Fotos: Lolo Vasco
Pantalla Sonora
Un cajón de sastre en la red dedicado al cine y la música... fundamentalmente
sábado, 14 de marzo de 2026
AIRES BALSÁMICOS CON LA VIOLA DE MARINO GONZÁLEZ
Fotos: Lolo Vasco
JUAN DIEGO FLÓREZ RETIENE Y ENCANDILA EN EL MAESTRANZA
Y
tiene igualmente que ser emocionante salir al escenario y enfrentarse a un auditorio de mil ochocientas butacas
abarrotado, y mantenernos a casi todos y todas – la adicción al móvil se
hizo patente en la sala, con luces, algún que otro molesto sonido y una
incontinencia absoluta por parte de algunos y algunas a la hora de wasapear – tan pendientes de su canto y su actitud, porque lo suyo es cuestión de
voz y seducción.
Su
propuesta tuvo tres partes diferenciadas,
una primera seria y serena, que
partió de uno de sus celebrados registros, el álbum que en 2017 dedicó a Mozart,
en el que se incluyen las tres arias con las que inició anoche su recorrido.
Una segunda, más festiva y desenfadada,
iniciándose con otro de sus imponentes discos, el que dedicó a la Zarzuela en
2024 junto a jóvenes músicos de su proyecto educativo Sinfonía por el Perú, pues también él, como nosotros, confía en la educación musical como
forma de combatir las grandes tragedias de este planeta. Y una tercera
integrada por las numerosas y esperadas
propinas, guitarra en mano y en modo popular e intimista.
Todas
estas facetas del canto hermoso, bien
timbrado y mejor fraseado, del imponente tenor ya con medio siglo a
cuestas, emergieron en un nuevo encuentro con el público sevillano.
Mozart
y sus inicios rossinianos
Siempre
con la complicidad del pianista estadounidense
Vincenzo Scalera, que viene acompañándole en estas gestas desde tiempos
inmemoriales, lo que da idea del grado
de compenetración entre ambos artistas, Flórez inició su recital con un
aria de concierto mozartiano en el
que evidenció no necesitar ni siquiera calentar la voz para ofrecer un canto flexible, sencillo en apariencia,
natural y elegante. A Misero! O
sogno… Aura che intorno siguieron dos arias de La clemenza di Tito, Del piú
sublime soglio, cantado con emotividad y delectación, y el aria de bravura Se all’impero, amici Dei, con autoridad
y refulgentes agudos.
Flórez
recordó después sus primeros pasos en el bel
canto con un bloque dedicado a
Rossini, pero no con sus títulos más emblemáticos, sino la recuperación de una
canción de la colección de ciento
cincuenta piezas breves de salón
que acuñó bajo el título de Péchés de
vieilleisse (Pecados de vejez), Le
Sylvain. Antes, Scalera interpretó de este mismo ciclo una sencilla
bagatela. El canto fluido y sublime
se hizo patente también en Quell’alme
pupille, de La pietra del paragone
(La piedra de toque), la primera ópera de encargo para un gran teatro que
compuso un joven Rossini.
Del
relativamente desconocido compositor francés del primer cuarto del siglo XIX, François-Adrien Boieldieu, cantó un
aria de una de sus últimas óperas, La
dama blanca, en idéntico estilo sosegado y elegante, si bien atisbamos que sacrificó meterse en la piel de cada
personaje para provocar una sensación de homogeneidad en el canto y la
actitud, llevándose el repertorio a su terreno, con lo que corrió el riesgo de resultar monótono e incluso un
poco aburrido, si bien esto último no llegó a ocurrir, manteniendo la atención
y la admiración incondicional del público con eso que se considera saber comunicar.
Romanzas, el toque nostálgico y la fiesta popular
De
su trabajo zarzuelero del 2024 extrajo Flores
purísimas, de El milagro de la virgen
de Chapí, una romanza técnicamente compleja que salvó con buen gusto y
refinamiento, logrando una naturalidad y una frescura absolutas, gracias al ejemplar uso de reguladores y una
técnica impecable a la hora de frasear y modular la voz. Después llegaron las
más populares Por el humo de sabe dónde
está el fuego, de Doña Francisquita
de Vives, un guiño a las grandes voces
que tanto le inspiraron, y Te quiero
morena de El trust de los tenorios
de Serrano, siempre llevado por su
particular estilo, con una hábil mezcla
de género y encanto personal.
Hubo
espacio también para la lírica gala,
presente en su repertorio prácticamente desde sus inicios, y que materializó
con dos piezas emblemáticas, Pourquoi me
révellier de Werther de Massenet, con toda la emoción posible,
y Salut! Demeure chaste et pure de Fausto de Gounod, así mismo resplandeciente, con un acompañamiento pianístico cómplice y comprometido. Por cierto,
Scalera dio muestra de una excelente técnica
y sensibilidad con una mazurka de Lecuona
y una Consolación nº 3 de Liszt de considerable lirismo.
Finalmente, La mia letizia infondere…
Come poteva un angelo, aria y cabaleta de I Lombardi de Verdi, interrumpida por el aplauso entusiasta del
público y cantada con bravura,
temperamento, justa ornamentación y algún notable sobreagudo, puso broche
final al programa oficial.
Pero
se sabía que ahí no terminaba ni mucho menos todo, que una buena ristra de propinas acabarían por meterse al público
definitivamente en el bolsillo. Y así fue, primero una sensible canción napolitana a flor de piel, después una sucesión de
baladas de su tierra, algunas canciones
en modo popurrí de Chabuca Granda, la gran dama de la canción peruana,
incluida la emblemática Fina estampa.
Siguió, siempre guitarra en mano, con la inevitable canción mexicana Cucurrucucú Paloma, seguida de un
espléndido mariachi, y por supuesto uno de sus caballos de batalla, esa Furtiva lágrima de El elixir de amor que tanto
nos evoca a los grandes, Caruso y Pavarotti. Evitó repetir esos nueve do de
pecho de Ah, mes amis, de La hija del regimiento, que ya cantó en
2018 y que sí ha ofrecido como propina en sus recitales en Madrid y Zaragoza de
esta gira que terminará el próximo jueves en el Liceu de Barcelona.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
viernes, 13 de marzo de 2026
UN RAMEAU DISPERSO PESE AL BUEN NIVEL DE LA REVERENCIA
El
conjunto albaceteño ha intervenido en varias ocasiones en el festival
sevillano. Con placer recordamos la edición de 2017, en la que acompañados por
la soprano Perrine Devillers, desglosaron obras de Lully y Marais, demostrando
por qué se considera a su director y principal artífice, Andrés Alberto Gómez, todo un especialista en el barroco francés.
Por su parte, las Piezas para clavecín en
concierto ya fueron despachadas con éxito por el conjunto Ímpetus en San
Luis de los Franceses en la edición del Femás de hace dos años, mientras la versión transcrita para sexteto fue
objeto de un fascinante concierto de la Barroca de Sevilla un año antes. También en el
Femás de 2017 pudimos escuchar el quinto de estos conciertos en una versión
que, como la de Ímpetus, prescindió de la flauta y confió toda su parte al
violín. Santiago Sampedro fue entonces su competente clavecinista. Ayer se
escuchó la obra en su integridad y en
formación ortodoxa de clave, viola da gamba, violín y traverso.
Aunque
Gómez celebró el uso de la Sala de la
Fundición de Artillería, estimamos que no
fue precisamente el mejor espacio para disfrutar de estas piezas. Quizás
resultó fácil imaginar cómo podrían haber sonado en salones versallescos con
acústica igualmente reverberante, pero no cabe duda de que un ambiente más
recogido en un espacio más concentrado
hubiera favorecido el resultado de tan emblemáticas partituras. Por el
contrario, encontramos un sonido disperso, con el clave actuando en segundo plano, más como acompañante que como
protagonista en sentido estricto, algo que va diametralmente en contra del
espíritu de estas páginas. Además, en un principio, con La Coulicam, cada instrumento parecía funcionar por separado, sin
la necesaria cohesión.
Sara Ruiz, por su parte, estuvo bastante ausente a la viola da gamba, lo que restó cuerpo y volumen al conjunto, si
bien en los dos últimos conciertos realzó su participación y pudimos apreciar su
dominio técnico y envolvente
expresividad. Al final, Gómez mostró su
satisfacción al descubrir a través del trabajo de la musicóloga Sylvie
Bouisson y los manuscritos encontrados del violinista alumno de Rameau,
Louis-Joseph Francoeur, que la célebre y
popular canción Frère Jacques es
en realidad un canon compuesto por el autor de Las indias galantes, y así, en su versión original, lo ofrecieron
como propina.
miércoles, 11 de marzo de 2026
CAMINANDO CON EL DIABLO Macabra parentalidad
Dirección Rubén Pérez Barrena Guion Jesús Miguel Quintana y Rubén Pérez Barrena Fotografía Javier Salmones Música Juanjo Javierre Intérpretes Tamar Novas, Marina Salas, Iván Marcos, Annick Weerts, Alban Petit, Mateo Medina, Vicente Vergara, Jorge Asín, Guillermo Navajo, Álvaro Lafora, Andrea Guardiola, Nur de Vega Estreno 6 marzo 2026
martes, 10 de marzo de 2026
EL MAGO DEL KREMLIN Claves de la arquitectura del poder
Francia 2025 156 min.
Dirección Olivier Assayas Guion Emmanuel Carrère y Olivier Assayas, según la novela de Giuliano Da Empoli Fotografía Yorick Le Saux Intérpretes Paul Dano, Alicia Vikander, Jude Law, Tom Sturridge, Jeffrey Wright, Will Keen, Matthew Baunsgard, Dan Cade Estreno en el Festival de Venecia 31 agosto 2025; en Estados Unidos y Francia 21 enero 2026; en España 6 marzo 2026
¡LA NOVIA! Monstruos a go go para amantes del exceso
USA 2025 126 min.
Guion y dirección Maggie Gyllenhaal, según los personajes creados por Mary Shelley Fotografía Lawrence Sher Música Hildur Gudnadóttir Intérpretes Jessie Buckley, Christian Bale, Peter Sarsgaard, Penélope Cruz, Annette Bening, Jake Gyllenhaal, John Magaro, Matthew Maher, Slatko Buric, Jeanne Berlin, Louis Cancelmi, Julianne Hough Estreno en Estados Unidos y España 6 marzo 2026
lunes, 9 de marzo de 2026
DEL ALMA ENCOGIDA AL VÉRTIGO FURIOSO
Antonini
y su conjunto, en esta gira española que les llevará también a Barcelona y
Madrid, propone un monográfico sobre
Vivaldi, Il prete rosso, con el
protagonismo absoluto de toda una diva de la ópera, la soprano rusa Julia Lezhneva, virtuosa absoluta en la
mejor tradición de otras ya míticas como Cecilia Bartoli, con quien a pesar de
su distinta tesitura es inevitable compararla. Y es que la voz de soprano de
Lezhneva posee un rango tan amplio
que le permite acometer sin dificultad arias concebidas para mezzosoprano. Ha
llegado incluso a interpretar a Cherubino en Las bodas de Fígaro, y muchas de las arias que presentó en este
concierto fueron grabadas por la Bartoli
con el mismo conjunto y director hace un buen puñado de años.
En
el apartado estrictamente instrumental, Antonini marcó acentos y dinámicas, haciendo de la obertura sinfonía de L’Olimpiade un dechado de agilidad y virtuosismo, con un andante más bien levitado y un allegro molto final fulgurante. Iguales
sensibilidades y formas se pudieron apreciar en los conciertos para cuerda y
continuo RV 134, ya interpretado en la comparecencia de hace cuatro años, y RV
157, mientras el Concierto RV 90 Il Gardellino
lo despachó el propio Antonini de forma sobresaliente, con su flauta dulce
sopranino, un vertiginoso fraseo y
agilidades propias del mejor ruiseñor.
Una voz dotada para el fuego y el sentimiento
El
conjunto y su director se adaptaron como
un guante a la voz protagonista, gracias a la colaboración que mantienen
desde hace tiempo tanto en disco como en concierto. Un habitual de nuestra
escena, varias veces director invitado de la Barroca, Stefano Barneschi, ejerció de concertino y nos regaló junto Marco
Bianchi un dúo de excepción en el dulce y cálido Zeffiretti che susurrate, de la ópera Ercole sul Termodonte, que Lezhneva cantó con gracia y mucha finura.
La
soprano arrancó su participación muy
arriba, atreviéndose con un aria de bravura y exigente coloratura, Destino avaro de La fida ninfa, sin calentar aún la voz, lo que derivó en cierta
asfixia y un legato no muy definido.
Poco necesitó, sin embargo, para reponerse y no decaer ya en ningún momento a lo largo del extenso recital. Más
cerca de una mezzo en esta primera aria, Alma
opressa de la misma ópera acusó un registro
más próximo a su tesitura natural, y unas agilidades ya más asentadas,
siempre vivas y tempestuosas.
Y
así procedió el largo recital, más de hora y media programada, que se extendió al menos media hora más con
seis generosas propinas, la más popular Lascia
la spina, hermana gemela de Lascia
ch’io pianga, para el oratorio Il
trionfo del tempo e del disinganno. Pero las delicias del público, que no
cesó de aplaudir fogosamente, las hicieron las arias de bravura repletas de
inflexiones y agilidades que fue enlazando
sin atisbo de fatiga, de Agitata da
due venti de Griselda a Un pensiero nemico di pace del mismo
oratorio haendeliano, precioso solo de Giulio
Padoin al violonchelo incluido. El resultado, dos horas y media, más la
media del intermedio, de catártico canto
apasionado salpicado de emotivas expresiones
de dolor y esperanza.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía












