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sábado, 7 de marzo de 2026

EL GOZO DE LA MÚSICA LÚDICA INAUGURA EL FEMÁS 2026

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Julien Chauvin, violín y dirección. Programa: Concert des symphonies Op. 3 nº 2 en fa mayor, de Antoine Dauvergne; Sonate en symphonie Op. 3 nº 1, de Jean-Joseph Cassanéa de Mondonville; Concierto para violín, cuerda y continuo Op. 7 nº 3 en do mayor, de Jean-Marie Leclair; Suite de Dardanus RCT 35, de Jean Philippe Rameau. Espacio Turina, viernes 6 de marzo de 2026


Música, digamos, de carácter palaciego para abrir la edición número cuarenta y tres del Festival de Música Antigua de Sevilla. Concretamente, la que sonaba en las cortes de los últimos reyes absolutistas de Francia, una época que retrató tan bien Patrice Leconte en su muy ingeniosa película Ridicule. Sirvió ahora para levantar nuestros ánimos, tan alicaídos con las nuevas e insólitas muestras de absolutismo que en pleno siglo XXI están desarrollando los infames actores de la nueva política mundial. Y es que al frente de la Barroca se puso Julien Chauvin, un experto en el repertorio que mostró formas alegres y desenfadadas, ágiles y dinámicas a más no poder, con una respuesta excelente por parte de nuestra orquesta, quizás en el que ha sido el mejor concierto que han dado en los últimos tiempos.

Cuatro fueron los autores convocados, los dos primeros estrechamente conectados con el Concert Spirituel parisino de mediados del siglo XVIII, Antoine Dauvergne como uno de sus fundadores, Jean-Joseph Cassanéa de Mondonville como violinista primero y después como director. De Dauvergne pudimos apreciar la maestría de la orquesta, elevando en prestancia y calidad la que no es sino una música amable y distendida, poco más. Compositor y violinista en la Corte de Luis XIV y uno de los primeros autores de ópera cómica de Francia, escribió también ballets, sonatas y obras orquestales que denominó Concerts des Symphonies, una de las cuales eligió Chauvin para arrancar esta fiesta musical.

Pero fue la pieza de Mondonville la que cautivó nuestros oídos, superando la teoría de que cuando una obra deja de divulgarse es porque no valía la pena. La Sonata en symphonie Op. 3 nº 1, adaptación orquestal de una de sus piezas de clavecín en sonatas, es un alarde de creatividad musical, con tempi fulgurantes, casi desatados si no fuera por la impecable disciplina con que la abordó la orquesta, y el empuje decisivo que le dio el director y violinista francés. Si la obertura sonó impetuosa, casi autoritaria, con una trasparencia instrumental prodigiosa, el aria central fue un dechado de misterio e intriga, con todo el cuerpo y el volumen que fue capaz de imbuirle el conjunto. La jiga final corroboró esa furia controlada que caracterizó la interpretación de tan original pieza.


Leclair y Rameau, máximos exponentes de una época

Violinista y compositor barroco, quizás fuera Jean-Marie Leclair quien mejor supo adaptar las pujantes formas italianas que tanto triunfaban en la época, al gusto más cortesano francés. No en vano fue alumno de Arcangelo Corelli y Pietro Locatelli, y se nota en la arquitectura y el espíritu del Concierto para violín Op. 7 nº 3 en do mayor que Chauvin eligió para la ocasión, y en la que desplegó sus virtudes al instrumento solista. Así, hábilmente acompañado por una orquesta en sus mejores condiciones, exhibió pulso, dinamismo y un sonido brillante y homogéneo. Pero fue en las agilidades donde dejó su impronta de magnífico violinista, logrando una sorprendente interpretación de la página, sin olvidar la elegancia y el lirismo que impera en el adagio central.

Toda la plantilla, hasta veinte profesores y profesoras, se juntaron para ofrecer la suite de la ópera Dardanus que puso colofón a tan estimulante velada. Compositor y clavecinista, sustituto de Lully como representante de la ópera barroca francesa, Jean-Philippe Rameau destacó en el género con obras tan características como Las indias galantes, La princesa de Navarra o Les Boréades. Pero quizás sea Dardanus su obra más redonda, seguramente la más rica, aunque su disparatado libreto necesitó de varias adaptaciones y hasta una reconversión completa para ser aceptada por el público.

De ella, el compositor extrajo una suite no a la manera acostumbrada en las suites francesas, con una extensa y majestuosa obertura seguida de una serie de danzas, sino más bien a la que se iría imponiendo más adelante para condensar algunos de los números más representativos de óperas y piezas similares, y que ha llegado incluso hasta nuestro tiempo cuando de interpretar en concierto una composición cinematográfica se trata.


Y aquí volvimos a disfrutar de una inmensa, disciplinada, elocuente y brillante en definitiva, interpretación de la obra, con momentos destacados como el de la Entrada de los guerreros, que luego ofrecería como uno de varios bises amparándose en la actual situación bélica. Pero fue la inusitada energía de los Tambuorins, traducida en un ritmo trepidante, lo que despertó el mayor entusiasmo del público, que aplaudió espontáneamente tan fulgurante exhibición de músculo y sintonía. También encantó el viento simulado con las maderas que aparece en Entrée d’Ismenor, una técnica que Rameau utilizó en otras obras como la citada Les Boréades. Debemos destacar además la contención y espiritualidad con que se abordó el Air vif, todo un alarde de expresividad.

Al continuo se adhirió el archilaúd de Miguel Rincón, felizmente recuperado en nuestra laureada formación, añadiendo fuerza al cuerpo que supieron darle Ruiz, Rico y Casal, con la compenetración de Javier Zafra al fagot y el trabajo excelente de las maderas dando relieve y sustancia a un cuerpo de cuerdas sencillamente brillante. Buen arranque de un festival tan querido.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 20 de diciembre de 2025

UNA CAUDALOSA PROPUESTA NAVIDEÑA

Concierto de Navidad del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla. Aurora Peña, soprano. Orquesta Barroca de Sevilla. Martyna Pastuszka, violín y dirección. Programa: Gloria in excelsis Deo: Suite nº 1 en Do mayor BWV 1066, de Bach; Concerto grosso Op. 8 nº 6 “Pastorale per il Santissimo Natale” en sol menor, de Torelli; Concierto para dos oboes y fagot en Do mayor “alla francese” TWV 53:C1, de Telemann; Gosa paloma hermosa (aria de la Cantada a solo a la Concepción Purísima de Nuestra Señora), de Rabassa; Concerto grosso Op. 1 nº 8 “per il Santo Natale” en fa menor, de Locatelli; Salve Regina HWV 241 y Gloria HWV deest, de Haendel. Espacio Turina, viernes 19 de diciembre de 2025


Otro colosal encuentro con nuestra Orquesta Barroca, a propósito de las fiestas navideñas, tuvo lugar la lluviosa tarde de ayer en su espacio de residencia, el Turina. Y ni los chubascos pudieron con su ferviente y fiel público, que llenó la sala con la adhesión del que congregó el Consejo general de Hermandades y Cofradías de Sevilla, anfitrión de la fiesta. Se trató del segundo concierto de esta temporada de la formación hispalense que fue dirigido por su artista de residencia, Martyna Pastuszka, tras el que ofreció el pasado mes de octubre. En esta ocasión la violinista polaca cedió el protagonismo a otros integrantes de la orquesta, reservándose para ella el de directora, lo que defendió con ahínco y sentido de la responsabilidad.

Martyna Pastuszka
En los atriles un programa fundamentalmente navideño que arrancó con una agitada y alegre revisión de la primera de las suites orquestales de Bach, puro rock barroco cuya obertura se benefició de un prodigioso caudal de energía y contagiosa fluidez de la mano de un conjunto dispuesto a conseguir que la propuesta resultara una auténtica fiesta. Ya entonces se vislumbró la fuerza del trío de ases de maderas que formaron Katy Elkin y Jacobo Díaz a los oboes y Alberto Grazzi al fagot, mientras la cuerda grave volvió a dotar de músculo y robustez al fabuloso conjunto integrado en esta ocasión por diecisiete maestros y maestras. El resto de la pieza fue un dechado de sorpresas, juegos dinámicos y detalles preciosistas que lograron una interpretación exquisita, fabulosa.

Pastuszka justificó la combinación que vino a continuación, el Concierto de Navidad de Torelli y el Salve Regina de Haendel ofrecidos de forma alternativa, como un acercamiento a la virgen desde una óptica amable y desenfadada y otra más solemne, un modo a su juicio de comunicarse en estos tiempos tan delicados e imprecisos que nos ha tocado vivir. El experimento resultó acertado, sumándose a la propuesta la voz arrolladora y bien colocada de la soprano Aurora Peña, con su particular timbre ahora más denso, próximo quizás al de una mezzo, que logró alternar dulzura y piedad en el aria introductoria y su continuación, Ad te clamamus, con arrogante fulgor en O Clemens, si bien acusó alguna pérdida puntual de intensidad en los extremos más graves de la obra.

Aurora Peña

La orquesta, por su parte, destiló dulzura y amabilidad en el Concerto grosso Pastorale per il Santissimo Natale de Giuseppe Torelli, pieza que particularmente guardo en mi corazón por incluirse en mi primer vinilo de música barroca a muy temprana edad. El trío de oboes y fagot volvió a destacar, ahora dejando claro su papel solista en el concierto alla francese de Telemann, cuyos aires galantes y ceremoniosos fueron perfectamente desgranados por la orquesta con la atenta mirada de Pastuszka, su particular acento dinámico y la caudalosa fluidez de los timbres en liza.

Peña abordó después un aria de Pedro Rabassa, que en su condición de maestro de capilla de la Catedral de Sevilla durante una treintena de años, protagonizó la primera piedra de un nuevo proyecto de la Barroca de recuperación del patrimonio musical de la ciudad. Gosa paloma hermosa sonó con una inusitada sencillez en la voz muy en estilo de la soprano valenciana, de la misma forma que el Concierto de Navidad, Concerto grosso Op. 1 nº 8, de Locatelli, encontró en el conjunto otro referente de contenida dulzura, perfectamente combinada con las necesarias dosis de suntuosidad a las que tan bien se ajustó, por ejemplo, la excelente violinista Fumiko Morie en sus destacadas intervenciones.

Fumiko Morie, y detrás Valentín Sánchez

Para terminar, Peña encontró el vehículo perfecto para exhibirse en potencia y coloratura en un Gloria de Haendel descubierto hace apenas un cuarto de siglo, que le brindó la oportunidad de marcarse algún sobreagudo, destacar en proyección y mostrar una indiscutible capacidad para la ornamentación, culminando con un Quoniam Tu solus sanctus al que el conjunto se prestó con todo el ahínco y el entusiasmo posible. Ya completamente segura y desinhibida, la soprano entonó un Rejoice de El Mesías cálido e impetuoso, después de que Valentín Sánchez, con su proverbial simpatía, nos invitase a cantar Adeste Fideles, demostrándose una vez más que el público sevillano sabe muy bien cómo comportarse en fiestas, y tiene un especial talento, llamémosle arte, para cantar.

Fotos: Luis Ollero

domingo, 23 de noviembre de 2025

EL CHELO DESALIÑADO DE VÍCTOR GARCÍA GARCÍA

Temporada 2025/2026 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Víctor García García, violonchelo y dirección. Programa: El violonchelo en la corte de Prusia (Sinfonías en mi menor H.652/Wq.177 y en Sol mayor H.648/Wq.173; Concierto para violonchelo en La mayor H.439/Wq.172, de Carl Philipp Emanuel Bach; Sonata para violonchelo en Do mayor G 17, de Luigi Boccherini; Concierto para violonchelo en re menor no. 6, de Jean-Louis Duport). Espacio Turina, sábado 22 de noviembre de 2025


La Barroca acostumbra a programar sus conciertos con mucho criterio y coherencia. Esta vez se trataba de recrear la música que debía sonar en la corte berlinesa de Federico II, gran aficionado al arte y en particular a la música, con protagonismo especial del hijo más celebrado de Bach, Carl Philipp Emanuel, que ejerció durante mucho de clavecinista particular del tercer rey de Prusia. 
Para la ocasión se invitó a quien empezó su andadura de éxitos y reconocimientos hace apenas unos años de la mano precisamente de la Barroca de Sevilla, ciudad donde nació hace treinta y un años y donde fue distinguido con la beca de la Asociación de Amigos y Amigas de la orquesta hace cuatro. Se trata de Víctor García García, que el pasado año recibió otra importante distinción, el primer premio en la categoría de violonchelo y violonchelo barroco del concurso Johann Sebastian Bach de Leipzig. Actualmente es profesor de violonchelo histórico en el Conservatorio de la Hogeschool voor de Kunsten de Utrecht.


En los atriles dos sinfonías y un concierto del hijo de Bach, interpretadas por la Barroca con su habitual vehemencia, esta vez bajo la atenta dirección de García García, que no prescindió en ningún momento del instrumento, haciéndolo sonar de espaldas al público cuando no participaba como solista. Mucho ímpetu, mucho contraste y mucho músculo en las sinfonías, demasiado para nuestro gusto, y un acompañamiento a menudo esquemático al solista en los conciertos, fueron a nuestro juicio las notas predominantes en esta interpretación a la que, siempre según nuestro criterio, faltó algo más de emotividad y de sensualidad, más morbidez en aquellos pasajes que lo demandan, y en general mayor flexibilidad y fluidez.

Por parte del reputado violonchelista, rara vez pareció buscar la belleza del sonido, más bien resultó igualmente agresivo y en cierta manera desaliñado, quizás sus particulares cartas de presentación, primando los colores y los fuertes contrastes, además de un sonido rugoso y áspero, en su forma de atacar el instrumento. Apreciamos por otro lado cierta amplitud de maneras al afrontar algunos pasajes, silencios muy elocuentes y significativos, y hasta una conmovedora liturgia en los movimientos lentos, especialmente en el hermoso largo del Wq.172, seguramente el concierto para violonchelo más famoso de C.P.E. Bach. En sus frecuentes y vertiginosas agilidades resultó también algo desaliñado, incluso un poco desafinado en los extremos más agudos, sin que eso pareciera importarle dentro de esa búsqueda de la espontaneidad la frescura inmediata. Reconocemos que estas impresiones se alejan de las que cosechamos cuando debutó en 2015 junto a la ROSS o cuando interpretó ese mismo concierto Wq.172 junto a la Orquesta del Otoño Barroco en 2021.


De esta forma, quizás fuera la Sonata de Boccherini lo que más entusiasmo nos suscitó, una original pieza en la que el violonchelo dialoga fluidamente con el otro violonchelo en liza, el que forma junto al clave el continuo de apoyo. A esta tarea se prestó el siempre eficiente y refinado Aldo Mata. Juntos protagonizaron algunos de los pasajes más evocadores y conmovedores de la noche, con el acompañamiento imprescindible y siempre meticuloso de Alejandro Casal. A pesar de nuestras tibias consideraciones, el regreso de García García a la Barroca resultó triunfal, al menos así se lo transmitió el numeroso publicado convocado al efecto.

Fotos: Luis Ollero

sábado, 18 de octubre de 2025

UN BORBÓN EN LA CORTE DE LOS HANNOVER

Concierto de apertura del curso académico de la Universidad de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Martyna Pastuszka, violín y dirección. Programa: Concerti grossi nos. 5 en re menor, 6 en Re mayor y 1 en La mayor, de Charles Avison; Sonata para violín no. 6 en re menor, de Francisco Manalt; Sonata para violín en Re mayor, de Francesco Corselli. Espacio Turina, viernes 17 de octubre de 2025


La Universidad de Sevilla volvió a confiar en la Barroca para celebrar su ya tradicional concierto de apertura del curso académico. Un honor que se ha alternado con la Real Orquesta Sinfónica y, últimamente, la Conjunta, pero que sigue ofreciéndose sin boato alguno, como si se tratara simplemente de un concierto más, restándole toda posible importancia a lo que debiera ser algún tipo de acontecimiento. En este caso, además, se trató del primer concierto de temporada, que esta vez se centrará en la música que debió sonar en las cortes europeas en los siglos XVII y XVIII.

El concierto de ayer se pudo disfrutar en la Capilla del Palacio Real el día antes, otorgándole así el significado que esta temporada quiere dar a su propuesta. Desolador fue, una vez más, comprobar que en este concierto de apertura del curso universitario muchas fueron las localidades no cubiertas, a buen seguro de autoridades y personalidades académicas que no sólo despreciaron la invitación, sino que no tuvieron el detalle de trasladarlo a la organización para que dispusiera de las entradas entre quienes sin duda se quedaron con las ganas de asistir al evento, pues ya es raro que la Barroca no consiga lleno absoluto.


Para la ocasión se contó de nuevo con la participación como directora y concertino de la prestigiosa violinista polaca Martyna Pastuszka, que ya actuó junto a la Barroca en abril de 2024, y poco antes acompañó a Max Emmanuel Cencic con su {öh!} Orkiestra. Esta vez, además, inauguró su puesto como artista en residencia de esta temporada. En los atriles, una serie de obras que pudieron sonar en la corte de Felipe V, primer Borbón que reinó en España. Scarlatti, Manalt y Corselli fueron los elegidos, pero el hecho de que el primero lo fuera de forma indirecta, a través de los conciertos que Charles Avison compuso a partir de sonatas para clave del compositor italiano, nos ha permitido hacer este juego entre dinastías en el título.

Avison no sonó en la corte de Felipe V, pero sin duda sí lo hicieron las obras de Scarlatti en las que se basaron sus concerti grossi. La música del inglés estuvo más orientada a espacios de mayor calado popular, fundamentalmente salas de concierto. En aquella Inglaterra de la época reinaba Jorge II de la Casa Hannover. Su música contiene una riqueza melódica extraordinaria, heredera de los modelos de Scarlatti en los que se basó, pero acuña además una serie de excelentes ornamentaciones y ricas orquestaciones que la hacen especialmente atractiva y singular, tal como pudimos apreciar en las esmeradas interpretaciones del conjunto.


Y eso que la exhibición no empezó bien del todo, con cierta languidez haciéndose dueña del Concerto grosso nº 1, con Pastuszka evidenciando algún que otro problema de afinación y un sonido estridente poco o nada agradable. Y así continuó la estética durante la Sonata nº 6 de Francisco Manalt que la violinista interpretó junto a Mercedes Ruiz y Alejandro Casal. Pero un interludio de ajuste y afinación logró sacarnos del entuerto, y a partir de la tercera obra, el Concerto grosso nº 6 de Avison, la cosa fue mucho mejor.

Una facilidad extrema para frasear con amplio sentido del vértigo, tanto en la concertino como en sus acompañantes, una exhibición rotunda de buen gusto en las ornamentaciones, y una sensibilísima expresividad, se convirtieron en señas de identidad de este nueva muestra de la versatilidad y el talento de nuestros y nuestras músicos. Momentos para el asombro y la admiración, los encontramos en el vivo final de la sonata de Francesco Corselli y el allegro con el que culmina el Concierto grosso nº 1 de Avison, así como la calidez con la que Pastuszka y el conjunto abordaron el adagio del nº 6 y el largo introductorio del final de la sonata de Corselli.

Fotos: Luis Ollero

jueves, 2 de octubre de 2025

UN "COMBATE" DE MEDIO FONDO

Festival de Ópera de Sevilla. Fausto Nardi, dirección musical. Joan Antonio Rechi, dirección de escena. Juan Ruesga, escenografía. Alberto Rodríguez, iluminación. Orquesta Barroca de Sevilla. Rocío Martínez, soprano. Anna Alàs i Jové, mezzosoprano. Víctor Sordo, tenor. Francisco Fernández Rueda, tenor. Programa: Madrigales de Claudio Monteverdi. Producción del Festival Castell de Peralada. Patio de Carlos III de la Real Fábrica de Artillería, miércoles 1 de octubre de 2025


Este espectáculo concebido por Joan Antonio Rechi para el Festival de Peralada fue uno de tantos que se quedaron en el tintero cuando en 2020, a consecuencia del coronavirus, el Maestranza echó el cierre. Pudo verse entonces on line, por tiempo limitado, y ahora lo recupera este primer Festival de Ópera de Sevilla con resultados discutibles, al menos en lo teatral.

La idea de ambientar Il Combattimento di Tancredi e Clorinda, un episodio del Canto XII de Jerusalén Liberada, poema épico de Torcuato Tasso, en un ring de Pressing Catch, no deja de tener su sentido. Lo raro es que a nadie se le ocurriera antes, al fin y al cabo de lucha y combate si no fingida sí, al menos, malograda por los sentimientos amorosos, va el asunto. Lo equivocado, a nuestro juicio, es añadir madrigales a la propuesta y mantener esa misma puesta en escena que poco o nada aporta al sentido literal de cada uno de ellos, y sólo enturbia el disfrute integral de una música irrepetible y sin igual.

Todo esto sin olvidar el enorme esfuerzo al que se somete a los y las cuatro cantantes. La propuesta es dinámica pero insensata, con intérpretes cantando mientras vuelcan su esfuerzo en cambios ultrarrápidos de bata reversible, cargan con diversos utensilios o se tiran al suelo, mermando sus capacidades vocales, a pesar de lo cual podemos decir que salieron airosos del empeño.


Una estimable interpretación musical

También al público se le somete a un considerable esfuerzo, tal es la incomodidad de los asientos y la estrechez generalizada, agravado con unas pantallas para los subtítulos situadas a ras de suelo, impidiendo que más de la mitad del aforo pudiera seguirlos. Una sucesión de despropósitos que no merece esta sublime música.

Monteverdi publicó entre 1587 y 1651 nueve libros de madrigales, buscando el equilibrio perfecto entre texto y música. Junto a sus Scherzi musicali de 1632 constituyen lo mejor de su catálogo. Il Combattimento lo compuso en Venecia cuando era maestro de capilla en San Marcos. Lo estrenó en 1624 y lo publicó en 1638 como parte del Libro de Madrigales guerreros y amorosos número 8. Es una de las piezas de las programadas en este desigual evento que fueron concebidas para representarse, y un pretexto perfecto para confrontar los dos estilos que Monteverdi quería poner en liza, el más delicado y amoroso frente al más agitado, de batalla.

Con la Barroca siempre dando lo mejor de sí, esta vez bajo las órdenes precisas y bien formadas del especialista Fausto Nardi, Tempro la cetra, del Libro VII, sirvió como introducción del Combattimento. Y tras este prodigio de arquitectura musical, fueron desgranándose el resto de madrigales y scherzi pretendiendo que fluyeran como consecuencia natural unos de otros, aunque la estrategia no llega a funcionar en todo su esplendor.

A partir de ahí se sucedieron dúos formidables de Sordo y Fernández Rueda, por ejemplo en Zefiro torna, así como de Martínez y Alàs i Jové, que en formación de cuarteto en piezas como Damigella tutta bella, lograron salvar con óptimos resultados una puesta en escena fatigosa y fulgurante. Cada uno y una resistieron el combate con un canto refinado y acertadamente ornamentado, con especial hincapié en la voz potente, de timbre profundo pero aterciopelado, de la mezzo catalana, capaz también de explotar su vena cómica, y que en el Lamento d’Arianna estuvo soberbia.


Menos convincente resultó Rocío Martínez, que defendió sottovoce un Si dolce é il tormento algo melifluo, y exhibió en el resto una voz desigual, a veces espléndida, otras ronca y estridente. De sus compañeros de reparto destacamos la solvencia, sobriedad y coherencia de Víctor Sordo, de sonido homogéneo y, dentro de su tesitura, profundo y autoritario. Más romántico, Fernández Rueda logró también una actuación acertada, prestando su voz sedosa y discretamente ornamentada al papel de Tancredi, y resolviendo con igual soltura el resto de cometidos.

Como siempre, fue evidente el disfrute de los y las integrantes de la selección de la Barroca convocada al efecto, mientras del público pudimos extraer la consecuencia más o menos generalizada de que la propuesta de Joan Antón Rechi había resultado en general insatisfactoria.

Fotos: Alejandro Verdugo (Archivo fotográfico del Festival de Ópera de Sevilla)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 24 de mayo de 2025

LA OPORTUNIDAD DE UN FESTIVAL DE ÓPERA EN SEVILLA


No cabe duda de que tratándose de la ciudad en la que se han inspirado, directa o indirectamente, más de ciento cincuenta óperas, Sevilla merece un Festival de Ópera. Sin embargo varias son las razones que nos hacen recelar del recién presentado proyecto, justo ayer en uno de los espacios que lo albergarán, la Fábrica de Artillería de la avenida Eduardo Dato, poco a poco, muy tímidamente y después de varios años de reforma, abriéndose al público sevillano.

Toda propuesta cultural que se presente merecerá sin duda nuestro aplauso. Sólo el arte y la cultura pueden generar esperanza de amor y estrechamiento de lazos entre los pueblos. Al contrario que el dinero, la ambición y el poder, que sólo genera miseria y dolor. También cuando esto último, a través de una política podrida y miserable, invade la noble causa de la cultura, como hemos comprobado recientemente. Hace tiempo que el catedrático de repertorio vocal del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, Francisco Soriano, viene realizando en la ciudad una impagable labor de agitación musical que le ha llevado a recuperar repertorio de los García, fundamentalmente de Pauline Viardot, y recrear esas soirées musicales decimonónicas con sus conciertos de canto y piano en el Real Círculo de Labradores. Aunque sólo fuera por eso, no podemos sino desear con todo nuestro cariño y sinceridad, mucha suerte y ánimo en esta nueva aventura a la que, a pesar de las consideraciones que a continuación desgranaremos, auguramos el éxito que merece.

Sin embargo, a tenor de la programación ayer presentada, encontramos más de una consideración que hacerle, a la vez que lamentamos que no se haya todavía aprovechado la oportunidad de lucir el emblema de Sevilla, Ciudad de Ópera, para lograr que programaciones a menudo despreciadas como la del Maestranza o la Sinfónica, llegaran a mejor puerto. Ni nuestro coliseo ni la orquesta se han molestado lo suficiente en generar reclamo turístico y cultural para la ciudad, logrando así que melómanos de otros países llenen los huecos tan frecuentes que observamos en los aforos del Maestranza o el Espacio Turina, nuestros dos principales escenarios musicales.

Igual que nosotros aprovechamos la ocasión cuando viajamos de asistir a óperas y conciertos, debe haber mucho público extranjero interesado en aprovechar en Sevilla su oferta, para lo que los agentes culturales deberían haber trabajado hace ya mucho tiempo, generando vías de comunicación y márketing que logre sintonizar con ese público en potencia. Sólo entonces, una vez cosechado público de fuera interesado en nuestras propuestas, lo que a su vez generaría una mejora considerable de esas mismas propuestas, sería aconsejable crear un festival como el que ahora se ha presentado.

Si la Sinfónica, como algunas voces autorizadas de la ciudad reclaman, tuviera su propio auditorio, y afortunadamente Sevilla es generosa en esa estrategia, el Maestranza podría, como hacen otros teatros europeos, alternar su temporada de estrenos con otra de repertorio con músicos y voces locales y producciones almacenadas, ofreciendo para turistas esos títulos emblemáticos de la ciudad, desde El barbero de Sevilla a Carmen pasando por Las bodas de Fígaro, Fidelio, La favorita o Don Giovanni, de la misma forma que se les invita a tablaos y otros espectáculos flamencos.

Pero además, este festival se presenta en formato transversal, por cuanto aprovecha la programación previamente diseñada por espacios y conjuntos de la ciudad, como el propio Maestranza, el Turina o Zahir Ensemble, para incluirlos en su propia agenda, lo que no suma a la oferta musical de la ciudad, y parece seguir siendo un reclamo sólo para público local. Así, Don Giovanni de Mozart en el Maestranza, Don Juan no existe de Helena Cánovas en Artillería pero dentro de la programación del Maestranza, los recitales de Franco Fagioli en el mismo teatro o de Vivica Genaux en el Turina, así como la presentación en primicia en la ciudad de la ópera-ballet de Philip Glass Les enfants terribles, a cargo de Juan García y Zahir Ensemble, parecen citas pre-programadas, por mucho que el propio festival se erija en productor de este último.

Entre el resto destacan dos óperas de Manuel García, conmemorando así el doscientos cincuenta aniversario de su nacimiento. Una en formato convencional, Il Califfo di Bagdad, con la ROSS dirigida por Alessandro d'Agostini, y las voces de Leonor Bonilla, Juan de Dios Mateos y Alicia Naranjo, si bien su ubicación en el Patio de la Montería del Alcázar hace dudar de la grandeza de esta producción del propio festival. La otra, la ópera de cámara Quien porfía mucho alcanza, con representación tres días consecutivos en distintos espacios, el Palacio de Dueñas, la Casa Salinas y el Hospital de la Caridad. Otras propuestas son una selección de Carmen en clave de jazz por el quinteto del sevillano Daahoud Salim, la ópera de Monteverdi Il combattimento di Tancredi e Clorinda en Artillería, a cargo de la Barroca de Sevilla y la producción del Festival de Peralada, y el espectáculo de Accademia del Piacere en torno a la música teatral española e italiana del seicento, con las voces de Juan Sancho y Lucía Martín-Cantón, que dan buena muestra del carácter eminentemente local de la propuesta, dando cabida a muchos de los agentes musicales de la ciudad, como si el todo se hubiera diseñado para ellos y ellas.

Por otro lado, el festival recupera Es lo contrario, la ópera a ciegas de César Camarero que pudimos "ver" en el Maestranza hace justo cuatro años, a cargo de nuevo de Zahir Ensemble, ahora en Artillería. Un recital con la mezzo Carol García, la soprano Elena Sancho Pereg y la pianista Teodora Oprisor, ofrecerá un recorrido por las conexiones hispano-francesas en torno a Carmen en el Espacio Turina, y otro de Nerea Berraondo, la mezzosoprano navarra que tan buena impresión nos causó con Socrate de Satie en el último concierto de la Conjunta, y Anna Malek al piano, que ya ofrecieron un aperitivo en forma de Habanera de Carmen en el acto de presentación de la programación y el cartel de la artista jerezana Ana Barriga, en el que desgranarán música centroeuropea y eslava de inspiración española en la era de Carmen, en el salón de Tapices del Alcázar, completan una oferta que dista considerablemente de lo que entenderíamos por un festival de ópera en la ciudad que tantas inspiró, si bien podría asegurar la presencia cada temporada de una del insigne conjunto de grandes.

viernes, 23 de mayo de 2025

HAENDEL COMO CÉSAR MANDA

Concierto VI de la temporada 2024/2025 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Maite Beaumont, mezzosoprano. Stefano Barneschi, violín y dirección. Programa: Concerti Grossi Op. 6 no. 5 en Re mayor HWV 323 y no. 7 en Si bemol mayor HWV 325, Larghetto y allegro de la Sonata para violín Op. 1 no. 6 en sol menor HWV 364a, Obertura y arias de Giulio Cesare in Egitto, y arias de Amadigi di Gaula y Ariodante, de Haendel. Espacio Turina, jueves 22 de mayo de 2025


Pocos aguanten un monográfico de su obra tan bien como lo hace Haendel, sin que resulte monótono ni aburrido. Eso es lo que hicieron los y las integrantes de la generosa plantilla con la que la Barroca celebró ayer el final de su temporada, seis conciertos a los que se unieron sus intervenciones en otros proyectos y viajes. Ante el pleno absoluto con el que suelen rubricar sus conciertos en el Turina, la Barroca desplegó toda esa alegría, entusiasmo, complicidad y energía que tanto nos contagia y que constituye una de las señas de identidad del conjunto hispalense.

La convocatoria vino precedida de una breve y prescindible representación de una escena de teatro clásico, en el más puro sentido del término, a partir de textos de Farsalia de Lucano, sobre la guerra civil entre Julio César y Pompeyo Magno, con los que las tres jóvenes voces convocadas desplegaron sus habilidades con el latín, convenientemente traducido para seguir diciendo nada ante tanto público expectante de lo que verdaderamente importaba, la música. Se trataba de representar así a uno de los personajes más asociados al imaginario haendeliano, a partir del título operístico con mayor presencia en el programa diseñado, Giulio Cesare in Egitto.


Arrancó después una entusiasmada interpretación del quinto de los conciertos grosso agrupados bajo el opus 6 del catálogo del compositor, dechado de energía y fuerza dramática en la que tanto brillaron los furiosos pero siempre matizados allegri, como el centelleante presto que precedió a un largo resuelto con altas dosis de lirismo y sentimiento, hasta el elegante minueto final que dio paso a la primera de las intervenciones de la mezzo navarra Maite Beaumont.

Familiarizada con el público sevillano, ante el que ha actuado en una versión de concierto de Rinaldo junto a Harry Bicket y The English Concert y en la Alcina que pudimos ver y oír en el Maestranza la pasada temporada, esta vez con la Orquesta Barroca de Sevilla en el foso, Beaumont demostró una vez más por qué su voz resulta ideal para abordar este atractivo repertorio. Cálida y comprometida, triunfó en Cara speme, dando voz al atormentado Sesto con el solo acompañamiento de Mercedes Ruiz al violonchelo y Alejandro Casal al clave, tan precisos y llenos de encanto como suele ser habitual. Sin salirse del personaje, lució en su siguiente intervención, L’angue offeso, generosas agilidades y dominio absoluto de la expresividad y la coloratura, brillando también por la naturalidad de su emisión y la flexibilidad en los frecuentes cambios de registro.


Lástima que en Pena tiranna, ese emotivo lamento de Dardano, amante frustrado en Amadigi di Gaula, sus aptitudes y la belleza de su timbre quedaran soslayadas por la intervención en primera línea del oboísta Pedro Castro y el fagotista Eyal Streett, no porque sus participaciones deslucieran, destacando el control de la respiración del segundo en su intervención obligado, sino porque faltó un mejor ensamblaje de las voces, a lo que se unió esa misma falta por parte de la cuerda dirigida por el especialista Stefano Barneschi, también ampliamente familiarizado con el conjunto sevillano. De esta forma, sonó algo caótico, sin la cohesión necesaria. Mucho mejor el famoso Dopo notte de Ariodante, donde Baumont volvió a desplegar amplias facultades para las agilidades y el bel canto, al igual que en la propina, que nos devolvió al Ruggiero con el que participó en la Alcina maestrante del año pasado, logrando un Mi lusinga il dolce affetto en el que destacó su capacidad para expresar afecto y compasión.

La participación de la orquesta, además de arropar con candor y lucidez a la mezzo, se completó con dos movimientos de la Sonata para violín Op. 1 no. 6 en la que Barneschi lució sus habilidades también en el fraseo y el ritmo, además de evidenciar un sonido aterciopelado y homogéneo. También sonó la Obertura de Giulio Cesare y otro Concerto grosso, el no. 7 del mismo cuerpo, con exactas aptitudes y capacidad inventiva.

Fotos: Luis Ollero

sábado, 22 de marzo de 2025

FEMÁS ARRANCA CON LOS VIRTUOSOS DE BACH

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Midori Seiler, violín y dirección. Programa: Suite en Re mayor de Johann Georg Linike; Concierto para violín de Joseph Spiess; Concerto à 4 en La mayor de Georg Philipp Telemann; Concierto de Brandeburgo nº 3 en Sol mayor BWV 1048, Concierto para violín en la menor BWV 1041 y Concierto para tres violines BWV 1064R de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, viernes 21 de marzo de 2025


Hace bien Fahmi Alqhai en encomendarle a la Barroca de Sevilla el concierto de inauguración del Festival de Música Antigua de Sevilla, que ayer empezó su andadura en una sala tan ligada a este certamen hispalense como es el Espacio Turina. No en vano se trata de nuestro mayor emblema musical en lo que a interpretación de la música barroca y clásica con criterios e instrumentos con rigor histórico se trata, y acaban de aterrizar de otro triunfal concierto fuera de nuestras fronteras andaluzas, esta vez en Mallorca, donde deleitaron al público con su vitalista visión de Las cuatro estaciones de Vivaldi.

Coincidía este concierto de inauguración con el trescientos cuarenta aniversario del nacimiento del genio de Eisenach, y Midori Seiler venía con la lección muy aprendida. Tres de los conciertos ofrecidos anoche, uno de ellos de Bach y los otros de autores estrechamente relacionados con él, los grabó hace un par de años junto a Köthens BachCollektiv, repasando en un registro de título Bach’s Virtuosos su paso por la corte del príncipe Leopold en Cöthen.

La violinista alemana de origen japonés ya participó en algunas ediciones anteriores del Femás, y junto a la Barroca nos dejó hace un año un algo accidentado concierto en el que compartió honores con Rafael Ruibérriz, que precisamente le toma hoy el relevo en la matinal que dedica también a Bach y su compadre Telemann en San Luis de los Franceses.

Aunque la edición de este año está dedicada fundamentalmente a Palestrina, cuando se cumple medio milenio de su nacimiento, vuelve a ser Bach el verdadero protagonista, y así quedó claro en este primer concierto, que se inició con una hermosa suite de Johann Georg Linike, virtuoso violinista y compañero de Bach durante su estancia en Cöthen. Un arranque fulguroso no impidió apreciar las líneas melódicas y las ricas inflexiones de la obertura de una Suite en Re mayor en las que el violín de Seiler se mezcló con el resto de instrumentos con total naturalidad, y en la que sobresalieron sus dos melancólicas arias, especialmente la segunda, donde destacó el sonido sordo y perfectamente articulado del clave de Alejandro Casal.

Pero siguió un Concierto para violín de Joseph Spiess, compañero del homenajeado en la orquesta de Cöthen, que evidenció el sonido áspero e  insuficientemente limado de Seiler, incluida alguna nota desafinada y estridente ante la que poco pudo hacer un conjunto en el que de nuevo destacó el poderoso continuo de la orquesta, reforzado con el violonchelo de José Manuel Ramírez.

Después, un gozoso Concierto de Brandeburgo nº 3 rico en fantasía y espectacularidad, con las voces sucediéndose en ricas escalas, creando una vertiginosa sensación de aliteración acústica en la que el trabajo enérgico de los violonchelos, Ruiz, Ramírez y uno más a cargo de Javier López Escalona, sobresalió de forma tan ágil como gozosa. El clave de Casal protagonizó un sensacional adagio repleto de elegantes improvisaciones y buen gusto.


Sin embargo, la monotonía se adueñó de una segunda parte en la que apenas atisbamos razones para dejarnos seducir por la música del genio alemán, con un Concierto para violín BWV 1041 resuelto sin apenas imaginación y ese sonido áspero y sin relieve apuntado en la solista.

Para entonces, la pieza de Telemann, un concierto interpretado con corrección y escaso sentido de la acentuación, poco añadió a una velada que culminó con la particular restauración de la propia violinista del Concierto para tres violines en Re mayor BWV 1064R, a partir de la más popular versión para teclados. Entonces, el débil sonido de Seiler quedó expuesto junto al más brioso y sedoso de Ignacio Ramal y Miguel Romero, sin despreciar la habilidad técnica y el magisterio en la articulación que mostró en todo momento la violinista de origen nipón.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 22 de febrero de 2025

BACH, RECONSTRUIDO Y VENERADO

Temporada 2025/2025 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Pedro Castro, oboe; Ignacio Ramal y Fumiko Morie, violines; José Manuel Navarro, viola; Mercedes Ruiz, violonchelo; Ventura Rico, contrabajo; Alejandro Casal, clave; Mayumi Hirasaki, violín y dirección. Programa: Suites orquestales no. 3 en Re mayor BWV 1068 y nº 2 en la menor BWV 1067a; Conciertos para oboe d’amore en La mayor BWV 1055R, para violín en Mi mayor BWV 1042, y para violín y oboe en do menor BWV 1060R; Sinfonía de la cantata Ich hätte viel Bekümmernis BWV 21. Espacio Turina, viernes 21 de febrero de 2025


Imposible resistirse al hermoso programa que ofrecía la Barroca de Sevilla en este concierto dedicado íntegramente a Bach. Algunas de las piezas seleccionadas forman parte de nuestra memoria desde la infancia y primera juventud, como ese Badinerie que ilustraba los títulos de cabecera de Parlamento, un programa divulgativo que Televisión Española emitía justo antes del telediario de los sábados al mediodía, o el adagio del concierto para dos claves que sonaba mientras Barry Lyndon se pavoneaba entre las clases altas en la película homónima de Stanley Kubrick. Y qué decir del Air de la Suite nº 3, tantas veces escuchado, hasta en versión jazz, en publicidad, películas y toda clase de manifestaciones artísticas.

Un todo Bach en el que lució especialmente el oboe de Pedro Castro, tantas veces invitado de la orquesta y que en esta ocasión deparó si cabe una de sus actuaciones más sensacionales e impecables junto a la misma. Una orquesta que se presentaba ciertamente en formación muy reducida, apenas cuerda y bajo continuo, con una voz por parte y tan sólo dos violines, además del de Mayumi Hirasaki, que se encargó también de la dirección. La artista japonesa saldó así su deuda con la Barroca, tras aquella indisposición que le impidió estar en el mismo Espacio Turina en abril de 2021, lo que provocó que le sustituyera a última hora Lina Tur Bonet. Ahora, Hirasaki ha dejado su impronta extrayendo de los escasos recursos convocados un sonido más terso y unos ataques más limados, a pesar de lo cual se evidenció cierta falta de cuerpo y relieve en el conjunto.


Aún así resultó un concierto muy disfrutable, en el que pudimos advertir el vértigo con el que se resolvieron las fugas de las oberturas de las dos suites orquestales programadas, si bien al air mencionado sonó raquítico y mortecino, en parte por el modelo que cada uno y una atesora en su subconsciente, y que a menudo viene asociado a esas añoradas interpretaciones en orquestas románticas y con instrumentos modernos que echamos de menos como sana alternativa a estas versiones historicistas que hoy se imponen. El resto deambuló entre lo vigoroso y lo excepcional, como la gavota de la suite nº 3 y el rondó de la 2, ciertamente menos aristados de lo habitual y con ataques menos contundentes.

Al margen de ese raquitismo denunciado en la famosa pieza de la Suite nº 3, Hirasaki se mostró ágil y entonada en el resto del programa, con intervenciones depuradas en lo técnico y lo expresivo en el Concierto BWV 1042, siempre arropada por un bajo continuo como siempre extraordinario, en el que destacaron las agilidades y ornamentaciones de Casal al clave. Las obras nos llegaron convenientemente reconstruidas, siguiendo criterios musicológicos, y adaptadas al conjunto convocado, por lo que seguro que muchos y muchas echaron de menos algunos instrumentos en la interpretación de las piezas.

Con un fraseo impecable y un exquisito gusto al modular, Pedro Castro logró una de sus intervenciones más sobresalientes junto a la Barroca, logrando momentos de muchos quilates y gran dulzura en el larghetto del Concierto BWV 1055, la Sinfonía de la Cantata BWV 21, y sobre todo el Concierto BWV 1060R, paladeado hasta el infinitito, tras el que Hirasaki y él recibieron una merecida ovación extensible al resto de los intérpretes convocados, destacando como siempre la sintonía y la complicidad con la que, desde siempre, han resuelto sus propuestas.

Fotos: Luis Ollero

domingo, 22 de diciembre de 2024

BACH, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

Concierto de Navidad del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Manon Chauvin, soprano; Víctor Cruz, barítono; Alfonso Sebastián, clave y dirección. Programa: Cantata BWV 57 y selección de arias, dúos y sinfonías de las cantatas BWV 156, 10, 169, 30, 140, 75, 100, 49, 149 y 192. Espacio Turina, sábado 21 de diciembre de 2024


Resulta relevante que el Concierto de Navidad de la Barroca de Sevilla de este año haya sido patrocinado por el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla, por lo que supone de apertura a otras manifestaciones culturales, aunque como ésta tengan también un contenido eminentemente religioso. O no, porque la música de Bach, incluidos sus oratorios y cantatas, trascienden lo puramente litúrgico o religioso para enmarcarse dentro de un campo más amplio consagrado a la espiritualidad.

Y en ese contexto pudimos disfrutar la noche del sábado de la exquisita propuesta de nuestro buque insignia de la música interpretada con criterios historicistas, una serie de números sueltos de cantatas dedicadas a exaltar la figura de Cristo y su misión como representante de Dios en la Tierra, compuestas por el genio de Leipzig no necesariamente para la época que celebramos, aunque con hincapié en ésta, especialmente en relación al Adviento y la Epifanía.

Pero es estrictamente la música lo que nos importa, más que su significado religioso, por mucho que en los textos se reproduzcan los diálogos que hacen interactuar nuestra alma con lo trascendental o puramente espiritual, y que esto se refleje igualmente en la línea melódica y la estructura musical de cada pieza.

Una cantata con sus más y sus menos

El programa se inició con la Cantata Selig ist der Mann (Bienaventurado sea el hombre), la única interpretada en su integridad, y que arrancó con el bajo barítono Víctor Cruz, buen conocido de la afición sevillana, desplegando su voz rotunda y tan bien entonada como modulada sobre una base de cuerda aún destemplada y algo titubeante, lo que provocó algún que otro molesto desencuentro entre graves y agudos.


Un inconveniente que se mantuvo con la primera aparición de la soprano francesa Manon Chauvin, muy acostumbrada a colaborar con conjuntos españoles, pero quizás la primera vez que lo hace con la Barroca de Sevilla. Su voz cálida y transparente no defraudó, con una emisión natural alejada de cualquier tipo de afectación, y un fraseo flexible y maleable ideal para transmitir el carácter espiritual de cada pieza.

La aportación de Alfonso Sebastián al frente del conjunto mejoró a partir de la chispeante segunda aria del barítono, Ja, ja, ich kann die Freunde schlagen. Ya se sabe que nuestra orquesta se crece en los pasajes más agitados. Y en el segundo aria de soprano brilló el solo de violín de Ignacio Ramal, mientras voz y orquesta alcanzaron una compenetración mágica.

Decálogo de alimentos espirituales

El resto de la propuesta consistió en una selección de diez números de otras tantas cantatas, empezando por un hermoso solo de oboe de Jacobo Díaz, si bien algún traspiés observamos, recreando la famosa melodía (coincide con el largo del Concierto para clave BWV 1056) de la sinfonía de la cantata Con un pie en la tumba, al que siguió una enérgica aria de soprano de Mi alma glorifica al Señor, con Chauvin exhibiendo fuerza expresiva y la orquesta acompañando con vehemencia y perseverancia.

Alejandro Casal se lució al órgano en la sinfonía de la cantata Sólo a Dios encomiendo mi corazón, pura majestuosidad que precedió al aria Gelobet sei Gott de la cantata Alégrate, congregación redimida, que Cruz defendió con considerables agilidades.

Después, ambos se embarcaron en Mein Freund ist mein, uno de los maravillosos dúos que jalonaron el concierto, con sus voces complementándose de forma admirable para exhibir esa dualidad entre lo terrenal y lo celestial que sólo Johann Sebastian Bach era capaz de captar en su esplendorosa e inigualable música.


El último bloque se desarrolló por idénticos caminos, con la orquesta luciendo espléndida en Los pobres comerán hasta saciarse y Yo voy y te busco con anhelo, donde de nuevo lució Casal en su imbricado órgano. Por su parte, Cruz exhibió autoridad en Was Gott tut, das ist wohlgetan (Lo que Dios hace, bien hecho está), antes de la recta final protagonizada de nuevo por la voz cálida y angelical de Chauvin en Gottes Engel weichen nie de la cantata Se canta con alegría la victoria.

Y como colofón, el precioso dúo Der ewige reiche Gott de Demos gracias a Dios, con ambas voces luciendo esplendorosas con el acompañamiento siempre ferviente, moderadamente apasionado y muy disciplinado de Alfonso Sebastián, que se defendió con dignidad tanto al clave como a la dirección de una eficiente orquesta que nos deleita desde hace ya treinta años.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 2 de mayo de 2024

LA BARROCA AÑADE OTRA ESTRELLA A SU NÓMINA DE COLABORACIONES

Temporada 2023/2024 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Theótime Langlois de Swarte, violín y dirección. Programa: Selección de Les Nations (Premier Ordre “La Françoise” y Deuxième Ordre “L’Espagnole”) de François Couperin; Sonate a violon seul avec la base continue No. 6 en sol menor, de François Francoeur; Concertos Op. 7 no. 5 en la menor y Op. 10 no. 3 en Re mayor, de Jean-Marie Leclair. Espacio Turina, miércoles 1 de mayo de 2024


Sabíamos de primera mano que la Barroca tenía mucha ilusión y esperanza puesta en este concierto comandado por el joven violinista francés Theótime Langlois de Swarte, y no es de extrañar pues se trata de un genio en toda regla, un virtuoso del instrumento que sin haber cumplido todavía los treinta años ya ha cautivado a audiencias de todo el planeta con su técnica impecable y su acertada percepción de los acentos, los sentimientos y las intenciones que describen 
cada uno de los programas que acomete con una pasión y una precisión encomiables. La Barroca añade así una nueva estrella a su ya abultada nómina de grandes nombres de la interpretación historicista que han colaborado al menos en una ocasión con ellos. Y como en todo lo que se aborda siempre hay un componente de colaboración y retro alimentación, los y las músicos de la formación aprenden, se contagian y mejoran sus aptitudes alcanzando interpretaciones tan sublimes como las que anoche pudimos disfrutar en un Turina que ofrecía un lleno casi y saludablemente absoluto.

La estructura simétrica del programa fue otro de los encantos de la cita, junto al contraste ofrecido entre los dos grandes autores en liza, el muy afrancesado, delicado y caprichoso Couperin frente al más furioso y vehemente Leclair, deudor del estilo italiano que tanto admiraba. Contraste todavía más acentuado con el interludio de François Francoeur, de quien Langlois de Swarte confesó ser un ferviente admirador, especialmente por el carácter triste y melancólico de sus partituras, algo así como un romántico antes del Romanticismo. Con su Sonata para violín nª 6, el joven virtuoso alcanzó cotas de profunda expresividad teñida de una férrea complicidad con sus compañeros Mercedes Ruiz al violonchelo y Alejandro Casal al clave. Entre los tres lograron una interpretación ejemplar de tan sentida página, con acentos muy marcados y silencios muy elocuentes, dando preferencia al sentimiento y al sonido limpio y aterciopelado de sus instrumentos.


Antes, la selección de La Françoise, primer orden de Les Nations de Couperin, permitió al conjunto integrado por cuerda, maderas y bajo continuo en el que se integró el joven instrumentista, exhibir ritmo y musicalidad a la vez que templanza y delicadeza, a pesar de atisbar en el arranque cierta imprecisión y descoordinación, una constante que venimos observando en la orquesta desde hace algunas entregas, y que afortunadamente resuelven a los pocos minutos de dar comienzo el respectivo concierto. Ya sin ese pequeño inconveniente inicial, L’Espagnole, segundo orden de tan magnífica obra, sirvió para constatar el excelente estado que ofrece el conjunto, patente en una sarabanda de evidente sensualidad y regocijo. La influencia italiana de Leclair, especialmente de Locatelli, se dejó sentir en la fogosidad y el exacerbado sentido del ritmo que Langlois de Swarte y el resto, ahora sin las maderas que tan bien defendieron Ruibérriz y Díaz, imprimieron a las partituras. El virtuosismo sin límites que exhibe el joven francés se dejó ver especialmente en el allegro final del Concierto nº 7 de Leclair, con arpegios diabólicos que obligaron a sus acompañantes a demostrar por qué son tan buenos y capaces de ejercer igualmente como solistas.

Después del endiablado entramado del francés, sólo cabía ofrecer como propina una de las páginas más tempestuosas de Vivaldi, su impettuoso d’estate. El entusiasmo del público obligó a ofrecer otras dos propinas, ya más relajado, el largo de la versión para violín del Concierto para clave BWV 1056 de Bach, y de nuevo haciendo gala de buen ritmo, Las indias galantes de Rameau. Fue un impagable placer descubrir a este talento indiscutible del violín, capaz de extraer de él innumerables filigranas sin sacrificar expresividad ni sentimiento y manteniendo en todo momento un sonido envolvente y homogéneo, del que únicamente fuimos capaces de apreciar alguna distorsión y pequeña salida de tono en el verano vivaldiano.

Fotos: Luis Ollero