Guion y dirección Marcelo Martinessi, según la novela de Guido Rodríguez Alcalá Fotografía Luis Amargo Arteaga Música Zeltia Montes Intérpretes Diro Romero, Manuel Cuenca, Margarita Irún, Nahuel Pérez Biscart, Mona Martínez, Arturo Fleitas, Aníbal Ortiz, Natalia Cálcena Estreno en el Festival de Berlín 17 febrero 2026; en Paraguay 9 abril 2026; en España 2 octubre 2026
Con su primer largometraje, Las herederas, el director paraguayo Marcelo Martinessi logró un reconocimiento unánime de la crítica y una proyección internacional casi sin parangón en su país. Premio Especial del Jurado y premio a la mejor actriz en Berlín, además de obtener, entre otros, el Platino a la mejor ópera prima hace ocho años, nos hablaba en clave tan delicada como rotundamente sutil, sobre los prejuicios imperantes en una sociedad tan conservadora como la de su país, consecuencia inmediata de la dictadura de Alfredo Stroessner a la que estuvo sometida durante casi treinta y cinco años. En todo este tiempo, Martinessi se ha dedicado a indagar sobre la historia de Bernardo Aranda, un locutor de radio y bailarín que pretendió regalar un poco de luz y de color a un país que poco a poco se iba marchitando con las fuerzas de la represión y la intolerancia. En él se basó la novela de Guido Rodríguez Alcalá que ha servido de base para la película, una vez sometida a las variaciones necesarias para dar una entidad propia y diferente al producto. Martinessi convierte en Narciso el atractivo físico de Diro Romero, mostrándonos así un personaje seductor que, a través de su particular pasión por el rock ’n’ roll de los cincuenta, procura, sin una intención directa, traer algo de aire fresco a un pueblo que languidecía bajo el prisma de una visión grisácea y decididamente folclórica a la que tanto se prestaba Radio Capital, protagonista a través de sus particulares artífices, del aguijón que malogra el futuro y la esperanza que proporciona el joven con su pálida luz, llamada a extinguirse bajo el severo yugo del autoritarismo.
Ni la coproducción entre varios países iberoamericanos y europeos, ha logrado financiar con holgura una película que busca en el talento y el ingenio la fórmula para darle al conjunto la ambientación y la atmósfera que requiere. Ambientación a finales de los cincuenta, atmósfera de cine negro, con un crimen en el horizonte y los clásicos peones que pueden dar con la clave para resolverlo. Pero a Martinessi lo que más le interesa es plasmar el miedo y la oscuridad del régimen, en este caso el stronismo que sometió al país, como otros regímenes latinamericanos de la era anti soviética articulada por Estados Unidos, así como demostrar cómo el aparato resitió tan eficazmente a esas agresiones de alegría, luz y libertad que supusieron episodios como el de Bernardo/Narciso, y que confluyeron en mayor represión y dolor. Recurrir hasta en cuatro ocasiones a la emisión de Drácula de Bram Stoker en la radio, recreada en directo ante un público aterrado, con voces y efectos de sonido que parecen directamente sacados de ultratumba, potencia esa sensación de miedo e incomprensión ante la oscuridad, a lo que contribuye una fotografía abundante en claroscuros, sólo perceptible si las condiciones de proyección le hacen justicia.
En el resto del reparto destaca Manuel Cuenca, perfecto representante del vampirismo que se establece en un régimen autoritario, que sin perder sus privilegios, no duda en adoptar comportamientos hipócritas que ayuden a satisfacer sus deseos más profundos. Por otro lado, el actor hispano francés Nahuel Pérez Biscayart afronta con acierto su papel de agregado cultural de la embajada de Estados Unidos, otro vampiro que hace y deshace, buscando el placer prohibido a la vez que potencia el hipotético carácter imprescindible de la ayuda norteamericana que procure un dominio preciso de la situación. Además de Mona Martínez dando vida a la casera y amante ocasional del protagonista, la compositora Zeltia Montes completa la aportación española, echando mano una vez más de su querida cuerda, ideal para aumentar esa atmósfera desgarradora y desconcertante que logra transmitir la película.





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