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jueves, 22 de octubre de 2020

CRESCENDO La emoción de la convivencia y el trabajo juvenil en equipo

Alemania 2019 102 min.
Dirección
Dror Zahavi Guion Dror Zahavi, Johannes Rotter, Stephen Glantz y Markus Rosenmüller Fotografía Gero Steffen Música Martin Stock Intérpretes Peter Simonischek, Sabrina Amali, Daniel Donskoy, Mehdi Meskar, Eyan Pinkovich, Bibiana Beglau, Hitham Omari Estreno en Alemania 16 enero 2020; en España 16 octubre 2020 

La falta de publicidad y la desidia de los exhibidores hacen que películas como ésta pasen absolutamente desapercibidas. Encima no cuentan tampoco con el favor de la crítica, que la despacha como si se tratara de uno de esos telefilms románticos alemanes que desde hace años ocupan la programación de sobremesa de fin de semana de la televisión pública. Y es una lástima porque independientemente de sus valores puramente cinematográficos, que a nuestro juicio los tiene aunque sea de forma discreta, lanza un mensaje en mayor medida positivo no solo en el ámbito de la eterna rivalidad entre judíos y palestinos sino especialmente respecto a esa otra juventud que no protagoniza telediarios por su falta de responsabilidad sino que lucha a diario por un futuro mejor, el suyo y el de los suyos, en este caso a través de la siempre revitalizante cultura, y más exactamente la música.

Siempre nos han interesado estos proyectos en los que jóvenes de diversa condición y cultura trabajan en equipo y buscan la superación personal y colectiva para entre todos y todas crear algo tan positivo y estimulante como es la música. El guion de esta cinta no peca precisamente de originalidad, pues quien más y quien menos en esta comunidad sabe que existe un proyecto consolidado desde hace ya décadas, auspiciado por la Junta de Andalucía y dirigido por Daniel Barenboim tras el fallecimiento prematuro de su otro artífice, el intelectual Edward Said, que se llama West-Eastern Divan y que ha llevado por todo el planeta la música interpretada por una orquesta de jóvenes israelíes y palestinos, a los que se han sumado otros andaluces y andaluzas. Es fácil reconocer en el argumento de esta amable película el referente de Barenboim, en esta ocasión un alemán de pasado familiar nazi que recibe el encargo de formar una orquesta de israelíes y palestinos para potenciar la conferencia de paz de la Organización de las Naciones Unidas. Al contrario que nos han informado del East-Western Divan a lo largo de los años, aquí surgen inmediatamente desavenencias y hostilidades entre ambos bloques, que serán relajados a través de la música y el trabajo en equipo, mientras unos y otras, incluido el propio prestigioso director, exorcizarán sus traumas y dolores. Pero al igual que en el proyecto de Barenboim, surgen también historias de amor entre personas de distintos bandos, que en esta ocasión da lugar a una tragedia anunciada desde el inicio que quizás sea su punto más endeble y fuerza una resolución amarga solo salvada en el último instante por un rayo de esperanza.

Sea como sea, disfrutar de la fuerza de un grupo de jóvenes luchando por su ilusión y futuro, en unas audiciones ejemplarmente recreadas, y su progresivo camino hacia la tolerancia y el trabajo en equipo bien vale emocionarse y dejarse arrastrar por esta pequeña película, muy bien interpretada por Peter Simonischek (Toni Erdmann, Sin olvido) y el joven y esforzado elenco juvenil. Imprescindible disfrutarla en versión original para apreciar los cambios idiomáticos y los acentos y vicios desplegados en el inglés de los árabes, todo lo cual se pierde en la acomodaticia versión doblada al castellano.

lunes, 1 de julio de 2019

BARENBOIM, EL DIVÁN Y LA FUERZA DE LA MÚSICA

Concierto del 15º aniversario de la Fundación Barenboim-Saïd. Orquesta West-Eastern Divan. Michael Barenboim, violin. Daniel Barenboim, director. Programa: Concierto para violín en Re mayor Op. 61 y Sinfonía nº 7 en La mayor Op. 92, de Beethoven. Teatro de la Maestranza, domingo 30 de junio de 2019

Hacía tres años que la West-Eastern Divan no recalaba en Sevilla, la ciudad que cobija la Fundación Barenboim-Saïd para la convivencia entre pueblos a través de la música. Fue entonces con un sensacional programa integrado por las tres últimas sinfonías de Mozart, y lo ha hecho ahora con Beethoven, el compositor más transitado por este consolidado proyecto que también ha dado buenas muestras de competencia con otros autores de diversos estilos y épocas. Este ha sido su único concierto en España, tras el que actuará en plazas como Salzburgo, Londres o Lucerna con todas las localidades agotadas y una enorme expectación. La celebración del quince aniversario de la fundación y vigésimo desde que se colocara la primera piedra de la orquesta, ha propiciado este nuevo encuentro con un Teatro de la Maestranza lleno a rebosar y un público absolutamente entregado. La Academia de Estudios Orquestales ha seguido realizando su valiosa labor fomentando la formación y la práctica de un alumnado mayoritariamente israelí, palestino y andaluz, que sirve de catapulta para renovar la plantilla de la orquesta, fija y asentada desde hace ya un buen puñado de años.
 
Michael Barenboin, un sensacional violinista
 
De la propia orquesta surgió el hijo de Barenboim, su concertino y hoy espléndido solista especializado en repertorio contemporáneo y heredero de una forma universal y tradicional de entender la interpretación de la gran música. Cabe pensar lo mucho que habrá sudado Michael Barenboim bajo la atenta y exigente mirada de su padre, y lo mucho que algunos y algunas de sus compañeras se habrán beneficiado de rebote de esa exigencia ejercida por uno de los más grandes intérpretes de música clásica de los últimos cincuenta años. Sólo así, y por supuesto con un talento y unas habilidades innatas, se explica un resultado tan estimulante como el experimentado en esa pieza fundamental, revolucionaria e irrepetible que es el Concierto para violín de Beethoven. Esta prodigiosa catedral musical exige lo mejor de cada intérprete para elevarse a la altura que merece, y el joven Barenboim, con la inestimable, respetuosa y equilibrada ayuda de su padre a la batuta, lo consiguieron.
 
Que su composición coincidiera con el compromiso de Beethoven con Theresa von Brunswick hace que tradicionalmente se interprete como un soplo de felicidad y poesía. El trabajo del gran intérprete es encontrar sin embargo nuevos matices y probar otros elementos expresivos que sin traicionar el espíritu de la partitura contribuyan a decir algo nuevo, como así logró Barenboim en esta obra, y sobre todo, la Sinfonía nº 7 que sonó en la segunda parte del concierto. El joven violinista sonó mate y algo rugoso en un primer movimiento en el que destacó su calidad melódica y su capacidad para alcanzar la gloria a la hora de ornamentar con gusto y delicadeza, especialmente en unas originales cadencias de corte contemporáneo de su propia cosecha. Su sonido evolucionó a más aterciopelado en un larghetto que tocó con enorme delectación y ensimismamiento, penetrando en su espiritualidad y contagiándonos con su prodigiosa concentración, hasta desembocar en un allegro final extrovertido y atlético pero no exento de lirismo, siempre con la complicidad de un Barenboim que sin sacrificar densidad orquestal, no se opuso en ningún momento ni eclipsó la labor del solista. Con la cuerda grave colocada en el centro y los violines enfrentados a ambos lados del escenario, consiguió un sonido más compacto y natural aunque confesemos sentirnos habitualmente fascinados por los efectistas resultados de una cuerda de registros extremos enfrentados. La calidad virtuosística de Michael Barenboim quedó aún más demostrada en una vertiginosa propina de Bach.
 
Una séptima de prodigioso calado emocional
 

Barenboim decidió impregnar la que se considera la obra más gozosa y optimista de Beethoven de su peculiar sentido dramático, especialmente sus dos primeros movimientos. No escatimó en el poco sostenuto inicial a la hora de invocar una amplia gama de registros y dinámicas, tornándose impetuoso en el vivace posterior y profundamente espiritual, casi religioso, en el popular allegretto, que abordó con una especial habilidad para transmitir matices y detalles que consiguieron el milagro de decir cosas nuevas de una página tan trillada. Todas las familias instrumentales brillaron con justicia, salvo los siempre complicados metales que acusaron algún desajuste puntual. Tras un juguetón y muy contrastado scherzo, el allegro final resultó un torbellino de sensaciones, lleno de vigor, grandeza sobrecogedora y una catárquica conclusión.
 
La Orquesta West-Eastern Divan en el Maestranza con Barenboim a la fuga
Por mucho que se le aplaudió y vitoreó, quizás una de las más grandes ovaciones jamás registradas en el Maestranza, no conseguimos arrancarle una propina, pero nos quedamos más que satisfechos con su visita, casi la única de tal relumbrón en una programación que sigue presentándonos huérfana de los grandes nombres que dan sentido a las de otros escenarios españoles y europeos con los que el nuestro quiere estérilmente competir. Del intenso trabajo de la Fundación y los estimulantes resultados de la WEDO se benefician muchos profesionales y alumnado de nuestra comunidad, por eso es fundamental respetarla y promoverla. Un emotivo video al comienzo del concierto dio buena fe de ello; algo de lo que se benefician también nuestras orquestas y nuestra juventud, a la que no cabe escatimar una educación a través de la música que ayude a ser mejores y más responsables personas.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 1 de noviembre de 2015

BARENBOIM Y LA WEDO EN GRANADA: EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA INTERPRETACIÓN

80 aniversario del nacimiento de Edward Said. West-Eastern Divan Orchestra. Daniel Barenboim, dirección. Programa: Sinfonías nº 39, 40 y 41 «Júpiter» de Mozart. Auditorio Manuel de Falla de Granada, miércoles 28 de octubre de 2015

La conmemoración del ochenta aniversario del nacimiento del filósofo, lingüista y activista palestino-estadounidense Edward Said, fallecido hace doce años, ha traído de nuevo a Daniel Barenboim, la otra mitad de la fundación que lleva sus nombres, y a la orquesta que juntos fundaron, a tierras andaluzas por segunda vez este año. Y lo ha hecho con otro de los grandes caballos de batalla de su dilatada trayectoria profesional, Mozart, con quien la anticuada y rancia polémica sobre las formas y estéticas con las que tratar su música está más que servida. El maestro parece haber optado definitivamente por las maneras tradicionales, eminentemente sinfonistas de abordar la música del compositor salzburgués, entiéndase suntuosas y sin abandonar cierta tendencia romántica que caracterizó la interpretación musical clásica durante buena parte del siglo pasado. Como me explicaba mi padre cuando era niño, de forma sencilla para que lo entendiese, que a diferencia de otras músicas en la clásica se deben respetar siempre las partituras, sin que por ello el intérprete deba renunciar a su particular idiosincrasia y universo estético. El de Barenboim está certificado y aprobado desde hace mucho tiempo, lo que no deslegitima a quienes no lo compartan ni disfruten.

Auditorio Manuel de Falla
El bloque que conforman las tres últimas sinfonías de Mozart, culminación de la sinfonía clásica, fue ofrecido por el director y su no tan joven orquesta, al menos en esta ocasión, de palestinos, isrelíes y andaluces con tanta maestría como auténtica genialidad, lo que ya es difícil, casi imposible, tratándose de unas páginas tan arraigadas en el acervo popular. La 39 sacrificó su habitual calidez, sin perder consistencia ni solemnidad, en favor de un acentuado dramatismo, patente en los desgarrados contrastes e inquisitivas reflexiones del allegro inicial. Aunque el andante mantuvo esa línea dramática, le faltó algo de tensión y sus episodios oscuros y tempestuosos quedaron algo velados. Más ortodoxos, el menuetto y el presto final mantuvieron una línea técnica y melódica imponente, con solos de clarinete extraordinarios y metales imponentes. El molto allegro con el que se inicia la 40 acertó en su palpitante intensidad para a partir de ahí regalarnos un interpretación memorable de la celebérrima página. Pesimista y turbulenta sin renunciar a sus puntuales pasajes de optimismo y un ritmo apremiante pero nunca encrespado, la sinfonía deambuló entre una energía apabullante, una atmósfera seria y un discreto aire violento con el que se acertó a adelantar un espíritu romántico sin prejuicios.

Barenboim defendió la Júpiter con las repeticiones del molto allegro final, como lo ha hecho en disco en alguna ocasión, por ejemplo en la grabación de 1967 junto a la English Chamber Orchestra. Sin arrogancia y con lirismo, sin agresividad pero conservando su carácter triunfalista y olímpico, su batuta dosificó con elegancia las prestaciones de unos timbales y trompetas al mismo excelente nivel que el resto de los intérpretes convocados. Seguramente no se trata de una de las mejores orquestas del mundo, como asevera su artífice, pero cuando a ella acuden miembros históricos que han crecido a su amparo, adopta una mayor estabilidad y cohesión, con resultados tan sobresalientes como los logrados en este concierto en Granada que se repitió al día siguiente en Málaga.

martes, 20 de enero de 2015

BARENBOIM Y WEDO EN SEVILLA: DELICADOS DIÁLOGOS ENTRE ORQUESTA Y SOLISTAS

Orquesta West-Eastern Divan. Cristina Gómez Godoy, oboe. Daniel Barenboim, director. Programa: Obertura de “Las bodas de Fígaro” KV 492, Concierto para oboe en do mayor KV 314, y Concierto para piano nº 27 en si bemol mayor KV 595, de Mozart. Teatro de la Maestranza, domingo 18 de enero de 2015

Los gestores del Maestranza debieran replantearse repartir a la entrada, junto a los programas de mano, manuales de conducta para asistir a los conciertos guardando el respeto y la consideración que merecen vecinos y artistas. Se trata de impartir algo de educación a un sector del público que parece asistir a este templo de la música únicamente para completar su agenda social. Sólo así se entiende la incesante irrupción de agresivas y evitables toses, impertinentes caídas de objetos, envolturas de caramelos, timbres de móviles y otros ruidos que tanto perjudican a la magia de la música y la concentración de intérpretes y oyentes.
Barenboim cumplió su visita anual a la capital de Andalucía junto a la Orquesta del Diván con un programa único y diferente al ofrecido en las otras plazas de esta gira, pero también más breve. Prácticamente la mitad de música a la interpretada el pasado viernes en Córdoba y al día siguiente en Madrid, aunque con una calidad extrema en la interpretación y el privilegio de contar con dos solistas de excepción, la oboísta de Linares Cristina Gómez Godoy y él mismo. Tras una luminosa y vibrante Obertura de Las bodas de Fígaro el conjunto se sumergió en un Concierto para oboe, que habría de derivar unos años después en el segundo para flauta del compositor salzburgués, que la joven solista desgranó con virtuosismo, delicadeza y gracia furtiva. Sus complejas cadencias obtuvieron así una respuesta estratosférica de quien ocupa una muy merecida plaza en la Staatskapelle de Berlín, si bien las del allegro inicial se vieron seriamente enturbiadas por las implacables toses aludidas. Por su parte el conjunto arropó con elegancia, sentido de la volatilidad y la ligereza, sin insistir en los aspectos bufos del rondó final.
Disfrutar del arte pianístico de Barenboim en este auditorio era una asignatura pendiente, salvada ahora con un último concierto para piano de Mozart que el genial y legendario director atacó con exquisitez, intensidad emocional y enorme buen gusto. Barenboim hizo gala de su elocuencia evocadora en un intimísimo adagio, mientras la orquesta acompañó con serenidad y hasta solemnidad. En las propinas el maestro y Gómez Godoy se recrearon en una Romanza de Schumann de líneas claras y gramática precisa y transparente, mientras el pianista se enfrentó a un nocturno de Chopin, de quien podemos considerarlo una autoridad, con tanta imaginación y creatividad que logró extraerle sonoridades impresionistas sin traicionar su espíritu romántico.

Artículo publciado en El Correo de Andalucía el 20 de enero de 2015

domingo, 18 de enero de 2015

BARENBOIM Y WEDO EN CÓRDOBA: FRANCIA EN EL CORAZÓN

Orquesta West-Eastern Divan. Daniel Barenboim, director. Programa: Dérive 2, de Boulez; Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy; Rapsodia española, Alborada del gracioso, Pavana para una infanta difunta, y Bolero, de Ravel.
Gran Teatro de Córdoba, viernes 16 de enero de 2015


Aspecto que presentaba el Gran Teatro de Córdoba
el pasado viernes 16 de enero
Las circunstancias y ese miedo nauseabundo que nos están metiendo en el cuerpo desde los poderes fácticos y medios de comunicación, hicieron que un fuerte dispositivo de seguridad barriera el Gran Teatro de Córdoba durante varias horas antes de que un magnífico ambiente abarrotara sus instalaciones. Una orquesta constituida por judíos y palestinos, un año más conviviendo a través de la cultura, da naturalmente pie a tal despliegue policial. En el programa casualmente sólo música francesa.

Pero la verdadera provocación fue la de Barenboim proponiendo sobre los atriles, justo para arrancar la primera cita de su gira anual, una pieza de tanta envergadura y dificultad tanto para el intérprete como para el oyente como Dérive 2 de Pierre Boulez. Compuesta en 1988 a partir de una obra que compuso en los 70 en honor al director suizo Paul Sacher y que también sirvió de base a Répons, Dérive 2 es pura music in progress dedicada a otro compositor, Elliot Carter, de la que Barenboim y once de sus más aventajados alumnos, entre ellos su hijo Michael al violín, ofrecieron la última y más larga de las versiones revisadas por el autor. Nada más y nada menos que cincuenta y cinco minutos nos tuvieron hipnotizados con una interpretación robusta, sólida y marmórea que permitió a las mentes más abiertas descubrir la sensibilidad y meticulosidad de su sonido y línea narrativa. Los intérpretes alcanzaron cotas de auténtico virtuosismo, con resultados vivaces, enérgicos y envolventes, y acertados cambios de registro y dirección, superando con maestría sus intrincados retos polifónicos.

Más convencional y trillado, el carácter eminentemente sinfónico de la segunda parte se perjudicó de una caja acústica encorsetada. Más indicado para un repertorio clásico como el programado en el Maestranza, la sugerente música de Debussy y Ravel quedó encajonada y su sonido empobrecido, a pesar del cuantioso personal convocado sobre el escenario, y de cuyos nombres lamentablemente el programa de mano no se hizo eco. Las prestaciones sin embargo tuvieron un elevado nivel, con Barenboim ralentizando frecuentemente el ritmo, extrayendo colores y matices con proverbial magisterio, destacando más en expresividad que en sensualidad. El lamento de la Pavana, la influencia española en la Rapsodia y la Alborada y el exotismo del Bolero fueron expuestos con claridad y elegancia, sin aspavientos ni estridencias. En un gesto habitual en el director bonaerense, se apartó en la muy transitada página de Ravel y dejó a sus jóvenes músicos libres, que no a la deriva. Una recurrente propina en estas manifestaciones, El Firulete de Mariano Mores en arreglo de José Carli, puso punto y final con un impecable y espectacular trabajo de los metales.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 18 enero 2015

lunes, 20 de enero de 2014

BARENBOIM Y WEDO: SUBLIME NOCHE DE AMOR Y PASIÓN EN EL MAESTRANZA

Concierto 10º aniversario Orquesta West-Eastern Divan. Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said. Andreas Schager, Iréne Theorin, Lioba Braun, Falk Struckmann, Graham Clark, voces. Daniel Barenboim, director. Programa: Acto II de Tristán e Isolda, de Richard Wagner. Domingo 19 de enero de 2013, Teatro de la Maestranza

Coincidió el concierto del décimo aniversario de la Fundación Barenboim-Said con la pérdida de otro de los grandes intérpretes musicales de los últimos cincuenta años, Claudio Abbado, tan preocupado e involucrado como Daniel Barenboim en la formación musical de la juventud como vía para lograr un mundo mejor, de mentes más abiertas y más proclives al entendimiento, la generosidad y la solidaridad. Abbado creó la Orquesta Juvenil Gustav Mahler y promovió la Orquesta Joven Simon Bolívar, apadrinando incluso a su artífice, Gustavo Dudamel. Y Barenboim ha logrado en estos diez años elevar su orquesta de jóvenes israelíes y palestinos, con refuerzo andaluz, al nivel de las mejores formaciones de la actualidad, sin reparos ni complejos. Llegará el día, y no será muy lejano, que recordemos este paso periódico del gran y genial maestro con su espléndida formación, crecida a nuestro amparo, con tanta nostalgia como orgullo. Diremos que hubo un tiempo en que en Sevilla disfrutábamos cada año del placer de escuchar la mejor música bajo la batuta del mejor artista. Porque resulta legítimo reclamar fondos para otros menesteres culturales de carácter más local, pero nunca despreciando aquello que sí los recibe, porque se trata de Cultura al fin y al cabo, y esto es lo que perdura y lo que nos une. Serán los artistas y los intelectuales quienes, junto a los científicos y algunos destacados pocos hombres de Estado, sigan haciendo progresar el Mundo y abriendo nuevos caminos y horizontes para una vida mejor y más justa. Construyamos en lugar de destruir, porque nuestro interés va en ello y si optamos por el camino de la destrucción no sólo pecaremos de catetos e insensatos, sino que perderemos mucho en el camino. La pérdida de Abbado condicionará sin duda, y mucho, el talante con el que Barenboim afronte esta noche su segundo concierto en Andalucía, en el Teatro Falla de Cádiz.

Iréne Theorin
Viene esta reflexión a colación del sensacional e irrepetible concierto que pudimos disfrutar algunos, mil setecientos, privilegiados anoche en el Maestranza. Una mejor divulgación hubiera evitado tener que esperar al anuncio de Pérez de Arteaga en el celebrado último Concierto de Año Nuevo para que el público despertara y agotara las más de mil doscientas entradas que a un par de semanas del evento quedaban aún disponibles. A eso hay que añadir que todavía en esta ciudad estamos verdes en lo que a música se refiere. Los esfuerzos de nuestras instituciones y escenarios dan frutos a muy largo plazo, porque ésta es una cuestión que merece cultivarse desde la enseñanza primaria y con la importancia que requiere. Conceptos como disciplina y esfuerzo se conjugan con los de trabajo en equipo, generosidad, entendimiento y ambición cuando se trata de profundizar en la música y el arte en general, con todo lo que de sensibilidad conlleva.

Andreas Schager

El insigne e inconmensurable Barenboim ya llevó el segundo acto de Tristán e Isolda, esa emocionante página sobre el amor más trágico y apasionado que apenas ha sido superado por ninguna otra obra de arte, al Festival de Música y Danza de Granada en 2006, cuando el director era habitual invitado para clausurar cada edición del certamen. Fue entonces cuando la intención de llevar la ópera completa a escena en el Maestranza, después del éxito cosechado con Parsifal apenas un par de veranos antes, había fracasado por falta de apoyos, infraestructuras o presupuesto. Aquel segundo acto de Granada contó nada más y nada menos que con la Staatskapelle de Berlín y las voces de Ben Happner, Catarina Dalayman, Michelle DeYoung, René Pape y Stephan Rügamer. Naturalmente la capacidad del bonaerense para convocar las voces más rutilantes y apropiadas se ha repetido también en esta ocasión, con personalidades curtidas en el universo wagneriano y varias veces participantes en el prestigioso Festival de Bayreuth. Una orquesta elevada el limbo de las mejores, unas voces tan adecuadas como espectaculares y la batuta más insigne que uno pueda imaginar, más en el repertorio que más merecedor le ha hecho de ser considerado uno de los grandes genios de la música de todos los tiempos; y todos aquí en Sevilla, menudo privilegio y menuda satisfacción.

Lioba Braun
El resultado, fascinación hasta la levitación, emoción hasta alcanzar cotas sublimes. Una experiencia irrepetible e imborrable. Barenboim, que tantas y tantas veces ha abordado la página, es capaz hasta de reinventarla y ofrecernos pasajes con una frescura como antes nunca los habíamos percibido, en ocasiones con efectos que sólo con manipulación electrónica seríamos capaces de creer y asimilar. Ese continuo vaivén de los violines a favor de la máxima sensualidad posible, unos metales tan majestuosos como portentosos, con efectos mágicos como en la cacería al comienzo del acto, la voz de Bragane surgiendo de la lejanía y provocando otro efecto mágico, la complicidad entre dos de las más grandes voces wagnerianas de la actualidad, la sueca Iréne Theorin aportando autoridad, sinuosidad y volubilidad a un mismo tiempo, y el austriaco Andreas Schager exhibiendo una voz de registro más lírico que heroico, pero tan potente y segura como impregnada de arrebatadora expresividad, la melancólica complicidad de Lioba Braun avisando a Isolda de los peligros que su apasionada historia de amor le puede acarrear, o la desesperada clemencia del Rey Marke apoyada en la portentosa y bellísimamente timbrada voz del barítono alemán Falk Struckmann, a lo que hay que añadir la episódica pero muy ajustada intervención del tenor inglés ex profesor de gimnasia Graham Clark. Todos al servicio de una interpretación antológica de la excepcional página de ese Wagner ídolo merecidísimo de millones de melómanos en todo el Mundo, porque al margen de su discutible ética o humanidad, es infinita la dicha que ha desplegado sobre las personas de muchas generaciones, haciendo progresar la Humanidad y el Arte, y siempre en sentido positivo.

sábado, 10 de agosto de 2013

WEST-EASTERN DIVAN 2013: MUCHO TALENTO BAJO LA BATUTA DE UN GENIO

Orquesta West-Eastern Divan. Daniel Barenboim, director. Programa: Oberturas de Las vísperas sicilianas y La fuerza del destino, y Preludios a los actos I y III de La traviata, de Verdi; Sinfonía Fantástica de Berlioz. Teatro de la Maestranza, viernes 9 de agosto de 2013

Andalucía cumple doce años como sede del hermoso proyecto de la Fundación Barenboim-Said, orientado a acercar pueblos beligerantes a través de la cultura, premisas que han servido de inspiración también para otras iniciativas como la que lidera la viuda de Rostropovich. Antes de trasladarse a enero a partir del año próximo, cumplió su tradicional cita veraniega en Sevilla, donde sólo faltó en 2008 por obras en el templo lírico de la ciudad.

Efemérides mediante, Barenboim y sus jóvenes talentos ofrecieron en el Maestranza una selección de Verdi, de la misma forma que en Granada dedicarían su concierto a Wagner. Con el compositor de Busseto el maestro demostró por qué se le considera un genio indiscutible de la interpretación musical. Como si nunca antes hubiésemos escuchado las celebérrimas páginas del italiano, redescubrió al público maestrante la Obertura de Les vépres siciliannes, una de sus óperas más opulentas y ambiciosas, destinada a la Grande Boutique, como se refería Verdi despectivamente a la Ópera de París. Su gramática rossiniana no estuvo exenta de la intensidad dramática y la sincera emoción que tan bien supo plasmar el conjunto, sacrificando el tradicional temperamento que se suele asociar a Verdi en favor de una riqueza atmosférica y una elegancia sobrecogedoras. Igual ocurrió con los Preludios a los Actos I y III de su ópera inmediatamente anterior, La traviata, y la Obertura de su título sevillano, La forza del destino, donde la sutileza se hizo patente en las transiciones de los pasajes líricos a los más enérgicos y vitalistas. Un Verdi notablemente refinado, distinto y extraordinario. 

Berlioz, que consideraba Las vísperas sicilianas el trabajo mejor acabado de Verdi, fue el protagonista de la segunda parte con su inmarchitable Sinfonía Fantástica, en los atriles de la WEDO desde 2009, cuando la interpretaron en los Proms de Londres. Hubo menos sorpresa en esta página, resuelta no obstante con un nivel técnico impecable y una potencia expresiva arrolladora. Pieza romántica por antonomasia, en la que el autor vierte sus emociones – junto al monólogo Lelio constituye su Episodio en la vida de un artista – ilustra a la manera de los futuros poemas sinfónicos de Liszt y Strauss el hechizo de un hombre sometido a la decadencia moral que le provoca su mujer ideal. Su carácter irreal, motivado por la ingesta de opiáceos en el protagonista, fue potenciado por la particular manera en que Barenboim distribuyó la cuerda, alternando graves y agudos a lo largo del escenario. Todos los caracteres de la obra, melancólico, épico, apasionado y sosegado en contraste, tuvieron su espacio en una memorable interpretación en la que brillaron entre otros los redobles de timbales o el diálogo entre corno inglés y oboe del tercer movimiento, en un conjunto ya de referencia que evidenció su cada vez más asentada plantilla. Cuatro piezas de la popular Carmen culminaron la experiencia catártica de un público entregado y propenso al aplauso incluso cuando no procedía.

Crítica publicada en El Correo de Andalucía el 11 de agosto de 2013

viernes, 9 de agosto de 2013

WEST-EASTERN DIVAN EN SEVILLA: EDWARD SAID, AMIGO E INSPIRACIÓN

Homenaje a Edward Said. Solistas de la Orquesta West-Eastern Divan. Michael Barenboim, violín. Karim Said, pianoDaniel Barenboim, director. Programa: Concierto de cámara para violín, piano y trece instrumentos de viento de Alban Berg. Teatro Central, jueves 8 de agosto de 2013

Edward Said (1935-2003)
La elección del Concierto de Cámara de Berg, compuesto inmediatamente después de Wozzeck y estrenado en marzo de 1987, no es una casualidad. Responde de manera muy significativa al leit motiv de este singular evento, un merecido homenaje a Edward Said, gran intelectual árabe del siglo XX, cuando se cumplen diez años de su fallecimiento, y en el preciso instante en el que se conmemora el mismo lapso de tiempo transcurrido desde que visitara la ciudad de la Torre del Oro en aquellos ya lejanos comienzos de esta apasionante aventura humana y cultural, destinada si no a solucionar sí a paliar los desastres de la eterna confrontación entre judíos y palestinos. Como Barenboim y Said, Berg y Schönberg eran devotos amigos y cómplices. El segundo acababa de inventar el dodecafonismo, y en su cincuenta efemérides Berg decidió zambullirse en los límites del atonalismo y el dodecafonismo para dedicarle esta página quizás no tan esencial en la escritura musical del siglo XX como su concierto para violín A la memoria de un ángel, pero indispensable para conocer las líneas fundamentales de ese vanguardismo que azotaba los comienzos del siglo pasado y que aún resulta difícil de comprender no ya para el público en general sino incluso para tantísimos melómanos. La página, cuyo movimiento central, un adagio en forma de amplio palíndromo, está dedicado a la esposa fallecida del autor de Noche transfigurada, supone precisamente un triunfo de la vida sobre la muerte, tal como demuestra el Rondo ritmico con introduzione final. El mismo triunfo de Said como inspirador de un proyecto necesario de vida en paz y armonía. A su vez, el Concierto de Cámara es una obra de estructura obstinadamente matemática, apoyada en el número tres y sus múltiplos, como se observa en la estructura musical del Thema scherzoso con variazioni inicial, en la que se deletrean los nombres del autor y de sus colegas Schönberg y Webern, o los 240 compases que integran tanto el primero como el segundo movimiento, multiplicados por dos en el tercero si a la introducción y el cuerpo principal añadimos los 175 compases de la repetición voluntaria, que casi nunca se hace, y ésta no fue una excepción. Todo lo cual convierte a la pieza en algo tan singular como el homenaje al luchador por la integración entre judíos y palestinos en el que se integró su interpretación.

Daniel Barenboim con su hijo Michael a la izquierda,
en otra actuación de la West-Eastern Divan Orchestra
Barenboim, gran conocedor de una obra que al menos como pianista ha interpretado y grabado en varias ocasiones, se erigió esta vez en director de un conjunto formado por jóvenes intérpretes educados en los talleres que desde hace doce años se imparten en nuestra provincia. Su hijo Michael, de probada solvencia y versatilidad, protagonizó la voz del violín, mientras un pariente también joven del homenajeado se encargó de la pianística. Sus intervenciones, el primero en el Thema e variazioni y el segundo en el Adagio, y ya ambos dialogando en el Rondo, rozaron la excelencia virtuosística, destacando en lirismo y mordiente, mientras en el resto del conjunto se apreciaron frecuentes irregularidades técnicas y falta de cohesión, lo que en una obra en la que sus quince ejecutantes deben comportarse como solistas de excepción conduce a unos resultados decepcionantes. La lectura devino famélica en muchos aspectos, desequilibrada ocasionalmente, y aunque evidenciando destellos de brillo y energía, en general resultó desganada. Sus grandes posibilidades interpretativas, desde la severidad extrema al expresionismo más tempestuoso, fracasaron en nuestra opinión frente a un anhelo de equilibrio entre lo lírico y lo dramático que sólo obtuvo resultados satisfactorios respecto a claridad, no tanto en cuanto a la superación de su gran dificultad técnica y tensión dramática. No obstante celebramos la iniciativa de programar una obra que tan raramente se hace, y nunca quizás antes en nuestros escenarios.

Bernardino León, un político fiable
El homenaje estuvo enmarcado por una accidentada proyección – menudos técnicos contrataron, hablando sin parar incluso por teléfono cuando en los atriles sonaba ya la música de Berg - de un documental en vídeo, rutinario y previsible, en el que personalidades de la cultura y la política, como Juan Goytisolo y Felipe González, glosaban las virtudes del homenajeado. Y ya en la segunda parte, por un sentido, preciosa y relajadamente fraseado discurso del político malagueño Bernardino León, valedor de la Fundación Barenboim-Said en Andalucía y el mundo entero, que aprovechó justa y oportunamente para reprochar el trato a menudo injusto que tan noble empeño recibe de medios de comunicación y oposición en ésta nuestra desdichada y desorientada tierra, crisol de culturas y deudora de una riqueza humana y cultural que a veces demuestra no merecer. Aquí ya se sabe, para defender lo nuestro atacamos lo de los demás; en lugar de sumar, restamos. La Fundación ha recibido tantos recortes presupuestarios como otras instituciones propiamente andaluzas, pero lo fácil es hacer demagogia reclamando para éstas todo y nada para los demás, a los que se tilda de juguetes caros e inútiles, despreciando la labor generosa y altruista desempañada por quienes sacrifican veintisiete horas de trabajo al día, o todo un patrimonio intelectual acuñado durante años de estudio y análisis concienzudo. El acto final del homenaje estuvo protagonizado por una entrevista de la profesora de Literatura Comparada de la Universidad de Nueva York, Ana Dopico, al maestro Barenboim, siempre interesante en sus revelaciones, que en esta ocasión alcanzaron incluso a desmentir algunas leyendas sobre la creación de una fundación que debería ser orgullo para andaluces y andaluzas, aunque a veces se atisbara cierto cansancio dialéctico consecuencia de tanto trabajo y edad.