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sábado, 29 de noviembre de 2025

UNA CONJUNTA QUE DESCUBRE Y RECUPERA

Concierto # 1 de la temporada 2025-2026 de la Orquesta Sinfónica Conjunta US-CSM Manuel Castillo. Nelly Romero Aravena, violín. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Concierto para violín y orquesta en mi menor Op. 64, de Mendelssohn; Sinfonía del Mar, de Turina (orquestación de Manuel Castillo); Sinfonía nº 1 en un movimiento Op. 9, de Barber. Auditorio ETS de Ingenieros US, viernes 28 de noviembre de 2025


Siempre hay motivo para dejarse seducir por la Sinfónica Conjunta y su director titular, Juan García Rodríguez, ahora que alcanzan su décimo quinta temporada ininterrumpida. Esa seducción llega generalmente en forma de programa exclusivo y singular, al margen del buen sabor de boca que casi siempre, por no decir siempre, nos dejan los y las jóvenes integrantes de tan estimulante e ilusionante proyecto académico, oportunidad única para desenvolverse en el mágico pero difícil mundo de la interpretación musical, y especialmente abordar el complicado trabajo en equipo, disciplinas de las que la Conjunta sale generalmente airosa.

Descubrir jóvenes talentos de entre la afortunadamente numerosa concurrencia que hoy en día pueblan nuestros conservatorios, es uno de los cometidos que la orquesta ha ido cumpliendo a lo largo de estos quince años. Esta vez le tocó el turno a Nelly Romero Aravena, que cursó estudios en el Conservatorio Manuel Castillo y ha participado en diversos proyectos de cámara (Quinteto Pocchetino) y orquestales (Fundación Barenboim-Saïd), además de tocar en espacios como el Círculo de Labradores o el Teatro de la Maestranza, donde la pasada temporada participó en el ciclo de cámara Rasgando el silencio. Bastante experimentada por lo tanto, y preparada para enfrentarse a ese caballo de batalla que es el concierto de Mendelssohn, popular donde los haya y sometido por lo tanto a todas las comparaciones posibles, lo que hace su gesta aún más complicada.

Con una formación de corte clásica y reducida, su maravillosa inspiración y monumental virtuosismo encontró en Romero Aravena un vehículo apropiado para el lucimiento, de fraseo fluido y envolvente, articulaciones flexibles y control de la expresividad. La joven violinista vino con la lección muy aprendida, tocó de memoria y evidenció conocer todos los resortes técnicos para lograr a la vez una expresividad elocuente, que sin embargo se quedó en el marco exclusivamente académico, faltando algo más de personalidad, una voz propia con la que emocionar y decir cosas nuevas y diferentes sobre tan frecuentada partitura. A eso hubo que añadir un sonido a menudo ratonil, que merecerá pulir, de forma que el sonido más aterciopelado alcanzado en los extremos graves, alcancen también los más agudos.

Con todo, resultó una interpretación fluida y convincente, que encontró en el acompañamiento orquestal un sonido algo tosco y rígido. Unas decisiones de García Rodríguez que empañaron el resultado global, con una cuerda aguda puntualmente desvaída, pero también momentos sobresalientes como la entrada de la cuerda tras la primera cadencia, o el trabajo de la cuerda grave, contundente, en el allegretto final. García apostó por unas dinámicas muy marcadas y unos acentos instalados en la vehemencia generalizada.

Para la segunda parte del concierto, García Rodríguez optó, dentro de su proverbial e incansable apetito musical, por recuperar una sinfonía de Turina que apenas se interpreta desde su estreno en 1982, cuya partitura el director alzó al final de la interpretación con gesto triunfal. Se trata de la Sinfonía del Mar, obra que el compositor sevillano sólo dejó esbozada para piano, y con apenas dos movimientos de los cinco que debían integrarla. Un proyecto ambicioso que inició en 1945 y quedó truncado por su fallecimiento algo más de tres años después. Con motivo del centenario de su nacimiento, la familia encargó a Manuel Castillo la orquestación de estos dos movimientos, Preludio en forma de lied y Episodio trágico en forma de sonata, sustituyendo a las cinco ciudades costeras a las que debían ir dedicados los movimientos de la obra completa, Barcelona, Málaga, La Coruña, San Sebastián y Cádiz.


Castillo estrenó su orquestación en el Teatro Real en 1982, con la Orquesta Nacional de España dirigida por Benito Lauret, que constituye la única grabación disponible en la red, grabada in situ en aquella efeméride. Ayer la recuperamos en la ciudad natal del autor, de la mano del incansable e incombustible director de Zahir Ensemble, con resultados muy notables, por encima incluso de lo que prometía tan insatisfactoria grabación. Con la plantilla doblada en efectivos (ocho contrabajos, doce violonchelos, arpa, metales y maderas en abundancia, amplio dispositivo de percusión…), el sonido fue poderoso y equilibrado, a pesar de la multitud convocada, generando una sensación de espectacularidad indiscutible. De la orquestación de Castillo cabe destacar su inspiración en El mar de Debussy para el Preludio, mientras el Episodio trágico está resuelto con un mayor acento nacionalista y un carácter más expresionista, ateniéndose a la estética de la época en que fue compuesta, y no a los años en los que se abordó su orquestación. Con esta feliz recuperación, la Connunta se adhirió a la Ruta Turina que por segundo año consecutivo se celebra en la ciudad.

Con un mismo sentido estético y musical, trabajando con ahínco los aspectos más sensuales así como los más trágicos de la partitura, se ofreció otra pieza insólita, poco divulgada, como es la Sinfonía nº 1 de Samuel Barber, contemporánea de su famoso Adagio para cuerdas. Pura tragedia, abordada con un sentido vehemente, duro y sólido, que repasa en un solo movimiento los cuatro habituales de una sinfonía tradicional, aspecto al que la orquesta se ciñó con tal claridad y acierto que fue perfectamente apreciable en toda su plenitud. Al unísono, García y la Conjunta encontraron el punto perfecto de sofisticación que reclama el primer movimiento, mientras se mostraron abiertamente juguetones en el scherzo que le sigue, evocadores y hasta arrebatadores en el andante tranquillo, con aportaciones brillantes, a nivel de profesionales, de la viola, el corno inglés, el arpa y especialmente el solo de oboe sobre un bálsamo de cuerdas oscilantes. Así, hasta un final vivaz y dramático, redondeando otra noche inspiradora de esta orquesta sin igual que cuenta con el respaldo de la Sinfónica de Sevilla, la Orquesta Joven de Andalucía y la Orquesta Nacional de España, que así se aseguran el mejor de los futuros. La ovación de compañeros y compañeras añade emoción a cada cita con la Conjunta.

viernes, 26 de septiembre de 2025

LOS SUEÑOS DE COCTEAU Y GLASS ALIMENTAN EL FESTIVAL DE ÓPERA DE SEVILLA

Les enfants terribles. Música de Philip Glass. Libreto de Philip Glass y Susan Marshall¸ según la novela de Jean Cocteau. Juan García Rodríguez, dirección musical. Susana Gómez, dirección escénica. Juan Ruesga, escenografía. Nino Bauti, vestuario. Laura Iturralde, iluminación. Florencia Oz, coreografía. Con Clara Barbier, Lydia Vinyes-Curtis, Samy Camps y Dietrich Henschel. Óscar Martín, Patricia Arauzo y Julio Moguer, pianos. Florencia e Isidora Oz, bailarinas. Producción del Festival de Ópera de Sevilla y Ayuntamiento de Sevilla. Nave de la Fundición de la Real Fábrica de Artillería, jueves 25 de septiembre de 2025


Al margen de que este nuevo Festival de Ópera se haya presentado en varias ocasiones al público a través de la prensa y el protocolo, el público físicamente presente en el arranque definitivo ayer en la Fábrica de Artillería, merecía la pertinente introducción por parte de la organización del festival. Un saludo de bienvenida, un agradecimiento por la asistencia y un deseo de prosperidad ayudan a destacar la ocasión por encima de la celebración de un espectáculo convencional. Nada de eso hubo en este frío arranque de un festival sobre cuya andadura aún mantenemos reservas.

Hay que celebrar, sin embargo, que el evento con el que inició su periplo resultara tan digno y acertado, gracias una vez más al esfuerzo denostado de un equipo que cree en lo que hace y pone todo su empeño en que la empresa salga todo lo mejor posible, aunque los recursos sean limitados. Todo lució al nivel exigible, en lo musical y en lo escénico, con especial hincapié en su acertada dramaturgia, que facilitó el seguimiento de un relato plagado de simbolismos y cuestiones surrealistas que tanto empañan su comprensión.


Philip Glass completo en 1996 su particular trilogía sobre Jean Cocteau con este título que se aparta de los otros dos, Orfeo y La bella y la bestia, en su aspecto conceptual. Mientras las otras dos se apoyan en las imágenes de las películas que el propio Cocteau filmó sobre sus obras, esta tercera se desmarca fusionándose más bien con la danza, quizás porque su adaptación cinematográfica corrió a cargo de otro célebre cineasta francés, Jean-Pierre Melville. En Sevilla pudimos disfrutar de La bella y la bestia a principios de la última década del siglo pasado, con el propio compositor al frente, mientras el Teatro Arriaga de Bilbao protagonizó el estreno en nuestro país de éste que ahora nos ocupa.

Talento local y voces muy implicadas

La producción que para la ocasión ha desarrollado el propio Ayuntamiento de Sevilla bajo la marca del festival que dirige Francisco Soriano, resulta todo lo eficaz imaginable, gracias a una inteligente escenografía de Juan Ruesga que convierte la habitación en la que sus protagonistas andan un tanto perdidos, en todo un universo emocional de cuyos suelos emergen utensilios, secretos y sueños. A partir de ahí, Susana Gómez logra que sus personajes se deslicen con fluidez y vitalidad por el simbólico escenario, iluminado de forma brillante e imaginativa con efectos que potencian una sensación onírica global.

Del vestuario cabe destacar los bellísimos figurines creados por Nino Bauti para que los luzcan las dos protagonistas femeninas, inspirados en la misma década, los cincuenta del siglo XX, que alumbró el film de Melville, en lugar de los veinte en los que se concibió la novela de Cocteau. Lástima que las fotografías no se hayan hecho eco de esos trajes.


Todo esto, junto a la delicada y elegante coreografía de Florencia Oz, perfectamente escenificada y sincronizada junto a su hermana Isidora, especialmente en el episodio del sonámbulo y el interludio terrible, contribuyó a recrear ese mundo imaginario en el que se desenvuelven estos eternos adolescentes que animan los mismos sentimientos perversos que tan a menudo albergan los todavía ineducados infantes.

A estos cuatro personajes enmarañados en intrigas románticas y antiguos rencores, les ponen voz otras tantas figuras de talento demostrado, destacando la fluidez y la potencia de Clara Barbier como la maquinadora Elisabeth, el sonido compacto y templado de la mezzo Lydia Vinyes-Curtis, el atractivo timbre de Samy Camps, que como Gérard se adjudica también el papel de narrador, y la voz sobria y profunda del barítono Dietrich Henschel.

En el apartado estrictamente instrumental cabe destacar el trabajo compenetrado, preciso y puntualmente intenso del trío de pianistas convocados, talento local al frente de una pieza en la que se pudo distinguir a la perfección el estilo punzante y armónico del autor de Einstein on the Beach o la banda sonora de Las horas. Juan García logró una vez más triunfar como director con su particular y vibrante recreación de una partitura contemporánea. Lástima que todo esto se diluyera un poco en la acústica reverberante y algo dispersa del escenario elegido, la Nave de la Fundición de la Fábrica de Artillería, lo que jugó también a la contra en el equilibrio entre música y voces.

Fotos: Agustín Pacheco (Archivo fotográfico del Festival de Ópera de Sevilla)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 17 de mayo de 2025

MODERNISMO Y UNA ATREVIDA CONJUNTA

Concierto nº 8 de la temporada XIV de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Antonio David Moreno, viola. Andrea Ramírez, soprano. Nerea Barraondo, mezzosoprano. Juan García Rodríguez, director. Programa: Concierto para viola, de Bartók (versión de Michael Thomas); Socrate, de Satie. Auditorio de la ETS de Arquitectura, viernes 16 de mayo de 2025


La capacidad de sorprender de Juan García al frente de la Conjunta no tiene límites, y así lo demuestra otro de sus muy atractivos programas, con piezas que difícilmente tendríamos oportunidad de escuchar aquí si no fuera por su inagotable imaginación y creatividad. Desde hace ya catorce años, García cuenta con un proyecto fértil e ilusionante con el que dar rienda suelta a sus inquietudes puramente sinfónicas, compaginándolo con una fructífera e impagable labor al frente de Zahir Ensemble y ese favor que le hace a la ciudad de enfrentarse a la música de nuestro tiempo y no anquilosarse en la de otras épocas y otros repertorios tan trillados de los que tanto tiran otras instituciones más arraigadas y apoyadas de la urbe.

No es el salón de actos de Arquitectura el que mejor se acomoda a las intenciones y prestaciones de esta orquesta de jóvenes en prácticas. Echamos de menos el cada vez menos utilizado Auditorio de Ingenieros que con el tiempo se convirtió en sede principal de la mutante formación. El calor reinante y una acústica demasiado seca no favorecen el disfrute de la música, pero el esfuerzo merece cuando en los atriles se posan partituras tan insólitas como las que anoche acompañó este octavo encuentro de la temporada con tan estimulante orquesta.


El joven Antonio David Moreno demostró su aplicado conocimiento de todos los resortes de la viola enfrentándose a una obra tan complicada como el Concierto (inacabado) para viola de Bela Bartók. Una obra que apenas dejó esbozada antes de morir, pero que con las indicaciones que tuvo tiempo de dar a su amigo Tibor Serly, éste fue capaz de orquestarla a requerimiento de los herederos del compositor. Como obra inacabada que es, muchas han sido las sensibilidades que se han atrevido a completarla, la última podríamos decir que es la de Michael Thomas, siempre tan activo y entusiasta, que con tanto esfuerzo tira de formaciones de nuestra comunidad como la Bética de Cámara o la Orquesta de Almería.

Podríamos aseverar que Thomas ha logrado recrear el espíritu enrarecido, intrigante y misterioso que tanto se acomoda a la estética de Bartók, y que en manos de Serly quedó bastante difuminado. Su versión mantiene la actitud rapsódica del solista y la complejidad de su gramática, a la vez que potencia el trabajo de la orquesta y una exuberante combinación tímbrica, especialmente visible en el trabajo de los metales. De todo esto se hizo eco la batuta siempre inquieta y enérgica de García, si bien percibimos en la plantilla cierto desequilibrio y algún que otro molesto desencuentro entre secciones, que destiñó el buen resultado que esperábamos anotar de tan rutilante interpretación.

El trabajo de Moreno fue sin embargo impecable, atento y esmerado, sin estridencias, con un sonido diáfano y homogéneo sometido con acierto y flexibilidad a sus continuos cambios de color y registro, coronando una más que aceptable versión de la pieza, al margen de esas puntuales irregularidades, que bien podrían por otro lado deberse a la literatura inquietante y enrarecida de Thomas al respecto, tan acostumbrados que estamos a la más preciosista y retraida de Serly.

¿Quién mejor que García para ofrecernos una página tan insólita y atrevida como Socrate, y sumergirnos así en las claves más evidentes del modernismo musical? Esta obra concebida para voz y pequeña orquesta a partir de un original para piano y voz, fue encargo de la Princesa de Polignac para acompañar el recitado en voz alta de diversos extractos de los diálogos de Platón referidos a Sócrates, y que Satie pareció aceptar a regañadientes. Siguiendo la traducción de Victor Cousin, y con la feliz y acertada idea de proyectar los textos con elegante caligrafía para que pudiésemos seguir su conceptual trama, la versión definitiva respetó el encargo de que fueran solo voces femeninas las intervinientes, a pesar de que dieran voz a personajes masculinos, pero añadiendo orquesta que proporcionara una base dramática, aunque repetitiva, a la propuesta.

Alcibiades, Sócrates, Fedro y Fedón encontraron en las muy bien entonadas voces solistas la vía de comunicación con un público que asistimos atentos y curiosos a tan insólita propuesta. Los resultados, como suele ocurrir cuando se pone tanto empeño e ilusión en la empresa, fueron sobresalientes, ahora sí con una orquesta harto disciplinada, una cuerda tersa y un perfecto equilibrio entre todas las voces. La ocasión nos permitió además disfrutar de la voz estremecedora, poderosa y muy implicada dramáticamente de la joven mezzo navarra Nerea Barraondo, que cargó con el mayor peso de la función. Junto a ella, las aportaciones de la soprano Andrea Ramírez brillaron lo justo, aportando variedad y elegancia a un conjunto que convenció de principio a fin para disfrute de todos y todas las asistentes.

viernes, 21 de marzo de 2025

MISTICISMO CATEDRALICIO DE LA CONJUNTA

Concierto nº 6 de la temporada XIV de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Juan Carlos Ruiz, Ángel Rodríguez, Laura González y Jared Galante, trombones. Miguel Ángel García, órgano. Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Juan García, director. Programa: Aequalis de Bruckner y Beethoven; Motetes de Bruckner; Et exspecto resurrectionem mortuorum, de Messiaen. S.I. Catedral de Sevilla, jueves 20 marzo de 2025

Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza, Juan García e Israel Sánchez presentando el concierto

Excelente propuesta de la Sinfónica Conjunta y su director y programador Juan García, la de recuperar algunos de los más conocidos motetes de Bruckner, aderezados con  iguales (Aequalis) del mismo autor y de Beethoven, y completar la función con una obra de la talla y la calidad de Et exspecto resurrectionem murtuorum del siempre estimulante Olivier Messiaen.

Sólo gracias a García y su espléndida labor frente a los y las estudiantes del Conservatorio Manuel Castillo, secundada por el profesorado que colabora en este apasionante proyecto, podemos disfrutar en Sevilla de programas tan brillantes, diversos y magníficamente estructurados. Son ya catorce temporadas y siguen sorprendiéndonos. De los muchos conciertos que han celebrado, con diferentes plantillas dado su carácter eminentemente académico, hay algunos que han pasado a nuestra memoria imperecedera, y éste corre el peligro de hacerlo igualmente.

Para empezar, haberse celebrado en la Catedral de Sevilla, prolongar la colaboración con el Coro de la Asociación de Amigos del Maestranza, iniciada el pasado enero con obras de Mozart, y programar una pieza del empaque, la fuerza y el magnetismo de Messiaen, son razones más que suficientes para lograr introducirse en esa lista de conciertos inolvidables. Si además, como no cabía esperar menos, las interpretaciones gozan de la brillantez con la que estos jóvenes acometieron las obras, no cabe duda de que la satisfacción es plena.

Sin embargo, hemos de puntualizar que el trabajo del coro no fue del todo convincente. Faltó una mayor fusión entre las voces femeninas, espléndidas, entonadas y bien timbradas, y las masculinas, mayoritariamente tremolantes entre las más agudas y las medias, mejor aunque sin el peso y el volumen que se requiere, las más graves. De esta forma, motetes de Bruckner como Tantum ergo, de su primera etapa, no relucieron lo suficiente, si bien la calidad melódica de Locus iste quedó manifiesta, acusando no obstante los mismos problemas, aunque sin dejar en ningún momento de marcar su carácter místico y elegíaco, Os justi y Ecce sacerdos, éste último con la impagable y majestuosa concurrencia del organista titular de la Catedral, Miguel Ángel García.

Con el escenario plantado en el trascoro, justo detrás desde el coro sonaron los espléndidos trombones, sin atisbo de imprecisión ni titubeo alguno, en los aequalis de Beethoven, el primero y el último de los tres que compuso, y los dos de Bruckner, dechado de majestuosidad, lirismo e íntimo recogimiento.


Si Bruckner creció artísticamente entre los muros de las catedrales y los monasterios en los que trabajó y a los que consagró su arte hasta derivar en su extraordinario cuerpo sinfónico, Messiaen se reconoció siempre como un católico ferviente, defensor de la vida después de la muerte. Quizás por eso la República Francesa le encomendó componer una obra para homenajear a los caídos en las dos guerras mundiales, que él resolvió con una majestuosa e inquietante pieza para viento y percusión concebida para ser interpretada en catedrales y otros espacios monumentales e incluso al aire libre en la alta montaña.

García y los jóvenes integrantes de la actuales secciones de metal, madera y percusión de la Conjunta, nos regalaron una sensacional recreación de Et exspecto resurrectionem mortuorum, con elocuentes pausas entre las cinco partes en que se divide, resueltas con un sobrecogedor silencio del público, previamente avisado por el director del Conservatorio Manuel Castillo, Israel Sánchez López, en su elocuente presentación del concierto.

Con título extraído del final del Credo de Nicea, Espero la resurrección de los muertos, la obra de Messiaen es un prodigio de ritmo y drama, en la que es fundamental centrarse en la concentración de los acordes, así como las notas y sonidos individuales, exigiendo de cada intérprete una precisión absoluta. Justo lo que García extrajo de cada uno y una de la cuarentena de intérpretes, que al unísono, en los pasajes más agitados de la segunda parte, centrado en el poder de Cristo, y sobre todo en el apabullante final en crescendo, sonaron sensacionales. Por su parte, la nutrida sección de percusión hizo sonar cencerros, campanas tubulares, gongs y tamtanes como un auténtico resonar de estrellas acompañando la resurrección.

Un gran esfuerzo de producción, incluyendo pantallas emitiendo parte del concierto, textos y títulos de las piezas, ayudó a que esta deuda con el autor de la Sinfonía Turangalila, quedara feliz y legítimamente saldada.

sábado, 8 de febrero de 2025

SUOR ANGELICA: DESCUBRIENDO TALENTOS

Ópera de Giacomo Puccini, con libreto de Giovacchino Forzano; versión reducida de Héctor Panizza. Juan García Rodríguez, dirección musical. Davide Garattini Raimondi, dirección escénica. Adolfo Carmona, iluminación. Zahir Ensemble. Con Carmen Buendía, Laura Orueta, Inés López, Paula Ramírez, Alexandra Zamfira, Yue He, Alicia Naranjo, Kenia Murton y Lilia Kiiashko. Producción de Sevilla, Ciudad de Ópera. Francisco Soriano, comisario y director artístico. Real Fábrica de Artillería, viernes 7 de febrero de 2025


Esta representación de la segunda de las tres óperas que conforman Il Trittico de Puccini, cuya tercera, Gianni Schicchi, se podrá disfrutar en Les Arts de Valencia en un par de meses, y con las que el compositor pretendía reflejar los tres estados de la Divina Comedia, el infierno, el purgatorio y el paraíso, supone la primera piedra de otro proyecto ambicioso para la ciudad, que esperemos no caiga en la desidia que ha malogrado tantas otras iniciativas de similar calado. Ser una de las ciudades en las que más óperas se han ambientado, si no la que más, está sin duda en la génesis de este ambicioso proyecto que vuelve a reunir a dos infatigables amigos, Francisco Soriano como comisario y director artístico, y Juan García Rodríguez como director musical, al menos en este título que se repite hoy y mañana sin respetar el habitual descanso que merecen las voces protagonistas.

Sevilla, Ciudad de Ópera inicia así su andadura con buena factura y considerable talento, que es al fin y al cabo lo que se pretende, descubrir y lanzar carreras emergentes que merecen una proyección adecuada a sus posibilidades. Hay que confirmar que se ha dado en el clavo, reuniendo sobre el escenario un puñado de buenas voces, algunas incluso excelentes, que dan cuerpo y relieve a esta ópera breve, que no de cámara, salvo que se aborde desde la versión reducida del argentino Héctor Panizza, lo que posibilitó que de la parte instrumental se hiciera cargo el reputado conjunto hispalense Zahir Ensemble, con una escueta cantidad de músicos cuyo número no pudimos constatar desde la inadecuada ubicación que nos ofreció la organización, lejos de otros compañeros de profesión que sí disfrutaron de la posición privilegiada que se suele reservar a quienes debemos hacernos eco de los resultados.


Menos mal que no me encargaron hacer la crítica para El Correo de Andalucía, particular que desconocía la organización del evento. Me hubiera resultado difícil hacerme eco de todos los aspectos de la obra, especialmente los estrictamente escénicos, desde la desafortunada posición que ocupamos, muy al extremo de una sala que ofrece una acústica estupenda pero cuya anchura hace que las alas extremas de butacas queden muy alejadas del escenario centralizado. Una tarima demasiado baja tampoco ayudó al disfrute global de tanto esfuerzo y talento. Nada que reprochar a la excelente acústica, ya apuntada, del recinto, una remodelada Fábrica de Artillería, empeño de la anterior corporación que poco a poco va acogiendo contenidos. Sólo el prólogo se representó en el margen derecho, sentando los antecedentes de la desgracia de la protagonista, y de paso haciendo spoiler, al son de Crisantemi, una de las piezas estrictamente orquestales más célebres del compositor, ajena a esta ópera pero tan adecuada en su gramártica y sentimiento como para añadirla como acertada obertura. Muchos descubrimos esta preciosa pieza en los arreglos que para El honor de los Prizzi hizo Alex North.

La música de Puccini se caracteriza en lo instrumental por una voluptuosidad y una carga dramática excelsa que en manos de una formación reducida, por muy excelentes que sean sus prestaciones, no alcanza a reproducir. Hay que recordar que Suor Angelica no es una ópera de cámara, sino una ópera breve que cuenta con todas las exigencias de una ópera convencional, desde orquesta sinfónica a escenografía al uso. Garattini Raimondi se limitó a aprovechar la belleza de las instalaciones permanentes del lugar, tan afines a las paredes de un convento, para desde una estupenda iluminación y un movimiento escénico que no llegamos a atisbar en su totalidad desde la posición asignada, recrear esta desventura de una de tantas monjas recluidas en el convento para ocultar las miserias de la clase burguesa y aristócrata. Tiene gracia que en apenas una semana nos hayamos acercado a las dos óperas más célebres ambientadas en un convento, Diálogo de carmelitas en Valencia, y ahora Suor Angelica aquí, con el cómico añadido de que casualmente en el avión que me llevó a la ciudad del Turia, por primera vez en mi vida me sentaran junto a dos monjas que acudían a ayudar en la zona devastada por la dana, y mientras escuchaba la música de Poulenc en mis auriculares.


Pero si de la parte escénica no pudimos hacernos una idea completa, sí al menos de la musical, apuntada ya en el excelente trabajo de García Rodríguez, a quien tanto admiramos como artífice de proyectos tan estimulantes como el propio Zahir Ensemble o nuestra querida Sinfónica Conjunta. Tratándose además de una partitura tan alejada del repertorio que suele abordar esta veterana formación, más mérito tiene. García Rodríguez logró insuflar con su energía habitual de vuelo lírico y sensualidad su particular versión de la partitura, mientras el buen elenco de voces redondeó una velada que en lo musical se benefició de la nítida y brillante acústica del lugar.

En el apartado vocal, jóvenes cantantes, a algunas de las cuales ya hemos tenido ocasión de disfrutar en anteriores ocasiones, sea a través del concurso Nuevas Voces organizado por la Asociación de Amigos de la Ópera, que también participa en este proyecto lírico, o de la Compañía Sevillana de Zarzuela que tan gratas sorpresas nos ha brindado. Así, Carmen Buendía hizo gala de una voz potente, magníficamente proyectada, timbre agradable y ajustada entonación, si bien echamos en falta una actuación en lo expresivo más depurada y definida, alejada de excesos y aspavientos. A su interpretación del bellísimo Senza Mamma le faltó almo más de esa emoción y sentimiento extremo que tanto rédito dio a Maria Callas, cuando precisamente se estrena en nuestras pantallas el particular homenaje que le rinde el director chileno Pablo Larraín. Algo parecido le sucedió a Laura Orueta, cuyo personaje de tía princesa requiere un mayor grado de perversidad del que fue capaz de insuflarle la mezzo, si bien en lo vocal aportó una voz con el cuerpo y al densidad justas, como también hizo Inés López como la abadesa, que sí supo combinar adecuadamente lo expresivo con lo canoro, gracias a una voz potente, gruesa y bien timbrada. Sin duda, como el resto de sus compañeras, preparadas para protagonizar una buena carrera en los teatros más reputados del mundo. Hay que recordar que Suor Angelica no es una ópera fácil ni en lo vocal ni en lo expresivo, por lo que esta producción, problemas de ubicación aparte, merece un gran respeto.

Fotos: Salvador Gil

sábado, 18 de enero de 2025

UN MOZART JOVEN Y OTRO MASÓN CON UNA OSC MUY EN ESTILO

Concierto nº 3 de la temporada XIV de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Irene Pérez Cantillón, fagot. Juan Ramos, tenor. Armando Martín, barítono. Juan García Rodríguez, director. Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza (Coro de hombres). Programa: Sinfonía nº 26 en Mi bemol mayor K184, Conciertoñara fagot en Si bemol mayor K191, Mauerische Trauermusik K477, Kleine Freimaurer-Kantate (Laut verkünde unsre Freude) K623, de Mozart. Auditorio ETS de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, viernes 17 de enero de 2025

Irene Pérez Cantillón, Juan García Rodríguez y la OSC

Hasta tres orquestas estuvieron tocando simultáneamente anoche en Sevilla, la ROSS en el Maestranza, la Bética de Cámara en el Espacio Turina y la Sinfónica Conjunta en el Auditorio de la Escuela Superior Técnica de Arquitectura en Reina Mercedes, y porque no le tocaba a la Barroca, que ya lo hará el próximo fin de semana. Hace un puñado de años era impensable y hoy es un sueño hecho realidad.

El de la Orquesta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Manuel Castillo estuvo íntegramente dedicado a Mozart, ese señor que puede no suele ser el favorito de la afición, pero que gusta a todos y todas, incondicionales y profanas. Se trató de un programa breve, no llegaba si quiera a la hora de música, pero muy ecléctico y con destacadas participaciones solistas y colaboraciones, para lo que quizás el auditorio se quedaba corto, aunque exhibiera unas cualidades acústicas muy apreciables.

La breve Sinfonía nº 26, compuesta cuando el genio sólo contaba dieciséis años, sirvió de obertura, no en vano sigue la estructura de la típica sinfonía obertura de la ópera barroca italiana, y no le va a la zaga en duración. Juan García atacó el presto inicial con inusitada energía, fuertes contrastes y un impulso dramático muy adecuado. Menos logrado resultó un andante algo inseguro y desequilibrado, mientras el allegro final evidenció sensación de encantadora jovialidad.

Los y las jóvenes integrantes de una orquesta reducida para la ocasión respondieron con el compromiso y la responsabilidad que les caracteriza, no importa lo mucho que cambie cada temporada la plantilla de esta orquesta en continua transformación. Sólo las difíciles y traicioneras trompas mostraron algún desajuste que no llegó a empañar la empresa.

Fagot y voces como ilustres invitadas

La fagotista sevillana Irene Pérez Cantillón se encargó de la parte solista del Concierto K191 que Mozart compuso un año después de la sinfonía de arranque. Su fuerza expresiva quedó libre de toda discusión, mientras en lo que respecta a fraseo y control de la respiración, la suya fue una interpretación impecable. Justa y perfectamente equilibrada en todas las filigranas que muestra la pieza al instrumento solista, logró una sintonía perfecta con la orquesta, especialmente en ese andante sentimental y melodioso tanto inspiró al Porgi, amor de Las bodas de Fígaro.


La segunda parte estuvo dedicada a la faceta masónica de Mozart, ya en sus últimos años de vida, con un lapso de tiempo de casi veinte años con respecto a las piezas de juventud programadas en la primera parte del concierto. Música para un funeral masónico K 477, que en el programa de mano confundieron con la Pequeña marcha fúnebre k453a para piano solo, abrió esta segunda parte, con García y la Orquesta exhibiendo toda la solemnidad que rezuma la página, como un largo lamento que desemboca en un sobrecogedor canto de esperanza y redención. A pesar de un arranque desvaído en las maderas, el resto de la interpretación gozó de la excelencia.

Como también lo hicieron las voces convocadas en la Pequeña cantata masónica, Proclamamos nuestro gozo en alto, última composición completada por el autor. Con texto de Schikanaeder, las compenetradas voces masculinas del Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza aportaron épica y solemnidad a las primeras y últimas y repetidas estrofas de esta breve pero sensacional cantata en la que brillaron las voces solistas de Juan Ramos y Armando Martín, con atinada aportación también del tenor solista del coro, Francisco Romero.

El tenor gaditano Juan Ramos exhibió una voz bien asentada en el extremo agudo de su tesitura, perfectamente entonada y con una proyección natural y un fraseo fluido, mientras el barítono sevillano Armando Martín mantuvo una línea firme de canto y un timbre sedoso y equilibrado. Por su parte, la orquesta mantuvo en todo el momento el estilo depurado y solemne que ya demostró en la pieza anterior. Lleno total y éxito rotundo, seguimos lamentando que esta temporada la orquesta no anticipe todo su programa con el fin de organizar nuestra agenda.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía


sábado, 30 de noviembre de 2024

LEONORA SE HACE ECO EN LA SINFÓNICA CONJUNTA

Concierto nº 1 de la temporada XIV de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Carlos González Odrizola, fagot. María Benítez, trombón. Juan García Rodríguez, director. Programa: Oberturas Leonora nº 1, 2 y 3 Opp. 138 y 72 (a y b), de Ludwig van Beethoven; Concierto para fagot Op. 75 de Carl Maria von Weber; Concertino para trombón Op. 4, de Ferdinand David. Auditorio ETS de Ingeniería de la Universidad de Sevilla, viernes 29 de noviembre de 2024

Juan García Rodríguez y la Conjunta

Sin haber definido ni divulgado todavía el programa general de esta décimo cuarta temporada, la Sinfónica Conjunta celebró anoche el primer concierto de la misma, con el mismo ímpetu e idéntico esfuerzo que le caracteriza, a pesar de una plantilla por su propia definición cambiante, precisamente por los motivos que le impulsan, una plataforma de prácticas y lanzamiento para multitud de jóvenes intérpretes que desean abrirse camino en el difícil y espinoso mundo de la música.

Fieles a nuestro compromiso con una orquesta y un proyecto que venimos celebrando desde el minuto cero, allá por diciembre del año 2011, hemos de aclarar que no sólo nos atrae una orquesta que viene demostrando su capacidad de disciplina y esfuerzo máximo para lograr tan estimulantes resultados, sino también los atractivos programas que para ella diseña Juan García Rodríguez, capaz de simultanear con enorme sentido de la responsabilidad este emocionante proyecto con el que lleva a cabo con Zahir Ensemble, que estos días celebra su particular festival de música contemporánea.

Triple Leonora

No podemos resistirnos a un concierto en el que se interpretan las tres oberturas de Leonora. ¿Quién, al menos en estas latitudes, se ha atrevido nunca a hacerlo? Ya se sabe, Beethoven nunca empleó la primera, compuso la segunda para el fallido estreno de la ópera, y la tercera para el reestreno, igualmente decepcionante por razones varias y justificadas. Por fin triunfó con los reajustes pertinentes hasta convertirla en Fidelio. Aunque ésta va precedida de una cuarta obertura, esta vez con el título definitivo de la ópera, son muchas las batutas que prefieren introducirla con la segunda o tercera de las Leonoras.

Carlos González Odrizola al fagot

Mendelssohn dirigió las tres oberturas por primera vez juntas en Leipzig en 1840. García tuvo el acierto de comenzar este primer concierto de temporada con la segunda y terminar con la tercera, dilatando así el tiempo de escucha entre una y otra, dadas las similitudes entrambas, tratándose la tercera de un desarrollo conciso y depurado de la segunda, la que quizás mejor refleja la atmósfera libertaria de esta ópera ambientada en Sevilla.

Con un control máximo del vibrato y las dinámicas, el director logró una lectura fogosa, brillante y rigurosa de cada obertura, haciendo acopio para ello de la entrega absoluta de estos jóvenes prodigiosos, y exhibiendo el máximo dramatismo, potenciado por el uso fuera de escena de las tubulares trompetas.

Dos singulares conciertos

El Concierto para fagot Op. 75 de Carl Maria von Weber es el más interpretado del repertorio para este instrumento, junto al de Mozart. Lo compuso a raíz del éxito de sus dos conciertos para clarinete y a demanda de los miembros de la Orquesta de la Corte de Múnich. Tanto el solista, Carlos González Odrizola, como la orquesta, se hicieron eco de la enorme teatralidad de la pieza, si bien percibimos cierta descompensación entre el instrumentista y el resto de la plantilla, acaso algo desorganizada, acusando falta de compenetración y empaste. Esto, que fue notorio en el allegro inicial, se relajó bastante en un adagio de considerable calado lírico, y el travieso allegro final.

María Benítez al trombón

González Odrizola se adaptó como un guante a los continuos cambios de humor de la obra, tan arrogante y triunfal como decididamente relajado y reflexivo, exhibiendo gran cantidad de emociones y logrando combinar una depurada técnica, un prodigioso control de la respiración y una más que aceptable expresividad que le llevó en el adagio a demostrar una extraordinaria cantabilidad.

El Concertino para trombón Op. 4 de Ferdinand David es uno de tantos intentos del legendario violinista por alcanzar también como compositor un status digno. Y desde luego ésta merece considerarse su mejor composición y pieza fundamental del repertorio para el instrumento. Aunque lo asociamos a un sonido fuerte y poderoso, en las manos apropiadas pueden alcanzar una expresividad religiosa y una notable calma, y así nos la ofreció la joven trombonista sevillana María Benítez.

Sin desfallecer en ningún momento, con una capacidad pulmonar extraordinaria, la solista logró ser tan enérgica y vivaz en los movimientos extremos como seria y rigurosa en su interesante marcha fúnebre central. Aquí la batuta y la orquesta sí que se emplearon a fondo tanto para dialogar satisfactoriamente con ella, como para arroparla con un sentido de la flexibilidad y la melodía realmente encomiable.

Artículo publicado en El Correo de Andalucia

sábado, 22 de junio de 2024

FIN DE CURSO CON MATRÍCULA DE HONOR

Concierto de clausura del curso 23/24 de la Universidad de Sevilla. 8º concierto de la temporada XIII de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Ike Christine Zwaan, arpa; Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Danse sacrée et danse profane, de Debussy; Sinfonía nº 2 en mi menor Op. 27, de Rachmaninov. Auditorio E.T.S. Ingeniería, viernes 21 de junio de 2024


Otro fin de curso universitario sin que ninguna autoridad académica otorgara al evento, celebrado como la inauguración con un concierto de música clásica, la dignidad y la categoría que merece. Menos mal que ahí están los y las jóvenes integrantes de la extraordinaria Sinfónica Conjunta, y su inimitable director, para dar relieve y consistencia a una fecha tan celebrada, este año además coincidiendo con el Día Internacional de la Música. En los atriles una obra fundamental del romanticismo tardío ruso, libre definitivamente de cualquier atisbo de prejuicio, la Sinfonía nº 2 de Rachmaninov, que además de constituir en su momento el salvavidas de su autor, es una pieza majestuosa y espectacular que puede provocar el desorden y el caos si no se articula convenientemente y se es capaz de dosificar todos sus ingredientes para ofrecerla de forma clara y organizada. Pero ahí está Juan García, joya indiscutible de la dirección musical en nuestra ciudad, para lograr de nuevo el milagro y conseguir que una orquesta de estudiantes y principiantes, con algún apoyo magistral camuflado entre sus filas, suene como un conjunto profesional y absolutamente disciplinado, convergiendo en una lectura sobresaliente de tan emocionante página.

Pero antes la joven arpista holandesa, afincada en Sevilla, Ilke Christine Zwaan, hizo una lectura delicada y envolvente de las Danzas para arpa y orquesta de cuerda de Debussy. Se trata de dos piezas breves y encadenadas, encargo de la Casa Pleyel para promocionar un arpa cromática que no llegó a cuajar. Se interpreta por lo tanto con el arpa tradicional, que da ese toque impresionista cultivado por su autor, con el añadido refinado y grave que le otorga su acompañamiento orquestal, a todo lo cual estuvo muy atento García y la versión reducida de la orquesta. Juntos, con la aportación reluciente de Zwaan,  acuñaron el aire místico y discreto, dulce y velado, de la danza sagrada, mientras el elegante ritmo del vals lento que caracteriza a la profana, se deslizó con destreza y calidez.


Con el pabellón tan alto que dejaron en su momento Halffter y la ROSS, y la interpretación que volverá a protagonizar la formación sinfónica hispalense la próxima temporada, la de la Conjunta fue una versión ejemplar, emotiva y emocionante de la Segunda Sinfonía de Rachmaninov, tan grandiosa como inspirada en todos sus resortes, a la que García prestó una atención inusitada y un respeto extraordinario. Alrededor de noventa jóvenes alcanzaron un éxito rotundo con su lectura expansiva y lujuriosa de la célebre página, arrebatadora y apasionada. García ofreció un desarrollo narrativo rico y preciso, con la complicidad de todas las familias orquestales, técnicamente impecables, incluidos los temidos metales, e intervenciones tan sobresalientes como las de Pablo Forte al clarinete, Pablo Moreno a la trompa o Jordi Tur a los timbales.

Con su visible energía habitual, García trabajó con ahínco el juego armónico y contrapuntístico de la partitura, logrando transmitir al oyente toda su carga dramática, amenazante en el allegro inicial, vitalista en el scherzo, noble e inspirado en el hermosísimo adagio capaz de hacernos llorar, resplandeciente, lleno de color y alegría, en el allegro final. Destacaron unas texturas muy trabajadas, que dieron al conjunto ese aire épico y espectacular caracteristico del sonido hollywoodiense que acuñaría este estilo en sus producciones clásicas vía Korngold y Steiner, o directamente con adaptaciones del muy querido en Estados Unidos compositor ruso. Un concierto de cinco estrellas, o en argot universitario, de matrícula de honor.

sábado, 11 de mayo de 2024

GARCÍA DESCUBRE LA CARA TRASCENDENTE DE LA CONJUNTA

6º concierto de la XIII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Mario Camargo, violonchelo. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Concierto para violonchelo nº 1 en Mi bemol mayor Op. 107, de Shostakovich; Sinfonía nº 4 en la menor Op. 63, de Sibelius. Auditorio de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería, viernes 10 de mayo de 2024

Foto: Guillermo Mendo

No cabe duda de que gran parte de responsabilidad de que la Conjunta suscite nuestra profunda admiración y asombro la tiene su director titular, el incombustible Juan García Rodríguez, que presentó ayer tarde en su espacio más recurrente, la Escuela de Ingenieros de la Cartuja, el que quizás fuera su entrega más comprometida y trascendental de la presente temporada. No suele prodigarse el finlandés Jean Sibelius en los atriles de las orquestas hispalenses, a pesar de la extraordinaria aportación que hizo al sinfonismo del primer cuarto del siglo XX. Mejor fortuna ha corrido Shostakovich, aunque no se programe tanto como deseáramos. Pero ahí está García, para recuperar estos monumentos imprescindibles de la literatura musical del pasado siglo. Lo que más sorprende sin embargo es que los ponga al servicio de una orquesta en principio tan poco experimentada como la Conjunta, un proyecto académico que sirve de plataforma no sólo para que sus jóvenes integrantes completen sus estudios al más puro estilo Bolonia, sino también para atraer a los auditorios de música clásica a públicos jóvenes que demuestran con su comportamiento todo ese respeto y entusiasmo que echamos en falta en otros públicos más veteranos y acostumbrados.

Sin partitura, prueba de la dedicación que a buen seguro habrá prestado a la compleja pieza de Shostakovich, Mario Camargo ofreció una aseada y competente versión de su Concierto para violonchelo nº 1, en la que asomaron más virtudes que defectos. Fue capaz de deslizar un sonido homogéneo y aterciopelado que no decayó en ningún momento, y de no desfallecer en su desnudo tercer movimiento en forma de larga cadencia cuya aparente espontaneidad esconde una estudiadísima matemática de la armonía y la articulación, y que el joven violonchelista salvó con buena nota a pesar de que echáramos de menos una mayor vehemencia en los ataques. El acompañamiento orquestal fue impecable, siempre atento a las inflexiones del solista, sin eclipsarle y manteniendo ese tono fantasmagórico casi escalofriante del allegretto inicial cuyo apasionamiento se va intensificando paulatinamente. Lástima que la intervención de la trompa resultara decepcionante, pero ya sabemos la enorme dificultad de este instrumento; los clarinetes acertaron en su tono grotesco. Fue García quien logró que una orquesta joven como ésta fuera capaz de transmitir ese miedo amargo y punzante que destila esta partitura de impactante carácter cíclico. Evocado Rostropovich con esta pieza a él dedicada, Camargo hizo lo propio en la propina con Casals, interpretando con altas dosis de lirismo El cant del ocells, tan apropiado en vísperas de elecciones catalanas.


Aún más sorprendente fue que director y orquesta fueran capaces de extraer de la Cuarta de Sibelius todo su potencial sombrío y trascendente, con una interpretación responsable, meditada y disciplinada. Una pieza cuyo desencanto e introspección exige una lectura minuciosa y profundamente intencionada. García sabía lo que tenía entre manos, no en vano es un consumado especialista en la música de nuestra época, y sin duda una pieza como ésta puede considerarse cimiento de contemporaneidad. Lo difícil era contagiarlo a tan jóvenes intérpretes, y lo consiguió. No es que vayamos a saludar esta versión como definitiva ni mucho menos, pero su alto nivel de satisfacción es ya motivo de júbilo y admiración. Fue una visión llena de sentimiento y a la vez carácter amenazador, serena y austera, y desde luego poco o nada complaciente. Algunos de sus momentos más inspirados, como ese arranque en la cuerda grave o su sobrecogedor y devastador tempo largo, lleno de lirismo, encontraron una respuesta contundente en la inexperta plantilla. Con total trasparencia y claridad, quedó manifiesto ese motivo tritono que informa toda la pieza, con aportaciones ejemplares de todas las familias instrumentales y los y las esforzadas solistas. No debiera la organización permitir que siga entrando público una vez empezada la interpretación, con lo que de falta de respeto a intérprtes y oyentes supone.

miércoles, 1 de mayo de 2024

EL RUIDO PERFECTAMENTE ORGANIZADO DE LA CONJUNTA

5º concierto de la XIII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Ensemble de percusión. Antonio Moreno, vibráfono. Miguela Goncet, declamación. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Les cahiers de V. Nijinski, de Henri Algadafe; Sombra de una iconografía, de Daniel Sprintz; Bembé, de Louis Franz Aguirre; Ionisation, de Edgar Varèse. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 30 de abril de 2024


Debía ser sencillamente la cita anual del conjunto de percusión de esta orquesta de jóvenes en fase de aprendizaje. Pero la presencia destacada de un consumado artista del vibráfono como Antonio Moreno y del actor y performer Miguela Goncet en el escenario, y de dos de los compositores convocados en la sala, dio a este quinto concierto de temporada de la OSC un cariz muy especial, comandado por las siempre responsables y entusiastas manos de su director, Juan García. Otra ocasión para encontrarnos con músicas de nuestro tiempo, saludar un repertorio inédito y regocijarnos con programas tan atractivos como los que García es capaz de diseñar y que tanto difieren de la cultura oficial que se empeña en reiterar una y otra vez las mismas propuestas.

Prueba de que la cosa funciona es el éxito de convocatoria que experimentan cada una de las citas que la OSC programa a lo largo del año, y que en esta ocasión evidenció cómo la sala Manuel García del Maestranza, con toda la categoría que actuar ahí representa, se queda pequeña para la atención que le dispensan seguidores y aficionadas. Es cierto que la gratuidad produce su efecto, pero también que precios tan ridículos como los que exige por ejemplo el Espacio Turina, no deberían servir de excusa para que sus extraordinarias propuestas apenas susciten concurrencia en tantas ocasiones. El trabajo en redes y la divulgación en ambientes académicos sin duda deben de funcionar para que este seguimiento siga siendo tan regular.

El concierto se inició con una singular página del compositor francés Henri Algadafe, ecléctico músico que lo mismo se erige en virtuoso de la guitarra eléctrica que coquetea con el jazz y los ritmos latinos, y hasta el rock. Basándose en los cuadernos del legendario bailarín Vaslav Nijinski, el compositor articula una fantasía en torno a la performance del artista Miguela Goncet, que los declama haciendo hincapié en sus continuos cambios de registro y humor así como sus perturbadores aspectos psicológicos, mientras tambores y timbales pasan del redoble en estilo drummer’s delight a la marcha tribal ocasionalmente ensordecedora, exhibiendo un dominio absoluto del ritmo y las texturas, acompañado de un esmerado control de las dinámicas, lo que da al conjunto un aspecto muy severo y amenazador. Su estreno en nuestro país, veintisiete años después de componerse, pudo considerarse un éxito.


También presente en la sala, el argentino afincado en España Daniel Sprintz presentó Sombra de una iconografía, una pieza estructurada en torno al vibráfono, que el insólito especialista en flamenco Antonio Moreno manejó con maestría y toda la delicadeza que la obra demanda. Esta sucesión de evocadoras imágenes a través del centelleo de xilófonos, glockenspiels y otros instrumentos de similar calado, provocó un efecto hipnótico, una interna reflexión y honda contemplación de la que despertamos con la explosión de ritmo y color que atesora Bembé del cubano Louis Franz Aguirre, toda una fiesta bulliciosa de danzas ancestrales que contó con la precisión de un buen puñado de jóvenes, que entre cascabeles y tambores lograron hacer vibrar al público sin por ello caer en el caos, manteniendo en todo momento una elocuente claridad de texturas y planos sonoros.

La más icónica y breve de las piezas programadas, Ionisation, que el mítico Edgar Varèse compuso en 1931, sirvió para cerrar el concierto con la plana mayor de los intérpretes convocados, y todo ese escaparate apabullante de ruidos, claxons y sirenas perfectamente organizados, llevado hasta sus últimos límites con la ejemplaridad que caracteriza este proyecto académico que tanta admiración provoca cita a cita.

Fotos: Guillermo Mendo

sábado, 27 de enero de 2024

UNA CONJUNTA TAN SENSIBLE COMO DESAFIANTE

3er concierto de la temporada XIII de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Rubén Alonso, oboe; Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Largo Op. 33 y Andante doloroso Op. 56 nº 2, de Poul Schierbeck; Concierto en la menor para oboe y cuerdas, de Vaughan-Williams; Sinfonía nº 1 en Re mayor Hob. I, de Haydn. E.T.S. Arquitectura, viernes 26 de enero de 2024


Algo bueno, o muy bueno, deben estar haciendo los conservatorios, que hoy podemos sentirnos orgullosos del espléndido trabajo que realizan sus alumnados. Hace apenas unos días ha llegado a nuestras manos un CD grabado en 2017 por la Joven Orquesta Sinfónica de Granada y la Orquesta de la Universidad de Granada repasando algunos de los títulos más memorables de la filmografía de José Nieto. Pudimos comprobar el alto nivel obtenido por sus jóvenes intérpretes, corroborando el excelente estado de salud que desde hace tiempo disfrutan formaciones andaluzas integradas por gente joven, como la OJA, la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Saïd, la Joven Orquesta Barroca de Sevilla o ésta, la Conjunta, que nos deleita desde hace ya treces temporadas. No sabemos si será por la energía que desprenden, su sorprendente precisión técnica o los programas tan sumamente atractivos que para ellos y ellas prepara primorosamente Juan García, su director. Pero lo cierto es que la Sinfónica Conjunta nos encanta y no podemos disimular nuestra radiante admiración por todo lo que hacen.

Este primer programa del año, y tercero de la temporada, estuvo presidido por el carácter elegíaco y reflexivo de tres de las obras seleccionadas, coronadas con el ímpetu todavía juvenil, si veintisiete años nos pueden parecer tal, de un Haydn que se estrenaba en la sinfonía con toda la energía y la fuerza que era capaz de mostrar en sus empeños. Los muy cinéfilos podrán asociar el nombre del compositor danés Poul Schierbeck al cine de Carl. T. Dreyer, para quien compuso la banda sonora de Dies Irae, y algunas de cuyas obras fueron seleccionadas para ilustrar la magistral Ordet (La palabra). Otros lo conocerán por su ópera Fête galante. Su estilo musical casa perfectamente con el espíritu meditativo y místico del legendario cineasta, tal como se percibe en el Largo de reminiscencias mahlerianas con el que arrancó el concierto, y el solemne Andante doloroso que inauguró su segunda parte. La cuerda, reducida para lo que suele ser habitual en esta conjunto, supo adaptarse perfectamente a ese misticismo apuntado, con juegos armónicos exquisitos y una rica paleta de colores y dinámicas contrastadas que García cuidó hasta el mínimo detalle. En la segunda de las piezas, la flauta y la trompa protagonizaron momentos absolutamente sobrecogedores.


También en ese estilo elegíaco que le caracteriza, el Concierto para oboe de Vaughan-Williams se benefició de una cuerda tersa y aterciopelada. El compositor británico hace acopio también de ese espíritu místico y recogido que podemos apreciar en muchas de sus célebres bandas sonoras, como Scott en la Antártida o Los invasores, en este breve pero intenso concierto con el que parece invitarnos a un paseo por los grandes parajes británicos, en compañía de un oboe que serpentea a conciencia y ofrece virtuosos arabescos. En manos del catedrático y concertista Rubén Alonso, el instrumento destiló brillantez en perfecta comunión con la cuerda, siempre dialogante, sin sombras ni asfixias. Sin desfallecer, cuidando incluso no exagerar el ruido de las llaves, Alonso logró que la pieza sonara luminosa y ligera, a pesar de su evidente complejidad, llegando en el final a alcanzar una inusitada intensidad que fue respondida por el público con generosos aplausos.

A nada de esto fue ajena la batuta como siempre enérgica y dinámica de García, que en la Sinfonía nº 1 de Haydn alcanzó cotas muy altas de expresividad, siempre asentado en su carácter jovial y desenfadado, con un trabajo excelente de los oboes y los metales, una sincronía y un contrapunto preciso y elocuente entre la cuerda aguda y la grave, con especial mención al músculo alcanzado por los tres contrabajistas. Un resultado a la altura del nivel de exigencia que sin duda demanda García a estos jóvenes tan prestos a manifestar tanta fuerza y coraje.