martes, 5 de mayo de 2026

LA ISLA DE AMRUM Una mirada limpia y profunda

Título original: Amrum
Alemania 2025 93 min.
Dirección
Fatih Akin Guion Fatih Akin y Hark Bohm Fotografía Karl Walter Lindenlaub Música Hainbach Intérpretes Jasper Billerbeck, Laura Tonke, Lisa Hagmeister, Kian Köppke, Lars Jessen, Detlev Buck, Matthias Scheighöfer, Diane Kruger Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2025; en Alemania 9 octubre 2025; en España 30 abril 2026


Atrás quedaron los tiempos en los que al director alemán de origen turco Fatih Akin le llovían reconocimientos en galas y festivales con películas como Contra la pared o Al otro lado. Ha seguido haciendo películas, con éxitos como Soul Kitchen, El padre, En la sombra o El monstruo de St. Pauli, moderando progresivamente sus hechuras, pero nunca tanto como con este drama de corte narrativo y estético absolutamente clásico. Se trata de las memorias juveniles de Hark Bohm, actor, escritor y cineasta que colaboró con Fassbinder en películas como El matrimonio de Maria Brown. 
Su vida en la isla de Amrum, una de las islas Frisias septentrionales de Alemania, cuando era niño y la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de terminar, es analizada con mimo y sensibilidad por Akin en colaboración con el propio Bohm, que además se reserva una pequeña intervención al final de la película.

La sinrazón y profunda inutilidad de la guerra y del odio entre pueblos, queda perfectamente plasmada en esta crónica de juventud en la que lograr un pequeño y suculento manjar para la madre depresiva se convierte en reto y, en cierto modo, macguffin para que el joven protagonista, prodigioso Jasper Billerbeck de mirada limpia y profunda, viva diversos episodios en los que el pasado nazi de la familia va quedando atrás, y puede que apenas dejando huella en el futuro más que para reflexionar sobre toda esta estúpida barbarie.

Sus personajes se polarizan, como la propia población devastada, entre la tragedia por la pérdida del führer y la guerra, y aquellos otros que sólo vieron en el genocida y su lucha un camino a la perdición, fuera de todo orden, lógica y humanidad. Una narrativa fluida, una imagen luminosa y la excelente interpretación de un reparto en el que apenas distinguimos un rostro conocido, el de Diane Kruger en un breve pero significativo papel, logran un film estimable, sencillo y a la vez hábilmente elocuente.

LA PLAGA Aprendices de manada

Título original: The Plague
Australia-Emiratos Árabes-USA-Rumanía 2025 95 min.
Guion y dirección
Charlie Polinger Fotografía Steven Breckon Música Johan Lenox Intérpretes Everett Blunck, Kenny Rasmussen, Kayo Martin, Joel Edgerton, Elliott Heffernan, Lucas Adler, Caden Burris, Lennox Espy, Kolton Lee Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2025; en Estados Unidos 24 diciembre 2025; en España 30 abril 2026


Ambicioso debut en la dirección de largometrajes del joven director Charlie Polinger, con una historia parcialmente basada en experiencias propias vividas cuando era adolescente. Se trata de una singular y original visión del comportamiento humano en esa compleja etapa de la vida, centrándose en un campamento de verano para deportistas de agua. En concreto, analiza el devenir de un equipo de wáter polo convertido en microcomunidad con líder carismático y cierto presagio de futura manada en el peor sentido de la palabra. Intentar encajar en dicho grupo, mal considerado de ganadores, se convierte en reto del protagonista, algo más sensible que el resto. Mientras, marginar a quien no encaja, por supuesta rareza o, en este caso, enfermedad cutánea (la plaga o peste del título), se convierte en objeto del grupo.

En definitiva, volvemos a un tema muy candente como es el desprecio a la diferencia, sin tener en cuenta que en general todos y todas tenemos nuestra singularidad. La tendencia del protagonista a ayudar al marginado, irá haciendo mella en su propia posición en el grupo, mientras intenta salvar a quien no parece encajar con propuestas cercanas a la tan cacareada como errática normalidad. Todo esto, Polinger lo trata con un sentido estético bastante original, como si el envoltorio también fuera un referente de esa diferencia, esa singularidad que haga al producto único y revelador. Las evocadoras secuencias subacuáticas, su desconcertante narrativa entre el cine social y el más genuino de terror, y el sugerente, a menudo asfixiante, uso del sonido, incluida una extravagante banda sonora con la voz humana como instrumento predominante, logran ese efecto hipnótico y extraño que persigue, y logra, la película.

El trabajo de los niños es extraordinario, especialmente el desconcertado y vulnerable protagonista, el líder de la manada y el bizarro marginado Por otro lado, los escasos papales maduros, con Joel Edgerton a la cabeza como entrenador, además de ejercer como productor de la película, parecen no hacerse eco de la problemática de unos jóvenes cuya identidad está por forjar, y que posiblemente acaben pasando de chulos irredentos a fracasados sociales. En este sentido, resulta especialmente estremecedora la reacción de la madre del protagonista en una secuencia puntual y reveladora de la cinta.

lunes, 4 de mayo de 2026

EL DIABLO VISTE DE PRADA 2 Digna secuela sobre la vanidad

Título original: The Devil Wears Prada 2
USA 2026 119 min.
Dirección
David Frankel Guion Aline Brosh McKenna, según los personajes creados por Lauren Weisberger Fotografía Florian Ballhaus Música Theodore Shapiro Intérpretes Anne Hathaway, Meryl Streep, Stanley Tucci, Emily Blunt, Justin Theroux, Patrick Brammall, Kenneth Branagh, B.J. Novak, Simone Ashley, Tracie Thoms, Lucy Liu, Larry Mitchell, Rachel Bloom Estreno en España 30 abril 2026; en Estados Unidos 1 mayo 2026


Lauren Weisberger triunfó a principios de este siglo con su novela semi autobiográfica El diablo viste de Prada, en la que contaba sus experiencias como asistente personal de la poderosa directora de Vogue Anna Wintour. Apenas tres años después de su publicación, la llevaron a la pantalla la guionista Aline Brosh McKenna (Hasta que la ley nos separe, 27 vestidos, Morning Glory) y el director David Frankel, que había debutado unos años antes con Miami, protagonizada por Antonio Banderas, Sarah Jessica Parker y Mia Farrow. El resultado se coló en las listas de películas más taquilleras de la década, y logró afianzarse como una de las comedias más icónicas de lo que llevamos de siglo. El éxito estaba bien asegurado; se trataba de modernizar el clásico cuento de la cenicienta, presentándonos a una joven periodista e idealista que acaba sucumbiendo a las reglas del trabajo en un mercado fuertemente capitalista, cuando es contratada en la revista Runway, a las órdenes de una caprichosa y diabólica jefa. Anne Hathaway pasaba así de patito feo a deslumbrante cisne, mientras Meryl Streep echaba toda la carne al asador para convertirse en una hábil combinación de hada y bruja.

Con los clásicos de una sociedad capitalista seguimos, cambiando los cuentos de hadas por los de súper héroes. Al menos eso es en lo que parece haberse convertido la protagonista, Andy Sachs, empeñada en arreglar cualquier desaguisado y reponer justicia a quien la pierde, salvando así empresa, reputación y vida ajena, aunque en el fondo, y ahí radica su más acertada observación, es a ella a quien se afana en salvar, como cualquier hijo e hija de la sociedad consumista moderna, absorbida por el narcisismo y la vanidad. Naturalmente lo que llama la atención en esta segunda parte, que no sigue precisamente la continuación de la novela, La venganza viste de Prada, es su lujo, glamour y, sobre todo, ritmo e ingenio para volver a encandilar y divertir, resultar amena y digerible, a pesar de que cada giro de guion cuenta con una resolución facilona, poco trabajada.

Lo mejor, de todos modos, sigue siendo su cuarteto protagonista. Si con este film volvemos a disfrutar en la gran pantalla, tras varios años de ausencia, de la gran e irrepetible Meryl Streep, ya merece la pena. Pero lo hace también porque Anne Hathaway despliega todo su encanto, la trama es atractiva y la dirección ágil y dinámica. Si además viajamos a lo más glamuroso de Milán y somos capaces de reconocer los cameos de gente tan famosa en el sector como Naomi Campbell, el músico Jon Batiste o Dolce & Gabana, mejor aún. Por cierto, en este apartado destaca la bronca que le echa Emily Blunt a Donatella Versace, y la que Lady Gaga le echa a Meryl Streep. Por lo demás, ya tiene mérito reunir al mismo equipo artístico y técnico veinte años después.

viernes, 1 de mayo de 2026

SINGULAR PROPUESTA COREOGRAFIADA DE LA ROSS

Sinfónico 12. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Antonio Ruz, dirección escénica, iluminación y coreografía. Xiaolu Zang, piano. Johanna Malangré, dirección. Programa: Pavana para orquesta, en Fa sostenido menor Op. 50, de Fauré; Ma mère l’Oye, ballet de Ravel; Variaciones sinfónicas para piano y orquesta, de Cesar Franck; Bolero, de Ravel. Teatro de la Maestranza, jueves 30 de abril de 2026


No recordamos, al margen de los ballets de enero con orquesta en el foso, otros conciertos de la ROSS que contaran con danza acompañándole en el escenario. Se trata de otra de esas felices experiencias que el nuevo equipo directivo de la orquesta ha diseñado para incentivar al público, captar nuevas audiencias y lograr elevar el espíritu del conjunto por encima de los vaivenes sufridos en las últimas temporadas. Claro que eso de captar nuevos públicos puede tener su precio, como el de volver a sufrir la agresión permanente de toses, móviles y caídas de objetos que tanto desconcentran y tanto daño hace a los artistas y a quienes aún esperamos que el comportamiento del oyente esté a la altura de lo mucho que queremos a esta ciudad.

Nos recordaba un incondicional de la cultura musical en Sevilla, en el intermedio de este décimo segundo programa de abono, aquello que decía Fernán Gómez sobre que al teatro hay que venir tosido. Una consigna que parte de nuestro público parece despreciar sistemáticamente. Y así ocurrió al menos en la primera y coreografiada parte de este concierto tan singular y atractivo, con el consiguiente perjuicio para su disfrute. Y eso que la experiencia invitaba a la relajación y el hipnotismo.

Foto: Marina Casanova

Los y las seis bailarinas deambularon entre el público mientras la joven directora alemana Johanna Malangré desgranaba ya su particular estilo, exquisito y elegante, en la celebérrima Pavana de Fauré. Una forma de introducirnos ya en ese mágico mundo de los cuentos infantiles evocados en esta primera parte de la cita. Valentina Martín Kadashnikova y Yeteng Zhou se revelaron inmediatamente después, sin solución de continuidad, como jovencísimos pianistas capaces de llevar a buen puerto la versión original para piano a cuatro manos de la pavana de la bella durmiente del bosque. Después, el baile, una experiencia que podría repetirse con otros títulos tan apreciados como, por ejemplo, El sombrero de tres picos de Falla o La consagración de la primavera de Stravinsky.

Una impecable combinación de iluminación y coreografía

Mi madre la oca, de Ravel, ha sido llevada a los atriles de la Sinfónica en numerosas ocasiones, pero pocas o ninguna en forma de ballet. Concebida como suite de cinco piezas para piano a cuatro manos, Ravel la orquestó apenas un año después de terminarla, para inmediatamente después ampliarla hasta convertirla en el ballet que pudimos degustar en esta ocasión en todo su esplendor.


Para eso se contó con el talento del coreógrafo cordobés Antonio Ruz, que ha creado para la ocasión, con la colaboración de Elia López, un delicado trabajo para seis jóvenes bailarines, sometidos a movimientos que combinan lo clásico con lo contemporáneo, mientras se someten a arriesgadas acrobacias y tan luminosas como evocadoras, siempre dentro de un nivel de calidad y exigencia encomiable.

Malangré logró integrar música y danza, haciendo acopio de respeto y delicadeza, con momentos tan mágicos como el vals de la bella y la bestia, ayudado por una excelente iluminación de efectos casi expresionistas. Pulgarcito fue otro de los pasajes en los que Ruz se dejó guiar por la narrativa del cuento, completado con las danzas chinescas de la princesa de las pagodas.

Para el resto, el coreógrafo se dejó guiar por el instinto y la libertad, mientras sus danzantes lograron episodios de inusitada belleza, como ese final realzado por el estremecedor crescendo de la orquesta, magníficamente recreado por la batuta y una orquesta que se creyó en todo momento lo que hacía, incluida una breve aportación coreográfica al conjunto.

Ritmo y color en la segunda parte


Aunque las Variaciones Sinfónicas para piano y orquesta de Cesar Franck sea su obra de concierto más programada junto a su Sinfonía, resulta mucho menos transitada que ésta. Su breve duración hace dudar sobre la necesidad de contar con un celebrado pianista para su interpretación, sin que se le demande otra página adicional. Es el caso del joven Xiaolu Zang, que ofreció una versión de la pieza vigorosa y decidida, gracias en parte al mimo con que Malangré dirigió la orquesta, siempre buscando el equilibrio perfecto con el pianista.

A pesar de su título, más que variaciones nos encontramos ante una evolución orgánica que fusiona progresivamente al solista y la orquesta, destacando un allegretto de enorme belleza que invita al pianista a involucrarse en una sucesión de cambios de registro y carácter que complican la interpretación hasta hacerla digerible sólo en manos tan expresivas, ágiles y desenvueltas como las de este excepcional pianista chino. Y así se disipa cualquier duda apuntada antes. Como propina y, de paso, anticipo de lo que vendría después, tocó el segundo de los Valses nobles y sentimentales de Ravel, de forma tan atenta como reflexiva.  

Y para terminar, una pieza que no sólo no cansa en su repetitiva gramática, sino en la cantidad de veces que se interpreta. El Bolero de Ravel contó también con la exquisitez y la elegancia ya expuesta por Malangré en las anteriores piezas. Esta vez nos llamó especialmente la atención la suavidad casi etérea con la que se mantuvo el ritmo al tambor, mientras flauta, oboe y clarinete fueron dando lo mejor de sí mismos, y las capas instrumentales que caracterizan esta monumental orquestación, fueron fluyendo con absoluta precisión y naturalidad, mientras la batuta se encargó de mantener con éxito un ritmo constante y un brillo excepcional.

Fotos: Juan Luis Morilla
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 29 de abril de 2026

LOS LAZOS QUE NOS UNEN Maternidad sobrevenida

Título original: L’attachement
Francia-Bélgica 2024 106 min.
Dirección
Carine Tardieu Guion Carine Tardieu, Raphaële Moussafir, Agnès Feuvre y Agnès de Sacy, según la novela de Alice Ferney Fotografía Elin Kirschfink y Yann Maritaud Música Eric Slabiak Intérpretes Valeria Bruni Tedeschi, Pio Marmaï, César Botti, Vimala Pons, Raphaël Quenard, Catherine Mouchet, Marie-Christine Barrault Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2024; en Francia 19 febrero 2025; en España 26 septiembre 2025; en Movistar Plus+ 20 abril 2026

Estrenada de forma casi desapercibida en septiembre pasado, la llegada ahora a Movistar de este film, tras haber sido recientemente reconocida con el César a la mejor película de 2025, nos ha permitido ahora acercarnos a este intimista melodrama sobre maternidad sobrevenida y nuevas oportunidades para enderezar la vida. Una espléndida Valeria Bruni Tedeschi da vida a una mujer madura que ve cómo pierde paulatinamente su abrazada soledad y considerable independencia cuando un giro inesperado protagonizado por la familia vecina de enfrente pone su vida patas arribas y le hace replantearse algunas de las certezas de su vida.

Un interesante y prometedor punto de partida, de la mano de una exitosa novela y su adaptación a ocho manos, también galardonada con el premio galo, que pronto descubrimos se convierte en un bucle del que resulta difícil salir, merced a una dialéctica reiterativa y en cierto modo algo cansina. No obstante, la presencia siempre fascinante de la actriz, aunque fuera la algo excesiva Vimala Pons quien se alzara con el único César de interpretación del reparto, convierte la experiencia en algo así como gratificante. Lástima que el personaje de la afamada actriz aparezca casi de forma permanente fumando, incluso en interiores. Aún así su encanto y carisma justifica algunas de las reacciones que se suceden en un film que indaga sobre los giros inesperados que da la vida, la necesidad de vínculos sentimentales que la sustenten y la posibilidad de corregir errores provocados por despecho, o simplemente para curar heridas de manera urgente o precipitada.

Aunque la protagonista principal sea Bruni Tedeschi, se trata de un film coral en el que todos y todas, incluido un niño algo petardo pero así mismo entrañable, tienen su particular trato de cariño y amabilidad. En el reparto, nos fijamos especialmente en la veterana Marie-Christine Barrault, que tiene una intervención mínima como madre de la protagonista, y a la que recordamos por sus papeles en Cousin, cousine, Mi noche con Maud y Recuerdos (Stardust Memories), a pesar de que ha seguido haciendo cine, aunque en títulos cuya falta de trascendencia ha impedido su estreno en nuestras pantallas.

martes, 28 de abril de 2026

KRAKEN: EL LIBRO NEGRO DE LAS HORAS Sin garra ni espíritu

España 2026 111 min.
Dirección
Manuel Sanabria y Joaquín Llamas Guion Rocío Martínez Llano, Juan Carlos Cueto y Óscar David Gómez, según la novela de Eva García Sáenz de Urturi Fotografía Carlos Pérez Gascó Música Pablo García Lozano Intérpretes Alejo Sauras, Maggie Civantos, Natalia Rodríguez, Aitziber Luma. Martín Urrutia, Ana Gracia, Fernando Soto, Elena Gallardo, Andere Garabieta, Íñigo Gastesi, Ainhoa Aierbe, Olatz Beobide, Isidoro Fernández, Natalia Millán Estreno en el Festival de Málaga 13 marzo 2026; en salas 24 abril 2026

Hasta cinco libros ha escrito hasta el momento Eva García Sáenz de Urturi sobre las andanzas del detective experto en perfiles criminales Unai López de Ayala, alias Kraken, en la ciudad de Vitoria. Con este film son ya dos las adaptaciones cinematográficas de la saga, que amenaza con ir a más. Y lo mismo se puede decir de ésta que de la anterior, El silencio de la ciudad blanca. Igual de bochornosa es. Aquella la dirigió con idéntica torpeza Daniel Calparsoro, mientras de ésta se han hecho cargo Manuel Sanabria y Joaquín Llamas, que tampoco lograron maravillas con la serie de televisión La coleccionista, basada en la película dirigida por el primero y protagonizada por Maggie Civantos, Daniel Grao y Belén López.

Circunscrita al cine negro de crímenes rituales en serie, relacionados con el patrimonio cultural, la cinta adolece de cualquier atisbo de naturalidad, no digamos credibilidad, cuando todo acontece de manera tan impostada, sin fluidez ni convicción. Algo que se atisba incluso en la desgana con la que está interpretada, lo que hace que prácticamente ninguno de sus personajes destaque lo más mínimo, salvo quizás Aitziber Lumaprotagonista de una historia paralela del pasado que lidia con monjas perversas y familias ambiciosas, todas y todos crueles al máximo nivel.

La joven debutante está muy por encima de la falta de naturalidad de Maggie Civantos, la falta de relieve de Alejo Sauras, tomando el relevo de Javier Rey, o la artificiosa caracterización de Natalia Rodríguez como detective albina. Previsible y ridícula en cada nuevo giro de guion, aspira al menos a ser entretenida, y puede que en su sucesión de disparates lo consiga, aunque para ello tengamos que pagar el peaje del rubor y la vergüenza ajena. Ni siquiera Vitoria, la emblemática ciudad en la que está rodada y ambientada sale bien parada del conjunto, siempre a oscuras y sin apenas singularidad.

lunes, 27 de abril de 2026

SALOMÉ EN LES ARTS, DE PERVERSA A PERVERTIDA


Alejados de la Feria de Abril, haciendo vida conyugal en Valencia, nos hemos acercado en un par de ocasiones al Palau de la Música. La primera para disfrutar de la energía y la fuerza inusitada de Paavo Järvi al frente de la Orquesta de Cámara de la Filarmónica de Bremen, con un programa exquisito en el que pudimos comprobar cómo en manos tan expertas e informadas, la Tercera de Schubert y la Escocesa de Mendelssohn, rebosan frescura y agilidad, lo que también pudo extenderse al Concierto para piano y orquesta nº 19 de Mozart, que sirvió como bisagra entre ambas páginas sinfónicas. Aquí lució la técnica y la expresividad del joven pianista japonés Mao Fujita, todo jovialidad tanto en su destreza al instrumento como en su actitud ante el público, y sin que Järvi lo eclipsara en ningún pasaje. Por supuesto, la orquesta no sólo lució músculo sino también una técnica impecable, con destellos de grandeza en solistas destacados, como el timbalero o el clarinetista.


De la Sala Iturbi nos desplazamos dos días después a la Sala Rodrigo, donde pudimos apreciar la magnífica acústica alcanzada tras la rehabilitación forzosa a la que tuvo que someterse durante varios años y hasta hace muy poco. Fue con un recital de piano del joven valenciano Rubén Talón, que despachó Satie, las Gymnopédies 1 y 3 y los Gnossiennes con igual numeración, de forma algo caprichosa, deleitándose en unas dinámicas muy marcadas y acaso artificiosas. Mucho mejor atacó el Vallée d'Obermann de Liszt, si bien arrancó premioso y hasta aburrido, para después desembocar en sus acordes más enérgicos y desesperados, muy bien resueltos, con singular aplomo. Tras una Balada nº 2 de Chopin nada afectada y muy efectiva, lo mejor llegó de la mano de un Gaspard de la Nuit con gran sentido de la expresividad y evidentes dosis de elegancia. Hasta cuatro propinas regaló ante el entusiasmo de sus paisanos.


Con la Feria Andaluza a imagen de la sevillana, desplegada a sólo unos metros, nos acercamos al día siguiente a Les Arts para disfrutar del estreno de un título que en Sevilla no se hace desde 2005, y que siempre despierta nuestra curiosidad y atención, cuando no fascinación. Se trata de Salomé de Strauss, esta vez bajo dirección musical de quien fuera responsable del coliseo valenciano hasta hace poco, James Gaffigan, y con la dirección escénica del joven y demandado Damiano Micheletto, tras la tibia acogida de su primera película como director, Primavera, en torno a Vivaldi y una joven virtuosa del orfanato Pietá.

Pero la sensación debía ser la soprano lituana Vida Miknevičiūtė, hoy considerada como todo un referente en el personaje straussiano, tras haberlo interpretado en numerosas ocasiones. Claro que para calibrar su talento al respecto, hubiéramos preferido que no se hubiese alterado tanto la psicología del personaje, a quien Micheletto parece haber querido limpiar de todo aspecto misógino, pasando de ser un ser perverso y caprichoso al resultado de un abuso prolongado, tras sufrir el consabido trauma de perder a su padre víctima de sus intrigantes tío y madre. Y para que el público menos versado no se pierda entre tanta intriga familiar, el director italiano se encarga de dibujarnos un árbol genealógico al principio de la función, sobre el minimalista decorado en el que una estupenda iluminación proyecta inquietantes sombras.


Ciertamente, Miknevičiūtė exhibe muy buena voz en perfecto registro lírico dramático, generosa proyección y virtuosa articulación, mientras Nicholas Brownlee como Jochanaan le da buena réplica a pesar de un físico poco encajado. Aunque para eso, lucir físico, están los ángeles del infierno que circulan por el escenario gran parte de la función, sin mayor poder de elocuencia. Hacer cantar a los protagonistas desde el fondo de un profundo escenario ya sabemos que pasa factura, de modo que una gritona Michaela Schuster y un excitado (torturado y ridiculizado por la dirección escénica) John Daszak, sufrieron lo suyo para hacerse notar. A Lioba Braun apenas se lo oyó, pero en su caso el escenario tuvo poco que ver.


La pulcritud del escenario va desapareciendo paulatinamente conforme avanza la narración, sufriendo todo tipo de vejaciones, barro, pluma, sangre... siempre en un ambiente que parece recrear el recurrente período de entre guerras del siglo XX. Menos mal que a nadie se le ocurrió vestir a Herodes con uniforme fascista. La Orquesta de la Comunidad Valenciana respondió como siempre, de forma brillante y ejemplar, aunque la acústica de Les Arts no nos parezca la más adecuada para disfrutar de la estética straussiana en todo su esplendor. Eso sí, Gaffigan mostró poco interés por no sepultar las voces, firmando una dirección excesivamente enérgica, siempre al extremo de una expresividad tormentosa, menos lasciva y sensual de lo conveniente.