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lunes, 30 de marzo de 2026

LA GRAN PASIÓN DE ARCANGELO

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Nick Pritchard, tenor (Evangelista); Alex Rosen, bajo (Cristo); Carolyn Sampson, soprano; Hugh Cutting, contratenor; Hugo Hymas, tenor; Thomas E. Bauer, bajo. Arcangelo. Jonathan Cohen, clave y dirección. Programa: La Pasión según San Mateo BWV 244, de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de marzo de 2026

Alex Rosen y Arcangelo

Tan seguro que no hace falta ser creyente para emocionarse con las procesiones de Semana Santa ni con las películas bíblicas del Hollywood clásico, es que La Pasión según San Mateo nos transporta a otra dimensión, gracias al talento y la sensibilidad de su autor, pero también a esa iconografía religiosa de la que no podemos escapar ni los más críticos, especialmente cuando se trata de la Historia más grande jamás contada.

Así, como La Gran Pasión, se conocía este oratorio inmortal en el siglo diecinueve. Y así lo corroboró esta hermosísima versión que ha servido este año para cerrar con broche de oro el Festival de Música Antigua de Sevilla. Una espléndida mañana primaveral de Domingo de Ramos y un Maestranza casi lleno hicieron justicia a uno de los más hermosos oratorios jamás disfrutados en nuestra ciudad.

Rosen, Jonathan Cohen y Nick Pritchard

Hace años que el Femás cierra alternativamente con las dos pasiones de Bach. Éste hemos tenido la suerte de disfrutarlos ambos, abriendo el mes de marzo con la de San Juan de la mano de Andreas Scholl y Divino Sospiro, fuera del festival, y cerrándolo ahora con esta indescriptible y emocionante versión que de la de San Mateo han hecho Jonathan Cohen, la orquesta y coro Arcangelo y una plantilla inmejorable de solistas.

Dispuestos como está marcado, en formación de dos orquestas y dos coros organizados simétricamente, dialogando unos con otros, y con el clave de Cohen y el órgano de Tom Foster ejerciendo de bisagra, el coro de obertura, con su particular lamentación desplazándose de un lado al otro, ya captó por entero nuestra atención y nos preparó para toda la emoción y la admiración que iba a ir apoderándose de todos y todas. A partir de ahí, pura magia, puro drama y mucho, como nunca, sentimiento.

Cohen fue capaz de dosificar el numeroso conjunto convocado de manera que cada frase y cada matiz quedaran perfectamente expuestos, sin enmarañamiento y sin marcar en exceso los acentos y las tensiones. Fue quizás el toque británico, que no permite acrobacias innecesarias y se regocija en la mera partitura, el que procuró que el sonido fuera lo más elegante y hermoso posible, pero sin amaneramientos ni florituras innecesarias, aún echando mano de ritmos y texturas lo más próximos posibles al uso de instrumentos y técnicas históricamente informadas.

Solistas excepcionales

Carolyn Sampson

Una sensacional plantilla de solistas, y un no menos digno puñado de voces extraídas del coro para dar forma a los personajes de la narración, completaron una Pasión monumental y exquisita en todos sus aspectos. La voz rotunda y profunda, de timbre metálico, así como la convincente actuación del bajo estadounidense Alex Rosen, hizo de su Cristo un personaje tan atroz como escalofriante, toda una invitación a la reflexión. Por su parte, el tenor Nick Pritchard como Evangelista, compuso un narrador potente y de fuerza arrolladora allí donde el drama lo exigía.

Entre los personajes bíblicos, destacaron las voces graves y rotundas de Hugo Herman-Wilson como Judas y Patrick Keefe como Pilatos. Las arias fueron perfectamente entonadas por la soprano Carolyn Sampson, de voz algo pequeña pero ideal para cantar con tanto gusto y elegancia Ich will dir mein Herze schneken (Quiero entregarte mi corazón), el veterano bajo alemán Thomas E. Bauer, decididamente tremolante pero henchido de ternura en Mache dich (Purifícate), y el tenor británico Hugo Hymas, seguramente el timbre más bello de cuantos comparecieron, e igualmente con un fraseo exquisito y una sobrada proyección.

Hugh Cutting

Capítulo aparte merece el contratenor, también británico, Hugh Cutting, toda una sorpresa, de voz homogénea y un color perfecto, que logró con sus cinco arias estremecernos, especialmente con esos dos milagros melódicos que son Erbarme dich (Ten piedad de mí), acompañado con una dulzura extrema por los violines primero y segundo de la primera orquesta, y Können Tränen meiner Wangen (Si las lágrimas de mis mejillas), donde la cuerda de la segunda orquesta sonó majestuosa y piadosa, logrando que nuestras lágrimas no fueran impotentes, sino el resultado de una emoción sincera y trascendental.

Mención especial merece también el magnífico trabajo de las maderas y la cuerda grave, potenciando la ternura generalizada unas y la fuerza y cuerpo los otros. Con estos ingredientes, una estética asentada en la sinceridad, la ternura y el sentimiento más profundo y natural, no es de extrañar que gran parte del público saliera extasiado de tan sensacional acontecimiento, sobre todo después de ser testigos de un número final, Wir setzen uns mit Tränen nieder (Llorando nos postramos), en el que volvió a ponerse de manifiesto la gran compenetración de todos y cada una de las integrantes del coro, y ese aire de Gran Pasión que destiló toda la función.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 29 de marzo de 2026

ORQUESTRA DEL MIRACLE O CUANDO SER NOVEL NO ESTÁ REÑIDO CON LA EXCELENCIA

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquestra del Miracle. Juan de la Rubia, órgano y dirección. Programa: Obertura de “Rodelinda, Regina de’ Longobardi” HWV 19 y Obertura de “Il pastor fido” HWV 8, de Haendel; Sinfonías de las cantatas “Geist una Seele wird verwirret” BWV 35, “Ich steh mit einem Fuss im Grabe” BWV 156 y “Wir müssen durch viel Trübsal” BWV 146, de Bach; Emitte spiritum tuum, de Francisco Valls; Wassermusik TWV 55:C3, de Telemann. Espacio Turina, sábado 29 de marzo de 2026


La penúltima cita del presente Festival de Música Antigua contó con la singular aportación del joven conjunto catalán Orquestra del Miracle. Joven por su reciente fundación hace apenas tres años y por la media de edad de su flamante plantilla. Al frente de todos y todas ellas, el extraordinario organista de Vall de Uxó, Juan de la Rubia. Juntos hicieron alarde de una sólida compenetración, una estética muy acorde al carácter festivo de la propuesta y una disciplina férrea, con lo que consiguieron resultados tan satisfactorios como los obtenidos en éste su primer concierto en Sevilla.

En su declaración de principios, Orquestra del Miracle pone de relieve la importancia de la música de la época que se hacía en nuestro país, y situarlo en su contexto a través de una comparativa con lo que sonaba en el resto de Europa. Justamente ésta fue su propuesta en esta ocasión, tomar un motete escrito para la Pentecostés en su versión instrumental, sustituyendo la voz humana por la de la flauta, y demostrar la influencia en su gramática y lenguaje de los grandes maestros del momento, Bach, Haendel y Telemann.

La verdad es que la operación puso en evidencia la simpleza de la pieza de Francisco Valls frente a la creatividad y magnificencia de las obras seleccionadas de los grandes compositores convocados. No obstante, en el idiomático órgano de de la Rubia y la cálida flauta de Marit Darlang, la obra cobró cierta gracia e indiscutible amabilidad. Nada que ver, sin embargo, con la majestuosidad del arranque de manos de Haendel y su obertura para la ópera Rodelinda, que el conjunto marcó con una fuerza arrolladora y una precisión matemática.


Tres grandes del Settecento

Más compleja es la singular obertura de Il pastor fido, con nada más y nada menos que cinco movimientos, de los que destacamos el dulce largo y el melancólico adagio, ambos defendidos por Kathryn Elkin con fraseo flexible y legato fluido al oboe. Sensacionales sonaron las tres sinfonías extraídas de sendas cantatas de Bach, dos de ellas más conocidas por sus transcripciones para clave. De la Rubia desplegó todo su virtuosismo, precisión y vigorosa articulación al órgano en la BWV 35, así como su elegante fraseo, junto al oboe de Elkin, en la BWV 156, más popular como largo del Concierto para clave BWV 1056. Pero fue fundamentalmente en la Sinfonía de la BWV 146 donde exhibió su generosa habilidad y fulgurante digitación, dejándonos literalmente boquiabiertos.

Con una selección de la Música acuática de Telemann – inexplicablemente se dejaron fuera dos de sus diez movimientos – se dio por terminado oficialmente el concierto. A la majestuosidad y el vigor de la larga obertura, así como al carácter pastoril de la zarabanda, siguieron momentos de gran compenetración, como el bourrée, y de simpática candidez, el loure, pero sobre todo un tempestad de fascinante resolución con la inestimable intervención del concertino, Vadym Makarenko, a quien hace precisamente tres años pudimos disfrutar junto a Amandine Beyer y Gli Incogniti en este mismo Espacio Turina.

Tras esta suite que terminó a zapatazos con el alegre y cantarín canario final, tocaron como propina un allegro de Antonio Soler, de idéntica arquitectura virtuosa y graciosa resolución, muy relacionado con el Monasterio de Montserrat al que está adscrito el Santuario del Miracle donde se formó esta prometedora orquesta barroca.

Fotos: José Antonio de Lamadrid
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 22 de marzo de 2026

HARNONCOURT EN EL RECUERDO DE CONCENTUS MUSICUS WIEN

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Concentus Musicus Wien. Stefan Gottfried, dirección. Programa: Conciertos de Brandeburgo BWV 1046-1051, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 21 de marzo de 2026


Hace cinco años, en el marco de la trigésimo octava edición del Femás, Café Zimmermann interpretó de una sola tacada los seis Conciertos de Brandeburgo de Bach, y fue un éxito. Unos años antes fue nuestra Barroca la que se hizo eco de tal hazaña, aunque en dos entregas, con resultados harto satisfactorios. El prestigioso conjunto austriaco Concentus Musicus Wien terminó ayer en Sevilla una gira que les ha llevado por diversas ciudades españolas y portuguesas, entre ellas Oviedo, Valencia y Las Palmas de Gran Canaria, con el mismo programa y un considerado homenaje a quien fuera su fundador, el insigne Nikolaus Harnoncourt, cuando se cumple una década de su fallecimiento. También ellos y ellas ofrecieron el ciclo completo de una sola vez.

Estos conciertos, que en un principio no constituían un conjunto, sirvieron a Bach como salvoconducto para conseguir un puesto en Berlín, para lo que los entregó en 1721 al tío del rey Federico Guillermo I, margrave de Brandeburgo, procedentes de distintos conciertos para varios instrumentos en función de los efectivos con los que el autor contaba en la Corte de Köthen, y que revestían una considerable dificultad. Hace más de medio siglo, Gardiner, Pinnock, Goebel, Harnoncourt y otros músicos abrieron una nueva vía en la interpretación de la música del Barroco y primer Clasicismo.

El uso de instrumentos antiguos y el estudio de criterios de interpretación acordes a la práctica de la época, se convirtieron desde entonces en pilares fundamentales de los nuevos usos interpretativos de esta música. Harnoncourt fue, por lo tanto, pionero en la materia, y en su memoria, echando mano más del bullicio y la alegría que de la nostalgia, abordaron estos seis irrepetibles y fundamentales conciertos los y las actuales – mayoría femenina – integrantes del famoso conjunto vienés.

Destacados solistas

Arrancaron con un Concierto nº 1 en Fa mayor algo caótico y deslavazado en su primer movimiento, con las trompas evidenciando más de una estridencia y salida de tono, conscientes por supuesto de su extrema dificultad, y el resto abordando su cometido desde una aparente desgana. Por estos derroteros deambuló también un adagio falto de garra y seducción, hasta que en el cuarto movimiento, ese minueto alternado con diversas danzas de aires afrancesados, la tónica comenzó a mejorar, con aportaciones ya más acorde de los y las diversas solistas. Sin embargo, pudimos apreciar la falta de empuje y personalidad del desvaído violín del veterano concertino Erich Höbarth, que se mantendría prácticamente hasta el final de la exhibición.


La generosa formación con la que Concentus Musicus Wien acudió a su cita sevillana, se redujo considerablemente, sólo cuerda y clave, una vez más gentileza de Alejandro Casal, en el Concierto nº 3 en Sol mayor, ya más ágil y bien ritmado, y con broma incluida de su director y clavecinista Stefan Gottfried, que se encargó del breve adagio libre e improvisado, apenas enlace entre los dos agitados movimientos extremos, introduciendo compases de la habanera de Carmen y aires aflamencados, un detalle hacia nuestra tierra que no fue apreciado por el numeroso público convocado. El nº 5 en Re mayor se benefició de un affetuoso central orgánico y bien medido a nivel expresivo, con un trabajo exquisito al clave, vertiginoso en el allegro inicial, y una efectiva compenetración entre los solistas, incluida la discreta pero bien entonada flauta travesera de Annie Lafiamme.

Sensacionales fueron las aportaciones de las flautas dulces, Rahel Stoellger y Patricia Nägele, y sobre todo de la violinista Theona Gubba-Chkheidze, dechado de musicalidad en el Concierto nº 4 en Sol mayor, que en el andante central se escondieron tras las bambalinas para reforzar el carácter de eco que les atribuye la partitura. Igualmente excelente fue la intervención de los dos violistas, Pablo de Pedro y Firmian Lermer en el nº 6 en Si bemol mayor, con un duelo exacerbado entre ellos, que logró cotas de fuerza y agilidad realmente estimulantes.

De la misma forma conviene destacar el trabajo de Gabriele Cassone en el nº 2 en Fa mayor que cerró la propuesta, curiosamente el mismo intérprete que se hizo cargo de la trompeta en aquel concierto de Café Zimmermann a las órdenes de Manfredo Kraemer. Sin olvidar el magnífico trabajo desplegado por el continuo, con especial mención del violonchelista castellano Luis Zorita, extraordinario en sus partes como solista, un nombre que se ha forjado un lugar destacado en importantes formaciones europeas, y que demostró un derroche de talento y esfuerzo.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 3 de marzo de 2026

ANDREAS SCHOLL Y LA ESCASA PASIÓN DE DIVINO SOSPIRO

Johannes-passion BWV 245, de Johann Sebastian Bach. Rodrigo Carreto, tenor; Eunice Abranches d’Aguiar, soprano; Andreas Scholl, contratenor; Hugo Oliveira, bajo; Gustavo Luz, tenor; Lucas Mandilo, bajo. Orquesta Barroca Divino Sospiro. Andreas Scholl y Massimo Mazzeo, dirección musical. Nova Era Vocal Ensemble. (Joâo Barros, director). Cartuja Center Cite, lunes 2 de marzo de 2026


Se pueden contar hasta cuatro pasiones concebidas por Johann Sebastian Bach, aunque las únicas que podemos considerar auténticas son las que este mes inaugurarán y cerrarán el calendario musical sevillano. De las de San Marcos y San Lucas apenas quedan algunos vestigios, completados por voces autorizadas con fragmentos, arias y pasajes extraídos de las dos que han sobrevivido. El Festival de Música Antigua de Sevilla lleva años cerrando con una de éstas, alternando la de San Mateo con la de San Juan. Casualidades de la vida han querido que este año tengamos ración completa, gracias a la mini gira española que iniciaron justo aquí los conjuntos portugueses Nova Era y Divino Sospiro, con Andreas Scholl como cabeza de cartel y principal reclamo. Luego visitarán Pamplona y Madrid.

Pero cualquiera mínimamente informado o informada sabe que la intervención del contratenor en La Pasión según San Juan se limita a dos arias, por lo que no se iba a tratar de un recital de Andreas Scholl, como hace cuatro años, cuando nos visitó acompañado precisamente de este conjunto instrumental para entonar cantatas de Vivaldi y su idolatrado Bach. No obstante, su participación en la formación y la planificación de estos jóvenes conjuntos instrumentales y vocales le otorgan el protagonismo que el cartel anunciador prometía. Lo que no es permisible es que a tan excelsa música se le sustraigan los textos escritos con el fin de seguir la trama, ya sea en forma de subtítulos, lo más conveniente, o impresos en un conveniente programa de mano. Dada la cantidad de monitores que adornan el auditorio del Cartuja Center, no hubiera estado de más que sus responsables hubieran cuidado este detalle.

La afluencia de público no fue la acostumbrada en este tipo de manifestaciones, puede ser por el insólito espacio elegido, tan apartado de los circuitos habituales, o por el alto precio de la entrada, posiblemente una imposición de la promotora Maelicum, o la clásica excusa del lunes maldito. Pero lo peor es que te toque detrás los únicos, o casi, de toda la sala que hablasen a discreción, tosiesen sin compasión, provocasen el dichoso ruidito del envoltorio del caramelo, empujasen la butaca contigo delante y dejasen sonar sus móviles. Sólo les faltó dejar caer algún objeto al suelo para lograr la colección completa de faltas de respeto a artistas y público.

Una pesarosa liturgia musical

La Pasión según San Juan se estructura en dos partes muy descompensadas, la traición, el arresto y la negación, y la interrogación, la flagelación, la condena, crucifixión, muerte y sepultura de Jesús, en un tono que combina majestuosidad con una profunda y piadosa tristeza, considerándose en su conjunto más trágica que su hermana la de San Mateo. Pero Divino Sospiro y Nova Era la abordaron desde un punto de vista decididamente humilde e intimista, despojándolo de toda solemnidad para dotarlo de una estética pragmática, más cerca aún de la liturgia luterana de la que tanto depende.


Esto se tradujo en una exposición tristona del asunto, sin grandes alardes, sacrificando teatro; menos tragedia y más introspección. Esto, sin ser malo, se convirtió en cierta pesadez que ni las buenas prestaciones de la formación instrumental, solos o en conjunto, ni de las voces convocadas, lograron superar. Massimo Mazzeo, aun siendo italiano, fue incapaz de insuflar aliento en un conjunto desvaído y lánguido, sin el empuje acostumbrado, muy a pesar de las buenas prestaciones del continuo, la viola da gamba, el oboe, el fagot y la flauta en sus aportaciones solistas. Ni el coro inicial, Herr, unser Herrscher, resultó tan majestuoso, ni el final, Ruht wohl, tan lírico y piadoso.

El coro, muy joven y disciplinado pero igualmente grisáceo, acusó predominio de las voces femeninas sobre las masculinas, en las que echamos en falta más relieve, sobre todo en las voces graves. El joven Rodrigo Carreto sudó lo suyo como Evangelista, exhibiendo una voz muy bien timbrada y en perfecto estilo, y así logró brillar en sus arias, la entrecortada Ach, mein Sinn y la larga, bellísima y piadosa Erwäge, que cantó con extrema delicadeza. Bello timbre también, y muy en estilo, el de la joven soprano y violinista Eunice Abranches, que cantó con elegancia y delicadeza Ich folge y un delicioso Zerfielsse.

También los bajos Hugo Oliveira, formidable y rotundo en Mein teurer Heiland, y Lucas Mandilo como Jesús, extraído del coro, alcanzaron buen nivel. De Andreas Scholl sólo decir que sigue sorprendiendo su calidez, su fuerza y, sobre todo, su capacidad para no perder registro, mantener el tono sin forzar la voz y lograr ornamentaciones de gran calado, como se pudo comprobar en Von den Stricken y, sobre todo, en Es ist vollbracht!, elogio de melancólica tristeza derivada hacia la mitad en efervescente energía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 21 de enero de 2026

JEAN-GHIHEN QUEYRAS TRASCIENDE A BACH

Jean-Ghihen Queyras, violonchelo. Programa: Suites para violonchelo solo nos. 1 en Sol mayor, 2 en re menor, 3 en Do mayor, 4 en Mi bemol mayor, 5 en do menor y 6 en Re mayor BWV 1007-1012. Espacio Turina, martes 20 de enero de 2026


Destacábamos a propósito del concierto que en esta misma sala ofreció el violonchelista alemán Nicolas Alstaedt hace cinco años, que se combinara el talento de un intérprete descomunal con la riqueza de una obra tan trascendental como son las seis suites para violonchelo de Johann Sebastian Bach, a la altura de sus archifamosas sonatas y partitas para violín, también seis. Y volvió a repetirse el prodigio con uno de los más reconocidos violonchelistas de la actualidad, el por otro lado ya veterano Jean-Ghihen Queyras, canadiense afincado en Francia que ofreció una lectura tan sorprendente como personal de estas irrepetibles páginas.

Pudimos disfrutar de su arte y su talento hace tres años, cuando compareció junto a la Akademie fürAlte Musik Berlin también en este Espacio Turina que tantas alegrías nos sigue dispensando. Pero ahora venía solo, desnudo frente a lo que podemos considerar toda una catedral de la música, sin partitura y dispuesto a sorprender con sus matizadas, sinceras, tan analizadas como interiorizadas versiones de las suites de Bach, como explorando tan a fondo sus posibilidades estéticas y expresivas para que el conjunto sonara nuevo, a descubrir.


Coincide esta interpretación con el estreno dentro de unos días en el Cartuja Center de la obra Música para Hitler de Yolanda Gª Serrano y Juan Carlos Rubio, que tiene como personaje protagonista a Pau Casals, precisamente quien redescubrió este conjunto de suites y las revalorizó hasta hacerlas pasar de meros estudios académicos, posiblemente orientados a la práctica del violonchelo, a magistrales obras de concierto destinadas al deleite y la reflexión tanto de sus intérpretes como de los oyentes. Afortunados fuimos quienes llenamos el aforo del Turina ante el derroche de creatividad que exhibió Queyras. El músico exploró todas las tonalidades y posibilidades tímbricas el instrumento, desde la profunda y melancólica suite nº 2 a la suprema brillantez de la 6, que atacó con el mismo instrumento en lugar del piccolo al que va destinada, lo que aumenta su complejidad, aunque logrando imitar su sonido gracias a una afinación harto apropiada.

Con un fraseo extremadamente limpio y unas articulaciones muy vivas, Queyras alcanzó el equilibrio justo entre el virtuosismo extremo, la elegancia suprema y esa rica expresividad cargada de suntuosa ornamentación que hace de una interpretación musical una experiencia memorable. De ahí que su concepción de las diferentes sarabandas ahondaran en una intensa expresividad, que en el caso de la suite nº 5 llegó a resultar misteriosa e inquietante gracias a unos pianissimi susurrantes. Pero fue la de la 6, por encima incluso de la más recurrente nº 4, la que acaparó una mayor intensidad lírica e incluso mayor densidad y cuerpo debido precisamente al uso del violonchelo tradicional en lugar del piccolo de cinco cuerdas.


Del carácter sobrio del BWV 1007 pasó al más doloroso del 1008, con un preludio angustioso puntualmente aliviado, una allemande en el mismo tono de gravedad y una sarabande plena de grandeza y serenidad. Sólo el fogoso y arrebatado courante y los graciosos y tiernos minuetos lograron consolar el dolor imperante, rematado con una gigue impetuosa aunque igualmente sombríaFue quizás en la suite nº 3 donde se atrevió a arrancar la allemande con un sorprendente punteado de cuerda a la manera de la guitarra, a partir de lo cual prosiguió con grandes acordes y frecuentes arpegios, hasta desembocar en una nº 4 serena y maravillosamente articulada, coronada con una difícil gigue resuelta con admirable presteza y dominio técnico.

Dejó para la segunda parte las dos últimas y más largas suites, con lo que el instrumento venía ya scordado de bambalinas. El preludio de la nº 5 resultó intenso pero no pomposo, con mucho acierto en sus pasajes fugados y un magistral control del ritmo, derivando en una sarabande noble y delicada. Tras unas emotivas palabras en recuerdo del trágico accidente ferroviario del pasado domingo, dedicó la sexta a las víctimas y sus familiares, asegurando el papel de consuelo y alivio que representa la música en estos casos de dolor y llanto. Y ofreció una sensacional interpretación de esta particular página, haciendo acopio una vez más de una rica ornamentación, una sensibilidad extrema y una enorme capacidad para trascender al autor y ofrecer una lectura significativamente diferente de tan descomunal obra.

Fotos: Luis Ollero

sábado, 20 de diciembre de 2025

UNA CAUDALOSA PROPUESTA NAVIDEÑA

Concierto de Navidad del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla. Aurora Peña, soprano. Orquesta Barroca de Sevilla. Martyna Pastuszka, violín y dirección. Programa: Gloria in excelsis Deo: Suite nº 1 en Do mayor BWV 1066, de Bach; Concerto grosso Op. 8 nº 6 “Pastorale per il Santissimo Natale” en sol menor, de Torelli; Concierto para dos oboes y fagot en Do mayor “alla francese” TWV 53:C1, de Telemann; Gosa paloma hermosa (aria de la Cantada a solo a la Concepción Purísima de Nuestra Señora), de Rabassa; Concerto grosso Op. 1 nº 8 “per il Santo Natale” en fa menor, de Locatelli; Salve Regina HWV 241 y Gloria HWV deest, de Haendel. Espacio Turina, viernes 19 de diciembre de 2025


Otro colosal encuentro con nuestra Orquesta Barroca, a propósito de las fiestas navideñas, tuvo lugar la lluviosa tarde de ayer en su espacio de residencia, el Turina. Y ni los chubascos pudieron con su ferviente y fiel público, que llenó la sala con la adhesión del que congregó el Consejo general de Hermandades y Cofradías de Sevilla, anfitrión de la fiesta. Se trató del segundo concierto de esta temporada de la formación hispalense que fue dirigido por su artista de residencia, Martyna Pastuszka, tras el que ofreció el pasado mes de octubre. En esta ocasión la violinista polaca cedió el protagonismo a otros integrantes de la orquesta, reservándose para ella el de directora, lo que defendió con ahínco y sentido de la responsabilidad.

Martyna Pastuszka
En los atriles un programa fundamentalmente navideño que arrancó con una agitada y alegre revisión de la primera de las suites orquestales de Bach, puro rock barroco cuya obertura se benefició de un prodigioso caudal de energía y contagiosa fluidez de la mano de un conjunto dispuesto a conseguir que la propuesta resultara una auténtica fiesta. Ya entonces se vislumbró la fuerza del trío de ases de maderas que formaron Katy Elkin y Jacobo Díaz a los oboes y Alberto Grazzi al fagot, mientras la cuerda grave volvió a dotar de músculo y robustez al fabuloso conjunto integrado en esta ocasión por diecisiete maestros y maestras. El resto de la pieza fue un dechado de sorpresas, juegos dinámicos y detalles preciosistas que lograron una interpretación exquisita, fabulosa.

Pastuszka justificó la combinación que vino a continuación, el Concierto de Navidad de Torelli y el Salve Regina de Haendel ofrecidos de forma alternativa, como un acercamiento a la virgen desde una óptica amable y desenfadada y otra más solemne, un modo a su juicio de comunicarse en estos tiempos tan delicados e imprecisos que nos ha tocado vivir. El experimento resultó acertado, sumándose a la propuesta la voz arrolladora y bien colocada de la soprano Aurora Peña, con su particular timbre ahora más denso, próximo quizás al de una mezzo, que logró alternar dulzura y piedad en el aria introductoria y su continuación, Ad te clamamus, con arrogante fulgor en O Clemens, si bien acusó alguna pérdida puntual de intensidad en los extremos más graves de la obra.

Aurora Peña

La orquesta, por su parte, destiló dulzura y amabilidad en el Concerto grosso Pastorale per il Santissimo Natale de Giuseppe Torelli, pieza que particularmente guardo en mi corazón por incluirse en mi primer vinilo de música barroca a muy temprana edad. El trío de oboes y fagot volvió a destacar, ahora dejando claro su papel solista en el concierto alla francese de Telemann, cuyos aires galantes y ceremoniosos fueron perfectamente desgranados por la orquesta con la atenta mirada de Pastuszka, su particular acento dinámico y la caudalosa fluidez de los timbres en liza.

Peña abordó después un aria de Pedro Rabassa, que en su condición de maestro de capilla de la Catedral de Sevilla durante una treintena de años, protagonizó la primera piedra de un nuevo proyecto de la Barroca de recuperación del patrimonio musical de la ciudad. Gosa paloma hermosa sonó con una inusitada sencillez en la voz muy en estilo de la soprano valenciana, de la misma forma que el Concierto de Navidad, Concerto grosso Op. 1 nº 8, de Locatelli, encontró en el conjunto otro referente de contenida dulzura, perfectamente combinada con las necesarias dosis de suntuosidad a las que tan bien se ajustó, por ejemplo, la excelente violinista Fumiko Morie en sus destacadas intervenciones.

Fumiko Morie, y detrás Valentín Sánchez

Para terminar, Peña encontró el vehículo perfecto para exhibirse en potencia y coloratura en un Gloria de Haendel descubierto hace apenas un cuarto de siglo, que le brindó la oportunidad de marcarse algún sobreagudo, destacar en proyección y mostrar una indiscutible capacidad para la ornamentación, culminando con un Quoniam Tu solus sanctus al que el conjunto se prestó con todo el ahínco y el entusiasmo posible. Ya completamente segura y desinhibida, la soprano entonó un Rejoice de El Mesías cálido e impetuoso, después de que Valentín Sánchez, con su proverbial simpatía, nos invitase a cantar Adeste Fideles, demostrándose una vez más que el público sevillano sabe muy bien cómo comportarse en fiestas, y tiene un especial talento, llamémosle arte, para cantar.

Fotos: Luis Ollero

lunes, 14 de abril de 2025

EL DRAMA DE LA PASIÓN EN MANOS SERIAS

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla – Gran Selección Teatro de la Maestranza. Vox Luminis. Raphael Höhn, tenor. Lionel Meunier, bajo y dirección. Freiburger Barockorchester. Programa: La Pasión según San Juan (Johannes-Passion), de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, domingo 13 de abril de 2025


Ya es un lujo y un privilegio que un conjunto tan reconocido y requerido como la Freiburger Barockorchester, acompañado por el no menos valorado conjunto vocal Vox Luminis, recale en nuestra ciudad un Domingo de Ramos para ofrecernos una página tan propia de la época como La Pasión según San Juan. Todavía más después de haber hecho lo propio dos años antes con la más popular Pasión según San Mateo.

Una operación que ya pudimos disfrutar hace diez y ocho años respectivamente, cuando Philippe Herreweghe y el Collegium Vocale Gent recrearon estas dos imprescindibles páginas de la liturgia musical religiosa del más solemne y místico de los compositores posibles, Johann Sebastian Bach.

La envergadura épica de La Pasión según San Mateo sorprende menos a las audiencias actuales que su deslumbrante compañera tres años mayor. Sin embargo, la literatura filosófica y poética de este primer oratorio contiene un trabajo de dramaturgia más intenso, una oportunidad para la reflexión adherida a su piel, que no todos son capaces de poner en pie con el mismo grado de exigencia y responsabilidad con que lo ofrecieron la orquesta alemana y el coro belga.

Alexander Chance

De Vox Luminis surgieron todas las voces solistas, con resultados tan sobresalientes como los que pudimos comprobar hace dos años en esta misma clausura del Femás con la otra pasión. Una manera inmejorable de poner prólogo a la Semana Santa sevillana, y si no se comulga con las creencias religiosas que promulga, una ocasión de disfrutar de tan excelsa partitura en condiciones óptimas de compromiso y seriedad.

Un canto amable y misericordioso

Desde sus punzantes acordes, la obertura va avanzando ya esas misericordiosas súplicas que inspiran las voces del coro, perfectamente ensamblado y compenetrado en esta irrepetible ocasión. En este sentido, conviene también destacar el magnífico trabajo orquestal, magistral en contrapunto y armonía, con ese turbulento bajo continuo que tanto evoca a los desposeídos del mundo.

Más reflexiva que su hermana, la de San Juan abunda en recitativos y diálogos que ahondan en las serias dudas de Pilatos y la conmovedora resignación de Jesús, contando para ello con las sensacionales aportaciones del tenor de voz muy aguda Raphael Höhn como Evangelista, y del propio Lionel Meunier como Jesús, una vez más ejerciendo como director desde su posición en el coro.

Erika Tandiono

Curiosamente fue Meunier de los pocos a los que poder hacer algún reproche, toda vez que acusó algún pequeño cambio de tono y roce de escasa importancia frente a una voz imponente y perfectamente dramatizada. En conjunto, pudimos apreciar un trabajo dramático de primer orden y unas prestaciones instrumentales de impecable técnica y absorbente expresividad.

Momentos vocales destacados

Todas las voces solistas se extraen del propio conjunto vocal, con aportaciones brillantes de prácticamente la totalidad de ellas. El primero en destacar fue el contratenor Alexander Chance en Von den Stricken meiner Sünden (Para liberarme de los lazos de mis pecados), tomando el relevo de su padre, el legendario Michael Chance, que tantas veces abordó el rol. Aunque donde de verdad logró una interpretación emocionante fue en la tercera parte del oratorio, La muerte de Jesús, cuando entonó el sobrecogedor Es ist vollbracht! (¡Todo se ha consumado!) con un alto nivel de emotividad.

De entre las sopranos solistas, Viola Blache y Erika Tandiono, nos gustó especialmente la segunda en Ich folge dir gleichfalls mit freudigen Schritten (Te sigo con alegres pasos), por el brillo diamantino de su voz y su naturalidad expresiva. También el tenor Vojtech Semerád deslumbró con un exquisito Erwäge (Considera), acompañamiento estremecedor de violines incluido, capaz de arrancarnos las lágrimas más furtivas.

Vojtech Semerád

Destacadas fueron también las tres intervenciones del tenor Sebastian Myrus, y menos quizás las de Christopher B. Fischer, de voz más tirante y peor entonada, aunque generosa proyección. En cuanto al coro, imponente en todas sus intervenciones como la turba, llevando al límite de la resolución dramática sus súplicas y lamentos.

Queda, en definitiva, esa honda reflexión sobre el sufrimiento en vida y la muerte como liberación, algo que a buen seguro muchos y muchas se habrán preguntado en más de una ocasión, obviando incluso la posibilidad de una vida eterna o una posible reencarnación.

Una reflexión que en la voz del inmenso e inabarcable Bach cobra un sentido profano imprescindible para dejarse abrazar y emocionar por una música sin igual, aún prescindiendo de su vertiente mística o religiosa. Especialmente cuando se sirve de forma tan fascinante como lo hicieron Meunier y su formidable conjunto vocal e instrumental.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 22 de marzo de 2025

FEMÁS ARRANCA CON LOS VIRTUOSOS DE BACH

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Midori Seiler, violín y dirección. Programa: Suite en Re mayor de Johann Georg Linike; Concierto para violín de Joseph Spiess; Concerto à 4 en La mayor de Georg Philipp Telemann; Concierto de Brandeburgo nº 3 en Sol mayor BWV 1048, Concierto para violín en la menor BWV 1041 y Concierto para tres violines BWV 1064R de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, viernes 21 de marzo de 2025


Hace bien Fahmi Alqhai en encomendarle a la Barroca de Sevilla el concierto de inauguración del Festival de Música Antigua de Sevilla, que ayer empezó su andadura en una sala tan ligada a este certamen hispalense como es el Espacio Turina. No en vano se trata de nuestro mayor emblema musical en lo que a interpretación de la música barroca y clásica con criterios e instrumentos con rigor histórico se trata, y acaban de aterrizar de otro triunfal concierto fuera de nuestras fronteras andaluzas, esta vez en Mallorca, donde deleitaron al público con su vitalista visión de Las cuatro estaciones de Vivaldi.

Coincidía este concierto de inauguración con el trescientos cuarenta aniversario del nacimiento del genio de Eisenach, y Midori Seiler venía con la lección muy aprendida. Tres de los conciertos ofrecidos anoche, uno de ellos de Bach y los otros de autores estrechamente relacionados con él, los grabó hace un par de años junto a Köthens BachCollektiv, repasando en un registro de título Bach’s Virtuosos su paso por la corte del príncipe Leopold en Cöthen.

La violinista alemana de origen japonés ya participó en algunas ediciones anteriores del Femás, y junto a la Barroca nos dejó hace un año un algo accidentado concierto en el que compartió honores con Rafael Ruibérriz, que precisamente le toma hoy el relevo en la matinal que dedica también a Bach y su compadre Telemann en San Luis de los Franceses.

Aunque la edición de este año está dedicada fundamentalmente a Palestrina, cuando se cumple medio milenio de su nacimiento, vuelve a ser Bach el verdadero protagonista, y así quedó claro en este primer concierto, que se inició con una hermosa suite de Johann Georg Linike, virtuoso violinista y compañero de Bach durante su estancia en Cöthen. Un arranque fulguroso no impidió apreciar las líneas melódicas y las ricas inflexiones de la obertura de una Suite en Re mayor en las que el violín de Seiler se mezcló con el resto de instrumentos con total naturalidad, y en la que sobresalieron sus dos melancólicas arias, especialmente la segunda, donde destacó el sonido sordo y perfectamente articulado del clave de Alejandro Casal.

Pero siguió un Concierto para violín de Joseph Spiess, compañero del homenajeado en la orquesta de Cöthen, que evidenció el sonido áspero e  insuficientemente limado de Seiler, incluida alguna nota desafinada y estridente ante la que poco pudo hacer un conjunto en el que de nuevo destacó el poderoso continuo de la orquesta, reforzado con el violonchelo de José Manuel Ramírez.

Después, un gozoso Concierto de Brandeburgo nº 3 rico en fantasía y espectacularidad, con las voces sucediéndose en ricas escalas, creando una vertiginosa sensación de aliteración acústica en la que el trabajo enérgico de los violonchelos, Ruiz, Ramírez y uno más a cargo de Javier López Escalona, sobresalió de forma tan ágil como gozosa. El clave de Casal protagonizó un sensacional adagio repleto de elegantes improvisaciones y buen gusto.


Sin embargo, la monotonía se adueñó de una segunda parte en la que apenas atisbamos razones para dejarnos seducir por la música del genio alemán, con un Concierto para violín BWV 1041 resuelto sin apenas imaginación y ese sonido áspero y sin relieve apuntado en la solista.

Para entonces, la pieza de Telemann, un concierto interpretado con corrección y escaso sentido de la acentuación, poco añadió a una velada que culminó con la particular restauración de la propia violinista del Concierto para tres violines en Re mayor BWV 1064R, a partir de la más popular versión para teclados. Entonces, el débil sonido de Seiler quedó expuesto junto al más brioso y sedoso de Ignacio Ramal y Miguel Romero, sin despreciar la habilidad técnica y el magisterio en la articulación que mostró en todo momento la violinista de origen nipón.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 13 de marzo de 2025

BIONDI RUBRICA UN BACH INTENSO Y EXUBERANTE

Música antigua en Turina. Fabio Biondi, violín. Programa: Sonatas y partitas para violín solo BWV 1001-1006. Espacio Turina, miércoles 12 de marzo 2025


Lo de ayer fue un lujo. Contar con Fabio Biondi en Sevilla tocando la integral de sonatas y partitas de Bach no tiene precio. Un casi lleno no es suficiente para rendirse al talento y el arte de tan prestigiosa figura de la interpretación de música barroca con criterios historicistas, cultivada tanto en solitario como al frente de la formación que fundó hace treinta y cinco años, Europa Galante, o con orquestas de todos los estilos en conciertos y óperas en las que también se ha lucido como reconocido médium.

En el Turina afrontó el reto de tocar la integral de sonatas y partitas de Bach, toda una biblia de la música compuesta para violín, que encierra en sí tantos vericuetos como prodigios, ideales para exprimir toda la técnica y la expresividad de la que es capaz el instrumento, sin limitarse a su cometido melódico e indagando sobre todo en sus posibilidades armónicas. Pero Biondi la despachó con tanta premura que lo que habitualmente requiere una media de dos horas y media, él apenas necesitó dos, intermedio incluido. Pero lo cierto es que eso no se hizo tanto notar en el resultado global, quizás algunas repeticiones de menos, algún allegro más vertiginoso de lo habitual, pero Bach seguía ahí, con toda su intensidad espiritual y ese carácter tan particular y tan fácil de reconocer que convenció y mereció nuestra admiración.

Si magistrales son sus interpretaciones de Corelli, Scarlatti o Vivaldi, también así pueden considerarse sus recreaciones del universo del maestro, en este caso a partir del cuerpo imperecedero que acuñó en Cothen, aunque hay quien cree que las compuso en Weimar en prisión, a donde lo envió el Duque Wilhelm Ernst por sospechar que había aceptado un puesto en otra corte rival. Desde el arranque, el adagio de la Sonata nº 1 en sol menor, Biondi evidenció claridad prístina en las articulaciones y en los progresos armónicos. Pero lo que más nos llamó la atención fue la falta absoluta de estridencias y asperezas. Él mantiene un sonido suave y amable al oído, homogéneo y majestuoso. Se mostró especialmente lírico en los andantes que preceden a los movimientos finales de las sonatas, y preciso e intenso en las fugas que preceden a su vez a estos movimientos lentos.


También intensa y exuberante fue su visión de la famosa Chacona de la Partita nº 2 en re menor, primero con ataques bruscos y contundentes, después suavizando las texturas y acariciando el carácter melódico de la partitura, y en todo momento haciendo acopio de una contundente fantasía. Antes, logró insuflar sentimiento en el andante de la Sonata nº 2 en la menor, una pieza especialmente querida para la gente cinéfila, al servir de base para el tema principal compuesto por Philippe Sarde para la película de 1998 Alice y Martin, dirigida por André Techiné y protagonizada por Juliette Binoche. Igualmente rubricó con sentido de la melodía y del tempo giusto la famosa gavota de la Partita nº 3 en Mi mayor, así como su intrincado y característico preludio. Ni que decir tiene la agilidad desplegada en los movimientos más vertiginosos, como el alegre movimiento final de la Sonata nº 3 en Do mayor, el muy ritmado y sincopado Tempo di Borea de la Partita nº 1, o el diabólico doble o variación del corrente de la misma partita.

Lástima que de entre todas las virtudes, también destacasen puntuales pérdidas de tono, que no llegaron a enturbiar tan satisfactoria oportunidad de comulgar con la espiritualidad de Bach en tan buenas manos como las del palermitano Fabio Biondi, que por cierto destacó el respeto, el recogimiento y la atención del público, así como la excelente acústica para este tipo de repertorio que encontró en el Espacio Turina. Todo un halago viniendo de quien tantos auditorios y salas del mundo ha recorrido en tan dilatada y fructífera carrera.

Fotos: Luis Ollero

sábado, 22 de febrero de 2025

BACH, RECONSTRUIDO Y VENERADO

Temporada 2025/2025 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Pedro Castro, oboe; Ignacio Ramal y Fumiko Morie, violines; José Manuel Navarro, viola; Mercedes Ruiz, violonchelo; Ventura Rico, contrabajo; Alejandro Casal, clave; Mayumi Hirasaki, violín y dirección. Programa: Suites orquestales no. 3 en Re mayor BWV 1068 y nº 2 en la menor BWV 1067a; Conciertos para oboe d’amore en La mayor BWV 1055R, para violín en Mi mayor BWV 1042, y para violín y oboe en do menor BWV 1060R; Sinfonía de la cantata Ich hätte viel Bekümmernis BWV 21. Espacio Turina, viernes 21 de febrero de 2025


Imposible resistirse al hermoso programa que ofrecía la Barroca de Sevilla en este concierto dedicado íntegramente a Bach. Algunas de las piezas seleccionadas forman parte de nuestra memoria desde la infancia y primera juventud, como ese Badinerie que ilustraba los títulos de cabecera de Parlamento, un programa divulgativo que Televisión Española emitía justo antes del telediario de los sábados al mediodía, o el adagio del concierto para dos claves que sonaba mientras Barry Lyndon se pavoneaba entre las clases altas en la película homónima de Stanley Kubrick. Y qué decir del Air de la Suite nº 3, tantas veces escuchado, hasta en versión jazz, en publicidad, películas y toda clase de manifestaciones artísticas.

Un todo Bach en el que lució especialmente el oboe de Pedro Castro, tantas veces invitado de la orquesta y que en esta ocasión deparó si cabe una de sus actuaciones más sensacionales e impecables junto a la misma. Una orquesta que se presentaba ciertamente en formación muy reducida, apenas cuerda y bajo continuo, con una voz por parte y tan sólo dos violines, además del de Mayumi Hirasaki, que se encargó también de la dirección. La artista japonesa saldó así su deuda con la Barroca, tras aquella indisposición que le impidió estar en el mismo Espacio Turina en abril de 2021, lo que provocó que le sustituyera a última hora Lina Tur Bonet. Ahora, Hirasaki ha dejado su impronta extrayendo de los escasos recursos convocados un sonido más terso y unos ataques más limados, a pesar de lo cual se evidenció cierta falta de cuerpo y relieve en el conjunto.


Aún así resultó un concierto muy disfrutable, en el que pudimos advertir el vértigo con el que se resolvieron las fugas de las oberturas de las dos suites orquestales programadas, si bien al air mencionado sonó raquítico y mortecino, en parte por el modelo que cada uno y una atesora en su subconsciente, y que a menudo viene asociado a esas añoradas interpretaciones en orquestas románticas y con instrumentos modernos que echamos de menos como sana alternativa a estas versiones historicistas que hoy se imponen. El resto deambuló entre lo vigoroso y lo excepcional, como la gavota de la suite nº 3 y el rondó de la 2, ciertamente menos aristados de lo habitual y con ataques menos contundentes.

Al margen de ese raquitismo denunciado en la famosa pieza de la Suite nº 3, Hirasaki se mostró ágil y entonada en el resto del programa, con intervenciones depuradas en lo técnico y lo expresivo en el Concierto BWV 1042, siempre arropada por un bajo continuo como siempre extraordinario, en el que destacaron las agilidades y ornamentaciones de Casal al clave. Las obras nos llegaron convenientemente reconstruidas, siguiendo criterios musicológicos, y adaptadas al conjunto convocado, por lo que seguro que muchos y muchas echaron de menos algunos instrumentos en la interpretación de las piezas.

Con un fraseo impecable y un exquisito gusto al modular, Pedro Castro logró una de sus intervenciones más sobresalientes junto a la Barroca, logrando momentos de muchos quilates y gran dulzura en el larghetto del Concierto BWV 1055, la Sinfonía de la Cantata BWV 21, y sobre todo el Concierto BWV 1060R, paladeado hasta el infinitito, tras el que Hirasaki y él recibieron una merecida ovación extensible al resto de los intérpretes convocados, destacando como siempre la sintonía y la complicidad con la que, desde siempre, han resuelto sus propuestas.

Fotos: Luis Ollero