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domingo, 15 de septiembre de 2024

EVOCACIONES DE KUMPANIA EN EL ALCÁZAR

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Manu Brazo, saxofón. Pepe Fernández, piano. Claudia Gallardo,violín. Rosa Gª Varela, violonchelo. Programa: Una historia de España (piezas de Tomás Luis de Victoria, Juan Vásquez, Soutullo y Vert, Amadeo Vives, Albéniz y Falla). Sábado 14 de septiembre de 2024

Foto: Luis Pascual
Como cada año, septiembre es mes de arranques y cierres, y ayer sábado le tocó el turno a las Noches del Alcázar, que cerró un verano plagado de conciertos al aire libre, hasta setenta y cinco que prácticamente han llenado de público y de buena música el Jardín del Cenador de la Alcoba. El privilegio de cerrar estos tres meses de cálidos encuentros lo han tenido los y las jóvenes integrantes del conjunto Kumpania, los utreranos Manu Brazo y Pepe Fernández, bien conocidos de estas páginas, donde siempre nos hemos hecho eco de su buen hacer y su elegante estilo, y las habituales colaboradoras de sus proyectos, como son Rosa García Varela y Claudia Gallardo, esta última además responsable si no de todos, la mayoría de arreglos a los que someten sus partituras para adaptarlas a la singular composición de su propuesta.

Todos y todas han brillado en otras ocasiones, a dúo, en tríos o en solitario, y volvieron a hacerlo anoche en un concierto tan amable como distendido, ideal para cerrar como merecen estas noches estivales que ahora dan paso a la programación habitual de nuestra ciudad. El programa diseñado para la ocasión nos invitó a recorrer la fuerza de la música española desde el Renacimiento hasta principios del siglo XX, con una pieza por siglo, y siempre con el respeto preciso que permite una formación en la que se integra un instrumento tan poco adecuado para dicho repertorio como el saxo, y sin embargo tan bien integrado en estas primorosas adaptaciones de Gallardo, a la sazón violinista del conjunto.

Libres de todo prejuicio, el recorrido arrancó con Tomás Luis de Victoria y su motete O Magnum misterium, convertido para la ocasión en pieza de corte espiritual y relajado que nos evocó a aquellas películas, especialmente de los primeros setenta, que ilustraban la época a partir de sus raíces musicales pero adaptándolas a la sensibilidad del público contemporáneo. Así lo hicieron compositores como Georges Delerue o Ennio Morricone, y así lo sentimos en la resplandeciente recreación que con una complicidad absoluta extrajeron los y las cuatro intérpretes.

Foto: Actidea

La popularidad de De los álamos vengo, madre de Juan Vásquez, es tanta que admite todo tipo de versiones, por lo que la ofrecida por Kumpania no nos pareció ni estridente ni especialmente estimulante, simplemente correcta. Más interesante sin embargo resultó su particular visión de La música nocturna de las calles de Madrid de Boccherini, con especial énfasis en la percusión ejercida por Pepe Fernández a partir del piano intervenido, rasgueo de guitarra incluido. Con sus numerosas y populares melodías alternadas entre las cuatro voces, el resultado fue tan aseado como afortunado.

De la misma forma brilló Bella enamorada, de la zarzuela El último romántico de Soutullo y Vert, con intervenciones sedosas, fluidas y seguras de Varela al chelo, ideal para homenajear a Alfredo Kraus, cuando se cumplen veinticinco años de su desaparición. Muy trabajado a nivel de re-orquestación y adaptación, resultó la selección en forma de suite ofrecida de Bohemios de Amadeo Vives. Especialmente inspirado sonó su famoso vals.

Pero lo más emotivo y sentimental llegó de la mano de Albéniz y su Evocación de la suite Iberia. Aquí lucieron fundamentalmente las formas relajadas y reflexivas de Fernández, arropadas en sostenido por el resto, y con especial hincapié en el tono nostálgico y evocador, valga la redundancia, de una pieza que así interpretada es capaz de despertar nuestra emoción más sincera.

No tanto brilló Granada, de la Suite española del mismo autor, aunque debido a su popularidad y bella melodía, hizo las delicias del público. Para terminar el programa, una selección con los motivos más recordados de El sombrero de tres picos, coronó la elegancia y la delicadeza, sin estridencias ni fueras de tono, del conjunto, que terminó con otra acertada evocación, la del también utrerano Bambino y su célebre versión rumbera de Procuro olvidarte, donde Fernández demostró dominar también el son cubano jazzístico, y Brazo por supuesto su control del fraseo y la respiración, así como buen gusto al modular.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 5 de septiembre de 2024

BRUNO AXEL, ENTRE ROMÁNTICO Y VACILÓN

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Bruno Axel, violines, voz, sampler; Antonio A. Ritoré, percusión. Programa: El arte de la invención. Miércoles 4 de septiembre de 2024

Foto: Actidea

Polifacético, inquieto, inclasificable… son algunos de los adjetivos que definen la personalidad del músico granadino Bruno Axel. Aún impresionados por el excelente sabor de boca que nos dejó hace justamente una década cuando presentó en la Sala Manuel García del Maestranza su espectáculo Música en movimiento, y a pesar de que su continuación, un año después, no despertó en nosotros la misma sensación, asistimos a esta segunda función de Axel en las Noches del Alcázar con cierta expectación y la convicción de que no nos dejaría indiferentes. Todo indica que lo que anoche hizo sobre el escenario fue considerablemente diferente a lo que ofreció el pasado 20 de agosto. Para entonces estaba anunciado un menú degustación con distintos platos cocinados a partir de reconocibles partituras musicales. Esta vez su imaginación se fue más del lado de los viajes.

Queremos pensar que para ello inventó un personaje, con una imagen radicalmente diferente a la que nos tiene acostumbrados y acostumbradas, y ciertas formas que nos remitieron directamente a los músicos callejeros, tomando forma definitiva cuando casi al final se transformó en artista del metro de Nueva York, haciéndose acompañar su ecléctico violín de una percusión directamente inspirada en el hip hop. Entre medias, Axel jugó a desconcertar al público, alternando sus particulares recreaciones musicales con sentencias dispersas sin aparente conexión entre ellas, hasta que en cierto momento encontraron justificación como improvisada terapia para sobrellevar la vida y la muerte, y terminar sobreviviendo, que es al fin y al cabo lo que hacemos todos y todas, pero bajo el espíritu reconocible de quien lo hace día tras día reinventándose en calles y plazas de una gran urbe.

Imagen retrospectiva del artista

Con Bach como músico recurrente, desde sus partitas a las Variaciones Goldberg, y Paganini, Vivaldi, Rota y su familia Corleone, así como Falla y su nana, un sirtaki y música de raíz turca, la propuesta de Axel encontró su punto más decididamente grotesco con sus recreaciones de los impresionistas franceses, unas Gymnopédies de Satie a dúo con Antonio Alcántara Ritoré al xilofón, a partir de los sonidos distorsionados y estridentes del violín eléctrico, y un Bolero de Ravel algo más juguetón, animado por la batería, las congas y los sonidos grabados sobre la marcha en el sampler.

El viaje terminó como también parece estar haciéndolo el verano, del mar buceando al cielo en globo, y parte del público acabó desconcertado, otra desmotivada, y otra posiblemente encantada con una propuesta en la que sobresalió el carácter vacilón y extravagante del músico, muy bien acompañado por un mucho más discreto Alcántara. En sus gestos y sus dispersas locuciones, Axel exhibió el romántico que lleva dentro, con una visión apesadumbrada y derrotista de la existencia, incluida una emotiva dedicatoria a un amigo desaparecido. Es ahí quizás donde más acertó el intérprete y compositor en un montaje escénico musical que en general encontramos bastante endeble y falto de una mayor imaginación, no obstante el evidente virtuosismo del artista al violín.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 27 de agosto de 2024

UNA PERFECTA NOCHE DE VERANO

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Lita Wheel, Laura Serrano y Alba Carrasco, voces; Santiago Ruiz, teclado; Leo Aranda, bajo; Roque Torralva, batería y percusión. Programa: Música a través de la mujer. Lunes 26 de agosto de 2024


El verano invita a relajarse, también en lo musical. Quienes nos pasamos el año analizando y reseñando interpretaciones de música clásica y antigua, encontramos también en esta época de distensión el pretexto para acercarnos a esos otros géneros que cubrieron nuestra cultura musical. Las canciones que sonaron en casa por cortesía de padres y hermanas, que tanto hicieron por adiestrarnos en la dulce afición por la que consideramos la más reconfortante de las artes, forman parte de nuestro acervo sentimental, y de recordárnoslo se encargaron The Donelles, el excelente conjunto vocal e instrumental sevillano que con el de ayer completaron su ciclo de tres conciertos en esta edición de las Noches del Alcázar.

También porque se trata de una época de costumbres nómadas, hemos tenido que esperar a este tercer y último concierto para hacernos eco de lo mucho que valen estas y estos seis músicos, apasionadas del pop fundamentalmente estadounidense desde la década de los cuarenta hasta la psicodelia setentera, pasando por los prodigiosos sesenta. El suyo es un show en toda regla, de esos que se pueden disfrutar permanentemente en plazas tan icónicas como Las Vegas, donde se escenifican con derroche de talento y calidad recorridos similares, especialmente centrados en la historia de la ciudad del juego y el entretenimiento.

Y para adaptarse a una de las líneas argumentales de las Noches del Alcázar de este año, esos nombres de mujer que dignifican el trabajo del género femenino en el noble arte de la música, lamentablemente en la mayoría de las ocasiones desde la retaguardia, The Donelles presentaron en formato reducido, adaptado a las circunstancias de tiempo y espacio, el espectáculo con el que llevan años deleitando a audiencias de toda la nación. En él desglosan algunas de las voces más famosas de la música popular de esas cuatro décadas aludidas, siempre desde el punto de vista de la aportación femenina, a menudo a la sombra del hombre, otras veces como protagonistas absolutas de una historia que sólo han escrito ellas.


Lideradas por la carismática y divertida Litta Wheel, el trío de voces exhibió esa armonía perfectamente conjuntada, cerrada, que caracterizó a conjuntos tan icónicos de la Segunda Guerra Mundial como The Andrew Sisters, a quienes dedicaron un primer y generoso bloque, con éxitos como In the Mood a capela con el sólo acompañamiento de pies y manos de sus compañeros instrumentistas, ese Tico Tico que generalmente asociamos a la portuguesa Carmen Miranda, pero que entonaron al más puro estilo del trío uniformado, y una excitante y divertidísima combinación de Rum & Coca-Cola y Mr. Bassman, mezclando con total desparpajo y desprejuicio los cuarenta con los primeros sesenta.

La gracia y la vitalidad de Wheel combina magistralmente con la sensualidad de armas tomar de Laura Serrano y la elegancia y sofisticación de Alba Carrasco, las tres entonando en perfecto estilo, con hermosos timbres y un evidente buen gusto, para ofrecernos rutilantes versiones de los más latinos Sway y Tu vuo fa l’americano, demostrando que por encima de Dean Martin o Renato Carosone, también brillaron The Puppini Sisters.

Aunque la homenajeada con Runnin’ Wild era Ernestine Anderson, fue imposible no visualizar a Marilyn Monroe cantándola junto a su ukelele y el resto de la banda femenina en el vagón de tren de Con faldas y a lo loco. Una década de los cincuenta completada con la impagable personalidad de Brenda Lee, ya con Wheel como solista absoluta en St. Louis Blues y el melancólico I’m Sorry al que sólo se permitieron añadir unos toques sopranistas de Carrasco.


Que Big Mama Thornton se adelantó al Rey del Rock con su icónico Hound Dog, y que ya en los setenta Sweet Inspiration demostraron que eran más que un conjunto de acompañamiento del mismo Elvis, sólo fue la punta de lanza para evocar a The Beatles con el Mr. Postman original de The Marvelettes. También sonó Help, según versión de The Carpenters, de quienes se hicieron además eco a través de la malograda Karen Carpenter con su particular y dulce versión de California Dreamin’ de Mama’s and the Papa’s. Y no podía faltar un grupo de referencia para el conjunto sevillano, Martha & The Vandellas, de quienes eligieron el exquisito Jimmy Mack, todo un himno de la Motown.

Acompañando, Leon Aranda al bajo, Roque Torralva a la batería, y muy especialmente Santiago Ruiz al teclado, demostraron que sólo desde la excelencia, el trabajo bien hecho y un bagaje profesional extenso y maduro, se puede exigir del público el clamor que ellos disfrutaron. Poder hacerlo sentados, pendientes de cada gesto, cada inflexión y cada apunte de los y las artistas, es un lujo poco accesible en este tipo de manifestaciones, especialmente cuando se trata de estrellas mediáticas y consagradas. Iniciativas como las de The Donelles nos hacen sentir aún más orgullosos de la tierra en la que vivimos.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 10 de agosto de 2024

CONSTANTINI MARCA LA DIFERENCIA

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Claudio Constantini, bandoneón. Programa: Fantasía cromática y fuga en re menor BWV 903, Chacona en re menor BWV 1004 y Toccata y fuga en re menor BWV 565, de Bach; Concierto en re menor BWV 974, de Marcello, arr. Bach; Verano Porteño y Milonga del Ángel, de Piazzolla. Viernes 9 de agosto de 2024


No es la primera vez que el músico peruano afincado en nuestro país, Claudio Constantini, se sube al escenario del Alcázar. Ya lo hizo hace exactamente tres años junto al pianista Federico Lechner y la voz de Florencia Bégue, con un programa íntegramente dedicado al popular compositor argentino Astor Piazzolla. En un momento tan delicado como en el que se encuentra el bandoneón, un instrumento de viento de lengüetas libres a fuelle, que tantos tienden a confundir con el acordeón pero cuya riquísima tímbrica le da un carácter harto particular, Constantini se ha empeñado en reivindicarlo, refrescarlo y darle la dignidad y la categoría que merece. No es nada disparatado que para la ocasión eligiese un programa diseñado fundamentalmente en torno a Bach, protagonista absoluto de su noveno disco recién salido al mercado, dado el origen alemán de un instrumento sin embargo tan asociado a la cultura tanguera del Río de la Plata.

Generado y desarrollado para interpretar música en misas a mediados del siglo XIX, su sonido nos transporta al que exhibe un órgano, lo que le hace ideal para interpretar música de Johann Sebastian Bach fuera de los muros eclesiásticos, respetando su mística y ampulosa sonoridad. Quizás por eso Constantini eligió tres grandes piezas en forma de coral, la Fantasía cromática y fuga, la Chacona de la Partita nº 2 para violín, y la famosa Tocata y fuga en re menor, tonalidad imperante en toda la velada, con la que terminó oficialmente el concierto. Todas estas piezas, más el Concierto de Marcello a partir de la transcripción de Bach, arregladas por el propio intérprete, que en ese mismo 2021 estrenó su Concierto para bandoneón y orquesta junto a la Orquesta Joven de Andalucía en el Teatro Central, donde demostró también lo buen pianista que es enfrentándose a la Rapsodia en Blue de Gershwin.


Un instrumento extremadamente complejo

La versatilidad, compromiso y responsabilidad de Constantini quedaron bien marcados en esta comparecencia ante el público del Alcázar, siempre tan presto a aplaudir que no respetó la continuidad ni de la Fantasía cromática y fuga ni del Concierto de Marcello. Atacó las grandes piezas bachianas con decisión, abriendo generosamente un instrumento cuyas numerosas lengüetas se multiplican por dos para reproducir infinidad de tonos, y dotando así a cada pieza de la monumentalidad que merecen. De esta forma, Constantini se adhirió a la perfección al tono místico de Bach, haciendo alarde de un dominio técnico extremo y una minuciosa capacidad para dotar cada nota de la fuerza espiritual que la música del genio alemán atesora. Particularmente difícil resultó la célebre Chacona, donde el intérprete fue capaz de alternar grandes gestos con otros más reprimidos e intimistas. También el Concierto de Marcello disfrutó de esa dualidad expresiva, con un adagio tan deleitado como decididos y moderadamente agitados resultaron el andante y el presto que lo enmarcan.

Su lectura de Piazzolla sorprendió menos, pero gustó tanto o más, dado el toque melancólico que Constantini es capaz de alcanzar con la melodiosa y armoniosa música del compositor argentino. Extraído de Las cuatro estaciones porteñas, el Verano disfrutó en sus manos de un candor y una belleza inusitada, presente también en la Milonga del Ángel y la fugaz propina con la que el concierto excedió generosamente de su duración estándar. Una dilatación provocada en parte por la profusa elocuencia del intérprete, tan locuaz y ameno en sus explicaciones como entregado e hipnótico resultó en su forma de dialogar con el particular instrumento. Lástima que el bellísimo Oblivion tuviera que ser apeado del programa para no alargarse aún más esta experiencia tan tonificante para el público como extenuante para el excelente bandoneonista.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 28 de julio de 2024

CLAUDIO LAGUNA, CONCENTRADO Y RESPONSABLE

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Claudio Laguna, piano. Programa: Andaluza, de Cuatro piezas españolas de Falla; Tema y variaciones Op. 73, de Fauré; 4 Mazurcas Op. 67, de Chopin; 5 Preludios Op. 16 y Fantasía en si menor Op. 28, de Scriabin; Etincelles y Gran Vals Op. 34, de Moszkowski. Sábado 27 de julio de 2024


Entre otras cosas, Noches en el Alcázar brinda a menudo la oportunidad de dar a conocer nuevos nombres de la interpretación, sirviendo de plataforma de despegue a algunas carreras que luego se han revelado prolíficas. Aunque no acuse acento, Claudio Laguna es sevillano y se encuentra todavía perfeccionando su técnica a fuerza de mucho estudio y dedicación, lo que no la ha impedido debutar en algunas salas del país especializadas en el concierto intimista. Destila seguridad y confianza tanto a la hora de tocar sin partitura todo el programa como a la de dirigirse al público. El concierto de anoche giraba en torno al centenario de la muerte de Gabriel Fauré, de quien interpretó la obra más larga de un programa que encajó a la perfección, gracias en parte a la ausencia de aplausos que propició su aviso de que el concierto se estructuraba en tres bloques, lo que en principio desconcertó a los más atrevidos y atrevidas, hasta que casi al final ya no pudieron resistirse más, rompiendo el último bloque anunciado.

En el primero, Laguna trató de enlazar la música española de principios de siglo con las corrientes que provenían del país vecino. Sustituyó El Albaicín de Albéniz por la Andaluza de Falla, puede que para cuadrar precisamente la duración del concierto. Tras un arranque brusco, de sonido en exceso percutivo, Laguna logró hacerse con la pieza con una agilidad portentosa y un barrido extenuante del teclado, combinando vehemencia con cierta delicadeza que se repetiría en la pieza siguiente, Tema y variaciones de Fauré, pura efervescencia del autor, tan reminiscente de Schumann en su tono noble y elegante, como vivaz, enérgico y brillante, tal como se pudo constatar de la interpretación nítida, concentrada y absolutamente exigente del joven y apuesto pianista. Laguna fue capaz de imprimir una profunda melancolía en el molto adagio, y un carácter ensoñador y sereno en el andante molto moderato, hasta alcanzar el clímax con su triunfante final.


Chopin y Scriabin protagonizaron el segundo bloque. El primero, único extemporáneo del homenajeado, sirvió para sentar la bases del pianismo en el París que luego habría de conocer Fauré, a través de uno de los géneros más apreciados y característicos del compositor polaco, la mazurca. Laguna destiló fuerza y delicadeza, sin sobrepasar esas temidas líneas que conducen a la cursilería, en las cuatro mazurcas op. 67, logrando una visión sofisticada y estilizada de las mismas. De esta forma pudo alcanzar el espíritu que destilan estas piezas a través de sus progresiones, armonías y sus características partes más débiles, que trató con suma delicadeza y sentido de la responsabilidad. De ahí pasó a los cinco preludios op. 16 de Scriabin, adoptando un carácter majestuoso y mimando su armonía y sus pasajes rítmicos obsesivos, hasta llegar a esa miniatura dancística exquisita y elegante que supone el quinto preludio.

La Fantasía op. 28 reviste el carácter de una sonata en un solo movimiento, con pasajes virtuosísticos que permiten lucirse al intérprete, junto a otros de espíritu sereno y melancólico que sirven para exhibir dominio de la expresividad. Tras un arranque inquietante, recreado con inteligencia y mucha concentración, la pieza brinda una oportunidad única para exhibir agilidad en la mano izquierda, responsable de las múltiples voces que acompañan la melodía. Laguna acertó en su desarrollo tormentoso y apoteósico, sus texturas densas y difíciles desde el punto de vista contrapuntístico, cuidando al detalle el juego y el baile de manos para evitar el tan temido enrevesamiento.

El tercer y último bloque estuvo protagonizado por el casi desconocido virtuoso pianista alemán de origen polaco Moritz Moszkowski. De él Laguna interpretó una página de expansión virtuosística titulada Etincelles (chispas o destellos), muy apreciada por los pianistas en las propinas, y por el público por su complicado juego de arpegios y profusas ornamentaciones. Laguna salió airoso del empeño y se embarcó luego en el estilo más relajado, afable y melódico del Gran Vals, logrando una interpretación sencilla y encantadora de esta primera de las tres piezas que conforman el op. 34 de quien fuera esposo de la hermana pequeña de Cécile Chaminade.

Fotos: Actidea

viernes, 26 de julio de 2024

RICO Y SANTOS HONRAN LA CUERDA GRAVE

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Irene Rico, violonchelo; David Santos, contrabajo Programa: Selección de Recercadas del Tratado de Glosas, de Diego Ortiz; Sonata para cello y bajo continuo en la menor, de Vivaldi; Souvenirs de Bellini, de Julius Goltermann; Duetto para violonchelo y contrabajo, de Rossini. Jueves 25 de julio de 2024

Foto: Actidea

Formados en el Conservatorio Manuel Castillo, donde se conocieron y decidieron formar pareja artística, la sevillana Irene Rico y el cordobés David Santos representan como tantos otros a esos músicos que han emergido en Sevilla desde hace ya un buen puñado de años, revalorizando su status como ciudad de la música y tomando el relevo de las y los buenos músicos que la honran. Rico y Santos residen actualmente en Alemania, donde ella continúa su magnífica formación y él acaba de tomar posesión de una plaza en la Sinfónica de la Radio de Baviera de Múnich. Su asociación no es fácil teniendo en cuenta la escasez de repertorio para los instrumentos que dominan, el violonchelo y el contrabajo, especialmente si renuncian frecuentemente al recurso de la transcripción y la adaptación, ciñéndose a partituras concebidas directamente para esta rara combinación de instrumentos rendidos al registro más grave.

Así se presentaron en los Jardines del Alcázar, con un programa breve pero concienzudo, con el que procuraron hacernos viajar por la música del Renacimiento al primer Romanticismo. De hecho sorprendió el rigor en el diseño del programa, algo alejado del espíritu relajado que informa la mayoría de las propuestas de estas noches estivales. Rico, a quien no recordamos disfrutar en Sevilla desde hace unos años junto a la Joven Barroca de Sevilla, hizo gala de una facilidad de oratoria directamente heredada de su artística casta. Los jovencísimos intérpretes arrancaron con unas recercadas de Diego Ortiz concebidas para viola da gamba y un continuo algo más nutrido del que pudo aportar Santos, quien por cierto se mostró algo raquítico en algunos de sus pasajes. Por su parte, Rico defendió su parte con habilidad y considerable agilidad, destacando el espíritu galante y desenfadado de la pieza.

Con más enjundia debieron afrontar la bellísima Sonata en la menor de Vivaldi, dentro de un conjunto en el que destaca el largo de la Sonata en mi menor que podrían haber ofrecido como propina, ya que el programa se les quedó manifiestamente corto, por lo que así podrían haber cuadrado la duración estándar de los conciertos del Alcázar. También esta sonata contiene un movimiento lento de alto calado emocional, que aprovechando que ambos instrumentos pueden ejercer de continuo, se reservó el contrabajo, al que Santos prestó una flexibilidad extraordinaria y un talante emotivo y sentimental más que evidente. Rico estuvo sencillamente sensacional en los movimientos rápidos, enérgica y centelleante.

La compenetración entre ambos se hizo aún más evidente en Souvenirs de Bellini, un popurrí con motivos operísticos que el virtuoso chelista alemán Julius Goltermann diseñó para tocar en sus giras de conciertos, y que el dúo defendió con ahínco y responsabilidad, por más que Santos se tuviera que emplear a fondo en sus complicadas intervenciones, y que de vez en cuando asomara alguna caída de tono y afinación, probablemente atribuible a la delicadeza de los instrumentos y su exposición al ambiente cálido y ventoso. También con un fuerte componente de energía y fuerza expresiva defendieron el Duetto de Rossini, pieza emblemática del repertorio que contiene pasajes de virtuosismo junto a otros más amables y distendidos, primando siempre una calidad melódica de la que ambos intérpretes supieron hacerse perfectamente eco.

jueves, 18 de julio de 2024

LA SEDUCTORA TRADICIÓN DE MASHRABIYA

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Mashrabiya Trío: Óscar Acedo, clarinete; Carmen Fernández, violonchelo; Chiqui García, bouzuki y percusión. Programa: Aires de Rüm-èli. Un recorrido por las músicas de la Europa Otomana. Miércoles 17 de julio de 2024


A estas alturas y con veinticinco años a sus espaldas, las propuestas de estas noches estivales en el Alcázar siempre o casi siempre ofrecen calidad. Sus llenos absolutos noche tras noche lo corrobora, ya sea por el atractivo del programa, la riqueza de su contenido o el magisterio de sus intérpretes, sea cual sea el género. Mashrabiya son veteranos en este llamemos festival de verano, siempre asociados al género de músicas del mundo, en este caso de Europa, cuando muchos podrían pensar que su dedicación e investigación les debería llevar al apartado de música antigua interpretada con criterios históricamente informados.
Sin embargo es cierto que, dejando de lado esa labor que sus integrantes sin duda realizan, lo que ofrecen con su propuesta es un viaje sensorial y desprejuiciado a las entrañas de la música de otros espacios y tiempos que sin embargo no nos parecen ajenos y nos ayudan a identificarnos con su particular idiosincrasia y sentirnos un poco más residentes de este mundo tan plural y diverso.

Mashrabiya Trío nos trajo músicas de los países que conformaron la antigua Rumelia, espacio acotado por países de los Balcanes que pertenecieron al Imperio Otomano, fundamentalmente entre los siglos XIII y XV, aunque en realidad la referencia no fue sino un pretexto para destilar músicas del orden tradicional de aquellos países que formaron parte de la región, Turquía y Grecia fundamentalmente. Tamizados por una lectura netamente contemporánea de las partituras, la experiencia acabó siendo un evocador viaje por sensibilidades de carácter folclórico, sumamente sensuales, de piezas de raíces orientales, posiblemente destinadas tanto a festejos palaciegos como otros de carácter más mundano y verbenero. Música rebétika como las danzas griegas que el trío acompasó con energía y dinamismo, o un precioso Nihavent turco de composición moderna que paladearon con gusto exquisito y una generosa dosis de sentimiento.

Carmen Fernández aportó cuerpo y músculo a la propuesta con su roce majestuoso y perfectamente entonado del violonchelo, regalándonos un solo en un Nigun u oración judía de origen askenazy de enorme intensidad emocional. Óscar Acedo evidenció una clara flexibilidad aportando con su clarinete toda la profusa ornamentación de la que es capaz un buen jazzista, haciendo gala de un control perfecto de la respiración y un legato impecable. Chiqui García ejerció de perfecto maestro de ceremonias, con elocuentes ilustraciones y generosas palabras sobre sus compañeros de viaje, mientras en lo musical demostró dominio del bouzouki, instrumento cordófono griego que sustituyó por la guitarra clásica en un vibrante Por qué llorax blanca niña tradicional de Sarajevo. Compenetración, energía y sentido de la musicalidad acompañaron para que la experiencia resultara en términos globales considerablemente relajante.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 11 de julio de 2024

MÁGICO TRIBUTO DE CARRA Y LANCHO A MANCINI Y ELLINGTON

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Jose Carra, piano; Carmen Lancho, voz. Programa: Ellington vs. Mancini (Centenario del nacimiento de Henry Mancini y 50 aniversario de la muerte de Duke Ellington). Jardines del Alcázar, miércoles 10 de julio de 2024

Foto: Actidea

Que Jose Carra admira a Henry Mancini lo supimos hace apenas un par de semanas cuando asistimos al concierto con el que la Filarmónica de Málaga clausuraba el
Festival de Música de Úbeda. Un homenaje al gran compositor de bandas sonoras, pianista y director de orquesta centró su programa, y con él los arreglos y la participación del malagueño desde un humilde piano de pared.

A nuestro Alcázar ha sido invitado para rendir homenaje al autor de La pantera rosa en el centenario de su nacimiento. Pero también a Sir Duke, como le gustaba llamarlo a Stevie Wonder, Ellington en el cincuenta aniversario de su fallecimiento. No hay efemérides que se le escape a Actidea cuando diseñan la programación de cada verano, un detalle que les honra y les caracteriza, contribuyendo a pulir ese factor humano que no debe faltar en ninguna empresa.

La rotunda simpatía de la vocalista madrileña Carmen Lancho se ganó en parte al público; el resto lo hizo su exquisita forma de cantar, su sintonía con el pianista y su buen gusto al modular, frasear y volcar sentimiento en cada nota puesta a su disposición. Es difícil cuando se abordan estos repertorios no encontrar referentes claros. En el caso de Lancha, su voz aguda y sensual nos evocó a Peggy Lee, pero todavía es muy joven e irá perfilando un estilo algo más personal y atrevido, curtido en su continua y espectacular experiencia y avidez de aprendizaje. De momento hay mucho que agradecerle al recrear con tanto acierto estos grandes clásicos de la música americana.

Por su parte, Carra es un consumado artista, capaz de extraer del teclado tanta emoción como técnica, virtuosismo, creatividad y profusa ornamentación. Sus arreglos están imbuidos de un sello personal, haciendo acopio de lo aprendido y añadiendo un estilo propio basado en su formación clásica y la admiración que profesa a los grandes del repertorio jazzístico. A la hora de desplegar su faceta de arreglista, acierta en captar y distinguir el espíritu de uno y otro compositor, adecuándose a sus líneas básicas pero aportando una visión fresca y original al conjunto.

De esta forma, el imprescindible Caravan se impulsó con las notas intervenidas de Carra y la sensualidad de Lancho, mientras en I’m Beginning to See the Light la cantante huyó del sonido Fitzgerald al que habitualmente la asociamos para centrarse en otro tan personal como refrescante, como también pasó con Don’t Get Around Much Anymore, sin renunciar al scat característico. Pero fue en Mood Indigo, y sobre todo en In a Sentimental Mood donde más brillaron su gesto relajado, generosa sensualidad y habilidades en la técnica del vocalise que practicó durante todo el concierto.

Melancólico Mancini

Que no recordaran el nombre de Blake Edwards, con quien el compositor firmó una treintena de películas, o que Lancha creyera que Días de vino y rosas es una comedia o no supiera pronunciar el nombre de Johnny Mercer a pesar de exhibir en todo momento un excelente acento inglés, demuestra lo mucho que un músico se puede implicar en la partitura a pesar de permanecer ajeno a los datos que la promueven. No por ello estos detalles dejan de sorprender.

Llamó la atención el acierto de Carra para captar el espíritu de Mancini al teclado en su interpretación de Nothing to Loose, canción de El guateque que en la película cantaba la polémica aunque aniñada Claudine Longet. De ahí pasó sin pausa al mítico Days of Wine and Roses que Lancho cantó con mucho sentimiento y armonía. Con Lujon, una pieza instrumental que luego se convirtió en Slow Hot Wind con letra de Norman Gimbel, los intérpretes optaron por la primera versión, pero con la originalidad de que Carra se encargó de la melodía y Lancho de su elegante, repetitivo y sofisticado ritmo. El tema se completó con una breve integración de How Soon, melodía poco divulgada que Mancini compuso para el show de Richard Boone.

Este tema, junto al que cerró la velada, Song About Love, los grabó el autor en su disco de 1964 Dear Heart, y ambos tienen letra de Al Stillman. El segundo conoció anoche una versión más relajada y romántica que la original, y el público fue invitado a entonarla con éxito. No pudo faltar al homenaje el más querido de los temas mancinianos, Moon River, para el que Carra diseño una larga introducción de porte impresionista, casi Debussyano, y Lancho prestó voz potente y decididamente sentimental.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 9 de septiembre de 2023

COGATO Y LA FLAUTA CANTANTE DE MORELLÓ

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Vicent Morelló, flauta; Tommaso Cogato, piano. Programa: Selección de Canciones sin palabras, de Mendelssohn; Sonata para clarinete y piano Op. 120 nº 2, de Brahms; Vocalise, de Rachmaninov; Selección de lieder de Schubert. Viernes 8 de septiembre de 2023


Ni Tommaso Cogato ni Vicent Morelló, ni la excelencia que les caracteriza, necesitan presentación alguna, al menos en esta ciudad que tan encantada y acostumbrada está de disfrutar de sus aptitudes. Juntos defendieron anoche un recital que cambió radicalmente de forma, conjugación y hasta significado después de que el acompañante original del pianista, el violinista Joaquín Torre, diera positivo en covid. Con Morelló a la flauta, y dando un protagonismo especial a la relativamente insólita flauta en sol, el programa se centró en obras de distinto calado, quintaesencia del romanticismo, con el instrumento solista dando voz a otras, muy especialmente la humana. El instrumento, una variante de la flauta travesera de mayor longitud, también denominada flauta alto, está afinado una cuarta por debajo de lo normal, un registro inferior que añade expresividad a su sonido, una mayor calidez y un color muy particular, ideal para sustituir la voz humana y llegar a transmitir la fuerza y la intención que ésta posee. La que Morelló utilizó para la ocasión es de cabeza recta, frente a la curva que al estar más cerca del oído del intérprete, permite una afinación más fácil y precisa. Con ella el flautista de la ROSS acometió la tarea de poner una voz distinta de la habitual a los Lieder ohne Worte (Canciones sin palabras) de Mendelssohn, originales para piano solo y jamás ideadas para ser cantadas, ni siquiera cuando se le propuso al autor años después de su estreno.

Hay que reconocer que la aportación del instrumento añadido fue de escaso relieve, aunque Morelló, que evidenció cierta dificultad en el control de la respiración, potenciada por la amplificación, mantuvo un fraseo elegante y exquisito y una cantabilidad notable en cada una de las tres piezas elegidas, desde la muy evocadora nº 1 del opus 19, a la más animada nº 1 del 38, y especialmente la nº 4 del 67, también conocida como La hilandera, donde a las ornamentaciones agitadas de Morelló se unió la fuerza arrebatadora de Cogato en esa suerte de imitación del zumbido de las abejas que tan fatigoso puede llegar a resultar. Una impecable reinterpretación a la flauta de la Sonata nº 2 para clarinete de Brahms, ocupó la parte central del recital y la más valiosa en su conjunto. Es cierto que el instrumento fue incapaz de recrear el color y la intensidad original de la pieza, que efectivamente nunca experimentó en sus múltiples adaptaciones para otros instrumentos, especialmente la viola, la gracia y la riqueza que mantiene el original. Pero Morelló salvó con nota alta sus dificultades y logró en conjunto una interpretación sobresaliente, ya con la respiración más controlada y siempre con la complicidad de Cogato, que en las cadencias del allegro central evidenció su elegante majestuosidad aunque fuera en detrimento de la flauta, esta vez convencional, que quedó algo apagada en ese momento. Ambos mantuvieron intactos los planteamientos virtuosísiticos y poéticos de la obra, sobre todo en las variaciones que integran su andante final, destacando la fuerza exuberante de los últimos compases.

La melancólica belleza del célebre Vocalise de Rachmaninov, que sirvió además para conmemorar el ciento cincuenta cumpleaños del compositor, con la flauta sustituyendo la habitual voz de soprano con la que se interpreta, y añadiendo algunas y muy atinadas ornamentaciones de cosecha propia, precedió al último bloque de la velada, una selección de tres de los lieder de Schubert recopilados a modo de cajón de sastre en el ciclo inconfeso Schwanengesang (Canto del cisne, por tratarse de una colección póstuma), ampliados a cinco merced a las propinas. Morelló mantuvo el pulso amable de Das Fischermädchen (La pescadora), el lirismo y al sensualidad de Ständchen (Serenata) y la inusitada alegría de Abschied (Despedida), en unos arreglos propios que acentuaron el carácter desenfadado de una pieza a la que Morelló añadió magia y mucha fantasía, como también sucedería en Liebesbotschaft (Mensaje de amor) y Taubenpost (Correo de palomas, ideal para sustituir al electrónico cuando como sucede ahora somos víctimas de un monstruoso ciberataque), que ambos intérpretes añadieron al programa e hicieron las delicias de un público rendido a la belleza romántica de la feliz propuesta.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 31 de agosto de 2023

ADORNO Y TRANSICIÓN CON NÚÑEZ Y ALQHAI

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Rami Alqhai, viola da gamba; Javier Núñez, clave. Programa: Danzas y melodías de la Spagna Antigua (piezas de Diego Ortiz, Gaspar Sanz, Antonio de Cabezón, Antonio Martín y Coll, Salomone Rossi, Alfonso Mudarra, Andrea Falconieri, y Bernard Storace). Miércoles 30 de agosto de 2023


Juntos o por separado, compartiendo conjunto o colaborando en pareja, son muchas las veces que hemos podido disfrutar en Sevilla del talento al clave de Javier Núñez y el más que competente trabajo de Rami Alqhai a la viola da gamba. La de anoche fue la última oportunidad hasta ahora de verlos y escucharlos juntos, y aunque el nivel no estuvo en todo momento a la altura de las expectativas, hubo razones para disfrutar del evento y mantener la buena opinión que nos merecen estos atribulados y responsables músicos que han crecido y evolucionado ante nuestros ojos y, sobre todo, oídos.

El programa con el que acudieron en cita única a esta edición de las Noches del Alcázar estuvo integrado por obras de compositores españoles e italianos ligados al último Renacimiento y el Barroco incipiente, en muchos casos justo en la transición entre uno y otro período artístico, en una época en que la relación y la influencia entre ambas penínsulas era notoria y muy enriquecedora. En los atriles un buen puñado de compositores imprescindibles, un objetivo común, lucirse en los adornos y ornamentaciones con un espíritu eminentemente virtuoso, y el trabajo serio y disciplinado de Alqhai en las adaptaciones de algunas de las piezas elegidas al instrumento que domina y que se erigió en protagonista de la velada, la viola da gamba. Con ella en solitario arrancó el recital, una selección de recercadas de Diego Ortiz, ejemplo de español que desarrolló gran parte de su carrera en Nápoles y publicó un tratado de glosas referente aún hoy para acometer el noble arte de la improvisación y la ornamentación en ambos instrumentos. Primero Alqhai en solitario, luego con el acompañamiento no siempre bien acompasado de Núñez luchando por adaptarse al fraseo emborronado de la cuerda, ambos dejaron entrever su control sobre la materia que se vería reforzado con los arreglos del violagambista sobre Marizápalos del guitarrista barroco Gaspar Sanz, con una agilidad animada y vitalista que se mantendría en la muy dancística Gagliarda Milanesa de Antonio de Cabezón, completando ese viaje de ida y vuelta entre el Renacimiento y el Barroco que inspiró el primer bloque del programa, y que culminó con los célebres Canarios en versión del tarraconense Martín y Coll, de los que Alqhai ofreció una interpretación fluida y competente.

Una envolvente sonata inspirada en otra danza, la bergamasca, de Salomone Rossi, perfecto ejemplo de esa transición aludida, abrió un segundo bloque en el que pudimos apreciar un preocupante batiburrillo en La dama le demanda de Cabezón, con la que Javier Núñez hizo todo lo posible para disimular y adaptarse a la pérdida de control momentánea de su compañero, solventada en unas Romanescas con claras influencias italianas de Alfonso Mudarra, dechado de virtuosismo y energía contagiosa. Lo mejor sin embargo se reservó para el final, con La suave melodía de Andrea Falconieri, defendida con una notoria melancolía y un impecable fraseo perfectamente acompañado al clave con impoluta técnica, y que encontró el perfecto contrapunto en frescura y agilidad con su corrente, especialidad del autor. Le siguió una pieza de Bernardo Storace, Monica, defendida por el clavecinista haciendo honor al magisterio del autor en cuestión de diferencias y variaciones. Una folías de Martín y Coll de impecable resolución culminó la exhibición antes de que los intérpretes recuperasen como propina obligada un Guárdame las vacas que antes se había caído del programa y ambos defendieron con idéntico ahínco y profusa vitalidad.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 19 de agosto de 2023

JOSETXU OBREGÓN HACE CANTAR AL VIOLONCHELO BARROCO

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Josetxu Obregón, violonchelo barroco; Sara Johnson Huidobro, clave. Programa: Tanteos. Capriccios, toccatas y sonatas del Seicento italiano (Obras de Domenico Gabrielli, Giuseppe Maria Jacchini, Bernardo Storace, Angelo Maria Fioré, Giulio de Ruvo, Girolamo Frescobaldi y Francesco Supriani). Viernes 18 de agosto de 2023


Josetxu Obregón no es ninguna novedad en los escenarios sevillanos. Hemos podido disfrutar de él, solo o en compañía de su afamado conjunto La Ritirata, aunque generalmente en formación reducida, tanto en el Festival de Música Antigua – sin ir más lejos esta misma pasada edición – como en estas Noches del Alcázar. Su presencia suele ser garantía de calidad y extrema seriedad, como parece ser demostró el pasado mes de marzo cuando presentó aquí su disco Cello Evolution, del que el constreñido programa ofrecido anoche fue un trasunto o resumen, centrado para la ocasión en la historia del instrumento a lo largo del siglo XVII en una creativa y siempre inquieta península italiana. Un repaso al violonchelo cuando empezaba a dejar de ser instrumento de acompañamiento para exigir una voz propia e imponerse como solista, comandando la melodía y ofreciéndose como base para el siempre fascinante contrapunto. Algo a lo que sirvió con mucha disciplina e interés la joven clavecinista Sara Johnson Huidobro, formando así un tándem exquisito, tanto como la música que sirvieron con primoroso deleite.

Lástima que las ilustraciones de Obregón sobre el programa no fueran más extensas y distendidas. Los autores, poco transitados, lo requerían. Y aunque sabemos que es una exigencia del ciclo alcazareño realizar las presentaciones oportunas, el bilbaíno debería haber aprovechado la coyuntura para profundizar más en el repertorio, habida cuenta su facilidad para la elocuencia, capacidad para comunicar y que el programa se le quedó algo corto, al menos lo suficiente para encajar una propina, una danza bergamasca de Giovanni Battista Vitali que desgranó con toda la riqueza ornamental y virtuosística que la pieza demanda. Sí estuvo en el programa con generosidad un maestro en la materia como fue Domenico Gabrielli, tan ligado a la Capilla de San Petronio de Bolonia y la Accademia Filarmónica como también lo estuvo Giuseppe Maria Jacchini, otro de los más frecuentados en este concierto. Un ricercare de Gabrielli para violonchelo solo sirvió para abrir la velada, con Obregón sentando las bases de lo que sería una constante en su interpretación, con una morbidez profunda y sensual que nos hizo sentir como si pisáramos colchones esponjosos. De seguido una sonata de Jacchini defendida con tanta delicadeza en su movimiento lento como vigor y agilidad en los más rápidos, dejando claro el dominio técnico del artista y su capacidad retórica y elegancia articulatoria.


Sara Johnson se ciñó con extrema pulcritud y una excelente capacidad para la ornamentación a las exigencias del instrumento dominante, unas veces sirviendo como impecable contrapunto, otras como base armónica y otras cumpliendo fehacientemente su cometido como instrumento dialogante. En sus intervenciones solistas, un Aria sopra la Spagnoletta de Bernardo Storace que consiste en una serie de seis variaciones conectadas por pasajes muy breves que la clavecinista resolvió con un virtuosismo extremo, y una romanella de Giulio de Ruvo sumida en la delicadeza, Johnson triunfó como aguerrida intérprete. Mientras, seguimos disfrutando del poder reflexivo y el carácter predominantemente relajado de Obregón, que tras una segunda sonata de Jacchini y un trattenimento de Angelo Maria Fioré, otro virtuoso del instrumento en su época que también contribuyó a su emancipación, resolvió con ahínco y mucha expresividad un capriccio de Frescobaldi, prodigio del contrapunto y la habilidad. Rubricó su intervención con dos piezas encadenadas de Francesco Paolo Supriano (o Supriani según las fuentes), verdadero artífice del repertorio como instrumento solista, relacionado con Nápoles y Barcelona cuando ambas estaban tan vinculadas. Se trata de una toccata en su doble versión a solo y acompañada, y una sinfonía con su habitual estructura tripartita, que sirvió para refrendar su dominio, ese sonido sedoso y a la vez misterioso y profundo que le caracteriza, y la estupenda compenetración con Johnson que mantuvieron en todo momento, y que culminó de nuevo de la mano de Gabrielli con otra preciosa sonata.

Fotografías: Actidea
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viernes, 18 de agosto de 2023

VARELA Y FERNÁNDEZ, COMPROMETIDOS Y BIEN COMBINADOS

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Rosa García Varela, violonchelo; Pepe Fernández, piano. Programa: La nuit d’août (Tres romances Op. 22, de Clara Schumann; Capriccio en La bemol mayor H-U 247, de Fanny Mandelssohn; Tres piezas para violonchelo y piano, de Nadia Boulanger; Sonata, de Rebecca Clarke). Jueves 17 de agosto de 2023


El concierto de anoche en el Jardín de la Alcoba supo a síntesis entre los dos ciclos de cámara que nos ofreció el Maestranza en la última temporada y proseguirán en la nueva que arranca en un mes. Por un lado Rasgando el silencio, que nos está revelando de la mano de Carmen Martínez-Pierret la música compuesta por un gran número de compositoras, a menudo olvidadas, y por el otro esas Alternativas de cámara que diseña Juventudes Musicales como presentación de nuevos valores. Precisamente en este segundo ciclo pudimos disfrutar el pasado marzo de la pareja musical formada por el pianista utrerano Pepe Fernández y la violonchelista nazarena Rosa García Varela, que ahora repiten con un programa íntegramente formado por mujeres compositoras, dos netamente románticas, muy conocidas aunque sea a la sombra coyuntural de quienes fueron su esposo y su hermano respectivamente, y las otras dos enraizadas en los estilos y sones de finales del siglo XIX y principios del XX, que gracias a estas labores de difusión hoy ampliamente consolidadas, podemos considerar definitivamente integradas en el repertorio de concierto.

El arreglo que Varela realizó de los Tres romances Op. 22 de Clara Schumann, originales para violín y piano, formó ya parte del programa que presentaron ella y Fernández en aquel concierto en la Sala Manuel García del Maestranza. Arropados por una amplia representación de amistades y familiares, la joven pareja desgranó la tríada de piezas de la famosa pianista y compositora sin que acertáramos a observar diferencia ni progreso alguno respecto a su interpretación del mes de marzo. Varela volvió a desentrañar su particular elegancia en un instrumento del que sabe exprimir un sonido sedoso y homogéneo, mientras su compañero se adaptó a su amplio fraseo con mucho respeto y sensibilidad, sin que ello le impidiese mostrar unas formas, especialmente en agilidades, siempre dinámicas y muy comprometidas, algo que iría a lo largo de la noche demostrándonos que su habilidad al piano va creciendo al mismo ritmo que su capacidad expresiva y su delicada y elegante articulación. El Capricho de Fanny Mendelssohn, relegada en su época a la interpretación doméstica y hoy ampliamente reconocida, es una pieza de exhibición que cambia frecuentemente de registro y plantea alguna que otra dificultad de articulación a sus intérpretes, especialmente al violonchelo. Fernández desplegó también aquí una proverbial facilidad para dotar al conjunto de ritmo y energía, mientras Varela ofreció momentos de una clara intensidad lírica y otros más fulgurantes, sin apenas someter al instrumento a algunos cambios bruscos de tono y dificultad de afinación en pasajes de extremo virtuosismo.


No faltó misterio en las Tres piezas de Nadia Boulanger, delicadísima y tan moderada la primera como indica la partitura y muy bien supo apreciar Fernández, henchido de emoción mientras desgranaba sus casi minimalistas notas y al violonchelo, Varela mantenía la cuerda impecablemente sostenida. El carácter místico de la segunda disfrutó también de la meticulosa interpretación de ambos, mientras el revoltijo de acordes y arpegios que acumula la tercera, se benefició también del acierto de unos hábiles transmisores. Estas particularidades se repitieron, ahora ya de forma más rotunda y comprometida, en la Sonata para viola y piano de Rebecca Clarke, convenientemente arreglada para violonchelo, lo que dota a la pieza de mayor cuerpo y sustancia. La pieza, todo un ejemplo de virtuosismo y expresividad llevada al máximo de sus posibilidades, encontró en Fernández un intérprete endiablado y entusiasmado, mientras ambos exhibieron esa complicidad imprescindible para llevar a tan buen puerto una interpretación tan exigente, fatigosa y desgarradora. La transición progresiva del bucólico adagio al tempestuoso allegro final mereció todos los elogios posibles. La inspiración de Clarke en el poema Las noches de mayo de Alfred de Musset, precisamente sobre la inspiración artística, sirvió como leit motiv a este concierto, titulado justamente Noche de agosto. En la propina, un delicado arreglo de Alfonsina y el mar, Varela perdió la oportunidad de hacer llorar a su instrumento, pero aun así la versión resultó conmovedora.

Fotos: Actidea
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sábado, 12 de agosto de 2023

EL SAXO DE LAS MIL CARAS DE MANU BRAZO

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Manu Brazo, saxofón. Cuarteto Bruma: Claudia Gallardo e Irene Morales, violines; Julián Huete, viola; Ricardo Huete, violonchelo. Programa: Aria de Lensky, de Chaikovski; Fantasía sobre La traviata, de Lovreglio; Seis estudios sobre canción folk inglesa, de Vaughan-Williams (arr. Robert Stanton); Fantasía brillante sobre Carmen, de Borne (arr. Iwan Roth); Aria, de Bozza; A Gershwin Fantasy, de Martino. Viernes 11 de agosto de 2023


No sabemos cuántas veces hemos celebrado ya el talento que emana de nuestra tierra en términos musicales. Es algo de lo que nos sentimos enormemente orgullosos y que no ha conocido igual en tiempos pretéritos a menudo tan extrañados. Lo que Manu Brazo es capaz de hacer ya lo hemos constatado en numerosas ocasiones. Que Claudia Gallardo es una buena compañera de viaje lo constatamos en el concierto que junto a la pianista Prajna Indrawatinos brindaron en el Maestranza en febrero del año pasado de la mano de Juventudes Musicales. Entonces nos pareció algo destemplada pero con aptitudes de sobra para poder superarlo en futuras ocasiones, como así ha sido a tenor de lo escuchado anoche en el Alcázar. Pero lo que más nos sorprendió de ella es su capacidad para realizar unos arreglos tan atinados como los que el Cuarteto Bruma presentó ayer junto a Brazo, en los que sin eclipsar la voz dominante cada uno y una asume sus partes con ahínco y singularidad, aprovechando sus texturas y timbres para desarrollar todo un universo sonoro capaz de sustituir al piano o la orquesta, según la pieza, sin perder brillo ni color y acercándonos sensaciones tan estimulantes como las que fuimos capaces de disfrutar en este concierto al aire libre en el que tantas veces tuvieron que afinar sus instrumentos para acoplarse con las máximas garantías de calidad al instrumento del joven utrerano.

Con Una noche en la ópera, título tantas veces aprovechado del original de los Hermanos Marx, Brazo y el joven cuarteto – dos gaditanas y dos conquenses que han perfeccionado sus estudios en el Conservatorio Manuel Castillo, cantera de grandes solistas y sorpresas – nos invitaron a un recorrido por títulos tan emblemáticos para la lírica como La traviata o Carmen, que sirvieron al saxofonista para lucir virtuosismo y habilidad al instrumento, con ornamentaciones a veces imposibles, agilidades extraordinarias y arabescos vertiginosos, sin por ello sacrificar expresividad, como muy bien pudimos apreciar en un arranque de la Habanera de Carmen henchido de sensualidad, buena muestra de la capacidad de seducción del joven intérprete. Piezas que Brazo ha grabado en el álbum recientemente editado Fantasía junto al pianista británico Bryan Evans, prueba de que su matrimonio con la cultura inglesa sigue dando muy buenos resultados, y que Gallardo ha traducido al universo del cuarteto de cuerda con tanto gusto como buena caligrafía. La Fantasía sobre La traviata del flautista napolitano Donato Lovreglio resultó más endiablada que la más sensual y relajada de François Borne, gran estudioso de la flauta, que con su Fantasía brillante sobre Carmen logró una pieza icónica del repertorio romántico para el instrumento. Punteados e increíbles juegos de dinámicas acompañaron al control absoluto de la digitación y la respiración de Brazo en estos dos endemoniados cometidos.


Elegancia por fuera y por dentro

El saxofonista siempre presta especial atención a la puesta en escena, traducida en esta ocasión en unos elegantes atuendos blancos y de color crema que lucieron a juego los cinco jóvenes convocados. Así arrancaron con una tempestuosa Aria de Lensky de la ópera de Chaikovski Eugene Oneguin, donde primó la atormentada expresividad del desafortunado protagonista, asumida en la voz tortuosa y muy a tono del saxofón. Con enorme delicadeza y estilo interpretaron las preciosas canciones que Vaughan Williams recopiló y arregló a partir del folclore inglés. Originales para cello y piano, aquí podemos apreciar el tono bucólico que el autor empleó en su obra más icónica, El ascenso de la alondra, todo un ejemplo de etnomusicología que Brazo llevó al máximo de sus consecuencias con un sonido aterciopelado y tan estimulante como evocador. Sin duda toda una fuente de inspiración para Richard Rodney Bennett a la hora de acometer su partitura para la película Lejos del mundanal ruido, que Julie Christie protagonizó en 1967.

El Aria de Eugéne Bozza, una de las obras más célebres del compositor francés, sirvió al conjunto para desplegar la religiosidad bachiana que le informa, en perfecta combinación con el impresionismo de Ravel o Satie al que tanto apela, y que Brazo, Gallardo y el resto defendieron con tanto acierto. Para terminar, otra fantasía, esta vez dedicada a George Gershwin, obra del pianista Ralph Martino, muy vinculado a la marina norteamericana, y que Brazo resolvió con idiomáticos acercamientos al universo jazzístico, acompañado en estilo ragtime por el Cuarteto Bruma, pasando de la sensibilidad del blues de la Rapsodia en Blue a los vibrantes Strike Up the BandLady Be Good, Fascinatin’ Rhythm o I Got Rhythm, así como a un enrevesado It Ain’t Necessarily So de la ópera Porgy and Bess, con tanta fluidez como sustancia narrativa. Toda una demostración de los estimulantes resultados que se pueden lograr cuando las cosas se toman tan en serio, y un concierto ligero estival se defiende con tanta responsabilidad y trabajo como hicieron estos impecables y jóvenes músicos. En la propina, El paño moruno de Falla nos puso literalmente los piel de gallina.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 8 de agosto de 2023

MOMENTOS DE FELICIDAD CON TRÈS BIEN!

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Très Bien!: Paula Padilla, voz y ukelele; Matías Comino y Luis Berraquero, guitarras; Miguel Romero, violín; Daniel González, contrabajo. Programa: Petits bonehurs (Swing manouche y chanson francesa). Lunes 7 de agosto de 2023


Desde sus inicios hace exactamente una década, Très Bien! ha protagonizado algunas de las más sobresalientes citas del reciente fervor sevillano por la filosofía vital del swing, anclado fundamentalmente en la cultura norteamericana pero con escalas también en otras nacionalidades como la francesa, a la que siempre han prestado una especial atención y que en esta edición de las Noches del Alcázar han convertido en protagonista absoluta. Con el diseño de este particular programa se trataba de plasmar esos felices momentos que conforman nuestra experiencia vital, dándole forma y justificando nuestro periplo existencial; algo así como ese carpe diem que nadie se cansa de reivindicar y que tan difícil es plasmar en la práctica, con tantas limitaciones y convenciones como nos hemos impuesto los seres humanos en casi todas las vertientes de nuestra vida, desde la profesional a la sentimental.

La estructura de esta ya veterana formación se mantiene intacta desde sus inicios, con la única incorporación del violinista Miguel Romero, que en un alarde absoluto de eclecticismo lo mismo nos deleita con Bach, Vivaldi, Haendel o cualquiera de los autores que forman el repertorio de la Orquesta Barroca de Sevilla, de cuyas filas es integrante histórico, que nos deslumbra con sus espléndidas ornamentaciones y ritmo en estilo con sus recreaciones a solo del repertorio del grupo. A diferencia de sus primos hermanos O Sister!, el conjunto se permite desviarse un poco de la recreación histórica, algo que sus componentes dominan a la perfección en ese otro conjunto ya mítico y pionero, siempre desde el respeto a las líneas maestras que conforman su estilo. Éstas consisten fundamentalmente en el carácter bohemio, zíngaro para más señas, que aporta el rasgueado en perpetuum mobile de las guitarras, manteniendo el pulso a ritmo de ese foxtrot tan característico del espíritu que les informa, y que no es sino el de Django Reinhardt, así como las aportaciones que Romero hace con su violín al más puro estilo de otro insigne jazzista galo, Stéphane Grappelli. A partir de ahí todo es fiesta y color, liderada por la voz cálida y perfectamente entonada de Paula Padilla, que con su timbre sedoso y su afinación segura, logra recrear el espíritu evocado con toda una amplia gama de matices y colores.

Foto: Actidea

En este recorrido por la chanson, Très Bien! dio preferencia a uno de sus principales estandartes, Charles Trenet, sobre todo con sus piezas de los años treinta del pasado siglo, como ese Menilmontant con el que arrancaron a tan buen ritmo, o esa declaración de intenciones que supone J’ai ta main, con el que el cantautor francés elogia el placer fugaz y exento de compromiso, y que Padilla aprovechó para entonar con su particular imitación de trompeta con sordina. También destacó esa preciosa y sentimental balada que es Que rest-t-il de nos amours? que Padilla cantó con excelente gusto y precisión. Uno de los momentos estrella de este recital lo protagonizó Charles Aznavour con su Je m’voyais deja, un exhaustivo recorrido por el camino del éxito, desde que se anhela y se lucha por él hasta que se consigue y se beben sus mieles. No pudo faltar por supuesto la evocación a Edith Piaf, llevándolo todo siempre a su terreno y particular estilo, sin ánimo alguno de imitación, como se reflejó en Padam Padam, una onomatopeya del latido del corazón a ritmo de vals con el que la voz solista elevó su factor temperamental; y con ese mismo ritmo musette, el archiconocido Sous le ciel de Paris del film de 1951 del mismo título que dirigió Julien Duvivier. Sólo dos concesiones hicieron al inglés, con la mitad del mítico C’est si bon en versión de Jerry Seelen, y la de La vie en rose en la de Mack David, que a algunos nos sirvió para recordar al recientemente fallecido Tony Bennett.

Hubo espacio también para recuperar ese J’ai deux amours que popularizó Josephine Baker y que el conjunto incluyó como único título en francés de su primer CD, Swing Soleil. Y del segundo disco, un homenaje a esos zazous o rebeldes del swing que proliferaron durante la invasión nazi, recuperaron Je suis swing. La balada triste y melancólica encontró un buen vehículo con Seule ce soir de la polivalente Léo Marjane. Un recorrido por lo tanto muy completo en el que brillaron, además de Padilla y Romero, el virtuosismo de Matías Comino, especialmente evidente en su propia composición La danza del Tzigano, con un inconfundible estilo alla ungherese, in crescendo, con punteados muy precisos derivando en un insistente rasgueado tan bien acompañado siempre por Luis Berraquero y el exuberante cuerpo que le brinda Daniel González al muy idiomático contrabajo. Entre refrescantes bromas e ilustraciones completaron la asfixiante hora preceptiva de actuación.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía