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lunes, 25 de mayo de 2026

LA FSO DIBUJA Y CABALGA EN VALENCIA


Tenemos la sensación de que, a pesar del ya largo recorrido de esta orquesta valenciana y el rigor y la precisión con la que abordan sus atractivos programas, celebrados por la afición con llenos absolutos y giras que ninguna otra orquesta nacional se ha atrevido jamás a emprender, la crítica profesional, seria y comprometida, no le presta la atención que merece. Nosotros, ya sea porque nos iniciamos en este apasionante mundo de la música sinfónica a través de las grandes bandas sonoras del Hollywood clásico y ochentero, o porque hemos sido capaces de apreciar la notable evolución experimentada por Constantino Martínez-Orts y estos, en su mayoría, jóvenes músicos, siempre hemos seguido de cerca los conciertos que la formación ha celebrado en Sevilla. Este año, por motivos estrictamente personales, se nos ha escapado su habitual concierto en Fibes, celebrado el pasado 16 de este mes. Así que nos hemos ido a Valencia, donde el mismo programa, que ya se había tocado también allí, se repitió el pasado sábado día 23 de mayo.

De paso, tuvimos la oportunidad de disfrutar de otro programa que sólo se ha interpretado en Madrid, en cuyo Auditorio Nacional se estrenó el 10 de abril, y volverá a hacerlo en Gijón y Valladolid el próximo mes de junio. Son programas especiales que no van de gira ni se graban para su consumo doméstico, pero que reportan tanta satisfacción como el resto, como pudimos comprobar en esta doble función del pasado fin de semana.

La música, ingrediente fundamental del cine de animación

Toon Story, el programa con el que este año han recorrido toda la geografía ibérica, es un repaso por algunas de las bandas sonoras más icónicas del cine de animación, aunque Martínez-Orts siempre busca su repertorio en aquellas que, con alguna excepción, se estrenaron en las tres últimas décadas. Es la época que entronca con los que siendo de la misma generación, crecimos admirando a los grandes autores del Hollywood moderno, como Goldsmith, Horner, Elfman, Shore... y, por supuesto, John Williams.

Para mí, volver a escuchar música de cine en el Palau de la Música del antiguo cauce del Turia, uno de los mejores, más atractivos y variopintos parques de cuantos conozco, fue como volver a aquella juventud en la que hacía mis primeros pinitos escribiendo sobre música de cine en una revista especializada de idéntico y genérico título, Música de Cine, que se editaba precisamente en esa ciudad en la que ahora descansa también mi corazón. Fueron aquellos primeros noventa del pasado siglo, en los que la revista organizaba en colaboración con la Mostra unos congresos de música de cine cuya guinda la ponía el compositor invitado de turno, que junto a la Orquesta de Valencia nos deleitaba en ese templo de la música.


Con el rigor y la fidelidad a las partituras originales que les caracteriza, los y las integrantes de la Film Symphony Orchestra repasaron estos títulos icónicos del Disney recuperado tras La sirenita, aunque precisamente esta película no figurara en el menú. Junto a éstos, algunos otros de Dreamworks, Ghibli, Fox, Pixar y Aardman. Destaca el trabajo, siempre respetuoso y agradecido, con el que ensamblan temas para lograr acertadas suites que repasan todo el material dramático y musical de las películas en los atriles. Es el caso de Pesadilla antes de Navidad, cuya sensacional banda sonora de Danny Elfman fue recorrida de principio a fin sustituyendo con acierto algunos de los pasajes cantados por arreglos instrumentales, mientras otros, Qué es y El lamento de Jack, fueron eficientemente vocalizados por, si no nos equivocamos, Toni Dublet.

Esta misma estrategia se mantuvo con la música de John Powell para Cómo entrenar tu dragón, incluidos unos festivos acordes celtas perfectamente en estilo reproducidos por la entusiasta plantilla. De igual forma, la banda sonora de Harry Gregson-Williams y el propio Powell para Shrek, sin olvidar las excelentes suites generadas a partir de la música de Alan Menken para Aladdin y Pocahontas, con las habituales intervenciones de la sevillana Anaís Sancruz.

A diferencia de Fibes, en el Palau la orquesta no necesita amplificación, lo que nos permite disfrutar del sonido natural de los instrumentos, incluido el aterciopleado y perfectamente fraseado violín de la concertino Amanda Ochoa en el precioso Oogway Ascends de Hans Zimmer para Kung Fu Panda, y el no menos emotivo tema de Joe Hisaishi para La princesa Mononoke. Divertidísimo el tema de Chicken Run, de nuevo con Powell y Gregson-Williams a la composición, incluyendo ese punto gamberro que jalona la partitura. Disfrazado de Woody, el vaquero de Toy Story, Dublet entonó un delicioso Hay un amigo en mí de Randy Newman. De su primo David pudimos escuchar un medley de Ice Age, y de Stephen Flaherty la emocionante pero algo pomposa Dime dónde vas (Journey to the Past) de Anastasia, también con arreglos orquestales de David Newman.

Otras dos sensacionales suites con la música de Hans Zimmer para El rey león, y la de Menken para La bella y la bestia, tema principal cantado y bailado por Sancruz y Dublet, pusieron punto final al concierto, antes de la propina, Los Simpson de Elfman, con las voces del público colaborando en su arranque. Pero no podemos dejar de alabar la facilidad con la que esta orquesta de jóvenes se adapta a cualquier género, ya sea el swing de Los increíbles (Michael Giacchino) o el mickemousing cargado de aliento jazzístico y muy en estilo del Hollywood de los treinta y cuarenta, recreando los trabajos ilustrativos de Scott Bradley para los cortos de Tom y Jerry... puro delirio sazonado con escenificaciones cómicas de los atareados percusionistas.

Debemos destacar además la conveniencia de programas como éste, destinados a niños, niñas y familias. No hay mejor manera de crear nueva afición, y la verdad es que en general los y las más pequeñas se portan muy bien, sobre todo cuando perciben como nadie que lo que escuchan tiene calidad, ni aburre ni cansa.


Spaghetti y western clásico, sin distinción

Al día siguiente, domingo 24, los y las músicos se disfrazaron de personajes del salvaje oeste, cowboys, indios e indias, para ofrecernos un emocionante recorrido por algunas de las más icónicas bandas sonoras del género. Martínez-Orts, por su parte, abandonó la levita de Neo por la del juez Wyatt Earp. Y juntos nos regalaron una tarde de sensaciones, recuerdos, acción y disfrute a raudales. Un recorrido que arrancó con los títulos iniciales de La conquista del oeste, del patriarca de los Newman, Alfred. Continuó con el arreglo de concierto que hizo John Barry para Bailando con lobosensamblando el tema de John Dunbar y la llegada a Fort Sedgwick. El propio Wyatt Earp estuvo presente con una preciosa suite de la película de igual título de Lawrence Kasdan con música de James Newton Howard, incluido el irrepetible tema de la boda, y la suite con los títulos finales de Tombstone, con música de Bruce Broughton, también presente en Silverado, de nuevo con el tándem Kostner-Kasdan, y toda la espectacularidad que fue capaz de recrear la FSO.


No podía faltar Los siete magníficos, con una suite inédita que aprovecha el sensacional arranque de la película con la suite de concierto que el propio Elmer Bernstein creó para interpretarla junto a la Royal Philharmonic Pops Orchestra. Tampoco cabía excluir la excelente banda sonora de Dimitri Tiomkin para El Álamo, en forma de amplia suite encadenando la obertura, Degüello, una sensacional aportación del trompetista Rubén Zaragoza García, y el apoteósico final. Dos partituras que compitieron aquel mismo año de 1960 por un Oscar que finalmente se llevó Ernest Gold por Éxodo. Con Espartaco de Alex North también en la terna de las nominaciones, no cabe duda de que fue un año extraordinario para la música de cine.

Ennio Morricone, por supuesto, tuvo un amplio recuerdo, dejando claro a través de los temas de la trilogía del dólar cómo en Por un puñado de dólares el italiano se inspiró en Tiomkin para su solo de trompeta, que la versatilidad de los y las integrantes de la orquesta les permite incluso emular con éxito a las voces de I Cantori Moderni di Alessandroni, que el solista silbador hizo un excelente trabajo, y que Sancruz puede recrear con éxito la voz de la soprano Edda del'Orso en El éxtasis del oro de El bueno, el feo y el malo. También ella sacó a relucir sus aptitudes en el bellísimo tema de Jill de Hasta que llegó su hora. Con la amenazante partitura de Los odiosos ocho, se completó este obligado homenaje a las imprescindibles aportaciones de Morricone al género.


Toni Dublet fue también en esta ocasión el encargado de entonar las canciones programadas para la ocasión, Do Not Forsake Me Oh My Darlin' de Solo ante el peligro y la televisiva Rawhide, ambas de Tiomkin. Mientras el oeste más épico y grandioso quedó perfectamente reflejado en unas impecables versiones del tema principal de Horizontes de grandeza de Jerome Moross, y la obertura de concierto de Los cowboys de John Williams. Como propina, el nostálgico tema de Bonanza, de los creadores de éxitos Ray Evans y Jay Livingston, y el tradicional saludo final con Cantina Band, terminando así otra tarde inolvidable al son de la orquesta española más cinéfila. Entre las próximas citas, un especial Halloween con música de cine de terror, en Valencia, y Odisea, un repaso por algunos de los títulos más épicos de los últimos treinta años, en gira.

Fotos: Luis Pascual Alcaide

viernes, 27 de marzo de 2026

ESPECTACULAR AUNQUE SATURADO ZIMMER EN ROIG ARENA

En la despedida, podemos distinguir en las pantallas superiores a Zimmer, Lebo M y Lisa Gerrad

Hans Zimmer
vuelve a estar de gira por Europa, y después de visitar varios países del norte y centro del continente, le ha tocado el turno a la Península Ibérica. Anoche estuvo en Valencia y ahora viajará a Barcelona, Madrid y Lisboa. Las entradas para el concierto de Valencia se pusieron a la venta hace casi dos años, antes incluso de que el Roig Arena, el palacio de deportes donde se celebró, estuviera acabado. Y se agotaron casi en el acto, aunque luego han ido apareciendo vacantes de forma progresiva.

Veníamos avisados de que el flamante edificio del empresario valenciano no contaba con las condiciones acústicas adecuadas, y así pudimos comprobarlo en un sobresaturado concierto de Zimmer y su fiel compañía. En esta tierra que amamos, se hacen obras faraónicas que no logran cubrir todas las expectativas, como una Ópera imperiosa y vanguardista que se permite, en alas de la belleza estética y la estructura clásica, contener localidades de visibilidad limitada o nula, y no pocas. Y de la misma forma, un palacio de deportes concebido también para espectáculos musicales, con una acústica imposible, que distorsiona y satura el sonido. Si se trata de Zimmer, con su propuesta súper decibélica, los resultados pueden llegar a ser puntualmente desastrosos.


Así sucedió nada más empezar, con un Caballero oscuro en modo tecnodance en el que resultó imposible distinguir melodía alguna, y donde ya atisbamos algo que sería tónica general, que la imprescindible amplificación ahogaba los sonidos. Así, por muchos y muchas músicos que hubiera sobre el escenario, todos y todas parecían hacer un paripé mientras lo que escuchábamos parecía ser una grabación. Naturalmente, confiamos en que no fuera así. Hay talento en el multitudinario ensemble manejado por un feliz y ya septuagenario compositor, si bien echamos en falta la participación de orquesta sinfónica, como así aparece en el disco de la primera etapa de esta gira.

La nueva etapa se llama The Next Level, y en ella reinventa muchos de los arreglos a los que ha sometido sus bandas sonoras más icónicas, con el fin de hacerlas digeribles en un espacio público y lograr, con la colaboración inestimable de unos músicos excelentes, que muchos temas suenen frescos y diferentes en cada comparecencia. Así ocurrió con El hombre de acero, con el que el guitarrista Guthrie Govan se marcó un impresionante solo, o el emocionante bloque dedicado a la África del apartheid, a la que el compositor puso música en varias producciones de sus primeros años, incluida Un mundo aparte, La fuerza de uno y El rey león. Las dos últimas sonaron en el Roig, con especial dedicación al film de Disney que le reportó su primer Oscar, aunque fuera a remolque de las canciones de Elton John.


Naturalmente, en concierto Zimmer sólo interpreta su partitura original, con el único préstamo de ese Círculo de la vida que reaparece en modo coral y apoteósico al final de la película. Treinta años después, la voz de Lebo M suena igual de bien, con toda su fuerza y majestuosidad. Una puesta en escena colorista y un equipo entregado, especialmente la también cantante Refi y el danzante y disciplinado coro, hicieron las delicias de un público respetuoso y embelesado.

Pero quizás el momento más extraordinario y emotivo lo vivimos con la suite de Interstellar, música a la que Zimmer dedicó unas palabras de presentación, asegurando que primero fue la música, como ilustración de un cuento dedicado a su hijo que Christopher Nolan le envió por carta, y que germinó en una película cuando el director escuchó los breves compases que Zimmer compuso para él. Unos compases que derivaron en una de las más fascinantes bandas sonoras de todos los tiempos, una misa cósmica y mística en la que el órgano tiene una enorme relevancia, y que en concierto pierde parte de su majestuosidad tras los obligados arreglos, pero sigue manteniendo su capacidad de fascinación. Si encima el espectáculo se redondea con una acróbata suspendida en el aire, vestida con un traje de espejos al estilo de las bolas de discoteca, con efecto reflectante que expandía su luz a todos los rincones del lugar, la emoción y la sorpresa están más que aseguradas.


Junto a Lebo M, otra leyenda de la escuela Zimmer, Lisa Gerrard, hizo también su aportación, demostrando igualmente que mantiene su voz en perfectas condiciones, para entonar naturalmente algunos de los pasajes de Gladiator, sobre todo ese Now We Are Free tan emblemático y cargado de significación. También la voz de Loire Cotler hizo su aparición para arrancar Dune y reaparecer a lo largo de la función en otros temas de la oscarizada película y su secuela, recreando sus propias aportaciones a la grabación original de la partitura. Cabe destacar también el elegíaco solo de violonchelo de Hannibal, y el trabajo coral desplegado en El Código Da Vinci y su secuela, Ángeles y demonios, además del ritmo frenético con el que el equipo atacó F1, otro delirio rock psicodélico que nos dejó boquiabiertos. Sin olvidar el bloque final dedicado, en el apartado de propinas, a Piratas del Caribe, incluida una versión tecnodance de The Kraken y la puntilla final con el tema principal de la saga, compuesto en realidad por uno de los discípulos de Zimmer, Klaus Badelt. Para terminar definitivamente, tras casi tres horas de concierto, con los hipnóticos créditos finales de Origen.

Lástima que todo, o casi, sonara con esa distorsión denunciada, provocando a menudo más ruido que música, y que en esta gira haya prescindido del apartado sinfónico, resuelto con sintetizadores. Esperamos que este defecto se alivie con la acústica del Palau Sant Jordi, mejor preparado para estas ocasiones. Pero nada logró ser un verdadero obstáculo para considerar ésta una cita memorable con la música, el cine y una leyenda absoluta, que pocos advertirían llegaría a serlo cuando debutó como líder de The Buggles y ese one hit wonder que fue Video Killed the Radio Star, o cuando acompañó a Mecano en una gira, antes de saltar a la fama con las bandas sonoras de Rain Man y Paseando a Miss Daisy.

sábado, 24 de enero de 2026

CATÁSTROFE Y DINOSAURIOS EN LAS BUENAS MANOS DE LA ROSS

Feeling ROSS. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Anthony Gabriele, dirección. Programa: Jurassic Park in Concert. Auditorio de FIBES, viernes 23 de enero de 2026

Foto: Marina Casanova

Enmarcado dentro del ciclo Feeling ROSS que tan acertadamente ha instaurado el director gerente de la orquesta, Jordi Tort, para atraer nuevos públicos y crear afición, FIBES acogió por segundo año consecutivo la proyección de un clásico moderno del cine, palomitero todo hay que decirlo, para acompañar en vivo su banda sonora. Esta vez se trató de Parque Jurásico, nada más y nada menos que del compositor vivo más querido y admirado del mundo, no sólo en el campo cinematográfico sino en cualquier otro musical que se precie.

Velocirraptores, braquiosaurios, tiranosaurios y otras criaturas prehistóricas estuvieron acompañadas en sus ataques y carreras por una orquesta que brilló por su precisión, su perfecta sincronía con la imagen y un sonido depurado que en nada hizo añorar la banda sonora tan apreciada y tantas veces editada de la película, desde la original de 1993 a la más completa, remasterizada y extendida de 2016. El responsable de que todo funcionara a la perfección fue Anthony Gabriele, que ya en febrero de 2020 nos deleitó con una interpretación sincronizada en directo del oscarizado musical de Vincente Minnelli Un americano en París.

Esta fue, sin embargo, la primera vez que este especialista en la materia se puso al frente de la ROSS, una orquesta por otro lado curtida en el género, gracias a los excelentes conciertos de música de cine que celebró en los años más fructíferos de los Encuentros Internacionales, así como las diversas ocasiones en las que ha acompañado clásicos del cine mudo. Ésta ha sido, sin embargo la segunda vez que interpreta en directo y sincronizado un título legendario del cine moderno, tras el estupendo bautismo del año pasado con la primera entrega de El señor de los anillos.

Allí la música sonaba con mayor frecuencia que en Parque Jurásico, lo que permitió esta vez a los y las integrantes de la numerosa plantilla descansar con cierta frecuencia. De las algo más de hora y cuarto de música que John Williams concibió y grabó para una película que dura poco más de dos horas, quizás en pantalla suene música sólo la mitad. Se da la circunstancia de que fue la primera vez que Spielberg no pudo asistir a las sesiones de grabación, por encontrarse en Polonia iniciando el rodaje de La lista de Schindler.

Foto: Marina Casanova

El sueño de Spielberg

Tras el triunfante estreno de la película, Spielberg confesó que siempre le habían fascinado los dinosaurios, y que uno de sus ídolos de juventud era Ray Harryhausen, artesano de los efectos visuales que revivió criaturas de la prehistoria gracias a la técnica del stop-motion, con títulos como Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, precisamente homenajeado como slogan en la sala principal del parque del megalómano John Hammond, interpretado por otro director de cine, Richard Attemborough.

Las técnicas digitales experimentadas por John Cameron en Abyss y Terminator 2, y perfeccionadas por Robert Zemeckis en La muerte os sienta tan bien, y la novela de Michael Crichton, ofrecieron a Spielberg la excusa perfecta para revivir a lo grande estas criaturas extinguidas, y junto a la animatrónica ofrecer el espectáculo definitivo en la materia, todavía hoy, más de treinta años después, fresco e impactante.

Por su parte, el idolatrado Williams firmó junto a Spielberg y Lucas algunos de sus títulos más celebrados, desde Tiburón, de la que el director confesó inspirarse para realizar su película de dinosaurios, a Hook pasando por las trilogías de La guerra de las galaxias e Indiana Jones o las obras maestras Encuentros en la tercera fase y E.T. El año en que obtuvo su quinto Oscar, por La lista de Schindler, no estuvo sin embargo nominado por Parque Jurásico, a pesar de la popularidad de la banda sonora y de que Williams ha sido el compositor que más veces ha logrado una doble nominación en una misma edición de los premios de la Academia.

Inspiración bajo una batuta especializada

La popularidad creciente de los principales leit motivs de la película, el asociado a los majestuosos e inofensivos dinosaurios herbívoros y el que acompaña las aventuras en la isla, ha resistido perfectamente el tiempo, logrando ser reconocible por las generaciones posteriores a la irrupción del fenómeno. La Sinfónica se adaptó como un guante al sonido genuinamente a la americana del compositor, que por cierto firma unas entrañables notas incluidas en el programa de mano. Un sonido compacto que se tornó emocionante no sólo en los majestuosos acordes que acompañan el viaje a la isla, uno de los fragmentos musicales más inspirados de la partitura, aunque en esta ocasión prescindiera del coro que lo acompaña, sino también en los más desafiantes que tanto contribuyen a provocar el terror que abunda en la cinta.


También abunda la ternura en la partitura, por aquello del descubrimiento del sentimiento paternal por parte del protagonista, el doctor Grant, interpretado por Sam Neill, mientras seguimos opinando que resulta aún más terrorífica su continuación, titulada El mundo perdido en homenaje a Arthur Conan Doyle, y así supo reflejarlo también el compositor en su banda sonora. Otros temas, como el que acompaña a la expedición de los científicos y los niños por las instalaciones del parque, exigen mayor flexibilidad por parte de la orquesta, incorporando electrónica y percusión en un estilo que ya experimentó Williams en su tema de los conspiradores para JFK. A todo ello se adaptó la Sinfónica con una disciplina y profesionalidad digna de todos los elogios.

Fue, en definitiva, una ocasión extraordinaria para recuperar un título mítico, que abrió nuevas posibilidades a la técnica digital y virtual en el cine, a la vez que ofreció un espectáculo de primera categoría para públicos de todas las exigencias, y que aún mantiene su frescura y originalidad. Todo ello gracias en buena parte a una excelente banda sonora, perfectamente recreada en el estudio de grabación erigido para la ocasión en el escenario de un auditorio FIBES a rebosar para dejarse seducir por tan estimulante espectáculo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 16 de noviembre de 2025

DE MENOS A MÁS EN LA MÚSICA DE CINE ESPAÑOLA

Felling ROSS: España es… ¡de cine!. Ana de Caro, cantaora. Ramiro García Martín, acordeón. Esteban Sánchez Gisbert, guitarra. Tatiana Postnikova, piano y clave. Alexa Farré, violín. Asociación Musical CÓDICE (Esther Sanzo, directora). Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Lucas Macías, dirección. Programa: Temas y suites de Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, Anillos de oro, Fortunata y Jacinta, El hombre y la tierra, Monsignor Quixote (Antón García Abril), Nueve cartas a Berta, Verano azul (Carmelo Bernaola), Ocho apellidos vascos, Lo imposible, Lope (Fernando Velázquez), Nodo, Los últimos de Filipinas (Manuel Parada), Bienvenido, Mr. Marshall (Jesús García Leoz y Juan Solano) y La piel que habito (Alberto Iglesias). Cartuja Center Cite, sábado 15 de noviembre de 2025


Puede que clausurar el Festival (de Cine Europeo) de Sevilla con tres actos bien diferentes, repartidos a lo largo del día, no sea la fórmula más conveniente, especialmente si dos de ellos coinciden en la hora, restándose público mutuamente. El primero se produjo al mediodía, cuando en el Pabellón Tres Culturas se leyó el Palmarés y se entregaron los veintisiete premios entre sección oficial y paralelas. Ya por la noche, la proyección de la película de clausura, una excelente Chopin, Chopin!, previo breve concierto de piano en el Cine Cervantes, coincidió con este concierto de la ROSS interpretando música de cine español en el Cartuja Center, al que asistieron el director del festival, Manuel Cristóbal, y el jurado oficial al completo.

Este factor, unido al hecho de que el público fanático de las bandas sonoras se concentra fundamentalmente alrededor de los grandes compositores internacionales y el cine de Hollywood, propició que el aforo luciera algo desangelado. Una sensación que se extendió también al modus operandi de Lucas Macías y los maestros y maestras de la orquesta, que en la primera parte no lograron estar a la altura acostumbrada, especialmente cuando se trata de un género en el que la Sinfónica brilló tanto en épocas pretéritas, cuando se celebraban los añorados Encuentros de Música de Cine.

Sin programa de mano físico, se hubiera agradecido que en las pantallas repartidas por toda la sala se apuntaran los títulos interpretados, como guía a un público algo desnortado cuyo desinterés, en algunos casos, se tradujo en continuas y fastidiosas consultas al móvil, no precisamente para seguir el programa. Grabar videos, hacer fotografías y charlar sin compasión fueron otras de las lindezas repartidas por la platea, sin que el personal de sala hiciera nada por impedirlo.


Primera parte: Un popurrí variado

Quizás la desacostumbrada acústica de la sala provocara que en la primera parte del concierto se detectaran deficiencias de diverso calado. Unas impresiones que tuvieron que ver con el aire afligido que pareció predominar en el catálogo de partituras seleccionadas. Las de Antón García Abril, tan reconocido en el ámbito de la música de concierto de vanguardia, y tan popular cuando de música de cine o televisión se trataba (Sor Citroén), sonaron un poco desvaídas.

Tras la música que suena cada año en los Goya, que sigue la tradición habitual en las fanfarrias, acompañadas de fragmentos más relajados que conforman una suerte de suite, y que la ROSS interpretó de manera aseada, sonaron dos de sus composiciones para la televisión más afamadas. Ambas siguen el patrón de melodía pegadiza y romántica repetida hasta la saciedad. Se trata de Anillos de oro y Fortunata y Jacinta, aunque en esta última el piano de Tatiana Postnikova quedó sepultado bajo la efusiva cuerda.


De la agitada y, en esta ocasión, algo caótica sintonía de El hombre y la tierra, pasamos a una breve representación de la hermosa banda sonora para la serie británica Monsignor Quixote, con la guitarra de Estefan Sánchez Gisbert algo deslucida por un trabajo en dinámicas poco matizado. Otro insigne compositor español, Carmelo Bernaola, estuvo representado por un brevísimo tema a clave solo de Nueve cartas a Berta, así como la archiconocida banda sonora de la serie Verano azul, introducida por temas líricos protagonizados por el acordeón de Ramiro García Martín, y seguido del celebrado tema principal, con una percusión machacona, que sirvió al final del concierto como bis acompasado por las palmas del público.

Un bloque dedicado al internacional Fernando Velázquez arrancó con una suite de Ocho apellidos vascos, en el que destacó el trabajo de los percusionistas de la ROSS en la txalaparta. Siguieron el elegíaco tema principal de Lo imposible, con buenas prestaciones de Alejandro Olóriz al chelo y las jóvenes voces de la Asociación Musical CÓDICE, y una generosa suite de Lope, en la que destacó el emocionante crescendo final que la orquesta defendió con fuerza expansiva.

Segunda parte: Calidad e imaginación

Sólo tres títulos integraron la más acertada y de mayor calidad segunda parte, abordada por Macías y la orquesta con gran interés. Las suites empleadas en las piezas de Manuel Parada y Jesús García-Leoz, fueron en su día grabadas por José Nieto y la Sinfónica de Radio Bratislava, así como por la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE bajo la dirección de Adrian Leaper. Suites perfectamente ensambladas para dar una idea bastante completa y precisa de cada película y su ilustración musical.

Foto: Marina Casanova


En Los últimos de Filipinas, Parada siguió los cánones del cine de aventuras hecho en Hollywood, que tanto habían popularizado autores como Korngold o Steiner, echando mano de una sana imaginación y un variado surtido de géneros musicales, desde marchas a valses pasando por una acción excitante, de todo lo cual se hizo perfecto eco la magnífica interpretación del conjunto. En Bienvenido, Mr. Marshall, García-Leoz acierta en ironía y ese toque pastoril tan característico, defendido por Macías con gracia y candidez. El popular Americanos contó con la colaboración al cante de Ana de Caro, toda gracia y desparpajo, y el apoyo del coro.



Para el final se dejó una magnífica suite para violín y orquesta de la película de Almodóvar La piel que habito. Una especie de concierto preparado por el propio Alberto Iglesias, que con Alexa Farré como solista, concertino titular de la ROSS que en esta ocasión dejó esa responsabilidad en manos de Juho Valtonen, sonó sensacional, impecable. Farré demostró una vez más un talento de alto voltaje, que maneja todos los resortes del instrumento con una maestría extraordinaria, y que es capaz de someterse a las dificultades más extremas, y la partitura de Iglesias las contiene, y salir airosa. Macías acompañó con fuerza y un trabajo dinámico sobresaliente, mientras la orquesta, fundamentalmente la cuerda, respondió con sentido de la armonía, misterio y agitación.

Fotos: Lolo Vasco (SEFF)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 25 de octubre de 2025

ÉRASE UNA VEZ MICHEL LEGRAND La larga agonía de la juventud

Título original: Il était une fois Michel Legrand
Francia 2024 120 min.
Dirección
David Hertzog Dessites Guion David Hertzog Dessites y Willy Duraffourg Fotografía Nicolas Beauchamp Documental Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2024; en Francia 4 diciembre 2024; en España (Movistar+) 11 octubre 2025

¿Quiénes nos hacen felices en esta vida, además de nuestros seres más cercanos y queridos? Seguramente la gente de la cultura, los y las que se dedican a la escritura, al arte, a la música… A mí, Wagner o Strauss aparte, me han hecho muy feliz, en el marco de las bandas sonoras de películas que tanto me han enseñado y me han hecho crecer, Jerry Goldsmith, Bernard Herrmann, ´Henry Mancini, Miklós Rózsa… y Michel Legrand. Con ocasión de su único concierto en Sevilla, en enero de 2028, a punto de cumplir ochenta y seis años y sólo un año antes de dejarnos, escribí Gracias, Sr. Legrand, su música nos ha hecho muy felices, y su talante nos inspira ternura e infinito amor. Este documental que se presentó en Cannes en 2024, se estrenó en Francia a las puertas de Navidad de ese mismo año, y desde el pasado 11 de octubre se puede ver en España en Movistar, es también una declaración de amor en ese mismo sentido, en esta ocasión del cineasta francés, precisamente nacido en Cannes, David Dessites.

El retrato de un hombre incansable, que al final de su paseo por esta extraña y misteriosa vida, declaró que la infancia nos marca tanto que recordamos todo aquello que nos hace sentir como niños, mientras tendemos a olvidar todo lo demás. Echando mano de material impagable de archivo, grabaciones televisivas, conciertos, testimonio de amistades como Louis Malle, Jacques Demy, Quincy Jones, Alan Bergman y tantos y tantas otras, y grabaciones domésticas, acabamos entendiendo que lo que movía su vida y su entusiasmo, lo que le hacía sentir vivo y entusiasmado con una vida que también tuvo sus momentos bajos, era la música.

Hay una canción que me emociona enormemente, siempre me hace llorar, sin tener que relacionarla con nada en concreto, ningún momento específico de mi vida o mi entorno, ninguna película, nada, sólo la melodía y el gusto exquisito con que lo canta Kiri Te Kanawa (la versión que conozco) acompañada por Legrand a la orquesta. Se trata de Comme elle est longue a mourir ma jeunesse, que se podría traducir como Qué larga es la agonía de mi juventud. Pues eso, dicho en sentido positivo, qué larga fue la agonía de la juventud de Michel Legrand, cuánto disfrutó de su música hasta el último momento, como testimonia ese último concierto que dio en la Sala Pierre Boulez de la Philharmonie de París, en diciembre de 2018, o el concierto sevillano, que uno en el límite de la ilusión cree ver reflejado en una instantánea de este documental, cuando el maestro y sus músicos saludaban a quienes tuvimos la suerte de disfrutar por última vez en directo con la música de una persona excepcional, un músico irrepetible.

sábado, 1 de marzo de 2025

UN FANTÁSTICO VIAJE SINFÓNICO-CORAL A LA TIERRA MEDIA

The Lord of the Rings in Concert. Proyección de la película "El señor de los anillos: La comunidad del anillo" en versión original subtitulada al español, con la interpretación en directo de la banda sonora original de Howard Shore. Shih Hung Young, dirección. Grace Davidson, soprano. Coral Ángel de Ucelay (Fermín López, director), Coro Polifónico Orippo (Juan Manuel Barahona, director), Coro del COAS (Ana Alonso, directora), Coro Novaria (Isabel Chía, directora), Escolanía de Los Palacios. Juan Manuel Barahona, director preparador. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Auditorio FIBES, viernes 28 de febrero de 2025


Fibes celebró anoche una de las propuestas más novedosas y lucrativas de la Sinfónica de Sevilla, la proyección de la primera parte de la trilogía de El señor de los anillos con la música de Howard Shore recreada en directo. Una empresa que ha sido todo un éxito artístico y comercial, con casi siete mil personas aficionadas del cine y la música llenando entre la primera función, ayer, y la de hoy el imponente auditorio de Sevilla Este.

Una iniciativa que partió de Jordi Tort, el director gerente de la orquesta, que como buen barcelonés sabe perfectamente lo que significa llenar salas con la música de películas interpretadas de forma sincronizada con la película en cuestión. Algo que se ha hecho en muchas ocasiones en otras plazas, celebrando films míticos como E.T. El extra-terreste, La guerra de las galaxias, Vértigo o Con la muerte en los talones, y que aquí pudimos disfrutarlo hace cinco años, a las puertas de la pandemia.

Fue con Un americano en París en la Cartuja, de la mano precisamente de una orquesta catalana, la Sinfónica Camera Musicae, dirigida por el especialista en la materia Anthony Gabriele, con resultados espléndidos. La ROSS ha hecho algo parecido en varias ocasiones, pero acompañando films mudos como Carmen de Cecil B. de Mille, La revoltosa de Florían Rey y algunos títulos de Chaplin o Keaton, o sin palabras, como fue el caso de la selección de episodios de las dos Fantasías de Disney que pudimos disfrutar en el Maestranza en junio de 2022.

Por todo ello, podemos considerar ésta la primera ocasión en toda regla en la que la Sinfónica de Sevilla se ha atrevido a afrontar tan mastodóntica propuesta, teniendo en cuenta además de que se trata de una película de muy larga duración, tres horas en su versión original estrenada en cines hace veinticuatro años.

Coordinación de fuerzas

Para este reto, la Sinfónica no estuvo sola. Hasta cuatro coros amateurs y los niños y niñas de la Escolanía de Los Palacios le acompañaron, logrando una simbiosis absoluta y un entendimiento que sólo el esfuerzo y un arduo trabajo pueden conseguir. La sincronización precisa con las imágenes estuvo fundamentalmente en manos del director chino de origen taiwanés, aunque nacido en Kuala Lumpur y formado en la prestigiosa Julliard School de Nueva York, Shih Hung Young.


Especializado en la interpretación simultánea de películas con espectáculos que van de El padrino de Nino Rota a Gladiator de Hans Zimmer, y por supuesto la cinta que nos ocupa, el director logró esa coordinación perfecta entre todas las fuerzas convocadas, con resultados tan espléndidos que costó disociar la música de la imagen, creando un efecto confuso sobre si lo que escuchábamos surgía del escenario o de la pista de sonido de la película.

Es cierto que, dadas las dimensiones del auditorio, el sonido tuvo que ser amplificado, lo que quizás hubiera permitido ecualizar y equilibrarlo hasta conseguir que la música no eclipsara tan a menudo como lo hizo los diálogos y efectos de sonido de la película. Claro, que tratándose de un espectáculo donde la música es la verdadera protagonista de la función, cabía darle esa merecida prioridad.

Howard Shore y la Sinfónica de Sevilla

No es la primera vez que la ROSS se enfrenta a la música de Howard Shore. Ya lo hizo anteriormente en dos ocasiones, con el propio compositor a la batuta. En los Encuentros de Música de Cine de 1996, repasaron juntos aquellas partituras que le hicieron notable antes de alcanzar la fama absoluta con las películas de Peter Jackson.


En aquel memorable concierto sonó su música para las películas de David Cronenberg que le dieron a conocer, la de El silencio de los corderos que acrecentó su fama, y otras como Big, La Sra. Doubtfire, Filadelfia y Looking for Richard, un seudocumental de Al Pacino cuya música sinfónico coral podemos considerar como clara precursora de sus bandas sonoras para el universo de Tolkien.

Ocho años después, Shore recaló de nuevo en el Maestranza para presentarnos en jornada doble su sinfonía basada en temas de las tres películas de El señor de los anillos, también con la Sinfónica y con bellísimas ilustraciones de Alan Lee proyectadas en una pantalla. Pero lo de ayer y hoy es algo completamente diferente y sumamente atractivo, con resultados espectaculares que se tradujeron en un trabajo impecable de todas las familias orquestales, con especial protagonismo de la percusión, unos metales refulgentes, maderas  cargadas de ternura y una cuerda afinada, depositaria de altas cargas de tensión y puntuales exhibiciones de lirismo.

En cuanto a los coros, tan coordinados que parecieran sólo uno, atendieron con perfección profesional los pasajes más potentes y acentuados así como los más místicos y relajados, encontrando siempre el tono y la medida justa, sin estridencias ni salidas de tono perceptibles. Magníficos también, como siempre, los y las pequeñas de la Escolanía, mención especial del niño solista, nada que envidiar a Edward Ross, el intérprete original.


Tampoco Grace Davidson nos hizo echar de menos a Enya o a Elizabeth Fraser, la cantante celta y la soprano respectivamente que participan en la banda sonora original, cuyos diferentes cometidos abordó la soprano inglesa con absoluta naturalidad y siempre en perfecto estilo. Un acontecimiento, en general, todo lo satisfactorio que se pueda imaginar y un triunfo absoluto de nuestros músicos en todos los sentidos, arropado por el entusiasmo general de un público entregado.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 23 de noviembre de 2024

FILM SYMPHONY ORCHESTRA, LA FÁBRICA DE SUEÑOS

Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, director. Tarab: Suites y temas de Hans Zimmer (Dune, Origen), Erich W. Korngold (El halcón del mar), James Horner (Leyendas de pasión, Troya), Harry Gregson-Williams (Marte), James Newton Howard (Animales fantásticos), Kristen & Robert López (Frozen), Alan Silvestri (Forrest Gump, El regreso de la momia), John Williams (La lista de Schindler, El ascenso de Skywalker), Ludwig Göransson (Oppenheimer), Steven Price (Gravity) y Alan Menken (La sirenita). Auditorio FIBES, viernes 22 de noviembre de 2024


Hace más de una década que la orquesta valenciana se deja ver y oír en nuestra ciudad, desde aquellos primeros conciertos en los que todavía les faltaba definición y depuración, hasta llegar a disfrutar de un prestigio y una dignidad que sólo se alcanza con mucho trabajo y una considerable pasión. Constantino Martínez-Orts la derrocha incluso en sus profusas locuciones, frente a una numerosa y prolífica orquesta mayoritariamente de gente muy joven.

Su propuesta tiene mucho de teatralidad, de manera que no importa las veces que haya ofrecido el mismo espectáculo en distintas ciudades, y de éste ya van siete y le quedan treinta y seis, incluido un segundo en Sevilla en el mes de marzo, que siempre se las ingenia para parecer que lo hace por primera vez, con toda la naturalidad y la frescura del mundo, logrando de paso que el público también se sienta protagonista de su propuesta. De esta teatralidad participa también el podio sobre el que se sitúa el director, reminiscente del de Stokowski en Fantasía, así como la generosa luminotecnia y el vestuario futurista de todos y todas las miembros de la orquesta.

Llegar anoche a Fibes resultó toda una odisea para buena parte del público, debido fundamentalmente a las obras del tranvibus, pero también ante la expectación que suscitan los conciertos de la FSO. De hecho, fue mucha la gente que llegó tarde y tuvo que incorporarse ya empezado el concierto, con las consiguientes molestias que supuso ubicarlos. Pero todo sirve de cara a disfrutar de esta cita con el cine que más taquilla hace y más óscars recibe, una constante que a Martínez-Orts parece atraerle bastante.

La emoción de sentir la música

El término Tarab que bautiza esta nueva gira, fue desgranado a modo de presentación por una voz en off acompañada de la crepuscular música de Hans Zimmer para Dune, con la sevillana Anaís Sancruz exhibiendo su potente voz desde las alturas. Su significado, la emoción que sentimos a través de la música, se puede asociar a cualquiera de los espectáculos anteriores de la orquesta.

El programa arrancó con la habitual dosis de cine clásico, al que Martínez-Orts dedica poca atención, limitándose a una o dos piezas por concierto, y siempre en versión muy reducida, como esta vez, que se conformó con los títulos de crédito iniciales de El halcón del mar de Korngold, sacrificando el tema Reunion al que generalmente va anclado. Además, precederlo de la fanfarria de la Fox en lugar de la Warner que la produjo, no fue muy acertado desde el punto de vista ortodoxo, sí quizás del espectáculo que siempre persigue con sus propuestas.

De James Horner se interpretaron dos piezas asociadas a un apolíneo y melenudo Brad Pitt, el cálido y romántico The Ludlows de Leyendas de pasión, con un impecable final a doble violín a cargo de Amanda Ochoa y Maider Lara, y la música de batalla de Troya, con brillantes aportaciones de los metales y un obsesivo control del ritmo. Lástima que las dimensiones del auditorio obliguen a amplificar el sonido, perdiéndose en el camino matices, dinámicas y planos sonoros, aunque hay que admitir que en su caso el sonido está muy bien diseñado y estos inconvenientes se minimizan bastante.

Una inquietante suite de Marte demostró lo buen compositor que es Harry Gregson-Williams, siempre a la sombra de Zimmer en la filmografía de Ridley Scott, como sucede ahora con Gladiator II, pero tan inspirado y eficiente, como bien demostró la depurada interpretación de la orquesta. También en forma de una muy conseguida suite se presentó la música de James Newton Howard para Animales fantásticos, en la que el swing a big band se hizo patente de forma también impecable y muy en estilo.

Anais Sancruz en modo Elsa

La primera parte culminó con la participación de la cantante sevillana en el icónico Let It Go! de Frozen en perfecto inglés, quizás algo menos punzante y apasionado de lo deseable, pero tan bien entonado como suele ser en ella, y con el abrigo entregado de la orquesta. Lástima que la suite de Forrest Gump de Alan Silvestri no resultara tan convincente. Se trató de una versión recortada y arreglada de los títulos de crédito finales de la película, que se reveló insuficiente y algo tosca.

Un complejo y radiante alarde técnico

Silvestri fue también el encargado de abrir la segunda parte, permitiendo a la orquesta exhibir su versatilidad para conjugar diferentes ritmos y estados de ánimo en la colorista suite de El regreso de la momia. De nuevo sonó el popular y emotivo tema de La lista de Schindler, con una impecable interpretación de Ochoa al violín que no desmereció a otros grandes que la han abordado, como Itzhak Perlman en la banda sonora o Anne-Sophie Mutter en una grabación reciente, e incluso mejoró la de otros igualmente insignes solistas como Joshua Bell.

También de Williams, un inevitable de los programas de Martínez-Orts, es El ascenso de Skywalker, con la que la FSO completó la saga Star Wars, un romántico tema que sólo se escucha en la película en sus créditos finales. A él encadenó sin solución de continuidad la Marcha Imperial de El imperio contraataca, dejando clara la flexibilidad de la orquesta a la hora de cambiar de registro de forma abrupta y radical.

El cuarto final del concierto fue lo mejor de la noche, con un trío de bandas sonoras con las que la orquesta y su director realizaron todo un alarde técnico de combinación entre efectos sonoros, electrónica y sonido acústico a altísimo nivel. Así se resolvieron con total satisfacción la oscarizada música de Ludwig Göransson para Oppenheimer, el estremecedor final de Gravity de Steven Price, con vocalizaciones a pleno pulmón de Sancruz, y una sensacional suite de Origen de Zimmer, con impagables aportaciones de Rafa Martínez Rodríguez al bajo eléctrico.

Anaís Sancruz entonó con ferviente teatralidad y voz arrolladora, no exenta de dulces matices y rutilantes inflexiones, Parte de tu mundo, dentro de una jubilosa suite de La sirenita de Alan Menken, en la que no faltaron en excelentes versiones instrumentales Besa a la chica, Pobres almas en desgracia y Bajo el mar, arropadas por el excelente trabajo de los responsables de la percusión. El divertido tema de Loca academia de policía de Robert Folk sirvió como propina, antes de despedirse con el inevitable Cantina Band que han convertido en himno de la orquesta e incluso se repite en cada uno de los discos que graban para la posteridad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de noviembre de 2024

CELEBRANDO A DOS GRANDES MÚSICOS: QUINCY JONES Y JOHN WILLIAMS

Ahora que hace apenas cuatro días falleció Quincy Jones y que se acaba de estrenar un documental sobre John Williams, aprovechamos la ocasión para revisar estos dos trabajos y dedicarles unas palabras a estos dos grandes músicos de los últimos cien años.

El documental de Jones se estrenó hace seis años, el 21 de septiembre de 2028 en Netlifx y está dirigido por su hija Rashida, a quien hemos visto como actriz en películas como La red social de David Fincher y On the Rocks de Sofia Coppola, en colaboración con el joven cineasta australiano Alan Hicks. Siendo el trabajo de una de sus seis hijas, concebida junto a la actriz Peggy Lipton, a quien recordamos por interpretar a la hermosa y madura propietaria de la cafetería de Twin Peaks, no podía ser sino una semblanza laudatoria y épica de su padre en relación a su flamante y reconocido trabajo. No pierde sin embargo la oportunidad de reflejar su escasa dedicación a la familia, lo que le reportó varios fracasos sentimentales, entre ellos el de la actriz referida, y un sinfín de complicaciones de salud, sobre todo debido al estrés provocado por su incesante vida laboral y sus infinitos compromisos profesionales. De hecho, el documental está rodado durante los días previos al concierto de inauguración del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, también conocido como Smithsonian.

Afortunadamente para él, Jones nos dejó antes de vivir la infamia que supone empujar de nuevo hacia la Casa Blanca a un mafioso como Donald Trump, incurso además en varias causas penales. Una auténtica amenaza para su país y el mundo entero, y un verdadero retroceso en los derechos civiles de los que el músico fue siempre un abanderado y ferviente luchador a través de su música y su carrera como director de orquesta, arreglista e insigne productor responsable de los éxitos de Michael Jackson y de aquel We Are the World que tanto hizo por visibilizar la hambruna africana.

Siempre con sus raíces como inspiración, Jones supo adaptarse también al genuino gusto norteamericano, a través de sus colaboraciones con Sinatra y sus bandas sonoras al más puro estilo de autores blancos como Burt Bacharach, que también nos dejó recientemente, Neal Hefti, Johnny Mandel, casualmente un joven Johnny Williams y sobre todo, Henry Mancini. Su mérito fue ser el único negro entre tantos, y a él le debemos algunas joyas como El prestamista o Llamada para el muerto, ambas de Sidney Lumet, A sangre fría, En el calor de la noche o Un hombre para Ivy. Su último trabajo cinematográfico le convirtió también en productor y descubridor de otra leyenda mediática afroamericana, Oprah Winfrey. Se trata de El color púrpura, cuyo tema principal le reportó algún que otro quebradero de cabeza por su parecido más que razonable con el que Georges Delerue compuso más de una década antes para la película de Jack Clayton A las nueve de cada noche, un episodio que no se narra en este trabajo.

El documental de Rashida Jones y Alan Hicks repasa alternativamente la biografía del legendario músico narrada por él mismo y su imponente grave voz, mientras lo acompaña en esos días previos al acontecimiento y después de superar un coma debido a un derrame cerebral. El estrés y el alcohol lo llevaron a varios episodios sanitarios desde mediados de la década de los setenta, lo que evidencia que su hija intenta ser sincera en este cálido homenaje. Llama la atención cómo este entonces octogenario se relaciona con el inevitable fin que ha encontrado seis años después, recordando a tantos y tantos que formaron parte de su vida, como Lionel Hampton, Frank Sinatra, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan o el propio Michael Jackson, mientras sigue en estrecha colaboración con otros de los grandes, como Stevie Wonder. Infinitas son las estrellas que circulan frente a la cámara y los recuerdos en todo tipo de formatos y siempre muy generosos de Rashida, en lo que es un completo y exhaustivo análisis de una figura legendaria e irrepetible.

Por su parte, el trabajo de Laurent Bouzereau sobre John Williams, todavía en activo pero naturalmente víctima de intermitentes caídas de salud, como demuestra la reciente cancelación de nuevos conciertos en Viena, resulta más convencional y académico. Se reduce a ilustrar la vida y el trabajo del insigne compositor de bandas sonoras, el más grande de cuantos quedan vivos, quizás extensible también a sus trabajos estrictamente de concierto, bajo un prisma de ferviente admirador, y dirigido a otros y otras tantas que durante mucho han comulgado con su fascinante música.

Bouzereau se ha especializado en documentales que acompañan la edición en DVD de películas legendarias, especialmente las firmadas por Alfred Hitchcock. Con un formato parecido al de estos trabajos alimenticios, aborda la figura de John Williams, repasando de forma más o menos esquemática su vida, desde su infancia en el seno de una familia creativa musicalmente, su formación académica y sus primeros pasos gracias a su alistamiento en el ejército. Precisamente ahí, destinado en San Juan de Terranova, dio sus primeros pasos como compositor, una de las escasas revelaciones del documental. Después vendrían sus colaboraciones con otros compositores, como Elmer Bernstein o Henry Mancini, y sus primeros trabajos bajo el nombre de Johnny Williams. Un período por el que el documental pasa prácticamente de puntillas, mientas apoyándose narrativamente en un encuentro con su gran amigo y colaborador, Steven Spielberg, repasa aquellos trabajos que son más conocidos y admirados por sus legiones de fans, como Tiburón, Encuentros en la tercera fase, la saga de Indiana Jones y, por supuesto, La guerra de las galaxias.

Por la pantalla desfila el tradicional conjunto de testimonios de amistades, especialistas y compañeros, como Itzhak Perlman, Gustavo Dudamel, Thomas y David Newman, Alan Silvestri, Kate Capshaw, Yo-Yo Ma, Anne-Sophie Mutter, y por supuesto George Lucas y Steven Spielberg, en lo que acaba siendo una mera semblanza del homenajeado, hecha con cariño y consideración, pero haciendo acopio de datos que son bien conocidos de quienes más interés podemos tener en el film. No obstante, hay espacio también para conocer algunas curiosidades, como esos principios en Terranova, o el hecho de que uno de sus hijos sea el cantante del grupo Toto. El estreno de este aseado y esmerado documental tuvo lugar en Disney+ el pasado viernes 1 de noviembre.