un repertorio que mezcla los valses y polcas de los Strauss con otras piezas de carácter más o menos jubiloso que enmarcan una cita musical a la que propios y extraños acuden con cierta ilusión mágica.

Valses de otra procedencia, piezas de carácter litúrgico, arias de opereta y romanzas de zarzuela han ido dando forma a este programa especial de año nuevo, mientras aún esperamos que algún día también se eche mano del legado musical del Broadway y el West End clásicos, de Lerner y Loewe a Rodgers y Hammerstein, que bien encajarían en el repertorio y tendrían buenas embajadoras en las voces que han acompañado a la orquesta en las últimas ediciones.

No parece, sin embargo, suficiente el clamor de la música, la alegría de los acordes, para acallar la violencia con las que apenas hemos bautizado un año todavía más incierto, con más frentes abiertos, más peligros acechantes y mayor estulticia alrededor que nunca. Demos, por lo tanto, tregua a la incertidumbre y al temor y dejémonos llevar por la bondad de la música. Muchos y muchas lo hicieron ayer y volverán a hacerlo hoy, con la ilusión en la mirada y ese para tantos primer encuentro, ojalá de muchos, con el templo del buen gusto y el refinamiento musical que es nuestro teatro frente al Guadalquivir, de la mano de una orquesta que hace mucho forma parte del patrimonio irrenunciable de la ciudad.

Acordes festivos y una voz cálida

Nuestro concierto se celebra sólo dos días después de que el mundo amaneciera al son de los valses y las polcas del concierto de la Filarmónica de Viena, este año con ese considerable aire fresco que le ha proporcionado Yannick Nézet-Séguin, de quien muchos cronistas no han dudado en destacar su orientación sexual, como si eso definiese su talento, obviando además que muchas batutas antes que él ya compartieron esa orientación, pero sin divulgarla como sí hizo el director canadiense hace tiempo.

A estas alturas, lo del Danubio Azul y la Marcha Radetzky que cierran este tradicional concierto, la ROSS se lo sabe de memoria, y lo despacha con la habitual prestancia con que suele hacerlo, sin sorpresas ni sabores dispares. Pero antes, muchas fueron las piezas que con bastante acierto desgranaron los y las músicos con un Lucas Macías comprometido al frente. Lástima que la distendida obertura de La gazza ladra de Rossini, se resintiera de un exceso de percusión que rebajó su fineza y ligereza. Algo que sí apareció en Exsultate jubílate de un jovencísimo Mozart, cantado con elegancia por la soprano Chen Reiss, este año artista residente de la orquesta, y que en unos días demostrará si ciertamente Richard Strauss es su especialidad, entonando sus Cuatro últimos lieder.


Reiss y la orquesta se entendieron a la perfección en la exultante primera aria que la soprano resolvió con agilidades y ornamentaciones impecables, exhibiendo lirismo y espiritualidad en Tu virginum corona, y una contenida elegancia en el Aleluya final. Ya en la segunda parte del concierto, Reiss entonó con gracia y desparpajo las csárdás de El murciélago en las que Rosalinda expresa su amor a la tierra en el baile de máscaras, si bien fue con Meine Lippen, sie küssen so heiss, de la opereta Giuditta de Franz Lehár, con la que Reiss brilló más en expresividad, con un fraseo impecable y ese punto de sensualidad que las castañuelas españolas potenciaron a mitad del aria.

Macías, que dirigió todo el concierto de memoria, nos regaló rodeado de frondosos centros florales un vals de El Cascanueces que destacó en elegancia y volatilidad, mientras desgranó la popular Danza húngara nº 5 de Brahms y la polca rápida Éljen a Magyar! de Johann Strauss jr., con estilo y sentido del espectáculo. Más cerca de lo convencional resultó su forma de abordar el vals Vida de artista, antes de terminar con el mítico vals evocador de ese espacio infinito que imaginó Kubrick, y las palmas y el confeti que acompañan la pieza marcial que lamentablemente este año adopta aún más ese sentido de amenaza e inseguridad que nos asola.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

RONDALLAS Música y baile para curar la tristeza

España 2025 112 min.
Guion y dirección
Daniel Sánchez Arévalo Fotografía Rafa García Música Federico Jusid Intérpretes Javier Gutiérrez, María Vázquez, Judith Fernández, Tamar Novas, Carlos Blanco, Fer Fraga, Xosé A. Touriñán, Marta Larralde, Lola López Rodríguez, Marcos Pereiro Estreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2025; en salas 1 enero 2026

Con apenas seis largometrajes en un cuarto de siglo, Daniel Sánchez Arévalo se ha consagrado al cortometraje desde el inicio de la carrera, no abandonándolo nunca. Sólo en determinadas ocasiones ha dado el salto al largo, desde aquel celebrado AzulOscuroCasiNegro a la simpática comedia generacional Diecisiete, pasando por éxitos menores como Gordos, Primos y La gran familia española. Ahora vuelve con una insólita importación de un modelo largamente querido en países de nuestro entorno, como Francia, Inglaterra o Irlanda, donde la música y el trabajo solidario y en equipo sirve para conjurar traumas y dolores en el seno de una comunidad humilde y popular. 
En este caso se trata del naufragio de una embarcación pesquera con resultado de siete de sus nueve tripulantes muertos. Abandonada la tradición de la rondalla, típica comparsa musical y coreográfica de carácter folclórico que se prodiga en la ría de Vigo, demostrando que las navidades allí no sólo se celebran con una orgía lumínica, la buena gente del pueblo decide recuperarla para exorcizar el dolor y la incomprensión reinante.

Hace bien Sánchez Arévalo en dar visibilidad a este patrimonio cultural que, como tantos otros, permanece prácticamente desconocido para el resto del país. Lástima que el conjunto se apoye en una trama bastante frágil y tópica, previsible y carente del empuje y el interés que demanda. Parte del problema reside en la dispersión del argumento, una multitud de personajes que proporcionan el carácter de comedia coral que este tipo de películas exige, y sobre todo la indefinición de los principales, por mucho empeño que ponga, por ejemplo, su joven protagonista, una Judith Fernández emergente.

Se agradece que el buenismo se apodere de la función, que se visibilice el enorme trabajo que requiere la rondalla, y especialmente la colaboración que exige entre sus integrantes. Pero un mayor empaque en el argumento, más gracia en sus líneas de diálogo, un tratamiento dramático más atractivo y mayor definición de los personajes hubieran facilitado el entusiasmo que la empresa demanda y merece.

martes, 30 de diciembre de 2025

THOMAS GUGGEIS CON LA MÁS HERMOSA Y ADULTA JUVENTUD

Orquesta Fundación Barenboim-Said. Corinna Scheurie, mezzosoprano. Thomas Guggeis, dirección. Programa: Variaciones sobre un tema de Haydn Op. 56a, de Brahms; Shéhérazade M.41, de Ravel; Sinfonía nº 5 en re menor Op. 47, de Shostakóvich. Teatro de la Maestranza, lunes 29 de diciembre de 2025


Poco hay ya que nos sorprenda del nivel alcanzado en la interpretación musical de nuestros y nuestras jóvenes. Son muchas las orquestas que funcionan como si de verdaderos conjuntos profesionales se tratara, casi exclusivamente con el alumnado de los conservatorios andaluces o, como es el caso, el exigente calendario de instituciones que han marcado la agenda musical andaluza desde hace ya tantos años. En este sentido, la Fundación Barenboim-Said sigue apostando por la calidad extrema, ofreciendo conciertos como el de anoche, quizás entre los más memorables que han celebrado en el Maestranza.

Este año, siempre manteniendo la cita pre Año Nuevo que les caracteriza, ha sido un estrecho colaborador de Daniel Barenboim, el joven y ambicioso Thomas Guggeis, quien se ha encargado de extraer tanto brillo, furia y color a esta formación, con resultados a nuestro juicio sobresalientes, no sólo desde el punto de vista técnico, sencillamente impecable, sino desde una sensibilidad y una capacidad expresiva portentosa, lograda a través de la potenciación de cada detalle y cada matiz. Todo ello teniendo en cuenta las características tan diferentes de cada obra en los atriles.

Encanto místico y fusión de la voz

Un profundo sentimiento místico, traducido en formas ceremoniosas, se introdujo en las Variaciones sobre un tema de Haydn de Brahms, con maderas sublimando el arranque, y a partir de ahí el trabajo minucioso y responsable de la cuerda, elevando la pieza al pódium del sinfonismo brahmsiano más relajado, noble y elegante. Atisbamos ya entonces la enérgica expresividad de Guggeis, batuta en mano y deslizándose como si pintara las líneas melódicas, esbozando armonías y fraseando con una encomiable gracia, ya fuera en los pasajes más líricos y pausados como en los más agitados, hasta endemoniados. Impecable la respuesta de los y las integrantes de la orquesta.

Para Shéhérazade de Ravel, se contó con la también joven mezzosoprano Corinna Scheurie, que supo impregnar de sensualidad la página, aunque con cierto recato y limitación expresiva que lastró las posibilidades de una música que en directo cobra mayor relieve y capacidad de fascinación que en su escucha doméstica. La mezzo posee una voz de bello timbre, pero quizás le hubiera venido bien un pelín de mayor cuerpo.

Aún así, cabe apreciar cómo supo fusionarse a la perfección con una orquesta en la que pudimos disfrutar de cada acorde, de su misterio y su fuerte carga erótica, todo lo cual Guggeis supo manejar con tanto acierto que la joven plantilla parecía haber alcanzado una increíble madurez. Entre las aportaciones solistas, destacaron el violín de la concertino, el oboe y la flautista, auténtica revelación de la noche, otra portento a sumarse a cuantos van acaparando puestos en las más prestigiosas orquestas del mundo.


El dolor del desgarro

A estas alturas, y con interpretaciones memorables disfrutadas en este mismo espacio, como la de John Axelrod y la ROSS hace un buen puñado de años, no hace falta ahondar en las circunstancias de gestación de la Sinfonía nº 5 de Shostakovich, para dejarse embaucar por su poder de fascinación y el desgarro que provocan sus dolorosas páginas, aún teñidas de pasajes grotescos y de una ironía tan sutil como arriesgada.

A la suntuosidad del moderato inicial, con sus pasajes mecidos y los que desatan la fuerza y la amenaza, con un trabajo excelente de las trompas a las puertas del infierno, se sumó el carácter ácido e irónico del allegretto, defendido por Guggeis ya sin batuta pero con los mismos movimientos espasmódicos y un cuidado extremo por cada línea y detalle de la partitura. Luego, pura emoción contenida en el largo, una de las páginas más místicas imaginadas, que la orquesta resolvió adaptándose a cada inflexión y a un creativo juego de dinámicas.

Un grito de angustia se apoderó del allegro final, con una explosión de sonido siempre controlado que acabó sacudiendo nuestras conciencias y elevando la experiencia de escuchar música al grado de catarsis absoluta, y todo de la mano de quienes todavía están limando sus estudios y su preparación. Sin duda, el milagro de una formación esmerada y el trabajo incansable de una juventud tan responsable y disciplinada... Nada mejor para recibir un nuevo año con esperanza y confianza.

Fotos: Manuel Vaca
Artículo publicado en El Correo de Andalucía