Dirección Gaizka Urresti Guion Gaizka Urresti, Moisés Garrido y Juan Barrero Fotografía Pepe Añón Documental Estreno en el Festival de San Sebastián 24 septiembre 2025; en salas limitadas 25 diciembre 2025; en Movistar Plus+ 17 enero 2026
jueves, 5 de febrero de 2026
ELOY DE LA IGLESIA, ADICTO AL CINE Retrato poliédrico de un artista singular en una España gris
Dirección Gaizka Urresti Guion Gaizka Urresti, Moisés Garrido y Juan Barrero Fotografía Pepe Añón Documental Estreno en el Festival de San Sebastián 24 septiembre 2025; en salas limitadas 25 diciembre 2025; en Movistar Plus+ 17 enero 2026
martes, 27 de enero de 2026
EL ASUNTO SIRAT Y LA ESPAÑA QUIJOTESCA
Hasta la irrupción de la película de Alauda Ruiz de Azúa, Sirat era unánimemente la mejor película española del año. Para muchos, entre quienes me incluyo, lo sigue siendo, por su originalidad, su fuerza, su atrevimiento y su capacidad para mantenerte atado al asiento prácticamente desde el minuto cero. Pero de repente hemos decidido apuntarnos a la moda de lo sagrado y lo eclesiástico, sin menospreciar la que igualmente consideramos una estupenda película y honda reflexión sobre la vocación monacal.
No contentos con este desprecio sistemático que está sufriendo la cinta de Oliver Laxe, hoy nos enteramos que el premio del programa de TVE Dias de cine a la mejor película extranjera ha recaído en Valor sentimental, máxima competidora de nuestra película en los Oscar, y que ya obtuvo el premio del Cine Europeo en la última edición, en la que también competía Sirat. Así que la contracampaña la tiene ya hecha, y se la hemos hecho fundamentalmente nosotros mismos. Si eso no es ser quijotes...
martes, 18 de marzo de 2025
¡LUMIÈRE! LA AVENTURA CONTINÚA Otro centenar de valiosos documentos
Francia 2024 103 min.
Guion y dirección Thierry Frémaux Documental Estreno en el Festival de San Sebastián 20 septiembre 2024; en España 14 marzo 2025; en Francia 19 marzo 2025
sábado, 19 de agosto de 2023
MI NOMBRE ES ALFRED HITCHCOCK El maestro resucitado
Reino Unido 2022 120 min.
Guion y dirección Mark Cousins Música Donna McKevitt Con la voz de Alistair McGowan Estreno en el Festival de Telluride 5 septiembre 2022; en Reino Unido 21 julio 2023; en España 18 agosto 2023
sábado, 11 de junio de 2022
FANTASÍA POR LA ROSS: BALLENAS EN EL CIELO
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| Foto: Marina Casanova |
Hay muchas maneras de acercarse a la música clásica y dejarse embaucar por la inmensamente satisfactoria experiencia que deja su seducción y deleite. Algunos lo hicieron a partir de unas grabaciones que en su día se consideraron horteras, las de Louis Clark y la Royal Philharmonic a ritmo de discoteca, que llevaban por nombre Hooked on Classics, o antes de la mano de Waldo de los Ríos y sus adaptaciones sinfónicas al pop, entre ellas la mítica Canción de la alegría entonada por Miguel Ríos. Otros lo hicieron a través de la música de cine, que en los ochenta se retrotrajo a la tradición sinfónica vienesa de los pioneros de Hollywood. Hubo quienes la descubrieron gracias a la obra maestra que Disney produjo a principios de los cuarenta, Fantasía, de la que sesenta años después se estrenó su secuela Fantasía 2000. De ambas producciones se ha hecho una selección de hora y media para ser proyectada al son de los atriles de una orquesta sinfónica, en este caso la ROSS. Se trata de una práctica ampliamente difundida en las últimas décadas, y que ha sacado brillo a partituras de John Williams (E.T.) o Bernard Herrmann (Con la muerte en los talones, Vértigo), por poner algunos ejemplos. No es exactamente el caso de las películas mudas a las que la Sinfónica ha prestado voz antaño (La revoltosa, Carmen de Cecil B. de Mille) o más recientemente (El chico, Luces de la ciudad), tampoco el de este feliz experimento, sí por el contrario el que nos brindó el especialista Anthony Gabriele y la Orquesta Sinfónica Camera Musicae justo antes del confinamiento en el Auditorio de la Cartuja con Un americano en París, donde la banda sonora orquestal fue sustituida literalmente por la interpretada en perfecto estilo por la orquesta en directo.
viernes, 18 de diciembre de 2020
LOS CINES VUELVEN POR NAVIDAD
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| Una de las empresas que más apuestan por un cine de calidad nos invita a volver a las salas |
La reducción de aforo ha castigado imperiosamente a muchos de estos locales, obligando a sus empleados y empleadas a guardar un descanso forzoso que merma la salud económica y mental de cuantos se sienten implicados. Con la llegada de las fiestas navideñas se han relajado un poco las medidas, y los grandes estrenos de la temporada encuentran así su lugar de exhibición. Esperemos que esta vez la apertura sea definitiva, insistimos por el mero hecho de que por mucho rebrote y repunte de casos que suframos, en cines, teatros y auditorios, mientras no se demuestre lo contrario, estamos seguros y seguras. Así ha sido hasta el momento, y confiando en el rigor con el que el personal de sala nos obliga a cumplir los protocolos, seguirá siéndolo.
Otros sectores se han dejado oír más, y sin embargo no cumplen con el mismo rigor las medidas que todos y todas debemos respetar para que esta pesadilla termine cuanto antes. La relajación ha sido un continuo detonante en otro tipo de establecimientos donde sí se han producido contagios. Las autoridades deberían tomar nota de esto, insistir en el cumplimiento allí donde no se cumple y no someter a todos por igual al mismo lote de medidas. No cabe duda de que tenemos que ser responsables ante la situación, pero esto no debería implicar ahogar y destruir innecesariamente. En el cine estamos seguros, más incluso a veces que en nuestra propia casa, y por muy grandes que sean las modernas televisiones y mayores las ofertas domésticas, no hay nada como disfrutar de un buen espectáculo concentrados en una sala dispuesta para ello, y en compañía de gente con un mismo interés por disfrutar del mismo.
Algunos cines han permanecido abiertos en sesiones de fines de semana matinales y de sobremesa, pero ahora abren la mayoría, regresan los estrenos a nuestra cartelera, que no han faltado en otras comunidades más castigadas que la nuestra, y no podemos volverles la espalda. Los cines nos necesitan y nosotros a ellos, más.
miércoles, 1 de julio de 2020
CELEBRANDO LA DIVERSIDAD
Vi Los chicos de la banda la película de William Friedkin, el director de French Connection, El exorcista y A la caza, por primera vez cuando aún era muy joven para comprender el universo que retrataba. La he vuelto a ver ahora y me he rendido a sus méritos, tanto cinematográficos como extracinematográficos. Parece mentira que ya en 1970 una obra teatral, en la que está basada la celebrada película, pudiera ser tan explícita y encajar tantos personajes homosexuales y sus distintas problemáticas. Un variopinto grupo de amigos se reúne en el ático neoyorquino de uno de ellos para celebrar el cumpleaños de otro, a los que se unen un joven chapero que contratan como regalo especial para el homenajeado y el excompañero universitario del dueño del piso, que parece esconder un secreto que le atormenta y pudiera estar relacionado con una potencial homosexualidad. En ese contexto conocemos al afeminado sarcástico, el dandy incómodo con su condición, la pareja que afronta ya entonces el poliamor, siendo uno de ellos un padre de familia divorciado tras asumir su condición, y el nada amanerado que vive su homosexualidad con total naturalidad, en el que quizás es el personaje que redime toda la ensalada de traumas reincidentes en este tipo de producciones, aunque la que tratamos sea absolutamente pionera. Un trabajo actoral de primera, un guion brillante y una puesta en escena sobria capaz de afrontar su origen teatral sin complejos, consiguen un film apasionante tanto por la clarividencia con la que aborda temas todavía candentes y que preocupan a mucha gente aun en la actualidad, cincuenta años después, como por el documento histórico que representa.
En la película 1985, del militante norteamericano Yen Tan, un joven se enfrenta a su familia, de profunda tradición católico irlandesa, a la hora de confesar su homosexualidad y las consecuencias que le ha acarreado. El film repite esquemas y situaciones muchas veces vistas en pantalla, pues no podemos olvidar que la mayor parte de las producciones de este tipo versan sobre la dificultad para aceptarse y ser aceptados. Sin embargo la originalidad reside esta vez en la incapacidad del protagonista para comportarse sinceramente y compartir con sus seres queridos lo que sin duda merecen, independientemente de cómo puedan reaccionar, sobre todo cuando hay alguien en la familia que puede aprender mucho de esa valentía y generosidad. Al fin y al cabo si la distancia ya está marcada, pues mejor que tenga un motivo preciso para trazarla. El trabajo de Virginia Madsen como madre, una vez más comprensiva y generosa, destaca por encima del resto de sus compañeros de reparto.
De ese dolor por la pérdida de seres queridos y de lo mucho que hizo sufrir esa letal enfermedad en pleno apogeo habla y muy bien, sin estridencias ni excesos melodramáticos, la impactante serie de televisión Pose, cuya tercera temporada está en el aire por culpa de la pandemia. En esta espectacular serie las protagonistas son transexuales o travestís, latinas, negras y pobres, ¿alguien da más? Naturalmente se trata de un producto de evasión y no es cuestión de cargar las tintas, de manera que el escenario son las sesiones que a lo largo de las décadas de los ochenta y noventa se realizaban en espacios de Brooklyn y el Bronx, en las que se desfilaba a ritmo de música disco para alcanzar retos basados en la moda, el disfraz, el glamour y la solidaridad, que al final es el ingrediente fundamental de esta emotiva serie. Desarraigados y desarraigadas de sus familias y comunidades, en Nueva York mucha de esta gente encontró familias alternativas donde el respeto, la ayuda y la motivación parecían ser los motores imperantes, al menos así lo cultiva la protagonista MJ Rodríguez, prodigio de sentimiento, fuerza y decisión, mater amatísima en todos los sentidos. Alrededor de ella el glamour de la bellísima, divertida y sarcástica Dominique Jackson y la singular delicadeza de Indya Moore, además de un portentoso Billy Porter como maestro de ceremonias que afronta la mayor carga dramática de la serie, y los jóvenes Ryan Jamaal, Dyllon Burnside y Angel Bismarck completan este retrato humano y sentimental en el que prevalece la lentejuela y la alegría para equilibrar su tono reinvindicativo y amargo a veces, a través de un baile, el Vogue, que Madonna hizo famoso en todo el mundo a mitad de la época retratada en el film. Pura celebración de la diversidad, que nos abre la mirada a otro tipo de gente, que vive con orgullo y satisfacción su condición, procurando ser felices, no autoengañarse y aportar felicidad a quienes les rodean. Al fin y al cabo debería ser nuestro único lema en esta ridícula pero maravillosa vida.
martes, 26 de mayo de 2020
SAUL BASS: CIEN AÑOS DE CRÉDITOS Y MÚSICA
Con esta coyuntura celebramos el pasado 8 de mayo el centenario de uno de los más reconocidos artistas gráficos del séptimo arte, Saul Bass, cuyos trabajos para el medio siguen siendo hoy objeto de estudio y admiración, posiblemente junto a los de Maurice Binder, cuyo sello para la serie James Bond ha permanecido indeleble hasta nuestros días a pesar de haber cambiado naturalmente de manos. Es tal la creatividad que permite desarrollar al artista unos buenos títulos de crédito, que nuestro cine empezó a cuidarlos sobre manera desde finales del pasado siglo, en títulos de Almodóvar, Martínez Lázaro, Gerardo Vera o Díaz Yanes por citar solo algunos, hasta el punto de que algunos incluso abogamos por instaurar en los premios de la Academia una categoría para ellos, desmarcándonos así por lo menos en una parte del habitual palmarés impuesto por los Oscar y todos los premios que en el mundo les han seguido. Algo parecido se atrevieron a hacer los Feroz, que sí tienen una categoría reservada al menos a los pósters publicitarios, tan relacionados con el apartado que nos ocupa.
En sus años de estudiante Bass asimiló especialmente el estilo Bauhaus y el constructivismo ruso, sobre todo de la mano de György Kepes, que fue profesor suyo en Brooklyn. Estas influencias se perciben notablemente en sus excelentes y personales trabajos para el cine. A finales de los años cuarenta se mudó a Los Angeles, donde fundó su propio estudio de publicidad. Su primer trabajo para el cine fue el cartel de El ídolo de barro, una película de boxeo dirigida por Mark Robson e interpretada por Kirk Douglas. A partir de ahí acaparó la atención de Otto Preminger, que se convertiría en su auténtico mecenas a raíz del póster y los títulos de crédito de Carmen Jones, una adaptación al cine del musical que a partir de la ópera de Bizet había realizado Oscar Hammerstein II, el letrista habitual de Richard Rodgers, con quien compondría musicales legendarios como El rey y yo, Oklahoma o Sonrisas y lágrimas. Un año después atraería la atención de Robert Aldrich, que contaría con él para The Big Knife, y de Billy Wilder, que le encargaría los coloristas créditos de La tentación vive arriba. Pero su verdadero sello lo encontraría ese mismo año en El hombre del brazo de oro, también de Preminger, con esos monigotes desarticulados y esos grafismos duros y violentos que danzaban al ritmo de la música de Elmer Bernstein, cuya banda sonora marcó también un hito en la época, al incluir ya decisiva y contundentemente el jazz en el cine.
La inmensa mayoría de estos irrepetibles trabajos gráficos tuvieron en parte una buena inspiración en las excelentes partituras a las que acompañaron, desde la más popular de las óperas en el caso de Carmen Jones, a las tres magníficas bandas sonoras de Bernard Herrmann para Hitchcock, la serpenteante e hipnótica Vértigo, el trepidante fandango de Con la muerte en los talones, y el inquietante y tremolante andante con moto de Psicosis solo para cuerdas. Pero Bass acompañó también el excelente score a la americana de Jerome Moross para Horizontes de grandeza de William Wyler, un tema icónico del western, la multicultural y melódicamente inspirada música de Victor Young para La vuelta al mundo en 80 días, los majestuosos y ardientes títulos de Éxodo bajo la épica y también antológica partitura de Ernest Gold, cuyo tono inspiraría también la que Maurice Jarre compuso dos años después para Lawrence de Arabia, o el trepidante jazz que acompañaba a Anatomía de un asesinato de la mano de Duke Ellington y a La gata negra de la de Elmer Bernstein. Podríamos seguir con la majestuosidad de Moross en El cardenal, cuyos títulos se intercalan en las calles y escaleras del Vaticano que recorre su protagonista, Tom Tryon, el emocionante desfile de grandes estrellas que surge sobre un fondo ondulante de la bandera americana en Tempestad sobre Washington, con la sensacional e inolvidable música de Jerry Fielding añadiendo elegancia y dignidad al conjunto, los desasosegantes títulos de la versión de Scorsese de El cabo del miedo, ilustrados con la inquietante música que Herrmann había compuesto treinta años antes para la versión original, o el elegante y hasta empalagoso patchwork de flores y encajes con los que se iniciaba La edad de la inocencia, también de Scorsese, al ritmo del Fausto de Gounod, dentro de una banda sonora en la que Elmer Bernstein desplegó toda su sensibilidad y buen gusto.lunes, 20 de abril de 2020
BEETHOVEN ANTE EL ESPEJO DEL CINE
Éste se prometía un año de grandes fastos, ciclos e integrales de la obra musical más espléndida jamás imaginada, el legado que dejó Ludwig van Beethoven en sinfonías, música de cámara, conciertos, música coral, lieder y ópera para celebrar el doscientos cincuenta aniversario de su nacimiento en diciembre de 1770. Celebraciones que debían extenderse a lo largo y ancho del Mundo y que ahora han quedado tan en el aire como el resto de espectáculos, eventos y rutina que conforman nuestro quehacer cotidiano, y para los que ahora apenas contamos con medio año en el mejor de los casos y según vaya evolucionando esta pandemia que todo lo ha trastocado. Afortunadamente cada persona podemos organizar nuestro propio homenaje desde casa, programando ciclos de su música, desde la más accesible integral sinfónica hasta ciclos completos de su espléndida música de cámara en todas sus vertientes, o incluso permitirnos ver distintas versiones de su única ópera, Fidelio, o asomarnos a su genio y su música a través de las numerosas ocasiones en las que el cine se ha ocupado de ello, y para eso nos permitimos ahora hacer una breve guía, destacando los títulos que están más a nuestro alcance y que conforman a nuestro juicio la forma más amable de acercarnos al maestro.
Pero lo que aquí nos interesa es cómo el cine se ha ocupado y ha tratado a Ludwig van Beethoven, el hombre y el artista. Ya en los albores del cinematógrafo su figura suscitó un gran interés, con un cortometraje de Victorin-Hyppolyte Jasse de 1909 como primera película documentada sobre la materia, a la que siguió La gloria y el dolor de Ludwig van Beethoven, dirigida por Georges-André Lacroix en 1912, y Das Leben des Beethoven (La vida de Beethoven), de Hans Otto, en 1927. En todos los casos se trataba de films que combinaban la fuerza creativa del compositor son su carácter generalmente hierático y atormentado. Aunque Schubert era lógicamente el protagonista de El último amor de Franz Schubert (1926) del realizador de curioso apellido Alfred Deutsch-German, y de Amor inmortal (Serenade, 1940) de Jean Boyer, en ambas Beethoven tenía una aparición breve pero significativa. En 1936 el cine empezó a interesarse por un tema muy recurrente en su filmografía, la existencia de un amor misterioso e imposible según consta en la célebre carta del músico con destinataria desconocida que empezaba Mi ángel, mi todo, mi yo mismo. Abel Gance, autor de uno de los más completos y contundentes retratos de Napoleón en el cine, fue el encargado de plasmar esta intriga amorosa en la que se barajó la posibilidad de que la intrigante destinataria fuese la aristócrata Giulietta Guicciardi. Walter Kolm-Veltée recreó en Heroica de 1949 el proceso de gestación de la Sinfonía nº 3, algo que repetiría Simon Cellan-Jones en el telefilm de la BBC de 2003 de igual título, con Ian Hart como protagonista. Otro de los episodios más frecuentados es el interés de Beethoven por la tutela de su sobrino Karl, objeto del argumento de Beethoven: Tage aus einem Leben (Beethoven: Días de su vida), dirigida por Horst Seeman en 1976, y de la excéntrica El sobrino de Beethoven, que dirigió el famoso colaborador de Warhol y así mismo artista underground de los setenta Paul Morrissey, según fuentes literarias de dudoso rigor documental, como son las supuestas Memorias de Karl de Jacques Brenner, publicadas en 1967, e Il nipote di Beethoven (El sobrino de Beethoven) de Luigi Magnani del año 1972.
Destacamos en primer lugar la cinta que al hilo de la intriga amorosa apuntada antes realizó el director británico Bernard Rose en 1994. Amor inmortal (Inmortal Beloved en su título original) partía más que de las cartas de amor de un supuesto testamento autógrafo del compositor, interpretado por el camaleónico Gary Oldman, que da pie al músico, biógrafo y amigo personal de Beethoven, Anton Schindler, a emprender una investigación para descubrir a la destinataria entre tres posibles candidatas, una la ya aludida Giulietta Guicciardi, a quien da vida Valeria Golino, otra la noble húngara Anne Maria Erdödy, interpretada por Isabella Rossellini. Aunque la elegida finalmente resulta ser históricamente muy improbable, la intriga sirve de pretexto para poner de relieve el carácter irascible y difícil del compositor, su tormentosa relación con su desgraciado sobrino, otro tema recurrente como se puede apreciar, y su inspiración musical, fuertemente influida por circunstancias tanto personales como estrictamente coyunturales. Cuidada al detalle en la ambientación, sucumbe a la tentación de recurrir en lo musical a interpretaciones históricamente no documentadas, confiando este particular al entonces especialista Sir Georg Solti, apenas tres años antes de fallecer, de forma que mientras vemos a Beethoven interpretar Para Elisa en un fortepiano, oímos a Murray Perahia en un piano moderno, y mientras ante nuestros ojos desfila una reducida orquesta de instrumentos históricos, a nuestros oídos llega la Sinfónica de Londres. Resulta sin embargo gratificante el uso que Rose y Solti hacen de la música de Beethoven, unas veces con intenciones diegéticas, para ilustrar interpretaciones del Claro de luna o de la Sonata Kreutzer, otras como banda sonora convencional, acompañando el espíritu jovial y esperanzado de un joven Beethoven al ritmo de la Heroica, o su entierro bajo la Misa Solemnis, o la virulencia del ejército napoleónico en Viena al son de la tormenta de la Pastoral, siempre de forma adecuada y elocuente. Pero especialmente sobrecogedora es la secuencia en la que totalmente sordo sube figuradamente al estrado donde se está interpretando su Sinfonía Coral e imagina su desgraciada niñez cuando era vejado por su ebrio padre y en su huida acaba bañado en un lago en el que se refleja un cielo estrellado que representa ese universo inabarcable e infinito, metáfora de la grandeza que había de informar su música, que alcanza su máxima expresión cuando todo el coro acompaña tan significativa escena.jueves, 16 de abril de 2020
VIRUS CINEMATOGRÁFICOS
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| Estallido (Outbreak) |
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| Gwyneth Paltrow, víctima cero en Contagio |
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| Charlton Heston en El último hombre vivo (The Omega Man) |
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| Nicole Kidman desconfía de las aglomeraciones en Invasión |
lunes, 6 de abril de 2020
Cine en confinamiento MITCHELL LEISEN: GRACIAS POR EL RECUERDO
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| Paulette Goddard, Charles Boyer y Olivia de Havilland en Si no amaneciera |
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| Mitchell Leisen |
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| Claudette Colbert y Ray Milland en Adelante, mi amor |
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| William Holden, Veronica Lake y Ray Milland en Vuelo de águilas |
















