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lunes, 14 de abril de 2025

EL DRAMA DE LA PASIÓN EN MANOS SERIAS

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla – Gran Selección Teatro de la Maestranza. Vox Luminis. Raphael Höhn, tenor. Lionel Meunier, bajo y dirección. Freiburger Barockorchester. Programa: La Pasión según San Juan (Johannes-Passion), de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, domingo 13 de abril de 2025


Ya es un lujo y un privilegio que un conjunto tan reconocido y requerido como la Freiburger Barockorchester, acompañado por el no menos valorado conjunto vocal Vox Luminis, recale en nuestra ciudad un Domingo de Ramos para ofrecernos una página tan propia de la época como La Pasión según San Juan. Todavía más después de haber hecho lo propio dos años antes con la más popular Pasión según San Mateo.

Una operación que ya pudimos disfrutar hace diez y ocho años respectivamente, cuando Philippe Herreweghe y el Collegium Vocale Gent recrearon estas dos imprescindibles páginas de la liturgia musical religiosa del más solemne y místico de los compositores posibles, Johann Sebastian Bach.

La envergadura épica de La Pasión según San Mateo sorprende menos a las audiencias actuales que su deslumbrante compañera tres años mayor. Sin embargo, la literatura filosófica y poética de este primer oratorio contiene un trabajo de dramaturgia más intenso, una oportunidad para la reflexión adherida a su piel, que no todos son capaces de poner en pie con el mismo grado de exigencia y responsabilidad con que lo ofrecieron la orquesta alemana y el coro belga.

Alexander Chance

De Vox Luminis surgieron todas las voces solistas, con resultados tan sobresalientes como los que pudimos comprobar hace dos años en esta misma clausura del Femás con la otra pasión. Una manera inmejorable de poner prólogo a la Semana Santa sevillana, y si no se comulga con las creencias religiosas que promulga, una ocasión de disfrutar de tan excelsa partitura en condiciones óptimas de compromiso y seriedad.

Un canto amable y misericordioso

Desde sus punzantes acordes, la obertura va avanzando ya esas misericordiosas súplicas que inspiran las voces del coro, perfectamente ensamblado y compenetrado en esta irrepetible ocasión. En este sentido, conviene también destacar el magnífico trabajo orquestal, magistral en contrapunto y armonía, con ese turbulento bajo continuo que tanto evoca a los desposeídos del mundo.

Más reflexiva que su hermana, la de San Juan abunda en recitativos y diálogos que ahondan en las serias dudas de Pilatos y la conmovedora resignación de Jesús, contando para ello con las sensacionales aportaciones del tenor de voz muy aguda Raphael Höhn como Evangelista, y del propio Lionel Meunier como Jesús, una vez más ejerciendo como director desde su posición en el coro.

Erika Tandiono

Curiosamente fue Meunier de los pocos a los que poder hacer algún reproche, toda vez que acusó algún pequeño cambio de tono y roce de escasa importancia frente a una voz imponente y perfectamente dramatizada. En conjunto, pudimos apreciar un trabajo dramático de primer orden y unas prestaciones instrumentales de impecable técnica y absorbente expresividad.

Momentos vocales destacados

Todas las voces solistas se extraen del propio conjunto vocal, con aportaciones brillantes de prácticamente la totalidad de ellas. El primero en destacar fue el contratenor Alexander Chance en Von den Stricken meiner Sünden (Para liberarme de los lazos de mis pecados), tomando el relevo de su padre, el legendario Michael Chance, que tantas veces abordó el rol. Aunque donde de verdad logró una interpretación emocionante fue en la tercera parte del oratorio, La muerte de Jesús, cuando entonó el sobrecogedor Es ist vollbracht! (¡Todo se ha consumado!) con un alto nivel de emotividad.

De entre las sopranos solistas, Viola Blache y Erika Tandiono, nos gustó especialmente la segunda en Ich folge dir gleichfalls mit freudigen Schritten (Te sigo con alegres pasos), por el brillo diamantino de su voz y su naturalidad expresiva. También el tenor Vojtech Semerád deslumbró con un exquisito Erwäge (Considera), acompañamiento estremecedor de violines incluido, capaz de arrancarnos las lágrimas más furtivas.

Vojtech Semerád

Destacadas fueron también las tres intervenciones del tenor Sebastian Myrus, y menos quizás las de Christopher B. Fischer, de voz más tirante y peor entonada, aunque generosa proyección. En cuanto al coro, imponente en todas sus intervenciones como la turba, llevando al límite de la resolución dramática sus súplicas y lamentos.

Queda, en definitiva, esa honda reflexión sobre el sufrimiento en vida y la muerte como liberación, algo que a buen seguro muchos y muchas se habrán preguntado en más de una ocasión, obviando incluso la posibilidad de una vida eterna o una posible reencarnación.

Una reflexión que en la voz del inmenso e inabarcable Bach cobra un sentido profano imprescindible para dejarse abrazar y emocionar por una música sin igual, aún prescindiendo de su vertiente mística o religiosa. Especialmente cuando se sirve de forma tan fascinante como lo hicieron Meunier y su formidable conjunto vocal e instrumental.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 6 de abril de 2025

EXQUISITO ENCUENTRO CON LA BARROCA FINLANDESA

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Ilkka Heinonen, jouhikko. Finnish Baroque Orchestra. Programa: Baltic Sea Wave. Música barroca del norte de Europa e improvisaciones de jouhikko (obras de Carlo Farina, Samuel Capricornus, Franz Tunder, Pierre Verdier, Thomas Baltzar, Johann Heinrich Schmelzer, Johann Wilhelm Furchheim, Adam Jarzebski, Dietrich Buxtehude, Vincenzo Albrici, e improvisaciones de Ilkka Heinonen). Espacio Turina, sábado 5 de abril de 2025


Hubo anoche en el seno del Femás varias revelaciones. La primera, que no hace falta tocar de forma impecable y virtuosa para lograr resultados tan estimulantes y sorprendentes, que hay mucha música, y buena, por descubrir, y que ésta no tiene necesariamente que tener etiquetas, puede fusionarse con otros estilos para mostrar una cara fresca y no resultar un pastiche fuera de lugar.

Como tantas otras formaciones, la orquesta finlandesa llegó en formación reducida, con un programa que sólo necesitaba cuerda y continuo, con tres voces al violín, dos a la viola y una el resto, incluidos clave y órgano, tiorba, violonchelo, viola da gamba y violone. Curiosamente este último llevaba inscrita en grandes letras doradas el final del célebre soneto V de Garcilaso de la Vega Por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir y por vos muero.

En el programa un buen número de compositores, alemanes en su mayoría, muchos de los cuales trabajaron en la corte de la Reina Cristina de Suecia, y unas sensacionales improvisaciones de Ilkka Heinonen, el gran invitado de la velada, especialista, defensor, reivindicador y revisionista de la tradicional lira finlandesa, el jouhikko.

Una cuidada puesta en escena

Debiera la organización del festival cuidar algunos aspectos formales, como proyectar los títulos de las piezas conforme se vayan sucediendo, ya que si no hay textos cantados, no se cuenta con la estimable colaboración de la Asociación de Amistades de la Barroca. Falta de esta forma una guía que nos permita seguir el programa, pues consultar los títulos en el móvil resulta molesto para el público, e intentar hacerlo en papel impreso, un imposible ante la oscuridad reinante. En esta ocasión resultaba fundamental esa guía, dado que se ofreció sin pausa, de una sola tacada, con la dificultad que eso supone para distinguir unas de otras piezas.

Ilkka Heinonen
Una decisión que contribuyó al carácter relajado y exquisito de la propuesta, y que provocó una elegante puesta en escena en la que los intérpretes se añadían o retiraban paulatinamente en función de la plantilla necesaria en cada pieza. Así, de la Pavana a 4 de Carlo Farina, virtuoso violinista italiano, pasamos a la Sonata a 8 de Samuel Capricornus, compositor checo que trabajó fundamentalmente en Alemania, a través de un hermoso enlace con una sutil carga escénica.

El conjunto sólo se permitió hacer dos pausas técnicas en todo el concierto, con el fin de afinar los antiguos instrumentos. Hubo entradas falsas, algunos roces y otras imperfecciones de interpretación que, sin embargo, no deslucieron un resultado fascinante en el que se entremezclaron con toda la frescura y naturalidad imaginable, piezas de marcado acento cortesano con otras de carácter místico.

Exitosa complicidad

Descubrimos exquisitas composiciones de autores que trabajaron para la reina Cristina de Suecia, como el francés Pierre Verdier, el italiano Vincenzo Albrici o el alemán Thomas Baltzar. Todo con un inconfundible sabor alemán no exento de influencia italiana, al fin y al cabo las dos corrientes que imperaban en este primer barroco del siglo XVII en el que se centró todo el programa, con escalas fundamentales en el violín de Irma Niskanen, tan lírico como electrizante según la pieza, y una complicidad en todo momento que contribuyó sobremanera al éxito de la empresa.

Irma Niskanen a la izquierda

Destacaron las improvisaciones de Heinonen al jouhikko, un pequeño instrumento de cuerda que se toca con arco, a diferencia del kantele, otro instrumento tradicional finlandés, sin mango, con una apertura superior por la que el intérprete puede sostenerlo entre las escasas cuerdas. Concebido especialmente para la danza, Heinonen hizo gala también de una exhibición tan relajada y emotiva como sentimental en su resolución.

Pero fueron sin duda sus improvisaciones a la danza las que añadieron un toque más folclórico y distendido a un concierto que quedará en nuestra memoria, y quizás se erija entre los más sorprendentes y satisfactorios de esta edición del Femás.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 5 de abril de 2025

EL VIVALDI CORRECTO DE BONITATIBUS Y VESPRES DE'ARNADÍ

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Anna Bonitatibus, mezzosoprano. Vespres d’Arnadí: Farran Sylvan James y Alba Roca, violines; Natan Paruzel, viola; Oriol Aymat, violonchelo; Mario Lisarde, violone; Dani Espasa, clave y dirección. Programa: Tutto Vivaldi (Cantata “Cessate, o mai cessate” RV 684; Sonata para dos violines en re menor Op. 1 nº 12 RV 63 “La Follia”; “Sovvente il sole”, de Andromeda liberata RV 117; “Vorresti amor da me” y “Così potessi anch’io”, de Orlando furioso RV 728; “Sento il seno”, de Il Giustino RV 717; Sinfonia y “Lo seguitati felice”, de L’Olimpiade RV 725; “Sorge l’irato nembo”, de Farnace RV 711a). Espacio Turina, viernes 4 de abril de 2025


Por fin recalaba la mezzo italiana Anna Bonitatibus en Sevilla, tras la cancelación de última hora que protagonizó en enero de 2020, cuando tuvo que ser sustituida por Ann Hallenberg en un exigente concierto junto a la Barroca de Sevilla en el Maestranza, alegando motivos de indisposición. Y el público lo celebró llenando el Espacio Turina y convirtiendo la ocasión en un evento, aunque la tregua meteorológica y la fiesta semanasantera que se vivía en la calle invitaran a la deserción.

Bonitatibus hizo gala en todo momento de una gran simpatía y de conectar con el público incondicionalmente, mientras Vespres d’Arnadí, que a lo largo de los años se han ido familiarizando con esta sala sevillana, junto a voces de la talla de Xabier Sabata, Sonia Prina, Juan Sancho o Ruth Rosique, acudió a la cita en formación reducida pero en muy buena forma.

El público respondió arrebatado a pesar de las sombras que acompañaron al recital, relacionadas con la decepcionante corrección con la que, especialmente ella, acometieron un atractivo programa que daba pie para un mayor énfasis y acento temperamental del que encontramos en general.

El vértigo Vivaldi, ausente

No cabe hacer especiales reproches al canto de la veterana mezzosoprano, curtido en multitud de grandes ocasiones y roles tanto barroco como clásico de diversa índole. Tiene una voz ancha, de muy atractivo timbre, y es capaz de modular a discreción, mientras en cuestiones como fraseo y articulación, se despacha generosamente.


Arrancó en caliente, con ese vestuario de pantalón que tantos éxitos le ha reportado en el repertorio operístico, y con una de las cantatas que el compositor veneciano compuso para su tesitura, Cessate, o mai cessate, de temática pastoril. Ya aquí tuvo ocasión de mostrar sus aptitudes sentimentales, en el aria Ah, ch’infelice, que despachó con emotividad y mucha dulzura, así como sus aires de bravura en Nell’orrido albergo, demostrando por qué se trata de una de las voces más reputadas y versátiles de su generación.

Por qué entonces su rendimiento decayó más adelante, cuando en Sovvente il sole, de la serenata Andromeda liberata, acusó cierta monotonía en los acentos y los ataques, a pesar de mantener en todo momento ese talante simpático y distendido con el que se metió al público en el bolsillo.

La segunda parte estuvo íntegramente dedicada a la ópera vivaldiana, de cuyo extenso catálogo apenas se han podido rescatar un puñado de títulos desde que su obra comenzara a ser redescubierta a mitad del pasado siglo. Volvimos entonces a enfrentarnos a la misma actitud en la cantante, ataviada entonces con un alegre vestido de lunares, quizás como homenaje a nuestra tierra.

Arias sentimentales cantadas con aliento lírico, como ese precioso Sento il seno que entonó acompañada por los pizzicati de la orquesta, o ese traumático Così potessi anch’io en el que echamos en falta más temperamento y un dolor más sincero. La mera corrección se impuso también en las arias de bravura de Farnace y Orlando furioso que entonó con las agilidades justas y sin atisbo de esfuerzo, tan necesario para levantar ánimos en un repertorio tan agradecido para ello.

Acompañamiento justo, ocasionalmente brillante

Vespres d’Arnadí acudió a la cita en formación reducida, dos violines, una viola y continuo formado por clave, violonchelo y violone. Y a pesar de eso, hay que reconocer cómo lograron sonar como toda una orquesta, con el brío y el brillo que se requiere en un repertorio considerablemente exigente como éste.

Junto a Bonitatibus se mostraron tan generosos como respetuosos, mención especial para los ágiles solos de Farran Sylvan James, mientras en sus incursiones en solitario, el conjunto mostró una madurez en el sonido y la actitud que se saldó de forma harto convincente.

Alba Roca

Especialmente logrado fue el duelo de violines que protagonizaron James y Alba Roca, a quien siempre recordaremos por su paso en aquella lejana Barroca de Sevilla. En la sonata La follia, conjunto de variaciones sobre la célebre danza ibérica, ambas instrumentistas brillaron a gran altura, con un sonido quizás algo seco pero en ningún caso áspero ni estridente. El resto acompañó con el brío y la energía necesaria.

También en sus manos, la Sinfonía de L’Olimpiade sonó en esos términos de corrección denunciados, aunque nunca con la falta de riesgo que Bonitatibus imprimió a sus aportaciones. Y todo eso a pesar de la excelente disposición que ofreció la cantante, y que se tradujo ocasionalmente en unas ganas de bailar que también acompañaron a Dani Espasa, clavecinista, director y fundador del ya veterano conjunto catalán.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 31 de marzo de 2025

LOS PATÉTICOS CASTRATI DE MANUEL RUIZ

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Manuel Ruiz, contratenor. Íliber Ensemble. Darío Tamayo, clave y dirección. Antonio Ruz, dirección de escena. Pablo Árbol, vestuario. Olga García, iluminación. Ara García, maquillaje y peluquería. Programa: Il primo uomo (Sarabanda de la Sonata para violín en Fa mayor Op. 5, de Corelli; Sinfonía y “Cara sposa” de Rinaldo, “Son contanta di moriré” y “Degg’io dunque, Oh Dio, lasciati”, de Radamisto, Concerto grosso en Sol mayor Op. 6 nº 1, “Empio, diró, tu sei”,de Giulio Cesare in Egitto, Largo del Concerto grosso en Fa mayor Op. 3 nº 4, y “Lascia la spina” de Il trionfo del Tempo e del Disenganno, de Haendel; Sinfonia y “Adam prole tu chiedi” de Cain overo il primo omicidio, y “Dorme, o fulmine di guerra” de La Giuditta, de A.Scarlatti; “Vedró il mio diletto” de Giustino, de Vivaldi; Passacaglia en re menor, de Kapsberger). Teatro Alameda, domingo 30 de marzo de 2025


El espectáculo presentado en el Teatro Alameda ayer domingo, venía a cumplir la cuota alternativa que habitualmente ofrece cada edición del Femás. En este caso, una propuesta escénica cercana a la ópera pero con un contenido y una intención más próxima al recital ilustrado. Apeado en el último momento del proyecto, que se prometía experimental peo no nos pareció tanto, el popular contratenor Carlos Mena, que en su estreno en Córdoba se encargó de la dirección musical, le sustituyó en estos menesteres Darío Tamayo, el director titular del conjunto granadino Íliber Ensemble.

En los últimos años hemos apreciado la querencia del contratenor vasco, padrino ausente de la función, por los espectáculos atrevidos y diferentes, como demostró en aquella Soledad del héroe que protagonizó en el Maestranza hace tres años. Con algo parecido ha decidido apoyar al joven cordobés, que sobre el escenario va alternando canto con gestos escénicos, frecuentemente patéticos, que van del continuo cambio de vestuario sobre las mismas tablas a discretos movimientos coreográficos diseñados por el también cordobés Antonio Ruz, responsable de la dirección escénica de este comedidamente ambicioso proyecto.


Tras una breve introducción instrumental, con Gevorg Vardanyan exhibiendo aspereza y un sonido canijo y estridente al violín, que impidió que disfrutásemos con la sarabanda de Corelli que precedió a una Sinfonía de Rinaldo de Haendel en la que pudimos percibir las costuras del joven grupo granadino. Un continuo acorde a las circunstancias, con el poderoso sonido al violonchelo de Héctor Hervás, el buen hacer al compás del veterano Aníbal Soriano a la cuerda rasgada, y el clave cálido y acentuado del propio Tamayo.

Drag castrato

Surgió entonces, ataviado con una suntuosa túnica roja, el color predominante sobre el escenario, el contratenor entonando la conocida aria Cara, sposa de la misma ópera, pero tras unos breves acordes al natural, saltó la amplificación, y fuimos entonces conscientes de que por muy bien entonado, fluido y homogéneo que resultara su canto, no podríamos calibrar su capacidad para proyectar la voz, su potencia. Es lógico pensar que esto fuera así por la particular acústica de un espacio con techos tan altos, pero esa razón debería  haber servido también para la orquesta, que en ningún momento estuvo amplificada, y desde luego no tuvo que eclipsar al cantante bajo ninguna circunstancia.

La habilidad de Ruiz para moverse por el escenario vistiendo ropajes a menudo incómodos, alternar el canto con los cambios de vestuario y los movimientos escénicos, se vio recompensada generosamente mientras por su voz fueron pasando algunos conocidos pasajes de óperas y oratorios de Haendel, Vivaldi y Alesssandro Scarlatti, con estaciones desatacadas en un dulce y emotivo Vedró col mio diletto de Giustino, un refulgente Empio, dirò, tu sei de Giulio Cesare, y ese final obligado con Lascia la spina del oratorio El triunfo del tiempo y el desengaño, antes de convertirse en la famosa aria Lascia ch’io pianga de Rinaldo.

Y entre tanta exhibición de agilidad y canto, se coló una deliciosa Passacaglia de Girolamo Kapsberger, defendida por Soriano a la tiorba con la delicadeza y  responsabilidad que le caracteriza. Quedó por lo tanto pendiente calibrar la potencia y proyección del joven cordobés, quizás en otra ocasión. De timbre y gesto anda bien dotado, aunque quizás falte un punto de mayor expresividad, que también podrá ir limando. Pero en general, promete.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 30 de marzo de 2025

LA ORQUESTA DE BORMUJOS ENTRA EN FEMÁS POR LA PUERTA GRANDE

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Juan de Dios Mateos, tenor. Orquesta de Cámara de Bormujos. Alberto Álvarez Calero, dirección. Programa: El poeta calculista, de Manuel García (ópera unipersonal en un acto con libreto de Diego del Castillo). Espacio Turina, domingo 30 de marzo de 2025


La prueba evidente de que, por encima de presupuestos holgados y recursos de sobra, siempre prevalece el cariño y el esfuerzo que se imprima a cualquier empresa, del género que sea, es el espectáculo que presentó este domingo por la mañana Alberto Álvarez Calero al frente de su Orquesta de Cámara de Bormujos, con la impagable colaboración del tenor almeriense Juan de Dios Mateos.

Después de unos días colmados de música de Manuel García en su propia tierra, tras la presentación de I tre gobbi en la sala del Maestranza que lleva su nombre, y la selección que de coplas suyas hizo Ismael Jordi en su triunfal recital del pasado fin de semana, en ambos casos con la colaboración al piano y la restauración de Rubén Fernández Aguirre, por fin escuchamos su música a toda orquesta, con su ópera de un solo personaje El poeta calculista.

Una comedia lírica que se estrenó en Madrid en 1805, y que poco después cosecharía un gran éxito en París, donde el autor pasó sus años más fructíferos e icónicos. Su reivindicación por un conjunto, la Orquesta de Cámara de Bormujos, cuyo mayor empeño desde que se fundó en 2016 ha sido recuperar páginas del Clasicismo poco transitadas, ha constituido la primera aportación al Femás de esta joven formación del Aljarafe, que esperemos que no sea la última; el éxito logrado le avala.

Un trabajo hecho con cariño y esfuerzo

Gran parte de la responsabilidad de este éxito es de su director, el profesor Álvarez Calero, que pone todo su cariño y entusiasmo en cada una de las propuestas que, temporada tras temporada, presenta ya sea en el Salón de Actos del CEU de Bormujos o en este mismo Espacio Turina que ya ha confiado en varias ocasiones en la oportunidad de programarlas.


Han acertado de nuevo los responsables del Turina y muy especialmente los del Femás, así como quienes hemos decidido darles la cobertura que merecen, con esta exquisita y delicadísima representación en versión de semi concierto de esta ópera de García con la que exhibe su ingenio y talento a la hora de jugar con varios géneros y gramáticas sin descuidar su carácter eminentemente lírico.

En El poeta calculista un aprendiz de libretista imagina lo que haría con el legado de obras sin publicar que heredara de un rico hacendado al que prestara servicios. Cómo iría poco a poco sacando rédito del arsenal de libretos, desde tonadillas a boleros, pasando por coplas, escenas operísticas y comedias líricas que irían poco a poco engrosando su patrimonio hasta alcanzar la gloria y la riqueza que ansiaba.

Joven y apuesto tenor almeriense

Un solo personaje al que dio vida de forma impecable el joven tenor almeriense Juan de Dios Mateos, que no cosecharía como personaje la riqueza anhelada, pero sí como intérprete el aprecio y la simpatía de todos y todas quienes tuvimos el privilegio de acompañarle en una mañana triunfal de domingo.

Álvarez Calero supo impregnar de fuerza y color una obertura en la que se vislumbraba ya el milagroso cosmopolitismo de quien aún no había salido de las fronteras españolas y ya parecía conocer todas las nuevas corrientes que se cocían en la Europa más elitista. Una pieza de corte rossiniano y gramática distendida en la que no fue difícil vislumbrar una claridad melódica y una estructura orquestal tan férrea como flexible, con episodios sensacionales en las maderas, algo menos en los metales, y quizás un punto por debajo en la cuerda, que en los pasajes más agudos ofrecía cierta tendencia a la estridencia, siempre dentro de unos parámetros más que aceptables.


Por su parte, Mateos empezó algo timorato en sus locuciones, con un punto nasal en la voz que dificultaba su entendimiento, en parte también por el uso de un lenguaje antiguo y algo abigarrado. Ese toque nasal se hizo evidente, pero menos, también en la voz cantada, pero mejorando dicción y logrando hacerse cómodamente con todas las dificultades que, siempre desde una estética académica, propone García. El acierto de los subtítulos fue una vez más cortesía de la Asociación de Amistades de la Barroca.

El tenor aprobó con creces en fluidez, potencia, proyección, coloratura y agilidades, demostrando por qué se maneja tan bien en el bel canto. Pero sobre todo destacó su enorme simpatía, y esa actuación que no sabemos si autóctona o dirigida, logró una comicidad y una gracia inusitada, de la que fueron partícipes algunos integrantes de la orquesta, especialmente el concertino Nazar Yasnytskyy y sobre todo el propio Álvarez Calero, que se prestó a algunas chanzas pactadas con el carismático protagonista.

Así, piezas tan populares como Yo que soy contrabandista, repetida como propina, la agotadora aria grande o el sorprendente dúo en el que tiene que alternar voces impostadas de bajo y soprano, se intercalaron con interludios orquestales en los que la formación evidenció el mismo cariño y buen gusto que en los pasajes acompañantes, siempre en sintonía y perfecta concertación con la voz de Mateos.

La fecunda comicidad de la propuesta, la naturalidad con la que todos sus artífices acometieron la empresa, y la felicidad que transmitieron al público, lograron una agradabilísima sorpresa en forma de concierto que tardaremos en olvidar. Si para este ingenuo poeta calculista soñar es gratis, para nosotros disfrutar de un espectáculo así no tiene precio.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EL CAFÉ ZÍNGARO DE IL SUONAR PARLANTE

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Graciela Gibelli, voz. Il Suonar Parlante Orchestra: Jana Semeradova, flauta; Stano Paluch, violín folk; Alessandro Tampieri y Nicolas Penel, violines; Laurent Galliano, viola; Marco Testori, violonchelo; Margherita Naldini, contrabajo; Marcel Comendant, címbalo; Shalev Ad El, clave; Vittorio Ghielmi, viola da gamba y dirección. Programa: Obras de Georg Philip Telemann, János Bihari, Johann Gottlieb Graun, Antonio Vivaldi, Frantisek Benda, Johann Philipp Kirnenberger, Vittorio Ghielmi, Stanislav Paluch y anónimos. Espacio Turina, sábado 29 de marzo de 2025


Fahmi Alqhai no ha incluido este año ninguna propuesta protagonizada por él y su Accademia del Piacere en el festival, y eso que este mismo mes salió al mercado su nuevo disco, Spain on Fire. En consecuencia, ha decidido suplir el hueco que ha dejado vacante con otra propuesta de signo parecido, es decir, combinación de músicas que denominamos alegremente cultas, con otras de signo folk o popular, arraigadas en la tradición de los pueblos, ya sea flamenco, música latina, o como en este caso herencia de los antiguos gitanos del este y la bohemia europea.

Para ello ha contado con su viejo amigo Vittorio Ghielmi, con quien colaboró en el primer registro de Il Suonar Parlante, protagonizado por un ensemble de violas da gamba, el multi laureado y vanguardista Full of Colour. El resultado ha sido la recreación de uno de sus discos más icónicos, Gypsy Baroque, que salió al mercado en 2018 y constituye toda una fiesta de sonido y color, dominada por una fantasía y una imaginación desbordantes.

Se trata de imaginar cómo debieron ser aquellas serenatas y otras manifestaciones musicales de los zíngaros que habitaban Bohemia y el este europeo en épocas del Barroco, insertando todo tipo de influencias y poniéndolo todo a dialogar con nuestra actual sensibilidad, de forma que hasta el jazz se viera reflejado en el resultado final.

Grandes virtuosos

Entre los músicos convocados, destacó Stanislav Paluch al violín folk, artífice además de un buen puñado de los arreglos incluidos en el programa, e incluso autor de alguna que otra partitura. También lo hicieron Marcel Comendant, toda una autoridad del címbalo, y la voz susurrante y maleable de Graciela Gibelli, soprano argentina que fue también fundadora junto a Ghielmi de Il Suonar Parlante.


En los atriles, músicas de diversa índole y sin embargo sometidas a una estética bastante parecida, lo que provocó que su larga duración, con hasta veinte piezas distintas, acabara resultando un tanto monótona. Nada que reprochar a la excelencia interpretativa de los y las integrantes del conjunto, sin excepción alguna. Auténticos virtuosos capaces de las más rebuscadas virguerías y de apoyar al resto de la compañía con un sonido compacto y dinámico.

En este sentido, cabe destacar la labor desplegada por Margherita Naldini al contrabajo, cuya intervención dotó en cada momento de relieve y cuerpo al trabajo de sus compañeros. Shalev Ad El al clave y Jana Semeradova a las flautas, destacaron también en sus intrincadas intervenciones, mientras Alessandro Tampieri se manifestó de forma impecable recreando las complejas articulaciones y continuos arabescos de sus partes solistas.

Un programa alegre y desenfadado

Toda una eclosión musical que partía de piezas no escritas ni por lo tanto salvadas, aunque sí recreadas en un buen porcentaje por quienes tuvieron ocasión de escucharlas. Por eso no fue de extrañar que, entre tanta música popular, se injertaran otras de Telemann, Vivaldi o el propio Mozart, privilegiados testigos del arte de estos singulares gitanos, a la manera en la que éstos pudieran haberlas interpretado.


Mientras otras, fundamentalmente danzas de origen hadjuk o magyar, contaron con el conocimiento y el estudio de sus artífices, fundamentalmente Ghielmi y Paluch, para partiendo de cero evocar aquella época y sus modos. Y entre ellas, la pura ortodoxia, en forma de presto de un concierto para viola da gamba de Johann Gottlieb Graun, que Ghielmi desarrolló con un sentido de las articulaciones y una expresividad sólo al alcance de los más reputados intérpretes.

El trío formado con el cimbalista y el violinista folk, un auténtico lujo lleno de fuerza y vitalidad, se vio acompañado de la voz de Gibelli, algo mate, sin demasiada fuerza y escasa expresividad, con excepciones como la nana de los recurrentes gitanos Lóvari. En su única aria de soprano, Solo per voi tra mille e mille, de Telemann, acusó un legato insuficiente y un tono apagado.


A pesar de estos inconvenientes, no cabe duda de que el concierto ofrecido por esa institución que es Vittorio Ghielmi y la orquesta barroca que lidera concitó el entusiasmo justificado del público, relajó las formas de un certamen especializado y nos permitió disfrutar con la entrega, la pasión y el virtuosismo demostrados por todos y cada uno de los intérpretes convocados.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 24 de marzo de 2025

UN BAÑO RELAJANTE EN STILE ANTICO

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Stile Antico: Helen Ashby, Kate Ashby y Rebecca Hickey, sopranos; Cara Curran, Emma Ashby y Rosie Parker, altos; Andrew Griffiths, Benedict Hymas y Jonathan Hanley, tenores; Gareth Thomas, James Arthur y Nathan Harrison, bajos. Programa: El príncipe de la música. 500 años del nacimiento de Giovanni Pierluigi da Palestrina (motetes, piezas y canciones sacras de Giovanni Pierluigi Palestrina, Josquin Desprez, Jacques Arcadelt, Tomás Luis de Victoria, Orlando di Lasso, Felice Anerio, Gregorio Allegri y Cheryl Frances-Hoad). Espacio Turina, domingo 23 de marzo de 2025


Llegó la música del Renacimiento, y lo hizo de la mano de su máximo exponente en lo que a polifonía vocal se refiere, Giovanni Pierluigi da Palestrina, justo cuando se celebran quinientos años de su nacimiento. Y para iniciar una serie de conciertos articulados en torno a su música y figura, nada mejor que un concierto de Stile Antico, conjunto británico que hoy se cuenta entre los más rigurosos y reconocidos en el repertorio, que para la ocasión articularon un homenaje en el que brilló tanto su música como la de quienes influyeron en su estilo y la de quienes se dejaron influir a su vez por el suyo.

Stile Antico hace acopio de una disciplina férrea y un sonido hermoso en la tradición de los conjuntos ingleses que se dedican a la música polifónica, y una puesta en escena esmerada y meticulosa en la que el emplazamiento de voces resulta crucial para disfrutar al máximo de sus posibilidades en cada propuesta.

Tras un arranque en el que ya se vislumbraba el carácter fundamentalmente balsámico de la música programada, el homenaje discurrió primero por quienes influyeron en su música, con Josquin Desprez, franco flamenco capaz de transmitir una emoción directa, y Jacques Arcadelt, también franco flamenco, de estilo melodioso y refinado, a la cabeza.

Especialmente emotivas resultaron las elocuentes pausas con las que el conjunto se enfrentó al Salve Regina a cinco voces de Desprez, destacando el fraseo cuidadoso y flexible de cada una de las doce voces. Echamos en falta en este primer bloque la influencia de Cristóbal de Morales, especialmente relevante en la escritura de sus misas.

El segundo bloque se centró en la Contrarreforma, de la que Palestrina fue el más destacado representante, sobre todo a través de melodías claras y ritmos precisos. Una polifonía suave y consonante, característica del Renacimiento tardío, que se tradujo en una asombrosa flexibilidad y una articulación precisa al servicio de una armonía esplendorosa, en la que tuvo cabida un breve motete de Tomás Luis de Victoria, que perfeccionó su estilo en el Colegio Germánico de Roma, donde coincidió con el homenajeado, y cuya música respira una atmósfera mística.

Unas dinámicas muy estudiadas consiguieron que el final de esta primera parte asemejase un canto alzado a ese cielo imaginado que resolvía todos los problemas sufridos en la tierra.

Emoción y claridad

Ya en la segunda parte, resultó especialmente conmovedor y revelador el canto a solo cuatro voces del madrigal Goia m’abond’al cor, dos sopranos y dos tenores abandonados a la belleza absoluta, evidenciando una calidad en las voces sólo al alcance de los más refinados solistas. Se trataba de exhibir los esfuerzos por introducir elementos profanos en la música de la época, tan proclive a respetar los designios eclesiásticos.


Siguió un bloque destinado a elogiar la música, en el que el conjunto manifestó tanta claridad textual como magisterio en la elaboración armónica y contrapuntística. Incluyó una pieza de Orlando di Lasso, cuyo estilo vivo y declamatorio enuncia una mística litúrgica resplandeciente, de la que Stile Antico se hizo perfectamente eco.

El legado de Palestrina ocupó el bloque final, con música de Felice Anerio, ya a las puertas del barroco, sucesor de Palestrina en la Capilla Papal, cuya solidez impregnada de misticismo sirvió al conjunto para adaptarse a otro estilo y cambiar tímidamente de registro, algo que logró a lo largo del concierto que no resultara tan monótono como se preconizaba.

Igualmente piadosa sonó la música de Gregorio Allegri, también discípulo del homenajeado. Y finalmente un gran salto a tiempos contemporáneos, con la inclusión de una pieza en clave de motete, homenaje al insigne compositor italiano, de la británica Cheryl Frances-Hoad. Como propina, el conjunto entonó The Silver Swan de Orlando Gibbons, que este año cumple cuatrocientos.

Aunque los textos se podían consultar en la web del festival, disfrutarlos sobre el escenario, traducidos por cortesía de la Asociación de Amistades de la Barroca, evitó la molestia de los móviles encendidos. El respeto y recogimiento del público colaboró a la feliz resolución de un concierto para el que el Espacio Turina a veces se quedó corto en acústica, provocándose saturación en los momentos más álgidos.

Fotos: José Antonio de Lamadrid
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 22 de marzo de 2025

FEMÁS ARRANCA CON LOS VIRTUOSOS DE BACH

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Midori Seiler, violín y dirección. Programa: Suite en Re mayor de Johann Georg Linike; Concierto para violín de Joseph Spiess; Concerto à 4 en La mayor de Georg Philipp Telemann; Concierto de Brandeburgo nº 3 en Sol mayor BWV 1048, Concierto para violín en la menor BWV 1041 y Concierto para tres violines BWV 1064R de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, viernes 21 de marzo de 2025


Hace bien Fahmi Alqhai en encomendarle a la Barroca de Sevilla el concierto de inauguración del Festival de Música Antigua de Sevilla, que ayer empezó su andadura en una sala tan ligada a este certamen hispalense como es el Espacio Turina. No en vano se trata de nuestro mayor emblema musical en lo que a interpretación de la música barroca y clásica con criterios e instrumentos con rigor histórico se trata, y acaban de aterrizar de otro triunfal concierto fuera de nuestras fronteras andaluzas, esta vez en Mallorca, donde deleitaron al público con su vitalista visión de Las cuatro estaciones de Vivaldi.

Coincidía este concierto de inauguración con el trescientos cuarenta aniversario del nacimiento del genio de Eisenach, y Midori Seiler venía con la lección muy aprendida. Tres de los conciertos ofrecidos anoche, uno de ellos de Bach y los otros de autores estrechamente relacionados con él, los grabó hace un par de años junto a Köthens BachCollektiv, repasando en un registro de título Bach’s Virtuosos su paso por la corte del príncipe Leopold en Cöthen.

La violinista alemana de origen japonés ya participó en algunas ediciones anteriores del Femás, y junto a la Barroca nos dejó hace un año un algo accidentado concierto en el que compartió honores con Rafael Ruibérriz, que precisamente le toma hoy el relevo en la matinal que dedica también a Bach y su compadre Telemann en San Luis de los Franceses.

Aunque la edición de este año está dedicada fundamentalmente a Palestrina, cuando se cumple medio milenio de su nacimiento, vuelve a ser Bach el verdadero protagonista, y así quedó claro en este primer concierto, que se inició con una hermosa suite de Johann Georg Linike, virtuoso violinista y compañero de Bach durante su estancia en Cöthen. Un arranque fulguroso no impidió apreciar las líneas melódicas y las ricas inflexiones de la obertura de una Suite en Re mayor en las que el violín de Seiler se mezcló con el resto de instrumentos con total naturalidad, y en la que sobresalieron sus dos melancólicas arias, especialmente la segunda, donde destacó el sonido sordo y perfectamente articulado del clave de Alejandro Casal.

Pero siguió un Concierto para violín de Joseph Spiess, compañero del homenajeado en la orquesta de Cöthen, que evidenció el sonido áspero e  insuficientemente limado de Seiler, incluida alguna nota desafinada y estridente ante la que poco pudo hacer un conjunto en el que de nuevo destacó el poderoso continuo de la orquesta, reforzado con el violonchelo de José Manuel Ramírez.

Después, un gozoso Concierto de Brandeburgo nº 3 rico en fantasía y espectacularidad, con las voces sucediéndose en ricas escalas, creando una vertiginosa sensación de aliteración acústica en la que el trabajo enérgico de los violonchelos, Ruiz, Ramírez y uno más a cargo de Javier López Escalona, sobresalió de forma tan ágil como gozosa. El clave de Casal protagonizó un sensacional adagio repleto de elegantes improvisaciones y buen gusto.


Sin embargo, la monotonía se adueñó de una segunda parte en la que apenas atisbamos razones para dejarnos seducir por la música del genio alemán, con un Concierto para violín BWV 1041 resuelto sin apenas imaginación y ese sonido áspero y sin relieve apuntado en la solista.

Para entonces, la pieza de Telemann, un concierto interpretado con corrección y escaso sentido de la acentuación, poco añadió a una velada que culminó con la particular restauración de la propia violinista del Concierto para tres violines en Re mayor BWV 1064R, a partir de la más popular versión para teclados. Entonces, el débil sonido de Seiler quedó expuesto junto al más brioso y sedoso de Ignacio Ramal y Miguel Romero, sin despreciar la habilidad técnica y el magisterio en la articulación que mostró en todo momento la violinista de origen nipón.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía