viernes, 30 de octubre de 2026

BOGDAN DUGALIC EN MODO LIBRE

Ciclo Sinfónico 2 de la temporada 26/27 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Bogdan Dugalić, piano. Jaume Santonja, dirección. Programa: Suite de Pulcinella, de Stravinski; Concierto para piano y orquesta nº 21 en Do mayor K. 467, de Mozart; Estructura I “…eros sur le bleu”, de David Moliner; Sinfonietta para orquesta, de Poulenc. Teatro de la Maestranza, jueves 29 de octubre de 2026


El de ayer fue un día triste, poco propicio para entregarse como corresponde a un programa tan amable y distendido como el que propone la ROSS también esta tarde. Aires clásicos y neoclásicos se confundieron con una obra de nueva creación, más inquietante y misteriosa que el resto, pero igualmente informado por ese jugueteo con el clasicismo que de alguna manera informó el programa.

A la dirección, este segundo concierto del ciclo sinfónico de la recién estrenada temporada de la Sinfónica de Sevilla, se contó con otro de los nuevos directores españoles que cuentan ya con una importante carrera y reconocimiento internacional, Jaume Santonja. Mientras como solista pudimos admirar a la vez que desconcertarnos con las formas atrevidas del joven serbio Bogdan Dugalić.

La improvisación como seña de identidad

En cierto modo, el concierto giró en torno al Concierto para piano nº 21 de Mozart, obra popular donde las haya, especialmente por su amadísimo andante central, una de esas piezas que siempre arranca algún comentario tipo ¡qué bonito! entre el público. Que Dugalić seleccionara para la propina una versión de la Marcha turca del compositor austriaco, en modo absolutamente libre e improvisado, y en clave jazzística, da idea de cómo abordó la pieza concertante programada, salpicándola de notas y acordes de propio cuño, pretendiendo quizás así aportar una voz nueva e identificativa a su interpretación.


Es muy joven y todavía tiene tiempo para encontrar esa voz propia, que no se logra con exceso de ornamentación y virtuosismo a raudales, sino que exige un sonido tan propio y particular que sólo escucharlo nos permita identificarlo. Santonja arrancó seguro, un poco acelerado, acoplándose casi de inmediato el solista, aunque aún no le correspondiese hacerlo. Entre ambos lograron ese equilibrio global en la forma y la esencia que demanda la pieza, dotando de solemnidad la marcha inicial, con un pianista luminoso y episodios contrapuntísticos llenos de modulaciones y color.

Muy afectado, como queriendo también dejar una impronta particular, nos pareció el arranque del famoso y ensoñador andante, al que Dugalić supo insuflar de poesía y romanticismo. El allegro final sonó vivaz, muy animado, con orquesta y solista que parecían perseguirse, y unas divertidas intervenciones de flauta, fagot y oboe que completaron la muy atrevida aportación de creatividad del joven y aclamado pianista.

Buenos referentes del neoclasicismo

El concierto empezó antes, con la Suite de Pulcinella de Stravinski, interpretada por la ROSS hace casi cinco años, mientras el ballet completo lo hizo hace catorce. Santonja se mostró mortecino en una página que exige más viveza y un trabajo más contundente del color. Esta ingeniosa visión del ritmo y la orquestación del S. XVII pasada por el filtro del XX, quedó así algo desdibujada, falta de aliento y contundencia. Echamos de menos más humor e ironía, mayor energía en la sinfonía y más sensualidad en la serenata, a pesar de las buenas prestaciones del oboe. Pero a partir de la tarantela asomó algo más de brillantez y ánimo, que fue en progresión con una gavota noble y graciosa, un minueto adecuadamente pomposo y un finale muy animado.


La pieza del compositor y percusionista castellonés David Moliner, Estructura I, resulta tan misteriosa como contemplativa, salpicada de momentos de euforia cuya tendencia al caos fue controlada y moldeada por Santonja con saludable habilidad. El autor, formado entre otras instituciones con la Fundación Barenboim-Said en Berlín, ha compuesto hasta cuatro estructuras desde 2016 a 2023.

Para finalizar, la orquesta interpretó una pieza poco programada y divulgada, la Sinfonietta de Poulenc, enmarcada igualmente en esos aires en cierto modo regresivos de primera mitad del siglo XX, que encontraron en el clasicismo la pureza de ideas y estéticas que buscaban. Se trata de la única obra sinfónica del autor de Diálogo de carmelitas, que comparte con Haydn su claridad y equilibrio formal, aunque echa mano de formas y fluidos propios del siglo XX, con líneas serenas y efusiones muy cercanas a la estética cinematográfica. Santonja supo exprimir estas premisas, logrando extraer elegancia y espectacularidad de la amable y distendida, así como expansiva pieza.

Fotos: Luis Prieto Fernández
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 29 de octubre de 2026

ARRIBA TUTTO Buenas intenciones con olor a rancio

España-Italia 2026 102 min.
Dirección
José Mota Guion José Mota, Fernando Erre, Marta González de Vega y Claro García Fotografía Kiko de la Rica Música Alicia Morote Intérpretes José Mota, Karra Elejalde, Pablo Cabello, Olivia Molina, Diego Anido, Mila Borrás, Luciano Scarpa, Eugenio Barona, Aimar Vega, Rubén Faura Estreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2026; en salas 22 octubre 2022

Aunque más conocido por su faceta de humorista televisivo, José Mota no sólo ha coqueteado con el cine, ya desde sus comienzos con Cruz y Raya, sino que ha participado en un sinfín de películas, llegando incluso a protagonizar algunas de ellas. La chispa de la vida de Álex de la Iglesia y Abracadabra de Pablo Berger se cuentan entre sus trabajos más reconocidos. Ahora da el salto a la dirección, llevando a la pantalla un guion escrito por él junto a otros, como la habitual colaboradora de las comedias blancas de Santiago Segura, Marta González de Vega, que se reserva un pequeño papel en la cinta. No puede evitar dejarse llevar por la emoción y el sentimiento, mezclando en su ópera prima cuestiones que nos reportan a películas como La vida es bella o Cinema Paradiso, no en vano se trata de una coproducción con Italia.

Su bienintencionada película echa mano de algunas buenas ideas, como el encuentro entre el hombre y el niño que fue, que le da cierto aire fantástico, o el uso de ese italiano inventado que da, entre otras cosas, pie al momento más divertido de la cinta. Pero por el camino, Mota se muestra excesivamente sensiblero, diríamos hasta ñoño, y no encuentra el equilibrio justo entre drama y comedia que parece exigir su empresa, lo que se traslada también a una definición muy poco estimulante de su propio personaje, con el que resulta difícil empatizar y cuyos giros emocionales resultan faltos de sinceridad y naturalidad.

Así, gran parte de la película resulta demasiado impostada, mientras el conjunto expide un tufillo a rancio que no le beneficia nada. Las buenas intenciones están ahí, pero no funcionan. Combatir el fascismo y la guerra, que hoy está tan de actualidad y tanto nos preocupa, no se consigue con el humor si no se tiene el talento y el genio suficientes de un Wilder, un Lubitsch, un Chaplin o incluso un Saura, que no fue muy propicio para la comedia y sin embargo convenció con ¡Ay, Carmela!. Una fotografía preciosista, una puesta en escena esmerada y una música engolada y enfática no consiguen remontar un resultado que se queda muy lejos de sus intenciones, por buenas que éstas sean.

martes, 27 de octubre de 2026

WILDWOOD: EL BOSQUE SALVAJE Prodigio estético de inapropiado contenido

Título original: Wildwood
USA-Reino Unido-Canadá 2026 132 min.
Dirección
Travis Knight Guion Chris Butler, según la novela de Colin Meloy y Carson Ellis Fotografía Caleb Deschanel (animación) Música Dario Marianelli Voces (en versión original) Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala Ali, Awkwafina, Angela Bassett, Richard E. Grant, Tom Waits, Len Cariou, Jake Johnson, Charlie Day Estreno en España, Reino Unido y Estados Unidos 23 octubre 2026


Celebrada ya como la gran película de animación del año, Wildwood es desde luego un prodigio técnico que no deja indiferente y sorprende con cada plano minuciosamente concebido. Pero también es un cuento que recupera el estilo y la temática de los antiguos cuentos infantiles, repletos de personajes malignos, mucha violencia y aspectos que hoy consideramos completamente inapropiados para los y las más jóvenes. Basada en una serie de libros concebidos por el matrimonio formado por el cantante y escritor Colin Meloy y la ilustradora Carson Ellis, cuenta entre sus personajes con la ya antipática hasta la náusea bruja cruel, en este caso una suerte de reina despechada por haber perdido a su hijo, que busca en el de otros la forma de recuperar el suyo.

A partir de ahí, una joven atraviesa el bosque que siempre ha sabido estaba maldito y prohibido, y surgen personajes de todo tipo, sobre todo de carácter fabulador, animales a veces hipertrofiados que hablan y se comportan como humanos. Como se puede observar, nada nuevo en el horizonte, empeorado por el hecho de que su tercio final contiene algunas de las secuencias más violentas jamás vistas en una película animada, que aunque se venda como producto para adultos, no impedirá que muchos padres y madres acudan a verla con sus hijos e hijas.

Por supuesto que desde el punto de vista técnico y artesanal, la película es sensacional. La minuciosa técnica del stop motion sirve en esta ocasión para mostrar asombrosas texturas de muñecos de plástico, mientras otras técnicas de animación contribuyen al perfecto acabado de ambientes y atmósferas. El responsable de ponerlo todo en orden es Travis Knight, que hace unos años ya convenció a muchos con Kubo y las dos cuerdas mágicas, y este mismo año se enfrentó con éxito y humor a He-Man y los Masters del universo. Detrás de todo está la productora Laika Entertainment, responsable, entre otras, de la también celebrada Los mundos de Coraline, que tenía intenciones y objetivos mucho más apropiados. El grupo del propio Colin Meloy, The Decemberists, se encarga de acompañar los hermosos títulos de crédito finales.

CLAYFACE Un cómic de terror, diferente y entretenido

USA-Reino Unido 2026 108 min.
Dirección
James Watkins Guion Mike Flanagan y Hossein Amini, según el cómic de DC Comics Fotografía Rob Hardy Música Volker Bertelmann Intérpretes Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan, Joana Ribeiro, Joshua James, Will Coban, Adam Silver Estreno en España 22 octubre 2026; en Estados Unidos y Reino Unido 23 octubre 2026

Clayface, o si se prefiere Cara de arcilla, es uno de los villanos que acompañan a las tiras de Batman, y como todos y todas ellas, tiene un pasado turbulento y traumático que le ha llevado a comportarse de manera hostil. Pero en el caso de este singular personaje, su historia resulta más digerible, divertida y original. Pasamos así del glamour y la sofisticación de Hollywood, aquí Coast City, al más amenazante, oscuro y misterioso ambiente de Gotham City, y del estrellato y una nominación al Oscar incluida, al desprecio, el abandono y el más cruel anonimato como consecuencia de un espeluznante ajuste de cuentas. Desfigurado, nuestro antihéroe encontrará en la experimentación médica una arriesgada salida de la desgracia, asumiendo posibles efectos adversos. A partir de ahí nos enfrentamos a un personaje muy interesante, una especie de metáfora sobre lo que consiste ser actor, interpretar y meterse en el cuerpo de cientos, miles de personajes, aunque en esta ocasión actúe como arma para la más terrible, aparte de terrorífica, venganza.

No escatima la cinta en secuencias de carácter gore, desagradables e incluso directamente asquerosas, dentro de un conjunto que no abusa de metraje, como otros trabajos semejantes, y acaba resultando sumamente entretenido. Su director, James Watkins, coqueteó con el terror en La mujer de negro y No hables con extraños, mientras hizo lo propio con el cine de gánsteres, que aquí también tiene su protagonismo, en la serie McMafia. Por su parte, la pareja de guionistas formada por Hossein Maini y Mike Flanagan, atesora grandes trabajos, de adaptación de todo tipo de grandes autores y géneros, el primero, como director de películas tan logradas como La vida de Chuck, el segundo. Juntos consiguen un guion modélico, ajustado y divertido, que entretiene de principio a fin y cuenta con una dirección artística tan modélica como sus sorprendentes efectos visuales.

En el apartado interpretativo, el hasta ahora semi desconocido Tom Rhys Harries logra un trabajo sobresaliente en el que consigue aunar el atractivo del joven aspirante a estrella con su atormentada personalidad, labrada con un pasado poco agraciado y un presente malogrado por la desventura, desdoblándose así en una especie de Doctor Jeckyll y Mister Hyde, mientras cuenta con una joven doctora Frankenstein como aliada, aunque asentada sobre el pilar de la humildad, la reflexión y la mesura, a la que da vida Naomi Ackie. Volker Bertelmann se une a la amplia camarilla de compositores que han ilustrado el mundo del cómic, con una banda sonora intrigante, sólida y oscura, como corresponde a esta inquietante empresa que no pierde además la ocasión para definir una vez más un mundo tan hipócrita y deshumanizado como el de la fábrica de los sueños cinematográficos.

LEONES EN INVIERNO Violento padre coraje

España 2026 117 min.
Dirección
Albert Pintó Guion Juma Fodde, según la novela de Carlos Augusto Casas Fotografía David Acereto Música Frank Montasell y Lucas Peire Intérpretes Luis Zahera, Roberto Álamo, José Manuel Poga, Inma Cuesta, Luis Callejo, Ana Wagener, Jordi Mollá, María Romanillos, Irene Escolar, Antonio Durán, Franky Martín, Nicolás Furtado, Amaia Aberasturi Estreno 22 octubre 2026

Albert Pintó
se ha curtido básicamente en thriller y cine de acción, colaborando en las series La casa de papel y Berlín, y dirigiendo películas de terror como Malasaña 32 y pura acción presuntamente adrenalítica como Tierra de nadie. Su mejor trabajo para nosotros es Nowhere, un film que hizo para Netflix en el que Anna Castillo vivía una situación límite a bordo de un contenedor a la deriva en el océano. Leones en invierno mezcla todo tipo de clichés y personajes tópicos en una trama desquiciada y hasta cierto punto descerebrada, responsabilidad no sólo de los cineastas, director y guionista, sino del autor de la novela en que se basa, Carlos Augusto Casas, que ya vio como otra obra suya, Ya no quedan junglas, era llevada al cine hace unos años, con Ron Perlman, Megan Montaner y Karra Elejalde entre los protagonistas.

Un terrible accidente nocturno en plena Gran Vía madrileña deriva en una venganza atroz y disparatada por parte de un padre coraje sin ningún tipo de moral ni principios. Lo que podría haber sido una interesante radiografía del perfil del policía más salvaje y brutal, como los que a menudo cargan contra manifestaciones legítimas, se convierte en un esperpento que llega a provocar vergüenza ajena y que toma el exceso como su particular declaración de intenciones. Mafias, policías corruptos, skin heads, yonquis y una trama en la que no faltan las socorridas casualidades, tejen un producto en definitiva impresentable.

Protagonizado fundamentalmente por hombres duros, como el policía coleguita que no duda en meterse en mil complicaciones, al que da vida Roberto Álamo, la mujer queda relegada a personaje decorativo, eso sí, más racional y reflexivo. Por cierto, sólo transcurrida media hora se conoce un dato fundamental, un importante giro de guion que la sinopsis autorizada por la productora revienta nada más arrancar. Entre tráilers y argumentos publicados, están logrando que ir al cine pierda el encanto de la sorpresa y el descubrimiento.

sábado, 24 de octubre de 2026

AMOR Y ODIO, MUY MARCADOS EN ROMEO Y JULIETA

Roméo et Juliette. Ópera de Charles Gounod. Libreto de Jules Barbier y Michel Carré, según la obra de William Shakespeare. Sasha Yankevych, dirección musical. Luca De Fusco, dirección escénica. Marta Crisolini Malatesta, escenografía y vestuario. Gigi Saccomandi, iluminación. Alessandro Papa, video. Alessandra Panzavolta, coreografía y asistente de dirección escénica. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, dirección). Con Nina Minasyan, Pavol Breslik, Riccardo Fassi, Zoltan Nagy, Anna-Doris Capitelli, Mario Bahg, Maxim Lislin, Elena Maximova, Pablo Puértolas, Andrés Merino, Julien Van Mellaerts y Valery Guilmanov. Producción del Teatro dell’Opera de Roma. Teatro de la Maestranza, viernes 23 de octubre de 2026


No podemos negar que el espectáculo disfrutado ayer en el Maestranza, y que se repite los días 27 y 31 de este mes, es notable. Pero tampoco que ofrece algunas líneas discutibles, sobre todo en lo que afecta a su puesta en escena, producto de la Ópera de Roma y el trabajo del veterano Luca De Fusco. Hacía veinte años que este título de Charles Gounod no se representaba en Sevilla, y vuelve ahora con más acierto que en aquella ocasión, cuando una oscurísima dirección artística y unas voces poco convincentes, enturbiaron el extraordinario trabajo a la dirección musical de Michel Plasson, toda una referencia en el repertorio galo y en este autor en particular, así como la encomiable aportación del coro, entonces de la Asociación de Amigos del Maestranza.

Un acertado elenco y el depurado trabajo de coro y orquesta, consiguieron anoche un mejor resultado, marcado una vez más por la particular impronta del director de escena, que ha decidido que nada mejor en los tiempos que corren que ambientar este drama de amor y odio en la Italia de Mussolini, con unos amantes de Verona coloridos en rostro y vestuario, frente a unos secundarios y unos figurantes maquillados como muertos vivientes, o si alguien lo prefiere, vampiros o criaturas de la noche. Odio y amor, muy marcados en esta producción que confía en la video-creación su poder de sugestión.

Un único escenario, moldeado por la luz, y un filtro abusivo

Esta producción romana se presentó con un solo decorado físico, potenciando la tendencia actual a minimizar los recursos y sacar el máximo provecho al presupuesto. Pero sobre él, un frontal de grandes ventanales arqueados, se van sucediendo una serie de proyecciones que modifican su aspecto y lo hacen propicio para cada escena y ambiente. Además, también se confía a la proyección el subrayado de unas emociones y unos sentimientos que, francamente, no lo necesitan, están ya en la música, el texto y la forma de abordarlo por sus responsables.


Pero es en el uso excesivo de la pantalla filtro, por delante de la escena, ideal para proyectar imágenes en vuelo, ya sean las estrellas y la luna de la escena del balcón, o la cruz de la boda, lo que más llegó a irritarnos. Menos mal que no afecta a la proyección de las voces, pero sí a la nitidez de la imagen y el matiz de sus protagonistas. Y en esta ocasión hubo cierto abuso de este, por otro lado, tan trillado recurso. De hecho, todo el segundo acto, en el que el balcón de Julieta asemejaba un patíbulo o cadalso, para marcar todavía más el fatal destino de los amantes, estuvo presidido por el dichoso filtro.

Una buena dirección artística debe adaptarse como un guante a la música a la que sirve. La de De Fusco lo hizo en buena medida, pero falló en momentos como el baile del primer acto, donde la jubilosa y suntuosa composición musical no encontró eco en la intencionada coreografía mortecina de los figurantes. Estuvieron acompañados además por una participación de esgrimistas de pésima coreografía, algo que el ballet que acompañó a la marcha nupcial del cuarto acto, redimió de manera considerable.


Una rutilante pareja protagonista

Nada antológico sería un Romeo y Julieta sin una pareja protagonista que fuera capaz de estar a la altura de sus exigencias canoras e interpretativas. La armenia Nina Minasyan y el eslovaco Pavol Breslik exhibieron virtuosismo y compenetración en todo momento, logrando que el conjunto se elevara por encima de una media ya de por sí bastante satisfactoria. Aunque atesora una carrera todavía breve, la soprano demostró cualidades de sobra a la hora de encarar tan complejo personaje. Cantó su célebre vals Je veux vivre con brío y soltura, a pesar de que atisbamos algún pequeño defecto en el control de la respiración. El resto estuvo sobrada, puro dechado de virtuosismo, con el tono justo de dramatismo y una portentosa capacidad trágica, luciéndose especialmente en Amour ranime mon courage del cuarto acto. No hubo inflexión, agilidad ni portentoso agudo que se le resistiera. Se notó que se tomó la empresa con toda la seriedad que exige.

También brilló Breslik, que ya a comienzos de su carrera, hace veinte años, vaticinó una voz poderosa y una enorme esperanza para el arte lírico, corroborándolo ahora con trabajos tan impecables como el que ofreció anoche en el Maestranza. Una voz de precioso timbre, bien esmaltado, al servicio de una técnica portentosa y un buen gusto encomiable. Defendió sus dos grandes arias, Ange adorable y la famosa cavatina Lève-toi, soleil, con ahínco y sabiduría, provocando el entusiasmo del público. Juntos, ofrecieron unos dúos de gran calidad, especialmente en la escena del lecho, rodeados de cortinas y pañuelos blancos blandiendo al aire. Mucha compenetración, una actuación convincente, y un canto seguro y con el toque temperamental justo, lograron el éxito.


Sensacional Riccardo Fassi como Frère Laurent, bajo de voz profunda que no desfalleció en ningún momento, componiendo un personaje sólido y con mucho relieve. Maravillosa también Anna-Doris Capitelli como Stéphano, paje de Romeo, rotunda y diamantina en su aria de provocación, que suscitó una sincera ovación del público. Más justos estuvieron Maxim Lissin como Mercutio y un apurado por continuos roces, seguramente corregibles en próximas funciones, Mario Bahg como Tybalt. Mención especial merece Zoltan Nagy como padre de Julieta, preciso y rotundo tanto a nivel canoro como dramático, mientras Elena Maximova y Andrés Merino cumplieron con ahínco y competencia sus breves cometidos. De anecdótica podemos tildar la aportación del veterano bajo ruso Valery Guilmanov, que acusó las inclemencias del tiempo en su voz temblorosa, como Duque de Verona, ataviado como Il Duce.

Una dirección encomiable

No nos hizo añorar al imprescindible Plasson la batuta del joven ucraniano Sasha Yankevych, contundente en sus arranques, apasionado en los momentos álgidos de tan romántica partitura, siempre preciso y atento a las voces, completando un trabajo extraordinario al que la ROSS supo plegarse en todo momento, protagonizando momentos de gran relieve y emoción.

Igualmente pudimos disfrutar de otro trabajo impecable del Coro del Maestranza, tan disciplinado y responsable como nos tiene acostumbrados, y que en una ópera como ésta, que tantas oportunidades le da, tiene especial mérito.

Fotos: Guillermo Mendo (Teatro de la Maestranza)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 23 de octubre de 2026

BLUE HERON Los pliegues de una fragilidad mental

Canadá-Hungría 2025 90 min.
Guion y dirección
Sophy Romvari Fotografía Maya Bankovic Intérpretes Iringó Réti, Ádám Tompa, Edik Beddoes, Amy Zimmer, Eylul Guven, Liam Serg, Preston Drabble Estreno en el Festival de Locarno 8 agosto 2025; en Hungría 11 junio 2026; en España 23 octubre 2026

Aunque la directora canadiense de origen húngaro, Sophy Romvari, describe su primer largometraje de ficción como un análisis de lo imperfecta que puede llegar a ser la memoria, lo cierto es que este trabajo de tintes autobiográficos demuestra que su autora tiene unos recuerdos de su infancia más bien infalibles, vertidos fundamentalmente en la brecha emocional que su hermano mayor, con trastorno psicológico, debió originar en la, por otro lado, aparentemente idílica vida familiar.

Estrenada en el Festival de Locarno el año pasado, donde se alzó con el premio a la mejor ópera prima, y tras pasar por una multitud de festivales, entre los que destacan el de Toronto, donde logró el premio al mejor descubrimiento canadiense, y el de San Sebastián, donde obtuvo una mención especial del jurado, esta Garza azul, como se traduciría su título original, trata con delicadeza un tema tan espinoso, invitándonos primero a infiltrarnos en un verano familiar en Vancouver a finales del siglo pasado, para después avisarnos de esa presencia turbadora que la más joven de la familia, una suerte de alter ego de la directora, observa con tanta curiosidad como respeto, ternura y condescendencia.

Tras un periplo que podríamos considerar justificadamente moroso, jalonado de secuencias que demuestran la fuerza y el empeño de unos padres por sacar adelante a esta involuntaria oveja negra, la película se pliega sobre sí misma, y sobre los tiempos, para ofrecer a través de un recurso estrictamente cinematográfico, la conclusión psicológica y sentimental que en la joven ha causado esa infancia marcada por la enfermedad mental que sufrió y sufre el mayor de sus hermanos. Todo un ejercicio de liberación para la propia cineasta, sustentada en una atención primorosa al paisaje y el encuadre, y las notables interpretaciones de todos y cada uno de las integrantes de tan preocupada familia. No importa si al final no logró ninguno de los siete premios de la academia canadiense a los que optaba; eso no le quita el mérito de tratarse de uno de los filmes más estimulantes del entrañable país norteamericano del año pasado.