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jueves, 29 de mayo de 2025

CAMINOS DEL VIENTO Y UNA FLAUTISTA SORPRENDENTE

Concierto #9 de la temporada XIV de la Orquesta Sinfónica Conjunta. Orquesta de Vientos. Aurora Reguera, flauta. Cristina Bayón, soprano. Camilo Irizo, dirección. Programa: Emblems, de Aaron Copland; Concierto para flauta y orquesta de viento, de Mike Mower; Stunde der Seele, de Sofiya Gubaidúlina. Teatro Central, miércoles 28 de mayo de 2025


Con una temporada que se ha ido desgranando concierto a concierto, sin un programa general que nos haya permitido organizar nuestra agenda con antelación, no sabemos si este concierto número nueve de la décimo cuarta temporada será o no el último de la misma. Eso pensamos del octavo, que convocó a Bartók y Satie en el salón de actos de Arquitectura, y sólo hace unos días supimos de la celebración de éste en el Teatro Central, espacio que ya pisaron los y las jóvenes de la Conjunta el año pasado en otra concentración sólo de vientos. Ahí se formaron también muchos de ellos y ellas, gracias a los créditos con los que la Universidad premiaba al alumnado que asistía a los ciclos de música contemporánea que se celebraban en ese recinto hace muchos años.

Precisamente con música contemporánea se despachó Camilo Irizo en un concierto que el conjunto celebró el día antes en el Auditorio de la Ciudad del Conocimiento de Dos Hermanas. El del Central, y a pesar del Betis, contó con un buen aforo, en su mayoría, hay que decirlo, familiares de los numerosos jóvenes convocados. Una generosa representación del alumnado de vientos del Conservatorio Manuel Castillo se dio cita en este concierto dirigido por el maestro, que es quien habitualmente se encarga de la faena cuando de maderas y metales se trata. El sabio e inteligente programa permitió a la formación demostrar su habilidad a la hora de afrontar tres formas diferentes de hacer música con metales, maderas y percusión. Copland representó la música para bandas militares, Mower el concepto de big band y Gubaidúlina el de música contemporánea en sentido estricto.

Del primero, una abundante Conjunta encaró Emblems, un encargo de la Asociación Nacional de Directores de Banda para acompañar su convención de 1964, convirtiéndose desde entonces en pieza angular del repertorio para bandas de música, y obra maestra en su género. En ella se puede observar el estilo expansivo y naturalista del autor, pero haciendo acopio del lenguaje avanzado que caracterizó su música en los sesenta. La Conjunta arrancó de forma imprecisa y atolondrada, pero poco a poco se fue haciendo con la atmósfera y el espíritu de la pieza, logrando una lectura disciplinada e incluso brillante en algunas secciones. Muy sensible resultó la recreación del popular y precisamente emblemático Amazing Grace, que el autor incorporó a la partitura tras comprobar que sus constantes armónicas coincidían con las que él había diseñado para los pasajes más relajados de la espectacular pieza.


La obra del británico Mike Mower, clarinetista, teclista, saxofonista, bajista, pero fundamentalmente flautista, nos lleva a una estética muy diferente pero una época similar, los sesenta del siglo pasado. Aunque se trata de una composición de 2004, sus formas, su manera de afrontar contrapunto y armonía nos retrotraen a estilos identificados con la sofisticación, por ejemplo, de una comedia romántica estadounidense, al estilo de un Mancini o un Hefti, con incorporación de ritmos latinos tan del gusto de la época, como la bossa nova, el mambo e incluso un breve pasaje de rock. Todo un reto para la orquesta, que acompañó primorosamente a una sorprendente Aurora Reguera, sensacional a la flauta como acertada en su concepción de la música como arte total que requiere también una puesta en escena estudiada y tan singular como lo fue la suya, además de atrevida y desprejuiciada, traducido en su ritmo danzante y su espectacular indumentaria influida por la estética del cómic y el cine fantástico. En lo técnico, la joven flautista derrocha talento y habilidad, con ornamentaciones extremadamente complicadas, y un sonido depurado que en cierto modo nos recordó al de James Galway, no en vano colaborador de Mower en un par de trabajos discográficos. A destacar también el magnífico trabajo del conjunto de percusión, batería incluida.

La segunda parte, mucho más seria y exigente para el oyente, estuvo monopolizada por la pieza de Sofiya Gubaidúlina Stunde der Seele, algo así como La hora del alma. La música de esta importante compositora rusa afincada en Alemania, que falleció hace apenas un par de meses, sonó casualmente hace sólo unas semanas en los atriles de la ROSS, y volvió ahora con fuerza y rotundidad en los de esta joven y admirable orquesta. Buena parte de la obra recorre todo tipo de sonoridades y efectos que llegan a provocar un profundo desasosiego en el oyente, siempre que sus intérpretes estén a la altura para comunicar esta sensación de ansiedad, como fue el caso. Hacia el final se incorpora la voz de una mezzo, en este caso soprano, para cantar en estilo declamatorio los textos, oscuros y misteriosos, de Marina Tsvetaeva, tan poco afín al régimen stalinista, lo que se demustra en su tono pesimista. La muy querida entre nosotros Cristina Bayón abandonó para la ocasión su afinidad con el repertorio barroco para sumergirse en una vorágine llena de fuerza y expresividad, buscando los registros más graves de su tesitura. Juntos, orquesta, director y voz, lograron una interpretación bastante depurada y acertada de esta sintomática pieza que, como todas las del programa, se concibió directamente para la formación elegida, sin transcripciones ni adaptaciones de ningún tipo.

miércoles, 6 de marzo de 2024

LA SINFÓNICA CONJUNTA NO DEJA DE SORPRENDER

4º concierto de la XIII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Orquesta de Vientos de la OSC. José Gómez Macías, saxofón. Camilo Irizo, dirección. Programa: Canción de gesta, de Leo Brouwer; Órbitas, aristas y desintegraciones, para saxo y banda, de César Camarero; Music for Prague 1968, de Karel Husa. Teatro Central, martes 5 de marzo de 2024


Una nutrida representación del alumnado de los siempre difíciles instrumentos de viento del Conservatorio Manuel Castillo, además de un magnífico conjunto de percusión y algún apoyo de cuerda grave, protagonizó este cuarto concierto de temporada de la Sinfónica Conjunta, de nuevo con Camilo Irizo a la batuta, especialista en la materia y encargado de estos complejos programas centrados en maderas y metales. Repartidos entre las tres obras interpretadas, algunos repitiendo e incluso participando en las tres, llegamos a contar hasta ochenta jóvenes intérpretes sobre las tablas. Sólo clarinetes participaron casi treinta, para que nos hagamos una idea. Todo eso conlleva una enorme dificultad para definir líneas y distinguir planos sonoros, todo lo cual tanto la orquesta como su muy cuidadosa y esmerada batuta salvaron con magisterio.

Siempre recordaremos con mucho cariño la labor que Leo Brouwer ejerció a finales del siglo pasado como director titular de la Orquesta de Córdoba. Su música fue la encargada de abrir este singular concierto en el que la banda de la Conjunta fue la protagonista. Canción de gesta comienza suave al toque de trompeta un tanto épico aunque contenido, para a continuación sumergirse en una serie de sonoridades de carácter frecuentemente cambiante, lo que da cierta imprecisión y desequilibrio a la pieza. La percusión se erige en protagonista tanto como los vientos, mientras piano y arpa van dotando al conjunto de un aire místico y acuático, todo ello con cierta tendencia a epatar más que resultar sincero. Sólo al final, en un crescendo con tintes étnicos que se inspira quizás en Silvestre Revueltas, la pieza toma mayor carácter y potencia, siempre en manos de una orquesta impecable, con los consabidos desajustes principalmente en los arranques, algo sin importancia dada la complejidad de la gramática de la pieza y los instrumentos.

Foto: CICUS. Atención al extremo izquierdo

La obra del madrileño César Camarero, Órbitas, aristas y desintegraciones, está muy ligada a Sevilla, pues aquí la estrenó la Banda Sinfónica Municipal en el Festival Encuentros Sonoros de 2021, y ahora la ha servido la Conjunta en una versión supuestamente revisada, dada la fecha de composición que figura en el programa, 2023. El propio autor, presente entre el público, debió quedar muy complacido dado el alto nivel exhibido por los jóvenes músicos, especialmente el saxofonista solista, José Gómez Macías, que hace aproximadamente un mes ofreció un recital de la mano de Juventudes Musicales junto al pianista Daniel Barbosa. El joven tuvo oportunidad de lucirse tanto en los largos acordes sostenidos como en los más vertiginosos e intrincados que propone la partitura, con la banda y la percusión punteando de forma tan sutil como implacable según qué pasajes. La mayor parte de la obra exige al solista intervenir desde lejos y enfrentado a la orquesta, en este caso en uno de los balcones del Teatro Central, lo que otorga a su interpretación un toque algo fantasmagórico.

Una banda gigantesca

Con una exposición en el vestíbulo de sábanas con los rostros de aguerridas mujeres que hicieron frente al largo y cruento asedio a Sarajevo en la Guerra de Bosnia, en recuerdo al parapeto que ejercieron con ellas, evitando así en la medida de lo posible a los francotiradores apostados a su alrededor, y la presencia del dolor de las actuales guerras tan próximas a nosotros y nosotras, la interpretación de Música para Praga 1968 de Karel Husa, obtuvo una relevancia especial. El compositor checo exiliado en Estados Unidos lanzó con esta pieza su grito desgarrador ante la impotencia de una revolución en favor de una mayor libertad, abortada por el ejército ruso en la Primavera de Praga de 1968. Tras una breve exposición al flautín seguida de una preparación meticulosa y no exenta de agresividad de los recursos, surge una página desoladora y trágica que se rubrica con un interludio de corte marcial y amenazador, hasta converger en un final apoteósico y estremecedor en el que todos los instrumentos gritan al unísono, mientras sólo una batuta responsable y comprometida, sumada al talento de los jóvenes intérpretes, consigue dar cohesión, forma y espíritu sin que nada se resienta en una exhibición de nuevo ejemplar.

jueves, 4 de noviembre de 2021

AYER Y HOY DEL JAZZ EN SEVILLA

Jazz en noviembre 2021
Del duende al swing. Un retrato del jazz en Sevilla, documental de Manuel Calleja y Jesús García López.
Andalucía Big Band: Estreno en concierto-proyección de Doctor Frankenstein de Pedro Cortejosa. Miguel Ángel López, dirección.
Teatro Central, miércoles 3 de noviembre de 2021


Ayer tarde tuvieron lugar en nuestra ciudad dos importantes acontecimientos que demuestran la envidiable salud cultural que exhibe una ciudad que muchos todavía creen anclada en las tradiciones y el espíritu injustamente rancio que se le asigna. Por un lado, dos grandes enamorados y agitadores del jazz en Sevilla, el contrabajista Manuel Calleja Bono y el cineasta Jesús García López presentaron un espléndido documental que recorre por bloques más que por cronología la presencia a menudo escueta y efímera del jazz en la ciudad, con sus artífices y escenarios como auténticos protagonistas de una crónica bien urdida, entretenida y apasionante para cualquier amante de la buena música, sea el género que sea. El viaje nos llevó desde la presencia del cantante de raza negra Harry Fleming el año de la Exposición Iberoamericana, que acabó acompañando al bombero torero, a la creación de asociaciones como Assejazz y Sevilla Swing Dance, pasando por la ignominia franquista, que prohibió durante mucho tiempo esta música en todo el territorio español por considerarla subversiva y ofensiva para la supremacía blanca, y los primeros grandes pasos que dieron el Festival Internacional de Jazz promovido por la Diputación y los apoyos más recientes de la Universidad y la Junta de Andalucía, como este ciclo de Jazz en noviembre que celebra cada año el Teatro Central y que este arrancó precisamente de la mano de este apasionante trabajo.

La cinta utiliza como leit motiv la búsqueda de un concepto que se adapte tanto al swing tradicionalmente asociado a esta música vibrante y apasionada, como al duende inherente al espíritu flamenco que impregna nuestra cultura más autóctona y da personalidad al arte que en parte se cultiva en nuestra comunidad. Con referentes de lujo como ese imprescindible libro que Antonio Torres, médico, músico y divulgador que fundó el Cineclub Medicina y la asociación Freeway dedicada a la promoción del jazz, publicó en 2015 bajo el título Jazz en Sevilla 1970-1995, y toda una pléyade de artistas con sus testimonios y vivencias, el documental da forma a una historia que se inicia en la década de los setenta del siglo pasado con la apertura de locales como El Violonchelo en la Plaza de San Pedro o el BeBop, y que llega hasta nuestros días con la sala multidisciplinar La Imperdible o el Café Naima, al que sin embargo Calleja y García López no prestan la atención que merece.

Grupo Afrosía en el club El Sol en 1995, con Manuel
Calleja segundo por la izquierda
Por ahí aparecen nombres míticos como el pianista alemán Olaf Meyer o el saxofonista tejano Abdu Salim, que encontraron en nuestra ciudad el lugar en cuya efervescencia cultural quisieron hundir sus raíces. Todavía recuerdo lo mucho que me impactó ver a Salim con sus largos dedos acariciar el saxo junto a Howard Shore y la Sinfónica de Sevilla tomando la parte que Ornette Coleman ostentaba en la banda sonora del film El almuerzo desnudo de David Cronenberg. Y por ahí aparecen también las divertidas anécdotas de Antonio Dechent colándose con sus amigos en los conciertos del Festival de Jazz, o del compositor y teclista neozelandés Trevor Coleman iniciándose en el sevillanismo a través de la compra de una bicicleta y el intento todavía no consumado de tocar en una banda de Semana Santa. Pero son muchos también los que se han quedado en el tintero, como José María Mellado, promotor del Festival de Jazz como responsable de la Diputación, o Miguel Ángel González, fundador también de Freeway y que hoy sigue aportando su granito de arena como organizador de las Noches estivales del Alcázar. Influencias como esas, un barrio vivo y alegre como la Alameda, y el carácter lleno de entusiasmo y energía de un pueblo que ha respirado arte y ganas de vivir a lo largo de su historia, alimentan este emocionante trabajo que finalmente llega a la conclusión de que el swing lo tenemos gracias a esas ansias de vida y libertad, y el duende por alimentar ese niño que llevamos dentro y no dejar que se nos escape.

Andalucía Big Band crece

La larga tarde que el Central dedicó al jazz como antesala a un ciclo por el que este año desfilarán a partir de hoy artistas de la talla de Enrico Rava, Fred Hersch, Marcin Wasilewski, Joe Lovano y Paula Bilá, se completó con un extraordinario concierto-proyección a cargo de Andalucía Big Band, una formación que crece con cada nuevo acontecimiento que propone, y que anoche aprovechó para presentar su nuevo disco con música del saxofonista gaditano Pedro Cortejosa, miembro del conjunto y compositor de muchas de las obras que esta estrena en primicia. La pandemia y el confinamiento inspiraron a Cortejosa para componer una banda sonora ficticia con un recipiente de lujo, el Frankenstein de James Whale. Con ella se recreó la vanidad y la soberbia del hombre enfrentadas a la naturaleza, y la defensa de esta provocando daños colaterales, hasta que en un epílogo ideado para la ocasión resurge la esperanza de una vida mejor, más en comunión con la naturaleza y todo su esplendor, una llamada a aprender a convivir con ella, respetándola y disfrutándola.

Aunque en el año de su producción, 1931, ya se habían rodado infinidad de películas sonoras, la música incidental apenas se había esbozado en una disciplina que no concebía más música en la imagen que la que provenía de una fuente visible, lo que se llama música diegética. El panorama cambió radicalmente cuando Max Steiner compuso en 1933 King Kong para gran orquesta, aunque entonces la música incidental ya era una discreta realidad. Por eso La novia de Frankenstein, realizada también por Whale en 1935, contó con una espléndida partitura de Franz Waxman, pero su antecesora apenas gozó de subrayado musical, lo que la ha convertido en recipiente ideal de Cortejosa para un proyecto cinematográfico que da a luz estos días en forma de álbum. La pieza adopta una estructura básica de suite, con su tema principal, un inquietante crescendo que la banda recreó con mucho empuje y entusiasmo, su tema de amor melodioso y delicado, un tema de ribetes misteriosos dedicado al personaje central, la criatura, y otro a la prometida del doctor, Elizabeth, y los consabidos temas de acción que acompañan a la caza y la muerte del monstruo, todos ellos con aportaciones extraordinarias de los solistas de la formación y una dirección precisa y vibrante de Miguel Ángel López.

Y aquí aparece el tercer concepto de la noche, tras el swing y el duende, ya que Cortejosa ha abordado su composición desde un espíritu absolutamente acorde al soul, valga la redundancia, con mucho ritmo, aportaciones excelentes del batería y los sonidos electrónicos, y un sentido global de música negra de los setenta del pasado siglo, con resultados excelentes a los que se adaptó la creación audiovisual de Music Komite, con imágenes profusamente intervenidas y frecuentemente enmarañadas y adulteradas, incluso con fotogramas que no corresponden al original homenajeado. La escritora y psicóloga madrileña Amada Blasco se encargó de recitar los textos generados para la ocasión, y el entusiasmo se apoderó de todos los asistentes, a pesar de que cierta saturación decibélica malogró parcialmente los resultados, restando una mayor claridad, trasparencia y matización en el estupendo rendimiento de los músicos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 6 de abril de 2021

LA MEJOR JUVENTUD

Concierto de la Orquesta Joven de Andalucía. Claudio Constantini, bandoneón y piano. Sarah Ioannides, dirección. Programa: Concierto homenaje a Astor Piazzolla, de Constantini; Oblivion, de Piazzolla; Rhapsody in Blue, de Gershwin; Sinfonía nº 9 Op. 95 en mi menor “del Nuevo Mundo”, de Dvorák. Teatro Central, lunes 5 de abril de 2021


Cuando creíamos que el cierre del Maestranza nos privaría un año más del feliz encuentro con los y las jóvenes intérpretes de nuestra tierra, la Junta vino al rescate tras el despropósito que ella misma propició y reubicó la cita en el Teatro Central. La acústica no es la misma, es un teatro muy dotado y vanguardista para muchas disciplinas, pero en acústica sinfónica el del Paseo Colón no tiene rival; no obstante el resultado fue una vez más milagroso y sorprendente. La capacidad de nuestros jóvenes para emocionarnos y hacernos más felices no tiene parangón, y otra vez lo demostraron en un concierto bendecido además por
un programa precioso y generoso como hacía mucho tiempo que no disfrutábamos.

Descubrí Oblivion, una hermosísima página cargada de nostalgia y sensibilidad, en los títulos de crédito finales de La mejor juventud, una mini serie italiana que aquí se estrenó en cines y narraba con altas dosis de emotividad la historia reciente de Italia a través de dos hermanos con caminos muy dispares. Desde entonces, sea por el recuerdo de esa pequeña obra maestra o por la belleza de la pieza de Piazzolla en sí, siempre me emociono cuando la escucho, más si se interpreta con la elegancia y la sensibilidad con la que lo hizo Constantini, magníficamente arropado por la sensual cuerda de la joven orquesta. Sirvió para homenajear al gran compositor argentino cuando hubiera cumplido cien años, a lo que el pianista, bandoneonista y compositor peruano añadió un concierto de su propia cosecha tan atractivo como brillante y estimulante. Siguiendo la estructura clásica de tres movimientos, uno lento entre los dos extremos, la pieza fue defendida con un alto nivel de compromiso por los atribulados integrantes del conjunto orquestal, con especial mención a maderas y cuerda grave, proporcionando cuerpo y musculatura a una obra en la que el propio Constantini ejerció de solista exhibiendo una elasticidad y maestría al bandoneón que se saldó con una lectura vibrante de su obra, paradigma de la belleza porteña, su expansiva emotividad y considerable calidez, muy bien articulada, muy melódica, imaginativa y decididamente eficaz.

Contó para ello con la impagable complicidad de la directora australiana Sarah Ioannides, experta americanista con un excelente disco con música de John Corigliano en su haber, que siguió con mimo y respeto la intervención de Constantini y lo arropó con amplio sentido idiomático en una Rapsodia en blue atacada por el joven intérprete, ahora como eficiente pianista, desde el respeto, siguiendo escrupulosamente la partitura sin añadidos ni florituras, tan habituales cuando es un jazzista, como él, quien la interpreta. A destacar aquí el excelente trabajo de la orquesta, como si llevaran toda la vida familiarizados con este sonido entre el jazz, el swing, Broadway y la música sinfónica. Ferde Grofé, Paul Whiteman y el propio Gershwin hubieran flipado a buen seguro con esta versión. Antes de que volvamos a encontrarnos con Constantini en el Espacio Turina el próximo viernes, presentando junto a Louiza Hamadi su nuevo disco, 20th Century Tango, nos brindó al piano una propina, una miniatura dedicada al pianista Gil Evans, tan cargada de emotividad como el resto del programa.

Y ya en su segunda parte, Ioannides ofreció una robusta recreación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák, prestando especial atención a cada familia instrumental, y muy especialmente a sus numerosos solistas, quienes se lucieron a gusto, logrando en conjunto transmitir esa sensación de amplitud y asombro que expide una partitura que el compositor bohemio concibió como regalo de agradecimiento y álbum de sensaciones provocadas por esa tierra generosa que osamos llamar nueva, olvidando toda su historia y cultura indígena. Ioannides se mantuvo contenida en el majestuoso allegro inicial, cálida y transparente en un largo construido con reveladores silencios y un sentido prodigioso del equilibrio instrumental, trepidante y vivaz en el scherzo y tan dinámica como expansiva en el fogoso allegro final, a todo lo cual la plantilla se adaptó con un amplio sentido de la claridad y una responsabilidad encomiable. La fiesta terminó con un alegre pasodoble, Amparito Roca, ya sin batuta y con esa exultante ilusión que caracteriza a la mejor juventud.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 5 de abril de 2018

METRÓPOLIS RECUPERADA Y RECREADA POR ZAHIR ENSEMBLE

Ciclo Música(s) Contemporánea(s). Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Metrópolis, de Fritz Lang. Música de Martin Matalon.
Teatro Central, miércoles 4 de abril de 2018

El mismo aliento de trabajo y ambición que inspiraron los estrenos en España de In Vain de Friedrich Haas y El hundimiento de la Casa Usher de Philip Glass, ha motivado la apuesta por la versión más completa y restaurada que existe del clásico de Fritz Lang Metrópolis, con la música en directo que para su estreno en 1995 en el Teatro del Châtelet compuso el argentino Martin Matalon, presente en la sala para corroborar la importancia de esta cita en nuestra agenda cultural. Un empeño que triunfó en la brillante interpretación de Zahir Ensemble y la impecable copia exhibida para la ocasión, y que sin embargo se malogró como consecuencia de la pésima gestión del subtitulado, fuera de lugar o directamente ausente a lo largo de las casi dos horas y media de proyección. Un defecto que aunque parezca anecdótico condicionó el disfrute de la función, pues aunque el argumento sea de sobras conocido y la trama se siga perfectamente con la imagen, derivó en elemento perturbador, distrayendo nuestra atención de lo realmente importante, la imagen y la música.

La historia de Metrópolis tiene un marcado carácter arqueológico, pues el estreno en Estados Unidos de una versión radicalmente inferior a la estrenada en Berlín provocó la pérdida de metraje, algo resuelto casi definitivamente a principios de este siglo con la recuperación en Buenos Aires de media hora de película, cuyo engranaje en el resto del celuloide recuperado hasta la fecha se consiguió gracias a las pautas conservadas del compositor de su banda sonora sinfónica original, Gottfried Huppertz, regrabada para acompañar el DVD de esta versión íntegra. Matalon por su parte fue revisando progresivamente su música, que en su estreno dirigió el catalán Ernest Martínez-Izquierdo, para adaptarse a las nuevas versiones acumuladas hasta la que se pudo disfrutar en el Central de la mano de García Rodríguez y dieciséis competentes instrumentistas, tal como indica la partitura, además de la atmosférica electrónica que aportó el ingeniero de sonido Max Bruckert.

Un momento del concierto. Foto: Ismael G. Cabral
Lejos de la proclama social y política de clara raigambre nacionalsocialista que subyace en esta película ambientada en un futuro que hoy consideraríamos distópico, Matalon se interesa más por su imperecedera riqueza visual, adaptando su suculenta, evocadora y por momentos sensual composición a la imagen, aunque no siempre sintoniza con ella, limitándose a menudo a largos discursos metafísicos salpicados de momentos caóticos destinados a secuencias de acción como las persecuciones de María por las catacumbas o el levantamiento obrero que acaba en venganza y destrucción. Con todo, la interpretación de Zahir Ensemble fue tan brillante que logró una muy estimulante experiencia sensorial, con bellísimos acordes del violonchelo y la guitarra eléctrica cuyas disonancias subrayan la doble personalidad de la sufrida protagonista, así como una sensacional intervención de la exótica percusión. Entre el esfuerzo y la inteligencia, el conjunto logró una lectura meditada con corazón, tal como adelanta el proverbio que informa este clásico de la revulsiva y decadente Alemania de entre guerras.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 6 de abril de 2018

jueves, 1 de marzo de 2018

ENSEMBLES BARENBOIM-SAÏD Y LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA: UN COMPROMISO INELUDIBLE

Ciclo Música(s) Contemporánea(s). Ensembles Barenboim-Saïd. Fabián Panisello, dirección. Programa: Ionisation y Octandre, de Varèse; Melodien, de Ligeti; Contornos entre la luz y la sombra, de Camarero; Invocación, de Castillo; Sinfonía Op. 21, de Webern.
Teatro Central, miércoles 28 de febrero de 2018


Nada mejor para celebrar musicalmente el Día de Andalucía que contar con uno de los proyectos más fructíferos e interesantes que han florecido en nuestra comunidad en los últimos veinte años. Se trata de la Fundación Barenboim-Saïd, que continuando con su loable labor de formar a nuestros intérpretes más jóvenes, con la inestimable ayuda de los profesores y profesoras de la Sinfónica de Sevilla, les prepara para enfrentarse a una vida profesional satisfactoria. Una iniciativa que prospera gracias a la Universidad Internacional de Andalucía y que en esta ocasión tuvo el acierto de poner sobre los atriles música contemporánea, enmarcada dentro del ciclo que el Central dedica puntualmente cada año.

El siglo XX se vio representado por el estreno por fin en nuestra tierra, casi un siglo después, de la piedra angular de la música estrictamente para percusión, Ionisation, una de las pocas obras conservadas y acabadas de Edgar Varèse, que el compositor franco estadounidense compuso a finales de los años veinte, sentando las bases para multitud de composiciones, muchas de ellas en el ámbito de las bandas sonoras, destinadas a ilustrar ambientes exóticos con cierto corte marcial. Los trece intérpretes consiguieron una lectura fluida y competente de la página, mientras en Octandre siete instrumentos de viento y un contrabajo lograron transmitir un espíritu evocador y sensual, a pesar de la dificultad que siempre reviste lograr un sonido preciso y homogéneo en las tan temidas trompas. También para percusión, los estudiantes nos ofrecieron una insólita composición de Manuel Castillo, cuyas conseguidas texturas y colores fueron perfectamente matizadas por el joven conjunto.

Por el contrario, la pieza de Ligeti y el estreno de César Camarero, presente en la sala y único exponente en esta ocasión de la música estrictamente contemporánea del presente siglo, encontraron una interpretación desigual y no del todo satisfactoria. Especialmente apreciable en Melodien del autor de Atmósferas, servida con cierta desgana, desinflada y con un sonido canijo, sin apenas contraste. Algo mejor resultó Contornos entre la luz y la sombra, cuya combinación entre percusión, cuerda y viento, estos dos últimos repartidos por la sala para provocar un efecto arropador o ambiental, resultó más satisfactoria, aunque con puntuales defectos de afinación nada graves. La imprescindible Sinfonía Op. 21 de Webern sí encontró una interpretación rotunda y ajustada a su estética e intención. Gran parte de la responsabilidad de que se lograran resultados de media tan estimulantes recayó en la dirección autorizada de Fabián Panisello, garante de un compromiso serio con la música de nuestro tiempo. Pero lo mejor y más saludable residió en enfrentar a los jóvenes, una treintena en este caso, y al público sevillano a estas páginas ya clásicas y fundamentales para entender el progreso y la proyección de la música con mayúsculas.

domingo, 15 de octubre de 2017

FESTIVAL DE GUITARRA DE SEVILLA: LOS LÍMITES DE LA AUTOPROGRAMACIÓN

8º Festival de la Guitarra de Sevilla. Ópera. Judith, ¡No avanzarás!, de Bardia Charaf y Royds Fuentes-Imbert. Sachika Ito, soprano. Francisco Bernier, guitarra. Anvar Turdyev, violín. David Pérez Peco, escenografía. Royds Fuentes-Imbert, dirección escénica. Romancero gitano, de Mario Castelnouovo-Tedesco. Coro de Cámara del CSMS Manuel Castillo. Esther Sanzo, directora. Francisco Bernier, guitarra. Teatro Central, sábado 14 de octubre de 2017

Como cada año, Francisco Bernier, gran guitarrista y valioso agitador de la vida musical de la ciudad, aterriza con su Festival de la Guitarra para durante una semana ofrecer talleres, conferencias, concursos, exposiciones y conciertos en torno al instrumento español por excelencia, con la posibilidad de disfrutar de nuevos y consagrados talentos, muchos de ellos bajo su propio sello discográfico. Un encomiable esfuerzo en el que también tiene cabida su destreza al instrumento, a pesar de todo lo censurable que puede llegar a ser autoprogramarse, sobre todo cuando de presupuesto público se trata. Esta vez la organización ha ido aún más lejos, inaugurando el certamen con el estreno de una supuesta ópera cocinada por su director de marketing y desarrollo, Royds F. Imbert, y el propio Bernier a la guitarra como uno de sus principales intérpretes.

Se trata de una pieza de apenas media hora de duración, introducida por acordes de la Chacona de Bach, en la que la soprano japonesa afincada en Sevilla Sachika Ito, realiza un monólogo en torno a su peligrosa relación con un político americano y doble agente de la KGB, con partes recitadas en un confuso castellano y otras cantadas en francés sin subtítulos. La escenografía, pobre de recursos y de espíritu, sirve para esconder las partituras a las que se aferra la cantante con el pretexto de hacer teatro Brecht, con el distanciamiento como estilo, si bien en el autor alemán ese distanciamiento es sólo funcional, invitando al espectador a reflexionar y posicionarse, mientras aquí sólo provoca indiferencia. Unos dibujos proyectados que representan una dimensión celestial en el que asoma Marx, apenas aportan nada estética ni dramáticamente. El sonido innecesariamente amplificado distorsiona la música del compositor suizo de origen iraní Bardia Charaf, nada memorable ni trascendente, apenas vanguardista en su concepción, anclada en estéticas trilladas de hace ya un siglo, con sampleados y pasajes plagiados como el que permite brillar al violinista Anvar Turdyev como si de Vaughan-Williams se tratara. Sólo merece destacar la voz segura y flexible, bien proyectada y perfectamente colocada de Ito, obligada a portar un horrible tocado entre parodia de nuestras vírgenes barrocas, artículo de broma chino y delirio estilo Björk; otro dislate de la escenografía.

Lo único rompedor fue programar en la segunda parte una pieza tan diferente, de corte folclórico-pastoral, como es el Romancero Gitano de Lorca, con música de alguien tan relacionado con la guitarra como Castelnuovo-Tedesco. Bernier, con su proverbial facilidad para exprimir el instrumento a nivel técnico y expresivo, y el Coro del Conservatorio Manuel Castillo, bajo la atenta dirección de Esther Sanzo, se encargaron de recrearlo. El conjunto polifónico estuvo dominado por cierta languidez sólo alterada por momentos puntuales de mayor calado emocional. Entre los solistas destacó la voz del barítono Vicente Barragán, dentro de una partitura que no reviste especial dificultad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 16 de abril de 2015

ZAHIR ENSEMBLE ESTRENA "IN VAIN" EN ESPAÑA: UNA EXPERIENCIA NARCÓTICA EN LA OSCURIDAD

Ciclo de Música(s) Contemporánea(s). Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, director. Programa: In Vain, de Georg Friedrich Haas. Teatro Central, miércoles 15 de abril de 2015

Georg Friedrich Haas
A veces no somos conscientes de asistir a un acontecimiento, y el concierto de ayer miércoles en el Teatro Central lo fue. Era la primera vez que se interpretaba en España la que quizás sea la primera gran obra musical de este milenio, la que el austríaco Georg Friedrich Haas compuso en 2000 bajo el título In vain. Y quizás resulte inútil, como reza el propio título de la pieza, describir lo que sea o suponga esta arquitectura musical de algo más de una hora de duración, porque se trata sencillamente de una sucesión de sensaciones, emociones y experiencias, sentidas desde la butaca ante el ejercicio de motivación y empatía que realizan veinticuatro músicos a partir de una partitura que a veces ni siquiera aciertan a ver, pues parte de ella se ejecuta completamente a oscuras.

Imagen promocional de Zahir Ensemble, una de las joyas
de la corona de la música en nuestra ciudad
Juan García Rodríguez se ha empeñado en hacer el más difícil todavía, y desde el más puro esfuerzo y empeño va consiguiendo, también desde la humildad, que nuestra ciudad se vaya consolidando también como eje en el seno de la música contemporánea. Hitos como éste lo corroboran, y para ello logró agrupar bajo la base estructural del grupo que él mismo fundó hace exactamente diez años, representantes de algunos de los conjuntos orquestales más relevantes de la ciudad, desde la Sinfónica a la OJA pasando por la Conjunta, ese prodigio que va creciendo en sus manos y del cual pudimos disfrutar en esta cita de algunos de sus más jóvenes rostros. También el pianista Óscar Martín entre los convocados. Gente joven interpretando música del siglo XXI, quizás no rindiendo al máximo de sus posibilidades, ofreciendo a veces una lectura un poco solapada, puede que incluso débil, aventurándonos a decir sin referente que hubo errores, entradas falsas y apuros de entonación. Pero de cualquier modo los resultados fueron estimulantes, atrevidos y sin duda novedosos. Y desde luego necesarios para seguir avanzando y no quedarnos en el repertorio de siempre. Mientras haya quien programe ópera de nuestro siglo y ciclos de música contemporánea, la música en Sevilla seguirá viva y mantendrá un buen estado de salud.

Detalle de la partitura
Haas compuso la pieza en protesta por el avance de la extrema derecha en su país a finales del siglo pasado, y quizás de ahí el título y su estructura, con una música que se enrosca y planea sobre nuestro subconsciente, advirtiéndonos de que siempre hay peligro de volver a caer en los mismos errores, de reencontrarnos con el mismo horror que creíamos erradicado y superado. Volver al mismo lugar está en su esencia, a nivel estructural y espiritual, articulando emociones y estados anímicos e invitándonos a compartirlos. Música que juega con microtonos marca de la casa, y que recuerda a Ligeti en el uso de la micropolifonìa y los microintervalos, coquetea incluso con el espectralismo y encuentra su momento más sorprendente y conmovedor cuando presiona sobre nuestro sentido auditivo, potenciándolo, al privarnos de toda visibilidad durante cerca de un cuarto de hora. La luz entonces vuelve y desaparece intermitentemente, creando una sensación de desasosiego mezclado con efectos narcóticos de muy sugerente calado emocional, todo dentro siempre de una atmósfera inquietante, sombría y perturbadora. Se trata de una música para ser disfrutada lógicamente en vivo, si bien una grabación comercial podría incluir pautas sobre cuándo y cómo apagar la luz para lograr sensaciones parecidas a las experimentadas en salas privilegiadas como la del teatro de la Cartuja. Haas estrenó la pieza en Colonia el mismo año de su composición, de la mano de Sylvain Cambreling, su dedicatario.

jueves, 26 de febrero de 2015

NUEVO ENSEMBLE CONTEMPORÁNEO: DISCURSOS SOBRE PINTURA, FAMILIA Y POESÍA

Ciclo de Música(s) Contemporánea(s). Nuevo Ensemble Contemporáneo. Juan Luis Pérez, director. Programa: Freundschaft, de Rafael Soto; Versos y ecos sonoros para conciencias dormidas, de Rafael Cañete; Cacho-I de Veras-Solo, Items 1 y 2 y Música para “Cave paintings of our time”, de Jesús Sancho. Teatro Central, miércoles 25 de enero de 2015

Rafael Cañete
Al margen de puntuales incursiones en sus conciertos de cámara, hacía tiempo que no escuchábamos música de hoy en los atriles de la Sinfónica, y mucho más en calidad de estreno. El concierto con el que un nutrido grupo de sus miembros inauguró al ciclo de música contemporánea de este año, rebautizado para dar cabida a propuestas más plurales, sirvió para quitar esa espinita al conjunto hispalense con el estreno absoluto de tres autores andaluces, uno de ellos estrechamente vinculado a los intérpretes, como es el caso de Jesús Sancho, violinista de la formación desde su fundación.

Confieso que acudí a la cita con prejuicios, esperando encontrarme con obras complacientes, amables y alejadas de la experimentación. Pero no fue así, y aunque tampoco podemos afirmar que rompieran moldes, lo cierto es que sus propuestas encajaron en lo que se espera de una estética canónicamente contemporánea, incluso con tímidas dosis de audacia. Freundschaft de Rafael Soto articula sus líneas en torno a un lenguaje atonal previsible y transitado, destacando en su capacidad para envolver gracias a una muy cuidada orquestación que los maestros y maestras del conjunto mimaron al detalle. Rafael Cañete por su parte presentó una obra ecléctica y convencional, vehículo para exhibir la indignación social de la actualidad a través de acordes rabiosos a fuerza de staccati, trémolos y glissandi, sobre poemas impecablemente recitados por Fernando Massía. El funky hizo también aparición hasta derivar en la joven Marta Fernández rapeando sobre un ministro de cultura que no se sabe de qué se ríe.

Jesús Sancho
Muy interesantes resultaron las obras de Sancho, que aunque frecuentemente instaladas en la tonalidad, deja espacio también para elocuentes sugerencias que parten de la pintura del artista murciano José Luis Cacho, ilustrada con un solo de flauta de Juan Ronda de estética debussyana, o de Fernando Velázquez, que comparte nombre con el autor de bandas sonoras pero se trata del hermano del propio Sancho, artista sevillano reconocido en Inglaterra, donde reside. Dirigidos por Juan Luis Pérez, el conjunto dosificó perfectamente los planos sonoros y diálogos propuestos por su compañero, mientras la combinación con efectos electrónicos diseñados por Benjamín Sancho Talbot, hijo del autor y de la violonchelista de la ROSS Gretchen Talbot, contribuyó a crear una atmósfera inquietante. Lo mejor no obstante fueron los breves tríos Items 1 y 2, construidos con elegancia y sobriedad sobre un elocuente y fluido diálogo entre el violín de Ute Kerner, el violonchelo de Juan Diego Sánchez Mingorance y el clarinete de Piotr Szymyslik, quien tuvo un pequeño despiste que no empañó la esmerada interpretación.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 27 de febrero de 2015

jueves, 30 de octubre de 2014

SUEÑA EL GRECO LA METAMORFOSIS DEL HOMBRE EN EL MARTIRIO DE SAN SEBASTIAN

V Festival de la Guitarra de Sevilla. Sueña El Greco el Martirio de San Sebastián. Música de José Mª Sánchez Verdú interpretada por Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, director. Royds Fuentes-Imbert, puesta en escena y dirección general. David Pérez Peco, escenografía. Eduardo Martínez, danza e interpretación.
Teatro Central, miércoles 29 de octubre de 2014

Francisco Bernier se apunta un tanto abriendo el Festival de Guitarra de Sevilla a otras manifestaciones artísticas, plásticas, escénicas y musicales. Salvo por la incorporación a la plantilla instrumental de la guitarra, poca o ninguna otra relación tuvo esta manifestación de teatro, danza y música con el objeto del festival, pero la apuesta por espectáculos tan frescos y originales como éste justifican su inclusión sobradamente. Sueña El Greco... es una propuesta del dramaturgo y director escénico cubano afincado en Canadá Royds Fuentes-Imbert, en colaboración con el compositor algecireño José María Sánchez Verdú, auténtico estandarte de la música contemporánea hecha en nuestro país, aunque resida habitualmente en Alemania; y auspiciada por la conmemoración del cuatro centenario de la muerte de El Greco. En él un sólo actor, el también cubano Eduardo Martínez, recrea a un hombre de nuestro tiempo, como San Sebastian lo fue del suyo, subyugado por el fútbol y la moda, al que el ciclo de la vida y la muerte lo conduce a una dolorosa y grotesca metamorfosis que lo sitúa en la eterna búsqueda del más allá y el sentido de la vida, para finalmente regresar convertido en otra persona, igualmente subyugado y entregado a las pasiones humanas, aunque esta vez sea en forma de procesión barroca típicamente sevillana.

Lo más fascinante del espectáculo es el esfuerzo titánico del actor no sólo para recrear esas difíciles figuras, entre cortosiones y rebuscados escorzos, sino para mantener la sincronización con una música de difícil asimilación, intrincada y sólo aparentemente anárquica. Música seleccionada y estructurada por Sánchez-Verdú con ayuda del iconoclasta director Juan García, responsable de Zahir Ensemble y la Orquesta Sinfónica Conjunta, y que pronto veremos al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Un excelente trabajo en el que a pesar de sus diferentes fuentes, podemos apreciar uniformidad así como claros referentes a la escena que se nos va representando, mezclando sonoridades misteriosas e intrigantes con otras más identificables con el imaginario barroco tan afín a nuestra ciudad. A tal efecto merece destacar el extraordinario trabajo desempeñado por Zahir Ensemble, ya un referente en la materia y otro motivo de orgullo para una Sevilla en la que cada vez más florecen nuevas, variopintas y cosmopolitas formaciones musicales.

Fascinante también el impecable trabajo de iluminación, con apreciables claroscuros y un sensual uso de la luz indirecta, portada incluso por el propio performer, así como un imponente mural pintado a tiza representando uno de esos jinetes del Apocalipsis que ensombrecen nuestra muerte y con el que desde hace tanto se nos atemoriza y amenaza. Algunas personas en la sala interpretaron que ahí había motivo para la irreverencia y la provocación y abandonaron la sala haciendo gala de un expreso mal humor. Buen síntoma de que la creatividad fue por buen camino y removió algunas entrañas.

martes, 8 de octubre de 2013

IN MEMORIAM: PATRICE CHÉREAU EN LA CIUDAD DE LA ÓPERA

Parece mentira que alguien tan vitalista, con tanta energía, tan activo, con tanto que hacer y regalar, desaparezca así, de la noche a la mañana, dejándonos con ganas de más y con esa inexplicable sensación cada vez que desaparece alguien a quien apreciamos de... y ahora qué, cómo es posible. Así recuerdo a Chéreau la única vez que le vi en persona aquí en Sevilla, su ciudad de adopción, donde residía de vez en cuando, en su casa de la calle Castellar en el barrio de la Alameda. Fue en el Teatro Central, espacio en el que presentó algunas de sus más celebradas creaciones. En aquella ocasión, no recuerdo cuántos años hace, ofreció una conferencia ilustrada sobre su trabajo como director de escena lírico, centrándose especialmente en el Don Giovanni de Mozart que dirigió para Daniel Barenboim y el Festival de Salzburgo. Y era así, vitalista, fuerte y arrollador, lleno de entusiasmo, de ideas y de creatividad, y sobre todo me llama mucho más la atención ahora que entonces lo sano que era y la complexión física que gastaba, impensable para alguien a quien tendría que retirarlo el cruel y desalmado cáncer.

Quienes amamos el cine lo disfrutamos en películas tan singulares como La reina Margot, que le valió el Premio del Jurado en Cannes y tenía a una deslumbrante Isabelle Adjani como protagonista; Los que me quieren cogerán el tren, un éxito generacional en Francia y premio César al mejor director de 1998; Intimidad, una muy atrevida cinta que le hizo merecer el Oso de Oro en Berlín en 2001; Su hermano, un delicado melodrama con el que ganó el Oso de Plata al mejor director en el mismo certamen dos años después; y Gabrielle, su última película estrenada entre nosotros, con una imprescindible, como siempre, Isabelle Huppert. 

Como director de ópera sus trabajos fueron impecables y unánimemente aplaudidos. De la mano de Pierre Boulez en un Anillo del Nibelungo de referencia para el Festival de Bayreuth de 1976, así como en Lulú de Berg para la Ópera de París y De la casa de los muertos de Janácek. Siempre a la vanguardia en títulos como Wozzeck y más recientemente Tristán e Isolda, ambas también junto a Barenboim. Ligado desde hace muchos años al Teatro Central, muchos aficionados a la lírica nos preguntamos en muchas ocasiones por qué el Maestranza no había aprovechado las virtudes y excelencias más que demostradas de este artista mayúsculo para sus producciones propias, en aquellos felices tiempos en los que las tenía. Teníamos a un genio de la ópera viviendo entre nosotros y nuestro coliseo lírico nunca se hizo eco del dato. Amaba la ciudad y sus fiestas, la misma ciudad que ha dado pie a cientos de óperas, algunas de ellas las más significativas de la historia, y sin embargo su teatro lírico le desaprovechó. Ahora ya es tarde; hemos perdido la ocasión y el tren, aunque lo quisiéramos.

viernes, 9 de agosto de 2013

WEST-EASTERN DIVAN EN SEVILLA: EDWARD SAID, AMIGO E INSPIRACIÓN

Homenaje a Edward Said. Solistas de la Orquesta West-Eastern Divan. Michael Barenboim, violín. Karim Said, piano. Daniel Barenboim, director. Programa: Concierto de cámara para violín, piano y trece instrumentos de viento de Alban Berg. Teatro Central, jueves 8 de agosto de 2013

Edward Said (1935-2003)
La elección del Concierto de Cámara de Berg, compuesto inmediatamente después de Wozzeck y estrenado en marzo de 1987, no es una casualidad. Responde de manera muy significativa al leit motiv de este singular evento, un merecido homenaje a Edward Said, gran intelectual árabe del siglo XX, cuando se cumplen diez años de su fallecimiento, y en el preciso instante en el que se conmemora el mismo lapso de tiempo transcurrido desde que visitara la ciudad de la Torre del Oro en aquellos ya lejanos comienzos de esta apasionante aventura humana y cultural, destinada si no a solucionar sí a paliar los desastres de la eterna confrontación entre judíos y palestinos. Como Barenboim y Said, Berg y Schönberg eran devotos amigos y cómplices. El segundo acababa de inventar el dodecafonismo, y en su cincuenta efemérides Berg decidió zambullirse en los límites del atonalismo y el dodecafonismo para dedicarle esta página quizás no tan esencial en la escritura musical del siglo XX como su concierto para violín A la memoria de un ángel, pero indispensable para conocer las líneas fundamentales de ese vanguardismo que azotaba los comienzos del siglo pasado y que aún resulta difícil de comprender no ya para el público en general sino incluso para tantísimos melómanos. La página, cuyo movimiento central, un adagio en forma de amplio palíndromo, está dedicado a la esposa fallecida del autor de Noche transfigurada, supone precisamente un triunfo de la vida sobre la muerte, tal como demuestra el Rondo ritmico con introduzione final. El mismo triunfo de Said como inspirador de un proyecto necesario de vida en paz y armonía. A su vez, el Concierto de Cámara es una obra de estructura obstinadamente matemática, apoyada en el número tres y sus múltiplos, como se observa en la estructura musical del Thema scherzoso con variazioni inicial, en la que se deletrean los nombres del autor y de sus colegas Schönberg y Webern, o los 240 compases que integran tanto el primero como el segundo movimiento, multiplicados por dos en el tercero si a la introducción y el cuerpo principal añadimos los 175 compases de la repetición voluntaria, que casi nunca se hace, y ésta no fue una excepción. Todo lo cual convierte a la pieza en algo tan singular como el homenaje al luchador por la integración entre judíos y palestinos en el que se integró su interpretación.

Daniel Barenboim con su hijo Michael a la izquierda,
en otra actuación de la West-Eastern Divan Orchestra
Barenboim, gran conocedor de una obra que al menos como pianista ha interpretado y grabado en varias ocasiones, se erigió esta vez en director de un conjunto formado por jóvenes intérpretes educados en los talleres que desde hace doce años se imparten en nuestra provincia. Su hijo Michael, de probada solvencia y versatilidad, protagonizó la voz del violín, mientras un pariente también joven del homenajeado se encargó de la pianística. Sus intervenciones, el primero en el Thema e variazioni y el segundo en el Adagio, y ya ambos dialogando en el Rondo, rozaron la excelencia virtuosística, destacando en lirismo y mordiente, mientras en el resto del conjunto se apreciaron frecuentes irregularidades técnicas y falta de cohesión, lo que en una obra en la que sus quince ejecutantes deben comportarse como solistas de excepción conduce a unos resultados decepcionantes. La lectura devino famélica en muchos aspectos, desequilibrada ocasionalmente, y aunque evidenciando destellos de brillo y energía, en general resultó desganada. Sus grandes posibilidades interpretativas, desde la severidad extrema al expresionismo más tempestuoso, fracasaron en nuestra opinión frente a un anhelo de equilibrio entre lo lírico y lo dramático que sólo obtuvo resultados satisfactorios respecto a claridad, no tanto en cuanto a la superación de su gran dificultad técnica y tensión dramática. No obstante celebramos la iniciativa de programar una obra que tan raramente se hace, y nunca quizás antes en nuestros escenarios.

Bernardino León, un político fiable
El homenaje estuvo enmarcado por una accidentada proyección – menudos técnicos contrataron, hablando sin parar incluso por teléfono cuando en los atriles sonaba ya la música de Berg - de un documental en vídeo, rutinario y previsible, en el que personalidades de la cultura y la política, como Juan Goytisolo y Felipe González, glosaban las virtudes del homenajeado. Y ya en la segunda parte, por un sentido, preciosa y relajadamente fraseado discurso del político malagueño Bernardino León, valedor de la Fundación Barenboim-Said en Andalucía y el mundo entero, que aprovechó justa y oportunamente para reprochar el trato a menudo injusto que tan noble empeño recibe de medios de comunicación y oposición en ésta nuestra desdichada y desorientada tierra, crisol de culturas y deudora de una riqueza humana y cultural que a veces demuestra no merecer. Aquí ya se sabe, para defender lo nuestro atacamos lo de los demás; en lugar de sumar, restamos. La Fundación ha recibido tantos recortes presupuestarios como otras instituciones propiamente andaluzas, pero lo fácil es hacer demagogia reclamando para éstas todo y nada para los demás, a los que se tilda de juguetes caros e inútiles, despreciando la labor generosa y altruista desempañada por quienes sacrifican veintisiete horas de trabajo al día, o todo un patrimonio intelectual acuñado durante años de estudio y análisis concienzudo. El acto final del homenaje estuvo protagonizado por una entrevista de la profesora de Literatura Comparada de la Universidad de Nueva York, Ana Dopico, al maestro Barenboim, siempre interesante en sus revelaciones, que en esta ocasión alcanzaron incluso a desmentir algunas leyendas sobre la creación de una fundación que debería ser orgullo para andaluces y andaluzas, aunque a veces se atisbara cierto cansancio dialéctico consecuencia de tanto trabajo y edad.

jueves, 16 de mayo de 2013

BERTRAND CHAMAYOU Y LAS CUERDAS PERCUTIDAS DE JOHN CAGE EN EL CENTRAL

Ciclo de Música Contemporánea
Betrand Chamayou, piano y percusión. Programa: Obras de John Cage (Sonatas e interludios para piano preparado; In a Landscape; Suite para piano de juguete; Child of Tree, improvisación para material vegetal amplificado)
Teatro Central, miércoles 15 de mayo de 2013

Siendo testigo de un concierto como éste, el que ofreció el joven y muy reconocido pianista francés Bertrand Chamayou como homenaje al compositor americano John Cage cuando se cumplen 101 años de su nacimiento y 21 de su deceso, uno vuelve a preguntarse porqué este repertorio no acaba de integrarse en las programaciones convencionales de nuestros promotores culturales. De hecho Chamayou se caracteriza por abordar con igual solvencia el repertorio clásico y el contemporáneo; por qué entonces seguimos anclados en la música de los siglos XIX y XVIII, con lo que ello conlleva de agotamiento para los intérpretes a la hora de usar la imaginación con el fin de ofrecer visiones frescas de las músicas de siempre. A estas alturas resulta inconcebible que nuestros oídos no sean capaces de disfrutar de las propuestas de mitad del siglo pasado hacia delante, al mismo tiempo que de las del romanticismo o el clasicismo más recurrentes. Cage dio amplio sentido a la definición del piano como instrumento de cuerdas percutidas cuando motivado por una necesidad lo convirtió en arma de percusión interviniéndolo a discreción para lograr de él sonidos inimaginables para los usuarios más conservadores. Es lo que se llama piano preparado, alrededor del cual giró el concierto en el que Chamayou invirtió más de una hora sólo para intervenir el instrumento según las directrices concisas del autor. Luego, ya de cara al público, su propuesta giró alrededor de las dieciséis sonatas y cuatro interludios que el compositor californiano escribió entre 1946 y 1948, interpretadas en esta ocasión en cuatro bloques, de los cuales el más imaginativo y variado fue sin duda el primero, correspondiente a las sonatas I a V y el primer interludio. Piezas que fueron abordadas con una seguridad absoluta por parte de un pianista decidido a buscar con éxito el matiz y el control de cada pieza, otorgándoles su propia individualidad para evitar en todo momento caer en la siempre tan temida monotonía. Su habilidad para combinar los aspectos más ortodoxos con los aires exóticos orientales de la música de Cage fue encomiable. 

John Cage "preparando" su piano
Entre cada bloque una singular pieza de carácter tan frívolo como ingenioso. La primera concebida para piano de pared, In a Landscape, una preciosa obra que da sensación de mecerse, tan seductora como relajante, compuesta también en 1948 y precursora sin duda del new age en su afán minimalista y su vocación sedante, en la que también se dan cita elementos de inconfundible sabor oriental y un confeso tributo a Satie, tan admirado por Cage. Chamayou se atrevió también con el dificilísimo piano de juguete para ofrecernos una pieza como las otras compuesta también en el 48 y con un valor más de coyuntural curiosidad que de efectivo ingenio. Claro que en este sentido el gato se lo llevó al agua Child of Tree de 1975, obra absolutamente conceptual en la que Cage se limita a dar las pautas para que sea el intérprete quien a través de la improvisación y el azar genere los sugerentes sonidos convenientemente amplificados que se extraen de instrumentos tan peregrinos como un par de cocos, un cactus, unas ramas o una piñas secas, cuya duración puede estirarse al infinito (no olvidemos que Cage es el autor de esa obra interminable que es As Slow As Possible), si bien Chamayou la limitó a lo meramente referencial.

Conviene felicitar la gestión de un concierto como éste, que nos brinda la oportunidad de disfrutar de un gran valor de la interpretación musical actual, a la vez que abrazar una visión bastante acertada de uno de los compositores más influyentes y admirados del siglo pasado. Propuestas como ésta nos abren nuevas perspectivas y horizontes para apreciar la música y liberarla de los anquilosados límites que habitualmente le imponemos. Lástima que la inquietud del público asistente impidera ese silencio absoluto casi religioso con el que es necesario acercarse a este tipo de repertorios.

domingo, 10 de junio de 2012

ORQUESTA DE LA ACADEMIA DE ESTUDIOS ORQUESTALES DE LA FUNDACIÓN BARENBOIM-SAID

Concierto de la Orquesta de la Academia de Estudios Orquestales. Guillermo García Calvo, director. Programa: Serenata en mi bemol mayor op.7, de R. Strauss; Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy; La creación del mundo op.81ª, de Milhaud; Suite Pulcinella, de Stravinsky. Teatro Central. Sábado 9 de junio de 2012

Otro feliz acontecimiento musical tuvo lugar anoche en la ciudad, y de nuevo protagonizado por nuestros jóvenes valores, los que han surgido de la excelencia demostrada por los conjuntos orquestales que les preceden y de la especial atención que les han dispensado los proyectos de colaboración entre nuestras academias y la fundación que preside Daniel Barenboim.

Hubiéramos agradecido que el programa ofrecido se hubiese coordinado mejor con lo que llevamos escuchado esta temporada. Tanto Pulcinella, aunque en su versión del ballet completo, como el Preludio a la siesta de un fauno los tenemos recientes, especialmente el segundo, apenas hace unos días y también en una versión reducida a cargo de la Bética de Cámara. La oferta musical en Sevilla, aún contando con numerosos conjuntos y escenarios, sigue siendo lo suficientemente limitada como para permitirnos a los melómanos seguirla casi en su totalidad, por eso se agradecería una programación más coordinada y menos repetitiva.

Con la garantía de la batuta de García Calvo, que ha conocido sonados éxitos operísticos en su corta trayectoria y se ha consagrado tanto en nuestro país como frente a la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena, se trataba ahora de exhibir los resultados de la indudable preparación de lujo que han recibido estos jovencísimos estudiantes. Resultados que incluyen un alto nivel interpretativo aunque salpicado de evidentes deslices y faltas de depuración. Puede que el ánimo de muchos de los asistentes no acompañara; acabábamos de recibir la funesta noticia del rescate europeo a nuestro sistema financiero, sin que el presidente del país diera ni siquiera la cara por ello; quizás por eso aún nos pareciera más mortecina y alicaída la interpretación que trece de los músicos hicieron de la Serenata para instrumentos de viento de Richard Strauss, en la que no apreciamos apenas entusiasmo ni en la dirección, por otro lado depurada y elegante, ni en los músicos, más allá de su intrínseca musicalidad y melodiosidad.

Pero en esto de las apreciaciones las sorpresas son continuas, y tras esa irrelevante Serenata nos llegó una sensacional reducción, realizada por Benno Sachs en 1920, para sólo once instrumentistas del Preludio para la siesta de un fauno de Debussy. Sensual e hipnótica, inflada con trémolos en la cuerda y arpegios en el piano, en el que pudimos atisbar toda clase de detalles y matices, y en la que brilló especialmente la joven Beatriz Vallejo a la flauta. Algo más que correcta fue la exhibición de la jazzística Creación del Mundo de Milhaud, con puntuales imprecisiones en los metales pero sin decaer en ningún momento la estructura interna de la pieza y destacando la agilidad y elegancia con la que se acometieron los numerosos y repentinos cambios de tono y estilo que aglutina la pieza. La de Pulcinella fue sin embargo una interpretación menos satisfactoria y afinada que las anteriores, con mayor confusión e imprecisión en las familias instrumentales y movimientos desinflados como el Vivo. A pesar de ello acertaron en el aire rococó del conjunto y brilló particularmente la primera violín, Alicia Ruiz Jurado.

Merece destacarse la elegante puesta en escena de este concierto, con cortinas evitando que presenciásemos los latosos cambios de sillas y atriles, y fondos de color iluminando el escenario. También cabe destacar el precioso diseño del programa de mano, incluyendo el elenco completo de los y las jóvenes intérpretes que participaban en cada obra. Puede que los ánimos remonten esta noche si España gana su primer partido en la Eurocopa de fútbol – estas cosas funcionan como cortina de humo -, aunque la presión que supone la presencia oportunista y desafortunada del presidente del gobierno en el campo no favorecerá mucho a la selección.