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sábado, 24 de mayo de 2025

LA OPORTUNIDAD DE UN FESTIVAL DE ÓPERA EN SEVILLA


No cabe duda de que tratándose de la ciudad en la que se han inspirado, directa o indirectamente, más de ciento cincuenta óperas, Sevilla merece un Festival de Ópera. Sin embargo varias son las razones que nos hacen recelar del recién presentado proyecto, justo ayer en uno de los espacios que lo albergarán, la Fábrica de Artillería de la avenida Eduardo Dato, poco a poco, muy tímidamente y después de varios años de reforma, abriéndose al público sevillano.

Toda propuesta cultural que se presente merecerá sin duda nuestro aplauso. Sólo el arte y la cultura pueden generar esperanza de amor y estrechamiento de lazos entre los pueblos. Al contrario que el dinero, la ambición y el poder, que sólo genera miseria y dolor. También cuando esto último, a través de una política podrida y miserable, invade la noble causa de la cultura, como hemos comprobado recientemente. Hace tiempo que el catedrático de repertorio vocal del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, Francisco Soriano, viene realizando en la ciudad una impagable labor de agitación musical que le ha llevado a recuperar repertorio de los García, fundamentalmente de Pauline Viardot, y recrear esas soirées musicales decimonónicas con sus conciertos de canto y piano en el Real Círculo de Labradores. Aunque sólo fuera por eso, no podemos sino desear con todo nuestro cariño y sinceridad, mucha suerte y ánimo en esta nueva aventura a la que, a pesar de las consideraciones que a continuación desgranaremos, auguramos el éxito que merece.

Sin embargo, a tenor de la programación ayer presentada, encontramos más de una consideración que hacerle, a la vez que lamentamos que no se haya todavía aprovechado la oportunidad de lucir el emblema de Sevilla, Ciudad de Ópera, para lograr que programaciones a menudo despreciadas como la del Maestranza o la Sinfónica, llegaran a mejor puerto. Ni nuestro coliseo ni la orquesta se han molestado lo suficiente en generar reclamo turístico y cultural para la ciudad, logrando así que melómanos de otros países llenen los huecos tan frecuentes que observamos en los aforos del Maestranza o el Espacio Turina, nuestros dos principales escenarios musicales.

Igual que nosotros aprovechamos la ocasión cuando viajamos de asistir a óperas y conciertos, debe haber mucho público extranjero interesado en aprovechar en Sevilla su oferta, para lo que los agentes culturales deberían haber trabajado hace ya mucho tiempo, generando vías de comunicación y márketing que logre sintonizar con ese público en potencia. Sólo entonces, una vez cosechado público de fuera interesado en nuestras propuestas, lo que a su vez generaría una mejora considerable de esas mismas propuestas, sería aconsejable crear un festival como el que ahora se ha presentado.

Si la Sinfónica, como algunas voces autorizadas de la ciudad reclaman, tuviera su propio auditorio, y afortunadamente Sevilla es generosa en esa estrategia, el Maestranza podría, como hacen otros teatros europeos, alternar su temporada de estrenos con otra de repertorio con músicos y voces locales y producciones almacenadas, ofreciendo para turistas esos títulos emblemáticos de la ciudad, desde El barbero de Sevilla a Carmen pasando por Las bodas de Fígaro, Fidelio, La favorita o Don Giovanni, de la misma forma que se les invita a tablaos y otros espectáculos flamencos.

Pero además, este festival se presenta en formato transversal, por cuanto aprovecha la programación previamente diseñada por espacios y conjuntos de la ciudad, como el propio Maestranza, el Turina o Zahir Ensemble, para incluirlos en su propia agenda, lo que no suma a la oferta musical de la ciudad, y parece seguir siendo un reclamo sólo para público local. Así, Don Giovanni de Mozart en el Maestranza, Don Juan no existe de Helena Cánovas en Artillería pero dentro de la programación del Maestranza, los recitales de Franco Fagioli en el mismo teatro o de Vivica Genaux en el Turina, así como la presentación en primicia en la ciudad de la ópera-ballet de Philip Glass Les enfants terribles, a cargo de Juan García y Zahir Ensemble, parecen citas pre-programadas, por mucho que el propio festival se erija en productor de este último.

Entre el resto destacan dos óperas de Manuel García, conmemorando así el doscientos cincuenta aniversario de su nacimiento. Una en formato convencional, Il Califfo di Bagdad, con la ROSS dirigida por Alessandro d'Agostini, y las voces de Leonor Bonilla, Juan de Dios Mateos y Alicia Naranjo, si bien su ubicación en el Patio de la Montería del Alcázar hace dudar de la grandeza de esta producción del propio festival. La otra, la ópera de cámara Quien porfía mucho alcanza, con representación tres días consecutivos en distintos espacios, el Palacio de Dueñas, la Casa Salinas y el Hospital de la Caridad. Otras propuestas son una selección de Carmen en clave de jazz por el quinteto del sevillano Daahoud Salim, la ópera de Monteverdi Il combattimento di Tancredi e Clorinda en Artillería, a cargo de la Barroca de Sevilla y la producción del Festival de Peralada, y el espectáculo de Accademia del Piacere en torno a la música teatral española e italiana del seicento, con las voces de Juan Sancho y Lucía Martín-Cantón, que dan buena muestra del carácter eminentemente local de la propuesta, dando cabida a muchos de los agentes musicales de la ciudad, como si el todo se hubiera diseñado para ellos y ellas.

Por otro lado, el festival recupera Es lo contrario, la ópera a ciegas de César Camarero que pudimos "ver" en el Maestranza hace justo cuatro años, a cargo de nuevo de Zahir Ensemble, ahora en Artillería. Un recital con la mezzo Carol García, la soprano Elena Sancho Pereg y la pianista Teodora Oprisor, ofrecerá un recorrido por las conexiones hispano-francesas en torno a Carmen en el Espacio Turina, y otro de Nerea Berraondo, la mezzosoprano navarra que tan buena impresión nos causó con Socrate de Satie en el último concierto de la Conjunta, y Anna Malek al piano, que ya ofrecieron un aperitivo en forma de Habanera de Carmen en el acto de presentación de la programación y el cartel de la artista jerezana Ana Barriga, en el que desgranarán música centroeuropea y eslava de inspiración española en la era de Carmen, en el salón de Tapices del Alcázar, completan una oferta que dista considerablemente de lo que entenderíamos por un festival de ópera en la ciudad que tantas inspiró, si bien podría asegurar la presencia cada temporada de una del insigne conjunto de grandes.

sábado, 8 de febrero de 2025

SUOR ANGELICA: DESCUBRIENDO TALENTOS

Ópera de Giacomo Puccini, con libreto de Giovacchino Forzano; versión reducida de Héctor Panizza. Juan García Rodríguez, dirección musical. Davide Garattini Raimondi, dirección escénica. Adolfo Carmona, iluminación. Zahir Ensemble. Con Carmen Buendía, Laura Orueta, Inés López, Paula Ramírez, Alexandra Zamfira, Yue He, Alicia Naranjo, Kenia Murton y Lilia Kiiashko. Producción de Sevilla, Ciudad de Ópera. Francisco Soriano, comisario y director artístico. Real Fábrica de Artillería, viernes 7 de febrero de 2025


Esta representación de la segunda de las tres óperas que conforman Il Trittico de Puccini, cuya tercera, Gianni Schicchi, se podrá disfrutar en Les Arts de Valencia en un par de meses, y con las que el compositor pretendía reflejar los tres estados de la Divina Comedia, el infierno, el purgatorio y el paraíso, supone la primera piedra de otro proyecto ambicioso para la ciudad, que esperemos no caiga en la desidia que ha malogrado tantas otras iniciativas de similar calado. Ser una de las ciudades en las que más óperas se han ambientado, si no la que más, está sin duda en la génesis de este ambicioso proyecto que vuelve a reunir a dos infatigables amigos, Francisco Soriano como comisario y director artístico, y Juan García Rodríguez como director musical, al menos en este título que se repite hoy y mañana sin respetar el habitual descanso que merecen las voces protagonistas.

Sevilla, Ciudad de Ópera inicia así su andadura con buena factura y considerable talento, que es al fin y al cabo lo que se pretende, descubrir y lanzar carreras emergentes que merecen una proyección adecuada a sus posibilidades. Hay que confirmar que se ha dado en el clavo, reuniendo sobre el escenario un puñado de buenas voces, algunas incluso excelentes, que dan cuerpo y relieve a esta ópera breve, que no de cámara, salvo que se aborde desde la versión reducida del argentino Héctor Panizza, lo que posibilitó que de la parte instrumental se hiciera cargo el reputado conjunto hispalense Zahir Ensemble, con una escueta cantidad de músicos cuyo número no pudimos constatar desde la inadecuada ubicación que nos ofreció la organización, lejos de otros compañeros de profesión que sí disfrutaron de la posición privilegiada que se suele reservar a quienes debemos hacernos eco de los resultados.


Menos mal que no me encargaron hacer la crítica para El Correo de Andalucía, particular que desconocía la organización del evento. Me hubiera resultado difícil hacerme eco de todos los aspectos de la obra, especialmente los estrictamente escénicos, desde la desafortunada posición que ocupamos, muy al extremo de una sala que ofrece una acústica estupenda pero cuya anchura hace que las alas extremas de butacas queden muy alejadas del escenario centralizado. Una tarima demasiado baja tampoco ayudó al disfrute global de tanto esfuerzo y talento. Nada que reprochar a la excelente acústica, ya apuntada, del recinto, una remodelada Fábrica de Artillería, empeño de la anterior corporación que poco a poco va acogiendo contenidos. Sólo el prólogo se representó en el margen derecho, sentando los antecedentes de la desgracia de la protagonista, y de paso haciendo spoiler, al son de Crisantemi, una de las piezas estrictamente orquestales más célebres del compositor, ajena a esta ópera pero tan adecuada en su gramártica y sentimiento como para añadirla como acertada obertura. Muchos descubrimos esta preciosa pieza en los arreglos que para El honor de los Prizzi hizo Alex North.

La música de Puccini se caracteriza en lo instrumental por una voluptuosidad y una carga dramática excelsa que en manos de una formación reducida, por muy excelentes que sean sus prestaciones, no alcanza a reproducir. Hay que recordar que Suor Angelica no es una ópera de cámara, sino una ópera breve que cuenta con todas las exigencias de una ópera convencional, desde orquesta sinfónica a escenografía al uso. Garattini Raimondi se limitó a aprovechar la belleza de las instalaciones permanentes del lugar, tan afines a las paredes de un convento, para desde una estupenda iluminación y un movimiento escénico que no llegamos a atisbar en su totalidad desde la posición asignada, recrear esta desventura de una de tantas monjas recluidas en el convento para ocultar las miserias de la clase burguesa y aristócrata. Tiene gracia que en apenas una semana nos hayamos acercado a las dos óperas más célebres ambientadas en un convento, Diálogo de carmelitas en Valencia, y ahora Suor Angelica aquí, con el cómico añadido de que casualmente en el avión que me llevó a la ciudad del Turia, por primera vez en mi vida me sentaran junto a dos monjas que acudían a ayudar en la zona devastada por la dana, y mientras escuchaba la música de Poulenc en mis auriculares.


Pero si de la parte escénica no pudimos hacernos una idea completa, sí al menos de la musical, apuntada ya en el excelente trabajo de García Rodríguez, a quien tanto admiramos como artífice de proyectos tan estimulantes como el propio Zahir Ensemble o nuestra querida Sinfónica Conjunta. Tratándose además de una partitura tan alejada del repertorio que suele abordar esta veterana formación, más mérito tiene. García Rodríguez logró insuflar con su energía habitual de vuelo lírico y sensualidad su particular versión de la partitura, mientras el buen elenco de voces redondeó una velada que en lo musical se benefició de la nítida y brillante acústica del lugar.

En el apartado vocal, jóvenes cantantes, a algunas de las cuales ya hemos tenido ocasión de disfrutar en anteriores ocasiones, sea a través del concurso Nuevas Voces organizado por la Asociación de Amigos de la Ópera, que también participa en este proyecto lírico, o de la Compañía Sevillana de Zarzuela que tan gratas sorpresas nos ha brindado. Así, Carmen Buendía hizo gala de una voz potente, magníficamente proyectada, timbre agradable y ajustada entonación, si bien echamos en falta una actuación en lo expresivo más depurada y definida, alejada de excesos y aspavientos. A su interpretación del bellísimo Senza Mamma le faltó almo más de esa emoción y sentimiento extremo que tanto rédito dio a Maria Callas, cuando precisamente se estrena en nuestras pantallas el particular homenaje que le rinde el director chileno Pablo Larraín. Algo parecido le sucedió a Laura Orueta, cuyo personaje de tía princesa requiere un mayor grado de perversidad del que fue capaz de insuflarle la mezzo, si bien en lo vocal aportó una voz con el cuerpo y al densidad justas, como también hizo Inés López como la abadesa, que sí supo combinar adecuadamente lo expresivo con lo canoro, gracias a una voz potente, gruesa y bien timbrada. Sin duda, como el resto de sus compañeras, preparadas para protagonizar una buena carrera en los teatros más reputados del mundo. Hay que recordar que Suor Angelica no es una ópera fácil ni en lo vocal ni en lo expresivo, por lo que esta producción, problemas de ubicación aparte, merece un gran respeto.

Fotos: Salvador Gil

miércoles, 2 de noviembre de 2022

RAPHAËL CENDO Y SAN JUAN DE LOS INFIERNOS

XIII Festival Zahir Ensemble de Música Contemporánea. Tobías Schlierf, bajo. Antonio Torres, contrabajo. Aldo Mata, violonchelo. Carlo Prampolini, piano. Juan García Rodríguez, dirección musical. Thierry Bruehl, iluminación y puesta en escena. Max Bruckert, ingeniero de sonido. Alfonso Rubio, electrónica. Programa: Louange à l’Eternité de Jésus del Quatuor pour la fin du temps, de Olivier Messiaen; Introduction aux Ténèbres, de Raphaël Cendo. Espacio Turina, martes 1 de noviembre de 2022


Zahir Ensemble
aprovechó el crepúsculo del Día de Todos los Santos, con el de los Difuntos a la vuelta de la esquina, para inaugurar la décimo tercera edición de su Festival de Música Contemporánea, con un hito ya en su trayectoria, el estreno en nuestro país de Introducción a las tinieblas de Raphaël Cendo, una página tan emblemática tanto para este primer cuarto de siglo XXI como para estas señaladas fechas en las que la idea del infierno se adueña de nuevo de nosotros. El fin del mundo está siempre presente en nuestro horizonte, jaleado frecuentemente por continuas amenazas que afectan al orden político y social mundial, y ahora también como insoportable novedad al medio ambiente. Las guerras y la inconsciencia de la humanidad hacen resurgir este temor al final de nuestra civilización que anunciaba Olivier Messiaen en su sobrecogedor Cuarteto para el fin de los tiempos, y que sirve de eficaz dramaturgia a esta Introducción a las tinieblas, centro neurálgico de tan excepcional concierto y paradigma de la música saturada que instauraron en la primera década del siglo Raphaël Cendo y Frank Bedrossian. Precisamente para esta extraordinaria ocasión se contó con la presencia en la sala Silvio del Espacio Turina de su autor, el tan controvertido como apreciado compositor francés Raphaël Cendo.

La acongojante melancolía que define el quinto de los ocho movimientos que integran el Cuarteto para el fin de los tiempos de Messiaen, y primera de las dos alabanzas que forman parte de su estructura, sirvió como prólogo adicional a tan estimulante estreno, como queriéndonos preparar a través del bálsamo y la honda reflexión para la devastación y profunda conmoción que habría de llegar después. Aldo Mata hizo llorar su violonchelo, siempre desde las líneas melódicas sostenidas, austeras y férreas que definen la página, y con el acompañamiento punzante de Carlo Prampolini al piano, que optó inteligentemente por hacer fluir las notas en lugar de martillearlas sistemáticamente como hacen otros. Concebida en plena Segunda Guerra Mundial durante su cautiverio en el campo de prisioneros de Görtlitz, donde el autor conoció a varios músicos con los que formó la plantilla ideal para ponerlo en marcha después ante una nutrida audiencia de desesperanzados prisioneros, la obra en su integridad exhibe la profunda fe religiosa que profesaba el celebrado compositor, y que en esta Alabanza a la eternidad de Jesús alcanza quizás su momento álgido con esa combinación de misticismo y conformismo que parece informar su estética y que los dos intérpretes supieron llevar al máximo nivel de su capacidad parta conmover.

Música surgida de la devastación

Después, el nutrido y ecléctico conjunto con el que se presentó Zahir Ensemble, apoyado en la deformante y manipuladora electrónica manejada con excelente sentido espectral por Alfonso Rubio, se enfrentó a la pieza de Cendo con resultados plenamente satisfactorios. La voz profunda y adecuadamente manipulada del bajo alemán Tobias Schlierf y la adicional, en diálogo a veces, en contraste otras, del contrabajista Antonio Torres, sobresalieron en el conjunto de maderas, metales, cuerda, piano y percusión que Juan García dirigió con su habitual mirada atenta y apabullante energía. La obra de Cendo, como la de Messiaen, se basa en los textos del Apocalipsis de San Juan, donde se describe la devastación que habrá de venir, el reino de los cielos que sustituirá nuestra civilización y el de los infiernos al que estamos condenados. El concepto de música saturada emergió especialmente en los interludios instrumentales, siempre desde el control absoluto del sonido y previa una conveniente preparación del espacio para evitar sonar estridente. A partir de ahí, y con todos los elementos especialmente comprometidos, la obra fluyó con naturalidad y perfecto sentido de la dramaturgia, envolviéndonos a la vez que provocándonos esa ansiedad que tan delicado y profético material pretende imbuir. El canto rugido en latín, los instrumentos explorando el máximo de sus posibilidades, manipulados y preparados, rasgados y deconstruidos, lograron ese efecto aterrador que parece hundir sus raíces en Ligeti y Bartók, y que tan buenos dividendos ha dado en el campo de la música cinematográfica cuando de ilustrar historias demoniacas se trata.

Raphaël Cendo en primer término, cruzando el corredor

Entre tanto entusiasmo habríamos de señalar dos aspectos negativos. Por un lado la puesta en escena de Thierry Bruehl, habitual colaborador de Zahir Ensemble en sus propuestas escénicas, que si bien acertó con una iluminación sencilla pero efectiva, resultó algo burdo en los rótulos proyectados, propios de un PowerPoint doméstico en colores rojos satánicos. Por otro lado, repetir la Alabanza a la eternidad de Jesús al final como epílogo añadido a la obra de Cendo, con el fin de tranquilizar nuestro ánimo tras tan apabullante manifestación de rabia y dolor, nos pareció superfluo e intrascendente. Preferimos salir de tan estimulante manifestación con el ánimo sobrecogido y alterado, con la rabia contenida y la fuerza para cambiar nuestro destino. Con un generoso aforo en pie, aplaudimos el esfuerzo y la iniciativa de programar eventos así, aún más si el resultado es tan sobresaliente.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 2 de diciembre de 2021

BIENVENIDA LA CREACIÓN VIVA

XII Festival Zahir Ensemble de Música Contemporánea. Sachika Ito, Aurora Galán y Bruna de Castro Paluzzi, sopranos; Alain Damas, tenor; Gregor Acuña-Pohl y Julio Figueredo, actores; Andrea Martínez, actriz; Juan García Rodríguez, dirección musical. Thierry Bruehl, dirección escénica e iluminación; Claudia Jung, vestuario y maquillaje. Programa: Gespensterhaus (Casa encantada), de Reinhard Febel; Ligeia, de Hüseyin Evirgen.
Espacio Turina, miércoles 1 de diciembre de 2021

Un momento de la representación de Ligeia

Hay varios motivos para celebrar con satisfacción un evento escénico musical como el que tuvo ayer tarde en el Espacio Turina. Por un lado que se estén realizando simultáneamente en la ciudad dos festivales de música contemporánea, el de Zahir Ensemble que nos ocupa y el de Taller Sonoro que encontró hace apenas un par de semanas su punto álgido con el concierto en torno a Hilda Paredes. Por otro, que esta expresión musical de nuestro tiempo vaya paulatinamente dejando de ser maldita y se vaya colando en el interés y la inquietud del público, que esta vez acudió a la cita de manera bastante generosa, de igual manera que lo hizo hace un par de años cuando se programaron en el Maestranza las primeras de estas óperas de bolsillo, también con Zahir Ensemble, la soprano Sachika Ito y el director de este proyecto de Klang21 en Salzburgo, Thierry Bruehl, colaborador habitual del conjunto sevillano. Y por último, que disfrutemos en este entorno de música de notable calidad, tan sugerente como cautivadora, con el aliciente de estar calentita, lo que podríamos considerar casi una creación en vivo, o mejor dicho una creación viva.

El diálogo con otras artes protagonizó este doble programa, a través de la pintura y la literatura, con el terror y lo inexplicable como nexo común. El cuadro de Edward Hopper Casa junto a la vía del tren, que inspiró a Hitchcock para la famosa mansión Bates de Psicosis, y que funciona como referente de esas casas abandonadas a las que muchos y muchas nos hemos aventurado cuando éramos infantes, sirve de pretexto para la pieza del veterano compositor alemán Reinhard Febel, donde unos amantes fantasmas influyen en el niño y la niña que visitan la casa para perpetuar comportamientos violentos y machistas. Música envolvente y desasosegadora, a fuerza de continuas escalas ascendentes y descendentes en la cuerda, modulaciones agitadas y viscerales y un espíritu general muy acorde a la música de terror cinematográfica, apoyada en disonancias y golpes de efecto turbadores, que Zahir Ensemble defendió con heroica profesionalidad, mientras en las voces Sachika Ito se impuso claramente a su pareja, un Alain Damas desangelado y de voz algo tirante, repitiendo ambos una y otra vez unas mismas y obsesivas líneas de texto. Los niños por su parte rebajaron naturalmente la calidad de la pieza a niveles de función de colegio, si bien destacamos la actitud un tanto bizarra del joven Julio Figueredo, que ya nos sorprendió en aquella cita en el Maestranza de diciembre de 2019.

Zahir Ensemble y el elenco completo de los dos títulos programados

La obra de Hüseyin Evirgen, que también participó en aquella cita maestrante, utiliza como base literaria un relato de Edgar Allan Poe en torno a la muerte de su amada Ligeia, mientras su espectro se pasea por el escenario con tres formas distintas pero siempre hermosas y elegantes, hasta que la aparición espectral se hace patente en el cadáver de la esposa del narrador, también muerta. A éste da vida Gregor Acuña, que demostró una vez más su compromiso con la música contemporánea y su poderoso talante como actor dramático y visceral, todo un derroche de esfuerzo emocional. Aquí el acompañamiento vocal se limitó a emisiones de sonidos breves y muy calculados, algunos levemente susurrados, pero fue la música la gran protagonista con su vocación minimalista y su estética de música tecno industrial apoyada únicamente en instrumentos convencionales, sin participación de la electrónica. Un excelente trabajo de percusión mantuvo su obsesiva línea rítmica, mientras unas elocuentes pausas en la música y la narración, a modo de variaciones sobre un mismo concepto, sin romper la unidad, el ritmo ni el interés de la propuesta, se erigieron en uno de los más imponentes alicientes de la obra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 21 de diciembre de 2020

EL RUIDO Y LA FURIA DE ZAHIR ENSEMBLE

XI Festival de Música Contemporánea Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, dirección musical. Thierry Bruehl, escena e iluminación. Víctor García Sierra, barítono y narrador. Alfonso Rubio, flauta. Antonio Duro, guitarra. Antonio Moreno, percusión. Programa: El Cimarrón. Biografía del esclavo fugado Esteban Montejo, de Hans Werner Henze. Espacio Turina, domingo 20 de diciembre de 2020


De África a Cuba, el mismo trayecto pero a la inversa que inspiró a Harvey Allen a escribir sobre las aventuras del joven empresario del ochocientos Anthony Adverse, lleva al desdichado Esteban Montejo a abandonar a la fuerza su tierra natal para convertirse primero en esclavo en la Cuba de los españoles, luego en guerrillero por la independencia del país, y más tarde en justiciero comunista frente al imperialismo norteamericano, solo con su machete como amigo íntimo y fiel. Así lo concibió Hans Magnus Henzensberger basándose en la biografía que el propio Montejo relató a Miguel Barnet. Son datos que revelan el interés que debió suscitar en Hans Werner Henze para dedicarle una obra escrita en el período en que residió en Cuba. Hombre de pensamiento radical, ideología marxista y condición homosexual, se sintió tan proscrito en su Alemania de origen que tuvo que residir en distintos lugares del mundo según se fuera sintiendo más cómodo y realizado. Su radicalismo ideológico le llevó a inventar artilugios como éste, tan enraizados en el momento de su gestación que hoy exhiben un discurso algo trasnochado y decididamente rancio. Teniendo en cuenta que al margen del esfuerzo que exige de sus intérpretes, es el discurso lo que finalmente trasciende de la función, la propuesta se nos antoja algo estéril aunque absolutamente admirable por el considerable trabajo y entusiasmo desplegado por los artistas encargados de ponerlo en escena. 

Contar con un director escénico tan reconocido en ambientes de vanguardia como el franco-alemán Thierry Bruehl debería considerarse un logro, si no fuera porque lo suyo se limita a un discreto trabajo de iluminación consistente en cambiar el tono y el color según el capítulo de la narración y a dirigir al único actor el liza, resuelto con el habitual temperamento y sentido del ritmo presupuesto a los artistas sudamericanos, en este caso el venezolano Víctor García Sierra, bajo y él mismo director de escena de cierto reconocimiento, que aquí sorprendió en 2016 con un L’elisir d’amore inspirado en Botero. Adaptándose a tesitura de barítono y con amplios juegos de inflexión de la voz, García Sierra realizó un trabajo de cierto calado emocional aunque supeditado a la escasa emotividad de un texto algo desfasado. La tortura a la que eran sometidos los esclavos desterrados a la fuerza de su ambiente, su comunión con la naturaleza cuando se fuga, incluyendo el bestialismo, el probado machismo en sus relaciones con las mujeres, algo muy acorde a la misoginia confesa de Henze, y su animadversión a la cultura yanqui, enmarcan el tono entre el exceso declamatorio y el temperamento desmedido, en cualquier caso muy entregado y haciendo gala, como el resto de sus compañeros, de un esfuerzo descomunal. 

García dirigió con aplomo y su enérgico énfasis habitual al conjunto integrado por profesionales de más que probada solvencia como Antonio Duro, desplegando a la guitarra las notas más étnicas de la pieza, que como casi todo en Henze combina atonalidad con corrientes más convencionales como la música popular o incluso el jazz. También destacó la intervención de Alfonso Rubio a las flautas, especialmente la baja, y la exótica melódica de sonoridad tan estimulante. Y Antonio Moreno exhibió fuerza y dinamismo en un trabajo decididamente atlético con los múltiples instrumentos de percusión, desde el xilófono a la marimba pasando por timbales, tambores, cajas, congas y gong entre otros. Sus compañeros participaron también en la percusión, tal como indica la partitura, logrando una coordinación y una precisión a la altura de los mejores intérpretes de una obra que en su estreno contó entre otros con el guitarrista Leo Brouwer. Una empresa por lo tanto muy meritoria por el esfuerzo y la dedicación que exige, menos interesante como composición musical así como poco relevante a estas alturas como panfleto ideológico, pero que aun así mereció el aplauso encendido y entregado de un público rendido a la excelencia de sus intérpretes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 22 de septiembre de 2020

BREVE ENCUENTRO CON ZAHIR ENSEMBLE

XI Festival de Música Contemporánea Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Traces, de Helena Trave; Transparences y Antibes, de Eneko Vadillo; Erlantz, de Ramón Lazkano. Patio del CICUS, lunes 21 de septiembre de 2020


Llevan ya quince años acercando la música de nuestro tiempo al público sevillano que los vio nacer, y desde entonces se han convertido en conjunto de referencia dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin ir más lejos el próximo sábado actúan en el Festival Ensems de Valencia. En el marco del enrarecimiento provocado por las medidas de distanciamiento y la atmósfera de tristeza que conllevan, pero con la excelente acústica del Patio del CICUS como telón de fondo, para este su primer concierto de una nueva edición de su propio festival de música contemporánea, aún por definir y con la incertidumbre provocada por la insólita situación, Juan García y los Zahir optaron por el título Misceláneas y por incluir en él obras de cuatro representativos nombres de última generación, unidos por una estética relativamente común y por el hecho de acercarse los cuatro a la cincuentena. Sin embargo problemas técnicos de última hora, relacionados con las proporciones que exige la instrumentación de una de las obras, finalmente cayó del programa la pieza del compositor francés Raphäel Cendo, Graphein, de 2014 para nueve músicos, en la que el espectralismo, una constante en este primer concierto del ciclo, se funde con el concepto de música saturada, caracterizada por el exceso de materia, energía, movimiento y timbre. Sin duda una oportunidad perdida para disfrutar de esta corriente extremadamente estimulante.

Quien salió beneficiado con este cambio fue el compositor malagueño Eneko Vadillo, un nombre cada vez más emergente dentro del panorama de la música española actual, y una figura inquieta también en el medio audiovisual, habiendo sido galardonado el año pasado con el Premio Jerry Goldsmith que concede el festival de música de cine de Úbeda, por su partitura para el documental Oscuro y Lucientes. Su música no es nueva en los auditorios sevillanos; ya la Sinfónica interpretó en 2006 Allure, ganadora del Premio Joaquín Turina ese mismo año, y Zahir Ensemble estrenó Antibes en su versión con electrónica añadida en mayo de 2015. En esta ocasión interpretaron su versión original de 2001 per solo flauto, que Alfonso Rubio defendió como un auténtico virtuoso, ciñéndose a sus numerosos arabescos y diversas florituras con fluidez y elegancia, por mucho que la pieza no deje de ser harto convencional e indudablemente fácil de escuchar para cualquier sensibilidad. La obra de Cendo fue sustituida por Transparences de Vadillo, ya transitada por el conjunto en el Teatro Central en mayo de 2012. En ella, dividida en tres partes, asistimos a una sucesión de encuentros y desencuentros entre los cuatro intérpretes, siguiendo las pautas de la música espectral, pero articulándose de forma bastante académica, bien construida pero fría en sus planteamientos expresivos.

Más interesante resultó Traces de la compositora estonia Helena Tulve, donde es posible apreciar influencias que van de la música espectral de la Escuela Francesa, con un estudio minucioso de la sonoridad y una valiosa investigación de las posibilidades tímbricas de los instrumentos, a la herencia cultural centroeuropea, con un uso imaginativo y muy elocuente de la percusión, destacando una copa musical frotada con arco. También con soluciones tan creativas como ésta se presentó Erlantz del francoespañol Ramón Lazkano, donde el arco frota los contornos de la campana del trombón, creando junto al resto de los ocho instrumentos un crisol de timbres y texturas intensamente hipnóticas y evocadoras, que sin las prestaciones de un conjunto tan disciplinado, versátil y experimentado como el Zahir Ensemble no hubiera sido posible. Lástima que esta sucesión de sensaciones durara apenas una hora, un breve encuentro con los sonidos del siglo XXI, cada vez más a nuestro alcance y nuestra sensibilidad, señal de que García y sus compañeros y compañeras están haciendo un excelente trabajo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 11 de diciembre de 2019

INNOVA ÓPERA, TALLER DE EMOCIONES

Ciclo de Creación de Ópera Contemporánea. Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, dirección musical. Thierry Bruehl, dirección escénica. Sachika Ito, Aurora Galán y Diana Larios, sopranos. David Lagares, barítono. Rémi Page, actor. Programa: Artefacts #2, de Sara Glojnaric; Lazos familiares, de Hüseyin; 9+1 “Una pareja = un muerto”, de Jean-Baptiste Marchand. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, miércoles 10 de diciembre de 2019


Una de las obligaciones irrenunciables de un teatro público es la educación de sus incondicionales y quienes estén por serlo. Ampliar públicos y ofrecerles programas cada vez más eclécticos tiene que estar entre sus prioridades. No olvidemos que no se trata de una empresa para producir ganancias, aunque esto también esté lógicamente entre sus objetivos, sino un espacio sufragado entre todos y todas para progresar en cultura y ampliar horizontes. Por eso celebramos esta nueva iniciativa del Teatro de la Maestranza a impulsos del siempre inquieto y estimulante Zahir Ensemble, de traer a Sevilla óperas breves enmarcadas en música contemporánea, creadas por jóvenes autores y autoras, de carreras incipientes aunque a veces bien asentadas. En esta aventura participa Klang21, una institución de apoyo a la música contemporánea y las artes escénicas, que tiene su sede en Salzburgo y al director escénico Thierry Bruehl como su principal mentor, partiendo del Taschenopernfestival al que se desplazó el director del Maestranza, Javier Menéndez, para supervisar las tres piezas que ayer tarde se interpretaron en la Sala Manuel García.
 
Una combinación de música, ni gritos ni ruidos, sino sonidos armónicamente articulados para provocar sensaciones, interpretación dramática y puesta en escena que aunque no responde al concepto que tradicionalmente tenemos acuñado de ópera, sí se ciñe a su definición más básica en cuanto a simbiosis entre música, drama y escena. Tres piezas cortas concebidas como talleres de composición integraron esta primera incursión de Innova Ópera en la escena hispalense. Introducidas de forma muy intencionada por el niño Julio Figueredo, quizás como un guiño a las nuevas generaciones, con una especial gracia y capacidad para transmitir basada en el artificio y una compostura algo robótica, cada obra dejó su impronta en nuestras emociones, provocando sentimientos muy distintos a partir de sus muy reflexivas notas. Así, la joven croata residente en Stuttgart Sara Glojnaric extrajo complacencia y alegría con su dúo de percusión y voz femenina, presuntamente a partir de breves introducciones de canciones pop de los 80 y los 90, aunque apenas fuimos capaces de vislumbrar el éxito de C+C Music Factory Gonna Make You Sweat, y eso temiendo equivocarnos. La soprano japonesa afincada en Sevilla Sachika Ito dio perfecta réplica a la batería en una obra basada en el ritmo y la ebullición de los afectos, toda una experiencia multisensorial llevada a buen puerto por un dúo en perfecta sintonía.
 
Muy diferente es la pieza del compositor turco y dj de música tecno, dance y electrónica Hüseyin Evirgen, inspirada por graves sucesos ocurridos en Austria y Estados Unidos que demuestran nuestra indiferencia ante la desgracia ajena y cómo llegamos a ser conscientes de ella solo a través de los medios de comunicación. Una pieza que basa su efecto en instrumentos de cuerda convencionales pervertidos y distorsionados, incluso intervenidos como el caso del piano, y va generando una sensación in crescendo de ansiedad y desasosiego, al que se van sumando las voces desesperadas de tres sopranos, extraordinarias Ito, Aurora Galán y Diana Larios, así como el habitual de la casa bajo-barítono David Lagares, que ejerce de siniestro maestro de una ceremonia macabra en la que el bailaor francés Rémi Page pone su cuerpo al servicio del maquillaje de la realidad, ese que permite que sigamos siendo felices frente a la inmundicia que nos rodea.
 
Para finalizar, el autor franco-austriaco Jean-Baptiste Marchand nos habla en otro tono, tan conceptual como los demás pero con cierto aire de displicencia y amargura, sobre la imposibilidad del amor en su obra 9+1 “Una pareja = un muerto”, que bien podría haberse titulado también Lazos familiares, como la de Evirgen. En ella, con cierta influencia de las canciones habladas de Serge Gainsbourg, una pareja se enfrenta al duelo del amor, ese querer y no querer que genera el conflicto de la pareja. Lástima que en esta pieza fallara la megafonía de Rémi Page, de forma que su voz sonara imponente al principio, apagada después. La experiencia, siempre de la mano del inquieto y polifacético Juan García Rodríguez, resultó sumamente gratificante y muy conveniente. Es arte contemporáneo y es duro, pero cuando se tiene acceso a él resulta inquietante y conmovedor.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 5 de abril de 2018

METRÓPOLIS RECUPERADA Y RECREADA POR ZAHIR ENSEMBLE

Ciclo Música(s) Contemporánea(s). Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Metrópolis, de Fritz Lang. Música de Martin Matalon.
Teatro Central, miércoles 4 de abril de 2018

El mismo aliento de trabajo y ambición que inspiraron los estrenos en España de In Vain de Friedrich Haas y El hundimiento de la Casa Usher de Philip Glass, ha motivado la apuesta por la versión más completa y restaurada que existe del clásico de Fritz Lang Metrópolis, con la música en directo que para su estreno en 1995 en el Teatro del Châtelet compuso el argentino Martin Matalon, presente en la sala para corroborar la importancia de esta cita en nuestra agenda cultural. Un empeño que triunfó en la brillante interpretación de Zahir Ensemble y la impecable copia exhibida para la ocasión, y que sin embargo se malogró como consecuencia de la pésima gestión del subtitulado, fuera de lugar o directamente ausente a lo largo de las casi dos horas y media de proyección. Un defecto que aunque parezca anecdótico condicionó el disfrute de la función, pues aunque el argumento sea de sobras conocido y la trama se siga perfectamente con la imagen, derivó en elemento perturbador, distrayendo nuestra atención de lo realmente importante, la imagen y la música.

La historia de Metrópolis tiene un marcado carácter arqueológico, pues el estreno en Estados Unidos de una versión radicalmente inferior a la estrenada en Berlín provocó la pérdida de metraje, algo resuelto casi definitivamente a principios de este siglo con la recuperación en Buenos Aires de media hora de película, cuyo engranaje en el resto del celuloide recuperado hasta la fecha se consiguió gracias a las pautas conservadas del compositor de su banda sonora sinfónica original, Gottfried Huppertz, regrabada para acompañar el DVD de esta versión íntegra. Matalon por su parte fue revisando progresivamente su música, que en su estreno dirigió el catalán Ernest Martínez-Izquierdo, para adaptarse a las nuevas versiones acumuladas hasta la que se pudo disfrutar en el Central de la mano de García Rodríguez y dieciséis competentes instrumentistas, tal como indica la partitura, además de la atmosférica electrónica que aportó el ingeniero de sonido Max Bruckert.

Un momento del concierto. Foto: Ismael G. Cabral
Lejos de la proclama social y política de clara raigambre nacionalsocialista que subyace en esta película ambientada en un futuro que hoy consideraríamos distópico, Matalon se interesa más por su imperecedera riqueza visual, adaptando su suculenta, evocadora y por momentos sensual composición a la imagen, aunque no siempre sintoniza con ella, limitándose a menudo a largos discursos metafísicos salpicados de momentos caóticos destinados a secuencias de acción como las persecuciones de María por las catacumbas o el levantamiento obrero que acaba en venganza y destrucción. Con todo, la interpretación de Zahir Ensemble fue tan brillante que logró una muy estimulante experiencia sensorial, con bellísimos acordes del violonchelo y la guitarra eléctrica cuyas disonancias subrayan la doble personalidad de la sufrida protagonista, así como una sensacional intervención de la exótica percusión. Entre el esfuerzo y la inteligencia, el conjunto logró una lectura meditada con corazón, tal como adelanta el proverbio que informa este clásico de la revulsiva y decadente Alemania de entre guerras.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 6 de abril de 2018

jueves, 27 de abril de 2017

LA CAÍDA DE LA CASA USHER Un reto musical lastrado por una mala dramaturgia

The Fall of the House of Usher Ópera de Philip Glass con libreto de Arthur Yorinks según un relato de Edgar Allan Poe. Juan García Rodríguez, director musical. Thierry Bruehl, dirección escénica e iluminación. Francisco Soriano, maestro repetidor. Ana Torres, diseñadora. Con Sachika Ito, Alain Damas, David Lagares, Javier Cuevas, Francisco Gracia y Zahir Ensemble. Teatro Central, miércoles 26 de abril de 2017

Edgar Allan Poe y Philip Glass comparten Baltimore. Allí murió uno y nació el otro, quien confiesa haber crecido fascinado por los cuentos fantásticos y de terror del escritor de Boston. Fruto de esa admiración fue esta ópera de cámara, compuesta en 1987 por encargo del Teatro de Repertorio Americano de Cambridge en Massassuchets y la Ópera de Kentucky, y estrenada el 18 de mayo de 1988. Un prólogo y dos actos que apenas alcanzan la hora y media de duración (a Zahir Ensemble no le llegó ni a la hora y veinte) y que aún siendo el título lírico más representado del autor de Music in Twelve Parts, apenas lo ha hecho en siete ocasiones desde 2005 a 2010. Posterior a sus mejores títulos operísticos, Einstein on the Beach (1976), Satyagraha (1980) y Akhnaten (1983), no alcanza tampoco la inspiración y la calidad de éstas, a pesar de lo cual mantiene sus puntos de interés. El hecho de que Juan García al frente de Zahir Ensemble se haya atrevido a ponerla en escena, lo que constituye el estreno en España de esta ópera, demuestra el grado de inquietud al que nos tiene habitualmente acostumbrados. Su firmeza y apasionamiento al frente de conjuntos como éste con el que ha traído a Sevilla piezas emblemáticas de la música contemporánea que se hace en el Mundo, o la Sinfónica Conjunta, con la que realiza un trabajo infatigablemente académico con jóvenes intérpretes a los que además somete a programas exquisitos en los que tienen cabida los clásicos y los contemporáneos, se corrobora con iniciativas como ésta; todo un reto bendecido en lo musical, con un ejemplar rendimiento de instrumentistas y voces, pero no tanto en lo dramático, en parte por los propios inconvenientes de la partitura, en parte por un concepto demasiado abstracto de la puesta en escena.

Este considerable esfuerzo levantado en gran medida gracias al talento local, choca con una partitura algo endeble, abandonada esa primera parte eminentemente minimalista de la carrera del compositor americano y asentado ya en un sonido característico pero oportunistamente repetitivo que hace que tantas partituras suyas se parezcan entre sí, aunque su escucha devenga frecuentemente en agradable. No hay grandes hallazgos en esta pieza, salvo ofrecer a la soprano la posibilidad de lucirse en vocalizaciones que exigen firmeza y flexibilidad, lo que traducido en las capacidades de Sachika Ito, que ya ha hecho en la ciudad que la ha acogido sus pinitos en música contemporánea, resultó un éxito, debido también a la dulzura de su bien proyectada voz. Tanto como la del barítono onubense David Lagares, que sorprendió por su perfecta dicción en inglés y su expresiva capacidad para conmover con una voz potente y segura. Algo más impreciso, pero en líneas generales satisfactorio, resultó el tenor venezolano Alain Damas, que hace apenas unos días ofreció un recital en el Espacio Turina. Pero la relación enfermiza e intrigante entre sus personajes quedó lastrada por una dramaturgia turbia y una puesta en escena en la que apenas brilló la iluminación, con la que se trazaron los caminos por los que transitaban incansablemente los personajes, incluidas las breves pero bien entonadas participaciones del bajo Javier Cuevas y el prometedor tenor cordobés Francisco Gracia. Un manzano que caía y subía, una cama y unas sillas completaron un atrezzo que maquilló de pulcro minimalismo lo que quizás sólo fueran limitaciones de producción.

Lo cierto es que el escaso tirón de la propuesta escénica hizo que estuviéramos más atentos a la orquesta, emplazada a la izquierda del escenario, que a la escena, justo a la derecha. Las limitaciones de un libreto que simplifica en exceso las posibilidades del relato original , y la escasa inspiración de la puesta en escena así lo quisieron. Completado con jóvenes integrantes de la Sinfónica Conjunta, Zahir Ensemble hizo un buen trabajo, generoso en plasticidad y riguroso en disciplina, a pesar de algunos desajustes en la trompa, evidenciando que aunque concebida para una docena de músicos, sus texturas piden más efectivos. Pero si algo permitió constatar esta producción de Zahir Ensemble es la imparable proyección del talento local, lo que le permitirá ofreciendo retos iguales o mayores que éste que sigan situando nuestra ciudad entre las que se encuentran a la cabeza de la oferta musical del país. El esfuerzo siempre merece la pena, sólo falta elegir mejores bases y emparentarlas con un trabajo dramático más efectivo y elocuente.

Fotos: Tomás Payés

sábado, 15 de marzo de 2014

PHILIP GLASS POR ZAHIR ENSEMBLE: MINIMALISMO PURO CON FONDO DE AGUAS FECALES

2º concierto del V Festival de Música Contemporánea. Zahir Ensemble: Alfonso Rubio y Luis Orden, flautas. Antonio Bocanegra y Alfonso Padilla, saxos. Julio Moguer y Curro Soriano, teclados. Eduardo Rodríguez, bajo eléctrico. Juan García Rodríguez, dirección. Anna Malek, directora asistente. Pedro Alejandro Agudelo, videocreación. Programa: Two Pages, Music in Fifths, Music in Contrary Motion y Music in Similar Motion, de Philip Glass. Auditorio CICUS, viernes 14 marzo 2014

Philip Glass
Zahir Ensemble lleva cinco años organizando su particular festival de música contemporánea, un refugio dentro del grisáceo panorama que al respecto ofrece la vida cultural de la ciudad. El conjunto, dirigido por Juan García Rodríguez, que tanto está haciendo por la vida musical en Sevilla, empezando por su extraordinaria labor frente a la Orquesta Sinfónica Conjunta, se revela como bastión de la música de éste y el siglo pasado en una ciudad que gracias a ellos completa una oferta musical que se enorgullece de contar con conjuntos de calidad en los campos sinfónico, de cámara, barroco y antiguo.

Compositor polémico, tan querido por unos y despreciado por otros, cuya música deambula entre lo duro y exclusivo y más a menudo la complacencia comercial, Philip Glass es sin discusión un icono de la música contemporánea. Saludado junto a Steve Reich como padre del minimalismo, decidió pronto dulcificar su trabajo, abandonando parcialmente esta genuina corriente para zambullirse en trabajos con un mayor calado melódico y acabados sinfónico y corales más convencionales, aunque sin dejar nunca su particular estilo, convertido en obsesión y autoplagio, basado fundamentalmente en la repetición y la insistencia. Dejaría de aceptar a partir de Music in Twelve Parts que se hablase de minimalismo en su música. Las cuatro obras seleccionadas por Zahir Ensemble las compuso inmediatamente antes de aquella obra magna, todas en 1969, dedicando una de ellas, Music in Fifths, a su maestra Nadia Boulanger. Cuatro piezas que suponen un estudio complejo y pormenorizado en armonía y contrapunto, en el sentido más clásico y conservador de la materia, aunque teñido por supuesto de ese estilo repetitivo, casi asfixiante, propio del género, que en buenas manos persigue generar cierto grado de ansiedad en el oyente.

Los miembros de Zahir Ensemble conocen bien la materia y, salvo alguna imprecisión que de no haberse salvado con maestría hubiera podido fastidiar la estética conjunta de las piezas, lograron esa persistencia cargada de entrega y disciplina, con una combinación de instrumentos bastante convencional y así mismo conservadora, y las repeticiones justas para que cada interpretación no resultase excesivamente fatigosa. El sonido percutivo insistente de los teclados y el bajo, contrapunto del seco y cortante sonido de flautas y saxos contralto y tenor, lograron ese efecto hipnótico consustancial a la música de este primer Philip Glass lejos aún de su ciclo sinfónico o sus celebradas bandas sonoras. Lástima que los videos del joven colombiano Pedro Alejandro Agudelo creados para la ocasión, no ilustraran las obras como merecen, ofreciendo no más que un fondo de nauseabundas aguas fecales que para nada inspiran lo que la música por sí sola desprende, aunque lograran mantener el ritmo frenético sin perder el compás.

miércoles, 15 de junio de 2011

ZAHIR ENSEMBLE CONSOLIDA SU ESPACIO EN LA CIUDAD

II Ciclo de Música Contemporánea de Cajasol. Zahir Ensemble. Director: José María Sánchez-Verdú. Programa: Contrapuntos I-IV de El arte de la fuga de Bach; Etwas Ruhiger im Ausdruck de Donatoni; Tauromaquias, Hekkan I y Arquitecturas del límite de Sánchez-Verdú. Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol, martes 14 de junio de 2011

Zahir Ensemble hace un par de años en el Teatro
Central, con Óscar Martín al piano
Con dos ciclos y un tercero ya programado, Zahir Ensemble, el grupo liderado y fundado por Juan García Rodríguez en 2005, ha consolidado definitivamente su lugar dentro de la cultura musical hispalense, dotando a la ciudad de una formación dedicada casi exclusivamente a la poco divulgada y apreciada en estas lides música contemporánea, que se une a las espléndidas formaciones con las que cuenta Sevilla en materia de música sinfónica y música antigua.

Lástima que la presencia en el concierto de clausura de este segundo ciclo del prestigioso, muy reconocido y valorado algecireño José Mª Sánchez-Verdú no obtuviera una mayor divulgación; ni siquiera se podía apreciar en las marquesinas del teatro ninguna referencia al compositor. La escasa afición del público sevillano a la música seria de los últimos cincuenta años, a pesar de las diversas manifestaciones que se producen en esta urbe a lo largo del año, con el ciclo del Teatro Central a la cabeza, se puso en evidencia en un concierto gratuito y sin embargo no muy atendido, y con numerosas deserciones durante el mismo. Algo absolutamente injusto, especialmente tratándose de una personalidad con tanta categoría internacional; ni siquiera nuestras autoridades musicales aprovecharon la ocasión de disfrutarlo aquí en su doble faceta de autor y director, y con un programa diseñado por él mismo.

Para ello partió de El arte de la fuga de Bach, prodigio del constructivismo y el estructuralismo musical, válido para toda formación instrumental, de lo que Sánchez-Verdú sacó buen partido, combinando cuerda, metal y piano solista, según cada uno de los cuatro contrapuntos interpretados. Los jóvenes integrantes del conjunto dieron buena cuenta de su correcta y precisa técnica, sin tener que demostrar excesivas aptitudes emocionales, no demandadas. Estas intemporales piezas se alternaron con extraordinarias composiciones de Franco Donatoni y el propio Sánchez-Verdú. Del primero, una obra inusualmente desenfadada y humorística para pequeño conjunto de viento y cuerda, defendida con notable eficacia. El segundo aprovechó la ocasión para estrenar por separado de su ciclo Lux ex tenebris, dedicado a Goya, las tres Tauromaquias, piezas con las que el autor evidencia un profundo análisis de las posibilidades tímbricas y expresivas de instrumentos convencionales sometidos a sonidos inusuales. Por los mismos derroteros y con resultados siempre sorprendentes, deambularon Hekkan I, sólo para metales, cuya interpretación en Cajasol supuso su estreno en España, y la obra Arquitecturas al límite, sometida continuamente a alteraciones desde su concepción en 2005, haciendo gala de su naturaleza como Work in progress (trabajo en desarrollo), cuya intensidad emocional funciona en proporción inversa a su breve duración.

Siempre es posible una interpretación más depurada, precisa y diáfana de cada pieza, pero eso no nos impide congratularnos con la excelente labor desempeñada por el conjunto, que en su todavía corta historia ya ha alcanzado grandes logros en este pobre seguimiento andaluz. Cabría no obstante hacerle una recomendación: que actualicen su espléndida en cuanto a diseño página web, anclada en la temporada del 2009.