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viernes, 13 de febrero de 2026

UN SUEÑO CON TIERNA PERSPECTIVA INFANTIL

El sueño de una noche de verano. Ópera en tres actos de Benjamin Britten. Libreto de Benjamin Britten y Peter Pears, basado en la obra homónima de William Shakespeare. Corrado Rovaris, dirección musical. Laurent Pelly, dirección escénica. Luc Birraux, reposición de la dirección escénica. Laurent Pelly y Massimo Troncanetti, escenografía. Laurent Pelly y Jean-Jacques Delmotte, vestuario. Michel Le Borgne, iluminación. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Banda interna del Conservatorio Manuel Castillo. Escolanía de Los Palacios (Aurora Galán, directora). Con Xavier Sabata, Rocío Pérez, Michael Porter, Heather Lowe, Joan Martín-Royo, Aoife Miskelly, Charlotte Dumartheray, David Ireland, Juan Sancho, Daniel Noyola, Thibaut de Damas, Alexander Sprague, Benjamin Bevan, Toislav Lavoie, Siân Grifiths, Andrea Carpintero, Julia Rey, Paula Ramírez y Kenia Murton. Producción de la Ópera de Lille. Teatro de la Maestranza, jueves 12 de febrero de 2026


La interminable cantera de adaptaciones shakesperianas a la ópera y el cine encuentra en esta amable comedia de tintes fantásticos un sobresaliente referente. Fue con la película que William Dieterle y Max Reinhardt dirigieron en 1935 con la que debutó Erich Wolfgang Korngold en Hollywood, a donde llegó de la mano del famoso productor teatral austriaco, y se quedó refugiándose del nazismo. Korngold adaptó parte de la música incidental que un siglo antes había compuesto Mendelssohn y que se convertiría en la más famosa pieza musical concebida a partir de este clásico teatral. En 1999 un plantel de estrellas protagonizó otra encantadora versión de la mano de Michael Hoffman, a la que Simon Boswell prestó una banda sonora plagada también de referencias mendelssohnianas.

El sueño de una noche de verano pasó a llamarse La reina de las hadas  cuando Purcell compuso las máscaras que habían de amenizar las representaciones de esta fantasía sobre el amor y las apariencias. Casi tres siglos después Benjamin Britten estrenó su particular versión de la comedia, ciñéndose al texto original, al que apenas traicionó más que para reducirlo al estándar operístico con ayuda de Peter Pears. Un mes antes de que el Real alce la producción de Deborah Warner de este título, Sevilla tuvo anoche la oportunidad de estrenar esta ópera de un autor poco pródigo en la escena hispalense.

Una producción llena de magia y encanto

Recién desembarcado de Valencia, donde montó su producción de Eugenio Oneguin, Laurent Pelly nos encandiló con su particular visión del mundo de hadas, atenienses y pastores que propone la obra de Shakespeare. Sin apenas utillaje, con un trabajo esmerado de iluminación y un escenario de fondos interminables, gracias a un inteligente juego de espejos, Pelly hizo volar a sus personajes, los envolvió en magia y amabilidad y nos enganchó de principio a fin en un rocambolesco ejercicio de confusiones amorosas y preparativas nupciales.


El Maestranza volvió a convertirse en escenario de vuelos vertiginosos, los de Oberón y Titania movidos por grúas que los técnicos tramoyistas manejaron con la misma prestancia y precisión con la que desplazaron otros elementos y artilugios, paredes y espejos incluidos. Con arneses pudo Puck realizar sus acrobacias y deslizarse verticalmente casi en caída libre, de forma no apta para personas con acrofobia. Y con muchas luces emulando estrellas en movimiento, pudo el oscuro escenario trasladarnos a esa noche intensa en la que se sumergen los sueños.

Increíbles resultaron los disfraces de silfos y ninfas, interpretados por los niños y niñas de la Escolanía de Los Palacios, que con un fascinante juego de luces parecían emitir sus rostros como si fuesen pequeñas pantallas de televisión. Que los y las cuatro amantes confundidas vistieran pijamas pudiera parecer la solución más previsible, pero sirvió sobremanera para identificarnos con ellos y ellas y vivir nuestra propia experiencia onírica, que nos portó con éxito a ese mundo tan añorado de la infancia. El colorido vestuario de los artesanos faranduleros puso el contrapunto a ese universo casi en blanco y negro que protagonizó el resto de la función.


Fascinante tanto en el escenario como en el foso

El sueño mágico al que fuimos invitados e invitadas no se provocó sólo con esa excelencia escenográfica, y el buen teatro que se derrochó durante toda la función, casi tres horas de delirio dramático y musical, sino con la excelencia musical que nos ofrecieron los maestros y maestras de la Sinfónica y las voces convocadas. El director italiano Corrado Rovaris, actual director musical de la Ópera de Filadelfia, entendió a la perfección el espíritu de Britten, logrando texturas acordes a cada grupo de personajes. Cuerda sinuosa, casi erótica, para los amantes, metales refulgentes, ocasionalmente grotescos, para los cómicos y un trabajo exquisito de percusión, arpa y celesta para los personajes mitológicos.

La orquesta sonó maravillosamente, nos envolvió con el lenguaje avanzado de la música, no exactamente dodecafónica pero tampoco anclada en la melodía que tanto busca el público medio de una representación operística, a pesar de lo cual la acogida fue espléndida por parte del mismo. Rovaris consiguió envolvernos en una atmósfera mágica y onírica, con unos timbres orquestales y un colorido armónico tan específico que fue fácil dejarse dominar por tan rica experiencia sensorial.


Aurora Galán hizo un trabajo soberbio con la Escolanía de Los Palacios, en el cometido más exigente y dilatado que la formación ha abordado en su ya fecunda colaboración con el Maestranza. ¡Qué buena decisión tomaron sus padres y madres! ¡Qué extraordinaria experiencia viven prestándose a estos cometidos tan exigentes y profesionales! y ¡qué orgullosos y orgullosas deben sentirse todos!

Todas las voces, sin grandes alardes porque la pieza no pretende ser un vehículo para ello, se prestaron con solvencia y satisfacción a sus cometidos. Xavier Sabata volvió a convencer, esta vez como Oberón, sin forzar el falsete y cambiando de color cuando se precisaba. Como Tytania, la madrileña Rocío Pérez exhibió un gran dominio de la coloratura y una presencia física arrolladora. Ellos protagonizaron la vertiente barroca de la ópera, tan deudora de Purcell, mientras los y las amantes parecieron emerger del teatro musical anglosajón, con prestaciones esmeradas de un ingenuo Michael Porter, una presumida Heather Lowe, un soberbio Joan Martín-Royo y una simpática y desvergonzada Aoife Miskelly.


Entre los artesanos destacaron el divertido bajo-barítono británico David Ireland, el sevillano Juan Sancho, que no sólo demostró tener una de las voces más potentes del elenco sino dominar también el humor cuando de emitir gallos se trataba, y el bajo mexicano Daniel Noyola. Todos lograron, con la ayuda inestimable de Pelly, que la comedia Píramo y Tisbe no resultase, como en otras ocasiones, tediosa. También Siân Griffiths y Tomislav Lavoie convencieron desde su zona grave como Teseo e Hipólita, mientras cuatro voces femeninas extraídas del coro del Maestranza lideraron el séquito de Tytania con exacta solvencia que el resto de sus compañeros y compañeras.

Y no podemos olvidar el excelente trabajo de la actriz Charlotte Dumarthay, un Puck tan travieso como ágil y dinámico. Todos y todas ellas lograron un triunfo indiscutible y nos regalaron una experiencia rotundamente gozosa. Hay otras dos funciones, así que permítanse un buen regalo y no dejen pasar la oportunidad.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 26 de enero de 2026

HAMNET Ideas claras sobre una cuestión espesa

Reino Unido-USA 2025 125 min.
Dirección
Chloé Zhao Guion Maggie O’Farrell y Chloé Zhao, según la novela de la primera Fotografía Lukasz Zal Música Max Richter Intérpretes Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Joe Alwyn, Emily Watson, Noah Jupe, Bodhi Rae Breathnach, Faith Delaney Estreno en el Festival de Toronto 7 septiembre 2025; en Estados Unidos 5 diciembre 2025; en Reino Unido 9 enero 2026; en España 23 enero 2026


La realizadora china nacionalizada estadounidense Chloé Zhao debutó con la interesante Songs My Brother Taught Me, nos cautivó con The Rider, ganó el Oscar con Nomadland y fracasó con su intento de aportar seriedad al mundo Marvel en Eternals. Con producción de Steven Spielberg y Sam Mendes, vuelve ahora a triunfar con su meticulosa y respetuosa adaptación de la galardonada y superventas novela de Maggie O’Farrell, escritora irlandesa de solvente reputación que en 2020 fabuló con el papel de la esposa de Shakespeare, Anne Hathaway (rebautizada como Agnes, otro nombre reconocido pero menos habitual) y el dolor de la pérdida y la muerte en la vida y obra del escritor, especialmente como influencia directa para su drama Hamlet. Adaptada para el teatro en 2023 y con Focus y Universal adquiriendo sus derechos un año después, la película de Zhao ha logrado aunar público y crítica desde su estreno en el Festival de Toronto, donde obtuvo el premio del público, el mismo que logró en Valladolid. Dos Globos de Oro y ocho nominaciones al Oscar completan ahora el palmarés de una película cuya emotividad y franqueza se ponen de manifiesto desde el primer momento, gracias a un acertado trabajo relativo a temas tan espesos como la ausencia, la incomprensión y la rabia que nunca supera los límites del abuso emocional.

Junto a esa gestión del dolor y la impotencia que marca la cinta en su tramo final, cobra especial relieve el papel del arte como consuelo y asunción de una tragedia inimaginable incluso en una época en la que era más frecuente sufrirla. Cabe destacar en este sentido la atención absoluta con la que el público asistente al estreno del drama del destronado danés sofoca sus sufrientes vidas. Con la ayuda inestimable de Jessie Buckley, a quien hemos visto en cintas como Wild Rose, Judy, La hija oscura, Men y Pequeñas cartas indiscretas, que aquí insiste en incorporar a una mujer rebelde y decidida, así como el buen trabajo de Paul Mescal interpretando con convicción y dulzura al escritor, Zhao logra un film cuya dureza queda solapada por un tratamiento lleno de ternura pero no de gratuita compasión que derive en lo lacrimógeno.

Destaca también la interpretación del niño Jacobi Jupe, que da vida al Hamnet del título, mientras su propio hermano, Noah Jupe se encarga de interpretar al actor que incorpora en el Globe a Hamlet, la pieza con la que el autor cura su propia catarsis emocional y la de su familia. Una puesta en escena más próxima a aquellos dramas clásicos de finales de los sesenta y principios de los setenta, como Paseo por el amor y la muerte o Hermano Sol, Hermana Luna, que al más recargado de la actualidad, completa la empresa y ayuda a dotar de discreción y sinceridad una película a la que el compositor Max Richter aporta su particular estética atmosférica y minimalista, aprovechando para insertar una vez más su archiconocido On the Nature of Daylight, justo en el momento más delicado de la función.

lunes, 6 de noviembre de 2023

JOHN ADAMS DIRIGE SU ANTONY & CLEOPATRA EN EL LICEO

Antony & Cleopatra. Música y libreto de John Adams, según el drama de Shakespeare y pasajes de Plutarco, Virgilio y otros textos clásicos. John Adams, dirección musical. Elkhanah Pulitzer, dirección escénica. Lucia Scheckner, dramaturgia. Mimi Lien, escenografía. Constance Hoffman, vestuario. David Finn, iluminación. Bill Morrison, diseño del vídeo. Mark Gray, diseño del sonido. Xavier Martínez, movimiento escénico. Ita O’Brien, dirección de intimidad. Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu. Coro del Gran Teatre del Liceu (Pablo Assante, director). Con Julia Bullock, Gerald Finley, Paul Appleby, Alfred Walker, Adriane Bignani Lesca, Brenton Ryab, Milan Perisic, Äneas Humm, Toni Marsol, Elizabeth Deshong, Guillem Batllori y Marta Infante. Co-producción del Gran Teatre del Liceu, San Francisco Opera y Metropolitan Opera de Nueva York.
Gran Teatro del Liceo, jueves 2 de noviembre de 2023

Lesca, Bullock y Walker

Aunque no sea ni mucho menos el título más popular de cuantos integran la nutrida programación de esta temporada del histórico coliseo de Barcelona, entre otras cosas porque apenas hace un año que se terminó su composición, no cabe duda de que es una de las más importantes apuestas del teatro en mucho tiempo, por su participación en la producción y por la presencia del propio autor en el podio del director, un privilegio y un honor que el Liceo no disfrutaba desde tiempos muy pretéritos y que añaden prestigio a su ya exitoso y longevo currículo. Antony y Cleopatra, con libreto del propio autor inspirado en la tragedia shakesperiana y pasajes de diversos autores clásicos incorporados a su compleja dramaturgia, es el nuevo título operístico de un autor a menudo preocupado por fijar en su obra las grandes preocupaciones contemporáneas. Personajes que hicieron historia 
para bien o para mal en Nixon en China o Doctor Atomic, o acontecimientos que marcaron un punto de inflexión en la historia, como el secuestro del Achille Lauro en La muerte de Klinghoffer, precedieron a esta Antonio y Cleopatra que aprovecha los vaivenes románticos de la célebre pareja para marcar el fin de una era protagonizada por las intrigas de poder que hicieron agonizar la libertad del pueblo, tal como hoy la vemos amenazada con el auge de los regímenes extremistas y los conflictos bélicos que ponen en peligro nuestro equilibrio y estabilidad.

Paul Appleby

En este contexto, y apartándose de la línea más habitual de la lírica norteamericana, que ve en la literatura, el teatro y el cine su inspiración en lugar de en el devenir de la historia, con autores como Bernard Herrmann (Cumbres borrascosas), Kevin Puts (Las horas), Jake Heggie (Dead Man Walking) o el mismo André Previn (Un tranvía llamado Deseo), Adams sigue sin embargo la línea compositiva que caracteriza a algunos de los autores mencionados, y que hunde sus raíces en un estilo empuñado por y asociado a Leonard Bernstein. Su música por lo tanto sigue erigiéndose sobre la tonalidad, con destellos de disonancias e inflexiones propias de la literatura musical del pasado siglo. Es más, con este título certifica cierto retroceso e instinto de conservación, ofreciendo una partitura quizás demasiado convencional, aunque sea dentro de un catálogo que, como casi todo en el arte estadounidense, ha apostado casi siempre por la respuesta positiva del público. No se trata sin embargo de una partitura desdeñable; mantiene un sentido de la tensión y de la responsabilidad dramática encomiables, con pasajes trágicos y sobrecogedores, sobre todo en los enérgicos interludios, alguno con confesas reminiscencias wagnerianas. El propio Adams, al frente de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu, y haciendo gala de su experiencia como director de orquesta, exprimió las posibilidades del conjunto, extrayendo de él toda esa furia, inquietud latente y trágica inercia que acumula su música, sin olvidar los pasajes líricos que también surgen de manera intermitente.



Un excelente montaje y un elenco responsable

Pero fue quizás la puesta en escena lo más audaz, complejo y exquisito de esta coproducción con el Metropolitan y la Ópera de San Francisco que la encargó para celebrar su primer centenario y la estrenó hace justo un año. Elkhanah Pulitzer se ha esmerado para lograr que sus continuos cambios de escenario se sucedan con tanta agilidad y acierto, gracias a unos paneles oscuros que se abren y cierran de forma calculada para ir dejando entrever cada una de las escenas que componen su compleja dramaturgia. Ventanas abiertas a la derecha, a la izquierda, en el centro, arriba, abajo o de par en par, a veces replegadas para formar paredes que recuerdan a las pirámides, y siempre bajo el influjo del cine americano de los treinta del pasado siglo, que tanto gustaba de plantear estas historias de amores y traiciones. Unos focos y unas cámaras en determinados momentos de la función, un vestuario que combina el glamour de los treinta con los complementos históricos romanos y egipcios, y determinados elementos de atrezzo justifican así la incorporación de unos videos de la época, convenientemente intervenidos, demostrando cómo la historia se repite y siempre somos vulnerables y estamos expuestos y expuestas al auge del totalitarismo y la opresión. Sin duda un fascinante trabajo escénico apoyado en movimientos de personajes y masas estupendamente resueltos a nivel teatral, y una iluminación que potenció todo ese alarde escenográfico. Como curiosidad, cabe destacar en el equipo técnico la nueva figura de la directora de intimidad, encargada de velar por la relajación y la convivencia del equipo, libre de abusos y situaciones no deseables, que recayó en una especialista en el tema, Ita O’Brien.

John Adams, el segundo por la izquierda

En cuanto a las voces, no es ésta ni ninguna de las anteriores óperas de Adams, un vehículo para el lucimiento personal, manteniéndose en un nivel de frecuente recitativo y discretas modulaciones de la voz, sometida a humildes inflexiones y cambios de registro. Sin embargo, cada uno de los numerosos personajes tuvo su oportunidad. Julia Bullock tuvo que escarbar en los registros más graves y oscuros de su amplia tesitura de soprano, sobre todo a la hora de enfrentarse a pasajes tan difíciles como el del suicidio final. Gerald Finley, que en diciembre ofrecerá un recital en Les Arts de Valencia, se apoyó por el contrario en los registros más agudos de su voz baritonil para componer un Marco Antonio dividido entre el honor y la fuerza y su lado más romántico. Sobresaliente fue la participación del bajo Afred Walker como Enobarbus, muy especialmente en uno de los momentos más líricos y melodiosos de la partitura. Paul Appleby tuvo que lidiar con la dificultad de proyectar desde lo alto en su difícil discurso ante el pueblo como César, y la mezzo Adriane Bignani Lesca logró una línea de canto para la que habría que inventar una nueva tesitura, más allá de la de contralto, tan grave y decididamente oscura se mostró su personalísima voz. El resto del elenco, entre quienes se encontraba Marta Infante, tan querida por nuestro público sevillano, cumplió con creces su compromiso de responsabilidad, mientras las breves pero intensas intervenciones del coro y los movimientos coreografiados de los bailarines, completaron un elenco esforzado y muy ilusionado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 17 de enero de 2022

LA TRAGEDIA DE MACBETH Enésima y pretenciosa revisión del clásico

Título original: The Tragedy of Macbeth
USA 2021 105 min.
Guion y dirección
Joel Coen, según la obra de William Shakespeare Fotografía Bruno Delbonnel Música Carter Burwell Intérpretes Denzel Washington, Frances McDormand, Alex Hassell, Corey Hawkins, Bertie Carvel, Brendan Gleeson, Miles Anderson, Harry Melling, Matt Helm, Moses Ingram, Kathryn Hunter Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2021; en España (internet) 14 enero 2022

Por si fueran pocas las adaptaciones que se han hecho de este clásico de Shakespeare sobre el exceso de ambición y el terror de Estado, con precedentes tan ilustres como la que dirigió y protagonizó Orson Welles en 1948, la de Roman Polanski del 71, y con una recientísima versión de 2015 protagonizada por Michael Fassbender y Marion Cotillard, uno de los hermanos Coen se embarca en solitario en la que se nos antoja la más irritante y pretenciosa de cuantas versiones conocemos.

Pocos se atreven a reconocerlo, pero nos encontramos ante un tostón de marca mayor al que lo único que podemos agradecerle es que no supere las dos horas de metraje. Coen cuenta para la ocasión con unos protagonistas muy mayores, él un Denzel Washington que ya había incorporado un personaje shakesperiano en Mucho ruido y pocas nueces hace casi treinta años, de modo que lo de incluir actores y actrices negras no es precisamente una originalidad, y ella la mismísima esposa de Coen, Frances McDormand, no especialmente antipática en esta ocasión.

Rodar en blanco y negro, en formato cuadrado y con una estética minimalista de decorados esquemáticos y teatrales, son otras de las veleidades de una función a la que sin embargo podemos reconocerle saber combinar con cierta magia su origen teatral con una retórica y unos valores eminentemente cinematográficos. Por lo demás, las interpretaciones son correctas y nada especiales para tratarse de un producto de esta clase, mientras el mensaje queda intacto y por supuesto vigente, faltaría más.