martes, 17 de marzo de 2026

LA HIJA PEQUEÑA Un proceso delicado

Título original: La petite dernière
Francia-Alemania 2025 106 min.
Guion y dirección
Hafsia Herzi, según la novela de Fatima Daas Fotografía Jérémie Attard Música Amin Bouhafa Intérpretes Nadia Melliti, Park Ji-min, Louis Memmi, Mouna Soualem, Aloïse Sauvage, Amina Ben Mohamed Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2025; en Francia 22 octubre 2025; en España 13 marzo 2026

Con más de cuarenta títulos a sus espaldas como actriz desde que debutara en 2007 con Cuscús, y alguna incursión en el cine estadounidense como protagonista (This Teacher), Hafsia Herzi dirige su tercer largometraje adaptando la novela autobiográfica de la militante LGTBI Fatima Daas, de origen argelino como la debutante protagonista del film. En ella cuenta el proceso de autorreconocimiento y descubrimiento de una joven estudiante francesa de origen argelino, cuando comienza a sentir atracción por las mujeres, y cómo esto afecta a su convicción como creyente y practicante musulmana. Una materia que podría haber provocado un trabajo más apasionante pero que se queda en discreción y delicadeza, muy alabado por parte de la crítica pero que a nuestro juicio se queda por debajo de su atractiva promesa.

Este proceso de descubrimiento narrado apenas contiene sorpresa ni originalidad, pasando por los episodios habituales de enamoramiento, desilusión, frecuencia de locales de ambiente y disfrute del sexo libre y desprejuiciado, mientras la compatibilidad con sus creencias religiosas apenas se esbozan sin que derive en conflicto palpable. Por si fuera poco, estos episodios de descubrimiento se suceden de forma caprichosa, de manera que obvian a menudo la convivencia familiar, tan decisiva en la cultura árabe.

Cabe aplaudir el trabajo de Nadia Melliti, sus ademanes algo masculinizados y su mirada a menudo intensa, a pesar de unas lágrimas en exceso artificiales y ese registro permanentemente serio con el que se quiere encubrir quizás la histeria y el trauma con el que otras películas del género abordan esta situación de supuesta crisis existencial. A la crítica y la profesión parece sin embargo haberle bastado la forma de abordar el personaje, no carente desde luego de cierto magnetismo, a juzgar por el premio a la mejor actriz logrado en Cannes y el César a la mejor actriz novel. Pudimos verla también en la sección oficial del pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla.

lunes, 16 de marzo de 2026

TORRENTE PRESIDENTE Vergüenza da verla

España 2026 102 min.
Guion y dirección
Santiago Segura Fotografía Javier Salmones Música Roque Baños Intérpretes Santiago Segura, Gabino Diego, Omar Montes, Carlos Areces, Ramón Langa, Willy Bárcenas, David Guapo, Barragán, Cañita Brava, Francisco Nicolás, Susi Caramelo, Coté Soler, Xavier Detell Estreno 13 marzo 2026

Dicen que el regreso de Torrente al cine ha sido por clamor popular. Lo cierto es que a estas alturas, más que cineasta, Santiago Segura es un empresario nato que sabe perfectamente dónde está el dinero y cómo conseguirlo. Después de varias entregas de la más edulcorada y políticamente correcta saga del Padre no hay más que uno, Segura vuelve a echar mano del personaje que le dio fama a fuerza de groserías de la más variada condición, con un olfato impresionante para lograr que el producto sea atractivo a fuerza de críticas nada sutiles a la actualidad, así como cameos multitudinarios, fundamentalmente de la televisión y la prensa rosa, todo aderezado con una buena producción que no escatime en medios y recursos.

Casi todo eso vuelve a aparecer en esta sexta entrega, doce años después de Operación Eurovegas, aunque por el camino ha desechado la espectacularidad y se ha centrado en un guion que en realidad es una sucesión de sketches y chistes del peor gusto. El resultado es una sátira política que igual ridiculiza la extrema derecha que la aupa, para contentar a todos y todas, en un momento en el que la situación es tan dramática y peligrosa que ni se le puede reír la gracia, más allá de la sorpresa que provoca tanto atrevimiento.

Lo cierto es que la broma ahora llega incluso a herir, y el espectador puede acabar, como es nuestro caso, abochornado por confiar una vez más en la comicidad del más puerco, depravado, facha e impresentable de los policías posible. En cuanto al reparto, Segura es el único que da trabajo a quien nadie quiere dárselo, incluidos el Pequeño Nicolás, Alec Baldwin, Kevin Spacey o ese pobre Gabino Diego que conoció antaño cierto prestigio y ahora parece esperar la llamada de este infame empresario del show business más chusco.

PASIÓN VEGA REIVINDICA CUARENTA AÑOS DE EMOCIÓN Y LIBERTAD

Pasión Almodóvar. Pasión Vega, voz. Moisés P. Sánchez, piano, dirección musical y arreglos. Sergio Menem, violonchelo y guitarra. Pablo Martín Jones Johnson, contrabajo. Toño Miguel, percusión y electrónica. Joan Antón Rechi, dirección artística y dramaturgia. Gabriel Insignares, escenografía. Alberto Rodríguez, iluminación. Producción del Festival ClássicAnd y Festival de Peralada. Teatro de la Maestranza, domingo 15 de marzo de 2026


La atracción que provoca escuchar en concierto un buen número de canciones incluidas en la emblemática filmografía de nuestro director de cine más internacional, Pedro Almodóvar, nos ha llevado a acercarnos a este singular concierto de la siempre extraordinaria Pasión Vega en un espacio tan querido y significativo para ella y cualquier artista como es el Teatro de la Maestranza.

Una de las bazas que han hecho del cine del director manchego lo que es, y obtener el éxito que ha cosechado, es sin duda la música que con tanto mimo ha elegido el propio realizador. No se trataba en esta ocasión de rememorar las bandas sonoras originales que para él han compuesto Bonezzi, Morricone, Sakamoto y, sobre todo, Alberto Iglesias, compañero inseparable del Deseo desde La flor de mi secreto a la última película, Amarga Navidad, que se estrena precisamente dentro de unos días con gran expectación. Esta circunstancia y esas horas previas a la celebración de unos Oscars que al director manchego le han reportado varias satisfacciones, incluidas dos estatuillas, añadió atractivo a esta emotiva cita con la cantante malagueña.

Pasión Vega arrancó la velada con una enigmática, casi sideral, versión de Tonada de luna llena, un clásico de Simón Díaz que sonaba precisamente en La flor de mi secreto en la voz de Caetano Veloso. El duelo amoroso de Amanda Gris/Leo Macías sirvió también a la voz serena y perfectamente entonada de Pasión Vega para cantar, siempre en ese estilo particular suyo que combina jazz con copla y cierto deje aflamencado, el clásico de Chavela Vargas En el último trago. Tampoco cedió a la tentación de adaptarse al estilo desgarrado y ronco de la gran artista mexicana que tanta amistad cosechó con Almodóvar, en el también sintomático Luz de luna, incluido en uno de los trabajos menos agraciados del director, Kika.

Mujeres sufridoras pero fuertes

Vestida en una primera mitad con el mismo verde que lucía en Tacones lejanos la muy llorada Marisa Paredes, a quien Pasión Vega dedicó unas emotivas palabras, entonó de forma muy particular y muy buen gusto Un año de amor, la canción original de Mina que tras su adaptación al castellano por el propio Almodóvar inmortalizó Luz Casal. De ella también cantó, como no podía ser menos, ese Piensa en mí que se ha convertido en banda sonora inseparable del cine del director, y que convirtió a Luz en la gran dama de la canción que ha triunfado en el mundo entero. Esta vez se enfundó en un traje rojo pasión como su nombre, y bajó al patio para acercarse a su incondicional público.


El desfile de emociones, lágrimas y alegrías, se completó con piezas tan fundamentales como Se nos rompió el amor, canción de Manuel Alejandro indefectiblemente unido a la memoria de la gran Rocío Jurado, pero que en Kika cantaban las no menos grandes Fernanda y Bernarda de Utrera. Sin transformarse en Sara Montiel, se armó de sensualidad y seducción en Quizás, quizás, quizás, incluida en La mala educación, otro título que consideramos fallido de un director que nos entusiasma. De sus primeros títulos, la cantante eligió Encadenados de Lucho Gatica, que suena en Entre tinieblas, y la copla La bien pagá, un título habitual en los recitales de Pasión Vega con el que homenajeó a su paisano Miguel de Molina. Y de nuevo Caetano Veloso, que participaba como estrella invitada en aquella fiesta a la luz de la luna de Hable con ella, cantando Cucurrucuú Paloma, que así sonaba por segunda vez en el Maestranza en un mismo fin de semana, después de que Juan Diego Flórez nos la regalara como propina en su recital del pasado viernes.

Y antes de extender el programa oficial, aún cantó Volver de Carlos Gardel, tal como aparecía en la película homónima pero sin caer en la tentación de emular a Estrella Morente, que presta su voz a Penélope Cruz. Pasión tiene su propio estilo, singular e inimitable, y no necesita parecerse a nadie. Ella lleva el repertorio a su terreno con éxito. Otra mujer excepcional, La Lupe, se manifestó a través de otro clásico, Puro teatro, tal como aparecía en Mujeres al borde de un ataque de nervios, y que Pasión cantó con esa elegancia y delicadeza no exenta de autoridad y cierta vehemencia que le caracteriza.


Un buen acompañamiento y un mensaje ineludible

Todo esto sonó y ocurrió con el impagable acompañamiento de Sergio Menem al violonchelo y la guitarra portuguesa, Toño Miguel al contrabajo, Pablo Martín Jones a la batería y la percusión y, sobre todo, Moisés Sánchez al piano, artífice además de este espectáculo estrenado en el Festival de Peralada en julio de 2024. Ellos arroparon con ese extraordinario sello jazzístico, elegante y relejado a la admirada voz de Pasión Vega, que también entonó el clásico de Jacques Brel Ne me quitte pas de La ley del deseo, de cuya banda sonora el conjunto instrumental interpretó con aires algo swing el tema de Zarah Leander Nur nicht Aus Liebe Weinen.

Y en las propinas, Bola de Nieve con la desgarrada Ay amor, de nuevo acompañando al desamor de Leo Macías en La flor de mi secreto. Y la gran sorpresa final, Pointer Sisters y ese I’m So Excited que Carlos Areces, Raúl Arévalo y Javier Cámara coreografiaban en Los amantes pasajeros.

Cuarenta años de carrera del director que coinciden con otros tantos de democracia, derechos y libertades, muchos hoy puestos en entredicho, a los que tanto contribuyó al director manchego con su particular forma de celebrar la vida, la libertad y el amor. Ella, Pasión, sus músicos y el público tenemos la obligación y la responsabilidad de que nada haya sido en vano y podamos transmitir esos valores y esa celebración a nuestros y nuestras herederas por los siglos de los siglos.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículko publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 15 de marzo de 2026

MARINA, EJEMPLO DE UN GÉNERO LASTRADO POR LA AMBICIÓN

Marina. Música de Emilio Arrieta. Libreto de Francisco Campodrón y Miguel Ramos Carrión, basado en el texto de la ópera cómica “La Veillée”, de Paul Duport y Amable Villain de Saint-Hilaire. Manuel Busto, dirección musical. Bárbara Lluch, dirección escénica. Daniel Bianco, escenografía. Clara Peluffo Valentini, vestuario. Albert Faura, iluminación. Mercé Grané, movimiento escénico. Pedro Chamizo, videoproyecciones. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Rondalla del Conservatorio Manuel Castillo. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, dirección). Con Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Juan Jesús Rodríguez, Rubén Amoretti, José Manuel Díaz, Alicia Naranjo y Andrés Merino. Producción del Teatro de la Zarzuela. Teatro de la Maestranza, sábado 14 de marzo de 2026

Amoretti, Puértolas, Jordi y Rodríguez


Marina es sin duda el ejemplo más evidente de intento de hacer ópera netamente española. Nació como zarzuela con libreto de Francisco Campodrón, para convertirse en ópera adaptada por Miguel Ramos Carrión siguiendo un estilo basado en el de Donizetti, cuando en Europa triunfaba Verdi, más avanzado. Lo hizo a instancias del tenor italiano Enrico Tamberlick, que deseaba cantarla en el Teatro Real. El resultado es un híbrido entre zarzuela y ópera propiamente dicha, de dos horas y cuarto de duración y una trama escueta e imposible, centrada en los amores y celos de una pareja en la costa de Levante.

Arrieta ya había compuesto dos óperas antes, Ildegonda y La conquista de Granada, pero cantadas en italiano. Sin embargo, el experimento de convertir zarzuela en ópera no fructificó. Ejemplos de híbridos parecidos han sido ya programados en el Maestranza, con idéntico emplazamiento en lugar de la zarzuela anual, como Los diamantes de la corona de Barbieri y El gato montés de Penella. La misma Marina conoció también una cita hace veintitrés años, con nuestra querida Ruth Rosique como protagonista. La que ahora nos llega, basada libremente en la ópera cómica francesa La Veillée (La velada) de 1831, es el resultado de una edición crítica de 2005 a cargo de María Encina Cortizo y Ramón Sobrino.

Marina sigue la estructura lírica italiana, con influencias del bel canto y algún toque tímidamente verdiano, con aires españoles y costumbristas. Ha sido grabada al menos en tres ocasiones, por José Olmedo, Frühbeck de Burgos y Víctor Pablo Pérez, siendo esta última la más ambiciosa, con Alfredo Kraus y María Bayo, por lo que la apuesta por Ismael Jordi parecía la más apropiada para su estreno en el Teatro de la Zarzuela en 2024, con idéntico elenco técnico y artístico que el montaje importado en el Maestranza.

Una escenografía vistosa y una dirección escénica errática

Los decorados de Daniel Bianco son de los que deslumbran a una buena parte del público que se deja seducir por este tipo de propuestas. Nada que reprocharle, con un uso muy dinámico de la videoproyección, un trabajo de Pedro Chamizo que proporciona profundidad y recrea playa y mar con un realismo extraordinario. Cielos azules, nubes blancas y un vistoso vestuario con predominio igualmente de blancos y azules, así como la sucesión de hermosas estampas costumbristas de pescadores, astilleros y paseantes, nos recuerdan a Sorolla, su luz y su estilo. Sin embargo, el vestuario de Clara Peluffo Valentini no parece encontrar una época determinada, entre mediados del XIX para la gente humilde y las niñas bien, y principios del XX para las señoras encopetadas.


Mucho se reprochó en Madrid que el montaje resultara muy estático, por lo que quizás a nosotros y nosotras nos haya llegado con un continuo ir y venir de figurantes, generando más distracción que otra cosa, aunque evitando la aglomeración. Inexplicable la pelea entre hombres y mujeres de clase acomodada que se produce al final del segundo acto, quizás un guiño a la lucha de clases que el libreto ni siquiera apunta en su afán de centrarse en los amoríos de los protagonistas.

Todo un cúmulo de despropósitos que afean la dramaturgia y la hacen poco atractiva o interesante. Coro y figurantes se mueven con la habitual tendencia al caos que caracteriza muchas de estas direcciones rutinarias operísticas a las que no logramos acostumbrarnos. Bárbara Lluch, la directora de escena, añade danzas coreográficas ¿de Mercé Grané? que acaban por resultar ridículas en su afán por acumular disciplinas y hacer de éste un montaje sumamente pretencioso; ropajes excesivos para un trabajo musical en general bastante soso y poco habilidoso en su acumulación desprejuiciada de melodías, coros y juegos vocales de todos los colores, que no encuentra sin embargo más inspiración natural que un par de arias, algún dúo y, sobre todo, la célebre apología del vino, dentro de un libreto cargado de mensajes rancios imposibles de aligerar.

Un más que competente elenco musical

Esta producción del Teatro de la Zarzuela se beneficia de un buen elenco vocal, mientras la aportación sevillana se salda con el excelente nivel observado en la Sinfónica, bajo la dirección precisa y detallista del también sevillano Manuel Busto, autor además de unas cadencias finales que la protagonista salvó con solvencia. Hay que añadir el trabajo colosal del Coro del Maestranza, cuya presencia en este título es tan generosa como la de los propios protagonistas. Lástima que el imponente y melancólico solo de trompa quedara masacrado por las incesantes toses con las que el público retomó la función tras el descanso.

Sabina Puértolas demostró muy buena técnica vocal, un timbre hermoso y una proyección holgada, aunque como actriz denotó exceso de gestos y expresiones, componiendo una joven inmadura y pamplinosa, difícilmente atractiva. Ismael Jordi, como siempre, rutilante en el canto e imponente en presencia física, capaz de emitir agudos casi imposibles y cantar con el buen gusto que le caracteriza. Su dúo con Marina, Yo parto muy lejos de aquí, logró resultados muy satisfactorios. Sorprendidos quedamos con sus habilidades como malabarista con una botella.


También sobresalió la voz imponente del barítono onubense Juan Jesús Rodríguez, excelente en la habanera Dichoso aquél que tiene, y muy en estilo aflamencado en el breve fandango que la edición de 2005 recuperó del original zarzuelero. El veterano Rubén Amoretti, que en aquel lejano Alahor en Granada figuró como tenor y ahora exhibe claramente tesitura de bajo-barítono, un caso extraordinario, exhibió una voz algo tremolante pero bien colocada en su papel del ilusionado prometido de Marina, demostrando poseer unos graves a menudo profundos y siniestros en pasajes como Yo tosco y rudo trabajador.

José Manuel Díaz como capitán, Alicia Naranjo y Andrés Merino, tan familiares del público sevillano, hicieron un trabajo impecable con sus breves aportaciones, mientras el coro destacó sobremanera, en la barcarola de marineros del segundo acto o el brindis del tercero, el celebérrimo A beber, a beber y a apurar. Pero en conjunto, el espectáculo resultó fallido, anodino y pretencioso, especialmente rancio y anticuado, sólo destacable por el empeño y el esfuerzo de su numeroso personal responsable.

Fotos: Elena y Javier del Real (Teatro de la Zarzuela)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 14 de marzo de 2026

AIRES BALSÁMICOS CON LA VIOLA DE MARINO GONZÁLEZ

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Marino González y Miguel Bonal, violas de gamba. Ana Marija Kranjc, clave. Programa: Suite en La mayor y menor, de Couperin; Concert à deux violes esgales XLVII “Tombeau Les Rgrets” y Concert à deux violes esgales XXIII “L’empressé”, de Sainte Colombe; Passacaille d’Armide de Mr de Lully, de Jean Henri D’Anglebert; Suite en Sol mayor y menor, de Forqueray; Suite en Re mayor, de Marin Marais. San Luis de los Franceses, sábado 14 de marzo de 2026


La recuperación en fechas todavía recientes de la viola da gamba como instrumento representativo del barroco francés, cuando de interpretar su música con criterios historicistas se trata, nos ha regalado a los oyentes contemporáneos la espléndida sensación de disfrutar de este singular instrumento de porte aristocrático y sonido tan afectuoso y aterciopelado. Sustituida progresivamente por el violonchelo, a pesar de no guardar tanta similitud con su sonido como cabría esperar, la viola da gamba estuvo en desuso durante mucho tiempo. Una película con Gérard Depardieu como Marin Marais y Jean-Pierre Marielle como Monsieur de Sainte Colombe, así como los trabajos de recuperación musicológica de Jordi Savall, nos trajeron de regreso el feliz e inimitable sonido de este instrumento que hoy es objeto de estudio y codicia por multitud de estudiantes en todo el mundo.

A uno de ellos estuvo consagrado el ya tradicional concierto del Femás que brinda la alternativa al ganador o ganadora de la beca de la AAOBS (Asociación de Amigos y Amigas de la Orquesta Barroca de Sevilla). Este año ha recaído en Marino González, que con la colaboración del también joven violagambista aragonés Miguel Bonal y la igualmente joven clavecinista eslovena Ana Marija Kranjc, esbozaron un somero recorrido por algunos de los más ilustres y representativos compositores especializados en el instrumento. No sorprende que todos fueran franceses, dado que es en el país vecino donde la viola da gamba cobró mayor relieve y sirvió mejor a los propósitos afectivos que caracterizaron su música en aquella época.


Saint Colombe estuvo por supuesto presente con dos colecciones de sus conciertos para dos violas iguales, una bien desarrollada a través de varios movimientos, generalmente en el tono melancólico que dominó todo el concierto, a excepción de Joye les Elizéss, que permitió a los tres intérpretes exhibir unas agilidades más vibrantes y atrevidas. Tanto en una como en la otra pieza del maestro de Marin Marais, los dos violagambistas midieron sus fuerzas con éxito, dialogando y dándose réplica con soltura y convicción. Por su parte, Kranjc desgranó un Pasacalle de D’Anglebert, dedicado a Lully, de enorme fuerza y destreza, saliendo más que airosa del empeño.

Con transcripciones propias, González mostró un considerable dominio expresivo en la Suite con piezas en la mayor y la menor de Couperin, a partir de los originales para clavecín. Siempre desde una sensibilidad extremadamente melancólica, muy patente en La Leclair de Forqueray también en el programa, la viola del joven becado sonó dulce y nostálgica, quizás en un tono algo monótono pero flexible y natural, casi sin aparente esfuerzo. No cabe duda de que el joven tiene mucho talento y podrá ir limando poco a poco algunas de las puntuales estridencias y salidas de tono que evidenció a lo largo de tan comprometido recital. Les pleurs (Las lágrimas), que daban título a la convocatoria, sonó especialmente melódico y técnicamente depurado en sus ágiles manos. No podía faltar Marais, con una Suite en Re mayor en cuatro movimientos, interpretada con delectación y responsabilidad, que eclosionó en una Rondeau ágil y profundamente idiomático.


Fotos: Lolo Vasco

JUAN DIEGO FLÓREZ RETIENE Y ENCANDILA EN EL MAESTRANZA

Juan Diego Flórez, tenor. Vincenzo Scalera, piano. Programa: Arias y romanzas de Mozart, Rossini, Boieldieu, Chapí, Vives, Serrano, Massenet, Gounod y Verdi; piezas para piano de Rossini, Lecuona y Liszt. Teatro de la Maestranza, viernes 13 de marzo de 2026


Tiene mérito mantener durante tanto tiempo, treinta años de carrera ininterrumpida, la voz tan fresca y la capacidad para provocar tanta admiración intacta. La expectación era máxima y los resultados más que satisfactorios en este regreso de Juan Diego Flórez al Teatro de la Maestranza, ocho años después de su última comparecencia ante el público sevillano. Lástima que tuviéramos que elegir entre él e Ian Bostridge, que a la misma hora también encandiló a su público en un Espacio Turina igualmente lleno. Una de las propuestas más atractivas del Festival de Música Antigua tuvo que ser sacrificada por tantos y tantas para rendirse al gran espectáculo que siempre promete y cumple el ya veterano tenor peruano.

Y tiene igualmente que ser emocionante salir al escenario y enfrentarse a un auditorio de mil ochocientas butacas abarrotado, y mantenernos a casi todos y todas – la adicción al móvil se hizo patente en la sala, con luces, algún que otro molesto sonido y una incontinencia absoluta por parte de algunos y algunas a la hora de wasapear – tan pendientes de su canto y su actitud, porque lo suyo es cuestión de voz y seducción.

Su propuesta tuvo tres partes diferenciadas, una primera seria y serena, que partió de uno de sus celebrados registros, el álbum que en 2017 dedicó a Mozart, en el que se incluyen las tres arias con las que inició anoche su recorrido. Una segunda, más festiva y desenfadada, iniciándose con otro de sus imponentes discos, el que dedicó a la Zarzuela en 2024 junto a jóvenes músicos de su proyecto educativo Sinfonía por el Perú, pues también él, como nosotros, confía en la educación musical como forma de combatir las grandes tragedias de este planeta. Y una tercera integrada por las numerosas y esperadas propinas, guitarra en mano y en modo popular e intimista.

Todas estas facetas del canto hermoso, bien timbrado y mejor fraseado, del imponente tenor ya con medio siglo a cuestas, emergieron en un nuevo encuentro con el público sevillano.

Mozart y sus inicios rossinianos

Siempre con la complicidad del pianista estadounidense Vincenzo Scalera, que viene acompañándole en estas gestas desde tiempos inmemoriales, lo que da idea del grado de compenetración entre ambos artistas, Flórez inició su recital con un aria de concierto mozartiano en el que evidenció no necesitar ni siquiera calentar la voz para ofrecer un canto flexible, sencillo en apariencia, natural y elegante. A Misero! O sogno… Aura che intorno siguieron dos arias de La clemenza di Tito, Del piú sublime soglio, cantado con emotividad y delectación, y el aria de bravura Se all’impero, amici Dei, con autoridad y refulgentes agudos.

Flórez recordó después sus primeros pasos en el bel canto con un bloque dedicado a Rossini, pero no con sus títulos más emblemáticos, sino la recuperación de una canción de la colección de ciento cincuenta piezas breves de salón que acuñó bajo el título de Péchés de vieilleisse (Pecados de vejez), Le Sylvain. Antes, Scalera interpretó de este mismo ciclo una sencilla bagatela. El canto fluido y sublime se hizo patente también en Quell’alme pupille, de La pietra del paragone (La piedra de toque), la primera ópera de encargo para un gran teatro que compuso un joven Rossini.

Del relativamente desconocido compositor francés del primer cuarto del siglo XIX, François-Adrien Boieldieu, cantó un aria de una de sus últimas óperas, La dama blanca, en idéntico estilo sosegado y elegante, si bien atisbamos que sacrificó meterse en la piel de cada personaje para provocar una sensación de homogeneidad en el canto y la actitud, llevándose el repertorio a su terreno, con lo que corrió el riesgo de resultar monótono e incluso un poco aburrido, si bien esto último no llegó a ocurrir, manteniendo la atención y la admiración incondicional del público con eso que se considera saber comunicar.


Romanzas, el toque nostálgico y la fiesta popular

De su trabajo zarzuelero del 2024 extrajo Flores purísimas, de El milagro de la virgen de Chapí, una romanza técnicamente compleja que salvó con buen gusto y refinamiento, logrando una naturalidad y una frescura absolutas, gracias al ejemplar uso de reguladores y una técnica impecable a la hora de frasear y modular la voz. Después llegaron las más populares Por el humo de sabe dónde está el fuego, de Doña Francisquita de Vives, un guiño a las grandes voces que tanto le inspiraron, y Te quiero morena de El trust de los tenorios de Serrano, siempre llevado por su particular estilo, con una hábil mezcla de género y encanto personal.

Hubo espacio también para la lírica gala, presente en su repertorio prácticamente desde sus inicios, y que materializó con dos piezas emblemáticas, Pourquoi me révellier de Werther de Massenet, con toda la emoción posible, y Salut! Demeure chaste et pure de Fausto de Gounod, así mismo resplandeciente, con un acompañamiento pianístico cómplice y comprometido. Por cierto, Scalera dio muestra de una excelente técnica y sensibilidad con una mazurka de Lecuona y una Consolación nº 3 de Liszt de considerable lirismo. Finalmente, La mia letizia infondere… Come poteva un angelo, aria y cabaleta de I Lombardi de Verdi, interrumpida por el aplauso entusiasta del público y cantada con bravura, temperamento, justa ornamentación y algún notable sobreagudo, puso broche final al programa oficial.

Pero se sabía que ahí no terminaba ni mucho menos todo, que una buena ristra de propinas acabarían por meterse al público definitivamente en el bolsillo. Y así fue, primero una sensible canción napolitana a flor de piel, después una sucesión de baladas de su tierra, algunas canciones en modo popurrí de Chabuca Granda, la gran dama de la canción peruana, incluida la emblemática Fina estampa. Siguió, siempre guitarra en mano, con la inevitable canción mexicana Cucurrucucú Paloma, seguida de un espléndido mariachi, y por supuesto uno de sus caballos de batalla, esa Furtiva lágrima de El elixir de amor que tanto nos evoca a los grandes, Caruso y Pavarotti. Evitó repetir esos nueve do de pecho de Ah, mes amis, de La hija del regimiento, que ya cantó en 2018 y que sí ha ofrecido como propina en sus recitales en Madrid y Zaragoza de esta gira que terminará el próximo jueves en el Liceu de Barcelona.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 13 de marzo de 2026

UN RAMEAU DISPERSO PESE AL BUEN NIVEL DE LA REVERENCIA

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. La Reverencia: José Fernández Vera, traverso; Pavel Amilcar, violín; Sara Ruiz, viola da gamba; Andrés Alberto Gómez, clave y dirección. Programa: Pièces de clavecin en concerts, de Rameau. Sala de la Fundición de la Real Fábrica de Artillería, jueves 12 de marzo de 2026


Las Piezas para clavecín en concierto son las únicas páginas de música de cámara que salió del puño y letra de Jean-Philippe Rameau, independientemente de las muchas transcripciones que de su música, fundamentalmente ópera, hizo el propio autor para ser interpretadas en salones aristocráticos, en las que ahora están trabajando para sus próximos conciertos los integrantes de La Reverencia, grupo invitado por el Femás en esta ocasión para interpretar estas cinco piezas en concierto.

El conjunto albaceteño ha intervenido en varias ocasiones en el festival sevillano. Con placer recordamos la edición de 2017, en la que acompañados por la soprano Perrine Devillers, desglosaron obras de Lully y Marais, demostrando por qué se considera a su director y principal artífice, Andrés Alberto Gómez, todo un especialista en el barroco francés. Por su parte, las Piezas para clavecín en concierto ya fueron despachadas con éxito por el conjunto Ímpetus en San Luis de los Franceses en la edición del Femás de hace dos años, mientras la versión transcrita para sexteto fue objeto de un fascinante concierto de la Barroca de Sevilla un año antes. También en el Femás de 2017 pudimos escuchar el quinto de estos conciertos en una versión que, como la de Ímpetus, prescindió de la flauta y confió toda su parte al violín. Santiago Sampedro fue entonces su competente clavecinista. Ayer se escuchó la obra en su integridad y en formación ortodoxa de clave, viola da gamba, violín y traverso.

Aunque Gómez celebró el uso de la Sala de la Fundición de Artillería, estimamos que no fue precisamente el mejor espacio para disfrutar de estas piezas. Quizás resultó fácil imaginar cómo podrían haber sonado en salones versallescos con acústica igualmente reverberante, pero no cabe duda de que un ambiente más recogido en un espacio más concentrado hubiera favorecido el resultado de tan emblemáticas partituras. Por el contrario, encontramos un sonido disperso, con el clave actuando en segundo plano, más como acompañante que como protagonista en sentido estricto, algo que va diametralmente en contra del espíritu de estas páginas. Además, en un principio, con La Coulicam, cada instrumento parecía funcionar por separado, sin la necesaria cohesión.


Afortunadamente, sea porque nuestros oídos se fueron acomodando, esta impresión se fue disipando, pero sin perder en ningún momento la sensación de dispersión y falta de concentración. El resultado global se nos antojó algo quebradizo y alicaído, ajeno al espíritu alegre y desenfadado que domina en muchos de sus pasajes. El trabajo individual de cada uno y una fue estimable, destacando el torbellino de notas al clave y el dominio técnico de Gómez al instrumento, la fluidez de Fernández Vera al traverso, a pesar de resultar demasiado dominante en el primer concierto. También Pavel Amilcar hizo un trabajo espléndido, si bien en alguna ocasión se mostró estridente, levemente en los Tambourins del tercer concierto, reutilizados en la ópera Dardanus, o en el quejumbroso La Cupis del quinto.

Sara Ruiz, por su parte, estuvo bastante ausente a la viola da gamba, lo que restó cuerpo y volumen al conjunto, si bien en los dos últimos conciertos realzó su participación y pudimos apreciar su dominio técnico y envolvente expresividad. Al final, Gómez mostró su satisfacción al descubrir a través del trabajo de la musicóloga Sylvie Bouisson y los manuscritos encontrados del violinista alumno de Rameau, Louis-Joseph Francoeur, que la célebre y popular canción Frère Jacques es en realidad un canon compuesto por el autor de Las indias galantes, y así, en su versión original, lo ofrecieron como propina.

Fotos: Lolo Vasco