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domingo, 5 de julio de 2026

EL ACIERTO EXPRESIVO DE PATRICIA ARAUZO

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Patricia Arauzo, piano. Programa: Sonata para piano nº 13 en si bemol mayor K.333, de Mozart; Sonata para piano nº 21 en si bemol mayor D.960, de Schubert. Sábado 4 de julio de 2026


Este año se cumplen doscientos setenta del nacimiento de Mozart, genio entre los genios e indiscutible fuente de inspiración para compositores venideros, que siguieron sus pautas e innovaciones de composición para adaptarlas a sus propios estilos. Entre ellos, destaca quizás Franz Schubert, para quien el de Salzburgo era un faro de luz que iluminó su propio camino creativo. La pianista arandina Patricia Arauzo, afincada en Sevilla, en cuyo Conservatorio Superior ejerce como catedrática de piano, hizo dialogar anoche a los dos compositores, y de paso marcar la diferencia que acusa en ambos el paso de casi medio siglo.

Como concertista, Arauzo es bien conocida de la afición sevillana, que ha podido disfrutar de su estilo disciplinado y competente en muchas ocasiones, tanto en recitales sueltos como en ciclos de distinta índole y estilo. También en las Noches del Alcázar se ha dejado sentir en varias ocasiones su pianismo, que anoche además contó con una visita inesperada en forma de fallo técnico que provocó intermitentes fogonazos desde lo alto de la arcada del Jardín del Cenador de la Alcoba, y unos puntuales apagones que dejaron indefensa a la pianista. Nada de eso le hizo desconcentrarse, manteniendo el tipo hasta el final, sin que la música acusara estos desagradables imprevistos, a los que se unieron los habituales cantos de las chicharras y los pavos reales.

Mozart forzado en estilo, logrado en expresividad

Arauzo atacó Mozart demasiado ensimismada en captar el estilo clasicista al que se adhiere, intentando que las teclas del piano sonaran lo más parecido posible, dentro de sus posibilidades, al fortepiano. Esto provocó un sonido seco, no precisamente áspero, pero sin vuelo lírico y forzado. Esto, en un autor cuya fluidez y aparente naturalidad son señas de identidad, se tradujo en una exhibición muy al contrario, forzada y atropellada, que contó con las temibles notas falsas y alguna imperfección técnica.

Por el contrario, Arauzo logró captar el espíritu de la Sonata nº 13, también conocida como Sonata Linz por haberse compuesto aparentemente en esa ciudad en 1783, conclusión a la que se ha llegado sólo recientemente después de estudios de diversa índole que no lograban ponerse de acuerdo sobre estos particulares.

El allegro inicial sonó juguetón y desenfadado, pero faltó esa agilidad referida. Sin embargo, no acertó la pianista en dotar al andante cantabile central de un mayor lirismo, evidenciándose en exceso su empeño en captar más el sonido que el estilo. Algo que corrigió en la propina, el adagio de la sonata precedente, dechado de emotividad gracias a relajarse y dejarse llevar por la belleza de los acordes, despreocupándose de la técnica. Para el allegro grazioso final optó por un estilo eminentemente concertístico, más fluido y gozoso que los movimientos anteriores, aunque igualmente atropellado.


Un Schubert entre delicado y vehemente

Durante mucho tiempo vista con recelo por considerarse demasiado larga y profunda, la Sonata nº 21 de Schubert es un prodigio de equilibrio entre tensión emocional y una sublime contemplación poética, lo que le convierte este último trabajo instrumental del compositor en una de las piezas para piano más respetadas de todo el Romanticismo. De todo esto se hizo eco la interpretación concentrada e interiorizada de Arauzo, que con una mayor relajación y mayor peso del pedal, logró deslizarse por sus preciosos acordes con gracia y talento.

Arrancó de forma delicada y, sin embargo, ya expansiva, introduciéndonos con acierto en un éxtasis contemplativo que no se rompió con los más vehementes acordes que le siguen, logrando una atmósfera de profunda solemnidad, seguida de una extrema tranquilidad emocional en el andante sostenuto, y una muy acertada volatilidad en el scherzo. En el movimiento final, con aspecto de ambigua danza húngara, alcanzó altas dosis de virtuosismo e intensidad emocional, con unos muy maleables y arqueados fraseos típicos de Schubert, que provocaron junto a su heroica resistencia ante los inconvenientes técnicos apuntados, el unánime reconocimiento del público.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 4 de julio de 2026

AXABEBA CONVIERTE LA CURIOSIDAD EN ARTE

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Ángeles Núñez, canto y percusión. José Luis Pastor, cuerdas medievales. Programa: El legado cultural de Averroes. La España multicultural (canciones y danzas tradicionales tunecina, sefardíes, marroquí y árabe, y extraídas del Libre Vermell de Montserrat, las Cantigas de amigo de Martín Codax, las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, y los Carmina Burana).
Viernes 3 de julio de 2026


Lejos de perversidades como el concepto de prioridad nacional, nuestro país, como tantos otros, es el resultado de una enorme variedad de influencias culturales que vienen de antaño y se resisten a frenarse aún en nuestros días. Unas veces como invasores, otras como visitantes, la mayoría en busca de nuevas oportunidades que les permitan vivir y desarrollarse como seres humanos, nunca pararemos de recibirlos y, de paso, absorber su conocimiento y sabiduría, de la misma forma que ellos aprovecharán todo lo que puedan aquí para enriquecer su patrimonio artístico y cultural.

Trasladarnos al Medievo es lo que de alguna manera pretendieron Ángeles Núñez y José Luis Pastor en este exquisito recital en el que se alternaron piezas de muy distinta procedencia, evidenciando nuestra privilegiada posición en medio de culturas tan distintas que nos llegaron, y siguen haciéndolo, tanto del interior europeo como del norte africano, tantas veces sujetos a crítica, censura y represión.

Averroes como pretexto

Las Noches del Alcázar son desde siempre muy proclives a celebrar aniversarios. Una sana costumbre que este verano incluye el novecientos cumpleaños de Averroes, filósofo, médico, astrónomo, matemático y teórico cordobés que procuró armonizar sus teorías con el Islam, mostrándose también crítico con sus contradicciones. Conocido como Padre del Racionalismo, por sus comentarios y análisis del legado aristotélico, sufrió una ola fanática e integrista en el siglo XII en el que vivió, lo que provocó su destierro y muerte en Marrakech.

En este contexto, la voz y la percusión de Núñez, integrada por darbuka, panderos y sonajeros de tobillo, y la cuerda pulsada de Pastor nos guiaron por un fascinante viaje en el que plasmaron toda su curiosidad e inquietud para hacer lo que saben hacer tan bien, con tanto rigor, fuerza y convicción. Tanto es así que nos atrevemos sin pestañear a confirmar que lo que ayer disfrutamos en el Alcázar fue auténtico arte hecho música.


La exhibición arrancó con el ritmo sensual de una canción tradicional tunecina, y continuó con otra sefardí (Partos trocados), dejando clara la conservación de estas piezas gracias a la transmisión popular, lo que puede haber corrompido su aspecto inicial. Núñez mostró ya desde el principio una habilidad y delicadeza extrema para adaptarse a cada estilo con convicción y verosimilitud, además de controlar con profesionalidad cada lengua convocada, original, arcaica o más actualizada.

De su muy ornamentada pieza de introducción, pasó sin titubear al más austero turco, y después a un muy lírico Ad mortem festinamus, última de las diez canciones del Cançoner montserratí, una danza en forma de virolai, composición poética con varias estrofas con retorno, que la cantante entonó con aplomo y seguridad, y un timbre poderoso a la vez que sedoso, que ha ido ganando quilates con el tiempo. Vino después un fascinante instrumental, un extracto de la nuba Al-Istihlal, tradicional de Marruecos de ritmo repetitivo que Pastor recreó a la vihuela de rueda, con un sonido parecido al de la zanfoña.

Tras un paréntesis galaico-portugués extraído de las Cantigas de amigo del juglar gallego Martín Codax, con el que Núñez se lamentó de la ausencia de su amado, tal como se manifiesta en este pergamino Vindel, llamado así en honor a su descubridor, Núñez nos deleitó con una nana trágica, Nani nani, también de tradición sefardí, haciendo acopio de expresividad, extrema sensibilidad y una perfección en la entonación que llegó incluso a estremecernos. Por cierto, Pastor introdujo cada pieza con una capacidad divulgadora no al alcance de cualquiera, además de dominar con una maestría absoluta el laúd, la cítola y la referida vihuela.

Otro dancístico instrumental, una Estampida sobre la Cantiga de Santa María nº 42, precedió a las dos últimas piezas del programa, con Tempus transit gelidum de los cantos goliardos incluidos en los célebres Carmina Burana (cánticos del Monasterio de Beuern o Bura), también en perfecto estilo y consonancia con el resto de un programa que se completó con el canto trovadoresco Calenda maia y la rendición unánime del público. Repiten el día 1 de agosto.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 25 de junio de 2026

DIEZ CITAS MUSICALES IMPRESCINDIBLES EN EL ALCÁZAR

El Patronato del Real Alcázar, en colaboración con Actidea, pone en marcha su vigésimo séptima edición de las Noches en los Jardines del Real Alcázar, con su habitual estructura en efemérides y celebraciones del año en curso. Esta vez con la particularidad, cada vez más asentada, de contar con un mayor número de conjuntos y artistas, de forma que apenas un puñado, concentrados en los ciclos de flamenco, músicas de raíz europea y otras músicas, repiten o triplican sus propuestas. En los que más dominamos, de música clásica y antigua, casi ninguno lo hace, por lo que la oportunidad de disfrutarlos hay que cogerla al vuelo. Destacamos diez de más de sesenta citas programadas, de entre las que nos parecen más atractivas.

París evocada por Claudio Constantini

Foto de Jaime Massieu

Peruano de nacimiento y residente desde hace tiempo en nuestro país, Claudio Constatini se ha labrado un exitoso porvenir como uno de los más reconocidos bandoneonistas del mundo, como ya ha demostrado en anteriores ediciones de este mismo ciclo estival sevillano desde 2021. Precisamente ese mismo año tocó junto a la OJA en el Teatro Central, alternando su faceta al instrumento aerófono con su talento al piano, ofreciendo una Rapsodia en Blue sensacional.

Hoy inaugura estas noches en solitario, alternando también ambos instrumentos y evocando el París de entre los siglos XIX y XX a través de Satie, Chopin, Piazzolla y una composición propia. La capital francesa será protagonista de un buen puñado de propuestas en esta nueva edición de las noches del Alcázar.

María Malibrán recreada por Soraya Méncid


La hija de Manuel García y hermana de Pauline Viardot, protagonista de un popular álbum de Cecilia Bartoli hace ya algunos años, será recordada en el aniversario número ciento noventa de su muerte, por la soprano onubense Soraya Méncid. Descubierta en musicales montados por el Liceo de Moguer, como El fantasma de la ópera o los autóctonos Germinal y El médico, Méncid dio el salto definitivo a la lírica tras obtener el primer premio del Certamen Nuevas Voces de Sevilla de 2024. Ha colaborado en varias ocasiones con la Compañía Sevillana de Zarzuela, y demostrado por qué su voz es tan hermosa y singular en recitales líricos.

Entonará canciones de Malibrán y una selección de arias de títulos operísticos asociados a la celebrada artista de origen sevillano. Será Zerlina en Don Giovanni y Susana en Las bodas de Fígaro, además de encarar piezas de La sonámbula de Bellini, María Estuardo y El elixir de amor de Donizetti, y Guillermo Tell de Rossini. Al piano le acompañará en esta cita del próximo sábado Manuel Navarro, un más que competente artista sevillano que repetirá unos días después con la soprano también sevillana Paula Ramírez, igualmente asociada a la Compañía Sevillana de Zarzuela, en un repertorio íntegramente español.

Axabeba Dúo evoca el pensamiento de Averroes


Este año recordamos novecientos años del nacimiento del pensador, médico y filósofo musulmán Averroes, puente entre las culturas islámica, la antigüedad clásica y el medievo europeo, y auténtico estandarte de la convivencia y el diálogo entre pueblos y culturas de nuestro país. En formación de dúo, el conjunto liderado por el experto en cuerdas medievales, José Luis Pastor, un incondicional de estas noches estivales, evocará la España de Averroes con la complicidad de Ángeles Núñez, que entonará piezas del Libre Vermell de Montserrat, las Cantigas de Martín Codax y las de Alfonso X el Sabio, así como de los Carmina Burana, y otras tradicionales sefardíes, tunecinas y marroquíes. Un fascinante viaje al siglo XIII, cuando la península ibérica se enriquecía con las Tres Culturas, que disfrutaremos el viernes 3 de julio, y que Pastor y Núñez repetirán el sábado 1 de agosto.

Mozart en manos de Patricia Arauzo

Foto de Michal Novak

Se cumplen doscientos setenta años del nacimiento del genio salzburgués, y Actidea lo celebra con la participación de la pianista local y catedrática del Conservatorio Superior de Sevilla, Patricia Arauzo, con quien el y la melómana sevillana está bien familiarizada a través de sus celebrados recitales, sola o acompañada, en diversos escenarios de la ciudad. En esta ocasión su impecable digitación hará dialogar el clasicismo del homenajeado, con su Sonata nº 13, con su influencia en el incipiente romanticismo de Schubert, de quien interpretará su Sonata nº 21. Será ya entrado el mes de julio, el sábado 4.

Jesús Pineda contextualiza a Falla


Si se hubiese descubierto alguna manera de perpetuar nuestra existencia, Falla hubiera cumplido ciento cincuenta años y habría podido disfrutar de su música en las manos expertas del guitarrista Jesús Pineda, que para la ocasión pondrá al autor gaditano en contexto, con obras de Albéniz, Turina y Rodrigo acompañando una elocuente selección de piezas del autor de El amor brujo. Desde que se alzara con el primer premio en el Concurso Andrés Segovia de Linares, Pineda ha ido escalando puestos en una fulgurante carrera que le ha convertido en una de las voces más informadas y respetadas de la guitarra clásica dentro y fuera de nuestro país. El sábado 11 podremos comprobarlo.

Otros artistas de tan sólida raíz sevillana, como el flautista de la ROSS Vicent Morelló y el pianista italiano afincado en nuestra ciudad, Tomasso Cogato, se encargarán el sábado 12 de septiembre de celebrar también esta efeméride. También el Dúo Almaclara y el formado por la violista Marian Herrero y el pianista Daniel del Pino, abordarán en sus programas obras en recuerdo de Falla.

Natalia Labourdette, una flor en el jardín


La soprano madrileña protagonizará el sábado 25 otro recital que auguramos inolvidable, abordando la canción de concierto con una formación inusual, junto al arpista murciano José Antonio Domené. Labourdette entonará piezas de Ravel, Fauré, Debussy y Hahn, así como las Siete canciones populares de Falla, en una cita transversal que evocará el París de la Belle Époque y el aniversario de Falla.

El público sevillano está familiarizado con esta joven soprano desde que en 2018 protagonizara un recital en el Maestranza junto a la ROSS dirigida por su entonces titular, John Axelrod. Después, la hemos visto y escuchado en La mujer tigre de Manuel Busto, con la Sinfónica Conjunta en la Cantata para América Mágica de Ginastera, en Falstaff de Verdi, Las bodas de Fígaro y el montaje de Villalobos para Cosí fan tutte.

El Rey Sol y Felipe V en el centro del aniversario de Marin Marais


El violagambista y compositor francés Marin Marais cumple trescientos setenta años, y las flautas de Rafael Ruibérriz y Alberto Trujillo, junto al archilaúd de Rafael Arjona, han aprovechado la ocasión para hacernos una ambiciosa propuesta digna del Femás. Se trata de conectar su música con la de sus contemporáneos Jean-Baptiste Lully y de Robert de Visée, siempre para esta singular formación, tratando así de recrear el ambiente musical de la corte francesa de Louis XIV y la de Felipe V de España, nieto del primero y de María Teresa de Austria.

El principal reclamo de este concierto recae en una pieza de Pierre Boucquet, la suite nº 12 de piezas para dos flautas traveseras sin bajo, publicada en Sevilla en 1734, durante una estancia de parte de la corte del rey español en nuestra ciudad. La cita, el sábado 29.

La boda del XVI también tiene eco en estas noches de verano


Sevilla se ha volcado con el 500º aniversario de la boda de Carlos V e Isabel de Portugal precisamente entre los muros del Real Alcázar, y estas noches en sus jardines no podían quedarse al margen. Varios serán los artistas que aborden este acontecimiento, de entre los que destacamos a la soprano valenciana Mariví Blasco, que el sábado 4 de septiembre entonará junto a la guitarra barroca de Álex Pernas, piezas de Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales, Josquin des Prés y, sobre todo, Juan del Encina, que ayudarán a contextualizar la ceremonia a través de una estructura tripartita que propondrá un recorrido por lo divino y lo solemne, el amor y la herencia cultural monárquica a través del Cancionero de Palacio, y la fiesta y el alborozo con ritmos populares y danzas palaciegas.

Otros artistas que se unen al recuerdo de la boda de la primavera de 1526, serán Andreas Prittwitz a los metales, junto a la cuerda pulsada de Ramiro Morales, el conjunto Dura Sorte, o la soprano Inés Alonso junto a la vihuela de Ariel Abramovich.

John Coltrane y Miles Davis cumplen cien años


El cupo jazzístico, de quien Miguel Ángel González, de Actidea, es un ferviente admirador, tiene su cita más sobresaliente el jueves 17 de septiembre, cuando el saxo y la flauta de Bernardo Parrilla, junto al piano de Daahoud Salim, hijo del legendario saxofonista tejano afincado en Sevilla, Abdu Salim, recuerden la música del también saxofonista y flautista John Coltrane, y del trompetista Miles Davis, a través de las músicas de Charlie Parker, Thelonius Monk o Duke Ellington que sus interpretaciones hicieron brillar. Toda una fiesta para los amantes del jazz clásico, en manos tan refinadas como las de los músicos convocados. Cabe recordar que la faceta como compositor de Salim ha sido reconocida incluso por la ROSS.

Manu Brazo nos hará bailar


Otro saxofonista insigne, el utrerano Manu Brazo, que tantos y tantas admiradoras atesora, protagonizará la penúltima velada de esta vigésimo séptima edición de las Noches del Alcázar. Será el viernes 18, junto a la violonchelista Rosa García Varela, rebautizada como Rosa Gavare, con quien forma también el conjunto Kumpania, integrado así mismo por el pianista Pepe Fernández, con quien Brazo nos encandiló hace cinco años en este mismo escenario, y que esta vez protagonizará junto al violinista Adrián Fernández otro de los recitales dedicados al París de finales del siglo XIX.

Brazo y Gavare interpretarán una serie de danzas con vocación internacional, de Piazzolla a Granados, pasando por otros compositores menos conocidos, como Paulsson, Henryson o Elizondo, de quien se interpretarán unas suculentas danzas latinoamericanas. Ritmo y precisión técnica para refrescar la que seguramente seguirá siendo una de esas tórridas noches estivales de septiembre.

Fotos: Actidea

domingo, 15 de septiembre de 2024

EVOCACIONES DE KUMPANIA EN EL ALCÁZAR

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Manu Brazo, saxofón. Pepe Fernández, piano. Claudia Gallardo,violín. Rosa Gª Varela, violonchelo. Programa: Una historia de España (piezas de Tomás Luis de Victoria, Juan Vásquez, Soutullo y Vert, Amadeo Vives, Albéniz y Falla). Sábado 14 de septiembre de 2024

Foto: Luis Pascual
Como cada año, septiembre es mes de arranques y cierres, y ayer sábado le tocó el turno a las Noches del Alcázar, que cerró un verano plagado de conciertos al aire libre, hasta setenta y cinco que prácticamente han llenado de público y de buena música el Jardín del Cenador de la Alcoba. El privilegio de cerrar estos tres meses de cálidos encuentros lo han tenido los y las jóvenes integrantes del conjunto Kumpania, los utreranos Manu Brazo y Pepe Fernández, bien conocidos de estas páginas, donde siempre nos hemos hecho eco de su buen hacer y su elegante estilo, y las habituales colaboradoras de sus proyectos, como son Rosa García Varela y Claudia Gallardo, esta última además responsable si no de todos, la mayoría de arreglos a los que someten sus partituras para adaptarlas a la singular composición de su propuesta.

Todos y todas han brillado en otras ocasiones, a dúo, en tríos o en solitario, y volvieron a hacerlo anoche en un concierto tan amable como distendido, ideal para cerrar como merecen estas noches estivales que ahora dan paso a la programación habitual de nuestra ciudad. El programa diseñado para la ocasión nos invitó a recorrer la fuerza de la música española desde el Renacimiento hasta principios del siglo XX, con una pieza por siglo, y siempre con el respeto preciso que permite una formación en la que se integra un instrumento tan poco adecuado para dicho repertorio como el saxo, y sin embargo tan bien integrado en estas primorosas adaptaciones de Gallardo, a la sazón violinista del conjunto.

Libres de todo prejuicio, el recorrido arrancó con Tomás Luis de Victoria y su motete O Magnum misterium, convertido para la ocasión en pieza de corte espiritual y relajado que nos evocó a aquellas películas, especialmente de los primeros setenta, que ilustraban la época a partir de sus raíces musicales pero adaptándolas a la sensibilidad del público contemporáneo. Así lo hicieron compositores como Georges Delerue o Ennio Morricone, y así lo sentimos en la resplandeciente recreación que con una complicidad absoluta extrajeron los y las cuatro intérpretes.

Foto: Actidea

La popularidad de De los álamos vengo, madre de Juan Vásquez, es tanta que admite todo tipo de versiones, por lo que la ofrecida por Kumpania no nos pareció ni estridente ni especialmente estimulante, simplemente correcta. Más interesante sin embargo resultó su particular visión de La música nocturna de las calles de Madrid de Boccherini, con especial énfasis en la percusión ejercida por Pepe Fernández a partir del piano intervenido, rasgueo de guitarra incluido. Con sus numerosas y populares melodías alternadas entre las cuatro voces, el resultado fue tan aseado como afortunado.

De la misma forma brilló Bella enamorada, de la zarzuela El último romántico de Soutullo y Vert, con intervenciones sedosas, fluidas y seguras de Varela al chelo, ideal para homenajear a Alfredo Kraus, cuando se cumplen veinticinco años de su desaparición. Muy trabajado a nivel de re-orquestación y adaptación, resultó la selección en forma de suite ofrecida de Bohemios de Amadeo Vives. Especialmente inspirado sonó su famoso vals.

Pero lo más emotivo y sentimental llegó de la mano de Albéniz y su Evocación de la suite Iberia. Aquí lucieron fundamentalmente las formas relajadas y reflexivas de Fernández, arropadas en sostenido por el resto, y con especial hincapié en el tono nostálgico y evocador, valga la redundancia, de una pieza que así interpretada es capaz de despertar nuestra emoción más sincera.

No tanto brilló Granada, de la Suite española del mismo autor, aunque debido a su popularidad y bella melodía, hizo las delicias del público. Para terminar el programa, una selección con los motivos más recordados de El sombrero de tres picos, coronó la elegancia y la delicadeza, sin estridencias ni fueras de tono, del conjunto, que terminó con otra acertada evocación, la del también utrerano Bambino y su célebre versión rumbera de Procuro olvidarte, donde Fernández demostró dominar también el son cubano jazzístico, y Brazo por supuesto su control del fraseo y la respiración, así como buen gusto al modular.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 5 de septiembre de 2024

BRUNO AXEL, ENTRE ROMÁNTICO Y VACILÓN

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Bruno Axel, violines, voz, sampler; Antonio A. Ritoré, percusión. Programa: El arte de la invención. Miércoles 4 de septiembre de 2024

Foto: Actidea

Polifacético, inquieto, inclasificable… son algunos de los adjetivos que definen la personalidad del músico granadino Bruno Axel. Aún impresionados por el excelente sabor de boca que nos dejó hace justamente una década cuando presentó en la Sala Manuel García del Maestranza su espectáculo Música en movimiento, y a pesar de que su continuación, un año después, no despertó en nosotros la misma sensación, asistimos a esta segunda función de Axel en las Noches del Alcázar con cierta expectación y la convicción de que no nos dejaría indiferentes. Todo indica que lo que anoche hizo sobre el escenario fue considerablemente diferente a lo que ofreció el pasado 20 de agosto. Para entonces estaba anunciado un menú degustación con distintos platos cocinados a partir de reconocibles partituras musicales. Esta vez su imaginación se fue más del lado de los viajes.

Queremos pensar que para ello inventó un personaje, con una imagen radicalmente diferente a la que nos tiene acostumbrados y acostumbradas, y ciertas formas que nos remitieron directamente a los músicos callejeros, tomando forma definitiva cuando casi al final se transformó en artista del metro de Nueva York, haciéndose acompañar su ecléctico violín de una percusión directamente inspirada en el hip hop. Entre medias, Axel jugó a desconcertar al público, alternando sus particulares recreaciones musicales con sentencias dispersas sin aparente conexión entre ellas, hasta que en cierto momento encontraron justificación como improvisada terapia para sobrellevar la vida y la muerte, y terminar sobreviviendo, que es al fin y al cabo lo que hacemos todos y todas, pero bajo el espíritu reconocible de quien lo hace día tras día reinventándose en calles y plazas de una gran urbe.

Imagen retrospectiva del artista

Con Bach como músico recurrente, desde sus partitas a las Variaciones Goldberg, y Paganini, Vivaldi, Rota y su familia Corleone, así como Falla y su nana, un sirtaki y música de raíz turca, la propuesta de Axel encontró su punto más decididamente grotesco con sus recreaciones de los impresionistas franceses, unas Gymnopédies de Satie a dúo con Antonio Alcántara Ritoré al xilofón, a partir de los sonidos distorsionados y estridentes del violín eléctrico, y un Bolero de Ravel algo más juguetón, animado por la batería, las congas y los sonidos grabados sobre la marcha en el sampler.

El viaje terminó como también parece estar haciéndolo el verano, del mar buceando al cielo en globo, y parte del público acabó desconcertado, otra desmotivada, y otra posiblemente encantada con una propuesta en la que sobresalió el carácter vacilón y extravagante del músico, muy bien acompañado por un mucho más discreto Alcántara. En sus gestos y sus dispersas locuciones, Axel exhibió el romántico que lleva dentro, con una visión apesadumbrada y derrotista de la existencia, incluida una emotiva dedicatoria a un amigo desaparecido. Es ahí quizás donde más acertó el intérprete y compositor en un montaje escénico musical que en general encontramos bastante endeble y falto de una mayor imaginación, no obstante el evidente virtuosismo del artista al violín.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 27 de agosto de 2024

UNA PERFECTA NOCHE DE VERANO

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Lita Wheel, Laura Serrano y Alba Carrasco, voces; Santiago Ruiz, teclado; Leo Aranda, bajo; Roque Torralva, batería y percusión. Programa: Música a través de la mujer. Lunes 26 de agosto de 2024


El verano invita a relajarse, también en lo musical. Quienes nos pasamos el año analizando y reseñando interpretaciones de música clásica y antigua, encontramos también en esta época de distensión el pretexto para acercarnos a esos otros géneros que cubrieron nuestra cultura musical. Las canciones que sonaron en casa por cortesía de padres y hermanas, que tanto hicieron por adiestrarnos en la dulce afición por la que consideramos la más reconfortante de las artes, forman parte de nuestro acervo sentimental, y de recordárnoslo se encargaron The Donelles, el excelente conjunto vocal e instrumental sevillano que con el de ayer completaron su ciclo de tres conciertos en esta edición de las Noches del Alcázar.

También porque se trata de una época de costumbres nómadas, hemos tenido que esperar a este tercer y último concierto para hacernos eco de lo mucho que valen estas y estos seis músicos, apasionadas del pop fundamentalmente estadounidense desde la década de los cuarenta hasta la psicodelia setentera, pasando por los prodigiosos sesenta. El suyo es un show en toda regla, de esos que se pueden disfrutar permanentemente en plazas tan icónicas como Las Vegas, donde se escenifican con derroche de talento y calidad recorridos similares, especialmente centrados en la historia de la ciudad del juego y el entretenimiento.

Y para adaptarse a una de las líneas argumentales de las Noches del Alcázar de este año, esos nombres de mujer que dignifican el trabajo del género femenino en el noble arte de la música, lamentablemente en la mayoría de las ocasiones desde la retaguardia, The Donelles presentaron en formato reducido, adaptado a las circunstancias de tiempo y espacio, el espectáculo con el que llevan años deleitando a audiencias de toda la nación. En él desglosan algunas de las voces más famosas de la música popular de esas cuatro décadas aludidas, siempre desde el punto de vista de la aportación femenina, a menudo a la sombra del hombre, otras veces como protagonistas absolutas de una historia que sólo han escrito ellas.


Lideradas por la carismática y divertida Litta Wheel, el trío de voces exhibió esa armonía perfectamente conjuntada, cerrada, que caracterizó a conjuntos tan icónicos de la Segunda Guerra Mundial como The Andrew Sisters, a quienes dedicaron un primer y generoso bloque, con éxitos como In the Mood a capela con el sólo acompañamiento de pies y manos de sus compañeros instrumentistas, ese Tico Tico que generalmente asociamos a la portuguesa Carmen Miranda, pero que entonaron al más puro estilo del trío uniformado, y una excitante y divertidísima combinación de Rum & Coca-Cola y Mr. Bassman, mezclando con total desparpajo y desprejuicio los cuarenta con los primeros sesenta.

La gracia y la vitalidad de Wheel combina magistralmente con la sensualidad de armas tomar de Laura Serrano y la elegancia y sofisticación de Alba Carrasco, las tres entonando en perfecto estilo, con hermosos timbres y un evidente buen gusto, para ofrecernos rutilantes versiones de los más latinos Sway y Tu vuo fa l’americano, demostrando que por encima de Dean Martin o Renato Carosone, también brillaron The Puppini Sisters.

Aunque la homenajeada con Runnin’ Wild era Ernestine Anderson, fue imposible no visualizar a Marilyn Monroe cantándola junto a su ukelele y el resto de la banda femenina en el vagón de tren de Con faldas y a lo loco. Una década de los cincuenta completada con la impagable personalidad de Brenda Lee, ya con Wheel como solista absoluta en St. Louis Blues y el melancólico I’m Sorry al que sólo se permitieron añadir unos toques sopranistas de Carrasco.


Que Big Mama Thornton se adelantó al Rey del Rock con su icónico Hound Dog, y que ya en los setenta Sweet Inspiration demostraron que eran más que un conjunto de acompañamiento del mismo Elvis, sólo fue la punta de lanza para evocar a The Beatles con el Mr. Postman original de The Marvelettes. También sonó Help, según versión de The Carpenters, de quienes se hicieron además eco a través de la malograda Karen Carpenter con su particular y dulce versión de California Dreamin’ de Mama’s and the Papa’s. Y no podía faltar un grupo de referencia para el conjunto sevillano, Martha & The Vandellas, de quienes eligieron el exquisito Jimmy Mack, todo un himno de la Motown.

Acompañando, Leon Aranda al bajo, Roque Torralva a la batería, y muy especialmente Santiago Ruiz al teclado, demostraron que sólo desde la excelencia, el trabajo bien hecho y un bagaje profesional extenso y maduro, se puede exigir del público el clamor que ellos disfrutaron. Poder hacerlo sentados, pendientes de cada gesto, cada inflexión y cada apunte de los y las artistas, es un lujo poco accesible en este tipo de manifestaciones, especialmente cuando se trata de estrellas mediáticas y consagradas. Iniciativas como las de The Donelles nos hacen sentir aún más orgullosos de la tierra en la que vivimos.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 10 de agosto de 2024

CONSTANTINI MARCA LA DIFERENCIA

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Claudio Constantini, bandoneón. Programa: Fantasía cromática y fuga en re menor BWV 903, Chacona en re menor BWV 1004 y Toccata y fuga en re menor BWV 565, de Bach; Concierto en re menor BWV 974, de Marcello, arr. Bach; Verano Porteño y Milonga del Ángel, de Piazzolla. Viernes 9 de agosto de 2024


No es la primera vez que el músico peruano afincado en nuestro país, Claudio Constantini, se sube al escenario del Alcázar. Ya lo hizo hace exactamente tres años junto al pianista Federico Lechner y la voz de Florencia Bégue, con un programa íntegramente dedicado al popular compositor argentino Astor Piazzolla. En un momento tan delicado como en el que se encuentra el bandoneón, un instrumento de viento de lengüetas libres a fuelle, que tantos tienden a confundir con el acordeón pero cuya riquísima tímbrica le da un carácter harto particular, Constantini se ha empeñado en reivindicarlo, refrescarlo y darle la dignidad y la categoría que merece. No es nada disparatado que para la ocasión eligiese un programa diseñado fundamentalmente en torno a Bach, protagonista absoluto de su noveno disco recién salido al mercado, dado el origen alemán de un instrumento sin embargo tan asociado a la cultura tanguera del Río de la Plata.

Generado y desarrollado para interpretar música en misas a mediados del siglo XIX, su sonido nos transporta al que exhibe un órgano, lo que le hace ideal para interpretar música de Johann Sebastian Bach fuera de los muros eclesiásticos, respetando su mística y ampulosa sonoridad. Quizás por eso Constantini eligió tres grandes piezas en forma de coral, la Fantasía cromática y fuga, la Chacona de la Partita nº 2 para violín, y la famosa Tocata y fuga en re menor, tonalidad imperante en toda la velada, con la que terminó oficialmente el concierto. Todas estas piezas, más el Concierto de Marcello a partir de la transcripción de Bach, arregladas por el propio intérprete, que en ese mismo 2021 estrenó su Concierto para bandoneón y orquesta junto a la Orquesta Joven de Andalucía en el Teatro Central, donde demostró también lo buen pianista que es enfrentándose a la Rapsodia en Blue de Gershwin.


Un instrumento extremadamente complejo

La versatilidad, compromiso y responsabilidad de Constantini quedaron bien marcados en esta comparecencia ante el público del Alcázar, siempre tan presto a aplaudir que no respetó la continuidad ni de la Fantasía cromática y fuga ni del Concierto de Marcello. Atacó las grandes piezas bachianas con decisión, abriendo generosamente un instrumento cuyas numerosas lengüetas se multiplican por dos para reproducir infinidad de tonos, y dotando así a cada pieza de la monumentalidad que merecen. De esta forma, Constantini se adhirió a la perfección al tono místico de Bach, haciendo alarde de un dominio técnico extremo y una minuciosa capacidad para dotar cada nota de la fuerza espiritual que la música del genio alemán atesora. Particularmente difícil resultó la célebre Chacona, donde el intérprete fue capaz de alternar grandes gestos con otros más reprimidos e intimistas. También el Concierto de Marcello disfrutó de esa dualidad expresiva, con un adagio tan deleitado como decididos y moderadamente agitados resultaron el andante y el presto que lo enmarcan.

Su lectura de Piazzolla sorprendió menos, pero gustó tanto o más, dado el toque melancólico que Constantini es capaz de alcanzar con la melodiosa y armoniosa música del compositor argentino. Extraído de Las cuatro estaciones porteñas, el Verano disfrutó en sus manos de un candor y una belleza inusitada, presente también en la Milonga del Ángel y la fugaz propina con la que el concierto excedió generosamente de su duración estándar. Una dilatación provocada en parte por la profusa elocuencia del intérprete, tan locuaz y ameno en sus explicaciones como entregado e hipnótico resultó en su forma de dialogar con el particular instrumento. Lástima que el bellísimo Oblivion tuviera que ser apeado del programa para no alargarse aún más esta experiencia tan tonificante para el público como extenuante para el excelente bandoneonista.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 28 de julio de 2024

CLAUDIO LAGUNA, CONCENTRADO Y RESPONSABLE

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Claudio Laguna, piano. Programa: Andaluza, de Cuatro piezas españolas de Falla; Tema y variaciones Op. 73, de Fauré; 4 Mazurcas Op. 67, de Chopin; 5 Preludios Op. 16 y Fantasía en si menor Op. 28, de Scriabin; Etincelles y Gran Vals Op. 34, de Moszkowski. Sábado 27 de julio de 2024


Entre otras cosas, Noches en el Alcázar brinda a menudo la oportunidad de dar a conocer nuevos nombres de la interpretación, sirviendo de plataforma de despegue a algunas carreras que luego se han revelado prolíficas. Aunque no acuse acento, Claudio Laguna es sevillano y se encuentra todavía perfeccionando su técnica a fuerza de mucho estudio y dedicación, lo que no la ha impedido debutar en algunas salas del país especializadas en el concierto intimista. Destila seguridad y confianza tanto a la hora de tocar sin partitura todo el programa como a la de dirigirse al público. El concierto de anoche giraba en torno al centenario de la muerte de Gabriel Fauré, de quien interpretó la obra más larga de un programa que encajó a la perfección, gracias en parte a la ausencia de aplausos que propició su aviso de que el concierto se estructuraba en tres bloques, lo que en principio desconcertó a los más atrevidos y atrevidas, hasta que casi al final ya no pudieron resistirse más, rompiendo el último bloque anunciado.

En el primero, Laguna trató de enlazar la música española de principios de siglo con las corrientes que provenían del país vecino. Sustituyó El Albaicín de Albéniz por la Andaluza de Falla, puede que para cuadrar precisamente la duración del concierto. Tras un arranque brusco, de sonido en exceso percutivo, Laguna logró hacerse con la pieza con una agilidad portentosa y un barrido extenuante del teclado, combinando vehemencia con cierta delicadeza que se repetiría en la pieza siguiente, Tema y variaciones de Fauré, pura efervescencia del autor, tan reminiscente de Schumann en su tono noble y elegante, como vivaz, enérgico y brillante, tal como se pudo constatar de la interpretación nítida, concentrada y absolutamente exigente del joven y apuesto pianista. Laguna fue capaz de imprimir una profunda melancolía en el molto adagio, y un carácter ensoñador y sereno en el andante molto moderato, hasta alcanzar el clímax con su triunfante final.


Chopin y Scriabin protagonizaron el segundo bloque. El primero, único extemporáneo del homenajeado, sirvió para sentar la bases del pianismo en el París que luego habría de conocer Fauré, a través de uno de los géneros más apreciados y característicos del compositor polaco, la mazurca. Laguna destiló fuerza y delicadeza, sin sobrepasar esas temidas líneas que conducen a la cursilería, en las cuatro mazurcas op. 67, logrando una visión sofisticada y estilizada de las mismas. De esta forma pudo alcanzar el espíritu que destilan estas piezas a través de sus progresiones, armonías y sus características partes más débiles, que trató con suma delicadeza y sentido de la responsabilidad. De ahí pasó a los cinco preludios op. 16 de Scriabin, adoptando un carácter majestuoso y mimando su armonía y sus pasajes rítmicos obsesivos, hasta llegar a esa miniatura dancística exquisita y elegante que supone el quinto preludio.

La Fantasía op. 28 reviste el carácter de una sonata en un solo movimiento, con pasajes virtuosísticos que permiten lucirse al intérprete, junto a otros de espíritu sereno y melancólico que sirven para exhibir dominio de la expresividad. Tras un arranque inquietante, recreado con inteligencia y mucha concentración, la pieza brinda una oportunidad única para exhibir agilidad en la mano izquierda, responsable de las múltiples voces que acompañan la melodía. Laguna acertó en su desarrollo tormentoso y apoteósico, sus texturas densas y difíciles desde el punto de vista contrapuntístico, cuidando al detalle el juego y el baile de manos para evitar el tan temido enrevesamiento.

El tercer y último bloque estuvo protagonizado por el casi desconocido virtuoso pianista alemán de origen polaco Moritz Moszkowski. De él Laguna interpretó una página de expansión virtuosística titulada Etincelles (chispas o destellos), muy apreciada por los pianistas en las propinas, y por el público por su complicado juego de arpegios y profusas ornamentaciones. Laguna salió airoso del empeño y se embarcó luego en el estilo más relajado, afable y melódico del Gran Vals, logrando una interpretación sencilla y encantadora de esta primera de las tres piezas que conforman el op. 34 de quien fuera esposo de la hermana pequeña de Cécile Chaminade.

Fotos: Actidea

viernes, 26 de julio de 2024

RICO Y SANTOS HONRAN LA CUERDA GRAVE

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Irene Rico, violonchelo; David Santos, contrabajo Programa: Selección de Recercadas del Tratado de Glosas, de Diego Ortiz; Sonata para cello y bajo continuo en la menor, de Vivaldi; Souvenirs de Bellini, de Julius Goltermann; Duetto para violonchelo y contrabajo, de Rossini. Jueves 25 de julio de 2024

Foto: Actidea

Formados en el Conservatorio Manuel Castillo, donde se conocieron y decidieron formar pareja artística, la sevillana Irene Rico y el cordobés David Santos representan como tantos otros a esos músicos que han emergido en Sevilla desde hace ya un buen puñado de años, revalorizando su status como ciudad de la música y tomando el relevo de las y los buenos músicos que la honran. Rico y Santos residen actualmente en Alemania, donde ella continúa su magnífica formación y él acaba de tomar posesión de una plaza en la Sinfónica de la Radio de Baviera de Múnich. Su asociación no es fácil teniendo en cuenta la escasez de repertorio para los instrumentos que dominan, el violonchelo y el contrabajo, especialmente si renuncian frecuentemente al recurso de la transcripción y la adaptación, ciñéndose a partituras concebidas directamente para esta rara combinación de instrumentos rendidos al registro más grave.

Así se presentaron en los Jardines del Alcázar, con un programa breve pero concienzudo, con el que procuraron hacernos viajar por la música del Renacimiento al primer Romanticismo. De hecho sorprendió el rigor en el diseño del programa, algo alejado del espíritu relajado que informa la mayoría de las propuestas de estas noches estivales. Rico, a quien no recordamos disfrutar en Sevilla desde hace unos años junto a la Joven Barroca de Sevilla, hizo gala de una facilidad de oratoria directamente heredada de su artística casta. Los jovencísimos intérpretes arrancaron con unas recercadas de Diego Ortiz concebidas para viola da gamba y un continuo algo más nutrido del que pudo aportar Santos, quien por cierto se mostró algo raquítico en algunos de sus pasajes. Por su parte, Rico defendió su parte con habilidad y considerable agilidad, destacando el espíritu galante y desenfadado de la pieza.

Con más enjundia debieron afrontar la bellísima Sonata en la menor de Vivaldi, dentro de un conjunto en el que destaca el largo de la Sonata en mi menor que podrían haber ofrecido como propina, ya que el programa se les quedó manifiestamente corto, por lo que así podrían haber cuadrado la duración estándar de los conciertos del Alcázar. También esta sonata contiene un movimiento lento de alto calado emocional, que aprovechando que ambos instrumentos pueden ejercer de continuo, se reservó el contrabajo, al que Santos prestó una flexibilidad extraordinaria y un talante emotivo y sentimental más que evidente. Rico estuvo sencillamente sensacional en los movimientos rápidos, enérgica y centelleante.

La compenetración entre ambos se hizo aún más evidente en Souvenirs de Bellini, un popurrí con motivos operísticos que el virtuoso chelista alemán Julius Goltermann diseñó para tocar en sus giras de conciertos, y que el dúo defendió con ahínco y responsabilidad, por más que Santos se tuviera que emplear a fondo en sus complicadas intervenciones, y que de vez en cuando asomara alguna caída de tono y afinación, probablemente atribuible a la delicadeza de los instrumentos y su exposición al ambiente cálido y ventoso. También con un fuerte componente de energía y fuerza expresiva defendieron el Duetto de Rossini, pieza emblemática del repertorio que contiene pasajes de virtuosismo junto a otros más amables y distendidos, primando siempre una calidad melódica de la que ambos intérpretes supieron hacerse perfectamente eco.

jueves, 18 de julio de 2024

LA SEDUCTORA TRADICIÓN DE MASHRABIYA

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Mashrabiya Trío: Óscar Acedo, clarinete; Carmen Fernández, violonchelo; Chiqui García, bouzuki y percusión. Programa: Aires de Rüm-èli. Un recorrido por las músicas de la Europa Otomana. Miércoles 17 de julio de 2024


A estas alturas y con veinticinco años a sus espaldas, las propuestas de estas noches estivales en el Alcázar siempre o casi siempre ofrecen calidad. Sus llenos absolutos noche tras noche lo corrobora, ya sea por el atractivo del programa, la riqueza de su contenido o el magisterio de sus intérpretes, sea cual sea el género. Mashrabiya son veteranos en este llamemos festival de verano, siempre asociados al género de músicas del mundo, en este caso de Europa, cuando muchos podrían pensar que su dedicación e investigación les debería llevar al apartado de música antigua interpretada con criterios históricamente informados.
Sin embargo es cierto que, dejando de lado esa labor que sus integrantes sin duda realizan, lo que ofrecen con su propuesta es un viaje sensorial y desprejuiciado a las entrañas de la música de otros espacios y tiempos que sin embargo no nos parecen ajenos y nos ayudan a identificarnos con su particular idiosincrasia y sentirnos un poco más residentes de este mundo tan plural y diverso.

Mashrabiya Trío nos trajo músicas de los países que conformaron la antigua Rumelia, espacio acotado por países de los Balcanes que pertenecieron al Imperio Otomano, fundamentalmente entre los siglos XIII y XV, aunque en realidad la referencia no fue sino un pretexto para destilar músicas del orden tradicional de aquellos países que formaron parte de la región, Turquía y Grecia fundamentalmente. Tamizados por una lectura netamente contemporánea de las partituras, la experiencia acabó siendo un evocador viaje por sensibilidades de carácter folclórico, sumamente sensuales, de piezas de raíces orientales, posiblemente destinadas tanto a festejos palaciegos como otros de carácter más mundano y verbenero. Música rebétika como las danzas griegas que el trío acompasó con energía y dinamismo, o un precioso Nihavent turco de composición moderna que paladearon con gusto exquisito y una generosa dosis de sentimiento.

Carmen Fernández aportó cuerpo y músculo a la propuesta con su roce majestuoso y perfectamente entonado del violonchelo, regalándonos un solo en un Nigun u oración judía de origen askenazy de enorme intensidad emocional. Óscar Acedo evidenció una clara flexibilidad aportando con su clarinete toda la profusa ornamentación de la que es capaz un buen jazzista, haciendo gala de un control perfecto de la respiración y un legato impecable. Chiqui García ejerció de perfecto maestro de ceremonias, con elocuentes ilustraciones y generosas palabras sobre sus compañeros de viaje, mientras en lo musical demostró dominio del bouzouki, instrumento cordófono griego que sustituyó por la guitarra clásica en un vibrante Por qué llorax blanca niña tradicional de Sarajevo. Compenetración, energía y sentido de la musicalidad acompañaron para que la experiencia resultara en términos globales considerablemente relajante.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía