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miércoles, 27 de mayo de 2026

TIEMPO Y ESPACIO A TRAVÉS DE UN ICONO MODERNO

Einstein on the Beach. Ópera en cuatro actos para conjunto, coro y solistas con música y letra de Philip Glass, según un concepto de Robert Wilson y Philip Glass. Suzanne Vega, narradora. Tom De Cock, dirección. Dirk Deschemaeker, asistente a la dirección musical. Catherine Kunz, vestuario. Alexander Fostier, sonido. Pieter Nys, iluminación. Ictus Ensemble. Collegium Vocale Gent. Coproducción de Concertgebouw Brugge y Dunvagen Music Publishers, Inc. Teatro de la Maestranza, martes 26 de mayo de 2026


Aunque su propio concepto, abstracto e independiente, con sus artífices, Philip Glass y Bob Wilson, justificando de mil maneras posibles la dedicatoria de su espectáculo musical y escénico a Albert Einstein como algo sustancialmente coyuntural, como si cualquier otro personaje icónico del siglo XX hubiera podido ocupar su lugar, la verdad es que la figura del científico se deja sentir notablemente en la arquitectura musical de este prodigio del minimalismo más radical, extremista y seductor.

Tan imposible de identificar como una ópera convencional como difícil es hacerlo con una mera experiencia musical a través de esta versión de concierto, prescindir del concepto visual de Robert Wilson cuando se estrenó en 1976 no parece perjudicar en exceso la percepción clara, nítida y libre de prejuicios, de la inquietante música de su principal creador, un Philip Glass entonces en la cúspide de las vanguardias, que luego iría paulatinamente abandonando en favor de un lenguaje más asequible y conciliador.

No deja de tener gracia que la ópera siga reivindicándose como espectáculo dramático, despreciando estos intentos que desde mitad del pasado siglo han procurado pervertir tradición para derivar en algo sustancialmente distinto y novedoso. Hace apenas unos años pudimos asistir en streaming al estreno en el Metropolitan de Nueva York de una ópera de Kevin Putts, que no deja de tener cierto prestigio como compositor que ha sabido captar las vanguardias musicales para adaptarlas a un lenguaje operístico convencional. Se trataba de The Hours, basada en la famosa novela de Michael Cunningham y la no menos célebre película de Stephen Daldry, a la que paradójicamente puso música un Glass definitivamente complaciente y hasta cierto punto neo romántico.

Se cerraba así un círculo enigmático y misterioso que abarcaba desde esos años setenta que conocieron el intento de crear un nuevo concepto de ópera, como experiencia sensorial completa, ajena a una dramaturgia convencional, y lo que finalmente ha persistido, abrazando tradición desde una óptica musical de relativa vanguardia, con Glass como eje articulador. Desde su estreno en 1976 en Avignon, Einstein on the Beach ha permanecido en el olvido de los programadores, aun conservando su mística particular, hasta que en las dos últimas décadas se ha recuperado su presencia en teatros y certámenes especializados.


Una partitura muy compleja en excelentes manos

La muy esperada versión que ayer pudimos disfrutar en el Maestranza, vino de la mano de Tom De Cock, director musical del prestigioso conjunto Ictus, todo un referente de la música contemporánea que ayer, desde luego, demostró su pericia y magisterio en la materia con una interpretación sólida y precisa de una partitura que exige un enorme esfuerzo de compenetración. Ríanse de la precisión rítmica que exige el Bolero de Ravel para quien percute la caja. Eso en la partitura de Glass se multiplica en exceso, exigiendo de cada partícipe instrumental una cadencia obsesiva sólo al alcance de los y las más pacientes y disciplinadas. Instrumentos convencionales, como el clarinete, el saxofón o la flauta, conviven con teclados y una sorprendentemente escasa intervención electrónica, a pesar de lo cual el resultado no deja de ser más electro acústico y sorprendente. Especial mención merece el violinista Igor Semenoff, un virtuoso entregado a su fatigoso menester relativamente disfrazado, aunque no tanto como para identificar sin fisuras al Einstein protagonista.

Ciencia matemática al servicio del arte

La producción de ayer rebasa en casi media hora la que The Philip Glass Ensemble grabó para CBS Sony dos años después de su estreno, pero reduce en una hora la que entonces llegó al escenario. Fuimos capaces de percibir pasajes que no figuraban en la grabación original dirigida por Michael Reisman, con referencias directas a ese tren y esa nave espacial que encuadran esa sensación de espacio y tiempo que todo lo relativiza y que permite al científico erigirse en protagonista de la función.


Hay también mucha matemática en su compleja estructura, en esa repetición ad nauseam de números y notas musicales, a cargo del Collegium Vocale Gent, así como de pasajes presuntamente poéticos a cargo de Suzanne Vega, que en su rol de narradora aglutina los tres únicos personajes del libreto, declamados con una dicción impecable, un fraseo fluido y un timbre tan sedoso y hermoso como sensual. Y, desde luego, hay matemática en su estructura, cinco knee plays que funcionan como interludios, y nueve escenas que recorren espacios tan variopintos pero significativos como un tribunal, o ese tren y nave espacial referidos, aunque en esta ocasión todo parecía limitarse a un estudio de grabación.

Especialmente atractiva es la escena de la cama, entonada con un concepto de la belleza casi espiritual por la soprano Elisabeth Rapp. Una aportación vocal que completó con nota la de un impecable y empeñado coro, uno de los más prestigiosos del mundo cuando de entonar el barroco se trata, y que aquí hemos podido disfrutar en otras ocasiones en su ambiente habitual. La simbiosis perfecta que se entabla entre voces e instrumentos, produce un efecto no ya hipnótico, sino definitivamente narcótico, no obstante lo cual fueron muchos y muchas quienes abandonaron la sala, abierta de par en par no con ese fin, sino para facilitar el libre movimiento del público durante las más de tres horas de representación.


Una forma también de interactuar con los músicos y cantantes, que también abandonan la escena o se relajaban sobre el escenario mientras no se exige su participación activa. Y todo eso sazonado con una iluminación precisa y elocuente, tanto como el resto de los elementos del espectáculo, a veces tan osculante como el beso de enamorados con el que culmina la enigmática narración, y que en cierto modo hace también referencia, en su acepción científica, a otro de los muchos logros del insigne personaje a quien Wilson y Glass dedicaron una ópera que no lo es, pero que se mantiene en nuestra memoria cultural como piedra angular de una ruptura musical casi sin precedentes.

Aplaudimos y reivindicamos así la obligación de un teatro público de programar obras que contribuyan a nuestra educación musical y nos abra a nuevos horizontes, aunque pasado medio siglo, no se pueda hablar con demasiada alegría de algo nuevo.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 21 de diciembre de 2025

FASCINANTE CALEIDOSCOPIO MUSICAL

Música de cámara en Turina. Ilya Gringolts, violín. Lawrence Power, viola. Nicolas Altstaedt, violonchelo. Programa: Obras de Wolfgang Rhim, William Byrd, György Kurtág, William Alwyn, Henry Purcell, Roman Haubenstock-Ramati, Luigi Boccherini, Anton Webern, Sándor Veress, Jean Sibelius, Johann Sebastian Bach y Zoltán Kodály. Espacio Turina, sábado 20 de diciembre de 2025


El equipo técnico y artístico del Espacio Turina se adelantó a los Reyes Magos y nos regaló uno de esos conciertos que se quedan en la memoria para el resto de nuestros días, con tres no reyes magos pero sí sensacionales intérpretes unidos por todo lo que saben hacer en música, que es precisamente eso, todo. Aunque han colaborado juntos más de una vez, no forman entre sí un conjunto concreto, lo que nos invita una vez más a destacar el trabajo en equipo y la compenetración cuando no se trata de un trío, en este caso, convencional, sino tres excepcionales músicos unidos para la ocasión.

Con un programa ecléctico y variado, que tuvo como arranque y epílogo la Música para tres instrumentos de cuerda del prolífico compositor alemán Wolfgang Rhim, fallecido el año pasado, el trío de ases repasó sonoridades y expresiones de distinto calado, con especial énfasis en la música contemporánea y escalas en el barroco, el clasicismo y el romanticismo para poner en relación diversas estéticas y dar algún respiro al desasosiego generalizado que provocan los compositores del siglo XX programados para la ocasión. Fuertemente agitados, con una precisión extrema que se percibió a lo largo de todo el concierto, el trío llevó a la práctica los abundantes silencios y pausas que caracterizan el trabajo de Rhim, mientras pudo advertirse la furia desatada, especialmente por Altstaedt, quien se convirtió en un auténtico rompe cerdas de arco.

El alemán Nicolas Altstaedt es el único de los tres que ya conocía las virtudes del Espacio Turina, su idoneidad para la música de cámara. Fue en la edición más atrevida y complicada del Femás, en plena crisis de la pandemia, en marzo de 2021. Entonces interpretó de una sola tacada las seis suites para violonchelo de Bach, dejándonos a todos y todas boquiabiertas. Ahora, junto al violinista ruso Ilya Gringolts y el violista británico Lawrence Power, desgranaron con enorme compenetración, intensidad y concentración, un programa en el que destacaron las dinámicas marcadas y los fuertes contrastes de Signs, Games and Messages de György Kurtág, a punto de cumplir cien años, la muy expresiva y galopante gramática del trío de cuerdas del muy cinematográfico William Alwyn, la más impulsiva y a la vez esquemática de Roman Hardenstock-Ramati, o los mecánicos pizzicati de Webern.


Todos ellos alternados, sin interrupción, con los más amables acordes de Byrd, Purcell y Boccherini, leídos con idéntica pulcritud, capacidad de comunicación y apasionamiento con que abordaron las piezas más duras y complejas del pasado siglo. Hasta que unas imaginativas y espectrales onomatopeyas extraídas de La reina de las hadas, introdujeron los muy enrevesados y agresivos acordes del trío de cuerdas de Sándor Veress.

Con aires de fandango de la mano del
Timón de Atenas de Purcell, arrancó una segunda parte algo más distendida, en la que pudimos seguir apreciando el porte aristocrático de Power, el fraseo fluido y ágil de Gringolts y el empuje endemoniado de Altastaedt, en un recorrido que nos llevó a Sibelius, cuyo trío de cuerdas en sol menor disfrutó de una interpretación soberbia y descomunal, pura emoción de una extrema intensidad. Dos invenciones a tres voces de Bach sirvieron, en su brevedad, para reponernos del efecto catártico que nos dejó Sibelius, mientras la liturgia elegíaca de Kodály y el espíritu zíngaro de Veress y su Szatmári Táncok, nos prepararon para el fascinante broche final, el séptimo movimiento de la Música para tres instrumentos de cuerda de Rhim, pieza con la que se inició el concierto, que reza enérgico y al que el trío protagonista llevó hasta las últimas consecuencias, especialmente unos repetitivos y bruscos acordes finales alternados con elocuentes silencios que terminaron por hacer a un público extremadamente respetuoso estallar en entusiastas aplausos.

Fotos: Luis Ollero

viernes, 13 de junio de 2025

BUENA MÚSICA AL SERVICIO DEL CLICHÉ LORQUIANO

Poeta en Nueva York. Ópera de cámara en un acto. Música y libreto de Alberto Carretero¸ según textos de Federico García Lorca. Alberto Carretero, dirección artística, diseño sonoro e interpretación de la música electrónica. Rita Consentino, puesta en escena. Alejandro Andújar, escenografía. Yaiza Pinillos, vestuario. David Bofarull y Quim Algora, iluminación. Lauren Serrano, sonido. Julieta Ascar, video. Carlos Cansino, sobretítulos. Javier Povedano, barítono. Sergio Gómez “El Colorao”, cantaor. Laura García-Lorca, voz en off grabada. Marco Flores, bailaor y coreógrafo. Trío Arbós: Ferdinando Trematore, violín; José Miguel Gómez, violonchelo; Juan Carlos Garvayo, piano. Proyecto realizado con la Beca Leonardo a Investigadores y Creadores Culturales 2023 de la Fundación BBVA. Espacio Turina, jueves 12 de junio de 2025


El Espacio Turina coronó ayer tarde otra sensacional temporada con un estreno absoluto, tan de agradecer para la buena reputación de la ciudad como para quienes tenemos el privilegio de acercarnos a un trabajo en exclusiva y ser los primeros en opinar sobre sus defectos y excelencias, aunque como toda opinión pueda ser controvertida o incluso digna del desprecio más absoluto. El tan reconocido como valorado compositor sevillano Alberto Carretero fue el maestro de ceremonias de esta botadura, con una partitura rica y regocijante y un control de todos los resortes de la composición realmente encomiable. Otra cosa es el concepto en sí de la pieza y cómo encajaron todos los talentos en liza.

El Trío Arbós se encargó de llevar a muy buen puerto la parte estrictamente musical del proyecto, destacando en compenetración y riqueza de texturas, con una partitura vibrante y enérgica, apabullante de principio a fin, y con la que el talento de Carretero supo transmitir todas sus posibilidades, encajándose como un guante a los diversos episodios que integran el complejo y archifamoso poemario en el que basa su elocuente narrativa. Con un trabajo meticuloso y preciso de Juan Carlos Garvayo al piano, a menudo intervenido, del que supo extraer tanto calidades rapsódicas como de índole meramente percusionista, la cuerda de Trematore al registro agudo y Gómez al grave, logró ensalzar la rica estructura y densas texturas de la música, su carácter agitado y sus calculadas tensiones, adaptándose a cada episodio con sutiles incursiones en el universo del jazz, la canción popular o los sones del Malecón. Buena música sin duda, el tiempo dirá si es grande. La electrónica, asumida desde la mesa de control por el propio compositor, aportó atmósfera con sus sonidos sostenidos y sus efectos envolventes.


No es Poeta en Nueva York un texto fácil, ni siquiera para iniciados. La alternancia de los poemas con las cartas enviadas por el poeta a amistades y familiares, grabadas a pesar de estar presente en la sala por su sobrina Laura García Lorca con un tono algo monocromo al principio, después ya nos acostumbramos, logró contextualizar cada pieza y ligar su significado. Quedó más patente que nunca la decepción del granadino con la urbe que todo lo engulle y deshumaniza, una visión que contrasta con las alegres fotografías, rodeado de amistades, que dan cuenta de su viaje y que no fueron aprovechadas en este montaje. Sí pudimos contemplar algunas imágenes de archivo en movimiento que ilustraban el ritmo de la ciudad en esos finales de los veinte, a las puertas de la Gran Depresión.


Visiones de Nueva York que redundan en su decadencia moral y su desmedida ambición económica, como queda patente en episodios como el dedicado a Wall Street o los millones de animales sacrificados para alimentar a tantísima criatura concentrada. Sólo hacia el final, con Los muchachos, Harlem y, sobre todo, Cuba, asoma un resquicio de felicidad y esperanza. Una escueta, sencillísima, puesta en escena redundó en algo que se ha convertido en tradición desde los lejanos años en los que el Centro Andaluz de Teatro residía en el Cortijo del Cuarto, representar el universo lorquiano con telares blancos. La colada al servicio de la lírica del poeta, sábanas blancas como mantel y como envoltorio de un bailaor, Marco Flores, que se pavonea y retuerce del mismo modo que alterna flamenco con baile contemporáneo. Abunda la simbología, como ese olivo al final que renace de la incomprensión y la inmundicia. Y no falta, para redondear el carácter barroco de la propuesta, las referencias al ingenio pictórico del homenajeado, sobre la pared blanca, con las manos manchadas del bailaor como médium, y en el esmerado libreto que acompañó al evento.

Una mezcla que se repite en la parte vocal de la composición, echando de nuevo mano del imaginario inevitablemente asociado al ilustre granadino, a quien parece no podemos desligar de su pasión por el cante jondo. A él se prestó la voz y la fuerza de El Colorao, mientras el barítono Javier Povedano exhibió una voz rotunda y matizada. Juntos, al final, llegaron a sonar estridentes e incluso un pelín desacompasados. Una combinación en lo escénico y lo musical de música contemporánea y flamenco que a algunos no nos llegó a convencer ni emocionar.


De cualquier forma, tras una noche de estreno y a la espera de debutar en otros espacios, una obra no deja de ser un work in progress, y si algunas de nuestras consideraciones son lo suficientemente acertadas e invitan a la reflexión, estaremos encantados de haber aportado un granito de arena en el acabado definitivo de una pieza que siendo ambiciosa, al menos no nos ha parecido pretenciosa. No sería justo, para terminar, no reconocer el esfuerzo titánico, físico y mental, de cada uno de los seis artistas sobre el escenario, voces, bailaor y trío instrumental. 

jueves, 1 de mayo de 2025

LA MUJER MASOQUISTA A SOLAS CON MARILYN

A solas con Marilyn. Ópera de cámara. David del Puerto, música, guitarra eléctrica y dirección musical. Alfonso Zurro, texto. Ricardo Campelo Parabavides, dirección escénica y videocreación. Rhina, vestuario. Luiggi Falcone, iluminación. Ruth González, soprano. Blanca Valido, mezzosoprano. Ana María Alonso, viola. Coproducción de Teatro Xtremo y Ópera de Tenerife, con el apoyo del Festival de Ópera de Cámara de la Comunidad de Madrid, Ópera en Minúscula y Proyecto Verdi. Teatro de la Maestranza, miércoles 30 de abril de 2025


No podemos sino manifestar nuestra perplejidad, una vez más, ante un espectáculo perpetrado por quienes se sienten modernos y progresistas y no hacen sino errar conceptos echando mano, quizás inconscientemente, de viejos y devaluados clichés que no hacen sino perpetuar situaciones indeseables. Le ocurre a esta ópera de cámara, en cierto modo ambiciosa porque son muchas las entidades implicadas en su realización, cuenta con unos recursos técnicos holgados, el texto de un autor de la fama y el reconocimiento que acuña Alfonso Zurro, y la música detallista y combinada del Premio Nacional David del Puerto.

Llama la atención que en su puesta en escena sean tres las mujeres que la hacen realidad, dos voces y una viola, más la guitarra eléctrica de la que se hace cargo el propio compositor, pues se trata de una obra conceptual que pretende jugar más al psicoanálisis que a la dramaturgia, y para que quede claro ahí están esas manchas freudianas que de vez en cuando aparecen en la pantalla digital que sirve de telón escénico, en la que precisamente tres son los estereotipos de mujer que entran en juego, y ninguno positivo. Lo que demuestra que sin ser conscientes, seguimos anclados en muchos aspectos en ideologías vetustas, rancias y descoloridas, como cuando la mujer era sistemáticamente sacrificada por amor en tantos títulos operísticos decimonónicos. En dicha pantalla podemos seguir a través de la archiexperimentada técnica de la grabación en directo, los detalles de la puesta en escena. 


Una de las mujeres está atormentada y se siente profundamente desgraciada por el abandono de su marido. Despechada hasta el punto de recrear el mito de Medea, como si no supiéramos que tanto la brujería como la violencia vicaria ni muchísimo menos es patrimonio de la mujer, que incluso es el hombre quien más la ejerce y la ha ejercido. Otra se permite disfrutar del sexo de las formas más variadas, aunque ella las considera una y otra vez perversiones. Y la otra, una Marilyn Monroe que aparece en multitud de poses tanto en pantalla como en un libro que es radicalmente destrozado en escena, parece representar a esa otra mujer también desdichada, rol que ya parece imposible sustraerle a la pobre Norma Jean, pero a la vez femme fatale y roba maridos, más por su apariencia frívola que por su histórica conducta sentimental.

Como puede observarse, tres estereotipos machistas de la mujer en pleno siglo XXI. Pero qué se puede esperar cuando llevamos tantos días pendientes mediáticamente del fallecimiento de un Papa, por mucho que se pretenda fuera tan bueno y progresista. Estas tres mujeres, dos en escena, la otra como presencia testimonial, se mueven por un escenario vejatorio, una especie de cámara de tortura para que quede aún más clara su via crucis,  en el que exhiben su físico hasta límites pudorosos, y cantan o declaman embadurnadas en leche, agua, tinta y sangre falsa, tal es la pretensión estérilmente provocadora de su director de escena. Aunque a algunos lo único que nos provoca y repugna es que un hermoso libro de fotografías de Marilyn se destroce cada vez que se pone en escena le función.


A la soprano canaria Ruth González la hemos visto en Sevilla en papeles secundarios en La tabernera del puerto de Sorozábal, Alcina de Haendel y Jenufa de Janácek. Mantiene el tipo valientemente durante toda la función, a pesar de las circunstancias y de portar en la primera mitad una espantosa peluca lejos del tinte natural que exhibe en estas fotografías de archivo. Pero denota un timbre discretamente impostado, que en algunos pasajes, cantados de forma sobria y homogénea, nos traslada a una estética lírica de carácter veladamente zarzuelero. Con una voz rotunda y autoritaria, la mezzo también canaria Blanca Valido, que tanto nos gustó cuando participó junto a la Film Symphony Orchestra en el espectáculo Fénix de 2021, incorporó a una compañera de trabajo 
de la desdichada protagonista, cajera de supermercado, como voz de la conciencia y supuesta animadora sexual de la misma.

La música de David del Puerto fue quizás, sin grandes aspavientos, lo mejor de la propuesta, con esa combinación de técnicas tradicionales, complejas armonías y estéticas tonales y melódicas junto a sonoridades inquietantes pregrabadas y distorsiones de los dos únicos instrumentos en escena, logrando si no una partitura audaz y atrevida, sí al menos cierta creatividad en un trabajo ecléctico y puntualmente matizado. Lástima que estuviera al servicio de otro de esos textos mal enfocados de un autor demasiado mimado para la cantidad de veces que cae en visiones trasnochadas y rancias de realidades que seguramente pretende ilustrar de forma más acorde a nuestro tiempo, sin conseguirlo.

miércoles, 1 de mayo de 2024

EL RUIDO PERFECTAMENTE ORGANIZADO DE LA CONJUNTA

5º concierto de la XIII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Ensemble de percusión. Antonio Moreno, vibráfono. Miguela Goncet, declamación. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Les cahiers de V. Nijinski, de Henri Algadafe; Sombra de una iconografía, de Daniel Sprintz; Bembé, de Louis Franz Aguirre; Ionisation, de Edgar Varèse. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 30 de abril de 2024


Debía ser sencillamente la cita anual del conjunto de percusión de esta orquesta de jóvenes en fase de aprendizaje. Pero la presencia destacada de un consumado artista del vibráfono como Antonio Moreno y del actor y performer Miguela Goncet en el escenario, y de dos de los compositores convocados en la sala, dio a este quinto concierto de temporada de la OSC un cariz muy especial, comandado por las siempre responsables y entusiastas manos de su director, Juan García. Otra ocasión para encontrarnos con músicas de nuestro tiempo, saludar un repertorio inédito y regocijarnos con programas tan atractivos como los que García es capaz de diseñar y que tanto difieren de la cultura oficial que se empeña en reiterar una y otra vez las mismas propuestas.

Prueba de que la cosa funciona es el éxito de convocatoria que experimentan cada una de las citas que la OSC programa a lo largo del año, y que en esta ocasión evidenció cómo la sala Manuel García del Maestranza, con toda la categoría que actuar ahí representa, se queda pequeña para la atención que le dispensan seguidores y aficionadas. Es cierto que la gratuidad produce su efecto, pero también que precios tan ridículos como los que exige por ejemplo el Espacio Turina, no deberían servir de excusa para que sus extraordinarias propuestas apenas susciten concurrencia en tantas ocasiones. El trabajo en redes y la divulgación en ambientes académicos sin duda deben de funcionar para que este seguimiento siga siendo tan regular.

El concierto se inició con una singular página del compositor francés Henri Algadafe, ecléctico músico que lo mismo se erige en virtuoso de la guitarra eléctrica que coquetea con el jazz y los ritmos latinos, y hasta el rock. Basándose en los cuadernos del legendario bailarín Vaslav Nijinski, el compositor articula una fantasía en torno a la performance del artista Miguela Goncet, que los declama haciendo hincapié en sus continuos cambios de registro y humor así como sus perturbadores aspectos psicológicos, mientras tambores y timbales pasan del redoble en estilo drummer’s delight a la marcha tribal ocasionalmente ensordecedora, exhibiendo un dominio absoluto del ritmo y las texturas, acompañado de un esmerado control de las dinámicas, lo que da al conjunto un aspecto muy severo y amenazador. Su estreno en nuestro país, veintisiete años después de componerse, pudo considerarse un éxito.


También presente en la sala, el argentino afincado en España Daniel Sprintz presentó Sombra de una iconografía, una pieza estructurada en torno al vibráfono, que el insólito especialista en flamenco Antonio Moreno manejó con maestría y toda la delicadeza que la obra demanda. Esta sucesión de evocadoras imágenes a través del centelleo de xilófonos, glockenspiels y otros instrumentos de similar calado, provocó un efecto hipnótico, una interna reflexión y honda contemplación de la que despertamos con la explosión de ritmo y color que atesora Bembé del cubano Louis Franz Aguirre, toda una fiesta bulliciosa de danzas ancestrales que contó con la precisión de un buen puñado de jóvenes, que entre cascabeles y tambores lograron hacer vibrar al público sin por ello caer en el caos, manteniendo en todo momento una elocuente claridad de texturas y planos sonoros.

La más icónica y breve de las piezas programadas, Ionisation, que el mítico Edgar Varèse compuso en 1931, sirvió para cerrar el concierto con la plana mayor de los intérpretes convocados, y todo ese escaparate apabullante de ruidos, claxons y sirenas perfectamente organizados, llevado hasta sus últimos límites con la ejemplaridad que caracteriza este proyecto académico que tanta admiración provoca cita a cita.

Fotos: Guillermo Mendo

jueves, 14 de marzo de 2024

LA SUSONA DE CARRETERO DEVIENE DE RETO A TRIUNFO

Ópera con música de Alberto Carretero y libreto de Rafael Puerto. Nacho de Paz, dirección musical. Carlos Wagner, dirección escénica. Alejandro Andújar, escenografía y vestuario. Albert Faura, iluminación. Francesc Isern, diseño de video. Sylvain Cadars, ingeniero de sonido. Alberto Carretero, electrónica. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Con Daisy Press, Luis Cansino, José Luis Sola, Federico Fiorio, Marina Pardo y Andrés Merino. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, director). Producción del Teatro de la Maestranza en colaboración con el Auditorio de Tenerife. Teatro de la Maestranza, miércoles 13 de marzo de 2024

Daisy Press y José Luis Sola

Tratándose de Alberto Carretero, no cabía esperar de La bella Susona uno de esos estrenos absolutos que programan periódicamente teatros como el Metropolitan de Nueva York basándose en éxitos teatrales o cinematográficos. Tampoco era previsible que echara mano de su particular, duro y exigente universo musical, no muy al alcance de todo tipo de sensibilidades. Demostrando una vez más su indiscutible inteligencia, ha tirado por la vía intermedia, que ni traiciona su estilo ni la vanguardia para la que está comprometido, pero tampoco pide al público habitual de la ópera la aceptación incondicional de una estética que se antoje demasiado extremista y exigente. El resultado es hora y media casi de experiencia sensorial siguiendo los cánones tradicionales de un espectáculo operístico, tanto escénica como musicalmente, teñido de una experimentación inquieta y sumamente atractiva.

Tras varios años desde que la pandemia retrasara su estreno, este encargo con tema sevillano de la Sinfónica de Sevilla cuando la dirigía John Axelrod, por cierto presente en la sala como también lo estuvo la tarde anterior con el Réquiem de musicAeterna, se añade a la suculenta lista de óperas ambientadas en nuestra ciudad. Durante todo este tiempo ha asumido su condición de work in progress, hasta que anoche se presentó ante el público seguramente en su versión definitiva. No ha perdido del todo su carácter de ópera de cámara, pero ha avanzado hasta adquirir un aspecto mucho más ambicioso y presentarse como híbrido entre dicho concepto y el que tenemos de ópera en toda regla. Para eso se ha rodeado de un equipo de primera categoría, técnico y artístico, que ha dado como resultado el triunfo del que anoche pudimos disfrutar en el escenario principal del Teatro de la Maestranza.


Una protagonista controvertida

Extraña sin embargo que para la ocasión se haya decantado por un personaje continuador de esa tradición que sitúa a la mujer en el centro de intrigas y traiciones, le hace purgar sus pecados y finalmente sacrificarse por amor y asumir su condición de víctima del hombre machista y maltratador. Creíamos que ese tipo de personaje pertenecía al pasado, cuando Madame Bovary o Anna Karenina triunfaban en la literatura y Lucia di Lammermoor o Violeta Valéry lo hacían en la ópera. Sin embargo, el talento del libretista Rafael Puerto ha dado un pequeño vuelco al comportamiento de esta bella Susona, fundamental para eximirle de esos prejuicios y constantes que han lastrado históricamente la condición de la mujer. No es precisamente su Susona otra Eva o femme fatale medieval que arrastra al hombre a la tragedia para terminar sacrificándose por él.

Salvado inteligentemente este escollo, la leyenda que dio nombre a una calle sevillana en el Barrio Santa Cruz, antes llamada de la muerte, viene servida con un trabajo espléndido en lo musical y en lo poético, que gracias a la dirección escénica de Carlos Wagner apoyada en la escenografía de Alejandro Andújar, curtido también en el musical como atestigua su Company del Teatro Soho de Málaga, la iluminación de Alberto Faura y los muy creativos videos de Francesc Isern con el río siempre como protagonista, nos sumergen en una Sevilla tenebrosa, la que sin duda debió reinar cuando el catolicismo fue purgando cualquier otra creencia que se antojara amenazante. En este entorno, la música de Carretero fluye con fuerza hipnótica y subyugadora, combinando y alternando electrónica, manipulada por él mismo, con una orquesta sinfónica magníficamente dirigida por Nacho de Paz, preparada concienzudamente para la ocasión, extrayendo de sus instrumentos sonidos nuevos y embriagadores. La literatura es convencional, permitiendo licencias vocales e instrumentales que entroncan con la tradición operística, pero sin renunciar a sonoridades dispares y vanguardistas, todo envuelto en un halo místico e intrigante en el que todas las familias orquestales lucen resplandecientes, mientras el trabajo de Sylvain Cadars al sonido reproduce ese ambiente amenazador que da sentido contemporáneo a la historia que se nos cuenta.

Poesía y tinieblas al servicio de una música hipnótica

También se esmera mucho Rafael Puerto para dotar de poesía una historia que se presenta más como larga reflexión de la protagonista que como una narración convencional, donde los recuerdos se mezclan con los sentimientos en una Sevilla ocupada por la sinrazón y el fanatismo religioso, que renuncia a ser crisol de culturas para sumergirse en las tinieblas medievales que lastraron nuestro progreso y devenir. En un doble plano escénico, asistimos en un nivel superior a la turba humana a la que presta voz y cuerpo un coro entregado al máximo, mientras en otro nivel a la altura del escenario entramos en la casa de Aben Susón y en el convento donde Susona recibe al apoyo y el consuelo de Sor Gregoria.

Federico Fiorio

Soluciones inteligentes y atractivas para dar empaque a un estreno absoluto en el que brilló el talento de la artista multidisciplinar estadounidense Daisy Press, con voz lírica educada y presencia arrolladora también en sus espasmódicos movimientos. Frente a ella, José Luis Sola fue un Guzmán de dicción clara y fraseo preciso, el que mejor encaja en el concepto tradicional lírico, y Luis Cansino luchó por destacar en el entorno a pesar de la amplificación natural, debido a una voz de escasa proyección. Mucho mejores estuvieron Marina Pardo con voz potente y flexible, y la sedosidad del contratenor Federico Fiorio como escribano. Habitual del Maestranza, Andrés Merino cumplió tan favorablemente como el espléndido coro, completando un elenco a la altura de este estreno absoluto con el que el coliseo sevillano cumple una obligación consustancial a los buenos teatros de ópera.

La colaboración en la producción del Auditorio de Tenerife asegura una representación en esa ciudad que esperemos se extienda a otras plazas. Aquí de momento queda otra oportunidad, el viernes, de asistir a un evento de este calado y ser testigo de su transcendencia. Entretanto, se complementa con un espectáculo en el Alcázar de la mano del Femás, con el grupo canadiense étnico-oriental Constantinople y el conjunto sevillano experimental Ocnos junto a la carismática voz de Ángeles Núñez, recreando sonidos de la Sevilla de entonces acompañados de un nuevo cancionero en cuatro partes del propio Carretero.

Fotos: Guillermo Mendo
Versión ampliada del artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 21 de octubre de 2023

GIUSEPPE MENUTTI EXPLORA LA GUITARRA INFINITA DE SÁNCHEZ-VERDÚ

14º Festival de la Guitarra de Sevilla. Ochra, música para guitarra de José María Sánchez Verdú. Giuseppe Menutti, guitarra. Programa: Tres caprichos, Cuaderno de Friedenau y Ochra. Auditorio del CICUS, viernes 20 de octubre de 2023

Francisco Bernier, Giuseppe Menutti y José Mª Sánchez-Verdú en el Patio del CICUS

En la recta final de su
décimo cuarta edición, el Festival que dirige y organiza el guitarrista sevillano Francisco Bernier, celebró ayer tarde una de esas citas que dan sentido a un certamen de estas características, la presentación acompañada de un mini concierto de un disco de reciente aparición bajo el sello Contrastes. Se trata de Ochra, un trabajo en el que el joven guitarrista siciliano con formación parcialmente sevillana, Giuseppe Menutti, repasa seis de las más de cuarenta composiciones que el compositor de Algeciras José María Sánchez-Verdú ha dedicado a la guitarra, un instrumento que según él mismo ha declarado le ha fascinado desde que era niño. El formato elegido fue una distendida y cálida conversación entre ambos frente a un reducido pero muy atento público. El marco, el Auditorio que el CICUS tiene en la casa palacio de la calle Madre de Dios. En ella desgranaron las intenciones del autor, la dificultad de las piezas y el interés y denostado esfuerzo de su intérprete por entenderlas y extraer de ellas el máximo de sus posibilidades técnicas y expresivas.

Dejando atrás unos días de frondosa actividad y un buen ramillete de interesantes conciertos en los que, en su mayoría, se ha alternado la guitarra clásica con la flamenca, este encuentro con el que quizás podamos considerar el más reconocido internacionalmente de los compositores españoles actuales, se benefició del dominio de la retórica que exhibieron sus dos protagonistas, incluido el perfecto castellano de Menutti. Con la pieza Ochra como eje principal de un registro que cuenta en su portada con una reproducción de un inquietante grabado de Pablo Palazuelo, artista venerado por Sánchez-Verdú, los invitados desgranaron pieza a pieza las seis que integran la selección, mientras el intérprete reprodujo en directo tres de ellas, incluida la que le da título. Se trata de una compleja y dilatada pieza en la que el autor, que confesó sufrir de sinestesia, lo que le lleva a identificar las notas musicales con los colores, recorre con carácter progresivo diferentes gamas del color ocre, claro que siempre desde su subconsciente, sin que el oyente tenga forzosamente que buscar en la música esos tonos e intenciones, sino dejarse llevar por sus insinuaciones estrictamente musicales y las sensaciones que cada cual experimente según su bagaje cultural, intelectual y, sobre todo, sentimental.


De ella Menutti ofreció una interpretación extremadamente concentrada, cáustica y meditada a un tiempo, un viaje de redefinición de los límites acústicos y expresivos del instrumento español por antonomasia. Llevó los acordes a veces a planos sonoros casi imperceptibles, recorriendo los trastes con extrema precisión y utilizando la caja con fines percutivos. La pieza, un trabajo de encargo que basa parte de su material en otra obra para guitarra y orquesta denominada Memoria del ocre, encontró en Menutti el médium perfecto por su colorido y riqueza expresiva. Más atrevida fue seguramente su recreación de los Tres caprichos, inspirados en El sueño de la razón produce monstruos, El amor y la muerte y Volaverunt de Goya, donde la guitarra no parece ella, hay que centrarse en algunos, pocos, acordes para identificarla, mientras el resto son juegos en los trastes que lo recorren pulsándolo, a veces asfixiándolo, limitando el trabajo en la boca de la guitarra a simples pizzicati en la cuerda. En el disco se incluye otro trabajo inspirado en Goya, Nada, aquí con la colaboración en el violonchelo de Giorgio Lucchini, que forma parte del ciclo Lux et Tenebris a partir de una exposición de Goya en Alemania, donde Sánchez-Verdú reside desde hace tiempo.

Precisamente en el primer barrio de Berlín donde residió, se inspira el Cuaderno de Friedenau, tercera de las piezas que Menutti interpretó en esta presentación, y no precisamente en este orden. Aquí encontramos la guitarra fundamentalmente como instrumento de percusión, jugando con la caja y acompañándose de acordes muy breves y meditados que dan al conjunto un relieve muy especial y aprovecha muchas de las posibilidades que tiene el instrumento a nivel sobre todo expresivo, aunque sea en las antípodas de lo que estamos habituados a escuchar en él. Mucho hablaron de Yad, pieza para guitarra eléctrica inspirada en la Torá que deslumbró a Menutti y le hizo decidirse por grabar un disco con música del compositor andaluz. También hablaron del ciclo Kitab, de cuyo primer escalón podemos encontrar una esmerada interpretación en el CD. Las raíces de Sánchez-Verdú están también presentes en un trabajo en el que cabe destacar la presencia de culturas tan enfrentadas y antagónicas como la hebrea y la árabe, llamadas a entenderse y enriquecerse en lugar de abordar discursos de dominio traducidos en barbarie y castigo inhumano e incontrolado. Una vez más habría que tomar nota de artistas que como Sánchez-Verdú o Giuseppe Menutti buscan en otros lugares materia para enriquecer nuestro bagaje cultural y a la vez aportar lo que de válido arrastramos cada individuo.

Fotos: CICUS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 25 de febrero de 2023

LAS DOS AMÉRICAS, OTRO SOPLO FRESCO DE LA CONJUNTA

4º concierto de la XII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. XIII Festival de Música Zahir Ensemble. Natalia Labourdette, soprano. Óscar Martín, Julio Moguer, Francisco Montero y Juan Miguel Moreno, pianos. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Cantata para América Mágica Op. 27, de Alberto Ginastera; Grand Pianola Music, de John Adams. Auditorio ETS de Ingeniería, viernes 24 de febrero de 2023


Solo tres años después de su fundación, la orquesta del Conservatorio y la Universidad nos acabó enamorando definitivamente con un concierto en el que reunió piezas de Copland (Concierto para clarinete), Adams (The Chairman Dances, extraído de la ópera Nixon in China que en apenas unos días pondrá en escena el Teatro Real de Madrid), Herrmann (Suite del film de Hitchcock Vértigo) y Gershwin (Un americano en París). Fue su
primer encuentro con la música americana, que ahora nueve años más tarde vuelve a protagonizar una de sus citas más esperadas y sofisticadas, de nuevo con Adams en los atriles. Se trató de un emocionante encuentro entre dos sensibilidades distintas, dos formas de entender la vida y la historia, y dos actitudes ante el pasado de una tierra tan controvertida y apabullante como la que emerge entre los océanos Atlántico y Pacífico. La propuesta se enriqueció más que nunca con la participación de Zahir Ensemble, algo lógico teniendo en cuenta el nexo común entre ambas formaciones, su director Juan García Rodríguez, nada más y nada menos que cuatro reconocidos pianistas residentes en Sevilla y profesores del Manuel Castillo, y sobre todo Natalia Labourdette, una aportación de lujo a esta orquesta absolutamente académica, integrada cada año por alumnado en prácticas y profesorado de apoyo, que sirve de plataforma de ensayo y experimentación a tantos y tantas jóvenes.

Hay en primer lugar que agradecer a Juan García ser tan buen programador, tener tan buen juicio a la hora de elegir las piezas, que esta vez se tradujo en esa doble visión del continente americano, de la rebeldía y la búsqueda de las raíces del hemisferio sur, donde la colonización no aniquiló del todo su propio carácter e idiosincrasia, al conformismo y el supuestamente feliz asentamiento de los colonizadores del norte tras acabar con todo vestigio de población autóctona. Esto se refleja muy bien en las dos obras elegidas, de una parte esa Cantata de la América Mágica con la que Ginastera abandonó el mestizaje tonal tan reconocible en sus dos populares ballets Panambí y Estancia, para adentrarse en el primitivismo de su tierra y el llanto por lo perdido adoptando técnicas más vanguardistas, y de la otra ese viaje reconfortante por modernas autovías y amables ensoñaciones que conforman Grand Pianola de Adams. Dos formas distintas de plasmar la magia, algo primitivo y originario para uno, un sentimiento urbano y burgués para el otro. Dos obras que exigen mucha precisión, mucho sentido del ritmo y una disciplina rigurosa a la hora de dar consistencia a su complejo entramado instrumental y su endiablada orquestación, con todo un plantel apabullante de instrumentos de percusión presente en ambos casos.

Una experiencia emocionante

Percusión que en manos de estudiantes y algún que otro consagrado instrumentista dio como resultado todo un dechado de virtuosismo en la cantata de Ginastera, tan exótica como profunda, una perfecta combinación de dodecafonismo y serialismo que no se queda solo en eso sino que sienta las bases para otras composiciones futuras de autores muy variados que indagaron en las raíces de la música misma, combinado con tradición, inteligencia e intuición que exigen de la interpretación una concentración extenuante y una disciplina férrea, de todo lo cual se hicieron eco la atenta dirección de García y la responsable aportación de cada uno de los jóvenes percusionistas. Paradójicamente, fue la más consagrada y reconocida de las intervinientes, la igualmente joven Natalia Labourdette, quien menos nos convenció en su cometido, entonando los poemas adaptados por la primera esposa del compositor, Mercedes de Toro, a partir de textos precolombinos que narran la lucha de los guerreros indígenas contra el invasor y el resultado apocalíptico que conocemos. Su voz, amplificada por exigencias de la partitura, corrió fluida y abundante, generosamente proyectada, firme en su línea de canto y lograda en sus múltiples inflexiones y cambios de color y registro. Pero se antojó demasiado lírica, muy operística para la ocasión, que requiere un canto más acorde a la naturaleza de la obra, primitiva, rabiosa y rebelde, casi un llanto ajeno a modulaciones y estilos más propios de la escena burguesa. Con todo, el resultado global fue tan envolvente y estimulante como fascinante, con el escenario inundado de grandes y sofisticados instrumentos, incluidos xilofón, glockenspiel y esa marimba tan presente estos días en la ciudad, tras el último de la Sinfónica protagonizado por Conrado Moya.


Grand Pianola Music
está en otra onda, mucho más amable y distendida. Solía confesar su autor que apenas lograba sintonizar con alguna de las interpretaciones de esta obra, y que de ahí derivaba quizás la escasa repercusión crítica que tenía. Creemos que habría dado el visto bueno absoluto a la que ayer ofrecieron los jóvenes talentos de la Conjunta, con la colaboración inestimable del cada vez más interesante Francisco Montero y de Juan Miguel Moreno en los pianos, con mayor presencia, más comprometida y con mayor empuje que la de los mismos instrumentos en la obra de Ginastera, de los que se hicieron cargo Óscar Martín y Julio Moguer, más integrados y fundidos con el resto de la instrumentación. A la frondosa percusión, así como a la generosa y precisa aportación de metales y maderas, se sumaron las voces en estilo y perfectamente conjuntadas de María Asensio, Liilia Kiashko y Oleksandra Mitkalova, potenciando el ritmo y la cadencia de una pieza fascinante que encuentra en su apoteósico segundo movimiento (o tercero según se mire, dado el carácter bífido del primero, rápido en su primera mitad y lento y relajado en la segunda) el carácter rapsódico que más adeptos provoca entre el público y una mayor intensidad emocional acumula incluso mucho después de abandonar la sala, un Auditorio de Ingenieros que una vez fue Pabellón precisamente de América, y que completó con su excelente acústica el éxito de la empresa.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 23 de febrero de 2023

UN ENORME ESFUERZO INTELECTUAL DE TALLER SONORO

Radioteatro en el siglo XXI. Un posible día (Quasi un radiodramma) de Javier Torres Maldonado. Radio teatro original “Quell’oceano profondo”, de Ana Candida de Carvalho Carneiro. José Manuel Recillas, texto lírico. Magali Lara, vídeo. Max Bruckert, realización informática musical. Asier Puga, dirección musical. Rocío de Frutos, soprano. Javier Jiménez, narrador. Taller Sonoro. Espacio Turina, miércoles 22 de febrero de 2023


Que el Espacio Turina ha multiplicado y mejorado su programación a potencia máxima es una realidad, como también lo es que ha aumentado notablemente el trabajo de quienes opinamos al respecto. Bromas aparte, la colaboración de los responsables del antiguo Álvarez Quintero con algunas de las formaciones más emblemáticas de la ciudad, y concretamente con aquellas que han puesto Sevilla en el mapa de la música contemporánea, ha dado excelentes frutos. Es el caso de Taller Sonoro, cuyos aciertos han trascendido nuestras fronteras de forma que ni sospechábamos, siendo eventos como el que pudimos disfrutar anoche los que evidencian ese logro. Hay que remontarse un buen puñado de años para encontrar el germen de este espectáculo, cuando Camilo Irizo e Ignacio Torner, ambos comprometidos con la música de nuestro tiempo en conjuntos como Zahir Ensemble y este Taller Sonoro, conocieron en París al compositor mexicano 
Javier Torres Maldonado, hoy y desde hace décadas residente en Milán, y manifestaron su interés por adaptar a nuestra lengua la pieza cuya puesta en escena se hizo ayer realidad. Desde entonces la vinculación del compositor con nuestra ciudad, Cátedra Manuel de Falla incluida, se ha afianzado hasta converger en este estreno en castellano de una obra que se concibió en francés y grabó hace una década el Ensemble 2e2m. El propio compositor se encargó de presentar esta adaptación.

Los entresijos de Un día posible y del resto de la extraordinaria trayectoria del compositor de Exabrupto, Masih o High Over the Distante Horizon, por citar algunas de sus más reconocidas obras, podemos encontrarlos en la excelente entrevista que le dedica nuestro compañero Ismael G. Cabral en la revista digital El compositor habla. Se trata, según su autor, de revitalizar el concepto de drama radiofónico, tan en boga en el siglo pasado especialmente cuando no había televisión o esta no era tan popular, si bien su trabajo trasciende este concepto en todos los aspectos salvo en la idea de dejar en manos de la imaginación del oyente la forma en que se traduce su dramaturgia. Es por ello que no podemos considerar esta pieza como el fruto de un solo autor, sino que es el resultado de la combinación de varios talentos y una intención eminentemente intelectual que hace difícil y compleja su ingesta. El libreto de la escritora brasileña Ana Candida de Carvalho Carneiro, los textos originales del poeta mexicano José Manuel Recillas y la videocreación de la artista también mexicana Magali Lara, se unen así a la sugerente y excitante música de Torres Maldonado, ya con un lenguaje propio lejos de sus primeras influencias, los maestros Juan Trigos y Franco Donatoni (y a través de ellos Ligeti, Boulez, Xenakis, Stockhausen o Jonathan Harvey), para crear este impactante trabajo sobre la soledad urbana y los sueños que alimentan nuestra rutina y nos permiten seguir adelante día tras día.

Rocío de Frutos y Javier Jiménez brillan con luz propia

Para la soprano sevillana Rocío de Frutos, este ha sido un tour de force, o como ella misma confiesa una salida de su zona de confort. Si bien no es la primera vez que su voz, asociada indefectiblemente a la música barroca y antigua, se empeña en territorios más contemporáneos, lo de ayer supera lo que había hecho hasta ahora, exigiéndole una disciplina extrema incluso en lo actoral, y obligándole a unas inflexiones, matices, cambios de color y giros insólitos en su trayectoria, todo lo cual superó con la sencillez y la naturalidad que le caracteriza. A su lado descubrimos que además de ser un estupendo cantante, bajo para más señas, Javier Jiménez es un excelente narrador, con una voz profunda y penetrante de las que dan literalmente envidia. Se da la circunstancia de que ambos comparten desde hace tiempo la satisfacción de formar parte del conjunto vocal especializado en música antigua Vandalia. Ellos soportaron la parte dramática de la función, arropados por la batuta atenta y responsable del joven Asier Puga, director artístico de la Orquesta de Cámara del Auditorio de Zaragoza.

Un aspecto notable de la composición y subsiguiente interpretación lo protagonizó el equilibrio y el balance entre música acústica, con cada instrumento emitiendo su propio sonido, sin intervenciones ni transgresiones más allá de su propia dinámica y concepción, y los sonidos electrónicos encargados de recrear la inquietante atmósfera que atesora la pieza. Un logro que permitió engancharse a la propuesta, con la inestimable ayuda de las imágenes proyectadas, evocadoras de universos profundos y abismales, océanos inquietantes y espirales de vértigo. Todo ello aderezado con un completo y primoroso libreto, otra señal del carácter excepcional del evento. Especial consideración merece el trabajo de la cuerda, sostenida o rabiosamente agitada, así como la percusión, un triunfo de José Baldomero Llorens secundado puntualmente por sus compañeros de ensemble a través de instrumentos estratégicamente colocados a lo largo y ancho del escenario. Y no podemos terminar sin congratularnos por la estupenda acogida del público, considerablemente numeroso y particularmente entusiasmado ante esta hipnótica experiencia sobre una trabajadora hastiada de la monotonía y enamorada en sueños de un devastador calamar gigante. El agradecimiento al Espacio Turina, Taller Sonoro y Javier Torres Maldonado se hace sin duda obligado y merecido.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 31 de enero de 2023

TÁR Mujer con ruido de fondo y atributos masculinos

USA 2022 158 min.
Guion y dirección
Todd Field Fotografía Florian Hoffmeister Música Hildur Gudnadóttir Intérpretes Cate Blanchett, Nina Hoss, Noémie Merlant, Mark Strong, Sophie Kauer, Mila Bogojevic, Allan Corduner, Julian Glover, Dorothea Plans Casal, Fabian Dirr, Zethphan D. Smith-Gneist Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2022; en Estados Unidos 7 octubre 2022; en España 27 enero 2023

Antes de dedicarse por entero al cine, primero como actor y después como guionista y director (En la habitación, Juegos secretos), Todd Field hizo sus pinitos como músico. Puede que de ahí le venga la inspiración para realizar esta película que parece así su proyecto más personal, sin haber dirigido nada en quince años. Tras veinte minutos sin que suene nada de música (salvo el canto étnico peruano que acompaña a los títulos de crédito finales que aparecen al principio, un despropósito para quien quiera comprobar datos tras el visionado de la película), pero se habla mucho de estilos, géneros, compositores, técnicas y expresiones, el perfil de la protagonista queda bastante bien dibujado. A partir de ahí la historia mantiene ese objetivo, definir el carácter de una mujer fuerte y decidida, muy sensible a cualquier tipo de sonido (algo que según Schopenhauer va ligado a la inteligencia), directora de orquesta alumna y admiradora de Leonard Bernstein, lesbiana y madre de familia, con más poder del que ninguna directora actual pudiera soñar, ni siquiera Marin Alsop, y que en su seguridad y firmeza irá encontrando baches insalvables y pequeños crímenes que hoy no se perdonan como sí se hacían en época de Lenny.

Field nos sumerge, a través de un guion preciso y profusamente documentado, en ese mundo de egos y abusos de poder, pero también de creatividad, perfeccionismo y pasión. Todo eso destila esta elegante e hipnótica película que cuenta con el aval de una de esas prodigiosas interpretaciones a las que nos ha ido acostumbrando la magistral Cate Blanchett, y que de momento le ha valido una Copa Volpi y un Globo de Oro. Este retrato psicológico y homenaje al mundo de la música clásica y contemporánea se va tornando poco a poco en un inquietante thriller con dilema moral, ya apuntado muy al principio a través de una pantalla de móvil, al que no son ajenos los formidables trabajos de fotografía, dirección artística y montaje. Cuenta para su precisa recreación de ambientes y atmósferas con el apoyo de Deutsche Grammophon, cuya orquesta más paradigmática, la Filarmónica de Berlín, se postula como la mejor del mundo y sirve, bajo intérpretes que le dan forma y réplica, para completar con la Quinta la obra magna de la directora retratada, la integral sinfónica de Mahler. Lástima que la ingeniosa idea de convertir a una mujer en una estrella de la dirección orquestal, se malogre cuando se le incorporen otros atributos tradicionalmente masculinos y no precisamente virtuosos, con lo que una operación inicialmente atractiva para las mujeres, acaba convirtiéndose en un vehículo machista más.

La violonchelista británico-germana Sophie Kauer interpreta a la solista del Concierto de Elgar y objeto de desestabilización emocional de la protagonista, mientras las actrices alemana Nina Hoss y francesa Noémie Merlant, a su pareja y asistente respectivamente. La sala de la Filarmónica de Berlín como parte del escenario, y las constantes y sabrosas notas y anécdotas musicales, forman parte del cautivador atractivo de esta película con la que el cine americano prueba una vez más a demostrar su admiración por el legado cultural europeo y sus consecuencias en casa propia. Entre Mahler y Elgar, también se puede disfrutar con Bach y su Clave bien temperado, así como Count Basie y Cole Porter, clásicos americanos que Lydia Tár y su pareja Sharon escuchan para relajar tensiones. Aunque acreditada como responsable de la partitura original, la participación de la compositora islandesa Hildur Gudnadóttir, ganadora de un Oscar por Joker, se reserva más al álbum editado por el sello amarillo, donde aparece incluso una pieza de concierto inspirada en la película, que en ella, donde prácticamente es inexistente. Los videojuegos Monster Hunter World de Capcom acaban siendo un refugio y un castigo para quien vulnera las reglas.

sábado, 21 de enero de 2023

UNA CONJUNTA ARRIESGADA Y COMPROMETIDA

3er concierto de la XII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Jesús Berdonces, clarinete. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: 5 piezas para orquesta Op. 10, de Webern; Concierto para clarinete y orquesta Op. 57, de Nielsen; Malva toda y oro, de Víctor Estapé; Suite de danzas Sz. 77, de Bartók. Auditorio ETS de Ingeniería, viernes 20 de enero de 2023


Enfrentarse a un programa tan exigente como éste no está alcance de cualquiera; requiere mucha disciplina y dedicación, y un trabajo en equipo de enorme compromiso y responsabilidad. Es así como trabajan estos y estas jóvenes que integran cada año el programa académico que hace ya doce años se bautizó como Orquesta Sinfónica Conjunta. Gracias a profesores como Juan García Rodríguez o Camilo Irizo, este singular conjunto se enfrenta prácticamente cada cita a piezas de nuestro tiempo, al menos compuestas a partir de la segunda mitad del pasado siglo, lo que lo diferencia de otros conjuntos similares que tanto se prodigan afortunadamente en los últimos tiempos. El Auditorio de la Escuela Superior Técnica de Ingenieros sirvió de nuevo de escenario para que una vez más el milagro se hiciera realidad. Lástima que se mantuvieran encendidas las luces de sala prácticamente durante todo el concierto, afectando a la concentración del oyente, salvo en la pieza final, las danzas de Bartók.

Algo más de cien jóvenes se subieron a escena entre las plantillas reducidas de las tres primeras piezas, y la increíble aglomeración dedicada a Bartók, donde por supuesto coincidieron también muchos y muchas de las intérpretes que tocaron antes. Las Cinco piezas para orquesta de Webern, las más breves que compuso jamás este amante de la miniatura, exigen multitud de timbres instrumentales, incluida una vasta representación de percusión, una guitarra y una mandolina, pero prácticamente con una sola voz por instrumento y una participación exigua en la mayoría de los casos, no en vano su duración total apenas alcanza los cinco minutos. Esto hace que la plantilla resulte completa pero muy reducida, y que cada uno y una queden muy expuestos, de forma que si no se domina el instrumento a la perfección, se nota demasiado. Fue precisamente lo que ocurrió en esta lectura algo deslavazada de la obra, donde los temibles metales evidenciaron endebleces y la combinación de timbres y texturas no acabó de funcionar. El clarinetista cordobés Jesús Berdonces vino a paliar la agridulce sensación que nos dejó Webern, con un control extraordinario de la respiración y un fraseo impoluto que sirvió para dejarnos una versión impecable del concierto de Nielsen, donde todas sus cadencias, figuras retóricas y vericuetos varios quedaron perfectamente recreados en la sensacional escritura de Berdonces. García le acompañó con mucho respeto y cuidado, sin embargo la seca acústica del lugar impidió ese sonido etéreo y atmosférico que caracteriza la obra del compositor danés. Por el contrario, el duelo con el tambor resultó sobresaliente, tanto en los momentos más airados como en los más dialogados.

En la segunda parte, la Conjunta estrenó una obra escrita expresamente para ella de la mano del profesor catalán Víctor Estapé. Malva toda y oro es algo más de diez minutos de cuerda sostenida y continuos juegos armónicos, con aires misteriosos e inquietantes muy en estilo Bartók, bien articulado y orquestado con mucha intención, pero que conforme avanza se va antojando rutinario y su discurso se va agotando. Con todo, un detalle de quien es director académico del Centro Superior de la Fundación Conservatori Liceu, que eleva aún más la categoría y la presencia de esta orquesta que tan felices nos hace. Precisamente el compositor austrohúngaro fue el protagonista del final del concierto, con una plantilla de infarto (hasta ocho contrabajos) para poner en pie con una destreza y una coordinación al alcance de los más depurados y experimentados, la Suite de danzas que compuso en 1923 por encargo del ayuntamiento de Budapest para celebrar el décimo quinto aniversario de la unión de las tres ciudades a orillas del Danubio. Su estilo accesible no exento de rigor intelectual, hizo las delicias de un público embelesado con el buen hacer de tan generosa orquesta, con sus seis danzas entrelazadas dejando ver las raíces folclóricas fundamentalmente eslavas que las informan, gracias a un trabajo exquisito de compenetración, empaste y control de dinámicas, que permitió disfrutar con el carácter y el temperamento de la obra, su ritmo trepidante y su intensa luminosidad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía