lunes, 22 de junio de 2026

EL DÍA DE LA REVELACIÓN Magia infantil

Título original: Disclosure Day
USA 2026 145 min.
Dirección
Steven Spielberg Guion David Koepp y Steven Spielberg Fotografía Janusz Kaminski Música John Williams Intérpretes Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell, Elizabeth Marvel, Henry Lloyd-Hughes, Hettienne Park, Courtney Grace Estreno en Estados Unidos y España 12 junio 2026


Steven Spielberg se lo puede permitir
, hacer una película a partir de un argumento delirante y un punto disparatado, y de paso recuperar el tipo de historias que le hicieron célebre a finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado. Para ello vuelve a colaborar con David Koepp, con quien además de otros títulos, renovó muy satisfactoriamente La guerra de los mundos, el drama radiofónico con el que Orson Welles saltó a la fama en la década de los treinta de ese mismo siglo. Consigue mantener a lo largo de un buen metraje de la película, la misma intriga con la que nos ha seducido durante meses gracias a una estrategia comercial extraordinaria, que acaba entroncando con situaciones que nos recuerdan mucho a uno de sus primeros y más fascinantes trabajos. Pero en su desarrollo reclama la confianza y complicidad de un público que asiste algo atónito a una propuesta que derrocha magia, a veces e forma algo inexplicable, y apuesta de nuevo por la ingenuidad que hemos perdido tras abandonar la infancia. Es por ello que saludamos esta nueva película de una filmografía apasionante, como el nuevo capricho de un director que se niega a madurar, que prefiere sentirse niño y hacernos disfrutar con otro cuento de alguna manera infantil, referencias explícitas incluidas, sin renunciar a cuestiones que nos preocupan como seres humanos, tantas veces temerosos y temerosas de nuestra propia extinción.

De esta forma, la creciente proliferación de guerras que acucia al planeta, aunque sospechosamente responsabilizando a mandatarios como Pionyang o Putin antes que mojarse con Trump o Netanyahu, se combina con el maltrato medioambiental y otros miedos recurrentes. En el fondo, el esfuerzo por mantener el secreto de relevantes informaciones, se convierte en principal tema de una película en la que los elegidos son permanentemente perseguidos por quienes salvaguardan los referidos secretos sin desclasificar, generando situaciones tan espectaculares y adrenalíticas como el choque ferroviario. No obstante, no se trata de una película que busque el efecto visual deslumbrante. De hecho, ya se guarda Janusz Kaminski, habitual director de fotografía de Spielberg, de dar al conjunto el aspecto más verosímil posible, sin grandes alardes tecnológicos que sitúen su acabado formal parejo al de las grandes superproducciones de súper héroes y similares. Cabe apreciar la capacidad inmarchitable de su director para entretener y sorprender, rodeándose de sus habituales colaboradores, entre quienes destaca la enésima colaboración con John Williams, que a sus noventa y cuatro años sólo se permite volver a componer si es para su gran amigo, y aunque no aporta una de sus bandas sonoras más inspiradas, demuestra una vez más por qué tantos nos hemos aficionado a la música de cine.

En el apartado interpretativo destacan especialmente ellas, Emily Blunt dándolo todo y Eve Hewson aprovechando lo que podría ser su oportunidad definitiva. Dogmas de fe, creencias religiosas y confianza en un universo generoso, completan la visión de un director que sigue haciendo nuestras delicias, aunque sea con trabajos aparentemente menores, a los que el paso del tiempo deberá juzgar para hacernos o no cambiar de opinión. Pero se trata, sobre todo, del trabajo de un cineasta que se niega dejar de ser niño y se atreve a delirar y disparatar, aunque sólo sea en apariencia, pues analizándolo bien, todo lo que parece fantástico podría hasta ser real.

TOY STORY 5 Reivindicación de la infancia tradicional

USA 2026 102 min.
Dirección Andrew Stanton Guion Andrew Stanton y McKenna Harris Fotografía Matt Aspbury y Jean-Claude Kalache (animación) Música Randy Newman Voces (en versión original) Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Greta Lee, Conan O’Brien, Tony Hale, Craig Robinson, Shelby Rabara, Scarlett Spears, Mykal-Michelle Harris, Bonnie Hunt Estreno en España 17 junio 2026; en Estados Unidos 19 junio 2026

Creador, entre otros históricos de Pixar, de esta pionera saga, Andrew Stanton se ha encargado hasta ahora de colaborar en los guiones de las anteriores entregas, pero nunca a dirigirlas. Sí estuvo a cargo de la dirección de otros títulos míticos de la casa, como Wall-E o Buscando a Nemo, e incluso ha probado fuera de la empresa con películas como John Carter o, este mismo año, En un instante, drama de vidas cruzadas con un toque de ciencia ficción. Stanton debuta con la quinta entrega en la dirección de su propia creación, alargándola sin renunciar al consabido mensaje educativo, esta vez orientado a reivindicar el juguete tradicional y el juego en compañía, frente a la soledad y prematura madurez que proporcionan tablets y teléfonos móviles.

De esta forma, la villana de turno es un iPad que condiciona la avidez de una niña por ser aceptada e incluida entre otras de su edad. La misión de los juguetes protagonistas será ayudarla en su cometido, hasta encontrar la compañera de juegos ideal que garantice el normal desarrollo de una infancia sana y adecuada. El relevo lo protagoniza en esta ocasión la vaquera Jessie, relegando a un segundo plano a Woody, mientras Buzz Lightyear se mantiene en su habitual segundo puesto, aunque multiplicado en ejército, uno de los principales hallazgos de una película que no hace tanto alarde narrativo y técnico como anteriores entregas.

Cabe apreciar el esmero puesto para que, a pesar de los más de treinta años transcurridos desde el primer capítulo, el cambio estético y tecnológico no rechine demasiado. Por lo demás, se agradece su mensaje, hábilmente dirigido al público infantil que se preste a verla, así como a sus progenitores, como forma de mantener la misma ilusión que disfrutaron ellos y ellas. En el apartado musical, Randy Newman recupera el espíritu desplegado a lo largo de la serie, fiel a su estilo y con puntuales referencias a icónicos temas compuestos para capítulos anteriores. Pero como el resto de la función, no hace especial alarde creativo sin más intención que perpetuar la empresa.

domingo, 21 de junio de 2026

AIDA EN EL IMPERIO GALÁCTICO

Ópera de Giuseppe Verdi. Libreto de Antonio Ghislanzoni y Camille du Locle, inspirado en un texto de Auguste Mariette Bey. Daniele Callegari, dirección musical. Paco Azorín, dirección escénica, escenografía e iluminación. Carlos Martos de la Vega, movimiento y dramaturgia. Ana Garay, vestuario. Pedro Chamizo, diseño de video. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, dirección). Con Marigona Qerkezi, Alejandro Roy, Ketevan Kemoklidze, Ernesto Petti, Insung Sim, Manuel Fuentes, Néstor Galván, Patricia Calvache y el funambulista David Marco. Nueva producción del Teatro de la Maestranza, en colaboración con ABAO Bilbao Ópera, Auditorio de Tenerife, Teatro Municipal de Santiago de Chile y Teatro Nacional de Sâo Carlos de Lisboa, con la participación del Festival Perelada. Teatro de la Maestranza, sábado 20 de junio de 2026


Ha tenido suerte la antepenúltima ópera de Verdi en nuestro teatro. Pudimos disfrutarla mucho hace trece años, cuando nos llegó de la mano de los suntuosos decorados de papel de Josep Mestres Cabanes, de lo poco que no pereció en el devastador incendio del Liceo de 1994. Se trataba entonces de una minuciosa recreación de ese Egipto que hemos aprehendido en nuestra memoria y que se ha perpetuado en producciones cinematográficas de gran calado épico. La propuesta de Paco Azorín para esta nueva producción del propio Maestranza en colaboración con las óperas de Bilbao, Tenerife, Santiago de Chile y Lisboa, así como el Festival de Perelada, tiene también su referente cinematográfico. Pero esta vez nos lleva más bien a un futuro de tintes galácticos, en una operación que en cierto modo nos recuerda a la que realizó La Fura dels Baus para el ya mítico Anillo de Les Arts. 

Así, Azorín apuesta por una puesta en escena tecnológica, unos figurines muy trabajados a nivel conceptual, y una concepción global del espectáculo tan medida como decididamente efectiva. Pero no traiciona ni en una sola coma la dramaturgia a la que sirve, logrando una narrativa tan fluida, precisa y sencilla, que la trama se sigue sin esfuerzo alguno, y sin la tan temida pretensión de tantos autores de dejar su huella con ocurrencias más o menso acertadas que enturbian el concepto original del título en cuestión. Tan sólo un personaje extra, el joven Odiseo, que viaja del futuro al pasado para constatar que todo sigue siendo igual, guiado por las pasiones que construyen, fundamentalmente el amor, y las que destruyen, la ambición y el sadismo hacia el prójimo.

Equilibrio conceptual y literal

Sin embargo, y a pesar de que la intención del director artístico queda manifiestamente patente por sus propias palabras, a nosotros el viaje se nos antojó al revés, de un pasado opresor y sanguinario a un Egipto futurista, a través de un portal quizás inspirado en el que atravesaban James Spader y Kurt Russell en Stargate, precisamente para enfrentarse a un Egipto dominado por extraterrestres, aquí la autoridad eclesiástica. En ese espacio, Odiseo asiste perplejo a las intrigas políticas de una civilización en guerra con el pueblo etíope, primero con carácter de mero observador, después participando activamente y tomando partido por la desdichada protagonista.

David Marco y Marigona Qerkezi

El excepcional equilibrista y acróbata circense David Marco presta su físico trabajado al extremo a este personaje adicional que nos pone el alma en vilo mientras atraviesa el escenario de lado a lado sobre la cuerda floja, haciéndola suya y demostrando un dominio extraordinario de su cuerpo y flexibilidad. Claro que el atrevimiento tiene también su contrapartida, y es que su casi omnipresencia llega en algunos momentos a distraer nuestra atención, incluso por encima del bello canto de la esclava etíope.

Hermosísimas proyecciones sobre paneles de gran resolución, de nuevo obra de Pedro Chamizo, ya presente en el anterior título de la temporada, Marina, se erigen en principal escenografía, evocando pirámides, desiertos, frisos, jeroglíficos y despiadadas deidades de extraordinaria belleza estética. De las alturas descienden grandes portales geométricos de neón, de entre los que destaca naturalmente el que tiene forma de triángulo piramidal. Jaulas y artilugios de guerra ornamentados con barras de neón que evocan espadas láser, completan una inteligente escenografía que se enriquece con un esmerado vestuario también inspirado en el imaginario cinematográfico, tanto histórico como futurista.


Especialmente destacable es la decisión de ilustrar el mítico desfile glorioso de las hordas egipcias tras el triunfo sobre los etíopes, al que acompaña la célebre marcha Gloria a Egipto, no con fastos y bailes, sino con trofeos humanos, esas víctimas torturadas y masacradas con las que acaban ensañándose las guerras, un terrible espectáculo que todavía hoy ocupa los espacios centrales de nuestros informativos.

Una batuta con clarividencia y autoridad

La producción de Azorín se beneficia además en Sevilla de un elenco vocal muy satisfactorio y una batuta con ideas muy claras y soluciones a la altura del acontecimiento. La dirección del maestro Daniele Callegari, gran conocedor del universo verdiano, como se desprende tanto de su currículo como de su forma de abordarlo en la práctica, logró momentos de enorme inspiración lírica, así como otros perfectamente al servicio de la épica propuesta, muy en especial el famoso himno-marcha ya aludido, en el que resplandecieron las fanfarrias bajo responsabilidad de las así llamadas trompetas de Aida, situadas de forma estratégica sobre el foso a ambos lados del escenario.

Callegari estuvo atento a todas las inflexiones de índole orientalista de la obra, sacando el máximo partido de los quejumbrosos solos del oboe y las mezclas cromáticas entre la flauta grave y el arpa egipcia, y en general de toda la fastuosa y colorista instrumentación, tan mágica en las noches junto al Nilo como dramáticas en los incesantes cuadros que se van paulatinamente formando entre las distintas voces concurrentes. Como de costumbre, la Sinfónica respondió a todas estas exigencias con ahínco y responsabilidad, logrando una interpretación memorable de tan insigne página.

La voz estremecedora de Marigona Qerkezi

Qerkezi y Ketevan Kemoklidze

Desde su primer aria trascendente, Ritorna vincitor, la capacidad de la soprano kosovar Marigona Qerkezi para estremecer y encandilar quedó manifiesta. Ideal en el rol, por su calidad como soprano lírico spinto, de íntimo lirismo e intensidad dramática, volumen de sobra y dulce timbre a pesar de tratarse de una voz gruesa, Qerkezi convenció más en su línea de canto, siempre fluida y atenta a los matices, que en su talento interpretativo, evidenciándose algo corta como actriz. De haber combinado ambas facetas con mayor acierto, su Aida habría conseguido una aceptación unánime. Aún así, nos quedamos con su talento musical, manifiesto también en un escalofriante O patria mia del tercer acto, y un conmovedor O terra, addio final.

A su lado, Ketevan Kemoklidze, todavía fresca en nuestra memoria su Carmen de hace un lustro, se esmeró en definir su ambiguo y contradictorio personaje, que no llega a ser una malvada de libro, combinando venganza y generosidad siempre con la misma intención, captar el amor de Radamés. A ese propósito encomendó una Amneris poliédrica, tan medida como matizada. Y a ella prestó un canto flexible y a la vez contundente, de voz potente y cálida y una capacidad extrema para pasar por diferentes estados de ánimo. Holgada en el registro agudo, Kemoklidze brilló en gran parte de su actuación, también en el aspecto estrictamente actoral.

Alejandro Roy y Ernesto Petti

Por su parte, Alejandro Roy, que el año pasado debutó con el mismo rol en el Met, y de quien en el Maestranza nos hemos acostumbrado a sus papeles zarzueleros, fue de menos a más. Y no porque el complejo Celeste Aida arranque nada más empezar la función, sino porque la recitó de manera muy rígida, casi sin fluidez ni legato. Hubo que esperar a los actos tercero y cuarto para disfrutar de su potente voz, ágil y dramática, también con ese punto heroico que caracteriza al guerrero Radamés.

El resto se movió con destreza y profesionalidad, destacando el tono amenazador, lúgubre e inquietante de Insung Sim como el sumo sacerdote Ramfis, catalizador como pocos del anticlericalismo verdiano, ampliamente desarrollado tanto por su esmerada recreación del personaje como por la atinada dirección de Paco Azorín. También estuvo acertado Ernesto Petti como Amonasro, un barítono potente con una interesante línea de canto. Algo menos, un avibratado Manuel Fuentes como rey egipcio, y conciso en su breve aparición el tenor tinerfeño Néstor Galván como mensajero. Fuera de campo, brilló Patricia Calvache como gran sacerdotisa, que supo dar a su canto el timbre, entre sensual y misterioso, que demanda Possente, possente Fthá, una de las páginas más exóticas de la partitura.

Roy, Manuel Fuentes y Kemoklidze

Tanto en éste como en los numerosos pasajes en los que interviene, el coro estuvo inconmensurable, con momentos álgidos como el estremecedor grito de guerra, o su canto glorioso en la popular marcha. Todos y todas al servicio de un espectáculo de gran categoría, hermoso en lo estético, estupendo en lo musical, glorioso en todo lo demás. Aunque lo verdaderamente glorioso será asistir algún día a una función en la que no caigan objetos contundentes al suelo, no suene ningún móvil y apenas se escuche alguna tos, que sea inevitable y perdonable. No fue el caso.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

DREAMS Atracción fatal

México-USA-Reino Unido 2025 100 min.
Guion y dirección
Michel Franco Fotografía Yves Cape Intérpretes Jessica Chastain, Isaac Hernández, Rupert Friend, Marshall Bell, Wes Chapman Estreno en el Festival de Berlín 15 febrero 2025; en México 11 septiembre 2025; en España 19 junio 2026

Con una escueta filmografía, especialmente sus cuatro últimas películas y anteriores a ésta, Michel Franco se ha labrado cierto reconocimiento internacional. Siempre con miras cosmopolitas, lo descubrimos con Las hijas de Abril, protagonizada por Emma Suárez, a la que siguieron un devastador golpe de estado narrado en Nuevo orden, la tormentosa relación matrimonial de Tim Roth y Charlotte Gainsbourg en Sundown y el no menos inquietante reencuentro entre Jessica Chastain y Peter Sarsgaard en Memory. Ahora regresa con la actriz estadounidense para ofrecernos otra historia de atracciones fatales y desencuentros amorosos, en esta ocasión con la inmigración ilegal y la soberbia y prepotencia estadounidense como ejes sobre el que articula una historia de manipulación sentimental y profesional de consecuencias inimaginables.

Tras conocerse en México y entablar una relación erótico sentimental en el que el físico imponente del bailarín Isaac Hernández tiene mucho que ver, la más madura Chastain, que interpreta a una dama de la alta sociedad estadounidense, empeñada en las típicas obras filantrópicas con las que sanar su complejo de clase pudiente y acomodada, desprecia a su juguete sexual cuando éste la busca en San Francisco, donde pretende fraguar una carrera en la danza que le lleve a los máximos niveles de exigencia. Franco desglosa este material dramático con más dispersión y falta de interés real de lo deseable, mientras la venerada actriz se entrega a un espectáculo erótico con el habitual recato hollywoodiense, mientras su compañero se permite algo más de exhibicionismo.

Más de una hora de idas y venidas, que no aprovecha si quiera las posibilidades dancísticas del protagonista y su obligado progreso dentro del Ballet de San Francisco, algunos y algunas de cuyos miembros se prestan como figurantes. Sólo al final se atisba una mayor carga dramática, si bien tan excesiva y definitivamente cruenta que no alcanza a captar toda nuestra credibilidad y convicción, siempre a merced de una denuncia que queda así definitivamente expuesta, con toda la carne en el asador y sin ningún tipo de discreción ni pudor.

DOS PELÍCULAS MÁS DEL FESTIVAL DE SEVILLA QUE NO SE ESTRENAN AQUÍ

A lo largo de los años son muchas las películas que pasan por el Festival de Cine Europeo de Sevilla y después no encuentran espacio en la ciudad cuando se estrenan en todo el país. Otro ejemplo más de graves deficiencias en nuestra gestión cultural.

Es el caso de estas dos películas que se han estrenado este fin de semana, con cuyas reseñas correspondientes os dejamos:

Caso 137

Bajo el mismo sol

sábado, 20 de junio de 2026

VIVA A golpe de ocurrencias

España 2026 112 min.
Dirección
Aina Clotet Guion Valentina Viso y Aina Clotet Fotografía Nilo Mur Música Clara Aguilar Intérpretes Aina Clotet, Marc Soler, Naby Dakhli, Llol Beltrán, Guillermo Toledo, Zaira Pérez, Xavi Daura, Josh Zuckerman, Sau-Ching Wong, Laura Conejero Estreno en el Festival de Cannes 14 mayo 2026; en salas 19 junio 2026

Hace un mes la actriz y realizadora Aina Clotet recibió un destacado premio en el Festival de Cannes, el de estrella emergente de la Fundación Louis Roederer, que se entrega en la Semana de la Crítica. Esto ha potenciado nuestra necesidad de enfrentarnos al particular universo de esta inquieta cineasta, curtida sobre todo como actriz, pero que ha hecho sus pinitos como directora de cortos y, en especial, de la serie Esto no es Suecia, estrenada hace dos años y medio en RTVE Play. Ambientada en una distopía que toma como referente un acuciante cambio climático que reduce a una sequía interminable nuestra aventura en la Tierra, a la vez que un equipo científico en el que su personaje milita, investiga sobre la posibilidad de llegar a los ciento veinte años con buena calidad de vida, lo que sin duda constituye toda una contradicción. Pero no tanto como el hecho de que ella se debata entre la vida y la muerte tras haber superado un cáncer de mama y negarse a someterse a nuevas pruebas para dilucidar si el mal ha desaparecido del todo. 
Ella prefiere afrontar su futuro entregándose a una alegría de vivir sin límites, que en realidad trata de vivir el amor y la sexualidad a sus anchas, entregándose en cuerpo y alma a un seductor joven bailarín, sin ninguna contemplación hacia quienes de verdad la quieren, especialmente una pareja que parece haberlo abandonado todo por su amor incondicional a la madura protagonista.

En este contexto, Clotet se entrega a un experimento de cine libre y desprejuiciado, sin juzgar su personaje pero tampoco enaltecerlo, principal virtud de una cinta que, sin embargo y precisamente por ello, nos presenta un personaje casi sin sustancia, incapaz de empatizar con su entorno sentimental, haciendo y deshaciendo a su antojo. Todo ello siguiendo una ruta impulsada por las innumerables ocurrencias que jalonan su libreto, a medio camino entre el drama y la comedia, con más atención a la segunda, pero sin la gracia ni el desparpajo que se le supone.

Construida en torno a ella como actriz decidida a desnudarse literal y emocionalmente, pero sin que su entrega llegue a calar en profundidad, como parece pretender. Su ambiente decididamente cosmopolita se traduce, entre otras cosas, en el uso de diversas lenguas, castellano, francés, inglés y, sobre todo, catalán, así como una diversidad de espacios entre urbanos (viaje incluido) y rurales, mientras se nos escapa la intención de poblar sus áridas tierras de repelentes insectos, quién sabe si quizás como símbolo de la propia mezquindad de su personaje, aunque ésta sea nuestra conclusión, seguramente no la de su premiada responsable.

martes, 16 de junio de 2026

UN TALENTO ÚNICO Un sentido con mucha sensibilidad

Título original: Tuner
Canadá-USA 2025 109 min.
Dirección
Daniel Roher Guion Daniel Roher y Robert Ramsey Fotografía Lowell A. Meyer Música Marius De Vries y Will Bates Intérpretes Leo Woodall, Havana Rose Liu, Dustin Hoffman, Lior Raz, Tovah Feldshuh, Jean Reno, Nissan Sakira, Gil Cohen, C.S. Lee Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2025; en Canadá 29 mayo 2026; en España 12 junio 2026


A veces cuesta comprender por qué algunas películas, a pesar de su atractivo y encanto, se quedan en el cajón tanto tiempo tras su puesta de largo. Ésta se pudo ver por primera vez en el Festival de Toronto del pasado año, en septiembre, para pasearse por diversos certámenes antes de estrenarse comercialmente hace sólo un par de semanas, en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá. Supone el debut en el largometraje de ficción del canadiense Daniel Roher, afamado documentalista que hace unos años se hizo con un Oscar por su particular retrato de Alexei Navalny, malogrado y principal opositor de Putin. Antes había adquirido también cierto prestigio con Once Were Brothers: la historia de The Band. También la música sirve de hilo conductor en esta película por momentos entrañable, sobre todo en lo que atañe a la relación entre el joven protagonista y su mentor, un afinador de pianos apasionado del jazz clásico que le enseña la profesión. La hiperacusia que sufre este joven aprendiz de afinador, o afinador sin más, le provoca un enorme sufrimiento cuando se enfrenta a cualquier tipo de sonido, pero a la vez se revela en un macrosentido que le permite desarrollar una especial capacidad para abrir cajas fuertes.

Roher apunta interesantes cuestiones de carácter social conforme se va desarrollando una trama en la que la ausencia de seguridad social universal en el país de las libertades y las oportunidades, así como de ese feroz capitalismo cada vez más abrazado en el resto del mundo supuestamente civilizado, funciona como detonante para el resto de la función. El joven Leo Woodall, quien tras protagonizar series como One Day, Prime Target o Vladimir, saltó a la gran pantalla de la mano de la saga de Bridget Jones, como objeto de deseo del personaje titular, realiza un trabajo espléndido, contenido y confiado a una expresividad justa y muy medida. La réplica se la dan fundamentalmente el veterano y entrañable Dustin Hoffman y la joven y delicada Havana Rose Liu.

En el apartado musical, destaca la hábil combinación entre la música incidental electrónica y en cierto modo experimental de Will Bates, y los clásicos del jazz, entre los que destacan Nina Simone, Charles Mingus, Dave Brubeck, Count Basie y Herbie Hancock, que además participa interpretándose a sí mismo en plan cameo. La producción musical de Marius de Vries permite esta estupenda selección, mientras se reserva el atrevido cometido de componer un par de supuestas piezas clásicas contemporáneas cuya calidad está por debajo del prestigio que se le suponen en pantalla. Lástima que estas bondades queden parcialmente dilapidadas en un segmento final con el que parece que su director y autor no encuentra la forma de resolver todos los puntales del argumento, quedando desvaído como conjunto, a pesar de lo cual sirve como un entretenido y elegante thriller sentimental, y la promesa de un interesante cineasta a seguir.