Guion y dirección Anna Cazenave Cambet, según el libro de Constance Debré Fotografía Kristy Baboul Grémeaux Música Maxence Dussere Intérpretes Vicky Krieps, Antoine Reinartz, Monia Chokri, Viggo Ferreira-Redier, Féodor Atkine, Park Ji-min, Manuel Vallade, Aurélia Petit, Oumnia Hanader Estreno en el Festival de Cannes 20 mayo 2025; en Francia 10 diciembre 2025; en España 22 mayo 2026
Pantalla Sonora
Un cajón de sastre en la red dedicado al cine y la música... fundamentalmente
martes, 26 de mayo de 2026
LOVE ME TENDER Masculinidad ofendida
Guion y dirección Anna Cazenave Cambet, según el libro de Constance Debré Fotografía Kristy Baboul Grémeaux Música Maxence Dussere Intérpretes Vicky Krieps, Antoine Reinartz, Monia Chokri, Viggo Ferreira-Redier, Féodor Atkine, Park Ji-min, Manuel Vallade, Aurélia Petit, Oumnia Hanader Estreno en el Festival de Cannes 20 mayo 2025; en Francia 10 diciembre 2025; en España 22 mayo 2026
THE MANDALORIAN AND GROGU Prescindible salvo para la taquilla
Dirección Jon Favreau Guion Jon Favreau, Dave Filoni y Noah Kloor Fotografía David Klein Música Ludwig Göransson Intérpretes Pedro Pascal, Sigourney Weaver, Jonny Coyne, Hemky Madera y las voces de Jeremy Allen White, Martin Scorsese y Shirley Henderson Estreno en España 21 mayo 2026; en Estados Unidos 22 mayo 2026
lunes, 25 de mayo de 2026
LA FSO DIBUJA Y CABALGA EN VALENCIA
De paso, tuvimos la oportunidad de disfrutar de otro programa que sólo se ha interpretado en Madrid, en cuyo Auditorio Nacional se estrenó el 10 de abril, y volverá a hacerlo en Gijón y Valladolid el próximo mes de junio. Son programas especiales que no van de gira ni se graban para su consumo doméstico, pero que reportan tanta satisfacción como el resto, como pudimos comprobar en esta doble función del pasado fin de semana.
La música, ingrediente fundamental del cine de animación
Toon Story, el programa con el que este año han recorrido toda la geografía ibérica, es un repaso por algunas de las bandas sonoras más icónicas del cine de animación, aunque Martínez-Orts siempre busca su repertorio en aquellas que, con alguna excepción, se estrenaron en las tres últimas décadas. Es la época que entronca con los que siendo de la misma generación, crecimos admirando a los grandes autores del Hollywood moderno, como Goldsmith, Horner, Elfman, Shore... y, por supuesto, John Williams.
Para mí, volver a escuchar música de cine en el Palau de la Música del antiguo cauce del Turia, uno de los mejores, más atractivos y variopintos parques de cuantos conozco, fue como volver a aquella juventud en la que hacía mis primeros pinitos escribiendo sobre música de cine en una revista especializada de idéntico y genérico título, Música de Cine, que se editaba precisamente en esa ciudad en la que ahora descansa también mi corazón. Fueron aquellos primeros noventa del pasado siglo, en los que la revista organizaba en colaboración con la Mostra unos congresos de música de cine cuya guinda la ponía el compositor invitado de turno, que junto a la Orquesta de Valencia nos deleitaba en ese templo de la música.
Esta misma estrategia se mantuvo con la música de John Powell para Cómo entrenar tu dragón, incluidos unos festivos acordes celtas perfectamente en estilo reproducidos por la entusiasta plantilla. De igual forma, la banda sonora de Harry Gregson-Williams y el propio Powell para Shrek, sin olvidar las excelentes suites generadas a partir de la música de Alan Menken para Aladdin y Pocahontas, con las habituales intervenciones de la sevillana Anaís Sancruz.
A diferencia de Fibes, en el Palau la orquesta no necesita amplificación, lo que nos permite disfrutar del sonido natural de los instrumentos, incluido el aterciopleado y perfectamente fraseado violín de la concertino Amanda Ochoa en el precioso Oogway Ascends de Hans Zimmer para Kung Fu Panda, y el no menos emotivo tema de Joe Hisaishi para La princesa Mononoke. Divertidísimo el tema de Chicken Run, de nuevo con Powell y Gregson-Williams a la composición, incluyendo ese punto gamberro que jalona la partitura. Disfrazado de Woody, el vaquero de Toy Story, Dublet entonó un delicioso Hay un amigo en mí de Randy Newman. De su primo David pudimos escuchar un medley de Ice Age, y de Stephen Flaherty la emocionante pero algo pomposa Dime dónde vas (Journey to the Past) de Anastasia, también con arreglos orquestales de David Newman.
Otras dos sensacionales suites con la música de Hans Zimmer para El rey león, y la de Menken para La bella y la bestia, tema principal cantado y bailado por Sancruz y Dublet, pusieron punto final al concierto, antes de la propina, Los Simpson de Elfman, con las voces del público colaborando en su arranque. Pero no podemos dejar de alabar la facilidad con la que esta orquesta de jóvenes se adapta a cualquier género, ya sea el swing de Los increíbles (Michael Giacchino) o el mickemousing cargado de aliento jazzístico y muy en estilo del Hollywood de los treinta y cuarenta, recreando los trabajos ilustrativos de Scott Bradley para los cortos de Tom y Jerry... puro delirio sazonado con escenificaciones cómicas de los atareados percusionistas.
Debemos destacar además la conveniencia de programas como éste, destinados a niños, niñas y familias. No hay mejor manera de crear nueva afición, y la verdad es que en general los y las más pequeñas se portan muy bien, sobre todo cuando perciben como nadie que lo que escuchan tiene calidad, ni aburre ni cansa.
Spaghetti y western clásico, sin distinción
Al día siguiente, domingo 24, los y las músicos se disfrazaron de personajes del salvaje oeste, cowboys, indios e indias, para ofrecernos un emocionante recorrido por algunas de las más icónicas bandas sonoras del género. Martínez-Orts, por su parte, abandonó la levita de Neo por la del juez Wyatt Earp. Y juntos nos regalaron una tarde de sensaciones, recuerdos, acción y disfrute a raudales. Un recorrido que arrancó con los títulos iniciales de La conquista del oeste, del patriarca de los Newman, Alfred. Continuó con el arreglo de concierto que hizo John Barry para Bailando con lobos, ensamblando el tema de John Dunbar y la llegada a Fort Sedgwick. El propio Wyatt Earp estuvo presente con una preciosa suite de la película de igual título de Lawrence Kasdan con música de James Newton Howard, incluido el irrepetible tema de la boda, y la suite con los títulos finales de Tombstone, con música de Bruce Broughton, también presente en Silverado, de nuevo con el tándem Kostner-Kasdan, y toda la espectacularidad que fue capaz de recrear la FSO.
Ennio Morricone, por supuesto, tuvo un amplio recuerdo, dejando claro a través de los temas de la trilogía del dólar cómo en Por un puñado de dólares el italiano se inspiró en Tiomkin para su solo de trompeta, que la versatilidad de los y las integrantes de la orquesta les permite incluso emular con éxito a las voces de I Cantori Moderni di Alessandroni, que el solista silbador hizo un excelente trabajo, y que Sancruz puede recrear con éxito la voz de la soprano Edda del'Orso en El éxtasis del oro de El bueno, el feo y el malo. También ella sacó a relucir sus aptitudes en el bellísimo tema de Jill de Hasta que llegó su hora. Con la amenazante partitura de Los odiosos ocho, se completó este obligado homenaje a las imprescindibles aportaciones de Morricone al género.
sábado, 23 de mayo de 2026
RÁTH CONJUGA UNIDAD Y DIVERSIDAD EN UNA SEXTA DE MAHLER PORTENTOSA
Cogerle el punto ha sido siempre uno de los mayores enigmas de la Música,
pues bajo la apariencia de unos temas
melódicos felices y distendidos, se esconde la sempiterna lucha entre la
vida contemplativa y la mera supervivencia, terminando en una auténtica batalla campal de la que es
difícil hacerse eco si no se tienen las ideas tan claras como las tuvo el
maestro húngaro. Toda una desesperada aventura a vida o muerte que le proporciona
ese carácter indómito que tan bien supo
reflejar el director con la inestimable ayuda de una orquesta impecable, tan
disciplinada como brillante en todas sus secciones.
Destacaron quizás los refulgentes
metales, con aportaciones magistrales de trompas y tuba, pero también de
trompetas y trombones, así como la rica
percusión, destacando esas campanas de rebaño que desde bambalinas recrean
la apacible vida campestre que sirve como último
refugio al atormentado protagonista de la función. Merece mencionarse
también esos martillazos directamente importados del Olimpo con los que el
tercer movimiento avisa del inefable
destino que aguarda tras el caos y la destrucción. Pero no podemos olvidar
el papel fundamental de la cuerda, responsable de los momentos más líricos e inspirados, y que la concertino, Alexa
Farré, llevó por muy buen camino, generando tantas texturas como registros
emocionales, todos de hondo calado
estético y poético.
Una interpretación colosal
Esta descomunal catedral de la
música arrancó con la marcha
enérgica del allegro inicial y
las habitualmente magníficas prestaciones de la cuerda grave, sobre todo los
contrabajos. El acierto de Ráth consistió en lograr dar unidad a una pieza en la que abundan los cambios de
registro, la fecundidad melódica y la alternancia entre acordes furiosos y
otros más líricos y amables. El director acertó también en intercambiar el scherzo y el andante, situando éste como segundo
movimiento, una práctica a la que renunció Mahler tras las primeras audiciones de
la obra. Permitió así respirar
después del carácter marcial del primer movimiento, sin seguir por los mismos
derroteros, como así sucede en el scherzo.
De esta forma, el andante supuso un
soplo de aire fresco, un alivio, henchido de pureza y nobleza, para
proseguir de nuevo con la manifestación apabullante y salvaje del tercer movimiento,
destacando unas maderas precisas e
incisivas. Este intercambio fue también una manera de dotar de mayor
equilibrio a la sinfonía, provocando que la pausa entre el segundo y el tercer
movimiento se situase en el centro
exacto de la obra. Así, llegamos al largo allegro conclusivo preparados para la gran apoteosis final, con vientos, arpa y celesta sumergiéndonos en
un clima trágico.
Una conclusión si duda grandiosa, precedida de una introducción y una coda
que enmarcan diversos temas que se
escuchan casi aislados pero entrelazados, hasta cierto punto cohesionados
gracias al talento y la habilidad de su director, y la brillantez de todas las
familias orquestales, que debieron
ensayar lo suyo, sobre todo teniendo en cuenta esos refuerzos menos
acostumbrados a las dinámicas de trabajo de la orquesta. A la salida, nos informaron
que Alain Lombard grabó esta sinfonía
con la ROSS hace tiempo, pero a pesar de los, al parecer, excelentes
resultados, quedó almacenada sin fecha de publicación.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
viernes, 22 de mayo de 2026
TRIO WANDERER, INGENIEROS DEL SONIDO
Con la formación intacta desde que
en 1995 Jean-Marc Phillips-Varjabédian sustituyera a Guillaume Sutre, el
conjunto cuyo nombre se inspira inequívocamente en la famosa fantasía
schubertiana, inició su esperada andadura sevillana con una pieza que les acompaña prácticamente desde sus inicios, y que
tienen debidamente registrada en el sello K617, el Trío en sol menor Op. 3 de Chausson. La admiración del compositor
por Wagner y su influencia de César Franck se advirtió ampliamente en una interpretación cargada de furia y
agitación.
El teclado se mostró vigoroso y locuaz en el scherzo, siempre bajo esa compenetración perfecta que permite la
consolidación de estilo y la colaboración cultivada durante tantos años. En el adagio (Assez lent) el tono se hizo
sombrío y la armonía ambigua, derivando en pura poesía en manos de tan
consumados maestros. Así, hasta llegar a la intensidad de ritmo y espíritu del scherzo final (Animé), puro frenesí y aceleración,
tan abrumadora como decibélica.
Tristia es la adaptación,
sumamente inventiva como se puede apreciar ya desde la misma introducción, de
la sexta pieza del primer libro, dedicado a Suiza, de la colección para piano Años de peregrinaje. Se trata en concreto
de La Vallée d’Obermann, y surge de
la iniciativa de Edward Lassen, alumno de Liszt, que hizo el primer arreglo,
seguido de los propios ajustes del autor de la Rapsodia húngara. De las
tres versiones, ésta, la tercera, es la más divulgada. El Wanderer tradujo
la atmósfera atormentada y melancólica del original con texturas ricas y densas, lográndose en conjunto una sensación de zozobra aún mayor de la
que contiene la obra para solo piano.
Un Mendelssohn descomunal
Pero fue quizás en la sensacional
interpretación del Trio nº 1 en re menor
Op. 49 de Mendelssohn, donde nos hicimos eco de la habilidad de cada uno de
los integrantes del trío para lograr un
sonido tan impecable, con gradaciones acústicas tan depuradas e
intencionadas que parecían fruto del trabajo
de un maestro de la tecnología, un ingeniero de sonido tan atento y
aplicado como para mejorar aún más el sonido natural de los instrumentos y sus
concertistas.
Tras los pertinentes retoques de la
parte pianística para adaptarse a las nuevas corrientes inauguradas por Chopin
y Liszt, este trío acabó considerándose una
obra maestra en la línea de los de Beethoven o Schubert. El Wanderer
ofreció de él una lectura sobrenatural,
apasionada y hasta cierto punto desmelenada, siempre bajo el control que
permite la sabiduría y la experiencia, como ya pudimos atisbar en el allegro inicial. El virtuosismo del piano, la carnosidad del violonchelo y el fraseo
impecable del violín, lograron una interpretación de un lirismo inusitado.
El andante, traducido en toda una romanza
sin palabras, resultó tan amable
como distendido, sin despreciar ese toque patético que caracteriza su parte
central. La habitual atmósfera inquieta
y ensoñadora de Mendelssohn asomó sin prejuicios en un scherzo de dimensiones casi sinfónicas, con el piano cabalgando alegremente
y a discreción. Acabó tan brillante y
apasionado como el resto, exhibiendo esa grandeza y musculatura que los
persiguió durante toda la interpretación de tan excelsa, melódica y lírica partitura.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
jueves, 21 de mayo de 2026
HOKUM La herencia de Stephen King
Guion y dirección Damian McCarthy Fotografía Colm Hogan Música Joseph Bishara Intérpretes Adam Scott, David Wilmot, Peter Coonan, Florence Ordesh, Will O’Connell, Michael Patric, Brendan Conroy, Austin Amelio, Ezra Carlisle, Mallory Adams Estreno en Irlanda y Estados Unidos 1 mayo 2026; en España 15 mayo 2026
miércoles, 20 de mayo de 2026
RESONANCIA CON ÍMPETU JUVENIL
En
los atriles, dos monumentos
indiscutibles de la música de cámara, separados por un siglo pero
conectados por un lenguaje inequívocamente romántico, con las particularidades
lógicas del paso del tiempo, evidentes en la página de Shostakóvich. Dos partituras henchidas de fuego y pasión,
ideales para poner en práctica el ímpetu juvenil del conjunto, que extrajo de
sus fuerzas y altas capacidades todo un arsenal de recursos tanto para complacer
a un público generalista como a los paladares
más exquisitos y exigentes.
El
carácter crispado de Shostakóvich
El
Quinteto Op. 57 de Shostakóvich,
estrenado por el propio autor junto al Cuarteto Beethoven, el mismo que divulgó
su amplio catálogo de cuartetos, mantiene en todo momento un regusto neoclásico y una visible admiración por la gramática
bachiana. Mur arrancó con fuerza y decisión, empleándose ya a fondo con el extremo agudo del teclado,
del que a menudo extrajo acordes deliberadamente estridentes, sin duda afines a
la desesperada expresividad del autor, pero carentes de ese punto de discreción
y sutileza con las que éste conducía su atronadora exasperación con cierto
disimulo.
Ejemplares
fueron las prestaciones de Sergey Maiboroda
y Joan Andreu Bella a los violines, mientras Salomé Osca a la viola y Lourdes
Kleykens al violonchelo, ejemplificaron a la perfección la alternancia de voces y sucesivos relevos
que caracterizan el preludio.
Kleykens llevó a cabo un trabajo carnoso y profundamente melodioso, mientras
Osca impregnó de lirismo la página. Hubiéramos deseado una atmósfera más fantasmagórica al inicio de la inquietante fuga, no obstante se lograra entre todos
y todas una concentración
contrapuntística de intensa carga emocional.
Tras
un agitado y ovacionado scherzo
central, si acaso un pelín carente de
ironía y mordacidad, la compenetración entre el piano y la cuerda continuó
funcionando en el intermezzo, algo por
debajo sin embargo de esa tensión y sensación de soledad que apunta. Sus continuos y extremos cambios de registro
se hicieron más patentes en el juguetón final,
una intensa y ardua alternancia de
sonrisas y lágrimas que los intérpretes llevaron a buen puerto, aunque sin
la crispación que demanda tan compleja y comprometida página.
La intensidad emocional de Schumann
La
segunda propuesta de la tarde nos llevó a los
orígenes del género, con el primer quinteto con piano considerado indiscutible obra maestra, el que
compuso Schumann en un momento feliz de su vida, consagrado a su pasión por la
música y su amor incondicional por su esposa Clara, a quien dedicó esta pieza en la que el piano tiene tanto
protagonismo, con resortes casi concertantes. Esto implica que sólo un solista
competente puede acercarse a ella con garantías de éxito, y Mur demostró que lo
es, manteniéndose firme y entusiasta
en su prácticamente ininterrumpida intervención.
La
vitalidad del allegro inicial quedó
manifiesta en la calidez y la intensidad
emocional con la que el quinteto lo abordó, reflejando sus continuos
cambios de ánimo de manera tan arrebatada como llena de ternura. El conjunto
resolvió con brillantez su contenida marcha
fúnebre, ahondando en su carácter
trágico salpicado de puntuales y gozosos estallidos de esperanza, y
manteniendo en todo momento una muy saludable homogeneidad de timbre.
También
entre lo lírico y lo fogoso prosiguió el scherzo,
hasta llegar a un allegro ma non troppo
final síntesis de la gramática
schumanniana que los cinco intérpretes entendieron a la perfección,
logrando una sintonía y una uniformidad
sólo al alcance de los conjuntos más maduros y experimentados.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía












