martes, 8 de septiembre de 2026

BLACK BOX: VUELO 298 Una mirada inquietante a las catástrofes aéreas

Título original: Black Box
USA 2026 85 min.
Fotografía y dirección
Steven Quale Guion Stephen Susco Música Raffertie Intérpretes Tom Brittney, Holly Leena White, Molly Belle Wright, Boadicea Ricketts, Betsy English, Dana Whyte O’Hara, Kaja Chan, Asa Ali, Ceallach Spellman, Georgina Leonidas, Hanneke Talbot, Danny Mac, Weronika Rosati, Anton Trendafilov, Vaughn Johseph, Giorgi S. Georgiev Estreno en Estados Unidos (Internet) 7 julio 2026; en España 4 septiembre 2026


Este verano un avión cayó sobre un mar infestado de tiburones en Deep Water, y otro, éste, se ha enfrentado a una serie de fenómenos inexplicables. En ambas estaba la niña Molly Belle Wright, a ver si ha tenido algo que ver en tan luctuosos incidentes. Nueve años después de dirigir su última película, una producción francesa titulada Renegados y protagonizada por J.K. Simmons, Steven Quale, que antes había dirigido Destino final 5 y En el ojo de la tormenta, puro cine de evasión, ofrece esta entretenida e imaginativa mezcla de géneros, a la que conviene acercarse a ella libre de información y prejuicios.

Tanto la sinopsis oficial como algunas de las críticas que rondan por ahí, revientan algunos de los giros más originales e interesantes de una cinta que, sin ellos, pierde gran parte de su atractivo. Del guion se encarga Stephen Susco, que adaptó El grito y su secuela junto a su creador, Takashi Shimizu. Un reparto coral de rostros desconocidos, se encarga de aportar el habitual factor humano en este tipo de producciones, en una película cuya intriga consiste en averiguar qué está pasando en un vuelo comercial enfrentado a grandes misterios.

Hecha con aplomo e interés, unos efectos visuales apañados y la ayuda inestimable de un nutrido equipo búlgaro, ya que está rodada en Sofía, se trata de un film simpático que acuña todas las constantes del cine de catástrofes aéreas, añadiendo un halo de fantasía televisiva y un inquietante toque final, todo a partir de un cortometraje de 2012 dirigido por un tal Clark Baker, Vessel. Sencillamente, para ver sin más exigencia que pasar un rato entretenido, intrigante y moderadamente inquietante.

ÚLTIMA ESCALA DE LA ORQUESTA DE BAYREUTH EN LA PENÍNSULA

Foto: Luis Pascual

La frustración acumulada tras la suspensión del concierto extraordinario de la Orquesta del Festival de Bayreuth el pasado miércoles en Sevilla, debido a un apagón de luz en el Teatro de la Maestranza que aún se encuentra bajo investigación, y los lazos sentimentales que nos unen a la ciudad del Turia,  permitió que retomáramos tan excepcional concierto en su parada en el Palau de la Música de València el domingo 6 de septiembre. Se trató del último concierto de la prestigiosa formación en la península, dentro de una insólita gira que rubrica la enorme sintonía que el director granadino Pablo Heras-Casado ha logrado mantener con un conjunto que, sin embargo, muda de piel en un considerable porcentaje cada nueva temporada del festival wagneriano.

Aunque la crítica hasta ahora se había volcado en elogios y parabienes, hubo también opiniones discrepantes, una de las últimas proveniente de su paso por el Teatro Real de Madrid. Y claro, tales opiniones hacen también hincapié en la nuestra propia y nos ayudan a comprender algunos detalles que quizás habíamos pasado por alto. Claro que con sólo cuarenta minutos despachados en Sevilla, sin que Klaus Florian Vogt hubiera afrontado aún su papel de Sigfrido, y ni siquiera haber aparecido en escena la soprano británica Catherine Foster, una de las grandes apuestas de la velada, nuestra impresión se quedaba bastante huérfana de referentes.

Foster y Vogt saludan al final de la primera parte

En Sevilla nos habíamos quedado en los murmullos del bosque, defendidos como el resto, con atención al detalle, formas cristalinas y seductoras y un sonido limpio que, sin embargo, algo palideció en el Palau comparado con la magia que desprende la acústica del Maestranza. Después, la esperada aparición de Foster, primero sola encarando la preciosa melodía del Idilio de Sigfrido con la que arranca el final entonado por Brunilda, Eterna fui, y que da paso al despertar y saludo con Sigfrido. Un dúo de amor que no logró levantar la emoción esperada, con la voz de Foster ligeramente avibratada, tremolante, imprecisa y desconfiada, nada que ver con la inmejorable impresión que dejó hace más de una década cuando interpretó el mismo papel en Sevilla, de la mano de Halffter y La Fura del Baus.

Toda la segunda parte estuvo dedicada, como se sabe, a El ocaso de los dioses, cuarto y último de los títulos que conforman El anillo. Aquí lució la orquesta en todo su esplendor, dada la abundancia de partitura estrictamente orquestal frente a la intervención vocal. Piezas mil veces escuchadas, animadas por batutas de toda índole y condición, como el Amanecer y viaje de Sigfrido por el Rin (Tagesgraven und Siegfrieds Rheinfart) del prólogo, y la estremecedora Marcha fúnebre (Trauermarsch) del acto tercero, encontraron en Heras-Casado y la muy disciplinada y experta orquesta una interpretación robusta y espectacular, evidenciando una vez más la enorme sintonía entre batuta y conjunto. Sin embargo, no nos asaltó ese estremecimiento que habíamos alcanzado con sólo escuchar el arranque del concierto, esa majestuosa Entrada en el Walhalla, en el Maestranza.

Vogt hizo todo lo que pudo en la Muerte de Sigfrido, ¡Brunilda, Santa esposa!, aunque no pudimos apreciar ese tono, autoridad y prestancia de auténtico helden tenor. Se quedó corto en proyección y en expresión, a la vez que mantuvo ese timbre discretamente metálico que no nos llegó a convencer tampoco como Sigmundo. Por su parte, Foster encaró valientemente toda la escena final, la inmolación de Brunilda, ¡Ponedme allí unos maderos!, con menos ímpetu del deseable, sin arrojo ni suficiente tono trágico, aunque mantuvo una línea de canto homogénea, salvando satisfactoriamente cada una de sus temibles inflexiones, y por supuesto se hizo oir en todo momento, a pesar de la a menudo decibélica intervención de Heras-Casado.

Brownlee, Foster y Vogt

En definitiva, los generosísimos vivas y aplausos se nos antojaron exagerados, si bien la ocasión podía merecerlos sólo por el gesto de haber recalado en nuestros teatros desde aquel profundo foso que tienen reservado en el teatro wagneriano. También aquí fue Nicholas Brownlee el más vitoreado. Por otro lado, la selección buscaba lograr resumir en apenas dos horas las dieciséis que dura la tetralogía completa, algo absolutamente imposible y, de hecho, malogrado. De esta manera, puestos a seleccionar auténticos highlights de la saga, se echaron en falta arias como Winterstürme de La valquiria, o momentos tan sublimes, llenos de sentimiento y corazón, como Selige Ode de Sigfrido. Al menos, la muy recurrente Cabalgata de las valquirias, en su versión de concierto, sólo instrumental, se interpretó como esperada propina, para regocijo absoluto de todos y todas las presentes.

A pesar de todo, nos damos por satisfechos al haber recuperado esta cita histórica e irrepetible, a la vez que lamentamos sobremanera el entuerto que ha supuesto para los responsables de nuestro teatro de la ópera, auténticos decepcionados de una gesta que llevaban tanto tiempo anunciando y preparando. Vaya para ellos y ellas nuestra simpatía y más sincera ovación, en la seguridad de que la excelente temporada que han preparado nos hará olvidar esta desgraciada experiencia. 

lunes, 7 de septiembre de 2026

CRONOS Las fichas del tablero

España 2026 118 min.
Dirección
Fernando González Molina Guion Alberto Marini Fotografía Pau Castejón Música Audrey Ismaël Intérpretes Enric Auquer, Diana Gómez, Mónica López, Xavi Sáez, Pablo Derqui, Israel Elejalde, José Pérez Ocaña, David Vert, Joan Amargós, Joan Pedrola, Mima Riera, Faouzia Chati Estreno 4 septiembre 2026

Acaban de cumplirse nueve años desde los atentados de Las Ramblas en Barcelona en los que murieron dieciséis personas, ampliadas con una más cuando el terrorista ejecutor de la masacre huía de la ciudad, y otra en Cambrils antes de que varios terroristas cómplices murieran abatidos por la policía. Unos trágicos episodios que la película de González Molina analiza con exactitud quirúrgica, aunque siempre desde un solo punto de vista, el de los cuerpos de seguridad de la Generalitat encargados del caso, bajo el mando y responsabilidad del célebre Josep Lluís Trapero, director de los Mossos d’Esquadra, miméticamente recreado por Pablo Derqui, y los agentes que intervinieron en la investigación inmediata a los hechos, especialmente los interpretados por Enric Auquer en Barcelona, este año muy próximo a la Ciudad Condal gracias también a su excelente trabajo en la serie de televisión Ravalear, y Mónica López en Ripoll, localidad de donde procedían algunos de los terroristas implicados. Un cuarto personaje, encargada de la imagen externa y relaciones con la prensa del cuerpo policial, interpretada por Diana Gómez, completan el cuarteto dramático sobre el que se asienta la milimétrica trama de una cinta, por otro lado, coral en la presentación y desarrollo de sus personajes y peripecias sentimentales.

Curtido en melodramas románticos, Tres metros sobre el cielo, Palmeras en la nieve, y thrillers literarios, la Trilogía del Baztán, no hay que olvidar que González Molina debutó con una serie policiaca, Los hombres de Paco, que a buen seguro le habrá venido muy bien a la hora de articular este thriller realista de suspense puesto en pie por Alberto Marini, guionista nacido en Italia pero forjado en nuestro país en títulos como Mientras duermes, El desconocido y El 47. Molina, además, presentó hace poco otro interesante film, su particular revisión del clásico de Jaime de Armiñán Mi querida señorita.

Una buena puesta en escena y una equilibrada dosificación de las fichas del tablero, así como un eficaz montaje que dota de ritmo y precisión a la crónica, completan un trabajo si no del todo apasionado, sí al menos respetuoso y emocionante, en el que caben señalar dos aspectos fundamentales, cómo ni siquiera a través de una educación en respeto y diversidad se logra atajar radicalismos como el fundamentalismo religioso que tanto gangrena nuestra sociedad. Y por otro lado, cómo la apropiación partidista y oportunista que las fuerzas gubernamentales y del orden hacen para ganar popularidad malogra el aspecto meramente sentimental de una tragedia de estas proporciones, cuando en el tablero lo que prima es la pérdida de vidas humanas y el dolor más atroz imaginable.

domingo, 6 de septiembre de 2026

JIM QUEEN Una atrevida fantasía animada

Francia 2026 85 min.
Dirección
Marco Nguyen y Nicolas Athane Guion Simon Balteaux, Brice Chevillard, Nicolas Athane y Marco Nguyen Música Kirosen Voces (en versión original) Alex Ramirès, Jérémy Gillet, Philippe Katerine, Shirley Souagnon, François Sagat, Harald Marlot, Elisabeth Wiener, Alexandre Brik Estreno en el Festival de Cannes 17 mayo 2026; en Francia 17 junio 2026; en España 4 septiembre 2026

Claro ejemplo de cine de animación exclusivamente para adultos, esta producción francesa agota todos los estereotipos de la comunidad gay con tanta gracia y frescura que resulta casi imposible no rendirse a sus encantos. Llega en un momento lamentablemente muy delicado para la prolongación de derechos y libertades cuya consecución ha provocado tanto dolor y sufrimiento. El mapa mundial, a expensas de ese mamarracho integral que ocupa de forma harto discutible la Casa Blanca cual emperador romano de la peor calaña, se está tiñendo de colores represores y reaccionarios, y la comunidad lésbica y homosexual debería ir tomando nota antes de que sea demasiado tarde y volvemos al Pleistoceno. Ya lo decía otra política lamentable, Giorgia Meloni, en sus proclamas electoralistas, abajo el lobby (¿) LGTBIQ+.

Nguyen y Athanel, en su primer largometraje, circunscrito además al formato de animación tradicional o en dos dimensiones, denuncian esta situación sin dejar de lado en ningún momento el carácter lúdico y tremendamente divertido de su propuesta. Convertir la población homosexual en heterosexual, justo cuando no sólo hemos aceptado nuestra condición, sino que la disfrutamos tan plenamente que desearíamos reencarnarnos de nuevo en lo que somos, es la principal amenaza que una sustancia maliciosamente vertida en el ambiente, aterroriza a una comunidad tan antigua y científicamente probada como el ser humano en sí mismo. Por medio, arremeter contra las principales filias de algunos de los diferentes grupos que engloban la comunidad, como el culto al cuerpo, y más concretamente al músculo, el fetichismo o el cuero, se convierte en razón para lograr tanto chiste como mordaz sátira, fácil de digerir y de entender.

El trazo preciso y muy expresivo de los caracteres, la singularidad de la voces, incluida la del popular actor porno gay galo François Sagat, y la acertada recreación de ambientes y situaciones, logran un film disfrutable, que no escandaliza ni en sus propuestas más presuntamente vulgares e incluso escatológicas. Seguramente será más adecuada para un público familiarizado con sus ingredientes que para el generalista, pero convendría comprobar si éste también lo disfrutaría, porque a nosotros nos ha parecido muy divertida.

jueves, 3 de septiembre de 2026

LOS MURMULLOS DIERON PASO AL SILENCIO

Heras-Casado, la Orquesta de Bayreuth y (de espaldas) Nicholas Brownlee, en Barcelona

El río Guadalquivir fue ayer testigo de dos desafortunados incidentes, el incendio por la mañana del nuevo hotel de lujo en obras en las instalaciones del antiguo Altadis, y el apagón que sufrió el Teatro de la Maestranza por la tarde, en pleno concierto de la Orquesta del Festival de Bayreuth bajo la dirección de Pablo Heras-Casado. Para el granadino éste era el único de los cinco conciertos programados en la península que se celebraba en su tierra. Una cita que ya partía gafada por ser la única que no había agotado el papel ni de lejos, algo para lo que ni el alto precio de las entradas ni la todavía peregrinación playera debería haber sido una excusa, sobre todo teniendo en cuenta que entre tantos millones de andaluces y andaluzas, llenar un aforo de mil ochocientas personas no debería resultar un problema, especialmente teniendo en cuenta lo extraordinario del acontecimiento.

La Orquesta del Festival de Bayreuth nunca sale de casa. Está formada por músicos seleccionados cada temporada de entre los y las más destacadas de las formaciones fundamentalmente alemanas, sólo para hacer frente a las representaciones de las óperas wagnerianas que desde hace ciento cincuenta años se programan a lo largo del verano en el teatro especialmente diseñado para la ocasión por el genio alemán. Sólo recordamos una ocasión en la que la orquesta salió del profundo foso que ocupa en dicho coliseo, y fue de la mano de Andris Nelsons en 2021, para airearse de la pandemia.

El maestro letón la llevó a su tierra, para participar con dos conciertos, también a principios de septiembre, justo antes de disolverse la formación para regresar cada uno y una a sus atriles habituales, en el Jurmala Music Festival que se celebra en Riga. Que Heras-Casado haya sido capaz de traer la orquesta a España deja claro su poder de seducción y la confianza que en él habrá depositado la directora artística del Festival de Bayreuth, Katharina Wagner, bisnieta del compositor.

Fue precisamente con Nelsons con quien sufrimos la vergüenza de un teatro a medio llenar, también en 2021, con la Gewandhausorchester de Leipzig. Temíamos repetir esa sensación con Heras-Casado al frente de esta singular y espléndida formación, pero nunca hubiéramos imaginado que un apagón acabaría por frustrar definitivamente la experiencia. Hasta entonces todo iba sobre ruedas. A algunos se nos había puesto la carne de gallina y los pelos de punta ante tanta magnificencia. La cuerda surgiendo de la nada, sigilosamente, dando entrada a unos portentosos metales, antes de que el yunque marcara la entrada de los Dioses en el Walhala, dio nada más empezar el concierto buena muestra de por dónde irían los tiros.

Una dirección inteligente

Un entregadísimo Heras-Casado, pendiente de cada matiz y detalle, con gestos precisos y contundentes, fue marcando la pauta, logrando que cada miembro se adaptara perfectamente a sus exigencias, y logrando en conjunto un sonido majestuoso y brillante, potenciado por la excelente acústica del teatro, seguramente irrepetible en otros de los escenarios previstos en esta propuesta nacida para celebrar el cuarenta aniversario del Festival de Peralada, extendiéndose al setenta y cinco del de Santander, y coincidiendo con el treinta y cinco de nuestro querido teatro de la ópera.

La batuta basculó entre la potencia y la delicadeza, con tanta discreción como control y dominio de los recursos. Entre lo más conmovedor de la noche, esas modulaciones elegantísimas y discretas de la cuerda, arremolinándose, relevándose y creando una atmósfera entre irreal y absolutamente mágica, queremos pensar que un logro añadido del director español con mayor proyección internacional del momento. Su idilio con la orquesta se inició hace tres años, un período en el que ha dirigido Parsifal en la versión de Jay Schreib, y que se proyecta ahora con una tetralogía completa que estrenará dentro de dos años.

Curiosamente, pudimos disfrutar de Heras-Casado en Sevilla en dos ocasiones de la mano de la Fundación Barenboim-Saïd, la misma que nos trajo hace un par de años a Oksana Lyniv, la única mujer que ha dirigido esta orquesta hasta el momento, y de cuyo Holandés errante tuvimos el privilegio de ser testigos en el mismo Bayreuth en 2022.

Voces en estado de gracia

Nicholas Brownlee reivindicó, con una voz rotunda y autoritaria, el poder de Wotan, su conmovedora y frustrante renuncia ante las puertas del Walhala del anillo y todo lo que comporta, tras la maldición de Alberich, la usurpación de Fafner y los lamentos de las hijas del Rin. Impresionante en su manera de modular la voz, alcanzar agudos extremos y mantener una línea de canto vivaz y contundente, lo que fue agradecido con aplausos generosos, aún más tras la despedida de Wotan  a Brunilda (Hasta siempre, audaz y maravillosa hija), defendida por el bajo-barítono estadounidense con mayor contundencia y una expresividad dramática realmente conmovedora. No en vano se trata de una de las voces más prometedoras de la actual cantera de voces del festival.

Antes, hizo aparición el veterano Klaus Florian Vogt dando vida a Sigmund, al final del primer acto de La Valquiria, entonando su particular plegaria a su padre, Wotan (Una espada me prometió el padre), haciendo acopio de recursos dramáticos, evidenciando una voz metálica, bien colocada y capaz de articular cada gesto y matiz al que se somete su papel. Dicen que mejora considerablemente cuando interpreta a Sigfrido, pero no llegamos a apreciarlo debido al lamentable apagón.

Nos quedamos literalmente con las ganas de disfrutar de Catherine Foster, como ya hicimos en 2012 de la mano de Pedro Halftter y La Fura del Baus, cuando interpretó a la valquiria Brunilda en el tercero de los títulos del Anillo. Justo cuando la orquesta interpretaba el popular Waldweben (Murmullos del bosque), con sus sonidos onomatopéyicos asomando disciplinados y elocuentes, siempre bajo la atenta dirección de Heras-Casado, se hizo la oscuridad. Primero pensamos que podía tratarse de un golpe de efecto, antes de que hicieran su aparición Sigfrido y Brunilda, pero pronto entendimos que ante esa oscuridad absoluta ninguna orquesta podría continuar tocando.

De hecho, siguieron haciéndolo durante unos segundos, pero enseguida se hizo el silencio y una esperada reconducción que, tras cuarenta minutos de incertidumbre, no llegó. Fuera esperaban policía local y protección civil para asegurar un desalojo seguro y eficaz, mientras un equipo de técnicos electricistas aguardaba para recuperar la luz perdida en un coliseo que nunca antes había vivido algo igual. Una experiencia sin duda, pero lamentable en todos los sentidos. La de Bayreuth recaló en el sur de Europa, de forma extraordinaria e irrepetible, y perdimos la ocasión de disfrutarlo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 2 de septiembre de 2026

UNA NOCHE AL AÑO Una denuncia divertida pero maquillada

Título original: One Night Only
USA 2026 102 min.
Dirección
Will Gluck Guion Travis Braun y Will Gluck, según la novela del primero Fotografía Yaron Orbach Música Este Haim y Christopher Stracey Intérpretes Monica Barnaro, Callum Turner, Haya Hawke, King Princess, Molly Ringwald, LeVar Burton, Mateo Ray, Pete Davidson, Bobby Cannavale, Julia Fox, Andrew Burnap, Michelle Hurd, Este Haim, Charlie Gillespie, Ella Loudon Estreno en Estados Unidos 7 agosto 2026; en España 26 agosto 2026

Aunque ha abordado otros géneros, como el infantil en Peter Rabbit, el musical en una desastrosa revisión de Annie, o la comedia adolescente en Rumores y mentiras, a mayor gloria de una estupenda Emma Stone pre coqueteos con Lanthimos, Will Gluck parece haberse especializado en la comedia romántica. Con derecho a roce tuvo un discreto éxito, pero triunfó definitivamente con Cualquiera menos tú, a la que se atreve ahora a hacer un guiño a través de la imagen de su protagonista, Glen Powell. En Una noche al año adapta una novela de Travis Braun, responsable también de co-escribir el guion, en la que partiendo de la misma premisa que The Purge, el gobierno estadounidense ha prohibido el sexo prematrimonial salvo esa noche al año del título, dándole así la vuelta a la violenta y sangrienta saga. Pero lo que parece dar pie a una serie de críticas y sarcasmos frente a la actual política neo fascista estadounidense, con nostalgia de Obama incluida, acaba como lo hacen todas las autocríticas del poderoso y beligerante país, dando paso a lo reaccionario y lo puritano, tanto como la escasez de carne que muestra una cinta que versa sobre el sexo, traseros masculinos aparte.

Sin embargo, su ritmo y su frescura hacen que sus casi dos horas pasen tan entretenidas como moderadamente divertidas. El amplio elenco de personajes tiene mucho que ver en ello, especialmente sus protagonistas absolutos, típica pareja que entre encuentros y desencuentros están condenados a juntarse. Imposible no caer rendido a la belleza y el carisma de Monica Barbaro, que fue Joan Baez en el biopic de Bob Dylan que interpretó Timothée Chalamet, y que en esta comedia luce uno de esos trajes que pueden convertirse en icónicos con el paso del tiempo. Tampoco se queda corto el británico Callum Turner, relegado hasta ahora a secundarios y sólo más visible en la serie de televisión Los amos del aire. Ser el marido de Dua Lipa y firme candidato a dar vida al próximo James Bond seguramente le granjeará una mayor popularidad. De momento no le va mal como galán romántico en esta simpática película, en la que también cabe destacar la presencia de los veteranos Molly Ringwald, musa del cine adolescente de los ochenta, y LeVar Burton, inolvidable Kunta Kinte, mientras otros, como Andrew Burnap y Ella Loudon aportan atractivo y comedia.

La cinta recupera, también con acierto, la tradición de la screwball comedy de antaño, con Turner y Barbaro viviendo episodios y peripecias muy al estilo de Grant y Hepburn. Por si fuera poco, para redondear la función Gluck da cierto toque musical a su película, haciendo cantar a algunos de sus intérpretes, Monica Barnaro al frente, pero también Charlie Gillespie y King Princess, y dejando que la responsable máxima de la música, Este Haim, tenga su particular cameo como portera de un club exclusivo. Por todo ello, se trata de un film disfrutable, menos crítico de lo deseable, que se deja embaucar por lo que en esta desdichada actualidad se considera políticamente correcto, dejando posibles distopías al alcance de la más amarga verosimilitud, por disparatadas que parezcan.

domingo, 30 de agosto de 2026

LA CONSTELACIÓN DEL PERRO Entre le aventura y la supervivencia

Título original: The Dog Stars
USA-Reino Unido 2026 118 min.
Dirección
Ridley Scott Guion Mark L. Smith y Christopher Wilkinson, según la novela de Peter Heller Fotografía Erik Messerschmidt Música Harry Gregson-Williams Intérpretes Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Guy Pearce, Allison Janney, Benedict Wong, Sam Spruell, Ewen Bremner, James Craze, Sai Bennett Esrtreno en España 26 agosto 2026; en Estados Unidos 28 agosto 2026

De la docena de libros que ha escrito Peter Heller, ésta es su primera adaptación cinematográfica. Se trata también de la que más fama y rédito le ha proporcionado, cuando ya sobrepasaba los cincuenta años, y tras una vida protagonizada en parte por su amor a la aventura, algo que se deja ver en la narrativa de este drama postapocalíptico. Para Ridley Scott se trata de su película número treinta, en una filmografía fecunda, con sus más y sus menos, pero repleta de éxitos y con una marca indeleble que da cierto prestigio a todo aquello que toca, por mucho que algunos se empeñen en demostrar lo contrario. Y para la ocasión, el director de Blade Runner y Gladiator se ha puesto en modo tranquilo y sosegado, a pesar de contar con algunas secuencias de violencia y acción considerables, tras los ambiciosos y dispares proyectos que supusieron Napoleón y Gladiator II, sus dos últimas películas. 
Uno de los jóvenes actores de moda, Jacob Elordi (Frankenstein, Cumbres borrascosas) protagoniza una historia de supervivencia que entronca con una tradición muy estadounidense, ya cultivada en diversas ocasiones, las más relevantes a partir de Soy leyenda de Richard Matheson, varias veces adaptada al cine, entre las que destacan El último hombre vivo (The Omega Man) con Charlton Heston y la homónima protagonizada por Will Smith.

En un tono más elegíaco, con sensacionales paisajes desde los altos vuelos experimentados por el protagonista y su pequeño aeroplano, el entorno se nos antoja sin embargo bastante anacrónico, desde el momento en el que propone tribus exageradamente asalvajadas (los segadores), el principal problema para la supervivencia de Elordi y los personajes que encuentra en su viaje, cuando en realidad la epidemia apocalíptica apenas ha sucedido unos años antes. Podemos lamentar también esa constante en el cine estadounidense que hace que los malos sean pésimos tiradores, frente a la precisión del bueno pistola o ametralladora en mano. Pero el tono, la facilidad para pasar del relax y la contemplación a la tensión y la acción, denotan la maestría de Scott para rodar y dosificar los elementos de forma que alcancen su cometido.

Entre los episodios experimentados por el joven protagonista, destaca uno más bien desquiciado al que acompaña en modo ambiental y de forma inequívocamente intencionada el muy recurrente tema musical Charmaine, en versión directamente extraída de la banda sonora de Alguien voló sobre el nido del cuco. Quizás el segmento más esperpéntico y fuera de lugar de toda la propuesta, pero que tiene su gracia, a la vez que entraña uno de los momentos más siniestros de esta entretenida aventura en la que, sin embargo, se rozan aspectos tan inquietantes como la bondad humana frente al egoísmo imperante, la compañía y la colaboración frente a la soledad, o el regreso a la felicidad más primitiva, aunque de forma bastante superficial.