jueves, 3 de septiembre de 2026

LOS MURMULLOS DIERON PASO AL SILENCIO

Heras-Casado, la Orquesta de Bayreuth y (de espaldas) Nicholas Brownlee, en Barcelona

El río Guadalquivir fue ayer testigo de dos desafortunados incidentes, el incendio por la mañana del nuevo hotel de lujo en obras en las instalaciones del antiguo Altadis, y el apagón que sufrió el Teatro de la Maestranza por la tarde, en pleno concierto de la Orquesta del Festival de Bayreuth bajo la dirección de Pablo Heras-Casado. Para el granadino éste era el único de los cinco conciertos programados en la península que se celebraba en su tierra. Una cita que ya partía gafada por ser la única que no había agotado el papel ni de lejos, algo para lo que ni el alto precio de las entradas ni la todavía peregrinación playera debería haber sido una excusa, sobre todo teniendo en cuenta que entre tantos millones de andaluces y andaluzas, llenar un aforo de mil ochocientas personas no debería resultar un problema, especialmente teniendo en cuenta lo extraordinario del acontecimiento.

La Orquesta del Festival de Bayreuth nunca sale de casa. Está formada por músicos seleccionados cada temporada de entre los y las más destacadas de las formaciones fundamentalmente alemanas, sólo para hacer frente a las representaciones de las óperas wagnerianas que desde hace ciento cincuenta años se programan a lo largo del verano en el teatro especialmente diseñado para la ocasión por el genio alemán. Sólo recordamos una ocasión en la que la orquesta salió del profundo foso que ocupa en dicho coliseo, y fue de la mano de Andris Nelsons en 2021, para airearse de la pandemia.

El maestro letón la llevó a su tierra, para participar con dos conciertos, también a principios de septiembre, justo antes de disolverse la formación para regresar cada uno y una a sus atriles habituales, en el Jurmala Music Festival que se celebra en Riga. Que Heras-Casado haya sido capaz de traer la orquesta a España deja claro su poder de seducción y la confianza que en él habrá depositado la directora artística del Festival de Bayreuth, Katharina Wagner, bisnieta del compositor.

Fue precisamente con Nelsons con quien sufrimos la vergüenza de un teatro a medio llenar, también en 2021, con la Gewandhausorchester de Leipzig. Temíamos repetir esa sensación con Heras-Casado al frente de esta singular y espléndida formación, pero nunca hubiéramos imaginado que un apagón acabaría por frustrar definitivamente la experiencia. Hasta entonces todo iba sobre ruedas. A algunos se nos había puesto la carne de gallina y los pelos de punta ante tanta magnificencia. La cuerda surgiendo de la nada, sigilosamente, dando entrada a unos portentosos metales, antes de que el yunque marcara la entrada de los Dioses en el Walhala, dio nada más empezar el concierto buena muestra de por dónde irían los tiros.

Una dirección inteligente

Un entregadísimo Heras-Casado, pendiente de cada matiz y detalle, con gestos precisos y contundentes, fue marcando la pauta, logrando que cada miembro se adaptara perfectamente a sus exigencias, y logrando en conjunto un sonido majestuoso y brillante, potenciado por la excelente acústica del teatro, seguramente irrepetible en otros de los escenarios previstos en esta propuesta nacida para celebrar el cuarenta aniversario del Festival de Peralada, extendiéndose al setenta y cinco del de Santander, y coincidiendo con el treinta y cinco de nuestro querido teatro de la ópera.

La batuta basculó entre la potencia y la delicadeza, con tanta discreción como control y dominio de los recursos. Entre lo más conmovedor de la noche, esas modulaciones elegantísimas y discretas de la cuerda, arremolinándose, relevándose y creando una atmósfera entre irreal y absolutamente mágica, queremos pensar que un logro añadido del director español con mayor proyección internacional del momento. Su idilio con la orquesta se inició hace tres años, un período en el que ha dirigido Parsifal en la versión de Jay Schreib, y que se proyecta ahora con una tetralogía completa que estrenará dentro de dos años.

Curiosamente, pudimos disfrutar de Heras-Casado en Sevilla en dos ocasiones de la mano de la Fundación Barenboim-Saïd, la misma que nos trajo hace un par de años a Oksana Lyniv, la única mujer que ha dirigido esta orquesta hasta el momento, y de cuyo Holandés errante tuvimos el privilegio de ser testigos en el mismo Bayreuth en 2022.

Voces en estado de gracia

Nicholas Brownlee reivindicó, con una voz rotunda y autoritaria, el poder de Wotan, su conmovedora y frustrante renuncia ante las puertas del Walhala del anillo y todo lo que comporta, tras la maldición de Alberich, la usurpación de Fafner y los lamentos de las hijas del Rin. Impresionante en su manera de modular la voz, alcanzar agudos extremos y mantener una línea de canto vivaz y contundente, lo que fue agradecido con aplausos generosos, aún más tras la despedida de Wotan  a Brunilda (Hasta siempre, audaz y maravillosa hija), defendida por el bajo-barítono estadounidense con mayor contundencia y una expresividad dramática realmente conmovedora. No en vano se trata de una de las voces más prometedoras de la actual cantera de voces del festival.

Antes, hizo aparición el veterano Klaus Florian Vogt dando vida a Sigmund, al final del primer acto de La Valquiria, entonando su particular plegaria a su padre, Wotan (Una espada me prometió el padre), haciendo acopio de recursos dramáticos, evidenciando una voz metálica, bien colocada y capaz de articular cada gesto y matiz al que se somete su papel. Dicen que mejora considerablemente cuando interpreta a Sigfrido, pero no llegamos a apreciarlo debido al lamentable apagón.

Nos quedamos literalmente con las ganas de disfrutar de Catherine Foster, como ya hicimos en 2012 de la mano de Pedro Halftter y La Fura del Baus, cuando interpretó a la valquiria Brunilda en el tercero de los títulos del Anillo. Justo cuando la orquesta interpretaba el popular Waldweben (Murmullos del bosque), con sus sonidos onomatopéyicos asomando disciplinados y elocuentes, siempre bajo la atenta dirección de Heras-Casado, se hizo la oscuridad. Primero pensamos que podía tratarse de un golpe de efecto, antes de que hicieran su aparición Sigfrido y Brunilda, pero pronto entendimos que ante esa oscuridad absoluta ninguna orquesta podría continuar tocando.

De hecho, siguieron haciéndolo durante unos segundos, pero enseguida se hizo el silencio y una esperada reconducción que, tras cuarenta minutos de incertidumbre, no llegó. Fuera esperaban policía local y protección civil para asegurar un desalojo seguro y eficaz, mientras un equipo de técnicos electricistas aguardaba para recuperar la luz perdida en un coliseo que nunca antes había vivido algo igual. Una experiencia sin duda, pero lamentable en todos los sentidos. La de Bayreuth recaló en el sur de Europa, de forma extraordinaria e irrepetible, y perdimos la ocasión de disfrutarlo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 2 de septiembre de 2026

UNA NOCHE AL AÑO Una denuncia divertida pero maquillada

Título original: One Night Only
USA 2026 102 min.
Dirección
Will Gluck Guion Travis Braun y Will Gluck, según la novela del primero Fotografía Yaron Orbach Música Este Haim y Christopher Stracey Intérpretes Monica Barnaro, Callum Turner, Haya Hawke, King Princess, Molly Ringwald, LeVar Burton, Mateo Ray, Pete Davidson, Bobby Cannavale, Julia Fox, Andrew Burnap, Michelle Hurd, Este Haim, Charlie Gillespie, Ella Loudon Estreno en Estados Unidos 7 agosto 2026; en España 26 agosto 2026

Aunque ha abordado otros géneros, como el infantil en Peter Rabbit, el musical en una desastrosa revisión de Annie, o la comedia adolescente en Rumores y mentiras, a mayor gloria de una estupenda Emma Stone pre coqueteos con Lanthimos, Will Gluck parece haberse especializado en la comedia romántica. Con derecho a roce tuvo un discreto éxito, pero triunfó definitivamente con Cualquiera menos tú, a la que se atreve ahora a hacer un guiño a través de la imagen de su protagonista, Glen Powell. En Una noche al año adapta una novela de Travis Braun, responsable también de co-escribir el guion, en la que partiendo de la misma premisa que The Purge, el gobierno estadounidense ha prohibido el sexo prematrimonial salvo esa noche al año del título, dándole así la vuelta a la violenta y sangrienta saga. Pero lo que parece dar pie a una serie de críticas y sarcasmos frente a la actual política neo fascista estadounidense, con nostalgia de Obama incluida, acaba como lo hacen todas las autocríticas del poderoso y beligerante país, dando paso a lo reaccionario y lo puritano, tanto como la escasez de carne que muestra una cinta que versa sobre el sexo, traseros masculinos aparte.

Sin embargo, su ritmo y su frescura hacen que sus casi dos horas pasen tan entretenidas como moderadamente divertidas. El amplio elenco de personajes tiene mucho que ver en ello, especialmente sus protagonistas absolutos, típica pareja que entre encuentros y desencuentros están condenados a juntarse. Imposible no caer rendido a la belleza y el carisma de Monica Barbaro, que fue Joan Baez en el biopic de Bob Dylan que interpretó Timothée Chalamet, y que en esta comedia luce uno de esos trajes que pueden convertirse en icónicos con el paso del tiempo. Tampoco se queda corto el británico Callum Turner, relegado hasta ahora a secundarios y sólo más visible en la serie de televisión Los amos del aire. Ser el marido de Dua Lipa y firme candidato a dar vida al próximo James Bond seguramente le granjeará una mayor popularidad. De momento no le va mal como galán romántico en esta simpática película, en la que también cabe destacar la presencia de los veteranos Molly Ringwald, musa del cine adolescente de los ochenta, y LeVar Burton, inolvidable Kunta Kinte, mientras otros, como Andrew Burnap y Ella Loudon aportan atractivo y comedia.

La cinta recupera, también con acierto, la tradición de la screwball comedy de antaño, con Turner y Barbaro viviendo episodios y peripecias muy al estilo de Grant y Hepburn. Por si fuera poco, para redondear la función Gluck da cierto toque musical a su película, haciendo cantar a algunos de sus intérpretes, Monica Barnaro al frente, pero también Charlie Gillespie y King Princess, y dejando que la responsable máxima de la música, Este Haim, tenga su particular cameo como portera de un club exclusivo. Por todo ello, se trata de un film disfrutable, menos crítico de lo deseable, que se deja embaucar por lo que en esta desdichada actualidad se considera políticamente correcto, dejando posibles distopías al alcance de la más amarga verosimilitud, por disparatadas que parezcan.

domingo, 30 de agosto de 2026

LA CONSTELACIÓN DEL PERRO Entre le aventura y la supervivencia

Título original: The Dog Stars
USA-Reino Unido 2026 118 min.
Dirección
Ridley Scott Guion Mark L. Smith y Christopher Wilkinson, según la novela de Peter Heller Fotografía Erik Messerschmidt Música Harry Gregson-Williams Intérpretes Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Guy Pearce, Allison Janney, Benedict Wong, Sam Spruell, Ewen Bremner, James Craze, Sai Bennett Esrtreno en España 26 agosto 2026; en Estados Unidos 28 agosto 2026

De la docena de libros que ha escrito Peter Heller, ésta es su primera adaptación cinematográfica. Se trata también de la que más fama y rédito le ha proporcionado, cuando ya sobrepasaba los cincuenta años, y tras una vida protagonizada en parte por su amor a la aventura, algo que se deja ver en la narrativa de este drama postapocalíptico. Para Ridley Scott se trata de su película número treinta, en una filmografía fecunda, con sus más y sus menos, pero repleta de éxitos y con una marca indeleble que da cierto prestigio a todo aquello que toca, por mucho que algunos se empeñen en demostrar lo contrario. Y para la ocasión, el director de Blade Runner y Gladiator se ha puesto en modo tranquilo y sosegado, a pesar de contar con algunas secuencias de violencia y acción considerables, tras los ambiciosos y dispares proyectos que supusieron Napoleón y Gladiator II, sus dos últimas películas. 
Uno de los jóvenes actores de moda, Jacob Elordi (Frankenstein, Cumbres borrascosas) protagoniza una historia de supervivencia que entronca con una tradición muy estadounidense, ya cultivada en diversas ocasiones, las más relevantes a partir de Soy leyenda de Richard Matheson, varias veces adaptada al cine, entre las que destacan El último hombre vivo (The Omega Man) con Charlton Heston y la homónima protagonizada por Will Smith.

En un tono más elegíaco, con sensacionales paisajes desde los altos vuelos experimentados por el protagonista y su pequeño aeroplano, el entorno se nos antoja sin embargo bastante anacrónico, desde el momento en el que propone tribus exageradamente asalvajadas (los segadores), el principal problema para la supervivencia de Elordi y los personajes que encuentra en su viaje, cuando en realidad la epidemia apocalíptica apenas ha sucedido unos años antes. Podemos lamentar también esa constante en el cine estadounidense que hace que los malos sean pésimos tiradores, frente a la precisión del bueno pistola o ametralladora en mano. Pero el tono, la facilidad para pasar del relax y la contemplación a la tensión y la acción, denotan la maestría de Scott para rodar y dosificar los elementos de forma que alcancen su cometido.

Entre los episodios experimentados por el joven protagonista, destaca uno más bien desquiciado al que acompaña en modo ambiental y de forma inequívocamente intencionada el muy recurrente tema musical Charmaine, en versión directamente extraída de la banda sonora de Alguien voló sobre el nido del cuco. Quizás el segmento más esperpéntico y fuera de lugar de toda la propuesta, pero que tiene su gracia, a la vez que entraña uno de los momentos más siniestros de esta entretenida aventura en la que, sin embargo, se rozan aspectos tan inquietantes como la bondad humana frente al egoísmo imperante, la compañía y la colaboración frente a la soledad, o el regreso a la felicidad más primitiva, aunque de forma bastante superficial.

viernes, 28 de agosto de 2026

EL SER QUERIDO Un trauma desenfocado

España-Francia 2026 135 min.
Dirección
Rodrigo Sorogoyen Guion Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen Fotografía Álex de Pablo Música Olivier Arson Intérpretes Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Raúl Prieto, Pepa Gracia, Melina Matthews, Nuria Prims, Pablo Gómez-Pando, Malena Villa, Mourad Ouani, Miguel Garcés, Laura Birn Estreno en el Festival de Cannes y en Francia 16 mayo 2026; en España 26 agosto 2026

Decía Isabel Peña, en el coloquio posterior al estreno de la película en un centenar de salas a lo largo y ancho de la geografía española, que esta vez ella y Sorogoyen habían preferido echar mano de emociones y sentimientos universales en lugar de contar con el asesoramiento experto preceptivo para articular sus celebrados thrillers. Pues bien, la pareja artística funciona mejor cuando cuentan con dicho asesoramiento que cuando se dejan guiar por sus propios impulsos. Ni Madre ni esta cinta estrenada en la sección oficial de Cannes, están a la altura de Stockholm, Que Dios nos perdone, El reino o As bestas, que conforman junto a la estupenda serie televisiva Antidisturbios, el grueso de su filmografía juntos. Sorogoyen juega ahora a una doble banda, mostrar los entresijos, dificultades y tensiones de un rodaje particularmente complicado, y al mismo tiempo transmitir el dolor que sufre una hija abandonada por su padre cuando aún era muy joven, y cuyo reencuentro no va a resultar fácil, mientras él hace lo que puede por recuperar el tiempo y, sobre todo, el afecto perdido.

Una dilatada secuencia de introducción sirve para mostrar el frágil paso de la cortesía al reproche, tras tantos años de ausencia y abandono. A partir de ahí, se dan cita las pautas habituales en este tipo de relaciones interrumpidas, con Javier Bardem capaz de exhibir frustración y conciencia de irresponsabilidad, y a la vez un carácter hierático y controvertido, evidente especialmente en otra secuencia pilar del desarrollo argumental. Mientras, Vicky Luengo realiza un trabajo dramático competente y adecuado, a pesar de no ser capaz de exhibir toda la rabia y el dolor que las circunstancias exigen. El duelo que se entabla entre ambos se alarga en demasía, con episodios que poco o nada añaden a la trama, un signo de ambición que se refleja también en una caprichosa mezcla de formatos y texturas que no alcanzan a potenciar el drama, así como apenas logran hacerlo el innumerable reparto de secundarios y secundarias, más allá de una Marina Foïs que repite con Sorogoyen tras As bestas, y que cuenta con una aportación algo más sustanciosa que el resto de la comparsa.

En un segundísimo plano queda el rodaje dentro de la película, una cinta aparentemente al estilo de David Lean, en la que acontecimientos históricos, el Sáhara ocupado por la Segunda República española, se combinan con la mirada romántica y sentimental de una joven de clase acomodada. Un guion más pulido habría encontrado el nexo de unión entre esa ficción y la realidad traumática que pretende erigirse en leit motiv de la cinta, en la línea de lo que hace casi cincuenta años hizo Karel Reisz con La mujer del teniente francés. Nos encontramos, por lo tanto, con una cinta más bien pretenciosa, con alguna secuencia memorable y otra gran interpretación de un Bardem también en buena forma física, pero a la que le falta algo más de alma y coherencia para lograr su cometido, que no es sino transmitir esa desazón vivida por tantos y tantas hijas inocentes que han pagado a menudo con un trauma irreparable el abandono egoísta e irresponsable de sus padres.

martes, 25 de agosto de 2026

A FUEGO Trampolín para nuevos talentos

España 2026 97 min.
Dirección
Estel Díaz Guion Estel Díaz, Nuria Dunjó y Javier Ruescas Fotografía Beatriz Sastre Música Awwz Intérpretes Zoe Bonafonte, Marc Soler, Ruslana, Omar Banana, Miquel Melero, Cris Blanco, Ujin Moreno, Ton Vieira Estreno 21 agosto 2026

El cine español se prodiga poco en música y baile, así que cuando alguna película trata el tema, como hicieron El cover o Las niñas de cristal, hay que celebrarlo, sobre todo si se pone empeño y oficio en la empresa. Después de un prometedor corto (Ford Escort) y un par de trabajos televisivos, incluido el biopic sobre la reina Victoria Eugenia (Ena), la directora Estel Díaz debuta en el largometraje con buenas maneras en este trampolín para jóvenes talentos de la danza y la interpretación, que si bien adolece de una línea dramática consistente y suficientemente convincente, echa toda la carne al asador cuando se trata de retratar nuevas tribus urbanas que encuentran en el baile y la celebración de sus cuerpos y expresiones su modus vivendi.

Acierta además a la hora de reunir jóvenes de alta condición social con otros de clase trabajadora, demostrando cómo a ciertas edades los prejuicios sociales quedan mucho más desdibujados que una vez maduramos y nos enfrentamos a un mundo económico y social fuertemente influido por ellos. En este contexto, y a pesar de tratar a nivel dramático un tema muy delicado y espinoso, de candente actualidad, que afecta a los jóvenes cuando más vulnerables psicológicamente son, a la hora de mostrar esas sesiones de baile y competición al más puro estilo de la célebre serie Pose, la cinta se vuelve más enérgica y atractiva. La mezcla de danza clásica y nuevos bailes al son de la música tecno y latina, con una banda sonora en la que sobresale más de un interesante tema, se convierte en otro factor brillante, tan bien coreografiado como resuelto por un elenco de rabiosa juventud que convierte la experiencia en un escenario para demostrar sus habilidades y atractivos físicos.

Entre ellos y ellas, destacan Zoe Bonafonte, hija de Eduard Fernández en El 47 y con la última de Daniel Monzón, Ruega por nosotros, a punto de estrenarse, Marc Soler, reciente amante de Aina Clotet en Viva, donde también exhibía sus dotes bailarinas, la triunfita Ruslana en su acertado debut como actriz, y el protagonista de Te estoy amando locamente, Omar Banana. Su frescura, su buen hacer y la habilidad de la directora para convertir el material dancístico y musical en todo un espectáculo, superan el frágil y en cierto modo ingenuo material dramático, dando al conjunto su más poderosa razón para considerarse un producto válido y atractivo. Lástima que entre tanto blockbuster estadounidense contando siempre lo mismo, este tipo de cine, español y diferente a la vez que apasionado y entretenido, apenas encuentre eco en nuestra bochornosa exhibición.

jueves, 20 de agosto de 2026

EL FINAL DE OAK STREET Secretos y mentiras en el parque jurásico

Título original: The End of Oak Street
USA 2026 99 min.
Guion y dirección
David Robert Mitchell Fotografía Mike Gioulakis Música Michael Giacchino Intérpretes Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella, Christian Convery, Jordan Alexa Davis, P.J. Byrne, Emily Kuroda, Hudson Meek, Anne Gee Byrd Estreno en Estados Unidos y España 14 agosto 2026

Tras las muy pretenciosas It Follows y Lo que esconde Silver Lake, a David Robert Mitchell parecen habérsele bajado los humos con tan sólo ponerse a las órdenes de J.J. Abrams y su insistencia en recrear el espíritu del blockbuster ochentero. Abrams vive y trabaja empeñado en recuperar ese glorioso pasado protagonizado por guerras estelares, conquistas del espacio y universos spielberianos. Ahí están Súper 8, la tercera trilogía de Star Wars, los últimos episodios cinematográficos de Star Trek y los dinosaurios de Mundo Jurásico para atestiguarlo, además de diversas series televisivas también basadas en aquel cine ochentero que tanto parece añorar. Una serie de indicios nos transportan a 1982 en esta película familiar que insiste en resolver problemas conyugales, y sus consecuencias para los más jóvenes, en cuyo paso a la madurez Mitchell parece tan obsesionado desde su primera película, El mito de la adolescencia, a fuerza de fenómenos paranormales, como de hecho es el teletransporte de todo un barrio periférico a una época prehistórica plagada de feroces dinosaurios.

Pero hay un detalle que se les escapa al director y al productor, y es que ni en Poltergeist, ni en E.T., ni en Los Goonies, Gremlins ni otros claros referentes de esta película, abundaban las armas como lo hacen en este nuevo producto de esta tan violenta era contaminada por la cada vez más belicista cultura estadounidense. Eso y la simplicidad con la que se despacha un argumento tan delirante como disparatado, que parte de una idea más o menos brillante, pero se queda desafortunadamente ahí, sin un desarrollo coherente y con un desconcertante final que deshace cualquier golpe de efecto truculento que nos haya podido dejar boquiabiertos en el transcurso de su, afortunadamente, moderado metraje. Una aventura que, por supuesto, cuenta con todos los recursos técnicos al alcance de tan poderosa industria, y logra mantener cierta tensión y un ritmo adecuadamente trepidante.

La protección denostada a la familia nuclear vuelve a se el pretexto dramático de una empresa que en realidad sólo busca el entretenimiento fácil y bien manufacturado. Mientras tanto, cada secreto y mentira familiar apuntada en su libreto, pasa a tan segundo plano frente a la esmerada puesta en escena, incluidos elaborados encuadres y divertidas persecuciones, que poco o nada importa la supuesta lección recibida por su atribulada heroína, una espléndida Anne Hathaway que con ésta suma cuatro estelares estrenos este año. Y para que todo encaje, se cuenta en su banda sonora con Michael Giacchino, un especialista en recuperar el sonido de aquella década que tanta afición a la música de cine generó en todo el mundo.

martes, 18 de agosto de 2026

EL ÚLTIMO MONO Para pasar el rato

España 2026 85 min.
Dirección
Joaquín Mazón Guion Joaquín Oristrell y Yolanda García Serrano Fotografía Carlos Cebrián Música Marina Alcantud Intérpretes Juan Dávila, Susana Abaitua, Óscar Lasarte, Conchi Espejo, Sergio Jiménez, Yani Collado, Xavi Francés Estreno 7 agosto 2026

No se le puede exigir a ningún guionista que dé siempre en la diana. La pareja formada por Yolanda García Serrano y Joaquín Oristrell ha triunfado en muchas ocasiones, la mayoría a las órdenes de Manuel Gómez Pereira, con quien han colaborado desde sus inicios con Todos los hombres sois iguales hasta la reciente y muy lograda La cena. Sin Yolanda, recordamos con especial cariño aquella Sin vergüenza que escribió y dirigió Oristrell con la malograda Verónica Forqué como protagonista. Ahora, de la mano del director de las que nos tememos son películas tan infames como Cuerpo de élite, De perdidos a Río, La familia Benetón y El casoplón, pero también de la estimable La vida padre, con Enric Auquer y Karra Elejalde, el tándem ofrece una entretenida y medianamente divertida comedia con el feminismo como telón de fondo. Pero es ahí donde fracasa la empresa, porque el tema daba para un guion con mayor enjundia e incisividad de la que son capaces de insuflarle sus responsables.

Empezando por el cambio de género que tanta polémica ha generado, y siguiendo por el estereotipo de las feminazis, a pesar de conocer bien la intención e ideología de sus creadores, a veces parecen no tomar partido concreto sobre tan espinosos y controvertidos temas, dejándolos sólo como excusas para articular una comedia romántica del todo previsible y hasta forzada, y que sin embargo logra entretener sin resultar demasiado chirriante. A ello se prestan el nuevo galán cónico del cine español, Juan Dávila, que de policía pasó a ser monologuista y showman, después interpretar papeles secundarios en un sinfín de películas, y este año saltar a la fama con Castigo divino y ahora esta película. No se puede negar que tiene vis cómica y muy poca vergüenza, como atestigua una de las escenas más divertidas de la película, a sólo un paso de resultar sonrojante y ridícula, y sin embargo tan bien defendida por el actor novel, que nunca logrará el Goya en ese apartado.

Le acompaña la siempre eficaz y atractiva Susana Abaitua, acostumbrados a verla en papeles dramáticos y comprometidos como la reciente Un fantasma en la batalla, y les secundan con gracia y talento Óscar Lasarte y Conchi Espejo. Las localizaciones en Valencia y alrededores ayudan a digerir el conjunto, aunque siempre da la sensación con la capital levantina de que se aprovecha poco, a no ser que se convierta en escenario de aventuras galácticas, como ocurre en Andor. En definitiva, se trata de un trabajo para pasar el rato y no dejar de ir al cine aunque nos encontremos en período estival.