miércoles, 27 de mayo de 2026

UNA ILUSIÓN QUE SE CONFIRMA

Riccardo Chailly

Tras una estupenda temporada del Teatro de la Maestranza que ha confirmado la paulatina recuperación del esplendor que este coliseo disfrutó en épocas pretéritas, antes de que la crisis del 2008 irrumpiera con toda su fuerza, y aquí tardase tanto en desaparecer, alimentándonos con el talento local y una alarmante bajada del nivel internacional, la semana pasada confirmamos definitivamente la ilusión que poco a poco habíamos ido recuperando, con la presentación de una nueva temporada digna de nuestros mejores sueños, gracias al trabajo y la confianza del 
equipo de Javier Menéndez, que os ha colocado de nuevo al nivel exigido en una capital de provincias europea de la relevancia que tiene la nuestra.

Este efecto ha tenido ya por fin eco en la programación diseñada por Lucas Macías para la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, gracias en gran parte a la magnífica gestión que está haciendo Jordi Tort, su gerente, diversificando la oferta y creando nueva afición, como pudimos observar nuevamente en una reciente Sexta de Mahler seguida por multitud de jóvenes aficionados y aficionadas. Nosotros queremos hacer nuestra pequeña aportación al entusiasmo casi general, proponiendo algunos, que son muchos, de los conciertos y espectáculos que consideramos imprescindibles o, al menos dignos de no perderse.

Grandes nombres y conjuntos en el Maestranza

La temporada arranca a lo grande, con el hace tiempo anticipado concierto operístico en celebración del ciento cincuenta aniversario del Festival de Bayreuth, que recalará en nuestra ciudad el 2 de septiembre, obligando sin excusas a volver de la playa a quienes aún no lo hayan hecho por esas fechas. Pablo Heras-Casado, que ha triunfado al frente de la Orquesta del Festival en recientes comparecencias en el mítico festival wagneriano, la dirigirá en una selección de El anillo del nibelungo que cuenta con la dirección artística de la propia Katharina Wagner y las voces de Catherine Foster, que ya fue Brunilda en el Sigfrido de La Fura del Baus que pudimos disfrutar aquí de la manod e Pedro Halffter, Klaus Florian Vogt y Nicholas Brownlee, Jochanaan en la reciente Salomé de Les Arts.

No son precisamente las óperas programadas en esta nueva temporada lo que más ha suscitado nuestra emoción, pero tampoco son susceptibles de desprecio alguno. Romeo y Julieta de Gounod, ahora en producción del Teatro de la Ópera de Roma, abrirá la temporada a finales de octubre. Este título ya pudo disfrutarse por el público sevillano en 2006, de la misma forma que lo hizo La bohème de Puccini en varias ocasiones, la última en 2017. Ahora nos llega en una vistosa y tradicional versión de la Ópera Nacional Inglesa y la Ópera de Cincinnati, con siete funciones en diciembre en las que, entre otras, podremos admirar las voces de Soraya Méncid, Celso Albelo y Berna Perlés. También Rigoletto, título que cierra la temporada en junio y julio con seis funciones, ha sido programado en varias ocasiones, la última en 2013. Ahora se presenta en coproducción del Maestranza con el Teatro Real, la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera y la Ópera de Tel-Aviv, con Francesco Demuro, Juan Jesús Rodríguez y Leonor Bonilla entre sus protagonistas.

Ermonela Jaho

A pesar de su importancia y popularidad, ésta será la primera vez que se representa en el Maestranza el Orfeo de Monteverdi, en versión de concierto escenificado, con tres funciones en febrero. La Cappella Mediterranea y el Coro de Cámara de Namur se encargarán sin duda de llevarlo a buen puerto. Los obligados estrenos correrán a cargo de Reyes Otero y La clausura del amor, una ópera de cámara que se podrá disfrutar en febrero en dos funciones en la Sala Manuel García, en coproducción de la Ópera de Tenerife, la Comunidad de Madrid y Teatro Xtremo. Con mayor relieve se presenta Bodas de sangre, del sevillano Manuel Busto, sólo dos meses después de que se estrene oficialmente en el Teatro Real. Esta producción del Maestranza y el Real, con dirección musical de Lucas Macías y escénica de Bárbara Lluch, contará con la presencia de Natalia Labourdette, Marina Pardo y al veterana actriz Vicky Peña.

Carlos Álvarez es uno de los reclamos de la zarzuela Luisa Fernanda, que nos llegará con honores de ópera bajo la producción del Teatro Real, con dirección escénica de Emilio Sagi y el barítono malagueño encarnando a Vidal Hernando. La última vez que este emblemático título de Moreno Torroba se programó en Sevilla fue en 2012. Otras voces curtidas en el ambiente sevillano que podremos disfrutar en diversos de los títulos programados, son Aurora Galán, Alicia Naranjo y Andrés Merino.

Al margen de la ópera propiamente dicha, en enero tendremos ocasión de volver a encontrarnos con Anna Netrebko, esta vez con la Sinfónica acompañándole, y la participación del tenor Brian Jadge y el barítono George Petean entonando dúos junto a la famosa soprano rusa. Por su parte, Ainhoa Arteta regresará en febrero a esta tierra que tanto quiere, para protagonizar junto a José Bros y la Orquesta de Córdoba, otra necesaria participación de orquestas andaluzas en nuestro teatro, un recital de zarzuela. Ya en mayo, Ermonela Jaho, Butterfly en 2021, dará un recital junto al pianista Rubén Fernández Aguirre.

Maxim Emelyanychev

Pero es en el apartado de orquestas invitadas donde los sentidos más se nos llenan de emoción. Al Réquiem de Mozart, además de la Misa in Angustiis de Haydn, de la Camerata de Salzburgo y el coro Vox Luminis, con Lionel Meunier al frente, y El Mesías de Haendel que interpretará la Orquesta Barroca de Sevilla junto al Conductus Ensemble, dirigidos por Andreas Spering a las puertas de la Navidad, hay que destacar el regreso de Maxim Emelyanychev con un programa netamente ruso al frente de la Orquesta de la Fundación Barenboim-Saïd casi al terminar el año.

Riccardo Chailly, tanto tiempo vinculado al Concertgebouw de Ámsterdam, vendrá en enero al frente de la Orquesta de La Scala de Milán, con Gautier Capuçon dando forma al Concierto nº 2 para violín de Shostakóvich. Curiosamente, la propia Royal Concertgebouw Orchestra  comparecerá nada más y nada menos que con el joven y celebrado Klaus Mäkelä en febrero. Le acompañará Lisa Batiashvili en el Concierto para violín de Sibelius. Ayer y hoy de este puntero conjunto europeo.

Klaus Mäkelä

En colaboración con el Femás, el Domingo de Ramos de 2027 volverá a tocarle el turno a La Pasión según San Mateo, abandonando la idea de alternar las dos pasiones bachianas. En esta ocasión nos la servirán las prestigiosas Akademie für Alte Musik y RIAS Kammerchor de Berlín, con Justin Doyle al frente y Nuria Rial entre las voces solistas. La Orquesta Joven de Andalucía se atreverá el Lunes de Pascua con el Réquiem de Guerra de Britten, con Álvaro Albiach como director y Berna Perlés y el Joven Coro de Andalucía en los atriles. Para finalizar, el que hoy se considera mejor conjunto sinfónico español, la Orquestra de la Comunitat Valenciana, interpretará a Stravinski, Shostakóvich y Chaikóvski en mayo, con su titular, Mark Elder, al frente.

Entre los solistas que nos deleitarán a lo largo de la temporada, destacan Javier Perianes en noviembre, Yuja Wang en febrero y Bruce Liu, ganador del décimo octavo Concurso Internacional Chopin de 2021, en mayo. Siempre será bienvenido Grigory Sokolov, de nuevo en el escenario del Maestranza, esta vez en marzo. Un año más, Alternativas de cámara, con la colaboración de Juventudes Musicales, nos permitirá conocer nuevos talentos, mientras Diálogos concertantes nos brindará la oportunidad de disfrutar con Lucas Macías al oboe, Pablo Barragán el clarinete, y el Trío Vibrart, integrado por Miguel Colom, Juan Pérez Floristán y Fernando Arias.

Ute Lemper

El Ballet Béjart de Lausana en noviembre y el Ballet Nacional de Ucrania, con La Bayadère de Minkus y la ROSS en el foso en enero, son dos de las propuestas dancísticas más destacadas. De Portugal nos llegarán los fados de Carminho en diciembre y la personalidad de Salvador Sobral en junio. Pero sin duda la cita que más ilusión nos hace es la de Ute Lemper, que tras una dilatada ausencia de nuestra ciudad, vuelve ahora con la ROSS, todo un acontecimiento, porque siempre la habíamos disfrutado en formación reducida, para cantar en junio temas de Hollander, Piazzolla, Gershwin, Legrand y, por supuesto, Weill.

Una importante nómina de artistas para la ROSS

Daniel Müller-Schott

Después de tantos años nutriéndose de artistas locales – menos mal que los tenemos y en abundancia – y otros muy efectivos aunque mayoritariamente desconocidos, esta temporada la Sinfónica se viste de lujo con importantes colaboraciones que se irán desgranando en una programación algo más ecléctica y comprometida que en temporadas anteriores.

Arrancamos en septiembre con el Réquiem de Verdi bajo la batuta de Lucas Macías. György Rath regresa al pódium con la Quinta de Shostakóvich, mientras el director titular se hará cargo de la Séptima de Bruckner también en noviembre. Curiosamente, una semana antes de que la interprete la Barroca de Sevilla, la ROSS recreará El Mesías bajo la dirección de Martyna Pastuszka, con Leonor Bonilla entre las voces solistas. El prestigioso y mediático violinista Daniel Hope abordará la parte solista y la dirección de un programa centrado en Las cuatro estaciones de Piazzolla y Richter, en enero, el mismo mes en el que el sevillano Alberto Carretero estrenará su Concierto para piano, con Juan Carlos Garvayo como solista y Shi-Yeon Sung como directora.

Daniel Hope

En febrero, Frank Peter Zimmermann interpretará el Concierto para violín de Hindemith, mientras Alexander Gavrylyuk se encargará del Concierto para piano nº 3 de Prokofiev, en un concierto en el que la directora coreana defenderá las novenas sinfonías de Glazunov y Shostakóvich. Pero lo más atrevido de la temporada llegará en abril con el Concierto para violonchelo de Lutovslavski, interpretado por Anastasia Kobekina bajo la dirección de Kiriil Karabits. Para nuestro regocijo, Daniel Müller-Schott será el violonchelista que dé forma al Don Quijote de Strauss en abril, bajo dirección de otra mujer, Eun Sun Kim, afianzando el compromiso de igualdad de nuestra orquesta. Y nada más y nada menos que Tabea Zimmermann será la solista del Concierto para viola de Bartók que dirigirá Macías en mayo. La orquesta se abre así definitivamente al repertorio del siglo XX. Las sopranos Marina Rebeka en mayo y Saoia Hernández en julio, protagonizarán sendos conciertos dirigidos por Macías, en torno a Wagner el primero, con Beethoven y un estreno de Borja Mariño el segundo.

Tabea Zimmermann

Fuera de la temporada de abono, el programa en colaboración con Juventudes Musicales nos brindará en octubre el Concierto para fagot de von Weber y el nº 3 para violín de Saint-Saëns. Unos días después, Javier Perianes interpretará en el Patio de la Montería del Alcázar Noches en los Jardines de España de Falla y el Concierto de Ravel para conmemorar el 150 aniversario del compositor gaditano. Offenbach, Bizet y los Strauss serán los protagonistas del Concierto de Año Nuevo, con la soprano Soraya Méncid y la mezzo Adéle Charvet entonando arias y dúos.

Leonor Bonilla

Este año no habrá cine con música en directo en Fibes, pero sí una selección de musicales de Broadway y el West End de Londres en febrero, con destacados solistas y el especialista alcalareño en la materia Alfonso Casado Trigo, y una gala lírica de zarzuela con Miguel Ortega como director y Leonor Bonilla como solista en el recuperado Lope de Vega, en mayo. Y no faltará otra Novena de Beethoven participativa, esta vez con Nuno Coelho al la batuta, en julio. El Teatro Riberas del Guadaíra de Alcalá, acogerá programas educativos de la ROSS, y el Espacio Turina el tradicional ciclo de música de cámara. Procuraremos estar atentos a estas citas en la medida que nuestra salud física y mental nos lo permita. Mientras tanto, sólo nos queda mantener esa ilusión que temporadas como ésta no ha hecho sino confirmar.

TIEMPO Y ESPACIO A TRAVÉS DE UN ICONO MODERNO

Einstein on the Beach. Ópera en cuatro actos para conjunto, coro y solistas con música y letra de Philip Glass, según un concepto de Robert Wilson y Philip Glass. Suzanne Vega, narradora. Tom De Cock, dirección. Dirk Deschemaeker, asistente a la dirección musical. Catherine Kunz, vestuario. Alexander Fostier, sonido. Pieter Nys, iluminación. Ictus Ensemble. Collegium Vocale Gent. Coproducción de Concertgebouw Brugge y Dunvagen Music Publishers, Inc. Teatro de la Maestranza, martes 26 de mayo de 2026


Aunque su propio concepto, abstracto e independiente, con sus artífices, Philip Glass y Bob Wilson, justificando de mil maneras posibles la dedicatoria de su espectáculo musical y escénico a Albert Einstein como algo sustancialmente coyuntural, como si cualquier otro personaje icónico del siglo XX hubiera podido ocupar su lugar, la verdad es que la figura del científico se deja sentir notablemente en la arquitectura musical de este prodigio del minimalismo más radical, extremista y seductor.

Tan imposible de identificar como una ópera convencional como difícil es hacerlo con una mera experiencia musical a través de esta versión de concierto, prescindir del concepto visual de Robert Wilson cuando se estrenó en 1976 no parece perjudicar en exceso la percepción clara, nítida y libre de prejuicios, de la inquietante música de su principal creador, un Philip Glass entonces en la cúspide de las vanguardias, que luego iría paulatinamente abandonando en favor de un lenguaje más asequible y conciliador.

No deja de tener gracia que la ópera siga reivindicándose como espectáculo dramático, despreciando estos intentos que desde mitad del pasado siglo han procurado pervertir tradición para derivar en algo sustancialmente distinto y novedoso. Hace apenas unos años pudimos asistir en streaming al estreno en el Metropolitan de Nueva York de una ópera de Kevin Putts, que no deja de tener cierto prestigio como compositor que ha sabido captar las vanguardias musicales para adaptarlas a un lenguaje operístico convencional. Se trataba de The Hours, basada en la famosa novela de Michael Cunningham y la no menos célebre película de Stephen Daldry, a la que paradójicamente puso música un Glass definitivamente complaciente y hasta cierto punto neo romántico.

Se cerraba así un círculo enigmático y misterioso que abarcaba desde esos años setenta que conocieron el intento de crear un nuevo concepto de ópera, como experiencia sensorial completa, ajena a una dramaturgia convencional, y lo que finalmente ha persistido, abrazando tradición desde una óptica musical de relativa vanguardia, con Glass como eje articulador. Desde su estreno en 1976 en Avignon, Einstein on the Beach ha permanecido en el olvido de los programadores, aun conservando su mística particular, hasta que en las dos últimas décadas se ha recuperado su presencia en teatros y certámenes especializados.


Una partitura muy compleja en excelentes manos

La muy esperada versión que ayer pudimos disfrutar en el Maestranza, vino de la mano de Tom De Cock, director musical del prestigioso conjunto Ictus, todo un referente de la música contemporánea que ayer, desde luego, demostró su pericia y magisterio en la materia con una interpretación sólida y precisa de una partitura que exige un enorme esfuerzo de compenetración. Ríanse de la precisión rítmica que exige el Bolero de Ravel para quien percute la caja. Eso en la partitura de Glass se multiplica en exceso, exigiendo de cada partícipe instrumental una cadencia obsesiva sólo al alcance de los y las más pacientes y disciplinadas. Instrumentos convencionales, como el clarinete, el saxofón o la flauta, conviven con teclados y una sorprendentemente escasa intervención electrónica, a pesar de lo cual el resultado no deja de ser más electro acústico y sorprendente. Especial mención merece el violinista Igor Semenoff, un virtuoso entregado a su fatigoso menester relativamente disfrazado, aunque no tanto como para identificar sin fisuras al Einstein protagonista.

Ciencia matemática al servicio del arte

La producción de ayer rebasa en casi media hora la que The Philip Glass Ensemble grabó para CBS Sony dos años después de su estreno, pero reduce en una hora la que entonces llegó al escenario. Fuimos capaces de percibir pasajes que no figuraban en la grabación original dirigida por Michael Reisman, con referencias directas a ese tren y esa nave espacial que encuadran esa sensación de espacio y tiempo que todo lo relativiza y que permite al científico erigirse en protagonista de la función.


Hay también mucha matemática en su compleja estructura, en esa repetición ad nauseam de números y notas musicales, a cargo del Collegium Vocale Gent, así como de pasajes presuntamente poéticos a cargo de Suzanne Vega, que en su rol de narradora aglutina los tres únicos personajes del libreto, declamados con una dicción impecable, un fraseo fluido y un timbre tan sedoso y hermoso como sensual. Y, desde luego, hay matemática en su estructura, cinco knee plays que funcionan como interludios, y nueve escenas que recorren espacios tan variopintos pero significativos como un tribunal, o ese tren y nave espacial referidos, aunque en esta ocasión todo parecía limitarse a un estudio de grabación.

Especialmente atractiva es la escena de la cama, entonada con un concepto de la belleza casi espiritual por la soprano Elisabeth Rapp. Una aportación vocal que completó con nota la de un impecable y empeñado coro, uno de los más prestigiosos del mundo cuando de entonar el barroco se trata, y que aquí hemos podido disfrutar en otras ocasiones en su ambiente habitual. La simbiosis perfecta que se entabla entre voces e instrumentos, produce un efecto no ya hipnótico, sino definitivamente narcótico, no obstante lo cual fueron muchos y muchas quienes abandonaron la sala, abierta de par en par no con ese fin, sino para facilitar el libre movimiento del público durante las más de tres horas de representación.


Una forma también de interactuar con los músicos y cantantes, que también abandonan la escena o se relajaban sobre el escenario mientras no se exige su participación activa. Y todo eso sazonado con una iluminación precisa y elocuente, tanto como el resto de los elementos del espectáculo, a veces tan osculante como el beso de enamorados con el que culmina la enigmática narración, y que en cierto modo hace también referencia, en su acepción científica, a otro de los muchos logros del insigne personaje a quien Wilson y Glass dedicaron una ópera que no lo es, pero que se mantiene en nuestra memoria cultural como piedra angular de una ruptura musical casi sin precedentes.

Aplaudimos y reivindicamos así la obligación de un teatro público de programar obras que contribuyan a nuestra educación musical y nos abra a nuevos horizontes, aunque pasado medio siglo, no se pueda hablar con demasiada alegría de algo nuevo.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 26 de mayo de 2026

LOVE ME TENDER Masculinidad ofendida

Francia-Luxemburgo 2025 134 min.
Guion y dirección
Anna Cazenave Cambet, según el libro de Constance Debré Fotografía Kristy Baboul Grémeaux Música Maxence Dussere Intérpretes Vicky Krieps, Antoine Reinartz, Monia Chokri, Viggo Ferreira-Redier, Féodor Atkine, Park Ji-min, Manuel Vallade, Aurélia Petit, Oumnia Hanader Estreno en el Festival de Cannes 20 mayo 2025; en Francia 10 diciembre 2025; en España 22 mayo 2026

Siguiendo un proceso legal bastante discutible, una mujer pierde la custodia de su hijo tras confesar a su ex marido que es lesbiana. A partir de ahí, conciliar su vida profesional como escritora, su continuo descubrimiento del placer carnal a través de nuevas vías y, sobre todo, emprender esta dura, dolorosa y larga lucha por recuperar la custodia compartida, se convertirá en un viaje de esperanza pero también de incomprensión. En su segundo largometraje como realizadora, Anna Cazenave Cambet se toma demasiado tiempo para contarnos esta historia de masculinidad ofendida.

Otra crónica de venganza de hombre mancillado en su supuesto honor y virilidad, a través de los más inocentes y manipulables, si bien afortunadamente no se trata en esta ocasión de ejercer la violencia vicaria, la más cruel y cobarde de todas. Vicky Krieps presta su lánguido y ambiguo físico a esta mujer a punto siempre de romperse, echando mano de gestos muy medidos y miradas elocuentes, mientras esa sempiterna piscina libre de obstáculos le sirve para exorcizar el duelo, y sus declaraciones de amor escritas al hijo, una vía de escape.

A su alrededor, una galería de personajes que poco aportan en su mayoría, con escenas de reuniones de amistades que no hacen sino dilatar aún más un metraje que ya se nos antoja innecesariamente largo, hasta el punto de provocar aburrimiento. Ser mujer y madre libre se convierte en la meta, pero el camino es angosto y algunos de sus episodios, como esos encuentros programados entre madre e hijo vigilados de cerca, posiblemente exagerados e innecesarios. Aunque nada tiene que ver su título con la película protagonizada por Elvis Presley en 1956, su canción es citada en la banda sonora de Maxence Dussere al final de la cinta. 

THE MANDALORIAN AND GROGU Prescindible salvo para la taquilla

USA 2026 132 min.
Dirección
Jon Favreau Guion Jon Favreau, Dave Filoni y Noah Kloor Fotografía David Klein Música Ludwig Göransson Intérpretes Pedro Pascal, Sigourney Weaver, Jonny Coyne, Hemky Madera y las voces de Jeremy Allen White, Martin Scorsese y Shirley Henderson Estreno en España 21 mayo 2026; en Estados Unidos 22 mayo 2026

Hay quien defiende que esta película se puede ver por sí sola sin haber visto antes la serie de tres temporadas de la que se presenta como continuación. Y puede ser si aprecias que no tiene sustancia ni razón de existir, pues ya hayas visto la serie o la hayas olvidado, no saber de dónde proceden el Mandalorian del título ni el bebé de Yoda que lo acompaña, no va a influir en la desgana con la que se acabará viendo este nuevo artefacto para hacer caja de la insaciable Disney. Desde que tomaron las riendas del pobre (es un decir) George Lucas, no han parado. Dos spin-off, Rogue One y Solo, ahora este tercero y toda una galería de series de televisión entre medio, destacando Andor, Obi Wan, El libro de Bobba Fett, Ahsoka, The Acolyte y Skeleton Crew, si obviamos todos los dibujos animados que nacieron mucho antes.

The Mandalorian fue la primera de esta voraz agenda galáctica, y ahora se ha convertido en una película prescindible, de escasa, por no decir ninguna, enjundia dramática, y que encima se permite traicionar el espíritu de la saga real con detalles como hacer hablar a un Hutt y otras lindezas. Faltaría más que, a pesar de todo esto, no resultara entretenida, según qué opinemos por entretenimiento, porque podemos confundirlo con perder el tiempo. Pedro Pascal, su protagonista, considerando que tiene un doble de acción y otro de traje, apenas ocupa unos minutos de metraje, aunque su voz suene en todo momento. Por su parte, la colaboración de Siguourney Weaver como oficial de los rebeldes, es meramente coyuntural, quizás para que de esta forma intervenga en los tres grandes éxitos del cine de ciencia ficción, junto a Avatar y Alien.

Identificar entre las voces la de Scorsese se convierte en tarea imposible si no sabes de antemano qué personaje interpreta, no digamos ya la de Shirley Henderson, hace poco vista en Incontrolable. Más fácil nos lo pone Jeremy Allen White, reciente Bruce Springsteen, con más recorrido en el film al dar vida a Rotta the Hutt, el blandiblub más sentimental y poético imaginable. Si se quiere caer rendido ante la presunta ternura de Grogu, ahí está el engendro para intentarlo. A nosotros este muñeco de torpe movimiento no nos hace demasiada gracia, preferimos a esos otros muñecos que parecen una combinación de los gremlins y los minions. Ludwig Göransson tampoco se toma muy a pecho la empresa y se limita a explotar su inspirado tema para la serie original.

lunes, 25 de mayo de 2026

LA FSO DIBUJA Y CABALGA EN VALENCIA


Tenemos la sensación de que, a pesar del ya largo recorrido de esta orquesta valenciana y el rigor y la precisión con la que abordan sus atractivos programas, celebrados por la afición con llenos absolutos y giras que ninguna otra orquesta nacional se ha atrevido jamás a emprender, la crítica profesional, seria y comprometida, no le presta la atención que merece. Nosotros, ya sea porque nos iniciamos en este apasionante mundo de la música sinfónica a través de las grandes bandas sonoras del Hollywood clásico y ochentero, o porque hemos sido capaces de apreciar la notable evolución experimentada por Constantino Martínez-Orts y estos, en su mayoría, jóvenes músicos, siempre hemos seguido de cerca los conciertos que la formación ha celebrado en Sevilla. Este año, por motivos estrictamente personales, se nos ha escapado su habitual concierto en Fibes, celebrado el pasado 16 de este mes. Así que nos hemos ido a Valencia, donde el mismo programa, que ya se había tocado también allí, se repitió el pasado sábado día 23 de mayo.

De paso, tuvimos la oportunidad de disfrutar de otro programa que sólo se ha interpretado en Madrid, en cuyo Auditorio Nacional se estrenó el 10 de abril, y volverá a hacerlo en Gijón y Valladolid el próximo mes de junio. Son programas especiales que no van de gira ni se graban para su consumo doméstico, pero que reportan tanta satisfacción como el resto, como pudimos comprobar en esta doble función del pasado fin de semana.

La música, ingrediente fundamental del cine de animación

Toon Story, el programa con el que este año han recorrido toda la geografía ibérica, es un repaso por algunas de las bandas sonoras más icónicas del cine de animación, aunque Martínez-Orts siempre busca su repertorio en aquellas que, con alguna excepción, se estrenaron en las tres últimas décadas. Es la época que entronca con los que siendo de la misma generación, crecimos admirando a los grandes autores del Hollywood moderno, como Goldsmith, Horner, Elfman, Shore... y, por supuesto, John Williams.

Para mí, volver a escuchar música de cine en el Palau de la Música del antiguo cauce del Turia, uno de los mejores, más atractivos y variopintos parques de cuantos conozco, fue como volver a aquella juventud en la que hacía mis primeros pinitos escribiendo sobre música de cine en una revista especializada de idéntico y genérico título, Música de Cine, que se editaba precisamente en esa ciudad en la que ahora descansa también mi corazón. Fueron aquellos primeros noventa del pasado siglo, en los que la revista organizaba en colaboración con la Mostra unos congresos de música de cine cuya guinda la ponía el compositor invitado de turno, que junto a la Orquesta de Valencia nos deleitaba en ese templo de la música.


Con el rigor y la fidelidad a las partituras originales que les caracteriza, los y las integrantes de la Film Symphony Orchestra repasaron estos títulos icónicos del Disney recuperado tras La sirenita, aunque precisamente esta película no figurara en el menú. Junto a éstos, algunos otros de Dreamworks, Ghibli, Fox, Pixar y Aardman. Destaca el trabajo, siempre respetuoso y agradecido, con el que ensamblan temas para lograr acertadas suites que repasan todo el material dramático y musical de las películas en los atriles. Es el caso de Pesadilla antes de Navidad, cuya sensacional banda sonora de Danny Elfman fue recorrida de principio a fin sustituyendo con acierto algunos de los pasajes cantados por arreglos instrumentales, mientras otros, Qué es y El lamento de Jack, fueron eficientemente vocalizados por, si no nos equivocamos, Toni Dublet.

Esta misma estrategia se mantuvo con la música de John Powell para Cómo entrenar tu dragón, incluidos unos festivos acordes celtas perfectamente en estilo reproducidos por la entusiasta plantilla. De igual forma, la banda sonora de Harry Gregson-Williams y el propio Powell para Shrek, sin olvidar las excelentes suites generadas a partir de la música de Alan Menken para Aladdin y Pocahontas, con las habituales intervenciones de la sevillana Anaís Sancruz.

A diferencia de Fibes, en el Palau la orquesta no necesita amplificación, lo que nos permite disfrutar del sonido natural de los instrumentos, incluido el aterciopleado y perfectamente fraseado violín de la concertino Amanda Ochoa en el precioso Oogway Ascends de Hans Zimmer para Kung Fu Panda, y el no menos emotivo tema de Joe Hisaishi para La princesa Mononoke. Divertidísimo el tema de Chicken Run, de nuevo con Powell y Gregson-Williams a la composición, incluyendo ese punto gamberro que jalona la partitura. Disfrazado de Woody, el vaquero de Toy Story, Dublet entonó un delicioso Hay un amigo en mí de Randy Newman. De su primo David pudimos escuchar un medley de Ice Age, y de Stephen Flaherty la emocionante pero algo pomposa Dime dónde vas (Journey to the Past) de Anastasia, también con arreglos orquestales de David Newman.

Otras dos sensacionales suites con la música de Hans Zimmer para El rey león, y la de Menken para La bella y la bestia, tema principal cantado y bailado por Sancruz y Dublet, pusieron punto final al concierto, antes de la propina, Los Simpson de Elfman, con las voces del público colaborando en su arranque. Pero no podemos dejar de alabar la facilidad con la que esta orquesta de jóvenes se adapta a cualquier género, ya sea el swing de Los increíbles (Michael Giacchino) o el mickemousing cargado de aliento jazzístico y muy en estilo del Hollywood de los treinta y cuarenta, recreando los trabajos ilustrativos de Scott Bradley para los cortos de Tom y Jerry... puro delirio sazonado con escenificaciones cómicas de los atareados percusionistas.

Debemos destacar además la conveniencia de programas como éste, destinados a niños, niñas y familias. No hay mejor manera de crear nueva afición, y la verdad es que en general los y las más pequeñas se portan muy bien, sobre todo cuando perciben como nadie que lo que escuchan tiene calidad, ni aburre ni cansa.


Spaghetti y western clásico, sin distinción

Al día siguiente, domingo 24, los y las músicos se disfrazaron de personajes del salvaje oeste, cowboys, indios e indias, para ofrecernos un emocionante recorrido por algunas de las más icónicas bandas sonoras del género. Martínez-Orts, por su parte, abandonó la levita de Neo por la del juez Wyatt Earp. Y juntos nos regalaron una tarde de sensaciones, recuerdos, acción y disfrute a raudales. Un recorrido que arrancó con los títulos iniciales de La conquista del oeste, del patriarca de los Newman, Alfred. Continuó con el arreglo de concierto que hizo John Barry para Bailando con lobosensamblando el tema de John Dunbar y la llegada a Fort Sedgwick. El propio Wyatt Earp estuvo presente con una preciosa suite de la película de igual título de Lawrence Kasdan con música de James Newton Howard, incluido el irrepetible tema de la boda, y la suite con los títulos finales de Tombstone, con música de Bruce Broughton, también presente en Silverado, de nuevo con el tándem Kostner-Kasdan, y toda la espectacularidad que fue capaz de recrear la FSO.


No podía faltar Los siete magníficos, con una suite inédita que aprovecha el sensacional arranque de la película con la suite de concierto que el propio Elmer Bernstein creó para interpretarla junto a la Royal Philharmonic Pops Orchestra. Tampoco cabía excluir la excelente banda sonora de Dimitri Tiomkin para El Álamo, en forma de amplia suite encadenando la obertura, Degüello, una sensacional aportación del trompetista Rubén Zaragoza García, y el apoteósico final. Dos partituras que compitieron aquel mismo año de 1960 por un Oscar que finalmente se llevó Ernest Gold por Éxodo. Con Espartaco de Alex North también en la terna de las nominaciones, no cabe duda de que fue un año extraordinario para la música de cine.

Ennio Morricone, por supuesto, tuvo un amplio recuerdo, dejando claro a través de los temas de la trilogía del dólar cómo en Por un puñado de dólares el italiano se inspiró en Tiomkin para su solo de trompeta, que la versatilidad de los y las integrantes de la orquesta les permite incluso emular con éxito a las voces de I Cantori Moderni di Alessandroni, que el solista silbador hizo un excelente trabajo, y que Sancruz puede recrear con éxito la voz de la soprano Edda del'Orso en El éxtasis del oro de El bueno, el feo y el malo. También ella sacó a relucir sus aptitudes en el bellísimo tema de Jill de Hasta que llegó su hora. Con la amenazante partitura de Los odiosos ocho, se completó este obligado homenaje a las imprescindibles aportaciones de Morricone al género.


Toni Dublet fue también en esta ocasión el encargado de entonar las canciones programadas para la ocasión, Do Not Forsake Me Oh My Darlin' de Solo ante el peligro y la televisiva Rawhide, ambas de Tiomkin. Mientras el oeste más épico y grandioso quedó perfectamente reflejado en unas impecables versiones del tema principal de Horizontes de grandeza de Jerome Moross, y la obertura de concierto de Los cowboys de John Williams. Como propina, el nostálgico tema de Bonanza, de los creadores de éxitos Ray Evans y Jay Livingston, y el tradicional saludo final con Cantina Band, terminando así otra tarde inolvidable al son de la orquesta española más cinéfila. Entre las próximas citas, un especial Halloween con música de cine de terror, en Valencia, y Odisea, un repaso por algunos de los títulos más épicos de los últimos treinta años, en gira.

Fotos: Luis Pascual Alcaide

sábado, 23 de mayo de 2026

RÁTH CONJUGA UNIDAD Y DIVERSIDAD EN UNA SEXTA DE MAHLER PORTENTOSA

Sinfónico 14. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. György Györiványi Ráth, dirección. Programa: Sinfonía nº 6 en La menor “Trágica”. Teatro de la Maestranza, viernes 22 de mayo de 2026


Recién presentada tanto la nueva temporada de la Sinfónica como la del Maestranza, y con la emoción todavía presente ante la confirmación del nivel de excelencia que merece una ciudad del calibre de la nuestra, nos enfrentamos a un programa sensacional de la ROSS. A la dirección, uno de sus directores más queridos y de los que mejor la han entendido, György Györivanyi Ráth. En los atriles la Sexta de Mahler, posiblemente su obra sinfónica más compleja y perfecta, y desde luego una de las más serias tanto en la regularidad de su estructura como en su dimensión trágica. También en mayo, pero de 2013, tuvimos ocasión de escucharla en manos de Pedro Halffter, aunque siguen siendo la Primera y la Cuarta las más frecuentadas por nuestra orquesta, seguidas de la Quinta y la Novena.

Cogerle el punto ha sido siempre uno de los mayores enigmas de la Música, pues bajo la apariencia de unos temas melódicos felices y distendidos, se esconde la sempiterna lucha entre la vida contemplativa y la mera supervivencia, terminando en una auténtica batalla campal de la que es difícil hacerse eco si no se tienen las ideas tan claras como las tuvo el maestro húngaro. Toda una desesperada aventura a vida o muerte que le proporciona ese carácter indómito que tan bien supo reflejar el director con la inestimable ayuda de una orquesta impecable, tan disciplinada como brillante en todas sus secciones.

Destacaron quizás los refulgentes metales, con aportaciones magistrales de trompas y tuba, pero también de trompetas y trombones, así como la rica percusión, destacando esas campanas de rebaño que desde bambalinas recrean la apacible vida campestre que sirve como último refugio al atormentado protagonista de la función. Merece mencionarse también esos martillazos directamente importados del Olimpo con los que el tercer movimiento avisa del inefable destino que aguarda tras el caos y la destrucción. Pero no podemos olvidar el papel fundamental de la cuerda, responsable de los momentos más líricos e inspirados, y que la concertino, Alexa Farré, llevó por muy buen camino, generando tantas texturas como registros emocionales, todos de hondo calado estético y poético.


Una interpretación colosal

Esta descomunal catedral de la música arrancó con la marcha enérgica del allegro inicial y las habitualmente magníficas prestaciones de la cuerda grave, sobre todo los contrabajos. El acierto de Ráth consistió en lograr dar unidad a una pieza en la que abundan los cambios de registro, la fecundidad melódica y la alternancia entre acordes furiosos y otros más líricos y amables. El director acertó también en intercambiar el scherzo y el andante, situando éste como segundo movimiento, una práctica a la que renunció Mahler tras las primeras audiciones de la obra. Permitió así respirar después del carácter marcial del primer movimiento, sin seguir por los mismos derroteros, como así sucede en el scherzo.

De esta forma, el andante supuso un soplo de aire fresco, un alivio, henchido de pureza y nobleza, para proseguir de nuevo con la manifestación apabullante y salvaje del tercer movimiento, destacando unas maderas precisas e incisivas. Este intercambio fue también una manera de dotar de mayor equilibrio a la sinfonía, provocando que la pausa entre el segundo y el tercer movimiento se situase en el centro exacto de la obra. Así, llegamos al largo allegro conclusivo preparados para la gran apoteosis final, con vientos, arpa y celesta sumergiéndonos en un clima trágico.

Una conclusión si duda grandiosa, precedida de una introducción y una coda que enmarcan diversos temas que se escuchan casi aislados pero entrelazados, hasta cierto punto cohesionados gracias al talento y la habilidad de su director, y la brillantez de todas las familias orquestales, que debieron ensayar lo suyo, sobre todo teniendo en cuenta esos refuerzos menos acostumbrados a las dinámicas de trabajo de la orquesta. A la salida, nos informaron que Alain Lombard grabó esta sinfonía con la ROSS hace tiempo, pero a pesar de los, al parecer, excelentes resultados, quedó almacenada sin fecha de publicación.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 22 de mayo de 2026

TRIO WANDERER, INGENIEROS DEL SONIDO

Trio Wanderer. Jean-Marc Phillips-Varjabédian, violín. Raphaël Pidoux, violonchelo. Vincent Coq, piano. Programa: Trío con piano en sol menor Op. 3, de Chausson; Tristia S.723, de Liszt; Trío con piano nº 1 en re menor Op. 49, de Mendelssohn. Espacio Turina, jueves 21 de mayo de 2026


La fama y el prestigio de los franceses Trio Wanderer les preceden prácticamente desde que siendo estudiantes del Conservatorio de París lo crearon en 1987. Ayer debutaron en Sevilla, y aunque la respuesta del público no fue todo lo generosa que debía, apenas llenando la mitad de la sala, quienes asistieron pudieron comprobar la excelencia de su música y las exquisitas formas de su interpretación. El Espacio Turina se acerca así al final de otra gloriosa temporada, encadenando figuras de prestigio como la del barítono inglés Simon Keenlyside el pasado fin de semana, y ahora este célebre e imprescindible trío.

Con la formación intacta desde que en 1995 Jean-Marc Phillips-Varjabédian sustituyera a Guillaume Sutre, el conjunto cuyo nombre se inspira inequívocamente en la famosa fantasía schubertiana, inició su esperada andadura sevillana con una pieza que les acompaña prácticamente desde sus inicios, y que tienen debidamente registrada en el sello K617, el Trío en sol menor Op. 3 de Chausson. La admiración del compositor por Wagner y su influencia de César Franck se advirtió ampliamente en una interpretación cargada de furia y agitación.

Con excepción de su famoso Poema, su catálogo, jalonado de piezas de enorme interés, no suele programarse, por lo que la ocasión revistió un doble interés. El hecho de que Chausson transcribiera los cuartetos de Beethoven a temprana edad, le hizo descubrir un mundo de sueños e ilusión que supo trasladar al pentagrama, y los intérpretes hacérnoslo llegar. Ya en su introducción (Pas trop lent) pudimos atisbar el músculo de Raphaël Pidoux al violonchelo, seguido en el Animé del protagonismo elegíaco del violín y la agitación controlada de Vincent Coq al piano.

El teclado se mostró vigoroso y locuaz en el scherzo, siempre bajo esa compenetración perfecta que permite la consolidación de estilo y la colaboración cultivada durante tantos años. En el adagio (Assez lent) el tono se hizo sombrío y la armonía ambigua, derivando en pura poesía en manos de tan consumados maestros. Así, hasta llegar a la intensidad de ritmo y espíritu del scherzo final (Animé), puro frenesí y aceleración, tan abrumadora como decibélica.

Tristia es la adaptación, sumamente inventiva como se puede apreciar ya desde la misma introducción, de la sexta pieza del primer libro, dedicado a Suiza, de la colección para piano Años de peregrinaje. Se trata en concreto de La Vallée d’Obermann, y surge de la iniciativa de Edward Lassen, alumno de Liszt, que hizo el primer arreglo, seguido de los propios ajustes del autor de la Rapsodia húngara. De las tres versiones, ésta, la tercera, es la más divulgada. El Wanderer tradujo la atmósfera atormentada y melancólica del original con texturas ricas y densas, lográndose en conjunto una sensación de zozobra aún mayor de la que contiene la obra para solo piano.


Un Mendelssohn descomunal

Pero fue quizás en la sensacional interpretación del Trio nº 1 en re menor Op. 49 de Mendelssohn, donde nos hicimos eco de la habilidad de cada uno de los integrantes del trío para lograr un sonido tan impecable, con gradaciones acústicas tan depuradas e intencionadas que parecían fruto del trabajo de un maestro de la tecnología, un ingeniero de sonido tan atento y aplicado como para mejorar aún más el sonido natural de los instrumentos y sus concertistas.

Tras los pertinentes retoques de la parte pianística para adaptarse a las nuevas corrientes inauguradas por Chopin y Liszt, este trío acabó considerándose una obra maestra en la línea de los de Beethoven o Schubert. El Wanderer ofreció de él una lectura sobrenatural, apasionada y hasta cierto punto desmelenada, siempre bajo el control que permite la sabiduría y la experiencia, como ya pudimos atisbar en el allegro inicial. El virtuosismo del piano, la carnosidad del violonchelo y el fraseo impecable del violín, lograron una interpretación de un lirismo inusitado.

El andante, traducido en toda una romanza sin palabras, resultó tan amable como distendido, sin despreciar ese toque patético que caracteriza su parte central. La habitual atmósfera inquieta y ensoñadora de Mendelssohn asomó sin prejuicios en un scherzo de dimensiones casi sinfónicas, con el piano cabalgando alegremente y a discreción. Acabó tan brillante y apasionado como el resto, exhibiendo esa grandeza y musculatura que los persiguió durante toda la interpretación de tan excelsa, melódica y lírica partitura.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía