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sábado, 28 de marzo de 2026

EL JAZZ PURO SE CUELA EN LA ROSS DE LA MANO DE WAYNE MARSHALL

Sinfónico 9: Rapsodia americana. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Wayne Marshall, piano. Lucas Macías, dirección. Programa: Ceci n’est pas une valse, de Raquel García-Tomás; The Unanswered Question S.50, de Ives; Suite for Variety Stage Orchestra nº 1, de Shostakóvich; Obertura de Candide, de Bernstein; Rhapsody in Blue, de Gershwin. Teatro de la Maestranza, viernes 27 de marzo de 2026


Más de un mes ha tenido que pasar para reencontrarnos con la programación de abono de la Sinfónica, y ha sido de la mano de uno de los programas más atractivos y distendidos de la temporada, dedicado fundamentalmente a la música importada de Estados Unidos, ya sea para deconstruir un vals de aires misteriosos al más puro estilo cinematográfico, recrear desde la Unión Soviética sonidos vodevilescos con aires de show business, o rendir pleitesía a tres grandes nombres de la música estadounidense. La joven Raquel García-Tomás y el legendario Shostakóvich dialogaron así con Ives, Bernstein y Gershwin, mientras Wayne Marshall fue la estrella indiscutible al final de la función.

De un misterio existencial

La obra de la catalana Raquel García Tomás, galardonada en 2020 con el Premio Nacional de Música en la modalidad de composición, parte del impresionismo francés, perceptible incluso en el título, Ceci n’est pas une valse (Esto no es un vals), para continuar siguiendo cánones de la música cinematográfica que tanto ha influido en las nuevas generaciones de compositores y compositoras. Arranca de forma estrepitosa para después ir paulatinamente enganchando al oyente con su acumulación de capas instrumentales y esos elegantes destellos de vals que se van colando en un intenso universo, al que la ROSS respondió con todo el ahínco y la pasión que fue capaz de contagiarle un entusiasta Lucas Macías a la dirección.

Siguiendo una estética parecida, volvimos a enfrentarnos a esa pregunta sin respuesta que plantea la obra más recurrente de Charles Ives, por tercera vez en una década, tras interpretarla la Sinfónica Conjunta y la ROSS en ocasiones igualmente memorables. La novedad residió en colocar esta vez la trompeta solista y las maderas en las zonas más altas del teatro, enfrentadas, provocando así un aire cósmico y envolvente que traduce muy bien esa desazón por la propia existencia que plantea la breve pero intensa página, y que tanta relación guarda con algunas de las piezas sinfónicas más celebradas de un autor al que apenas prestamos atención más que para programar ésta.


A la celebración lúdica

Ha sido un verdadero placer escuchar en los atriles de la ROSS la que siempre conoceremos como Jazz Suite nº 2 de Shostakovich, también conocida como Suite para orquesta de baile, y rebautizada como Suite para orquesta de variedades. Al margen del celebérrimo Vals nº 2 que tan popular se hizo de la mano de Kubrick en su última película, Eyes Wide Shut, y rápidamente se convirtió en un imprescindible en bodas, la suite, integrada por piezas concebidas por su autor para diversos cometidos de carácter lúdico, respira aires de distinta índole.

Macías la dirigió con todos los posibles efectivos a su alcance, restándole así parte de ese aspecto circense y vodevilesco para concederle un aspecto más majestuoso, brillante y decididamente espectacular. Esto no fue óbice para que el conjunto sonara eficiente, impecable desde un punto de vista estrictamente técnico, con solos excelentes de saxofón y una cuadrilla del instrumento en perfecto estilo swing, y aportaciones igualmente notables del acordeón, uno de los instrumentos añadidos a tan generosa plantilla. Un trabajo muy colorido, que quizás restó algo de ironía al conjunto, a favor de una espectacularidad enorme y una fuerza decibélica impresionante.

Ya en la segunda parte, no fue quizás la obertura de la ópera u opereta, según cada uno y una la considere, Candide de Leonard Bernstein, la pieza más redonda a nivel de interpretación. De nuevo muy recargada de efectivos, rígida en las transiciones y atropellada en algunos pasajes, Macías tendría que haber trabajado más las aristas sofisticadas y elegantes de la pieza para que no acabara pareciendo una recreación simplemente obligada y circunstancial.


Toda una leyenda del piano, un clásico del jazz moderno, el británico Wayne Marshall no vino para interpretar la Rapsodia en Blue programada para este noveno concierto de abono, sino que se trajo su propia Rapsodia en Blue, de forma que fue él, tanto o más que Macías, quien sentó las directrices a las habría de someterse la interpretación de la famosa pieza. La suya fue todavía más jazzística que la que hace años nos ofreció Michel Camilo, arrancando de forma tan acelerada que a algunos de los músicos pareció costarle seguirle el ritmo. Creímos por un instante que despacharía la pieza en un santiamén, hasta que justo antes del hermoso blues central, se embarcó en unas variaciones a modo de improvisadas candencias de su propia cosecha que alargaron considerablemente la pieza.

Volvió a hacerlo, para deleite de muchos y muchas aficionadas, y posiblemente irritación de otros, tras el blues y casi al final a modo de coda, exhibiendo todo su potencial al piano, su fabulosa creatividad y un dominio del lenguaje puramente jazzístico a mayor satisfacción de los más exigentes eruditos en la materia. John Axelrod ya extrajo todo el potencial jazzístico de una convenientemente versátil ROSS en aquel ya lejano Harlem de Duke Ellington, lo que de nuevo quedó demostrado en esta versión algo abigarrada pero en perfecto estilo de la archiconocida pieza de un Gershwin que atesora otras piezas de concierto dignas de programarse, aunque su grueso sean musicales y canciones sueltas. Lady Be Good, del musical homónimo, sirvió como propina para que Marshall la sometiera a coloristas figuraciones de una apabullante creatividad.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 16 de marzo de 2026

PASIÓN VEGA REIVINDICA CUARENTA AÑOS DE EMOCIÓN Y LIBERTAD

Pasión Almodóvar. Pasión Vega, voz. Moisés P. Sánchez, piano, dirección musical y arreglos. Sergio Menem, violonchelo y guitarra. Pablo Martín Jones Johnson, contrabajo. Toño Miguel, percusión y electrónica. Joan Antón Rechi, dirección artística y dramaturgia. Gabriel Insignares, escenografía. Alberto Rodríguez, iluminación. Producción del Festival ClássicAnd y Festival de Peralada. Teatro de la Maestranza, domingo 15 de marzo de 2026


La atracción que provoca escuchar en concierto un buen número de canciones incluidas en la emblemática filmografía de nuestro director de cine más internacional, Pedro Almodóvar, nos ha llevado a acercarnos a este singular concierto de la siempre extraordinaria Pasión Vega en un espacio tan querido y significativo para ella y cualquier artista como es el Teatro de la Maestranza.

Una de las bazas que han hecho del cine del director manchego lo que es, y obtener el éxito que ha cosechado, es sin duda la música que con tanto mimo ha elegido el propio realizador. No se trataba en esta ocasión de rememorar las bandas sonoras originales que para él han compuesto Bonezzi, Morricone, Sakamoto y, sobre todo, Alberto Iglesias, compañero inseparable del Deseo desde La flor de mi secreto a la última película, Amarga Navidad, que se estrena precisamente dentro de unos días con gran expectación. Esta circunstancia y esas horas previas a la celebración de unos Oscars que al director manchego le han reportado varias satisfacciones, incluidas dos estatuillas, añadió atractivo a esta emotiva cita con la cantante malagueña.

Pasión Vega arrancó la velada con una enigmática, casi sideral, versión de Tonada de luna llena, un clásico de Simón Díaz que sonaba precisamente en La flor de mi secreto en la voz de Caetano Veloso. El duelo amoroso de Amanda Gris/Leo Macías sirvió también a la voz serena y perfectamente entonada de Pasión Vega para cantar, siempre en ese estilo particular suyo que combina jazz con copla y cierto deje aflamencado, el clásico de Chavela Vargas En el último trago. Tampoco cedió a la tentación de adaptarse al estilo desgarrado y ronco de la gran artista mexicana que tanta amistad cosechó con Almodóvar, en el también sintomático Luz de luna, incluido en uno de los trabajos menos agraciados del director, Kika.

Mujeres sufridoras pero fuertes

Vestida en una primera mitad con el mismo verde que lucía en Tacones lejanos la muy llorada Marisa Paredes, a quien Pasión Vega dedicó unas emotivas palabras, entonó de forma muy particular y muy buen gusto Un año de amor, la canción original de Mina que tras su adaptación al castellano por el propio Almodóvar inmortalizó Luz Casal. De ella también cantó, como no podía ser menos, ese Piensa en mí que se ha convertido en banda sonora inseparable del cine del director, y que convirtió a Luz en la gran dama de la canción que ha triunfado en el mundo entero. Esta vez se enfundó en un traje rojo pasión como su nombre, y bajó al patio para acercarse a su incondicional público.


El desfile de emociones, lágrimas y alegrías, se completó con piezas tan fundamentales como Se nos rompió el amor, canción de Manuel Alejandro indefectiblemente unido a la memoria de la gran Rocío Jurado, pero que en Kika cantaban las no menos grandes Fernanda y Bernarda de Utrera. Sin transformarse en Sara Montiel, se armó de sensualidad y seducción en Quizás, quizás, quizás, incluida en La mala educación, otro título que consideramos fallido de un director que nos entusiasma. De sus primeros títulos, la cantante eligió Encadenados de Lucho Gatica, que suena en Entre tinieblas, y la copla La bien pagá, un título habitual en los recitales de Pasión Vega con el que homenajeó a su paisano Miguel de Molina. Y de nuevo Caetano Veloso, que participaba como estrella invitada en aquella fiesta a la luz de la luna de Hable con ella, cantando Cucurrucuú Paloma, que así sonaba por segunda vez en el Maestranza en un mismo fin de semana, después de que Juan Diego Flórez nos la regalara como propina en su recital del pasado viernes.

Y antes de extender el programa oficial, aún cantó Volver de Carlos Gardel, tal como aparecía en la película homónima pero sin caer en la tentación de emular a Estrella Morente, que presta su voz a Penélope Cruz. Pasión tiene su propio estilo, singular e inimitable, y no necesita parecerse a nadie. Ella lleva el repertorio a su terreno con éxito. Otra mujer excepcional, La Lupe, se manifestó a través de otro clásico, Puro teatro, tal como aparecía en Mujeres al borde de un ataque de nervios, y que Pasión cantó con esa elegancia y delicadeza no exenta de autoridad y cierta vehemencia que le caracteriza.


Un buen acompañamiento y un mensaje ineludible

Todo esto sonó y ocurrió con el impagable acompañamiento de Sergio Menem al violonchelo y la guitarra portuguesa, Toño Miguel al contrabajo, Pablo Martín Jones a la batería y la percusión y, sobre todo, Moisés Sánchez al piano, artífice además de este espectáculo estrenado en el Festival de Peralada en julio de 2024. Ellos arroparon con ese extraordinario sello jazzístico, elegante y relejado a la admirada voz de Pasión Vega, que también entonó el clásico de Jacques Brel Ne me quitte pas de La ley del deseo, de cuya banda sonora el conjunto instrumental interpretó con aires algo swing el tema de Zarah Leander Nur nicht Aus Liebe Weinen.

Y en las propinas, Bola de Nieve con la desgarrada Ay amor, de nuevo acompañando al desamor de Leo Macías en La flor de mi secreto. Y la gran sorpresa final, Pointer Sisters y ese I’m So Excited que Carlos Areces, Raúl Arévalo y Javier Cámara coreografiaban en Los amantes pasajeros.

Cuarenta años de carrera del director que coinciden con otros tantos de democracia, derechos y libertades, muchos hoy puestos en entredicho, a los que tanto contribuyó al director manchego con su particular forma de celebrar la vida, la libertad y el amor. Ella, Pasión, sus músicos y el público tenemos la obligación y la responsabilidad de que nada haya sido en vano y podamos transmitir esos valores y esa celebración a nuestros y nuestras herederas por los siglos de los siglos.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículko publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 25 de octubre de 2025

ÉRASE UNA VEZ MICHEL LEGRAND La larga agonía de la juventud

Título original: Il était une fois Michel Legrand
Francia 2024 120 min.
Dirección
David Hertzog Dessites Guion David Hertzog Dessites y Willy Duraffourg Fotografía Nicolas Beauchamp Documental Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2024; en Francia 4 diciembre 2024; en España (Movistar+) 11 octubre 2025

¿Quiénes nos hacen felices en esta vida, además de nuestros seres más cercanos y queridos? Seguramente la gente de la cultura, los y las que se dedican a la escritura, al arte, a la música… A mí, Wagner o Strauss aparte, me han hecho muy feliz, en el marco de las bandas sonoras de películas que tanto me han enseñado y me han hecho crecer, Jerry Goldsmith, Bernard Herrmann, ´Henry Mancini, Miklós Rózsa… y Michel Legrand. Con ocasión de su único concierto en Sevilla, en enero de 2028, a punto de cumplir ochenta y seis años y sólo un año antes de dejarnos, escribí Gracias, Sr. Legrand, su música nos ha hecho muy felices, y su talante nos inspira ternura e infinito amor. Este documental que se presentó en Cannes en 2024, se estrenó en Francia a las puertas de Navidad de ese mismo año, y desde el pasado 11 de octubre se puede ver en España en Movistar, es también una declaración de amor en ese mismo sentido, en esta ocasión del cineasta francés, precisamente nacido en Cannes, David Dessites.

El retrato de un hombre incansable, que al final de su paseo por esta extraña y misteriosa vida, declaró que la infancia nos marca tanto que recordamos todo aquello que nos hace sentir como niños, mientras tendemos a olvidar todo lo demás. Echando mano de material impagable de archivo, grabaciones televisivas, conciertos, testimonio de amistades como Louis Malle, Jacques Demy, Quincy Jones, Alan Bergman y tantos y tantas otras, y grabaciones domésticas, acabamos entendiendo que lo que movía su vida y su entusiasmo, lo que le hacía sentir vivo y entusiasmado con una vida que también tuvo sus momentos bajos, era la música.

Hay una canción que me emociona enormemente, siempre me hace llorar, sin tener que relacionarla con nada en concreto, ningún momento específico de mi vida o mi entorno, ninguna película, nada, sólo la melodía y el gusto exquisito con que lo canta Kiri Te Kanawa (la versión que conozco) acompañada por Legrand a la orquesta. Se trata de Comme elle est longue a mourir ma jeunesse, que se podría traducir como Qué larga es la agonía de mi juventud. Pues eso, dicho en sentido positivo, qué larga fue la agonía de la juventud de Michel Legrand, cuánto disfrutó de su música hasta el último momento, como testimonia ese último concierto que dio en la Sala Pierre Boulez de la Philharmonie de París, en diciembre de 2018, o el concierto sevillano, que uno en el límite de la ilusión cree ver reflejado en una instantánea de este documental, cuando el maestro y sus músicos saludaban a quienes tuvimos la suerte de disfrutar por última vez en directo con la música de una persona excepcional, un músico irrepetible.

domingo, 20 de octubre de 2024

O SISTER! REIVINDICA LA VIGENCIA DE UN GÉNERO

Cita en Maestranza. O Sister!: Helena Amado y Paula Padilla, voces. Marcos Padilla, voz y guitarra; Matías Comino, guitarras, banjo y voz; Camilo Bosso, contrabajo y coros; Pablo Cabra, batería y tabla de lavar. The Horn Department: Julien Silvand, trompeta; Juli Aymí, clarinete y saxo; Carlos Santana, trombón, piano y teclados. Programa: Brand New Day. Teatro de la Maestranza, sábado 19 de octubre de 2024


Aunque hemos sido testigos de su fascinante trabajo en espacios más reducidos como los Jardines del Alcázar o el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar de ellos en su anterior comparecencia en el Maestranza, ahora con más de tres cuartos de aforo dejándose seducir por sus desenfadadas propuestas. Por fin anoche nos quitamos esa espinita del corazón y compartir con tanta gente la alegría contagiosa de este grupo sevillano que tanto ha hecho por recuperar ese swing y ese blues cuyo eco se ha dejado oír en algunas de las más asombrosas iniciativas musicales y coreográficas que han asomado en la ciudad en los últimos años. No es que antaño no sonaran estas músicas en Sevilla, en cines y salones de baile, pero en estos últimos la interpretación dejaba mucho que desear, y en los primeros me contaba mi padre cómo el público pateaba cuando la trama de la película se interrumpía con las canciones entonadas por ejemplo por Fred Astaire.


Ahora, con el magisterio al que nos tienen acostumbrados y acostumbradas las últimas generaciones de músicos formados y formadas en nuestra tierra, en todos los géneros y estilos, O Sister! lleva más de quince años recuperando aquel estilo previo al swing de la Segunda Guerra Mundial, especialmente el que tanto consoló a millones de personas perjudicadas por la Gran Depresión. Con las Hermanas Boswell como referencia, sus onomatopeyas y depurado estilo para entonar los clásicos de la época, el conjunto sevillano, tantas veces desdoblado en otros según acometan un estilo u otro, aprovechó la ocasión que le brindó el Maestranza en su conmemorativo ciclo Cita en Maestranza, para presentar su último trabajo discográfico, Brand New Day, y con el tema que le da título iniciaron un estimulante recorrido por composiciones originales y letras muy reivindicativas, una ejemplar forma de combinar pasado y presente para dejar claro que todo lo antiguo puede sonar moderno, y que no sólo la nostalgia puede justificar dejarse seducir por aquello de lo que disfrutaron nuestros ancestros.

Así que O Sister! dejó los standards para envolverse en aires absolutamente nuevos y contemporáneos, con unos temas que reproducen como nadie mejor sabe hacerlo, aquí o en la Conchinchina, ese depurado sonido tantas veces disfrutado en películas de la época o reminiscentes de ella. Un sonido también muy deudor y heredero del blues de Nueva Orleáns, del que ya han tenido ocasión de participar y que en sus manos no nos provoca más que una sincera admiración. Pocas concesiones al castellano hacen en su repertorio, mientras en sus letras hay cabida para el feminismo, el medio ambiente, la esclavitud informática o el difícil acceso a la vivienda. Todo ello bajo la estética alegre y desenfadada de ese estilo musical que, paradójica y paralelamente, tanto hizo por aliviar las penurias económicas de la década de los treinta.


Quizás la amplificación jugó algo en contra de las voces, especialmente de Marcos Padilla, de quien tanto habíamos disfrutado en anteriores comparecencias, especialmente por su simbiótico estilo de cantar evocando una época irrepetible. Pero no evitó que aflorara la rotunda personalidad de Paula Padilla y Helena Amado, esta última haciendo acopio de su particular sentido del humor, un poco mamarracha al principio, pero tan divertida conforme fuimos entrando en su universo petardo y desquiciado, atisbo de break dance incluido. Dignas de elogio fueron las aseadas coreografías de sus tres vocalistas.

Nada que objetar al magnífico conjunto instrumental, con las siempre atinadas cuerdas de Matías Comino, la excelente percusión de Pablo Cabra y el cuerpo que al todo es capaz de dotar Camilo Bosso al contrabajo. A todos ellos se unió una formación de metal, The Horn Department, que insufló de estilo y energía a la propuesta, con especial mención a un todo terreno de Morón que se hace llamar Carlos Santana, parece que por estricta casualidad, y que ha demostrado su versatilidad en conjuntos como The Jungle Jazz Band. Toda una explosión de color, alegría y ritmo que encontró su momento más hermoso y emotivo en el unplugged con el que abrieron la tanda de propinas, una hermosa canción en castellano que nos habló de inmigración, dolor y nostalgia.

Fotos: Teatro de la Maestranza

jueves, 11 de julio de 2024

MÁGICO TRIBUTO DE CARRA Y LANCHO A MANCINI Y ELLINGTON

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Jose Carra, piano; Carmen Lancho, voz. Programa: Ellington vs. Mancini (Centenario del nacimiento de Henry Mancini y 50 aniversario de la muerte de Duke Ellington). Jardines del Alcázar, miércoles 10 de julio de 2024

Foto: Actidea

Que Jose Carra admira a Henry Mancini lo supimos hace apenas un par de semanas cuando asistimos al concierto con el que la Filarmónica de Málaga clausuraba el
Festival de Música de Úbeda. Un homenaje al gran compositor de bandas sonoras, pianista y director de orquesta centró su programa, y con él los arreglos y la participación del malagueño desde un humilde piano de pared.

A nuestro Alcázar ha sido invitado para rendir homenaje al autor de La pantera rosa en el centenario de su nacimiento. Pero también a Sir Duke, como le gustaba llamarlo a Stevie Wonder, Ellington en el cincuenta aniversario de su fallecimiento. No hay efemérides que se le escape a Actidea cuando diseñan la programación de cada verano, un detalle que les honra y les caracteriza, contribuyendo a pulir ese factor humano que no debe faltar en ninguna empresa.

La rotunda simpatía de la vocalista madrileña Carmen Lancho se ganó en parte al público; el resto lo hizo su exquisita forma de cantar, su sintonía con el pianista y su buen gusto al modular, frasear y volcar sentimiento en cada nota puesta a su disposición. Es difícil cuando se abordan estos repertorios no encontrar referentes claros. En el caso de Lancha, su voz aguda y sensual nos evocó a Peggy Lee, pero todavía es muy joven e irá perfilando un estilo algo más personal y atrevido, curtido en su continua y espectacular experiencia y avidez de aprendizaje. De momento hay mucho que agradecerle al recrear con tanto acierto estos grandes clásicos de la música americana.

Por su parte, Carra es un consumado artista, capaz de extraer del teclado tanta emoción como técnica, virtuosismo, creatividad y profusa ornamentación. Sus arreglos están imbuidos de un sello personal, haciendo acopio de lo aprendido y añadiendo un estilo propio basado en su formación clásica y la admiración que profesa a los grandes del repertorio jazzístico. A la hora de desplegar su faceta de arreglista, acierta en captar y distinguir el espíritu de uno y otro compositor, adecuándose a sus líneas básicas pero aportando una visión fresca y original al conjunto.

De esta forma, el imprescindible Caravan se impulsó con las notas intervenidas de Carra y la sensualidad de Lancho, mientras en I’m Beginning to See the Light la cantante huyó del sonido Fitzgerald al que habitualmente la asociamos para centrarse en otro tan personal como refrescante, como también pasó con Don’t Get Around Much Anymore, sin renunciar al scat característico. Pero fue en Mood Indigo, y sobre todo en In a Sentimental Mood donde más brillaron su gesto relajado, generosa sensualidad y habilidades en la técnica del vocalise que practicó durante todo el concierto.

Melancólico Mancini

Que no recordaran el nombre de Blake Edwards, con quien el compositor firmó una treintena de películas, o que Lancha creyera que Días de vino y rosas es una comedia o no supiera pronunciar el nombre de Johnny Mercer a pesar de exhibir en todo momento un excelente acento inglés, demuestra lo mucho que un músico se puede implicar en la partitura a pesar de permanecer ajeno a los datos que la promueven. No por ello estos detalles dejan de sorprender.

Llamó la atención el acierto de Carra para captar el espíritu de Mancini al teclado en su interpretación de Nothing to Loose, canción de El guateque que en la película cantaba la polémica aunque aniñada Claudine Longet. De ahí pasó sin pausa al mítico Days of Wine and Roses que Lancho cantó con mucho sentimiento y armonía. Con Lujon, una pieza instrumental que luego se convirtió en Slow Hot Wind con letra de Norman Gimbel, los intérpretes optaron por la primera versión, pero con la originalidad de que Carra se encargó de la melodía y Lancho de su elegante, repetitivo y sofisticado ritmo. El tema se completó con una breve integración de How Soon, melodía poco divulgada que Mancini compuso para el show de Richard Boone.

Este tema, junto al que cerró la velada, Song About Love, los grabó el autor en su disco de 1964 Dear Heart, y ambos tienen letra de Al Stillman. El segundo conoció anoche una versión más relajada y romántica que la original, y el público fue invitado a entonarla con éxito. No pudo faltar al homenaje el más querido de los temas mancinianos, Moon River, para el que Carra diseño una larga introducción de porte impresionista, casi Debussyano, y Lancho prestó voz potente y decididamente sentimental.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 14 de noviembre de 2023

SHIATSU PARA VIAJAR Y SOÑAR CON STACEY KENT

Stacey Kent, voz. Art Hirahara, piano. Jim Tomlinson, saxos y flautas.
Teatro de la Maestranza, lunes 13 de noviembre de 2023


Prometió hablar en castellano la próxima ocasión en que visitara nuestra ciudad, y de alguna manera lo cumplió. Siete años después de su concierto en el Lope de Vega, se presentó en nuestro idioma y por varias veces intentó mezclar el portugués, que sí domina, con palabras en español o ligeramente españolizadas. Anoche el coliseo sevillano escondió los decorados de Norma para ofrecernos un concierto intimista y ensimismado, el de la refinada vocalista de jazz norteamericana Stacey Kent junto a su británico marido y mentor, el saxofonista Jim Tomlinson, y el sensacional pianista también norteamericano pero de origen japonés Art Hiarahara, con quien grabó el que ya es su penúltimo registro y que en teoría centraba el concierto de anoche y la gira que les está llevando a los tres por catorce países durante nueve semanas.

En Songs from Other Places, Kent y Hirahara desgranan una serie de temas relacionados de alguna manera con algún que otro cuaderno de viaje, músicas de aquí y allá que inspiraron la carrera de la artista, en arreglos limitados a voz y piano que en esta gira están conociendo nuevas versiones a las que se han unido las flautas, los saxos y la percusión de un enorme y entregado Jim Tomlinson. Precisamente con un tema de este disco comenzó el viaje, a ritmo de Tango en Macao pero con escalas en Buenos Aires, una de tantas piezas que el propio Tomlinson ha compuesto para su flamante esposa y a las que ha puesto letra el escritor Kazuo Ishiguro, autor entre otras de la novela Lo que queda del día, de la que James Ivory hizo una espléndida adaptación al cine en 1993. Y de ahí pasamos a París, de la mano del nunca suficientemente llorado Michel Legrand, que como ella también subió al escenario del hoy clausurado Lope de Vega. El Vals de las lilas logró hacernos derramar alguna lágrima, entre la belleza y la nostalgia, con ese francés susurrado de la pequeña Stacey, y nos hizo deambular por los bulevares parisinos, tal como hizo también el mítico Bajo los cielos de París de Hubert Giraud que popularizó entre otros Edith Piaf, que la banda ha incluido en su último disco, recién sacado del horno, Summer Me, Winter Me, y que la cantante entonó traducida al inglés. Más tarde, La javanaise que Serge Gainsbourg compuso para Juliette Greco, siguió evocando esos paisajes parisinos entonados con la voz aguda pero susurrada de Kent y el elegante acompañamiento de su cómplice corte.


La pasión de Stacey Kent por la música brasileña, muy especialmente por la bossa nova que tanto influyó en su carrera desde el momento en que entró en contacto con el guitarrista Roberto Menescal, se tradujo en unas versiones acariciadas de los temas de Antonio Carlos Jobim Bonita e Imagina, aunque donde más se hizo patente el ritmo carioca fue en Waiter, Oh Waiter, una canción de Tomlinson e Ishiguro incluida en el disco The Changing Lights de 2013. Después de pasearnos por Manhattan orgullosa de sí misma de la mano de Lenny Bernstein y el precioso Lucky to Be Me del musical On the Town, nos sobrecogió el corazón con la versión de Ne me quitte pas de Jacques Brel que adaptó al inglés Rod McKuen con el título de If You Go Away. Ambas versiones se incluyen en el último disco del conjunto. Y aún hubo tiempo para viajar en Trenes, barcos y aviones con Burt Bacharach y Hal David, siempre desde el registro más intimista y delicado que una voz puede alcanzar, arropado con la sofisticación de dos geniales instrumentistas.

Una de las más gratas sorpresas de la noche llegó de la mano de Tomlinson y su solo de saxofón entonando el épico y a la vez sensual tema principal de la película de Minnelli Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful), que compuso David Raksin en 1952, quien también convive en el Maestranza con otros fantasmas, ya que fue él quien en 1991 dirigió uno de los primeros conciertos de música de cine que se celebraron en el entonces recién inaugurado teatro. La pieza sirvió para enlazar con el más animado I Wish I Could Go Travelling Again de Tomlinson e Ishiguro, otra oda a la pasión viajera que nos llevó al Verano de Picasso al que Legrand puso música en una extravagante película de 1972 en la que participó Luis Miguel Dominguín, y a la que Alan y Marilyn Bergman añadieron letra hasta servir como título de ese último y recién estrenado disco de Stacey Kent y su banda. Un clásico de Lennon y McCartney, Blackbird, con los arreglos para piano de Hirahara, ocupó la cuota folk de la velada, mientras Bésame mucho demostró que la cantante sabe pronunciar nuestro idioma mejor que Diana Krall. Lentísima, desgranada con deleite, sonó A Time for Love, precedida de otro sensacional solo de Tomlinson; una canción que Johnny Mandel y Paul Francis Webster compusieron un año después de La sombra de tu sonrisa, para el film An American Dream (Esclavos del pecado). Y todo así, relajado, susurrado, como si de una técnica japonesa tipo Shiatsu se tratara, puestos a relacionar la carrera de Stacey Kent con el país asiático, sea por su acompañante pianista o el prestigioso autor de las letras de muchas de sus canciones originales.


Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 21 de septiembre de 2023

VANDALIA TRÍO CON AROMA A TIERRA

Concierto inaugural de la temporada 2023/24 de Juventudes Musicales de Sevilla. Vandalia Trío: Irene Jiménez Lizcano, flauta; Fernando García Calvo, violín y teclados; Pablo Estébanez Blanco, contrabajo; y la colaboración de Ignacio Ampurdanés, batería. Programa: Interludio I – Habanera; Tema en re; Interludio II – Nana; Origen (Asturias); Hiromi, Encuentro; Recovecos; Oblivion - Olvido. Miércoles 20 de septiembre de 2023


Apenas quedaron atrás los conciertos estivales del Alcázar y ya estamos dando la bienvenida a la nueva temporada musical de Sevilla, con Concha Arenal, Arnold Collado y Emilio Puch tomando la iniciativa y ofreciendo en el Teatro Cajasol que tantas veces les ha servido de escenario, el concierto inaugural de su nueva temporada cargada de ilusiones. Afianzaron la ocasión contando con Vandalia Trío, grupo que ellos mismos han apadrinado casi desde su aparición hace escasos años, y de cuyo concierto en el ciclo Alternativas de cámara del Maestranza hace dos años, ya nos hicimos eco en estas mismas páginas. Volvieron ahora con una mayor confianza y una voz más singular que la exhibida entonces, fruto sin duda del esfuerzo y la dedicación que a buen seguro han dedicado a su empresa en este tiempo. Pablo, Irene y Fernando prestan mucha atención a la puesta en escena, de manera que no nos pareció casual su armónico vestuario tintado de tierra, la misma que protagonizó un concierto tan anclado en nuestros orígenes y cultura.

Si en el Maestranza coquetearon con su formación eminentemente clásica, jugando con las formas, melodías y estéticas de Bach, Mozart o Ravel, y sometiendo sus partituras a quiebros y arreglos en consonancia con el estilo desenfadado que han acuñado desde un primer momento, ahora su voz se ha tornado más personal y propia, abrazando ese free jazz fusionado con ritmos flamencos y afrocubanos que tanto gusta a un público desprejuiciado y abierto a nuevas experiencias. De esta forma arrancaron su particular concierto, haciendo sonar sus instrumentos de forma poco ortodoxa, un contrabajo percutido, un violín rasgado, con las dificultades y puntuales imprecisiones que ello conlleva. De la introducción pasaron a una Habanera de cuño propio en la que hicieron ya acopio de ritmos exacerbados, con la flauta de Irene Jiménez asumiendo la línea melódica en solitario o con episodios alternados y dialogados con el virtuosismo de Fernando García al violín. Como otros de los temas programados, éste pertenece a su primer disco, GEN, del que no se cansaron de proclamar que salió a la luz gracias al apoyo de Juventudes Musicales de Sevilla. Tema en re sin embargo pertenece al segundo disco, aún en preparación, por lo que se trata de un work in progress susceptible de tantas transformaciones como sean convenientes hasta adoptar su forma definitiva.


Con una hermosa y relajada Nana, el trío evidenció su buen gusto a la melodía y el acompañamiento, ya con unos toques de flamenco fusión que se harían más evidentes en su recreación de Asturias de Albéniz al más puro estilo rock indie de los años setenta, lo que teniendo en cuenta la edad media del público asistente derivó en el entusiasmo incondicional de éste. Con la colaboración de Ignacio Ampurdanés a la batería, el trío pudo volver a algunos de los temas que ya desgranaron en su intervención del Maestranza, ahora con el añadido de percusión con el que fueron ideados y grabados. Con Encuentro el virtuosismo casi sicodélico del conjunto se tornó algo delirante. Pablo Estébanez mantuvo el ritmo y el empuje, así como imprimió músculo a la pieza, mientras García se atrevió con el teclado al estilo Hammond, reforzando esa estética funk setentera, y Jiménez exhibió un fraseo entre delicado y arrebatado a la flauta, con la exhibición de Ampurdanés reforzando la viveza enérgica de una propuesta que se completó con un homenaje en clave virtuosística, especialmente al piano, a la afamada jazzista Hiromi Uehara, y una nueva transformación, más rítmica, del precioso Oblivion de Astor Piazzolla.

Fotos: Óscar Romero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 16 de marzo de 2023

TRANSFORMACIONES RENACENTISTAS

XL Festival de Música Antigua de Sevilla FeMÀS. VandaliaRocío de Frutos, soprano. Gabriel Díaz y Jorge Enrique García, contratenores. Víctor Sordo, tenor. Javier Cuevas, bajo. Diego García Trío: Pablo Martín Caminero, contrabajo. Borja Barrueta, percusión y lap-steel. Daniel García, piano, arreglos, composición y dirección musical. Programa: Obras de Pérotin, Juan del Enzina, Francisco Guerrero, Alonso Lobo, Carlo Gesualdo, Tomás Luis de Victoria, William Byrd y Mateo Flecha el Viejo. Espacio Turina, miércoles 15 de marzo de 2023


Solemos acercarnos a estas propuestas de fusión con curiosidad e ilusión, aunque también con cierta desconfianza ante el devenir de los resultados. Pero el prestigio que paulatina y merecidamente ha ido adquiriendo el conjunto Vandalia nos hacía esperar un trabajo de calidad en esta colaboración con el trío jazzístico que lidera el salmantino Daniel García, y así fue. La idea era fundir el canto polifónico fundamentalmente del siglo XVI con el jazz armónico y melódico de nuestra era y poner ambos lenguajes en diálogo, que acabó siendo fluido, sincero y natural. Pero no fue así en todo momento, destacaron los tres pilares fundamentales sobre los que se asentó la propuesta, su arranque con Pérotin, el núcleo central con Gesualdo y sobre todo su sorprendente y generosa ensalada final a cargo de Mateo Flecha el Viejo. La imprescindible amplificación de instrumentos y voces fue lo suficientemente discreta y equilibrada como para no malograr la función.

Todavía recordamos con agrado el recital que Rocío de Frutos ofreció junto a Ignacio Torner hace unos años en los Jardines del Alcázar, mezclando con acierto y buen gusto música del barroco con sonoridades próximas al jazz contemporáneo; y desde luego no podemos dejar de mencionar el excelente trabajo que realizaron la soprano y el bajo Javier Jiménez Cuevas junto a Torner y el resto de Taller Sonoro hace apenas un mes en esta misma sala a partir del radiodrama Un posible día de Javier Torres Maldonado. No es de extrañar que vistos los resultados el conjunto vocal al que ambos vocalistas pertenecen se embarque en estas aventuras musicales y presten toda su garantía para que la empresa salga a buen puerto. Así, ya desde el principio, con Pérotin el Grande y el canto llano del siglo XII como base sobre las que el trío dibujó sus líneas sensuales y oníricas, con piano y contrabajo intervenidos y ecualizados electrónicamente, fueron surgiendo una a una las cinco voces convocadas, alternándose agudas (Frutos, el recién desembarcado del Aquiles en Esciros del Real, Gabriel Díaz, y el también contratenor Jorge Enrique García) y graves (Víctor Sordo demostrando de nuevo que es un tenor de voz cálida y rutilante, y Cuevas haciendo gala de su rotundo registro y excelente capacidad para dar cuerpo al conjunto). La misma pieza con diferentes arreglos, Beata viscera, que además dio título al programa, sirvió de propina.

Una combinación acertada

El estilo polifónico del que fue precursor Pérotin se hizo visible definitivamente en Amor con fortuna, del Cancionero de Palacio de Juan del Enzina, así como en Ave Virgo Sanctissima de Francisco Guerrero, adornadas con improvisaciones y arreglos del propio García que también afectaron a los juegos de voces. Tras otra pieza del también sevillano Alonso Lobo, de su esencial Liber primus missarum, combinando la suave técnica del contrapunto con la intensidad cromática y casi violenta del autor, lo que provocó algún pequeño desajuste y enmarañamiento en las voces, Vandalia a capela presentó el madrigal de Gesualdo Moro, lasso, al mio duolo, que contó con excelentes aportaciones del conjunto jazzístico, algunas próximas al flamenco, y logró el encantamiento general que pretendía la propuesta. Después vino Tomás Luis de Victoria y un algo desangelado homenaje a Thomas Tallis de la mano de William Byrd, que sirvió para apreciar la habilidad de Pablo Martín Caminero al contrabajo, con sonoridades insinuantes y orientalistas muy próximas al estilo de Luis Delgado en la década de los noventa del siglo pasado.

Pero lo mejor llegó, con una generosa media hora de duración, con la ensalada (combinación de lenguas, estilos y formas musicales) de Mateo Flecha el Viejo, toda una sinfonía u ópera rock en el que la perfecta combinación entre los dos conjuntos produjo sus mejores resultados. Hasta entonces García había tenido muy buenas y aprovechadas oportunidades de lucimiento al teclado, preparado o natural, y ahora lució también su talento para el arreglo y la composición, creando una pieza de extraordinaria belleza y poder evocador. Vandalia ya dio en el pasado buenas muestras de su capacidad para abordar con éxito las ensaladas de Flecha, como pudimos apreciar en Granada hace un par de años con La bomba. Ahora con El fuego se adaptaron perfectamente a los postulados del teclista, con aportación extraordinaria de Borja Barrueta a la percusión, creando una atmósfera de ensoñación con campanas y toques de tambor que lograron la perfecta simbiosis con el trabajo serio y equilibrado del resto de talentos en liza. Entre todos consiguieron su cometido, que esta música dialogara en perfecta comunión y un canto polifónico renacentista, convenientemente transformado, acabara sonando como una rapsodia bohemia.


Fotos: Lolo Vasco / FeMÀS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 20 de febrero de 2023

EL ARTE DE BRAD MEHLDAU, MÁXIMA CALIDAD

Cita en Maestranza. Brad Mehldau Trio: Brad Mehldau, piano; Larry Grenadier, contrabajo; Jeff Ballard, batería. Teatro de la Maestranza, domingo 19 de febrero de 2023


Si no me equivoco, hacía más de una década que Brad Mehldau no pisaba nuestra ciudad. Fue en noviembre de 2011 en el Teatro Central, y ahora ha vuelto más estrella que nunca a nuestro principal escenario musical, calentito con las simultáneas representaciones de la ópera Jenufa. Amante del jazz desde pequeño, y cultivado junto a artistas de la talla de los saxofonistas Christopher Holliday, Joshua Redman, Wayne Shorter y Perico Sambeat, o el bajista Charlie Haden, fue a menudo comparado en sus inicios con Bill Evans, pero hoy podemos constatar que su única semejanza con el mítico intérprete es haberse convertido en una referencia ineludible del jazz contemporáneo, con un estilo absolutamente personal e intransferible y una formación clásica unida a una ecléctica 
inquietud que le ha llevado incluso a colaborar con la soprano Renée Fleming y la mezzo Anne Sofie von Otter.

Solo viendo el escenario al entrar en el Teatro de la Maestranza, ya podíamos adivinar que no nos iba a ofrecer un concierto basado en sus últimos trabajos, Finding Gabriel y sobre todo Jacob’s Ladder, donde el pianista juguetea con las vanguardias más variadas y experimenta con los sonidos más controvertidos, técnica mediante. Es lógico, venía acompañado de sus dos inseparables compañeros, con los que forma el más consagrado trío de jazz que han conocido las últimas décadas, y con el que ha grabado cinco volúmenes titulados El arte del trío entre 1997 y 2001, aunque con el catalán Jorge Rossy a la batería en lugar del actual Jeff Ballard. Así que no cabía pensar en otro repertorio que el que pudiera encajar con el más acústico y clásico posible. La muestra comenzó con una sucesión de ritmos y estilos, desde la evocación del blues a través del tema original de arranque, hasta el ¾ en el también original C minor Waltz, pasando por el soul psicodélico de la mano del grupo rock de los noventa Alice in Chains, y el swing de legendario Charlie Parker. La estructura también clásica, partiendo de la melodía para sumergirse en continuas variaciones y transgresiones, dando la oportunidad a sus virtuosos colegas de ofrecer su máxima calidad al contrabajo, con un Larry Grenadier de dedos tan ágiles como las extremidades del correcaminos, y a la batería, con Jeff Ballard haciendo gala de una interminable capacidad para la invención en la ornamentación y los recursos del instrumento, con las baquetas en más de una ocasión saltando de sus manos al suelo.


Luego llegó una sección central más relajada, casi balsámica, con Mehldau acariciando las teclas del piano y logrando acordes tan melancólicos como evocadores en piezas como el clásico de Jerome Kern All the Things You Are, solo esbozado en un principio, identificable únicamente por su armonía, con acordes absolutamente camuflados como si de jazz abstracto se tratara, para finalmente dejar constancia de sus famosos acordes. Más respetuoso con la melodía se mostró en el precioso Si tu vois ma mère de Sidney Bechet que sirvió a Woody Allen para el arranque de Midnight in Paris, y que funcionó para que Mehldau hiciera una demostración de buen gusto y elegancia en sus cadencias finales, tan emotivas como nostálgicas, capaces de transportarnos a cada uno y cada una a los lugares más insospechados, como por ejemplo a una barra de bar donde confesar algún que otro fracaso sentimental al barman de turno, como hiciera Dee Wallace a Brian Dennehy en la maravillosa 10, la mujer perfecta de Blake Edwards, al son del piano discursivo de Henry Mancini. Luego regresaron los acordes más alegres con Ballard luciendo fuerza y energía, a veces rabia, y una rapidísima versión de In the Still of the Night de Cole Porter, una oportunidad más para que Grenadier agitara al máximo sus controlados dedos, así como que Mehldau consiguiera electrizarnos sin golpear las teclas, simplemente posándose sobre ellas como si fuera una mariposa. No podía faltar para terminar algo de sus admirados Beatles, y el tema más recurrente en su repertorio es And I Love Her, ideal para salir del Maestranza como si nos hubiésemos sumergido en una nube, y sin haber desenganchado en ningún momento durante las casi dos generosas horas de este magistral concierto.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 26 de octubre de 2022

McLORIN SALVANT, SUGERENTE Y ATERCIOPELADA

Ghost Song. Cécile McLorin Salvant, voz. Marvin Sewell, guitarra. Paul Sikivie, contrabajo. Glenn Zaleski, piano. Keito Ogawa, percusión. En complicidad con el Festival de Jazz de la Universidad de Sevilla. Teatro Lope de Vega, martes 25 de octubre de 2022


Cécile McLorin Salvant repitió escenario en su segunda comparecencia ante la afición sevillana. Debe estar familiarizada y encantada con el Lope de Vega y su magnífica acústica, también nosotros lo estamos con ella, su generosidad y su simpatía. En estos siete años la niña ha dado paso definitivamente a la mujer, como rezaba aquel registro de 2013, WomanChild, ha cosechado más éxitos y reconocimientos, dos Grammys más (y van tres) y la rendición prácticamente general de público y entendidos. Ha vuelto ya como una estrella sobradamente consagrada, con un repertorio muy distinto y un estilo más personal y sofisticado que cuando todavía se le comparaba con las grandes divas de la canción americana, Vaughan y Holiday a la cabeza. Pero mantiene esa simpatía y esa cercanía que ya entonces le caracterizaba y que le permite hacer amables concesiones al público que se dirige, en forma de esa impecable pronunciación castellana con que afrontó las propinas y con la que anunció una laringitis en proceso de superación que le obligó a abordar un programa algo más ligero y relajado del que en principio pudiera tener preparado.

Este inconveniente no le impidió exhibir una voz sólida, educada y de timbre profundo y aterciopelado. Una voz sugerente capaz de superar todo tipo de inflexiones y cambios de registro que se han convertido en marca de la casa y que hicieron las delicias de un público con el que en principio le costó enganchar, en parte debido a esa característica de sus funciones que consiste en contar historias, interpretarlas como si de una actuación dramática se tratara, lo que exige dominar el francés o el inglés, por muy clara e impecable que resulte su pronunciación. Incluso ese portugués con el que encaró las letras ancestrales de un tema con mucho colorido carioca que sirvió a Keito Ogawa y Glenn Zaleski para mantener un fluido y virtuosístico combate cuerpo a cuerpo, y es que quizás también debido a esa dolencia dejó mucho espacio para sus formidables músicos. De esto se benefició también Paul Sikivie al contrabajo, que dejó deslizar su talento con mucha elegancia y encanto en piezas como Until, que Sting compuso para la banda sonora de la comedia romántica Kate & Leopold protagonizada por Meg Ryan y Hugh Jackman. También destacó Marvin Sewell, especialmente en unas primeras canciones que McLorin entonó en francés y el guitarrista de Chicago adornó con un trabajo tan exquisito como extenuante. Él fue también responsable en gran medida de la magia que asomó en momentos muy destacados del concierto.

Cécile está de gira por Europa para presentar su último disco, Ghost Song, su trabajo más experimental hasta la fecha si dejamos de lado ese Ogresse que estrenó en el Met en 2018 y pronto convertirá en película de animación, otra de sus grandes pasiones. En este trabajo escénico homenajea a Sara Baartman, todo un símbolo de la lucha étnica que fue exhibida en Europa como freak. Pero como suele ocurrir cada vez que se anuncia una gira de presentación, apenas pudimos escuchar nada de este trabajo, Ghost Song, publicado hace apenas unos meses, aparte ese Until ya referido que Salvant deconstruyó hasta hacerlo irreconocible. Dejó también de lado los clásicos americanos que han protagonizado gran parte de su discografía y recitales, centrándose en composiciones propias y alguna rareza como ese Obsession que dedicó a su madre en el día de su cumpleaños. No faltó por supuesto su tradicional incursión en el teatro musical, esta vez de la mano del cabaret y su máximo exponente, Kurt Weill, de quien recitó con portentosas dotes cómicas Pirate Jennie de La ópera de tres peniques, toda una declaración de guerra a los hombres de parte de una mujer que clama venganza. Pudimos apreciar además que su estilo se ha personalizado tanto que ya no cabe compararla con las grandes referentes del género, como demostró en un Devil May Care de Bob Dorough, nada que ver con la icónica versión de Diana Krall, de líneas melódicas sustancialmente transformadas. Lástima que se denotara en la dinámica del concierto esa dolencia de la que aún no se ha recuperado, si bien no afectó a la dulzura de su voz ni a las inflexiones a que es capaz de someterla, dejando claro que es fruto también de una educación exquisita. En las propinas entonó en perfecto castellano el Gracias a la vida de Violeta Parra y se atrevió por bulerías con Todo es de color de Lole y Manuel... No se puede pedir más.

Foto: Mª Ángeles Ruiz
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 30 de julio de 2022

DIANA KRALL, ENCANTADA EN JEREZ

Concierto de Diana Krall en el Festival Tío Pepe de Jerez de la Frontera. Anthony Wilson, guitarra. Robert Hurst, contrabajo; Karriem Riggins, batería. Diana Krall, voz y piano. Viernes 29 julio 2022


Mucho más animada que hace tres años, cuando actuó en el Festival Starlite de Marbella, plaza que visitará también esta noche antes de terminar su gira española en el Botánico de Madrid, Diana Krall regresó a tierras andaluzas de la mano del Festival Tío Pepe, que este año se ha trasladado a la Bodega Las Copas que Gonzalez Byass tiene en las afueras de Jerez, más extensa pero con algo menos de encanto que las Bodegas Tío Pepe del centro de la ciudad donde se celebraron las ediciones anteriores. Allí un numeroso público se congregó para rendir pleitesía a la estrella del jazz más mediática que existe en la actualidad, una gesta que le viene ya de lejos, cuando alcanzó los primeros puestos de las listas de venta y popularidad con su emblemático álbum The Look of Love.

Lejos del concierto que celebró en la ciudad malagueña en el verano de 2019, donde se mostró muy seria y parca en palabras, debió disfrutar en Jerez de muy buenos anfitriones y anfitrionas, lo que se tradujo en una mayor conexión con el público, alguna anécdota aislada y un sinfín de agradecimientos por la acogida que disfrutó en la ciudad, sobre todo por sus atractivos gastronómicos y muy especialmente sus caldos. De hecho podría ser embriagada el mejor calificativo que definió su participación en este estiloso festival, donde hizo un recorrido muy ilustrativo pero a la vez harto convencional por su ya dilatada carrera, que se remonta a principios de los años noventa del siglo pasado, cuando siendo muy joven publicó su álbum de lanzamiento Stepping Out, uno de cuyos temas, This Can’t Be Love, sigue integrando con éxito el repertorio de sus directos. Con él logró que los excelentes músicos de su escueta banda, bajo, batería y sobre todo un muy virtuoso y ágil Anthony Wilson a la guitarra, exhibieran sus muy extraordinarias habilidades.


No obstante, a pesar de ese estupendo talante y presunta animación, Krall se decantó en este concierto por un repertorio más pausado e intimista, que quizás no casaba demasiado con un recinto tan amplio y generoso. Incluso desde las primeras filas, aunque tan esquinadas como en nuestro caso para poder hacer un correcto seguimiento, hubo que centrarse en las grandes pantallas colocadas a ambos lados del escenario, afortunadamente con una emisión de primorosa realización, si querías fijarte en los detalles. En el programa temas que siempre le acompañan en casi todos sus directos, como All or Nothing at All, de Arthur Altman y Jack Lawrence, el citado This Can’t Be Love del tándem Richard Rodgers y Lorenz Hart, o Devil May Care, de Harry Warren, de quien también interpretó el exquisito Boulevard of Broken Dreams, mil veces versionado por artistas de todo el mundo y condición desde que debutara en 1934 en el mítico musical La calle 42. Temas que han conformado desde hace tres décadas el repertorio de esta artista empeñada en rescatar el rico e inimitable patrimonio musical norteamericano.

Tras arrancar con una nueva variación del clásico también de Rodgers Where or When, entroncó directamente con una animada versión de I Don’t Know Enough About You de Peggy Lee, que sirvió ya para dar rienda suelta a sus estupendos músicos y presentarlos convenientemente. Algo desorientó al público que incluyera también temas de carácter más pop o folk, con escalas en Tom Waits, con ese Fly Away Home que sirvió para poner a prueba el excelente sentido del ritmo del público andaluz cuando de tocar las palmas se trata, Joni Mitchell con A Case of You, de marcado carácter intimista y melancólico, solo ella al piano y la voz, cada vez con un toque más canalla, o una evocadora revisión del clásico de Bob Dylan Simple Twist of Fate. No faltó tampoco su apreciada bossa nova, en forma del imperecedero Night and Day de Cole Porter y por supuesto el Quiet Nights de Antonio Carlos Jobim. Otro gran clásico, Cheek to Cheek de Irving Berlin, sonó en versión muy animada, demasiado, mientras con Love Letters de Victor Young rescató una de las grandes baladas del cine de los cuarenta, incluido en ese mítico The Look of Love, cuyo genérico de Burt Bacharach hace tiempo que desterró de sus directos, a pesar de continuar siendo uno de sus temas de referencia. Llamó la atención que no inclouyera, sin embargo, ningún tema de su último disco, This Dream of You, editado hace un par de años. La vimos y sentimos no obstante entregada y motivada, arropada por una espléndida banda y manteniendo ese estilo singular suyo que tanto la aparta de una mera cover y que, sin poseer unas aptitudes geniales ni para el canto ni para el teclado, la convierten sin embargo en una artista irrepetible y, como su transitado repertorio, en toda una clásica.

Fotos: Miguel Ángel Castaño (Festival Tío Pepe)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 20 de junio de 2022

APOTEÓSICO REENCUENTRO CON UN PAT METHENY ENCICLOPÉDICO

Cita en Maestranza. Pat Metheny, guitarras. Chris Fishman, teclados y piano; Joe Dyson, batería. Teatro de la Maestranza, jueves 19 de junio de 2022


No es tan mediático como los Red Hot Chili Peppers, Guns N’ Roses, ni siquiera Manuel Carrasco o Alejandro Sanz, por citar algunas de las estrellas que se han paseado estos últimos días por la capital hispalense, y sin embargo merece calificarse como una estrella más que ninguno otro, con tantas décadas de éxito y trabajo inagotable a sus espaldas, una sana obsesión por experimentar y estar continuamente transmitiendo nuevas emociones, y una agilidad y clarividencia a la hora de interpretar que no pierde ni un gramo de su aquilatado peso ni por el paso de un tiempo que en su caso parece haberse frenado en todos los sentidos. Pat Metheny volvió a Sevilla, y fue en una de las citas más esperadas de cuantas hemos podido disfrutar en la ciudad, tras las continuas cancelaciones que sufrió por efecto de la pandemia. El genial sin paliativos guitarrista nacido en Missouri y curtido en Kansas, regresó a la ciudad después del muy experimental concierto que nos brindó hace once años en este mismo escenario. Fue entonces en el marco del ciclo Grandes Intérpretes, y lo hizo ahora en el que le sustituye, Cita en Maestranza, en clara alusión a aquellos conciertos ochenteros que se celebraban en el solar que ahora ocupa este templo de la música y la danza.

Salió puntual al escenario, algo muy de agradecer que no todos ni todas las grandes de la música acostumbran a cumplir. Y lo hizo en tinieblas, destacando su envidiable y característica melena y un porte todavía juvenil tratándose de alguien próximo a los setenta, acompañado de su espectacular guitarra Pikasso, que lo mismo suena como un sitar que un bajo, un arpa o una guitarra clásica, gracias a esas cuarenta y dos cuerdas que maneja como un curtido prestidigitador. Y de la nada surgieron, como por arte de magia, sus dos jovencísimos acompañantes, Chris Fishman rodeado de una fortaleza de teclados y mesas, y Joe Dyson sacudiendo la batería como si le fuera la vida en ello. Forman parte del último proyecto en el que se ha embarcado el músico, Side-Eye New York, que precisamente da título a su último trabajo discográfico y del que extrajeron paradójicamente el tema It Starts When We Dissapear. Se trata de un programa a través del cual brinda la tan necesaria alternativa a jóvenes músicos que están empezando su carrera. La calidad del conjunto fue incuestionable en todo el concierto, alternando los solos acústicos de Metheny con las versiones más espectaculares del repertorio del artista, recorriendo títulos que fueron trascendentales en su época, muchos de ellos de aquella etapa dorada que forjó junto a Lyle Mays, fundamentalmente en los años ochenta y primeros noventa. También hubo espacio para la experimentación, con sonidos estridentes y atonales que evidenciaron el carácter sumamente ecléctico de la propuesta. Todas sus facetas juntas, como si de una enciclopedia sobre su persona se tratara.

Better Days Ahead
y Dream of the Return, del mítico Letter from Home, sonaron en nuevas y aseadas versiones, permitiendo al guitarrista lucirse en todos sus registros, con esos ensordecedores sobreagudos que caracterizan su toque cuando agarra el bajo, y esos característicos crescendi que nos dejan boquiabiertos hasta lograr la catarsis conjunta de un auditorio cada vez más entregado y entusiasmado con su aparentemente sencilla propuesta. También se recuperaron temas del álbum Still Life (Talking), como Minuano (Six Eight) o So May It Secretly Begin, además del excelente Always and Forever de Secret Story, siempre con la complicidad de dos artistas tan jóvenes y a la vez consumados, que tuvieron también su espacio para lucir en solitario sus virtuosas habilidades. Y así hasta que se destapó la sorpresa, ese Orchestrion que le acompaña en sus apariciones desde hace prácticamente una década y que el artista controla de forma tan mágica como magnética, no se acierta muy bien a saber cómo. De ahí surgen sonoridades llenas de fantasía y ritmo, sonidos puros de xilóxono, bongos o vibráfono que Metheny prefiere no sintetizar en un solo teclado y disfrutar al natural, generando una serie de sensaciones que unidas a unos discretos pero muy efectivos efectos de luz y color lograron un espectáculo bendecido por la psicodelia y el buen gusto.

En las generosas propinas pudimos disfrutar de su toque en solitario, desgranando temas encadenados entre los que pudimos apreciar ese This Is Not America que compuso para la película El juego del halcón e interpretó en su día David Bowie, o el éxito de Lennon y MacCartney And I Love Her, de su álbum de versiones What’s It All About (en referencia al clásico de Burt Bacharach Alfie). Echamos en falta algún extracto de su música para la película de David Trueba Vivir es fácil con los ojos cerrados, inexplicablemente inédita, al menos oficialmente, a pesar de ganar un Goya en 2013. Y entre las últimas veleidades del concierto, los tres nos brindaron una versión del célebre Are You Going with Me? absolutamente sobrecogedor con la complicidad de una acústica extraordinaria. En plena forma y dando lo mejor de sí mismo, así aguantó Metheny, arropado por sus jóvenes músicos, durante dos horas y media ininterrumpidas, tiempo en el que al menos el público permaneció ajeno al recuento de votos de las elecciones autonómicas.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía