lunes, 2 de febrero de 2026

LES ARTS PRESENTA UN ONEGUIN TRÁGICO PERO DONJUANESCO

Eugenio Oneguin. Escenas líricas en tres actos de Piotr Ilich Chaikovski. Libreto de Konstatin Shilovski y Piotr Ilich Chaikovski, según la novela de Alexánder Pushkin. Timur Zangiev, dirección musical. Laurent Pelly, dirección escénica. Massimo Troncanetti, escenografía. Laurent Pelly y Jean-Jacques Delmotte, vestuario. Marco Giusti, iluminación. Lionel Hoche, coreografía. Con Corinne Winters, Mattia Olivieri, Dmitry Korchak, Ksenia Dudnikova, Alison Kattlewell, Margarita Nekrasova, Giorgi Manoshvili, Mark Milhofer, Xavier Galán, Agshin Khudaverdiyev y Filipp Modestov. Coro de la Generalitat Valenciana (Jordi Blanch Tordera, director). Orquesta de la Generalitat Valenciana. Coproducción de La Monnaie/De Munt de Bruselas y la Royal Danish Opera de Copenhague. Les Arts de Valencia, domingo 1 de febrero de 2026


Largamente ausente de la escena sevillana, nos acercamos a Valencia para disfrutar con uno de los títulos que nos descubrieron la música clásica siendo apenas un niño, cuando escuchaba la Polonesa de Eugene Oneguin en un disco de Stokowski que tenía mi padre. La producción que se ha podido ver en cinco funciones en Les Arts hasta ayer mismo, corrió a cargo de Laurente Pelly, bien conocido del público maestrante gracias a dos títulos de Donizetti, La hija del regimiento y Don Pasquale, y que en un par de semanas estrenará en nuestra ciudad El sueño de una noche de verano, de Britten. Pero ahí no acaban las coincidencias, pues Mark Milhofer, el tenor británico que da vida a Triquet en esta producción de La Monnaie y Danish Opera, interpretó a Peter Sears en el evento lírico presentado por Rafael Villalobos el pasado miércoles en el Espacio Turina, simultaneando este trabajo con su breve aportación al título de Chaikovski.


El autor sintetizó en apenas tres episodios de la novela de Pushkin toda la esencia de la misma, sin dejarse atrás apenas detalles argumentales ni traicionar su espíritu ni literatura. El resultado fue un fascinante retrato, entre melancólico y perturbador, de un dandy sin horizonte ni ilusión en la vida, un perfecto perezoso incapaz de acometer empresa sentimental ni profesional alguna, anclado en el dolce far niente como filosofía de vida y desprecio hacia la de los demás. Esto no es óbice para sentir una profunda y gozosa amistad hacia su vecino Lenski, y ser capaz de albergar sentimientos nobles y sinceros hacia la mujer a la que desprecia por no traicionar los principios aludidos. No es por lo tanto el Don Juan que nos pareció apreciar en esta concepción de Pelly. Recuperamos unos días antes el film que protagonizó Ralph Fiennes a las órdenes de su hermana Marthe en 1998, donde sí se aprecia ese carácter apático y desilusionado del personaje. Por cierto, una adaptación muy fiel y recomendable de este clásico de la literatura rusa, que se benefició de una puesta en escena preciosista que potenciaba la carga melancólica del original.  

Del director de escena francés destacamos sin embargo su habilidad para mover personajes por una escena concebida a partir de una enorme economía de medios, a la vez que dinámica y hábil para lograr la agilidad dramática que persigue. Una de las más populares y logradas óperas de Chaikovski, junto a La dama de picas e Iolanta, se benefició así del talento de este director para crear espacios minimalistas pero muy elocuentes.

La plataforma elevada y giratoria en la que se desarrollan los dos primeros actos, con un ala elevadiza que proporciona cierto aspecto conceptual, entre represivo y carcelario, de los sentimientos en liza, sirve de escenario en el que las dos parejas protagonistas luchan por sus propósitos, mientras el pueblo danza según la sencilla coreografía diseñada para que los y las integrantes del coro luzcan sus aptitudes para la danza. Especialmente inspirada fue la escena en la que tras escribir su declaración de amor, a Tatiana se le aparece Oneguin conforme la plataforma vuelve a su posición de origen.

Un fondo nocturno y nublado, y una acertada iluminación destinada a destacar el drama y la intervención de cada personaje, logran un acertado trabajo teatral, sólo lastrado por la dificultad apreciada en las voces cuando se alejaban hacia el profundo y desafiante interior de la propuesta. Con todo, echamos de menos ese tono entre melancólico y patético que ha acompañado a otras adaptaciones de la ópera. El colorista vestuario, especialmente destacado en el tercer y sofisticado acto, nos lleva a principios del siglo XX, haciendo que episodios como el del duelo resulten anacrónicos.


La soprano estadounidense Corinne Winters cumplió con corrección el cometido de incorporar a Tatiana, auténtica protagonista de la función, ejemplo de mujer determinada y decidida, fuerte en sus convicciones e irreductible en lo moral. Su escena de la carta, auténtica piedra angular de la ópera, la resolvió con sensibilidad y capacidad reflexiva, tan dúctil y flexible en lo vocal como sentimental en lo meramente expresivo. Formado entre otros espacios en el programa de perfeccionamiento del propio Les Arts, el barítono Mattia Olivieri supo plegarse a las directrices escénicas, demostrando un gran potencial, excelente proyección y voz bien timbrada. Lástima que, al contrario que algunos de sus compañeros de reparto, no tenga un aria destacada en toda la función.

Sí la tiene Lenski, que en la voz y la interpretación de Dmitry Korchak encontró un medio perfecto, especialmente apreciable en su aria del segundo acto, la preciosa Kuda, kuda, vi udalilis, que entonó con buen gusto y sobrada sensibilidad. También Mark Milhofer, innecesaria y grotescamente caracterizado, defendió con gracia y ahínco el Couplet de Triquet. Destacó sobremanera la voz potente y poderosa del bajo georgiano Giorgi Manoshvili como Príncipe Gremin, que lució sus aptitudes en el tercer acto. Por su parte, a Alison Kettlewell costó oírla en más de una ocasión, en parte por la profundidad de campo, en parte por la dirección orquestal, poco cuidadosa en estos menesteres, y sobre todo por posible pérdida de facultades.


Mejor resultó, aunque siempre desde una desmedida sobreactuación destinada a acentuar el carácter alegre y optimista de Olga, la aportación en lo musical de Ksenia Dudnikova, así como las dilatadas intervenciones de la veterana Margarita Nekrasova, correcta en lo vocal, esforzada en lo dramático. La dirección de Timur Zangiev, especializado en un título que ha dirigido en innumerables ocasiones, resultó algo más tosca de lo deseable, como buscando siempre el forte, sin detenerse en las delicadezas de una partitura generosa en ellas. Pero la orquesta respondió como siempre, con una impecable técnica y un sonido compacto al que quizás una mejor acústica hubiera añadido el complemento aterciopelado que echamos en falta. Quedamos muy satisfechos con la aludida y entrañable Polonesa con la que arranca el tercer acto, y con el trabajo extraordinario del coro, bailes incluidos.

Últimas tres fotografías: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce (Les Arts)

MARTY SUPREME Vender zapatos a un cojo

USA 2026 149 min.
Dirección
Joshua Safdie Guion Ronald Bronstein y Joshua Safdie Fotografía Darius Khondji Música Daniel Lopatin Intérpretes Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Kevin O’Leary, Abel Ferrara, Tyler Okonma, Fran Drescher, Larry “Ratso” Sloman, Luke Manley, Géza Röhrig, Koto Kawaguchi, Sandra Bernhard Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2025; en España 30 diciembre 2026

La habilidad estadounidense para venderlo todo, incluido un film sobre ping pong, se resume en una secuencia de esta película, cuando el tío del protagonista admira su capacidad para vender zapatos incluso a una persona sin piernas. Inspirándose en la biografía del supuestamente legendario jugador de ping pong Marty Reisman, Joshua Safdie se independiza de su hermano Ben tras un sinfín de cortometrajes, algún documental y cuatro largos de ficción entre los que destaca Diamantes en bruto, a mayor gloria de Adam Sandler. Y consigue los mayores laureles, muchos más que su hermano con la valiosa The Smashing Machine, otro biopic con deporte como trasfondo, con esta mastodóntica recreación del Nueva York de los años cincuenta del pasado siglo. Allí acontece la mayor parte de las andanzas de un buscavidas con tanta energía y fe como la desplegada por el propio realizador y su generoso equipo técnico y artístico. 
El resultado es una carrera sin tregua ni fin hacia la previsible gloria, jalonada de zancadillas, episodios donde reina la mala suerte y la acción violenta, siempre echando mano de ese tono de comedia que dulcifique el paquete y logre el entretenimiento perfecto. A todo lo cual se presta Timothée Chalamet con decisión y una energía inusitada, mientras a su alrededor se teje todo un ejército de estupendos secundarios, entre los que destaca la siempre atractiva Gwyneth Paltrow.

Corrupción policial, miseria, picaresca, éxito empresarial y decadencia artística se dan la mano en un puzzle tan ingenioso como extenuante, lo que a muchos y muchas puede atraer y convencer, mientras los demás podemos acabar algo hastiados. Su magnífica reconstrucción histórica, incluyendo ese Japón vencido en busca de la exaltación patriótica, es uno de sus principales atractivos. A ello hay que añadir el excelente trabajo de prácticamente todo el reparto, y una curiosa banda sonora anacrónica en la que los sonidos ochenteros del compositor Daniel Lopatin se mezclan con canciones en su mayoría también de esa época.

Junto a todo esto, hay que reconocer la inventiva de sus guionistas para someter a su protagonista a tantas desventuras propias de un buscavidas incansable e insaciable, con una determinación que Chalamet logra transmitir con considerable acierto. Del libreto son responsables el propio director y Ronald Bronstein, hermano de Mary Bronstein, en cuya película Yeats participaron los Safdie como actores hace casi veinte años, y que actualmente tiene en pantalla Si pudiera, te daría una patada, por la que Rose Byrne opta a un Oscar a la mejor actriz, tras ganar el Globo de Oro en la categoría de comedia o musical. Por su parte, Chalamet ganó el de mejor actor en la misma categoría, y opta al Oscar al mejor actor, de entre las nueve nominaciones al Oscar y once al Bafta que atesora la película.

SEND HELP (ENVIAD AYUDA) Venganza y superviencia con toque Raimi

Título original: Send Help
USA 2026 113 min.
Dirección
Sam Raimi Guion Damian Shannon y Mark Swift Fotografía Bill Pope Música Danny Elfman Intérpretes Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edyll Ismail, Dennis Haysbert, Xavier Samuel, Chris Pang, Thaneth Xarakulnukroh Estreno 30 diciembre 2026

Quienes despreciamos los programas de supervivencia en islas desiertas que pueblan la televisión, hemos descubierto su utilidad con la última propuesta de Sam Raimi. En ella una oficinista tan friqui y descuidada como hábil e inteligente para las cuentas y los laberintos burocráticos, demuestra su conocimiento del medio cuando queda varada en una isla tailandesa junto a su impresentable jefe, víctima de las apariencias por encima del verdadero talento, como consecuencia de un aparatoso accidente aéreo, revertiendo las relaciones de poder entrambos.

Raimi nos ha hecho disfrutar mucho con su concepto del cine como gran espectáculo destinado tanto a hacer reír como a provocar náusea, a través de una genial combinación entre terror, fantasía y humor a menudo escabroso. Así pudimos comprobarlo en la lejana Ola de crímenes y sobre todo en Posesión infernal y sus dos secuelas, así como en la sensacional Arrástrame al infierno. Pero en su dilatada carrera apenas han quedado géneros que tratar, desde el western (Rápida y mortal) al thriller al estilo de los Coen (Un plan sencillo), pasando por el melodrama romántico y deportivo (Entre el amor y el juego), el cuento infantil (Oz, un mundo de fantasía), el misterio paranormal (Premonición), y sobre todo los súper héroes (Darkman, la trilogía de Spiderman que protagonizó Tobey Maguire y Doctor Strange en el multiverso de la locura). En Enviad ayuda vuelve a su género favorito, el terror esperpéntico y grotesco, con apenas dos protagonistas, la todo terreno Rachel McAdams y el joven Dylan O’Brien (El corredor del laberinto), y una serie de secundarios y secundarias con intervenciones minúsculas, de entre los que se nos ha escapado el cameo de Bruce Campbell, estrella de Posesión infernal y sus secuelas, que aquí parece intervenir sólo en forma de fotografía.

Pero lo que comienza muy bien, demostrando que cuando hablamos de diversidad también hemos de incluir aquellas personas que no se adaptan a los cánones convencionales, aunque no difieran de nuestra raza y condición y no aparenten capacidades distintas, alberga en su tramo final algunos giros de guion inaceptables e innecesarios, malogrando las posibilidades de un inteligente ajuste de cuentas. Por el camino, presenciamos algún detalle decididamente gore y ese toque esperpéntico que tan bien maneja su veterano director. El compositor que más veces a colaborado con Raimi, Danny Elfman, firma una estuenda banda sonora, tema principal inspirado incluido.

AÍDA Y VUELTA Otro acierto de un cómico con talento

España 2026 98 min.
Dirección
Paco León Guion Paco León, Fer Pérez y Henar Álvarez Fotografía Kiko de la Rica Música Lucas Vidal Intérpretes Carmen Machi, Paco León, Mariaño Peña, Miren Ibarguren, Marisol Ayuso, Pepe Viyuela, Eduardo Casanova, Melani Olivares, David Castillo, Canco Rodríguez, Secun de la Rosa, Pepa Rus, Óscar Reyes, Emilio Gavira Estreno 30 diciembre 2026

Paco León
tiene sin duda un don para lograr hacer cine de humor grueso sin herir sensibilidades (las dos Carminas), y seguir por esa misma senda demostrando dominar también cierto aire de sofisticación (Kiki, el amor se hace). Con el único batacazo de Rainbow, su discutible y ambiciosa aproximación al mundo de Oz, León ha sabido compaginar una exitosa carrera como actor de comedia con un talento natural para dirigir con el mismo e incluso superior acierto, comedias desternillantes que logran el beneplácito de público y crítica.

No lo tenía fácil para resucitar el universo de la serie de Mediapro Aída, a su vez un spin off de Siete vidas. Había que satisfacer a su público incondicional, pero también atraer a nuevos públicos capaces de comulgar con una serie a la que quizás no le prestamos atención por su habitual chabacanería, lo que nos hacía echar de menos la serie de la que partía, esas Siete vidas mencionadas. Pero lo ha logrado, concitando el aplauso de quienes siguieron la serie y el de quienes no sintonizamos con ella, gracias a un film decididamente divertido, lleno de ritmo y acción, en el que con el pretexto de rodar un capítulo de la serie, que podría ser el último después de haberse emitido en la ficción ininterrumpidamente desde su estreno en 2005, todos y todas las protagonistas se interpretan a sí mismas y a los personajes a los que dieron vida durante varias temporadas.

De la alternancia entre la trama contada en ese episodio, que quienes esperan hasta el final de los títulos créditos pueden disfrutar a través del enlace que contiene un qr facilitado para ello, y las peripecias personales de algunos de sus personajes más emblemáticos, surge una comedia impecable, con la habilidad de León para hacer que incluso lo políticamente incorrecto suene inofensivo. A la empresa se ha prestado prácticamente el elenco completo de la serie, salvo Ana Polvorosa, mientras cameos como los de Bárbara Lennie o las voces de Isabel Coixet y Angels Barceló, potencian los generosos atractivos de una película altamente recomendable.

jueves, 29 de enero de 2026

RECUERDO DE UN AMOR IMPERECEDERO

Drama X Música. Mark Milhofer, tenor. Luis Alberto Domínguez, actor. Manuel Navarro, piano. Rafael R. Villalobos, dirección, dramaturgia, vestuario e iluminación. Programa: He Who Loves Music (obras de Benjamin Britten, Henry Purcell y John Dowland). Espacio Turina, miércoles 28 de enero de 2026

Milhofer, Navarro, Villalobos y Domínguez

A pocos días del estreno en el Maestranza de El sueño de una noche de verano de Benjamin Britten, el Turina rindió su particular homenaje al compositor británico de la mano de uno de los más inquietos, atrevidos y a menudo polémicos directores escénicos nacidos en nuestra ciudad, Rafael Rodríguez Villalobos. Un espectáculo que se pudo ver y oír anoche en el espacio de la calle Imagen y que no contó con el apoyo masivo del mundillo cultural y artístico de la ciudad, a pesar de que a priori constituía todo un acontecimiento.

Una voz interrumpe Bohemian Rhapsody de Queen en la radio para anunciar la muerte de Britten, insigne compositor y baluarte de la cultura y la música del Reino Unido. A continuación, el recuerdo de su memoria y legado a través de la voz de Peter Pears entonando Before Life and Death, deja claro el carácter oficial de una relación sentimental que duró cuatro décadas. Más tarde, las condolencias de Isabel II al tenor afianza aún más esa concepción. Pero fueron muchos años de clandestinidad, de disimular sentimientos en público y mantener una férrea discreción para no caer en las garras de una justicia contraria al amor entre personas del mismo sexo.


En escena, el tenor velando a su amado en un féretro disimulado, dentro de una escenografía sencilla y elegante que combina sólo el blanco y el negro. Junto a él un joven actor que representa la belleza de la juventud, tan idealizada como inalcanzable, y siempre eterno rival de una sexualidad que se autoproclama insaciable, quizás porque los hombres no han sufrido la represión que sí han soportado las mujeres, hasta que ha quedado en los genes, y quedará durante mucho tiempo, siempre que los nuevos tiempos no nos obliguen a dar pasos atrás.

El diálogo y la interactuación entre Pears, esa bella y envidiable juventud y el pianista que también se presta a los juegos de seducción que propone un amante que se entrega al amor libre y la pareja abierta, constituye el material dramático que sale igualmente de la mano y mente de Villalobos. Entre los textos, cartas de amor de la pareja, el testamento sentimental que Britten dedicó a Pears, y poemas de Auden, el primero de los cuales fue fácil de identificar, el mismo que otro viudo dedicaba a su esposo en el funeral de la película de las cuatro bodas.


En el apartado musical, Villalobos selecciona una serie de composiciones, en su mayoría dedicadas al tenor en diferentes momentos de su vida en común, entre las que destacan tres de los siete Sonetos de Michelangelo, convenientemente traducidos al amor heterosexual para no herir la sensibilidad norteamericana frente a la que se estrenaron en 1942. También piezas de Purcell y Dowland que representan el compromiso del autor del War Requiem con la música de su país, de la que fue ferviente defensor y divulgador.

Y con todo este material, Villalobos diseña su particular réquiem, siempre en tono trágico y tétrico, invocando más el dolor y la tristeza de la pérdida que el gozo y la celebración del amor y la vida que muchos hubiésemos preferido. Una iluminación errática, con focos a menudo agresivos que quemaban la escena e impedían ver con nitidez los sobretítulos, en este caso tan elocuentes y necesarios, así como una mezcla de sonidos que en alguna ocasión resultó farragosa, combinando piano, canto y voz en off de manera descontrolada y caótica, completó la propuesta.


Destacó sin embargo la voz poderosa y apabullante del veterano Mark Milhofer, un todoterreno especialista en el autor británico pero también en el repertorio barroco del que supo exprimir con delicadeza y discreción sus ornamentos e inflexiones. Incluso se atrevió emulando a Freddie Mercury con voz aquilatada de poderosos agudos. Aunque evidenció en momentos puntuales incómodos roces en la voz, ésta mantuvo en todo momento una potente proyección y un hermoso timbre, ayudando al éxito una expresividad a flor de piel, si bien la carga dramática del evento no logró ser suficientemente conmovedora ni tierna. Villalobos sólo le permitió un tono jocoso y distendido a través de los arreglos de canciones populares que entonó a mitad del evento, mientras el resto fue puro lamento  romántico (Rendete a gli occhi miei) y desgarro emocional (O Might Those Sighes, de los Sonetos sagrados de John Donne). Con el mismo Before Life and Death que escuchábamos al principio en la voz grabada de Pears, terminó su actuación, demostrando que su voz poco difiere de la del tenor homenajeado.

Junto a él destacó Manuel Navarro, preciso y elocuente al piano, siempre atendiendo a las necesidades de la voz y ofreciendo un precioso solo, depurado en lo técnico y sobrio en lo expresivo, en Night-Music. También el joven efebo encarnado por Luis Alberto Domínguez logró sumar talento y dignidad a una propuesta que con los ajustes necesarios quedará lista para su presentación en otros espacios nacionales e internacionales. Nosotros así  lo deseamos a este director escénico y agitador cultural que ha crecido ante nuestros sentidos.

Excepto la primera, las demás fotos han sido tomadas del facebook de Rafael Villalobos

PREPARACIÓN PARA LA PRÓXIMA VIDA Correr hacia un feliz horizonte

Título original: Preparation for the Next Life
Francia 2025 115 min.
Dirección
Bing Liu Guion Martyna Majok, según el libro de Atticus Lish Fotografía Ante Cheng Música Emile Mosseri Intérpretes Sabiye Behtiyar, Fred Hechinger Estreno en Estados Unidos 5 septiembre 2025; en España (Amazon Prime) 19 enero 2026

En su debut en el largometraje de ficción, el joven director chino nacionalizado estadounidense Bing Liu nos cuenta una morosa y tristona historia de amor entre una joven uigur (del noroeste de China) que se busca la vida y un joven licenciado del ejército que decide gastarla. Todos y todas jóvenes y debutantes, se entregan no sin cierta pasión pero con una sencillez demoledora, carente de pretensiones, a esta historia de esperanza y confianza en una buena y digna vida sin esperar a la siguiente, como parece ser el postulado de la religión musulmana que profesa sin mucha convicción la protagonista.

Una mujer decidida y fuerte que confía en el trabajo y el esfuerzo para labrarse en esta vida la felicidad y el bienestar que ansía, y que su condición de inmigrante indocumentada le pone todavía más difícil. La administración Trump como telón de fondo, malogrando sueños y esperanzas de tanta y tanta gente, pero también la sombra de un padre prematuramente muerto al que la protagonista evoca continuamente como señal de fortaleza y convicción a la hora de perseguir sus metas, de correr hacia su montaña, una de las frecuentes licencias poéticas que se permite la película.

La irrupción del amor en forma de flechazo, proporcionará cierta ternura pero también toxicidad a sus cometidos, con la comunidad china residente en Nueva York como escenario. Su lucha entre propósitos y caprichos deviene en tesis argumental de una película que avanza lenta pero con interés, y a la que se entregan en cuerpo y alma sus protagonistas, mientras de fondo les une una canción de José Luis Perales, aquel lejano Velero llamado Libertad.

miércoles, 28 de enero de 2026

ARCO La esperanza viaja desde el futuro

Francia 2025 82 min.
Dirección
Ugo Bienvenu Guion Ugo Bienvenu y Félix De Givry Música Arnaud Toulon Intérpretes Margot Ringard Oldra, Oscar Tresanini, Nathanaël Perrot, Alma Jodorowsky, Swann Arlaud, Vincent Macaigne, Louis Garrel Estreno en el Festival Cannes 16 mayo 2025; en Francia 22 octubre 2025; en España 23 enero 2026


Bienvenido, como su propio nombre parece indicar, sea un joven director especializado en el cine de animación que sea capaz de integrar un mensaje de esperanza con una literatura visual poética, aunque en el proceso no logre proponer nuevas vías de comunicación o una estética innovadora. Después de realizar un buen número de cortometrajes y de coquetear con la industria estadounidense en la serie Ant-Man, Ugo Bienvenu estrenó hace un par de años una serie documental y animada sobre la primera vuelta al mundo, centrada en Magallanes. Ahora debuta con todos los honores en el largometraje, contando para ello en la producción con Natalie Portman, que además de participar en el doblaje estadounidense, junto a estrellas como Will Ferrell, America Ferrara y Mark Rufalo, a buen seguro le habrá abierto las puertas de par en par a la codiciada industria de Hollywood.

De momento, ha conseguido un buen número de nominaciones a los premios del año, incluyendo el Oscar, el Globo de Oro y el Bafta, tras estrenarse en Cannes, exhibirse en Sitges y hacerse con el Premio del Cine Europeo en su categoría. Todos estos reconocimientos vienen a celebrar una película que apuesta por un fututo mucho más agradable del que vaticinamos, pasando por otro más próximo en el que la inteligencia artificial y los desastres naturales amenazan con provocar el caos y la desesperación. El puente entre este futuro próximo y el más lejano lo protagoniza la amistad entre una niña y el niño que responde al nombre de Arco, que con su capa arcoíris es capaz de viajar en el tiempo.

Sin personajes malvados o negativos, buscando siempre la solidaridad y la compenetración, y echando mano de una colorista estética heredada del anime, la cinta de Bienvenu se antoja quizás demasiado discursiva, de forma que no acaba de cuajar en toda su ambicionada dimensión poética. Pero la intención no deja de ser loable, y la emoción, aunque no irradie por los cuatro poros, se beneficia de una elaborada banda sonora compuesta por Arnaud Toulon.