USA 2026 101 min.
Dirección David Ayer Guion Cameron Alexander Fotografía Mauro Fiore Música Jared Michael Fry Intérpretes Brad Pitt, J.K. Simmons, Anna Lambe Preestreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2026; estreno en España y Estados Unidos 25 septiembre 2026
Historias de amistad entre un hombre y su perro hay a montones, destacando siempre la absoluta e inquebrantable fidelidad del animal hacia su compañero. Quizás la más significativa de todas sea Hachiko, varias veces llevada al cine, la más popular de la mano de Lasse Hallström con Richard Gere como protagonista. Pero el guion de Cameron Alexander para En el corazón de la bestia parece entroncar más con el imaginario de Jack London, especialmente su novela corta The Call of the Wild (La llamada de la selva), llevada al cine al menos en tres ocasiones, con Clark Gable dirigida por William A. Wellman en 1935, con Charlton Heston dirigida por Ken Annakin en 1972, y con Harrison Ford dirigida por Chris Sanders en 2020. El apoteósico viaje del hombre duro junto a su perro, buscando un tesoro por tierras agrestes llenas de peligros, parece emparentar con esta historia de supervivencia en otro ambiente natural en principio indomable.
Los hombres duros parecen se la especialidad del director David Ayer, que sin atesorar precisamente ninguna obra maestra en su currículo, ha dirigido a Schwarzenegger en Sabotage, Jason Statham en Beekeeper: El protector y A Working Man, Keanu Reeves en Dueños de la calle, Christian Bale en Vidas al límite, Jake Gyllenhaal en Sin tregua y Will Smith en varios trabajos para el cine y la televisión, incluido Escuadrón suicida. Con Brad Pitt ya trabajó en Corazones de acero, y ahora repite en la que podríamos considerar la mejor película de este director, para deleite de incondicionales del actor, reafirmando su carácter de súper estrella, capaz de convencer con su apostura y condición física, a pesar de superar los sesenta, en un papel tan sufrido y esforzado. Con un argumento mínimo y el aliciente de contar con cuatro perros reales para dar vida a Odín, en lugar de los efectos digitales a los que se prestaba el perro de Harrison Ford, la película se disfruta por sus suntuosos paisajes en Alaska (en realidad Nueva Zelanda) y la frescura, llena de ternura, del animal.
Quizás el hecho de que Ayer sea especialista en hombres duros, provoque que Pitt interprete a un ex combatiente de las fuerzas especiales, justificando los traumas sufridos por él y su mascota, perro de combate. No hay que buscar más razones que nos conduzcan a un ideario reaccionario que nuble lo que verdaderamente importa, la extrema fidelidad y el amor profundo que se dispensan ambos protagonistas en una historia de supervivencia a la que, sin embargo, a menudo cuesta someterse, tal es la extrema gravedad de los peligros a los que se enfrentan. Merece destacarse la lírica banda sonora del desconocido Jared Michael Fry, que potencia el carácter místico y, a pesar de los terribles episodios narrados, relajante de esa naturaleza salvaje y hermosa, esperanza en un planeta que todavía respira.


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